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EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 32: LA INCIDENCIA DE LAS TIPOLOGÍAS SOBRE EL MUNDO

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Ya vimos las razones por las cuales todos los seres humanos tenemos una tipología; porque somos mamíferos. Mientras tengamos una tipología, por más conectada, hiperconectada, culminada o consagrada que ésta esté, vamos a tener una visión del mundo y de la vida distorsionada. Si estamos por debajo de la conexión, sentiremos, como el arquetipo que hemos elegido como rector de nuestra vida, una emoción hinchada, una emoción desconectada que se transformará en agresividad contra nuestro propio talento, y una emoción prohibida que se convertirá en fobia contra nuestra propia vocación y contra el sentido de nuestra vida, o al menos, contra el sentido que debemos darle, provisionalmente y con mucho sentido del humor, para salir de nuestra tipología. En el mundo, ya lo vimos también, el 98% de las personas están en esa situación: por debajo de la conexión. Y esas personas piensan, viven, se manifiestan, sueñan, crean organizaciones y obras, elaboran filosofías, ideologías, religiones, interpretan la historia y crean materias que se estudian en las universidades. El ser humano desconectado crea un mundo que confunde con el mundo real. Crea su mundo distorsionado, al cual le intenta encontrar sentido. Sentido al menos para tener ganas de seguir en él; el ser humano crea un mundo para encontrarse a sí mismo y resolver sus contradicciones.

Teoría Omega del MAT - Preciada Azancot

Teoría Omega del MAT – Preciada Azancot

El MAT aporta, como ciencia, básicamente dos cosas: un instrumental para crecer indefinidamente -y encontrar en ese crecimiento cada vez más seguridad, desarrollo, justicia, estatus, pertenencia y plenitud, y, también y sobre todo, más armonía, claridad, corporalidad, metamorfosis, alma y espíritu- y un instrumental para analizar la realidad y transformarla en lo que puede llegar a ser.
El crecimiento es infinito por definición, aunque el narcisismo de los seguidores de los seres más crecidos haya intentado, una y otra vez, transformar esa realidad y ese testimonio y esa potencialidad que todos tenemos, en ideologías y en religiones. Al hacerlo, degradaron la estatura del ser crecido que les hubiera podido servir de guía hasta convertirlo en ídolo capaz de competir con sus ídolos domésticos; y el testimonio de un camino orgánico y natural que debería estimularnos, en dogmas y corsés que impiden alcanzar y superar la talla del mencionado ser crecido. Claro que también están los seres más degradados, los disociados, que configuran el 3% de la población, enloquecidos por el fenómeno psíquico de “posesión” por su arquetipo, y que encuentran, también una y otra vez, seguidores amargados y resentidos dispuestos a sacrificar su vacía y pobre vida por ellos. Lo cual equivale a decir sacrificar la vida propia por el ídolo omnipresente del disociado en cuestión. Pensemos por ejemplo en fenómenos sociales tales como el nazismo, el mesianismo de Sabbatái Tseví, el estalinismo, la inquisición española, o la organización Al Qaeda. Y no hablaremos de los psicópatas que han creado sus aberraciones asesinas, y, a veces, sus organizaciones, y que estudiaremos en otra obra posterior.

El crecimiento es infinito, aunque al final de cada proceso, al menos al inicio del camino, tengamos la impresión de que ya no hay nada más después. Pecamos al comienzo por ingenuidad y nuestro entorno puede entonces perfectamente cogernos desprevenidos y colocar el listón de parada que, si se convierte en norma, puede arrastrar a los peores a fabricar de nuevo una ideología o, peor, una religión. Una religión o una ideología, para el MAT es un listón de parada obligada para los que las siguen. Cualquiera que sea la altura en la cual se coloque el listón.

El crecimiento es infinito y lleva a perder la tipología por completo, y eso no es el final del camino. Es una meta para los mamíferos que somos. Entonces empieza la verdadera aventura, aventura exaltante de vivir la vida de un ser humano normal. Y el camino sigue y sigue sin fin. Eso no es prodigio. Es normalidad, organicidad. Cada uno llega hasta donde quiere y puede llegar, lo que no significa en absoluto que el camino termine allí. Significa que una persona o que un ser humano, con nombre y apellido, llegó hasta allí.
En una obra posterior escribiremos sobre el camino, los caminos. No todo el camino posible, claro está, sino el que ya experimentamos sobre nosotros mismos y sobre las personas que están creciendo, con o sin nosotros, o han crecido antes de nosotros llegar al mundo. Al menos tenemos claro la vía para salir de la tipología, lo que no es poco.

En este capítulo hablaremos del aspecto instrumental para analizar la realidad que el MAT ofrece. Nos referiremos tan solo a una parte pequeña, pero decisiva, de esta realidad: las organizaciones. Y ello por dos razones: porque es lo más urgente y decisivo para empezar a transformar el mundo en lo que puede llegar a ser, y porque estamos en un momento histórico en el cual la persona está en el centro de interés y lo seguirá estando durante un siglo. Y también, claro está, porque es lo más impactante y fácil para una primera aproximación al MAT, objeto de esta obra.

I. LAS TIPOLOGÍAS DE LAS ORGANIZACIONES:
Las organizaciones, llámese éstas pareja, familia, empresa, asociación, estado, grupo de estados o mundo, tienen todas una tipología de personalidad y, eso, por varias razones: las organizaciones son creaciones de personas, están creadas con una finalidad, y esa finalidad tiene varias funciones. Veamos:
La organización, creación humana:
Como seres humanos, tenemos todos en nuestra estructura un Socializador que nos habilita para funcionar en sociedad. Funcionar en sociedad es, a la vez, una necesidad y una habilidad de cada persona. Nuestro Socializador nos permite hacerlo para desarrollar todas las funciones del Rector y del Protector y como necesidad para cultivar nuestra alma y la armonía que garantiza el orden de estar en sintonía con nuestra naturaleza septidimensional. Que esté solo o acompañado, el ser humano funciona para estar en relación. En relación consigo mismo, con los demás y con su Centro. Para cualquiera de esas facultades, la persona necesita una organización. Si hubiéramos nacido para estar aislados y solos, nos podríamos reproducir a solas con nosotros mismos. Aún así, nuestra séptima estructura, el Centro, nos abocaría a una relación con el aire, con las plantas, con los animales y con otros seres como nosotros. Porque conocer al entorno en el cual estamos inmersos, es un instrumento privilegiado para conocernos más y mejor a nosotros mismos.
Como creación de la persona, la organización es un ente que tiene su personalidad, pues está hecha a imagen y semejanza de sus fundadores y de los sucesores de éstos.
Si esto fuera tan sólo así, las organizaciones tendrían una personalidad múltiple: la de sus fundadores. O la de personas con carisma que vengan a liderizar estas organizaciones.
Pero la organización es creación de personas que tienen todas su estructura de personalidad de siete dimensiones y éstas tienen aspiraciones y motivaciones humanas de seguridad, desarrollo, justicia, estatus, pertenencia y plenitud que desean realizar a través de sus creaciones, es decir, en este caso, de las organizaciones que crean.
No todos los fundadores tienen las mismas motivaciones y algunos crearán sus organizaciones con la finalidad de conseguir seguridad, otros desarrollo, otros justicia, otros estatus, otros pertenencia, otros plenitud. O las seis metas. O siete metas si tienen las seis aspiraciones trascendentes. Ya sea por exigencia del fundador de más peso y carisma o ya sea por consenso, los fundadores van a privilegiar una de sus necesidades o motivaciones. Esta se convertirá en la vocación de la organización y, con ello, la organización tendrá una tipología de personalidad cuya competencia estará en la emoción anterior en la secuencia. Por ejemplo, si la vocación es la justicia, la competencia estará en el desarrollo. Y el talento en el estatus, y tendrá una tipología de personalidad Constructora. Su grado de evolución estará evidenciado por su fase tipológica. Al igual que para las personas.
Conocer la tipología de una organización es una tarea igual de fácil que la de conocer la tipología de una persona. En nuestra labor de consultores especializados en diagnósticos de organizaciones y en planificación estratégica de sus procesos de cambio, hemos creado múltiples herramientas que nos permiten diagnosticar certeramente la tipología de personalidad organizacional. Compartiremos en esta obra algunos instrumentos básicos de diagnóstico tipológico organizacional a título casi anecdótico, pues el conocimiento y manejo del instrumental requiere un tiempo y un espacio que desborda el objetivo de esta obra.
Hace treinta años, hablar de personalidad de una organización era visto como una elucubración delirante. Hoy todos los estudiosos, lectores y clientes de consultores que se dedican a diagnósticos de organizaciones ya comparten la certeza de que una organización tiene una personalidad, un sistema de valores que se expresa en su cultura, unos puntos fuertes y débiles estructurales y emocionales, y hasta un alma. Hoy el tema del alma de la organización está de moda. Aún no se admite que la organización, al igual que una persona, tiene también su espíritu. Sin embargo, todos los sociólogos e historiadores han mostrado cómo una organización podía demostrar la calidad de su espíritu, pensemos en un sólo ejemplo, el de la guerra de Vietnam, donde se pudo comprobar, una vez más, que un pequeño pueblo mísero podía derrotar al estado más desarrollado y militarizado del planeta. Vietnam, país Reactivador, se creció con un líder Legislador conectado como Ho Chi Min y derrocó al titán Revelador que es Estados Unidos de América. La historia está plagada de ejemplos similares que nos alertan para que podamos entender la fuerza del espíritu, desde la noche de los tiempos. Ninguna evolución sería posible sin él. pues el ser humano debe tener un atisbo de finalidad, de un para qué hacer las cosas para poder avanzar.
La organización, instrumento de finalidades:
Cuando creamos una organización, lo hacemos con, al menos, una finalidad. Así creamos parejas, familias, empresas, asociaciones, estados, o grupos de estados. Obviamente, no hemos creado el mundo, pero al convertirlo en una organización, le hemos dado también una tipología.
Cuando nos casamos o nos unimos a una pareja estable, decidimos fundar una familia y nace así una organización con su tipología. Algunos de nosotros crea una familia como medio para alcanzar la seguridad, otros el desarrollo, otros la justicia, otros el estatus, otros la pertenencia y otros la plenitud, y por eso no todas las familias tendrán la misma tipología. Existirán familias de cada una de las seis tipologías “normales”, pero también, en mucha menor medida, en ínfimas proporciones, existirán familias de tipologías psicopáticas que no estudiaremos en esta obra.
La gente de la calle no se reúne para decidir qué finalidad básica, ni menos aún trascendente, quiere conseguir al fundar una organización. Dicen que se casan para fundar una familia y tener hijos, que fundan una empresa para ganar dinero, que crean una asociación para fomentar una actividad o una función, que crean un estado para diferenciarse de sus vecinos, que crean una asociación de estados para organizar mejor sus recursos, y todos pelean por construir un mundo donde triunfen las seis motivaciones humanas. Si esto fuera tan sencillo todas las familias serían Reactivadoras, todas las empresas serían Constructoras, todas las naciones serían Reveladoras, todos los grupos de estados serían Legisladores y el mundo sería Fortificador. No es este el caso. Hay una razón que pesa más que la voluntad consciente, al menos en la gente con tipología, es decir en todas. Lo que más pesa es la finalidad inconsciente, pues así el ser humano reproduce la historia de su propia gestación e intenta encontrar una ayuda para autorrealizarse y triunfar sobre su pequeña historia personal y, también y sobre todo, encontrar un sentido y una guía para comprenderse, para conocerse, para evolucionar y trascender. Por ello, la tipología de nuestras organizaciones tiene más peso que las de las personas que las conforman. Nosotros verificamos esa realidad una y otra vez, tanto en nuestra labor docente como en consultoría organizacional.
La función trascendente de las organizaciones:
El aspecto que condiciona con mayor peso la tipología de una organización no será la tipología de personalidad de su fundador, no será la necesidad concreta y explícita de sus creadores (como fabricar pan, por ejemplo), no será su finalidad básica consciente. Será su finalidad última inconsciente. Por ello, la consultoría tradicional se estrella una y otra vez cuando confunde las declaraciones explícitas de los fundadores – véase “misión” de la empresa, valores de la empresa, organización, competencias, fortalezas y debilidades- con la realidad viva de la organización actuante.
Esta afirmación, que parece tan complicada, y que lo podría parecer, convierte la detección de la tipología en materia reservada a grandes analistas de la realidad inconsciente del ser humano, haciendo así retroceder el listón de lo alcanzable, es y demuestra ser lo contrario: conocer la tipología de una organización es tan sencillo como conocer la de una persona, y, además, obedece a las mismas leyes. El ser humano reproduce la historia de su gestación cuando crea organizaciones y toda clase de obras, por lo demás.
En efecto, ya lo vimos, el embrión humano tiene como finalidad ser de su Centro, luego el feto desea tener un Centro, luego pierde el Centro, luego se aferra a los ejes, luego pierde los ejes y luego pierde la secuencia. Y nace con su tipología conectada. Una persona conectada es idéntica a un bebé de un día de nacido, en lo que a potencia de instalación útil se refiere. Considerar la conexión como el final del camino equivale entonces a considerar que todos los humanos hemos nacido para morir con un sólo día de vida. ¿Es esta la verdad?
La creación de una organización tiene como vocación hacernos avanzar en el proceso de conexión, de hiperconexión, de trascendencia o más, que pretendemos en realidad lograr. Y esos sueños son, por lo general, inconscientes. Hay seres que, al fundar su organización, aspiran a conectarse, otros a trascender, otros a avanzar hasta fases mucho más altas, que, como no hemos analizado y ni siquiera mencionado, no consideraremos aquí. Cuando, aun conociendo y manejando el MAT, una persona corriente desea conseguir un objetivo, pongamos por caso la pertenencia, y desea fundar una empresa cuya tipología se aboque con la mayor frecuencia al amor, no va a conseguir tener una organización Reactivadora sino Promotora o Legisladora; en más contadas ocasiones, Reveladora; en excepcionales casos, Constructora. Porque la tipología Promotora representa, para la tipología Reactivadora, la conexión, la Legisladora la trascendencia, la Reveladora una fase aún más remota y elevada, de la cual no hemos hablado, y la Constructora una fase aún más remota.
La razón de ello está en la naturaleza de nuestro Orientador, que tiene como función básica la de elevarse y captar nuestra nutrición espiritual, lo que nos aporta la plenitud y eleva el espíritu, haciéndonos avanzar en el acceso a la verdad. Y nuestro Orientador siempre está buscando una verdad superior a la que, en cada momento, podemos captar concientemente. Se adelanta, por lo menos, una fase más que nuestra realidad histórica. Por ejemplo, un Constructor desconectado, es decir en fase Legisladora, si es un gran miope espiritual, soñará con su preconexión Fortificadora y creará una organización Fortificadora para que ésta lo ayude a realizarse mejor. Sólo los grandes narcisistas crean organizaciones de su propia tipología, pues se consideran el comienzo y la finalidad de todo lo creado o por crear. Los demás, si funcionamos moderadamente bien, crearemos una organización de la tipología que nos conecta, si funcionamos aún mejor, una organización que representa la trascendencia y si somos muy altruistas y espirituales crearemos a nuestra pareja cósmica. Los idealistas puros y duros crearán una organización que se presenta como nuestra disociación pero que en fases muy avanzadas de crecimiento se revelarán como nuestro complemento ideal para formar equipo.
Sentadas estas bases, vamos a continuación, a compartir un instrumental básico para detectar la tipología de las organizaciones.
La tipología de las organizaciones:
Cuando describimos el temperamento de las naciones, solemos decir que los franceses son prepotentes, elegantes, amantes del buen yantar y chovinistas, que los alemanes son trabajadores, organizados y amantes de la cultura aunque cuadriculados, que los españoles son revoltosos, alegres, protestones y creativos, que los ingleses son reservados, intimistas, sobrios y aislacionistas, que los holandeses son humanistas, acogedores y cordiales. Vale decir que vemos con facilidad, no más familiarizarnos con el MAT, que Francia es Legisladora, Alemania Constructora, España Reveladora y Holanda Reactivadora. Y si nos ponemos a analizar a esos países comparando nuestra primera impresión con los detalles del retrato MAT de estas tipologías, ratificaremos esos diagnósticos y hasta lograremos detectar la fase de evolución tipológica en la cual está cada uno de los países antedichos.
Diagnosticar la tipología de un país sigue las mismas pautas que la de diagnosticar la de una persona: Primero hay que detectar qué estructura es la más actuante. En segundo lugar deberemos confirmar que la emoción dominante es la que normalmente energetiza la estructura inflada detectada. No tendremos la ayuda, al menos a primera vista, de confirmar nuestras percepciones, visuales, auditivas, olfativas, gustativas, táctiles y sexuales con un retrato robot, pero si profundizamos mínimamente en la cultura, la cocina, la estética, el paisajismo, la historia, la filosofía y la lingüística o filología de cada país, verificaremos con creces que las percepciones primeras se ven confirmadas y detectaremos la tipología y la fase de evolución nacionales con toda comodidad.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL UNIVERSO DEL DESARROLLO: ELIMINANDO EL DOLOR de Preciada Azancot

“EL UNIVERSO DEL DESARROLLO: ELIMINANDO EL DOLOR” de Preciada Azancot

EL UNIVERSO DEL DESARROLLO - Preciada Azancot

EL UNIVERSO DEL DESARROLLO – Preciada Azancot

“Este libro monográfico sobre desarrollo y tristeza, continúa la aventura intelectual emprendida por nuestros seis amigos en el libro El Universo de la seguridad: haciendo retroceder el temor y revela otra área, aún más interesante, de la primera ciencia precisa del ser humano, el MAT, revolución sin precedentes en las ciencias humanas.

Este libro presenta la ventaja de poner conceptos complejos y profundos, de interés vital – en el campo, esta vez, de la inteligencia y de la mente – al alcance del público general, esta vez en forma de Correspondencia, que hará reflexionar profundamente al lector y lo guiará, de la manera más delicada y emocionante, para encontrar el desarrollo mental sostenible, honesto, sincero y atento que lo alejará de deprimentes tristezas que dificultaban su acceso a la claridad. Un libro donde cada lector se identificará con uno de los seis personajes y ayudará al desarrollo de los otros seres que lo rodean. Un libro que da respuestas a preguntas tan viejas como la Creación y que, hasta ahora, no habían sido contestadas.

En efecto, nuestra tristeza no es una falta de energía recurrente y aislante, sino una sensibilidad extrema a la pérdida de bienestar, que abre la oportunidad de encontrar inteligentes y compasivas soluciones que eliminarían las causas de estas pérdidas que estamos sufriendo, alejando así el dolor. Nuestros protagonistas descubren así que todo lo que pudo haber sido y no fue, todo lo que hubiera podido florecer y se secó, todo lo que hubiéramos podido conservar y se perdió, todo lo que se hubiera podido transmitir y se calló, todo lo que se hubiera podido saber y se ignoró, constituyen pérdidas objetivas y son motivos de auténtica tristeza.

Al indagar sobre la causa de tal insensibilidad, se dan cuenta de que viven en una torre de Babel donde todo el mundo habla su jerga particular, la cual sólo tiene el efecto de infligir un dolor igual a los demás y de agravar el propio.

Al tomar conciencia de ello, nuestros seis protagonistas descubren un sistema de comunicación preferencial y eficiente –hecho de talento a talento y de vocación a vocación- capaz de proporcionar el desarrollo de un idioma universal inteligente y compasivo, apto para la conservación y para el desarrollo de los mejores signos de identidad propios y ajenos así como para poder propiciar el abrirse a recibir y agradecer la atención ajena por el desarrollo propio.

Es entonces que surge la conciencia del tiempo y su propósito: la Inmortalidad, que nuestros personajes introducen segundo a segundo en su vida diaria, liberada del dolor a través de una gestión biófila del tiempo.”

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 15: EL OÍDO

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

El MAT descubre que, en un funcionamiento estructural y emocional perfecto, el oído es la antena que relaciona nuestro Sintetizador y su emoción innata, la tristeza, con el universo. El oído se relaciona e incide de manera decisiva sobre la función de Desarrollo.

SISTEMA MAT DE DESARROLLO - Preciada Azancot

SISTEMA MAT DE DESARROLLO – Preciada Azancot

Como lo hicimos con el tacto, vamos a realizar unos cuantos ejercicios para verificar esa realidad y hacer descubrimientos importantes.

1) Imagina, como en el ejercicio anterior, que contraes esa enfermedad que te deja sin ninguno de tus sentidos. Imagina que recuperas sólo el oído. ¿Qué sientes? ¿Qué haces? ¿Cómo te relacionas con el mundo? ¿Cómo planificas tu vida futura?
2) Imagina la misma situación que en el ejercicio anterior, pero que además de oído, ya has recuperado el tacto. Hazte las mismas preguntas que en el ejercicio 1.
3) Imagina ahora que tienes todos tus sentidos salvo el oído: ¿Qué sientes? ¿Cuál emoción domina? ¿Cómo será tu vida?
4) Haz este ejercicio en pareja. Cierra los ojos mientras tu compañero (a) te relata cómo vivió el ejercicio anterior. ¿Qué descubres en el sonido de esa voz? Se supone que ya conoces bien la voz de tu pareja, ¿qué descubres que no habías concientizado antes? Si estás atento al nivel de tristeza de la voz en su tono y su ritmo, ¿Qué descubrimientos haces?
5) Selecciona entre tus C.D. música que se relacione con las seis emociones y escúchala. ¿Sientes que crece tu nivel de desarrollo? ¿Sientes que se reduce tu tristeza? Si te gusta la música clásica selecciona algún disco de Mussorgski y de Shostakovich, y verifica si sientes mejor la tristeza y si accediste mejor a la capacidad de Desarrollo (análisis y comunicación).

6) Imagina que tu mejor amigo está contigo y cae al suelo, sin sentido. ¿Cómo vas a saber si está muerto o sólo desmayado?
7) Ahora imagina que estás en una celda y que estás obligado a soportar ruidos discordantes y a altísimo volumen, ensordecedores. ¿Qué sientes? ¿Qué puedes hacer? ¿Cómo terminarás si esto continúa 24 horas al día?
8) Imagina que llegas a tu casa, ¿Cómo vas a saber si hay alguien en casa?
9) Imagina que vas a una conferencia y que el ponente habla tan bajo que no oyes casi nada. ¿Qué sientes? ¿Qué haces?

Si has hecho los ejercicios, habrás podido comprobar la absoluta relación que existe entre el oído y la tristeza. Cuando no oigas nada surgirá el aislamiento y la tristeza, cuando oigas surgirá la posibilidad de que tu Sintetizador cumpla su función de conocer, de consolarte, de consolar, de desarrollarte.
Es vital conocer la diferencia entre oír y escuchar. Por lo general somos narcisistas: oímos a la gente y nos escuchamos hablar a nosotros mismos. O si no, somos apocados e inseguros: escuchamos hablar al otro y nos oímos como un ruido innecesario y fútil. Para entrenarnos, sugerimos empezar a escuchar música clásica. Luego atender a las palabras, al tono, al ritmo de las palabras ajenas y propias. En ese orden.

El oído nos muestra la relación con la función de desarrollo. La mayoría de los datos que vamos a conservar en la memoria provienen del oído. Y comunicar sin sonidos produce una sensación de soledad y de esterilidad que los adeptos de la comunicación escrita conocen y provocan en los demás. El ser humano, así como los animales, necesita sonidos para sobrevivir.
El oído-tristeza- Sintetizador tiene también su color en el arco iris: el AZUL en toda su gama cromática. Las personas que usan de manera predilecta el Sintetizador y la tristeza auténtica bien lo saben.

Un buen ejercicio sería sentarte en posición de meditación y hacer penetrar por los oídos y por la coronilla de la cabeza UNA GRAN ENERGÍA DE DESARROLLO AZUL y conservar ese color y esa energía en todo tu cuerpo. Al tercer minuto, intensificarlo y densificarlo en tu cerebro izquierdo y en todo tu sistema linfático.
El efecto tranquilizante y apaciguador del azul es bien conocido. Las personas que se dispersan, que son hipermotrices, que son excitables e irritables, se tranquilizan en lugares pintados o tapizados de azul. Evidentemente, no es un color indicado para las personas propensas a la depresión, porque las pone más tristes.
En nuestras investigaciones hospitalarias en cardiopatías hemos detectado que, mucho tiempo antes de que se declare la enfermedad coronaria, el paciente sintió problemas de oído: disminución auditiva o zumbidos. Y es que la cardiopatía tiene como causa emocional la inversión tristeza que se siente como rabia y rabia que se siente como tristeza.
Cuando nos vestimos de azul o nos rodeamos de objetos de ese color, prestamos más atención al oído, que funciona mejor, y somos más inteligentes también. Estamos más claros y no nos perdemos en detalles y en parloteo que hacen perder el tiempo de nuestro interlocutor y lo sitúan en la tristeza.
Cuando estamos tristes o necesitados de ayuda, buscamos todos un consuelo y una guía mirando al cielo. Azul.

Como hay una relación innegable entre la tristeza y la glándula tiroides, recomendamos el uso del azul para acelerar el metabolismo y adelgazar mejor.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 12: DESCUBRIMIENTO DE LOS EJES

Mucho tiempo después de que finaliza el proceso de hiperconexión y que se accede al paso siguiente, al proceso de trascendencia, sobre el cual volveremos, se accede a un descubrimiento decisivo en cuanto a ingeniería estructural: se accede al conocimiento de los ejes. Presentamos a continuación la figura gráfica que los representa.

Los Ejes MAT - Preciada Azancot

Los Ejes MAT – Preciada Azancot

El funcionamiento de los ejes es aún más importante que el de la secuencia fetal e innata emocional. Sólo que es imposible acceder a ella sin antes culminar el proceso de Hiperconexión y el proceso de Trascendencia. El funcionamiento de los ejes nos permitió existir, ser, estar sólidamente construidos y, luego, decidir nacer. Los ejes son las vigas maestras que sustentan la construcción de nuestra existencia y de nuestra personalidad. Esas vigas, en nuestro gráfico, se representan por diagonales, tres diagonales que atraviesan el círculo de nuestra estructura de personalidad y que dividen el círculo en seis partes iguales. Esas vigas funcionan apoyándose y creando tres pares de estructuras con sus respectivas emociones y sus respectivos sentidos, que trabajan en equipo, en tres equipos unidos e indisociables que se comportan cada uno entre sí como vasos comunicantes. En la creación, en el descubrimiento y en el funcionamiento de esos tres pares o equipos existe una jerarquía. El primer equipo es menos importante que el segundo y está supeditado a éste, y el tercer equipo es más importante que el segundo, que está supeditado al tercero. Ahora bien, es imposible que el segundo surja si no existe el primero y es imposible que surja el tercero si no se asienta sobre el segundo. Con lo cual, los tres son absolutamente necesarios para que seamos y nazcamos. Al final, aunque jerarquizados en cuanto a orden de su creación, son iguales entres sí.
En cuanto al movimiento ascensional en el cono de la hiperconexión, no asciende dando vueltas ascendentes como pasa con la pila emocional de la secuencia, sino que se sustenta sobre los pares de estructuras, de emociones y de sentidos, como vigas que se van ensanchando a medida que el cono se ensancha.

Estos ejes, estos tres ejes o vigas, no sólo alimentan las estructuras como lo hacen las emociones en secuencia, sino que limpian y agrandan las estructuras al tiempo que hacen crecer y afianzarse las emociones auténticas. Con lo cual toda nuestra personalidad es mayor, más sólida y más potente. Esas vigas van consolidándose y creciendo a medida que nuestra talla lo requiere. Si bien la secuencia emocional nos garantizaba la infinitud, los ejes nos garantizan la eternidad, porque son fijos y se desarrollan, a medida de nuestras necesidades de crecimiento, permaneciendo idénticos a sí mismos.

El primer eje, viga o par que surge en cuanto se une el espermatozoide con el óvulo es el eje Protector-Amor / Sintetizador-Tristeza, que llamamos el eje de lo disponible. En efecto, como ya vimos, el Protector y el amor indican lo que sí hay (amor), y lo que no hay (tristeza) lo indica el Sintetizador, que busca opciones para conseguirlo. Si hay lo suficiente para empezar a formarnos y no faltan elementos esenciales, empieza la gestación. En efecto, lo primero es disponer de lo indispensable para comenzar cualquier cosa. Y lo primero, cuando se trata de ser, es que haya un espermatozoide disponible y un óvulo que lo acoja (amor). Si el espermatozoide no llega o si el óvulo no lo recibe ( tristeza) no puede iniciarse nada.
Cuando nacemos, pasa lo mismo: si hay un espacio para nosotros y un tiempo que dedicarnos, podemos sobrevivir. Por más reducido que sean ese tiempo y ese espacio.

Como no somos médicos ni biólogos, dejaremos esas investigaciones para que las ilustren los más doctos e iremos a ejemplos e ilustraciones de nuestra vida cotidiana de criaturas nacidas y en funcionamiento: ese eje de lo disponible impone su existencia como una evidencia maestra, como una primera LEY. La primera ley es: donde hay amor no hay tristeza y donde hay tristeza no hay amor. Y las funciones de las estructuras operan de la misma manera: cuando se agranda el Protector, se achica el Sintetizador proporcionalmente. Como esa ley puede parecer sorprendente, la ilustraremos a conciencia:
Pongamos cualquier ejemplo sobre disponibilidad: el tiempo que podemos dedicar a una visita, por ejemplo, a un vendedor. Lo primero es que ese vendedor llegue en un momento en que estamos disponibles. Si ni siquiera estamos en la oficina o en casa, habrá perdido su esfuerzo y su tiempo (tristeza) y deberá buscar otra opción para vernos (más tristeza). Si estamos, podemos decirle que espere o que vuelva o bien recibirlo y escucharlo. En el primer caso habrá un poco más de tristeza, es decir la espera, pero también algo de amor puesto que estamos dispuestos, si paga ese precio, a recibirlo. En el segundo caso, hay más amor porque lo recibimos enseguida y desaparece la tristeza, al menos hasta que deba empezar a explicarnos lo que ofrece y lo que desea, actividad que pone en marcha el Sintetizador del vendedor. Si el vendedor nos regala el producto, manifiesta amor, y si lo aceptamos respondemos con amor. Desaparece la tristeza. Si el vendedor desea cobrar por su producto, está solicitando nuestro amor, es decir una retribución. Si le decimos que no, volverá a la tristeza.
Pongamos otro caso: nos enamoramos de una mujer, hay amor. Si nos responde y nos permite cortejarla estaremos agradecidos y habrá más amor. Si nos rechaza y no nos da ni tiempo ni espacio, caeremos en la tristeza. Pongamos que nos acepta y que la relación avanza en el eje amor –tristeza: Nos explicamos y conocemos los dos, y al final habrá un balance a favor de la tristeza, si no somos o no es lo que creíamos al comienzo y surge el desencanto (tristeza) o a favor del amor en mayor o menor medida. En mayor medida si es justamente nuestra alma gemela insustituible y vence el amor, y en menor medida si la persona está más que regular y podemos tener, si no una pareja definitiva, una profunda amistad.
Un tercer ejemplo: la relación con uno de nuestros progenitores: pongamos que es el padre. Es un hombre encantador y amoroso, y eso despierta y merece nuestro amor. Pero no está casi nunca en casa, y cuando lo está, está muy ocupado. Aquí, en el balance dominará la tristeza. Sí, el padre es estupendo como persona pero un desastre como padre. Y habrá que esperar (tristeza) a que seamos mayores y trabajemos con él o tengamos afinidades que nos permitan pasar tiempo juntos, para que, en el balance, gane el amor.
Como vemos, los ejes, en su primera ley, se comportan como vasos comunicantes.

En su segunda ley, el eje amor-tristeza se refiere a su consolidación y se enuncia así: para que haya más y mejor amor es necesaria una inversión de tristeza proporcional. Y para que haya más desarrollo, es necesaria una inversión proporcional de amor. Recojamos los mismos ejemplos que anteriormente:
El vendedor, si quiere convertirse en nuestro amigo y proveedor preferido, va a tener que invertir más tiempo en explicaciones, a la vez que estudiar nuestras necesidades profundas y buscar soluciones y productos a la medida de nuestras expectativas, para lograrlo. Necesitará dedicar su Sintetizador y su tristeza ( recursos) para lograr nuestra fidelidad. Esa realidad implica que hemos interesado lo suficiente al vendedor (amor) como para que decida dedicarnos tanto tiempo.
El enamorado, para lograr el amor real de su amada, tendrá que dedicarle tiempo, interés, conocerla a fondo y hacerse conocer. Con ello, podrá tal vez lograr su amor. Y si quiere más desarrollo de la relación, por ejemplo que comparta su pasión por el golf para tener más cosas en común, deberá dedicarle atención y mimo y cariño a fin de lograr convertirla en una jugadora tan buena como él.
El hijo de un padre ausente deberá buscar opciones y soluciones para, por un lado, llamar su atención y conseguir que le haga más caso, y, por otro, deberá buscar opciones para rentabilizar al máximo el tiempo logrado para profundizar en la relación. Y, también, cuando esté con él, deberá incrementar la calidad y cantidad de su amor para que el momento sea lo más grato posible y los encuentros se multipliquen.

Con lo cual, y no es paradójico, surge la tercera ley: donde hay amor auténtico hay auténtico desarrollo, auténtica tristeza y viceversa: cuando los ejes funcionan bien, la primera ley da lugar a la segunda y la segunda a la tercera: retomemos nuestros tres ejemplos:
Nuestro vendedor invirtió interés en la persona, no en el negocio, y por eso se ganó a un amigo fiel y a un buen cliente, vitalicio porque siempre buscará su bien. Y como puso su tiempo, sus recursos y su inteligencia a favor de la relación, se ganó la confianza de su cliente.
Nuestro enamorado se interesó por la persona y le dio su amor. Eso estimuló su paciencia (tristeza) para lograr cosechar los frutos de su inversión. En el libro del Principito, en su relación con el zorro, se explica magistralmente nuestra tercera ley.
Nuestro hijo paciente logró un amor precioso y esencialmente condensado con su padre. La calidad de la relación surgió de la tristeza auténtica y dio su fruto: el amor.
En este eje, como en los dos siguientes, hay una palabra clave: auténtico. En efecto, y por ello surgen a nuestra conciencia los ejes después del proceso de hiperconexión y de trascendencia, esos ejes no soportan, sin catástrofe, ninguna emoción falsa ni sustitutita. Ninguna de las dos. Y, entonces, si hay amor auténtico, no hay tristeza auténtica, y si se invierte más recursos (tristeza), se conseguirá más amor, y si hay pertenencia hay desarrollo y si hay desarrollo terminará por haber pertenencia. Siempre y cuando esas emociones sean auténticas por ambos lados. Si no, se revierten las tres leyes y llegamos a la muerte, a la destrucción. Veamos:
Nuestro vendedor, pongamos por caso, pero cualquier combinación mala es de resultados pésimos, tiene auténtico amor y auténtica tristeza y su comprador tiene las dos falsas, imaginemos que tiene tristeza en vez de rabia y amor en vez de tristeza. Llega en un momento inoportuno, en el cual su cliente está airado pero, como se culpabiliza, se deprime. Entonces le pedirá esperar un cuarto de hora y lo dejará esperando dos horas. Cuando lo reciba al fin, le comprará tan sólo lo que no le sirve (amor en vez de tristeza) y, por supuesto, ya no querrá ver a ese vendedor y huirá de él, culpabilizándolo.
Pongamos que cada uno tiene una emoción auténtica y otra falsa: nuestro vendedor tiene amor auténtico y falsa tristeza que remplaza al orgullo. Y el cliente tiene tristeza auténtica pero amor en vez de alegría. El vendedor será recibido en el acto por el cliente que dormía la siesta o celebraba un cumpleaños como si se tratara de un caso de emergencia y de vida o muerte. Escuchará con atención el comienzo del discurso del vendedor y verificará que no necesita para nada el producto. En vez de decírselo e indicarle qué otro producto necesita por si el vendedor lo puede conseguir, buscará a entrar en intimidad con el vendedor y le contará que está triste porque su mujer lo va a abandonar. El vendedor se solidarizará con él, pero discurrirá interminablemente sobre que todas las mujeres hacen y le harán lo mismo. Con lo cual molestará al comprador, que protestará airado e indignado. En vez de conectar por fin el orgullo después de pisotear el de todas las mujeres y retirarse, el vendedor se deprimirá y le contará durante horas todas las miserias y agravios que recibió durante toda la vida. Será cortado y despedido como un indeseable por el cliente, que ya nunca más lo volverá a recibir, ni tan siquiera cuando ofrezca un producto de vital importancia para él. Se producirán abortos en cadena.
Si el vendedor, enterado de nuestra segunda ley, la quiere poner en práctica con el cliente, se pasará la vida haciendo antesala para ser recibido de nuevo y el cliente se lo tendrá que sacar de encima llamando a la policía. Lo cual le obsesionará más por ver al que nunca hubiera podido ser su cliente.
Si, enterado de nuestra tercera ley, apostara por ella, se enamoraría de su cliente y abandonaría a su familia por cortejar a quien ni por asomo le quiere recibir.
Así, cuando una o las dos emociones son falsas, la ley férrea e ineluctable de los ejes se cumple y nacen las simbiosis patológicas, las fijaciones, las dependencias, los malos tratos psicológicos y las obsesiones. Se consuma la destrucción.
Dejemos clara esta afirmación con el ejemplo, tan frecuente y doloroso, del hijo de padre casi ausente. Pongamos que el hijo funciona bien y tiene sus dos emociones auténticas y que el padre tiene amor auténtico y falsa tristeza que remplaza alegría. Para atraer la atención de su padre, el hijo terminará entendiendo que no debe estar sano y feliz sino enfermo y problemático. Entonces, o se alejará de su padre buscando otras fuentes de afecto sano o decidirá someterse, con lo cual perderá su tristeza auténtica, volviéndose dependiente, fracasado y problemático para atraer el interés de su padre. Así perderá también su alegría, su fe.

Así, en síntesis, se podría formular las tres leyes del eje amor- tristeza: lo que hay, hay. Y lo que no hay, no hay, Si hay, vale la pena invertir y sembrar, si no, hay que buscarlo en otro lado. Así de simple, rotundo y tremendo.
Por otro lado, es esencial saber que esas tres leyes se cumplen en cadena, es decir que si la primera es 100% real, puede surgir la segunda sobre la base de la primera. Y puede surgir la tercera en base a la autenticidad al 100% de la segunda. En ningún modo se puede ir a la segunda si no hay base para la primera ni, mucho menos, saltar a la tercera. Esa conducta, a más de tóxica y salvadora, es suicida. En definitiva se ve que lo bueno se potencia y lo malo también. Y que, por lo tanto, solo cabe apostar por lo primero.
¿Cuántos de nuestros amores resistirían y crecerían con esas tres leyes? Únicamente los que merecen la pena. Con lo cual estaríamos siempre abocados a conseguir lo disponible ¿Y cuántos de nuestros dolores se mantendrían? Únicamente los que justifiquen la inversión magnífica en nuestro desarrollo y crecimiento. Con lo cual estaríamos siempre disponibles para lo auténtico que podría surgir.
Este eje, de vital importancia para evitar pérdidas innecesarias y obtener un máximo de amor duradero, lleva, cuando de veras surge, a alcanzar y conservar todo lo disponible, tanto lo actual como lo virtual. En efecto, cuando tenemos la tristeza auténtica energetizando al Sintetizador y sólo a éste, y que, además, está surgiendo en la secuencia fetal, y que, además, se evidencia como una de las dos puntas del eje amor-tristeza, se llega no sólo a evitar pérdidas y dolores innecesarios, sino a prevenirlos por dos motivos: uno, porque surge del temor a dañar y a ser dañado, y dos, porque entiende que todo sufrimiento innecesario nos aleja y aparta de un amor real o virtual mayor del que estamos disfrutando y actuando.
Con el amor pasa lo mismo: si éste energetiza al Protector y sólo a él, no sólo cuida y conserva todo amor real, sino que accede y se prepara, a fin de estar listo si éste llega, para el amor virtual, para el GRAN amor que dura para toda la eternidad.
Este eje, cuando se alcanza en verdad la estatura requerida tras el proceso de trascendencia, se evidencia como el del maestro integral, el que forma llevando al alumno hacia sí mismo sin jamás inmiscuirse dentro de él. El maestro inolvidable al cual se le está agradecido para siempre y que uno ama más cada día, pero con el cual nadie se siente sometido por obligación. En efecto, lo primero que un maestro debe enseñar es a ser persona y a poner el conocimiento al servicio del desarrollo del ser del otro para que éste llegue a crecer. El maestro, experto en el manejo de este eje, no deja que se confunda lo que sí hay y lo que no hay. No confunde tristeza y amor, como ya lo hemos enseñado, y sabe llevar el consuelo a su alumno como lo hacemos con un niño que llora porque ha perdido un diente de leche, y no sabe que es porque está ya listo para salir el diente sano y fuerte que perdurará hasta después de su muerte. El maestro auténtico ensancha la mente del alumno porque expande su alma, y eleva su alma porque puebla su mente con lo que está vivo y es de verdad esencial. Y, si pensamos en los grandes maestros de la humanidad como Jesús, como Buda, veremos que trabajaban básicamente sobre este eje. Si recordamos a algún maestro inolvidable que tuvimos a lo largo de nuestra vida, también comprobaremos que la enseñanza inolvidable que nos despertó tuvo lugar en ese eje. Y si debemos ser maestros, de hijos, de alumnos, sabremos que si no tenemos ese eje limpio y preferentemente presente, sólo vamos a atar y cegar a nuestros educandos, y que es mejor rectificar o confesar nuestra incapacidad y retirarnos, aunque sepamos de memoria todos los libros escritos a lo largo de la historia y aunque creamos adorar a nuestro alumno.
Vemos entonces por qué ese eje es el primero: porque garantiza ser, cada día más, persona. Si hay mucho conocimiento sin corazón, seremos desalmados y pondremos nuestro conocimiento al servicio de la subordinación del alma ajena. Si hay mucho amor sin criterio de lo que implica dolor y sufrimiento evitables, seremos responsables de perpetuar dependencias. Y si no hay ni amor ni tristeza dejamos, sencillamente, de pertenecer a la raza humana y nos situamos por debajo de cualquier elemento en el cual existen el amor y la alegría, y, de allí, por debajo de una simple rata en quien hay cinco emociones y estructuras. No sólo no sabremos ni el qué ni el cuándo, con lo cual es imposible saber nada de lo disponible, sino que lo extraviaremos en los demás. De hecho, veremos más adelante que todo aquel que desconecta esas dos dimensiones se convierte en un psicópata que mata su propia alma y destroza psíquicamente a las criaturas. En vez de claridad en expansión, tendremos tinieblas en caída en el abismo. En la polaridad opuesta al Maestro tendremos el agujero negro.

El segundo eje o viga maestra que fundamenta y consolida nuestra personalidad es el eje Rector-Miedo /Transformador-Orgullo, que llamamos el eje de lo existente. Es el eje que diferencia lo que lo que no es de lo que sí es. Es lo que designa con rotundidad el dónde y el por qué y los relaciona.
El polo Rector-Miedo que funciona a la perfección es capaz de hacer diagnósticos del estado de las cosas. Detecta lo que no es (real, bueno, sano, veraz, etc.) y por ende el grado de armonía que existe, sin temor a equivocarse. Así determina dónde están las desarmonías y amenazas.
En la polarizad opuesta, el Transformador-Orgullo imagina y crea lo que sí es (válido, sano, real, valioso etc.) y es capaz de crecer transformándose. Por ello, su principio rector es la metamorfosis. Determina lo que es y mide su escala de valía y de perfección.
Ese eje es el que nos permitió ser o no ser después de la unión del espermatozoide con el óvulo. Si en cada uno existía lo necesario y requerido para que pudiera formarse y crecer una vida humana, se formaba la primera célula embrionaria, si no, la mujer tenía su periodo normal sin tan siquiera darse cuenta de que se habían unido su óvulo con un espermatozoide.
Este eje, al igual que el anterior, tiene su primera ley, que es idéntica a la del eje de lo disponible: donde hay miedo no hay orgullo, y donde hay orgullo no hay miedo. Como en el caso anterior, comprobemos esta realidad con tres ejemplos:
Tomemos el caso de la inspección de nuestra estructura de personalidad en un momento dado: comprobamos, por ejemplo, que tenemos el Sintetizador en mal estado porque en vez de estar alimentado con tristeza lo está con rabia. Y que tenemos el Protector en buen estado porque funciona con amor y cumple bien su propósito. Nuestro Rector diagnosticará esta situación y sentiremos miedo por nuestro Sintetizador, que está amenazado, y orgullo por nuestro Protector que está en armonía. En referencia a nuestro Sintetizador no podremos, a riesgo de perdernos, sentir orgullo. El Sintetizador está mal, debemos estar alertas y detectar dónde está la causa del mal: en la alimentación energética equivocada. No podemos estar orgullosos de estar funcionando mal. Hay temor, alerta, no puede haber orgullo. Con relación al Protector, el Rector diagnosticará un estado perfecto. No hay entonces que temer nada sino enorgullecernos de estar bien.
Un segundo ejemplo: un buen galerista, con un don de diagnóstico (Rector-miedo) excelente y un extraordinario Transformador que tiene el don de captar lo auténtico y valioso aunque no esté aún reconocido y consagrado. Con ello se ganó una reputación de calidad y de buena inversión entre su clientela. Un día le traen un cuadro de un pintor famoso y él detecta que la valía real de esta obra es nula por mimética, tópica y plasmante tan sólo de manierismos de moda. Su Rector detectará inmediatamente el peligro de mezclar esta obra con las obras de calidad que ofrece a sus clientes que confían en él y la descartará, negándose a exponerla. Aquí, donde hay miedo ante lo que no es, pone una barrera férrea y reconduce al pintor, negándole el acceso a su galería. Donde hay miedo no puede haber orgullo. A este mismo galerista le traen otro cuadro, esta vez de un desconocido, y nuestro amigo detecta, con su orgullo, la obra de un gran talento. Decide sin dudarlo aceptar y exponer esta obra, recomendándola a sus clientes. Aunque el artista sea desconocido, no tendrá miedo de apostar por él porque detectará un valor seguro. Donde hay orgullo retrocede el miedo.
Tercer ejemplo: un niño de padres divorciados vive con el padre que obtuvo su custodia y ve sólo una vez al mes a su madre, que viaja desde lejos para verlo. El niño funciona bien en el eje que nos ocupa. El padre es autoritario, rígido e invasor, y el niño sano sentirá miedo de él y miedo por él ( miedo de aceptar esas taras paternas como virtudes). La madre es respetuosa, valiente y muy creadora. El niño sano sentirá admiración por ella y orgullo de estar a su lado. Para él, estar con su padre significará estar casi todos el mes con lo que no es (bueno, válido, esencial) para él, y estar con la madre significará crecer y ser al estar unos pocos días al mes con lo que sí merece la pena. Esos pocos días lo llenarán mucho más que los demás muchos días. Porque lo que es es, y lo que no, no es. Eso si el niño es sano. Y el niño y su madre se aliarán para luchar por vivir juntos lo antes posible. Donde hay orgullo retrocede el miedo. Y frente al padre, donde hay miedo retrocede el orgullo, en este caso la valoración y la admiración. El niño decidirá cerrarse y no abrir su ser íntimo al invasor, que entraría a saco en él.
La segunda ley se formulará igual que la del primer eje: para conseguir más seguridad hay que invertir en el orgullo, y para conseguir más orgullo hay que consolidar la seguridad. Veamos nuestros tres mismos ejemplos:
Con relación a nuestra estructura, al sentir miedo ante la enfermedad de nuestro Sintetizador la respuesta adecuada es decirse “Yo sí puedo reconducir la rabia al Vitalizador y traer la tristeza a mi Sintetizador”, afirmando así el orgullo. Y ponerse a ello con confianza en nosotros mismos. Cuando logremos nuestro objetivo, habremos eliminado la causa de temor y nos sentiremos orgullosos.
Nuestro galerista, si sabe valorar la genialidad de su artista, lo querrá convertir en su protegido y confiar en que “sí puede” garantizarle una beca, por ejemplo, para que éste se dedique a pintar, con lo cual el artista verá desaparecer su miedo a no disponer de lo elemental para sobrevivir y el galerista verá alejarse su temor a perder a tan valioso fichaje. Donde hay orgullo se garantiza incrementar la seguridad.
Nuestro niño apostará por su madre y se protegerá mejor de las intrusiones del padre, haciendo suyas las enseñanzas y los valores de la madre. Así no se sentirá solo e irá perdiendo gradualmente el miedo. Al ver incrementarse su orgullo, se afirmará frente a las amenazas paternas y constatará que éste retrocede en su toxicidad y lo deja en paz, respetándolo más. Cuando se invierte sobre la seguridad crece el orgullo. Y cuando se invierte sobre la valía auténtica se incrementa la seguridad.
Así, de manera tan natural como en el caso anterior, surge la tercera ley: donde hay miedo hay orgullo y donde hay orgullo hay miedo. Comprobémoslo con nuestros tres ejemplos.
Nuestra estructura de personalidad con un Sintetizador en mal estado nos producirá miedo. El diagnosticar al Protector adecuado nos producirá orgullo. El miedo nos ayudará a alertarnos y a encontrar fuerzas para la afirmación del orgullo de arreglar las cosas.
Nuestro galerista afirmó el miedo de mezclar un mal pintor con los buenos. El conocer la diferencia entre uno bueno y uno malo implica tener las dos emociones bien y trabajando en equipo.
En cuanto a nuestro niño, pudo sobrevivir y resguardarse gracias a su claridad en el segundo eje. Se alejó interiormente del padre y se identificó con la madre.
Por supuesto, estas leyes del segundo eje funcionan perfectamente si las dos emociones, miedo y orgullo, son auténticas y si las dos estructuras, el Rector y el Transformador, están alimentadas respectivamente por miedo y orgullo auténticos. Basta que una de las dos emociones esté mal y sea falsa para que pasen catástrofes y se realice la destrucción. Si las dos lo están, ya no tendremos manera de distinguir lo que no es de lo que sí es. Veamos qué pasaría con nuestros mismos tres ejemplos:
Si nuestra estructura tiene un Sintetizador en mal estado quiere decir que el primer eje falla. Si, en vez de miedo en el Rector, lo tenemos alimentado con amor, en vez de alertarnos y reaccionar amaremos todo lo que nos pueda amenazar y valoraremos ese amor suicida en nuestro Rector, enamorándonos de lo tóxico como un salvador. Nuestra secuencia será esta: amor por lo malo, que dará lugar a rabia contra lo que no hay (rabia en vez de tristeza en nuestro Sintetizador), que llevará a la culpa en vez de rabia. Esto es tener una personalidad salvadora y mesiánica que no quiere jamás usar su orgullo ni su amor real hipotecándolos a los peores. Se entregará en cuerpo y alma a lo que no hay ni habrá nunca y a lo que no será jamás, desgastándose.
Nuestro galerista: pongamos que, en vez de orgullo, su Transformador esté alimentado por alegría. Rechazará al mal pintor. Pero cuando el buen pintor se presente, tendrá dos reacciones previsibles: por un lado sentirá que le cayó del cielo un ángel al que deberá supeditar su vida, sus bienes, sus clientes, su destino en suma, y lo seguirá como los apóstoles a Jesús, renunciando a todo su ser y a su identidad. Por otro lado, en vez de respetar y admirar el ser del pintor cuya grandeza se manifiesta en su obra, pretenderá hacer marketing de segunda categoría, exigiéndole que deje de pintar como lo hace y se someta a las tendencias más rastreras y oportunistas de la moda. Con lo cual destruirá su vida y, si el pintor se deja, la del pintor.
Nuestro niño: imaginemos que en vez de orgullo tenga rabia en su Transformador, es decir revanchismo y envidia. Aceptará someterse al padre como estrategia para luchar de poder a poder con éste. Y será un enemigo vengador y perseguidor de la madre, a quien acusará de todas las culpas del padre y de las suyas, extendiendo esa saña a todos los hombres, con quien tendrá relaciones de poder sadomasoquistas, y a todas las mujeres, que considerará desde el machismo y a quienes soñará con maltratar física y psíquicamente.
Al igual que en el caso del primer eje podríamos sintetizar las tres leyes del segundo eje por: lo que es, es, y lo que no es, no es. Lo que no es, jamás lo será. Por más orgullo que le pongas. Y lo que es siempre será, aunque el mundo entero se empeñe en negarlo. Por eso los genios siempre terminan siendo reconocidos y perduran eternamente. Si algo es, vale la pena invertir en ello, por que cada vez será más. Si algo no es, hay que buscarlo donde sí lo sea.
Si lleváramos esas leyes a sus últimas consecuencias ¿cuántos de nuestros temores se mantendrían? Tan sólo los que se pudieran hacer desaparecer y ser remplazados por orgullo. ¿Y cuantos de nuestras veneraciones se mantendrían? Tan sólo las que por su valía real fueran el verdadero pilar de nuestros amores y merecieran formar parte de nuestro ser. Se terminaría la esclavitud, el sometimiento, las idolatrías, las cobardías, los nacionalismos, y, sobre todo, el narcisismo.
Como en el caso del segundo eje, si se desconectan las dos emociones miedo y orgullo surge la psicopatía. En este caso nacerá el asesino en serie, que no tiene miedo a matar y siente alegría de lograrlo asesinando, en el caso de nuestro niño, no al padre al que no se atrevió a tocar, sino a la madre en todas aquellas que su intuición capte como semejantes o parecidas a ella.
La maestría en el manejo del eje miedo orgullo auténticos perfila la función del sacerdote. En efecto, desde los tiempos más remotos, en las civilizaciones más embrionarias surge, como necesidad inaplazable, la figura del sacerdote. El brujo, el chamán, el sacerdote de la Grecia antigua, el de los romanos, el Papa, el sanedrín, el monje budista y cientos de ejemplos más testimonian de la conciencia en la sociedad, desde toda la eternidad, de la figura del sacerdote. Es aquél que sabe lo que no se debe hacer y lo que sí se debe hacer para obtener la aprobación de los dioses. Es aquél que puede oficiar las ceremonias sagradas de manera a conducir a los creyentes hacia una comunión con los dioses que haga obtener los favores de éstos, porque sus fieles no hacen lo que no se debe hacer, que se llaman pecados, y sí hacen lo que se debe hacer, que se llaman buenas acciones. Esa superioridad del sacerdote y su influencia sobre las conciencias de los fieles se obtiene, desde el MAT, con el manejo del eje miedo orgullo. Lo que sí proponemos es, al igual que el maestro, en vez de esperarlo desde afuera, despertarlo y escucharlo desde adentro. Tanto el Maestro como el Sacerdote están en nosotros. Uno se llama el eje del amor- tristeza. El otro, el del orgullo-miedo.

El tercer eje o viga maestra es el eje Vitalizador-Rabia/ Orientador-alegría. Surge del segundo eje. Lo llamamos el eje de lo presente. Es el que diferencia lo que no está (bien, vivo, justo, presente, real, bueno, etc.) de lo que sí está. Es lo que nos permite distinguir el sueño de la realidad, la locura de la cordura, la fantasía de lo posible. Si hay algo porque existe en algún lugar, si además es todo lo que puede llegar a ser, hay que hacer lo imposible porque además esté presente para empezar a ser y a hacer. Es lo que define con total certeza el cómo y el para qué de nuestra vida. Sin él perdemos la brújula y la razón de ser de todo. Nuestra vida, sin ese eje, es un sinsentido.
En el momento en que se fusionan el óvulo y el espermatozoide y que de ellos nace la primera célula fecundada, lo cual implica que lo que es, es, y origina la primera metamorfosis, para que ésta se convierta en un embrión, interviene el tercer eje que actuará que esté lo que nos permite rechazar y cortar la rigidez de lo fijo y cortar dependencias falsas, es decir nuestro Vitalizador alimentado por rabia que permita la separación e independización de las células una vez formadas, y que esté nuestra capacidad de multiplicación, mutación y cambio, es decir nuestro Orientador alimentado por alegría. Ese eje es el que originará nuestro cuerpo y nuestro espíritu, trabajando en equipo perfecto. El primer eje nos garantizó la mente y el alma. El segundo eje la armonía y la recta conciencia trabajando en equipo con la metamorfosis. Entonces y sólo entonces empezará la gestación de un ser humano. El trabajo en equipo de esos tres pares será el origen del milagro de la vida. Y será su garantía de solidez estructural para juntar y permitir la existencia de lo disponible, lo existente y lo presente.
En nuestra vida como personas, estos tres ejes o equipos trabajan en permanencia para que se pueda detectar y elegir entre lo disponible, para que se pueda discriminar y afincar lo existente y para que se pueda aterrizar y despegar hacia lo presente.
El tercer eje nos permite comprender que no basta con que lo que queremos conseguir esté disponible tras el trabajo de equipo mente-alma. Además de disponible, debe ser verdadero y auténtico tras el trabajo de equipo ética-metamorfosis. Pero eso no basta para llegar a la felicidad y a la plenitud. Si lo que queremos ya tiene esos dos dones, para disfrutar de ello debe estar, además, presente en nosotros y cuajar en una fusión entre cuerpo y espíritu. Todo esto parece y es complejo y podría parecer rebuscado. Lo que pasa es que derriba tópicos muy anclados. En efecto, nos enseñaron a creer que los pares perfectos se dan entre cuerpo y alma y no entre cuerpo y espíritu. En realidad, llevándolo a los descubrimientos del MAT, constatamos que el primer par teórico se daría entre rabia y amor, es decir entre lo que no está y lo que sí hay. Este equipo trabajaría bajo el signo de la resignación y del conflicto. Esta situación se puede dar, pero aleja del rigor, de la eficacia, y mezcla peras con manzanas. Ese tópico, muy extendido entre metafísicos, originó una visión del ser desgarrada y pulsional, siempre en lucha por la consecución del imposible. Y plantea falsos problemas como siendo los que realmente nos disocian entre el sueño imposible y la realidad.
El segundo tópico es asociar alma y espíritu. Es propio de las visiones religiosas. Se basan en la intuición de la existencia de la secuencia amor- alegría. Que es real pero subordinada a los ejes. La visión antedicha nos transforma en puros entes etéreos en su rol religioso y en rastreros vergonzosos en su rol de seres reales con necesidades mundanas. Por eso, en la mayoría de las religiones, cuando el religioso se quiere dedicar a su elevación, se debe retirar del mundo mundano y privarse del cuerpo.
El cuanto al segundo eje, siempre fue presentado como lo imposible por antonomasia. En efecto, quien dice armonía dice congelación, y no, por lo contrario, equipo indisociable con la metamorfosis. Y, si lo meditamos, este par es el único que permite ser en permanente y tranquila y segura expansión.
Volvamos a nuestro tercer eje Vitalizador-rabia / Orientador–alegría. Tomemos, como siempre, tres ejemplos para ilustrarlo:
Una mujer es acusada de haber matado por envenenamiento a una anciana a la que cuidaba. La detienen y la llevan a juicio ante un jurado. Esa mujer es enfermera y hacía su trabajo con esmero. Es totalmente inocente, pero no tiene cómo probarlo. Siente, naturalmente, ya que en nuestro ejemplo funciona bien, indignación contra la acusación, o sea, rabia. El jurado la declara culpable y la encarcelan. Nuestra enfermera pierde así su libertad y, con ella, la alegría.
Un joven es invitado, a través de una serie de meses haciendo chat por internet con una joven, a pasar vacaciones de ensueño en una isla con un grupo de amigos de la joven. Nuestro joven anda corto de dinero y se disponía a renunciar a sus vacaciones. Siente una gran alegría y llega a la isla dispuesto a disfrutar de su amiga y de maravillosas vacaciones. Está feliz. Al cabo de un día se da cuenta de que está en una secta que lo quiere captar. Se siente indignado por el engaño. Cuando se lo comunica a su amiga se da cuenta de que ella no percibe que se trata de una secta.
Un niño es manipulado por su madre para que se convierta en su protector cuando sea mayor, para que estudie lo que ella hubiera valorado estudiar y no pudo, y para que no funda su propia familia para vivir con ella. El niño siente auténtica rabia, pierde su alegría y se siente utilizado.
De esta serie de ejemplos nace la comprensión de la primera ley del tercer eje: donde hay rabia no hay alegría, y donde hay alegría no hay rabia. En efecto, nuestra enfermera se sentía feliz en su puesto y no había ningún rechazo por su anciana. Cuando la acusan indebidamente, siente rabia y pierde su alegría. Nuestro joven se sentía feliz por la maravillosa invitación y no tenía reparos contra la joven. Cuando percibe el engaño, siente rabia y desaparece su alegría. Nuestro niño era feliz y alegre. Cuando es manipulado por su madre, siente rabia y lo que intuye como siendo la vida que le espera le roba su alegría.
Pero dijimos que nuestros tres protagonistas funcionan bien:
Nuestra acusada encarcelada se encuentra en la cárcel y se sabe inocente. Eso le da paz consigo mismo, y el contacto con sus compañeras de celda que sí son culpables, le trae una alegría de su diferencia y la esperanza en que su abogado logrará apelar y demostrar su inocencia. Por otro lado, su indignación contra sus compañeras de prisión que le presentan el crimen como algo normal y propio de gente lista la lleva a una mayor satisfacción consigo misma y descubre la calidad de su espíritu que ninguna cárcel pudo encerrar, y con el cual toma contacto por primera vez.
Nuestro joven indignado se alegra de la buena fe de su amiga, que también fue engañada, y descubre una oportunidad para liberarla, accediendo así a una alegría mayor de la que tenía. Decide buscar y encontrar a otros incautos como ella, hacerlos reaccionar con rabia, y liberarlos también.
Nuestro niño se da cuenta de que su madre también fue víctima de su propia madre, a quién dedicó toda su vida. Siente rabia por ella y decide apostar por la suya propia, preservando su alegría y luchando por hacer comprender a su madre la monstruosidad de sus actos. Como sabe despertar la indignación de su progenitora contra su propia madre y el horror de estar dañando a su hijo, logra liberarse y, además, liberarla de un prejuicio y de un fatalismo que no la dejaba fluir en paz y dejar al hijo ser en paz.
Con ello accedemos a la segunda ley: cuando hay rabia auténtica hay que apostar por la alegría para incrementarla, y donde hay alegría auténtica hay que apostar por la rabia para aumentarla. En efecto, nuestra enfermera desconocía el disfrute que da el convencimiento de la inocencia propia. Esa es la verdadera fuente de la alegría duradera. Y con ella, disfrutó del contacto con su espíritu inalienable. Nuestro joven estaba triste sin vacaciones y sin finalidad espiritual. Descubrió, apostando por la justicia, es decir por la rabia, que podía aportar alegría a otras personas e incrementar la cantidad de ella en sí mismo. Nuestro niño apostó por su rabia y desenmascaró injusticias y prejuicios, con lo cual, además de liberarse, liberó la conciencia de su madre, haciéndola acceder al miedo de dañar y a la alegría de dejarlo regir su vida en paz.
Este proceso abre paso a la tercera ley: donde hay rabia hay alegría y donde hay alegría hay rabia, si ambas son auténticas, por supuesto.
En efecto, cuando ambas emociones son auténticas, cada una empuja a la otra para cimentar y ensanchar el campo de acción de sendas estructuras y desarrollar sus habilidades. Ilustremos esta ley con nuestros tres ejemplos:
Nuestra enfermera siente rabia legítima de ser acusada y de ser mezclada con presas que sí son culpables de no haber querido respetar la integridad de la vida humana. Esa rabia le da energía para defenderse y recurrir, a fin de probar su inocencia. Si persiste, lo logrará, y su Vitalizador estará más fuerte y sano que antes. Pero ocurre que esa rabia tiene como virtud adicional hacerle tomar conciencia de la diferencia entre su espiritualidad y la de las otras presas y, también, de la paz que da el saberse inocente. Con lo cual conecta su alegría y la aplica a su máximo campo de acción, el del espíritu. Eso la hace acceder a dimensiones que antes no usaba ni sospechaba poseer. Como resultado, su alegría crece y su espíritu se expande. Cuando salga de la cárcel y sea declarada inocente, saldrá más crecida que antes de la acusación. Esto ocurre, como en las demás leyes de los ejes porque ambas emociones asociadas son auténticas. Si no, la enfermera saldría de la cárcel fragilizada o tal vez, destrozada.
Nuestro joven siente rabia de haber sido engañado. Su indignación despierta la de su joven amiga engañada. Con lo cual nuestro joven accede a una mayor alegría de liberar a su amiga y a todos los incautos que cayeron en la trampa sectaria. Con lo cual su rabia crece y su Vitalizador capitaliza una experiencia más para defenderse y denunciar las sectas en cualquier tiempo y lugar.
Nuestro niño siente rabia por la manipulación de su madre. Al confrontarla y mostrarle que ella también siente rabia contra su propia madre, accede a la alegría de librarse y de liberarla. Al final del proceso tendrá un Vitalizador más enérgico y lozano, a más de desarrollado, y un Orientador mayor y más sano. Todo termina mejor de lo que empezó.
Toda esa maravilla es sólo posible si ambas emociones son auténticas. Si una de las dos no lo es, ninguna de las tres leyes se aplica y sólo se llega a desastrosas destrucciones. Veamos nuestros tres ejemplos partiendo de la hipótesis de partida: nuestros tres protagonistas tienen esas dos emociones sanas, pero sus interlocutores no.
La enfermera tiene a un abogado que en vez de rabia tiene miedo. Si decidiera conservar a ese abogado, él le recomendaría que se declarara culpable y aduzca locura transitoria como circunstancia atenuante. Nuestra enfermera funciona bien y aplica su rabia al cambio de abogado defensor.
El joven descubre que su amiga, en vez de rabia, siente tristeza. Ésta caerá entonces en el fatalismo y conformismo y le responderá que el mundo entero es una secta y que allí, por lo menos, les pagan vacaciones que ella tiene la intención de disfrutar sin crear conflictos. Nuestro joven buscará a otros engañados que tengan una buena reserva de rabia para liberarlos con él y se olvidará de esa amiga con quien sólo perdería su tiempo.
Nuestro niño tiene la suerte de tener una madre que tiene una buena reserva de rabia y de alegría sanas. Si, en vez de ello, la madre tuviera miedo en vez de rabia, temblaría ante la idea de reaccionar contra su propia madre e induciría a su hijo a someterse “porque la vida es así”. Y si tuviera orgullo en vez de alegría aceptaría su propia indignación contra su madre pero se arroparía bajo un manto de dignidad y de orgullo por haber “cumplido” con su voluntad. Induciría a su hijo a hacer lo mismo, desarrollaría con él relaciones narcisistas de poder y trataría de convencerlo de que ser heroico es un destino más alto que ser feliz y libre. Nuestro niño se vería tachado de mediocre y de egoísta al mantenerse fiel a la verdad, y su vida cerca de su madre sería un suplicio. Le rogaría, por ejemplo, que lo enviara a un internado para poder conservar su integridad y lucharía por librarse de su madre cuanto antes.
Como en los dos otros ejes, las leyes se aplican sólo en caso de que las dos emociones que trabajan en equipo sean auténticas. Si una de las dos falla, no habrá eje ni viga para sostener y fortalecer la estructura, que se derrumbará.
Si se desconectan las dos emociones surgirá el tercer tipo de psicopatía: la satánica. Esa doble desconexión de la rabia y de la alegría auténticas da el perfil de los psicópatas que adoran a Satán, celebran misas negras o ritos satánicos con sacrificios humanos, eligiendo como víctimas preferenciales niños y adolescentes vírgenes que sacrifican en el altar de una figura arquetípica y mítica que no existe.
El perfecto funcionamiento del eje rabia-alegría da lugar a la figura del ángel que llega o está en la tierra como emisario de Dios ante los hombres. Una persona que, tras culminar su proceso de trascendencia, alcanza el tercer grado en el descubrimiento y manejo de los ejes, será el equivalente de un ángel en la tierra. Se dirá de él que es auténticamente angelical, es decir que tendrá la virtud de cortar con vitalismo y certera puntería con la mentira en todas sus expresiones y aportar la verdad más oculta con alegre naturalidad. Hay tan pocos seres que alcanzan esa estatura, que son considerados seres iluminados y guiados por divinidades. Pero ese enfoque es falso. Ese desarrollo forma parte de las virtualidades de lo humano. Está en la estructura del ser humano desde su misma concepción, y sólo es cuestión de avanzar en el conocimiento de sí mismo para alcanzar la memoria y el contacto y el manejo de nuestro tercer eje para convertirse en ese ángel terrenal. Es el exilio de nosotros mismos el que proyectó esa virtualidad humana hacia el cielo. Tanto los Maestros, como los Sacerdotes como los Ángeles forman parte del crecimiento terrenal, natural y alcanzable de lo humano. No existe ningún Dios que baje a darnos un don celestial. Ese don lo llevamos todos dentro. Y no sólo los humanos. Los animales también; tienen dos ejes: amor-tristeza y rabia-alegría. Como les falta el segundo eje, no han podido crear una civilización y formular conceptos en un lenguaje elaborado.
Un ángel hace que lo virtual se convierta en lo presente y que lo presente se aúpe y alcance lo virtual. Él da testimonio de que al no retroceder ante la mentira y desenmascararla, se accede a la verdad. Y ello con la mayor naturalidad. Por eso ha sido llamado ángel.
Porque muestra que siendo así se es emisario de Dios en esta tierra.
A nosotros no nos gusta ni la denominación de Maestro, ni la de Sacerdote, ni la de Ángel. Esas tres pomposa denominaciones confunden y estafan en el conocimiento de la realidad del ser humano. Preferimos llamarlos expertos en el manejo del eje de lo disponible, de lo existente y de lo presente. Gente crecida, nada más.
No nos gustaría cerrar este capítulo introductorio sobre las emociones sin hablar de una patología muy común en nuestro entorno. Se trata de la inversión de los ejes. Cada inversión produce su peculiar patología y esas patologías son gravísimas. No tanto como las desconexiones de los ejes, que, ya lo vimos, producen tres tipos de psicópatas asesinos, físicos los dos últimos y psíquicos los primeros. Los ejes invertidos producen psicotizaciones proyectivas que son muy dañinas para el que las sufre y aún más dañinas para los demás. Veamos:
La inversión del primer eje, es decir tener un Sintetizador alimentado por amor y un Protector alimentado por tristeza, produce el amor por lo que no hay y la depresión y el derrotismo ante lo que sí hay. Eso convierte a la persona en el antimaestro. En efecto, ante una pérdida, un vacío, una enfermedad, el sujeto se enamora, no de la persona afectada a quién puede ayudar con sus conocimientos, sino de la enfermedad, que trata de mantener. Es como si detectáramos que una persona tiene cáncer y nos enamoráramos del cáncer. Así el sujeto se siente importante a costa del padeciente. Se siente necesario y solidario con el cáncer y está y permanece junto a la persona a causa de su cáncer. No para erradicarlo, sino para cuidar y mantener en vida a ese cáncer. Es la manera más cobarde y rastrera de sentirse necesario. Para que esto ocurra, debe haber una creencia mágica: alguien debía tener el cáncer y no es posible librarse de esa maldición. Por lo tanto, cuando es el otro quien lo tiene, uno se siente agradecido y en deuda con él porque recayó sobre él y por lo tanto lo ha librado. Esta conducta, que parece descabellada, es muy frecuente. Tomemos el caso más corriente y dramático: las familias. Hay familias que tienen argumentos dramáticos de locura o de suicidio. Una madre hereda esa patata caliente de su propia madre y, en vez de entristecerse y de buscar solución para no caer en ese terrible destino, siente miedo y pasa el muerto a su hija. Cuando observa que empieza el mal a actuar en su hija, le dedica su vida y toda su atención.
En la otra punta del eje, sigamos con el mismo ejemplo de la madre. Otra de sus hijas es admirable y amorosa. En vez de sentir amor por esa hija y tristeza por sí misma y por la hija enferma, la madre sentirá tristeza por su hija admirable y amorosa. La verá como un problema que tratará de resolver invirtiéndole su eje. Por un lado sentirá tristeza de no ser indispensable y necesaria para esa hija. Sentirá tristeza de no poder ser su maestra sino su alumna. Sentirá tristeza porque sabe que, manteniendo su posición viciada la perderá tarde o temprano. ¿No es un caso corriente?
La inversión del segundo eje implica un Rector alimentado por orgullo y un Transformador alimentado por miedo. Esta psicotización lleva a sentir miedo de lo admirable, de lo innovador y de lo crecido y a sentir orgullo ante lo peligroso, lo inarmónico, lo conservador y lo rígido. Al igual que el caso anterior, esta inversión es muy corriente. Ello convierte a quien la sufre en el antisacerdote, es decir en el antiguardián de la dignidad y de la grandeza sagrada de lo humano. Pongamos un ejemplo para ilustrarlo: Un padre tiene un niño muy creador y muy fiable y seguro. Un hijo que funciona bien en el segundo eje. Cuando el niño manifieste su ingenio y su don creador, el padre lo alejará y lo alertará sobre lo peligroso que es inventar, le dirá que todos los genios son locos y que son perseguidos y acorralados por el mundo. Y cuando el niño sienta miedo, por ejemplo ante una tormenta o ante la oscuridad, lo obligará a salir sólo en la tempestad y lo encerrará en un armario oscuro durante toda la noche, “para que se convierta en un hombre”. Ese padre, con relación a sí mismo, sentirá orgullo de invadir, castrar y rebajar la talla de los demás y miedo ante lo innovador, lo admirable, lo grande. Será el capo de la mafia casera. Sentirá miedo ante lo que es y orgullo ante lo que no es. Será el castrador orgulloso de todo lo que vale la pena en el mundo. Será un dictador rígido, conservador y reductor. Y exigirá que lo llamen El Patriarca. ¿No es frecuente ese caso?

La inversión del tercer eje implica un Vitalizador alimentado por alegría y un Orientador alimentado por rabia. Eso lleva e ser el antiángel, es decir aquél que denuncia, corta y combate todo lo que sí está en el fluir y la alegría de la percepción de lo divino, de la paz y de la visión certera de la verdad. Y es aquél que promueve, se la juega, vibra y se entusiasma con toda la mentira, la manipulación y la injusticia. Es el depredador total. Tomemos un ejemplo casero, porque esos ejemplos caseros producen los mayores estragos, en ese caso en el espíritu y en el cuerpo de los familiares. Aquí tenemos a la figura del maltratador doméstico. El hijo mayor, pongamos por ejemplo, tiene su tercer eje invertido. Tiene una madre plácida y encantadora y una esposa sumisa. Cada vez que hay una celebración religiosa (Navidad por ejemplo) o casera (un cumpleaños) o sencillamente, cada vez que su gente esté plácida y alegre,  él sentirá que lo invade el furor y golpeará, maltratará, romperá los regalos, incendiará la casa. Cada vez que vaya a la iglesia y la ceremonia llegue al final y canten el aleluya, él sentirá odio por Dios y jurará destrozar a sus criaturas. Y, cuando haya una ocasión de denunciar una injusticia, cuando se trate de no estafar ni de engañar se sentirá eufórico y entusiasmado, investido de la misión sagrada de ser el depredador. Así se sentirá el más listo, el rey de la jungla, y hará revelaciones inspiradas sobre la legitimidad de destruir para demostrar quién reina allí. Será un fan de todos los ídolos más repugnantes de la sociedad y de las modas. ¿No se dan casos así?

Esperamos, en estos capítulos introductorios sobre las emociones, haber despertado la curiosidad por ese aspecto tan vital de nuestra personalidad. Y quisiéramos también alertar sobre un aspecto, que, por larga experiencia docente en MAT, no queda  siempre claro a nuestros estudiantes y les hace perder tiempo y energía. Si bien las emociones son nuestra única energía disponible para hacer funcionar nuestra estructura, no es menos importante conocer primero la estructura. En efecto, la estructura de personalidad que compartimos todos los seres humanos es nuestra instalación, nuestra morada, nuestra arquitectura. Conocerla a la perfección es esencial para orientarnos en nosotros mismos y evaluar a los demás. Esa instalación, si la estudiamos de manera aislada, nos permitirá saber para qué estamos dotados todos los seres humanos, para qué servimos, cuáles son las habilidades con las cuales todos nacemos. Es esencial saberlo. Pero si nos limitamos al conocimiento de las estructuras, nos vamos a pasar la vida angustiados por saber por qué hay habilidades y funciones que desarrollamos bien y otras poco o mal. Vamos a llorar frente a habitaciones cerradas y abandonadas de nuestra propia morada, en vez de abrirlas, penetrar en ellas, limpiarlas y usarlas.

Comprender el funcionamiento de nuestra estructura equivale a conocer, manejar y dominar las emociones. Convertirlas en auténticas, reconquistar el funcionamiento secuencial y fijarlas, consolidándolas en los ejes, es la condición necesaria y suficiente para que nuestra instalación funcione.

Ahora bien, las estructuras nunca se habían descubierto antes del MAT, mientras que las emociones, por vez primera en la historia de la humanidad, están de moda. La inteligencia emocional las puso de moda. Pero esa moda es, como vemos cuando estudiamos las emociones MAT, engañosa, porque en ella, con tal de que sea una emoción y sea sentida, todas valen. Y nosotros señalamos que sólo valen las auténticas, en secuencia y en los ejes, si aspiramos a ser lo que nacimos para ser.

Nuestra experiencia actual nos permite alertar a los lectores de esta obra sobre lo peligroso y frustrante de considerar el MAT como sólo estructuras o sólo emociones. El MAT ES INGENIERÍA EMOCIONAL Y SENSORIAL DE LA ESTRUCTURA HUMANA. Es todo eso. No sólo un trozo. Si nos fijamos en las emociones nada más, como ocurre demasiadas veces con nuestros estudiantes, corremos dos graves peligros: el primero es dispararnos fuera de nuestra morada con emociones disparatadas que no tienen función alguna y que sólo nos aportarán sobresaltos y cortacircuitos. Sería como jugar con un cable de alta tensión y electrocutarnos, en vez de conducir esa energía para hacer funcionar nuestra morada, al menos la sexta parte de ella. Por otro lado, fijarse sólo en las emociones es entrar en un mundo de locos donde se pugna por sentir emociones exaltadas, es decir, todas falsas y, para más INRI, dar a todas esas emociones la misma legitimidad. Es decir, el mismo derecho de ciudadanía. En otras palabras, sería querer invertir y acabar con el eje alegría-rabia. En efecto, como ya vimos, la emoción auténtica no produce ninguna exaltación mesiánica. Produce PAZ, centramiento y felicidad tranquila porque es auténtica. Es de verdad  y la verdad es alegría, y la alegría es paz y sosiego. La exaltación es falsa alegría inflada que remplaza miedo auténtico. Y dar toda la legitimidad a una emoción falsa por el hecho de ser emoción es instituir, con alegría, la mentira y la injusticia, porque eso es causa de rabia. Alertamos a nuestros lectores sobre este hecho porque, como veremos en la última parte de este libro, esa tendencia maníaca, histérica y disparatada de sentir y valorar las emociones cualesquiera que sean y cuanto más falsas mejor, será la tendencia de moda durante los próximos 17 años. Y eso es causa de miedo, así que ya están ustedes alertados. Es tan peligroso, falso y mentiroso no tomar en cuenta las emociones, como se hizo hasta ahora durante toda la historia, como exaltar las falsas emociones, es decir la basura de la cual tenemos que librarnos. ¿Estamos de acuerdo?

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot