Archivo mensual: octubre 2014

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 22: HISTORIA DE NUESTRA GESTACIÓN

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Resumamos, con palabras cotidianas, el proceso de la GESTACIÓN: Poco antes de ser liberado el ovocito primario (estado original del óvulo en el ovario) del folículo, su núcleo se divide por meiosis y se elimina el primer corpúsculo polar. Éste queda inmediatamente fuera de la membrana celular del huevo y formará la placenta y todos los cuerpos maternos que alimentarán y protegerán al feto. Hay un primer “desprendimiento” del sí mismo de la madre para ofrecer un espacio seguro al hijo. Parte del amor y, más especialmente, del eje amor-tristeza, que diferencia “lo que hay” para el hijo de lo que hay del hijo, sin mezclarlo. El huevo liberado se transforma en el ovocito secundario. En este proceso, cada uno de los 23 pares de cromosomas pierde uno de sus compañeros del cuerpo polar y tenemos 23 cromosomas no pareados. En este segundo proceso interviene el segundo eje orgullo-miedo. Hay una serie de transformaciones donde se desecha la identidad de la madre como proceso clónico y se desprende de cada pareja de cada uno de sus cromosomas para preparar la mitad de la individualidad del niño. Ninguna vida es posible sin que estos cromosomas encuentren a su pareja. Es la mitad de un ser potencial, del cual se ha separado “la imagen y semejanza con la madre”, puesto que se quitan cada pareja de cada cromosoma.

Unas cuantas horas después de que el espermatozoide entra en el ovocito, el núcleo se divide de nuevo y expulsa un segundo cuerpo polar, con lo que se forma el óvulo maduro. Este tercer proceso evidencia la intervención del eje Alegría –rabia de los tres seres en presencia: el del padre que entra y se fusiona y exige formar otra cosa que no sea suma de dos, el del hijo que tiene aspiración a ser realmente sí mismo y diferente de ambos progenitores, y el de la madre que deja de ser protectora y creadora y deja que cada cual haga lo suyo, cortando con todo apoyo innecesario que podría convertirse en una invasión que imposibilitaría el surgimiento de un ser completo. Para ello, la segunda expulsión del cuerpo polar. Así quedan 23 cromosomas impares, los del hijo. Uno de los cromosomas, el cromosoma X, es femenino. Necesitará de un cromosoma Y del espermatozoide para ser varón y de un X para ser hembra.

De 300 millones de espermatozoides que contiene una eyaculación común, 1.000 a 3.000 logran llegar cerca del óvulo. Los más fuertes y sanos. Esos espermatozoides finalistas atacan la corona radiada del óvulo para abrirse paso. Cuando uno de ellos entra, su cabeza se hincha desmesuradamente para formar el pronúcleo masculino. Los 23 cromosomas del pronúcleo masculino y los 23 cromosomas del pronúcleo femenino se alinean entre sí para constituir un elemento completo de 46 cromosomas en el óvulo fecundado. Así se establece la fusión –diferenciación del tercer eje: alegría-rabia. Entonces surge el ser potencial completo y autónomo: los tres ejes al servicio del Centro creciendo en la secuencia emocional humana. Así puede intervenir el proceso de división y diferenciación celular, para que la promesa se convierta en realidad disponible, existente y presente: un bebé. Este proceso es lo que se denomina fecundación.
Entonces comienza un dificultoso proceso de transporte del óvulo por la trompa de Falopio hasta el útero. Durante esta fase ocurren varios procesos de división celular y se crea el cigoto. Éste se queda entre 2 a 4 días en la cavidad uterina donde es nutrido hasta convertirse en una masa de 100 o más células que convierten al cigoto en mórula. La mórula segrega células que digieren células uterinas y las licuan para prepararse un colchón de implantación en el útero.
Poco después de la implantación, se desarrolla una cavidad (Centro vacío) en la masa de células y empieza a desarrollarse el embrión a lo largo de una de las paredes de la cavidad. Es la etapa donde el embrión es blastocisto.
El embrión de un mes tiene ya todos sus órganos delineados. El primer proceso es el de la circulación entre sangre materna y embrionaria diferenciadas. Y el primer órgano completo que se forma es el cordón umbilical para, no sólo recibir nutrientes de la madre, sino poder expulsar materiales de desecho del embrión. La primera estructura es así, El Centro. Entonces comienza la difusión del oxígeno y enormes cantidades de producción de estrógenos y de progesterona por la madre. Tanto la absorción del oxígeno como la producción de hormonas sexuales dependen de una emoción: la alegría, y nutren, conformándolo, el Orientador del niño. Así se posibilita la reproducción celular del embrión y del feto. El niño es embrión hasta el final del segundo mes. En el tercer mes ya es un feto, hasta los nueve meses. Después del parto será un bebé.
A los tres meses el feto mide 15 cm y pesa 125 gramos (miedo y tristeza). Su rostro ya está diseñado (amor), sus órganos genitales ya son definidos (alegría), su esqueleto está formado (orgullo), su médula ósea ya funciona (orgullo), su corazón late desde hace dos meses (amor), su hígado funciona desde hace un mes y medio (rabia), y ¡respira! – alegría- ( luego, a medida que crezca, se irá inhibiendo la respiración para que no se trague materias fecales y así evitar la fórmula letal alegría- rabia) . Tal es el prodigio.
A los cuatro meses, mide 21 cm y pesa 250 gr : su sexo está más claro ( alegría). Se mueve (rabia). Tiene todos sus órganos (seis estructuras con sus seis emociones y sentidos). Tiene la mayor parte de sus reflejos periféricos (eje miedo-orgullo).
A los cinco meses, mide 27 cm y pesa 500 gr. Está cubierto de vello ( tristeza). Se mueve pero no es capaz de vivir por sí mismo porque no tiene vitalidad autónoma ( falta Vitalizador completo y algo de rabia). Ingiere y digiere y expulsa mecomio (materia fecal del feto) –rabia-.
A los seis meses, mide 33 cm y pesa un kilo. Tiene un aspecto senil por falta de grasa, da vagidos (eje completo alegría –rabia), deglute si lo alimentan, mama, orina. Necesita de la incubadora para sobrevivir (amor y miedo). Si no, muere.
A los siete meses, mide 39 cm y pesa 1.750 gr. Ya parece menos senil. Puede dar vagidos, deglutir y mamar. Es bastante vital y si se le puede meter un tiempo en la incubadora, mejor.
A los ocho meses, mide 45 cm y pesa 2.500 gr. Ya es un bebé graso y liso. Sobrevive por sí mismo.
A los nueve meses, mide 50 cm y pesa 3.250 gr. Es un bebé perfecto y normal. Su cerebro necesitará de un año más de vida para alcanzar su total maduración.
El análisis MAT de la gestación
Todo empieza por el Centro, es lo primero que se manifiesta en el óvulo de la madre, quien desde el núcleo se desprende dos veces de sí misma para abrir paso al ser del infante que tendrá como privilegio cobijar y alimentar. En el espermatozoide pasa lo mismo, y se borra hasta no ser sino carga genética y cromosómica del hijo. En el niño, lo primero que surge es el Centro también. Y, tras manifestarse y afincarse, por dos veces, abre paso al surgimiento y a la multiplicación de células que llevan en sí todo el potencial de un ser humano autónomo y auténtico. Perfecto. Tal y como estamos todos creados para ser.
La primera conciencia del niño, conciencia integral, es la de surgir de un Centro inconcebiblemente superior a sí mismo, que potencia todas sus facultades para ser. Eso, antes de la formación del cordón umbilical, es decir, antes de un mes de gestación, cuando se es pura potencia autónoma. La formación del cordón umbilical, indispensable para recibir todos los nutrientes y desechar los sobrantes, introduce, a la vez que un Centro orgánico, una relación con el otro, con un ser vivo que no es Centro sino que tiene un Centro. Y eso, el embrión lo recibe como una conmoción y una absoluta pérdida del origen mismo de la gloria y del esplendor en los cuales bañaba beatíficamente. Este primer duelo nace de la sabiduría de no SER del Centro sino de tener un Centro. El segundo duelo viene de la obligada relación entre el Centro propio y el de la madre, relación inevitable que se vive como una sujeción intolerable y como una estafa. La segunda emoción del niño, después de la alegría beatífica, es la de rabia absoluta hacia ese Centro que tanto promete y tan poco cumple. Allí empieza a funcionar activamente la secuencia y, de la rabia, se pasa al orgullo, “Ya que estoy, voy a ser todo lo que pueda”. Y del orgullo se pasa a la otra punta del eje, al miedo a ser pulverizado por esa primera rebeldía y, también a la seguridad al ver que no ocurre la desaparición. Del miedo se pasa a la tristeza auténtica por dos razones: una positiva, al constatar el desarrollo inaudito que se opera en sí, y otra negativa por ser así la vida, supeditada a otra vida. Entonces se pasa a la otra punta del eje, al amor, porque se toma conciencia de toda la maravilla que se está recibiendo del Centro primero, de la madre después. Entonces se dispara el funcionamiento, en orden, de los tres ejes: el eje amor-tristeza que abre el segundo eje: orgullo-miedo, que abre el tercer eje: alegría-rabia. Allí el ser humano mamífero comienza a existir, a aceptarlo y a cooperar. Y empieza el trabajo en equipo con la madre, para que ambos estén lo mejor posible durante todo lo que dure la vida intrauterina.
El embrión se hace feto. Se borra de la memoria esa primera rebelión y sus causas. Esa experiencia, como todas las demás cuando se borran, queda conservada en el cuerpo. Se borra de la memoria la segunda rebelión contra la madre, y sus causas. Y se empieza a vivir y a existir con plena conciencia de sí y del otro. Y esa conciencia se torna, como consecuencia de esos dos procesos de borramiento, más importante que la conciencia del Centro. Sin embargo, durante los cuatro primeros meses de gestación, el Centro sigue funcionando y sostiene los tres ejes que sostienen y posibilitan la secuencia emocional que permite a su vez el desarrollo de la vida. Pero la percepción del Centro se hace cada vez más lejana e intermitente. ¿Por qué?

Estructura MAT de personalidad - Preciada Azancot

Estructura MAT de personalidad – Preciada Azancot

Desarrollo de la personalidad como prisión:
Ninguna gestante vive las 24 horas del día en la gloria y en el esplendor al servicio del Centro. Nosotros, los seres humanos, vivimos en nuestra vida diaria y desequilibramos nuestras emociones en permanencia. En el origen de este desequilibrio constante está nuestra condición de mamíferos. En efecto, si reflexionamos mínimamente sobre el feto, que está viviendo ya mal su Centro, sus ejes y su secuencia, mal por las dos razones ya mostradas, veremos que, inevitablemente, por su condición de mamíferos, está recibiendo de la madre, además de los sublimes alimentos y del maravilloso cobijo y protección, constantes interferencias que limitan y coartan su bienestar, su individualidad y su autonomía. Por ejemplo, el feto está en su eje amor-tristeza y está gestionando, apasionadamente, lo disponible, estando pues muy ocupado en la energía tristeza. Entonces viene de la madre una enorme descarga de amor. ¿Quién se lo podría reprochar? Ella no puede adivinar en qué estaba el feto, quien, al recibir una enorme descarga de la emoción contraria, corre el riesgo de caer en la fórmula letal y debe, para no morir, salirse rápidamente de esa emoción y pasar a la secuencial, la rabia, para sobrevivir. Así, de sobresalto en sobresalto, el feto va temiéndole a los ejes que representan, a la vez que la potencia mayor, el peligro mayor. Es como si tuviéramos el don de volar pero que, cuando lo haciéramos, nos bombardearan con un misil una de cada cinco veces. ¡Sería como para pensárselo! Pues no olvidemos que las emociones no son sólo sentimientos que el feto capta perfectamente, sino que son, también y sobre todo, energía que hace funcionar las estructuras. El miedo de la madre va a significar una enorme descarga de cortisona que el torrente sanguíneo le va a aportar a través desde el cordón umbilical y que él se va a tragar, la necesite o lo infle. Una gran descarga de tristeza significará una descarga de hormonas tiroidales y agitación, nerviosismo y metabolismo disparado que consume las pocas grasas que consigue almacenar. Una descarga de alegría le inyectará una sobredosis de insulina que lo podría matar si el organismo humano, como cualquier otro organismo vivo, no fuera milagrosamente perfecto y sólido. Y estamos hablando tan sólo de la relación de las emociones en el funcionamiento endocrino, que es, tan sólo, uno de los múltiples sistemas del cuerpo humano. La aparición de vello que cubre todo el cuerpo del feto a los cinco meses evidencia, no que somos originarios del mono y lo superamos, sino que estamos dominantemente supertristes, ya que comprobamos, en nuestras investigaciones hospitalarias, que el vello y el pelo están relacionados directamente con la tristeza auténtica. Y estamos supertristes porque hemos sufrido una pérdida que nos deja desconsolados: hemos perdido nuestra conexión constante con los ejes, nuestro funcionamiento natural en los tres ejes, en el cuarto mes de gestación.
Pero eso no es todo, ni es lo más dramático: por ser mamíferos, vamos a adquirir, en el útero de nuestra madre, una personalidad que es resultante del desequilibrio de nuestra estructura según parámetros de leyes inevitables que rigen nuestra naturaleza –las que descubre el MAT- y que, en situación de crisis, al no recibir ese espacio seguro pleno que necesitamos, nos va a movernos a funcionar de manera a recibir lo máximo posible en situaciones adversas.
Volvamos atrás en nuestra historia, al momento en que tenemos un cordón umbilical que nos comunica con nuestra madre biológica. Cada emoción de la madre va a poner a funcionar la estructura correspondiente de la gestante y producir hormonas, sangre, calcio, vitaminas, minerales, anticuerpos y todo lo previsible porque para eso están las emociones: para hacer funcionar las estructuras y permitirnos ser y vivir. Ahora bien, la gestante va a tener, durante la mayor parte de su embarazo, una emoción dominante, la que corresponda a sus circunstancias y a su situación: puede sentirse feliz de tener un bebé y esa alegría será su emoción dominante; puede estar triste porque su marido la abandonó, ella quedó en paro y su padre está muy enfermo y morirá durante su embarazo; puede sentir mayormente amor si ya tiene a un bebé al que ama, está enamorada de su esposo y espera con ternura a su segundo retoño; puede estar asustada si tiene un embarazo de alto riesgo y además estalló la guerra en Irak y enviaron a su esposo al frente. Vamos a tomar este último ejemplo para ejemplificar la gestación del bebé como historia vivida por él. Lo llamaremos nuestro bebé.
Nuestro bebé tiene un día de gestación. Ya tiene 46 cromosomas combinados, 23 de origen materno y 23 de origen paterno. Experimenta la metamorfosis, el surgimiento de su ser dentro del óvulo materno. Por supuesto él no siente ni lo de paterno ni lo de materno, pero sí siente. Siente más que si tuviera un cerebro completo, porque no hay razonamientos, ni deducciones, ni inducciones, sino pura sensación que lo impregna todo y que se fijará para siempre en su Vitalizador.
Es sacudido y transportado a trompicones por la trompa de Falopio y sufre varias divisiones celulares: del orgullo pasa al miedo de desaparecer y se aferra al sí mismo. Ya de óvulo fecundado pasa a convertirse en un cigoto. Se queda 2 a 4 días en la cavidad uterina y es nutrido. Siente amor. Es amor. Así se queda hasta convertirse en una masa de 100 células o más. Es una mórula. Pasa a ser tristeza porque pierde su identidad. Entonces reacciona y, rabiosamente, se hace su propio hueco segregando células propias, con gran vitalidad, que digieren y licuan células uterinas de la madre hasta hacerse su propio colchón mullido y ahuecado. Así se implanta él mismo en el útero materno. Entonces pasa al éxtasis de la alegría de la gloria y del esplendor y es “del” Centro. Poco después comienza a asumir su ser del Centro como única pertenencia y hace una cavidad, vacía como el Centro, mientras que él, al servicio del mismo, se retira a una de las paredes de la cavidad. Nuestro bebé ya es embrión y es pura felicidad, orden, armonía, metamorfosis, claridad, sí, pero además es inmortalidad, eternidad e infinitud. Lo es todo al servicio del Centro que lo está creando a él. Se hace en él una circulación entre sangre materna y sangre propia que no es diferenciada como sensación y que le aporta plenitud. Y sigue siendo, cada día más, en permanente metamorfosis extasiada. Vive y graba en su cuerpo (Vitalizador) el conocimiento de la Gloria y del Esplendor.
Desde su Centro se hace un cordón umbilical que lo une a la parte del óvulo maduro que se transformó en Su placenta. Allí comienzan las interferencias porque recibe productos raros y chocantes provenientes de las emociones de su madre, que no son las suyas propias, y que él debe tomar en cuenta, ¡y cómo! Porque lo desestabilizan. Y, muy en particular, las hormonas segregadas por el miedo dominante de la madre que tomamos como ejemplo: cortisona, adrenalina, y demás productos de la suprarrenal. Esto representa para él un riesgo de muerte: la cortisona lo infla, la adrenalina lo acelera, pasa de estar amorfo a hiperactivo y combativo. Además, ese miedo de la madre, añadido al suyo propio, inflan su Rector y, así, pierde la armonía de su estructura. Entonces su propia constitución humana, su propio orden natural, su patrón de ingeniería funcional lo obligan a buscar la mejor de las opciones para sobrevivir. ¿Pero cómo vive ese “choc”? Como un colapso, como una estafa, como una mentira intolerable que contradice el estado maravilloso y perfecto que poseía y creía poder conservar para siempre porque ese sí que era SU orden. Y eso se vive como un odio total e incondicional al Centro. Entonces le llega la hora de la verdad: o elige no aceptar nada más que el orden perdido y entonces desaparece porque él sigue funcionando en sus ejes y en su secuencia al servicio de Su Centro. Y hay un aborto “espontáneo”. O decide adaptarse y buscarse la vida sin ilusiones: ese Centro inmutable y maravilloso, existe y desaparece de manera intermitente, y él pasa, de la felicidad de ser, al trabajo de sobrevivir. Y entonces el feto sigue su formación y dará lugar a un bebé vivo. ¿Cómo lo logrará?
El feto tiene conciencia sólo de algunas cosas: de su Centro, en primerísimo lugar, de sus tres ejes, y de su secuencia emocional perfecta. Además, para seguir formándose y crecer necesita de esas tres cosas. Pero ya perdió la sensación de eternidad, de infinitud y de inmortalidad. La sensación de eternidad la perdió porque no sólo no está a solas con el Centro, sino que las emociones de la madre son a veces maravillosas, cuando lo acompañan en las suyas en los ejes y en la secuencia, y a veces asesinas y terribles, cuando lo desequilibran y lo obligan a “hacer cosas” para sobrevivir. Desde un comienzo, el ser de la madre es sentido como dual: es la nutricia buena que lo ayuda a ser, ya no tan feliz y autónomo como antes del cordón umbilical ( eso maravilloso ya se perdió para siempre mientras esté allí), que lo nutre, que evacua sus desechos, que le da calor y cobijo seguros; y es, también, el ser terrible que lo está matando, y, aún peor, que oculta su Centro y se pone en el Centro. Mamá es entonces el máximo terror.
Y ¿cómo es la sensación de sí mismo en ese trance? Pues pasar de lo divino al mismísimo infierno como sujeto pasivo y sin encontrar ninguna relación entre lo que sucede y lo que hizo él. Absurdamente, caprichosamente. Allí se cae la vivencia de Dios y se remplazan por visiones mágicas de poderes arquetipales que nos van a perseguir y confundir durante toda nuestra existencia.
Pero ¿cómo se defiende el feto para sobrevivir? Nuestro bebé recibe a diario los productos y consecuencias del miedo de la madre. Si el bebé está en una de las emociones de sus ejes o en una de la secuencia, está obligado a abandonar su precioso recorrido de crecimiento personal y a acudir a su propio miedo, que es la emoción “que lo llama”. Allí su instalación lo alerta sobre el gran peligro que corre si permanece allí, porque además de recibir las descargas peligrosas de la madre, recibiría las suyas propias de misma naturaleza y efecto y moriría. En nuestro ejemplo, si el feto se pone también en el miedo, produciría más hormonas de las suprarrenales, y su piel y su cerebelo se harían espesos y gigantesco, para mencionar tan sólo tres efectos del miedo. Y su Rector se cerraría a todo contacto con la madre, produciendo, por ejemplo, una oclusión o una hernia del cordón umbilical. Así que, está claro para él LO QUE NO debe hacer: no debe, bajo ningún pretexto, quedarse también en el miedo. Entonces, el feto se coloca en la emoción secuencial que sigue a la emoción dominante de la madre como única alternativa para sobrevivir: balancear la emoción dominante de la madre tirando de la emoción siguiente en la secuencia, durante todo el tiempo que dure la descarga desestabilizadora. Y decimos como única opción porque primero el feto intentó otra opción más potente y placentera: colocarse en la emoción opuesta en el eje de la de la madre, en nuestro caso, el orgullo: “Tú tiras de un lado y yo intento balancear colocándome en el otro lado del balancín”. Y debe desistir de ello porque experimenta los terribles y mortales efectos de la fórmula letal. En efecto, el miedo de la madre produce miedo a desaparecer en el niño, y no orgullo, porque éste es falso, y como el miedo restante es el de la madre y no el suyo, también es falso: falso miedo + falso orgullo = fórmula letal.
El deber, como obligación ineludible, colocarse en la emoción secuencial siguiente a la de la madre, en este caso en la tristeza, para sobrevivir, produce, en nuestro bebé varios y serios efectos que van a condicionar toda su existencia y su visión de sí mismo:
En primer lugar, nuestro niño experimenta un alivio inmediato de los padeceres que lo afligían: la tristeza, para dar algunos ejemplos de sus efectos, estimula la glándula tiroides, quema la grasa y reduce la hinchazón producida por la cortisona generada por la gestante, activa el metabolismo que la suprarrenal ralentiza, activa el sistema linfático que drena la retención excesiva de líquidos y de toxinas que el cortisol genera. El equilibrio orgánico se restablece. No así el emocional.
En el ámbito emocional hay un primer efecto: la sensación de impotencia y de muerte inevitable desaparece y abre paso a una sensación de orgullo y de autoconfianza: “yo sí que puedo evitar que me hagan desaparecer”. El feto encontró ,él solito, la mejor opción para seguir siendo. Pero es un orgullo triste porque tuvo que hacer algo que, en justicia no debería tener que hacer. Allí surge un sentimiento de abandono y de hostilidad para con la madre primero y, lo que es más grave, para con Dios, o con el orden de lo humano, si se prefiere, da igual cómo se llame. En Análisis Transaccional sería la posición existencial. Yo bien- Tú mal, tanto con la madre como con el orden natural.
Un segundo efecto, aún más grave, es que el niño, que necesita para ser y crecer funcionar en los ejes, no pudo reequilibrar de manera natural el desbalance producido en él empleando la ley natural de los ejes: no pudo reequilibrar el miedo instalándose tranquilamente en el orgullo. Eso, para más INRI, le produjo la fórmula letal, de efecto mortal si hubiera permanecido en ella. Entonces se desarrolla una inevitable visión simbiótica en el feto: él y la madre son dos, pero “HAY QUE” funcionar como si fueran uno sólo. En efecto, no sólo hay que trabajar arrastrando la emoción de la madre pujando en la secuencial que no parte de una necesidad personal ni genuina sino de una imposición de supervivencia, sino que, además, para seguir estando funcionando en los ejes, nuestro bebé va a tener que colocarse en la emoción contraria de la dominante a la madre, esa misma en la cual no pudo instalarse a causa de la fórmula letal, cuando pase la presión y le toque recorrerla en sus propios ejes o en la secuencia, en nuestro caso, el orgullo.
En efecto, como ya tiene la tristeza como dominante de su propia estructura de funcionamiento, el feto no va a poder colocarse en el amor porque el equilibrio se rompería a causa de la inflación de la tristeza que requeriría de una sobre carga de amor “inflado” que comprometería su propio equilibrio emocional, pero también físico (además de hipertiroidismo tendría demasiados productos de la glándula hipófisis), y, no sólo eso, sino que así su primer eje amor-tristeza se desarrollaría más que los demás y perdería toda la armonía de su estructura natural. Además y sobre todo, esas dos emociones, amor-tristeza, serían falsas y ocasionarían la mortal fórmula letal.
Entonces el feto encuentra una segunda solución de supervivencia genial: se habituará a fortalecer la emoción opuesta de la dominante de la madre y eso con dos fines: reequilibrar su segundo eje miedo- orgullo, para compensar los desaguisados producidos por el miedo de la madre, y, también y sobre todo, PARA NO SER COMO ELLA. Es decir, para conservar la ley perfecta que se percibe desde el Centro y que se instrumenta en los ejes.
En efecto, esa simbiosis a la cual la madre lo obliga a someterse para no morir no es BUENA , no está en la ley del Centro. La Ley del Centro propicia la autenticidad y la autonomía, no la simbiosis. Y el feto, así, no la tendrá como elección existencial para sí mismo.
Pero ocurre, a causa de esa simple emoción dominante de la madre, algo aún más grave y terrible que todo lo que hemos relatado hasta ahora: ocurre algo muy grave en el ámbito espiritual en el feto. Veamos:
Cuando el feto está en su propia emoción obligada, la que sigue en la secuencia a la emoción dominante de su madre, está obligado a quedarse todo el tiempo en que dure la emoción dominante de la gestante. Si la secuencia perfecta es un 100% en cada emoción, lo que nos da un 600% en total al final de la secuencia, el promedio en que estará el feto en la emoción obligada para no sufrir daños irreversibles será de un 140%. Cuando el feto ve liberada la presión de la emoción dominante de la madre pasa a la emoción secuencial que sigue a la “obligada” y siente una auténtica liberación. ¡Por fin va a su aire! Y recomienza su secuencia. En el caso de nuestro niño, pasa de la tristeza obligada a la rabia liberadora y se siente tan ligero, liberado y realizado que va a dar un significado especial a la emoción libertadora, un significado de autorrealización, de culminación, de libertad, de orden, de justicia, de autonomía. Porque va a vivir esa emoción como si se abriera la puerta de su prisión, y al fin se verá libre y feliz. Pero le quedará tan sólo un 60% de energía para esa emoción si no quiere hipotecar las demás emociones. Así que, lo corto, dos veces bueno, y el feto tendrá una especie de fijación por esa emoción que tanto significa para él y en la cual jamás puede recrearse a gusto, al menos no en las veces en que accede a ella como resultado de la liberación de la presión de la madre. Por lo tanto, a veces, cuando el feto está en su secuencia emocional o en sus ejes y va a su aire, sin ninguna presión ni frustración, va a saborear esa emoción y verla como algo suyo, como algo normal. Y, cuando esa emoción adquiera un valor añadido, porque accede a ella como resultado de la liberación de la presión, le vuelve a dar ese significado especial de felicidad que se persigue y que jamás se alcanza por completo: a veces sí, a veces casi, a medias. El feto, que no tiene ni un cerebro maduro, ni datos objetivos, no va a razonar sino a tener experiencias que, por inexplicables, no dejan de ser aún más vívidas y determinantes: sensaciones corporales y emocionales conmocionadoras y repetidas. Y, en vez de deducir que le están ocurriendo cosas, sentirá que sus cosas son así. Como una fatalidad.
Por otro lado, la experiencia del feto con su Centro, ya lo vimos, está muy interferida y mediatizada. Al mero comienzo, antes de tener un cordón umbilical, es esplendorosa y completa. Hay un Centro que es éxtasis completo y él es de ese Centro maravilloso y perfecto que se lo da todo y en el cual es todo. El embrión no se confunde con el Centro sino que recibe de él y se comunica con él.
Luego el Centro es ocupado por un cordón que lo une a otro ser. Otro ser del cual recibe cosas maravillosas, y entonces el feto se socializa y se une a su madre y hace equipo triunfador con ella. Todo va bien y el feto siente su propio Centro cuando va a su aire, y siente el Centro de su madre “buena” que lo entrega todo por él. La vida es como debe ser: maravillosa.
Pero cuando la madre tiene emociones falsas, desviadas, desconectadas e infladas, el feto sufre agresiones que lo dañan en todos los aspectos: físico, emocional, anímico, espiritual, mental, y establece conexiones que, si bien son abusivas y falsas, no dejan de ser necesarias para que todo encaje, es decir que su Transformador, cuando no encuentra la posibilidad de establecer conexiones sanas, las distorsionará para encontrarle sentido a lo que le está ocurriendo. No se dice: mi madre está desarmónica y eso va a durar un tiempo y luego yo seré yo y decidiré sobre mi vida. Claro que no puede decirse eso por que él no sabe nada de nada. Lo que sí hace, y no tiene otra salida, es decir que El Centro lo ama y lo protege y luego lo amenaza y lo agrede sin que haya hecho nada para ello. Entonces se resignará a ese Dios caprichoso y veleidoso con quien el no tendrá más remedio que congraciarse, y a quien a veces ama y que a veces odia. Y, lo peor del caso, es que, obligado a funcionar con una emoción dominante obligada, una emoción fuerte compensatoria y una emoción unificadora pero veleidosa, el feto, a imagen y semejanza de su madre, va a tener una ingeniería de funcionamiento desestabilizada e inevitable. Esa ingeniería emocional de su estructura va a condicionar su funcionamiento neuroendocrino, y tendrá tendencias fijas a usar algunas estructuras más que otras, hasta confundir ese disfuncionamiento con su propio ser. Además, será verdad que nuestro niño tendrá un Sintetizador demasiado exagerado, con las consecuencias biológicas que ello implica. Por ejemplo, y de lo poco que hemos investigado, demasiada tiroides, demasiado vello y cabello, una forma de rostro rectangular arriba y redondeada en la barbilla, tendencia a la miopía, y, si la madre está en la fórmula letal miedo-orgullo, tendencia al síndrome de Down. Poca grasa y nerviosismo: y, por la rabia poco energetizada, poca vitalidad, poco control emocional, poco control sensorial, y, por el orgullo fortalecido, gran capacidad creadora y transformadora, huesos fuertes y gruesos, cerebro hiper desarrollado en su hemisferio izquierdo (tristeza) y posterior derecho (orgullo). Cuando nazca tendrá una tipología de personalidad con tres emociones anómalas: la tristeza, el orgullo y la rabia, y tres emociones normales, el miedo, al amor y la alegría. Y esas emociones no serán sino el reflejo de su estructura con tres estructuras dominantes: el Sintetizador inflado, el Transformador crispado y el Vitalizador sacralizado (es decir, al que se la da un significado “mágico” especial) que lo aleja del Centro y ocupa su lugar.
O sea, que por las razones antedichas, sobre las cuales no queremos extendernos en esta obra, el feto nace, no a imagen y semejanza del Creador sino a imagen complementaria de su madre. No tendrá seis estructuras armonizadas porque perfectas en proporción, cantidad y calidad, sino que será una criatura con tres estructuras con “valores añadidos” y tres normales. Tendrá una PERSONALIDAD. Y esa personalidad, es decir, esa máscara que oculta su ser, será innata, biológica, y científicamente analizable y detectable por todas las pruebas clínicas posibles, empezando por un simple electrocardiograma que arroja, en el ejemplo de nuestro bebé, un eje de corazón recto en vez de inclinado hacia la izquierda. También hemos hecho pruebas incipientes de huellas dactilares que están “en una misma familia”, y, desde luego, estamos esperando ansiosamente comenzar nuestras investigaciones genéticas para demostrar nuestra amplia investigación clínica sobre tipologías de personalidad y propensión a ciertos tipos de enfermedades.
Lo que sí podemos afirmar categóricamente, es que sobre 120.000 casos analizados, TODOS pertenecían a una de las seis familias tipológicas, y que cada tipología tenía su patrón de ingeniería emocional que compartía con todos los demás integrantes de su familia tipológica.
Pero lo que confirma lo asombroso de estos descubrimientos y la férrea y universal ley del Centro, de los ejes y de la secuencia innata es la historia fetal de dos de las seis tipologías de personalidad. En efecto, de las seis tipologías posibles, cuatro siguen el mismo patrón de formación que nuestro niño: los bebés fruto del miedo, de la rabia, del orgullo y de la alegría. Absolutamente TODOS siguen, férreamente el mismo patrón. Es decir todos los bebés surgidos de la emoción dominante xxxx de la madre tienen, si esta emoción es:
-Miedo: la tristeza dominante, el orgullo fuerte y la rabia idolatrizada, “espiritualizada”. Los llamamos Constructores.
-Rabia: el orgullo dominante, la alegría fuerte y el amor “espiritualizado”. Son los Legisladores.
-Orgullo: el amor dominante, el miedo fuerte y la alegría “espiritualizada”. Son los Reactivadores.
-Alegría: el miedo dominante, la rabia fuerte y la tristeza “espiritualizada”. Son los Fortificadores.
Pero los niños surgidos del eje tristeza-amor no pueden seguir esa misma ley, y lo tienen más complicado. Por LEY de los ejes. En efecto, ya lo hemos señalado en el capítulo anterior, el eje tristeza-amor o amor-tristeza, da igual, es el mismo, es el primer y necesario eje que sustenta los dos restantes. Es la viga de las vigas. Sin ese eje, no se crean los dos otros, y, lo que es peor, la persona deja de ser humana y se convierte en desalmada. El eje amor-tristeza, si bien está jerárquicamente supeditado al segundo (orgullo-miedo) y éste al tercero y más alto (alegría-rabia), es el que posibilita lo mínimo necesario para ser humano: ser almado. Lo que significa no estar desalmado. Sufrir por las perdidas y las muertes y amar lo auténtico y valioso es lo menos que se puede pedir a un humano. O a un animal. O a un vegetal. O a un mineral.
Para demostrarlo hemos constatado que todos los bebés nacidos del desajuste de ese eje debieron enfrentar el enorme riesgo de caer en la fórmula letal hasta conseguir tener ellos mismos, como emoción fuerte, la misma emoción débil (dominante) de la madre. Para demostrar que NO SE PUEDE JUGAR CON EL PRIMER EJE, mostraremos que absolutamente todos los bebés cuyas madres tuvieron como emoción dominante:
-La tristeza: tienen dominante la rabia, fuerte la tristeza y “espiritualizada” el orgullo. Son los Reveladores.
-El amor: Tienen dominante la alegría, fuerte el amor y “espiritualizado” el miedo. Son los Promotores.
Esos dos bebés han seguido el mismo patrón universal en lo que atañe a la inevitabilidad de compensar la emoción dominante de la madre con la emoción secuencial siguiente. También han seguido la misma inevitable “espiritualización” mágica de la que sigue secuencialmente a la dominante obligada propia. Pero cuando se trató de forjar la propia emoción “fuerte”, como contrapunto de la obligada dominante propia, esos fetos no pudieron ir a la emoción opuesta de la dominante de la madre sino volver a la misma emoción dominante de la madre, una vez aflojada la presión, hasta convertirla en su propia emoción fuerte. Toda una lección de heroísmo. Y una demostración de la férrea ley de los ejes. Con lo cual, la elección de eso fetos no ha sido: “No quiero ser como tú”, sino “Te voy a enseñar a ser mejor al no tener la misma debilidad que tú aún en las peores circunstancias”. Puestos en la disyuntiva de no tener el primer eje fortalecido, esos fetos lo han tenido que pasar peor y más dificultosamente que los cuatro restantes. Luego, en vida, también lo van a tener más difícil en el proceso de hiperconexión, es decir, de recuperación de la secuencia emocional innata.
Esta es, en muy resumidas cuentas, la historia de un bebé deseado, querido y normal.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot
Anuncios

THE SPLENDOUR OF THE HUMAN BEING, fascicle 22: THE HISTORY OF OUR GESTATION

An extract from the book “THE SPLENDOUR OF THE HUMAN BEING” by Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Let’s summarise, in laymen’s terms, the process of GESTATION: Shortly before the primary ovocyte (original state of the ovule in the ovary) is released from the follicle, its nucleus divides by meiosis and the first polar body is eliminated. It is left immediately outside the egg’s cell membrane and will form the placenta and all the maternal bodies that will feed and protect the foetus. There is a first “shedding” of herself by the mother in order to offer the child a safe space. It comes from love and, more especially, from the love-sadness axis, which distinguishes “what there is” for the child from what there is of the child, without mixing them. The released egg is transformed into the secondary ovocyte. In this process, each of the 23 pairs of chromosomes loses one of its partners of the polar body and we have 23 unpaired chromosomes. In this second process, the second axis pride-fear intervenes. A series of transformations take place in which the mother’s identity is discarded as a cloning process and each pair sheds one of its chromosomes in order to prepare half of the child’s individuality. No life is possible without these chromosomes finding their pair. It is the half of a potential being, from which “the image and likeness with the mother” has been separated, since each pair is removed from each chromosome.

Several hours after the sperm enters the ovocyte, the nucleus divides again and expels a second polar body, with which the mature ovule is formed. This third process demonstrates the intervention of the joy-rage axis of the three present beings: the one of the father who enters and fuses and demands to form something other than the sum of two, the one of the child who aspires to be genuinely himself and different from both his progenitors, and the one of the mother who stops being protective and creative and allows each to do their own thing, breaking off any unnecessary support which could become an invasion that would prevent the emergence of a complete being. To this effect, the second expulsion of the polar body. This way there are 23 unpaired chromosomes, those of the child. One of the chromosomes, the X chromosome, is female. It will need a Y chromosome from the sperm to be male and an X to be female.

Of the 300 million sperm contained in an average ejaculation, 1,000 to 3,000 manage to get close to the ovule. The strongest and the healthiest. Those sperm finalists attack the radiated corona of the ovule to make way for themselves. When one of them enters, its head swells disproportionately to form the male pronucleus. The 23 chromosomes of the male pronucleus and the 23 chromosomes of the female pronucleus align themselves to constitute a complete element of 46 chromosomes in the fertilised ovule. This is how the fusion-differentiation of the third axis: joy-anger is established. Then the complete and autonomous potential being emerges: the three axes at the service of the Centre growing in the human emotional sequence. This way the process of cell division and differentiation can intervene, so that the promise becomes an available, existing and present reality: a baby. This process is what is known as fertilisation.
Then a difficult process of transportation of the ovule down the Fallopian tube towards the uterus begins. During this phase, several processes of cell division occur and the zygote is created. This remains between 2 to 4 days in the uterine cavity where it is nourished until it becomes a mass of 100 or more cells that transform the zygote into a morula. The morula segregates cells that digest uterine cells and liquefy them to prepare itself a cushion for implantation in the uterus.
Shortly following implantation, a cavity develops (empty Centre) in the mass of cells and the embryo starts to develop along one of the walls of the cavity. This is the stage at which the embryo is a blastocyst.
A one-month embryo already has all its organs outlined. The first process is that of circulation between differentiated maternal and embryonic blood. And the first complete organ that forms itself is the umbilical cord, not only for receiving nutrients from the mother, but also to be able to expel waste materials from the embryo. The first structure is like that, The Centre. Then the diffusion of oxygen begins and production of enormous quantities of oestrogens and progesterone by the mother. Both the absorption of oxygen as well as the production of sexual hormones depend on one emotion: joy, and nourish it, forming the child’s Orienter. This enables the cell reproduction of the embryo and the foetus. The child is an embryo until the end of the second month. In the third month it is already a foetus, up until nine months. Following labour it will be a baby.
At three months, the foetus measures 15 cm and weighs 125 grams (fear and sadness). Its face is already designed (love), its genital organs are already defined (joy), its skeleton is formed (pride), its bone marrow is already working (pride), its heart has been beating for two months (love), its liver has been working for a month and a half (rage), and it breathes! – joy – (then, as it grows, breathing will be inhibited so that it doesn’t swallow faecal matter thus avoiding the lethal formula joy-rage). Such is the prodigy.
At four months, it measures 21 cm and weighs 250 grams: its sex is clearer (joy). It moves (rage). It has all of its organs (six structures with their six emotions and senses). It has most of its peripheral reflexes (pride-fear axis).
At five months, it measures 27 cm and weighs 500 gr. It is covered in down (sadness). It moves but is not capable of living on its own because it does not have independent vitality (lacking the complete Vitaliser and some rage). It ingests and digests and expels meconium (faecal matter of the foetus) – rage.
At six months, it measures 33 cm and weighs one kilo. It looks senile due to lack of fat, it cries out (full joy-rage axis), it swallows if fed, it sucks, urinates. It needs an incubator in order to survive (love and fear). Otherwise, it dies.
At seven months, it measures 39 cm and weighs 1,750 gr. It already looks less senile. It can cry out, swallow and suck. It is fairly vital and if it can spend some time in the incubator, so much the better.
At eight months, it measures 45 cm and weighs 2,500 gr. It is already a chubby and smooth baby. It survives on its own.
At nine months, it measures 50 cm and weighs 3,250 gr. It is a perfect and normal baby. Its brain will need one more year of life to reach total maturity.
The MAT analysis of gestation
Everything starts with the Centre, it is the first thing that is manifest in the ovule of the mother, who sheds herself twice from the nucleus to make way for the being of the infant that she will have the privilege to shelter and nourish. The same thing happens in the sperm, and it deletes itself until being no more than the genetic and chromosome load of the child. In the child, the first thing to emerge is also the Centre. And, after appearing and taking root, twice, it makes way for the emergence and the multiplication of cells that carry within them all the potential of an autonomous and authentic human being. Perfect. Just as we are all created to be.
The first awareness of the child, integral awareness, is that of emerging from a Centre inconceivably superior to itself, which fosters all of its faculties to be. That, before the formation of the umbilical cord, in other words, before one month of gestation, when one is pure autonomous potency. The formation of the umbilical cord, indispensable for receiving all the nutrients and expelling all waste, introduces, at the same time as an organic Centre, a relationship to the other, to a live being that is not Centre but has a Centre. And that, is received by the embryo as a shock and an absolute loss of the very origin of the glory and the splendour in which it had been bathing beatifically. This first grief is born of the wisdom of not BEING the Centre but of having a Centre. The second grief stems from the obligatory relationship between one’s own Centre and the mother’s, an inevitable relationship that is experienced as an intolerable subjection and as a deceit. The child’s second emotion, following beatific joy, is absolute rage towards that Centre which promises so much and delivers so little. There the sequence starts to function actively and, from rage, passes onto pride, “Since I am here, I am going to be everything I can”. And from pride to the other point of the axis, the fear of being pulverized for that first rebelliousness and, also to safety upon seeing that the disappearance does not occur. From fear it passes onto authentic sadness for two reasons: one positive, upon realising the unprecedented development going on in itself, and another negative, for life being that way, subordinated to another life. Then it passes onto the other end of the axis, to love, because one becomes aware of the entire marvel that is being received from the Centre first of all, and from the mother after. Then the functioning, in order, of the three axes is triggered: the love-sadness axis that opens up the second axis: pride-fear, which opens up the third axis: joy-rage. That is where the mammalian human being starts to exist, to accept it and to cooperate. And the work in team with the mother begins, so that both can be as best as possible for as long as intrauterine life lasts.
The embryo becomes a foetus. That first rebellion and its causes are erased from memory. That experience, as all others when they are erased, is retained in the body. That second rebellion against the mother and its causes are deleted from memory. And one starts living and existing with full awareness of oneself and of the other. And that awareness becomes, as a consequence of those two deletion processes, more important than the awareness of the Centre. However, during the first four months of gestation, the Centre continues to function and sustains the three axes that sustain and enable the emotional sequence that in turn allows life to develop. But the perception of the Centre becomes increasingly distant and intermittent. Why?

MAT Personality Structure - Preciada Azancot

MAT Personality Structure – Preciada Azancot

Development of the personality as a prison:
No expectant mother spends 24 hours of the day in the glory and the splendour at the service of the Centre. We, human beings, live our daily lives and unbalance our emotions permanently. At the origin of this constant imbalance is our mammalian condition. Indeed, if we reflect a minimum on the foetus, who is already experiencing his Centre, his axes and his sequence badly, badly for the two already demonstrated reasons, we will see that, inevitably because of his mammalian condition, he is receiving from the mother, in addition to the sublime nourishment and marvellous shelter and protection, constant interferences that limit and obstruct his wellbeing, his individuality and his autonomy. For example, the foetus is in his love-sadness axis and is managing, passionately, what is available, and is therefore very busy with the energy of sadness. Then along comes his mother with an enormous discharge of love. Who could reproach her for it? She cannot guess what the foetus was doing, who, upon receiving an enormous discharge of the opposite emotion, runs the risk of falling into the lethal formula and must, so as not to die, rapidly abandon that emotion and move onto the sequential one, rage, in order to survive. Thus, from jolt to jolt, the foetus starts fearing the axes, which represent, at the same time as the greatest potency, the greatest danger. It is as if we had the gift of flying but, whenever we did, were bombarded with a missile once out of every five times. It would make us think twice! Since, let’s not forget that the emotions are not just feelings that the foetus captures perfectly, but that they are, also and especially, energies that make the structures function. The mother’s fear will represent an enormous discharge of cortisone that the blood flow will carry to the foetus through the umbilical cord and that he will swallow, whether he needs it or it swells him up. An enormous discharge of sadness will mean a discharge of thyroid hormones and agitation, nervousness and a hyperactive metabolism that consumes the small reserves of fat he manages to store. A discharge of joy will inject an insulin overdose that could kill him if the human organism, like any other live organism, were not so miraculously perfect and solid. And we are only speaking of the relationship between the emotions and endocrine functioning, which is, only, one of the many systems of the human body. The appearance of down that covers the entire body of the foetus at five months shows, not that we are descendants of the monkey and better it, but rather that we are dominantly super-sad, since we verified, in our hospital investigations, that down and hair are directly related to authentic sadness. And we are super-sad because we have suffered a loss that leaves us disconsolate: we have lost our constant connection with the axes, our natural functioning in the three axes, in the fourth month of gestation.
But that is not all, nor is it the most dramatic: for being mammals, we are going to acquire, in our mother’s uterus, a personality which is the result of the imbalance of our structure following parameters of inevitable laws that govern our nature – the ones that MAT discovers – and that, in crisis situations, when not receiving that complete safe space that we need, will move us to function in such a way so as to receive the maximum possible in adverse situations.
Let’s go back in our story, to the moment when we have an umbilical cord that communicates us to our biological mother. Each of the mother’s emotions will set in motion the expecting mother’s corresponding structure and produce hormones, blood, calcium, vitamins, minerals, antibodies, and all that can be expected because that is what the emotions are for: to make the structures function and to allow us to be and live. Nonetheless, throughout most of her pregnancy, the expectant mother is going to have a dominant emotion, the one corresponding to her circumstances and her situation: she may feel happy to have a baby and that joy will be her dominant emotion; she may be sad because her husband has left her, she was made redundant and her father is very sick and will die during her pregnancy; she may feel mostly love if she already has a baby she loves, is in love with her husband and is tenderly awaiting her second offspring; she may be afraid if she has a high risk pregnancy and on top of that the war broke out in Iraq and her husband has been sent to the front. Let’s take this last example to illustrate the baby’s gestation as the story he experiences. We will call him our baby.
Our baby has one day of gestation. He already has 46 combined chromosomes, 23 of maternal origin, and 23 of paternal origin. He experiences metamorphosis, the emergence of his being within the maternal ovule. Of course, he doesn’t feel either the paternal or the maternal part, but he does feel. He feels more than if he had a full brain, because there is no reasoning, nor deduction, nor inducement, instead there is pure sensation that impregnates everything and that will be fixed forever in his Vitaliser.
He is shaken and transported jolting down the Fallopian tube and undergoes various cell divisions: from pride he passes onto the fear of disappearing and holds on to himself. From a fertilised ovule he becomes a zygote. He remains for 2 to 4 days in the uterine cavity and is nourished. He feels love. He is love. He stays that way until he becomes a mass of 100 cells or more. He is a morula. He becomes sad because he loses his identity. Then he reacts and, angrily, makes himself his own niche by segregating his own cells, with great vitality, which digest and liquefy the mother’s uterine cells until he builds himself his own soft and moulded cushion. That is how he implants himself in the maternal uterus. Then he passes onto the ecstasy of joy of the glory and the splendour and is “of the” Centre. Shortly after he starts to assume his being of the Centre as his only belonging and makes a cavity, empty like the Centre, while he, at its service, retires to one of the walls of the cavity. Our baby is already an embryo and is pure happiness, order, harmony, metamorphosis, clarity, yes, but also is immortality, eternity and infinity. He is everything at the service of the Centre that is creating him. Circulation between maternal blood and his own blood is made in him, which is not distinguishable as a sensation and which brings him plenitude. And he continues being, more so every day, in permanent ecstatic metamorphosis. He experiences and engraves in his body (Vitaliser) the knowledge of the Glory and the Splendour.
From his Centre an umbilical cord is formed that joins him to the part of the mature ovule that transformed into his placenta. There the interferences start because he receives strange and shocking products coming from his mother’s emotions, which are not his own, and that he needs to take into account, and just how! Because they destabilise him. And, very particularly, the hormones segregated by the prevailing fear of the mother that we took as an example: cortisone, adrenalin, and other products of the suprarenal gland. This represents for him a risk of death: cortisone inflates him, adrenalin accelerates him, he passes from being amorphous onto being hyperactive and combative. Also, that fear of the mother’s, added to his own, inflate his Rector and, that way, he loses the harmony of his structure. Then his own human constitution, his own natural order, his pattern of functional engineering obliges him to find the best of all options in order to survive. But how does he experience that “shock”? As a collapse, as a fraud, as an intolerable lie that contradicts the marvellous and perfect state that he was in and thought that he could keep forever because that was HIS order. And that is experienced as a total and unconditional hate towards the Centre. Then the moment of truth comes: either he chooses not to accept anything other than the lost order and then he disappears because he continues to function on his axes and in his sequence at the service of His Centre. And there is a “miscarriage”. Or he decides to adapt and to make his way in life without illusions: that immutable and marvellous Centre exists and disappears intermittently, and he passes, from the happiness of being, onto the effort of surviving. And then the foetus continues his formation and will give way to a live baby. How will he manage it?
The foetus is conscious of a few things only: of his Centre, in the very first place, of his three axes, and of his perfect emotional sequence. Plus, to continue forming himself and growing he needs those three things. But he already lost the sensation of eternity, infinity and immortality. The sensation of eternity was lost because, not only is he not alone with the Centre, but also the mother’s emotions are sometimes marvellous, when they accompany him in his own on the axes and in the sequence, and are sometimes murderous and terrible, when they unbalance him and force him to “do things” in order to survive. From the start, the mother’s being is experienced as dual: she is the good nourisher who helps him to be, no longer so happy and independent as before the umbilical cord (that marvellous thing was already lost forever as long as he’s there), who feeds him, who evacuates his waste, who gives him safe warmth and shelter; and is, also, the terrible being that is killing him, and, even worse, who hides his Centre and puts herself in the Centre. Mummy is then the utmost terror.
And what is his sensation of himself like in that trance? Well like passing from what is divine onto hell itself as a passive subject and without finding any relationship between what is happening and what he did. Absurdly, whimsically. That is where the experience of God collapses and is replaced by magical visions of archetypal powers that will pursue and confound us throughout our entire existence.
But, how does the foetus defend itself in order to survive? Our baby receives daily the products and consequences of the mother’s fear. If the baby is in one of the emotions of his axes or in one of the sequence, he will be obliged to abandon his precious journey of personal growth and to resort to his own fear, which is the emotion that “calls him”. There his installation will alert him of the great danger he is in if he remains there, because on top of receiving the dangerous discharges from the mother, he will receive his own of the same nature and effect and would die. In our example, if the foetus also places himself in fear, he will produce more hormones of the suprarenal glands, and his skin and his cerebellum would become thick and gigantic, to mention just three of the effects of fear. And his Rector would close itself off to any contact with the mother, producing, for example, an occlusion or a hernia of the umbilical cord. So, it is clear for him what he SHOULD NOT DO: he should not, under any pretext, also stay in fear. Then, the foetus places himself in the sequential emotion that follows the mother’s dominant emotion as the only alternative in order to survive: balancing the mother’s prevailing emotion by drawing on the next emotion in the sequence, for the entire time that the destabilising discharge lasts. And we say as the only option because first the foetus tried another more potent and pleasurable option: placing himself in the opposite emotion to the mother’s on the axis, in our case, pride: “You pull one way and I try to balance by placing myself on the other end of the seesaw”. And he must desist from this because he experiences the terrible and mortal effects of the lethal formula. Indeed, the fear of the mother produces the fear of disappearing in the child, and not pride, because this is false, and since the remaining fear is the mother’s and not his, it is also false: false fear + false pride = lethal formula.
Having, as an inescapable obligation, to place himself in the following sequential emotion to that of the mother’s, in this case sadness, in order to survive, produces, in our baby, several and serious effects that will condition his entire existence and his vision of himself:
In the first place, our child experiences an immediate relief from the suffering that was afflicting him: sadness, to give a few examples of its effects, stimulates the thyroid glands, burns fat and reduces the swelling caused by the cortisone generated by the expectant mother, activates the metabolism that the suprarenal gland slows down, activates the lymphatic system which drains excessive retention of liquids and toxins generated by cortisol. The organic equilibrium is restored. Not so the emotional one.
In the emotional context there is a first effect: the sensation of impotence and inevitable death disappears and makes way for a sensation of pride and self-confidence: “I am capable of avoiding being made to disappear”. The foetus found, all by himself, the best option to continue being. But it is a sad pride because he had to do something that, in justice he should not have had to do. There emerges a feeling of abandon and hostility first towards the mother and, what is more serious, towards God, or towards the order of what is human, if one prefers, it doesn’t matter what we call it. In Transactional Analysis it would be the existential position Me good – You bad, both towards the mother and towards the natural order.
A second, even more serious, effect, is that the child, who to be and grow needs to function on the axes, could not rebalance naturally the imbalance produced in him by using the natural law of the axes: he was unable to rebalance fear by calmly installing himself in pride. That, to make matters worse, produced the lethal formula, fatal if he had remained in it. Then an inevitable symbiotic vision develops in the foetus: he and the mother are two, but one “HAS TO” function as if they are one. Indeed, not only does one have to work dragging the mother’s emotion and struggling in the sequential one without this stemming from a personal or genuine need but from an imposition to survive, but also, to continue functioning on the axes, our baby is going to have to place himself in the opposite emotion to the prevailing one of the mother, in that same one that he could not install himself in because of the lethal formula, when the pressure is over and he has to travel it on his own axes or in the sequence, in our case, pride.
Indeed, as he already has sadness as the dominant emotion of his own structure of functioning, the foetus is not going to be able to place himself in love because the balance would be broken due to the inflation of sadness, which would require an overload of “inflated” love that would compromise his own emotional, but also physical balance (in addition to hyperthyroid he would have too many products from the hypophysis gland), and, not only that, but also that way his first axis love-sadness would develop more than the others and he would lose the entire harmony of his natural structure. Also and above all, these two emotions, love-sadness, would be false and would cause him the deadly lethal formula.
Then the foetus finds a second brilliant solution for survival: he will become accustomed to strengthening the opposite emotion to the mother’s dominant one and this with two ends: to rebalance his second axis pride-fear, to compensate for the messes produced by the mother’s fear, and, also and above all, SO AS NOT TO BE LIKE HER. In other words, to preserve the perfect law that is perceived from the Centre and that is implemented in the axes.
In fact, that symbiosis that the mother forces him to submit to so as not to die is not GOOD, it is not in the law of the Centre. The Law of the Centre favours authenticity and autonomy, not symbiosis. And the foetus, that way, will not have it as the existential choice for himself.
But what happens, as a result of this simple prevailing emotion of the mother’s, is something even more serious and terrible than anything we have mentioned up until now: something very serious happens in the spiritual context of the foetus. Let’s take a look:
When the foetus is in his own forced emotion, the one that follows the mother’s prevailing emotion in the sequence, he is obliged to remain there as long as the prevailing emotion of the expectant mother lasts. If the perfect sequence is 100% in each emotion, which gives us 600% in total at the end of the sequence, the average time that the foetus will be in the forced emotion so as not to suffer irreversible damage will be 140%. When the foetus sees himself freed from the pressure of the mother’s prevailing emotion he passes onto the sequential emotion that follows the “forced” one and feels an authentic liberation. At last he can do his own thing! And he restarts his sequence. In the case of our child, he passes from obligatory sadness to liberating rage and feels so light, liberated and fulfilled that he will give a special meaning to the liberating emotion, a meaning of self-fulfilment, of culmination, of freedom, of order, of justice, of autonomy. Because he is going to experience that emotion as if the door to his prison had been opened, and will see himself as free and happy at last. But he will have just 60% of energy left for that emotion if he does not wish to mortgage the other emotions. Therefore, short is sweet, and the foetus will have a sort of fixation for that emotion that means so much to him and where he can never enjoy himself at ease, at least not the times that he gains access to it as a result of the release from the mother’s pressure. Therefore, sometimes, when the foetus is in his emotional sequence or in his axes and doing his own thing, without any pressure or frustration, he will savour that emotion and see it as something his, as something normal. And, when that emotion acquires an added value, because he gains access to it as a result of the liberation from pressure, he again gives it that special meaning of happiness that is pursued and never fully reached: sometimes yes, sometimes almost, halfway. The foetus, which does not even have a mature brain, or objective data, is not going to reason, instead he will have experiences that, although unexplainable are no less fully experienced and determining: corporal and emotional sensations that are stirring and repeated. And, instead of deducing that things are happening to him, he will feel that things for him are that way. Like a misfortune.
On a separate note, the experience of the foetus with his Centre, as we already saw, is very much interfered with and mediated. At the very beginning, before having an umbilical cord, it is splendorous and complete. There is a Centre which is complete ecstasy and he is from that marvellous and perfect Centre that gives him everything and in which he is everything. The embryo does not confuse himself with the Centre; instead he receives from it and communicates with it.
Then the Centre is occupied by a cord that ties it to another being. Another being from which he receives marvellous things, and then the foetus socialises and joins to his mother and forms a winning team with her. All goes well and the foetus feels his own Centre when he does his own thing, and feels the Centre of his “good” mother who gives everything for him. Life is as it should be: marvellous.
But when the mother has false, deviated, disconnected and inflated emotions, the foetus suffers aggressions that damage it in every way: physically, emotionally, where his mood is concerned, spiritually, and mentally, and establishes connections which, albeit abusive and false, do not cease to be necessary so that everything fits in, in other words his Transformer, when it does not find the possibility of establishing healthy connections, will distort them to make sense of what is happening to him. He doesn’t say to himself: my mother is out of harmony and that will last for a while and then I will be me and decide about my life. Of course he cannot say that because he knows nothing about anything. What he does, and he has no other way out, is to say that the Centre loves him and protects him and then threatens him and attacks him without his having done anything to deserve it. Then he will resign himself to that whimsical and fickle God with whom he will have no choice but to ingratiate himself, and whom he sometimes loves and sometimes hates. And, the worst thing is that, obliged to function with a forced dominant emotion, a strong compensating emotion and a unifying but fickle emotion, the foetus, in the image and likeness of his mother, will have a destabilised and inevitable functional engineering. That emotional engineering of his structure will condition his neuroendocrine functioning, and he will have fixed tendencies to use some structures more than others, until he confuses that dysfunctioning with his own being. Plus, it will be true that our child has an exaggerated Synthesiser, with the biological consequences that this implies. For example, and from the little that we have researched, too much thyroid, too much down and hair, a face shape that is rectangular at the top and rounded at the chin, a tendency to short-sightedness, and, if the mother is in the lethal fear-pride formula, a tendency to Down’s syndrome. Little fat and nervousness: and, because of poorly energised rage, a lack of vitality, limited emotional control, limited sensory control, and, due to strengthened pride, an enormous creative and transforming capacity, strong and thick bones, a hyper developed brain in the left hemisphere (sadness) and rear right (pride). When he is born he will have a personality typology with three anomalous emotions: sadness, pride and rage, and three normal emotions, fear, love and joy. And those emotions will be no more than the reflection of his structure with three dominating structures: the Synthesiser inflated, the Transformer on edge, and the Vitaliser sacralised (in other words, given a special “magical” meaning) which distances him from the Centre and occupies its place.
In other words, for the foregoing reasons, which we do not wish to expand on in this work, the foetus is born, not in the image and likeness of his Creator but in the complementary image of his mother. He will not have six structures in harmony because they are perfect in proportion, quantity and quality, instead he will be a creature with three structures with “added values” and three normal ones. He will have a PERSONALITY. And that personality, in other words, that mask that hides his being, will be innate, biological, and scientifically analysable and detectable using all possible clinical tests, starting with a simple electrocardiogram that shows, in the example of our baby, a straight axis of the heart instead of inclined towards the left. We have also made preliminary tests on fingerprints that are “within the same family”, and, for certain, are anxiously waiting to start with our genetic research to demonstrate our extensive clinical research on personality typologies and the propensity to certain types of diseases.
What we can affirm categorically is that, of the 120,000 analysed cases, ALL OF THEM belonged to one of the six typological families, and that each typology had its own pattern of emotional engineering that was shared with all the other members of the same typological family.
But what confirms the amazing thing about these discoveries and the strict and universal law of the Centre, of the axes and of the innate sequence is the foetal history of two of the six personality typologies. Indeed, of the six possible typologies, four follow the same formation pattern as our baby: babies that are the fruit of fear, of rage, of pride and of happiness. Absolutely ALL OF THEM follow, strictly, the same pattern. In other words all the babies that emerge from the prevailing emotion xxxx of the mother have, if this emotion is:
-Fear: dominant sadness, strong pride and idolatrised, “spiritualised” rage. We call them Constructors.
-Rage: dominant pride, strong joy and “spiritualised” love. These are the Legislators.
-Pride: dominant love, strong fear and “spiritualised” joy. These are the Reactivators.
-Joy: dominant fear, strong rage and “spiritualised” sadness. These are the Fortifiers.
But the children that emerge from the love-sadness axis cannot follow that same law, and have it harder. Due to the LAW of the axes. Indeed, we have already pointed it out in the previous chapter, that the love-sadness axis is the very same, first and necessary axis that sustains the two remaining ones. It is the beam of beams. Without this axis, the other two cannot be created, and, what is worse, the person ceases to be human and becomes heartless. The love-sadness axis, although it is hierarchically subordinated to the second one (pride-fear) and the latter to the third and highest (joy-rage), is the one that enables the minimum necessary in order to be human: to have a soul. Which means not being soulless. Suffering for losses and deaths and loving what is authentic and valuable is the least that we can ask of a human being. Or of an animal. Or of a vegetable. Or of a mineral.
To demonstrate it we have confirmed that all babies born in the imbalance of this axis had to face the enormous risk of falling into the lethal formula before managing to have themselves, as the strong emotion, the same weak (dominant) emotion of the mother. To demonstrate that ONE CANNOT PLAY WITH THE FIRST AXIS, we will show that absolutely all babies whose mothers had as the dominant emotion:
-Sadness: have dominant rage, strong sadness and “spiritualised” pride. These are the Revealers.
-Love: have dominant joy, strong love and “spiritualised fear”. These are the Promoters.
These two babies have followed the same universal pattern in terms of the inevitability of compensating the mother’s dominant emotion with the following sequential emotion. They have also followed the same inevitable magical “spiritualisation” of the one that sequentially follows their own forced dominant emotion. But when it came to forging their own “strong” emotion, as the counterpoint of the own forced dominant one, these foetuses could not go to the opposite one of the mother’s dominant one but rather return to the same dominant emotion as the mother’s, once the pressure was less, until making it their own strong emotion. An entire lesson in heroism. And a demonstration of the strict law of the axes. With which, the choice of these foetuses has not been: “I don’t want to be like you”, but “I am going to show you how to be better by not having the same weakness as you even in the worst circumstances”. Faced with the dilemma of not having the first axis strengthened, these foetuses have had it harder and more difficult than the four others. Then, in life, they will also have it harder with the process of hyperconnection, in other words, the recovery of the innate emotional sequence.
This is, in a nutshell, the history of a longed-for, loved and normal baby.

The Splendour of the Human Being - Preciada Azancot
An extract from the book “THE SPLENDOUR OF THE HUMAN BEING” by Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 21: EL ACCESO AL ESPLENDOR: VIVENCIA DE LOS EJES AL SERVICIO DEL CENTRO

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

El esplendor se alcanza por la vivencia de los tres ejes al servicio del Centro. Entonces la conexión de cada sentido con su emoción correspondiente adquiere una dimensión trascendente que nos lleva a experienciar accesos a visiones, sonidos, olores, sabores, contactos y orgasmos que parecen fuera de este mundo porque jamás han podido ser recreados por ningún genio conocido. Son experiencias que proceden de lo más profundo de nuestro Orientador porque están ancladas en nuestra memoria prenatal cuando aún no éramos ni siquiera un feto sino un embrión. Cuando éramos absolutamente perfectos porque intactos. Hablamos de un embrión de un mes de vida, como final del esplendor.

Los Ejes MAT - Preciada Azancot

Los Ejes MAT – Preciada Azancot

Ya explicamos, en el capítulo anterior, el orden, el mecanismo y las leyes de nuestros tres ejes. Aquí solo evocaremos, brevemente, la vivencia de esos ejes al absoluto y total servicio del Centro, que es lo que llamamos ESPLENDOR.
Comienza por el primer eje, el de lo disponible: amor-Protector-vista / tristeza-Sintetizador-oído. En aquél momento todo está disponible porque no ha habido aún ninguna pérdida que sufrir ni que superar. Es el eje de la inmortalidad. Es el éxtasis de la abundancia indefinida. Somos amor y todo amor. Somos unión con la totalidad perfecta que nos ama sin reservas y de manera definitiva. Somos visión en blanco y negro de la trascendencia blanca inmemorial e inmortal y de la dilución negra, suave y definitiva de todo mal, esté donde esté. Esa sensación queda grabada para siempre en nosotros y prefigura la certeza de algo infinitamente superior a cualquier descripción del Edén que hayan podido describir profeta o místico alguno. ¡Si tan sólo pudiéramos pintar un trocito, un pequeño fragmento de la visión de un sólo pliegue de un tejido, todo en blanco y negro, que contienen y diluyen a la vez todos los colores imaginables y no imaginables! Pero los medios que tenemos no nos permiten ni siquiera aproximar, burdamente, el esbozo de un esbozo. Esta visión la tenemos grabada en nuestra retina con la nitidez de un microscopio y, sin embargo, nos es imposible describirla. Aunque nada tiene que ver con ella, lo más lejano que nos podría remitir a ella sería el blanco y el negro de ciertos cuadros del final de la vida del genial Manet. Pero comparar esa visión con esos cuadros maravillosos sería una total profanación.

En cuanto a la omnisciencia y la claridad, además de total y definitiva, además de abarcadora de todo lo que somos y seremos para siempre como absoluto y morando en el absoluto, tiene sonido y canto. Un sonido de línea continua en el cual la tristeza es un imposible metafísico, y un canto de voces femeninas y masculinas de soplo infinito, dulce, potente, y sobrecogedor. En la vida real, lo más alejadamente profanador que sin embargo lo sugiere es la obertura de “Tristán e Isolda” de Wagner.
El segundo eje, el de lo existente: orgullo-Transformador-gusto / miedo-Rector–tacto es el eje de la Eternidad. Lo que se vivencia allí es aún mucho más difícil de sugerir. ¿Cómo se puede describir el estar absolutamente quieto y, a la vez, absolutamente en metamorfosis, tanto hacia adentro como hacia afuera? ¿Y cómo describir lo que se toca y cómo eso nos toca, nos arropa, en un manto de algo que es la esencia, imposible de contar, del amor? Sólo decir que, por un sólo contacto así, nadie dudaría ni por un momento en entregar toda su vida y caer en la nada. Pero es que ese contacto es desde siempre y para siempre, y nos lo transmite así. Beatitud despierta podría ser la manera más estúpida de sugerirlo.

Y ¿cómo explicar que lo primero que se prueba es un néctar que contiene todos los sabores más imposibles de lograr? No hay, ni remotamente, ningún sabor en nuestro conocimiento que, aún en lo diametralmente opuesto o profanador, lo sugiera. Lo más cercano sería la primera vez que probamos la leche materna.
Y ¿qué decir del tercer eje, el de la alegría-Orientador-sexo rabia-Vitalizador-olfato? Que es el eje de la infinitud. Tras ser inmortal y tras existir esencialmente, accedemos a la plenitud. ¿Cómo se vive? Pues es cada vez más difícil de transmitir: para empezar, tomamos conciencia plena de ser inmortales y existentes en la eternidad. Cuando la conciencia es plena, se accede naturalmente a la finalidad de esa inmortalidad y de esa plenitud, y lo primero que se capta son las infinitas dimensiones que existen en el infinito y, a la vez, lo maravilloso que es tener una sola de esas dimensiones, y del esplendor de tener, hoy, aquí y ahora, seis. Y esas seis SON la promesa de todas las posibles, porque todas están relacionadas con todas, y cada una es la base de otra nueva, y la primera está en ese vacío que es la anti-nada que encierra el TODO germinándose.

La palabra clave aquí es el Y. La absoluta CERTEZA de que todas esas dimensiones están guardadas para ti, y en germen en ti, hace acceder a un placer de fisión de paz y orgasmo absolutamente imposible de describir. Es lo contrario del arrebato místico. Lo más próximo y, al tiempo diferente y alejado que podríamos sugerir en lo conocible por algunos humanos es el orgasmo cósmico, cuya teoría y práctica descubrió Leopoldo Azancot, el gran novelista, que nos impartió un seminario gracias al cual pudimos conocer el orgasmo cósmico: un orgasmo de paz y, a la vez, que nos rompe y fracciona en infinitas dimensiones todas entrelazadas que comienza suavemente en el sexo y se prolonga como olas en cada parte del cuerpo durante veinte minutos, después del coito. Pero lo que se experimenta allí no tiene nada que ver por alejado y diferente. Esa fisión, que no fusión, de cuerpo y espíritu como UNO es lo que más aproximadamente podríamos sugerir en cuanto a experiencia sensorial se refiere. En cuanto al olfato la experiencia es increíble pues a la vez que se percibe el propio olor como un maravilloso perfume de nuestra propia esencia, por ejemplo, en nuestro caso un tipo de sándalo que no existe, algo como el espíritu del sándalo, se percibe el aroma de la esencia de la vida y de la verdad. ¡Eso maravilloso huele, sí, tiene olor! ¿Con qué podríamos compararlo aunque sea para sugerirlo, aún con plena conciencia de blasfemar? Pues debería ser una mezcla de tierra después de una fuerte lluvia, con el mar en alta mar, y una nota de los bosques maravillosos de Olimpia, en Grecia.

En el ámbito emocional, la experiencia del Esplendor es más accesible aunque también prácticamente imposible de transmitir. En el primer eje, el de la inmortalidad, estar en la tristeza pura y en el amor puro como una pareja indisociable se presenta como una hiper lucidez de inteligencia clara y azul celeste que entiende todo y dispone de todo para entender cualquier cosa que se presente. Es, a la vez, compasión profundísima por todo lo vivo que se pierde, en todo tiempo y lugar, y dominio absoluto para evitar que se pierda nada, y, a la vez, la certeza de que nada se pierde y todo regresa y ocupa su tiempo y su lugar. Es lo que la meditación budista persigue, pero no obtiene, porque persigue la dilución en el Nirvana y la no reencarnación. Allí se descubre que cada vida se hace en espacios diferentes y que sobran espacios para cada uno de nosotros, y que tenemos todo y siempre más de lo que podemos poseer. Y que no poseemos nada, porque somos todo y para siempre. Eso en lo que se refiere a la tristeza, la que trae el consuelo y se anticipa a él.

Con ese para siempre accedemos al amor puro, desde siempre y para siempre, el que es más que alma y supera el alma. Accedemos al amor que es causa y no consecuencia de la inmortalidad. De ese amor que está fuera de nosotros para que lo amemos a él, y dentro de nosotros, para entregarnos a él. A ese segundo amor se le llama alma. Lo que descubrimos y sentimos en el amor puro es otra dimensión, que no tenemos los humanos, y que es la fuente del alma y de la permanencia, es decir, de la inmortalidad. Claro, escribir sobre emociones, por más que se quiera, no nos las hacen sentirlas ni vivirlas. Deberemos recurrir a un símil, a una imagen: sería la de un águila que se une con su gran amor, una ballena, así bajo los mares como en los cielos. Y ese amor les hace acceder a la inmortalidad.
En el eje de la Eternidad, miedo- orgullo, vivimos simultáneamente en el miedo puro y en el orgullo puro con la naturalidad de tener dos brazos y dos piernas que forman equipos. El equipo miedo –orgullo nos hace eternos porque “lo que no es” nunca lo será y “lo que sí es” siempre lo será. Sentimos, en el miedo auténtico, nuestra morada, de ese mismo color morado, que nos ampara contra el mal, tanto hacia adentro como desde afuera, y sentimos la valentía pura que ni siquiera se digna a medirse contra el mal porque al diagnosticarlo y reconocerlo lo diluye. Entonces caen las corazas de defensa y de protección porque no son necesarias y son sólo lastres. Accedemos al NO SER malo, peligroso, tóxico porque estamos colocados en nuestro verdadero lugar, nosotros mismos y jamás de los jamases permitiremos que nadie nos invite a penetrar dentro de otro ser, ni le dejaremos penetrar en el nuestro. Entonces reconocemos el peligro y la vacuidad de todas esas teorías que presentan la otra vida como el recibir a Dios en sí o, aún peor, cometer el sacrilegio de diluirnos en él. Eso que tanto excita a algunos locos temerarios e invasores nos produce risa y luego repeluzno. Lo horrible y espantoso es tener a alguien o algo ajeno adentro y lo criminal es pretender meternos o meter a algo en otro. Esto es la causa y raíz de toda idolatría y de todo terror, lo cual es un sinónimo. Pero todo eso es lo que no se siente en el miedo puro del esplendor, porque no se puede tener miedo a lo que no existe. Y nada peligroso existe cuando se está en el miedo puro. Nada, porque lo que no es, nunca será, y no puede producir miedo. Esa sensación es armonía que prefigura el acceso a la eternidad. Es nuestra dimensión femenina. La que es útero permanente y protector contra el mal. Entonces accedemos a SENTIR la mitad de la eternidad, la del no ser lo que jamás seremos, simples mortales que pasan y se pasan la vida temiendo a la muerte, porque la muerte no es, ni será posible jamás. Por el simple hecho de haber sido la unión de un esperma con su óvulo nunca seremos el NO SER, y seremos inmortales cada vez que estemos en el miedo puro.
Y gracias a ese miedo puro podremos, no sólo SENTIR, y -entonces queda claro que todo sentir se la debemos al miedo-, sino VIVIR la eternidad del orgullo puro. Por supuesto, pero eso ya entra en la anécdota, sentimos y vivimos la metamorfosis perpetua y permanente que nos hace SER creciendo y transformándonos. Pero eso es lo que un beso a un orgasmo. Lo que vivimos entonces es que somos todo el ser y todos los seres por el simple hecho de permanecer en nuestro lugar fijo, que nos abre toda la gama y todas las dimensiones del universo siéndolas y contemplándolas ser. Es la esencia del movimiento perpetuo, que no necesita crispaciones ni “relojeros universales” para surgir de sí mismo para los tiempos de los tiempos y los lugares de lugares.
Y, como en el caso anterior, tendremos que recurrir a una imagen para hacernos entender en lo que al sentir se refiere: un árbol que siempre estuvo y siempre estará con sus propias raíces que atraviesan la tierra y escalan los cielos por las dos puntas sin dejar de ser eso y sólo eso, un árbol. Es el baobab que tanto asustaba al Principito. Y ese árbol, era él.

En el eje de la Infinitud rabia- alegría, vivimos el binomio rabia pura- alegría pura. En la rabia pura, y como primera y más pobre imagen, somos sangre escarlata, fluyente y oxigenada, que se renueva y circula llevando vida y fuerza a todo nuestro cuerpo. Somos sangre que se despierta ante sí misma y se lanza en una fraternidad universal con todos los que la lleven y bajo la forma en que la lleven, ya sea como savia o como principio de materialización de una roca o como gotas de lluvia que caen del cielo. Y porque fluye y se renueva, nos permite plantarnos y materializarnos. Y desmaterializarnos para vivir y estar en toda la creación a la vez. Eso nos permite no sólo estar en todos los lugares a la vez, a través de tener todos los cómos posibles dentro de nosotros mismos, sino además y sobre todo, dar paso y cabida sin inmutarnos a todas las materializaciones y desmaterializaciones que se nos presenten afuera. Todo tiene forma y nada la tiene. Porque crecemos y cambiamos tanto que ninguna forma podrá ser la última. Y, por ello, la rabia pura nunca puede ser atacada ni, por supuesto, tener razón alguna de oponerse a nada. Surge, como segunda imagen, la esencia del baile. Todo baila y se materializa y se desmaterializa para materializarse más y mejor.

En la alegría pura, entendemos simultáneamente dos cosas: la potencia de la inocencia y la imposibilidad de perderse. Y las sentimos con una potencia sobrecogedora. Como una revelación. Somos inocentes cuando estamos en la alegría pura y siempre lo seremos. Todas las falsas acusaciones resbalan y se desprenden de nosotros, nos las hayamos tragado o no. Somos inocentes y jamás haremos nada censurable ni que nos avergüence de nosotros. Toda mentira cae, y nace la risa. Y la imposibilidad de perderse cuando se está en la certeza de encontrar y se sigue al gran guía interior que es nuestro espíritu. Y entonces se osa precederlo y guiarlo a la vez. De aquí nace la dialéctica. No al modo mecanicista y tonto y extraviado en que la conocemos hasta ahora y que lleva al nihilismo. Ni siquiera al modo del Yin y del Yang. No, la dialéctica de la verdad nace de la inocencia y culmina en la certeza. Uno es un encontrador de verdades. Y la verdad nace siempre de otra verdad, jamás de una mentira. Y de verdad en verdad, se llega hasta el infinito, quitando velos a los secretos mejor guardados y a los misterios más recónditos, porque el secreto y el misterio no existen en la inocencia ni en la certeza que encuentra verdades. El misterio es sólo una verdad que aún no se encontró porque no nos colocamos ni en la rabia pura ni en la alegría pura. Entonces sentimos, con intenso gozo, que llevamos el infinito adentro y que podemos acceder a curiosear con inocencia todo el camino que nos queda por recorrer, y aprender cómo seremos mañana, y dentro de cien mil años, porque eso, está en nuestra alegría conseguirlo.

Y entonces descubrimos que, por tener esos tres ejes que crecen y seguirán creciendo, ya somos inmortales, eternos e infinitos y que eso lo tenemos ya en esta vida y es cuestión de acceder espiritualmente a ello, conquistar lo que es nuestro aquí y ahora. CON LO CUAL YA TENEMOS EN POTENCIA, COMO EL EMBRIÓN TIENE YA AL BEBÉ ADENTRO, TRECE DIMENSIONES. Sí, en nuestra vida como seres humanos, seres de seis dimensiones al servicio del Centro, ya tenemos en germen las trece dimensiones que nos permitirán, en algún momento y lugar, ser inmortales, eternos e infinitos. Eso, un embrión de menos de un mes ya lo sabe y lo siente. Veremos más adelante las razones por las cuales lo olvidamos.

Como en los casos anteriores, recurriremos a una imagen para ilustrar el eje rabia-alegría: esta vez es un chiste. Un niño tenía muy inquietos y angustiados a sus padres porque a los tres años aún no pronunciaba una sola palabra. Los padres lo llevaron a todos los especialistas que no encontraron fallo orgánico ni psicológico alguno. Así pasaron dos años más y el niño alcanzó los cinco años sin decir una sola palabra. Una noche estaba cenando con sus padres y la madre le sirvió sopa. El niño se llevó la primera cuchara a la boca y pronunció: “¡ a esta sopa le falta sal!”. Los padres, conmocionados, festejaron su discurso y le preguntaron por qué no había dicho nada hasta entonces. El niño respondió:”Es que nunca había tenido queja hasta hoy”. Fin de la historia. El niño vivía en el eje de la infinitud.
El esplendor, tras las sensaciones y emociones, se vive en los tres binomios estructurales al servicio del Centro.

En el Sintetizador- Protector es el encuentro de dos estructuras HUMANAS es decir, con TRANSFORMADOR, y el Transformador nos permite crear sonidos y palabras: un lenguaje y, también, la estructura y la música que convierte la palabra en discurso. Cuando pronunciamos una palabra, por ejemplo, “aire”, la creamos desde nuestro Transformador, pero la decimos desde SU estructura de destino, el Rector. Si decimos “te quiero”, lo decimos desde nuestro Protector. Eso es la elección de la palabra. Cada palabra que elegimos proviene de una de nuestras seis estructuras y dice mucho de nosotros. Dice qué tan bien funcionamos estructuralmente y qué estructuras tenemos más energetizadas y cuales menos. Hay una ciencia, la PNL (programación neurolinguística), que se ocupa exclusivamente del lenguaje para hacernos crecer. No viene a cuento aquí hacer un glosario MAT de las palabras claves de cada estructura, es decir un glosario lingüístico, ni decir cómo es la terapia MAT en lo que a lenguaje se refiere. Pero la tenemos. Eso en cuanto a elección de la palabra se refiere. Pero queda aún lo más importante: LA ESTRUCTURA DEL DISCURSO, que no solamente incluye palabras sino organización del discurso por fases y por frases que deben tener, como en urbanismo y en arquitectura, su estructura ideal o conveniente. Para ello, disponemos de techos, líneas, pilares, suelos, vigas, etc., es decir, de los signos de puntuación ortográficos. Ellos introducen y simbolizan LA ESTRUCTURA.

El símbolo del Sintetizador es el paréntesis (()) y el símbolo del Protector es el punto y coma (;). Es el encuentro y complementariedad indisociable, en el primer eje, del paréntesis y del punto y coma. El paréntesis se abre para dar más información sin tener que detener el ritmo del discurso. Es decir, como aporte de la inteligencia pura que analiza constantemente sin tener que detener pesadamente el discurso, aportando más datos y más matices, es decir, mayor sensibilidad. Ese simple signo cumple todas las funciones del Sintetizador. En efecto, cuando un Sintetizador trabaja a plenitud selecciona, desarrolla, archiva, clasifica, actualiza, percibe lo muerto y lo evidencia, memoriza, piensa, negocia, detecta aciertos y errores y los muestra, relaciona, calcula, percibe pérdidas e incrementos, procesa, conecta, comunica, para encontrar opciones y soluciones. El Sintetizador selecciona los datos más relevantes para su discurso e introduce entre paréntesis precisiones que enriquecen la información. Por ello, las personas que tienen un Sintetizador invasor y monstruoso introducen repetidos e interminables paréntesis que hacen perder el hilo de lo esencial y machacan el discurso. Esa patología evidencia falsa tristeza en vez de orgullo auténtico, y configura la personalidad del “pesado”, del cual todos huyen.

El paréntesis evidencia dos cosas más: conocimiento completo y claridad entre lo que se debe incluir para informar matizando con sensibilidad, eso es conocimiento completo, y lo que no se debe mezclar en el discurso aunque sea muy relevante para no hacerlo confuso, y requiere absolutamente del paréntesis, eso es claridad.
Un ejemplo de genio literario que usa mucho el paréntesis y cuya obra completa es como un paréntesis inmenso es Proust.

El Protector tiene su símbolo: el punto y coma (;). Es el símbolo estructural y musical que mejor representa el cuándo de las cosas: cuando irrumpe algo muy valioso y esperado que se debe recibir marcando un hito y unir sin separar dos mitades de un mismo todo. Allí llega la necesidad del punto y coma. Marca un momento importante que hay que destacar y que une dos mitades de una oración. Todas las funciones del Protector están así simbolizadas por el punto y coma: evaluar, establecer confluencias entre entidades asociables, unir sin mezclar, alentar y motivar dejando un tiempo de respuesta para el otro, es decir, sin invadir, ayudar a asociar, aceptar ser parte de algo conservando su ser propio, cumplir separando responsabilidades pero uniéndolas en un solo todo, proteger de la distancia a dos cosas complementarias, entregarse sin perderse. Para todo ello, ¿ qué haríamos si el punto y coma? Las personas que viven mal el punto y coma separan lo que no hay que separar al ponerlo en vez de la coma y unen lo que no se puede unir y lo introducen en vez del punto. Eso configura una personalidad invasora y manipuladora, narcisista, que confunde al otro para llevarlo, manipulado e hipnotizado, a su terreno. Es el depredador que nos quiere vender neveras si somos esquimales, y del cual todos desconfían.
Como genio de la literatura que usa muchísimos puntos y comas tenemos a Chateaubriand. Además, el idioma francés es el que más usa el punto y coma entre los que conocemos porque su camino de trascendencia se hace a través del Protector.
La complementariedad indisociable entre el paréntesis y el punto y coma es evidente: son extremos opuestos y que se potencian mutuamente. El primero destaca uniendo y el segundo une, respetando, separando las dos individualidades sin mezclarlas. Es la Divina Comedia de Dante.

El segundo eje Rector-Transformador es el encuentro y complementariedad entre el punto (.) y los dos puntos (:). El Rector introduce el punto y el Transformador introduce los dos puntos. Cada cual es la estructura y la música del suyo.
Las funciones del Rector serían imposibles sin el punto. En efecto, el Rector tiene como habilidades funcionales las de diagnosticar rotundamente y sin rebabas, establecer límites entre dos cosas que no deben mezclarse, legislar sin dudar ni dejar interrogantes sueltos e indefinidos, defender disuadiendo al adversario, localizar lo que “no es” y apartarlo y lo que “sí es” para pasárselo al Transformador a fin de que haga su trabajo de creación y de crecimiento, separar lo que debe existir armónicamente y por sí mismo. Eso todo ES SEGURIDAD y garantiza la ARMONÍA del equilibrio perfecto de la diferenciación y coexistencia de cada estructura ocupando su superficie exacta sin invadir a ninguna ni dejarse invadir por ninguna. Es el ser integrado que dibujamos en la página 122. El punto muestra y edifica el final de algo, sus límites exactos. Final de una frase. Comienzo de otra por el Transformador. Final de aquélla y punto. Y, cuando hay que separar aún más nítidamente, es el punto y aparte. Final de una idea: punto y aparte. Las personas que abusan del punto y rompen el discurso, fragmentándolo de manera excesiva, tienen un problema de rigidez, son tajantes y prepotentes, son autoritarios, evidencian una patología de orgullo falso introducida en el Rector: “ esto es así porque lo digo yo y punto”. Los que no usan el punto cuando convendría dejar respirar la obra o al lector, lo obligan a releer dos o tres veces el texto para enterarse de lo que el confuso quiso expresar. Son personalidades que introducen, al contrario de las anteriores, miedo falso en el Transformador y como están confusos e inseguros, pasan su confusión al sufrido lector u oyente.
Un genio literario que hace un uso muy afortunado del punto es Ernest Hemingway.

El Transformador tiene su estructura ortográfica y su música peculiar: los dos puntos (:). En efecto, cuando necesitamos hacer irrumpir una afirmación, un descubrimiento, una revelación, no existe ningún otro signo mejor que los dos puntos. Cuando releemos este libro, cuya función es la de revelar una nueva ciencia, el MAT, encontramos una impresionante cantidad de dos puntos. Las funciones del Transformador son imposibles de comunicar y de plasmar en un discurso sin los dos puntos. Como el Transformador es la única estructura exclusivamente humana y la más difícil de manejar, existen muchos fallos en el manejo de los dos puntos. O se colocan cuando no viene al caso y no se desvela ni se revela nada nuevo, y se abren puertas abiertas, haciendo el ridículo y conformando una personalidad de perogrullo, o los dejan de colocar cuando es necesario “soltar” la revelación sin torturantes esperas y circunvoluciones e imponen un pesado tiempo de espera para, por lo general, soltar al agotado lector u oyente, una banalidad. En el primer caso, tendremos una patología de falsa alegría en vez de orgullo alimentando el Transformador. En el segundo, tendremos una patología de miedo en vez de orgullo en el Transformador.
Las funciones del Transformador son, recordémoslo, las de transformar, consagrar, crear, pronunciar y pronunciarse, imaginar, evolucionar, representar, decidir, crecer, acceder, declarar, probar, descubrir, afirmar, reconocer lo válido, elegir, determinar. No es posible descubrir, ni plasmar un descubrimiento, ni, menos aún, revelarlo con HUMILDAD ROTUNDA, sin recurrir a los dos puntos, a menos de caer en las patologías antes señaladas, evidenciando un Transformador enfermo. Los dos puntos abren y cierran sin demora ni dilación expectativas propias y ajenas: abren un mundo nuevo y lo afincan con solidez y firmeza sin dudar ni hacer dudar. Con ello, cada cual ASUME lo propio y revela, sin acapararlo ni plagiarlo, lo ajeno.
Un genio que emplea mucho y bien los dos puntos es Erich Fromm.

La unión y complementariedad del punto y de los dos puntos es evidente: el primero dice lo que terminó. El segundo muestra lo que está surgiendo. Es así de rotundo. Entonces se instala la complementariedad. El punto abre una nueva interrogante. Los dos puntos arrojan un nuevo crecimiento en el camino del descubrimiento. La raza humana somos una larga cadena de puntos seguidos de dos puntos. Esto es la auténtica evolución: . : . : . : Es la música de nuestro crecimiento.

El tercer eje estructural se simboliza por el guión (-) y la coma (,). El guión simboliza al Vitalizador y la coma al Orientador. El Vitalizador rige la justicia y la corporalidad como función trascendente. El guión abre un espacio rotundo para introducir algo de pleno derecho, con “corporalidad”, dentro de una frase. El guión es muy diferente del paréntesis: el segundo aporta una precisión, un dato sobre el tema. El guión introduce otro tema dentro de un tema. Introduce un tema sin el cual la justicia que se le haría al tema central de desarrollo no sería tal, quedaría amputado, le faltaría parte esencial, aunque no evidente, de su ser. El guión se introduce dentro de una frase para introducir un cuerpo entero de presencia dentro de un todo. Y, también, se abre un guión en un diálogo para abrir paso a la expresión entera de un personaje, en un diálogo. Ese guión presenta la manifestación verbal de ese personaje con todas sus consecuencias: palabras, manera de hablar, signos de puntuación arquitectónicos, y, dentro de esa oración, se abren guiones para aportar detalles que lo presentan en movimiento, haciendo cosas. Por ejemplo:
-Hola – dijo Juan, sentándose desenfadadamente – ¿Cómo estáis?- y a continuación se descalzó.
-Bien,- contestó Alicia, y se sonrojó porque le chocó la desenvoltura de Juan, sintiendo vergüenza ajena-.

Las funciones del Vitalizador serían imposibles de manifestar sin el guión: en efecto, el Vitalizador percibe, siente, reparte, asigna, reacciona, denuncia, ataca, diluye, disuelve, vitaliza, sanea, erradica y moviliza. En un discurso escrito se podría, haciéndolo mal, evitar algunos guiones. Pero se le quitaría toda irrupción de corporalidad, se haría el discurso pesado y, a la vez, desmaterializado. No tendría carne. Eso, para un discurso. Si pensamos en un diálogo entre personajes o presencias, evitar los guiones sería del todo imposible.
Las personas que usan demasiados guiones son gente violenta. Agresiva. Los que usan demasiados pocos o casi no los usan son personas etéreas, sin corporalidad, y con imposibilidad de distinguir y separar su cuerpo del de los demás. Son esos salvadores compulsivos que dejan penetrar en sí lo peor de lo ajeno y luego se culpabilizan y engordan.
El guión aporta encarnadura y corporalidad e individualidad al relato. Sin el guión habría géneros enteros como la novela o el teatro que serían imposibles. No habría paso para los lectores, que se confundirían con el escritor, mezclando lo inmezclable. Sería un mundo de promiscuidad. Tanto el escritor como el lector sentirían constantemente rabia.
Un genio del guión es el novelista Leopoldo Azancot.

La coma, aporta ritmo y música del fluir, de la respiración del texto o del discurso. Es la plenitud en libertad en la cual cada uno tiene su sello y su estilo y respira haciendo una pequeña pausa que ayuda a entender un todo vivo, fluyente, bien construido y libre, sin desbordamientos. La coma evita, además, repeticiones y pesadeces. Deja fluir de manera biológica, orgánica. Sería imposible escribir sin comas. La coma es el mínimo básico en arquitectura del discurso. Y es, también, el mayor y más sutil de los lujos.
Las personas que no ponen comas son confusas e invasoras, son aprovechadas y manipuladoras, y, a la vez, no tienen identidad ni dignidad. Son trepadores. Las que usan excesivas comas son ampulosas y, a la vez inseguras y cobardes. Quieren ponerse por encima del lector o del oyente sin tener nada notable para destacar. Además son pesadas y caóticas.
Un genio de la coma es André Gide.
El encuentro del guión y de la coma encarna lo presente por antonomasia. Es un lujo exótico inaudito y la mayor de las sencilleces. El guión introduce presencias encarnadas y rotundas, la coma las hace respirar y fluir, existir y seguir existiendo. La coma es baile, danza, alegría y libertad. Vivos y fluyentes como un río.

GLORIA Y ESPLENDOR AL SERVICIO DEL CENTRO:

Toda esa gloria, todo ese esplendor que mostramos, tiene un origen y una finalidad. El mismo origen y la misma finalidad. Origen y retorno del Centro y al Centro. Como ya mostramos, el Centro es nuestra séptima estructura, estructura de la cual provienen todas las demás y por la cual accederemos a más y mejores estructuras. Esto podría parecer un acto de fe, una declaración sin fundamento.

¿Cómo demostrarlo más científicamente? Muy fácil: por lo absurdo. No encontramos ninguna forma de demostrar científicamente que todo tiene como origen el VACÍO REPLETO del Centro. Y las actuales doctrinas del Bing bang y la teoría del caos nos parecen, a más de absurdas, una estafa y un insulto a la inteligencia. En el MAT, la séptima estructura humana existe en todo lo existente y es el origen de todo lo existente. Es la sexta estructura para los animales, la quinta en las plantas, la cuarta en los elementos, etc. ¿Implica la existencia de un Creador? No necesariamente: implica la existencia de un principio de organización inteligente en el mundo físico que nos rodea. Sólo eso. Las personas que no tienen muy energetizado su Orientador y no perciben lo sagrado no necesitan mayores actos de fe.

Nosotros, como la Séptima estructura, el Centro, es por esencia VACÍA y no posee ninguna emoción ni ningún sentido, no podemos demostrar su existencia como lo hicimos con las seis otras. Pero sí podemos demostrar qué cosas terribles y patológicas pasan cuando metemos cualquiera de nuestras seis otras estructuras, emociones o sentidos dentro del Centro. Si no existiera nada en el Centro, si no tuviéramos un Centro, no pasaría nada. Si ocurre algo, y un algo tremendo además, es que allí hay algo muy importante que debe estar vacío para poder funcionar y para que la evolución prosiga.

Es fácil entender qué pasaría si pusiéramos, como muchos lo hacen, nuestro Rector en el Centro. En el mejor de los casos, perderíamos la armonía de la estructura centrada e integrada, dando prioridad y prelacía al Orden sobre todas las demás cosas y valores, tanto para nosotros como para los demás. Seríamos así, rígidos y autoritarios, fanáticos de la forma, que tendría prioridad sobre el contenido. Si pusiéramos el Sintetizador seríamos aburridamente racionalistas y limitados. Si el Vitalizador, seríamos justicieros e iracundos. Si el Transformador, seríamos soñadores sin aterrizar. Si el Protector seríamos mesiánicos y salvadores. Si el Orientador, seríamos mágicos y supersticiosos. Y si nos pusiéramos a nosotros mismos en el centro, seríamos psicópatas narcisistas.
Para que seamos lo que estamos diseñados para ser, es decir, seres humanos centrados y viviendo en la gloria y en el esplendor, con toda naturalidad, sencillez y cotidianidad, el Centro debe estar escrupulosamente vacío.

El Centro es nuestro cordón umbilical con la creación y con los seres de más dimensiones que las nuestras. Y todas nuestras estructuras, emociones y sentidos han de estar al servicio absoluto, total e incondicional de ese Centro. Esta es la condición necesaria y suficiente para que seamos. Y para que seamos cada día más. Lo que entonces ocurre, además de armonía y de centramiento, lo dejamos a la experiencia de cada uno de nuestros lectores, pues se trata de experiencias que, por demasiado íntimas, entran en el dominio de la más respetuosa intimidad e individualidad, a más de sacralidad. Por lo tanto, al menos en esta obra que es ciencia y no testimonio, no haremos un sólo comentario más al respecto.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

THE SPLENDOUR OF THE HUMAN BEING, fascicle 21: ACCESS TO THE SPLENDOUR: THE EXPERIENCE OF THE AXES AT THE SERVICE OF THE CENTRE

An extract from the book “THE SPLENDOUR OF THE HUMAN BEING” by Preciada Azancot
©Preciada Azancot

The splendour is reached through experiencing the three axes at the service of the Centre. Then the connection of each sense to its corresponding emotion acquires a transcendent dimension that leads us to experiencing access to visions, sounds, smells, tastes, contacts and orgasms that seem out of this world because no known genius has ever been capable of recreating them. They are experiences that come from the deepest part of our Orienter because they are lodged in our prenatal memory when we were not even a foetus but an embryo. When we were absolutely perfect because we were intact. We are talking about an embryo with one month of life, as the end of the splendour.

MAT AXES - Preciada Azancot

MAT AXES – Preciada Azancot

We already explained, in the previous chapter, the order, the mechanism and the laws of our three axes. Here we will only evoke, briefly, the experience of those axes at the absolute and total service of the Centre, which is what we call SPLENDOUR.

It starts with the first axis, of what is available: love-Protector-sight/ sadness-Synthesiser-hearing. At that moment everything is available because there has not been any loss to endure or to overcome. It is the axis of immortality. It is the ecstasy of indefinite abundance. We are love and all love. We are union with the perfect totality that loves us definitively and without reservations. We are a vision in black and white, of immemorial and immortal white transcendence and gentle and definitive black dilution of all evil, wherever it is. That sensation is engraved in us forever and foreshadows the certainty of something infinitely superior to any description of Eden that any prophet or mystic has been capable of describing. If only we could paint a small part, a tiny fragment of the vision of just one fold of fabric, all in black and white, containing and diluting at the same time all imaginable and unimaginable colours! But the resources at our disposal do not allow us to approximate, even roughly, a hint of a hint. We have this vision engraved on our retina with the sharpness of a microscope, and yet, it is impossible for us to describe it. Although it has nothing to do with it, the furthest thing that could refer us to it would be the black and white of some paintings from towards the end of the genius Manet’s life. But to compare that vision with those marvellous paintings would be a total profanation.
With regards to omniscience and clarity, in addition to total and definitive, as well as encompassing everything that we are and will be forever as absolute dwelling in the absolute, it has a sound and a chant. The sound of a continuous line where sadness is a metaphysical impossibility, and the chant of male and female voices with an infinite breath, sweet, powerful and overwhelming. In real life, the furthest profanity that nevertheless suggests it is the overture of “Tristan und Isolde” by Wagner.

The second axis, of what exists: pride-Transformer-taste/fear-Rector–touch is the axis of Eternity. What is experienced there is even more difficult to suggest. How can one describe being absolutely still and, at the same time, absolutely in metamorphosis, both inwards and outwards? And how to describe what we touch and how that touches us, wraps us, in a blanket of something that is the essence, impossible to convey, of love? We would only say that, for just one contact like that, nobody would hesitate for a second to give their entire life and fall into the void. But in fact that contact has always been there and is forever, and is thus transmitted to us. Beatitude awake could be the clumsiest way of suggesting it.
And, how to explain that the first thing that we taste is a nectar containing the most impossible flavours to achieve? There is not, not even remotely, any taste to our knowledge that even in the most diametrically opposed or profane way, could suggest it. The nearest would be the first time we tasted our mother’s milk.

And, what to say of the third axis, the one of joy-Orienter-sex and rage-Vitaliser-smell? Which is the axis of infinity. After being immortal and after existing in essence, we access plenitude. How is it experienced? Well it is increasingly difficult to transmit: to begin with, we become fully aware of being immortal and existing in eternity. When we achieve full consciousness, we naturally access the finality of that immortality and that plenitude, and the first thing that we capture are the infinite dimensions that exist in infinity, and, at the same time, how marvellous it is to have just one of those dimensions, and the splendour of having, here and now, six. And those six ARE the promise of all possible ones, because they are all interrelated, and each one is the basis of another new one, and the first one is in that vacuum which is the anti-void that contains EVERYTHING in germination. The key word here is the AND. The absolute CERTAINTY that all of those dimensions are saved for you, and germinating in you, gives access to a pleasure of fission of peace and orgasm that is absolutely impossible to describe. It is the opposite of the mystic’s rapture. The nearest, and at the same time different and distant thing that we could suggest of what is knowable by some humans is the cosmic orgasm, whose theory and practice was discovered by Leopoldo Azancot, the great novelist, who gave us a seminar thanks to which we were able to experience the cosmic orgasm: an orgasm of peace, which at the same time, breaks us up and fractions us into infinite interlaced dimensions that start gently from our sexual organs and extend like waves through every part of the body for twenty minutes after coitus. But what is experienced there has nothing to do with it because it is distant and different. That fission, not fusion, of body and spirit as ONE is what we could most approximately suggest in terms of a sensory experience. With regards to smell the experience is incredible because at the same time as we perceive our own smell as a marvellous perfume of our own essence, for example, in our case a type of sandalwood that doesn’t exist, something like the spirit of sandalwood, we perceive the aroma of the essence of life and of truth. That marvellous thing smells, yes, it has a smell! What could we compare it to, even to suggest it, despite being fully aware of blaspheming? Well it ought to be a mixture of earth after heavy rain, with the sea at high tide, and a note of the marvellous forests of Olympia, in Greece.

In the emotional context, the experience of the Splendour is more accessible, although also practically impossible to transmit. In the first axis, the one of immortality, being in pure sadness and pure love as an inseparable couple is presented as a hyper lucidity of sky blue and clear intelligence that understands everything and has everything to understand anything that presents itself. It is, at the same time, a deeply profound compassion for everything alive that is lost, in any time and place, and an absolute mastery to avoid anything being lost, and, at the same time, the certainty that nothing is lost and that everything returns and occupies its time and place. It is what Buddhist meditation pursues but does not obtain, because it pursues the dilution in Nirvana and non-reincarnation. There we discover that each life is made in different spaces and that there is plenty of space for every one of us, and that we have everything and always more than we could ever possess. And that we possess nothing, because we are everything and forever. That is where sadness is concerned, the kind that brings consolation and anticipates it.

With that forever we access pure love, for always and forever, the kind that is more than soul and that surpasses the soul. We gain access to love that is the cause and not the consequence of immortality. Of that love that is outside of us so that we can love it, and inside of us, to devote ourselves to it. That second love is called soul. What we discover and feel in pure love is another dimension, which we humans don’t have, and which is the source of the soul and of permanence, in other words, immortality. Of course, writing about emotions, no matter how hard we try, does not make us feel them or experience them. We must resort to a simile, an image: it would be that of an eagle that unites with its great love, a whale, beneath the seas as well as in the sky. And that love gives them access to immortality.
In the axis of Eternity, pride-fear, we live simultaneously in pure fear and pure pride as if it were the most natural thing in the world, like having two arms and two legs that form teams. The fear-pride team makes us eternal because “what is not” never will be and “what is” always will be. We feel, in authentic fear, our home, of that same colour purple, which shelters us from evil, both inwards and outwards, and we feel the pure courage that doesn’t even deign to measure itself against evil because by diagnosing and recognising it, it dilutes it. Then the defensive and protective armours are cast off because they are not necessary and are merely burdens. We access NOT BEING evil, dangerous, toxic, because we are in our true place, ourselves, and never ever will we allow anybody to invite us to penetrate inside another being, nor will we allow them to penetrate ours. Then we recognise the danger and vacuity of all those theories that present the other life as receiving God in oneself, or even worse, committing the sacrilege of diluting ourselves in him. That which so much excites certain reckless and invasive madmen makes us laugh and then shudder. What is horrible and ghastly is to have someone or something alien inside and what is criminal is to intend to put ourselves or to put something inside someone else. This is the cause and root of all idolatry and of all terror, which is a synonym. But all of that is what we do not feel in the pure fear of the splendour, because one cannot be afraid of what doesn’t exist. And nothing dangerous exists when we are in pure fear. Nothing, because what is not, never will be, and cannot produce fear. That sensation is harmony which foreshadows the access to eternity. It is our feminine dimension. The one that is a permanent and protective uterus against evil. Then we agree to FEEL half of eternity, that of not being what we never will be, mere mortals passing through and passing their life away fearing death, because death is not, and never will be possible. For the simple fact of having been the union of a sperm with its ovule we will never be NOT BEING, and we will be immortal every time that we are in pure fear.
And thanks to that pure fear we will be able, not only to FEEL, and – then it becomes clear that we owe all feeling to fear – , but also to LIVE the eternity of pure pride. Of course, although this already enters the realm of what is anecdotal, we feel and we live the perpetual and permanent metamorphosis that makes us BE growing and transforming. But that is like a kiss to an orgasm. What we experience then is that we are all being and all beings by the mere fact of remaining in our fixed place, which opens up to us the entire range and all of the dimensions of the universe, being them and contemplating them be. It is the essence of perpetual motion, which does not require tensions or “universal watchmakers” to emerge from itself for the times of times and the places of places.

And, as in the previous case, we will have to resort to an image to make ourselves understood where the feeling is concerned: a tree that always was and always will be, with its own roots that pierce the earth and soar towards the skies from both ends without ceasing to be that and just that, a tree. It is the baobab that so frightened The Little Prince. And that tree, was him.
On the axis of Infinity joy-rage, we experienced the pure rage-pure joy binomial. In pure rage, as the first and poorest image, we are scarlet blood, flowing with oxygen, which is renewed and circulates carrying life and strength to all of our body. We are blood that awakens in the face of itself and that enters a universal fraternity with everyone who carries it in whatever form, as sap, or as the principle form which a rock materialises, or as drops of rain that fall from the sky. And because it flows and renews itself, it allows us to plant ourselves and to materialise. And to dematerialise to live and be in all creation at the same time. This allows us not only to be in all places at once, by having all the possible hows inside us, but also and especially, to unperturbedly make way and allow for all materialisations and dematerialisations that present themselves to us outside. Everything has form and nothing has it. Because we grow and change so much that no form can be the last one. And, therefore, pure rage can never be attacked or, of course, have any reason to oppose anything. What emerges, as a second image, is the essence of dancing. Everything dances and materialises and dematerialises to materialise more and better.
In pure joy, we understand two things simultaneously: the power of innocence and the impossibility of becoming lost. And we feel them with an overwhelming power. Like a revelation. We are innocent when we are in pure joy and always will be. All false accusations slide off and are shed from us, whether we have swallowed them or not. We are innocent and will never do anything that could be censored or that will make us ashamed of ourselves. All lies collapse, and laughter is born. And the impossibility of becoming lost when we are in the certainty of finding and follow the great internal guide that is our spirit. And then we dare to precede it and to guide it at the same time. From here dialectic is born. Not in the mechanicist and dim and lost way that we know it to date and that leads to nihilism. Not even in the form of Yin and Yang. No, true dialectic is born from innocence and culminates in certainty. One is a finder of truths. And the truth is always born from another truth, never from a lie. And from truth to truth, we reach infinity, removing the veils from the best-kept secrets and the deepest mysteries, because secrets and mystery do not exist in innocence or in the certainty that finds truths. A mystery is just a truth that has not yet been found because we do not place ourselves either in pure rage or in pure joy. Then we feel, with intense pleasure, that we carry infinity inside us and that we can gain access to roaming innocently over the entire path that we have left to follow, and to learning how we will be tomorrow, and in one hundred thousand years, because that, is in our joy to be achieved.
And then we discover that by having those three axes that grow and will continue to grow, we are already immortal, eternal and infinite, and that we already have that in this life and that it is a matter of spiritually gaining access to it, conquering what is ours here and now. WHICH MEANS THAT WE ALREADY HAVE IN POTENCY, JUST AS THE EMBRYO ALREADY HAS THE BABY INSIDE, THIRTEEN DIMENSIONS. Yes, in our life as human beings, as beings of six dimensions at the service of the Centre, we already have in seed the thirteen dimensions that will allow us, in some time and place, to be immortal, eternal and infinite. That is what an embryo of less than one month already knows and feels. Further on we will look at the reasons why we forget it.
As in the previous cases, we will resort to an image to illustrate the joy-rage axis: this time a joke. A child had his parents very worried and anxious because at the age of three he had not yet uttered a single word. The parents took him to all the specialists, who were unable to find any organic or psychological problem whatsoever. Two more years passed like this and the child reached the age of five without saying a single word. One night he was having dinner with his parents and his mother served him soup. The child took the first spoonful into his mouth and said: “This soup needs salt!” The parents, in shock, celebrated his speech and asked him why he hadn’t said anything until then. The boy replied: “I never had anything to complain about until today”. End of story. The child was living in the axis of infinity.
The splendour, after the sensations and emotions, is experienced in the three structural binomials at the service of the Centre.
In the Synthesiser-Protector it is the meeting of two HUMAN structures in other words, having a TRANSFORMER, and the Transformer allows us to create sounds and words: a language and, also, the structure and music that transform the word into speech. When we pronounce a word, for example, “air”, we create it from our Transformer, but we say it from ITS destination structure, the Rector. If we say “I love you”, we say it from our Protector. That is the choice of word. Every word we choose comes from one of our six structures and says a lot about us. It says how well we function structurally and which structures we have more energised and which less. There is a science NLP (neurolinguistic programming), which is exclusively concerned with language to make us grow. It is not relevant here to describe the MAT glossary of key words for each structure, in other words its linguistic glossary, or to mention how MAT therapy works where language is concerned. But we have one. That is where the choice of word is concerned. But we are still missing the most important thing: THE STRUCTURE OF SPEECH, which not only includes words but also the organisation of speech in phases and phrases which must have, as in town planning and in architecture, their ideal or appropriate structure. For this purpose, we have ceilings, lines, pillars, floors, beams, etc., in other words, punctuation signs. They introduce and symbolise THE STRUCTURE.
The symbol of the Synthesiser is the parenthesis (()) and the symbol of the protector is the semicolon (;). It is the inseparable encounter and complementarity, on the first axis, of the parenthesis and the semicolon. The parenthesis opens to give more information without having to interrupt the rhythm of speech. In other words, as a contribution of pure intelligence that analyses constantly without having to tediously interrupt the discourse, providing more data and more hues, in other words, more sensitivity. This simple sign fulfils all the functions of the Synthesiser. Indeed, when a Synthesiser works to the full it selects, develops, archives, classifies, updates, perceives and makes evident what is dead, memorises, thinks, negotiates, detects rights and wrongs and demonstrates them, relates, calculates, perceives losses and gains, processes, connects, communicates, in order to find options and solutions. The Synthesiser selects the most relevant data for its discourse and introduces in parentheses clarifications that enrich the information. That is why people who have an invasive and monstrous Synthesiser introduce repeated and interminable parentheses that make us lose the thread of what is essential and crush the discourse. This pathology reveals false sadness instead of authentic pride, and shapes the personality of the “bore” that everyone runs away from.
The parenthesis demonstrates two more things: complete knowledge and clarity between what ought to be included in order to inform, qualifying with sensitivity, that is full knowledge, and what should not be mixed into the speech even though it is very relevant so as not to make it confusing, and absolutely requiring the parenthesis, that is clarity.
An example of a literary genius who uses parentheses a lot and whose complete works is like an immense parenthesis is Proust.
The Protector has its own symbol: the semicolon (;). It is the structural and musical symbol that best represents the when of things: when something very valuable and hoped for appears that ought to be received as a milestone and join without separating two halves of the same whole. That is where the need for the semicolon comes in. It marks an important moment that needs to be highlighted and that joins two halves of a sentence. All of the Protector’s functions are thus symbolised by the semicolon: to evaluate, to establish confluence between associable entities, to join without mixing, to encourage and motivate leaving the other time to respond, in other words, without invading, to help to associate, to accept being part of something while preserving one’s own being, to fulfil, separating responsibilities but joining them in a single whole, to protect two complementary things from distance, to devote without losing oneself. For all of this, what would we do without the semicolon? People who use the semicolon badly separate what should not be separated when they place it instead of the comma, and join what cannot be joined and introduce it instead of the full stop. That shapes an invasive and manipulative, narcissistic personality that confuses the other so as to lead them, manipulated and hypnotised, onto their own territory. It is the predator who wants to sell us freezers if we are Eskimos, and whom everyone distrusts.
As a genius of literature who uses lots of semicolons we have Chateaubriand. Also, French is the language that most uses the semicolon of those that we know, because its path of transcendence is made through the Protector.
The inseparable complementarity between the parenthesis and the semicolon is evident: they are opposite extremes that mutually favour each other. The first stands out for joining and the second joins, while respecting, separating the two individualities without mixing them. It is Dante’s Divine Comedy.
The second axis Transformer-Rector is the encounter and complementarity between the full stop (.) and the colon (:). The Rector introduces the full stop and the Transformer introduces the colon. Each is the structure and music of its own.
The functions of the Rector would be impossible without the full stop. Indeed, the Rector has the functional skills of diagnosing emphatically and without beating around the bush, establishing limits between two things that should not be mixed, legislating without doubting or leaving questions open and undefined, defending by dissuading the adversary, localising “what is not” and moving it away from “what is” to pass it onto the Transformer so that it can do its work of creation and growth, separating what should exist harmoniously and by itself. All of that IS SAFETY and guarantees the HARMONY of the perfect equilibrium of the differentiation and coexistence of each structure occupying its exact surface without invading any other or allowing itself to be invaded. It is the integrated being that we drew on page 198. The full stop shows and builds the end of something, its exact limits. End of a sentence. Start of another by the Transformer. End of that one and full stop. And, when we need to separate even more clearly, it is the full stop and new paragraph. End of an idea: full stop new paragraph. People who use full stops too much and interrupt speech, breaking it up excessively, have a problem of rigidity, they are forceful and arrogant, they are authoritative and demonstrate a pathology of false pride introduced in the Rector: “this is like this because I say so and that’s that”. Those who do not use the full stop when it would be appropriate in order to allow the work or the reader to breathe, oblige us to reread the text twice or three times in order to understand what the confused writer wished to express. They are personalities that introduce, unlike the previous ones, false fear into the Transformer, and who because they are confused and insecure, pass their confusion onto their suffering reader or listener.
A literary genius who makes very successful use of the full stop is Ernest Hemingway.
The Transformer has its own orthographic structure and peculiar music: the colon (:). Indeed, when we need to burst in with an affirmation, a discovery, a revelation, there is no better sign than the colon. When we reread this book, whose function is to reveal a new science, MAT, we will find an impressive number of colons. The functions of the Transformer are impossible to communicate and reflect in a speech without the colon. Since the Transformer is the only structure that is exclusively human and the most difficult one to handle, there are many errors in the use of the colon. They are either put there when it isn’t relevant and nothing new is unveiled or revealed, opening doors that were already open, looking ridiculous and shaping a personality that is full of platitudes, or they are not inserted when the revelation needs to be “released” without any tortuous waiting about or roundabouts that impose a tedious waiting time in order, in general, to convey a banality to the exhausted reader or listener. In the first case, we will have a pathology of false happiness instead of pride feeding the Transformer. In the second, we will have a pathology of fear instead of pride in the Transformer.
The functions of the Transformer are, let’s recall, those of transforming, consecrating, creating, pronouncing and pronouncing oneself, imagining, evolving, representing, deciding, growing, gaining access, declaring, testing, discovering, affirming, recognising what is valid, choosing, determining. It is not possible to discover, or to embody a discovery, or, much less, to reveal it with CLEARCUT HUMILITY, without resorting to the colon, unless we fall into the previously mentioned pathologies, giving signs of a diseased Transformer. The colon opens and closes without waiting or delaying our own or others’ expectations: they open up a new world and reinforce it solidly and firmly without doubting or making others doubt. With this, each ASSUMES what is their own and reveals, without taking over or plagiarising, that which is somebody else’s.
A genius who uses the colon a lot and well is Erich Fromm.
The union and complementarity of the full stop and the colon is evident: the first says what is finished. The second shows what is emerging. It’s that clear. Then, complementarity installs itself. The full stop opens up a new question. The colon discerns new growth on the path of discovery. We, the human race, are a long chain of full stops followed by colons. This is authentic evolution: . : . : . : It is the music of our growth.
The third structural axis is symbolised by the hyphen (-) and the comma (,). The hyphen symbolises the Vitaliser and the comma, the Orienter. The Vitaliser governs justice and corporality as the transcendent function. The hyphen opens up a clear space to introduce something in its own right, with “corporality”, inside a sentence. The hyphen is very different from the parenthesis: the latter offers a clarification, data about the issue. The hyphen introduces another theme within a theme. It introduces a theme without which justice would not be done to the central theme under development, it would be left amputated, missing an essential, although not evident, part of its being. The hyphen is introduced into a sentence so as to introduce a full body of presence within a whole. And a hyphen opens a dialogue in order to give way to a character’s full expression, in dialogue. That hyphen presents the verbal expression of that person with all of its consequences: words, way of speaking, architectural punctuation marks, and, within that sentence, opens hyphens to contribute details that present the character in motion, doing things. For example:
– “Hello” – said John, sitting down casually – “How are you doing?” – then proceeding to take off his shoes.
– “Fine” – replied Alice, and blushed because she was shocked by John’s brazenness, feeling ashamed on his behalf.
The functions of the Vitaliser would be impossible to express without the hyphen: indeed, the Vitaliser perceives, feels, shares, assigns, reacts, denounces, attacks, dilutes, dissolves, vitalises, reinstates, eradicates and mobilises. In a written speech, we could, doing it badly, avoid some hyphens. But it would remove any burst of corporality, the speech would become tedious, and at the same time, dematerialised. It would have no flesh. That, for a speech. If we think of a dialogue between characters or presences, avoiding hyphens would be altogether impossible.
People who use too many hyphens are violent people. Aggressive. Those who use too few or almost none are ethereal people, without corporality, and incapable of distinguishing and separating their own body from others’. They are those compulsive saviours who allow the worst of what is somebody else’s to penetrate them and then feel guilty and get fat.
The hyphen gives flesh and corporality and individuality to the tale. Without the hyphen entire genres such as novels or plays would be impossible. There would be no room for readers, who would become confused with the writer, mixing the unmixable. It would be a world of promiscuity. Both the writer and the reader would constantly feel anger.
A genius of the hyphen is the novelist Leopoldo Azancot.
The comma provides the rhythm and the music of flowing, of breathing, of the text or speech. It is the plenitude in freedom where everyone has their own mark and style and breathes, making a small pause that helps to understand a whole that is alive, flowing, well-constructed and free, without spilling over. The comma avoids, also, repetitions and tediousness. It allows flow in a biological, organic way. It would be impossible to write without commas. The comma is the basic minimum in the architecture of speech. And it is, also, the greatest and most subtle of luxuries.
People who do not use commas are confusing and invasive, they are self-seeking and manipulative, and, at the same time, they have no identity or dignity. They are social climbers. Those who use too many commas are pompous, and, at the same time insecure and cowardly. They want to rise above the reader or the listener without having anything worthy of note for which to stand out. Plus, they are tiresome and chaotic.
A genius of the comma is André Gide.
The encounter between the hyphen and the comma incarnates what is present par excellence. It is an unprecedented exotic luxury and the greatest of simplicities. The hyphen introduces incarnate and clear-cut presences, while the comma makes them breathe and flow, exist and continue existing. The comma is movement, dance, joy and freedom. Alive and flowing like a river.

III. GLORY AND SPLENDOUR AT THE SERVICE OF THE CENTRE:

All of that glory, all of that splendour that we show, has an origin and a finality. The same origin and the same finality. Origin from the Centre and return to the Centre. As we already demonstrated, the Centre is our seventh structure, the structure from which all others stem and through which we gain access to more and better structures. This could seem like an act of faith, an unfounded declaration. How to prove it more scientifically? Very easy: through the absurd. We have no way of proving scientifically that everything has as its origin the FULL VOID of the Centre. And the current doctrines of the Big Bang and the chaos theory seem to us, on top of absurd, a fraud and an insult to intelligence. In MAT, the seventh human structure exists in all that exists and is the origin of all that exists. It is the sixth structure for animals, the fifth in plants, the fourth in elements, etc. Does this imply the existence of a Creator? Not necessarily: it implies the existence of a principle of intelligent organisation in the physical world that surrounds us. Only that. People whose Orienter is not very energised and who do not perceive what is sacred need no greater acts of faith.
Since the Seventh structure, the Centre, is by essence EMPTY and does not possess any emotion or any sense, we cannot demonstrate its existence as we did with the six other ones. But we can demonstrate what terrible and pathological things occur when we put any of our six other structures, emotions or senses inside the Centre. If nothing existed in the Centre, if we didn’t have a Centre, nothing would happen. If something does happen, and something tremendous moreover, it is because there is something very important there that needs to be empty in order to be able to function and for evolution to continue.
It is easy to understand what would happen if we put, as many do, our Rector in the Centre. In the best of cases, we would lose the harmony of the centred and integrated structure, giving priority and precedence to Order above all other things and values, both for ourselves as well as for others. That way, we would be rigid and authoritative, fanatics of form, which would have priority over content. If we put the Synthesiser in its place, we would be boringly rationalist and limited. If the Vitaliser, we would be vengeful and irascible. If the Transformer, we would be unlanded dreamers. If the Protector, we would be messianic and saviours. If the Orienter, we would be magical and superstitious. And if we put ourselves in the centre, we would be narcissistic psychopaths.
In order for us to be what we are designed to be, in other words, focused human beings and living in the glory and the splendour, with all naturalness, simplicity, and everydayness, the Centre must be scrupulously empty. The Centre is our umbilical cord with creation and with the beings of more dimensions than our own. And all of our structures, emotions and senses must be at the absolute, total and unconditional service of that Centre. This is the necessary and sufficient condition for us to be. And for us to be more every day. What happens thereafter, as well as harmony and focus, we leave to the experience of each of our readers, since they are experiences that, because they are too intimate, fall within the domain of the most respectful intimacy and individuality, as well as of what is sacred. Therefore, at least in this work which is science and not testimony, we will not make any further comment in this regard.

The Splendour of the Human Being - Preciada Azancot
 
An extract from the book “THE SPLENDOUR OF THE HUMAN BEING” by Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 20: EL ACCESO A LA GLORIA: LA TEORÍA OMEGA EN ACCIÓN

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Partimos del primer nivel de las motivaciones humanas, la necesidad de SEGURIDAD, es decir el Rector, el miedo y el tacto funcionando plenamente. Accederemos así, en primerísimo lugar, al autoconocimiento profundo y al conocimiento instantáneo de los demás. La potencia en hacer diagnósticos permanentes y siempre actualizados sobre nosotros mismos y sobre las demás reposará sobre la alegría de la certeza de la plenitud para la cual todos nacemos y que constituye los cimientos de la pirámide que sostiene y posibilita el despliegue y el logro de dicha seguridad.

Teoría Omega del MAT - Preciada Azancot

Teoría Omega del MAT – Preciada Azancot

Vamos así, de manera perpetua, profundizando y expandiendo nuestro conocimiento de nosotros mismos, en cada momento y lugar, y diagnosticando el estado de seguridad o de riesgo que nos ofrecen los que nos rodean. Así nos protegeremos a nosotros mismos y sabremos rodearnos de los más seguros y defendernos de los más tóxicos. Cuando detectemos una falta de armonía interior, armonía basada en la plenitud natural del orden de lo humano, sabremos inmediatamente dónde está el peligro, si en nosotros, porque alguna estructura se infló o dejó de estar alimentada adecuadamente, o si en el otro, porque sabremos medir lo que ocurre con los mismos parámetros.
Como tendremos el miedo conectado al Rector, y enchufado al tacto y a la piel, seremos geniales en diagnosticar qué niveles de riesgos internos o externos corremos en cada momento, siendo imposible caer en la excesiva defensa recelosa contra lo que nos favorece o en la inconsciencia temeraria que nos pone en peligro. Seremos, así, seguros, respetuosos, rectos, armoniosos y éticos. Percibiremos epidérmicamente qué y quién es seguro y benéfico y qué y quién es peligroso y tóxico.
Además iremos reforzando día a día esa sensibilidad especial y ese conocimiento del ser humano, tanto hacia adentro como hacia afuera. Como tendremos el miedo auténtico alimentando al Rector, éste cumplirá cabalmente sus funciones de diagnosticar, establecer límites necesarios, legislar, defender, localizar y separar lo que viene a incrementar el estado de plenitud de partida y evitar el peligro de perder la armonía y el bienestar. Seremos fuertes y a la vez sensibles y porosos y sabremos que el cambio es vida y que estamos a salvo si nuestro Rector, nuestro miedo y nuestra piel trabajan en equipo. Cuando esto no ocurra, y detectemos o caigamos en el fatalismo, en el derrotismo, en la histeria, en la valentonería, en el masoquismo, en la prepotencia, en el paternalismo, en la debilidad, en la temeridad, sabremos sentir miedo para inmediatamente diagnosticar dónde y en quién se soltó el circuito correcto, sin alarmarnos demasiado, rectificándolo con certera seguridad y aconsejando a los demás sobre su problema de cortacircuito. Todo ello lo haremos en perfecta tranquilidad. Estaremos así seguros de nosotros mismos y de los demás.
Eso, como función normal, básica y accesible a cualquier ser humano. Así accederemos al acceso de la función trascendente de la trinidad Rector, miedo, tacto: la armonía. Definimos la armonía como la belleza del equilibrio, es decir, la rectitud de estar en nuestro lugar y de respetar lugares ajenos sin permitir que se produzcan desequilibrios por inflación o deflación de cualquiera de nuestras estructuras y de cualquiera de nuestros sentidos. Como máxima jerarquía de nuestro Rector, y para instaurar la armonía en nosotros mismos y hacia los demás, seremos sutiles y respetuosos, no invadiendo jamás ni el tiempo ni el espacio ajeno, así como no permitiendo que nos lo hagan a nosotros. Como estaremos cada día más seguros de nosotros mismos y respetuosos de los demás, seremos disuasorios para aquéllos que nos quieran invadir. Suaves y férreos, así seremos de armoniosos y de fiables y de sólidos.
Como ofreceremos ese espacio seguro, sólido y fiable a los demás, podremos acceder con los mejores al segundo nivel de aspiración humana: el desarrollo que permite la tríada Sintetizador, tristeza, oído. Lograr, sobre la base de lo sólido y seguro, desarrollar todas las posibilidades reales disponibles nos hará acceder al conocimiento dinámico de nosotros y de los demás. Dinámico porque en cambio y en desarrollo.
Lo que obtendremos, en cada campo de acción de un Sintetizador alimentado por tristeza auténtica y conectado al oído, es cuantioso, valioso e inaplazable:
Lo primero será saber con certeza gestionar nuestro tiempo, para así desarrollar nuestro espacio interior y exterior. Sabremos evitar dedicar el tiempo a tareas estériles y a dramáticas que nos sitúan en roles de Salvador, Perseguidor o Víctima, en los cuales violamos, castramos o chupamos a los demás, perdiendo así la dignidad y convirtiéndonos, en vez de desarrolladores de lo vivo, en depredadores de alta toxicidad. Así, el Sintetizador que sirve básicamente para evitar pérdidas y buscar soluciones, se convierte en su contrario: algo que va a, no sólo producir, sino a institucionalizar la amputación.
Al elegir entregar nuestro tiempo a lo esencial, sabiendo discriminar, a lo vivo, a lo lozano, a lo que nos puede llevar a la luminosa certeza de ser un constructor de lo más inteligente, accederemos al primer peldaño del desarrollo pleno.
A continuación, sabremos qué partes dañadas existen en nosotros y en los demás, y sabremos dar las caricias correspondientes a cada uno, según sus necesidades reales, para mantenerlos motivados y enteros, evitando así que se siga resquebrajando la autoestima del otro. Sabremos ser los reconstructores de la estructura y de las emociones dañadas de los demás y, también, de las propias. En efecto, si tras el diagnóstico de la fase de seguridad detectamos, por ejemplo, que nuestro interlocutor tiene un grave problema de inseguridad y de falta de orgullo, le diremos: “Yo admiro mucho tu talento, ¡Tú puedes hacerlo! ¡Confío en ti!”. Y lo mantendremos así motivado e ilusionado, dispuesto a desarrollarse y mostrarnos cuánta razón teníamos en haber sabido ver y en utilizar lo que otros, menos sutiles y sensibles, ni ven ni acarician. Y si detectamos alguna inseguridad en nosotros mismos, sabremos darnos y pedir los incentivos que necesitamos para perder la tristeza.
Puestos a comunicar, sabremos, con nuestro análisis del otro y nuestra sensibilidad, utilizar los canales de comunicación del otro, olvidándonos de los mecanicismos egocéntricos que nos hacen creer que si hablamos al otro como querríamos que nos hablaran a nosotros, le estaremos dando lo mejor. Y no, el Sintetizador que funciona bien detecta qué formas recibe el otro de manera más eficaz, poniéndose en sus zapatos, con sensibilidad, poniéndose en la piel del otro.
Y, en fin, un Sintetizador en buen estado encontrará siempre qué nuevas formas y qué nuevos datos utilizar para desarrollar su inteligencia hasta llegar a su función trascendente, la claridad, la omnisciencia. Seremos conocedores de todos los qué de lo disponible en todo tiempo y lugar. En el campo de la gestión del tiempo, sabremos qué hacer y qué evitar para sembrar vida en nosotros y en los demás. En el dominio de la motivación, seremos sabios distribuidores de caricias y permisos potentes y sinceros. En el de la comunicación, seremos casi extraterrestres, porque por lo general nadie se molesta en hablarnos como nosotros nos hablaríamos a nosotros mismos en los mayores momentos de intimidad y en base a un análisis MAT de nuestra personalidad. Y en el campo del desarrollo de nuestra inteligencia, aprenderíamos a erradicar las causas de las pérdidas en vez de limitarnos a reparar una y otra vez lo dañado, con lo cual, cada pérdida se convertiría en aprendizaje para terminar con su causa en vez de los efectos.
Así accederemos a la claridad, que definimos como sabiduría universal hecha de organización perfecta y de ingeniosa combinación y relación entre esos datos que, en vez de sobrecargar nuestra mente, la despejan por completo convirtiéndola en un receptáculo del universo. Es lo que tanto buscan los Budistas con la meditación que permite acceder a la iluminación, y que no es más que la función trascendente del Sintetizador, el cual sabe entrar en estado de relajación profunda que despeja autovías de luz y de conexiones entre todo lo existente. No olvidemos que el Sintetizador archiva, organiza, relaciona y procesa la totalidad de los datos que provienen de nuestras seis estructuras, de nuestros seis sentidos y de nuestras seis emociones, y no sólo los datos lógicos y racionales que provienen de sí mismo.
En esa claridad como hábito y ámbito natural seremos agudos, conocedores de todo el universo propio y ajeno, honestos y eficaces, auténticamente compasivos.
Cuando, en vez de por la tristeza, nuestro Sintetizador esté alimentado por otra de las cinco emociones y seamos o veamos ser impotentes, resentidos y revanchistas, pedantes y usurpadores, masoquistas o nihilistas, tendremos la sabiduría de entender por qué otra emoción estamos alimentando nuestro Sintetizador y remediar de inmediato la causa, eliminando así los efectos.
De este modo, construiremos el permanente desarrollo que ofrece el saber qué hacer en cada momento y estaremos listos para edificar la tercera fase: LA JUSTICIA. Accederemos a la administración de la triada: Vitalizador- rabia- olfato. Seremos capaces de “olernos” cada mentira, cada manipulación, cada injusticia y decir “¡Así no!”. Seremos capaces de ofrecer una cultura y un liderazgo personalizado que posibiliten la expansión completa de la talla humana de todos y cada uno de los integrantes y decir “¡Así sí!”. Para ello, instrumentaremos como sistema de valores en la organización familiar, empresarial, administrativa, nacional y mundial la Teoría Omega como sistema de valores vigentes que posibiliten que cada cual tenga acceso a la secuencia innata emocional y estructural que nació para tener, y acceda, cuanto menos, a la hiperconexión y a la trascendencia. En cuanto al modelo MAT de liderazgo, lo instrumentaremos de tal modo que, cada persona, de cualquier nivel jerárquico en la pirámide organizacional, lo construya de la manera siguiente: en abcisa pondrá la gestión de su propio talento; en ordenada pondrá la gestión de su propia vocación; como resultante podrá medir en cada momento qué tanto de su competencia está logrando. Estos términos y conceptos, que podrían parecer algo oscuros y empíricos ahora, serán explicitados largamente y con profundidad más adelante en este mismo capítulo.
Este sistema cultural y de liderazgo permite obtener un florecimiento sin parejo que instaura el acceso a la gloria como hábitat natural de todos y cada uno de los integrantes de la organización.
Así sabremos formular y responder a todos los cómo de las cosas: cómo tratar a las personas y cómo tratarnos a nosotros mismos, cómo hacer que florezca todo el potencial de cada cual, cómo reconocer la unicidad y excelencia con alegría y sorpresa encantadas, cómo hacer que seamos cada día mejores, más justos y vitales. Así descubrimos, como algo natural e innato, que la rabia es la otra punta de la viga maestra que se corresponde al otro extremo con la alegría, como ya lo hemos analizado con anterioridad. Si está la justicia plena, florecerá con la mayor brevedad la alegría auténtica para todos, no como un favor sino como un derecho natural de cada ser vivo en el planeta.
Así accederemos a la corporalidad como función trascendente del Vitalizador. Definimos en el MAT la corporalidad como materialización de lo sagrado. En efecto, es interesante recalcar que las demás definiciones de armonía, claridad, metamorfosis, alma y espíritu, funciones trascendentes de nuestras cinco estructuras, no incluyen palabras que podrían remitir o sonar a sacralidades entendidas como religiosidades. Y es precisamente el cuerpo, que en todas las religiones es visto como el peso, lo que nos impide acceder y ser alma y espíritu, la cáscara de la cual nos liberamos al morir, el enemigo que debemos privar y castigar y flagelar, es precisamente el cuerpo a lo que nosotros venimos a conferir sacralidad. Y lo vamos a explicar inmediatamente: Las cinco funciones trascendentes nos elevan y permiten acceder a lo sagrado. Las cinco, y por igual, si es que existen otras vidas más allá de la muerte, se van con nosotros al mundo por venir. Las seis nos hacen acceder a la trascendencia, es decir a la elevación espiritual en este mundo, en el aquí y ahora. Lo que pasa es que, para las cinco restantes, se puede entender fácilmente que tengan dimensiones sagradas. Para el cuerpo no. A menos de caer en cultos de desenfreno dionisíacos y mitológicos, en orgías y profanaciones. Nada más lejos de nuestro enfoque de la corporalidad. Nosotros simplemente constatamos la función trascendente de cada una de nuestras estructuras y explicamos la sacralidad de la corporalidad de la manera, muy sencilla, como todas nuestras demostraciones, siguiente: Einstein, y muchos de sus seguidores y continuadores, han demostrado que la materia no existe como tal, que es un sistema de condensación y de ensamblaje de energía y sólo eso. Y el hecho es que esa condensación y ensamblaje no se hace al azar, sino por razones operativas y científicas que terminan por tomar una forma, un cuerpo, una densidad, una apariencia que sufre, padece, disfruta y goza. Así pasa con toda la naturaleza: con las flores y con las nubes, con la lluvia y con los árboles, con las piedras y con las animales, con los seres humanos, por supuesto, también. Entonces, ¿quién es el miope que podría creer que ese espacio que somos y ocupamos durante un tiempo de vida no lleva en sí, en caso de resurrección en otras vidas, la sustancia y el principio innato para convertirse en otro tipo de cuerpo o en su mismo cuerpo? ¿Acaso el reino del más allá, si es que existe, va ser un mundo de dilución y de fantasmas sin sustancia, o, por lo contrario, un mundo de maestros, de ángeles, de reyes, de seres con identidad y corporalidad? Pero aquí no nos ocuparemos de respuestas tontas que sólo traducen y evidencian un nivel de crecimiento determinado en la infinita sucesión de procesos y de fases de crecimiento integral, luego, también, espiritual. Discutir por esas cosas demuestra sólo una: que la persona que pelea no está en el camino de su propio crecimiento y que, si lo está, está a un nivel muy bajo. Se parta de la convicción de que existe o no otra u otras vidas, no podemos por menos que constatar que, en esta, que nos ocupa, venimos con un cuerpo y toda la creación viene de la misma manera corporalizada en seres que son individuos y elementos, diferentes y únicos, y que ese cuerpo nos va a proporcionar, si sabemos manejarlo como se debe, placer y vitalidad y, también experiencias trascendentes sobre el misterio y finalidad de nuestra vida a través de nuestras sensaciones y emociones.
Y ¿qué experiencia de lo trascendente puede darse sin sensaciones y sin emociones, sin ninguna intervención de esos doce prodigios de los cuales estamos dotados?
Si accedemos a la gestión vitalista de nuestra triada Vitalizador- rabia- olfato seremos justos y ecuánimes, seremos vitales y sanos, seremos prodigiosamente iconoclastas -es decir derrumbadores de ídolos, porque todo ídolo es un engaño y una mentira-; seremos auténticos, seremos espontáneos. Y así podremos cumplir a la perfección todas las funciones del Vitalizador, es decir: percibir y sentir, repartir y asignar, reaccionar y diluir, denunciar y atacar, disolver y vitalizar, sanear, erradicar y movilizar. Para ello, reaccionaremos con rabia cuando toque hacerlo de manera auténtica y operativa.
Cuando caigamos o veamos caer en la rabia falsa o en emociones falsas sustitutivas de la rabia, es decir en el apocamiento, en la intimidación, en el sentimiento de culpa, en el servilismo, en la ingenuidad, en el síndrome de Estocolmo, en la idolatría y en el fanatismo, sabremos, con certera y veloz eficacia, descodificar la emoción sustitutiva y volverla a reconducir con energía, recuperando al Vitalizador sano e innato.
Así alcanzaremos no sólo el control y disfrute del cuerpo sino la corporalidad, máxima expresión y dimensión del Vitalizador que llega hasta su trascendencia.
Como habremos construido este tercer nivel de gloria, podremos tener las bases para pasar a la cuarta fase: la gestión de la triada Transformador-orgullo-gusto.
Porque el ESTATUS reposa sobre la justicia, la cual reposa sobre el desarrollo, el cual reposa sobre la seguridad, la cual reposa sobre los cimientos de la plenitud (alegría), podremos acceder, de manera orgánica, orquestada y natural, a ocuparnos de que cada cual sea sí mismo, de que crezca, y de que se convierta, no sólo en un creador, sino en un genio, y, todo ello sin suscitar envidia, sino admiración, valoración y consagración. Porque todos nacimos para ser genios. Porque todos tenemos, al menos los seres humanos, un Transformador, el orgullo como energía natural y el sentido del gusto.
Lo que obtendremos en cada campo de acción de nuestra tríada es integridad, crecimiento, obras creadoras geniales y estatus auténtico de cada ser autónomo.
Integridad: cada ser reposará sobre un único objetivo, ser sí mismo, lo que nació para ser. Cada uno semejante a todos en la instalación e ingeniería de base, y cada ser, único, insustituible y en permanente transformación.
Crecimiento: en un disparadero así, no sólo el crecimiento es infinito, sino que sobre todo y además, alcanza categorías y esencias de eternidad ya que cada ser humano tiene en sí, desde que el primer humano pisó o surgió sobre esta tierra, los mismos medios para llegar a los mismos fines, alcanzar la perfección en una perpetua transformación y metamorfosis. Es más, en esa estructura, llevada a su máxima expresión, es donde se fusionan infinitud y eternidad. Y esa fusión es la esencia de la metamorfosis.
Creación genial: la triada en cuestión es la que posibilita el realizarse como genio. Para ello, la condición necesaria y a veces suficiente es la de funcionar en la secuencia. La condición suficiente es que el orgullo sea ahora la base del amor y éste lo sea de la alegría. Si, además, todas nuestras emociones funcionan en los tres ejes al servicio del Centro, nuestra talla trascenderá la del genio, pues, además de serlo, como condición básica, seremos transformadores y abridores de caminos para toda la humanidad en la infinitud y en la eternidad: es decir, universales.
Porque todo lo anterior se actualiza, sabremos formular todos los por qué y porque de la creación, y responder a ellos. Sabremos que todo es causal y nada casual.
Y porque ello ocurre, alcanzaremos la función trascendente de nuestra triada, la metamorfosis. La definición MAT de la metamorfosis es la potencia libertadora. Así, la mariposa que está contenida en el gusano se liberta de su cáscara anterior y pasa a actualizarse, convirtiéndose más en sí misma. Y nosotros, los humanos, nos liberamos de nuestra condición de mamíferos para convertirnos, primero en gente buena, luego en personas, luego en seres humanos, luego en seres humanos que trascienden su condición de mamíferos. Eso es todo. No hay más recorrido posible. Un ser humano, a nuestro conocimiento, ha logrado la última fase y etapa de nuestro recorrido existencial: trascender, como ser humano, su condición de mamífero. Este es el objetivo último del MAT. Con que otro de nosotros lo logre algún día y nos cuente cómo lo hizo, todos podremos lograrlo, si la versión de los dos coincide. Y eso es, además de posible, inevitable. Entonces, y entonces nada más, seremos seres humanos y podremos estar orgullosos de ello, y podremos dar cuenta de la utilidad y finalidad de la única estructura que nos diferencia de los animales, nuestros maestros, por ahora, al menos los que viven en estado salvaje.
Por lo demás, la única estructura que nos posibilita trascender es nuestro Transformador. Es la única que nos permite alcanzar la armonía, la claridad, la corporalidad, la metamorfosis, el alma y el espíritu de manera consciente y testimonial al dejar huella creadora de nuestros descubrimientos y plasmarlos en invenciones, como lo son los conceptos, el idioma, la obra de arte y tantísimas formas más de manifestarse el Transformador y el orgullo conectado al gusto. La meta última sería lograr captar y plasmar LA ESENCIA DEL SER DE LAS COSAS Y DE LOS FENÓMENOS.
Porque estaremos en permanente y perpetua creación de nosotros mismos, que se plasmará en nuestras obras, podremos cumplir y trascender las funciones de nuestro Transformador: elegir, determinar, reconocer lo válido, descubrir, afirmar, probar, buscar lo que aún no existe, acceder, declarar, crecer, representar, decidir, imaginar, evolucionar, crear, pronunciar y pronunciarse, transformar, consagrar.
Además, nuestro gusto será cada vez más refinado, lo que nos permitirá seleccionar lo mejor para darle esa joya que es nuestro amor y abrirle nuestra alma.
Sobre la base de lo certero de nuestra potencia en detectar lo más válido y valioso, accederemos sin perdernos a la PERTENENCIA, es decir a la tríada Protector-amor- vista. Esta tríada es la única que nos puede aupar hasta la PERTENENCIA, porque el amor surge de la admiración, que es su única base posible. Y si admiramos lo que nos puede destrozar en vez de ayudar a ser cada día más nosotros mismos, caeremos en “los amores que matan”, entregándonos a los peores y rehuyendo a los mejores para no tener que comparar (orgullo) y que sufrir (tristeza), con lo cual dejamos de analizar y de pensar y también de crecer y de libertar a los demás. Viviremos en la nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue, por ejemplo mi mamá o mi primera novia no me amó, entonces voy a seleccionar a alguien parecido para casarme, con la esperanza de que ahora sí tendré respuesta a mi necesidad de ser amado. Entonces hipotecamos nuestro Protector y se lo dejamos de manera vitalicia a alguien del mismo perfil que no nos amó porque, sencillamente, no hay amor en ese tipo de personas. Y cuando veamos a alguien en la que sí lo hay, saldremos corriendo como alma que lleva el diablo con tal de no recuestionar a esa persona “sacralizada” que no tenía la talla mínima para ser gente. Ni, mucho menos, persona. Y a quien seguimos entregándole nuestra alma, pudriéndonos en ese proceso.
Por el contrario, en el sendero de la gloria, y basando nuestro amor y nuestro sentido de pertenencia en lo que se lo merece por derecho propio, porque es mejor, más valioso, más auténtico, más admirable, es decir en el orgullo, vamos a elegir entregarnos y formar parte del sentido de pertenencia de los mejores, los que más tienen derecho a acceder a esa emoción privilegiada que es nuestro amor. Por los demás podremos sentir miedo, si son tóxicos, tristeza y compasión si no hay amor en ellos, rabia si pretenden encadenarnos a ellos para ponernos a su servicio o al servicio de valores e intereses degradantes. Sólo a partir del orgullo, es decir de la valoración y de la admiración, podemos seleccionar a quién amar y a quién no. Entonces abriremos nuestro amor, es decir un espacio seguro donde cada cual pueda ser sí mismo, es decir, lo que nació para ser. Un espacio donde conservar y hacer crecer facultades propias y donde recuperar facultades perdidas. Eso es amor. Y eso es lo que debemos dar y pedir cuando decimos o nos dicen “te quiero”. Y entonces debemos guardar el alma cerrada y protegida por nuestro Protector, hasta comprobar, con las cinco otras estructuras y emociones, si ese espacio que nos abren es condicional o incondicional en lo que a nuestras más altas virtudes y méritos se refiere. Obviamente, no podemos exigir, ni siquiera pedir, ese espacio incondicional para nuestros vicios y defectos, es decir para las emociones falsas que vimos en el cuadro correspondiente anterior, sino, por lo contrario, tener miedo auténtico a contaminar el alma ajena con lo podrido en nosotros. Entonces sí que podemos esperar del otro ese espacio sagrado para lo que merece orgullo objetivo en cualquier persona que funcione bien. “Te amo porque te valoro y ámame en lo que puedas y debas valorar” sería lo mínimo exigible. Podría chocar el termino exigencia y el término amor en sociedades contaminadas por una visión distorsionada de Jesús, quien se atrevió a decir a su propia madre “mujer, ¿qué tengo que ver contigo?” cuando ésta le vino a exigir que abandonara su grandeza y a sus discípulos para volver con su “verdadera familia”, es decir, con ella y con sus hermanos. Parece que ninguna iglesia que se atreve a hablar en su nombre recuerde la enseñanza más básica que ese gran Maestro de la humanidad dio frente a todos los testigos. Todos recordamos el Sermón de la montaña. Pero si no entendemos la base, ¿cómo entender la función trascendente del amor: el alma que se despliega en amor universal que se manifiesta en el sermón de la montaña? ¿O es acaso el despliegue de un alma contaminada que mezcla indiscriminadamente lo podrido y lo sano, y por ende contaminante, lo que se puede llamar alma y lo que puede ser la fuente de nuestra facultad de hacer milagros? ¿El milagro alcanzable de sanar y el milagro milagroso de acceder al ESPLENDOR que está en nosotros y para nosotros, todos nosotros?
Nos referimos a nuestro derecho a exigirnos, cuando decimos “te quiero”, dar realmente ese espacio y a exigir a quien nos lo dice que lo entregue. La admiración del orgullo no lleva al compromiso con la persona crecida, con el creador. Al amor, sí.
Eso no significa poder exigir, ni nos da derecho alguno a exigir amor por la simple razón de ser más grandes, es decir, más crecidos que los demás. Podemos exigir valoración y respeto cuando el otro entiende, y declara valorar esa diferencia, Cuando lo dice desde su tristeza (entender), desde su rabia (sentido de la justicia) y desde su orgullo (admirar y declararlo). Entonces, cuando esa persona nos exija renunciar a nuestra potencia adquirida por mérito propio y cortarnos la cabeza que sobresale de su medianía para él no caer en la tristeza de entenderse y en el orgullo de decirse “esto es admirable y si lo admiro y amo a esa persona me dará el espacio que me permita ser lo que soy”, allí sí que podemos exigir respeto primero (miedo) y valoración después (orgullo). Jamás debemos exigir amor en esas circunstancias. Podemos esperar amor si decidimos compartir ese talento con los demás. No podemos amar a Mozart si nunca hemos leído ni escuchado una partitura suya, amarlo por su genialidad, se entiende. Pero no basta admirar a Mozart como a un genio y, tal vez, nosotros sí lo valoramos así, el mayor de los genios de la música y, muy especialmente de la alegría trascendente. Si lo reconocemos como tal deberemos hacer dos cosas más para prepararnos para amarlo y conceptualizar ese amor en nosotros:
Debemos, ante todo, llegar a la máxima expresión de la función básica del orgullo: CONSAGRARLO EN NOSOTROS MISMOS. Así le conferimos el lugar que se merece en nuestra escala de valoraciones, la cual reposa sobre nuestra escala de valores (rabia-justicia).
Debemos, en segundo lugar, permitir, y eso ya es abrir la puerta de prueba para el amor, que su principio de metamorfosis se marque un garrotín con el nuestro, es decir baile con el nuestro para experimentar si eso nos eleva y nos hace trascender o nos degrada y rebaja. Si nos eleva, entonces, y sólo entonces, se abrirá la puerta del amor.
Pero ante todo, hay que aclarar un punto relacionado con el amor. ¿Por qué afirmamos que un bebé recién nacido merece nuestro amor absoluto, universal e incondicional más que cualquier genio? ¿Porque está indefenso (miedo) y nos necesita (tristeza) para vivir? No, porque eso no sería amor: lo debemos amar más que a nosotros mismos y más que a nadie porque ES PERFECTO. Y lo perfecto es orgullo máximo. Mientras que un genio, por más grande que sea, es una persona que se supo mantener perfecto en su Transformador y en su orgullo y nos da testimonio de lo posible. Lo cual no es poco. Y se merece nuestro amor. A nosotros nos tocará elegir dárselo o no. Y que sea por buenas razones y no por mezquindad o envidia.
Cuando decidimos valorar algo en alguien y, basándose en ello decidimos amarlo, es recomendable primero abrir nuestro Transformador trascendente, nuestra metamorfosis y danzar con eso que decimos valorar para ver si nos eleva o nos degrada. Porque así abrimos, de manera segura para nosotros, ese espacio seguro para el otro. Y en ese espacio surgirá nuestro amor trascendente, el alma que se purificará en vez de profanarse y contaminarse con la fusión con el alma del otro. Eso es amor pleno.
Pero antes del amor pleno, hablemos un poco de la función básica de la tríada Protector-amor-vista: la PERTENENCIA. ¿Qué significa pertenecer? Significa gestionar el momento, el cuándo, ser parte de algo o de alguien. Sólo eso. Por ejemplo, podemos decir que somos miembros de nuestra pareja, de nuestra familia, de nuestro país, del mundo, de nuestro círculo de amigos, del club de amigos del Museo del Prado, etc. ¿Cuándo y por cuándo? Esa es la palabra clave. Hay países que, cuando optamos por pedirles la nacionalidad, nos obligan a elegir entre nuestro país de origen y él. Hay otros países que nos reconocen su nacionalidad hasta el momento en que adquirimos otra. Lo ven como una traición y nos obligan a elegir. Si estamos casados y nos enamoramos de otra persona con quien queremos establecer un lazo oficial de pertenencia, el matrimonio, estamos, por lo general, obligados a elegir divorciarnos primero y casarnos después. Eso es el cuándo. Y entonces declararemos que estuvimos en el mismo sistema de pertenencia con nuestra primera pareja de tal fecha a tal otra y con la segunda después. Eso es el cuándo de la pertenencia. Si funcionamos bien perteneceremos a nuestra familia de origen hasta fundar la nuestra propia, que pasará, en nuestro sistema de pertenencia, a ocupar un puesto dominante. Cuando nuestros hijos se casen, los ayudaremos, sin culpas ni conflictos y sí con justicia, orgullo y amor, a crear su familia, que pasará a ser más importante que la nuestra. Eso si hay amor auténtico, si hay Protector de verdad y si tenemos vista.
Cuando funcionamos mal en nuestro sistema de pertenencia, somos rígidos e idolátricos en vez de libres, crecidos y amorosos. El “deber ser” remplazará el “ser”. Es lo que llamamos el “como si”. Nuestro sistema será como una pirámide rígida e inmóvil donde los padres ocuparán el primer lugar para siempre, la pareja y los hijos el segundo, la patria el tercero, los amigos de siempre el cuarto, los valores que elegimos el quinto, y así hasta que, cuando llega algo o alguien que merece todo nuestro amor se encuentra con un cartel que reza “no hay cupo disponible”. Y, poco importa si nuestro padre es un cielo y nuestra madre una víbora, poco importa si uno de nuestros hijos es un asesino en serie y si un amigo de infancia nos traicionó, poco importa si nuestra patria nos obliga a ser nazi, y si el colegio de abogados se decanta por la intriga y el corporativismo más ramplón. Estamos obligados a amarlos por igual e incondicionalmente. Es así como es porque debe ser así, y punto.
Un sistema de pertenencia que funciona adecuadamente, está siempre disponible para lo mejor. Eso, como primera característica. Y, en segundo lugar, elige el cuándo en cada minuto. Así, a nuestro hijo que adoramos, lo estaremos amando siempre pero no sentiremos ese amor cuando no esté siendo auténtico, justo, veraz, sincero, etc. Sentiremos otra cosa en ese cuando, en ese momento: miedo, tristeza, rabia o lo que venga a cuento. Ni vamos a dejar de amarlo para siempre cuando esté fuera de sí, ni lo vamos a estar amando cuando no venga al caso, porque si no, no lo podríamos ayudar ni hacer crecer. Seríamos su pasto, no su madre ni su padre. Y, cuando estemos en el mundo nuevo, estaremos siempre disponibles para amar lo que se lo merezca. Con orgullo y alegría en vez de culpa y vergüenza. Eso no nos convierte en inestables y promiscuos. Al revés. Lo que nos convierte en inmaduros, inestables y promiscuos es la culpa que la rigidez de una pirámide osificada nos obliga a hacer cada vez que queremos ser y estar siendo.
Cuando nuestro sistema de pertenencia está vivo y es auténtico, es como el mar, como un océano que tiene mareas y olas que sitúan en cada momento a cada cual donde le corresponde: sentiremos tristeza por nuestro gran amor que se está perdiendo la gloria de vivir en sí en un momento y amor por nuestro mayor enemigo que dejó aflorar algo maravilloso que le vemos compartir con alguien. El sistema de pertenencia es, en definitiva, el gestionador del cuando amar qué o a quien y por cuanto tiempo. Por eso hay amores inmortales cuando son auténticos: porque el cuándo se sitúa en toda la eternidad más un día. El amor auténtico es un cuando que se elige siempre y para siempre mientras el objeto de nuestro amor sea cada vez más él mismo. El resto es cárcel, con muros y rejas pintados de naranja.
Y ahora que vimos la función básica de la triada del amor, la pertenencia, veamos su función trascendente: la de regir el alma, definida como el anhelo de la entrega. Pongamos un caso extremo que nos puede ayudar a entender mejor el Sermón de la montaña: Pongamos por caso que estamos observando y mirando con total atención al ser humano que, en nuestro criterio, es el más despreciable, el que menos merece nuestro amor auténtico explicado como ya lo acabamos de hacer. Imaginemos a un asesino en serie que mató a nuestro hijo. Imaginemos que nos ponemos a observarlo tras un cristal de esos que tiene la policía, uno que a él le parecerá un espejo. Imaginemos que tenemos un aparato que nos permite escuchar lo que dice. Estamos escuchando cómo cuenta con deleite cómo asesinó y descuartizó a nuestro hijo. Y sentimos horror, congoja y furia. Imaginemos que el policía sale y que entra el perro o el hijo preferido de esa persona. Imaginemos que desde nuestro Transformador que funciona a la perfección captamos grandeza y entrega (amor real) durante cinco minutos, en lo que ese asesino está haciendo con su perro o con su hijo. Imaginemos que nosotros somos genios realizados en eso grande que EXISTE y está siendo ante nuestros ojos y oídos. En ese preciso momento, vamos a sentir orgullo de esa execrable criatura y amor por ella. Así, el cuándo trascenderá nuestra pequeña historia personal. Imaginemos ahora un ejemplo más común y familiar. Imaginemos que nuestro gran amor y esposa se enamora de otro hombre. Para nosotros esa mujer sigue siendo nuestro gran amor. Para ella ya no lo somos. Imaginemos la escena de su encuentro con su nuevo amor y nosotros como observador detrás del cristal sonoro. Con el corazón destrozado vamos a poder evaluar la situación. Pongamos que descubrimos que nuestra esposa eligió a alguien que la ama de verdad y que además se merece más su amor que nosotros, por sus grandezas. Entonces vamos a sentir amor por ese rival y felicidad por nuestra esposa. y paz. Vamos a estar menos tristes, porque lo que nosotros hemos perdido, ella, a la que amamos, lo ganó. Y la empujaremos con nuestra bendición en brazos del que ya dejó de ser un rival y se convierte en nuestro maestro. Y seremos amigos entrañables de los dos. Eso es acceder al alma y. Con ella, AL AMOR UNIVERSAL. Cuando eso ocurre crecemos y pasamos a ser humanos de verdad. Cuando eso ocurre, siempre vamos a encontrar algo que admirar y amar en cualquier ser, por más deteriorado que parezca. Cuando eso ocurre vamos a saber, y eso es alegría, que ese ser, en algún momento (el cuándo de la eternidad) y en algún lugar (el dónde de la infinitud) va a ser lo que nació para ser. Es decir amable, y lo vamos a amar por lo ¡BUENO! que tiene y tendrá. Desearemos que ese momento llegue cuanto antes para él. A eso se le llama rezar. Y quedaremos en paz. Es decir, accederemos a la tríada Orientador- alegría- sexo.
Al acceder a esta última tríada, vamos a lograr la gloria de la PLENITUD COMO FUNCIÓN BÁSICA, Y EL ESPÍRITU COMO FUNCIÓN TRASCENDENTE. El acceso a la alegría por el camino que la precedió y posibilitó en este proceso secuencial podrá afincarse y consolidarse en una explosión de alegría certera y serena. Nos vamos a sentir vivos y en comunión con todo lo vivo. La gratitud por estarlo (amor) nos llevará a la libertad (alegría) y, con ella, a la elevación que surgirá como un canto de aleluya hacia todo el universo y hacia lo que damos en llamar Dios, o inteligencia universal, u orden natural. Poco importa el nombre que le demos. Lo esencial es sentir que toda esa maravilla tiene un propósito y es un regalo. Un regalo para cada ser vivo, para cada mineral, para cada planta, para cada estrella. Entonces surge la exaltación de la fisión con el universo y la certeza de encontrar una primera verdad: estamos en este mundo para sentirnos felices y plenos. A esa certeza de encontrar respuestas y verdades, la llamamos en el MAT, espíritu.
Entonces nos sentiremos cercanos a los grandes reveladores y profetas que accedieron a encontrar respuestas para saciar la paz espiritual y la plenitud de los seres humanos:
Pensaremos en Jesús que presentó un Dios de amor que nos lleva a la alegría de la resurrección y nos transforma en ave fénix.
Pensaremos en Mahoma que nos trajo un Dios de alegría que nos lleva a la seguridad y a la armonía.
Pensaremos en Buda que nos trajo un Dios de armonía y nos lleva a la claridad mental y a la omnisciencia.
Pensaremos en Zoroastro que nos trajo un Dios de inteligencia y de organización que nos lleva a la justicia.
Pensaremos en Mani que nos trajo un Dios de justicia que nos lleva a la creación y a la metamorfosis.
Pensaremos en Moisés que nos trajo un Dios de dignidad y de creación que nos lleva al amor universal.

Entonces tal vez entendamos dos cosas: que esa liberación del espíritu puede y debe venir de todas y cada una de nuestras estructuras, de nuestras emociones y de nuestros sentidos; y que Dios, si existe, puede ser percibido por todas esas seis dimensiones nuestras, pero que el error fue crearlo a nuestra imagen y semejanza y no situarnos como creaciones de él, hechas a imagen y semejanza de seis de sus infinitas dimensiones. Y, que, por lo tanto, nuestra vida no termina aquí, sino que empieza aquí, porque luego, después de nuestra muerte, no solamente nos llevaremos esas seis funciones y energías inmortales, sino que adquiriremos otras más para ser, esta vez, no sólo humanos y mamíferos, sino seres más evolucionados y completos. Entonces nos daremos cuenta de que este mismo discurso es válido para cualquiera de nosotros. Un agnóstico lo llamará la evolución, que, al igual que nos permitió pasar de mono de cinco dimensiones a persona de seis, llegará a siete y a ocho y así hasta el final. Un ateo sentirá paz y simpatía y admiración por la grandeza del ser humano, que no necesita ninguna intervención mágica y misteriosa, inexplicable para su inteligencia, para ser en plenitud. Un religioso de cualquiera de las religiones de los fundadores mencionados sentirá afinidad y amor y alegría, con la certeza de que, en cada lugar, hay personas a la vez como él y diferentes que siguen las enseñanzas de esos grandes maestros de la humanidad. Y que todo va bien en el mejor de los mundos cuando nos orientamos hacia la finalidad y la espiritualidad de los seres vivos, todos.
Así surgirá el talante visionario que nos convertirá en estrategas capaces de captar la totalidad del entorno en cambio permanente pero no imprevisible. Y sólo con el Orientador y la alegría lo podemos captar. Así veremos con total claridad las tendencias del futuro y, a medida que vayamos comprobando nuestros aciertos, nos daremos cuenta de la mina de oro que todos tenemos sin explotar y que es la tríada Orientador-alegría-sexo. Como ejemplo de esta potencia instalada, remitiremos al lector al último capítulo de este libro.
Encontraremos respuestas a todos los para qué de la existencia, comenzando por las más sencillas y accediendo a las más ocultas. ¿Para qué estamos en esta vida? Nuestra respuesta, la del MAT, es para cambiar de gente a persona y de persona a ser humano mamífero, y de ser humano mamífero a ser humano no mamífero, es decir, plenamente libre, feliz y realizado en la gloria y en el esplendor. Eso es lo que podemos responder. Por ahora.
¿Para qué existe el inconsciente? Para, al menos, dos cosas: para conservar verdades y respuestas que no hemos sido capaces de admitir sin volvernos locos en su día y que permanecen allí, a nuestra disposición, para que las encontremos a medida que crecemos. Y para servirnos de brújula infalible con que orientarnos en el conocimiento de nosotros mismos y del universo.
Pero esa es una ilustración de respuestas de finalidad. Cada uno aportará las suyas. Todos tenemos, al menos, una pregunta existencial a la cual queremos responder. La nuestra fue, a los tres años de edad, ¿Para qué el mundo y la gente están al revés? Y la respuesta fue el MAT, que surgió de nuestro Orientador 33 años después. Cada persona tiene su pregunta y su Orientador la conserva y se la envía cada día, cada día. A eso lo llamamos vocación.
Así accederemos a la luz dorada del espíritu sereno e infatigable, veloz y certero, que alza su vuelo vertical hacia los cielos y trae respuestas a nuestra mente consciente. Con ello, no sólo nos elevamos y trascendemos, sino que cambiamos. Los valores a los que accedemos entonces son la fe, el optimismo, la certeza y el tesón, mucho tesón, indesmayable, sin ninguna presión sobre nosotros ni sobre los demás.
Cumpliremos entonces las funciones del Orientador, que son las de abrir caminos, encontrar la verdad, revelar, atisbar, irradiar, elevar, experimentar integralmente, dar testimonio, iluminar, cambiar al mundo y cambiarnos, renovar y renovarse, planificar estratégicamente, fluir, disfrutar.
Y, cuando en periodos de cambio, caigamos en las emociones falsas que remplazan la alegría auténtica, es decir en la superstición, en la negatividad nihilista, en el sacrilegio, en el dogmatismo, en la idolatría o en la dependencia, sabremos rectificar y volver al gozo y al disfrute.
Así accederemos al dominio y perfeccionamiento del espíritu, que definimos sencillamente como LA CERTEZA DE ENCONTRAR (VERDADES), y conoceremos de primera mano la máxima jerarquía en las funciones del Orientador y de la alegría.
Como esta base estará ya consolidada, podremos acceder al escalafón siguiente, el de la tríada Rector-miedo-tacto, que nos ofrecerá una seguridad y una armonía mayores que las que teníamos en el punto de partida, abriendo, así, un proceso secuencial más, en el camino del infinito.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

THE SPLENDOUR OF THE HUMAN BEING, day 20: THE ACCESS TO GLORY: THE OMEGA THEORY IN ACTION

An extract from the book “THE SPLENDOUR OF THE HUMAN BEING” by Preciada Azancot
©Preciada Azancot

We will start from the first level of human motivations, the need for SAFETY, in other words, with the Rector, fear and touch functioning to the full. This will give us access, in the very first place, to profound self-knowledge and instantaneous knowledge of others. The faculty of making permanent and always updated diagnoses of ourselves and others will rest on the confident joy of the plenitude for which we are all born and that constitutes the foundations of the pyramid which sustains and enables the unfolding and achievement of that safety.

MAT Omega Theory - Preciada Azancot

MAT Omega Theory – Preciada Azancot

This way, and perpetually, we will be deepening and expanding our knowledge of ourselves, in each time and place, and diagnosing the state of safety or risk proffered by those around us. That way we will protect ourselves and we will know how to surround ourselves by the safest and how to defend ourselves from the most toxic. When we detect a lack of internal harmony, harmony based on the natural plenitude of the human order, we will immediately know where the danger is, whether in ourselves, because a particular structure became inflated or ceased to be suitably fed, or in the other, because we will know how to measure what is happening using the same parameters.
Since we will have fear connected to the Rector, and plugged into our sense of touch and our skin, we will be great at diagnosing what levels of risks, internal or external, threaten us at each moment, making it impossible to become overly distrustful and defensive against what favours us or unconsciously reckless against what endangers us. That way, we will be safe, respectful, upstanding, harmonious and ethical. We will feel through our skin what and who is safe and beneficial, and what and who is dangerous and toxic.
Also day by day we will reinforce that particular sensitivity and knowledge of the human being, both inwards and outwards. Since our Rector will be fed by authentic fear, it will duly fulfil its functions of diagnosing, establishing necessary limits, legislating, defending, localising and separating, which will increase the state of plenitude at the outset and prevent the danger of losing harmony and wellbeing. We will be strong at the same time as sensitive and porous and we will know that change is life and that we are safe if our Rector, our fear and our skin work as a team. When this doesn’t happen, and we detect or give in to fatalism, defeatism, hysteria, bravado, masochism, haughtiness, paternalism, weakness, recklessness, we will know how to feel fear in order to diagnose immediately where and in who the right circuit tripped, without becoming overly alarmed, rectifying with accurate certainty and advising others about the short-circuit problem. We will do all of this in perfect tranquillity. That way we will be sure of ourselves and of others.
That, as a normal, basic and accessible function for any human being. This way we will access the transcendent function of the Rector-fear-touch trinity: harmony. We define harmony as the beauty of equilibrium, in other words, the rectitude of being in our own place and respecting others’ places without allowing imbalances to occur through the inflation or deflation of any of our structures and any of our senses. As the maximum hierarchy of our Rector, and in order to establish harmony in ourselves and towards others, we will be subtle and respectful, never invading others’ time or space, nor allowing it to be done to us. Since every day we will be surer of ourselves and more respectful of others, we will be deterrents for those who wish to invade us. Gentle but firm, that’s how harmonious and reliable and solid we will be.
Because we will offer this safe, solid and reliable space to others, we will be able together with the best to gain access to the second level of human aspiration: development enabled by the Synthesiser-sadness-hearing triad. Achieving, on the basis of what is solid and safe, the development of all the real available possibilities will give us access to dynamic knowledge of ourselves and of others. Dynamic because in change and in development.
What we will obtain, in each field of action of a Synthesiser fed by authentic sadness and connected to our hearing, is copious, valuable and unpostponable:
The first thing will be to know with certainty how to manage our time, so as to thereby develop our internal and external space. We will know how to avoid dedicating time to sterile tasks and to dramas that place us in the roles of Saviour, Persecutor, or Victim, when we violate, castrate or draw from others, thus losing our dignity and becoming, instead of developers of what is alive, highly toxic predators. Whereupon, the Synthesiser, which basically serves to prevent losses and to find solutions, becomes its opposite: something that will not only produce, but also institutionalise amputation.
By choosing to devote our time to what is essential, in the knowledge of how to discriminate, to what is alive, to what is salutary, to what can lead us to the clear certainty of being a builder of what is most intelligent, we will access the first step of full development.
Then, we will know what damaged parts there are in us, and in others, and we will know how to give the corresponding strokes to each individual, according to their real needs, in order to keep them motivated and whole, thereby avoiding the ongoing fracturing of the other’s self-esteem. We will know how to be the rebuilders of the damaged structure and emotions of others and, also, of our own. Indeed, if following our diagnosis in the safety phase we detect, for example, that the person we are speaking to has a serious problem of insecurity and lack of pride, we will say to him: “I very much admire your talent. You can do it! I trust you!” And that way we will keep them motivated and enthusiastic, willing to develop and to show us how right we were to see and use what others, less subtle and sensitive, neither saw nor stroked. And if we detect some insecurity in ourselves, we will know how to give ourselves and how to ask for the incentives that we need in order to lose that sadness.
When it comes to communicating, we will know, through our analysis of the other person’s and our own sensitivity, how to use the others’ communication channels, forgetting about the egocentric mechanisms that make us believe that if we talk to someone else the way that we would like to be talked to, we will be giving them what is best. And no, the Synthesiser that works properly detects what forms the other receives most effectively, wearing the others’ shoes, with sensitivity, placing itself in the other person’s skin.
And, finally, a Synthesiser in good shape will always find what new ways and what new data to use in order to develop its intelligence until attaining its transcendent function, clarity, omniscience. We will be knowledgeable about all the whats available in each time and place. In the field of time-management, we will know what to do and what to avoid in order to sew life in ourselves and in others. In the domain of motivation, we will be wise distributors of strokes and potent and sincere permits. In that of communication, we will be almost like aliens, because in general nobody bothers to speak to us the way we would speak to ourselves in the moments of greatest intimacy and on the basis of a MAT analysis of our personality. And in the field of developing our intelligence, we would learn how to eradicate the causes of losses instead of limiting ourselves to repairing what is damaged time and again, with which each loss would become a lesson in putting an end to the cause instead of the effects.
This is how we will access clarity, which we define as universal wisdom made of the perfect organisation and ingenious combination and relationship of those data that instead of overloading our mind, clear it completely turning it into a receptacle of the universe. That is what is so sought-after by Buddhists through the meditation that gives way to illumination, which is no more than the transcendent function of the Synthesiser that knows how to enter a state of profound relaxation that clears highways of light and connections between everything that exists. Let’s not forget that the Synthesiser archives, organises, relates and processes the entire data that comes from our six structures, our six senses and our six emotions, and not only the logical and rational data that comes of itself.
In that clarity as a natural habit and environment we will be acute, knowledgeable of our own and others’ entire universe, honest and effective, authentically compassionate.
When, instead of sadness, our Synthesiser is fed by another of the five emotions and we are or see ourselves as being impotent, resentful and vengeful, pedants and usurpers, masochists or nihilists, we will have the wisdom to understand what other emotion we are using to feed our Synthesiser and will immediately resolve the cause, thus eliminating the effects.
In this way, we will construct the permanent development that is offered by knowing what to do at each time and we will be ready to build the third phase: JUSTICE. We will gain access to the administration of the triad: Vitaliser-rage-smell. We will be capable of “smelling” each lie, each manipulation, and each injustice and of saying “Not that way!” We will be capable of offering a personalised leadership and culture that allows the human stature of each and every member to expand fully and of saying “This way!” To do this, we will implement in our family, business, administrative, national and global organisation, the system of values of the Omega Theory, as a system of current values that allows everyone to have access to the innate emotional and structural sequence that they were born to have, and to access, at least, hyperconnection and transcendence. In terms of the MAT leadership model, we will implement it in such a way that, each person, irrespective of their hierarchical level in the organisational pyramid, builds it as follows: on the horizontal axis placing management of their own talent; on the vertical axis management of their own vocation; as a result being able to measure at each moment what percentage of their skill they are achieving. These terms and concepts, which could seem somewhat obscure and empirical right now, will be explained at length and depth later on in this chapter.
This system of culture and leadership allows us to obtain an unprecedented thriving, which institutes the path to glory as the natural habitat of each and every member of the organisation.
Thus we will know how to formulate and respond to all the hows of things: how to treat people and how we treat ourselves, how to make each individual’s potential blossom, how to recognise uniqueness and excellence with delighted joy and surprise, how to make ourselves better each day, more just and more vital. This way we discover, as something natural and innate, that rage is the tip of the master beam that corresponds at its opposite end to joy, as we have already analysed. If there is full justice, authentic joy will blossom for everyone in rapid succession, not as a favour but as a natural right for every living being on the planet.
This way we will access corporality as the transcendent function of the Vitaliser. In MAT we define corporality as the materialisation of what is sacred. Indeed, it is interesting to recall that the other definitions of harmony, clarity, metamorphosis, soul and spirit, transcendent functions of our five structures, do not include words that could refer to or sound like what is sacred understood as what is religious. And it is precisely the body, which in all religions is seen as the burden, as what prevents us from gaining access to and being soul and spirit, the shell from which we are freed upon dying, the enemy that we must deprive and punish and flagellate, it is precisely the body that we come to designate as sacred. And we will explain this immediately: the five transcendent functions elevate us and give us access to what is sacred. All five, and equally, if there are other lives beyond death, go with us onto the next world. The six make us gain access to transcendence, in other words spiritual elevation in this world, in the here and now. The thing is that, it is easily understandable for the five others to have sacred dimensions. Not for the body. Unless we fall for cults of Dionysian and mythological licentiousness, orgies and profanations. Nothing further from our approach to corporality. We simply state the transcendent function of each of our structures and explain the sacredness of corporality, very simply, like all our demonstrations, as follows: Einstein, and many of his followers and continuers, have demonstrated that matter does not exist as such, that it is a system of condensation and assembly of energy and only that. And the fact is that that condensation and assembly does not take place randomly, but for operative and scientific reasons that end up taking form, a body, a density, an appearance, that suffers, endures, enjoys and takes pleasure. This happens with all of nature: with flowers and clouds, with the rain and the trees, with stones and with animals, with human beings, of course, also. So, who is the short-sighted person who could believe that that space that we are and that we occupy for a period of life does not carry within it, in the event of resurrecting in other lives, the innate substance and principle for becoming another type of body or its own same body? Perhaps the kingdom of beyond, if it exists, will be a world of dilution and ghosts without substance, or, on the contrary, a world of masters, angels, kings, of beings with identity and corporality? However, here we will not preoccupy ourselves with silly answers that only translate into and make evident a determined level of growth in the infinite succession of processes and phases of integral, therefore, also, spiritual growth. Arguing about such matters proves only one: that the person arguing is not on their own path of growth and that if he is, then at a very low level. Whether or not we set out from the conviction that there is or isn’t one or many other lives, we cannot but state that in this one, the one that we are concerned with, we arrive with one body and all of creation is made corporal in beings that are individuals and elements, different and unique, and that that body will provide us with, if we know how to handle it properly, pleasure and vitality and, also with transcendental experiences regarding the mystery and finality of our life through our sensations and emotions.
And, what transcendent experience can occur without sensations and emotions, without any intervention from those twelve prodigies with which we are equipped?
If we access the vigorous management of our Vitaliser-rage-smell triad we will be just and impartial, we will be vital and healthy, we will be prodigiously iconoclastic – in other words demolishers of idols, because all idols are a deception and a lie; we will be authentic, we will be spontaneous. And that way we will be able to fulfil to perfection all the functions of the Vitaliser, in other words: to perceive and sense, share and assign, react and dilute, denounce and attack, dissolve and vitalise, reinstate, eradicate and mobilise. To do so, we will react with rage when appropriate in an authentic and operative way.
Whenever we give in to or see others give in to false anger or to the false emotions that substitute anger, in other words to timidity, intimidation, sense of guilt, servility, ingenuity, the Stockholm syndrome, idolatry and fanaticism, we will know with certainty and speedy efficiency, how to decode the substituting emotion and how to reconduct it with energy, recovering the healthy and innate Vitaliser.
This way we will achieve not only control and enjoyment of the body but also corporality, the maximum expression and dimension of the Vitaliser that reaches its transcendence.
Since we will have built this third level of glory, we will be able to have the foundations for moving onto the fourth phase: management of the Transformer-pride-taste triad.
Because STATUS rests on justice, which rests on development, which rests on safety, which rests on the foundations of plenitude (joy), we will be able to access, in an organic, orchestrated and natural manner, taking care of each individual being himself, growing, and becoming, not only a creator, but also a genius, and, all of this without arousing envy, but admiration, valuation and consecration instead. Because we were all born to be geniuses. Because we all have, at least all human beings, a Transformer, pride as a natural energy and a sense of taste.
What we will obtain in each field of action of our triad is integrity, growth, genius works of creation, and the authentic status of every autonomous being.
Integrity: every being will be sustained by a single objective, being himself, what he was born to be. Each individual being similar to all others in his basic engineering and installation, and every one being, unique, irreplaceable and in permanent transformation.
Growth: with triggers like this, not only is growth infinite, but also especially and moreover, it reaches categories and essences of eternity because each human being carries inside, since the first human stepped or emerged onto this earth, the same means to achieve the same ends, reaching perfection in perpetual transformation and metamorphosis. Moreover, it is in this structure, carried to its maximum expression, where infinity and eternity fuse. And that fusion is the essence of metamorphosis.
Genius creation: the triad in question is the one that makes it possible to realise oneself as a genius. To do so, the necessary and sometimes sufficient condition is to function in the sequence. The sufficient condition is for pride now to be the basis of love and the latter to be so of joy. If, additionally, all our emotions function along the three axes at the service of the Centre, our stature will transcend that of the genius, since, as well as being one, as a basic condition, we will be transformers and openers of pathways for all of humanity in infinity and in eternity: in other words, universal.
Because everything that was former is updated, we will know how to formulate all the whys and becauses of creation, and how to respond to them. We will know that everything is causal and that nothing is casual.
And because this happens, we will reach the transcendent function of our triad, metamorphosis. MAT’s definition of metamorphosis is liberating potency. Thus, the butterfly contained within the caterpillar frees itself of its former shell and upgrades, becoming more itself. And we, humans, will free ourselves of our condition of mammals, in order to become, first good people, then individuals, then human beings, then human beings that transcend their condition of mammals. That’s all. There is no more possible journey. One human being, to our knowledge, has reached the last phase and stage of our existential journey: to transcend, as a human being, their mammalian condition. This is MAT’s ultimate objective. As long as another one of us can achieve it one day and tell us how they did it, we will all be able to achieve it, as long as the versions of the two coincide. And that, as well as possible, is inevitable. Then, and only then, will we be human beings and can be proud of it, and will we be able to give account of the utility and finality of the only structure that distinguishes us from animals, our masters for now, at least those living in the wild.
Where everything else is concerned, the only structure that allows us to transcend is our Transformer. It is the only one that allows us to reach harmony, clarity, corporality, metamorphosis, soul and spirit in a conscious and testimonial manner by leaving a creative footprint of our discoveries and reflecting them in inventions, such as concepts, language, the work of art, and so many more ways that the Transformer has of expressing itself and pride connected to taste. The final goal would be to be able to capture and embody THE ESSENCE OF BEING OF THINGS AND PHENOMENA.
Because we will be in permanent and perpetual creation of ourselves, which will be reflected in our works, we will be able to fulfil and transcend the functions of our Transformer: to choose, determine, recognise what is valid, discover, affirm, test, search for what doesn’t yet exist, access, declare, grow, represent, decide, imagine, evolve, create, pronounce and pronounce ourselves, transform, consecrate.
Also, our taste will become more and more refined, which will allow us to select what is best in order to give it that jewel, which is our love, and to open our soul to it.
On the basis of the certainty of our capacity to detect what is most valid and valuable, we will gain access without losing ourselves to BELONGING, in other words to the triad Protector-love-sight. This triad is the only one that can elevate us to BELONGING, because love emerges from admiration, which is its only possible base. And if we admire what can destroy us instead of helping us to be more ourselves every day, we will yield to “loves that kill”, devoting ourselves to the worst and running away from the best so as not to have to compare (pride) and suffer (sadness), which means that we will stop analysing and thinking and also growing and liberating others. We will live with the nostalgia of what could have been and never was, for example my mother or first girlfriend didn’t love me, so I am going to find someone similar and marry them, in the hope that I will now find an answer to my need to be loved. Then we mortgage our Protector and surrender it for life to somebody of the same profile who didn’t love us because, simply, there is no love in that type of person. And when we see someone who does have it, we will run away like a soul carried by the devil, as long as we don’t have to question that “sacred” character who didn’t have the minimum stature to be a person. Nor, much less, an individual. And whom we continue to devote our soul to, while rotting in the process.
On the contrary, on the path to glory, and basing our love and our sense of belonging on what is worthy of it in its own right, because it is better, more valuable, more authentic, more admirable, in other words on pride, we will choose to devote ourselves to and to form part of the sense of belonging of the best, those who have the most right to access that privileged emotion that is our love. For others we will be able to feel fear, if they are toxic, sadness and compassion if there is no love in them, rage if they intend to chain us to them to put us at their service or at the service of degrading values and interests. Only on the basis of pride, in other words valuation and admiration, can we select who to love and who not to. Then we will open up our love, in other words a safe space where everyone can be themselves, in other words, what they were born to be. A space where we can preserve and nurture our own faculties and where lost faculties can be recovered. That is love. And that is what we should give and ask for when we say or when we are told “I love you”. And then we must keep our soul closed and protected by our Protector, until we verify, using the five other structures and emotions, whether that space that is being opened up to us is conditional or unconditional where our highest virtues and merits are concerned. Obviously, we cannot demand, not even ask for, that unconditional space for our vices and faults, in other words for the false emotions that we saw in the corresponding table above, instead, on the contrary, we will have authentic fear of contaminating the other’s soul with what is rotten in ourselves. Then we can expect from the other that sacred space for what deserves objective pride in any person that functions correctly. “I love you because I value you and love me for what you can and should value” would be the minimum that we could demand. The term demand and the term love could be found shocking in societies contaminated by a distorted version of Jesus, who dared to say to his own mother “woman, what have I to do with you?” when she came to ask him to abandon his greatness and his disciples in order to go back to his “real family”, in other words, to her and her brothers. It appears that no church that dares speak in his name recalls the most basic teaching that that great Master of humanity gave in front of all those witnesses. We all recall the Sermon on the Mount. But if we do not understand the base, how can we understand the transcendent function of love: the soul displaying the universal love that is evident in the sermon on the mount? Or is it perhaps the unfolding of a contaminated soul that indiscriminately mixes what is rotten and what is healthy, and is thereby contaminating, what can be called our soul and what can be the source of our faculty to work miracles? The achievable miracle of healing and the miraculous miracle of gaining access to the SPLENDOUR that is inside us and for us, for all of us?
We refer to our right to demand from ourselves, when we say “I love you”, to really give that space and to demand that the person who says it to us gives it to us. The admiration that comes from pride does not lead to commitment towards the person who is grown, towards the creator. To love, yes.
That does not mean being able to demand, or entitling us in any way to demand love for the simple reason of being greater, in other words, more grown than others. We can demand to be valued and respected when the other understands, and declares to value that difference. When that person says so from his sadness (understanding), from his anger (sense of justice) and from his pride (admiring and declaring so). Then, when that person demands that we renounce our potency acquired by our own merit and cuts off our head because it stands above their mediocrity so that they do not have to give into the sadness of understanding themselves and the pride of saying to themselves “this is admirable and if I admire and love that person they will give me the space that allows me to be what I am”, then we can demand respect first (fear) and to be valued afterwards (pride). We must never demand love under these circumstances. We can hope for love if we decide to share that talent with others. We cannot love Mozart if we have never read or listened to a score of his, love him for his genius, it is understood. But it is not enough to admire Mozart as a genius and, perhaps, we do value him as that, the greatest of geniuses of music and, very specially, of transcendent joy. If we recognise him as such we will need to do two more things in order to prepare ourselves to love him and to conceptualise that love in us:
We must, before anything else, achieve the maximum demonstration of the basic function of pride: TO CONSECRATE IT IN OURSELVES. Thus, we give it the place it deserves in our scale of valuation, which rests on our scale of values (rage-justice).
We must, in the second place, and that is already opening the test door to love, ensure that its principle of metamorphosis works in time with ours, in other words dances with ours in order to experiment whether that elevates us and makes us transcend or degrades us and lowers us. If it elevates us, then and only then, will the door to love open.
But before anything else, we need to clarify a point related to love. Why do we assert that a newborn baby deserves our absolute, universal and unconditional love more than any genius? Because he is defenceless (fear) and needs us (sadness) in order to live? No, because that would not be love: we ought to love him more than ourselves and more than anyone else because HE IS PERFECT. And what is perfect is maximum pride. Whereas a genius, no matter how great, is someone who knew how to maintain himself perfect in his Transformer and in his pride and who gives us testimony of what is possible. Which is no small thing. And he deserves our love. It will be up to us whether we give it to him or not. And may it be for good reasons and not out of miserliness or envy.
When we decide to value something in someone and, basing ourselves on that decision, to love him, it is recommendable to first open our transcendent Transformer, our metamorphosis and to dance with that which we say we value in order to see whether it elevates or degrades us. Because that way we open, in a way that is safe for us, that safe space for the other. And in that space our transcendent love will emerge, the soul that will become purified instead of profaning and contaminating itself through the fusion with the other’s soul. That is complete love.
But before complete love, let’s speak a little about the basic function of the triad Protector-love-sight: BELONGING. What does belonging mean? It means managing the moment, the when, being part of something or someone. Only that. For example, we can say that we are members of our couple, of our family, of our country, of the world, of our circle of friends, of the Friends of the Prado Museum, etc. When and for how long? That is the key word. There are countries that, when we choose to ask them for their nationality, force us to choose between it and our country of origin. There are other countries that grant us their nationality until we acquire another one. They see it as a betrayal and force us to choose. If we are married and we fall in love with somebody else with whom we wish to establish an official bond of belonging, through matrimony, we are, in general, obliged to choose to divorce first and marry after. That is the when. And then we will declare that we were in the same system of belonging with our first partner from such a date to another date and with the second one thereafter. This is the when of belonging. If we function well, we will belong to our family of origin until we found our own, which will come to occupy a dominant position in our system of belonging. When our children marry, we will help them, without guilt or conflict and with justice, pride and love, to create their own family, which will become more important than our own. That is if there is authentic love, if there is a real Protector and if we have vision.
When we function badly in our system of belonging, we are rigid and idolatrous instead of free, grown and loving. “Having to be” replaces “being”. That is what we call “as if”. Our system will be like a rigid and unmovable pyramid in which our parents will occupy first place forever, our partner and children the second, our fatherland the third, our lifelong friends the fourth, the values we choose fifth, and so on until, when something or someone who deserves all our love comes along they will find a banner that reads “no room at the inn”. And, little does it matter whether our father is a dear and our mother a viper, little does it matter if one of our children is a serial killer and a childhood friend betrayed us, little does it matter if our fatherland obliges us to become a Nazi, and if the association of lawyers opts for intrigue and the basest corporate spirit. We are obliged to love them equally and unconditionally. It’s that way because it has to be, and that’s that.
A system of belonging that functions adequately is always available for what is best. That, as a first characteristic. And, in second place, chooses the when each minute. That way, we will be loving the child that we adore always, but we will not feel that love when he is not being authentic, just, truthful, sincere, etc. We will feel something else during that when, at that moment: fear, sadness, rage, or whatever is appropriate. We will neither cease to love him forever when he is not himself, nor love him when it is not appropriate, because otherwise, we would not help him nor make him grow. We would be his fodder, not his mother or his father. And, when we are in the new world, we will always be available to love what deserves it. With pride and joy instead of guilt and shame. That does not make us unstable and promiscuous. The other way round. What makes us immature, unstable and promiscuous is the guilt for what the rigidity of an ossified pyramid forces us to do every time we wish to be and to be being.
When our system of belonging is alive and is authentic, it is like the sea, like an ocean that has tides and waves that place everyone where they belong at each moment: we will feel sadness for our great love who is losing the glory of living in themselves for a moment and love for our greatest enemy who allowed something marvellous to blossom that we see him sharing with someone. The system of belonging is, definitely, the manager of when to love what or whom and for how long. That is why there are immortal loves when they are authentic: because the when is situated in all of eternity plus one day. Authentic love is a when that is chosen always and forever as long as the object of our love is increasingly themselves. Everything else is a prison, with walls and bars painted orange.
And now that we have seen the basic function of the triad love-belonging-sight, let’s look at its transcendent function: the one of governing the soul, defined as the longing to devote oneself. Let’s take an extreme case that can help us to understand better the Sermon on the Mount: let’s take a case in which we are observing and watching with full attention the human being who, in our criteria, is the most despicable, the one that least deserves our authentic love as we have just explained it. Let’s imagine a serial killer who has murdered our child. Let’s imagine that we can observe him from behind a glass window like those that the police have, one that to him looks like a mirror. Let’s imagine that we have a device that allows us to hear what he says. We are listening to him recount with pleasure how he murdered and quartered our child. And we feel horror, anguish and fury. Let’s imagine that the policeman comes out and a dog or that person’s favourite son goes in. Let’s imagine that from our Transformer which functions perfectly we capture greatness and devotion (real love) during five minutes, from what that assassin is doing with their dog or their child. Let’s imagine that we are fulfilled geniuses in that greatness that EXISTS and is being before our very eyes and ears. At that precise moment, we will feel proud of that execrable creature and love for him. Thus, the “when” will transcend our minor personal story. Now let’s imagine a more common and familiar example. Let’s imagine that our great love and wife falls in love with another man. For us that woman continues to be our great love. For her we are no longer hers. Let’s imagine the scene of her encounter with her new love as we observe behind the glass window through which we can hear. With our heart in tatters we are going to be able to assess the situation. Let’s imagine that our wife chose someone who genuinely loves her and that moreover deserves her love more than us, because of his greatness. Then we will feel love for that rival and joy for our wife, and peace. We will be less sad, because what we have lost, she, whom we love, gained. And we will encourage her with our blessing into the arms of the person who ceased to be a rival and became our master. And we will be close friends of the two of them. That is gaining access to the soul, and with it, to UNIVERSAL LOVE. When this occurs we grow and we start being real human beings. When this occurs we are always going to find something to admire and love in anyone, no matter how rotten they seem to be. When this occurs we are going to know, and that is joy, that that being, at some point (the when of eternity) and in some place (the where of infinity) will be what he was born to be. In other words, lovable, and we will love them for the GOOD! that they have and will have. We will wish for that moment to arrive as soon as possible for that person. That is what is called praying. And we will be left in peace. In other words, we will access the triad Orienter-joy-sex.
When we access this last triad, we will achieve the glory of PLENITUDE AS THE BASIC FUNCTION, AND SPIRIT AS THE TRANSCENDENT FUNCTION. The access to joy along the path that preceded it and that made it possible in this sequential process will be able to settle and consolidate in an explosion of serene and certain happiness. We are going to feel alive and in communion with all that is alive. The gratitude for being so (love) will take us to freedom (joy) and, with it, to the elevation that will emerge like a cry of hallelujah towards the entire universe and towards what we take to calling God, or universal intelligence, or natural order. Little does the name we give it matter. What is essential is to feel that all of that marvel has a purpose and is a gift. A gift for every living creature, for every mineral, for every plant, for every star. Then the exaltation of fission with the universe arises and the certainty of finding a first truth: we are in this world to feel happy and complete. In MAT, we call this certainty of finding answers and truths, spirit.
Then we will feel close to the great revealers and prophets that agreed to find answers in order to satisfy the spiritual peace and plenitude of human beings:
We will think of Jesus who introduced us to a God of love that leads us to the joy of resurrection and transforms us into a phoenix.
We will think of Mohammed who brought us a God of joy that leads us to safety and harmony.
We will think of Buddha who brought us a God of harmony that leads us to mental clarity and omniscience.
We will think of Zoroaster who brought us a God of intelligence and organisation that leads us to justice.
We will think of Mani who brought us a God of justice that leads us to creation and metamorphosis.
We will think of Moses who brought us a God of dignity and creation that leads us to universal love.
Then we may perhaps understand two things: that that liberation of the spirit can and should come from each and every one of our structures, our emotions and our senses; and that God, if he exists, can be perceived by all of those six dimensions of ours, but that the error was to create him in our image and likeness and not to position ourselves as creations of his, made in the image and likeness of six of his infinite dimensions. And, that, therefore, our life doesn’t end here, rather it starts here, because then, after our death, not only we will take with us those six immortal functions and energies, but also we will acquire other ones to be, this time, not only humans and mammals, but also more evolved and complete beings. Then we will realise that this same discourse is valid for any of us. An agnostic will call it evolution, which, just like what allowed us to step up from a monkey of five dimensions to a person of six, will take us to seven, and eight and so on to the end. An atheist will feel peace and sympathy, and admiration for the greatness of the human being, who does not need any magical and mysterious intervention, inexplicable for his intelligence, in order to be in plenitude. A religious person of any of the religions of the founders mentioned above will feel affinity and love and joy, with the certainty that, in each place, there are people like him at the same time as different, who follow the teachings of those great masters of humanity. And everything goes well in the best of all worlds when we all orient ourselves towards the finality and spirituality of all living beings.
That is how the visionary capability will arise that will convert us into strategists capable of capturing the totality of the environment in permanent but not unforeseeable change. And we can only capture it with the Orienter and joy. That way we will see future trends with total clarity and, as we confirm our correct forecasts, we will recognise the unexploited goldmine that we all have and which is the triad Orienter-joy-sex. As an example of this installed potency, we will refer the reader to the last chapter of this book.
We will find answers to all the “what fors” of existence, starting with the simplest and gaining access to the most hidden. What are we in this life for? Our answer, in MAT, is to change from person to individual and from individual to mammalian human being, and from mammalian human being to non-mammalian human being, in other words, completely free, happy and realised in the glory and the splendour. That is what we can answer. For now.
What does the unconscious exist for? For, at least, two things: to preserve truths and answers that we have not been capable of accepting without going crazy at the time and that remain there, at our disposal, so that we can find them as we grow. And to serve as an infallible compass, that we can use to orient ourselves in the knowledge of ourselves and of the universe.
But that is an illustration of answers of finality. Everyone will provide their own. We all have, at least, one existential question that we would like to answer. Ours was, aged three, why are the world and people upside down? And the answer was MAT, which emerged from our Orienter 33 years later. Every person has their question and their Orienter preserves it and sends it to them every day, every day. That is what we call vocation.
That way we will gain access to the golden light of the serene and tireless spirit, fast and accurate, which raises its upwards flight towards the skies and brings answers to our conscious mind. With this, not only do we elevate and transcend ourselves, but also we change. The values that we access then are faith, optimism, certainty and tenacity, a lot of tenacity, unfaltering, with no pressure on ourselves or on others.
Then we will fulfil the functions of the Orienter, which are those of clearing paths, finding truth, revealing, discerning, irradiating, elevating, experimenting fully, giving testimony, illuminating, changing the world and changing ourselves, renewing and renewing itself, planning strategically, flowing, enjoying.
And, when in periods of change, we give in to the false emotions that replace authentic joy, in other words superstition, nihilistic negativity, sacrilege, dogmatism, idolatry or dependence, we will know how to rectify and how to go back to enjoying and taking pleasure.
That way we will access the mastery and perfecting of the spirit, which we define simply as THE CERTAINTY OF FINDING (TRUTHS), and we will know firsthand the maximum hierarchy in the functions of the Orienter and joy.
Because this basis will already be consolidated, we will be able to access the next ladder, that of the Rector-fear-touch triad, which will offer us greater safety and harmony than we had at the outset, thus opening up another sequential process, on the path towards infinity.

The Splendour of the Human Being - Preciada Azancot

The Splendour of the Human Being – Preciada Azancot

An extract from the book “THE SPLENDOUR OF THE HUMAN BEING” by Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 19: NUESTRO SEXTO SENTIDO: EL SEXO

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Así como en las estructuras MAT la que más sorprende es el Orientador, a nivel del conocimiento de nuestros sentidos el que más asombra es el sexo, que, nadie antes del MAT había reconocido como sentido.

El sexo, hasta ahora, fue considerado un órgano del cuerpo que funcionaba según leyes misteriosas e inverificables, y no como un sentido coherente y de fácil y certero conocimiento que nos permitía acceder a la alegría y al conociendo del inconsciente y de lo trascendente.

En el MAT, el sexo es el sentido que relaciona el mundo psíquico interno y externo con el Orientador y con la alegría.

SISTEMA MAT DE PLENITUD - Preciada Azancot

SISTEMA MAT DE PLENITUD – Preciada Azancot

Es más fácil entender la relación entre estado de abatimiento o de confusión psíquica y sexualidad vital o deprimida que entender que el sexo es el sentido de la alegría y lo que nos permite cumplir las funciones de nuestro Orientador. Haremos, como siempre, algunos ejercicios para experimentar:

1) Imagina que tienes esa extraña enfermedad que anula todos tus sentidos y que te deja también el sexo completamente muerto e insensible. ¿Qué sientes? ¿Cómo será tu vida? ¿Qué sentido darás a tu vida?
2) Imagina ahora que tienes tus cinco sentidos anteriores, pero que tu sexo está muerto e insensible. ¿Qué sientes? ¿Qué emoción domina? ¿Cómo será tu vida? ¿Qué emoción es la que más echas de menos?
3) Imagina ahora que además de tus cinco sentidos tradicionales adquieres una especial sensibilidad y potencia sexual. ¿Qué sientes? ¿Qué emoción domina? ¿Cómo será tu vida?
4) Imagina ahora que te faltan todos tus sentidos, pero que tienes una especial sensibilidad y potencia sexual. ¿Qué sientes? ¿Cómo será tu vida?
5) Imagina que estás sólo en una playa, tendido sobre la arena y que surge a tu lado un ser humano desnudo y que encuentras bellísimo (a) y que se acerca a ti, sonriéndote. ¿Qué sientes? ¿Qué pasa en tu sexo? ¿Qué fantaseas?
6) Imagina que estás solo en una playa tropical, desnudo sobre la cálida arena, y que sale de un mar turquesa y calmo tu pareja ideal, desnuda. ¿Qué sientes? ¿Qué emoción domina? ¿Qué fantaseas?
7) Imagina que estás en una fiesta, que tomaste un trago o dos, y que asistes a un desfile de mujeres o de hombres bellísimos. ¿Qué sientes? ¿Qué emoción domina? ¿Qué fantaseas?
8) Imagina que estás sólo con tu gran amor, sobre una cama, que la (o) acaricias y que te acaricia todo el cuerpo. ¿Qué sientes? ¿Qué emoción domina? ¿Qué deseas hacer?
9) Imagina que estás sólo en un paisaje maravilloso y que tienes una experiencia trascendente de lo sagrado. Toma contacto con tu sexo. ¿Cómo está? ¿Has notado si se siente más vivo o más muerto?
10) Imagina que estás contento, vestido, paseando, que sientes tu sexo vivo, desplegado y húmedo. Llega alguien colérico y desagradable, que te mira de manera poco amistosa. Además es repugnante físicamente. ¿Qué sientes? ¿Qué emoción se ha cortado? ¿Por cual se ha reemplazado?
11) Imagina que te presentan a alguien que encuentras sexualmente muy atractivo(a). Imagina que habláis y que descubres que esa persona es espiritualmente repulsiva. ¿Qué sientes? ¿Qué variación ha habido en tu sexo? ¿Qué deseas hacer con esa persona?

Como en la tanda de ejercicios anteriores, estos ejercicios, si se hicieron a conciencia y sin prejuicios, han debido hacerte descubrir la innegable relación que existe entre el sexo y la alegría. Lo que tal vez aún no quede claro es la relación del sexo con las funciones del Orientador.
Recordemos, ante todo, las funciones del Orientador: abrir caminos, encontrar la certeza de la verdad, revelar, atisbar, irradiar, elevar, experimentar integralmente, dar testimonio, iluminar, cambiar, renovar, planificar, fluir, disfrutar. Ya hemos visto en la parte anterior de esta obra que era imposible hacer bien todo ello sin alegría, y que la alegría era la energía natural del Orientador. Ahora te toca imaginar y fantasear sobre cómo harías todo ello con un sexo sensible y potente y cómo lo harías si estuvieras castrado(a). ¿Qué descubres? ¿Qué funciones te parecen más relacionadas con el sexo? ¿Qué funciones aún no descubriste que sí lo están? ¿Prometes meditar sin prejuicios, sobre ellas?
Al igual que en los casos anteriores, la alegría tiene su color y da energía y potencia al Orientador. Aquí se trata de la ENERGÍA AMARILLA Y SOLAR DE LA ALEGRÍA. El amarillo es el color de la alegría y el que más y mejor despierta el sexo auténtico, y no el rojo como siempre se había creído hasta entonces. El rojo despierta la rabia y la vitalidad y aleja del sexo que no surge del amor naranja. Por eso en los burdeles se emplea el rojo y no el amarillo. Allí no se va a hacer el amor sino a fornicar, y para ello, nada mejor que la rabia. Luego se extrañan de quedar tristes y sin alegría.
Hay un relación estrecha entre la alegría y el color amarillo, en toda su gama cromática. Las personas muy positivas, emprendedoras y alegres se inclinan por el amarillo, tanto en su vestimenta como en la decoración y adornos de su espacio.
Cuando queremos alegrarnos, un fondo amarillo o una prenda de este color nos devuelve la alegría y la estimula. ¿Y que decir del oro, que es el metal más emparentado a la alegría del fasto, de la abundancia, de la riqueza, todo ello sinónimo de alegría?
En la sanación, el amarillo ejerce un gran poder para ponernos positivos. Influye particularmente sobre la sanación de la sexualidad, ya sea por exceso o por defecto, sobre el páncreas y sobre los pulmones.
Por lo contrario, es un color que conviene evitar en personas hiperactivas y fantasiosas, así como en las mágicas.
Imagina ahora, meditando, que por tu sexo entra una gran energía amarilla que penetra en todo tu cuerpo. Al cabo de dos minutos, intensifica el amarillo en tu sexo, en tu sistema reproductivo, en el páncreas, en los pulmones y en el espacio de la frente, y entre tus cejas, que está entre tus dos ojos. Visualízate, con los ojos cerrados, dentro de cinco años, de tres años, de un año. ¿Qué descubres?
A continuación presentamos a modo de recordatorio las relaciones entre estructuras, emociones y sentidos:

Ahora sí que tenemos todo el inventario de tesoros con los que nacimos, todos, por el simple hecho de ser humanos. Ahora SÍ PODEMOS CONOCER EL FUNDAMENTO BÁSICO DEL MAT: LA INGENIERÍA SENSORIAL Y EMOCIONAL DE LA ESTRUCTURA UNIVERSAL HUMANA.

¿Qué emociones tener frente a esa maravilla? Todas, por supuesto, con una muy dominante: la alegría. La alegría estalla, auténtica y pura, frente a un regalo, y, más aún, frente a un milagro. Sin extendernos, nos limitaremos a formular dos preguntas: ¿Hay regalo mayor que poseer toda esa estructura, todas esas emociones y todos esos sentidos? ¿Hay milagro mayor que experimentar que todo ello está vivo, al mismo tiempo, y que funciona?

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot