SOLIDARIDAD APASIONADA MAT EN EL BIO-HUMANISMO DEL TERCER MILENIO

Día 5: Hoy va de AMOR ¿conocéis?

Aquí el Video sintético y el texto integral:

“¡ Y EXIJO SOLIDARIDAD APASIONADA!”

https://www.youtube.com/watch?v=An1RqlRj8Cs

– El Pueblo: El problema con la solidaridad y el amor salvador de hoy es que se trata sólo de una moda, querida socia. A finales del siglo veinte, se puso de moda ser yuppie, cínico, competitivo y predador. Hoy todos hablan de amor, de solidaridad, de redes de voluntarios y de ONGs. Eso viviendo al margen de la sociedad oficial y coexistiendo pacíficamente con los grandes causantes de las crisis. Por ahora sólo podemos hablar, en lo que hace al amor entre los humanos, de una moda cíclica. Y lo peor de todo, justamente porque es tan sólo una moda, es que jugar a Caperucita Roja extasiándose ante el lobo y confundiéndolo con la abuelita inocente y amante, también está de moda. Se puso actual ser ingenuo, salvador, mesiánico también, me temo. Lo más probable es que la sociedad civil pueda tener en este momento la tentación de salvar esta civilización y entregársela de nuevo, saneada, a los mismos (tal vez con otras máscaras) que la terminaron de hundir.
Así que creo que aquí, más que en ningún otro tema, no está de más empezar por definir conceptos en lo que hace a ese sentimiento casi milagroso, capaz de obrar prodigios y de hacer mover montañas cuando el amor es real, auténtico; pero que se convierte en un síndrome de Estocolmo y en amenaza de sacrifico de los más puros e ingenuos cuando el amor es, como es el caso hoy, un manierismo social, la expresión de lo políticamente correcto, una anestesia que nos podríamos inyectar para dejarnos clavar la daga más hondo.
Yo, ya como Pueblo evolucionado –o al menos evolucionando-, he de denunciar e indignarme ante apelaciones que confunden amor y compasión. La compasión es preciosa, pero depende de la tristeza, del dolor por el sufrimiento de otro, de la voluntad de encontrar soluciones a los problemas y de participar de ellas. El amor tiene más que ver con la pasión, con la entrega a lo mejor del otro desde lo mejor de sí. No me puedo enamorar de las partes sombrías, enfermas, desorientadoras propias ni ajenas. Puedo compadecerme de ellas si es que no son lo suficientemente tóxicas como para amenazar mi integridad ni la de otros –porque en ese caso habría que temerlas-, pero no puedo amarlas. Puedo amar lo amable y sentir mucho que tenga un cáncer, pero no puedo ni debo enamorarme de su cáncer. Ni del mío.
Volviendo a la secuencia que defiendo como siendo biológicamente mía y nuestra, la única base válida del amor es la valía, la admiración por lo maravilloso ajeno y propio, por lo crecido y bonito. Habría que descontaminarse de esos tópicos de origen eclesiástico que sólo crean culpabilidad ante los que nos dañan y nos castigan -¡por nuestro propio bien, añaden!- e indiferencia ante lo realmente amoroso y solidario –que nos muestran como mera normalidad-. Véase, banalidad, pues si el amor, que es el prodigio más maravilloso se ve como banal, lo interesante, lo “misterioso”, véase lo adictivamente fascinante sería entonces el mal ¿verdad? Y allí radicaría el gran peligro que corremos en este momento, el estar “enganchados” a la seudo “misión” de redimir a los malos, que ni siquiera vemos como a malos, sino como a “promesas” de convertirse en hijos pródigos. Este el mayor peligro social en este momento, te lo aviso, socia, por si me diera un rapto circunstancial de fashion victim.
Puestos a definir el amor y su expresión social, la solidaridad, yo diría que sería algo así como la capacidad innata de crear y crearse un espacio seguro en el que cada cual pueda ser o llegar a ser lo que nació para ser. Es decir, un espacio interior y exterior limpiamente compartido, en el cual todos podríamos no sólo conservar lo poco bueno que nos queda, sino recuperar lo mucho maravilloso que hemos perdido por el camino. Y todos los seres humanos han nacido para ser integralmente libres, felices y seguros –digo bien ser seguros, y no sólo vivir en seguridad, sino ser seguros y armónicos para los demás-. Y todo lo que viva sobre su mismo espacio, también nació para ser libre, feliz y seguro, ya sea esto los animales, las plantas, los mares, la atmósfera, el suelo que aramos o pisamos, o sea tú, amada socia. Tú sí que sabes amar sin confusiones ni culpas creadas para mantener autoridades rancias y castradoras.
En lo referente a lo social, las áreas privilegiadas de actuación en lo que hace a la depuración del amor y de la solidaridad, serían, creo yo, la familia –incluyendo a su máxima protagonista: la pareja-, la elaboración de leyes que protejan a la sociedad, la creación o mantenimiento de gremios dignos, las sociedades que protejan todo lo valioso y fomenten el sentido de pertenencia de sus integrantes, la unión a nivel internacional de conjuntos de países con señas de identidad compartidas y solidarias –no defensivas ni corporativistas, claro está-, la protección de grupos y de etnias social y culturalmente valiosas consideradas como patrimonio de la Humanidad, los programas de protección para sectores de edad –por ejemplo, esa maravilla que son los abuelos y las personas mayores-, y para actividades especialmente valiosas –como por ejemplo la artesanía y las recetas de cocina de la abuela-, o de origen étnico –por ejemplo la recuperación de la espiritualidad de los pieles roja americanos- o animal –como la protección de la ballena azul-.
Supongo que sobre estos temas relacionados con el amor y con la solidaridad, tú, socia, tienes mucho que decir y que aportar. Y me gustaría mucho oírte.

– La Tierra: Da gusto cómo te expresas. Pones en palabras lo que yo siempre experimenté integralmente. Estoy muy de acuerdo con tu definición sobre el amor y con las áreas de acción que apuntas. Y me llega muy adentro el que pienses que la base del amor debe ser la valía. Porque, como decíamos al hablar de secuencias, mi secuencia comienza en el amor y mi amor lo entrego a todo lo que hay, pues todo lo que hay es, evolucionado o creado, valioso para mí. Pero sólo me entrego y dejo prosperar lo que sí es bueno, pues si siembras en mí algo contra natura ni siquiera lo consideraría una semilla, y jamás lo dejaría convertirse en una selva que ahogue a su entorno. Simplemente lo ignoraría o, mejor aún, lo ahogaría en mí. Yo, desde mis miles de millones de años de edad, he amado siempre a todo lo bueno que me rodeaba y a todo lo que me habitaba, y desde hace muy poquito, poco más de dos millones de años, te he amado a ti más que a nada, pues siento que eras y eres, al menos de lo poco que conozco del Universo, lo más evolucionado y completo que existe.
Desde mi posición como planeta, veo el amor como la única energía capaz de sostener el Universo. De hecho, el amor es el único generador posible de neguentropía. Y sin él, ¿te imaginas siquiera que pudieras existir? Si el caos reinara en el Universo, si no existiera orden, ¿cómo es que existirías tal cual eres? y ¿cómo sería posible que estuviéramos dialogando si a la vez estuviéramos caotizándonos sin ton ni son, al arbitrio del mayor de los desórdenes? Yo te puedo decir una cosa que quizás consideres exagerada, pero no lo es: sin amor, no habría vida, sin amor, no habría más que la nada más absoluta.
Y descendiendo de nuevo terrenalmente, sin amor, no tendrías inteligencia, y sin inteligencia, no estarías hablando conmigo, ¿no?
Así que mal vamos si el amor es moda y no arte, como bien vio mi querido Erich Fromm… Para ti debe ser Arte; Arte sublime que viene de tu orgullo. Y arte es lo que haces dialogando conmigo y queriendo entregarte a todo lo bueno, a todo lo valioso, a todo lo que hay de maravilloso en la vida.
Cuando te entren dudas sobre el amor, dialoga con el mar, con mi mar que es el tuyo. Y maravíllate de sus movimientos y de sus colores, de su vida y de su fuerza, generosa e inacabable.
Y volviendo a las áreas de actuación que proponías, creo de especial relevancia proceder a que reaprendas de tus cachorritos, de los bebés, verdaderos maestros en el arte de amar, y proteger y alentar en ellos ese milagro que es el amor. Vuelvo a insistir en la educación básica, pero es que no tiene sentido desaprender para volver a aprender. Y además, te adelanto que con ello disminuiría en gran medida el número de sociópatas entre tus integrantes, pues la sociopatía es tan solo, y aunque parezca simplón, falta de amor.
¿Te parece correcta mi mirada sobre el tema, socio amado?

– El Pueblo: Con tu permiso, te cito: “Desaprender para volver a aprender, no tiene sentido” ¡Qué bien lo formulas, socia de amor pleno! Y sí que tu mirada -pues los ojos son realmente el sentido del amor y por ello el espejo del alma- me parece maravillosa.
Y sí, también es cierto que los bebés deberían ser los maestros que nos enseñaran en permanencia que nacemos perfectos y que nada hay que hacer para ser felices, salvo no desordenar, no “caotizar” –como dices de modo tan impactante- lo perfecto. Y corresponde a la familia, a los padres, velar por que sus hijos no se sobre-adapten a la resignación, al derrotismo, que no les empujen a sacrificar, con tal de adaptarse a una secuencia social invertida, sus talentos y sus vocaciones. Pues por desgracia, la civilización que hemos creado aún no admira la valía, no admite los talentos excepcionales, no admite ser puesta en entredicho por la mirada pura y escrutadora de la niña del cuento El rey está desnudo. Por desgracia, en esta sociedad que estamos denunciando y que debemos asumir haber construido entre todos y deber reparar también entre todos, aún no se apuesta por el crecimiento y florecimiento de lo mejor de todos y cada uno. Preferimos aún proyectar sobre el otro la autocompasión y amar sus partes más enfermas y tóxicas, con buena conciencia sin darse cuenta que al final, no sólo mantenemos lo peor, sino que lo privilegiamos sobre lo mejor, que agotamos y sacrificamos al lobo de turno. Y eso me indigna también.
Pero la buena noticia es que estamos en una generación de puente y de alianza entre abuelos y nietos, y que los unos se potencian a los otros, unos con la sabiduría acumulada y otros con la frescura y vitalidad de lo intacto, de lo aún no dañado. Así, los padres, puestos en esa adorable tenaza, se verán obligados a optar por estudiar y aprender de sus cachorros y acatar las enseñanzas de sus propios padres, ilustrados por sus cachorros. En ese sentido la rueda del amor funciona ya en el buen sentido.
Además, volviendo a lo de la moda de ONGs salvadoras, la parte positiva es que la sociedad civil se ha dado cuenta de que puede suplir a las Instituciones y hacerlo mejor que ellas. Y eso ha permitido que pudiera confiar en sí misma para levantarse y salir a la calle mostrando su indignación.
Otra cosa positiva que hay que aplaudir es la legitimación, la institucionalización del amor esté donde esté y venga de quien venga. Hoy el adulterio ya no es factor causal de penalidades ni de culpas en un divorcio. Hoy los matrimonios entre gays o entre lesbianas tienen la misma valía y legitimidad que entre personas de inclinaciones más tradicionales, hoy la diferencia de edad ya no es vista con horror si es el hombre el que tiene veinte años menos que la mujer. Hoy ya se va a la cárcel por maltratar a un niño o a una mujer. Y todo será mucho más sólido y veraz cuando se acepte con alborozo que la pareja, que dos personas que se aman y deciden apostar juntos por su amor, tiene el estatus más alto e importante en la escala del amor. Mucho más alto que el amor entre padres e hijos o que entre hermanos de sangre. Pues una pareja enamorada es la fuente de la vida, una bendición de amor eterno para sus hijos, hermanos, amigos, socios y padres. Un referente social, además. Esto aún está por conquistar sobre los tópicos sociales.
Otra cosa por descubrir y asumir, y aplicando nuestra secuencia biológica innata, son LAS EDADES DEL HOMBRE (y mujer, claro está). Sí, también a cada edad su necesidad dominante, inaplazable y específica. Esta revelación, socia, tal vez te sorprenda, pero te prometo que está más que meditada y fundamentada en la verdad de la vida. Atenderla y acatarla es amor en acción. Y también he de advertirte que por ahora, lo hacemos al revés. Verás:
– Durante la gestación, la necesidad del feto es sentir la ALEGRÍA de su madre y de su entorno, porque un bebé es un regalo, es la gratuidad del milagro de la vida. Es pura celebración. Ninguna otra emoción es tan indispensable para el desarrollo seguro de una vida en ciernes.
– Durante la primera niñez, la SEGURIDAD es inaplazable para el infante: saber quién es, verse reconocido y alentado en sus talentos especiales, tener seguridad en quienes son sus padres, su techo, sus horarios, en adquirir conciencia temprana de los límites que nadie puede franquear contra su integridad y que él también ha de respetar para que la vida familiar fluya en armonía. Esa es su sed existencial inapelable. Así actualiza y refuerza el DÓNDE de las cosas, y ya sabe por experiencia que lo mejor de sí está en sí mismo y no lo buscará ni dañará afuera.
– Durante la última niñez y la adolescencia, su sed existencial inextinguible es de DESARROLLO, de conocimientos, reflexión, información objetiva, comunicación motivadora, y también de desarrollar al máximo su sensibilidad y su inteligencia para que pueda multiplicar opciones y ser menos dependiente, menos simbiótico, más autónomo. Así interiorizará el QUÉ de las cosas, y sabrá relacionarlas y conectarlas de todas las formas posibles. Ya no dependerá de la caridad ajena y sabrá valerse por sí mismo de modo objetivo y jamás fantasioso.
– Durante la primera juventud ya necesita, más que nada, JUSTICIA, para rechazar valores y normas familiares y sociales, y establecer los suyos propios, elegir con quién quiere actuar su liderazgo y su sistema cultural. Así ya asumirá la responsabilidad de su propia vida, actual y futura, pues nadie se la habrá creado, ni impuesto. Así sabrá del CÓMO de las cosas y ni se dejará manipular ni manipulará a los demás. Será hacedor de valores y de cultura y ya tendrá interiorizado que es social y justo y que la unanimidad en el consenso para lo bueno –es decir, para lo sano-, es posible y deja de ser utopía.
– Durante la madurez, un ser humano está ya preparado para la TRANSFORMACIÓN CREADORA y para dedicarse a su propia obra, empezando a hacer de su vida su obra de arte mayor. Y así poder dejar rastro y ser no sólo útil sino insustituible para sí y para su entorno. De esta forma ya sabrá del POR QUÉ de las cosas y se dará cuenta de que hay que ir a la esencia y soñar imaginando la quinta esencia de lo bello, pues lo bello es lo verídico y lo perfecto.
– Durante la vejez, su prioridad y su preparación ya lo facultan para lograr, y conservar, la PERTENENCIA verdadera y allí se dará cuenta de que el amor de pareja es lo único insustituible, eterno, infinito y cálido para él. Y extenderá ese amor dichoso y realizado a la protección de sus nietos y al disfrute de sus amigos, entre los cuales estarán sus hijos. Así será maestro en el CUÁNDO de las cosas y sabrá deleitarse con lo esencial ya convertido en permanencia, compartiéndolo con los mejores del entorno. Será hogar y llama de esperanza y de retorno para su entorno.
– En la ancianidad, ya podrá acceder de verdad a la PLENITUD a través de sabiduría verdadera, de la espiritualidad y si se mantuvo veraz y fiel a su naturaleza, también al refinamiento y exquisitez de su vida sexual con su ancianita. Sí, y no es broma. Y prepararse para irse JUNTOS Y A LA VEZ de este mundo, dejando una imborrable estela de luz. De esta forma accederá al PARA QUÉ de las cosas, a su FINALIDAD y se convertirá en auténtico Sabio para el disfrute y gratitud de todos los que lo rodean.
Pero en la vida real, impuesta como ahora, yendo al revés de las necesidades biológicas más básicas y vitales de los seres humanos, vemos a niños educados con la ilusión de impunidad para todos sus caprichos, pero bajo la espada de Damocles de “disfruta ahora, niño, que ya verás lo que vale un peine luego”; adolescentes rebeldes y castrados que se enamoran de sectas urbanas para huir de las ídem familiares; jóvenes llenos de soberbia que creen que la juventud es un valor eterno y envidiado por sus mayores y que se tornan provisionales y competitivos predadores; adultos resentidos y desengañados que sólo disfrutan encontrando culpas y fallos tanto hacia los más jóvenes como en sus mayores, en sus padres en particular a quienes culpan de todos sus crónicos fracasos; viejos tristes, vencidos, derrotistas, pesados y resignados que todos desean abandonar en una residencia con sus iguales, y ancianos achacosos y aterrorizados, pues lograron quedarse solos y enfermos ya que ayudaron a mal morir a sus hastiadas parejas y se han convertido tan sólo en un peso muerto para sus dispersas familias. ¿Te extraña lo que te revelo aquí, socia querida que conserva intacto el ser abuela, madre y bebé, mi bebé ya seguro?

– La Tierra: Fíjate, querido Pueblo, que me sorprende pero no me extraña. Me sorprendo de lo novedoso y me sorprendo de cómo hemos evolucionado durante nuestras conversaciones hasta llegar a ver con esa nitidez la trayectoria natural, biófila, orgánica que cada ser humano lleva inscrita en su ser. No me extraña, pues en la Naturaleza, en ciertos animales evolucionados y en ciertos pueblos primitivos, se produce una trayectoria muy similar. Basta ver la vida de los elefantes o la de los delfines, para ver paralelismos sorprendentes con tu propuesta.
Sin olvidar que, en otras épocas, el llegar a anciano era un signo de sabiduría, y no como ahora, un molesto inconveniente familiar y social: En Números, libro del Antiguo Testamento, aparece la creación del Consejo de Ancianos como iniciativa divina para ayudar a Moisés, y en las culturas de la Antigua Grecia y la Antigua Roma, el Consejo de Ancianos era un órgano consultivo importante que devino en lo que en las democracias modernas constituye el Senado. Por eso te insisto en recuperar lo bueno que como Pueblo ya has vivido. Y existen iniciativas actuales esperanzadoras a este respecto, como la creación en 2007 de “The Global Elders” con motivo del 89 cumpleaños de Nelson Mandela.
Y me indigna pensar en los millones de seres humanos que han ido y todavía van en esa perversa y contranatural secuencia, luchando toda su vida contra el fluir natural.
Ahora bien, descubierto el pastel, de la indignación deberíamos pasar a la alegría de descubrir una maravillosa verdad, la verdad sobre las edades del hombre. Y ya puestos, ¿no nos tocaría entonces pasar a esa sexta y última dimensión de los humano, la de la Plenitud, la de la verdad y la paz, la de la felicidad tuya y mía?

– El Pueblo: ¡Tú te has ya adelantado, con tu Consejo de Sabios y situada en esa alegría y en esa paz, que, no sé por qué, adivino de manera traviesa que son justamente, y “casualmente” tu vocación. Así que te escucho con toda atención.
Termino precisando, pues parece que no hemos hecho mención de las Instituciones que garanticen esa solidaridad apasionada que estamos exigiendo, que la función Legislativa en una sociedad evolucionada, no debería ser objeto de contiendas politiqueras sino de consenso solidario y apasionado y que bastaría una docena de especialistas de redacción y ejercicio de leyes para confeccionarlas. Así que propondría que ese Comité Legislativo dependa de un comité representativo compuesto por un representante de cada estamento (Consejo de Seguridad, Equipo Gestor, Cámara del Pueblo, Colegio de Creadores y dos representantes del Consejo de Sabios –estamento que veremos a continuación-). De este modo recibirán propuestas de leyes realmente funcionalmente necesarias y que emanen de los organismos especializados en garantizar la atención a mis necesidades y motivaciones reales. En caso de fricción o de mala comunicación se pediría el arbitraje del presidente del Consejo de Sabios. Así, la sociedad tendría leyes que verdaderamente me protejan y te protejan.
Otro problema y grande: yo no reconozco una Europa que conste de tan sólo la mitad masculina de la pareja que ha de conformar orgánicamente. Europa es lo que hoy existe, MÁS su parte femenina, Rusia, y todos los países que ella nucleó durante el comunismo y antes también, durante la época zarista. Europa masculina es la creación de un Emperador maravilloso, Carlo Magno. Y también tiene todo su lado femenino que la adora y para quien es indispensable.
Quería dejar esas dos cosas claras. Sobre organismos internacionales de solidaridad y consenso creo que deberemos hablar en el apartado de alegría y de paz, pues si el objetivo supremo y la única finalidad de éstos no es la paz, no me sirven para nada.
¿Te parece correcto?”.

Extracto de “¡Sí, me indigno! ¿Y ahora qué?“, de Preciada Azancot y Antonio Gálvez. Editorial Tulga3000 Editores

Preciada Azancot, 12 de enero de 2016

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