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SOLIDARIDAD APASIONADA MAT EN EL BIO-HUMANISMO DEL TERCER MILENIO

Día 5: Hoy va de AMOR ¿conocéis?

Aquí el Video sintético y el texto integral:

“¡ Y EXIJO SOLIDARIDAD APASIONADA!”

https://www.youtube.com/watch?v=An1RqlRj8Cs

– El Pueblo: El problema con la solidaridad y el amor salvador de hoy es que se trata sólo de una moda, querida socia. A finales del siglo veinte, se puso de moda ser yuppie, cínico, competitivo y predador. Hoy todos hablan de amor, de solidaridad, de redes de voluntarios y de ONGs. Eso viviendo al margen de la sociedad oficial y coexistiendo pacíficamente con los grandes causantes de las crisis. Por ahora sólo podemos hablar, en lo que hace al amor entre los humanos, de una moda cíclica. Y lo peor de todo, justamente porque es tan sólo una moda, es que jugar a Caperucita Roja extasiándose ante el lobo y confundiéndolo con la abuelita inocente y amante, también está de moda. Se puso actual ser ingenuo, salvador, mesiánico también, me temo. Lo más probable es que la sociedad civil pueda tener en este momento la tentación de salvar esta civilización y entregársela de nuevo, saneada, a los mismos (tal vez con otras máscaras) que la terminaron de hundir.
Así que creo que aquí, más que en ningún otro tema, no está de más empezar por definir conceptos en lo que hace a ese sentimiento casi milagroso, capaz de obrar prodigios y de hacer mover montañas cuando el amor es real, auténtico; pero que se convierte en un síndrome de Estocolmo y en amenaza de sacrifico de los más puros e ingenuos cuando el amor es, como es el caso hoy, un manierismo social, la expresión de lo políticamente correcto, una anestesia que nos podríamos inyectar para dejarnos clavar la daga más hondo.
Yo, ya como Pueblo evolucionado –o al menos evolucionando-, he de denunciar e indignarme ante apelaciones que confunden amor y compasión. La compasión es preciosa, pero depende de la tristeza, del dolor por el sufrimiento de otro, de la voluntad de encontrar soluciones a los problemas y de participar de ellas. El amor tiene más que ver con la pasión, con la entrega a lo mejor del otro desde lo mejor de sí. No me puedo enamorar de las partes sombrías, enfermas, desorientadoras propias ni ajenas. Puedo compadecerme de ellas si es que no son lo suficientemente tóxicas como para amenazar mi integridad ni la de otros –porque en ese caso habría que temerlas-, pero no puedo amarlas. Puedo amar lo amable y sentir mucho que tenga un cáncer, pero no puedo ni debo enamorarme de su cáncer. Ni del mío.
Volviendo a la secuencia que defiendo como siendo biológicamente mía y nuestra, la única base válida del amor es la valía, la admiración por lo maravilloso ajeno y propio, por lo crecido y bonito. Habría que descontaminarse de esos tópicos de origen eclesiástico que sólo crean culpabilidad ante los que nos dañan y nos castigan -¡por nuestro propio bien, añaden!- e indiferencia ante lo realmente amoroso y solidario –que nos muestran como mera normalidad-. Véase, banalidad, pues si el amor, que es el prodigio más maravilloso se ve como banal, lo interesante, lo “misterioso”, véase lo adictivamente fascinante sería entonces el mal ¿verdad? Y allí radicaría el gran peligro que corremos en este momento, el estar “enganchados” a la seudo “misión” de redimir a los malos, que ni siquiera vemos como a malos, sino como a “promesas” de convertirse en hijos pródigos. Este el mayor peligro social en este momento, te lo aviso, socia, por si me diera un rapto circunstancial de fashion victim.
Puestos a definir el amor y su expresión social, la solidaridad, yo diría que sería algo así como la capacidad innata de crear y crearse un espacio seguro en el que cada cual pueda ser o llegar a ser lo que nació para ser. Es decir, un espacio interior y exterior limpiamente compartido, en el cual todos podríamos no sólo conservar lo poco bueno que nos queda, sino recuperar lo mucho maravilloso que hemos perdido por el camino. Y todos los seres humanos han nacido para ser integralmente libres, felices y seguros –digo bien ser seguros, y no sólo vivir en seguridad, sino ser seguros y armónicos para los demás-. Y todo lo que viva sobre su mismo espacio, también nació para ser libre, feliz y seguro, ya sea esto los animales, las plantas, los mares, la atmósfera, el suelo que aramos o pisamos, o sea tú, amada socia. Tú sí que sabes amar sin confusiones ni culpas creadas para mantener autoridades rancias y castradoras.
En lo referente a lo social, las áreas privilegiadas de actuación en lo que hace a la depuración del amor y de la solidaridad, serían, creo yo, la familia –incluyendo a su máxima protagonista: la pareja-, la elaboración de leyes que protejan a la sociedad, la creación o mantenimiento de gremios dignos, las sociedades que protejan todo lo valioso y fomenten el sentido de pertenencia de sus integrantes, la unión a nivel internacional de conjuntos de países con señas de identidad compartidas y solidarias –no defensivas ni corporativistas, claro está-, la protección de grupos y de etnias social y culturalmente valiosas consideradas como patrimonio de la Humanidad, los programas de protección para sectores de edad –por ejemplo, esa maravilla que son los abuelos y las personas mayores-, y para actividades especialmente valiosas –como por ejemplo la artesanía y las recetas de cocina de la abuela-, o de origen étnico –por ejemplo la recuperación de la espiritualidad de los pieles roja americanos- o animal –como la protección de la ballena azul-.
Supongo que sobre estos temas relacionados con el amor y con la solidaridad, tú, socia, tienes mucho que decir y que aportar. Y me gustaría mucho oírte.

– La Tierra: Da gusto cómo te expresas. Pones en palabras lo que yo siempre experimenté integralmente. Estoy muy de acuerdo con tu definición sobre el amor y con las áreas de acción que apuntas. Y me llega muy adentro el que pienses que la base del amor debe ser la valía. Porque, como decíamos al hablar de secuencias, mi secuencia comienza en el amor y mi amor lo entrego a todo lo que hay, pues todo lo que hay es, evolucionado o creado, valioso para mí. Pero sólo me entrego y dejo prosperar lo que sí es bueno, pues si siembras en mí algo contra natura ni siquiera lo consideraría una semilla, y jamás lo dejaría convertirse en una selva que ahogue a su entorno. Simplemente lo ignoraría o, mejor aún, lo ahogaría en mí. Yo, desde mis miles de millones de años de edad, he amado siempre a todo lo bueno que me rodeaba y a todo lo que me habitaba, y desde hace muy poquito, poco más de dos millones de años, te he amado a ti más que a nada, pues siento que eras y eres, al menos de lo poco que conozco del Universo, lo más evolucionado y completo que existe.
Desde mi posición como planeta, veo el amor como la única energía capaz de sostener el Universo. De hecho, el amor es el único generador posible de neguentropía. Y sin él, ¿te imaginas siquiera que pudieras existir? Si el caos reinara en el Universo, si no existiera orden, ¿cómo es que existirías tal cual eres? y ¿cómo sería posible que estuviéramos dialogando si a la vez estuviéramos caotizándonos sin ton ni son, al arbitrio del mayor de los desórdenes? Yo te puedo decir una cosa que quizás consideres exagerada, pero no lo es: sin amor, no habría vida, sin amor, no habría más que la nada más absoluta.
Y descendiendo de nuevo terrenalmente, sin amor, no tendrías inteligencia, y sin inteligencia, no estarías hablando conmigo, ¿no?
Así que mal vamos si el amor es moda y no arte, como bien vio mi querido Erich Fromm… Para ti debe ser Arte; Arte sublime que viene de tu orgullo. Y arte es lo que haces dialogando conmigo y queriendo entregarte a todo lo bueno, a todo lo valioso, a todo lo que hay de maravilloso en la vida.
Cuando te entren dudas sobre el amor, dialoga con el mar, con mi mar que es el tuyo. Y maravíllate de sus movimientos y de sus colores, de su vida y de su fuerza, generosa e inacabable.
Y volviendo a las áreas de actuación que proponías, creo de especial relevancia proceder a que reaprendas de tus cachorritos, de los bebés, verdaderos maestros en el arte de amar, y proteger y alentar en ellos ese milagro que es el amor. Vuelvo a insistir en la educación básica, pero es que no tiene sentido desaprender para volver a aprender. Y además, te adelanto que con ello disminuiría en gran medida el número de sociópatas entre tus integrantes, pues la sociopatía es tan solo, y aunque parezca simplón, falta de amor.
¿Te parece correcta mi mirada sobre el tema, socio amado?

– El Pueblo: Con tu permiso, te cito: “Desaprender para volver a aprender, no tiene sentido” ¡Qué bien lo formulas, socia de amor pleno! Y sí que tu mirada -pues los ojos son realmente el sentido del amor y por ello el espejo del alma- me parece maravillosa.
Y sí, también es cierto que los bebés deberían ser los maestros que nos enseñaran en permanencia que nacemos perfectos y que nada hay que hacer para ser felices, salvo no desordenar, no “caotizar” –como dices de modo tan impactante- lo perfecto. Y corresponde a la familia, a los padres, velar por que sus hijos no se sobre-adapten a la resignación, al derrotismo, que no les empujen a sacrificar, con tal de adaptarse a una secuencia social invertida, sus talentos y sus vocaciones. Pues por desgracia, la civilización que hemos creado aún no admira la valía, no admite los talentos excepcionales, no admite ser puesta en entredicho por la mirada pura y escrutadora de la niña del cuento El rey está desnudo. Por desgracia, en esta sociedad que estamos denunciando y que debemos asumir haber construido entre todos y deber reparar también entre todos, aún no se apuesta por el crecimiento y florecimiento de lo mejor de todos y cada uno. Preferimos aún proyectar sobre el otro la autocompasión y amar sus partes más enfermas y tóxicas, con buena conciencia sin darse cuenta que al final, no sólo mantenemos lo peor, sino que lo privilegiamos sobre lo mejor, que agotamos y sacrificamos al lobo de turno. Y eso me indigna también.
Pero la buena noticia es que estamos en una generación de puente y de alianza entre abuelos y nietos, y que los unos se potencian a los otros, unos con la sabiduría acumulada y otros con la frescura y vitalidad de lo intacto, de lo aún no dañado. Así, los padres, puestos en esa adorable tenaza, se verán obligados a optar por estudiar y aprender de sus cachorros y acatar las enseñanzas de sus propios padres, ilustrados por sus cachorros. En ese sentido la rueda del amor funciona ya en el buen sentido.
Además, volviendo a lo de la moda de ONGs salvadoras, la parte positiva es que la sociedad civil se ha dado cuenta de que puede suplir a las Instituciones y hacerlo mejor que ellas. Y eso ha permitido que pudiera confiar en sí misma para levantarse y salir a la calle mostrando su indignación.
Otra cosa positiva que hay que aplaudir es la legitimación, la institucionalización del amor esté donde esté y venga de quien venga. Hoy el adulterio ya no es factor causal de penalidades ni de culpas en un divorcio. Hoy los matrimonios entre gays o entre lesbianas tienen la misma valía y legitimidad que entre personas de inclinaciones más tradicionales, hoy la diferencia de edad ya no es vista con horror si es el hombre el que tiene veinte años menos que la mujer. Hoy ya se va a la cárcel por maltratar a un niño o a una mujer. Y todo será mucho más sólido y veraz cuando se acepte con alborozo que la pareja, que dos personas que se aman y deciden apostar juntos por su amor, tiene el estatus más alto e importante en la escala del amor. Mucho más alto que el amor entre padres e hijos o que entre hermanos de sangre. Pues una pareja enamorada es la fuente de la vida, una bendición de amor eterno para sus hijos, hermanos, amigos, socios y padres. Un referente social, además. Esto aún está por conquistar sobre los tópicos sociales.
Otra cosa por descubrir y asumir, y aplicando nuestra secuencia biológica innata, son LAS EDADES DEL HOMBRE (y mujer, claro está). Sí, también a cada edad su necesidad dominante, inaplazable y específica. Esta revelación, socia, tal vez te sorprenda, pero te prometo que está más que meditada y fundamentada en la verdad de la vida. Atenderla y acatarla es amor en acción. Y también he de advertirte que por ahora, lo hacemos al revés. Verás:
– Durante la gestación, la necesidad del feto es sentir la ALEGRÍA de su madre y de su entorno, porque un bebé es un regalo, es la gratuidad del milagro de la vida. Es pura celebración. Ninguna otra emoción es tan indispensable para el desarrollo seguro de una vida en ciernes.
– Durante la primera niñez, la SEGURIDAD es inaplazable para el infante: saber quién es, verse reconocido y alentado en sus talentos especiales, tener seguridad en quienes son sus padres, su techo, sus horarios, en adquirir conciencia temprana de los límites que nadie puede franquear contra su integridad y que él también ha de respetar para que la vida familiar fluya en armonía. Esa es su sed existencial inapelable. Así actualiza y refuerza el DÓNDE de las cosas, y ya sabe por experiencia que lo mejor de sí está en sí mismo y no lo buscará ni dañará afuera.
– Durante la última niñez y la adolescencia, su sed existencial inextinguible es de DESARROLLO, de conocimientos, reflexión, información objetiva, comunicación motivadora, y también de desarrollar al máximo su sensibilidad y su inteligencia para que pueda multiplicar opciones y ser menos dependiente, menos simbiótico, más autónomo. Así interiorizará el QUÉ de las cosas, y sabrá relacionarlas y conectarlas de todas las formas posibles. Ya no dependerá de la caridad ajena y sabrá valerse por sí mismo de modo objetivo y jamás fantasioso.
– Durante la primera juventud ya necesita, más que nada, JUSTICIA, para rechazar valores y normas familiares y sociales, y establecer los suyos propios, elegir con quién quiere actuar su liderazgo y su sistema cultural. Así ya asumirá la responsabilidad de su propia vida, actual y futura, pues nadie se la habrá creado, ni impuesto. Así sabrá del CÓMO de las cosas y ni se dejará manipular ni manipulará a los demás. Será hacedor de valores y de cultura y ya tendrá interiorizado que es social y justo y que la unanimidad en el consenso para lo bueno –es decir, para lo sano-, es posible y deja de ser utopía.
– Durante la madurez, un ser humano está ya preparado para la TRANSFORMACIÓN CREADORA y para dedicarse a su propia obra, empezando a hacer de su vida su obra de arte mayor. Y así poder dejar rastro y ser no sólo útil sino insustituible para sí y para su entorno. De esta forma ya sabrá del POR QUÉ de las cosas y se dará cuenta de que hay que ir a la esencia y soñar imaginando la quinta esencia de lo bello, pues lo bello es lo verídico y lo perfecto.
– Durante la vejez, su prioridad y su preparación ya lo facultan para lograr, y conservar, la PERTENENCIA verdadera y allí se dará cuenta de que el amor de pareja es lo único insustituible, eterno, infinito y cálido para él. Y extenderá ese amor dichoso y realizado a la protección de sus nietos y al disfrute de sus amigos, entre los cuales estarán sus hijos. Así será maestro en el CUÁNDO de las cosas y sabrá deleitarse con lo esencial ya convertido en permanencia, compartiéndolo con los mejores del entorno. Será hogar y llama de esperanza y de retorno para su entorno.
– En la ancianidad, ya podrá acceder de verdad a la PLENITUD a través de sabiduría verdadera, de la espiritualidad y si se mantuvo veraz y fiel a su naturaleza, también al refinamiento y exquisitez de su vida sexual con su ancianita. Sí, y no es broma. Y prepararse para irse JUNTOS Y A LA VEZ de este mundo, dejando una imborrable estela de luz. De esta forma accederá al PARA QUÉ de las cosas, a su FINALIDAD y se convertirá en auténtico Sabio para el disfrute y gratitud de todos los que lo rodean.
Pero en la vida real, impuesta como ahora, yendo al revés de las necesidades biológicas más básicas y vitales de los seres humanos, vemos a niños educados con la ilusión de impunidad para todos sus caprichos, pero bajo la espada de Damocles de “disfruta ahora, niño, que ya verás lo que vale un peine luego”; adolescentes rebeldes y castrados que se enamoran de sectas urbanas para huir de las ídem familiares; jóvenes llenos de soberbia que creen que la juventud es un valor eterno y envidiado por sus mayores y que se tornan provisionales y competitivos predadores; adultos resentidos y desengañados que sólo disfrutan encontrando culpas y fallos tanto hacia los más jóvenes como en sus mayores, en sus padres en particular a quienes culpan de todos sus crónicos fracasos; viejos tristes, vencidos, derrotistas, pesados y resignados que todos desean abandonar en una residencia con sus iguales, y ancianos achacosos y aterrorizados, pues lograron quedarse solos y enfermos ya que ayudaron a mal morir a sus hastiadas parejas y se han convertido tan sólo en un peso muerto para sus dispersas familias. ¿Te extraña lo que te revelo aquí, socia querida que conserva intacto el ser abuela, madre y bebé, mi bebé ya seguro?

– La Tierra: Fíjate, querido Pueblo, que me sorprende pero no me extraña. Me sorprendo de lo novedoso y me sorprendo de cómo hemos evolucionado durante nuestras conversaciones hasta llegar a ver con esa nitidez la trayectoria natural, biófila, orgánica que cada ser humano lleva inscrita en su ser. No me extraña, pues en la Naturaleza, en ciertos animales evolucionados y en ciertos pueblos primitivos, se produce una trayectoria muy similar. Basta ver la vida de los elefantes o la de los delfines, para ver paralelismos sorprendentes con tu propuesta.
Sin olvidar que, en otras épocas, el llegar a anciano era un signo de sabiduría, y no como ahora, un molesto inconveniente familiar y social: En Números, libro del Antiguo Testamento, aparece la creación del Consejo de Ancianos como iniciativa divina para ayudar a Moisés, y en las culturas de la Antigua Grecia y la Antigua Roma, el Consejo de Ancianos era un órgano consultivo importante que devino en lo que en las democracias modernas constituye el Senado. Por eso te insisto en recuperar lo bueno que como Pueblo ya has vivido. Y existen iniciativas actuales esperanzadoras a este respecto, como la creación en 2007 de “The Global Elders” con motivo del 89 cumpleaños de Nelson Mandela.
Y me indigna pensar en los millones de seres humanos que han ido y todavía van en esa perversa y contranatural secuencia, luchando toda su vida contra el fluir natural.
Ahora bien, descubierto el pastel, de la indignación deberíamos pasar a la alegría de descubrir una maravillosa verdad, la verdad sobre las edades del hombre. Y ya puestos, ¿no nos tocaría entonces pasar a esa sexta y última dimensión de los humano, la de la Plenitud, la de la verdad y la paz, la de la felicidad tuya y mía?

– El Pueblo: ¡Tú te has ya adelantado, con tu Consejo de Sabios y situada en esa alegría y en esa paz, que, no sé por qué, adivino de manera traviesa que son justamente, y “casualmente” tu vocación. Así que te escucho con toda atención.
Termino precisando, pues parece que no hemos hecho mención de las Instituciones que garanticen esa solidaridad apasionada que estamos exigiendo, que la función Legislativa en una sociedad evolucionada, no debería ser objeto de contiendas politiqueras sino de consenso solidario y apasionado y que bastaría una docena de especialistas de redacción y ejercicio de leyes para confeccionarlas. Así que propondría que ese Comité Legislativo dependa de un comité representativo compuesto por un representante de cada estamento (Consejo de Seguridad, Equipo Gestor, Cámara del Pueblo, Colegio de Creadores y dos representantes del Consejo de Sabios –estamento que veremos a continuación-). De este modo recibirán propuestas de leyes realmente funcionalmente necesarias y que emanen de los organismos especializados en garantizar la atención a mis necesidades y motivaciones reales. En caso de fricción o de mala comunicación se pediría el arbitraje del presidente del Consejo de Sabios. Así, la sociedad tendría leyes que verdaderamente me protejan y te protejan.
Otro problema y grande: yo no reconozco una Europa que conste de tan sólo la mitad masculina de la pareja que ha de conformar orgánicamente. Europa es lo que hoy existe, MÁS su parte femenina, Rusia, y todos los países que ella nucleó durante el comunismo y antes también, durante la época zarista. Europa masculina es la creación de un Emperador maravilloso, Carlo Magno. Y también tiene todo su lado femenino que la adora y para quien es indispensable.
Quería dejar esas dos cosas claras. Sobre organismos internacionales de solidaridad y consenso creo que deberemos hablar en el apartado de alegría y de paz, pues si el objetivo supremo y la única finalidad de éstos no es la paz, no me sirven para nada.
¿Te parece correcto?”.

Extracto de “¡Sí, me indigno! ¿Y ahora qué?“, de Preciada Azancot y Antonio Gálvez. Editorial Tulga3000 Editores

Preciada Azancot, 12 de enero de 2016

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DIGNIDAD INSTITUCIONALIZADA EN EL BIO-HUMANISMO MAT DEL TERCER MILENIO

Por Preciada Azancot

Aquí el vídeo resumen así como el texto original integral.

“¡ Y EXIJO DIGNIDAD INSTITUCIONALIZADA !”

https://www.youtube.com/watch?v=h7UlJkkaSCU

– La Tierra: Más que perdonado estás, amado socio, pues me pides perdón de corazón, cuando ya has tomado conciencia de tus errores y estás en el camino de erradicarlos y corregirlos, ¡ASÍ SÍ!
Y hablando de edificar, ¿no nos tocaría ya hablar de un cuarto asunto, de ver cómo sería posible edificar una civilización transformadora, a través de la creación, del descubrimiento científico y del arte? Me decías que se trata de orgullo y de transformación, y que esa es una dimensión puramente humana. Lo corroboro, pues sólo en ti he visto esa maravilla, y guardo memoria de creaciones imborrables, deslumbrantes, que han supuesto un salto cuántico para el ser humano, un salto en cuanto a la percepción de trocitos de eternidad.
Y creo que es justo ahora, cuando vislumbramos una justicia posible, que podemos hablar de esto.
De lo que yo llego a entender, ese orgullo y esa transformación son reconocibles cuando, pasados cientos de años, miles de años, las creaciones siguen siendo actuales, siguen estando vivas, siguen remitiéndote a algo eterno, siguen conmoviéndote. Por ceñirme al mundo del Arte, ¿no son Mozart, Van Gogh, el Greco, Bach, Shakespeare, Cervantes, Monet, Cézanne, Rodin, por poner sólo unos pocos ejemplos, terriblemente actuales para ti? ¿no tienes la sensación de que siempre han estado allí y siempre estarán? ¿que sin ellos y sus obras la vida no sería la misma? Yo, desde mi capacidad para el asombro, no dejo de agradecer el disfrute que todos ellos te proporcionan y me proporcionan.
Y he aquí una cuestión – más bien varias – que quise siempre preguntarte y no puedo resistirme a plantearte ahora: ¿por qué, salvo honrosas excepciones, estas personas no tuvieron reconocimiento en vida? ¿por qué has necesitado que yo los acoja en mi seno para reconocerlos? ¿por qué, casi desde que existes, has pensado que esas personas y sus creaciones eran inspiradas por los dioses, por la caprichosa varita mágica que a unos les “iluminaba”, los menos, y a otros les dejaba a oscuras? ¿por qué, en la mayoría de los casos, asocias al genio, que es como denominas a esas personas, con la locura? ¿por qué, al fin, no todos los seres humanos que representas pueden acceder a esa maravillosa dimensión?
No me avergüenza mi atrevimiento porque intuyo que respondiendo a estas preguntas, querido socio, encontrarás la manera de edificar esa civilización soñada, por ti y por mí, pues en ella sí que, de verdad de la buena, me sentiría segura.

– El Pueblo: ¡Con toda la razón te sentirías segura! Y yo aún más. Para sintetizar una respuesta genérica a todas esas preguntas que te planteas, podría responderte que -creo modestamente- sería cuestión de EVOLUCIÓN. Sí, el gran secreto en lo que a orgullo hace, es ante todo, definirlo, por pasiva y por activa. Y te sonrío, pues como acabamos de esbozar la definición de rabia auténtica con su forma idónea de expresarse, el “¡Así no … así sí!”, haremos lo mismo ahora: El orgullo auténtico nada tiene que ver con sus monstruosas deformaciones tales como la soberbia, la egolatría y el narcisismo. Eso es sólo anti-orgullo.
Orgullo es dignidad ante todo, es estar a la altura de la EVOLUCIÓN y de la dimensión diferencial que el ser humano tiene estructuralmente, innatamente, sobre todo lo demás, ya sea esto elementos, vegetales o animales. Y yo no veo por qué no demostrarían los científicos, en un futuro cercano, que todo comenzó con un elemento incipiente que fue evolucionando hasta convertirse en uno de los cuatro elementos que, a su vez evolucionó hasta convertirse en un vegetal, luego en un animal y luego en un ser humano. Y que éste a su vez no vaya a seguir evolucionado, adquiriendo más dimensiones que le permitan tele-transportarse, mutar de nuevo y vivir a la vez en dos lugares o periodos históricos. Todo lo que nos parecía ciencia ficción se ha revelado ser sólo imaginación del futuro. Imaginar es una función del orgullo humano. Este enfoque evolucionista sólo viene a complementarse con la concepción creacionista de una Creación perfecta regida por leyes perfectas. Una Creación tan perfecta que dejándola a solas consigo misma, siempre vaya a más ¿Sí?
Así, en el pasado, en la Antigüedad, se atribuía a los dioses la “elección” de alguien meritorio a quien insuflar inspiración y revelar a su entorno, en un rapto creador de resonancias místicas y a través de sus obras, esos pedacitos de perfección, de Eternidad con los que deleitar a los mortales. Era la infancia de la civilización. Cierto. Pero ellos al menos conferían a la grandeza de la obra, al genio creador, al civilizador del pensamiento humano (tales como Sócrates, Platón o Aristóteles) un ESTATUS supremo. Y en vida. Antes, hasta en el siglo pasado, los genios se conocían todos, se alentaban y admiraban mutuamente –pues la admiración por lo grande es la expresión primaria y esencial del orgullo-. Y los reyes y potentados consideraban justo y dador de estatus para sí mismos el mantener en sus cortes, luchando por atraerlos y mimarlos, a los grandes artistas y descubridores. A eso, se le llama ser civilizado.
Pero hoy en día, los genios se ignoran entre sí, se creen solitarios y exilados, mientras proliferan las redes de todo tipo de marginalidades o de futilidades. Los intermediarios, una vez más, llámense éstos galeristas, museos, academias, universidades, revistas, críticos de arte no creadores, medios de comunicación, redes consagradas, se han auto-nombrado autoridades en detectar, reconocer, consagrar a los grandes. Sólo que a los supuestos “grandes”, ellos mismos los fabrican en factorías de mercadotecnia, a su imagen y semejanza.
Olvidan una verdad esencial: sólo un genio es capaz de reconocer y de consagrar a otro genio. Y lo quiere y necesita vivo, feliz, reconocido, admirado, valorado en suma. Porque lo ve como lo que en realidad es: un faro y un espejo del talento y del genio que duerme, anestesiado por ahora, en cada ser humano, en su talento diferencial por el cual abogaba para el liderazgo del futuro –aquí ni siquiera hablo de vocación, que es mucho más alta, motivadora e importante que el talento y que veremos mas adelante-.
Si la envidia hacia lo bueno, alto y bello, si la talla de pigmeo creador, si el deseo de poder y de control que da o retira su aval al titán, dominan -como de hecho es el caso hoy en los intermediarios que nos anulan-, a los grandes los necesitan muertos, mirados como a locos, como soñadores marginales y desvalidos. Y hacen eso para tener manos libres para hablar en sus nombres, para adornarse con el estatus a ellos usurpado, para enriquecerse especulando y disparando precios para sus obras despreciadas en vida, para hacerme sentir, a mí, Pueblo evolucionado y creador, que sólo nací para acatar y fingir extasiarme con lo que eligen en mi nombre. Y para darme miedo a ser un creador, un transformador, un genio, un ser crecido, porque elegir esa ruta -me dicen- es un suicidio social y existencial. Y eso me indigna. Me indigna porque justamente lo definitorio del orgullo, su definición misma es la capacidad innata de afirmar la dignidad, admirar lo que nos supera, crear, crecer y hacer crecer.
Así, esos intermediarios me quieren asustar de mi más maravillosa dimensión y potencia. Y eso me indigna soberanamente.
Sólo te pido, socia amada, que por favor, recuerdes y me cuentes: entre todos los humanos que reposan en tu seno, ¿a quienes debemos los grandes saltos civilizadores de la historia? ¿a intermediarios sedientos de control, de caos y de oscuridad o a grandes innovadores, pensadores, descubridores y artistas, todos ellos exponentes de lo único diferencial de lo humano: su capacidad de transformar el mundo en un lugar más bello, más creador y más civilizado? Por favor, necesito refrescar, rejuvenecer, alumbrar mi memoria.

– La Tierra: Mi tan admirado Socio, ¡qué magnífica exposición! Con esa claridad, vamos a resolver esto de un plumazo. Y del primer plumazo, deberíamos colocar en su sitio a todos aquellos que, como bien dices, se aúpan en los hombros de los grandes, creyéndose por ello superiores cuando son sólo molestas moscas cojoneras. Porque tanta estupidez me provoca vergüenza y miedo.
Respecto a tu pregunta, ¡está más que claro! Son, y han sido, siempre, los grandes innovadores, pensadores, descubridores y artistas los que te han posibilitado los grandes saltos civilizadores. Y siempre, de manera harto generosa.
Y ahora, como te conozco como si te hubiera parido, déjame que te haga una reflexión sobre tu manera de ser que quizás nos aporte algo de luz en cómo enderezar este tema y poner las cosas al derecho: Desde tu origen como Pueblo, de esas seis dimensiones humanas que hemos concluido que tienes, hay tres que siempre he visto de alguna manera desequilibradas; la dimensión del desarrollo y la tristeza siempre ha sido mayor que las otras cinco. Esto hace que en muchas ocasiones añores los tiempos pasados, que te lamentes de lo que pudo ser y no fue, que te sientas desorientado y confuso sobre tu camino, que pienses que, aunque tecnológicamente has progresado, en lo profundo de tu ser se produzca algo parecido a lo que le ocurrió a Sísifo que, obligado a empujar una gran piedra hasta lo más alto de una montaña, antes de que alcanzase la cima de la misma, la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio. Y así te sientes tú con tu progreso filosófico, moral, ético y espiritual, ¿me equivoco?
Respecto a la dimensión de la que ahora hablamos, la del estatus y del orgullo, parece, desde fuera, que sea una dimensión que tienes desconectada, salvo en los escasos y honrosos casos de esos seres de excepción que hemos venido denominando genios, y sustituida en la mayoría de los casos por envidia, cuando no por actos amputadores de lo grande, de lo que supera la medianía. En pleno auge en la actualidad, ¿no te parece?
Y para acabar, respecto a la dimensión protagonista indiscutible de este diálogo, la de la rabia, la justicia y la cultura, me da la sensación de que es una dimensión que a lo largo de los siglos y de los milenios, has tenido como prohibida, sintiéndola como algo peligroso y destructivo a lo que debe tenerse miedo. Y claro, ¿cómo no tenerle miedo si en general has sentido rabia cuando deberías haber sentido orgullo, cayendo en la envidia? Pero eso, querido amigo, no es óbice para que, una vez te hayas dado cuenta de que la rabia auténtica es el “Así no,.. Así sí”, y que la envidia no es sino rabia falsa en lugar de orgullo verdadero, puedas darle a esta dimensión su auténtico sitio.
¿Por qué te cuento todo esto? Pues porque si así como te describo te identificas, puedes imaginar que disminuyendo la dimensión de tristeza en su justa medida, recuperarás, reconectándola, tu dimensión creadora, la del estatus y el orgullo de verdad, y podrás tras ello, quitarte la prohibición de la rabia y recuperar tu vocación de culturizador, de civilizador, que es lo que de verdad te llena y da significado a tu vida.
Puedo aventurar, pues te conozco bien, que la dimensión del estatus y del orgullo, una vez recuperada, será tu talento, tu genialidad mayor, allá donde mostrarás todo tu esplendor creador. Y no por algo, es la dimensión que te distingue de lo demás, ¿acierto? Si así lo sientes, ¿evolucionamos juntos, querido?

– El Pueblo: ¡Hecho, socia, evolucionamos juntos! Y sí, en mi infancia y en mi adolescencia que terminó en cuanto pude oír tu voz, he funcionado así, como el tal Sísifo, y así me fue. Pero hoy, y tras manifestar mi indignación –parcialmente aún, he de añadir sonriendo travieso- ya puedo decir que me asumo como joven y acaso, en algunos aspectos, como adulto. Y sí, no me cabe duda alguna de que las autoridades auto-consagradas, los intermediarios de toda pelambre, ya no me van a ocultar mi POTENCIA virtual y real. Porque de eso es de lo que se trata: de recuperar mi potencia frente a los que sólo aspiran a hipotecármela para adquirir lo antinómico de la potencia: el poder, el control de mi vida, de mi destino.
Sí, me pasé de triste y de fatalista resignado, tienes toda la razón. Y no es por justificar ese derrotismo mío pasado, pero en un Mundo donde en Occidente, me maldicen con lo de la expulsión del paraíso como castigo a un supuesto pecado original, condenándome a ganar el pan con el sudor de mi frente mientras mi esposa alumbra a nuestros hijos en el dolor, y en Oriente me acallan con lo del culto a los ancestros y la obediencia automática a la autoridad establecida, convendrás en que no lo tuve fácil.
Pero, bromas aparte, sí, la base de mi liderazgo sobre mí mismo -es decir para transformarme en un dirigente de mi propio destino- es la consagración del orgullo creador, transformador y descubridor y la exigencia en que se le honre como lo amerita. Sin ello, siempre estaría pisando arenas movedizas. Así que voy a imaginar, representarlo y declarar qué tipo de medidas garantizarían que los mejores creadores, descubridores y civilizadores protejan y alumbren el camino de los menos crecidos. Probemos a ver cómo te sabe esto:
Yo, rastrearía en cada país a todos los grandes creadores, descubridores y genios y formaría un COLEGIO DE CREADORES, un tipo de autoridad institucional para detectar potenciales vivos, consagrar lo grande, y crear programas de formación para gestionar los talentos de cada ser humano, educar su refinamiento y sensibilidad hacia lo grande y lo elevado. Y los haría seleccionar por otros maestros reconocidos a nivel internacional. Los candidatos se presentarían por iniciativa propia, sin aval de nadie, sin importar edad, nacionalidad, color, género o confesión, pues tenerlos es un honor y un prestigio para la Nación que los merezca y los sepa valorar, mimar y cuidar. No permitiría a intermediarios rancios que los eligieran. Este Colegio de Creadores innovadores tendría un poder consultivo, pues a ellos no les gusta competir ni ejercer poderes, pero habría la obligación de publicar sus recomendaciones, de publicitar sus edictos y de dejarlos expresarse libremente en todos los medios de comunicación masiva. ¿Cuáles serían sus funciones?
Lo primero, como ya señalé, es descubrir y acatar las leyes que rigen el funcionamiento de las personas, detectando sus talentos y vocaciones diferenciales y asentando su liderazgo personal sobre esos puntos fuertes, esas palancas que nos catapultan en la cima de nuestra potencia. Y comenzar con los niños. Para que nadie los pueda torcer ni invitar a la resignación. Lo soñado, lo ideal, sería descubrir esas leyes tan perfectas que podrían señalar ya los talentos y vocaciones en estado fetal, de manera que desde la gestación y la primera niñez, los alentáramos en la familia primero y en el colegio luego.
Lo segundo sería crear programas de detección de talentos creadores e innovadores y consagrarlos sin hacerles pasar esos patéticos exámenes y pruebas académicas de rigor, ya que en esos casos, los examinadores están por lo general muy por debajo de los alumnos examinados. También penalizaría la envidia que sería objeto de vergüenza y de mofa en caso de caer en esa aberración.
En tercer lugar pediría a ese Colegio crear una metodología o varias que promuevan y faciliten SALTAR ESCALAS, es decir: ayudar a pasar de ser un ocurrente individuo a la escala siguiente y convertirse en creativo, y de esa escala, poder saltar a la de creador, y luego a la de genio, y luego a la de civilizador, y luego auparse a la de pacificador, y luego a la de Socio de la Creación en Evolución. El mundo sería maravilloso y su orden, armonía y belleza superlativos. ¿No crees?
En cuarto lugar investigaría el orden de la belleza en sí, es decir, la Jerarquía de valores y prioridades existenciales que garanticen el éxito en la transformación pacífica y gozosa del mundo. Y creo tener una idea propia al respecto, que no me avergüenza adelantarte, socia amada: la primera prioridad existencial ha de ser encontrar y acatar la Verdad, luego debería ser el amor de pareja, pues una pareja de verdad es sólo un ser mutante y perfecto en dos cuerpos, luego el amor por los mejores de nuestros amigos, incluyendo entre ellos a los familiares que lo ameriten, luego vendría nuestro crecimiento, nuestra obra y el honrar a nuestros maestros (a ti, por ejemplo), luego vendría el cuidado de todo lo valioso, esté donde esté, tú antes que nadie, y sólo en fin vendría, en lo de saber priorizar, el procurarse medios para vivir dignamente, pues eso sería una mera consecuencia de una buena escala de prioridades interiores.
Y te dejo corregirme y completar mi programa, pues no se me ocurren cosas más esenciales.

– La Tierra: ¡Guau! ¡Me parece genial tu programa! Correcciones no tengo ninguna y respecto a completar, sólo se me ocurre, desde mi memoria milenaria, incluir la recuperación de los altos creadores del pasado, ofreciéndoles su sitio en tu memoria colectiva, y quitándoles de en medio a los intermediarios que han interpretado sus obras a su propia conveniencia, ¿te parece?

– El Pueblo: Me parece una delicia, un privilegio y un honor, socia. ¡Ya lo creo!”.

Preciada Azancot y Antonio Gálvez. Extracto de “¡Sí, me indigno! ¿Y ahora, qué?“,  Tulga3000 Editores

Preciada Azancot, 13 de enero de 2016

JUSTICIA ECUÁNIME MAT EN EL BIO-HUMANISMO DE TERCER MILENIO

Por Preciada Azancot

Día 3: Aquí tenéis el resumen-video y el texto integral sobre JUSTICIA ECUÁNIME MAT EN EL BIO-HUMANISMO DE TERCER MILENIO.

“¡ Y EXIJO JUSTICIA ECUÁNIME !”

https://www.youtube.com/watch?v=Y80kBOGZPT0

– La Tierra: Y ya puestos, una vez garantizada la seguridad, y garantizado el desarrollo, ¿toca una tercera motivación universal del ser humano? Seguro que sí, pero sospecho que no está en mí… Como intuición sí que tengo, y como guardo en mí la memoria de millones de personas que fueron víctimas de injusticias, creo que ahora deberíamos ver cómo erradicar las injusticias de este Mundo, ¿acierto? Me huele que sí, así que sin esperar tu confirmación, ¡me lanzo al ruedo!
Muchísimos seres humanos han sido y son hoy víctimas de injusticias, de manipulaciones y de agresiones. Yo también he sido víctima de múltiples agresiones como ya hemos ido viendo. Ahora bien, yo no tengo la energía capaz de hacer frente a estas agresiones, la capacidad de reacción, la denuncia, la capacidad de ataque, porque, ¿crees si no que no hubiese intentado y no estaría intentando reaccionar a tanta agresión a mi ser? Ya me gustaría…
Lo que viene a mí desde los millones de seres humanos que en mí guardo es que para que exista justicia se requiere de una preciosa energía que es la RABIA, entendiendo como tal la capacidad de, precisamente, reaccionar a las injusticias, a las manipulaciones, a las mentiras y a las agresiones. Y de eso tú si que tienes, y lo compartes con los animales, que también son capaces de reaccionar ante todo lo dañino.
A mí me encantaría que, tras nuestras conversaciones, yo pueda, al menos, soñar con un Mundo de justicia donde nunca más eche de menos el carecer de rabia, ¡¡pues no la necesitaría!! y donde tú la emplees positivamente, esto es, creando más justicia cada vez, ¿no sería esto bonito?
Las injusticias están hoy en día por doquier, empezando por los métodos poco ortodoxos de Guantánamo, siguiendo, por aquella misma zona, con las dictaduras populistas, y continuando con los abusos de poder en todos los países del mundo por los estamentos que ostentan el ídem, con las agresiones a las minorías étnicas o religiosas, con el maltrato infantil y de género, con la violencia, con las mafias, con la compra de favores, con hacer la vista gorda a impresentables comportamientos, con tener, en cualquier país del mundo, distintos raseros en función del encausado. Además, y es lo más sangrante, las injusticias se cometen contra el más débil, el más indefenso, el más necesitado.
¿Cómo, querido socio, crees que se podría erradicar la injusticia del Mundo? ¿Y cómo hacerlo sin víctimas? ¿Y cómo sería un Mundo justo? ¿Y cómo concitar unanimidad y erradicar la palabra “enemigo”?
Perdona tanta pregunta, pero es que este tema me preocupa sobremanera y sólo tú puedes asegurarte y asegurarme la necesaria paz y en ti confío ciegamente.

– El Pueblo: ¡Menos mal que dices –y siempre te creo- que no dispones de rabia! ¡Vaya maestra que ya eres con sólo guardar en tu seno, en tu memoria afligida, tantas injusticias padecidas por la humanidad! Ahora sí que te vuelvo a ver como a mi bebé amada a la que cuidar y defender contra tus enemigos, yo para empezar. Y te pido perdón, auténticamente avergonzado ante tanta generosidad, tanta templanza. Sí, me arrepiento y me encuentro en toda la disposición de erradicar de mí esas conductas irracionales siempre, precipitadas, primarias, inmaduras, pues el mal siempre empieza por la estupidez humana y luego se encuentra con el ego propio –insensible y paranoico siempre- por el que apostar cómodamente y a eso ya se le llama soberbia, y agravando la conducta errónea, ya se llega al narcisismo, y de allí hay sólo un paso para convertirse en dictador y en predador luego. Es el caminar en el sentido contrario a la ruta biológica de lo humano.
Y sí, pronunciaste una palabra maravillosa, la palabra clave en lo que hace a la justicia verdadera: UNANIMIDAD. Una unanimidad basada en la buena voluntad, en la presunción de inocencia, en la voluntad inquebrantable de suprimir la palabra “enemigo” para remplazarla por “interlocutor implicado”, por “equipo” y al final, por “socio”.
Pues todos somos uno sólo y cada partícula de nuestro ser lleva en sí al Universo entero, y no sólo a nivel conceptual sino en su realidad carnal.
No basta decir “¡Así no!”, y denunciar injusticias o mentiras. Siempre hay que añadir el “¡Así … sí!” que ofrece alternativas válidas que eleven el nivel de los dos interlocutores, que les den valores más altos para encontrarse situados ambos a un nivel donde la inquina ya no sea de recibo, es decir, que les sitúa a ambos en un nivel donde ambos tengan más y mejor CULTURA. Pues el debate veraz es la madre de la cultura, la imposibilidad del pensamiento único y del sometimiento del que está en condiciones de inferioridad numérica. ¡Pues vamos listos si pensamos que la mayoría numérica es la que tiene la razón! Si así fuera, jamás nada se movería, ni aún menos se transformaría.
Y sí, también. Digo alto y claro: “¡Yo me indigno! ¿¡Y AHORA QUÉ!? ”, pues si me indigno es mi obligación encontrar el “¡Así sí!”, por ti y por mí. Y porque estoy realmente indignado busco soluciones en vez de críticas destructivas.
¿Ves?, yo entendí que este momento histórico en el cual estamos tú y yo, no corresponde -como dicen aún los estrategas y los dirigentes oficiales- a una crisis, sino al desplome de una civilización y al surgimiento de otra. ¿Y sabes cómo lo entendí? Pues muy fácil: cuando, al igual que en todas las civilizaciones en decadencia que nos han precedido, los políticos y hasta los intelectuales y académicos, en vez de buscar opciones y soluciones buscan todos culpables y pelean entre sí como único deporte de circo. Y como la deshonestidad es la que manda en eso, y el deseo de conservar una civilización que ya no da de sí, se ponen de moda y en este orden: el pasotismo en los padres, el cinismo en los jóvenes, el escapismo en los mayores, el nihilismo en los pensadores, y el sofismo en los representantes del pueblo. Afortunadamente los jóvenes tuvieron hijos y éstos ya no son consumistas e indiferentes. Y buscan abuelos simbólicos para guiarlos y sostenerlos. Este es otro puente generacional, que está muy de actualidad para buscar soluciones ecuánimes para todos.
Los políticos ya no nos representan, porque son burócratas de partidos que sólo buscan poder para sí mismos, pero en un tipo de simbiosis-balancín de seudo enemigos aliados que se alternan justo para echarse la culpa de los desastres que producen, y eso en un momento histórico donde las ideologías todas sobran y se han derrumbado, tanto el comunismo materialista como el liberalismo depredador. Pero los políticos y los intermediarios no son el enemigo. Individualmente seguro que hay muchos y buenos políticos e intermediarios, que son seres humanos con vocación de servicio y que podrían reciclarse fuera de sus partidos. Y que seguramente se sienten estúpidos por tener que recitar consignas partidistas o mercantilistas que ya ni eso son y los hace sentir tramposos y mafiosos también.
Creo que estamos en un periodo histórico en el cual el ser humano busca regir directamente su destino. Y por eso, nada mejor que sugerir una CÁMARA DEL PUEBLO elegida entre miembros de colegios profesionales, gremios artesanales, comunidades de barrios, representantes de minorías étnicas y religiosas, y no para figurar tan sólo en juntas locales y de pueblo -que también-, sino para regir a nivel NACIONAL los destinos y la cultura, negociar los valores, controlar, premiar y penalizar acciones de los gestores y hasta de miembros del Consejo Nacional de Seguridad y del Equipo Gestor Nacional si se desvían de su vocación de profesionales de la paz social y de la gestión inteligente y honesta, respectivamente. Y esos representantes deberían ser pagados, sí, pero a medio tiempo, y tener la obligación de seguir trabajando en lo suyo, viviendo inmersos en el gremio, la vecindad, la comunidad que representan. No se trata de reemplazar profesionales del poder por burócratas sindicalistas. Por otro lado, también los sindicatos son anacrónicos y basados en la ideología de enemigos de clase.
En resumen, no se puede crear cultura, elegir valores mejores, crear un liderazgo válido e insustituible porque basado en el talento y la vocación de cada persona, al mismo tiempo en que se ve al otro y se lo trata como a un contrincante. El otro es siempre tu socio potencial. Siempre. Y más opuestos parecemos, más complementarios somos. Pero para eso se necesita desear de todo corazón construir un Bio-Humanismo, a imagen del ser humano y de la tierra de la cual vive.
¿Otra vez parece sonar a utopía? ¡Me temo que en la cacofonía de hoy, sí! pero sé que no, no es utopía, es lo que necesariamente está por llegar, porque yo lo quiero así, porque tú lo anhelas así y porque es lo más justo.
Y la mejor prueba de que no es utopía, es volviendo a lo que tú ya señalaste de pasada: los animales sí tienen rabia, y aspiran a construir una sociedad más justa, tienen valores, liderazgo y cultura. Tú que guardas en tu seno a tantos animales muertos y asesinados, tú que guardas en tu memoria los movimientos, la corporalidad libre y esplendorosa de esos animales, tú que alimentas a todos los animales vivos, en la actualidad –al menos a las especies que no dejamos extinguirse o extinguimos directamente, que ya son las menos- ¿no crees tú que deberíamos primero despertar nuestra vitalidad, nuestra cultura animal, y ser, para empezar dignos de ellos antes de pretender reinar sobre ellos?

-La Tierra: Querido socio, ¡por supuesto que sí! Si eres capaz de crear y brindar seguridad, si eres capaz de lo que hemos denominado desarrollo inteligente pero no eres capaz de utilizar tu rabia para indignarte ante mentiras y atropellos y crear más justicia, no estás a la altura de lo animal y mucho menos, a la altura de lo humano. Y para quedarte a la altura de una patata, mejor lo dejamos, ¿no? Fuera de bromas, lo primero que hay que hacer es detectar lo que no está bien y creo que has detectado perfectamente lo que no está bien de la actual situación. Y estás proponiendo cómo debería organizarse la sociedad para estar representada por una Cámara del Pueblo. Esto me parece estupendo, pero antes de seguir, y volviendo a tu sugerencia de mirarte en lo animal, es fundamental que percibas la realidad en la que vives, que percibas las cosas tal y como son en el aquí y el ahora, que sanees y extirpes ideas y conceptos válidos antes, ya periclitados.
Y también es fundamental que cuides tu salud y tu bienestar físico, fomentando el deporte y la vida sana. El famoso “mens sana in corpore sano” del poeta romano Juvenal, debe también interpretarse como que en un cuerpo sano, la rabia es auténtica y sana y capaz de percibir la realidad tal cual es.
A partir de ahí, de la unanimidad en la percepción de las cosas y de las situaciones, se puede buscar la unanimidad en la búsqueda de nuevos valores que desemboquen en una nueva cultura que, viva y atenta, asegure que nada ponga “techos” ni trabas a los individuos y colectivos más avanzados, más pioneros.
En paralelo, tienes que buscar la manera de sentar las bases para una justicia universal real, incluyendo por supuesto el sistema judicial y penitenciario, que hoy en día siguen siendo medievales.
Y tu idea de la Cámara del Pueblo me parece fantástica. Eso huele a democracia real. Si bien la palabra Pueblo puede sonar a muchos como izquierdista o populista, ya hemos dejado claro al principio de este diálogo qué entendemos por Pueblo, así que siendo tu Cámara, no puede ser más democrática y representativa.
Y, ¿cómo avanzar con estos temas? Pues yo creo que haciendo propuestas, manifiestos, sometiendo las propuestas y manifiestos a debate y a búsqueda de consensos, en definitiva, pasando a la acción, ¿no crees?
En este punto me surge una duda que seguro tú me puedes disipar: ¿Cómo hacer las cosas para que todos los que dentro de ti no quieren ver la realidad tal y como es, es más, los que no quieren cambiar las cosas pues ahora están cómodos o favorecidos, apuesten por tus propuestas?

– El Pueblo: Comenzaré, querida socia, respondiendo a tu última pregunta, obviamente la más difícil, la de la unanimidad. No se trata de paralizar la acción, la protesta, el movimiento precioso de los Indignados que arrancó en Francia con un corto manifiesto de un abuelo que nos recordó los valores de la resistencia bajo el general De Gaulle, se extendió a países árabes dominados por dictadores, y llegó a España de modo mucho más actual, más moderno, y se extenderá, lo extenderé, por el mundo entero. No se trata de pedir el aval de los peores, de los que no sólo no son el Pueblo como lo entendemos hoy –es decir, como lo que de verdad es: la comunidad de los que anhelan justicia auténtica y no tienen intereses creados avasalladores y negadores que defender-, ni se trata de esperar a que los parásitos que viven de la injusticia institucionalizada consientan en escuchar la voz de un nueva civilización basada en un bio-humanismo.
Se trata de seguir avanzando, debatiendo y actuando, en paz y alentando el consenso y el diálogo, cada día más, cada hora más. Como lo hicieron las trompetas de Jericó en su día. A propósito, si te parece bien, dejamos esas líneas maestras que han de regir en una civilización nueva, para el próximo debate, pues creo que, en eso, no se trata de rabia y de justicia, sino de orgullo y de transformación, dimensión única y exclusiva del ser humano, es decir privilegio y responsabilidad del hombre y mujer sobre esta tierra.
Aquí me refiero a lo distintivo del animal, del animal SOCIAL en nosotros. Y eso está dicho en términos admirativos y superlativos, no de forma paternalista.
El animal tiene liderazgo y lo basa en la fuerza y en la responsabilidad real. Si, como ya sugerí, basamos el liderazgo de cada niño, de cada adulto y de cada anciano sobre su talento real, el que lo hace único e insustituible y sobre su auténtica vocación, tendremos una sociedad justa, culta y feliz. Existen ya modos de detectar esos valores individuales y diferenciales en cada uno. Esa necesidad es auto-conocimiento, ya la vimos en el apartado de seguridad. Pues alguien que pretende dirigir a los demás sin poder dirigir su propia vida hacia lo mejor de sí mismo, sólo podría ser un amargado corporativista y un castrador social. Se situaría por debajo de lo animal.
Los animales tienen cultura, tienen valores y los respetan a rajatabla. No se ponen a adular ni a temer jefes de otras especies que siguen anti-valores como los que ya denunciamos en nuestra andadura de seguridad, de desarrollo y de esta fase de justicia. Cada gremio, cada sector de actividad, cada género, cada edad generacional, cada asociación de vecinos, cada asociación de barrio, cada minoría, debe tener voz y voto en esa Cámara del Pueblo. Y desechar intermediarios que no representan ya sino trombos en el fluir de la comunicación, obstaculizando la solución de problemas.
Los valores que han de regir la sociedad son ante todo UN DERECHO NATURAL ACTUALIZADO, BIOLÓGICO, CERTERO, basado en nuevas definiciones y en la evidencia de una escala de motivaciones realmente innata al ser humano.
Esta escala es y universalmente: primero seguridad definida como lo hicimos, es decir suprimir amenazas a la integridad y rechazar el caos y la negación de la vocación de paz y felicidad en el ser humano. Luego llega la motivación al desarrollo, tal y como lo mostramos, es decir la sensibilidad a la pérdida y la búsqueda de soluciones de desarrollo inteligente. Luego llega la justicia, como lo estamos analizando, es decir la capacidad de denunciar, en el aquí y ahora, mentiras, agresiones y manipulaciones y buscar valores basados en el liderazgo talentoso y vocacional de los mejores y más calificados, pues sólo ellos pueden elevar el techo de la medida de lo posible en cada momento. Luego se abre algo maravilloso que es lo propio del ser humano, la posibilidad de edificar civilización transformadora, a través de la creación, del descubrimiento científico y del arte. A continuación vamos a la pertenencia real, o sea al amor por lo mejor de nosotros y por los mejores, por la entrega a la pasión existencial en cada uno y de cada uno. Y al fin podemos abrir el último y más importante estamento, el de la plenitud, es decir del culto por la verdad y por la paz, únicos garantes de la vocación de felicidad del ser humano y tuya, o sea de todo el Universo creado y en evolución.
Y hemos de admitir de una vez por todas y denunciar, la mentira social y filosófica en la cual la raza humana, es decir, yo, el Pueblo, hemos sido criados y sido obligados a transmitir a nuestros hijos: Me refiero a esa misma escala motivacional biológica, pero invertida, puesta al revés. Es decir, la alegría de ganar un pulso al contrincante, luego el amor sobornable y sectario por quien piense igual y forme parte de nuestro equipo de contrincantes, luego la lucha por el poder y falso estatus sobre los que, se supone, amamos, luego la imposición de falsos dirigentes que sirven para congelar las fuerzas vivas emergentes, luego la insensibilidad ante el dolor que provocamos, y al fin una inseguridad endémica, que consideramos la mejor arma de manipulación y de sometimiento social, que agita el fantasma del abandono, la miseria, la enfermedad y la muerte para quien no comparte esos anti-valores y esa visión predadora de sí mismo que hemos impuesto y nos hemos impuesto.
Si no damos la vuelta completa a esa visión falsa y mentirosa, abusiva, chantajista, del ser humano y de sus motivaciones profundas, innatas, biológicas, todo, todo lo que pretendamos construir será como la piedra de Sísifo, sólo rodará cuesta abajo y nos dejará más debilitados y desorientados. Esos son los “antivalores de toda la vida” que se trata de poner al derecho, redefinir y remplazar por los que sí rigen nuestro cuerpo sano, nuestro cuerpo real, y por ende nuestro sentido de la justicia, nuestro sentido social, en suma.
Perdona, socia, que en cada estamento insista sobre lo filosófico, lo conceptual básico, pero si hablamos de nueva civilización, ha de comenzar por eso ¿no crees?

– La Tierra: ¡Cómo no, querido socio! Sin eso, no hay suelo sobre el que edificar.
Me ha encantado tu descripción sobre la escala motivacional biológica y cómo se funciona cuando ésta se invierte. Tal cual. Así, entre nosotros, debo decirte que suena tan natural y lo formulas de una manera tan sencilla y sintética, que tiene que ser verdad. Además de sentirme feliz y segura imaginándome que funcionarás según esa escala motivacional, aumenta mi amor por ti y resuena en mí esa misma secuencia porque yo siempre sentí una secuencia ordenada en mí: como Tierra tengo sólo tres de las seis dimensiones que apuntas, y la secuencia se corresponde: arranco en el amor, en la entrega, ofreciendo a todos los seres que me pueblan – vegetales, animales y seres humanos – un espacio seguro en el que desarrollarse y ser, y de ahí paso a la alegría de saberme infinitamente pequeña en un Universo perfecto, pedacito insustituible y prescindible, parte infinitesimal del todo que a su vez lo contiene. Y de ahí a la seguridad que me brinda el rechazo del caos, pues basta ver mis mares y mis montañas, mis valles y mis cielos para saberme segura y armoniosa. Mi seguridad se tambalea cuando, como te decía al comienzo de nuestra conversación, surge el peligro para el amor y la alegría. Y entonces tengo miedo. Miedo por ti y de ti. Y si te fijas, si tú funcionaras en la secuencia biológica que me expones, funcionarías generando negantropía y no sólo te sumarías a mi secuencia, sino que multiplicarías mi secuencia, ¿No sería esto bello?

– El Pueblo: Así es ¡ya lo creo, madre pura y buena como un bebé! Generadora eres de esa negantropía que alimenta todo lo bueno, diluye el caos y me sostiene. Te pido perdón por haber vivido como un feto irresponsable dejándote sostenerme mientras yo, alegremente, convencida por los académicos estudiosos del funcionamiento de los seres humanos, creía tener también tan solo tres dimensiones, a imagen y semejanza de los cuatro elementos, tal y como el tópico acuñado por los griegos antiguos nos hacía creer. Descubrir que el ser humano tiene seis dimensiones ha necesitado que salga de la niñez y decida pensar por mí mismo. “

Preciada Azancot y Antonio Gálvez. Extracto de “¡Sí, me indigno! ¿Y ahora, qué?Editorial Tulga3000 Editores

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DESARROLLO INTELIGENTE MAT EN EL BIO-HUMANISMO DE TERCER MILENIO

Por Preciada Azancot

Una vez garantizada la Seguridad, es decir la defensa contra toda causa real de amenaza a la integridad -tanto moral como territorial- y sobre tal base Ética, alejados los peligros reales, ya toca atender al DESARROLLO INTELIGENTE de nuestros recursos disponibles, sean éstos humanos o materiales.

Día 2: Aquí video sintético y texto original:

“..¡ Y EXIJO DESARROLLO INTELIGENTE !”

https://www.youtube.com/watch?v=N87NWXSxBQA

– El Pueblo: Una vez garantizada la seguridad, surge una segunda motivación universal del ser humano, también presente en los elementos, en los planetas y en ti querida Socia: la de usar la mente, los recursos, los medios todos de los cuales disponemos, para lograr organizarlos y gestionarlos de la más inteligente, compasiva, sensible y eficaz de las maneras. Basta con mirarte para darse cuenta de que la fauna y la flora, los mares y los ríos, la tierra toda se adapta a las oportunidades y recursos disponibles en cada lugar y momento y, con ello florece y prospera una diversidad alucinante y prodigiosa que nos es ofrecida a los humanos, no sólo para contemplarla maravillados, sino para vivir de ella, satisfacer nuestra hambre y nuestra sed con ella. Si esa motivación de desarrollo inteligente se viera satisfecha, nada se malgastaría, nada se estropearía, nada enfermaría por desatención o descuido, nada sufriría por causa de la insensibilidad de los que, se supone, son más hábiles, especialistas y preparados para administrar los recursos del planeta, y no sólo de este planeta.
Ver lo que pasa actualmente en el mundo, absorber información aséptica y fríamente estadística -como si de una realidad no sensible ni sufriente se tratara- sobre el desequilibrio loco y enloquecedor entre personas y entre pueblos que mueren de hambre mientras en otros se combate la obesidad por ingesta de comida-basura, saber, impotentes, cómo en cada minuto mueren de desnutrición y de insalubridad niños que jamás tendrán oportunidades para desarrollarse sanos y serenos, constatar cómo los impuestos desangran a los más vulnerables para dilapidarse en nutrir administraciones burocráticas y lujos parasitarios, todo ello, sí querida Socia, hace aullar de dolor, de sufrimiento, de tristeza, pues sólo la TRISTEZA viene al caso como emoción justa, para lamentar todo ese despilfarro de lo vivo, de lo sensible, de lo bueno, toda esa pérdida de oportunidades, todos esos recursos tirados a la basura. ¿Acaso somos tan sordos como para haber necesitado escuchar el clamor de esa miseria, de esa desigualdad extenderse al mundo rico en crisis, para tomar conciencia de esa monstruosidad, de esa degradante manera de gestionar y de gestionarnos? Nunca el mundo fue más rico, y nunca hubo tantas miserias. Y tú si que sabes de eso, tú sí que sufres de ello más que nadie. Y lloro también por tu dolor que te invito a compartir conmigo. Cuéntamelo por favor.

– La Tierra: Querido socio ¡has puesto el dedo en la llaga! Y mi tristeza ha sido infinita; más vasta que mis océanos y mis cielos, que mis desiertos y mis cumbres.
Durante siglos, qué digo, milenios, he llorado por ti y por mí. Por ti pues nunca antes vi que pudiera comunicarme contigo, que pudiera ayudarte a encontrar tu camino de esplendor y de plenitud y, ¿sabes?, no hay nada más triste que sentir que alguien necesita ayuda y que tú puedes prestársela y que, de una manera u otra, exista la imposibilidad de la comunicación, fundamento de la ayuda. Por mí, pues esa tara tuya se ha manifestado en todo su horror en cómo me has tratado, sobre todo últimamente… Las deforestaciones salvajes que han provocado inmensas zonas desertizadas, las lluvias ácidas, la descomunal contaminación de mis/nuestros mares y océanos, los vertidos tóxicos -nucleares o no- incontrolados, la mala gestión de residuos, la contaminación en la atmósfera provocada por los medios de transporte y por las calefacciones, el uso indiscriminado y poco eficaz de lo que denominas “combustibles fósiles” – carbón y petróleo mayormente -, hacen que, a pesar de mi inmensa capacidad de regeneración, mis fuerzas se tambaleen.
Y todo esto, ¿por qué? Pues muy bien lo acabas tú de decir: en resumen, hay falta de sensibilidad, falta de compasión, falta de cuidado y de mimo. Y como te apuntaba cuando hablaba de mis miedos, si eso no te lo aplicas a ti mismo, como Pueblo, entre todos tus integrantes, imposible aplicarlo afuera, a mí.
Pero basta de lamentaciones. Ya nos comunicamos, ya somos equipo, así que veamos qué podemos hacer para poner fin a todas nuestras tristezas. En tu exposición has dado con la clave para resolver todos nuestros males: Se trata de encontrar la motivación al desarrollo inteligente. Permíteme que lo subraye, pues es lo que nos permitirá diluir nuestros males. Si ya hemos sido capaces de percibir las pérdidas, es hora de buscar opciones y soluciones que eliminen las causas de aquellas, ¿no te parece?
¿Qué se te ocurre a ti que habría que hacer?

– El Pueblo: Socia bella, soluciones de mí salieron muchas durante esos milenios de los cuales hablas, pero soluciones inteligentes, creo que nunca. La inteligencia, el mimo, el cuidar, lo sensible, la comunicación honesta de igual a igual, poniéndose en las heridas y en los dolores del otro, no sólo en sus zapatos, sí, todo eso que viene a ser tan sólo la manifestación de la capacidad de sentir pérdidas de algo vivo y bueno, es decir la tristeza verdadera, es en efecto el único combustible no contaminante para poner en marcha la mente racional e inteligente. La claridad mental que sale de su confusión, de su desorientación, en suma. O sea, la esencia misma de la Civilización, de lo no bárbaro, porque de lo no provisional, de lo no-circunstancial. Y digo yo, puesto a razonar, digo yo ¿no será que todo llega Just in time como dicen los de habla inglesa que me pueblan y son parte de mí? ¿no será que todo llega a su tiempo preciso y que jamás podría haber habido lo Civilizado con mayúsculas, al menos el comienzo de ella en esta tierra, si antes no había podido oír tu voz, si antes no nos podíamos comunicar tú y yo?
Y si antes no podía oír tu voz, es que antes de hoy no había podido madurar, aún no había podido hacerme adulto y entender lo mínimo entendible: sólo nos podemos salvar todos unidos, cuidándonos mutuamente y ya nunca más los unos contra los otros. Deseamos salvarnos juntos, justamente porque, hoy más que nunca, todo nos invita a buscar más chivos expiatorios, más culpables afuera, a optar por más egoísmo, por más avaricia y más insolidaridad, o sea por la anti-compasión. Es decir y dicho -supongo- más inteligentemente; ya pasó, afortunadamente, el tiempo de la autocompasión. Ya pasó el tiempo del Arca de Noé y de los Apocalipsis, ya pasó el tiempo de la lucha de razas, de religiones, de clases, de géneros, de edades. Todo eso ya pasó, y eso es ser maduro.
Tal vez, y espero haberlo intuido bien llamándote bebé, mi bebé, tú también eras muy niña para alzar tu voz lo suficientemente alto y dirigido, como para que yo pudiera haberte oído. No oigo los ultrasonidos, o tal vez ya sí. ¿Sabes?, siempre soñé que, antes de que yo decidiera moverme de verdad, terminaría el tiempo del Arca de Noé, que yo llamo “¡No! ¿Eh?” (es decir el arca de los que debían rendir cuentas por culpas ajenas y acatar mandamientos rígidos) y llegaría el tiempo en que todo el planeta fuera ese Arca, que llamo el Arca de “ ¡¡¿Sí, Éh?!!” (es decir el tiempo de la construcción mano a mano de un mundo de entendimiento y de comunicación sensible y solidaria). Oigo ruidos extraños viniendo de ti ¿estás riendo? ¿o lloras?

– La Tierra: Río, socio bonito. Río con alborozo, pues cuando mana la fresca inteligencia de tu ser, nada parece inalcanzable, todo posible y, además, ¡claro como la más límpida de las aguas! Y comparto tu intuición; es ahora cuando toca, cuando nos toca resolver lo que, cada uno por nuestro lado, pensábamos imposible.
Y ya puestos, me permito esbozar qué tipo de acciones se me ocurren para poner nuestro desarrollo inteligente en marcha:
Un primer paso es que asumas y recuperes todas tus partes que eran sanas y bellas y que se han perdido por el camino. Hablo de recuperar e incorporar, actualizándolas, épocas y conceptos de esplendor pasado como, en Occidente, la filosofía griega y el renacimiento, y en Oriente, la dinastía Ming en el mundo budista, la dinastía Omeya en el mundo musulmán, y de igual o mayor importancia, recuperar e incorporar, actualizándolos, los pensamientos de figuras clave en tu historia, algunas de las cuales ya te apunté cuando hablábamos de seguridad.
Un segundo paso sería situar la iniciativa para el desarrollo en las personas y en la sociedad, sustituyendo intermediarios y poderes públicos por coordinadores funcionales válidos y eficaces.
En tercer lugar, saber eliminar causas de tristeza, actual o futura, significa saber distinguir, en cada individuo, en cada situación, en cada oportunidad, lo que está vivo, lo que está enfermo y lo que está muerto. Y aquí cobra un papel muy importante la educación y los medios de comunicación social, que han de servir para educarte en el conocimiento de ti mismo y para permitir el desarrollo del potencial individual y colectivo, y no para confundir, avasallar, ametrallar y escupir medias verdades.
Y por último, habría que dar una pensada para diseñar el organismo o ente idóneo que asegurase el desarrollo, no sólo el tan de moda ahora “sostenible”, sino biófilo e inteligente. Este organismo se ocuparía de la educación a todos los niveles, de la comunicación, del transporte y del desarrollo social y económico. Y claro, con la base inamovible de tener la seguridad garantizada, pues si no, desarrollaríamos nuestro gigante con pies de barro, como ha ocurrido en otras ocasiones.
¿Cómo te suena esto, querido socio?

– El Pueblo: ¡Me suena a claridad inteligente, a compasión por mí, a la de la buena: con-pasión! Y para ello hay que amar como tú lo haces: apasionadamente y poner la vida al servicio de cuidar de lo amado. En esto, creo, está la solución, y la clave, el secreto de la receta del desarrollo que debemos aprender de ti. Es esta actitud, esta intención, esta honestidad atenta la que será la clave de todo el éxito.
Porque instituciones y paridas sobre educación, sobre medios de comunicación, sobre buenas intenciones, hubo millones de esbozos, de proyectos, de reformas, de intentos, pero creo que hay que, a la vez que es ineluctable hacer reposar el desarrollo sobre una seguridad garantizada y firmemente ética, dejar bien claro que la filosofía que nos debe guiar a todos podría reposar en una sola idea: no hay inteligencia clara si ésta no sale del corazón y no hay amor apasionado si no se fundamenta en la razón. Pues una inteligencia sin corazón crea burócratas y máquinas humanas y una pasión amorosa sin razón, sólo se autodestruye y deja al objeto del amor lleno de culpas y sin seguridad en sí. Lo debilita. No lo potencia.
Dicho lo cual y sobre esta base, sí, te doy toda la razón. Si no hubiéramos comenzado por matar, por dejar extinguirse, individualmente, lo mejor de nosotros mismos, jamás hubiéramos permitido ni visto como inevitable estropear o descuidar algo afuera. Yo creo que la Creación, o el resultado de la Evolución, poco importa el orden de estos factores, ya sean éstas los elementos, los vegetales, los animales y los hombres, son perfectas y encierran esplendores y tesoros aún por descubrir pero todos regidos por leyes objetivas y científicamente demostrables. Si desconocemos cuales son nuestros verdaderos talentos ocultos y nuestra vocación individual real, basada ésta en nuestra pasión existencial, no podemos sacar de nosotros un desarrollo biófilo e integral. Y eso nos remite a lo que dijimos ya sobre el auto-conocimiento.
En vez de multiplicar patéticos nacionalismos y localismos que se crispan alrededor de conservar defensivamente vestigios de culturas locales y anacrónicas, ¿no sería mejor apostar por una identidad universal y por un idioma universal que sirva para extraer de cada ser humano sus talentos diferenciales y motivarlo a sacarlos confiadamente para ponerlos al servicio de su grupo, que es también toda la raza humana?
Sobre el segundo y tercer punto, lo expresaste ya de modo tan perfecto que sólo puedo unirme, agradecido. E ilusionado.
En cuanto a la institución que gestionaría el desarrollo de cada país, de cada continente y de cada grupo de continentes, si existiera ese Consejo Superior de Seguridad formado justamente por personas LIBRES de toda ideología o interés personal y capaces de diagnosticar y de proponer a los mejores, a los más talentosos, a los que tengan mejor vocación de servicio amoroso, en vez de ministerios tendríamos algo así como empresas y cooperativas de gestores de las grandes áreas de interés. Nacional, transnacional e internacional. Siempre y cuando un organismo soberano que represente verdaderamente al pueblo vivo en su totalidad sea el guardián y si viene al caso, el fiscal de los honestos coordinadores y gestores que hayan sido encargados de llevar bien el desarrollo de todo lo vivo y válido de la tierra y de lo que la puebla. ¿Lo bautizamos provisionalmente como el EQUIPO GESTOR? Y habría muchos organismos de coordinación entre continentes y nos volcaríamos todos en erradicar las causas del subdesarrollo, sea este intelectual, económico, moral o educacional.
Estamos en la era de las redes, y habría que ponerlas verdaderamente a servir la inteligencia humana solidaria y pluridisciplinaria.

– La Tierra: ¿Te fijas? Me quedé la mar de tranquila con tus palabras. Si así fuera como avanzáramos, el cielo siempre sería azul intenso.”

Extracto de “¡Sí, me indigno! ¿Ya hora, qué?“, de Preciada Azancot y Antonio Gálvez, editorial Tulga3000 Editores

Preciada Azancot, 8 de enero de 2016

Más necesario que nunca: un BIO-HUMANISMO UNIVERSAL DE TERCER MILENIO

Por Preciada Azancot

Día 1. Aquí vídeo sintético y Texto original:

” … ¡Y EXIJO SEGURIDAD ÉTICA!”

https://www.youtube.com/watch?v=qQvE__dauzM

– El Pueblo: Buenos días querida Socia Tierra, querida madre-abuela, debido a tu venerable edad y por ser la gran dama que eres, será un placer cederte el paso; te propongo comenzar tú y te invito a examinar conmigo -no sé si estarás de acuerdo en ello- la base de todo lo bueno que logremos: el cómo no tener pavor, terror, miedo, localizando sus causas y erradicándolas, para así acceder a lo primero que necesita un ser humano, y no sólo humano: el sentirse a salvo, defendido y a buen resguardo. Me refiero a que sin SEGURIDAD duradera, no podemos ni siquiera detenernos a pensar, ni mucho menos a soñar con la felicidad a la cual todos tenemos derecho. ¿No lo crees así, Socia? Y si sí ¿a qué le tienes miedo?

– La Tierra: Gracias querido Socio Pueblo por tu deferencia. El arranque no puede ser más oportuno, pues sin seguridad no hay piso sobre el que construir. ¿Te imaginas que yo no tuviese la seguridad de que es la neguentropía la que sostiene el Universo? ¿Te imaginas el pavor al vacío, al caos, a la nada sin esa seguridad?
Te voy a ser muy sincera, pues los años no me permiten andarme por las ramas: En el Universo, lo creamos o no, existe un orden y ese orden permite, como ejemplo minúsculo, que tú y yo existamos. Y no es momento de entrar en discusiones estériles entre creacionistas y evolucionistas, ni en las últimas teorías cosmológicas, ya que tú, como pueblo, percibes claramente que existe un orden de lo humano, creado o evolucionado -o ambos a la vez- eso no importa.
Y ahí está mi mayor miedo: el que ese orden, esa armonía, se destruya. Y en nuestro minúsculo nivel, esto pasa por romper el perfecto equilibrio existente en nuestra distancia al Sol, en nuestro movimiento a su alrededor, en nuestro movimiento de rotación, en los componentes y características de nuestra atmósfera.
Y digo minúsculo nivel porque realmente, somos pequeños : La Vía Láctea tiene entre doscientos mil millones y cuatrocientos mil millones de estrellas como nuestro Sol. Y la propia Vía Láctea es una de las de alrededor de cuarenta galaxias que forman el Grupo Local, que a su vez forma parte, junto con otros cien grupos o cúmulos de galaxias del Supercúmulo de Virgo, que a su vez… En fin, dejemos estas cifras mareantes y volvamos a aterrizar en mí, como muchas veces dices 🙂
Esa pequeñez no nos exime de mantener nuestro equilibrio y nuestra armonía, al revés, tendría que encantarnos obedecer a las leyes que la rigen y garantizan; y el perfecto equilibrio existente ya está poniéndose en entredicho con la contaminación producida por los seres humanos y el imparable cambio climático, donde, una vez creado el Protocolo de Kioto, resulta que los países más contaminantes son los que más dudas tienen en ratificarlo…
Y si esto me da miedo, ¿cuánto más miedo siento ante las armas de destrucción masiva y las letales armas químicas? ¿No se requiere, para tener seguridad verdadera, la manera de garantizar la paz entre los seres humanos?
Estos son mis miedos mayores, ¿cuáles son los tuyos?

– El Pueblo: ¿Mis miedos? Pues yo creo que estoy en el nivel más alto en la escala del terror: el que debería haber sentido Caperucita en la cama del lobo, al confundirla con su abuelita cariñosa. Pues, ¿hay algo más aterrador que darse cuenta de que lo que más hay que temer hoy en día es precisamente lo que más debería y podría -si no fuese un usurpador, un estafador o un farsante- garantizar nuestra seguridad? Porque bien está que le tengamos miedo a la enfermedad, a la muerte, a la soledad, al dolor, a la traición, a la ignorancia, sí, bien está. Al menos cuando una enfermedad se presenta, no lo hace con signos de bienestar, de fuerza y de lozanía, o si un ladrón entra en nuestra casa, no se pone la máscara de nuestro hijo o de nuestro mejor amigo. Pero como es el caso hoy, cuando son precisamente los gobernantes elegidos democráticamente, los directores de grandes organizaciones e instituciones, el sistema liberal y capitalista y también el comunista, por el cual fuimos a dos guerras mundiales y entregamos decenas de millones de vidas humanas, el sueño de liberalismo, de libertad de elegir en qué y cómo trabajar, qué y cómo pensar, el derecho de voto por el cual vertimos mares de sangre desde la esclavitud, los representantes políticos en quien delegamos la confianza de defender y proteger nuestros intereses personales y colectivos, los legisladores y los jueces a quienes recurrimos confiados para sentirnos dignificados, los venerados supuestos sabios que nos facilitan el entendimiento de los designios de nuestro Creador, sí, cuando son esos mismos que se alían entre sí contra la potencia y la cordura del Pueblo, en nombre de intereses patéticos de jugadores de poker haciendo faroles contra sus idénticos compinches, con el único propósito de ser el más listillo de los predadores de la jungla, entonces sí es como para no sólo sentir miedo, sino pavor. Es como para sentirse acorralado y sin ninguna salida. Es el horror al caos, sí, al CAOS con mayúsculas, a lo absurdo que pintó Kafka en sus premonitoras novelas. Porque ¿de qué defensa hablamos? El ejército que debería ser el ángel de la custodia y el máximo profesional de la paz, ataca a nuestros niños indignados frente a nuestras propias ventanas o se los lleva a guerras foráneas, gratuitamente fabricadas para servir intereses ajenos a toda justicia y a toda dignidad. Los resistentes que dicen luchar por su pueblo se escudan tras escuelas, hospitales y mujeres y llaman guerra santa el suicidarse matando a inocentes que nada tienen que ver con sus desgracias y padecen miserias parecidas o peores, porque disfrazadas de patriotismo y de libertad, de parte de sus gobernantes que fabrican burbujas especulativas que los dejan arruinados del día a la noche, sin casas y con la obligación de seguir pagando su ruinosa hipoteca con su pensión de parado. Los investigadores se ven inundados de dinero si se trata de inventar más armas de destrucción masiva y reducidos a mendigar inútilmente si se trata de encontrar remedios para erradicar enfermedades mortales, las universidades levantan murallas infranqueables de selectividad para formar profesionales que tendrán una sola garantía: la de ir al paro y la de haber desaprendido la poca intuición creativa que tenían para buscar opciones nuevas. Los genios, que antes se conocían todos entre sí, hoy en día se ignoran y se sienten aislados y abandonados, porque sólo funcionan redes de cotilleo y ligoteo, que éstas sí, pululan. ¿A qué tengo miedo, dices? ¿A qué no tengo miedo? podrías preguntarme, porque no podría ya encontrar un solo ejemplo de seguridad que darte. Ni siquiera confío en mí. Y es más, te confieso que ya llegué al convencimiento hondo de que yo, yo soy al que más debo temer, porque creía conocerme, pero ya ni sé quién soy ni lo que valgo ni para qué valgo. Y si he de serte sincero, es así, tocando fondo, que a veces, un chispazo de luz, o tal vez de locura, me convence que en el fondo, desde Sócrates, no sólo nada ha cambiado, sino que ha empeorado. No nos conocemos a nosotros mismos, y por eso proyectamos lo más inseguro de nosotros y elegimos lo peor creyéndonos a salvo. No sé. No sé. Me siento indignado, sí, pero sin fuerzas, sin opciones, sin salidas. ¿No crees, querida tierra madre-abuela, que es como para estar aterrado?

– La Tierra: Sí que es grave el asunto, sí. Y tienes todos los motivos para estar aterrado. Ahora bien, desde ese miedo que sientes, vamos a ver cómo conseguir que recuperes las fuerzas, las opciones y las salidas.
El primer paso que debemos dar ya lo has dado: determinar dónde está el peligro. Si el peligro primario está en ti, porque te desconoces, tendremos como segundo paso que conocerte, que diagnosticarte, de manera que sepamos a ciencia cierta dónde, dentro de ti, están los mayores peligros y dónde están tus mayores virtudes en las que nos podremos apoyar para solventar los peligros. Una vez aclaremos este punto, habría que hacer algo similar con tus gobernantes, con tus “fuerzas vivas”, para ver cuál sería la organización ideal que asegurase tu seguridad. Vamos a ello:
En tu exposición hay, creo, un diagnóstico muy acertado de la situación actual, de la cual, me permito leer entre líneas las siguientes necesidades básicas para recobrar tu seguridad:
Sistema de gobierno bajo criterios de ética, vocación de servicio al pueblo y honestidad.
Sistema legislativo digno, justo, equitativo, que te haga sentir que la justicia verdadera, no sólo es divina, sino también humana.
Reconocimiento de los más sabios dentro de ti para que puedan guiar los crecimientos colectivos e individuales.
El ejército –el sistema de defensa- debería ser el ángel de la custodia y el máximo profesional de la paz, tal cual lo dices.
Los investigadores tendrían que focalizarse en encontrar remedios para erradicar enfermedades mortales, nuevas fuentes de energía limpia y todo aquello que vaya en la dirección de aumentar tu seguridad y tu bienestar.
Las universidades se dedicarían a enseñar cómo potenciar el crecimiento personal y la capacidad creativa de sus alumnos.
Los genios deben ser reconocidos y admirados en vida, pues, dada mi dilatada experiencia, te traen pedacitos de Eternidad, y en general, a cambio, tú los reconoces y les levantas altares sólo cuando ya yacen en mí y los más rancios académicos pueden hablar en su nombre. Y éstos lo hacen con dos finalidades que a mí, que los llevo en mi seno como hijos preferidos, me aterra y me indigna: primero alzar su soberbia sobre aquél que no han sido capaces de valorar en vida y colocarla por encima de la genialidad del silenciado –puesto que creen darle el aval de la celebridad-, y segundo, para convencernos de que el genio no es humano, de que es un ser extraterrestre y medio loco del cual asustarnos. Con lo cual, logran hacernos creer que no podemos imaginar ni crear un mundo mejor, un mundo genial. A eso sí que yo le tengo miedo, socio. Porque cuando te hipotecan la POTENCIA creadora, sólo te queda el miedo, la impotencia, la sensación de desvalimiento.
¿Qué deberíamos hacer para llegar a ese escenario soñado? Perdona, querido socio, el plural mayestático, pero es que me siento muy socia. Sé que hacer, poco puedo hacer, pero ayudarte a pensar y a reflexionar, sí, eso sí que puedo.
¿Podríamos quizás empezar por ver cuál debería ser el sistema de seguridad que te asegure la ídem? Solventado esto, ya podríamos avanzar resueltamente para buscar opciones y salidas para el resto, ¿no crees?

– El Pueblo: Sí, madre-abuela y antes que todo, queridísima y privilegiada socia. Pues sí, y gracias a ti, me estoy dando cuenta de que he realizado un diagnóstico, como tú dices y señalas, y no sólo de mí, que soy a la vez la víctima y la causa de todo lo demás, sino de la situación en general, de las causas de amenazas a mi integridad y a la tuya. Hablando de la mía, la interior –pues si desconozco mis debilidades y las confundo con mis fortalezas y viceversa, cualquiera puede manipularme y engañarme- y la exterior –la de confundir al lobo con el cordero y fiarme de él, o peor aún, creer necesitar de su “aval” para creer en mis propios sueños, en mis propias certezas de un mundo seguro, desarrollado, justo, creador, solidario y pacíficamente fluyente-. Y sí, como decía mi bisabuelo Sócrates, “conócete a ti mismo” y conocerás así al Universo entero, es la clave de todo.
Y a través de este diálogo, creo, o más bien sé, que lo lograré. ¿Qué digo? ¡que lo lograremos!, pues tú, tierra, ya no madre y abuela, sino niña y bebé, serás lo más entrañablemente querido y valorado por mí, pues todo en ti y desde siempre fue paciencia y amor, agua para mi sed, y alimento para mi hambre, y también memoria de evolución, y el lugar que ama por encima de todo a la luz – es decir, a la VERDAD- y siempre gira a su alrededor. Sí, socia amada, contigo descubro que por vez primera consiento en escucharte, en no estar tan sólo atento a mis morbosos diálogos internos de rumiante, en ese comerme el coco para ver cómo, una vez más, logro idear tan sólo la manera de ganar el pan con el sudor de mi frente en un valle de lágrimas. Y es tu miedo por mí y de mí que me hace despertar a la esperanza, a la potencia de mi imaginación, de mi poder creador para construir contigo un mundo digno de los dos.
En cuanto a cómo poder garantizar a nivel colectivo la seguridad máxima, creo que sería posible si las instituciones que deberían garantizar la seguridad, véase, eliminar causas de miedo a nuestra integridad, fueran regidas por un Consejo Supremo de Seguridad elegido por los Sabios del pueblo entre los que más sean capaces de diagnosticar el nivel de toxicidad y de valía en los que podrían y deberían gestionar la administración de un país. Ese Consejo Supremo de Seguridad no podría ser integrado por militares ni por políticos, ni por ideólogos, ni por seguidores incondicionales de dogmas religiosos, sino por filósofos sabios y desinteresados y por investigadores y descubridores del funcionamiento humano, por especialistas del alma y del comportamiento humano. Para garantizar la integridad de la Nación, de las Naciones, se necesita tener un solo atributo fuera de toda sospecha: INTEGRIDAD, vale decir, ÉTICA en acción.
Ese Consejo Supremo de Seguridad, ante todo, garantizaría que la educación de los ciudadanos gire alrededor del auto-conocimiento y de la tolerancia y encantamiento ante lo diferente del otro, del hermano, así nos enseñaría a conocer nuestras debilidades y proteger al otro de ellas, con objeto de diluirlas en nuestras fortalezas y talentos.
También dirigiría el Ejército para hacer de éste el máximo exponente de los profesionales de la Paz. Es decir, no sólo ir de modo decisivo e imparable hacia el desarme sino, además y sobre todo, ser maestro en detectar todo caos, vale decir saber detectar y diagnosticar la voluntad de poder, la compulsión de control sobre las conciencias ajenas y erradicarlos en tiempo real y sin violencia, con argumentos objetivos, con un simple diagnóstico de la toxicidad de esas conductas.
El Consejo Superior de Seguridad, enseñaría igualmente a amar obedecer al orden, siempre que ese orden sea el de la naturaleza feliz e inocente del ser humano y no la institucionalización de las relaciones de poder de los más desaprensivos sobre los más cándidos.
También regiría los poderes de defensa interior como la policía y los servicios de Inteligencia, para hacer de ellos los máximos ángeles custodios del orden biológico de mis integrantes.
Y, naturalmente, también regiría toda la Sanidad pública (incluyendo la Seguridad Social) para hacer de la prevención y de la apertura de la medicina a todo lo que atañe al conocimiento milenario o pionero del funcionamiento del cuerpo humano, una ciencia multidisciplinar que sepa velar por la salud integral, garantizándola.
Y, en fin, velaría para que el derecho a tener un techo sea poco menos que sagrado, imposible de ser objeto de especulación para desaprensivos, ni de chantaje para hipotecar la vida entera reducida a rembolsar un crédito cada vez más ciego, cínico y abusivo. Suena a utopía, pero no, no lo es. Es sólo ética. ¿Me ayudarás, socia, a ponerlo en términos más, digamos, terrenales?

– La Tierra: Sí, puede que suene a utopía, pero hablando de sonar, escucha, que si de asuntos terrenales se trata, ¡aquí está la experta! 🙂
Esas instituciones de las que hablas y ese Consejo Supremo de Seguridad podrán ser una realidad en unos cuantos años, pocos, si se empieza a sembrar en la buena dirección. Medidas que creo realistas y aplicables desde ya, y que someto a tu estudio, serían:
1.- Antes de nada, fomentar institucionalmente medidas para que la población se conozca a sí misma individual y colectivamente. Y esto debe hacerse en primer lugar en los programas de educación infantil y juvenil. En los jardines de infancia, las escuelas, los colegios e institutos. Con una defensa de la infancia desde las instituciones, y no sólo del maltrato físico, sino también del maltrato psicológico. Es decir, habría que abogar por la seguridad emocional de la infancia.
Si cada individuo se conoce a sí mismo, y si cada individuo tiene un conocimiento profundo de ti (Pueblo, ser humano de ayer y de hoy) y de mí (Tierra, hogar y memoria colectiva de ti), y además tiene toda la seguridad emocional necesaria, serás capaz de saber qué políticas son las adecuadas para tu crecimiento y qué líderes necesitas.
2.- Promover políticas y sistemas de Defensa y Sanidad acordes al siglo XXI y al tercer milenio: bien dimensionados, gestionados y financiados.
Respecto a los sistemas de Defensa, inculcar desde la escuela la defensa como una misión de paz y de entendimiento, de acercamiento. Y recalcarlo más en las academias militares: La guerra es, siempre, un fracaso, y casi siempre, evitable.
Respecto a la Sanidad, apostar por una Sanidad biófila, volcada en el amor por la verdad, promoviendo una conjunción de lo mejor de las distintas medicinas orientales y occidentales, ancestrales y ultramodernas, enfocada no en luchar contra la enfermedad sino en prevenirla.
3.- Promover una defensa especial en la seguridad de los sabios y de los líderes excepcionales. La seguridad no sólo física, sino también mínimamente económica. Y esto con la creación de becas, premios y reconocimientos para los mejores. De nuevo, desde la más temprana edad.
Creo, querido socio, que, como no podía ser de otro modo, las cosas empiezan siempre desde el principio… Y por eso, mi propuesta de arrancar sembrando en las nuevas generaciones, y reeducando a las presentes, pues así se construye futuro, ¿no crees?

– El Pueblo: ¡Ya lo creo que sí, mi niña! Y todo ello es seguro y alcanzable si queremos. Y lo queremos.”

Extracto de “¡Sí, me indigno! ¿Y ahora, qué?“, de Preciada Azancot y Antonio Gálvez, editorial Tulga3000 Editores

Preciada Azancot, 8 de enero de 2016

La niña que venció a la muerte

En estos tiempos tan difíciles en las que llueven las amenazas, agravadas por el mes de Av, os envío uno de mis cuentos (“Cuentos de la Abuela“) para que ninguno de mis amigos pierda el ánimo ni la positividad.

LA NIÑA QUE VENCIÓ A LA MUERTE

Érase una vez, una niña muy enfermiza y débil, aunque delicada y bonita, que vivía junto a sus amados padres. Sólo ella podía entender lo de “amados”, pues éstos eran zafios y brutales a más de en exceso pragmáticos. Según ellos, la vida de padres giraba alrededor de dos grandes verdades: cada hijo debía tener una utilidad evidente e inmediata, y “la letra, con sangre entra”. Eso es lo que habían aprendido de sus propios padres, y seguían dichas enseñanzas a rajatabla. ¿Pero qué utilidad podía tener una niña tan enfermiza, delicada y débil que se la pasaba gimoteando todo el día y que por más palos que recibiera no aprendía a curarse ni a ser de alguna utilidad para sus sacrificados progenitores? Pues ¿no era empecinamiento el suyo, el no querer servir para nada útil? Pero la niña era tan terca como los dos zafios campesinos que la habían engendrado, y más éstos la castigaban, más enfermiza se ponía. Hasta el extremo de ya no abandonar la cama, salvo para tenderse lánguidamente sobre el sofá, contando los minutos y contemplando las manecillas del reloj de pared.

Observar el tiempo pasar sin moverse de su sitio se convirtió muy rápidamente en su pasatiempo preferido. ¿Pues qué hay en verdad -pensaba la niña- más apasionante que estar inmóvil y absolutamente quieta interiormente mientras los ojos permanecen fijos sobre las manecillas del reloj? Sí, ver el tiempo correr mientras ella permanecía gélida y congelada, como si de una piedra se tratara, le daba sentido a su vacía vida y le permitía resistir los embates verbales –y no sólo verbales, pues su padres no se privaban de insultarla y de pegarla- y otros maltratos de quienes repetían, al hacerlo, que estaban ya hartos de sacrificarse por ella sin recibir nada a cambio. Y, ella, Petra, pues así se llamaba la niña, sólo respondía a tantas presiones poniéndose aún más enferma y débil, y gimoteando aún más.

Cuentos de la abuela: La niña que vencio a la muerte - Texto y dibujo de Preciada Azancot

Cuentos de la abuela: La niña que vencio a la muerte – Texto y dibujo de Preciada Azancot

Así que un buen día, como un jeque petrolero se encaprichó de la niña que pensó ideal como dama de compañía para la favorita de su harem, estéril ella y gimoteante también, ofreció a los padres comprársela a cambio de duplicar el tamaño, muy reducido en verdad, de sus tierras de labranza. Los amados padres de Petra no dudaron en vender a la niña y agradecer al Señor tan buena fortuna. En cuanto al jeque petrolero, encontró muy ocurrente y aleccionador para su favorita el regalarle a esa niña, bonita y delicada, sí, más tan débil y gimoteante -¡mujer al fin!, pensaba él- que le dejara bien claro lo que pensaba en el fondo, de una mujer que no era ni siquiera capaz de darle hijos varones, como era el deber de toda mujer que se preciara de serlo y aspirara a obtener la gratitud de un hombre. Como dijo a la niña que en su palacio sobraban divanes de seda en los cuales su mujeres permanecían indolentemente tumbadas todo el día, como obligación de disponibilidad para con su amo y señor, y que también sobraban relojes en todas las paredes y hasta en mesillas repletas de golosinas, para esperar anhelantes la visita del amo y colmarlo de atenciones, Petra se sintió muy conforme, aunque gimoteó un poco más fuerte al ser separada de sus amados padres.

El jeque petrolero se llevó muy lejos a la niña, allá donde la vegetación sólo crece en un tipo de islas plagadas de palmeras y de fuentes, en medio del océano pétreo del desierto interminable. ¡Ah, cómo le gustó el desierto a Petra! Tanto y tanto le gustó que enseguida olvidó a sus padres y se adaptó muy dócilmente a su nueva vida. Sí, esa vida era su sueño de siempre hecho realidad: estaba rodeada de mujeres, indolentes y gimoteantes como ella, nada había que hacer en todo el día, salvo mirar las horas pasar; los esclavos les traían incesantemente golosinas, vestidos de seda suaves, y casi nadie hablaba porque todo lo que había que contar de ese tipo de vida en la cual nada pasaba, ya se lo habían contado hasta la saciedad. Claro está que las mujeres se dedicaban también a intrigar contra las demás, muy en particular contra las últimas en llegar al harem, pues eran objeto de atenciones especiales, aunque fugaces, por parte del jeque que apreciaba la novedad y también, eran más bellas y jóvenes, necesariamente. Pero estos pasatiempos no interesaban a la niña ya que era aún demasiado joven para apreciar tales esgrimas. Además, siendo tan frágil y enfermiza, no tendría ninguna esperanza de convertirse cuando creciera en favorita de harem, ni siquiera en nueva concubina, pues con una naturaleza tan poco apta a dar hijos varones y numerosos a un jeque, tampoco interesaría a nadie.

Pasó así un año entero con todos y cada uno de los minutos ¡31 millones de minutos o más! discurridos frente al reloj, para placer de Petra que contemplaba con cada vez más fijeza las agujas del reloj. Así la niña se sentía muy rica y estaba también muy ocupada en aprender a concentrarse sobre lo que tanto la fascinaba: ver el tiempo pasar sin mover un solo músculo de su cuerpo y sin pensar en nada más.

Pero un buen día, ocurrió algo en verdad muy rocambolesco y de incalculables consecuencias: el jeque decidió viajar en su gran avión privado llevándose a todos sus hijos varones, para presumir de ellos ante un jeque vecino. Y también metió en otro avión suyo a todas sus esposas y concubinas para tenerlas a su disposición y -todo hay que decirlo- para mostrar al jeque poderoso del país vecino que tenía a las más bellas y engalanadas damas que soñar se pueda. Para mostrar su calidad de semental y hacer ostentación de ello, también se llevó a todas sus niñas, para presumir de su belleza, y ¿por qué no decirlo?, para ofrecerlas en matrimonio a poderosos jeques vecinos e incrementar su poder al tiempo que su ya obesa vanidad. Como Petra estaba enferma y débil, una vez más, y como tampoco podía servir de moneda de cambio para contentar a ningún varón deseoso de perpetuar su digna estirpe, la dejaron sola, al cuidado de las esclavas y de los eunucos del harem. Pero los dos aviones cayeron y se estrellaron, pereciendo así todo el linaje del jeque petrolero, cual faraón mítico que se hiciera enterrar con todos sus tesoros. Así lo pensó Petra, y dedujo que esa muerte había sido digna de tan vanidoso varón. Tampoco se sorprendió en exceso de saber que ella había heredado el reino, por ser la única hija sobreviviente del gran jeque petrolero.

Allí empezaron los problemas de Petra, que se vio rodeada de cortesanos anhelantes de recibir órdenes sobre asuntos que en nada interesaban a la niña. Así que tomó la primera decisión de su vida: regalar todas las posesiones a los cortesanos y llevarse dos relojes: uno muy grande, y otro muy pequeño. Se hizo depositar al borde del desierto, junto con sus dos relojes, habiendo tomado la decisión de estar en paz y despojada de responsabilidad alguna: se haría mendiga y se apostaría en la frontera misma entre el desierto y la entrada a su oasis. De este modo, aquellas caravanas que entrarían en el oasis la tomarían tal vez en cuenta y le darían algunas monedas para sobrevivir, o, mejor aún, la escasa comida que un cuerpo tan débil como el suyo necesitaría. Así nadie le pediría consejos ni esperaría de ella desempeñar responsabilidad alguna. Está de más decir que los cortesanos la despreciaron por ello y se apresuraron a trasladarla y a repartirse raudamente sus pertenencias. Es más: todos decidieron venderlas inmediatamente y marcharse del lugar, no fuera que la niña se avispara y cambiara de opinión. Pero la niña ni los recordaba, se sentía al fin ser sí misma. Pues, muy pronto, entendió que ya no necesitaba permanecer pétrea mirando las manecillas del reloj, ya no tenía nadie de quien abstraerse a su alrededor. El lejano sonido de la fuente y el silencio del desierto hacían a su vez de tictac del reloj. Tanto tiempo observando el reloj había hecho que lograra interiorizar el tiempo y así, Petra sabía, sin necesidad de mirar sus amados relojes, cuantos minutos transcurrían. Y era feliz así. La gente del lugar terminó por acostumbrarse a su minúscula presencia tan pacífica e inmóvil como las piedras y palmeras y le dejaban un poquito de comida, muy poca, ya que la niña enfermiza necesitaba en verdad poquísimos alimentos y dejaba estropear lo que le sobraba, sin siquiera molestarse en apartarla.

Mas un día, o más bien una tarde, unos gemidos más lastimeros que los suyos propios de antaño, llegaron hasta sus afinados oídos acostumbrados al silencio. Lo que tuvo como efecto que Petra prestara atención al lamento y se distrajera del tic-tac del reloj y de su concentración en el paso del tiempo. Entonces se dio cuenta de que no necesitaba levantarse de su lugar ni acudir cerca del sufriente niño, pues era un niño en verdad, que gemía. Al cerrar los ojos y concentrar su atención en los lamentos, fue capaz de verlo con mucha nitidez, y de sobresaltarse, pues a su lado vio a la Muerte, la Muerte delgada y negra, desdentada y horrenda ella, que ya casi se llevaba al niño con ella. Fue la impresión más violenta y fuerte de su vida. Y fue tal vez a causa de ello, y de lo inesperado de todo esto, que la niña decidiera, sin haberlo pensado siquiera, echar un pulso a esa horrible cosa presta a llevarse al sufriente niño. Se dio cuenta de que en la cabecera del niño moribundo había un espejo muy grande y sombrío, que la fascinó como antaño lo hicieran los relojes; más aún si cabe: y es que veía muy nítidamente que en ese espejo, el niño se reflejaba, él tan escuálido y débil, pero la Muerte, sin embargo tan larga y rotunda, no se reflejaba.

Puso Petra toda su escasa fuerza, vitalidad y energía, en luchar mentalmente contra la Muerte y en animar, con su deseo y su fuerza nueva, al niño enfermo a luchar contra esa horrible e inoportuna presencia que se lo estaba llevando. Mas el niño gimoteaba y se quejaba, pero no hacía ningún esfuerzo de voluntad para resistirse a la muerte. La niña sintió, por vez primera en su vida, una gran irritación. Y, lo que le pareció aún más incomprensible, la sintió no hacia la Muerte, que le producía más bien terror, sino contra el niño débil y gimiente, que nada hacía para resistirse; antes por lo contrario, parecía animar, con sus gemidos, a la calva y desdentada presencia osuda, a llevárselo de esta tierra. ¿Cómo ella hiciera tantas veces, todas las veces de su vida? Sí, así era. Petra entendió que así había sido ella, como ese niño que sólo gemía, que sólo había gemido y se había quejado durante toda su vida, sin decidir ni siquiera pensar algo por sí mismo.

Este gran descubrimiento de sí misma le dio fuerzas y determinación para luchar, por vez primera, de voluntad a voluntad, contra la muerte. Como el niño seguía gimoteando en vez de unir su voluntad a la suya propia contra la calva y desdentada presencia, Petra sintió de nuevo mucha indignación contra tamaña indolencia y dejadez. Y entendió también, que, al igual que el espejo reflejara al niño, el niño también la reflejaba a ella, en su indolencia gimoteante y pasiva como piedra. Petra logró entonces vencer a la muerte que, sin embargo, al alejarse riendo malamente, torvamente, le dio a entender que no se consideraba vencida por su hazaña y que pronto regresaría a por los dos.

Pero como Petra había vencido a la muerte, descubrió que era capaz de situarse ante el espejo y atravesarlo junto con el niño. Entonces, descubrió igualmente que el estar observando la vida detrás de un espejo era lo que de verdad había perseguido toda su vida, al fijarse de manera tan absoluta en presenciar el discurrir del tiempo. Pero la presencia del niño a sus espaldas, del otro lado del espejo, la inquietaba más que acompañaba. Pues el niño extraño seguía gimoteando en vez de unirse a ella y de agradecerle sus desvelos. Al darse la vuelta para reclamarle su conducta y exigirle colaboración y gratitud por estar en vida gracias a su fuerza y determinación, Petra vio que el niño se había convertido en algo extraño, pues tenía alas llameantes y una espada de fuego en la mano. Se quedó estupefacta al observar que el niño se había transformado en ángel gracias a ella, y que, sin embargo, prefería gemir y apiadarse de sí mismo antes que vivir. Colérica por tercera vez en su vida, entendió que el niño prefería alejarse de la vida antes que tomar el riesgo de vivirla. Así que le dio un empujón hacia arriba y lo envió al cielo, muy aliviada de ya no tenerlo cerca.

Durante muchos días, y meses, la niña vivió como siempre había soñado secretamente hacerlo. Viviendo tras el espejo, contemplaba a los demás seres humanos vivir, y aprendió mucha cosas. Aprendió sobre todo que lo que más le gustaba era contemplar a las madres con sus niños pequeños. Había madres de todos los tipos posibles. Las había sensibles y amorosas. Por vez primera en su vida, Petra entraba en contacto, aunque fuera de manera invisible -pues desde detrás del espejo- con gente bondadosa y sensible. Y aquello tenía el poder de hacerla llorar, pues nunca había llorado, sólo gimoteado. Las había duras y frías, como aquella que le diera a ella la vida. Las había sinceras y las había mentirosas, las había honestas y las había ladronas. Y toda esta variedad asombraba mucho a la niña, pues antaño había creído que madre no hay más que una, que todas eran como la suya y todas debían ser amadas, por principio. Pero más aún le asombraba el que los niños no correspondieran en su manera de ser con la de sus madres de origen. Había niños muy malos y hasta perversos que eran sin embargo hijos de madres buenas. Y los había muy buenos, sensibles y alegremente valientes, que sin embargo eran hijos de madres muy malas. Entonces Petra, secretamente, tras su espejo, gustaba de combinarlos bien. Le gustaba imaginar a las madres buenas con los niños buenos y a los niños malos junto a las madres malas. Así nació la esperanza en su corazón de tal vez no ser como la suya propia y, sin pretender ser buena, poder ser simplemente diferente de su progenitora. Entendió también que si ello fuera verdad, ya no tendría por qué permanecer quieta e inmóvil, esperando la Muerte, contando los minutos, y ¿por qué no también? tal vez situarse valientemente frente al espejo para vivir una vida auténticamente suya. Fue dicho y hecho. Petra atravesó el espejo, dejó plantados en la arena a sus amados relojes, y caminó derecho frente a ella, pensando por vez primera, por su cuenta y riesgo.

Así descubrió que lo que más le gustaba era eso: pensar. Y que sus pensamientos eran consoladores y piadosos. Casi amorosos.

Entonces tomó la decisión de dedicarse a fabricar, con sus propias manos, muñecas y muñecos que ella regalaba a niños pobres, para hacerles la vida más agradable. Y también para que se fijaran en los rostros de sus muñecos, parecidos a los suyos, mas no al de sus madres cuando éstas eran malas.

Pero como sus muñecas eran muy bellas, los niños pobres solían emberrenchinar a los niños ricos que deseaban una muñeca para sí y no la podían comprar en ningún sitio. Eso disgustó a Petra, que decidió regalar sus muñecas tan sólo a niños valientes y buenos. Pues entendió que no por ser pobre se es necesariamente bueno.

Como había adquirido la facultad de atravesar los espejos y de situarse el otro lado para observar todo sin ser vista por ente alguno, Petra se dedicó a observar a la Muerte cada vez que ésta se aproximaba a llevarse a un niño. Y se mordía las manos y los labios para no intervenir y para contentarse con sólo observar y aprender. En el fondo, lograrlo le resultó más fácil de lo que creía, pues cada vez que sentía tentaciones de luchar por un niño contra la Muerte, recordaba al niño gimoteante que en verdad quería vivir en el cielo y no en la tierra, ni siquiera como ángel. Rememorando su propio pasado y su pasividad de antaño, Petra tenía bien claro que de nada le serviría hacer el trabajo por el otro.

De sus observaciones cada vez que asistía al siniestro manejo de la Muerte, Petra aprendió muchas cosas, cosas en verdad sorprendentes. Aprendió que la Muerte era muy cobarde, y que sólo se acercaba a personas que no la deseaban vencer ni apartar de sus vidas. Entendió que gimotear y buscar excusas para culpar al destino, o a alguien otro de los propios dolores, equivalía a enviar una tarjeta de invitación a la Muerte, que se acercaba entonces, anhelante y voraz, para adueñarse de su festín. Aprendió que gemir era una manera de buscar pretextos para no tomar el riesgo, valientemente, de vivir la propia vida y de vencer o fracasar, poco importaba entonces, pues lo importante era vivir la vida con decisión, entusiasmo y valentía. Aprendió que buscar la Muerte era algo muy feo y cobarde, porque era una manera innoble de vengarse de los malos que habían hecho sufrir al que gime y que eso se llamaba rencor. Aprendió en definitiva que lo más triste de todo era vivir sin dignidad y que la dignidad está en no quejarse de lo que ya pasó y alejarse valerosamente de lo que maltrata en el momento presente.

No sabríamos decir si todos estos descubrimientos contentaron a Petra, pues se reconocía en los errores que suelen cometer los que convocan a la Muerte para abdicar del riesgo de vivir y de equivocarse tantas veces como hiciera falta, sin echarle la culpa de nada a nadie. Así que Petra se dedicó a observar a los niños valientes a quien ella regalaba sus muñecos. Pues de la Muerte nada podía aprenderse.

Los niños valientes en verdad no abundaban y Petra tuvo que recurrir a su don de ver muy lejos, más allá del vacío desierto, para buscarlos. Tuvo mucha suerte –al menos ella lo llamó así- al descubrir al niño más valiente del mundo. Era un niño príncipe, y ruso, que justamente estaba haciendo una excursión con sus padres al desierto. El niño de llamaba Pietor, y eso le gustó a Petra. Aún más le gustó el niño, que era muy bello y rubio, de cuerpo ágil y flexible y de ojos color turquesa. Se puso muy contenta al observar que Pietor tenía un pasatiempo que adoraba tanto como ella antaño amaba observar el tiempo transcurrir en las manecillas del reloj. Y es que el niño amaba limpiar espejos y observar anhelante su propio rostro en la luna reluciente, como esperando ver surgir de su rostro algo más.

Cuando el niño llegó con sus padres al oasis de Petra, eligió el espejo más bello y se dedicó a limpiarlo con ahínco, hasta dejarlo reluciente. Pero como Petra ya lo había elegido también y lo había atravesado minutos antes de que Pietor se apostara frente a él para limpiarlo, la niña se sentía muy feliz de poder darle la sorpresa que el niño tanto esperara desde siempre. Así que cuando Pietor se quedó escrutando su rostro en la luna reluciente, Petra asomó el suyo fuera del espejo y lo saludó con preciosas palabras. Como el niño era el más valiente, no se asustó, sino que rió embelesado de gusto y le dio un beso, tirando de Petra y obligándola a colocarse junto a él, de este lado del espejo. Así los niños se hicieron muy amigos, y ¿por qué no decirlo? mucho más que amigos. Cada uno reconoció en el otro la encarnación misma de sus más remotos sueños de pareja. Cogidos de la mano, decidieron adentrarse en el desierto, ya que Pietor le contó con determinación que si bien sus padres eran príncipes, tampoco eran precisamente buenos ni valientes. Como él sí lo era, no dudó en coger la mano de la niña y en alejarse con ella por el desierto, fuera del alcance de los que creían tener derechos eternos sobre él.

Al cabo de tres días de marcha por el desierto sin que los niños sintieran el menor atisbo de cansancio, felices como eran de haberse encontrado para siempre, Petra y Pietor se encontraron con la Muerte que, para burlarlos, había tomado la forma de una Esfinge.

-No podéis pasar, niños -dijo la Esfinge-, ¡yo os lo prohíbo!

– Si pude atravesar el espejo –respondió Petra- bien puedo atravesarte a ti. Eres tú la que debería entonces temerme y no nosotros a ti.

Y Pietor rió, encantado. Entonces, ambos vieron que la esfinge disminuía de tamaño y retrocedía un poco. Así que el niño cogió la mano firme de la niña y se adelantó resueltamente hacia la Esfinge. Ésta retrocedió y se encogió un poco más. Y dijo:

– Sois míos porque os llamáis Petra y Pietor y eso significa piedra, como lo soy yo.

– Falso –respondió, sonriendo, Petra- tú eres la Muerte y no eres de piedra, esto es sólo un disfraz que eliges para que nos confundamos contigo. Tú encierras en la tierra y bajo piedra a los niños que te buscan como madre, porque no se aman a si mismos y porque creen que se parecen a ti. Si te amaras algo más, dejarías de ser tan mala y tendrías dignidad.
Entonces la Esfinge inclinó un poco la cabeza y se achicó más aún, retrocediendo dos pasos. Pietor rió más fuerte y se adelantó, con la niña de su mano.

– Algún día muy cercano me buscarás y serás mía –dijo la Esfinge con voz vacilante-. Porque ya no podrás concebir la vida sin tu amado. Y cuando él muera, irás por delante de él para esperarlo.

– Una vez más te equivocas –dijo Petra, riendo por vez primera en su vida- pues justamente yo soy niña y él niño, y se quedará para acompañarme y dejarme pasar ante él, como todo príncipe y rey ha de hacer con su dama. Tú eres una mujer mala que hubiera anhelado ser hombre, para someter a las mujeres que no se aman como tales, es decir, a ti misma. Si te amaras un poco más, respetarías más a los hombres también. Y tendrías derecho a esperar al tuyo, sin buscarte a ti, la Muerte, como única salida, que no es salida sino impasse. Tú jamás podrías atravesar un espejo, porque sólo tú, la Muerte, eres tu espejo, y sabes que si no te reflejas en ellos es porque no hay nada detrás. Yo en tu lugar aprendería a llorar y así, de cada lágrima sincera nacería un trocito de mi espejo.

Entonces la Esfinge bajó la cabeza y se hizo muy pequeña, retrocediendo tres pasos que Pietor, encantado, franqueó para acercarse, manteniendo muy firmemente la mano de la niña entre las suyas.

– Sabéis bien que sois mortales y por ello vanidosos al pretender esperar a que se consuma lo inevitable. Sabéis que más temprano que tarde seréis míos los dos –dijo la Esfinge con voz casi inaudible y gimoteante-.

– Sólo los que temen vivir porque creen parecerse a ti son los que mueren, pero has de saber que somos nosotros, los niños débiles y gimoteantes, los que te hemos creado a ti, y nadie más. Tú eres nuestra creación, y no nosotros la tuya. Y como es bueno equivocarse, yo rectifico un error hoy. E, igual que te creé, te borro. Nadie necesita de ti. Además, eso será bueno para ti, pues sólo desea morir, la Muerte. Descansa en paz. Así sabrás renacer de tu error y de tu dolor. Pensaré en ti con compasión y algún día tú también serás vida. Te lo prometo.

Entonces la esfinge lloró su error, y tuvo compasión de sí misma. Y así se derritió y desapareció por siempre de la faz de la tierra.

Entonces los dos niños, con risa clara y con lágrimas de gratitud en los ojos, alzaron la vista al cielo, y pudieron comprobar lo que ya sabían: la Muerte, con risa clara, se había convertido en estrella y les guiñaba el ojo, traviesa, pues renacería pronto bajo la forma de una niña feliz y valiente, con derecho a vivir su propia vida de niña, de mujer y de madre.

Preciada Azancot, Julio de 2015.

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¡Os deseo muy Felices Pascuas!

Antonio.