Siempre funcioné en los triángulos, y, como eso no tenía relación con la secuencia ni con los ejes, creía en una patología que me costaba mucho erradicar, y, cuando lo lograba, me sentía despojada de lo que llamaba “mi estilo”. Hasta que llegué, tras perder la tipología, a conquistar la Estrella Primigenia y los Haces Centrantes y descubrí que esa andadura correspondía al caminar de las esencias. Mi manera de enfrentarme al mundo siempre fue esta:
- Parto de la alegría, del optimismo, y verifico a continuación si hay seguridad o si hay razones de miedo.
- Para ello, muestro una mentira que el otro se ha tragado. Si a mí, en cuanto me conocen, me muestran una mentira o un engaño en el que vivía, siento inmediatamente amor y gratitud. Si me valoran más después de desvelar esas trampas, entonces me entrego y amo. Es lo que yo llamo “verificar la resistencia de materiales”, dando un pequeño martillazo.
- Luego veo lo que falla, el sufrimiento, la ayuda que el otro y yo necesitamos para hacer equipo. Si no encuentro ayuda ni respuesta, como de hecho ocurre con demasiada frecuencia, paso directamente al orgullo y me digo “yo sola puedo perfectamente”. Si encuentro diálogo y equipo, afirmo el orgullo del otro, desvelándole la esencia misma de su ser, dando estímulos a su talento, su vocación, y sus emociones originarias, en ese orden creciente. Si no me aplauden mi orgullo, yo me encargo de ello y puedo resultar muy chocante para los necrófilos.
- Luego doy rienda suelta a mi creación y saludo cualquier creación ajena, y me encanta ver transformarse todo gracias a ese “estilo mío”, y la metamorfosis se hace certeza y vida, y entonces estalla una alegría que, siempre, va a más.
- Entonces penetro en los designios de la Creación en orden, a través de mi propio camino y regreso, cargada de verdades. Y la alegría de la certeza de estar acercándome día a día a lo que nací para ser, sin atisbo de duda, me hace más certera, valiente y risueña. Lo malo mío es que daba mi triángulo que ancla al otro (seguridad, justicia y amor) para anclarlo en este mundo, mientras que yo me contentaba con el que eleva, para luego venir a ofrecer sus frutos al anclado por mí. No es de extrañar que mi cuerpo me lo estuviera reclamando con kilos de más y con lumbagias, ¡a ver si así me anclaba mi propio peso! Así que descubrí que cada ser humano nació con sus dos triángulos y que ambos, los míos, eran para mí, y para lo que de amante absoluto de esa justicia radical haya en el otro. ¿Y cómo es la relación de los triángulos personales con lo que nos supera? Eso sí que es sencillo:
- Se debe partir de la SEGURIDAD ABSOLUTA: todo lo que venga de su talento es más perfecto. Y el miedo está tan sólo a perderlo privilegiando la tipología o cualquier cosa sobre ello. Cualquier cosa que “no nos suene” debe entenderse primero como un error en nosotros, nunca en el otro. Para corregir ese error nuestro y sólo nuestro, debemos buscar las mentiras que nos hemos tragado y sentir:
- Rabia contra ellas, y jamás contra quien nos la revela. Tampoco viene al caso sentir rabia contra nosotros pues esa culpa siempre trae excusas para los malos. Si alguien mejor y más alto que nosotros, nos reclama algo malo o nos responsabiliza por algo feo que hicimos, debemos inmediatamente responder con gratitud, es decir, con amor. Cuando hemos erradicado la mentira de nosotros, entonces nos debemos amar más y darnos reconocimiento y mimos. Entonces nos encontraremos totalmente anclados a la vida. Esta es nuestra dimensión femenina interior.
- Luego llega el momento de meditar, de pensar, de sacar enseñanzas para nosotros y para los demás, enseñanzas entonces inmortales puesto que hacemos retroceder la muerte. Y las comunicamos, profundizando en ellas, para sacar más errores, más pérdidas de tiempo y de vida por lo tanto. Entonces localizamos un techo en nosotros y nos proponemos romper ese techo.
- Así, orgánicamente, nace el orgullo verídico, transformador, el de la eterna metamorfosis. Y jamás entonces hay miedo, cualquiera que sea el esfuerzo por hacer o los demonios con los cuales enfrentarse. Porque entonces si perdemos a alguien o a algo, es que hay que celebrarlo, porque ese alguien, ese algo, nos quería medio muertos, es decir cultivando la muerte en nosotros. Y, cuando crecemos, descubrimos, cada vez más alto, la verdad más verdadera de este mundo: crecer y ser es un placer y un privilegio y es, además, la única puerta de acceso al conocimiento del designio de la Creación, pues nos ha hecho perfectos; y cuanto más perfectos seamos más nos fusionaremos con ese ser nuestro dual, femenino y masculino en equilibrio, y con lo que nos supera, pues el que de verdad nos supera se alegra y celebra cada peldañito nuestro que nos acerca más a lo que somos en la esencia de nuestro ser.
- Entonces nace la captación de verdades escondidas a los timoratos, a los tacaños, a los cobardes, a los que sienten vértigo por subirse a un taburete. Entonces estalla la alegría y, tras la alegría, ese fluir, ese orden en orden, nace la risa ante la insensatez y la necedad del mal, gratuito y vacuo, pues sólo daña a los que optan por él. Así nos elevamos por las propias huellas que nuestro ser nos dejó para encontrarlo: esa es la definición de ESENCIA. Esa es nuestra dimesión masculina interior.
Con lo cual nace más seguridad y nos volvemos a preparar para anclarnos desde más altura y con más raíces. Así, terminamos, de subida en subida, de anclaje en anclaje, alcanzando más cielo, atravesando la tierra con nuestras raíces y elevándola ASÍ SOMOS CIVLIZADORES, a la vez que bajamos el cielo y lo ponemos al alcance de toda persona que encuentre sensato y natural funcionar así, y necio y vacuo funcionar al revés. ASÍ SOMOS PACIFICADORES. Este es el caminar de las esencias.