EL ACCESO A LA VERDAD ESPIRITUAL (IV y fin):

Y, por fin, tras asentar las dos dimensiones anteriores –la científica y la artística-, se accede a la alegría de la certeza de encontrar verdades muy altas, sólidas y definitivas. Y, lo que es más importante aún, a dejar de exiliar las dimensiones más altas y trascendentes de lo humano en el más allá y en el cielo. El aporte del MAT, en la que hace a la función espiritual, es triple: - Presenta el sistema de gestión de la estructura responsable de la espiritualidad, en movimiento.- Ofrece un camino científico, universal e inmutable de crecimiento progresivo, al alcance de todo ser humano auténtico y veraz, que se lo proponga realmente, en vez de dejar la estatura de sabio y de maestro a muy escasos y privilegiados humanos -uno por milenio en lo que hace a los más grandes-. En el libro El Estratega Pacificador, mostramos ese camino. En este recorrido, se pueden analizar y clasificar las enseñanzas de los seis fundadores de religiones monoteístas, no de manera teórica y lejana, ni mucho menos mediatizada por sus respectivas iglesias, sino experiencial y vivida. Moisés, Jesús, Mahoma, Buda, Zoroastro y Mani se transforman en compañeros de aventuras y en amigos entrañables y cercanos, encantados de ser superados por el que tuvo la fortuna de llegar después y el tesón de amar la verdad por encima de todo lo demás. Pues ningún ser auténtico y crecido se quiere ídolo de nadie ni para nadie. Es más: es lo único que le horroriza de verdad.- Ofrece otra Megaestructura, los Haces Centrantes, que aúpan la talla de civilizador conquistada anteriormente, a la de Pacificador primero, y Centrador después. Inaugurando así un milenio que será decisivo para la evolución de la humanidad. Aquí mostramos la estructura en movimiento: el Orientador alimentado por alegría auténtica, única energía apta para encontrar verdad y fluir en libertad, inocencia y liviandad, de manera endémica. Responde a todos los “Para qué” o finalidades, planteadas por el ser humano.
Vemos de nuevo que lo esencial aquí, es, otra vez, la secuencia. Un ser crecido y apasionado por lo veraz, se nota en que ha hecho carne la verdad a que va del paso 1 al paso 6. Así, termina en seguridad, armonía y casi Inmanencia. Una persona “poseída” por el arquetipo, va del 6 al 1, de modo regresivo y funda una secta. Empieza siempre su casa por el tejado, así, exilia al hombre y mujer al reino de los infiernos, llamándolo “cielo prometido”. Y lleva a todos al culto del ADN tribal, a la idolatría, la simbiosis, el sacrifico, la guerra (nunca santa, ninguna guerra lo es) y el botín.
Así, la función básica de la alegría que nutre el Orientador es la plenitud, la función elevada es el espíritu y la función trascendente es la Infinitud, que mostramos de la siguiente manera vivida: La definición de la Infinitud es LO NUNCA POSPUESTO.Es la función trascendente de la plenitud y del espíritu porque la libertad está en no hacer esperar lo que estás seguro de anhelar entregar y recibir.Porque si no estarías poniéndote por encima siempre,con lo cual jamás aún elevando y estirando los brazos nada del otro caería para ti ya que estarías sobre sus hombros sobre los cuales te aupaste para verte y creerte más alto que él.Y podrías además despeñarte si su talla es de vértigo.Accederás a la Infinitud cuando sepas con certeza inquebrantable que naciste para volar, para reinar, para apoyarte en estas seis dimensiones tuyas desde siempre y alcanzarlo que para ti surgió del cosmos:la luna, el sol y las estrellas y al tender los brazos los recibas todos. Esa es la única esencia posible de la Inmanencia. Vivirás en la Infinitud porque para siempre y desde nunca habrás deseado nada para ti tan sólo evitar que tu Creador tema por ti, llore por ti, se indigne por ti y jamás salvaste al mal; encontrando Su risa que será tu fuerza y con la cual reirás.Entonces esa risa inundará la Creación, entre la cual reinarás encontrando cada día a otro rey-reina a quien coronarás de vida.Así alumbrarás las certezas del alma de los ángeles que unirán tu reino al suyo al cual accederás vivo. Reinarás en la Infinitud para que la inocencia se haga faro y guía, instalando a todo aquél que ame en la paz el lugar de partida.Para ello gozarás hasta del pálpito que te muestre lo vivo cantando la alegría y sólo a ella, suspendiendo la plenitud, el espíritu y el Infinito mismo toda vez que esté en juego que la verdad se retraiga o se silencie, sin importar para qué se hace.Así, tu corona será libertad inalterable que detendrá a todo aquél que adore en tu nombre. Entonces los engendrarás en sus sueños y ellos gozarán de ti eternamente en sus coronas. Así mismo, los Haces Centrantes, que representamos a continuación, tienen como función convertir lo que fue la dimensión femenina (en salmón en el diagrama) en Inmanencia- Astralidad- Ubicuidad, ahora conectada con el Centro Vacío, y que ancla, en el mundo real, toda la gloria conquistada por el acceso al contacto fluyente con el espíritu más elevado. En cuanto a lo que fue la dimensión masculina interior del creador y civilizador genial (en turquesa), convertida en la triada Inmortalidad- Eternidad- Infinitud, se transforma en la estructura que convierte esa gloria, antaño especulativa, inasible e inalcanzable, en esplendor cotidiano, elevándolo aún más, para disfrute pacífico de todos. Los Haces Centrantes son generadores del equivalente a células madre, en el plano espiritual. A partir de aquí, ya no hay muerte posible para el espíritu, ni vuelta atrás. El ser humano se prepara, para en un largo y exigentísimo proceso posterior, transformarse en auténtico socio incondicional de su Creador.
De esta manera, el trío que eleva, jamás se podrá convertir en misterios, ni en dogmas, ni, menos aún, en religiones que ponen una pantalla entre el ser humano y su Creador, idolatrando, a favor de sectas políticas y oportunistas, sedientas de poder, al fundador crecido, al que degradan al nivel de una caricatura grotesca de uno de los seis arquetipos antes mencionados, profanando así su valía de gigante y de faro para la humanidad. Y los Haces que anclan, aportan el cielo y sus promesas de Inmanencia, Inmortalidad, Astralidad, Eternidad, Ubicuidad e Infinitud, a esta Tierra y las sitúan al alcance del devenir histórico del ser humano, evolucionando. Evolucionando, siempre. Porque entonces el qué, abre el por qué, y éste el para qué. Así se eleva el hombre. Y entonces, el para qué, abre el dónde, y este el cómo, y éste el cuándo. Así se ancla el ser humano en la certeza de encontrar verdad, y, por ende, inocencia. El mundo al derecho, es éste.