LA PARTÍCULA DIVINA

Por Preciada Azancot

Hay, en este preciso momento histórico, un gran debate sobre lo oportuno o no de las caricaturas insultantes contra el Profeta Mahoma como reacción occidental al terrorismo ideológico de los fundamentalistas –y por qué no decirlo, menos fundamentalistas- musulmanes.

Para saber si estas caricaturas son oportunas o no, que nos baste imaginar cual sería la reacción de los cristianos si empezara a correr por la red social, un video o dibujos de Jesús crucificado en la cruz con tremenda erección porque María Magdalena le hacía una colosal felación, cual sería la reacción de los judíos si se dibujara a Moisés bajando del Sinaí con los mandamientos, escondiendo una hucha con risotada astuta mientras su bocadillo de los cómics rezara “se lo compré barato al tal Yahvé, y les venderé a estos okupas, el masoquismo de creerse los elegidos a precio de diamante además de hacerme con todo el oro del becerro”, y si corriera otra, de Buda obeso y falsamente mendicante con, bajo los harapos, vestimentas de rey y montones de manjares mientras su bocadillo de cómic rezara “y se tragarán que lo espiritual alimenta”.

Herir los sentimientos más sagrados y trascendentes de los seres humanos nunca será muestra de otra cosa que de talante profanador, violador y sociópata. El mito, el arquetipo, la idea de algo más sagrado –porque más verdadero- que nuestro patético ego, forma parte intrínseca de la estructura más importante, elevada y espiritual del ser humano: nosotros la llamamos Orientador y antes, siempre se llamó Psique. Es nuestra estructura adecuada para encontrar finalidad, verdad, espiritualidad, razón de ser y de seguir siendo, esperanza y fe en un mañana mejor, multiplicación de la alegría de ser cada vez más libre y de saberse orgásmicamente libertario.

Además , cada uno de los Profetas trascendentes, fundadores de las seis religiones monoteístas, es y será por siempre un Maestro maravilloso en honda conexión con la esencia misma de la Partícula Divina que ¡al fin! los científicos también descubrieron en toda la Creación. Cada uno encontró, a precio terrible y admirable, una de las seis vías de conexión con lo Verdadero y Trascendente. Ya sea su nombre Jesús, Mahoma, Buda, Zoroastro, Maní o Moisés. Y culpar a estos maestros de lo que seguidores más o menos tontos o sectarios aducen o hacen, es culpar al espejo de mostrarte tus arrugas o tus michelines.

En todo caso, Mahoma no se equivocó vaticinando que él sería el último profeta y el Islam la última religión de la tierra. El tercer milenio será el del final de la religiones. Sí, pero eso significa ir a más, no a menos, en la espiritualidad humana y si se debe pasar por algo tan poco creador como el Ecumenismo entre las seis palabras de los seis fundadores antes mencionados, pues …¿qué se la va a hacer? Pasaremos por ello, si no es evitable (me temo, por lo involucionado del planeta, que no es evitable). Ir a más significa respeto y valoración de cada uno de los seis caminos espirituales trascendentes. Significa amor por cada uno de los seis Maestros Elevados, significa borramiento del monstruoso Ego personal y colectivo ante lo Alto y dador de trascendencia, significa humildad ante lo abismalmente prodigioso de lo que queda por descubrir, significa solidaridad y fraternidad entres los hombres y mujeres más allá de su credo, siempre relativo y sin embargo, sagrado e irrenunciable para cada uno de ellos.

En todo caso, también, espiritualidad es alegría, es más certeza, es más verdad. Es Alegría esencial en suma y su única base es el Amor. Mas el amor no ofende sino que se entrega a lo valioso del otro. Pues la base del amor es la Dignidad del Ser y de su grandeza: el Orgullo de llamarse Creación más evolucionada del sistema universal lácteo, y, por ende, de asumir el privilegio de cuidar, conservar y desarrollar la parte externa e interna del Elemento, de la Flora y de la Fauna del planeta.

Francamente, sentir, en lo espiritual, en lo social, en lo económico, en lo político que hasta el mono más loco sentiría, en este momento histórico, bochorno de nosotros y temería la Evolución como siendo lo más amenazante, no es nada gratificante ¿no creéis, amigos?

Y, para concluir, oponer, hasta ante el fundamentalismo más desmelenado –pues al menos busca en la Verdad y cree en ella-, la imbecilidad del “escepticismo” como usurpador de la inteligencia, es patético. A mí, cuando alguien me dice –siempre engolando la voz, pues los imbéciles siempre lo hacen-: “soy escéptico”, suelo responder con sonrisa inocente: “¿Y no te da vergüenza?”, pues medir la verdad ajena, en la capacidad de aval del propio Ego -analfabetizado por la negación de toda verdad-, es como para tener vergüenza. Al menos, yo sí que la tendría.

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