Archivo diario: 17 noviembre, 2014

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 32: LA INCIDENCIA DE LAS TIPOLOGÍAS SOBRE EL MUNDO

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Ya vimos las razones por las cuales todos los seres humanos tenemos una tipología; porque somos mamíferos. Mientras tengamos una tipología, por más conectada, hiperconectada, culminada o consagrada que ésta esté, vamos a tener una visión del mundo y de la vida distorsionada. Si estamos por debajo de la conexión, sentiremos, como el arquetipo que hemos elegido como rector de nuestra vida, una emoción hinchada, una emoción desconectada que se transformará en agresividad contra nuestro propio talento, y una emoción prohibida que se convertirá en fobia contra nuestra propia vocación y contra el sentido de nuestra vida, o al menos, contra el sentido que debemos darle, provisionalmente y con mucho sentido del humor, para salir de nuestra tipología. En el mundo, ya lo vimos también, el 98% de las personas están en esa situación: por debajo de la conexión. Y esas personas piensan, viven, se manifiestan, sueñan, crean organizaciones y obras, elaboran filosofías, ideologías, religiones, interpretan la historia y crean materias que se estudian en las universidades. El ser humano desconectado crea un mundo que confunde con el mundo real. Crea su mundo distorsionado, al cual le intenta encontrar sentido. Sentido al menos para tener ganas de seguir en él; el ser humano crea un mundo para encontrarse a sí mismo y resolver sus contradicciones.

Teoría Omega del MAT - Preciada Azancot

Teoría Omega del MAT – Preciada Azancot

El MAT aporta, como ciencia, básicamente dos cosas: un instrumental para crecer indefinidamente -y encontrar en ese crecimiento cada vez más seguridad, desarrollo, justicia, estatus, pertenencia y plenitud, y, también y sobre todo, más armonía, claridad, corporalidad, metamorfosis, alma y espíritu- y un instrumental para analizar la realidad y transformarla en lo que puede llegar a ser.
El crecimiento es infinito por definición, aunque el narcisismo de los seguidores de los seres más crecidos haya intentado, una y otra vez, transformar esa realidad y ese testimonio y esa potencialidad que todos tenemos, en ideologías y en religiones. Al hacerlo, degradaron la estatura del ser crecido que les hubiera podido servir de guía hasta convertirlo en ídolo capaz de competir con sus ídolos domésticos; y el testimonio de un camino orgánico y natural que debería estimularnos, en dogmas y corsés que impiden alcanzar y superar la talla del mencionado ser crecido. Claro que también están los seres más degradados, los disociados, que configuran el 3% de la población, enloquecidos por el fenómeno psíquico de “posesión” por su arquetipo, y que encuentran, también una y otra vez, seguidores amargados y resentidos dispuestos a sacrificar su vacía y pobre vida por ellos. Lo cual equivale a decir sacrificar la vida propia por el ídolo omnipresente del disociado en cuestión. Pensemos por ejemplo en fenómenos sociales tales como el nazismo, el mesianismo de Sabbatái Tseví, el estalinismo, la inquisición española, o la organización Al Qaeda. Y no hablaremos de los psicópatas que han creado sus aberraciones asesinas, y, a veces, sus organizaciones, y que estudiaremos en otra obra posterior.

El crecimiento es infinito, aunque al final de cada proceso, al menos al inicio del camino, tengamos la impresión de que ya no hay nada más después. Pecamos al comienzo por ingenuidad y nuestro entorno puede entonces perfectamente cogernos desprevenidos y colocar el listón de parada que, si se convierte en norma, puede arrastrar a los peores a fabricar de nuevo una ideología o, peor, una religión. Una religión o una ideología, para el MAT es un listón de parada obligada para los que las siguen. Cualquiera que sea la altura en la cual se coloque el listón.

El crecimiento es infinito y lleva a perder la tipología por completo, y eso no es el final del camino. Es una meta para los mamíferos que somos. Entonces empieza la verdadera aventura, aventura exaltante de vivir la vida de un ser humano normal. Y el camino sigue y sigue sin fin. Eso no es prodigio. Es normalidad, organicidad. Cada uno llega hasta donde quiere y puede llegar, lo que no significa en absoluto que el camino termine allí. Significa que una persona o que un ser humano, con nombre y apellido, llegó hasta allí.
En una obra posterior escribiremos sobre el camino, los caminos. No todo el camino posible, claro está, sino el que ya experimentamos sobre nosotros mismos y sobre las personas que están creciendo, con o sin nosotros, o han crecido antes de nosotros llegar al mundo. Al menos tenemos claro la vía para salir de la tipología, lo que no es poco.

En este capítulo hablaremos del aspecto instrumental para analizar la realidad que el MAT ofrece. Nos referiremos tan solo a una parte pequeña, pero decisiva, de esta realidad: las organizaciones. Y ello por dos razones: porque es lo más urgente y decisivo para empezar a transformar el mundo en lo que puede llegar a ser, y porque estamos en un momento histórico en el cual la persona está en el centro de interés y lo seguirá estando durante un siglo. Y también, claro está, porque es lo más impactante y fácil para una primera aproximación al MAT, objeto de esta obra.

I. LAS TIPOLOGÍAS DE LAS ORGANIZACIONES:
Las organizaciones, llámese éstas pareja, familia, empresa, asociación, estado, grupo de estados o mundo, tienen todas una tipología de personalidad y, eso, por varias razones: las organizaciones son creaciones de personas, están creadas con una finalidad, y esa finalidad tiene varias funciones. Veamos:
La organización, creación humana:
Como seres humanos, tenemos todos en nuestra estructura un Socializador que nos habilita para funcionar en sociedad. Funcionar en sociedad es, a la vez, una necesidad y una habilidad de cada persona. Nuestro Socializador nos permite hacerlo para desarrollar todas las funciones del Rector y del Protector y como necesidad para cultivar nuestra alma y la armonía que garantiza el orden de estar en sintonía con nuestra naturaleza septidimensional. Que esté solo o acompañado, el ser humano funciona para estar en relación. En relación consigo mismo, con los demás y con su Centro. Para cualquiera de esas facultades, la persona necesita una organización. Si hubiéramos nacido para estar aislados y solos, nos podríamos reproducir a solas con nosotros mismos. Aún así, nuestra séptima estructura, el Centro, nos abocaría a una relación con el aire, con las plantas, con los animales y con otros seres como nosotros. Porque conocer al entorno en el cual estamos inmersos, es un instrumento privilegiado para conocernos más y mejor a nosotros mismos.
Como creación de la persona, la organización es un ente que tiene su personalidad, pues está hecha a imagen y semejanza de sus fundadores y de los sucesores de éstos.
Si esto fuera tan sólo así, las organizaciones tendrían una personalidad múltiple: la de sus fundadores. O la de personas con carisma que vengan a liderizar estas organizaciones.
Pero la organización es creación de personas que tienen todas su estructura de personalidad de siete dimensiones y éstas tienen aspiraciones y motivaciones humanas de seguridad, desarrollo, justicia, estatus, pertenencia y plenitud que desean realizar a través de sus creaciones, es decir, en este caso, de las organizaciones que crean.
No todos los fundadores tienen las mismas motivaciones y algunos crearán sus organizaciones con la finalidad de conseguir seguridad, otros desarrollo, otros justicia, otros estatus, otros pertenencia, otros plenitud. O las seis metas. O siete metas si tienen las seis aspiraciones trascendentes. Ya sea por exigencia del fundador de más peso y carisma o ya sea por consenso, los fundadores van a privilegiar una de sus necesidades o motivaciones. Esta se convertirá en la vocación de la organización y, con ello, la organización tendrá una tipología de personalidad cuya competencia estará en la emoción anterior en la secuencia. Por ejemplo, si la vocación es la justicia, la competencia estará en el desarrollo. Y el talento en el estatus, y tendrá una tipología de personalidad Constructora. Su grado de evolución estará evidenciado por su fase tipológica. Al igual que para las personas.
Conocer la tipología de una organización es una tarea igual de fácil que la de conocer la tipología de una persona. En nuestra labor de consultores especializados en diagnósticos de organizaciones y en planificación estratégica de sus procesos de cambio, hemos creado múltiples herramientas que nos permiten diagnosticar certeramente la tipología de personalidad organizacional. Compartiremos en esta obra algunos instrumentos básicos de diagnóstico tipológico organizacional a título casi anecdótico, pues el conocimiento y manejo del instrumental requiere un tiempo y un espacio que desborda el objetivo de esta obra.
Hace treinta años, hablar de personalidad de una organización era visto como una elucubración delirante. Hoy todos los estudiosos, lectores y clientes de consultores que se dedican a diagnósticos de organizaciones ya comparten la certeza de que una organización tiene una personalidad, un sistema de valores que se expresa en su cultura, unos puntos fuertes y débiles estructurales y emocionales, y hasta un alma. Hoy el tema del alma de la organización está de moda. Aún no se admite que la organización, al igual que una persona, tiene también su espíritu. Sin embargo, todos los sociólogos e historiadores han mostrado cómo una organización podía demostrar la calidad de su espíritu, pensemos en un sólo ejemplo, el de la guerra de Vietnam, donde se pudo comprobar, una vez más, que un pequeño pueblo mísero podía derrotar al estado más desarrollado y militarizado del planeta. Vietnam, país Reactivador, se creció con un líder Legislador conectado como Ho Chi Min y derrocó al titán Revelador que es Estados Unidos de América. La historia está plagada de ejemplos similares que nos alertan para que podamos entender la fuerza del espíritu, desde la noche de los tiempos. Ninguna evolución sería posible sin él. pues el ser humano debe tener un atisbo de finalidad, de un para qué hacer las cosas para poder avanzar.
La organización, instrumento de finalidades:
Cuando creamos una organización, lo hacemos con, al menos, una finalidad. Así creamos parejas, familias, empresas, asociaciones, estados, o grupos de estados. Obviamente, no hemos creado el mundo, pero al convertirlo en una organización, le hemos dado también una tipología.
Cuando nos casamos o nos unimos a una pareja estable, decidimos fundar una familia y nace así una organización con su tipología. Algunos de nosotros crea una familia como medio para alcanzar la seguridad, otros el desarrollo, otros la justicia, otros el estatus, otros la pertenencia y otros la plenitud, y por eso no todas las familias tendrán la misma tipología. Existirán familias de cada una de las seis tipologías “normales”, pero también, en mucha menor medida, en ínfimas proporciones, existirán familias de tipologías psicopáticas que no estudiaremos en esta obra.
La gente de la calle no se reúne para decidir qué finalidad básica, ni menos aún trascendente, quiere conseguir al fundar una organización. Dicen que se casan para fundar una familia y tener hijos, que fundan una empresa para ganar dinero, que crean una asociación para fomentar una actividad o una función, que crean un estado para diferenciarse de sus vecinos, que crean una asociación de estados para organizar mejor sus recursos, y todos pelean por construir un mundo donde triunfen las seis motivaciones humanas. Si esto fuera tan sencillo todas las familias serían Reactivadoras, todas las empresas serían Constructoras, todas las naciones serían Reveladoras, todos los grupos de estados serían Legisladores y el mundo sería Fortificador. No es este el caso. Hay una razón que pesa más que la voluntad consciente, al menos en la gente con tipología, es decir en todas. Lo que más pesa es la finalidad inconsciente, pues así el ser humano reproduce la historia de su propia gestación e intenta encontrar una ayuda para autorrealizarse y triunfar sobre su pequeña historia personal y, también y sobre todo, encontrar un sentido y una guía para comprenderse, para conocerse, para evolucionar y trascender. Por ello, la tipología de nuestras organizaciones tiene más peso que las de las personas que las conforman. Nosotros verificamos esa realidad una y otra vez, tanto en nuestra labor docente como en consultoría organizacional.
La función trascendente de las organizaciones:
El aspecto que condiciona con mayor peso la tipología de una organización no será la tipología de personalidad de su fundador, no será la necesidad concreta y explícita de sus creadores (como fabricar pan, por ejemplo), no será su finalidad básica consciente. Será su finalidad última inconsciente. Por ello, la consultoría tradicional se estrella una y otra vez cuando confunde las declaraciones explícitas de los fundadores – véase “misión” de la empresa, valores de la empresa, organización, competencias, fortalezas y debilidades- con la realidad viva de la organización actuante.
Esta afirmación, que parece tan complicada, y que lo podría parecer, convierte la detección de la tipología en materia reservada a grandes analistas de la realidad inconsciente del ser humano, haciendo así retroceder el listón de lo alcanzable, es y demuestra ser lo contrario: conocer la tipología de una organización es tan sencillo como conocer la de una persona, y, además, obedece a las mismas leyes. El ser humano reproduce la historia de su gestación cuando crea organizaciones y toda clase de obras, por lo demás.
En efecto, ya lo vimos, el embrión humano tiene como finalidad ser de su Centro, luego el feto desea tener un Centro, luego pierde el Centro, luego se aferra a los ejes, luego pierde los ejes y luego pierde la secuencia. Y nace con su tipología conectada. Una persona conectada es idéntica a un bebé de un día de nacido, en lo que a potencia de instalación útil se refiere. Considerar la conexión como el final del camino equivale entonces a considerar que todos los humanos hemos nacido para morir con un sólo día de vida. ¿Es esta la verdad?
La creación de una organización tiene como vocación hacernos avanzar en el proceso de conexión, de hiperconexión, de trascendencia o más, que pretendemos en realidad lograr. Y esos sueños son, por lo general, inconscientes. Hay seres que, al fundar su organización, aspiran a conectarse, otros a trascender, otros a avanzar hasta fases mucho más altas, que, como no hemos analizado y ni siquiera mencionado, no consideraremos aquí. Cuando, aun conociendo y manejando el MAT, una persona corriente desea conseguir un objetivo, pongamos por caso la pertenencia, y desea fundar una empresa cuya tipología se aboque con la mayor frecuencia al amor, no va a conseguir tener una organización Reactivadora sino Promotora o Legisladora; en más contadas ocasiones, Reveladora; en excepcionales casos, Constructora. Porque la tipología Promotora representa, para la tipología Reactivadora, la conexión, la Legisladora la trascendencia, la Reveladora una fase aún más remota y elevada, de la cual no hemos hablado, y la Constructora una fase aún más remota.
La razón de ello está en la naturaleza de nuestro Orientador, que tiene como función básica la de elevarse y captar nuestra nutrición espiritual, lo que nos aporta la plenitud y eleva el espíritu, haciéndonos avanzar en el acceso a la verdad. Y nuestro Orientador siempre está buscando una verdad superior a la que, en cada momento, podemos captar concientemente. Se adelanta, por lo menos, una fase más que nuestra realidad histórica. Por ejemplo, un Constructor desconectado, es decir en fase Legisladora, si es un gran miope espiritual, soñará con su preconexión Fortificadora y creará una organización Fortificadora para que ésta lo ayude a realizarse mejor. Sólo los grandes narcisistas crean organizaciones de su propia tipología, pues se consideran el comienzo y la finalidad de todo lo creado o por crear. Los demás, si funcionamos moderadamente bien, crearemos una organización de la tipología que nos conecta, si funcionamos aún mejor, una organización que representa la trascendencia y si somos muy altruistas y espirituales crearemos a nuestra pareja cósmica. Los idealistas puros y duros crearán una organización que se presenta como nuestra disociación pero que en fases muy avanzadas de crecimiento se revelarán como nuestro complemento ideal para formar equipo.
Sentadas estas bases, vamos a continuación, a compartir un instrumental básico para detectar la tipología de las organizaciones.
La tipología de las organizaciones:
Cuando describimos el temperamento de las naciones, solemos decir que los franceses son prepotentes, elegantes, amantes del buen yantar y chovinistas, que los alemanes son trabajadores, organizados y amantes de la cultura aunque cuadriculados, que los españoles son revoltosos, alegres, protestones y creativos, que los ingleses son reservados, intimistas, sobrios y aislacionistas, que los holandeses son humanistas, acogedores y cordiales. Vale decir que vemos con facilidad, no más familiarizarnos con el MAT, que Francia es Legisladora, Alemania Constructora, España Reveladora y Holanda Reactivadora. Y si nos ponemos a analizar a esos países comparando nuestra primera impresión con los detalles del retrato MAT de estas tipologías, ratificaremos esos diagnósticos y hasta lograremos detectar la fase de evolución tipológica en la cual está cada uno de los países antedichos.
Diagnosticar la tipología de un país sigue las mismas pautas que la de diagnosticar la de una persona: Primero hay que detectar qué estructura es la más actuante. En segundo lugar deberemos confirmar que la emoción dominante es la que normalmente energetiza la estructura inflada detectada. No tendremos la ayuda, al menos a primera vista, de confirmar nuestras percepciones, visuales, auditivas, olfativas, gustativas, táctiles y sexuales con un retrato robot, pero si profundizamos mínimamente en la cultura, la cocina, la estética, el paisajismo, la historia, la filosofía y la lingüística o filología de cada país, verificaremos con creces que las percepciones primeras se ven confirmadas y detectaremos la tipología y la fase de evolución nacionales con toda comodidad.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot
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THE SPLENDOUR OF THE HUMAN BEING, fascicle 32: THE INCIDENCE OF THE TYPOLOGIES ON THE WORLD

An extract from the book “THE SPLENDOUR OF THE HUMAN BEING” by Preciada Azancot
©Preciada Azancot

We already saw the reasons why human beings have a typology: because we are mammals. As long as we have a typology, no matter how connected, hyper-connected, culminated or consecrated it may be, we are going to have a distorted vision of the world and of life. If we are below connection, we will feel, like the archetype we have chosen to govern our life, an inflated emotion, a disconnected emotion which will become aggressiveness towards our own talent, and a prohibited emotion that will become a phobia against our own vocation, and against the meaning of our life, or at least, against the sense we ought to give it, provisionally and with a good sense of humour, in order to leave our typology behind. In the world, we already saw too, 98% of people are in that situation: below connection. And those people think, live, express themselves, dream, create organisations and works, draw up philosophies, ideologies, religions, interpret history and create subjects that are studied in universities. The disconnected human being creates a world that he confuses with the real world. He creates his distorted world, which he tries to make sense of. Sense at least to want to remain in it; the human being creates a world in which to find himself and resolve his contradictions.

MAT Omega Theory - Preciada Azancot

MAT Omega Theory – Preciada Azancot

MAT, as a science, provides basically two things: a set of tools for growing indefinitely – and finding in that growth increasing safety, development, justice, status, belonging, and plenitude, and, also and above all, more harmony, clarity, corporality, metamorphosis, soul and spirit – and a set of tools for analysing reality and transforming it into what it can be.

Growth is infinite by definition, although the narcissism of the followers of the most grown has attempted, time and again, to transform that reality and that testimony and that potentiality that we all have, into ideologies and religions. In doing so, these followers degraded the stature of the grown being that could have served them as a guide, until transforming him into an idol capable of competing with their domestic idols; and the testimony of an organic and natural path that ought to stimulate us, into dogmas and straightjackets that prevent us from reaching and surpassing the stature of said grown being. Of course there are also the most degraded beings, the dissociated people, who form 3% of the population, driven mad by the psychic phenomenon of “possession” by their archetype, and who find, time and again also, embittered and resentful followers prepared to sacrifice their empty and poor lives for them. Which is equivalent to saying sacrificing their own life for that of the omnipresent idol of the dissociated person in question. Let’s think for example of social phenomena such as Nazism, the Messianism of Sabbatai Sevi, Stalinism, the Spanish inquisition, or the organisation Al Qaeda. And we won’t mention the psychopaths who have created their criminal aberrations and, sometimes, their organisations, which we will study in a subsequent work .

Growth is infinite, although at the end of each process, at least at the beginning of the path, we may have the impression that there is nothing else thereafter. At the start we err out of naivety and our surroundings can then perfectly catch us unprepared and place the stop sign that, if it becomes a norm, can carry the worst to manufacture an ideology again or, worse, a religion. A religion or an ideology, for MAT is an obligatory stop sign for those who follow them. Irrespective of the height at which the sign is placed.

Growth is infinite and can lead us to losing our typology completely, and that’s not the end of the path. It is a goal for the mammals that we are. Then the real adventure beings, the exciting adventure of living the life of a normal human being. And the path continues and continues without an end. That is not a prodigy. It is normality, organic. Everyone reaches as far as they want to and can, which doesn’t mean at all that the path ends there. It means that a person or a human being, with a name and surname, reached that far.

In a subsequent work we will write about the path, the paths. Not the entire possible path, of course, but the one already experimented on ourselves and on the people who are growing, with or without us, or who have grown before us coming into the world. At least we will see clearly the path to leaving the typology behind, which is no small thing.

In this chapter we will speak about the instrumental aspect that MAT offers for analysing reality. We will refer only to a small but decisive part of that reality: organisations. And there are two reasons for this: because it is what is most urgent and decisive to start transforming the world into what it can become, and because we are at an historical moment when the person is the focus of interest and will continue to be so for a century. And also, of course, because it has most impact and is the easiest for a first approach to MAT, the object of this work .

I. THE TYPOLOGIES OF ORGANISATIONS:

Organisations, whether these may be a couple, family, company, association, state, group of states or the world, all have a personality typology and, this is so for various reasons: organisations are the creations of people, they are created with a finality, and that finality has several functions. Let’s take a look:

The organisation, a human creation:
As human beings, we all have in our structure a Socialiser that allows us to function in society. Functioning in society is, at the same time, a need and a skill for each person. Our Socialiser allows us to do this in order to develop all the functions of the Rector and the Protector and as a need to cultivate our soul and the harmony that guarantees the order of being in tune with our seven-dimensional nature. Whether alone or accompanied, the human being functions to be in a relationship. In a relationship with himself, or with others and with his Centre. For any of those faculties, the person needs an organisation. If we had been born in order to be isolated and alone, we would only be able to reproduce alone with ourselves. Even so, our seventh structure, the Centre, would lead us to have a relationship with the air, the plants, the animals and with other beings like us. Because knowing the environment we are immersed in is a privileged tool for knowing ourselves deeper and better.
As the creation of a person, the organisation is an entity that has its own personality, since it is made in the image and likeness of its founders and their successors.
If it were only like that, organisations would have a multiple personality: that of its founders. Or that of the people with charisma that come to lead these organisations.
But the organisation is the creation of people who all have their seven-dimensional personality structure and who have human aspirations and motivations of safety, development, justice, status, belonging and plenitude that they wish to realise through their creations, in other words, in this case, the organisations that they create.
Not all founders have the same motivations and some will create their organisations with the finality of achieving safety, others development, others justice, others status, others belonging, others plenitude. Or all six goals. Or seven goals if they have the six transcendent aspirations. Whether by demand of the founder with most weight and charisma or by consensus, the founders will privilege one of their needs or motivations. This will become the organisation’s vocation and, with it, the organisation will have a personality typology whose skill will be in the prior emotion in the sequence. For example, if the vocation is justice, the skill will be development. And the talent will be in status, and it will have a Constructor personality typology. Its degree of evolution will be evident from its typological phase. The same as with people.

Knowing the typology of an organisation is just as easy a task as knowing the typology of a person. In our work as specialised consultants in the diagnosis of organisations and in the strategic planning of their change processes, we have created several tools that allow us to diagnose accurately the personality typology of the organisation. In this work we will share some basic tools for diagnosing the organisational typology almost by way of an example, since knowledge and handling of the set of tools requires a time and a space that is beyond the objective of this work.

Thirty years ago, speaking about the personality of an organisation was seen as a delirious lucubration. Nowadays all experts, readers and clients of consultants dedicated to organisational diagnoses already share the certainty that an organisation has a personality, a system of values that is expressed in its culture, structural and emotional strong points and weak points, and even a soul. Now the theme of an organisation’s soul is fashionable. It is not yet admitted that the organisation, like a person, also has its own spirit. However, all sociologists and historians have shown how an organisation could prove the quality of its spirit, let’s think of just one example, that of the Vietnamese war, where once again, it was shown, that a small poor people could defeat the most developed and militarised state on the planet. Vietnam, a Reactivator country, grew with a connected Legislator leader like Ho Chi Min and defeated the Revealer titan that is the United States of America. History is plagued with similar examples that alert us so that we can understand the force of the spirit, since the beginning of time. No evolution would be possible without it. Since the human being must have an inkling of finality, of a “what should we do things for” to be able to advance.

The organisation, an instrument of finalities:
When we create an organisation we do so with, at least one, finality. That way we create couples, families, businesses, associations, states or groups of states. Obviously, we have not created the world, but in transforming it into an organisation, we have also given it a typology.

When we marry or we join a stable partner, we decide to found a family and thus an organisation with its own typology is born. Some of us create a family as a means for achieving safety, others development, others justice, others status, others belonging and others plenitude, and for that reason not all families will have the same typology. There will be families of each one of the six “normal” typologies, but also, to a much lesser extent, there will be families of psychopathic typologies that we will not study in this work.

Ordinary people don’t meet in order to decide what basic finality, much less transcendent one, they wish to achieve by founding an organisation. They say that they marry in order to found a family and have children, that they found a company in order to make money, that they create an association in order to promote an activity or a function, that they create a state in order to differentiate themselves from their neighbours, that they create an association of states in order to organise their resources better, and everyone fights for building a world in which the six human motivations can triumph. If it were that simple all families would be Reactivators, all companies would be Constructors, all nations would be Revealers, all groups of states would be Legislators and the world would be Fortifier. This is not the case. There is a reason that weighs more than the conscious will, at least in people with a typology, in other words in all of them. What most weighs is the unconscious finality, since that way the human being reproduces the history of his own gestation and tries to find help for his self-fulfilment and to triumph over his small personal history and, also and above all, to find a sense and a guide for understanding himself, knowing himself, evolving and transcending. That is why the typology of our organisations has more weight than that of the people comprising them. We have verified this reality time and again, both in our teaching work as well as in our organisational consulting.

The transcendent function of organisations:
The aspect that conditions with most weight the typology of an organisation will not be the personality typology of its founder, nor the specific and explicit need of its creators (to make bread, for example), nor its conscious basic finality. It will be its ultimate unconscious finality. That is why, traditional consulting crashes time and again when it confuses the explicit declarations of the founders – referring to the company “mission”, company values, organisations, skills, strengths and weaknesses – with the live reality of the organisation in action.
This affirmation, which could seem complicated, as if detecting the typology were a matter reserved for great analysts of the human being’s unconscious reality, is and proves to be the opposite: knowing the typology of an organisation is as simple as knowing that of a person, and, moreover, obeys the same laws thus making the benchmark of what is achievable retreat. The human being reproduces the history of his gestation when he creates organisations and in fact all classes of works.
Indeed, as we already saw, the human embryo has as his finality to be of his Centre, then the foetus wishes to have a Centre, then he loses his Centre, then he holds on to the axes, then he loses the axes and then he loses the sequence. And he is born with his typology connected. A connected person is identical to a one-day old baby, where the useful potency of the installation is concerned. Considering connection to be the end of the road is equivalent then to considering that all human beings have been born in order to die with just one day of life. Is this the truth?

The creation of an organisation has as a vocation to make us advance in the process of connection, hyper-connection, transcendence or more, which in reality we aim to achieve. And those dreams are, in general, unconscious. There are beings who, upon founding their organisation, aspire to connect themselves, others to transcend, others to advance to much higher phases, which, since we have not analysed or even mentioned them here, we will not consider. When, even knowing and handling MAT, an ordinary person wishes to achieve an objective, let’s say belonging, and wishes to found a company whose typology is devoted most frequently to love, he is not going to manage to have a Reactivator organisation but one that is Promoter or Legislator; more often than not, Revealer; in exceptional cases, Constructor. Because the Promoter typology represents, for the Reactivator typology, connection, and the Legislator transcendence, the Revealer an even more remote and elevated phase, which we haven’t spoken about, and the Constructor an even more remote phase.

The reason for this is in the nature of our Orienter, whose basic function is to elevate itself and capture our spiritual nourishment, what brings us plenitude and elevates our spirit, making us advance in our access to truth. And our Orienter is always seeking a higher truth than the one, that, at each moment, we can consciously capture. It is at least one phase ahead of our historical reality. For example, a disconnected Constructor, in other words in Legislator phase, if he is very spiritually short-sighted, will dream with his Fortifier pre-connection and will create a Fortifier organisation so that it can help him to realise himself better. Only the great narcissists create organisations of their own typology, since they consider themselves to be the beginning and end of everything created or to be created. Everyone else, if we function moderately well, will create an organisation of the typology that connects us, if we function even better, an organisation that represents transcendence, and if we are very altruistic and spiritual we will create our cosmic pair. Hardcore idealists will create an organisation that presents itself as our dissociation but that in very advanced stages of growth will be revealed as our ideal complement for forming a team.
Having established these bases, next, we will share a basic set of tools for detecting the typology of organisations.

The Splendour of the Human Being - Preciada Azancot

An extract from the book “THE SPLENDOUR OF THE HUMAN BEING” by Preciada Azancot
©Preciada Azancot