Fallecimiento de Leopoldo Azancot

Leopoldo Azancot murió ayer tarde. El próximo 16 de Agosto hubiera cumplido 80 años. Durante todo el día de ayer me sentí terriblemente deprimida, sin entender por qué. Por la tarde, sobre las 19.00h tuve la impresión de un vuelo, de que esa losa triste se alejaba y que sólo dejaba añoranza, nostalgia, un spleen, una conformidad -que no resignación- en aceptar que no todos los días pueden ser luminosos y que las brumas pasarán. Allá donde está siendo otro, no necesitará más esa nostalgia, esa conformidad que tanto le costaba en su justiciera impaciencia por la rectitud y por la inteligencia del corazón que tan pocas veces encontró en sus días de vida.

Leopoldo Azancot

Leopoldo Azancot

Leopoldo sólo puede morir en su cuerpo carnal –por tan poquísimo tiempo- antes de ser de nuevo, allá donde es su patria verdadera, nada más que esa luz radiante que emanaba de él.

Leopoldo es inmortal, porque era y es un genio. Un genio auténtico y de los más grandes. Lo sabía, como todos los genios lo saben. Y por ello sufría más de la indiferencia del mundo, como todos los genios la sufren, con desolación por el alma ajena, con compasión infinita por lo mucho que los demás se pierden durante sus vidas. Y por ello, tampoco esperaba nada del mundo, como ningún genio lo espera.

Pues, cuando se ha dado lo mejor del Ser en obra, cuando se ha hecho retroceder la barrera de lo imposible, cuando se ha logrado crear belleza inaudita e inagotable ésta, entregándola al mundo con cándida, edénica generosidad ¿qué se puede recibir en justicia y equidad para saberse retribuido, por más honores y dinero que se reciba a cambio?

Por ello es aún más sangriento cuando ni siquiera se les da el mínimo, ni siquiera se les quiere publicar sus obras maestras como se publica a cualquier cretino que no sabe coger una pluma, cuando ni siquiera se le da una colaboración en un piche diario que paga basura a precio de oro, cuando ni siquiera se les permite trabajar porque su talla arroja involuntariamente “agravios comparativos” sobre la de los pigmeos.

A Leopoldo se le ninguneo, persiguió, rechazó, ignoró, descalificó como a nadie en este país. Y esto es imperdonable. Se le ignoró y mató, gota a gota, día a día, rechazo a rechazo, silencio a silencio. Porque él, a más de genio inconmensurable, de la talla de un Cervantes, era rubio, era alto, era bello, era esbelto, tenía unos ojos turquesa preciosos y pícaros, era bueno, era el ser más respetuoso y educado, era lo más culto que vi en toda mi vida, era un gran amante y monógamo, era un andaluz altivo y un madrileño abierto, era un inmenso y apasionado judío, era un ser humano en toda su magnitud. Y fue el gran amor de mi vida y yo de la suya, durante los 23 años vividos juntos y después.

Leopoldo llegó a su hogar. Sé feliz, gran hombre, sé feliz.

Preciada Azancot, 22 de junio de 2015

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Una respuesta a “Fallecimiento de Leopoldo Azancot

  1. Lo siento mucho Preciada.
    Bellísimas palabras escritas desde el corazón.

    Tuve la suerte de conocer a Leopoldo en Madrid y la imagen en mi memoria es la de un hombre super inteligente, brillante, respetuoso, que te admiraba y te quería muchísimo, os queríais muchísimo.
    Lo siento. Muchos besos.
    Bea