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EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 32: LA INCIDENCIA DE LAS TIPOLOGÍAS SOBRE EL MUNDO

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Ya vimos las razones por las cuales todos los seres humanos tenemos una tipología; porque somos mamíferos. Mientras tengamos una tipología, por más conectada, hiperconectada, culminada o consagrada que ésta esté, vamos a tener una visión del mundo y de la vida distorsionada. Si estamos por debajo de la conexión, sentiremos, como el arquetipo que hemos elegido como rector de nuestra vida, una emoción hinchada, una emoción desconectada que se transformará en agresividad contra nuestro propio talento, y una emoción prohibida que se convertirá en fobia contra nuestra propia vocación y contra el sentido de nuestra vida, o al menos, contra el sentido que debemos darle, provisionalmente y con mucho sentido del humor, para salir de nuestra tipología. En el mundo, ya lo vimos también, el 98% de las personas están en esa situación: por debajo de la conexión. Y esas personas piensan, viven, se manifiestan, sueñan, crean organizaciones y obras, elaboran filosofías, ideologías, religiones, interpretan la historia y crean materias que se estudian en las universidades. El ser humano desconectado crea un mundo que confunde con el mundo real. Crea su mundo distorsionado, al cual le intenta encontrar sentido. Sentido al menos para tener ganas de seguir en él; el ser humano crea un mundo para encontrarse a sí mismo y resolver sus contradicciones.

Teoría Omega del MAT - Preciada Azancot

Teoría Omega del MAT – Preciada Azancot

El MAT aporta, como ciencia, básicamente dos cosas: un instrumental para crecer indefinidamente -y encontrar en ese crecimiento cada vez más seguridad, desarrollo, justicia, estatus, pertenencia y plenitud, y, también y sobre todo, más armonía, claridad, corporalidad, metamorfosis, alma y espíritu- y un instrumental para analizar la realidad y transformarla en lo que puede llegar a ser.
El crecimiento es infinito por definición, aunque el narcisismo de los seguidores de los seres más crecidos haya intentado, una y otra vez, transformar esa realidad y ese testimonio y esa potencialidad que todos tenemos, en ideologías y en religiones. Al hacerlo, degradaron la estatura del ser crecido que les hubiera podido servir de guía hasta convertirlo en ídolo capaz de competir con sus ídolos domésticos; y el testimonio de un camino orgánico y natural que debería estimularnos, en dogmas y corsés que impiden alcanzar y superar la talla del mencionado ser crecido. Claro que también están los seres más degradados, los disociados, que configuran el 3% de la población, enloquecidos por el fenómeno psíquico de “posesión” por su arquetipo, y que encuentran, también una y otra vez, seguidores amargados y resentidos dispuestos a sacrificar su vacía y pobre vida por ellos. Lo cual equivale a decir sacrificar la vida propia por el ídolo omnipresente del disociado en cuestión. Pensemos por ejemplo en fenómenos sociales tales como el nazismo, el mesianismo de Sabbatái Tseví, el estalinismo, la inquisición española, o la organización Al Qaeda. Y no hablaremos de los psicópatas que han creado sus aberraciones asesinas, y, a veces, sus organizaciones, y que estudiaremos en otra obra posterior.

El crecimiento es infinito, aunque al final de cada proceso, al menos al inicio del camino, tengamos la impresión de que ya no hay nada más después. Pecamos al comienzo por ingenuidad y nuestro entorno puede entonces perfectamente cogernos desprevenidos y colocar el listón de parada que, si se convierte en norma, puede arrastrar a los peores a fabricar de nuevo una ideología o, peor, una religión. Una religión o una ideología, para el MAT es un listón de parada obligada para los que las siguen. Cualquiera que sea la altura en la cual se coloque el listón.

El crecimiento es infinito y lleva a perder la tipología por completo, y eso no es el final del camino. Es una meta para los mamíferos que somos. Entonces empieza la verdadera aventura, aventura exaltante de vivir la vida de un ser humano normal. Y el camino sigue y sigue sin fin. Eso no es prodigio. Es normalidad, organicidad. Cada uno llega hasta donde quiere y puede llegar, lo que no significa en absoluto que el camino termine allí. Significa que una persona o que un ser humano, con nombre y apellido, llegó hasta allí.
En una obra posterior escribiremos sobre el camino, los caminos. No todo el camino posible, claro está, sino el que ya experimentamos sobre nosotros mismos y sobre las personas que están creciendo, con o sin nosotros, o han crecido antes de nosotros llegar al mundo. Al menos tenemos claro la vía para salir de la tipología, lo que no es poco.

En este capítulo hablaremos del aspecto instrumental para analizar la realidad que el MAT ofrece. Nos referiremos tan solo a una parte pequeña, pero decisiva, de esta realidad: las organizaciones. Y ello por dos razones: porque es lo más urgente y decisivo para empezar a transformar el mundo en lo que puede llegar a ser, y porque estamos en un momento histórico en el cual la persona está en el centro de interés y lo seguirá estando durante un siglo. Y también, claro está, porque es lo más impactante y fácil para una primera aproximación al MAT, objeto de esta obra.

I. LAS TIPOLOGÍAS DE LAS ORGANIZACIONES:
Las organizaciones, llámese éstas pareja, familia, empresa, asociación, estado, grupo de estados o mundo, tienen todas una tipología de personalidad y, eso, por varias razones: las organizaciones son creaciones de personas, están creadas con una finalidad, y esa finalidad tiene varias funciones. Veamos:
La organización, creación humana:
Como seres humanos, tenemos todos en nuestra estructura un Socializador que nos habilita para funcionar en sociedad. Funcionar en sociedad es, a la vez, una necesidad y una habilidad de cada persona. Nuestro Socializador nos permite hacerlo para desarrollar todas las funciones del Rector y del Protector y como necesidad para cultivar nuestra alma y la armonía que garantiza el orden de estar en sintonía con nuestra naturaleza septidimensional. Que esté solo o acompañado, el ser humano funciona para estar en relación. En relación consigo mismo, con los demás y con su Centro. Para cualquiera de esas facultades, la persona necesita una organización. Si hubiéramos nacido para estar aislados y solos, nos podríamos reproducir a solas con nosotros mismos. Aún así, nuestra séptima estructura, el Centro, nos abocaría a una relación con el aire, con las plantas, con los animales y con otros seres como nosotros. Porque conocer al entorno en el cual estamos inmersos, es un instrumento privilegiado para conocernos más y mejor a nosotros mismos.
Como creación de la persona, la organización es un ente que tiene su personalidad, pues está hecha a imagen y semejanza de sus fundadores y de los sucesores de éstos.
Si esto fuera tan sólo así, las organizaciones tendrían una personalidad múltiple: la de sus fundadores. O la de personas con carisma que vengan a liderizar estas organizaciones.
Pero la organización es creación de personas que tienen todas su estructura de personalidad de siete dimensiones y éstas tienen aspiraciones y motivaciones humanas de seguridad, desarrollo, justicia, estatus, pertenencia y plenitud que desean realizar a través de sus creaciones, es decir, en este caso, de las organizaciones que crean.
No todos los fundadores tienen las mismas motivaciones y algunos crearán sus organizaciones con la finalidad de conseguir seguridad, otros desarrollo, otros justicia, otros estatus, otros pertenencia, otros plenitud. O las seis metas. O siete metas si tienen las seis aspiraciones trascendentes. Ya sea por exigencia del fundador de más peso y carisma o ya sea por consenso, los fundadores van a privilegiar una de sus necesidades o motivaciones. Esta se convertirá en la vocación de la organización y, con ello, la organización tendrá una tipología de personalidad cuya competencia estará en la emoción anterior en la secuencia. Por ejemplo, si la vocación es la justicia, la competencia estará en el desarrollo. Y el talento en el estatus, y tendrá una tipología de personalidad Constructora. Su grado de evolución estará evidenciado por su fase tipológica. Al igual que para las personas.
Conocer la tipología de una organización es una tarea igual de fácil que la de conocer la tipología de una persona. En nuestra labor de consultores especializados en diagnósticos de organizaciones y en planificación estratégica de sus procesos de cambio, hemos creado múltiples herramientas que nos permiten diagnosticar certeramente la tipología de personalidad organizacional. Compartiremos en esta obra algunos instrumentos básicos de diagnóstico tipológico organizacional a título casi anecdótico, pues el conocimiento y manejo del instrumental requiere un tiempo y un espacio que desborda el objetivo de esta obra.
Hace treinta años, hablar de personalidad de una organización era visto como una elucubración delirante. Hoy todos los estudiosos, lectores y clientes de consultores que se dedican a diagnósticos de organizaciones ya comparten la certeza de que una organización tiene una personalidad, un sistema de valores que se expresa en su cultura, unos puntos fuertes y débiles estructurales y emocionales, y hasta un alma. Hoy el tema del alma de la organización está de moda. Aún no se admite que la organización, al igual que una persona, tiene también su espíritu. Sin embargo, todos los sociólogos e historiadores han mostrado cómo una organización podía demostrar la calidad de su espíritu, pensemos en un sólo ejemplo, el de la guerra de Vietnam, donde se pudo comprobar, una vez más, que un pequeño pueblo mísero podía derrotar al estado más desarrollado y militarizado del planeta. Vietnam, país Reactivador, se creció con un líder Legislador conectado como Ho Chi Min y derrocó al titán Revelador que es Estados Unidos de América. La historia está plagada de ejemplos similares que nos alertan para que podamos entender la fuerza del espíritu, desde la noche de los tiempos. Ninguna evolución sería posible sin él. pues el ser humano debe tener un atisbo de finalidad, de un para qué hacer las cosas para poder avanzar.
La organización, instrumento de finalidades:
Cuando creamos una organización, lo hacemos con, al menos, una finalidad. Así creamos parejas, familias, empresas, asociaciones, estados, o grupos de estados. Obviamente, no hemos creado el mundo, pero al convertirlo en una organización, le hemos dado también una tipología.
Cuando nos casamos o nos unimos a una pareja estable, decidimos fundar una familia y nace así una organización con su tipología. Algunos de nosotros crea una familia como medio para alcanzar la seguridad, otros el desarrollo, otros la justicia, otros el estatus, otros la pertenencia y otros la plenitud, y por eso no todas las familias tendrán la misma tipología. Existirán familias de cada una de las seis tipologías “normales”, pero también, en mucha menor medida, en ínfimas proporciones, existirán familias de tipologías psicopáticas que no estudiaremos en esta obra.
La gente de la calle no se reúne para decidir qué finalidad básica, ni menos aún trascendente, quiere conseguir al fundar una organización. Dicen que se casan para fundar una familia y tener hijos, que fundan una empresa para ganar dinero, que crean una asociación para fomentar una actividad o una función, que crean un estado para diferenciarse de sus vecinos, que crean una asociación de estados para organizar mejor sus recursos, y todos pelean por construir un mundo donde triunfen las seis motivaciones humanas. Si esto fuera tan sencillo todas las familias serían Reactivadoras, todas las empresas serían Constructoras, todas las naciones serían Reveladoras, todos los grupos de estados serían Legisladores y el mundo sería Fortificador. No es este el caso. Hay una razón que pesa más que la voluntad consciente, al menos en la gente con tipología, es decir en todas. Lo que más pesa es la finalidad inconsciente, pues así el ser humano reproduce la historia de su propia gestación e intenta encontrar una ayuda para autorrealizarse y triunfar sobre su pequeña historia personal y, también y sobre todo, encontrar un sentido y una guía para comprenderse, para conocerse, para evolucionar y trascender. Por ello, la tipología de nuestras organizaciones tiene más peso que las de las personas que las conforman. Nosotros verificamos esa realidad una y otra vez, tanto en nuestra labor docente como en consultoría organizacional.
La función trascendente de las organizaciones:
El aspecto que condiciona con mayor peso la tipología de una organización no será la tipología de personalidad de su fundador, no será la necesidad concreta y explícita de sus creadores (como fabricar pan, por ejemplo), no será su finalidad básica consciente. Será su finalidad última inconsciente. Por ello, la consultoría tradicional se estrella una y otra vez cuando confunde las declaraciones explícitas de los fundadores – véase “misión” de la empresa, valores de la empresa, organización, competencias, fortalezas y debilidades- con la realidad viva de la organización actuante.
Esta afirmación, que parece tan complicada, y que lo podría parecer, convierte la detección de la tipología en materia reservada a grandes analistas de la realidad inconsciente del ser humano, haciendo así retroceder el listón de lo alcanzable, es y demuestra ser lo contrario: conocer la tipología de una organización es tan sencillo como conocer la de una persona, y, además, obedece a las mismas leyes. El ser humano reproduce la historia de su gestación cuando crea organizaciones y toda clase de obras, por lo demás.
En efecto, ya lo vimos, el embrión humano tiene como finalidad ser de su Centro, luego el feto desea tener un Centro, luego pierde el Centro, luego se aferra a los ejes, luego pierde los ejes y luego pierde la secuencia. Y nace con su tipología conectada. Una persona conectada es idéntica a un bebé de un día de nacido, en lo que a potencia de instalación útil se refiere. Considerar la conexión como el final del camino equivale entonces a considerar que todos los humanos hemos nacido para morir con un sólo día de vida. ¿Es esta la verdad?
La creación de una organización tiene como vocación hacernos avanzar en el proceso de conexión, de hiperconexión, de trascendencia o más, que pretendemos en realidad lograr. Y esos sueños son, por lo general, inconscientes. Hay seres que, al fundar su organización, aspiran a conectarse, otros a trascender, otros a avanzar hasta fases mucho más altas, que, como no hemos analizado y ni siquiera mencionado, no consideraremos aquí. Cuando, aun conociendo y manejando el MAT, una persona corriente desea conseguir un objetivo, pongamos por caso la pertenencia, y desea fundar una empresa cuya tipología se aboque con la mayor frecuencia al amor, no va a conseguir tener una organización Reactivadora sino Promotora o Legisladora; en más contadas ocasiones, Reveladora; en excepcionales casos, Constructora. Porque la tipología Promotora representa, para la tipología Reactivadora, la conexión, la Legisladora la trascendencia, la Reveladora una fase aún más remota y elevada, de la cual no hemos hablado, y la Constructora una fase aún más remota.
La razón de ello está en la naturaleza de nuestro Orientador, que tiene como función básica la de elevarse y captar nuestra nutrición espiritual, lo que nos aporta la plenitud y eleva el espíritu, haciéndonos avanzar en el acceso a la verdad. Y nuestro Orientador siempre está buscando una verdad superior a la que, en cada momento, podemos captar concientemente. Se adelanta, por lo menos, una fase más que nuestra realidad histórica. Por ejemplo, un Constructor desconectado, es decir en fase Legisladora, si es un gran miope espiritual, soñará con su preconexión Fortificadora y creará una organización Fortificadora para que ésta lo ayude a realizarse mejor. Sólo los grandes narcisistas crean organizaciones de su propia tipología, pues se consideran el comienzo y la finalidad de todo lo creado o por crear. Los demás, si funcionamos moderadamente bien, crearemos una organización de la tipología que nos conecta, si funcionamos aún mejor, una organización que representa la trascendencia y si somos muy altruistas y espirituales crearemos a nuestra pareja cósmica. Los idealistas puros y duros crearán una organización que se presenta como nuestra disociación pero que en fases muy avanzadas de crecimiento se revelarán como nuestro complemento ideal para formar equipo.
Sentadas estas bases, vamos a continuación, a compartir un instrumental básico para detectar la tipología de las organizaciones.
La tipología de las organizaciones:
Cuando describimos el temperamento de las naciones, solemos decir que los franceses son prepotentes, elegantes, amantes del buen yantar y chovinistas, que los alemanes son trabajadores, organizados y amantes de la cultura aunque cuadriculados, que los españoles son revoltosos, alegres, protestones y creativos, que los ingleses son reservados, intimistas, sobrios y aislacionistas, que los holandeses son humanistas, acogedores y cordiales. Vale decir que vemos con facilidad, no más familiarizarnos con el MAT, que Francia es Legisladora, Alemania Constructora, España Reveladora y Holanda Reactivadora. Y si nos ponemos a analizar a esos países comparando nuestra primera impresión con los detalles del retrato MAT de estas tipologías, ratificaremos esos diagnósticos y hasta lograremos detectar la fase de evolución tipológica en la cual está cada uno de los países antedichos.
Diagnosticar la tipología de un país sigue las mismas pautas que la de diagnosticar la de una persona: Primero hay que detectar qué estructura es la más actuante. En segundo lugar deberemos confirmar que la emoción dominante es la que normalmente energetiza la estructura inflada detectada. No tendremos la ayuda, al menos a primera vista, de confirmar nuestras percepciones, visuales, auditivas, olfativas, gustativas, táctiles y sexuales con un retrato robot, pero si profundizamos mínimamente en la cultura, la cocina, la estética, el paisajismo, la historia, la filosofía y la lingüística o filología de cada país, verificaremos con creces que las percepciones primeras se ven confirmadas y detectaremos la tipología y la fase de evolución nacionales con toda comodidad.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot
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EL UNIVERSO DE LA SEGURIDAD: HACIENDO RETROCEDER EL TEMOR de Preciada Azancot

EL UNIVERSO DE LA SEGURIDAD - Preciada Azancot

EL UNIVERSO DE LA SEGURIDAD – Preciada Azancot

“Este libro, el primero de una saga de siete libros, éste monográfico sobre la seguridad y el miedo, revela un aspecto fundamental de la primera ciencia precisa que describe el funcionamiento del ser humano, el MAT (www.mat-cachet.com), revolución sin precedentes en las ciencias sociales y del cual los científicos más avanzados, dijeron:” El MAT significa para las ciencias humanas lo que, en su tiempo significó la teoría de la relatividad para las ciencias físicas”.

Este libro presenta la ventaja de poner conceptos complejos, profundos y vitales al alcance del público en general, en forma de Diario que recoge los diálogos y encuentros de seis personajes de ficción que representarán a todos los seres humanos que buscan sus verdades y su plenitud humanas. Estos harán reflexionar al lector en profundidad y habrán de guiarlo de manera cotidiana, accesible, divertida, ligera, y profundamente iniciática también, sobre cómo encontrar una seguridad sostenible, sólida y real. Propiciarán la dilución y la reducción de los miedos que obstruyen la plenitud de su dimensión humana. Un libro donde cada lector se identificará con uno de los seis personajes que lo ayudará también a reconocer y a ubicar a los demás seres humanos que lo rodean. Un libro que da respuestas a preguntas tan viejas como la Creación y que, hasta ahora, no habían sido contestadas.

En efecto, desde el principio, nuestros seis personajes encuentran que todos tememos a la muerte, a la enfermedad, a la pobreza, a la traición, a la soledad… Pero descubren que estos temores son solamente consecuencias de un solo miedo mayor: No saber reconocer lo que realmente amenaza su integridad, lo cual los lleva de manera irremediable a poner en peligro la integridad ajena.

Así comienza una investigación fascinante que los conduce a atravesar el espejo de las apariencias para descubrir las claves de su identidad real e inalienable y así liberarse de los mitos arcaicos que los mantuvieron en el exilio de sí-mismos. Es entonces cuando pueden aterrizar en la verdadera seguridad y descubrir, más allá de las viejas habilidades repetitivas – que antes llamaban ‘personalidad’ y sólo eran sus talones de Aquiles-, su verdadero talento diferencial que los hace únicos, así como sus respectivas vocaciones y a través de éstas, el verdadero significado de sus vidas.

Esta seguridad les abre una existencia de esplendores por fin al alcance en el aquí y el ahora, en sus vidas privadas y sociales que no necesitan cambiar.

Es cuando así, finalmente se les revela la dimensión trascendente de la seguridad: la Ética y su función sagrada, la Inmanencia, que permitirán que se conviertan en garantes de la seguridad y armonía personales y sociales así como tocar su Ser más allá de la máscara que antaño se sentían obligados a colocarse para aislarse de la brutalidad ajena y de su propia indiferencia hacia la integridad de los demás.”

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 20: EL ACCESO A LA GLORIA: LA TEORÍA OMEGA EN ACCIÓN

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Partimos del primer nivel de las motivaciones humanas, la necesidad de SEGURIDAD, es decir el Rector, el miedo y el tacto funcionando plenamente. Accederemos así, en primerísimo lugar, al autoconocimiento profundo y al conocimiento instantáneo de los demás. La potencia en hacer diagnósticos permanentes y siempre actualizados sobre nosotros mismos y sobre las demás reposará sobre la alegría de la certeza de la plenitud para la cual todos nacemos y que constituye los cimientos de la pirámide que sostiene y posibilita el despliegue y el logro de dicha seguridad.

Teoría Omega del MAT - Preciada Azancot

Teoría Omega del MAT – Preciada Azancot

Vamos así, de manera perpetua, profundizando y expandiendo nuestro conocimiento de nosotros mismos, en cada momento y lugar, y diagnosticando el estado de seguridad o de riesgo que nos ofrecen los que nos rodean. Así nos protegeremos a nosotros mismos y sabremos rodearnos de los más seguros y defendernos de los más tóxicos. Cuando detectemos una falta de armonía interior, armonía basada en la plenitud natural del orden de lo humano, sabremos inmediatamente dónde está el peligro, si en nosotros, porque alguna estructura se infló o dejó de estar alimentada adecuadamente, o si en el otro, porque sabremos medir lo que ocurre con los mismos parámetros.
Como tendremos el miedo conectado al Rector, y enchufado al tacto y a la piel, seremos geniales en diagnosticar qué niveles de riesgos internos o externos corremos en cada momento, siendo imposible caer en la excesiva defensa recelosa contra lo que nos favorece o en la inconsciencia temeraria que nos pone en peligro. Seremos, así, seguros, respetuosos, rectos, armoniosos y éticos. Percibiremos epidérmicamente qué y quién es seguro y benéfico y qué y quién es peligroso y tóxico.
Además iremos reforzando día a día esa sensibilidad especial y ese conocimiento del ser humano, tanto hacia adentro como hacia afuera. Como tendremos el miedo auténtico alimentando al Rector, éste cumplirá cabalmente sus funciones de diagnosticar, establecer límites necesarios, legislar, defender, localizar y separar lo que viene a incrementar el estado de plenitud de partida y evitar el peligro de perder la armonía y el bienestar. Seremos fuertes y a la vez sensibles y porosos y sabremos que el cambio es vida y que estamos a salvo si nuestro Rector, nuestro miedo y nuestra piel trabajan en equipo. Cuando esto no ocurra, y detectemos o caigamos en el fatalismo, en el derrotismo, en la histeria, en la valentonería, en el masoquismo, en la prepotencia, en el paternalismo, en la debilidad, en la temeridad, sabremos sentir miedo para inmediatamente diagnosticar dónde y en quién se soltó el circuito correcto, sin alarmarnos demasiado, rectificándolo con certera seguridad y aconsejando a los demás sobre su problema de cortacircuito. Todo ello lo haremos en perfecta tranquilidad. Estaremos así seguros de nosotros mismos y de los demás.
Eso, como función normal, básica y accesible a cualquier ser humano. Así accederemos al acceso de la función trascendente de la trinidad Rector, miedo, tacto: la armonía. Definimos la armonía como la belleza del equilibrio, es decir, la rectitud de estar en nuestro lugar y de respetar lugares ajenos sin permitir que se produzcan desequilibrios por inflación o deflación de cualquiera de nuestras estructuras y de cualquiera de nuestros sentidos. Como máxima jerarquía de nuestro Rector, y para instaurar la armonía en nosotros mismos y hacia los demás, seremos sutiles y respetuosos, no invadiendo jamás ni el tiempo ni el espacio ajeno, así como no permitiendo que nos lo hagan a nosotros. Como estaremos cada día más seguros de nosotros mismos y respetuosos de los demás, seremos disuasorios para aquéllos que nos quieran invadir. Suaves y férreos, así seremos de armoniosos y de fiables y de sólidos.
Como ofreceremos ese espacio seguro, sólido y fiable a los demás, podremos acceder con los mejores al segundo nivel de aspiración humana: el desarrollo que permite la tríada Sintetizador, tristeza, oído. Lograr, sobre la base de lo sólido y seguro, desarrollar todas las posibilidades reales disponibles nos hará acceder al conocimiento dinámico de nosotros y de los demás. Dinámico porque en cambio y en desarrollo.
Lo que obtendremos, en cada campo de acción de un Sintetizador alimentado por tristeza auténtica y conectado al oído, es cuantioso, valioso e inaplazable:
Lo primero será saber con certeza gestionar nuestro tiempo, para así desarrollar nuestro espacio interior y exterior. Sabremos evitar dedicar el tiempo a tareas estériles y a dramáticas que nos sitúan en roles de Salvador, Perseguidor o Víctima, en los cuales violamos, castramos o chupamos a los demás, perdiendo así la dignidad y convirtiéndonos, en vez de desarrolladores de lo vivo, en depredadores de alta toxicidad. Así, el Sintetizador que sirve básicamente para evitar pérdidas y buscar soluciones, se convierte en su contrario: algo que va a, no sólo producir, sino a institucionalizar la amputación.
Al elegir entregar nuestro tiempo a lo esencial, sabiendo discriminar, a lo vivo, a lo lozano, a lo que nos puede llevar a la luminosa certeza de ser un constructor de lo más inteligente, accederemos al primer peldaño del desarrollo pleno.
A continuación, sabremos qué partes dañadas existen en nosotros y en los demás, y sabremos dar las caricias correspondientes a cada uno, según sus necesidades reales, para mantenerlos motivados y enteros, evitando así que se siga resquebrajando la autoestima del otro. Sabremos ser los reconstructores de la estructura y de las emociones dañadas de los demás y, también, de las propias. En efecto, si tras el diagnóstico de la fase de seguridad detectamos, por ejemplo, que nuestro interlocutor tiene un grave problema de inseguridad y de falta de orgullo, le diremos: “Yo admiro mucho tu talento, ¡Tú puedes hacerlo! ¡Confío en ti!”. Y lo mantendremos así motivado e ilusionado, dispuesto a desarrollarse y mostrarnos cuánta razón teníamos en haber sabido ver y en utilizar lo que otros, menos sutiles y sensibles, ni ven ni acarician. Y si detectamos alguna inseguridad en nosotros mismos, sabremos darnos y pedir los incentivos que necesitamos para perder la tristeza.
Puestos a comunicar, sabremos, con nuestro análisis del otro y nuestra sensibilidad, utilizar los canales de comunicación del otro, olvidándonos de los mecanicismos egocéntricos que nos hacen creer que si hablamos al otro como querríamos que nos hablaran a nosotros, le estaremos dando lo mejor. Y no, el Sintetizador que funciona bien detecta qué formas recibe el otro de manera más eficaz, poniéndose en sus zapatos, con sensibilidad, poniéndose en la piel del otro.
Y, en fin, un Sintetizador en buen estado encontrará siempre qué nuevas formas y qué nuevos datos utilizar para desarrollar su inteligencia hasta llegar a su función trascendente, la claridad, la omnisciencia. Seremos conocedores de todos los qué de lo disponible en todo tiempo y lugar. En el campo de la gestión del tiempo, sabremos qué hacer y qué evitar para sembrar vida en nosotros y en los demás. En el dominio de la motivación, seremos sabios distribuidores de caricias y permisos potentes y sinceros. En el de la comunicación, seremos casi extraterrestres, porque por lo general nadie se molesta en hablarnos como nosotros nos hablaríamos a nosotros mismos en los mayores momentos de intimidad y en base a un análisis MAT de nuestra personalidad. Y en el campo del desarrollo de nuestra inteligencia, aprenderíamos a erradicar las causas de las pérdidas en vez de limitarnos a reparar una y otra vez lo dañado, con lo cual, cada pérdida se convertiría en aprendizaje para terminar con su causa en vez de los efectos.
Así accederemos a la claridad, que definimos como sabiduría universal hecha de organización perfecta y de ingeniosa combinación y relación entre esos datos que, en vez de sobrecargar nuestra mente, la despejan por completo convirtiéndola en un receptáculo del universo. Es lo que tanto buscan los Budistas con la meditación que permite acceder a la iluminación, y que no es más que la función trascendente del Sintetizador, el cual sabe entrar en estado de relajación profunda que despeja autovías de luz y de conexiones entre todo lo existente. No olvidemos que el Sintetizador archiva, organiza, relaciona y procesa la totalidad de los datos que provienen de nuestras seis estructuras, de nuestros seis sentidos y de nuestras seis emociones, y no sólo los datos lógicos y racionales que provienen de sí mismo.
En esa claridad como hábito y ámbito natural seremos agudos, conocedores de todo el universo propio y ajeno, honestos y eficaces, auténticamente compasivos.
Cuando, en vez de por la tristeza, nuestro Sintetizador esté alimentado por otra de las cinco emociones y seamos o veamos ser impotentes, resentidos y revanchistas, pedantes y usurpadores, masoquistas o nihilistas, tendremos la sabiduría de entender por qué otra emoción estamos alimentando nuestro Sintetizador y remediar de inmediato la causa, eliminando así los efectos.
De este modo, construiremos el permanente desarrollo que ofrece el saber qué hacer en cada momento y estaremos listos para edificar la tercera fase: LA JUSTICIA. Accederemos a la administración de la triada: Vitalizador- rabia- olfato. Seremos capaces de “olernos” cada mentira, cada manipulación, cada injusticia y decir “¡Así no!”. Seremos capaces de ofrecer una cultura y un liderazgo personalizado que posibiliten la expansión completa de la talla humana de todos y cada uno de los integrantes y decir “¡Así sí!”. Para ello, instrumentaremos como sistema de valores en la organización familiar, empresarial, administrativa, nacional y mundial la Teoría Omega como sistema de valores vigentes que posibiliten que cada cual tenga acceso a la secuencia innata emocional y estructural que nació para tener, y acceda, cuanto menos, a la hiperconexión y a la trascendencia. En cuanto al modelo MAT de liderazgo, lo instrumentaremos de tal modo que, cada persona, de cualquier nivel jerárquico en la pirámide organizacional, lo construya de la manera siguiente: en abcisa pondrá la gestión de su propio talento; en ordenada pondrá la gestión de su propia vocación; como resultante podrá medir en cada momento qué tanto de su competencia está logrando. Estos términos y conceptos, que podrían parecer algo oscuros y empíricos ahora, serán explicitados largamente y con profundidad más adelante en este mismo capítulo.
Este sistema cultural y de liderazgo permite obtener un florecimiento sin parejo que instaura el acceso a la gloria como hábitat natural de todos y cada uno de los integrantes de la organización.
Así sabremos formular y responder a todos los cómo de las cosas: cómo tratar a las personas y cómo tratarnos a nosotros mismos, cómo hacer que florezca todo el potencial de cada cual, cómo reconocer la unicidad y excelencia con alegría y sorpresa encantadas, cómo hacer que seamos cada día mejores, más justos y vitales. Así descubrimos, como algo natural e innato, que la rabia es la otra punta de la viga maestra que se corresponde al otro extremo con la alegría, como ya lo hemos analizado con anterioridad. Si está la justicia plena, florecerá con la mayor brevedad la alegría auténtica para todos, no como un favor sino como un derecho natural de cada ser vivo en el planeta.
Así accederemos a la corporalidad como función trascendente del Vitalizador. Definimos en el MAT la corporalidad como materialización de lo sagrado. En efecto, es interesante recalcar que las demás definiciones de armonía, claridad, metamorfosis, alma y espíritu, funciones trascendentes de nuestras cinco estructuras, no incluyen palabras que podrían remitir o sonar a sacralidades entendidas como religiosidades. Y es precisamente el cuerpo, que en todas las religiones es visto como el peso, lo que nos impide acceder y ser alma y espíritu, la cáscara de la cual nos liberamos al morir, el enemigo que debemos privar y castigar y flagelar, es precisamente el cuerpo a lo que nosotros venimos a conferir sacralidad. Y lo vamos a explicar inmediatamente: Las cinco funciones trascendentes nos elevan y permiten acceder a lo sagrado. Las cinco, y por igual, si es que existen otras vidas más allá de la muerte, se van con nosotros al mundo por venir. Las seis nos hacen acceder a la trascendencia, es decir a la elevación espiritual en este mundo, en el aquí y ahora. Lo que pasa es que, para las cinco restantes, se puede entender fácilmente que tengan dimensiones sagradas. Para el cuerpo no. A menos de caer en cultos de desenfreno dionisíacos y mitológicos, en orgías y profanaciones. Nada más lejos de nuestro enfoque de la corporalidad. Nosotros simplemente constatamos la función trascendente de cada una de nuestras estructuras y explicamos la sacralidad de la corporalidad de la manera, muy sencilla, como todas nuestras demostraciones, siguiente: Einstein, y muchos de sus seguidores y continuadores, han demostrado que la materia no existe como tal, que es un sistema de condensación y de ensamblaje de energía y sólo eso. Y el hecho es que esa condensación y ensamblaje no se hace al azar, sino por razones operativas y científicas que terminan por tomar una forma, un cuerpo, una densidad, una apariencia que sufre, padece, disfruta y goza. Así pasa con toda la naturaleza: con las flores y con las nubes, con la lluvia y con los árboles, con las piedras y con las animales, con los seres humanos, por supuesto, también. Entonces, ¿quién es el miope que podría creer que ese espacio que somos y ocupamos durante un tiempo de vida no lleva en sí, en caso de resurrección en otras vidas, la sustancia y el principio innato para convertirse en otro tipo de cuerpo o en su mismo cuerpo? ¿Acaso el reino del más allá, si es que existe, va ser un mundo de dilución y de fantasmas sin sustancia, o, por lo contrario, un mundo de maestros, de ángeles, de reyes, de seres con identidad y corporalidad? Pero aquí no nos ocuparemos de respuestas tontas que sólo traducen y evidencian un nivel de crecimiento determinado en la infinita sucesión de procesos y de fases de crecimiento integral, luego, también, espiritual. Discutir por esas cosas demuestra sólo una: que la persona que pelea no está en el camino de su propio crecimiento y que, si lo está, está a un nivel muy bajo. Se parta de la convicción de que existe o no otra u otras vidas, no podemos por menos que constatar que, en esta, que nos ocupa, venimos con un cuerpo y toda la creación viene de la misma manera corporalizada en seres que son individuos y elementos, diferentes y únicos, y que ese cuerpo nos va a proporcionar, si sabemos manejarlo como se debe, placer y vitalidad y, también experiencias trascendentes sobre el misterio y finalidad de nuestra vida a través de nuestras sensaciones y emociones.
Y ¿qué experiencia de lo trascendente puede darse sin sensaciones y sin emociones, sin ninguna intervención de esos doce prodigios de los cuales estamos dotados?
Si accedemos a la gestión vitalista de nuestra triada Vitalizador- rabia- olfato seremos justos y ecuánimes, seremos vitales y sanos, seremos prodigiosamente iconoclastas -es decir derrumbadores de ídolos, porque todo ídolo es un engaño y una mentira-; seremos auténticos, seremos espontáneos. Y así podremos cumplir a la perfección todas las funciones del Vitalizador, es decir: percibir y sentir, repartir y asignar, reaccionar y diluir, denunciar y atacar, disolver y vitalizar, sanear, erradicar y movilizar. Para ello, reaccionaremos con rabia cuando toque hacerlo de manera auténtica y operativa.
Cuando caigamos o veamos caer en la rabia falsa o en emociones falsas sustitutivas de la rabia, es decir en el apocamiento, en la intimidación, en el sentimiento de culpa, en el servilismo, en la ingenuidad, en el síndrome de Estocolmo, en la idolatría y en el fanatismo, sabremos, con certera y veloz eficacia, descodificar la emoción sustitutiva y volverla a reconducir con energía, recuperando al Vitalizador sano e innato.
Así alcanzaremos no sólo el control y disfrute del cuerpo sino la corporalidad, máxima expresión y dimensión del Vitalizador que llega hasta su trascendencia.
Como habremos construido este tercer nivel de gloria, podremos tener las bases para pasar a la cuarta fase: la gestión de la triada Transformador-orgullo-gusto.
Porque el ESTATUS reposa sobre la justicia, la cual reposa sobre el desarrollo, el cual reposa sobre la seguridad, la cual reposa sobre los cimientos de la plenitud (alegría), podremos acceder, de manera orgánica, orquestada y natural, a ocuparnos de que cada cual sea sí mismo, de que crezca, y de que se convierta, no sólo en un creador, sino en un genio, y, todo ello sin suscitar envidia, sino admiración, valoración y consagración. Porque todos nacimos para ser genios. Porque todos tenemos, al menos los seres humanos, un Transformador, el orgullo como energía natural y el sentido del gusto.
Lo que obtendremos en cada campo de acción de nuestra tríada es integridad, crecimiento, obras creadoras geniales y estatus auténtico de cada ser autónomo.
Integridad: cada ser reposará sobre un único objetivo, ser sí mismo, lo que nació para ser. Cada uno semejante a todos en la instalación e ingeniería de base, y cada ser, único, insustituible y en permanente transformación.
Crecimiento: en un disparadero así, no sólo el crecimiento es infinito, sino que sobre todo y además, alcanza categorías y esencias de eternidad ya que cada ser humano tiene en sí, desde que el primer humano pisó o surgió sobre esta tierra, los mismos medios para llegar a los mismos fines, alcanzar la perfección en una perpetua transformación y metamorfosis. Es más, en esa estructura, llevada a su máxima expresión, es donde se fusionan infinitud y eternidad. Y esa fusión es la esencia de la metamorfosis.
Creación genial: la triada en cuestión es la que posibilita el realizarse como genio. Para ello, la condición necesaria y a veces suficiente es la de funcionar en la secuencia. La condición suficiente es que el orgullo sea ahora la base del amor y éste lo sea de la alegría. Si, además, todas nuestras emociones funcionan en los tres ejes al servicio del Centro, nuestra talla trascenderá la del genio, pues, además de serlo, como condición básica, seremos transformadores y abridores de caminos para toda la humanidad en la infinitud y en la eternidad: es decir, universales.
Porque todo lo anterior se actualiza, sabremos formular todos los por qué y porque de la creación, y responder a ellos. Sabremos que todo es causal y nada casual.
Y porque ello ocurre, alcanzaremos la función trascendente de nuestra triada, la metamorfosis. La definición MAT de la metamorfosis es la potencia libertadora. Así, la mariposa que está contenida en el gusano se liberta de su cáscara anterior y pasa a actualizarse, convirtiéndose más en sí misma. Y nosotros, los humanos, nos liberamos de nuestra condición de mamíferos para convertirnos, primero en gente buena, luego en personas, luego en seres humanos, luego en seres humanos que trascienden su condición de mamíferos. Eso es todo. No hay más recorrido posible. Un ser humano, a nuestro conocimiento, ha logrado la última fase y etapa de nuestro recorrido existencial: trascender, como ser humano, su condición de mamífero. Este es el objetivo último del MAT. Con que otro de nosotros lo logre algún día y nos cuente cómo lo hizo, todos podremos lograrlo, si la versión de los dos coincide. Y eso es, además de posible, inevitable. Entonces, y entonces nada más, seremos seres humanos y podremos estar orgullosos de ello, y podremos dar cuenta de la utilidad y finalidad de la única estructura que nos diferencia de los animales, nuestros maestros, por ahora, al menos los que viven en estado salvaje.
Por lo demás, la única estructura que nos posibilita trascender es nuestro Transformador. Es la única que nos permite alcanzar la armonía, la claridad, la corporalidad, la metamorfosis, el alma y el espíritu de manera consciente y testimonial al dejar huella creadora de nuestros descubrimientos y plasmarlos en invenciones, como lo son los conceptos, el idioma, la obra de arte y tantísimas formas más de manifestarse el Transformador y el orgullo conectado al gusto. La meta última sería lograr captar y plasmar LA ESENCIA DEL SER DE LAS COSAS Y DE LOS FENÓMENOS.
Porque estaremos en permanente y perpetua creación de nosotros mismos, que se plasmará en nuestras obras, podremos cumplir y trascender las funciones de nuestro Transformador: elegir, determinar, reconocer lo válido, descubrir, afirmar, probar, buscar lo que aún no existe, acceder, declarar, crecer, representar, decidir, imaginar, evolucionar, crear, pronunciar y pronunciarse, transformar, consagrar.
Además, nuestro gusto será cada vez más refinado, lo que nos permitirá seleccionar lo mejor para darle esa joya que es nuestro amor y abrirle nuestra alma.
Sobre la base de lo certero de nuestra potencia en detectar lo más válido y valioso, accederemos sin perdernos a la PERTENENCIA, es decir a la tríada Protector-amor- vista. Esta tríada es la única que nos puede aupar hasta la PERTENENCIA, porque el amor surge de la admiración, que es su única base posible. Y si admiramos lo que nos puede destrozar en vez de ayudar a ser cada día más nosotros mismos, caeremos en “los amores que matan”, entregándonos a los peores y rehuyendo a los mejores para no tener que comparar (orgullo) y que sufrir (tristeza), con lo cual dejamos de analizar y de pensar y también de crecer y de libertar a los demás. Viviremos en la nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue, por ejemplo mi mamá o mi primera novia no me amó, entonces voy a seleccionar a alguien parecido para casarme, con la esperanza de que ahora sí tendré respuesta a mi necesidad de ser amado. Entonces hipotecamos nuestro Protector y se lo dejamos de manera vitalicia a alguien del mismo perfil que no nos amó porque, sencillamente, no hay amor en ese tipo de personas. Y cuando veamos a alguien en la que sí lo hay, saldremos corriendo como alma que lleva el diablo con tal de no recuestionar a esa persona “sacralizada” que no tenía la talla mínima para ser gente. Ni, mucho menos, persona. Y a quien seguimos entregándole nuestra alma, pudriéndonos en ese proceso.
Por el contrario, en el sendero de la gloria, y basando nuestro amor y nuestro sentido de pertenencia en lo que se lo merece por derecho propio, porque es mejor, más valioso, más auténtico, más admirable, es decir en el orgullo, vamos a elegir entregarnos y formar parte del sentido de pertenencia de los mejores, los que más tienen derecho a acceder a esa emoción privilegiada que es nuestro amor. Por los demás podremos sentir miedo, si son tóxicos, tristeza y compasión si no hay amor en ellos, rabia si pretenden encadenarnos a ellos para ponernos a su servicio o al servicio de valores e intereses degradantes. Sólo a partir del orgullo, es decir de la valoración y de la admiración, podemos seleccionar a quién amar y a quién no. Entonces abriremos nuestro amor, es decir un espacio seguro donde cada cual pueda ser sí mismo, es decir, lo que nació para ser. Un espacio donde conservar y hacer crecer facultades propias y donde recuperar facultades perdidas. Eso es amor. Y eso es lo que debemos dar y pedir cuando decimos o nos dicen “te quiero”. Y entonces debemos guardar el alma cerrada y protegida por nuestro Protector, hasta comprobar, con las cinco otras estructuras y emociones, si ese espacio que nos abren es condicional o incondicional en lo que a nuestras más altas virtudes y méritos se refiere. Obviamente, no podemos exigir, ni siquiera pedir, ese espacio incondicional para nuestros vicios y defectos, es decir para las emociones falsas que vimos en el cuadro correspondiente anterior, sino, por lo contrario, tener miedo auténtico a contaminar el alma ajena con lo podrido en nosotros. Entonces sí que podemos esperar del otro ese espacio sagrado para lo que merece orgullo objetivo en cualquier persona que funcione bien. “Te amo porque te valoro y ámame en lo que puedas y debas valorar” sería lo mínimo exigible. Podría chocar el termino exigencia y el término amor en sociedades contaminadas por una visión distorsionada de Jesús, quien se atrevió a decir a su propia madre “mujer, ¿qué tengo que ver contigo?” cuando ésta le vino a exigir que abandonara su grandeza y a sus discípulos para volver con su “verdadera familia”, es decir, con ella y con sus hermanos. Parece que ninguna iglesia que se atreve a hablar en su nombre recuerde la enseñanza más básica que ese gran Maestro de la humanidad dio frente a todos los testigos. Todos recordamos el Sermón de la montaña. Pero si no entendemos la base, ¿cómo entender la función trascendente del amor: el alma que se despliega en amor universal que se manifiesta en el sermón de la montaña? ¿O es acaso el despliegue de un alma contaminada que mezcla indiscriminadamente lo podrido y lo sano, y por ende contaminante, lo que se puede llamar alma y lo que puede ser la fuente de nuestra facultad de hacer milagros? ¿El milagro alcanzable de sanar y el milagro milagroso de acceder al ESPLENDOR que está en nosotros y para nosotros, todos nosotros?
Nos referimos a nuestro derecho a exigirnos, cuando decimos “te quiero”, dar realmente ese espacio y a exigir a quien nos lo dice que lo entregue. La admiración del orgullo no lleva al compromiso con la persona crecida, con el creador. Al amor, sí.
Eso no significa poder exigir, ni nos da derecho alguno a exigir amor por la simple razón de ser más grandes, es decir, más crecidos que los demás. Podemos exigir valoración y respeto cuando el otro entiende, y declara valorar esa diferencia, Cuando lo dice desde su tristeza (entender), desde su rabia (sentido de la justicia) y desde su orgullo (admirar y declararlo). Entonces, cuando esa persona nos exija renunciar a nuestra potencia adquirida por mérito propio y cortarnos la cabeza que sobresale de su medianía para él no caer en la tristeza de entenderse y en el orgullo de decirse “esto es admirable y si lo admiro y amo a esa persona me dará el espacio que me permita ser lo que soy”, allí sí que podemos exigir respeto primero (miedo) y valoración después (orgullo). Jamás debemos exigir amor en esas circunstancias. Podemos esperar amor si decidimos compartir ese talento con los demás. No podemos amar a Mozart si nunca hemos leído ni escuchado una partitura suya, amarlo por su genialidad, se entiende. Pero no basta admirar a Mozart como a un genio y, tal vez, nosotros sí lo valoramos así, el mayor de los genios de la música y, muy especialmente de la alegría trascendente. Si lo reconocemos como tal deberemos hacer dos cosas más para prepararnos para amarlo y conceptualizar ese amor en nosotros:
Debemos, ante todo, llegar a la máxima expresión de la función básica del orgullo: CONSAGRARLO EN NOSOTROS MISMOS. Así le conferimos el lugar que se merece en nuestra escala de valoraciones, la cual reposa sobre nuestra escala de valores (rabia-justicia).
Debemos, en segundo lugar, permitir, y eso ya es abrir la puerta de prueba para el amor, que su principio de metamorfosis se marque un garrotín con el nuestro, es decir baile con el nuestro para experimentar si eso nos eleva y nos hace trascender o nos degrada y rebaja. Si nos eleva, entonces, y sólo entonces, se abrirá la puerta del amor.
Pero ante todo, hay que aclarar un punto relacionado con el amor. ¿Por qué afirmamos que un bebé recién nacido merece nuestro amor absoluto, universal e incondicional más que cualquier genio? ¿Porque está indefenso (miedo) y nos necesita (tristeza) para vivir? No, porque eso no sería amor: lo debemos amar más que a nosotros mismos y más que a nadie porque ES PERFECTO. Y lo perfecto es orgullo máximo. Mientras que un genio, por más grande que sea, es una persona que se supo mantener perfecto en su Transformador y en su orgullo y nos da testimonio de lo posible. Lo cual no es poco. Y se merece nuestro amor. A nosotros nos tocará elegir dárselo o no. Y que sea por buenas razones y no por mezquindad o envidia.
Cuando decidimos valorar algo en alguien y, basándose en ello decidimos amarlo, es recomendable primero abrir nuestro Transformador trascendente, nuestra metamorfosis y danzar con eso que decimos valorar para ver si nos eleva o nos degrada. Porque así abrimos, de manera segura para nosotros, ese espacio seguro para el otro. Y en ese espacio surgirá nuestro amor trascendente, el alma que se purificará en vez de profanarse y contaminarse con la fusión con el alma del otro. Eso es amor pleno.
Pero antes del amor pleno, hablemos un poco de la función básica de la tríada Protector-amor-vista: la PERTENENCIA. ¿Qué significa pertenecer? Significa gestionar el momento, el cuándo, ser parte de algo o de alguien. Sólo eso. Por ejemplo, podemos decir que somos miembros de nuestra pareja, de nuestra familia, de nuestro país, del mundo, de nuestro círculo de amigos, del club de amigos del Museo del Prado, etc. ¿Cuándo y por cuándo? Esa es la palabra clave. Hay países que, cuando optamos por pedirles la nacionalidad, nos obligan a elegir entre nuestro país de origen y él. Hay otros países que nos reconocen su nacionalidad hasta el momento en que adquirimos otra. Lo ven como una traición y nos obligan a elegir. Si estamos casados y nos enamoramos de otra persona con quien queremos establecer un lazo oficial de pertenencia, el matrimonio, estamos, por lo general, obligados a elegir divorciarnos primero y casarnos después. Eso es el cuándo. Y entonces declararemos que estuvimos en el mismo sistema de pertenencia con nuestra primera pareja de tal fecha a tal otra y con la segunda después. Eso es el cuándo de la pertenencia. Si funcionamos bien perteneceremos a nuestra familia de origen hasta fundar la nuestra propia, que pasará, en nuestro sistema de pertenencia, a ocupar un puesto dominante. Cuando nuestros hijos se casen, los ayudaremos, sin culpas ni conflictos y sí con justicia, orgullo y amor, a crear su familia, que pasará a ser más importante que la nuestra. Eso si hay amor auténtico, si hay Protector de verdad y si tenemos vista.
Cuando funcionamos mal en nuestro sistema de pertenencia, somos rígidos e idolátricos en vez de libres, crecidos y amorosos. El “deber ser” remplazará el “ser”. Es lo que llamamos el “como si”. Nuestro sistema será como una pirámide rígida e inmóvil donde los padres ocuparán el primer lugar para siempre, la pareja y los hijos el segundo, la patria el tercero, los amigos de siempre el cuarto, los valores que elegimos el quinto, y así hasta que, cuando llega algo o alguien que merece todo nuestro amor se encuentra con un cartel que reza “no hay cupo disponible”. Y, poco importa si nuestro padre es un cielo y nuestra madre una víbora, poco importa si uno de nuestros hijos es un asesino en serie y si un amigo de infancia nos traicionó, poco importa si nuestra patria nos obliga a ser nazi, y si el colegio de abogados se decanta por la intriga y el corporativismo más ramplón. Estamos obligados a amarlos por igual e incondicionalmente. Es así como es porque debe ser así, y punto.
Un sistema de pertenencia que funciona adecuadamente, está siempre disponible para lo mejor. Eso, como primera característica. Y, en segundo lugar, elige el cuándo en cada minuto. Así, a nuestro hijo que adoramos, lo estaremos amando siempre pero no sentiremos ese amor cuando no esté siendo auténtico, justo, veraz, sincero, etc. Sentiremos otra cosa en ese cuando, en ese momento: miedo, tristeza, rabia o lo que venga a cuento. Ni vamos a dejar de amarlo para siempre cuando esté fuera de sí, ni lo vamos a estar amando cuando no venga al caso, porque si no, no lo podríamos ayudar ni hacer crecer. Seríamos su pasto, no su madre ni su padre. Y, cuando estemos en el mundo nuevo, estaremos siempre disponibles para amar lo que se lo merezca. Con orgullo y alegría en vez de culpa y vergüenza. Eso no nos convierte en inestables y promiscuos. Al revés. Lo que nos convierte en inmaduros, inestables y promiscuos es la culpa que la rigidez de una pirámide osificada nos obliga a hacer cada vez que queremos ser y estar siendo.
Cuando nuestro sistema de pertenencia está vivo y es auténtico, es como el mar, como un océano que tiene mareas y olas que sitúan en cada momento a cada cual donde le corresponde: sentiremos tristeza por nuestro gran amor que se está perdiendo la gloria de vivir en sí en un momento y amor por nuestro mayor enemigo que dejó aflorar algo maravilloso que le vemos compartir con alguien. El sistema de pertenencia es, en definitiva, el gestionador del cuando amar qué o a quien y por cuanto tiempo. Por eso hay amores inmortales cuando son auténticos: porque el cuándo se sitúa en toda la eternidad más un día. El amor auténtico es un cuando que se elige siempre y para siempre mientras el objeto de nuestro amor sea cada vez más él mismo. El resto es cárcel, con muros y rejas pintados de naranja.
Y ahora que vimos la función básica de la triada del amor, la pertenencia, veamos su función trascendente: la de regir el alma, definida como el anhelo de la entrega. Pongamos un caso extremo que nos puede ayudar a entender mejor el Sermón de la montaña: Pongamos por caso que estamos observando y mirando con total atención al ser humano que, en nuestro criterio, es el más despreciable, el que menos merece nuestro amor auténtico explicado como ya lo acabamos de hacer. Imaginemos a un asesino en serie que mató a nuestro hijo. Imaginemos que nos ponemos a observarlo tras un cristal de esos que tiene la policía, uno que a él le parecerá un espejo. Imaginemos que tenemos un aparato que nos permite escuchar lo que dice. Estamos escuchando cómo cuenta con deleite cómo asesinó y descuartizó a nuestro hijo. Y sentimos horror, congoja y furia. Imaginemos que el policía sale y que entra el perro o el hijo preferido de esa persona. Imaginemos que desde nuestro Transformador que funciona a la perfección captamos grandeza y entrega (amor real) durante cinco minutos, en lo que ese asesino está haciendo con su perro o con su hijo. Imaginemos que nosotros somos genios realizados en eso grande que EXISTE y está siendo ante nuestros ojos y oídos. En ese preciso momento, vamos a sentir orgullo de esa execrable criatura y amor por ella. Así, el cuándo trascenderá nuestra pequeña historia personal. Imaginemos ahora un ejemplo más común y familiar. Imaginemos que nuestro gran amor y esposa se enamora de otro hombre. Para nosotros esa mujer sigue siendo nuestro gran amor. Para ella ya no lo somos. Imaginemos la escena de su encuentro con su nuevo amor y nosotros como observador detrás del cristal sonoro. Con el corazón destrozado vamos a poder evaluar la situación. Pongamos que descubrimos que nuestra esposa eligió a alguien que la ama de verdad y que además se merece más su amor que nosotros, por sus grandezas. Entonces vamos a sentir amor por ese rival y felicidad por nuestra esposa. y paz. Vamos a estar menos tristes, porque lo que nosotros hemos perdido, ella, a la que amamos, lo ganó. Y la empujaremos con nuestra bendición en brazos del que ya dejó de ser un rival y se convierte en nuestro maestro. Y seremos amigos entrañables de los dos. Eso es acceder al alma y. Con ella, AL AMOR UNIVERSAL. Cuando eso ocurre crecemos y pasamos a ser humanos de verdad. Cuando eso ocurre, siempre vamos a encontrar algo que admirar y amar en cualquier ser, por más deteriorado que parezca. Cuando eso ocurre vamos a saber, y eso es alegría, que ese ser, en algún momento (el cuándo de la eternidad) y en algún lugar (el dónde de la infinitud) va a ser lo que nació para ser. Es decir amable, y lo vamos a amar por lo ¡BUENO! que tiene y tendrá. Desearemos que ese momento llegue cuanto antes para él. A eso se le llama rezar. Y quedaremos en paz. Es decir, accederemos a la tríada Orientador- alegría- sexo.
Al acceder a esta última tríada, vamos a lograr la gloria de la PLENITUD COMO FUNCIÓN BÁSICA, Y EL ESPÍRITU COMO FUNCIÓN TRASCENDENTE. El acceso a la alegría por el camino que la precedió y posibilitó en este proceso secuencial podrá afincarse y consolidarse en una explosión de alegría certera y serena. Nos vamos a sentir vivos y en comunión con todo lo vivo. La gratitud por estarlo (amor) nos llevará a la libertad (alegría) y, con ella, a la elevación que surgirá como un canto de aleluya hacia todo el universo y hacia lo que damos en llamar Dios, o inteligencia universal, u orden natural. Poco importa el nombre que le demos. Lo esencial es sentir que toda esa maravilla tiene un propósito y es un regalo. Un regalo para cada ser vivo, para cada mineral, para cada planta, para cada estrella. Entonces surge la exaltación de la fisión con el universo y la certeza de encontrar una primera verdad: estamos en este mundo para sentirnos felices y plenos. A esa certeza de encontrar respuestas y verdades, la llamamos en el MAT, espíritu.
Entonces nos sentiremos cercanos a los grandes reveladores y profetas que accedieron a encontrar respuestas para saciar la paz espiritual y la plenitud de los seres humanos:
Pensaremos en Jesús que presentó un Dios de amor que nos lleva a la alegría de la resurrección y nos transforma en ave fénix.
Pensaremos en Mahoma que nos trajo un Dios de alegría que nos lleva a la seguridad y a la armonía.
Pensaremos en Buda que nos trajo un Dios de armonía y nos lleva a la claridad mental y a la omnisciencia.
Pensaremos en Zoroastro que nos trajo un Dios de inteligencia y de organización que nos lleva a la justicia.
Pensaremos en Mani que nos trajo un Dios de justicia que nos lleva a la creación y a la metamorfosis.
Pensaremos en Moisés que nos trajo un Dios de dignidad y de creación que nos lleva al amor universal.

Entonces tal vez entendamos dos cosas: que esa liberación del espíritu puede y debe venir de todas y cada una de nuestras estructuras, de nuestras emociones y de nuestros sentidos; y que Dios, si existe, puede ser percibido por todas esas seis dimensiones nuestras, pero que el error fue crearlo a nuestra imagen y semejanza y no situarnos como creaciones de él, hechas a imagen y semejanza de seis de sus infinitas dimensiones. Y, que, por lo tanto, nuestra vida no termina aquí, sino que empieza aquí, porque luego, después de nuestra muerte, no solamente nos llevaremos esas seis funciones y energías inmortales, sino que adquiriremos otras más para ser, esta vez, no sólo humanos y mamíferos, sino seres más evolucionados y completos. Entonces nos daremos cuenta de que este mismo discurso es válido para cualquiera de nosotros. Un agnóstico lo llamará la evolución, que, al igual que nos permitió pasar de mono de cinco dimensiones a persona de seis, llegará a siete y a ocho y así hasta el final. Un ateo sentirá paz y simpatía y admiración por la grandeza del ser humano, que no necesita ninguna intervención mágica y misteriosa, inexplicable para su inteligencia, para ser en plenitud. Un religioso de cualquiera de las religiones de los fundadores mencionados sentirá afinidad y amor y alegría, con la certeza de que, en cada lugar, hay personas a la vez como él y diferentes que siguen las enseñanzas de esos grandes maestros de la humanidad. Y que todo va bien en el mejor de los mundos cuando nos orientamos hacia la finalidad y la espiritualidad de los seres vivos, todos.
Así surgirá el talante visionario que nos convertirá en estrategas capaces de captar la totalidad del entorno en cambio permanente pero no imprevisible. Y sólo con el Orientador y la alegría lo podemos captar. Así veremos con total claridad las tendencias del futuro y, a medida que vayamos comprobando nuestros aciertos, nos daremos cuenta de la mina de oro que todos tenemos sin explotar y que es la tríada Orientador-alegría-sexo. Como ejemplo de esta potencia instalada, remitiremos al lector al último capítulo de este libro.
Encontraremos respuestas a todos los para qué de la existencia, comenzando por las más sencillas y accediendo a las más ocultas. ¿Para qué estamos en esta vida? Nuestra respuesta, la del MAT, es para cambiar de gente a persona y de persona a ser humano mamífero, y de ser humano mamífero a ser humano no mamífero, es decir, plenamente libre, feliz y realizado en la gloria y en el esplendor. Eso es lo que podemos responder. Por ahora.
¿Para qué existe el inconsciente? Para, al menos, dos cosas: para conservar verdades y respuestas que no hemos sido capaces de admitir sin volvernos locos en su día y que permanecen allí, a nuestra disposición, para que las encontremos a medida que crecemos. Y para servirnos de brújula infalible con que orientarnos en el conocimiento de nosotros mismos y del universo.
Pero esa es una ilustración de respuestas de finalidad. Cada uno aportará las suyas. Todos tenemos, al menos, una pregunta existencial a la cual queremos responder. La nuestra fue, a los tres años de edad, ¿Para qué el mundo y la gente están al revés? Y la respuesta fue el MAT, que surgió de nuestro Orientador 33 años después. Cada persona tiene su pregunta y su Orientador la conserva y se la envía cada día, cada día. A eso lo llamamos vocación.
Así accederemos a la luz dorada del espíritu sereno e infatigable, veloz y certero, que alza su vuelo vertical hacia los cielos y trae respuestas a nuestra mente consciente. Con ello, no sólo nos elevamos y trascendemos, sino que cambiamos. Los valores a los que accedemos entonces son la fe, el optimismo, la certeza y el tesón, mucho tesón, indesmayable, sin ninguna presión sobre nosotros ni sobre los demás.
Cumpliremos entonces las funciones del Orientador, que son las de abrir caminos, encontrar la verdad, revelar, atisbar, irradiar, elevar, experimentar integralmente, dar testimonio, iluminar, cambiar al mundo y cambiarnos, renovar y renovarse, planificar estratégicamente, fluir, disfrutar.
Y, cuando en periodos de cambio, caigamos en las emociones falsas que remplazan la alegría auténtica, es decir en la superstición, en la negatividad nihilista, en el sacrilegio, en el dogmatismo, en la idolatría o en la dependencia, sabremos rectificar y volver al gozo y al disfrute.
Así accederemos al dominio y perfeccionamiento del espíritu, que definimos sencillamente como LA CERTEZA DE ENCONTRAR (VERDADES), y conoceremos de primera mano la máxima jerarquía en las funciones del Orientador y de la alegría.
Como esta base estará ya consolidada, podremos acceder al escalafón siguiente, el de la tríada Rector-miedo-tacto, que nos ofrecerá una seguridad y una armonía mayores que las que teníamos en el punto de partida, abriendo, así, un proceso secuencial más, en el camino del infinito.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

El ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 2: Final de la Introducción y Rector

El ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 2: Sigo con la Introducción iniciada ayer. Nos veremos con más el próximo Domingo, Dios mediante. Os deseo un Yom Kippur lleno de sabiduría y de paz.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

Nuestra aportación es el M.A.T., un instrumental científico, comprobado sobre más de 60.000 personas y organizaciones antes de ser divulgado, aplicado con éxito durante más de quince años y que empieza a ser conocido por una pequeña élite que tuvo y tiene mucha anticipación en el ámbito del conocimiento personal, organizacional y del entorno.
M.A.T. significa Metamodelo de Análisis Transformacional. Parte de un nuevo descubrimiento del ser humano a través de la revelación de sus estructuras, descubre los patrones de ingeniería de funcionamiento emocional universal que rigen esas estructuras, indica, en una secuencia acumuladora de energía, cómo ser líder de la propia vida y modelo conductual para los demás, y ayuda a alcanzar la plenitud en un proceso sereno y rápido, de gran impacto social.
Los que conocen el M.A.T. aseguran que es la Ciencia Humana más científica de cuanto conocen. El M.A.T. es un instrumental que se aplica tanto al conocimiento y mejora del ser humano como a cualquier organización ( ya sea ésta una pareja, una familia, una empresa, un gobierno, un país, un conjunto de países o el planeta), y, también, abre campos de investigación, aplicación y mejora en cualquiera de las ciencias humanas que hoy se conocen. También abre ventanas insospechadas en el campo del arte, de la innovación, de los descubrimientos y, de manera general, de la creación. Por eso es un Metamodelo. Como todos los Metamodelos, parece sencillo y no lo es.
El M.A.T. es un instrumental científico, no especulativo. Es objetivo porque, si bien reposa sobre su aplicación y comprobación a más de 60.000 casos, sus resultados permanecen invariables hoy, que ya vamos por los 120.000 casos. No hemos encontrado, los que conocemos el M.A.T., caso alguno en que no se apliquen. Además, es transmisible, es decir que se puede enseñar a manejar con maestría y autonomía. Por ello, es una disciplina de análisis. Como todo instrumento de análisis, requiere una formación.
El M.A.T. es universal. Es decir, los mismos resultados se encuentran inmutablemente en cualquier país o lugar, y desde que el ser humano existe y se manifiesta como tal. El M.A.T. logra, en su aplicación, y desde el primer día de enseñanza, expandir el campo de conciencia y de acción de cada sujeto analizado y llevarlo a un nivel de creación y de transformación siempre superables. Por eso es un instrumento de transformación. Y como todo instrumento de transformación, requiere de una guía por un facilitador que ya franqueó, con éxito, la fase de crecimiento alcanzable por el alumno.
La creación del M.A.T. fue una conjunción entre una historia de vocación temprana, de preparación académica y profesional seria y orientada, y de mucha suerte.
Los resultados obtenidos con el estudio y la aplicación del M.A.T. han sido y siguen siendo esperanzadores en el campo de las ciencias humanas y abren nuevas perspectivas para lograr el florecimiento humano, organizacional, social y político a partir del siglo XXI. Este libro sólo tratará del enfoque humano básico del M.A.T., porque la revolución que aporta este instrumental es la base de posteriores aplicaciones, desarrollos y creaciones que venimos registrando desde 1988. Este es un intento de divulgación de un instrumental complejo, para hacerlo comprensible y de fácil y, si posible, grata asimilación por cualquier persona de nivel medio-alto. Uno de nuestros más brillantes estudiantes está actualmente escribiendo un libro de divulgación del M.A.T. al alcance del gran público.
En esta obra, tan sólo iniciaremos nuestra divulgación por cuatro de los instrumentos básicos del M.A.T.
En el primer capítulo mostraremos la estructura innata del ser humano, es decir la instalación real que compartimos, todos los seres humanos, y su funcionamiento. Estudiaremos, de manera objetiva, el inventario de tesoros que tenemos todos y cada uno de nosotros, examinando el donde, el qué, el cómo, el porqué, el cuando y el para qué de cada uno de ellos. Y aprenderemos a valorarlos y a amarlos antes de decidir compartirlos, pues, como es obvio, sólo se puede decidir entregar lo que se sabe que se tiene.
En el segundo capítulo mostraremos la energía que permite funcionar a la estructura y descubriremos, con intensa alegría, nuestra potencia. Estudiaremos, para ello, las emociones auténticas humanas, su racionalidad y su funcionamiento.
En el tercer capítulo nos ocuparemos de descubrir las antenas que nos permiten percibir el mundo: nuestros sentidos. Con esos tres conocimientos ya tendremos las bases para comprender la revolución que representa el M.A.T. en la historia del autoconocimiento. Luego podremos conocer la historia universal de nuestra gestación, de nuestro nacimiento, de nuestra primera infancia y de nuestra evolución posterior hasta el momento actual. Accederemos así a hacer retroceder el miedo, al adquirir la seguridad que da el conocerse e sí mismo y conocer a los demás, apreciando nuestras diferencias de personalidad y detectando cuales son nuestras competencias, cuales son nuestros talentos y cuales son nuestras vocaciones.
En el cuarto capitulo descubriremos los seis patrones universales de funcionamiento en sus 36 versiones comunes. Para ello, estudiaremos las tipologías matriciales de personalidad y sus fases de evolución que permiten diagnosticar el estado de deterioro real de los seres humanos y las vías M.A.T. para recuperar su integridad perdida.
En el quinto y último capítulo examinaremos la incidencia de las tipologías M.A.T. sobre las creaciones más inmediatas del ser humano: las organizaciones que crea (pareja, familia, empresas, asociaciones, estados, grupos de estados, y organización del mundo). Terminaremos examinando otra manifestación del funcionamiento humano: las ideologías. Empezaremos por diagnosticar las ideologías generacionales, como lo ilustramos en esta introducción pero ya dando las claves M.A.T. para su estudio en profundidad. Veremos cuales serán las ideologías generacionales futuras que dominarán el mundo hasta mediados del siglo XXI.
A continuación examinaremos las ideologías seculares y sus leyes M.A.T. que las hacen más inteligibles y controlables. Partiremos del siglo XX y remontaremos hasta el siglo XV asombrando al lector con la potencia y cientificidad de este nuevo instrumental: A continuación mostraremos las tendencias que dominarán las ideologías de los siglos XXI, XXII y XXIII, momento en que prevemos que la historia del mundo entero podrá girar en la dirección válida para crear una civilización que instaure y garantice el florecimiento del esplendor de lo humano.
Terminaremos este capítulo con un breve examen de las ideologías milenarias remontándonos a dos milenos antes de nuestra era y proyectando sobre el estudio del tercer milenio. Pues ahora, con esta nueva ciencia, podemos ser constructores de la historia y ya no sujetos pasivos de ella.
Concluiremos este libro volviendo de lo absolutamente grande, los milenios, a lo absolutamente pequeño, la célula, para mostrar que las mismas leyes se aplican ineluctablemente y afortunadamente. Introduciremos en anexo nuestras breves conclusiones en investigaciones hospitalarias sobre la incidencia de las disfunciones del patrón de ingeniería emocional M.A.T. de la estructura humana sobre enfermedades de alto riesgo.
Y, para el lector curioso e interesado en conocer las aplicaciones del M.A.T. en materia de comunicación, liderazgo, identidad y potencialidades nacionales, cultura organizacional, conocimiento del inconsciente personal y planificación estratégica del cambio en organizaciones remitiremos a los que así lo deseen a la consulta de nuestra página Web: http://www.mat.

CAPITULO 1
DE LA ESTRUCTURA HUMANA DE PERSONALIDAD.
En este capítulo iniciamos el conocimiento de este primer instrumento del M.A.T., el de la estructura universal innata de personalidad humana, para conocer el potencial de diseño y de instalación que todos los seres humanos, en este planeta, tenemos desde el preciso momento de nuestra concepción. Este potencial se desarrolla y se transforma durante nuestra gestación y produce un bebé humano a quien le va a tocar crecer. En este primer capítulo analizaremos tan sólo el diseño -o más bien, una representación geométrica y simbólica aproximativa del diseño- y la instalación, como si se tratara de un plano para la fabricación de un televisor o para la edificación de una casa. Es decir, propondremos un esquema para responder a la pregunta de qué contiene la instalación de un ser humano para desempeñar todas sus funciones posibles. En el capítulo siguiente propondremos un nuevo instrumento que estudia la ingeniería de funcionamiento de ese ser humano y responderemos a la pregunta de cómo funciona, con qué tipo de energía funciona correctamente.
La estructura universal de personalidad M.A.T. se divide en seis estructuras comunes a todos nosotros desde que el ser humano aparece sobre este planeta. Estas seis estructuras se agrupan en tres conjuntos funcionales.
El primer conjunto reúne dos estructuras cuya función es la de permitirnos ser entes sociales y socializables. Y, como cualquier mamífero, somos entes sociales y socializables a partir del momento de nuestra gestación donde empieza a establecerse y a desarrollarse la relación tú-yo con nuestra madre biológica. Por ello, denominamos EL SOCIALIZADOR a este conjunto. El Socializador se divide en dos estructuras a la vez complementarias y opuestas que nos permiten, alejarnos de, o acercarnos a, nuestros semejantes. Las llamamos El RECTOR y El PROTECTOR. El Rector discrimina los peligros y amenazas a la totalidad de nuestra estructura y establece los límites que nos preservan de la invasión o del desbordamiento de nuestro territorio, cerrándonos al enemigo interno o externo. El Protector, al contrario, abre puertas y determina qué, y quién, y si algo o alguien, es benéfico para nuestra vida, y establece uniones y confluencias. El Rector establece fronteras, impone límites y niega el acceso. El Protector acerca, autoriza el acceso, y afirma la unión entre dos o más personas. Si bien El Rector dice no, el Protector dice sí. El Rector es responsable de la función de seguridad y el Protector es responsable de la función de pertenencia. El Protector analiza el espacio y muestra el cuándo de las cosas. El Rector diagnostica el estado de las cosas y muestra el dónde de las cosas.
El segundo conjunto funcional se compone de una sola estructura y lo llamamos EL SINTETIZADOR. Esta estructura es la responsable de nuestra inteligencia. Es como un increíble computador que nos permite archivar y memorizar, programar y procesar, combinar y mezclar, detectar opciones y elegir las mejores. El Sintetizador es responsable de la función de desarrollo. El Sintetizador analiza el qué de las cosas.
El tercer conjunto reúne tres estructuras y lo llamamos EL CONECTADOR. Nos permite conectar con la realidad total. Abarca EL VITALIZADOR, EL TRANSFORMADOR y EL ORIENTADOR. El Vitalizador nos permite conectar con la realidad palpable del aquí y del ahora y reaccionar ante ella. Muestra el cómo de las cosas y las acepta o las descarta según sean verdaderas o no. No acepta mentiras y, por ello, es responsable de la función de justicia. El Transformador nos conecta con nuestra capacidad de transformación, de creación y de crecimiento por cambio (salto cuántico). Muestra el por qué de las cosas y es responsable de la función de estatus, es decir de la talla verdadera que tenemos en cada instante. El Orientador nos permite conectar con la realidad inconsciente y trascendente para enriquecer nuestra conciencia elevándola y ampliándola. Dice el para qué de las cosas, y así, su finalidad y es responsable de la función de plenitud.
Ahora toca analizar a fondo cada estructura para conocerla y percibir si capacita o no para la totalidad de la función para la que es diseñada. Al término del análisis veremos si sí o no, con esta instalación sextidimensional, podemos abarcar todas las acciones humanas.

I. EL RECTOR:
El Rector nos permite diagnosticar, como un médico, el estado de las realidades con las cuales entramos en contacto, tanto internas como externas. Permite saber si algo, en nosotros o afuera, es peligroso y representa una amenaza, cualquier amenaza a cualquiera de nuestras estructuras. Permite desempeñar la función de seguridad. Detecta lo que no es normal, bueno, conveniente, ético, vivo, actual, grande, amable, etc. Detecta todos los no que se deben y conviene erigir para que la vida fluya y siga fluyendo. Detecta los límites de nuestras realidades, acciones, pensamientos, imaginaciones, posibilidades etc, y permite hacer retroceder los límites de lo posible sobre la base de la seguridad, determinando y ensanchado nuestro campo de acción. Muestra el dónde de las cosas.

¿Qué es lo que hace el Rector?
– El Rector diagnostica: Nosotros, como consultores M.A.T. en Dirección de Empresas, comenzamos siempre nuestra acción con un diagnóstico de la organización. Verificamos la existencia de las seis estructuras de personalidad de la empresa, pues nosotros innovamos una biogerencia y detectamos los fallos y patologías en el funcionamiento del ente colectivo. Detectamos lo que no funciona correctamente y compromete el equilibrio y la armonía de una empresa sana. Diagnosticamos el estado de enfermedad de la organización y proponemos un plan de acción (es decir un tratamiento) capaz de restablecer la salud integral de la organización. Ponemos a funcionar adecuadamente cada estructura, rediseñamos la interrelación entre ellas, y planificamos a futuro objetivos y metas que le devuelvan la trascendencia.
Otro ejemplo: Cuando estamos enfermos, vamos al médico que examina el funcionamiento general de nuestro cuerpo. Cuando localiza el o los puntos de disfuncionamiento, es decir de desequilibrio y de fallos en la interrelación, establece un tratamiento que nos devolverá la salud, la armonía.
El Rector tiene como función la de establecer, internamente y externamente, evaluaciones del estado de funcionamiento de nuestra estructura, detectando los desequilibrios intraestructurales e interestructurales. Es decir, detectando lo que no funciona en nuestra personalidad o en la relación con los demás. Cuando analiza las causas (pasándole la información a otra estructura, el Sintetizador) determina lo que no hay que seguir haciendo para poder restablecer la armonía. Para ello, erige prohibiciones, como la de no comer azúcar si existe diabetes.

-El Rector establece límites: Nosotros, en nuestro desempeño profesional, cuando detectamos por ejemplo que el Rector empresarial está invadiendo el terreno o el campo de acción de otra estructura, trabándola en este caso – pues el Rector es el de los “no”- delimitamos el campo de acción de cada una de las estructuras para que el Rector retroceda y se libere la estructura frenada, pudiendo actuar. Por ejemplo, si detectamos que el control sobre la iniciativa y la creatividad (tarea del Transformador) es exagerado, resituamos al Rector y ensanchamos el campo de acción de la división de innovación, por ejemplo, para restablecer la salud de la organización.
En un conflicto territorial de zonas de pesca, el legislador delimita las fronteras que separan las aguas territoriales de la zona internacional, común a otros vecinos. Cada una de estas zonas se regirá por regímenes diferentes. Y el desarrollo de la actividad de pesca, podrá desempeñarse, entre nacionales y foráneos, en paz y armonía.
En nuestro corazón, por ejemplo, están delimitadas las zonas que reciben y bombean la sangre sin oxígeno, y las que hacen circular la sangre oxigenada. La mezcla de las dos sangres produce una enfermedad bien conocida que necesita intervención quirúrgica para separar los territorios y devolver la armonía y la salud.
Cada nación delimita su territorio y así puede nacer un estado, con fronteras bien definidas. Las áreas de acción entre poder legislativo, ejecutivo y judicial serán delimitadas muy meticulosamente para que reine la armonía y la paz en una democracia. En una dictadura, todos los poderes, sin límites, estarán concentrados en el dictador, y dependerá del funcionamiento de su estructura de personalidad la armonía practica a la cual podrá acceder el estado.
Cuando compramos o alquilamos una casa, estamos comprando límites contra la intromisión de vecinos y extraños.
Y cada ser humano, aunque viva sin techo o en una cárcel, tiene límites de todo tipo: territoriales, el que ocupa su propio cuerpo, y el Rector le impondrá el respeto del territorio de los cuerpos ajenos, no debiendo matar, ni pegar, ni violar, por ejemplo. Emocionales, el de su alegría por ejemplo, no debiendo avasallar e invadir el turno de palabra de los demás. De pertenencias, no debiendo robar pertenencias ajenas. De movimiento, no debiendo atropellar a paseantes por ejemplo. Espirituales, no debiendo invadir la conciencia de otro con sus propias representaciones de lo sagrado, por ejemplo. Tenemos y necesitamos límites de todo tipo si queremos vivir en sociedad, y también solos, si no, no se aislaría a los dementes que se pueden auto lesionar. De alguna manera o en algún aspecto, como veremos, todos estamos locos .

-El Rector legisla: Impone y se impone normas para vivir en armonía con los demás. El derecho natural impone normas universales que garanticen la armoniosa convivencia y el respeto a escala universal. El derecho internacional rige la vida entre las naciones. El derecho comercial rige el orden y la pulcritud en los intercambios entre sociedades y entre personas. Y las normas familiares rigen la convivencia dentro de la responsabilidad entre los miembros del clan. Nuestro código de ética individual rige los límites de lo que creemos que debemos, o no, hacer.
En nuestro quehacer empresarial atendemos y normatizamos la función de personal, la función de control, la función de seguridad y la función de sanidad como campos de acción del Rector organizacional colectivo.

-El Rector defiende: Es importante diferenciar la función de defensa de la función de ataque. El Rector defiende, es decir, impone límites de no invasión. El Vitalizador ataca, es decir, reacciona contra la invasión, eliminando el agente patógeno. La piel, en nuestro cuerpo, delimita la zona del territorio geográfico que hay que defender. De contactos indeseables y de microbios, por ejemplo. Sin piel no podríamos sobrevivir.
En España, el Rey es el mando supremo de las fuerzas armadas, y el jefe de gobierno dirige, a través de un ministro, la función de defensa, de policía, de guardias civiles, de sanidad. La función de defensa y de sanidad consiste en las maneras de detener la invasión de lo peligroso e indeseable en el cuerpo social.
Un ejemplo del Rector en el campo de la conducta social: si alguien se comporta con nosotros de manera abusiva, nos cerramos, cruzando los brazos. Procesamos la información con otra estructura, el Sintetizador, que nos permite detectar opciones. Reaccionamos con el Vitalizador.
Si nos sentimos incómodos con una persona, nos estamos defendiendo de ella con nuestro Rector. Es en ese momento cuando tenemos la elección de recurrir a nuestra creencia (Rector) sobre gente como esa persona o recurrir a nuestro Sintetizador para analizar qué pasa con esa persona y actualizar la creencia anterior en función de esta nueva experiencia. Ese dilema es el que separa un Rector lozano y fresco, siempre actualizado y que no establece generalizaciones abusivas, fabricando una nueva creencia, más acorde con el aquí, y otro Rector que se contenta con recurrir a la generalización a partir de experiencias del allá, y reproduce un patrón de conducta prejuiciado y repetitivo.

-El Rector Localiza: La función de defensa es imposible sin la localización. El establecer el dónde está la molestia nos permite ir al médico y orientarlo. Si un niño se cae, lo levantamos y le preguntamos dónde se hizo daño para poder intervenir y saber lo que no se debe hacer.
Si tenemos un problema, cualquiera que sea, nuestro Rector intervendrá inmediatamente porque se rompió la armonía y localizará dónde está el problema, si en nosotros, o en relación con alguien, antes de proceder a cualquiera de sus acciones.
Por ejemplo: nos perdemos en una calle. Preguntamos dónde estamos antes de analizar cualquier otra acción. Primero atendemos a la función de seguridad. Luego veremos qué hicimos (Sintetizador) para perdernos y luego veremos cómo salir de allí (Vitalizador).
Otro ejemplo: nos sentimos incómodos de repente en una fiesta. Lo primero es ver dónde está el problema y de dónde surgió. Localizaremos si el problema está en nosotros o si viene de afuera. Si no ocurrió nada particular y simplemente surgió nuestra timidez, ya sabemos cómo proceder. Si es porque otra persona nos miró con hostilidad, ya examinaremos si nosotros procedimos como nuestro Rector cree que debemos proceder o si es el Rector del otro el que no respeta normas y límites y permite al agresor atacarnos.

-El Rector separa: y por ello garantiza el orden. El Rector discrimina por ejemplo que una bicicleta no debe estar en un salón y debe ir a su lugar. Sin separación, no se puede establecer un diagnóstico y mezclamos peras con manzanas, sin discriminación ni orden.
Por ello, el Rector dice “no” y dice “o”. Por ejemplo, si la discordia reina en una pareja interviene la separación de cuerpos y de bienes. “No” se puede permanecer bajo el mismo techo. “O” estamos mal juntos “o” estamos mejor separados. En sociología se analiza perfectamente este fenómeno cuando se estudia las sociedades primitivas, donde los bienes y recursos son en gran parte compartidos, y las sociedades más evolucionadas donde la posesión está más individualizada.
Nuestro cuerpo está perfectamente diseñado para separar lo que no se debe mezclar, por ejemplo en el proceso de la digestión que asimila lo que es útil y lo separa de las materias fecales que son tóxicas. Otro ejemplo evidente: los gemelos comparten una misma bolsa durante su gestación, pero el Rector de cada uno de ellos produce la separación entre los cuerpos. En el lugar en que no lo hacen, los bebés nacen siameses y es preciso separarlos quirúrgicamente. Esto es válido para cualquiera de nuestros órganos y para la morfología de cualquier órgano. El dicho popular “juntos pero no revueltos” resume esa función de nuestro Rector.

El Rector se manifiesta mediante veredictos, creencias, convicciones, opiniones y juicios de valor sobre lo que está mal o es peligroso. Como todo el resto de nuestra estructura, está capacitado para estar en permanente evolución y actualización si cumple su propósito.

El nombre que le pusimos, el Rector, se debe a su función en nuestra estructura: la de regir el orden que se debe seguir en todos los órdenes para que la vida fluya. Su importancia es vital, como ya veremos, porque sin Rector, no hay supervivencia posible. Y, menos aún, vivencia. El Rector tiene como primerísima función la de regir el equilibrio y la armonía de la totalidad de la estructura. Para ello, impone límites que todos debemos respetar para posibilitar la vida en sociedad. Algunos de los diez mandamientos son ejemplos de límites impuestos a la sociedad de nuestros antepasados.
En nuestro diagrama, página 122, el Rector está representado por un triángulo arriba a la derecha en el diagrama de la estructura desplegada, y en el círculo, arriba a la derecha en el diagrama de la personalidad integrada. Pues es evidente que si introducimos el Socializador en el círculo del Sintetizador y, a continuación, introducimos el Conectador, obtenemos el diagrama de la derecha que simboliza la estructura perfecta, es decir, de dimensiones justas, exactas, todas integradas, interrelacionadas y en equilibrio. Es a esa estructura a la que debemos llegar, como indicaremos en el desarrollo de esta obra. Esta meta es factible y la hemos alcanzado todos los que hemos crecido con el M.A.T. Este crecimiento se logra en una media de dos años de formación. Poco importa cuál sea el punto de partida.
Cuando funciona bien, es decir, tal y como fue diseñado para ello, el Rector se manifiesta como un guardián ético, digno, prudente, realista, tranquilo, armonioso y equilibrado. Toma en cuenta la fuerza real, el momento y el lugar en cada situación. Veamos algunos ejemplos:
Si queremos hacer caminar a un bebé de seis meses, nuestro Rector diagnosticará peligros para el cuerpo y la mente del bebé, y determinará que hay que sujetarlo en brazos y sin contacto excesivo con el suelo para despertarle las ganas de caminar cuando esté preparado para ello. Si el bebé tiene diez meses, ya se le puede instalar en un andador. Si tiene catorce meses, desaparecerá el peligro y el Rector ya no se opondrá. Le tocará intervenir a otra estructura, al Protector.
Si queremos introducirnos en zonas peligrosas de una central nuclear, nuestro Rector nos alertará sobre la necesidad de ponerse un equipo de protección adecuado para evitar el peligro de radioactividad.
Si queremos tirarnos al vacío desde 2.000 metros de altura, nuestro Rector nos impondrá el uso de un paracaídas en buen estado.
Si queremos colocarnos frente a un toro bravo, el Rector impondrá límites imposibles de cumplir si no se es un torero profesional.
Como queda claro, la creencia, nacida de experiencias repetidas, es la que va a condicionar que el Rector se oponga a, o acepte, una acción. Si la creencia es errónea, trasnochada, frenadora del desarrollo, fanática, tópica, o demasiado conservadora, el diagnóstico emitido por el Rector estará equivocado y el veredicto frenará o imposibilitará no sólo la acción final, sino hasta siquiera el análisis de la situación. El Rector verá fantasmas donde no los hay.
En caso de violación, o de otra experiencia muy traumática, el Rector puede quedar fijado en peligros del pasado y proyectarlos sobre el presente, anulando el impulso vital y poniendo en entredicho la armonía del fluir de toda la estructura.
En los dos últimos ejemplos, el Rector, en vez de cumplir con su función real – la de garantizar y posibilitar el fluir de la vida en seguridad y armonía- la traba. En vez de garantizar el poder pensar, reaccionar, imaginar, acercarse y disfrutar de algo bueno, se convertirá en su opuesto: el de ser un frenador de lo posible.
Afirmábamos antes que el Rector determina dónde están las cosas. Si la respuesta es: “aquí y ahora”, es conveniente fiarse del veredicto. Si es “en el allá y el entonces” sería recomendable revisar la bondad del diagnóstico que originó la sentencia. Si un hombre insultado decide sacar su espada y batirse en duelo, o dispararle un tiro al agresor, su Rector le está autorizando acciones peligrosas. El dónde no está en el aquí y el ahora sino en el siglo XIX o en el Far West.
Si nuestro Rector nos advierte de un peligro cuando deseamos acercarnos a otro ser humano, y preguntamos dónde está el peligro, para voltearnos hacia él y estar vigilante, y nuestro Rector responde que el peligro está en que la persona en cuestión le recuerda a su propio padre que le pegaba cuando se acercaba a él a los tres años de edad, detectaremos que el peligro era real en el allá y el entonces y que ni nuestras defensas son las mismas hoy, ni hay razón alguna para desconfiar por principio de la persona actual.
Como recomendación, si alguien o nosotros mismos, a partir del Rector, erige una barrera o instaura un límite, es útil preguntar, no el por qué sino el dónde está el peligro. Y muchas veces veremos que proyectamos en los demás o en lugares actuales, peligros que nos impresionaron en el allá y el entonces. Así dejamos de actualizar el Rector, que se convierte en su antítesis. Millones de ejemplos nos podrían avalar.
Por ejemplo, los grupos de exilados, las sectas, las familias defensivamente unidas, tienen problemas de funcionamiento del Rector: con toda seguridad, en el allá y el entonces, había peligros reales que amenazaban al grupo. Mas el proyectar, en el aquí y el ahora, riesgos que eran auténticamente válidos antes, limita al grupo en sus mismas oportunidades actuales de convertirse en un ente feliz, libre e integrado armónicamente.
Cuando la situación anterior se produce, el Rector falla a su función por exceso o por defecto. Por exceso, se torna rígido, inclemente, fanático, castrador, enemigo del cambio, controlador, maniático. Impondrá prohibiciones y límites inadecuados que, en vez de defender la vida, la coartará. Por defecto, se vuelve cínico, avasallador, oportunista, negador de la dignidad propia y ajena, tramposo, aprovechado. Derrumbará límites necesarios a la vida en sociedad. En el primer caso, por exceso, la estructura se infla y desequilibra la armonía de la totalidad de la personalidad, por inflación. En el segundo caso, por defecto, la estructura rectora se atrofia y se llega a una falta de armonía gráficamente contraria, por deflación.
Como ejemplo del primer caso, podríamos tomar el Rector de cualquier dictador, en cualquier tiempo y lugar, ya sea un dictador en la familia, en el clan, en una región, y, también, de manera interiorizada. Empecemos con el ejemplo del funcionamiento interno, individual: muchos de nosotros sufrimos de diálogos internos, es decir de problemas de mala conciencia ante algo bueno e inocente. En este caso, cuando decidimos realizar algo agradable e inocente, sentimos cómo especies de mandatos, muchas veces parentales, nos critican interiormente, persiguiéndonos. Cuando decimos “cuando como me siento culpable” o “ cuando digo “no” me siento mal” o “cuando hago el amor con mi pareja me siento sucia”, estamos revelando la existencia de un Rector invasor que traba el fluir de nuestro ser. Es como si nos hubiéramos “tragado” a un dictador interior que no nos deja respirar y que debemos vomitar. La Gestalt es una escuela psicológica que estudia y cura este fenómeno.
Decíamos anteriormente que el ejemplo del dictador evidenciaba un Rector inflacionado. En efecto, hay personas que no pueden concebir la vida sin control sobre los demás. Lo controlan maníacamente todo, y no sólo lo que los demás hacen sino lo que piensan, sienten o anhelan. Y se creen investidos de la misión de encauzarlos hacia “el recto camino”, el de la amputación de partes vivas de sí mismos. Tener a los demás controlados, castrados, sometidos, manipulables, éste es el sueño imposible del dictador. Con lo cual, en algún momento o lugar sus víctimas se despiertan y el que queda amputado de parte de su propia estructura es el propio dictador, que va a necesitar un tratamiento de rehabilitación para poder recuperar la salud integral de toda la estructura. Es la estructura del propio dictador la que queda peor parada.
Como ejemplo de Rector deflacionado, el que falla por defecto, podríamos contemplar el sencillo caso de alguien, invitado a una fiesta y que se come toda la comida preparada para todos o que se pone en el centro de la reunión y pugna por hablar más que los demás, llamar la atención, interrumpir el turno de palabra de sus interlocutores. En este caso, se necesitará recurrir al Rector bien equilibrado de otros para frenar al invasor y abusador, restableciendo la armonía. En terapia, habrá que nutrir y hacer crecer el Rector del paciente para que sepa imponerse y respetar límites necesarios para la vida en sociedad.
Decíamos también que el Rector se manifiesta a través de creencias, opiniones y juicios de valor. Un Rector limpio, que funciona bien, tiene un mínimo de creencias, todas actualizadas y todas provisionales, que se recuestionan a sí mismas como higiene básica. Un Rector que funciona mal, está trufado de creencias y de convicciones y emite opiniones como veredictos. Así se convierte en frenador de la conducta ética y adecuada.

Ocupémonos del Rector que funciona bien. ¿En qué campos o materias se puede manifestar?
– En su propio campo, el del Rector mismo, se manifiesta a través de legislaciones, normas y decretos. Todo el campo del derecho, de la seguridad, de la salud, del control es su terreno natural. Ya sea en el ámbito interior (recta conciencia), nacional, organizacional o familiar, el Rector cumple así con su cometido.
– En el campo intelectual, es decir como seguridad de nuestro Sintetizador, tomaremos como ejemplo el principio de realidad en lógica, definido como la capacidad del individuo de comparar un deseo o un impulso con la realidad con el fin de comprobar si es o no factible, que es una manifestación de la existencia del Rector. Por ejemplo: quiero volar tirándome de un décimo piso. Diagnostico que no es factible porque sólo lograría estrellarme o matarme.
– En el plano vital, es decir en el campo del Vitalizador, el instinto de conservación, que nos acompaña en todo momento y nos permite movernos por la vida, atestigua la existencia de un Rector. Otro ejemplo entre cientos podría ser el ejercicio de la justicia en magistratura.
– En el campo filosófico, es decir en materia del Transformador, se puede citar la ética como materia de desarrollo.
– En el campo social, es decir en materia del Protector, la cortesía y la caballerosidad muestran la existencia del Rector en las relaciones entre la gente.
– En materia espiritual, es decir en el campo del Orientador, el Rector rige la armonía en todos los campos y materias, lo que tiene una relevancia trascendente y esencial. Por ejemplo, en estética, la armonía es cuestión de justo balance de proporciones y tonalidades. Ese justo balance es tarea del Rector.
Podríamos multiplicar los ejemplos, pero éstos sólo están aquí para ilustrar la estrecha relación y la interdependencia que existe entre todas las estructuras de nuestra personalidad.

Terminemos este apartado dedicado al Rector con unas pocas ilustraciones de su manifestación en el arte y en la religión.
– En arquitectura, el estilo gótico manifiesta la irrupción del Rector. Cualquier catedral gótica nos remite a la aspiración a hacer retroceder los límites, deslumbrándonos con la armonía lograda por los maestros que la edificaron.
– En literatura pondremos dos ejemplos: Tolstoy y Cervantes. “Ana Karenina” muestra en todo su desarrollo un Rector invasor, con el peso de reglas sociales que terminan por conducir a la muerte a la protagonista. En “el Quijote”, el personaje nos muestra el despliegue de un Rector adecuado y trascendente al servicio de la armonía.
– En música, daremos como ejemplo la obra de Benjamín Britten y de Anton Bruckner como claros y nítidos ejemplos de la manifestación del Rector.
– En pintura, Bruegel, y antes la pintura gótica, presentan la primacía del Rector en las inquietudes del artista.
– En materia de religión el primer capítulo del Génesis, que cuenta la creación del mundo y de las criaturas que lo pueblan, revela las leyes y normas que el creador impone para conservar y garantizar la armonía. Muestra también, mas eso es tarea del Vitalizador, cómo imparte justicia en caso de violación de la ley.

Nuestras investigaciones hospitalarias nos permiten señalar que, en el cuerpo humano, dependen del Rector o lo conforman, al menos los riñones, el cerebelo, el sistema inmunitario y la piel. Esto, a título de ejemplo.

A continuación os pongo el diagrama de la ESTRUCTURA MAT DE PERSONALIDAD UNIVERSAL HUMANA. A la izquierda dibujo la estructura desplegada y a la derecha la estructura integrada. El Rector lo tenéis arriba a la derecha. (Sigue dentro de dos días) 🙂

Estructura MAT de personalidad - Preciada Azancot

Estructura MAT de personalidad – Preciada Azancot

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

¿Qué aporta el MAT en la completitud del ser humano?

Preciada Azancot, el 21 de agosto de 2014.

¿Qué aporta el MAT (Metamodelo de Análisis Transformacional) que he creado durante 40 años de investigación y que verifiqué sobre más de 100.000 casos durante treinta exitosos años, a las preguntas e inquietudes que plantean en esta Plancha que pongo a continuación? Esa luz, en sí-misma, se llama ESPÍRITU y nos Orienta en las esferas de la Plenitud. Funciona con la Alegría, definida como capacidad innata de fluir en libertad para encontrar Verdad (relativa y progresiva, pues jamás ha de ser considerada definitiva ni completa). RIGE LA INFINITUD. Y su esencia es el Ser, la capacidad transformadora que funciona con el Orgullo definido como capacidad innata de crear, crecer y hacer crecer para colaborar humildemente a la Evolución de la especie y al progreso de la Humanidad, vista como Creación en Evolución. El Ser, cuando lo Es de verdad, abomina del Ego, de la soberbia, de la arrogancia y del Narcisismo. RIGE LA ETERNIDAD. La esencia del Ser está en la Mente, que funciona con Tristeza auténtica definida como capacidad innata de percibir con sensibilidad, la pérdida temporal o definitiva de algo vivo y bueno que merece ser conservado y cuidado con compasión y atención y nos torna inteligentes así como aptos a solucionar problemas erradicando sus causas. RIGE LA INMORTALIDAD.

Estos tres saltos de la conciencia: tristeza, orgullo, alegría, es decir, Mente, Ser, Espíritu, conforman el triángulo Masculino de nuestra estructura universal de personalidad. Su conquista y perfeccionamiento ha guiado la Masonería desde su fundación POR EL REY SALOMÓN y lo harán por siempre: PERO ESTA BÚSQUEDA ES SÓLO LA MITAD DE LA REALIDAD, LA MITAD DE NUESTRO PATRIMONIO Y DE NUESTRO POTENCIAL COMO SERES HUMANOS. Este triángulo es el que llamo TRIÁNGULO MASCULINO INTERIOR y está caracterizado por el triángulo con punta hacia arriba de la estrella de David. Del punto de vista perfección en su realización, la encontramos sólo en la Masonería Alta y en Israel como Estado y Nación. RIGE LA GLORIA DE LA CREACIÓN CUANDO OBEDECE A SUS LEYES VERDADERAS.

Para alcanzar la completitud, falta integrar la otra mitad de la realidad: El triángulo FEMENINO interior compuesto de ÉTICA ARMÓNICA, que rige el Derecho (basado sobre la presunción de inocencia de los 10 mandamientos del Derecho Natural) y pone límites a las amenazas a la integridad ajena y propia y que funciona con el Miedo definido como capacidad innata de percibir las amenazas a la integridad propia y ajena. RIGE LA INMANENCIA, la cual es esencia de la CORPORALIDAD JUSTA que rige nuestros valores, nuestra cultura y nuestro estilo de liderazgo y que garantizan una justicia viva y carnalizada en el cuerpo social así como personal, sano, ESPONTÁNEO, vital y que funciona con Rabia, definida como capacidad innata de percibir y de reaccionar ante mentiras, agresiones al inocente, manipulaciones y subversión de la verdad, denunciándolas y proponiendo valores más altos, justos y ecuánimes y sanea nuestro CUERPO, tanto personal como social, con Ecuanimidad. Un cuerpo realmente sano se tornará cada vez más sutil y alcanzará la Astralidad en sí y afuera, de modo a experienciarse a sí mismo y a los demás como parte viva y vibrante del Universo. RIGE LA ASTRALIDAD (y por eso permite irse completo y VIVO a dimensiones más elevadas y depuradas tras nuestra muerte). Esta corporalidad sana es a su vez esencia de la PERTENENCIA, y Solidaridad que funciona con el Amor, definido como la capacidad innata de crear, crearse Y ENTREGARSE a un espacio seguro donde cada cual pueda llegar a ser lo que nació para ser, es decir, en el cual no sólo conservar lo poquito que pudo proteger, sino recuperar lo mucho que ha perdido en el camino. Esa Pertenencia rige EL ALMA, definida como el ANHELO DE LA ENTREGA AL AMOR PURO. RIGE LA UBICUIDAD.

La completitud lograda, se consigue en la coronación del equilibrio perfecto, cerrando el círculo de su CORONACIÓN COMO SER CREADO EN PERPETUA EVOLUCIÓN, en el ser humano y en sus creaciones (todas las organizaciones son obras humanas y lo son) y se representa así:

Completitud del ser realizada - 2014

Ahora bien, es ficticio e inoperante esperar que lo masculino traiga a la unión del todo su propia parte depurada y que la mujer traiga la suya depurada. Inevitablemente caerían el primero en el Machismo y en la Arrogancia y la Segunda en el Feminismo y en la Sumisión Sacrificatoria (el tercer milenio será signado por esa tendencia que yo denuncio tanto como la primera tendencia que rigió en el mundo durante cinco milenios), y ambos formarían una simbiosis destructiva que está perfectamente descrita por Albert Cohen en “Bella del Señor”.

Con el MAT se aprende, desde las primeras sesiones que lo AUTÉNTICAMENTE MASCULINO, que EL HOMBRE VERDADERO es aquel que protegió y depuró su dimensión masculina Y CONQUISTÓ Y ENTRONIZÓ EN SÍ SU DIMENSIÓN INTERIOR FEMENINA. Y la MUJER VERDADERA es aquella que protegió y depuró su propia dimensión femenina y CONQUISTÓ Y ENTRONIZÓ EN SÍ SU DIMENSIÓN INTERIOR MASCULINA.

Y, sólo se puede lograr esa gran civilización, ese BIO-HUMANISMO, con el MAT, porque el MAT descubre la estructura universal del ser humano que es de Siete dimensiones y no de cuatro como se creyó desde la Grecia antigua y hasta mí. Y descubre su ingeniería emocional y sensorial así como MUCHAS DE LAS LEYES INNATAS Y PRENATALES (UTERINAS) QUE RIGEN EL FUNCIONAMIENTO DE LO HUMANO.

Y, le moleste a quien le moleste: ES OTRO APORTE, Y NO MENOR, DE LA GENIALIDAD JUDÍA EN EL MUNDO. Porque me registren como me registren, yo ¡SOY JUDÍA POR LOS SEIS COSTADOS! El Séptimo costado, que hay que dejar vacío de mitos, arquetipos e ideologías, no tiene identidad personal ni genética tampoco así que lo ignoro y me encanta ignorarlo. Y entregaré mis descubiertos a los que sean más lo mío: Israel, la Diáspora Y A QUIENES NOS AMEN APASIONADAMENTE. Y es mi última palabra.

Además hay dos factores OBJETIVOS que garantizan la eficacia en el aprendizaje de este proceso supremo de crecimiento MAT:

1º) A este estadio de crecimiento NO SE ACCEDE “porque sí”, se accede en un largo proceso de estudio, aplicación de buena fe y crecimiento continuo de trece exigentes años ininterrumpidos de duración. Lo cual no impide, por la potencia y veracidad de estos descubrimientos, multiplicar por cuatro la potencia personal u organizacional en 50 horas.

2º) El MAT, por ser CIENCIA Y SÓLO CIENCIA, la del descubrimiento y restauración de LEYES NATURALES QUE RIGEN LO HUMANO, es un Boomerang que se voltea contra quien lo usa con ánimo de conseguir poder o de fortalecer su Ego narcisista. Si no, que se lo pregunten a estudiantes inescrupulosos que mintieron en su propósito de aprenderlo: simplemente la potencia adquirida se va de sí y se evapora, pues el MAT se basa en lo AUTÉNTICO y toda falsedad anula y hasta revierte (en el sentido de vivir en la vacuidad y desolación con PLENA CONSCIENCIA de lo perdido, pero siempre con la opción de volver a conquistarlo limpiamente) el acercamiento a él. Querer trampear con el MAT es tan vano como tirarse de la Torre Eiffel y pretender volar, pues no se puede pretender someter la ley de la gravedad a patéticas pretensiones del Ego propio o ajeno (idolatría).

En cuanto a mí, todos los que me conocen (y ya hay más de 3.000 directivos formados al MAT por mí en dos continentes) saben que el MAT existe oficialmente (registrado en propiedad intelectual) desde 1987 tras cinco largos años de experimentación sobre unos 50.000 casos. Y saben también que siempre me mantuve callada y discreta, prohibiendo hasta referencias al MAT en mi Muro de facebook Y QUE SÓLO ME HAGO RESPONSABLE DE LO QUE ESCRIBÍ YO-MISMA, EN MIS MÁS DE 25 LIBROS (de los cuales 19 están publicados y en Amazon). Pero estamos en un momento demasiado apremiante, peligroso y sin opciones reales a la vista, como para justificar un segundo más el silencio voluntario dedicado a la investigación pura y dura en el que me mantuve toda mi vida. Me cuesta mucho hablar de todo esto, pero lo considero mi deber y mi obligación de Ética, Justicia y Amor, es decir, la manifestación de mi triángulo Femenino, siendo mi enseñanza, toda, mi vida personal y mi obra, la manifestación depurada de mi triángulo Masculino, en trono. Y eso, le moleste a quien le moleste, también es JUDÍO.

Preciada Azancot, el 21 de agosto de 2014.

Respondiendo a Vicente Alcoseri, en su publicación de facebook:

https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10152613617226543&set=a.10150455009406543.381242.754786542&type=1&theater
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¿Cómo se obtiene esta Gran Luz? Siempre se ha hablado de ella en Masonería. Para hallarla, el masón ha de diseccionarse, muy dentro de sí mismo. Tal es, en resumen, la substancia de cuanta enseñanza trata acerca de ella- escrito por (Kadyr ) 30/03/09 El Universo para el masón no es únicamente aquello que nos muestran los cinco sentidos. No únicamente la mera escena exterior. En realidad, jamás es únicamente la escena exterior, sino que siempre constituye la combinación de uno mismo con ella. No es la mera percepción de los cinco sentidos, de este duro mundo de la tierra, de aquel distante punto de luz en el espacio, sino la percepción de ideas, la captación de verdades, el darse cuenta de significados, el ver las cosas más familiares bajo una nueva luz, el intuir su esencia, el experimentar sufrimiento y regocijo. Se nos da como regalo del cielo y también como un hecho terrenal. En su escala más grande yace más allá del dominio de los sentidos y se le puede discernir tan sólo interiormente, por medio de la comprensión. Puede, de pronto al iniciarse masón , abrirse en el corazón o en la mente un reino de experiencia interior que no corresponde al mundo exterior, pero que puede interpretarlo. Entonces nos baña la Gran Luz de la comprensión. Luz sin falsedades, experiencia pura, luminosidad sin sombra en la que se desvanece la dureza del propio ser. Y vemos con la autoridad intelectual que nos da el significado. Palpamos, pero sin aquel sentido de separación que el contacto físico nos da inevitablemente. Sentirnos en profundidad sin hablar con nosotros mismos, libres del espejo de la personalidad superficial. Cada experiencia de esa Gran Luz que nos crea profundamente. Esa Gran Luz creadora que transforma el significado de todas las cosas y que el hombre ha buscado desde el comienzo del tiempo. esa Gran Luz que a nadie puede engañar. Significado que nos muestra lo que siempre hemos sabido, pero que jamás hemos tenido la fuerza de recordarlo. No sólo nos sentimos creados por cada experiencia de esa Gran Luz, sino que decimos que ella es lo que hemos buscado siempre: este significado, esta realidad, esta dicha mal interpretada al buscarla en mil direcciones físicas e inútiles. Esto es lo que todos deseamos y que la luz externa del mundo pretende ofrecemos, pero que jamás da. La unión que se percibe es, en verdad, unión, la idea oculta tras nuestras extrañas vidas de búsqueda, de nuestras vidas incompletas. ¿Cómo se obtiene esta Gran Luz? ¿Cómo lograr esa unión con el significado? ¿A través de qué brilla? ¿Dónde hemos de hundir el bisturí para abrirle paso? Siempre se ha hablado de ella en Masonería. Para hallarla, el masón ha de diseccionarse, muy dentro de sí mismo. Tal es, en resumen, la substancia de cuanta enseñanza trata acerca de ella. Y el hombre no podrá hacerlo, a menos que comience a verse a sí mismo directamente, como un nuevo acontecimiento, como el suceso diario de sí mismo; sin analizarse, sin criticarse, ni como motivo de palabrería. Esta calidad de conciencia que conduce a la región por la que se recibe el significado, no es la conciencia que de ordinario tenemos. Muchas son las cosas que nos entorpecen el camino. Primero, la fuerza de la imaginación que nos extravía. Imaginamos que esa Gran Luz ya la tenemos. La suposición imaginativa es el material psíquico con el que puede fabricarse cualquier sustituto de la realidad. Es la fuerza negativa más poderosa de la vida. Luego, hemos de practicar constantemente el proceso en que la conciencia se usa como bisturí de disección. Y esto requiere un esfuerzo que no se precisa para la vida en el mundo. Por eso olvidamos con facilidad y no mantenemos vivo lo comenzado en la empresa. Pero, antes de que semejante cosa nos sea posible, es preciso que se sienta la realidad de un aspecto interno del Universo y que se sepa que este aspecto se capta sólo a través de los sentidos internos. Es preciso darse cuenta de que uno vive profanamente volcado hacia fuera, en un mundo de efectos cuyas causas ocultas conducen a misterios más allá de la capacidad humana de solucionarlos. También se ha de dar cuenta el hombre de que lleva en sí mismo estados que le son totalmente desconocidos. Cuando vive bajo el dominio de los sentidos, el hombre está al revés. Piensa que el sentido precede a la mente. Y entonces nada de lo interior puede pertenecerle porque ha invertido el orden natural. En última instancia, tratará con todo por medio de la violencia. Pues si se toma el objeto sensorio como la ubérrima y suprema realidad, se le puede aplastar, dañar, violar o matar. Por este motivo es que, psicológicamente, el materialismo es cosa tan peligrosa. No sólo cierra la mente y su posible don de desarrollo, sino que todo lo da vuelta al revés, al extremo de que explica la casa por los ladrillos, el universo por sus átomos y su contenido, con una serie de explicaciones de bajísima calidad. El propósito de la Masonería ha sido siempre dar Luz al hombre. En sí mismo el hombre es la Logia que se comunica con lo de arriba y lo de abajo. Tiene un aspecto interno y uno externo. Las grandes catedrales que construyeron nuestros hermanos masones operativos, no eran sino representaciones vagas del hombre, bellas a medias y no totalmente terminadas aún. Entonces fue cuando nos dimos cuenta de nuestro grave error, y en lugar de hacer templos físicos de piedras y maderas, nos dedicamos a construir en nosotros los seres humanos templos vivos, donde pudiera brillar realmente esa Gran Luz..https://groups.google.com/forum/#!topic/secreto-masonico/vrUGtm9mLrg