EL NUEVO CHIVO EXPIATORIO: EL APARTHEID A LOS FUMADORES

Por Preciada Azancot

Hay algunas veces en que da vergüenza formar parte de la raza humana. Y lo que más podría y debería avergonzar es contarse entre los cobardes y acomodaticios que necesitan siempre de un chivo expiatorio a quien culpar de todos los males individuales, colectivos, y hasta metafísicos que ellos mismos originan. Y mantienen. E intentan elevar al estatus de Institución.

Desde siempre, la incultura se manifestó preferencialmente en esa necesidad irreprimible de culpar a los inocentes de crímenes y del maltrato que a ellos se les infligía. “Te castigo, luego eres culpable”, es la impecable lógica de esta “pesadilla” –inacabable- que se muerde la cola. “Y si además te culpo de lo que yo y los estúpidos como yo, te hacemos, ya contamos con argumentos de autoridad para marginar, apartar y silenciar a personas como tú y para disuadir a los seres pensantes y con escrúpulos morales y éticos que se podrían plantear acercarse a ti, y así conocerte y quererte”.

Tener y buscar chivos expiatorios es la marca de identidad, no sólo de cretinos, sino de torcidos. En todo caso, de primitivos.

Nada cambia bajo esa oscuridad negadora del sol:

Primero fueron las mujeres a quien se les acusaba de ser la perdición de los hombres y de no tener alma. Y esa aberración duró hasta finales del siglo XVIII, añadiendo, naturalmente, algunos milenios antes de Cristo. Y eso, dicho, actuado y mantenido por hijos y esposos de hembras silenciadas. Hoy son toleradas, paternalísticamente, pero aún deben pedir disculpas e inventarse imaginarias dolencias patéticas si su talento y/o estatura supera la de sus hombres.

Luego fueron los judíos, acusados de haber matado a Dios, por sectarios que hipotecaron la palabra y la vida de un rabino judío que repetía sin cesar que era el hijo del hombre y que estaba aquí para hacer cumplir la ley (judía, ¿qué otra podría tener un rabino?) y no para cambiarla. Y eso duró hasta mucho después del holocausto nazi que cremó y aniquiló la mitad del pueblo judío. Hoy los antisemitas se anuncian como anti-sionistas mientras ellos abocan por el euskera o patois regional como idioma oficial y luchan por el nacionalismo provinciano y sin raíces históricas.

Luego fueron los negros, reducidos a la esclavitud y acusados de querer hacer degenerar, por mestizaje, la nívea blancura de los que gastan millones de dólares y de euros en broncearse en las playas y a quienes no les importa contraer un melanoma con tal de adquirir el tan sexy color café con leche. Y a esto, ni Obama logró darle carpetazo.

Luego fueron los pobres, esa amenaza constante que divide el planeta en dos (conflicto Norte-Sur), cerca de chavelas nuestras lujosas capitales, arriesga su vida en pateras, y nos descarga de todos los trabajos que no nos dignamos realizar. Y eso, mantenido por obesos adictos a dietas de adelgazamiento que votan como tabla de salvación y garantes del orgullo nacional a partidos neo-nazis, mientras mueren de hambre varios niños cada segundo. Y esto aún perdura y se agrava hoy, en un mundo donde se derrumba una civilización injusta y trasnochada y aún no termina de despuntar el humanismo del tercer milenio. Todos están pendientes de la liquidez de Bankia, pero nadie tiembla si las urnas hoy arrojan una elección nazi del 20% de la población en cultos países européos.

Y ahora, algo más sutil: el tabaco es causa de todos los males del mundo. Y los fumadores deben ser apartados, avergonzados, humillados y excluidos. No importa si en los grandes clásicos, los buenos siempre fuman, no importa que una investigación hospitalaria rigurosa siempre arrojará que más de la mitad de pacientes con diagnóstico confirmado de infarto de miocardio jamás han encendido un cigarrillo, que más del tercio de víctimas de cáncer de pulmón no ha conocido el sabor del tabaco, que el colesterol es más elevado en no fumadores si se contabilizan el mismo número de fumadores y de no-fumadores, que todas las enfermedades clínicas de alto riesgo se dan en personas que tienen un mal manejo de la RABIA auténtica y que el tabaco es un arrastrador natural de la rabia contra mentiras, falsas acusaciones al inocente, conformismos, inversiones de la verdad y chantajes. No, no importa. Si te duele un callo o si ligas mal, la culpa es del tabaco. Y estamos en una tesitura social en la cual, el más primitivo, iletrado, maniático, sobornado, malvado, te puede y te debe mirar por encima del hombro, si eres fumador.

Por lo pronto, tengo la alegría y el honor de no renunciar a ninguno de mis signos de identidad: soy mujer, y judía, y nacida y criada en África, no tiemblo de no poder pagar una hipoteca porque nunca tuve ni las ganas ni los medios de ser propietaria de nada tangible ni inmobiliario ajeno, y eso sí ¡FUMO! Y no poco. Si a alguno no le gusta, lo tiene muy fácil: que me busque en su entorno. Seguro que no me encontrará J. Y, en verdad, confieso: el único chivo expiatorio ha sido, es y será, la sensibilidad de sufrir por el daño y la pérdida que se inflige a inocentes. Es, en una sola palabra: PENSAR. Y sí, soy culpable. Además, debo ser incorregible, pues el único miedo que conservo es el de, por inadvertencia, encontrarme en las filas de los hacedores de chivos expiatorios. Hoy por hoy, aún puedo dormir en paz y sin pesadillas. ¿Y vosotros?

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2 Respuestas a “EL NUEVO CHIVO EXPIATORIO: EL APARTHEID A LOS FUMADORES

  1. Y si es tan malo, cosa que no dudo,porque los gobiernos no lo prohiben por ley. Seguramente los ingresos que producen nublan sus consciencias.

  2. estas navidades, en casa de mis padres todos se quedaron alucinados, me encendí un puro ante las risas de mi hermano…Ahora me voy a preparar una pipa de dulce tabaco inglés por vez primera en mi vida. Y la voy a disfrutar a tu salud. Mientras las leves volutas de humo se desprendan de mi boca recordaré tus cigarros y tu voz.
    Gracias por escribir estas palabras llenas de sentido y enortadoras de lo real y lo auténtico.
    Abrazos de humo inglés.
    Yaco