EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 14: NUESTRA CONEXIÓN CON EL MUNDO

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Ya conocemos, al menos desde un aspecto de iniciación resumida, nuestra estructura humana universal y también nuestra energía disponible para poner en marcha esta estructura, es decir nuestras seis emociones auténticas innatas. Pero aún no podemos hablar de ingeniería estructural. Falta el conocimiento de una tercera dimensión: el conocimiento de nuestros seis sentidos.

Nuestros sentidos son nuestras antenas al mundo. Las que nos permiten captar la realidad de nuestro entorno y responder ante ese entorno. Nuestro cuerpo es el receptáculo del universo.
El MAT considera seis sentidos: tacto, oído, olfato, gusto, vista y sexo. Cada sentido es una antena especializada en el funcionamiento de una de nuestras seis estructuras y en una de nuestras seis emociones.
Estos descubrimientos nuestros han sido comprobados científicamente en nuestras investigaciones hospitalarias durante tres años a tiempo completo en el Hospital de la Princesa de Madrid.
En esta obra no mencionaremos la parte técnica ni mecánica de los sentidos, sino sus funciones exactas en el funcionamiento de nuestra estructura de personalidad. Dejaremos el aspecto técnico a investigadores más calificados que nosotros.
El MAT muestra que cada uno de nuestros seis sentidos es una antena especializada que capta toda la información y los estímulos necesarios para poner en marcha una de nuestras estructuras. Una sola. Cuando falla un sentido, afecta a la estructura y a la emoción correspondiente. Y cuando falla la emoción y afecta a la estructura, falla el sentido correspondiente.
El ser humano es un ente sensible porque tiene seis sentidos. No porque tiene emociones. La emoción es la energía interna que hace funcionar la estructura. El sentido es la instalación externa que nos permite captar la totalidad de la realidad accesible al ser humano. Los sentidos captan estímulos y nos dan cuenta de parte de la realidad total en la cual estamos inmersos. Nuestros sentidos son instalaciones maravillosas y, también, muy limitadas. Sin embargo, si los ponemos a funcionar plenamente, descubriremos un mundo extraordinario.
Al igual que, como ya vimos, no hemos descubierto ni educado nuestras estructuras y nuestras emociones, tampoco hacemos nada por afinar y usar nuestros sentidos. Si lo hacemos, descubriremos un universo de sensibilidad maravillosa. Al igual que usamos una capacidad mínima de nuestra estructura y de nuestras emociones, somos también subdesarrollados en el uso y manejo de nuestros sentidos.
Nuestros sentidos provienen todos de nuestro Vitalizador. Recordemos que una de las funciones de nuestro Vitalizador es la de repartir, para que la justicia reine y que cada estructura dé lo mejor de sí y crezca hasta límites infinitos. Cuando somos un embrión de un día, ya nuestro Vitalizador hace la repartición especializada. Por lo tanto, si nacemos con un sentido que falla esto se debe un poco a un fallo del Vitalizador y mucho a un fallo de la estructura correspondiente.
Nuestros sentidos son incompletos y limitados. Todos sabemos que, sobre la tierra, hay animales que tienen, alguno de sus sentidos, infinitamente más desarrollados y potentes que los nuestros. Para dar un ejemplo sencillo sabemos que un perro tiene un oído capaz de oír perfectamente los ultrasonidos, mientras que el nuestro es enteramente sordo en ese aspecto. Un perro tiene un olfato capaz de recordar un olor durante años y capaz de seguir la pista y el rastro de un animal o de un humano durante kilómetros y después de días. Hay animales capaces de ver lo absolutamente invisible por nosotros. Sin embargo, para las funciones que un ser humano ha de desempeñar, nuestros sentidos tienen una potencia y un alcance más que suficiente. Ojalá, como para el resto de nuestros tesoros estructurales y emocionales, seamos capaces algún día de usarlos y de disfrutar de ellos a plenitud.
Examinemos ahora cada uno de nuestros sentidos y su función en nuestra ingeniería estructural.

I. EL TACTO:
El tacto es el sentido más extenso y grande del cual disponemos. Cubre toda nuestra piel. La piel cubre todo nuestro cuerpo. El tacto cubre también nuestras mucosas exteriores. No entraremos, como ya dijimos, en ninguna consideración anatómica, materia en que somos totalmente ignorantes y que, además, sería tema de futuros desarrollos e investigaciones de especialistas. Nos vamos a limitar a la mera ingeniería estructural, que es el MAT.
El tacto está relacionado con nuestro Rector y con el miedo auténtico y es la antena responsable de favorecer y garantizar nuestra seguridad y nuestra armonía.

SISTEMA MAT DE SEGURIDAD - Preciada Azancot

SISTEMA MAT DE SEGURIDAD – Preciada Azancot

En efecto, si hacemos unos simples ejercicios de imaginación, captaremos plenamente la certeza de nuestro descubrimiento:
Imaginemos que estamos totalmente desollados, despellejados. Si cerramos los ojos y nos imaginamos sin piel, caeremos inmediatamente en el terror. Nada nos podría, ni tan siquiera, rozar. El tacto es el sentido garante y guardián de nuestra seguridad.
Gracias a nuestro tacto podemos evitar todos los peligros del entorno antes de que sea demasiado tarde: sabemos lo que está cálido es agradable y lo que está ardiendo y puede destrozar nuestro sentido. Sabemos lo que está helado para soltarlo a tiempo y no gangrenarnos. Sabemos lo que está hecho para confortarnos y no picar o arder. Sabemos distinguir lo que es suave y acariciable de lo que es rugoso, áspero y rechazable. Sabemos lo que es duro y lo que es blando. Lo que es seco y lo que es húmedo. Lo que nos puede dañar y lo que nos puede gustar. Lo que está sano y lo que está descompuesto. Lo que está duro y lo que está maduro. Y, sobre todo, para el correcto funcionamiento de los ejes, lo que es existente y lo que no lo es.
Si ustedes nos lo permiten, vamos a redactar algunos ejercicios que les harán experimentar los descubrimientos del MAT, dirigiéndonos, en primera persona a cada uno de ustedes para que puedan seguir paso a paso los ejercicios en un diálogo personalizado: tú-yo.

1) Imagina que has contraído una extraña enfermedad que te deja sin ninguno de tus sentidos: sin tacto, sin oído, sin olfato, sin gusto, sin vista y sin sexo. ¿Cómo te sientes? ¿Cómo eres hoy? ¿Qué sabes? ¿Cuál es tu universo? ¿Qué piensas hacer acerca de tu futuro?
Haz ese ejercicio con un amigo y compara vuestras reacciones, creencias y decisiones.
2) Ahora tienes sólo tacto: explórate, explora tu mundo. ¿Qué sabes? ¿Qué sientes? ¿Qué posees? ¿Qué piensas hacer?
3) Ahora tienes tus seis sentidos: toma contacto con tu piel. Tu piel es tu coraza sensible ¿Lo percibes? ¿Percibes que, además de sensible es reactiva? ¿Qué emoción es la que domina en ti?
4) Ahora cierra los ojos y toma contacto con cada parte de tu cuerpo, con la piel que recubre cada parte de tu cuerpo. Comienza por la cabeza y ves bajando hasta los dedos de los pies. ¿Qué has sentido? ¿Has sentido hormigueos, frío, calor en algunas partes más que en otras? Anota tus descubrimientos.
5) Con unos amigos que acepten hacer este ejercicio contigo y se sitúen detrás de ti, a tu espalda: cierra los ojos y pide a cada uno que haga, por turno, el mismo ejercicio contigo sin decirte su nombre ni identificarse de ningún modo. Cada uno se deberá acercar por detrás y situar su mano a unos diez centímetros de tu nuca. Cuando todos pasen, identifica con qué número o números has percibido más o menos sensaciones y si esas sensaciones fueron agradables o amenazantes.
6) De la misma forma que en el ejercicio anterior pide a cada uno, sin que se identifique, que te toque la nuca, la espalda y los riñones. Compara tus sensaciones con cada uno de tus amigos y verifica si las sensaciones agradables o desagradables se dan con las mismas personas que en el ejercicio anterior.
7) Ahora imagina que tienes tus sentidos pero que te falta el tacto. De entre las funciones de tus seis estructuras (Seguridad, Desarrollo, Justicia, Estatus, Pertenencia, Plenitud) ¿Cuál es la que más te falta? Si has elegido la plenitud, ¿cuál es la que viene a continuación?
8) Ahora imagina que estás desnudo e inmovilizado en posición horizontal, tendido (a) en el suelo. Imagina que te vendan los ojos y que hacen recorrer tu cuerpo por ratas, serpientes, sapos y gusanos. ¿Qué descubres? ¿Cuál es tu emoción dominante? ¿Qué estructura desearías poner en juego para detener ese suplicio?
9) Ahora rodéate de varios objetos de texturas diferentes, cierra los ojos y pide a tu compañero de ejercicios que te acerque cada objeto sin decirte cual. ¿Qué descubres? ¿Qué tipo de objetos identificas mejor?
10) Ahora imagina que sientes miedo, mucho miedo. ¿Qué es lo que más necesitas para acceder a una mayor seguridad? ¿Que te toque alguien en quien confías? ¿O prefieres que te miren, te huelan, te chupen, te oigan o te penetren sexualmente?

Si hemos hecho bien los ejercicios, descubriremos la absoluta relación entre la piel y el tacto con el miedo auténtico. Y, también con una estructura muy en particular: con el Rector. En efecto, nuestra piel es nuestra única coraza de seguridad, la que nos permite alejarnos de lo peligroso y dañino y acercarnos a lo seguro.
Cuando nuestro Rector funciona alimentado por miedo auténtico, sabemos, a distancia, percibir que una persona o animal peligroso se acerca, porque nuestra nuca, nuestra espalda y nuestros riñones están más especializados que el resto de nuestra piel para garantizarnos la seguridad.
Sabemos, con sólo mirar la piel de otra persona, si esa persona es tóxica o atractiva y segura.
Sabemos, con sólo estrechar la mano de una persona, si esa persona es segura o no.
Sabemos que cuando tenemos miedo sudamos, y reconocemos ese miedo, las más veces inflado, en la tersura o humedad de la mano que estrechamos.
Sabemos, en el eje miedo- orgullo, que cuando tenemos las manos sudadas tenemos miedo y que cuando sentimos orgullo la piel es cálida y seca. Y sabemos detectar esas dos emociones en la piel de los demás.
Ahora bien, hay un abismo entre tocar y palpar. Cuando tocamos estamos utilizando nuestro tacto, nuestro miedo y nuestro Rector de manera mecánica, devaluada y superficial. Cuando palpamos y nos concentramos en esa tarea preciosa, milagrosa, sabemos detectar todos lo matices de la auténtica seguridad. Percibimos nuestro contacto con el dónde de las cosas. Entramos más y mejor en nosotros mismos y diagnosticamos mejor lo ajeno. Por eso los bebés acarician su osito preferido o un trozo de cobija o de almohada para sentirse más seguros.
Es increíble darse cuenta de cómo nuestra capacidad más alta rectora, la de diagnosticar y la de detectar la armonía, crece y se afinca si nos ejercitamos a palpar cosas, personas y a nosotros mismos. Vale la pena ensayarlo.
Al igual que cada una de las seis emociones, el miedo tiene su color relacionado que lo expresa mejor y que esa emoción se introduce en nuestro cuerpo por su sentido correspondiente cuando llega cómo estímulo del entorno. EL COLOR DEL MIEDO ES EL MORADO.
Hagamos un último ejercicio: Cierra los ojos y visualiza que una gran energía morada o violeta se introduce por todos los poros de tu piel y llena tu cuerpo. Deja penetrar y actuar esa gran energía dentro de ti durante tres minutos. Antes de abrir los ojos, haz que el color se vuelva más denso y fuerte, más oscuro también, en tu nuca, tu espalda y tus riñones. Abre los ojos y verifica cómo te sientes.
Si ese ejercicio se realizó bien, estarás sintiendo mayor seguridad, mayor armonía y confianza en ti. Haz ese ejercicio cada vez que necesites fortalecer tu Rector y conectar a éste tu miedo auténtico para lograr mayor seguridad.
Podemos verificar la gran y estrecha relación que existe entre el color violeta, en toda la gama que va desde el morado hasta el lila, con el miedo y su función, la seguridad. El violeta es la expresión del miedo y de la seguridad en la gama cromática. Para verificar eso, podemos hacer varios ejercicios, como son el de tapizar o pintar una habitación de color violeta cuando lo que se quiere reforzar es la sensación de seguridad, ponernos una prenda de vestir morada cuando tenemos miedo y ver si accedemos a una mayor seguridad, rodearnos de objetos de uso diario de color violeta si notamos que nuestro fallo estructural está en el Rector o si necesitamos conectar mejor el miedo. Funciona. Nosotros, en nuestros seminarios, hemos podido comprobar el gran efecto benéfico del color violeta sobre el funcionamiento del Rector, sobre la conexión con el miedo auténtico y sobre la mejora de enfermedades de la piel, del pulmón y de los nervios.
Además hemos hecho una profunda investigación sobre el uso de los colores preferentes de los grandes pintores en función de su estructura de personalidad y de su funcionamiento tipológico emocional. Sin saber todo esto que estamos desvelando, buscamos colores específicos según nuestro estado de ánimo para vitalizarnos.
Y, por fin, hemos podido comprobar que las personas que carecen de miedo auténtico soportaban sin reaccionar contactos avasalladores e invasores y los actuaban avasallando a los demás, mientras que las que tienen esa emoción exaltada son recelosas y rechazan los toqueteos. Hemos podido comprobar que cuando se conectaba bien el miedo los problemas de piel desaparecían.
Un buen ejercicio de meditación sería hacer penetrar por todos los poros de tu piel una gran ENERGÍA VIOLETA DE SEGURIDAD y conservarla dentro de ti dos minutos. Al tercer minuto, densificar e intensificar el color en tu nuca, espalda, riñones.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot
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