¿Por qué la masonería tiene tanto arraigo y por qué lo seguirá teniendo muchos años más?

Por M:.M:. Antonio Gálvez

Motivación y masonería: Mi testimonio personal

A continuación reproduzco mi lectura a nuestro grupo “Golden Choir” sobre Motivación y Masonería.

Queridos HH, mi charla de hoy va a ser testimonial y, simplemente, trataré de intentar aportar un punto personal, y espero que nuevo, sobre la masonería como forma de vida, como filosofía de vida: Yendo de lo particular -mi caso y mi aproximación- a lo general, es decir, aplicando el método inductivo, intentaré demostraros por qué la masonería sigue viva tras tantos años y por qué seguirá viva durante muchos años más.

Soy masón desde hace muy poquito tiempo, apenas cuatro años, y poco os puedo aportar sobre lo que significa ser masón o sobre la influencia de la masonería en la historia. Ahora bien, llevo desde el año 2002, desde hace ya casi trece años, estudiando en profundidad el comportamiento del ser humano, estudiando las diversas ramas de la psicología y de la filosofía para intentar entender al ser humano: ¿Cómo somos? ¿Por qué estamos como estamos? ¿De qué forma llegar a ser todo lo que podemos ser? Y, en definitiva, ¿Para qué estamos en este Mundo?

Con mi background de ingeniero industrial especializado en electrónica y automática, he realizado estos últimos trece años un trabajo exhaustivo y metódico de las diversas corrientes de pensamiento y filosofías de vida. Y, entre otras cosas, he estado estudiando las diversas teorías sobre la motivación humana.

Y de aquí el título de mi charla: ¿Por qué la masonería tiene tanto arraigo y por qué lo seguirá teniendo muchos años más? Motivación y masonería.

Quiero brindaros el paralelismo que he encontrado entre la teoría de motivación del ser humano más avanzada que existe hoy en día y mi acercamiento a la masonería, que podríamos generalizar diciendo que es el acercamiento a la masonería de cualquier persona de buen corazón, sin intereses espurios. Extrapolando, pretendo llegar a la conclusión de que las personas se acercan a la masonería movidas por las mismas necesidades vitales que se han demostrado como las motivaciones innatas del ser humano y, por ende, el acercamiento a la masonería es naturalmente innato entre personas de buen corazón.

Echemos una mirada a las teorías sobre las motivaciones humanas:

Las motivaciones humanas, entendidas como las necesidades humanas que una vez cubiertas satisfacen al ser humano, han sido motivo de estudio durante milenios, yo diría que desde que el hombre ha tenido conciencia de sí mismo.

Desde el siglo IV A.C. hasta nuestros días, el estudio de las mismas no ha evolucionado demasiado, sino que se ha ido desarrollado, poco a poco, pasito a pasito, bajo el mismo prisma que nos brindaron los presocráticos primero, luego Sócrates y finalmente Platón y Aristóteles.

Nos encontramos aún en plena época aristotélica, con un modelo de referencia donde se entiende al ser humano bajo las cuatro dimensiones que postularon los griegos antiguos: aire, agua, tierra y fuego que, aplicadas al ser humano vinieron a significar espíritu, alma, mente y cuerpo.

Las teorías sobre motivación más conocidas y aplicadas a la fecha (la pirámide de Maslow, o jerarquía de las necesidades humanas, Herzberg’s two-factor theory, ERG theory (ERG significando Existence, Relatedness and Growth), Self-determination theory, Intrinsic motivation and the 16 basic desires theory y las más reciente  Temporal Motivation Theory) parten de varios supuestos:

  1. El ser humano es de una tal complejidad que se requiere un enfoque reduccionista para poder proponer una teoría aceptable sobre las motivaciones humanas. De aquí se deduce el segundo supuesto:
  2. No puede existir una teoría universal sobre las motivaciones humanas, así que hagamos una teoría que sirva para una época, para una civilización, incluso para un rango de edad determinado, o distinguiendo por sexos.
  3. Las motivaciones humanas dependen del grado de educación, apertura de miras del sujeto y tipo de entorno.
  4. Es necesario construir una teoría que explique el comportamiento actual, presente y real del ser humano, sin preguntarse los por qués de ese comportamiento ni si éste es el más adecuado a la naturaleza humana.

Por todo ello, las teorías en boga hasta la fecha, no ven al ser humano como un todo, no tienen una aproximación holística al mismo, sino que compartimentan las distintas habilidades, capacidades y anhelos del ser humano en función de a qué quieren aportar luz: Así, existen teorías muy enfocadas al trabajo y al mundo profesional, y teorías que intentan aportar luz sobre la salud psíquica de las personas. Otras, intentan explicar comportamientos sociológicos determinados.

Ahora bien, esto ha cambiado radicalmente. Lo más evolucionado, lo más innovador, sí tiene una aproximación holística al ser humano: Y se llama Teoría Omega del MAT. Esta teoría es parte del MAT (Metamodelo de Análisis Transformacional), ciencia del ser humano creada por la Doctora Preciada Azancot. Yo he tenido la enorme suerte de haber sido formado al MAT por su propia creadora, ser humano extraordinario, con un crecimiento sin parangón, incansable investigadora, descubridora y creadora, mujer de excepción en todos los roles de su vida.

La Teoría Omega del MAT, aporta nueva luz sobre las motivaciones humanas, partiendo de nuevos descubrimientos sobre la naturaleza humana: la innata y universal ingeniería emocional y sensorial del ser humano.

La Teoría Omega del MAT muestra que las necesidades UNIVERSALES innatas del ser humano son seis, jerárquicamente escalonadas, ya que cada una es la base de la siguiente. Estas son:

1.- Necesidad de seguridad.

2.- Necesidad de desarrollo.

3.- Necesidad de justicia.

4.- Necesidad de estatus (dignidad).

5.- Necesidad de pertenencia.

6.- Necesidad de plenitud.

Veamos estas motivaciones una a una para entenderlas tal y como define la Teoría Omega (reproducido literalmente del libro “El esplendor de lo humano“, de la propia creadora del MAT, Doctora Preciada Azancot):

Teoría Omega del MAT - Preciada Azancot

Teoría Omega del MAT – Preciada Azancot

Las motivaciones universales innatas humanas son, en este orden preciso:

SEGURIDAD: Además de desear cubrir sus necesidades básicas de supervivencia: techo, alimentos, vestidos, salud, etc., el ser humano necesita seguridad con respecto a sí mismo y a su entorno social: el que no le cuestionen su derecho a existir y a ser diferente. El conocimiento de sí mismo en profundidad, el conocimiento de los factores diferenciales de los demás, le permiten acceder al más alto grado de seguridad, pues, al tiempo que potencian su nivel de confianza, le permiten seleccionar a los mejores y defenderse de los más tóxicos. La construcción de la sociedad sobre estos cimientos evita la irrupción del miedo auténtico así como su posterior desviación en reivindicaciones corporativistas que, al tiempo que traban el desarrollo, no eliminan las causas reales del malestar. En esa fase se tomarán todas las medidas necesarias para que el individuo no se deje invadir ni invada la intimidad de los demás.

Donde existe seguridad real –al ser elegido por lo que de verdad somos y al rodearnos de personas seguras y diagnosticadas-, ya puede haber despliegue de los potenciales en acción, y eso es desarrollo.

DESARROLLO: Además de disponer de medios logísticos, materiales y humanos para desarrollar su actividad, se trata aquí de conocer plenamente las potencialidades creadoras propias y ajenas. El ser humano necesita entonces ubicar sus zonas vocacionales de excelencia y descubrir las ajenas. Este conocimiento se debe hacer efectivo a través de un sistema de comunicación que localice, incentive, extraiga y proteja la capacidad creadora personal y grupal. La construcción de esa segunda fase tiende a erradicar las causas reales de tristeza auténtica, pues todo lo que hubiera podido florecer y se secó, o todo lo que hubiera podido saberse y se ignoró, constituye una pérdida objetiva.

¿Qué nos puede faltar ahora y que esté más alta que la habilidad entrenada a no dejar perder nada vivo o valioso, ni en los demás ni en nosotros? La motivación natural ahora está en saber cómo alzar el techo de lo posible cotidiano, demostrado y actuado, de manera a crecer todo lo que se pueda, sin atentar contra los derechos de nadie, en equidad. Y esto es justicia.

JUSTICIA: Además de la necesidad universal de respuestas que ratifiquen su derecho a la libertad, y a la igualdad de oportunidades y de trato, el ser humano necesita concretizarlas en su vida diaria. La justicia, para ser plena, debe pasar de ser un derecho individual a convertirse en un hacer colectivo que se llama cultura. Cultura que descubre y actualiza la identidad colectiva a través de un sistema de valores y de normas que se distingan por su adecuación a la personalidad grupal, por su equidad, y por la jerarquización acertada de dichos valores y normas. De esta manera se evita la irrupción de una justa rabia  en el ente colectivo y se asienta el liderazgo sobre el talento y la vocación reales de cada integrante.

Como ya reina la cultura que muestra, guía y fundamenta la medida de lo posible a través de los valores que nos hemos marcado, y estando dicha cultura encarnada en la conducta de los dirigentes como punto de referencia para todos los integrantes de la organización, la motivación ahora puede ser conquistar las señas de identidad del ser profundo de cada cual, único y diferente. Y eso, que dignifica y va más allá del talento y de la vocación circunstanciales, porque encuentra y aplaude la unicidad irrepetible de cada uno, se llama estatus.

ESTATUS: Además del natural derecho al reconocimiento colectivo e individual que tiene el ser humano por sus méritos excepcionales, éste tiene una aspiración fundamental: no sólo la de no ser penalizado con envidias si se destaca de la medianía, sino de ser premiado por ello, tanto por la consecución de la admiración de quienes lo rodean, como por recompensas intrínsecas de orden simbólico y material que le confieran el estatus real que se merece. El estatus auténtico debe recaer sobre aquellos individuos de excepción que ejemplifiquen la medida de lo posible humano, y que por su superioridad anímica, intelectual, espiritual o creadora, ofrezcan a su entorno obras de calidad trascendente al servicio del desarrollo de la vida y de la verdad. Esta motivación tiene como finalidad instaurar el orgullo auténtico personal y colectivo así como penalizar la envidia, la descalificación y la idolatrización o culto de la personalidad, es decir conquistar la diferencia entre un ente colectivo con vocación de mediocridad y una gran organización.

Y cuando cada cual sabe y reconoce quién es, en la más genuina autenticidad, y se dispone a superarse a sí mismo inacabablemente, es el momento de plantearse el anhelo de la entrega confiada a lo mejor de sí y de los auténticos seres humanos del entorno. Y esto se llama pertenencia.

FASE 5: PERTENENCIA: Además de  la necesidad de ser plenamente aceptado, el ser humano necesita sentirse solidario, insustituible, y la vez prescindible. Necesita sentirse solidario con un grupo con quien se sabe compartir una unidad de destino, de finalidades complejas y elegidas. Esta quinta necesidad tiene como finalidad suscitar, merecer y conservar el amor auténtico,  el que nace de las señas de identidad más secretas, más profundas, más universales e íntimas, y que los seres humanos comparten entre sí. De esta forma se logra construir un espacio seguro, donde cada uno puede recuperar y conservar facultades que creía perdidas, es decir, un espacio donde ser en plenitud y elegir entregarse.

Y es ahora, cuando ya se nos ha permitido bucear en la más absoluta y amorosa seguridad, hasta las raíces mismas de nuestra memoria, recuperando así todo lo que creíamos perdido para siempre y que se nos devuelve multiplicado porque hemos sabido ser compasivos y amar mejor de lo que nos han amado, accedemos a indagar, reconciliados con nosotros mismos y con los demás, el para qué de nuestra existencia sobre la tierra, con el firme propósito de realizarnos por entero. Y esto se llama plenitud.

PLENITUD: Esta motivación se sustenta sobre las cinco anteriores, todas vitalmente necesarias, todas secuenciales en este orden muy preciso, en el cual cada emoción se convierte en la finalidad de la emoción anterior y en la base de la emoción posterior, logrando así producirse un crecimiento exponencial en vez de una suma aritmética. Se trata aquí de institucionalizar, como derecho y deber más sagrado del ser humano, la búsqueda y la conquista, en un continuo proceso de crecimiento interior, de la plenitud de la talla humana. A través del descubrimiento de la espiritualidad profunda de la estructura humana, y de los usurpadores de trascendencia que son los arquetipos colectivos tanto domésticos como religiosos, el ser humano accede a una verdadera liberación y a la alegría de la certeza de quitarse pesos muertos de encima al descubrir la auténtica finalidad de la creación: la de realizar su vocación de felicidad, en paz. Cuando se satisface esta necesidad, la consecuencia es el acceso a la alegría auténtica, la de la certeza de estar construyendo un orden natural y accesible a todo ser humano que se lo proponga íntimamente. Y lograr así más verdad y autenticidad.

Cuando funcionamos bien, cuando cubrimos estas necesidades en ese orden, podremos:

  1. Tener un funcionamiento integral y armónico.
  2. Mantener activadas y actualizadas todas nuestras posibilidades mentales.
  3. Disponer de energía, vitalidad, salud y valores ecuánimes.
  4. Crecer real y armoniosamente, establemente, en un continuo de creación y de transformación civilizadora.
  5. Ser felices, sabios y plenos, siendo así un regalo para nuestro entorno y un disfrute para nosotros mismos.

Y no sólo se queda aquí, sino que según la teoría Omega del MAT, una vez cubiertas las seis necesidades innatas del ser humano, el propio anhelo del ser humano por acceder a una mayor sabiduría, le abre un mundo infinito de posibilidades de crecimiento. Siguiendo el mismo orden y jerarquía, una vez cubierta la sexta necesidad (plenitud), se accede a:

1.- Más seguridad, apuntando hacia la armonía.

2.- Más desarrollo, apuntando a la claridad.

3.- Más justicia, apuntando a la corporalidad.

4.- Más estatus y dignidad, apuntando a la metamorfosis.

5.- Más pertenencia, apuntando al alma[1].

6.- Más plenitud, apuntando al espíritu[2].

Al formar parte del MAT y basarse en sus descubrimientos fundamentales, la Teoría Omega es universal y objetiva. Universal porque no depende de épocas ni de civilizaciones ni de ubicaciones geográficas. Objetiva porque cualquier persona con la adecuada formación, llegará a las mismas conclusiones.

Y ahora, ¿cuál ha sido mi aproximación a la masonería?

Pues primero de todo, desde el respeto hacia ella y desde la seguridad que se respira. Desde el primer momento me he sentido seguro, rodeado de personas con buenas intenciones. Dentro no existen las amenazas a la integridad personal ni grupal.

Cuando eres aprendiz, no participas, callas y escuchas y aprendes. SEGURIDAD y RESPETO.

En segundo lugar, desde la racionalidad y la inteligencia: El que la masonería se instrumente en símbolos y en rituales, no debe engañarnos sobre su finalidad misma, que no es otra que aprender todos los días y enseñar a los demás. El desarrollo personal en ser cada día mejor persona y mejor compañero está presente, con el único objetivo de encontrar más claridad. DESARROLLO e INTELIGENCIA.

En tercer lugar en mi acercamiento a la masonería, me he visto atraído porque la masonería comparte los mismos valores que yo. Cuando se comparten valores comunes se crea cultura y se lucha contra las injusticias y las manipulaciones, que no dejan de ser antivalores.

Los valores que yo he percibido son:

FIABILIDAD

HONESTIDAD

VALENTÍA

CABALLEROSIDAD

SOLIDARIDAD

OPTIMISMO

CULTURA Y JUSTICIA

En cuarto lugar, el masón admira, con orgullo auténtico a sus ancestros, empezando por el Rey Salomón y por el arquitecto de su Templo, Hiram Abif. Admirar lo que nos supera es el fundamento del estatus, entendiendo el estatus como hemos visto antes, nuestra capacidad de crecer y de crear cosas. CRECIMIENTO, ESTATUS, ORGULLO.

En quinto lugar, el pilar fundamental de la masonería; la fraternidad, el amor hacia el prójimo, el crear un lugar seguro donde cada cual pueda ser lo que nació para ser.

PERTENENCIA y AMOR.

Y en sexto y último lugar, las ganas de encontrar verdades, cada vez más elevadas, cada vez más certeras, en el camino de crecimiento como masón.

PLENITUD y ALEGRÍA.

Así pues, el paralelismo es enorme. Toda persona que se acerque a la masonería con buenas intenciones, limpio de corazón y sin intenciones espurias, se ve motivado de la misma manera y cubriendo las mismas necesidades que, según  hemos visto, son las necesidades innatas del ser humano.

Así que, ahora sí, puedo decir, larga vida a la masonería!!!

Antonio Gálvez, Maestro Masón, Máster MAT, Coach MAT y Mentor MAT

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[1] Entendida “alma” en el MAT como “Anhelo de la entrega”.

[2] Entendido “espíritu” en el MAT como “Acceso a más verdad”.

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