Ánimos ante el derrumbe de la civilización actual

¿Alguien tiene aún alguna duda sobre el derrumbe de la civilización actual? Esto todo está tan podrido que no hay dios (con minúscula, pues de dioses del Olimpo se trata) que impida su extinción y, afortunadamente, el surgimiento de otra civilización -que de hecho ya nació y vive en la obra, mente y corazón de los mejores elementos de nuestra sociedad- más digna del proyecto humano.

Sobre lo que se derrumba no viene a cuento verter un sola lágrima sino más bien lanzar un suspiro de alivio, ya que la alegría consiste también en quitarse pesos muertos de encima.

Pero para los que, como esta servidora, construimos opciones de futuro, más éticas, más desarrolladas, más justas, más civilizadas, más solidaria y más libres, lo inevitablemente triste del caso es que cada mañana nos despertamos llenos de esperanza, de ilusiones, de valor, de amor, de compasión hacia los que sufren injustamente y que, al echar un vistazo sobre el entorno -no somos avestruces-, nos va subiendo la indignación, la sensación de impotencia, el terror que se anticipa a todo lo que se va a destruir inútilmente y que se nos alejan las fuerzas y se debilitan las ganas de resistir. Esto es lo más peligroso de todo cuanto está pasando actualmente y por eso publicitan tanto sus horrores, para debilitarnos. No es un problema nuevo, siempre fue así en la triste historia de este mundo.

Óleo "Te sacaré de tu miseria" de Preciada Azancot

Óleo sobre lienzo “Te sacaré de tu miseria” de Preciada Azancot

Lo que más puede ayudar, a los que como yo caen en esta tesitura debilitante, es SABER que cuando más negra es la noche, empieza a despuntar el alba. Saber que no estamos solos, que hay muchos que, como nosotros, están y estarán para construir un mundo mejor. Y sobre todo, lo que más puede ayudar, es también SABER que esta tristeza no es debilidad, sino compasión, no es derrota, sino dignidad, no es terror, sino solidaridad con los mejores. Y que en vez de avergonzarnos de sufrir -doblemente, por lo objetivo real y por los que ya decidieron perder su sensibilidad, y por ende su inteligencia-, hoy hay que estar orgullosos de dar testimonio de que lo vulnerable y sensible -porque genuino y sin deseo de poder- es el germen y esencia de la potencia transformadora que es el patrimonio de los seres humanos íntegros.

Espero que os sirva, queridos amigos que, como yo, tendríais tentaciones de no abrir Facebook o de no atender programas de noticias y de refugiaros en la pura belleza del arte y de la lectura de obras maravillosas. Aprender a no pensar, a escapar, a eludir, a compensar con placeres escapistas, sólo produciría de hecho, que esa tristeza y ese horror pasaran a un nivel más profundo del subconsciente y estallara en enfermedades físicas. Además, perderíamos la oportunidad de alegrar el día a otro compañero futuro del equipo de reconstrucción, al no encontrar hoy alguna lucecita que lo haga sentirse menos solo. Así que más te vale, más nos vale seguir encendiendo nuestra velita diaria y mantenerla en alto. Hay periodos en que hemos de transformar todos los días del año en Hanukká.

¡Feliz día, amigos míos! Ahora, sí, voy a repostar un poco de energía ahora leyendo a mi querido Romain Gary, porque lo cortés no quita lo valiente.

Preciada Azancot

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