A LOS ANTISEMITAS

¡Por supuesto que Israel es fuerte! Es fuerte porque es digno. ¡Pero qué vergüenza ajena siento! ¡Y qué compasión por los que son antisemitas: porque se comienza por envidiar lo digno, lo crecido, lo civilizador y lo genial y se termina por perder a Dios. Porque el orgullo auténtico es lo único que diferencia al ser humano del resto de la Creación (elementos, vegetales y animales). Y si también se pierde la rabia contra lo injusto, contra la mentira, se sitúa uno por debajo de lo animal. Si también se pierde la honestidad y la capacidad de informarse sobre los datos reales, se sitúa uno por debajo de la patata. Y si se pierde el miedo a renegar de sí y del esplendor y gloria de ser enteramente humano, se sitúa uno por debajo de lo elemental. Entonces sólo te quedará esto: amor por las tinieblas y alegría de matar lo vivo. ¿Cómo no sentir compasión por lo que decides hacerte a ti-mismo?

Entonces, la piedra que lanzas contra quien, con dignidad, sí asume su grandeza aún en la absoluta soledad, es mil veces superior a ti y recaerá sobre tu propio tejado. ¡Así que admirar lo que te supera no es un favor que haces al que es grande -su talla de gigante es objetiva y ciertamente no va a crecer con tu patético aval-, sino un favor que te haces a ti-mismo! ¡Miedo me daría ser como tú!

Preciada Azancot, Octubre de 2015

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