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A LOS NO-JUDÍOS

A LOS NO-JUDÍOS: ¡A VER SI OS ENTERÁIS DE UNA VEZ, A MENOS DE SER ABIERTAMENTE ANTISEMITAS!

Es muy importante escuchar este vídeo. Pero a esto, QUE ES LO MÍNIMO BÁSICO, me gustaría añadir tan sólo algunos puntos esenciales que son mis propios pensamientos y de los cuales me responsabilizo absolutamente:

https://www.youtube.com/watch?v=55PbhaD66Ro&list=LLsnN5pNMwd-nZwJD8uUW5bA&sns=fb

– Sólo los judíos pueden declararse sionistas o pro-sionistas, jamás antisionistas. Porque ser sionista o pro-sionista, para un Judío equivale a decidir dónde le da la gana vivir. Mientras que un no-judío, si se declara sionista, declara que los judíos de su país DEBEN vivir en Israel y no en su país de nacimiento. Eso es racismo y antisemitismo.

– El Pueblo judío, desde siempre, está compuesto por DOS CORRIENTES COMPLEMENTARIAS E INDISOCIABLES, ESPOSAS: parte territorialista y parte universalista: Israel y la Diáspora judía. Indisociables y complementarios, la parte masculina y la parte femenina de una misma identidad.

Completitud del ser realizada - Preciada Azancot 2014

Completitud del ser realizada – ©Preciada Azancot

Los judíos de la Diáspora son los creadores del Humanismo Universalista y remontan a la tradición de Noé y los judíos de Israel son los creadores de su Dignidad y Estatus, de la supervivencia y desarrollo del Pueblo Judío y remontan a la tradición de Abraham. Ambas ramas son esenciales y consustanciales de lo judío. Es Alma y Espíritu, que se sustentan, ambas dos, sobre el orgullo de Ser judío.

– Para todo judío que se precie, su alma se ensancha, está ligada, vibra y ama a los Judíos de la Diáspora QUE ES SU MADRE y para todo judío Diaspórico, su espíritu, sus raíces, su vida y su pasión es Israel QUE ES SU PADRE. Con Israel se siente SER y con la Diáspora se siente Fluir, Pertenecer por siempre y para siempre a la raza humana que tiene como DEBER ELEGIDO Y ASUMIDO, ayudar a Evolucionar.

Ser antisionista es ser anti-judío, antisemita. Y ser “tan sólo sionista” si se es israelí es pensar que los judíos de la Diáspora no hacen lo que deberían, no están cumpliendo, que de algún modo están traicionando a su país, que son sumisos, que son cobardes, que son asimilados. Y eso no es de recibo. Sólo los muy reaccionarios lo piensan. Ser sionista y no hacer Aliá es un sinsentido para un judío no Israelí. ¡Y anda que no es duro y difícil ser Judío auténtico diaspórico! Es una Vocación.

Un no-judío puede ser y debe ser pro-sionista, pero no sionista. No le corresponde decidir dónde un judío quiere vivir, pero desde luego, no le corresponde decidir que un judío no tiene lugar ni hogar en su país. A mí me pone los pelos de punta cuando oigo a un árabe declararse sionista, porque está justificando la manera como trató a sus judíos que fueron obligados a tomar la decisión de emigrar a Israel para no ser perseguidos y humillados. Yo nací y me crié en Marruecos y tomé la decisión de dejar mi país, donde mis antepasados por parte de padre vivían desde el 70 D.C y por parte de madre, desde 1492, porque me hicieron la vida imposible, porque me quitaron puestos que me gané por oposiciones, por ser Judía, porque a mi marido le quitaron su trabajo de altísimo funcionario, únicamente por ser judío. Así que no les tolero declararse sionistas y justificar así su racismo a la vez que decidan dónde y cuándo quiero vivir. Es más, exijo que los terrenos, bienes y puestos confiscados abusivamente, le sean dados a Israel como línea de crédito, para intercambiar con árabes revoltosos o francamente antisemitas en su territorio.

En cuanto a los Europeos, el que se declara anti-sionista manifiesta que un judío no debería existir porque ni tiene patria en Israel, ni en el mismo país que él. O sea, es un Nazi.

Ahora bien, la parte sionista hizo su trabajo y lo hizo maravillosamente gloriosamente. Debíamos empezar por eso, era vital y urgente hacerlo. A los de la Diáspora, nos queda aún TODO por hacer, ya no como individuos, eso siempre lo hicimos, sino como Pueblo. Y lo que debemos hacer es muy simple, muy justo, muy merecido: SOMOS EL PATRIMONIO CULTURAL UNIVERSAL DE LA HUMANIDAD Y DEBEMOS TENER UN HABEAS CORPUS INTEGRAL. Y debemos ser reconocidos y honrados como tales. Y en eso estoy.

Preciada Azancot, Octubre de 2015

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LOS OCHO BENEFICIOS QUE GANARÁ CON LA TEORÍA OMEGA DEL MAT

De la mano de su creadora, Preciada Azancot.

Teoría Omega del MAT - Preciada Azancot

Teoría Omega del MAT – Preciada Azancot

Beneficio 1.- Descubrirá su estructura humana con sus 7 dimensiones, 7 sistemas y 7 motivaciones y no sólo 4 dimensiones como se creía desde los griegos antiguos y hasta el MAT. Viva en plenitud a la Séptima potencia! Sólo 4 dimensiones Out – Las 7 dimensiones In.

Explicación: Descubrirá que NO es cierto que sólo posee 4 dimensiones como se creía desde la Grecia antigua y hasta el MAT y que SÍ ES cierto que son los elementos los que poseen 4 dimensiones, los vegetales 5, los animales 6 y los seres humanos tienen 7 dimensiones especializadas y que cuenta así con 7 sistemas jerarquizados y especializados a su disposición. Con ello, posee universalmente 7 MOTIVACIONES JERARQUIZADAS Y PRESENTES y no 4 opcionales y desordenadas como nos hicieron creer hasta el MAT. De este modo tendrá un derecho natural de satisfacer sus 7 dimensiones a plenitud. Incide en: convertirse en un Dirigente integral en Docentes y en modelo de referencia para los alumnos.

Beneficio 2.- Experimentará que la SEGURIDAD va más allá de la supervivencia, asumiendo sus características diferenciales propias. Multiplique su potencia por 2! Riesgos Out- Seguridad In.

Explicación: Experimentará que la SEGURIDAD, NO es obtener que otros condesciendan en brindarle provisionalmente los medios económicos de supervivencia y que SÍ ES diagnosticar y asumir la competencia, talento y vocación diferenciales propias, de modo a ser buscado y valorado por lo mejor de sí y rodearse de los más favorables, evitando los más tóxicos. Con ello, multiplicará su potencia inicial por 2 y alejará causas de miedo (riesgos). Incide en RRHH, diagnóstico de situaciones y en selección de personal.

Beneficio 3.- Entenderá el DESARROLLO que produce el nutrir y comunicar a lo mejor de cada miembro del grupo. Multiplique su potencia por 3! Pérdidas Out – Sinergias In.

Explicación: Entenderá que el DESARROLLO, NO es la suma de debilidades y de compromisos del grupo y SÍ ES la puesta en común de la más generosa apuesta por alimentar las motivaciones a lo mejor de cada integrante de un grupo, así como un sistema de comunicación que incite a entrenar los talentos y vocaciones propias y ajenas. Así multiplicará por 3 su potencia inicial y alejará causas de tristeza (pérdidas). Incide en: Desarrollo de la Inteligencia y en Comunicación intra y extra empresarial.

Beneficio 4.- Sentirá la JUSTICIA que emana de los valores comunes que garantizan el derecho de crecer desde lo mejor que hay en usted. Multiplique su potencia por 4! Mentiras Out- Justicia In.

Explicación: Sentirá que la JUSTICIA, NO es corporativismo inmovilista y SÍ ES pactar valores culturales comunes que garanticen el crecimiento continuo y sostenido de lo más ejemplar de cada uno, así como un sistema de liderazgo que garantice que cada cual lo base sobre su propio talento diferencial y su vocación de plenitud personal, para el bien de todos. Así multiplicará por 4 su potencia inicial y alejará causas de rabia (mentiras). Incide en: Cultura de empresa y modelo de Liderazgo Integral.

Beneficio 5.- Descubrirá la INNOVACIÓN que surge del ESTATUS, de crecer y hacer crecer a través de sus características diferenciales. Multiplique su potencia por 5!  Competitividad Out – Estatus In.

Explicación: Descubrirá que LA INNOVACIÓN, NO es plagio ni competitividad y SÍ ES Estatus, es decir el arte de crecer y de hacer crecer a través del talento y de la vocación diferencial de cada cual. Y que todos hemos nacido para transformarnos en auténticos pioneros y creadores, construyendo mejor Civilización y concitando la admiración de los más avanzados. Así multiplicará por 5 su potencia inicial y conquistará causas de orgullo (ser mejor). Incide en Innovación y Círculos de Calidad.

Beneficio 6.- Sentirá la PERTENENCIA que nace de la entrega de lo mejor que hay en usted a lo mejor de los demás. Multiplique su potencia por 6!   Debilidades Out – Lo mejor In.

Explicación: Sentirá que la PERTENENCIA, NO es alianza con las debilidades y SÍ ES entrega de lo mejor de sí a los mejor de los demás, conformando una red de solidaridad que consolide generosamente lo más valioso y noble del ser humano y de los grupos que crea. Así multiplicará por 6 su potencia inicial y alcanzará causas de amor (entrega de los mejores). Incide en Lealtad empresarial y Pactos con el entorno.

Beneficio 7.- Sabrá de la PLENITUD que surge de sabiduría de encontrar verdad. Multiplique su potencia por 7!  Conocimiento parcial Out-  Sabiduría holística In.

Explicación: Sabrá que le PLENITUD, NO es trivializar la vida consagrándola a pasatiempos caros y SÍ ES sabiduría de encontrar verdades altas desde las vocaciones diferenciales de cada cual, ofrecer vías estratégicas que expandan la libertad de fluir en paz y establecer puentes generacionales desde los más sabios hacia los más jóvenes. Así multiplicará por 7 su potencia inicial y accederá a causas de alegría. Incide en Planificación Estratégica y Dirección Comercial.

Beneficio 8.- Contribuirá a la Evolución de su entorno por 7 vías diferentes y cumulativas:  Nostalgia Out -Evolución In.

Explicación: Experimentará que la EVOLUCIÓN, NO es nostalgia por “cada ayer que fue mejor” y SÍ ES el más alto privilegio y compromiso del ser humano y de toda la creación. Y se sentirá contribuyente estelar de dicha evolución personal y grupal. Así multiplicará por 8 su potencia inicial. Incide en posicionamiento e Imagen Empresarial.

Experimentará todo lo señalado aquí y se convencerá de todo ello en una PRESENTACIÓN-DEMOSTRACIÓN dirigida por la creadora del MAT, de tan sólo dos horas de duración, en la cual se le revelará su competencia, su talento y su vocación diferenciales. Incide en: organizar la presentación y docencia de la Teoría Omega y ser Pioneros en formación empresarial del Tercer Milenio.

Si desea más información sobre la Teoría Omega del MAT, por favor, haga click aquí.

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 32: LA INCIDENCIA DE LAS TIPOLOGÍAS SOBRE EL MUNDO

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Ya vimos las razones por las cuales todos los seres humanos tenemos una tipología; porque somos mamíferos. Mientras tengamos una tipología, por más conectada, hiperconectada, culminada o consagrada que ésta esté, vamos a tener una visión del mundo y de la vida distorsionada. Si estamos por debajo de la conexión, sentiremos, como el arquetipo que hemos elegido como rector de nuestra vida, una emoción hinchada, una emoción desconectada que se transformará en agresividad contra nuestro propio talento, y una emoción prohibida que se convertirá en fobia contra nuestra propia vocación y contra el sentido de nuestra vida, o al menos, contra el sentido que debemos darle, provisionalmente y con mucho sentido del humor, para salir de nuestra tipología. En el mundo, ya lo vimos también, el 98% de las personas están en esa situación: por debajo de la conexión. Y esas personas piensan, viven, se manifiestan, sueñan, crean organizaciones y obras, elaboran filosofías, ideologías, religiones, interpretan la historia y crean materias que se estudian en las universidades. El ser humano desconectado crea un mundo que confunde con el mundo real. Crea su mundo distorsionado, al cual le intenta encontrar sentido. Sentido al menos para tener ganas de seguir en él; el ser humano crea un mundo para encontrarse a sí mismo y resolver sus contradicciones.

Teoría Omega del MAT - Preciada Azancot

Teoría Omega del MAT – Preciada Azancot

El MAT aporta, como ciencia, básicamente dos cosas: un instrumental para crecer indefinidamente -y encontrar en ese crecimiento cada vez más seguridad, desarrollo, justicia, estatus, pertenencia y plenitud, y, también y sobre todo, más armonía, claridad, corporalidad, metamorfosis, alma y espíritu- y un instrumental para analizar la realidad y transformarla en lo que puede llegar a ser.
El crecimiento es infinito por definición, aunque el narcisismo de los seguidores de los seres más crecidos haya intentado, una y otra vez, transformar esa realidad y ese testimonio y esa potencialidad que todos tenemos, en ideologías y en religiones. Al hacerlo, degradaron la estatura del ser crecido que les hubiera podido servir de guía hasta convertirlo en ídolo capaz de competir con sus ídolos domésticos; y el testimonio de un camino orgánico y natural que debería estimularnos, en dogmas y corsés que impiden alcanzar y superar la talla del mencionado ser crecido. Claro que también están los seres más degradados, los disociados, que configuran el 3% de la población, enloquecidos por el fenómeno psíquico de “posesión” por su arquetipo, y que encuentran, también una y otra vez, seguidores amargados y resentidos dispuestos a sacrificar su vacía y pobre vida por ellos. Lo cual equivale a decir sacrificar la vida propia por el ídolo omnipresente del disociado en cuestión. Pensemos por ejemplo en fenómenos sociales tales como el nazismo, el mesianismo de Sabbatái Tseví, el estalinismo, la inquisición española, o la organización Al Qaeda. Y no hablaremos de los psicópatas que han creado sus aberraciones asesinas, y, a veces, sus organizaciones, y que estudiaremos en otra obra posterior.

El crecimiento es infinito, aunque al final de cada proceso, al menos al inicio del camino, tengamos la impresión de que ya no hay nada más después. Pecamos al comienzo por ingenuidad y nuestro entorno puede entonces perfectamente cogernos desprevenidos y colocar el listón de parada que, si se convierte en norma, puede arrastrar a los peores a fabricar de nuevo una ideología o, peor, una religión. Una religión o una ideología, para el MAT es un listón de parada obligada para los que las siguen. Cualquiera que sea la altura en la cual se coloque el listón.

El crecimiento es infinito y lleva a perder la tipología por completo, y eso no es el final del camino. Es una meta para los mamíferos que somos. Entonces empieza la verdadera aventura, aventura exaltante de vivir la vida de un ser humano normal. Y el camino sigue y sigue sin fin. Eso no es prodigio. Es normalidad, organicidad. Cada uno llega hasta donde quiere y puede llegar, lo que no significa en absoluto que el camino termine allí. Significa que una persona o que un ser humano, con nombre y apellido, llegó hasta allí.
En una obra posterior escribiremos sobre el camino, los caminos. No todo el camino posible, claro está, sino el que ya experimentamos sobre nosotros mismos y sobre las personas que están creciendo, con o sin nosotros, o han crecido antes de nosotros llegar al mundo. Al menos tenemos claro la vía para salir de la tipología, lo que no es poco.

En este capítulo hablaremos del aspecto instrumental para analizar la realidad que el MAT ofrece. Nos referiremos tan solo a una parte pequeña, pero decisiva, de esta realidad: las organizaciones. Y ello por dos razones: porque es lo más urgente y decisivo para empezar a transformar el mundo en lo que puede llegar a ser, y porque estamos en un momento histórico en el cual la persona está en el centro de interés y lo seguirá estando durante un siglo. Y también, claro está, porque es lo más impactante y fácil para una primera aproximación al MAT, objeto de esta obra.

I. LAS TIPOLOGÍAS DE LAS ORGANIZACIONES:
Las organizaciones, llámese éstas pareja, familia, empresa, asociación, estado, grupo de estados o mundo, tienen todas una tipología de personalidad y, eso, por varias razones: las organizaciones son creaciones de personas, están creadas con una finalidad, y esa finalidad tiene varias funciones. Veamos:
La organización, creación humana:
Como seres humanos, tenemos todos en nuestra estructura un Socializador que nos habilita para funcionar en sociedad. Funcionar en sociedad es, a la vez, una necesidad y una habilidad de cada persona. Nuestro Socializador nos permite hacerlo para desarrollar todas las funciones del Rector y del Protector y como necesidad para cultivar nuestra alma y la armonía que garantiza el orden de estar en sintonía con nuestra naturaleza septidimensional. Que esté solo o acompañado, el ser humano funciona para estar en relación. En relación consigo mismo, con los demás y con su Centro. Para cualquiera de esas facultades, la persona necesita una organización. Si hubiéramos nacido para estar aislados y solos, nos podríamos reproducir a solas con nosotros mismos. Aún así, nuestra séptima estructura, el Centro, nos abocaría a una relación con el aire, con las plantas, con los animales y con otros seres como nosotros. Porque conocer al entorno en el cual estamos inmersos, es un instrumento privilegiado para conocernos más y mejor a nosotros mismos.
Como creación de la persona, la organización es un ente que tiene su personalidad, pues está hecha a imagen y semejanza de sus fundadores y de los sucesores de éstos.
Si esto fuera tan sólo así, las organizaciones tendrían una personalidad múltiple: la de sus fundadores. O la de personas con carisma que vengan a liderizar estas organizaciones.
Pero la organización es creación de personas que tienen todas su estructura de personalidad de siete dimensiones y éstas tienen aspiraciones y motivaciones humanas de seguridad, desarrollo, justicia, estatus, pertenencia y plenitud que desean realizar a través de sus creaciones, es decir, en este caso, de las organizaciones que crean.
No todos los fundadores tienen las mismas motivaciones y algunos crearán sus organizaciones con la finalidad de conseguir seguridad, otros desarrollo, otros justicia, otros estatus, otros pertenencia, otros plenitud. O las seis metas. O siete metas si tienen las seis aspiraciones trascendentes. Ya sea por exigencia del fundador de más peso y carisma o ya sea por consenso, los fundadores van a privilegiar una de sus necesidades o motivaciones. Esta se convertirá en la vocación de la organización y, con ello, la organización tendrá una tipología de personalidad cuya competencia estará en la emoción anterior en la secuencia. Por ejemplo, si la vocación es la justicia, la competencia estará en el desarrollo. Y el talento en el estatus, y tendrá una tipología de personalidad Constructora. Su grado de evolución estará evidenciado por su fase tipológica. Al igual que para las personas.
Conocer la tipología de una organización es una tarea igual de fácil que la de conocer la tipología de una persona. En nuestra labor de consultores especializados en diagnósticos de organizaciones y en planificación estratégica de sus procesos de cambio, hemos creado múltiples herramientas que nos permiten diagnosticar certeramente la tipología de personalidad organizacional. Compartiremos en esta obra algunos instrumentos básicos de diagnóstico tipológico organizacional a título casi anecdótico, pues el conocimiento y manejo del instrumental requiere un tiempo y un espacio que desborda el objetivo de esta obra.
Hace treinta años, hablar de personalidad de una organización era visto como una elucubración delirante. Hoy todos los estudiosos, lectores y clientes de consultores que se dedican a diagnósticos de organizaciones ya comparten la certeza de que una organización tiene una personalidad, un sistema de valores que se expresa en su cultura, unos puntos fuertes y débiles estructurales y emocionales, y hasta un alma. Hoy el tema del alma de la organización está de moda. Aún no se admite que la organización, al igual que una persona, tiene también su espíritu. Sin embargo, todos los sociólogos e historiadores han mostrado cómo una organización podía demostrar la calidad de su espíritu, pensemos en un sólo ejemplo, el de la guerra de Vietnam, donde se pudo comprobar, una vez más, que un pequeño pueblo mísero podía derrotar al estado más desarrollado y militarizado del planeta. Vietnam, país Reactivador, se creció con un líder Legislador conectado como Ho Chi Min y derrocó al titán Revelador que es Estados Unidos de América. La historia está plagada de ejemplos similares que nos alertan para que podamos entender la fuerza del espíritu, desde la noche de los tiempos. Ninguna evolución sería posible sin él. pues el ser humano debe tener un atisbo de finalidad, de un para qué hacer las cosas para poder avanzar.
La organización, instrumento de finalidades:
Cuando creamos una organización, lo hacemos con, al menos, una finalidad. Así creamos parejas, familias, empresas, asociaciones, estados, o grupos de estados. Obviamente, no hemos creado el mundo, pero al convertirlo en una organización, le hemos dado también una tipología.
Cuando nos casamos o nos unimos a una pareja estable, decidimos fundar una familia y nace así una organización con su tipología. Algunos de nosotros crea una familia como medio para alcanzar la seguridad, otros el desarrollo, otros la justicia, otros el estatus, otros la pertenencia y otros la plenitud, y por eso no todas las familias tendrán la misma tipología. Existirán familias de cada una de las seis tipologías “normales”, pero también, en mucha menor medida, en ínfimas proporciones, existirán familias de tipologías psicopáticas que no estudiaremos en esta obra.
La gente de la calle no se reúne para decidir qué finalidad básica, ni menos aún trascendente, quiere conseguir al fundar una organización. Dicen que se casan para fundar una familia y tener hijos, que fundan una empresa para ganar dinero, que crean una asociación para fomentar una actividad o una función, que crean un estado para diferenciarse de sus vecinos, que crean una asociación de estados para organizar mejor sus recursos, y todos pelean por construir un mundo donde triunfen las seis motivaciones humanas. Si esto fuera tan sencillo todas las familias serían Reactivadoras, todas las empresas serían Constructoras, todas las naciones serían Reveladoras, todos los grupos de estados serían Legisladores y el mundo sería Fortificador. No es este el caso. Hay una razón que pesa más que la voluntad consciente, al menos en la gente con tipología, es decir en todas. Lo que más pesa es la finalidad inconsciente, pues así el ser humano reproduce la historia de su propia gestación e intenta encontrar una ayuda para autorrealizarse y triunfar sobre su pequeña historia personal y, también y sobre todo, encontrar un sentido y una guía para comprenderse, para conocerse, para evolucionar y trascender. Por ello, la tipología de nuestras organizaciones tiene más peso que las de las personas que las conforman. Nosotros verificamos esa realidad una y otra vez, tanto en nuestra labor docente como en consultoría organizacional.
La función trascendente de las organizaciones:
El aspecto que condiciona con mayor peso la tipología de una organización no será la tipología de personalidad de su fundador, no será la necesidad concreta y explícita de sus creadores (como fabricar pan, por ejemplo), no será su finalidad básica consciente. Será su finalidad última inconsciente. Por ello, la consultoría tradicional se estrella una y otra vez cuando confunde las declaraciones explícitas de los fundadores – véase “misión” de la empresa, valores de la empresa, organización, competencias, fortalezas y debilidades- con la realidad viva de la organización actuante.
Esta afirmación, que parece tan complicada, y que lo podría parecer, convierte la detección de la tipología en materia reservada a grandes analistas de la realidad inconsciente del ser humano, haciendo así retroceder el listón de lo alcanzable, es y demuestra ser lo contrario: conocer la tipología de una organización es tan sencillo como conocer la de una persona, y, además, obedece a las mismas leyes. El ser humano reproduce la historia de su gestación cuando crea organizaciones y toda clase de obras, por lo demás.
En efecto, ya lo vimos, el embrión humano tiene como finalidad ser de su Centro, luego el feto desea tener un Centro, luego pierde el Centro, luego se aferra a los ejes, luego pierde los ejes y luego pierde la secuencia. Y nace con su tipología conectada. Una persona conectada es idéntica a un bebé de un día de nacido, en lo que a potencia de instalación útil se refiere. Considerar la conexión como el final del camino equivale entonces a considerar que todos los humanos hemos nacido para morir con un sólo día de vida. ¿Es esta la verdad?
La creación de una organización tiene como vocación hacernos avanzar en el proceso de conexión, de hiperconexión, de trascendencia o más, que pretendemos en realidad lograr. Y esos sueños son, por lo general, inconscientes. Hay seres que, al fundar su organización, aspiran a conectarse, otros a trascender, otros a avanzar hasta fases mucho más altas, que, como no hemos analizado y ni siquiera mencionado, no consideraremos aquí. Cuando, aun conociendo y manejando el MAT, una persona corriente desea conseguir un objetivo, pongamos por caso la pertenencia, y desea fundar una empresa cuya tipología se aboque con la mayor frecuencia al amor, no va a conseguir tener una organización Reactivadora sino Promotora o Legisladora; en más contadas ocasiones, Reveladora; en excepcionales casos, Constructora. Porque la tipología Promotora representa, para la tipología Reactivadora, la conexión, la Legisladora la trascendencia, la Reveladora una fase aún más remota y elevada, de la cual no hemos hablado, y la Constructora una fase aún más remota.
La razón de ello está en la naturaleza de nuestro Orientador, que tiene como función básica la de elevarse y captar nuestra nutrición espiritual, lo que nos aporta la plenitud y eleva el espíritu, haciéndonos avanzar en el acceso a la verdad. Y nuestro Orientador siempre está buscando una verdad superior a la que, en cada momento, podemos captar concientemente. Se adelanta, por lo menos, una fase más que nuestra realidad histórica. Por ejemplo, un Constructor desconectado, es decir en fase Legisladora, si es un gran miope espiritual, soñará con su preconexión Fortificadora y creará una organización Fortificadora para que ésta lo ayude a realizarse mejor. Sólo los grandes narcisistas crean organizaciones de su propia tipología, pues se consideran el comienzo y la finalidad de todo lo creado o por crear. Los demás, si funcionamos moderadamente bien, crearemos una organización de la tipología que nos conecta, si funcionamos aún mejor, una organización que representa la trascendencia y si somos muy altruistas y espirituales crearemos a nuestra pareja cósmica. Los idealistas puros y duros crearán una organización que se presenta como nuestra disociación pero que en fases muy avanzadas de crecimiento se revelarán como nuestro complemento ideal para formar equipo.
Sentadas estas bases, vamos a continuación, a compartir un instrumental básico para detectar la tipología de las organizaciones.
La tipología de las organizaciones:
Cuando describimos el temperamento de las naciones, solemos decir que los franceses son prepotentes, elegantes, amantes del buen yantar y chovinistas, que los alemanes son trabajadores, organizados y amantes de la cultura aunque cuadriculados, que los españoles son revoltosos, alegres, protestones y creativos, que los ingleses son reservados, intimistas, sobrios y aislacionistas, que los holandeses son humanistas, acogedores y cordiales. Vale decir que vemos con facilidad, no más familiarizarnos con el MAT, que Francia es Legisladora, Alemania Constructora, España Reveladora y Holanda Reactivadora. Y si nos ponemos a analizar a esos países comparando nuestra primera impresión con los detalles del retrato MAT de estas tipologías, ratificaremos esos diagnósticos y hasta lograremos detectar la fase de evolución tipológica en la cual está cada uno de los países antedichos.
Diagnosticar la tipología de un país sigue las mismas pautas que la de diagnosticar la de una persona: Primero hay que detectar qué estructura es la más actuante. En segundo lugar deberemos confirmar que la emoción dominante es la que normalmente energetiza la estructura inflada detectada. No tendremos la ayuda, al menos a primera vista, de confirmar nuestras percepciones, visuales, auditivas, olfativas, gustativas, táctiles y sexuales con un retrato robot, pero si profundizamos mínimamente en la cultura, la cocina, la estética, el paisajismo, la historia, la filosofía y la lingüística o filología de cada país, verificaremos con creces que las percepciones primeras se ven confirmadas y detectaremos la tipología y la fase de evolución nacionales con toda comodidad.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 24: LAS TIPOLOGÍAS DE PERSONALIDAD

Las tipologías MAT, ya lo vimos, se definen por sus ecuaciones funcionales de origen innato. Al desequilibrio innato en cuestión, se le añade la respuesta del entorno, que va a “instalar” a cada persona en su cárcel tipológica. A esa cárcel tipológica la llamamos TIPOLOGÍA DE PERSONALIDAD. Pues, como ya vimos, la personalidad es ya una máscara que oculta el ser y que se fabrica en el útero materno, como quedó ilustrado en el capítulo anterior. Si esa “personalidad” no encuentra la respuesta adecuada en su entorno temprano, y si se le da la respuesta equivocada, se instalará en su tipología.

Tipologías MAT de personalidad por Preciada Azancot

Tipologías MAT de personalidad por Preciada Azancot

La tipología se caracteriza en el MAT por:
– La inflación de la dimensión dominante (140%, de las cuales 100% de emoción auténtica y 40% que reemplaza parte del talento innato). A esa emoción la llamamos emoción inflada tipológica.
– La desconexión del talento innato que se reemplaza por 40% de falsa emoción tipológica inflada y 60% de falsa rabia. A esa emoción la llamamos emoción desconectada tipológica.
– La prohibición de la vocación innata que se reemplaza por 100% de falso miedo y, luego, por 25% de falso miedo y 75% de falsa emoción dominante de la fase en la que nos encontremos. A esa emoción la llamamos emoción prohibida tipológica.
– La ausencia de miedo auténtico y de rabia auténtica en una parte importante, por estar éstas reemplazando la vocación prohibida y el talento desconectado.
Para volver con el ejemplo de nuestro niño, el Constructor, tendrá:
-140% de tristeza, será su emoción inflada tipológica. Esa tristeza constará de un 100% de tristeza auténtica y de un 40% de falsa tristeza que reemplaza orgullo auténtico.
-60% de falsa rabia, que reemplazará el orgullo auténtico, su talento original innato.
-100% de falso miedo, que se convertirá inmediatamente en 25% de falso miedo y un 75% de falsa emoción de la fase tipológica en la cual se encuentre. Ese falso miedo será la expresión inadecuada de su rabia vocacional innata.
Con lo cual nuestro niño Constructor sentirá tristeza en vez de orgullo, rabia en vez de orgullo y miedo en vez de rabia. Eso significará que su Sintetizador estará inflado y contendrá 40% de energía desviada de su Transformador, que su Transformador estará alimentado por un 40% de energía originaria del Sintetizador, la tristeza, y por un 60% de energía destinada innatamente al Vitalizador, y que su Vitalizador estará alimentado por un 25% de energía innata del Rector, el miedo, y por un 75% de energía destinada a la estructura dominante correspondiente a su fase de evolución. Si consultamos la tabla de emociones desviadas y sus vicios correspondientes, nuestro niño Constructor que nació para ser dominantemente serio, inteligente, agudo, desarrollador, genialmente creador, transformador y crecedor y deslumbrantemente justo, vitalista, líder y sano, se convertirá en un ser amputador y carcelero, envidioso, apocado e intimidado a más de lo que le toque en la fase en la que elija situarse.
Aún no hemos explicado el 75% de vocación que se transforma en falsa emoción tipológica de la fase de evolución en la que se encuentre: en efecto, en su prisión tipológica estricta, el Constructor, como cualquier otra tipología, va a sentir un 100% de falso miedo en vez de su vocación prohibida, en este caso, la rabia. Pero estar en su prisión tipológica es muy incómodo y el Constructor examinará las invitaciones y modelajes de su entorno y elegirá buscar salidas, incorporándose visiones del mundo de otras tipologías. Pongamos por ejemplo que un Legislador, que tiene el orgullo inflado, lo incite a imitarlo con la promesa de, así, recuperar su orgullo talentoso original. Entonces nuestro niño incorporará parte de la máscara del Legislador y se convertirá en Constructor en fase Legisladora. Pero no encontrará lo que busca porque su emoción inflada permanecerá igual, su emoción desconectada también -no tendrá orgullo auténtico- y su vocación, la rabia se transformará en 25% de falso miedo y en 75% de falso orgullo. Ese orgullo que tanto buscaba será sólo una máscara que reemplazará parte de su rabia, es decir, que además de lo dicho, será servil. Y estará peor y más apresado que antes.
¿Quiere decir esto que si recibimos a una edad temprana respuestas inadecuadas de nuestro entorno estamos condenados a permanecer presos de nuestra tipología durante el resto de nuestras vidas? No. El MAT muestra las puertas de salida, que, por lo demás, algunas personas han encontrado solas, sin ayuda del MAT pues, ya lo hemos señalado, el 2% de la población (sobre nuestro muestreo de 120.000 casos) está fuera de su cárcel tipológica. Es decir, el 2% de la población tiene su competencia, su talento y su vocación activos y si bien tienen una personalidad, no tiene una cárcel tipológica.
El MAT muestra cómo salir de la prisión sin ayuda terapéutica y engrosar la pequeña élite del 2% de las personas que tienen claros y actuantes su competencia, su talento y su vocación.
El MAT enseña, a partir de ese estado de liberación que llamamos proceso de conexión, a recuperar más potencia a través de una serie de procesos que tendrán como objetivo convertirnos en seres humanos integrales que han trascendido su condición de mamíferos. Esta obra no tratará de los procesos de crecimiento posteriores al proceso de conexión. Éstos serán objeto de una obra posterior. El proceso de conexión nos sitúa en nuestra potencia innata, es decir, nos hace renacer a nuestra vida como un bebé de un día de nacido. Luego nos tocará crecer.
¿Cómo salir entonces de la prisión tipológica? Por un proceso en tres pasos: el proceso de la conexión. Estos pasos deben, obligatoriamente, reandar el camino equivocado y hacerse uno tras otro. Nuestra experiencia de unos 3.000 estudiantes que hemos reorientado hacia su conexión así lo atestigua. La simple lógica y sentido común, también.
El primer paso consiste en recuperar nuestra competencia, redimensionando nuestra emoción inflada y reconduciendo el 40% desviado a su estructura original, la de nuestro talento. En nuestro ejemplo, el Constructor, ya en edad de analizar y de procesar, constatará que su tristeza, en un 40% de los casos, no responde al estímulo adecuado para sentir tristeza, es decir, no corresponde a una pérdida. Entonces, ya alertado y con este instrumento a su disposición, constatará que en esos casos de falsa tristeza la emoción adecuada y auténtica correspondiente al estímulo es el orgullo, su talento original. Aprenderá a sentir tristeza ante las pérdidas, y admiración ante las grandezas propias y ajenas. Pues recordemos que la admiración es la expresión mínima del orgullo auténtico. Una vez que recupere su tristeza perfecta, y tenga un Sintetizador agudo y claro, nuestro Constructor podrá dar el segundo paso. Esta fase del proceso se llama en el MAT fase de preconexión. Para llegar a ella es necesario, imperativamente, que el Constructor tome conciencia de que está preso de un arquetipo, el de Sísifo, y decida recuperar su libertad y soltar sus creencias arquetípicas tipológicas.
El segundo paso será entonces la recuperación de su talento innato. Nuestro Constructor preconectado constatará ,que frente a los estímulos aptos para sentir y expresar orgullo – grandeza, obras creadoras, genialidad propia y ajena, descubrimiento, crecimiento- él siente falsa rabia, es decir hostilidad y envidia. En este estadio es absolutamente necesario que el Constructor recupere la memoria inconsciente de su niñez temprana y caiga en la cuenta de que esa rabia, auténtica, la sentía contra aquella figura parental que lo hostigaba por su talento y lo trataba de loco por tenerlo y expresarlo. Entonces, una vez su rabia focalizada y asumida, podrá recuperar su orgullo y, con él, su talento originario. Esta fase se llama sencillamente segundo paso del proceso de conexión.
El tercer paso será más difícil y lento y requerirá de un salto espiritual, de un grito de liberación que recuestione, al menos como acto consciente, la visión espiritual de una estructura sin Centro fijo y universal. Dios no es justicia, es las seis funciones e infinitud de funciones más que escapan a nuestro entendimiento racional y se pueden intuir desde nuestro Orientador y captar exclusivamente con nuestro Centro. Es una mamiferada el creer que el Centro es sólo una de las seis dimensiones básicas del ser humano. Entonces surge la risa liberadora. Sólo después el Constructor, al igual que cualquier otra tipología, puede “descodificar su miedo fóbico” que, él concientiza entonces, es miedo a un dios carcelero y arquetípico que autoriza la rabia (tradúzcase su vocación, cualquiera que ésta sea) a todos salvo a él. Pero es también el miedo a instalar su rabia en el lugar del Centro y convertirse en algo peor que un preso tipológico, en un psicópata narcisista que se cree dios. Este proceso no requiere actos de fe ni religiosidad alguna. Se puede decidir que dios no existe, siempre y cuando se deje el Centro vacío y se destrone al ídolo que lo ocupaba. Entonces, después de un duro entrenamiento en reconducir la emoción de la vocación a su estructura y devolver el miedo auténtico al Rector, se accede a la conexión. Esta fase se llama, en el MAT, fase de conexión. Entonces la personalidad sale de su cárcel, y se funciona con el 80% de la energía innata original. Se pierde el 20% porque al tener una personalidad vamos a caer inevitablemente en algo de miedo, un 20% en vez de nuestra emoción vocacional.
La conexión nos hace recuperar la estructura desplegada que mostramos en nuestro gráfico, página 122. Ahora viene un segundo proceso que, si se hace dedicándole toda nuestra energía, no dura menos de 24 meses: el proceso de hiperconexión. Se trata aquí de recuperar nuestra secuencia fetal energética. Se parte del primer paso: Vocación a emoción siguiente en la secuencia. En nuestro ejemplo, paso de la rabia al orgullo. Así ya no se necesita hacer marchas atrás y adelante al pasar de la competencia, al talento, y luego a la vocación. Vale decir que la estructura se empieza a integrar por un punto, el primer paso. Cada fase significa algo muy valioso e importante que no vamos a desarrollar en esta obra que sólo trata de la conexión. Tenemos dos obras que tratan del camino de crecimiento hacia la recuperación de toda nuestra talla integral de ser humano.
Al cabo de seis fases, se cierra el proceso de hiperconexión y pasamos a tener una energía del 5.000% de energía innata, es decir de la de un bebé de un día de nacido.
El tercer proceso se llama proceso de trascendencia. Consiste en tan sólo esperar tranquilamente, pues viene sola y se manifiesta, al cabo de un proceso en siete fases, por la primera percepción del Centro a través de una luz blanca que se conserva de manera normal y permanente, sin ilusorios ejercicios de meditación trascendental. Todos los humanos tienen un Centro y éste muestra su primera y más inocente y virginal manifestación. Entonces pasamos a utilizar el 640.000% de energía innata. Y esto no termina aquí.
Esto no es, ni mucho menos, el final del camino de crecimiento. Es sólo el comienzo. Entonces tenemos el equivalente de 13 años como personas. Sólo eso.
No vamos a tratar en esta obra de los procesos siguientes. No vienen a cuento. Pero sí es útil señalar que tenemos un leve vislumbre de la gloria al término del proceso de hiperconexión y un barrunto de lo que puede ser el esplendor en la fase de trascendencia. En esta obra es necesario tener muy claro lo que es la conexión y tener una idea conceptual de lo que significa la hiperconexión. Sólo eso. No podemos dar estadísticas sobre cuantas personas están en la fase de trascendencia. Sobre 120.000 casos estudiados encontramos sólo a tres.
Cada tipología puede estar, en su proceso de conexión, en seis fases comunes de evolución. Hay tres fases más que no vamos a contemplar en esta obra porque corresponden a fases de psicopatía. Estas sólo conciernen a un dos por mil de las personas y las dejaremos para otra obra sobre psicotizaciones y psicopatías. Las seis fases de evolución comunes posibles son:
La fase de conexión: la persona ha recuperado su competencia, su talento y su vocación y tiene sus otras tres dimensiones perfectas. No funciona en secuencia sino de manera plana y no acumula energía. Sí responde a cada estímulo con su emoción auténtica adecuada, y sus seis estructuras funcionan cumplidamente. Tiene el 80% de energía innata y forma parte del 2% de la población
La fase de preconexión: La persona ha recuperado su competencia. No así su talento ni su vocación. Tiene otras emociones y estructuras adecuadas, las que no están en su ecuación personal, ni el miedo ni la rabia que están desviadas. Cuatro tipologías tienen tres emociones auténticas, la de su competencia más las suyas originarias. El Fortificador tiene cuatro emociones auténticas porque el miedo es su competencia y la recuperó. El Legislador conserva sólo dos porque de sus emociones intactas originarias conserva sólo la tristeza, pues el miedo y la rabia están desviadas en su vocación y en su talento. Su otra emoción auténtica será el orgullo, su competencia recuperada. Una persona preconectada tiene el 40% de energía innata y forma parte del 15% de la población.
El Mapa tipológico: es la cárcel de la cual ya hablamos, al estado puro. En esta fase tiene dos emociones auténticas, tres si es Fortificador, una si es Legislador: las que no forman parte de su ecuación personal ( ni son la rabia y el miedo que están desviados para ocupar el sitio del talento y de la vocación) y correspondían a parte de su estructura intacta innata. El 75% de la emoción de su vocación la transforma en más emoción inflada de su competencia. Así se transforma en una caricatura de su dimensión inflada tipológica y vive muy incómodo. En nuestro ejemplo del Constructor, la rabia la remplazará por 25% de miedo y 75% de tristeza, lo que suma un 215% de falsa tristeza en total. Tiene el 30% de energía innata y forma parte del 10% de la población.
La fase de desconexión: Sólo conserva una emoción auténtica, dos si es Fortificador y ninguna si es Legislador. Lo que le pasa es que se equivocó de camino y se instala en una fase que le hace perder una de sus emociones originarias intactas, que, en esa fase, está inflada en la tipología en la que elige instalarse. Con lo cual, en vez de crecer, pierde una emoción intacta. Tiene el 20% de energía innata y forma parte del 55% de la población.
La fase de predisociación: Se sitúa de espaldas a su verdadero ser y a su personalidad. No le queda una sola emoción auténtica, todas son falsas y nutren estructuras inadecuadas. Además invierte uno de sus ejes. Eso es muy grave porque le cierra la puerta de su conexión, es decir de la recuperación de su vocación. Se convierte así en alguien tóxico que luchará por que los demás no accedan a su conexión. Tiene el 3% de energía innata y forma parte del 15% de la población.
La fase de disociación: Es un psicótico socialmente aceptado que, no sólo no tiene una sola emoción auténtica sino que, además, está en la fórmula letal de su eje. Ya sabemos que hay tres fórmulas letales:
– Falso amor más falsa tristeza, que produce el derrumbe del sistema inmunológico tanto físico como psíquico.
– Falso orgullo más falso miedo, que produce rigidez, calambres, rompeduras por osificación, fosilización, petrificación tanto a escala física como psíquica.
– Falsa alegría más falsa rabia, que produce inundaciones, derrames, rupturas de cauces y explosiones tanto a escala física como psíquica.
Además de caer en la fórmula letal que provoca que su estructura se rompa, invierte los dos otros ejes que le quedan. Por eso es muy peligroso, pues no sólo lucha para que los demás no alcancen la conexión, como lo hace un predisociado, sino que se identifica con su arquetipo y se cree la encarnación de ese arquetipo en esta tierra. Por eso está psicótico. Tiene un – 16% de energía innata y forma parte del 3% de la población.

Las seis tipologías de personalidad se dividen en dos tríos: el primer trío se cree indispensable para que la sociedad pueda existir. Son, según la visión que tienen de sus propias “misiones existenciales”, fruto de la exaltación de su competencia, los que, por su dedicación, hacen posible que los humanos vivamos en una sociedad organizada para que triunfe la civilización, la democracia, la abundancia y el bien común. Cuando reconectan sus talentos y sus vocaciones, asumen que su verdadera vocación consiste en defender al ser humano de ser aplastado por la sociedad mimética y organizada para exaltar las prisiones tipológicas. Asumen que su verdadera vocación es la de fortalecer, reactivar al ser humano y revelarle su inalienable libertad. Son los Legisladores, los Promotores y los Constructores.
El segundo trío se define como los que defienden la individualidad de las personas e impiden que la sociedad mecanicista los fagocite. Cuando conectan sus talentos y sus vocaciones, se dan cuenta de que en lo que en verdad son irremplazables es en construir una sociedad feliz, segura, inteligente y en permanente crecimiento. Son los Reveladores, los Reactivadores y los Fortificadores. A todos los describiremos primero en su Mapa tipológico es decir en la fase de prisión tipológica, cuando la emoción de la vocación es sentida y expresada como la de su propia competencia e invade el tercio de la personalidad. En esta fase, que se define como una doble dominante de la emoción dominante tipológica, esa emoción estará inflada y pesará sobre la competencia con un 140% y también se sentirá como remplazando en un 75% la vocación. Su creencia en una misión existencial abrumadora será la nota dominante del esquema. Aunque tan sólo el 10% de las personas de esta tipología están al 100% en su Mapa, pues es difícil vivir con una misión aplastante, es importante mostrar ese Mapa a fondo porque en situación de crisis, de angustia frente al cambio, de autodefinición de la identidad, la persona de esa tipología recaerá inevitablemente en su Mapa. Es decir, en su visión arquetípica del mundo y de sí mismo.

Para mejor describir cada tipología seguiremos un esquema orgánico:
– Empezaremos por describirla en el ámbito de la percepción sensorial. Cuando estemos frente a una tipología, ¿qué vamos a ver, a oír, a tocar, a gustar, a oler, a sentir sexualmente?
– En segundo lugar describiremos su estructura.
– En tercer lugar analizaremos su ingeniería emocional.
– En cuarto lugar visitaremos sus creencias arquetipales y tendremos una idea de su universo espiritual.
– En quinto lugar haremos una descripción de su perfil psicológico.
– En sexto lugar examinaremos sus fases de evolución de mejor a peor. No nos ocuparemos de las fases marginales de psicopatías.

Como los integrantes de las tipologías son idénticos, sean éstos niños, adultos, varones o hembras utilizaremos el género masculino y nos referiremos al adulto. Cuando haya algo en especial que mostrar en niños o mujeres, lo señalaremos. Que se considere, pues, que estamos dirigiéndonos por igual a los tres: hombres, mujeres y niños.

I. TIPOLOGÍA LEGISLADORA: (ver descripción detallada en la próxima entrega -entrega 25-)

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 20: EL ACCESO A LA GLORIA: LA TEORÍA OMEGA EN ACCIÓN

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Partimos del primer nivel de las motivaciones humanas, la necesidad de SEGURIDAD, es decir el Rector, el miedo y el tacto funcionando plenamente. Accederemos así, en primerísimo lugar, al autoconocimiento profundo y al conocimiento instantáneo de los demás. La potencia en hacer diagnósticos permanentes y siempre actualizados sobre nosotros mismos y sobre las demás reposará sobre la alegría de la certeza de la plenitud para la cual todos nacemos y que constituye los cimientos de la pirámide que sostiene y posibilita el despliegue y el logro de dicha seguridad.

Teoría Omega del MAT - Preciada Azancot

Teoría Omega del MAT – Preciada Azancot

Vamos así, de manera perpetua, profundizando y expandiendo nuestro conocimiento de nosotros mismos, en cada momento y lugar, y diagnosticando el estado de seguridad o de riesgo que nos ofrecen los que nos rodean. Así nos protegeremos a nosotros mismos y sabremos rodearnos de los más seguros y defendernos de los más tóxicos. Cuando detectemos una falta de armonía interior, armonía basada en la plenitud natural del orden de lo humano, sabremos inmediatamente dónde está el peligro, si en nosotros, porque alguna estructura se infló o dejó de estar alimentada adecuadamente, o si en el otro, porque sabremos medir lo que ocurre con los mismos parámetros.
Como tendremos el miedo conectado al Rector, y enchufado al tacto y a la piel, seremos geniales en diagnosticar qué niveles de riesgos internos o externos corremos en cada momento, siendo imposible caer en la excesiva defensa recelosa contra lo que nos favorece o en la inconsciencia temeraria que nos pone en peligro. Seremos, así, seguros, respetuosos, rectos, armoniosos y éticos. Percibiremos epidérmicamente qué y quién es seguro y benéfico y qué y quién es peligroso y tóxico.
Además iremos reforzando día a día esa sensibilidad especial y ese conocimiento del ser humano, tanto hacia adentro como hacia afuera. Como tendremos el miedo auténtico alimentando al Rector, éste cumplirá cabalmente sus funciones de diagnosticar, establecer límites necesarios, legislar, defender, localizar y separar lo que viene a incrementar el estado de plenitud de partida y evitar el peligro de perder la armonía y el bienestar. Seremos fuertes y a la vez sensibles y porosos y sabremos que el cambio es vida y que estamos a salvo si nuestro Rector, nuestro miedo y nuestra piel trabajan en equipo. Cuando esto no ocurra, y detectemos o caigamos en el fatalismo, en el derrotismo, en la histeria, en la valentonería, en el masoquismo, en la prepotencia, en el paternalismo, en la debilidad, en la temeridad, sabremos sentir miedo para inmediatamente diagnosticar dónde y en quién se soltó el circuito correcto, sin alarmarnos demasiado, rectificándolo con certera seguridad y aconsejando a los demás sobre su problema de cortacircuito. Todo ello lo haremos en perfecta tranquilidad. Estaremos así seguros de nosotros mismos y de los demás.
Eso, como función normal, básica y accesible a cualquier ser humano. Así accederemos al acceso de la función trascendente de la trinidad Rector, miedo, tacto: la armonía. Definimos la armonía como la belleza del equilibrio, es decir, la rectitud de estar en nuestro lugar y de respetar lugares ajenos sin permitir que se produzcan desequilibrios por inflación o deflación de cualquiera de nuestras estructuras y de cualquiera de nuestros sentidos. Como máxima jerarquía de nuestro Rector, y para instaurar la armonía en nosotros mismos y hacia los demás, seremos sutiles y respetuosos, no invadiendo jamás ni el tiempo ni el espacio ajeno, así como no permitiendo que nos lo hagan a nosotros. Como estaremos cada día más seguros de nosotros mismos y respetuosos de los demás, seremos disuasorios para aquéllos que nos quieran invadir. Suaves y férreos, así seremos de armoniosos y de fiables y de sólidos.
Como ofreceremos ese espacio seguro, sólido y fiable a los demás, podremos acceder con los mejores al segundo nivel de aspiración humana: el desarrollo que permite la tríada Sintetizador, tristeza, oído. Lograr, sobre la base de lo sólido y seguro, desarrollar todas las posibilidades reales disponibles nos hará acceder al conocimiento dinámico de nosotros y de los demás. Dinámico porque en cambio y en desarrollo.
Lo que obtendremos, en cada campo de acción de un Sintetizador alimentado por tristeza auténtica y conectado al oído, es cuantioso, valioso e inaplazable:
Lo primero será saber con certeza gestionar nuestro tiempo, para así desarrollar nuestro espacio interior y exterior. Sabremos evitar dedicar el tiempo a tareas estériles y a dramáticas que nos sitúan en roles de Salvador, Perseguidor o Víctima, en los cuales violamos, castramos o chupamos a los demás, perdiendo así la dignidad y convirtiéndonos, en vez de desarrolladores de lo vivo, en depredadores de alta toxicidad. Así, el Sintetizador que sirve básicamente para evitar pérdidas y buscar soluciones, se convierte en su contrario: algo que va a, no sólo producir, sino a institucionalizar la amputación.
Al elegir entregar nuestro tiempo a lo esencial, sabiendo discriminar, a lo vivo, a lo lozano, a lo que nos puede llevar a la luminosa certeza de ser un constructor de lo más inteligente, accederemos al primer peldaño del desarrollo pleno.
A continuación, sabremos qué partes dañadas existen en nosotros y en los demás, y sabremos dar las caricias correspondientes a cada uno, según sus necesidades reales, para mantenerlos motivados y enteros, evitando así que se siga resquebrajando la autoestima del otro. Sabremos ser los reconstructores de la estructura y de las emociones dañadas de los demás y, también, de las propias. En efecto, si tras el diagnóstico de la fase de seguridad detectamos, por ejemplo, que nuestro interlocutor tiene un grave problema de inseguridad y de falta de orgullo, le diremos: “Yo admiro mucho tu talento, ¡Tú puedes hacerlo! ¡Confío en ti!”. Y lo mantendremos así motivado e ilusionado, dispuesto a desarrollarse y mostrarnos cuánta razón teníamos en haber sabido ver y en utilizar lo que otros, menos sutiles y sensibles, ni ven ni acarician. Y si detectamos alguna inseguridad en nosotros mismos, sabremos darnos y pedir los incentivos que necesitamos para perder la tristeza.
Puestos a comunicar, sabremos, con nuestro análisis del otro y nuestra sensibilidad, utilizar los canales de comunicación del otro, olvidándonos de los mecanicismos egocéntricos que nos hacen creer que si hablamos al otro como querríamos que nos hablaran a nosotros, le estaremos dando lo mejor. Y no, el Sintetizador que funciona bien detecta qué formas recibe el otro de manera más eficaz, poniéndose en sus zapatos, con sensibilidad, poniéndose en la piel del otro.
Y, en fin, un Sintetizador en buen estado encontrará siempre qué nuevas formas y qué nuevos datos utilizar para desarrollar su inteligencia hasta llegar a su función trascendente, la claridad, la omnisciencia. Seremos conocedores de todos los qué de lo disponible en todo tiempo y lugar. En el campo de la gestión del tiempo, sabremos qué hacer y qué evitar para sembrar vida en nosotros y en los demás. En el dominio de la motivación, seremos sabios distribuidores de caricias y permisos potentes y sinceros. En el de la comunicación, seremos casi extraterrestres, porque por lo general nadie se molesta en hablarnos como nosotros nos hablaríamos a nosotros mismos en los mayores momentos de intimidad y en base a un análisis MAT de nuestra personalidad. Y en el campo del desarrollo de nuestra inteligencia, aprenderíamos a erradicar las causas de las pérdidas en vez de limitarnos a reparar una y otra vez lo dañado, con lo cual, cada pérdida se convertiría en aprendizaje para terminar con su causa en vez de los efectos.
Así accederemos a la claridad, que definimos como sabiduría universal hecha de organización perfecta y de ingeniosa combinación y relación entre esos datos que, en vez de sobrecargar nuestra mente, la despejan por completo convirtiéndola en un receptáculo del universo. Es lo que tanto buscan los Budistas con la meditación que permite acceder a la iluminación, y que no es más que la función trascendente del Sintetizador, el cual sabe entrar en estado de relajación profunda que despeja autovías de luz y de conexiones entre todo lo existente. No olvidemos que el Sintetizador archiva, organiza, relaciona y procesa la totalidad de los datos que provienen de nuestras seis estructuras, de nuestros seis sentidos y de nuestras seis emociones, y no sólo los datos lógicos y racionales que provienen de sí mismo.
En esa claridad como hábito y ámbito natural seremos agudos, conocedores de todo el universo propio y ajeno, honestos y eficaces, auténticamente compasivos.
Cuando, en vez de por la tristeza, nuestro Sintetizador esté alimentado por otra de las cinco emociones y seamos o veamos ser impotentes, resentidos y revanchistas, pedantes y usurpadores, masoquistas o nihilistas, tendremos la sabiduría de entender por qué otra emoción estamos alimentando nuestro Sintetizador y remediar de inmediato la causa, eliminando así los efectos.
De este modo, construiremos el permanente desarrollo que ofrece el saber qué hacer en cada momento y estaremos listos para edificar la tercera fase: LA JUSTICIA. Accederemos a la administración de la triada: Vitalizador- rabia- olfato. Seremos capaces de “olernos” cada mentira, cada manipulación, cada injusticia y decir “¡Así no!”. Seremos capaces de ofrecer una cultura y un liderazgo personalizado que posibiliten la expansión completa de la talla humana de todos y cada uno de los integrantes y decir “¡Así sí!”. Para ello, instrumentaremos como sistema de valores en la organización familiar, empresarial, administrativa, nacional y mundial la Teoría Omega como sistema de valores vigentes que posibiliten que cada cual tenga acceso a la secuencia innata emocional y estructural que nació para tener, y acceda, cuanto menos, a la hiperconexión y a la trascendencia. En cuanto al modelo MAT de liderazgo, lo instrumentaremos de tal modo que, cada persona, de cualquier nivel jerárquico en la pirámide organizacional, lo construya de la manera siguiente: en abcisa pondrá la gestión de su propio talento; en ordenada pondrá la gestión de su propia vocación; como resultante podrá medir en cada momento qué tanto de su competencia está logrando. Estos términos y conceptos, que podrían parecer algo oscuros y empíricos ahora, serán explicitados largamente y con profundidad más adelante en este mismo capítulo.
Este sistema cultural y de liderazgo permite obtener un florecimiento sin parejo que instaura el acceso a la gloria como hábitat natural de todos y cada uno de los integrantes de la organización.
Así sabremos formular y responder a todos los cómo de las cosas: cómo tratar a las personas y cómo tratarnos a nosotros mismos, cómo hacer que florezca todo el potencial de cada cual, cómo reconocer la unicidad y excelencia con alegría y sorpresa encantadas, cómo hacer que seamos cada día mejores, más justos y vitales. Así descubrimos, como algo natural e innato, que la rabia es la otra punta de la viga maestra que se corresponde al otro extremo con la alegría, como ya lo hemos analizado con anterioridad. Si está la justicia plena, florecerá con la mayor brevedad la alegría auténtica para todos, no como un favor sino como un derecho natural de cada ser vivo en el planeta.
Así accederemos a la corporalidad como función trascendente del Vitalizador. Definimos en el MAT la corporalidad como materialización de lo sagrado. En efecto, es interesante recalcar que las demás definiciones de armonía, claridad, metamorfosis, alma y espíritu, funciones trascendentes de nuestras cinco estructuras, no incluyen palabras que podrían remitir o sonar a sacralidades entendidas como religiosidades. Y es precisamente el cuerpo, que en todas las religiones es visto como el peso, lo que nos impide acceder y ser alma y espíritu, la cáscara de la cual nos liberamos al morir, el enemigo que debemos privar y castigar y flagelar, es precisamente el cuerpo a lo que nosotros venimos a conferir sacralidad. Y lo vamos a explicar inmediatamente: Las cinco funciones trascendentes nos elevan y permiten acceder a lo sagrado. Las cinco, y por igual, si es que existen otras vidas más allá de la muerte, se van con nosotros al mundo por venir. Las seis nos hacen acceder a la trascendencia, es decir a la elevación espiritual en este mundo, en el aquí y ahora. Lo que pasa es que, para las cinco restantes, se puede entender fácilmente que tengan dimensiones sagradas. Para el cuerpo no. A menos de caer en cultos de desenfreno dionisíacos y mitológicos, en orgías y profanaciones. Nada más lejos de nuestro enfoque de la corporalidad. Nosotros simplemente constatamos la función trascendente de cada una de nuestras estructuras y explicamos la sacralidad de la corporalidad de la manera, muy sencilla, como todas nuestras demostraciones, siguiente: Einstein, y muchos de sus seguidores y continuadores, han demostrado que la materia no existe como tal, que es un sistema de condensación y de ensamblaje de energía y sólo eso. Y el hecho es que esa condensación y ensamblaje no se hace al azar, sino por razones operativas y científicas que terminan por tomar una forma, un cuerpo, una densidad, una apariencia que sufre, padece, disfruta y goza. Así pasa con toda la naturaleza: con las flores y con las nubes, con la lluvia y con los árboles, con las piedras y con las animales, con los seres humanos, por supuesto, también. Entonces, ¿quién es el miope que podría creer que ese espacio que somos y ocupamos durante un tiempo de vida no lleva en sí, en caso de resurrección en otras vidas, la sustancia y el principio innato para convertirse en otro tipo de cuerpo o en su mismo cuerpo? ¿Acaso el reino del más allá, si es que existe, va ser un mundo de dilución y de fantasmas sin sustancia, o, por lo contrario, un mundo de maestros, de ángeles, de reyes, de seres con identidad y corporalidad? Pero aquí no nos ocuparemos de respuestas tontas que sólo traducen y evidencian un nivel de crecimiento determinado en la infinita sucesión de procesos y de fases de crecimiento integral, luego, también, espiritual. Discutir por esas cosas demuestra sólo una: que la persona que pelea no está en el camino de su propio crecimiento y que, si lo está, está a un nivel muy bajo. Se parta de la convicción de que existe o no otra u otras vidas, no podemos por menos que constatar que, en esta, que nos ocupa, venimos con un cuerpo y toda la creación viene de la misma manera corporalizada en seres que son individuos y elementos, diferentes y únicos, y que ese cuerpo nos va a proporcionar, si sabemos manejarlo como se debe, placer y vitalidad y, también experiencias trascendentes sobre el misterio y finalidad de nuestra vida a través de nuestras sensaciones y emociones.
Y ¿qué experiencia de lo trascendente puede darse sin sensaciones y sin emociones, sin ninguna intervención de esos doce prodigios de los cuales estamos dotados?
Si accedemos a la gestión vitalista de nuestra triada Vitalizador- rabia- olfato seremos justos y ecuánimes, seremos vitales y sanos, seremos prodigiosamente iconoclastas -es decir derrumbadores de ídolos, porque todo ídolo es un engaño y una mentira-; seremos auténticos, seremos espontáneos. Y así podremos cumplir a la perfección todas las funciones del Vitalizador, es decir: percibir y sentir, repartir y asignar, reaccionar y diluir, denunciar y atacar, disolver y vitalizar, sanear, erradicar y movilizar. Para ello, reaccionaremos con rabia cuando toque hacerlo de manera auténtica y operativa.
Cuando caigamos o veamos caer en la rabia falsa o en emociones falsas sustitutivas de la rabia, es decir en el apocamiento, en la intimidación, en el sentimiento de culpa, en el servilismo, en la ingenuidad, en el síndrome de Estocolmo, en la idolatría y en el fanatismo, sabremos, con certera y veloz eficacia, descodificar la emoción sustitutiva y volverla a reconducir con energía, recuperando al Vitalizador sano e innato.
Así alcanzaremos no sólo el control y disfrute del cuerpo sino la corporalidad, máxima expresión y dimensión del Vitalizador que llega hasta su trascendencia.
Como habremos construido este tercer nivel de gloria, podremos tener las bases para pasar a la cuarta fase: la gestión de la triada Transformador-orgullo-gusto.
Porque el ESTATUS reposa sobre la justicia, la cual reposa sobre el desarrollo, el cual reposa sobre la seguridad, la cual reposa sobre los cimientos de la plenitud (alegría), podremos acceder, de manera orgánica, orquestada y natural, a ocuparnos de que cada cual sea sí mismo, de que crezca, y de que se convierta, no sólo en un creador, sino en un genio, y, todo ello sin suscitar envidia, sino admiración, valoración y consagración. Porque todos nacimos para ser genios. Porque todos tenemos, al menos los seres humanos, un Transformador, el orgullo como energía natural y el sentido del gusto.
Lo que obtendremos en cada campo de acción de nuestra tríada es integridad, crecimiento, obras creadoras geniales y estatus auténtico de cada ser autónomo.
Integridad: cada ser reposará sobre un único objetivo, ser sí mismo, lo que nació para ser. Cada uno semejante a todos en la instalación e ingeniería de base, y cada ser, único, insustituible y en permanente transformación.
Crecimiento: en un disparadero así, no sólo el crecimiento es infinito, sino que sobre todo y además, alcanza categorías y esencias de eternidad ya que cada ser humano tiene en sí, desde que el primer humano pisó o surgió sobre esta tierra, los mismos medios para llegar a los mismos fines, alcanzar la perfección en una perpetua transformación y metamorfosis. Es más, en esa estructura, llevada a su máxima expresión, es donde se fusionan infinitud y eternidad. Y esa fusión es la esencia de la metamorfosis.
Creación genial: la triada en cuestión es la que posibilita el realizarse como genio. Para ello, la condición necesaria y a veces suficiente es la de funcionar en la secuencia. La condición suficiente es que el orgullo sea ahora la base del amor y éste lo sea de la alegría. Si, además, todas nuestras emociones funcionan en los tres ejes al servicio del Centro, nuestra talla trascenderá la del genio, pues, además de serlo, como condición básica, seremos transformadores y abridores de caminos para toda la humanidad en la infinitud y en la eternidad: es decir, universales.
Porque todo lo anterior se actualiza, sabremos formular todos los por qué y porque de la creación, y responder a ellos. Sabremos que todo es causal y nada casual.
Y porque ello ocurre, alcanzaremos la función trascendente de nuestra triada, la metamorfosis. La definición MAT de la metamorfosis es la potencia libertadora. Así, la mariposa que está contenida en el gusano se liberta de su cáscara anterior y pasa a actualizarse, convirtiéndose más en sí misma. Y nosotros, los humanos, nos liberamos de nuestra condición de mamíferos para convertirnos, primero en gente buena, luego en personas, luego en seres humanos, luego en seres humanos que trascienden su condición de mamíferos. Eso es todo. No hay más recorrido posible. Un ser humano, a nuestro conocimiento, ha logrado la última fase y etapa de nuestro recorrido existencial: trascender, como ser humano, su condición de mamífero. Este es el objetivo último del MAT. Con que otro de nosotros lo logre algún día y nos cuente cómo lo hizo, todos podremos lograrlo, si la versión de los dos coincide. Y eso es, además de posible, inevitable. Entonces, y entonces nada más, seremos seres humanos y podremos estar orgullosos de ello, y podremos dar cuenta de la utilidad y finalidad de la única estructura que nos diferencia de los animales, nuestros maestros, por ahora, al menos los que viven en estado salvaje.
Por lo demás, la única estructura que nos posibilita trascender es nuestro Transformador. Es la única que nos permite alcanzar la armonía, la claridad, la corporalidad, la metamorfosis, el alma y el espíritu de manera consciente y testimonial al dejar huella creadora de nuestros descubrimientos y plasmarlos en invenciones, como lo son los conceptos, el idioma, la obra de arte y tantísimas formas más de manifestarse el Transformador y el orgullo conectado al gusto. La meta última sería lograr captar y plasmar LA ESENCIA DEL SER DE LAS COSAS Y DE LOS FENÓMENOS.
Porque estaremos en permanente y perpetua creación de nosotros mismos, que se plasmará en nuestras obras, podremos cumplir y trascender las funciones de nuestro Transformador: elegir, determinar, reconocer lo válido, descubrir, afirmar, probar, buscar lo que aún no existe, acceder, declarar, crecer, representar, decidir, imaginar, evolucionar, crear, pronunciar y pronunciarse, transformar, consagrar.
Además, nuestro gusto será cada vez más refinado, lo que nos permitirá seleccionar lo mejor para darle esa joya que es nuestro amor y abrirle nuestra alma.
Sobre la base de lo certero de nuestra potencia en detectar lo más válido y valioso, accederemos sin perdernos a la PERTENENCIA, es decir a la tríada Protector-amor- vista. Esta tríada es la única que nos puede aupar hasta la PERTENENCIA, porque el amor surge de la admiración, que es su única base posible. Y si admiramos lo que nos puede destrozar en vez de ayudar a ser cada día más nosotros mismos, caeremos en “los amores que matan”, entregándonos a los peores y rehuyendo a los mejores para no tener que comparar (orgullo) y que sufrir (tristeza), con lo cual dejamos de analizar y de pensar y también de crecer y de libertar a los demás. Viviremos en la nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue, por ejemplo mi mamá o mi primera novia no me amó, entonces voy a seleccionar a alguien parecido para casarme, con la esperanza de que ahora sí tendré respuesta a mi necesidad de ser amado. Entonces hipotecamos nuestro Protector y se lo dejamos de manera vitalicia a alguien del mismo perfil que no nos amó porque, sencillamente, no hay amor en ese tipo de personas. Y cuando veamos a alguien en la que sí lo hay, saldremos corriendo como alma que lleva el diablo con tal de no recuestionar a esa persona “sacralizada” que no tenía la talla mínima para ser gente. Ni, mucho menos, persona. Y a quien seguimos entregándole nuestra alma, pudriéndonos en ese proceso.
Por el contrario, en el sendero de la gloria, y basando nuestro amor y nuestro sentido de pertenencia en lo que se lo merece por derecho propio, porque es mejor, más valioso, más auténtico, más admirable, es decir en el orgullo, vamos a elegir entregarnos y formar parte del sentido de pertenencia de los mejores, los que más tienen derecho a acceder a esa emoción privilegiada que es nuestro amor. Por los demás podremos sentir miedo, si son tóxicos, tristeza y compasión si no hay amor en ellos, rabia si pretenden encadenarnos a ellos para ponernos a su servicio o al servicio de valores e intereses degradantes. Sólo a partir del orgullo, es decir de la valoración y de la admiración, podemos seleccionar a quién amar y a quién no. Entonces abriremos nuestro amor, es decir un espacio seguro donde cada cual pueda ser sí mismo, es decir, lo que nació para ser. Un espacio donde conservar y hacer crecer facultades propias y donde recuperar facultades perdidas. Eso es amor. Y eso es lo que debemos dar y pedir cuando decimos o nos dicen “te quiero”. Y entonces debemos guardar el alma cerrada y protegida por nuestro Protector, hasta comprobar, con las cinco otras estructuras y emociones, si ese espacio que nos abren es condicional o incondicional en lo que a nuestras más altas virtudes y méritos se refiere. Obviamente, no podemos exigir, ni siquiera pedir, ese espacio incondicional para nuestros vicios y defectos, es decir para las emociones falsas que vimos en el cuadro correspondiente anterior, sino, por lo contrario, tener miedo auténtico a contaminar el alma ajena con lo podrido en nosotros. Entonces sí que podemos esperar del otro ese espacio sagrado para lo que merece orgullo objetivo en cualquier persona que funcione bien. “Te amo porque te valoro y ámame en lo que puedas y debas valorar” sería lo mínimo exigible. Podría chocar el termino exigencia y el término amor en sociedades contaminadas por una visión distorsionada de Jesús, quien se atrevió a decir a su propia madre “mujer, ¿qué tengo que ver contigo?” cuando ésta le vino a exigir que abandonara su grandeza y a sus discípulos para volver con su “verdadera familia”, es decir, con ella y con sus hermanos. Parece que ninguna iglesia que se atreve a hablar en su nombre recuerde la enseñanza más básica que ese gran Maestro de la humanidad dio frente a todos los testigos. Todos recordamos el Sermón de la montaña. Pero si no entendemos la base, ¿cómo entender la función trascendente del amor: el alma que se despliega en amor universal que se manifiesta en el sermón de la montaña? ¿O es acaso el despliegue de un alma contaminada que mezcla indiscriminadamente lo podrido y lo sano, y por ende contaminante, lo que se puede llamar alma y lo que puede ser la fuente de nuestra facultad de hacer milagros? ¿El milagro alcanzable de sanar y el milagro milagroso de acceder al ESPLENDOR que está en nosotros y para nosotros, todos nosotros?
Nos referimos a nuestro derecho a exigirnos, cuando decimos “te quiero”, dar realmente ese espacio y a exigir a quien nos lo dice que lo entregue. La admiración del orgullo no lleva al compromiso con la persona crecida, con el creador. Al amor, sí.
Eso no significa poder exigir, ni nos da derecho alguno a exigir amor por la simple razón de ser más grandes, es decir, más crecidos que los demás. Podemos exigir valoración y respeto cuando el otro entiende, y declara valorar esa diferencia, Cuando lo dice desde su tristeza (entender), desde su rabia (sentido de la justicia) y desde su orgullo (admirar y declararlo). Entonces, cuando esa persona nos exija renunciar a nuestra potencia adquirida por mérito propio y cortarnos la cabeza que sobresale de su medianía para él no caer en la tristeza de entenderse y en el orgullo de decirse “esto es admirable y si lo admiro y amo a esa persona me dará el espacio que me permita ser lo que soy”, allí sí que podemos exigir respeto primero (miedo) y valoración después (orgullo). Jamás debemos exigir amor en esas circunstancias. Podemos esperar amor si decidimos compartir ese talento con los demás. No podemos amar a Mozart si nunca hemos leído ni escuchado una partitura suya, amarlo por su genialidad, se entiende. Pero no basta admirar a Mozart como a un genio y, tal vez, nosotros sí lo valoramos así, el mayor de los genios de la música y, muy especialmente de la alegría trascendente. Si lo reconocemos como tal deberemos hacer dos cosas más para prepararnos para amarlo y conceptualizar ese amor en nosotros:
Debemos, ante todo, llegar a la máxima expresión de la función básica del orgullo: CONSAGRARLO EN NOSOTROS MISMOS. Así le conferimos el lugar que se merece en nuestra escala de valoraciones, la cual reposa sobre nuestra escala de valores (rabia-justicia).
Debemos, en segundo lugar, permitir, y eso ya es abrir la puerta de prueba para el amor, que su principio de metamorfosis se marque un garrotín con el nuestro, es decir baile con el nuestro para experimentar si eso nos eleva y nos hace trascender o nos degrada y rebaja. Si nos eleva, entonces, y sólo entonces, se abrirá la puerta del amor.
Pero ante todo, hay que aclarar un punto relacionado con el amor. ¿Por qué afirmamos que un bebé recién nacido merece nuestro amor absoluto, universal e incondicional más que cualquier genio? ¿Porque está indefenso (miedo) y nos necesita (tristeza) para vivir? No, porque eso no sería amor: lo debemos amar más que a nosotros mismos y más que a nadie porque ES PERFECTO. Y lo perfecto es orgullo máximo. Mientras que un genio, por más grande que sea, es una persona que se supo mantener perfecto en su Transformador y en su orgullo y nos da testimonio de lo posible. Lo cual no es poco. Y se merece nuestro amor. A nosotros nos tocará elegir dárselo o no. Y que sea por buenas razones y no por mezquindad o envidia.
Cuando decidimos valorar algo en alguien y, basándose en ello decidimos amarlo, es recomendable primero abrir nuestro Transformador trascendente, nuestra metamorfosis y danzar con eso que decimos valorar para ver si nos eleva o nos degrada. Porque así abrimos, de manera segura para nosotros, ese espacio seguro para el otro. Y en ese espacio surgirá nuestro amor trascendente, el alma que se purificará en vez de profanarse y contaminarse con la fusión con el alma del otro. Eso es amor pleno.
Pero antes del amor pleno, hablemos un poco de la función básica de la tríada Protector-amor-vista: la PERTENENCIA. ¿Qué significa pertenecer? Significa gestionar el momento, el cuándo, ser parte de algo o de alguien. Sólo eso. Por ejemplo, podemos decir que somos miembros de nuestra pareja, de nuestra familia, de nuestro país, del mundo, de nuestro círculo de amigos, del club de amigos del Museo del Prado, etc. ¿Cuándo y por cuándo? Esa es la palabra clave. Hay países que, cuando optamos por pedirles la nacionalidad, nos obligan a elegir entre nuestro país de origen y él. Hay otros países que nos reconocen su nacionalidad hasta el momento en que adquirimos otra. Lo ven como una traición y nos obligan a elegir. Si estamos casados y nos enamoramos de otra persona con quien queremos establecer un lazo oficial de pertenencia, el matrimonio, estamos, por lo general, obligados a elegir divorciarnos primero y casarnos después. Eso es el cuándo. Y entonces declararemos que estuvimos en el mismo sistema de pertenencia con nuestra primera pareja de tal fecha a tal otra y con la segunda después. Eso es el cuándo de la pertenencia. Si funcionamos bien perteneceremos a nuestra familia de origen hasta fundar la nuestra propia, que pasará, en nuestro sistema de pertenencia, a ocupar un puesto dominante. Cuando nuestros hijos se casen, los ayudaremos, sin culpas ni conflictos y sí con justicia, orgullo y amor, a crear su familia, que pasará a ser más importante que la nuestra. Eso si hay amor auténtico, si hay Protector de verdad y si tenemos vista.
Cuando funcionamos mal en nuestro sistema de pertenencia, somos rígidos e idolátricos en vez de libres, crecidos y amorosos. El “deber ser” remplazará el “ser”. Es lo que llamamos el “como si”. Nuestro sistema será como una pirámide rígida e inmóvil donde los padres ocuparán el primer lugar para siempre, la pareja y los hijos el segundo, la patria el tercero, los amigos de siempre el cuarto, los valores que elegimos el quinto, y así hasta que, cuando llega algo o alguien que merece todo nuestro amor se encuentra con un cartel que reza “no hay cupo disponible”. Y, poco importa si nuestro padre es un cielo y nuestra madre una víbora, poco importa si uno de nuestros hijos es un asesino en serie y si un amigo de infancia nos traicionó, poco importa si nuestra patria nos obliga a ser nazi, y si el colegio de abogados se decanta por la intriga y el corporativismo más ramplón. Estamos obligados a amarlos por igual e incondicionalmente. Es así como es porque debe ser así, y punto.
Un sistema de pertenencia que funciona adecuadamente, está siempre disponible para lo mejor. Eso, como primera característica. Y, en segundo lugar, elige el cuándo en cada minuto. Así, a nuestro hijo que adoramos, lo estaremos amando siempre pero no sentiremos ese amor cuando no esté siendo auténtico, justo, veraz, sincero, etc. Sentiremos otra cosa en ese cuando, en ese momento: miedo, tristeza, rabia o lo que venga a cuento. Ni vamos a dejar de amarlo para siempre cuando esté fuera de sí, ni lo vamos a estar amando cuando no venga al caso, porque si no, no lo podríamos ayudar ni hacer crecer. Seríamos su pasto, no su madre ni su padre. Y, cuando estemos en el mundo nuevo, estaremos siempre disponibles para amar lo que se lo merezca. Con orgullo y alegría en vez de culpa y vergüenza. Eso no nos convierte en inestables y promiscuos. Al revés. Lo que nos convierte en inmaduros, inestables y promiscuos es la culpa que la rigidez de una pirámide osificada nos obliga a hacer cada vez que queremos ser y estar siendo.
Cuando nuestro sistema de pertenencia está vivo y es auténtico, es como el mar, como un océano que tiene mareas y olas que sitúan en cada momento a cada cual donde le corresponde: sentiremos tristeza por nuestro gran amor que se está perdiendo la gloria de vivir en sí en un momento y amor por nuestro mayor enemigo que dejó aflorar algo maravilloso que le vemos compartir con alguien. El sistema de pertenencia es, en definitiva, el gestionador del cuando amar qué o a quien y por cuanto tiempo. Por eso hay amores inmortales cuando son auténticos: porque el cuándo se sitúa en toda la eternidad más un día. El amor auténtico es un cuando que se elige siempre y para siempre mientras el objeto de nuestro amor sea cada vez más él mismo. El resto es cárcel, con muros y rejas pintados de naranja.
Y ahora que vimos la función básica de la triada del amor, la pertenencia, veamos su función trascendente: la de regir el alma, definida como el anhelo de la entrega. Pongamos un caso extremo que nos puede ayudar a entender mejor el Sermón de la montaña: Pongamos por caso que estamos observando y mirando con total atención al ser humano que, en nuestro criterio, es el más despreciable, el que menos merece nuestro amor auténtico explicado como ya lo acabamos de hacer. Imaginemos a un asesino en serie que mató a nuestro hijo. Imaginemos que nos ponemos a observarlo tras un cristal de esos que tiene la policía, uno que a él le parecerá un espejo. Imaginemos que tenemos un aparato que nos permite escuchar lo que dice. Estamos escuchando cómo cuenta con deleite cómo asesinó y descuartizó a nuestro hijo. Y sentimos horror, congoja y furia. Imaginemos que el policía sale y que entra el perro o el hijo preferido de esa persona. Imaginemos que desde nuestro Transformador que funciona a la perfección captamos grandeza y entrega (amor real) durante cinco minutos, en lo que ese asesino está haciendo con su perro o con su hijo. Imaginemos que nosotros somos genios realizados en eso grande que EXISTE y está siendo ante nuestros ojos y oídos. En ese preciso momento, vamos a sentir orgullo de esa execrable criatura y amor por ella. Así, el cuándo trascenderá nuestra pequeña historia personal. Imaginemos ahora un ejemplo más común y familiar. Imaginemos que nuestro gran amor y esposa se enamora de otro hombre. Para nosotros esa mujer sigue siendo nuestro gran amor. Para ella ya no lo somos. Imaginemos la escena de su encuentro con su nuevo amor y nosotros como observador detrás del cristal sonoro. Con el corazón destrozado vamos a poder evaluar la situación. Pongamos que descubrimos que nuestra esposa eligió a alguien que la ama de verdad y que además se merece más su amor que nosotros, por sus grandezas. Entonces vamos a sentir amor por ese rival y felicidad por nuestra esposa. y paz. Vamos a estar menos tristes, porque lo que nosotros hemos perdido, ella, a la que amamos, lo ganó. Y la empujaremos con nuestra bendición en brazos del que ya dejó de ser un rival y se convierte en nuestro maestro. Y seremos amigos entrañables de los dos. Eso es acceder al alma y. Con ella, AL AMOR UNIVERSAL. Cuando eso ocurre crecemos y pasamos a ser humanos de verdad. Cuando eso ocurre, siempre vamos a encontrar algo que admirar y amar en cualquier ser, por más deteriorado que parezca. Cuando eso ocurre vamos a saber, y eso es alegría, que ese ser, en algún momento (el cuándo de la eternidad) y en algún lugar (el dónde de la infinitud) va a ser lo que nació para ser. Es decir amable, y lo vamos a amar por lo ¡BUENO! que tiene y tendrá. Desearemos que ese momento llegue cuanto antes para él. A eso se le llama rezar. Y quedaremos en paz. Es decir, accederemos a la tríada Orientador- alegría- sexo.
Al acceder a esta última tríada, vamos a lograr la gloria de la PLENITUD COMO FUNCIÓN BÁSICA, Y EL ESPÍRITU COMO FUNCIÓN TRASCENDENTE. El acceso a la alegría por el camino que la precedió y posibilitó en este proceso secuencial podrá afincarse y consolidarse en una explosión de alegría certera y serena. Nos vamos a sentir vivos y en comunión con todo lo vivo. La gratitud por estarlo (amor) nos llevará a la libertad (alegría) y, con ella, a la elevación que surgirá como un canto de aleluya hacia todo el universo y hacia lo que damos en llamar Dios, o inteligencia universal, u orden natural. Poco importa el nombre que le demos. Lo esencial es sentir que toda esa maravilla tiene un propósito y es un regalo. Un regalo para cada ser vivo, para cada mineral, para cada planta, para cada estrella. Entonces surge la exaltación de la fisión con el universo y la certeza de encontrar una primera verdad: estamos en este mundo para sentirnos felices y plenos. A esa certeza de encontrar respuestas y verdades, la llamamos en el MAT, espíritu.
Entonces nos sentiremos cercanos a los grandes reveladores y profetas que accedieron a encontrar respuestas para saciar la paz espiritual y la plenitud de los seres humanos:
Pensaremos en Jesús que presentó un Dios de amor que nos lleva a la alegría de la resurrección y nos transforma en ave fénix.
Pensaremos en Mahoma que nos trajo un Dios de alegría que nos lleva a la seguridad y a la armonía.
Pensaremos en Buda que nos trajo un Dios de armonía y nos lleva a la claridad mental y a la omnisciencia.
Pensaremos en Zoroastro que nos trajo un Dios de inteligencia y de organización que nos lleva a la justicia.
Pensaremos en Mani que nos trajo un Dios de justicia que nos lleva a la creación y a la metamorfosis.
Pensaremos en Moisés que nos trajo un Dios de dignidad y de creación que nos lleva al amor universal.

Entonces tal vez entendamos dos cosas: que esa liberación del espíritu puede y debe venir de todas y cada una de nuestras estructuras, de nuestras emociones y de nuestros sentidos; y que Dios, si existe, puede ser percibido por todas esas seis dimensiones nuestras, pero que el error fue crearlo a nuestra imagen y semejanza y no situarnos como creaciones de él, hechas a imagen y semejanza de seis de sus infinitas dimensiones. Y, que, por lo tanto, nuestra vida no termina aquí, sino que empieza aquí, porque luego, después de nuestra muerte, no solamente nos llevaremos esas seis funciones y energías inmortales, sino que adquiriremos otras más para ser, esta vez, no sólo humanos y mamíferos, sino seres más evolucionados y completos. Entonces nos daremos cuenta de que este mismo discurso es válido para cualquiera de nosotros. Un agnóstico lo llamará la evolución, que, al igual que nos permitió pasar de mono de cinco dimensiones a persona de seis, llegará a siete y a ocho y así hasta el final. Un ateo sentirá paz y simpatía y admiración por la grandeza del ser humano, que no necesita ninguna intervención mágica y misteriosa, inexplicable para su inteligencia, para ser en plenitud. Un religioso de cualquiera de las religiones de los fundadores mencionados sentirá afinidad y amor y alegría, con la certeza de que, en cada lugar, hay personas a la vez como él y diferentes que siguen las enseñanzas de esos grandes maestros de la humanidad. Y que todo va bien en el mejor de los mundos cuando nos orientamos hacia la finalidad y la espiritualidad de los seres vivos, todos.
Así surgirá el talante visionario que nos convertirá en estrategas capaces de captar la totalidad del entorno en cambio permanente pero no imprevisible. Y sólo con el Orientador y la alegría lo podemos captar. Así veremos con total claridad las tendencias del futuro y, a medida que vayamos comprobando nuestros aciertos, nos daremos cuenta de la mina de oro que todos tenemos sin explotar y que es la tríada Orientador-alegría-sexo. Como ejemplo de esta potencia instalada, remitiremos al lector al último capítulo de este libro.
Encontraremos respuestas a todos los para qué de la existencia, comenzando por las más sencillas y accediendo a las más ocultas. ¿Para qué estamos en esta vida? Nuestra respuesta, la del MAT, es para cambiar de gente a persona y de persona a ser humano mamífero, y de ser humano mamífero a ser humano no mamífero, es decir, plenamente libre, feliz y realizado en la gloria y en el esplendor. Eso es lo que podemos responder. Por ahora.
¿Para qué existe el inconsciente? Para, al menos, dos cosas: para conservar verdades y respuestas que no hemos sido capaces de admitir sin volvernos locos en su día y que permanecen allí, a nuestra disposición, para que las encontremos a medida que crecemos. Y para servirnos de brújula infalible con que orientarnos en el conocimiento de nosotros mismos y del universo.
Pero esa es una ilustración de respuestas de finalidad. Cada uno aportará las suyas. Todos tenemos, al menos, una pregunta existencial a la cual queremos responder. La nuestra fue, a los tres años de edad, ¿Para qué el mundo y la gente están al revés? Y la respuesta fue el MAT, que surgió de nuestro Orientador 33 años después. Cada persona tiene su pregunta y su Orientador la conserva y se la envía cada día, cada día. A eso lo llamamos vocación.
Así accederemos a la luz dorada del espíritu sereno e infatigable, veloz y certero, que alza su vuelo vertical hacia los cielos y trae respuestas a nuestra mente consciente. Con ello, no sólo nos elevamos y trascendemos, sino que cambiamos. Los valores a los que accedemos entonces son la fe, el optimismo, la certeza y el tesón, mucho tesón, indesmayable, sin ninguna presión sobre nosotros ni sobre los demás.
Cumpliremos entonces las funciones del Orientador, que son las de abrir caminos, encontrar la verdad, revelar, atisbar, irradiar, elevar, experimentar integralmente, dar testimonio, iluminar, cambiar al mundo y cambiarnos, renovar y renovarse, planificar estratégicamente, fluir, disfrutar.
Y, cuando en periodos de cambio, caigamos en las emociones falsas que remplazan la alegría auténtica, es decir en la superstición, en la negatividad nihilista, en el sacrilegio, en el dogmatismo, en la idolatría o en la dependencia, sabremos rectificar y volver al gozo y al disfrute.
Así accederemos al dominio y perfeccionamiento del espíritu, que definimos sencillamente como LA CERTEZA DE ENCONTRAR (VERDADES), y conoceremos de primera mano la máxima jerarquía en las funciones del Orientador y de la alegría.
Como esta base estará ya consolidada, podremos acceder al escalafón siguiente, el de la tríada Rector-miedo-tacto, que nos ofrecerá una seguridad y una armonía mayores que las que teníamos en el punto de partida, abriendo, así, un proceso secuencial más, en el camino del infinito.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 14: NUESTRA CONEXIÓN CON EL MUNDO

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Ya conocemos, al menos desde un aspecto de iniciación resumida, nuestra estructura humana universal y también nuestra energía disponible para poner en marcha esta estructura, es decir nuestras seis emociones auténticas innatas. Pero aún no podemos hablar de ingeniería estructural. Falta el conocimiento de una tercera dimensión: el conocimiento de nuestros seis sentidos.

Nuestros sentidos son nuestras antenas al mundo. Las que nos permiten captar la realidad de nuestro entorno y responder ante ese entorno. Nuestro cuerpo es el receptáculo del universo.
El MAT considera seis sentidos: tacto, oído, olfato, gusto, vista y sexo. Cada sentido es una antena especializada en el funcionamiento de una de nuestras seis estructuras y en una de nuestras seis emociones.
Estos descubrimientos nuestros han sido comprobados científicamente en nuestras investigaciones hospitalarias durante tres años a tiempo completo en el Hospital de la Princesa de Madrid.
En esta obra no mencionaremos la parte técnica ni mecánica de los sentidos, sino sus funciones exactas en el funcionamiento de nuestra estructura de personalidad. Dejaremos el aspecto técnico a investigadores más calificados que nosotros.
El MAT muestra que cada uno de nuestros seis sentidos es una antena especializada que capta toda la información y los estímulos necesarios para poner en marcha una de nuestras estructuras. Una sola. Cuando falla un sentido, afecta a la estructura y a la emoción correspondiente. Y cuando falla la emoción y afecta a la estructura, falla el sentido correspondiente.
El ser humano es un ente sensible porque tiene seis sentidos. No porque tiene emociones. La emoción es la energía interna que hace funcionar la estructura. El sentido es la instalación externa que nos permite captar la totalidad de la realidad accesible al ser humano. Los sentidos captan estímulos y nos dan cuenta de parte de la realidad total en la cual estamos inmersos. Nuestros sentidos son instalaciones maravillosas y, también, muy limitadas. Sin embargo, si los ponemos a funcionar plenamente, descubriremos un mundo extraordinario.
Al igual que, como ya vimos, no hemos descubierto ni educado nuestras estructuras y nuestras emociones, tampoco hacemos nada por afinar y usar nuestros sentidos. Si lo hacemos, descubriremos un universo de sensibilidad maravillosa. Al igual que usamos una capacidad mínima de nuestra estructura y de nuestras emociones, somos también subdesarrollados en el uso y manejo de nuestros sentidos.
Nuestros sentidos provienen todos de nuestro Vitalizador. Recordemos que una de las funciones de nuestro Vitalizador es la de repartir, para que la justicia reine y que cada estructura dé lo mejor de sí y crezca hasta límites infinitos. Cuando somos un embrión de un día, ya nuestro Vitalizador hace la repartición especializada. Por lo tanto, si nacemos con un sentido que falla esto se debe un poco a un fallo del Vitalizador y mucho a un fallo de la estructura correspondiente.
Nuestros sentidos son incompletos y limitados. Todos sabemos que, sobre la tierra, hay animales que tienen, alguno de sus sentidos, infinitamente más desarrollados y potentes que los nuestros. Para dar un ejemplo sencillo sabemos que un perro tiene un oído capaz de oír perfectamente los ultrasonidos, mientras que el nuestro es enteramente sordo en ese aspecto. Un perro tiene un olfato capaz de recordar un olor durante años y capaz de seguir la pista y el rastro de un animal o de un humano durante kilómetros y después de días. Hay animales capaces de ver lo absolutamente invisible por nosotros. Sin embargo, para las funciones que un ser humano ha de desempeñar, nuestros sentidos tienen una potencia y un alcance más que suficiente. Ojalá, como para el resto de nuestros tesoros estructurales y emocionales, seamos capaces algún día de usarlos y de disfrutar de ellos a plenitud.
Examinemos ahora cada uno de nuestros sentidos y su función en nuestra ingeniería estructural.

I. EL TACTO:
El tacto es el sentido más extenso y grande del cual disponemos. Cubre toda nuestra piel. La piel cubre todo nuestro cuerpo. El tacto cubre también nuestras mucosas exteriores. No entraremos, como ya dijimos, en ninguna consideración anatómica, materia en que somos totalmente ignorantes y que, además, sería tema de futuros desarrollos e investigaciones de especialistas. Nos vamos a limitar a la mera ingeniería estructural, que es el MAT.
El tacto está relacionado con nuestro Rector y con el miedo auténtico y es la antena responsable de favorecer y garantizar nuestra seguridad y nuestra armonía.

SISTEMA MAT DE SEGURIDAD - Preciada Azancot

SISTEMA MAT DE SEGURIDAD – Preciada Azancot

En efecto, si hacemos unos simples ejercicios de imaginación, captaremos plenamente la certeza de nuestro descubrimiento:
Imaginemos que estamos totalmente desollados, despellejados. Si cerramos los ojos y nos imaginamos sin piel, caeremos inmediatamente en el terror. Nada nos podría, ni tan siquiera, rozar. El tacto es el sentido garante y guardián de nuestra seguridad.
Gracias a nuestro tacto podemos evitar todos los peligros del entorno antes de que sea demasiado tarde: sabemos lo que está cálido es agradable y lo que está ardiendo y puede destrozar nuestro sentido. Sabemos lo que está helado para soltarlo a tiempo y no gangrenarnos. Sabemos lo que está hecho para confortarnos y no picar o arder. Sabemos distinguir lo que es suave y acariciable de lo que es rugoso, áspero y rechazable. Sabemos lo que es duro y lo que es blando. Lo que es seco y lo que es húmedo. Lo que nos puede dañar y lo que nos puede gustar. Lo que está sano y lo que está descompuesto. Lo que está duro y lo que está maduro. Y, sobre todo, para el correcto funcionamiento de los ejes, lo que es existente y lo que no lo es.
Si ustedes nos lo permiten, vamos a redactar algunos ejercicios que les harán experimentar los descubrimientos del MAT, dirigiéndonos, en primera persona a cada uno de ustedes para que puedan seguir paso a paso los ejercicios en un diálogo personalizado: tú-yo.

1) Imagina que has contraído una extraña enfermedad que te deja sin ninguno de tus sentidos: sin tacto, sin oído, sin olfato, sin gusto, sin vista y sin sexo. ¿Cómo te sientes? ¿Cómo eres hoy? ¿Qué sabes? ¿Cuál es tu universo? ¿Qué piensas hacer acerca de tu futuro?
Haz ese ejercicio con un amigo y compara vuestras reacciones, creencias y decisiones.
2) Ahora tienes sólo tacto: explórate, explora tu mundo. ¿Qué sabes? ¿Qué sientes? ¿Qué posees? ¿Qué piensas hacer?
3) Ahora tienes tus seis sentidos: toma contacto con tu piel. Tu piel es tu coraza sensible ¿Lo percibes? ¿Percibes que, además de sensible es reactiva? ¿Qué emoción es la que domina en ti?
4) Ahora cierra los ojos y toma contacto con cada parte de tu cuerpo, con la piel que recubre cada parte de tu cuerpo. Comienza por la cabeza y ves bajando hasta los dedos de los pies. ¿Qué has sentido? ¿Has sentido hormigueos, frío, calor en algunas partes más que en otras? Anota tus descubrimientos.
5) Con unos amigos que acepten hacer este ejercicio contigo y se sitúen detrás de ti, a tu espalda: cierra los ojos y pide a cada uno que haga, por turno, el mismo ejercicio contigo sin decirte su nombre ni identificarse de ningún modo. Cada uno se deberá acercar por detrás y situar su mano a unos diez centímetros de tu nuca. Cuando todos pasen, identifica con qué número o números has percibido más o menos sensaciones y si esas sensaciones fueron agradables o amenazantes.
6) De la misma forma que en el ejercicio anterior pide a cada uno, sin que se identifique, que te toque la nuca, la espalda y los riñones. Compara tus sensaciones con cada uno de tus amigos y verifica si las sensaciones agradables o desagradables se dan con las mismas personas que en el ejercicio anterior.
7) Ahora imagina que tienes tus sentidos pero que te falta el tacto. De entre las funciones de tus seis estructuras (Seguridad, Desarrollo, Justicia, Estatus, Pertenencia, Plenitud) ¿Cuál es la que más te falta? Si has elegido la plenitud, ¿cuál es la que viene a continuación?
8) Ahora imagina que estás desnudo e inmovilizado en posición horizontal, tendido (a) en el suelo. Imagina que te vendan los ojos y que hacen recorrer tu cuerpo por ratas, serpientes, sapos y gusanos. ¿Qué descubres? ¿Cuál es tu emoción dominante? ¿Qué estructura desearías poner en juego para detener ese suplicio?
9) Ahora rodéate de varios objetos de texturas diferentes, cierra los ojos y pide a tu compañero de ejercicios que te acerque cada objeto sin decirte cual. ¿Qué descubres? ¿Qué tipo de objetos identificas mejor?
10) Ahora imagina que sientes miedo, mucho miedo. ¿Qué es lo que más necesitas para acceder a una mayor seguridad? ¿Que te toque alguien en quien confías? ¿O prefieres que te miren, te huelan, te chupen, te oigan o te penetren sexualmente?

Si hemos hecho bien los ejercicios, descubriremos la absoluta relación entre la piel y el tacto con el miedo auténtico. Y, también con una estructura muy en particular: con el Rector. En efecto, nuestra piel es nuestra única coraza de seguridad, la que nos permite alejarnos de lo peligroso y dañino y acercarnos a lo seguro.
Cuando nuestro Rector funciona alimentado por miedo auténtico, sabemos, a distancia, percibir que una persona o animal peligroso se acerca, porque nuestra nuca, nuestra espalda y nuestros riñones están más especializados que el resto de nuestra piel para garantizarnos la seguridad.
Sabemos, con sólo mirar la piel de otra persona, si esa persona es tóxica o atractiva y segura.
Sabemos, con sólo estrechar la mano de una persona, si esa persona es segura o no.
Sabemos que cuando tenemos miedo sudamos, y reconocemos ese miedo, las más veces inflado, en la tersura o humedad de la mano que estrechamos.
Sabemos, en el eje miedo- orgullo, que cuando tenemos las manos sudadas tenemos miedo y que cuando sentimos orgullo la piel es cálida y seca. Y sabemos detectar esas dos emociones en la piel de los demás.
Ahora bien, hay un abismo entre tocar y palpar. Cuando tocamos estamos utilizando nuestro tacto, nuestro miedo y nuestro Rector de manera mecánica, devaluada y superficial. Cuando palpamos y nos concentramos en esa tarea preciosa, milagrosa, sabemos detectar todos lo matices de la auténtica seguridad. Percibimos nuestro contacto con el dónde de las cosas. Entramos más y mejor en nosotros mismos y diagnosticamos mejor lo ajeno. Por eso los bebés acarician su osito preferido o un trozo de cobija o de almohada para sentirse más seguros.
Es increíble darse cuenta de cómo nuestra capacidad más alta rectora, la de diagnosticar y la de detectar la armonía, crece y se afinca si nos ejercitamos a palpar cosas, personas y a nosotros mismos. Vale la pena ensayarlo.
Al igual que cada una de las seis emociones, el miedo tiene su color relacionado que lo expresa mejor y que esa emoción se introduce en nuestro cuerpo por su sentido correspondiente cuando llega cómo estímulo del entorno. EL COLOR DEL MIEDO ES EL MORADO.
Hagamos un último ejercicio: Cierra los ojos y visualiza que una gran energía morada o violeta se introduce por todos los poros de tu piel y llena tu cuerpo. Deja penetrar y actuar esa gran energía dentro de ti durante tres minutos. Antes de abrir los ojos, haz que el color se vuelva más denso y fuerte, más oscuro también, en tu nuca, tu espalda y tus riñones. Abre los ojos y verifica cómo te sientes.
Si ese ejercicio se realizó bien, estarás sintiendo mayor seguridad, mayor armonía y confianza en ti. Haz ese ejercicio cada vez que necesites fortalecer tu Rector y conectar a éste tu miedo auténtico para lograr mayor seguridad.
Podemos verificar la gran y estrecha relación que existe entre el color violeta, en toda la gama que va desde el morado hasta el lila, con el miedo y su función, la seguridad. El violeta es la expresión del miedo y de la seguridad en la gama cromática. Para verificar eso, podemos hacer varios ejercicios, como son el de tapizar o pintar una habitación de color violeta cuando lo que se quiere reforzar es la sensación de seguridad, ponernos una prenda de vestir morada cuando tenemos miedo y ver si accedemos a una mayor seguridad, rodearnos de objetos de uso diario de color violeta si notamos que nuestro fallo estructural está en el Rector o si necesitamos conectar mejor el miedo. Funciona. Nosotros, en nuestros seminarios, hemos podido comprobar el gran efecto benéfico del color violeta sobre el funcionamiento del Rector, sobre la conexión con el miedo auténtico y sobre la mejora de enfermedades de la piel, del pulmón y de los nervios.
Además hemos hecho una profunda investigación sobre el uso de los colores preferentes de los grandes pintores en función de su estructura de personalidad y de su funcionamiento tipológico emocional. Sin saber todo esto que estamos desvelando, buscamos colores específicos según nuestro estado de ánimo para vitalizarnos.
Y, por fin, hemos podido comprobar que las personas que carecen de miedo auténtico soportaban sin reaccionar contactos avasalladores e invasores y los actuaban avasallando a los demás, mientras que las que tienen esa emoción exaltada son recelosas y rechazan los toqueteos. Hemos podido comprobar que cuando se conectaba bien el miedo los problemas de piel desaparecían.
Un buen ejercicio de meditación sería hacer penetrar por todos los poros de tu piel una gran ENERGÍA VIOLETA DE SEGURIDAD y conservarla dentro de ti dos minutos. Al tercer minuto, densificar e intensificar el color en tu nuca, espalda, riñones.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 12: DESCUBRIMIENTO DE LOS EJES

Mucho tiempo después de que finaliza el proceso de hiperconexión y que se accede al paso siguiente, al proceso de trascendencia, sobre el cual volveremos, se accede a un descubrimiento decisivo en cuanto a ingeniería estructural: se accede al conocimiento de los ejes. Presentamos a continuación la figura gráfica que los representa.

Los Ejes MAT - Preciada Azancot

Los Ejes MAT – Preciada Azancot

El funcionamiento de los ejes es aún más importante que el de la secuencia fetal e innata emocional. Sólo que es imposible acceder a ella sin antes culminar el proceso de Hiperconexión y el proceso de Trascendencia. El funcionamiento de los ejes nos permitió existir, ser, estar sólidamente construidos y, luego, decidir nacer. Los ejes son las vigas maestras que sustentan la construcción de nuestra existencia y de nuestra personalidad. Esas vigas, en nuestro gráfico, se representan por diagonales, tres diagonales que atraviesan el círculo de nuestra estructura de personalidad y que dividen el círculo en seis partes iguales. Esas vigas funcionan apoyándose y creando tres pares de estructuras con sus respectivas emociones y sus respectivos sentidos, que trabajan en equipo, en tres equipos unidos e indisociables que se comportan cada uno entre sí como vasos comunicantes. En la creación, en el descubrimiento y en el funcionamiento de esos tres pares o equipos existe una jerarquía. El primer equipo es menos importante que el segundo y está supeditado a éste, y el tercer equipo es más importante que el segundo, que está supeditado al tercero. Ahora bien, es imposible que el segundo surja si no existe el primero y es imposible que surja el tercero si no se asienta sobre el segundo. Con lo cual, los tres son absolutamente necesarios para que seamos y nazcamos. Al final, aunque jerarquizados en cuanto a orden de su creación, son iguales entres sí.
En cuanto al movimiento ascensional en el cono de la hiperconexión, no asciende dando vueltas ascendentes como pasa con la pila emocional de la secuencia, sino que se sustenta sobre los pares de estructuras, de emociones y de sentidos, como vigas que se van ensanchando a medida que el cono se ensancha.

Estos ejes, estos tres ejes o vigas, no sólo alimentan las estructuras como lo hacen las emociones en secuencia, sino que limpian y agrandan las estructuras al tiempo que hacen crecer y afianzarse las emociones auténticas. Con lo cual toda nuestra personalidad es mayor, más sólida y más potente. Esas vigas van consolidándose y creciendo a medida que nuestra talla lo requiere. Si bien la secuencia emocional nos garantizaba la infinitud, los ejes nos garantizan la eternidad, porque son fijos y se desarrollan, a medida de nuestras necesidades de crecimiento, permaneciendo idénticos a sí mismos.

El primer eje, viga o par que surge en cuanto se une el espermatozoide con el óvulo es el eje Protector-Amor / Sintetizador-Tristeza, que llamamos el eje de lo disponible. En efecto, como ya vimos, el Protector y el amor indican lo que sí hay (amor), y lo que no hay (tristeza) lo indica el Sintetizador, que busca opciones para conseguirlo. Si hay lo suficiente para empezar a formarnos y no faltan elementos esenciales, empieza la gestación. En efecto, lo primero es disponer de lo indispensable para comenzar cualquier cosa. Y lo primero, cuando se trata de ser, es que haya un espermatozoide disponible y un óvulo que lo acoja (amor). Si el espermatozoide no llega o si el óvulo no lo recibe ( tristeza) no puede iniciarse nada.
Cuando nacemos, pasa lo mismo: si hay un espacio para nosotros y un tiempo que dedicarnos, podemos sobrevivir. Por más reducido que sean ese tiempo y ese espacio.

Como no somos médicos ni biólogos, dejaremos esas investigaciones para que las ilustren los más doctos e iremos a ejemplos e ilustraciones de nuestra vida cotidiana de criaturas nacidas y en funcionamiento: ese eje de lo disponible impone su existencia como una evidencia maestra, como una primera LEY. La primera ley es: donde hay amor no hay tristeza y donde hay tristeza no hay amor. Y las funciones de las estructuras operan de la misma manera: cuando se agranda el Protector, se achica el Sintetizador proporcionalmente. Como esa ley puede parecer sorprendente, la ilustraremos a conciencia:
Pongamos cualquier ejemplo sobre disponibilidad: el tiempo que podemos dedicar a una visita, por ejemplo, a un vendedor. Lo primero es que ese vendedor llegue en un momento en que estamos disponibles. Si ni siquiera estamos en la oficina o en casa, habrá perdido su esfuerzo y su tiempo (tristeza) y deberá buscar otra opción para vernos (más tristeza). Si estamos, podemos decirle que espere o que vuelva o bien recibirlo y escucharlo. En el primer caso habrá un poco más de tristeza, es decir la espera, pero también algo de amor puesto que estamos dispuestos, si paga ese precio, a recibirlo. En el segundo caso, hay más amor porque lo recibimos enseguida y desaparece la tristeza, al menos hasta que deba empezar a explicarnos lo que ofrece y lo que desea, actividad que pone en marcha el Sintetizador del vendedor. Si el vendedor nos regala el producto, manifiesta amor, y si lo aceptamos respondemos con amor. Desaparece la tristeza. Si el vendedor desea cobrar por su producto, está solicitando nuestro amor, es decir una retribución. Si le decimos que no, volverá a la tristeza.
Pongamos otro caso: nos enamoramos de una mujer, hay amor. Si nos responde y nos permite cortejarla estaremos agradecidos y habrá más amor. Si nos rechaza y no nos da ni tiempo ni espacio, caeremos en la tristeza. Pongamos que nos acepta y que la relación avanza en el eje amor –tristeza: Nos explicamos y conocemos los dos, y al final habrá un balance a favor de la tristeza, si no somos o no es lo que creíamos al comienzo y surge el desencanto (tristeza) o a favor del amor en mayor o menor medida. En mayor medida si es justamente nuestra alma gemela insustituible y vence el amor, y en menor medida si la persona está más que regular y podemos tener, si no una pareja definitiva, una profunda amistad.
Un tercer ejemplo: la relación con uno de nuestros progenitores: pongamos que es el padre. Es un hombre encantador y amoroso, y eso despierta y merece nuestro amor. Pero no está casi nunca en casa, y cuando lo está, está muy ocupado. Aquí, en el balance dominará la tristeza. Sí, el padre es estupendo como persona pero un desastre como padre. Y habrá que esperar (tristeza) a que seamos mayores y trabajemos con él o tengamos afinidades que nos permitan pasar tiempo juntos, para que, en el balance, gane el amor.
Como vemos, los ejes, en su primera ley, se comportan como vasos comunicantes.

En su segunda ley, el eje amor-tristeza se refiere a su consolidación y se enuncia así: para que haya más y mejor amor es necesaria una inversión de tristeza proporcional. Y para que haya más desarrollo, es necesaria una inversión proporcional de amor. Recojamos los mismos ejemplos que anteriormente:
El vendedor, si quiere convertirse en nuestro amigo y proveedor preferido, va a tener que invertir más tiempo en explicaciones, a la vez que estudiar nuestras necesidades profundas y buscar soluciones y productos a la medida de nuestras expectativas, para lograrlo. Necesitará dedicar su Sintetizador y su tristeza ( recursos) para lograr nuestra fidelidad. Esa realidad implica que hemos interesado lo suficiente al vendedor (amor) como para que decida dedicarnos tanto tiempo.
El enamorado, para lograr el amor real de su amada, tendrá que dedicarle tiempo, interés, conocerla a fondo y hacerse conocer. Con ello, podrá tal vez lograr su amor. Y si quiere más desarrollo de la relación, por ejemplo que comparta su pasión por el golf para tener más cosas en común, deberá dedicarle atención y mimo y cariño a fin de lograr convertirla en una jugadora tan buena como él.
El hijo de un padre ausente deberá buscar opciones y soluciones para, por un lado, llamar su atención y conseguir que le haga más caso, y, por otro, deberá buscar opciones para rentabilizar al máximo el tiempo logrado para profundizar en la relación. Y, también, cuando esté con él, deberá incrementar la calidad y cantidad de su amor para que el momento sea lo más grato posible y los encuentros se multipliquen.

Con lo cual, y no es paradójico, surge la tercera ley: donde hay amor auténtico hay auténtico desarrollo, auténtica tristeza y viceversa: cuando los ejes funcionan bien, la primera ley da lugar a la segunda y la segunda a la tercera: retomemos nuestros tres ejemplos:
Nuestro vendedor invirtió interés en la persona, no en el negocio, y por eso se ganó a un amigo fiel y a un buen cliente, vitalicio porque siempre buscará su bien. Y como puso su tiempo, sus recursos y su inteligencia a favor de la relación, se ganó la confianza de su cliente.
Nuestro enamorado se interesó por la persona y le dio su amor. Eso estimuló su paciencia (tristeza) para lograr cosechar los frutos de su inversión. En el libro del Principito, en su relación con el zorro, se explica magistralmente nuestra tercera ley.
Nuestro hijo paciente logró un amor precioso y esencialmente condensado con su padre. La calidad de la relación surgió de la tristeza auténtica y dio su fruto: el amor.
En este eje, como en los dos siguientes, hay una palabra clave: auténtico. En efecto, y por ello surgen a nuestra conciencia los ejes después del proceso de hiperconexión y de trascendencia, esos ejes no soportan, sin catástrofe, ninguna emoción falsa ni sustitutita. Ninguna de las dos. Y, entonces, si hay amor auténtico, no hay tristeza auténtica, y si se invierte más recursos (tristeza), se conseguirá más amor, y si hay pertenencia hay desarrollo y si hay desarrollo terminará por haber pertenencia. Siempre y cuando esas emociones sean auténticas por ambos lados. Si no, se revierten las tres leyes y llegamos a la muerte, a la destrucción. Veamos:
Nuestro vendedor, pongamos por caso, pero cualquier combinación mala es de resultados pésimos, tiene auténtico amor y auténtica tristeza y su comprador tiene las dos falsas, imaginemos que tiene tristeza en vez de rabia y amor en vez de tristeza. Llega en un momento inoportuno, en el cual su cliente está airado pero, como se culpabiliza, se deprime. Entonces le pedirá esperar un cuarto de hora y lo dejará esperando dos horas. Cuando lo reciba al fin, le comprará tan sólo lo que no le sirve (amor en vez de tristeza) y, por supuesto, ya no querrá ver a ese vendedor y huirá de él, culpabilizándolo.
Pongamos que cada uno tiene una emoción auténtica y otra falsa: nuestro vendedor tiene amor auténtico y falsa tristeza que remplaza al orgullo. Y el cliente tiene tristeza auténtica pero amor en vez de alegría. El vendedor será recibido en el acto por el cliente que dormía la siesta o celebraba un cumpleaños como si se tratara de un caso de emergencia y de vida o muerte. Escuchará con atención el comienzo del discurso del vendedor y verificará que no necesita para nada el producto. En vez de decírselo e indicarle qué otro producto necesita por si el vendedor lo puede conseguir, buscará a entrar en intimidad con el vendedor y le contará que está triste porque su mujer lo va a abandonar. El vendedor se solidarizará con él, pero discurrirá interminablemente sobre que todas las mujeres hacen y le harán lo mismo. Con lo cual molestará al comprador, que protestará airado e indignado. En vez de conectar por fin el orgullo después de pisotear el de todas las mujeres y retirarse, el vendedor se deprimirá y le contará durante horas todas las miserias y agravios que recibió durante toda la vida. Será cortado y despedido como un indeseable por el cliente, que ya nunca más lo volverá a recibir, ni tan siquiera cuando ofrezca un producto de vital importancia para él. Se producirán abortos en cadena.
Si el vendedor, enterado de nuestra segunda ley, la quiere poner en práctica con el cliente, se pasará la vida haciendo antesala para ser recibido de nuevo y el cliente se lo tendrá que sacar de encima llamando a la policía. Lo cual le obsesionará más por ver al que nunca hubiera podido ser su cliente.
Si, enterado de nuestra tercera ley, apostara por ella, se enamoraría de su cliente y abandonaría a su familia por cortejar a quien ni por asomo le quiere recibir.
Así, cuando una o las dos emociones son falsas, la ley férrea e ineluctable de los ejes se cumple y nacen las simbiosis patológicas, las fijaciones, las dependencias, los malos tratos psicológicos y las obsesiones. Se consuma la destrucción.
Dejemos clara esta afirmación con el ejemplo, tan frecuente y doloroso, del hijo de padre casi ausente. Pongamos que el hijo funciona bien y tiene sus dos emociones auténticas y que el padre tiene amor auténtico y falsa tristeza que remplaza alegría. Para atraer la atención de su padre, el hijo terminará entendiendo que no debe estar sano y feliz sino enfermo y problemático. Entonces, o se alejará de su padre buscando otras fuentes de afecto sano o decidirá someterse, con lo cual perderá su tristeza auténtica, volviéndose dependiente, fracasado y problemático para atraer el interés de su padre. Así perderá también su alegría, su fe.

Así, en síntesis, se podría formular las tres leyes del eje amor- tristeza: lo que hay, hay. Y lo que no hay, no hay, Si hay, vale la pena invertir y sembrar, si no, hay que buscarlo en otro lado. Así de simple, rotundo y tremendo.
Por otro lado, es esencial saber que esas tres leyes se cumplen en cadena, es decir que si la primera es 100% real, puede surgir la segunda sobre la base de la primera. Y puede surgir la tercera en base a la autenticidad al 100% de la segunda. En ningún modo se puede ir a la segunda si no hay base para la primera ni, mucho menos, saltar a la tercera. Esa conducta, a más de tóxica y salvadora, es suicida. En definitiva se ve que lo bueno se potencia y lo malo también. Y que, por lo tanto, solo cabe apostar por lo primero.
¿Cuántos de nuestros amores resistirían y crecerían con esas tres leyes? Únicamente los que merecen la pena. Con lo cual estaríamos siempre abocados a conseguir lo disponible ¿Y cuántos de nuestros dolores se mantendrían? Únicamente los que justifiquen la inversión magnífica en nuestro desarrollo y crecimiento. Con lo cual estaríamos siempre disponibles para lo auténtico que podría surgir.
Este eje, de vital importancia para evitar pérdidas innecesarias y obtener un máximo de amor duradero, lleva, cuando de veras surge, a alcanzar y conservar todo lo disponible, tanto lo actual como lo virtual. En efecto, cuando tenemos la tristeza auténtica energetizando al Sintetizador y sólo a éste, y que, además, está surgiendo en la secuencia fetal, y que, además, se evidencia como una de las dos puntas del eje amor-tristeza, se llega no sólo a evitar pérdidas y dolores innecesarios, sino a prevenirlos por dos motivos: uno, porque surge del temor a dañar y a ser dañado, y dos, porque entiende que todo sufrimiento innecesario nos aleja y aparta de un amor real o virtual mayor del que estamos disfrutando y actuando.
Con el amor pasa lo mismo: si éste energetiza al Protector y sólo a él, no sólo cuida y conserva todo amor real, sino que accede y se prepara, a fin de estar listo si éste llega, para el amor virtual, para el GRAN amor que dura para toda la eternidad.
Este eje, cuando se alcanza en verdad la estatura requerida tras el proceso de trascendencia, se evidencia como el del maestro integral, el que forma llevando al alumno hacia sí mismo sin jamás inmiscuirse dentro de él. El maestro inolvidable al cual se le está agradecido para siempre y que uno ama más cada día, pero con el cual nadie se siente sometido por obligación. En efecto, lo primero que un maestro debe enseñar es a ser persona y a poner el conocimiento al servicio del desarrollo del ser del otro para que éste llegue a crecer. El maestro, experto en el manejo de este eje, no deja que se confunda lo que sí hay y lo que no hay. No confunde tristeza y amor, como ya lo hemos enseñado, y sabe llevar el consuelo a su alumno como lo hacemos con un niño que llora porque ha perdido un diente de leche, y no sabe que es porque está ya listo para salir el diente sano y fuerte que perdurará hasta después de su muerte. El maestro auténtico ensancha la mente del alumno porque expande su alma, y eleva su alma porque puebla su mente con lo que está vivo y es de verdad esencial. Y, si pensamos en los grandes maestros de la humanidad como Jesús, como Buda, veremos que trabajaban básicamente sobre este eje. Si recordamos a algún maestro inolvidable que tuvimos a lo largo de nuestra vida, también comprobaremos que la enseñanza inolvidable que nos despertó tuvo lugar en ese eje. Y si debemos ser maestros, de hijos, de alumnos, sabremos que si no tenemos ese eje limpio y preferentemente presente, sólo vamos a atar y cegar a nuestros educandos, y que es mejor rectificar o confesar nuestra incapacidad y retirarnos, aunque sepamos de memoria todos los libros escritos a lo largo de la historia y aunque creamos adorar a nuestro alumno.
Vemos entonces por qué ese eje es el primero: porque garantiza ser, cada día más, persona. Si hay mucho conocimiento sin corazón, seremos desalmados y pondremos nuestro conocimiento al servicio de la subordinación del alma ajena. Si hay mucho amor sin criterio de lo que implica dolor y sufrimiento evitables, seremos responsables de perpetuar dependencias. Y si no hay ni amor ni tristeza dejamos, sencillamente, de pertenecer a la raza humana y nos situamos por debajo de cualquier elemento en el cual existen el amor y la alegría, y, de allí, por debajo de una simple rata en quien hay cinco emociones y estructuras. No sólo no sabremos ni el qué ni el cuándo, con lo cual es imposible saber nada de lo disponible, sino que lo extraviaremos en los demás. De hecho, veremos más adelante que todo aquel que desconecta esas dos dimensiones se convierte en un psicópata que mata su propia alma y destroza psíquicamente a las criaturas. En vez de claridad en expansión, tendremos tinieblas en caída en el abismo. En la polaridad opuesta al Maestro tendremos el agujero negro.

El segundo eje o viga maestra que fundamenta y consolida nuestra personalidad es el eje Rector-Miedo /Transformador-Orgullo, que llamamos el eje de lo existente. Es el eje que diferencia lo que lo que no es de lo que sí es. Es lo que designa con rotundidad el dónde y el por qué y los relaciona.
El polo Rector-Miedo que funciona a la perfección es capaz de hacer diagnósticos del estado de las cosas. Detecta lo que no es (real, bueno, sano, veraz, etc.) y por ende el grado de armonía que existe, sin temor a equivocarse. Así determina dónde están las desarmonías y amenazas.
En la polarizad opuesta, el Transformador-Orgullo imagina y crea lo que sí es (válido, sano, real, valioso etc.) y es capaz de crecer transformándose. Por ello, su principio rector es la metamorfosis. Determina lo que es y mide su escala de valía y de perfección.
Ese eje es el que nos permitió ser o no ser después de la unión del espermatozoide con el óvulo. Si en cada uno existía lo necesario y requerido para que pudiera formarse y crecer una vida humana, se formaba la primera célula embrionaria, si no, la mujer tenía su periodo normal sin tan siquiera darse cuenta de que se habían unido su óvulo con un espermatozoide.
Este eje, al igual que el anterior, tiene su primera ley, que es idéntica a la del eje de lo disponible: donde hay miedo no hay orgullo, y donde hay orgullo no hay miedo. Como en el caso anterior, comprobemos esta realidad con tres ejemplos:
Tomemos el caso de la inspección de nuestra estructura de personalidad en un momento dado: comprobamos, por ejemplo, que tenemos el Sintetizador en mal estado porque en vez de estar alimentado con tristeza lo está con rabia. Y que tenemos el Protector en buen estado porque funciona con amor y cumple bien su propósito. Nuestro Rector diagnosticará esta situación y sentiremos miedo por nuestro Sintetizador, que está amenazado, y orgullo por nuestro Protector que está en armonía. En referencia a nuestro Sintetizador no podremos, a riesgo de perdernos, sentir orgullo. El Sintetizador está mal, debemos estar alertas y detectar dónde está la causa del mal: en la alimentación energética equivocada. No podemos estar orgullosos de estar funcionando mal. Hay temor, alerta, no puede haber orgullo. Con relación al Protector, el Rector diagnosticará un estado perfecto. No hay entonces que temer nada sino enorgullecernos de estar bien.
Un segundo ejemplo: un buen galerista, con un don de diagnóstico (Rector-miedo) excelente y un extraordinario Transformador que tiene el don de captar lo auténtico y valioso aunque no esté aún reconocido y consagrado. Con ello se ganó una reputación de calidad y de buena inversión entre su clientela. Un día le traen un cuadro de un pintor famoso y él detecta que la valía real de esta obra es nula por mimética, tópica y plasmante tan sólo de manierismos de moda. Su Rector detectará inmediatamente el peligro de mezclar esta obra con las obras de calidad que ofrece a sus clientes que confían en él y la descartará, negándose a exponerla. Aquí, donde hay miedo ante lo que no es, pone una barrera férrea y reconduce al pintor, negándole el acceso a su galería. Donde hay miedo no puede haber orgullo. A este mismo galerista le traen otro cuadro, esta vez de un desconocido, y nuestro amigo detecta, con su orgullo, la obra de un gran talento. Decide sin dudarlo aceptar y exponer esta obra, recomendándola a sus clientes. Aunque el artista sea desconocido, no tendrá miedo de apostar por él porque detectará un valor seguro. Donde hay orgullo retrocede el miedo.
Tercer ejemplo: un niño de padres divorciados vive con el padre que obtuvo su custodia y ve sólo una vez al mes a su madre, que viaja desde lejos para verlo. El niño funciona bien en el eje que nos ocupa. El padre es autoritario, rígido e invasor, y el niño sano sentirá miedo de él y miedo por él ( miedo de aceptar esas taras paternas como virtudes). La madre es respetuosa, valiente y muy creadora. El niño sano sentirá admiración por ella y orgullo de estar a su lado. Para él, estar con su padre significará estar casi todos el mes con lo que no es (bueno, válido, esencial) para él, y estar con la madre significará crecer y ser al estar unos pocos días al mes con lo que sí merece la pena. Esos pocos días lo llenarán mucho más que los demás muchos días. Porque lo que es es, y lo que no, no es. Eso si el niño es sano. Y el niño y su madre se aliarán para luchar por vivir juntos lo antes posible. Donde hay orgullo retrocede el miedo. Y frente al padre, donde hay miedo retrocede el orgullo, en este caso la valoración y la admiración. El niño decidirá cerrarse y no abrir su ser íntimo al invasor, que entraría a saco en él.
La segunda ley se formulará igual que la del primer eje: para conseguir más seguridad hay que invertir en el orgullo, y para conseguir más orgullo hay que consolidar la seguridad. Veamos nuestros tres mismos ejemplos:
Con relación a nuestra estructura, al sentir miedo ante la enfermedad de nuestro Sintetizador la respuesta adecuada es decirse “Yo sí puedo reconducir la rabia al Vitalizador y traer la tristeza a mi Sintetizador”, afirmando así el orgullo. Y ponerse a ello con confianza en nosotros mismos. Cuando logremos nuestro objetivo, habremos eliminado la causa de temor y nos sentiremos orgullosos.
Nuestro galerista, si sabe valorar la genialidad de su artista, lo querrá convertir en su protegido y confiar en que “sí puede” garantizarle una beca, por ejemplo, para que éste se dedique a pintar, con lo cual el artista verá desaparecer su miedo a no disponer de lo elemental para sobrevivir y el galerista verá alejarse su temor a perder a tan valioso fichaje. Donde hay orgullo se garantiza incrementar la seguridad.
Nuestro niño apostará por su madre y se protegerá mejor de las intrusiones del padre, haciendo suyas las enseñanzas y los valores de la madre. Así no se sentirá solo e irá perdiendo gradualmente el miedo. Al ver incrementarse su orgullo, se afirmará frente a las amenazas paternas y constatará que éste retrocede en su toxicidad y lo deja en paz, respetándolo más. Cuando se invierte sobre la seguridad crece el orgullo. Y cuando se invierte sobre la valía auténtica se incrementa la seguridad.
Así, de manera tan natural como en el caso anterior, surge la tercera ley: donde hay miedo hay orgullo y donde hay orgullo hay miedo. Comprobémoslo con nuestros tres ejemplos.
Nuestra estructura de personalidad con un Sintetizador en mal estado nos producirá miedo. El diagnosticar al Protector adecuado nos producirá orgullo. El miedo nos ayudará a alertarnos y a encontrar fuerzas para la afirmación del orgullo de arreglar las cosas.
Nuestro galerista afirmó el miedo de mezclar un mal pintor con los buenos. El conocer la diferencia entre uno bueno y uno malo implica tener las dos emociones bien y trabajando en equipo.
En cuanto a nuestro niño, pudo sobrevivir y resguardarse gracias a su claridad en el segundo eje. Se alejó interiormente del padre y se identificó con la madre.
Por supuesto, estas leyes del segundo eje funcionan perfectamente si las dos emociones, miedo y orgullo, son auténticas y si las dos estructuras, el Rector y el Transformador, están alimentadas respectivamente por miedo y orgullo auténticos. Basta que una de las dos emociones esté mal y sea falsa para que pasen catástrofes y se realice la destrucción. Si las dos lo están, ya no tendremos manera de distinguir lo que no es de lo que sí es. Veamos qué pasaría con nuestros mismos tres ejemplos:
Si nuestra estructura tiene un Sintetizador en mal estado quiere decir que el primer eje falla. Si, en vez de miedo en el Rector, lo tenemos alimentado con amor, en vez de alertarnos y reaccionar amaremos todo lo que nos pueda amenazar y valoraremos ese amor suicida en nuestro Rector, enamorándonos de lo tóxico como un salvador. Nuestra secuencia será esta: amor por lo malo, que dará lugar a rabia contra lo que no hay (rabia en vez de tristeza en nuestro Sintetizador), que llevará a la culpa en vez de rabia. Esto es tener una personalidad salvadora y mesiánica que no quiere jamás usar su orgullo ni su amor real hipotecándolos a los peores. Se entregará en cuerpo y alma a lo que no hay ni habrá nunca y a lo que no será jamás, desgastándose.
Nuestro galerista: pongamos que, en vez de orgullo, su Transformador esté alimentado por alegría. Rechazará al mal pintor. Pero cuando el buen pintor se presente, tendrá dos reacciones previsibles: por un lado sentirá que le cayó del cielo un ángel al que deberá supeditar su vida, sus bienes, sus clientes, su destino en suma, y lo seguirá como los apóstoles a Jesús, renunciando a todo su ser y a su identidad. Por otro lado, en vez de respetar y admirar el ser del pintor cuya grandeza se manifiesta en su obra, pretenderá hacer marketing de segunda categoría, exigiéndole que deje de pintar como lo hace y se someta a las tendencias más rastreras y oportunistas de la moda. Con lo cual destruirá su vida y, si el pintor se deja, la del pintor.
Nuestro niño: imaginemos que en vez de orgullo tenga rabia en su Transformador, es decir revanchismo y envidia. Aceptará someterse al padre como estrategia para luchar de poder a poder con éste. Y será un enemigo vengador y perseguidor de la madre, a quien acusará de todas las culpas del padre y de las suyas, extendiendo esa saña a todos los hombres, con quien tendrá relaciones de poder sadomasoquistas, y a todas las mujeres, que considerará desde el machismo y a quienes soñará con maltratar física y psíquicamente.
Al igual que en el caso del primer eje podríamos sintetizar las tres leyes del segundo eje por: lo que es, es, y lo que no es, no es. Lo que no es, jamás lo será. Por más orgullo que le pongas. Y lo que es siempre será, aunque el mundo entero se empeñe en negarlo. Por eso los genios siempre terminan siendo reconocidos y perduran eternamente. Si algo es, vale la pena invertir en ello, por que cada vez será más. Si algo no es, hay que buscarlo donde sí lo sea.
Si lleváramos esas leyes a sus últimas consecuencias ¿cuántos de nuestros temores se mantendrían? Tan sólo los que se pudieran hacer desaparecer y ser remplazados por orgullo. ¿Y cuantos de nuestras veneraciones se mantendrían? Tan sólo las que por su valía real fueran el verdadero pilar de nuestros amores y merecieran formar parte de nuestro ser. Se terminaría la esclavitud, el sometimiento, las idolatrías, las cobardías, los nacionalismos, y, sobre todo, el narcisismo.
Como en el caso del segundo eje, si se desconectan las dos emociones miedo y orgullo surge la psicopatía. En este caso nacerá el asesino en serie, que no tiene miedo a matar y siente alegría de lograrlo asesinando, en el caso de nuestro niño, no al padre al que no se atrevió a tocar, sino a la madre en todas aquellas que su intuición capte como semejantes o parecidas a ella.
La maestría en el manejo del eje miedo orgullo auténticos perfila la función del sacerdote. En efecto, desde los tiempos más remotos, en las civilizaciones más embrionarias surge, como necesidad inaplazable, la figura del sacerdote. El brujo, el chamán, el sacerdote de la Grecia antigua, el de los romanos, el Papa, el sanedrín, el monje budista y cientos de ejemplos más testimonian de la conciencia en la sociedad, desde toda la eternidad, de la figura del sacerdote. Es aquél que sabe lo que no se debe hacer y lo que sí se debe hacer para obtener la aprobación de los dioses. Es aquél que puede oficiar las ceremonias sagradas de manera a conducir a los creyentes hacia una comunión con los dioses que haga obtener los favores de éstos, porque sus fieles no hacen lo que no se debe hacer, que se llaman pecados, y sí hacen lo que se debe hacer, que se llaman buenas acciones. Esa superioridad del sacerdote y su influencia sobre las conciencias de los fieles se obtiene, desde el MAT, con el manejo del eje miedo orgullo. Lo que sí proponemos es, al igual que el maestro, en vez de esperarlo desde afuera, despertarlo y escucharlo desde adentro. Tanto el Maestro como el Sacerdote están en nosotros. Uno se llama el eje del amor- tristeza. El otro, el del orgullo-miedo.

El tercer eje o viga maestra es el eje Vitalizador-Rabia/ Orientador-alegría. Surge del segundo eje. Lo llamamos el eje de lo presente. Es el que diferencia lo que no está (bien, vivo, justo, presente, real, bueno, etc.) de lo que sí está. Es lo que nos permite distinguir el sueño de la realidad, la locura de la cordura, la fantasía de lo posible. Si hay algo porque existe en algún lugar, si además es todo lo que puede llegar a ser, hay que hacer lo imposible porque además esté presente para empezar a ser y a hacer. Es lo que define con total certeza el cómo y el para qué de nuestra vida. Sin él perdemos la brújula y la razón de ser de todo. Nuestra vida, sin ese eje, es un sinsentido.
En el momento en que se fusionan el óvulo y el espermatozoide y que de ellos nace la primera célula fecundada, lo cual implica que lo que es, es, y origina la primera metamorfosis, para que ésta se convierta en un embrión, interviene el tercer eje que actuará que esté lo que nos permite rechazar y cortar la rigidez de lo fijo y cortar dependencias falsas, es decir nuestro Vitalizador alimentado por rabia que permita la separación e independización de las células una vez formadas, y que esté nuestra capacidad de multiplicación, mutación y cambio, es decir nuestro Orientador alimentado por alegría. Ese eje es el que originará nuestro cuerpo y nuestro espíritu, trabajando en equipo perfecto. El primer eje nos garantizó la mente y el alma. El segundo eje la armonía y la recta conciencia trabajando en equipo con la metamorfosis. Entonces y sólo entonces empezará la gestación de un ser humano. El trabajo en equipo de esos tres pares será el origen del milagro de la vida. Y será su garantía de solidez estructural para juntar y permitir la existencia de lo disponible, lo existente y lo presente.
En nuestra vida como personas, estos tres ejes o equipos trabajan en permanencia para que se pueda detectar y elegir entre lo disponible, para que se pueda discriminar y afincar lo existente y para que se pueda aterrizar y despegar hacia lo presente.
El tercer eje nos permite comprender que no basta con que lo que queremos conseguir esté disponible tras el trabajo de equipo mente-alma. Además de disponible, debe ser verdadero y auténtico tras el trabajo de equipo ética-metamorfosis. Pero eso no basta para llegar a la felicidad y a la plenitud. Si lo que queremos ya tiene esos dos dones, para disfrutar de ello debe estar, además, presente en nosotros y cuajar en una fusión entre cuerpo y espíritu. Todo esto parece y es complejo y podría parecer rebuscado. Lo que pasa es que derriba tópicos muy anclados. En efecto, nos enseñaron a creer que los pares perfectos se dan entre cuerpo y alma y no entre cuerpo y espíritu. En realidad, llevándolo a los descubrimientos del MAT, constatamos que el primer par teórico se daría entre rabia y amor, es decir entre lo que no está y lo que sí hay. Este equipo trabajaría bajo el signo de la resignación y del conflicto. Esta situación se puede dar, pero aleja del rigor, de la eficacia, y mezcla peras con manzanas. Ese tópico, muy extendido entre metafísicos, originó una visión del ser desgarrada y pulsional, siempre en lucha por la consecución del imposible. Y plantea falsos problemas como siendo los que realmente nos disocian entre el sueño imposible y la realidad.
El segundo tópico es asociar alma y espíritu. Es propio de las visiones religiosas. Se basan en la intuición de la existencia de la secuencia amor- alegría. Que es real pero subordinada a los ejes. La visión antedicha nos transforma en puros entes etéreos en su rol religioso y en rastreros vergonzosos en su rol de seres reales con necesidades mundanas. Por eso, en la mayoría de las religiones, cuando el religioso se quiere dedicar a su elevación, se debe retirar del mundo mundano y privarse del cuerpo.
El cuanto al segundo eje, siempre fue presentado como lo imposible por antonomasia. En efecto, quien dice armonía dice congelación, y no, por lo contrario, equipo indisociable con la metamorfosis. Y, si lo meditamos, este par es el único que permite ser en permanente y tranquila y segura expansión.
Volvamos a nuestro tercer eje Vitalizador-rabia / Orientador–alegría. Tomemos, como siempre, tres ejemplos para ilustrarlo:
Una mujer es acusada de haber matado por envenenamiento a una anciana a la que cuidaba. La detienen y la llevan a juicio ante un jurado. Esa mujer es enfermera y hacía su trabajo con esmero. Es totalmente inocente, pero no tiene cómo probarlo. Siente, naturalmente, ya que en nuestro ejemplo funciona bien, indignación contra la acusación, o sea, rabia. El jurado la declara culpable y la encarcelan. Nuestra enfermera pierde así su libertad y, con ella, la alegría.
Un joven es invitado, a través de una serie de meses haciendo chat por internet con una joven, a pasar vacaciones de ensueño en una isla con un grupo de amigos de la joven. Nuestro joven anda corto de dinero y se disponía a renunciar a sus vacaciones. Siente una gran alegría y llega a la isla dispuesto a disfrutar de su amiga y de maravillosas vacaciones. Está feliz. Al cabo de un día se da cuenta de que está en una secta que lo quiere captar. Se siente indignado por el engaño. Cuando se lo comunica a su amiga se da cuenta de que ella no percibe que se trata de una secta.
Un niño es manipulado por su madre para que se convierta en su protector cuando sea mayor, para que estudie lo que ella hubiera valorado estudiar y no pudo, y para que no funda su propia familia para vivir con ella. El niño siente auténtica rabia, pierde su alegría y se siente utilizado.
De esta serie de ejemplos nace la comprensión de la primera ley del tercer eje: donde hay rabia no hay alegría, y donde hay alegría no hay rabia. En efecto, nuestra enfermera se sentía feliz en su puesto y no había ningún rechazo por su anciana. Cuando la acusan indebidamente, siente rabia y pierde su alegría. Nuestro joven se sentía feliz por la maravillosa invitación y no tenía reparos contra la joven. Cuando percibe el engaño, siente rabia y desaparece su alegría. Nuestro niño era feliz y alegre. Cuando es manipulado por su madre, siente rabia y lo que intuye como siendo la vida que le espera le roba su alegría.
Pero dijimos que nuestros tres protagonistas funcionan bien:
Nuestra acusada encarcelada se encuentra en la cárcel y se sabe inocente. Eso le da paz consigo mismo, y el contacto con sus compañeras de celda que sí son culpables, le trae una alegría de su diferencia y la esperanza en que su abogado logrará apelar y demostrar su inocencia. Por otro lado, su indignación contra sus compañeras de prisión que le presentan el crimen como algo normal y propio de gente lista la lleva a una mayor satisfacción consigo misma y descubre la calidad de su espíritu que ninguna cárcel pudo encerrar, y con el cual toma contacto por primera vez.
Nuestro joven indignado se alegra de la buena fe de su amiga, que también fue engañada, y descubre una oportunidad para liberarla, accediendo así a una alegría mayor de la que tenía. Decide buscar y encontrar a otros incautos como ella, hacerlos reaccionar con rabia, y liberarlos también.
Nuestro niño se da cuenta de que su madre también fue víctima de su propia madre, a quién dedicó toda su vida. Siente rabia por ella y decide apostar por la suya propia, preservando su alegría y luchando por hacer comprender a su madre la monstruosidad de sus actos. Como sabe despertar la indignación de su progenitora contra su propia madre y el horror de estar dañando a su hijo, logra liberarse y, además, liberarla de un prejuicio y de un fatalismo que no la dejaba fluir en paz y dejar al hijo ser en paz.
Con ello accedemos a la segunda ley: cuando hay rabia auténtica hay que apostar por la alegría para incrementarla, y donde hay alegría auténtica hay que apostar por la rabia para aumentarla. En efecto, nuestra enfermera desconocía el disfrute que da el convencimiento de la inocencia propia. Esa es la verdadera fuente de la alegría duradera. Y con ella, disfrutó del contacto con su espíritu inalienable. Nuestro joven estaba triste sin vacaciones y sin finalidad espiritual. Descubrió, apostando por la justicia, es decir por la rabia, que podía aportar alegría a otras personas e incrementar la cantidad de ella en sí mismo. Nuestro niño apostó por su rabia y desenmascaró injusticias y prejuicios, con lo cual, además de liberarse, liberó la conciencia de su madre, haciéndola acceder al miedo de dañar y a la alegría de dejarlo regir su vida en paz.
Este proceso abre paso a la tercera ley: donde hay rabia hay alegría y donde hay alegría hay rabia, si ambas son auténticas, por supuesto.
En efecto, cuando ambas emociones son auténticas, cada una empuja a la otra para cimentar y ensanchar el campo de acción de sendas estructuras y desarrollar sus habilidades. Ilustremos esta ley con nuestros tres ejemplos:
Nuestra enfermera siente rabia legítima de ser acusada y de ser mezclada con presas que sí son culpables de no haber querido respetar la integridad de la vida humana. Esa rabia le da energía para defenderse y recurrir, a fin de probar su inocencia. Si persiste, lo logrará, y su Vitalizador estará más fuerte y sano que antes. Pero ocurre que esa rabia tiene como virtud adicional hacerle tomar conciencia de la diferencia entre su espiritualidad y la de las otras presas y, también, de la paz que da el saberse inocente. Con lo cual conecta su alegría y la aplica a su máximo campo de acción, el del espíritu. Eso la hace acceder a dimensiones que antes no usaba ni sospechaba poseer. Como resultado, su alegría crece y su espíritu se expande. Cuando salga de la cárcel y sea declarada inocente, saldrá más crecida que antes de la acusación. Esto ocurre, como en las demás leyes de los ejes porque ambas emociones asociadas son auténticas. Si no, la enfermera saldría de la cárcel fragilizada o tal vez, destrozada.
Nuestro joven siente rabia de haber sido engañado. Su indignación despierta la de su joven amiga engañada. Con lo cual nuestro joven accede a una mayor alegría de liberar a su amiga y a todos los incautos que cayeron en la trampa sectaria. Con lo cual su rabia crece y su Vitalizador capitaliza una experiencia más para defenderse y denunciar las sectas en cualquier tiempo y lugar.
Nuestro niño siente rabia por la manipulación de su madre. Al confrontarla y mostrarle que ella también siente rabia contra su propia madre, accede a la alegría de librarse y de liberarla. Al final del proceso tendrá un Vitalizador más enérgico y lozano, a más de desarrollado, y un Orientador mayor y más sano. Todo termina mejor de lo que empezó.
Toda esa maravilla es sólo posible si ambas emociones son auténticas. Si una de las dos no lo es, ninguna de las tres leyes se aplica y sólo se llega a desastrosas destrucciones. Veamos nuestros tres ejemplos partiendo de la hipótesis de partida: nuestros tres protagonistas tienen esas dos emociones sanas, pero sus interlocutores no.
La enfermera tiene a un abogado que en vez de rabia tiene miedo. Si decidiera conservar a ese abogado, él le recomendaría que se declarara culpable y aduzca locura transitoria como circunstancia atenuante. Nuestra enfermera funciona bien y aplica su rabia al cambio de abogado defensor.
El joven descubre que su amiga, en vez de rabia, siente tristeza. Ésta caerá entonces en el fatalismo y conformismo y le responderá que el mundo entero es una secta y que allí, por lo menos, les pagan vacaciones que ella tiene la intención de disfrutar sin crear conflictos. Nuestro joven buscará a otros engañados que tengan una buena reserva de rabia para liberarlos con él y se olvidará de esa amiga con quien sólo perdería su tiempo.
Nuestro niño tiene la suerte de tener una madre que tiene una buena reserva de rabia y de alegría sanas. Si, en vez de ello, la madre tuviera miedo en vez de rabia, temblaría ante la idea de reaccionar contra su propia madre e induciría a su hijo a someterse “porque la vida es así”. Y si tuviera orgullo en vez de alegría aceptaría su propia indignación contra su madre pero se arroparía bajo un manto de dignidad y de orgullo por haber “cumplido” con su voluntad. Induciría a su hijo a hacer lo mismo, desarrollaría con él relaciones narcisistas de poder y trataría de convencerlo de que ser heroico es un destino más alto que ser feliz y libre. Nuestro niño se vería tachado de mediocre y de egoísta al mantenerse fiel a la verdad, y su vida cerca de su madre sería un suplicio. Le rogaría, por ejemplo, que lo enviara a un internado para poder conservar su integridad y lucharía por librarse de su madre cuanto antes.
Como en los dos otros ejes, las leyes se aplican sólo en caso de que las dos emociones que trabajan en equipo sean auténticas. Si una de las dos falla, no habrá eje ni viga para sostener y fortalecer la estructura, que se derrumbará.
Si se desconectan las dos emociones surgirá el tercer tipo de psicopatía: la satánica. Esa doble desconexión de la rabia y de la alegría auténticas da el perfil de los psicópatas que adoran a Satán, celebran misas negras o ritos satánicos con sacrificios humanos, eligiendo como víctimas preferenciales niños y adolescentes vírgenes que sacrifican en el altar de una figura arquetípica y mítica que no existe.
El perfecto funcionamiento del eje rabia-alegría da lugar a la figura del ángel que llega o está en la tierra como emisario de Dios ante los hombres. Una persona que, tras culminar su proceso de trascendencia, alcanza el tercer grado en el descubrimiento y manejo de los ejes, será el equivalente de un ángel en la tierra. Se dirá de él que es auténticamente angelical, es decir que tendrá la virtud de cortar con vitalismo y certera puntería con la mentira en todas sus expresiones y aportar la verdad más oculta con alegre naturalidad. Hay tan pocos seres que alcanzan esa estatura, que son considerados seres iluminados y guiados por divinidades. Pero ese enfoque es falso. Ese desarrollo forma parte de las virtualidades de lo humano. Está en la estructura del ser humano desde su misma concepción, y sólo es cuestión de avanzar en el conocimiento de sí mismo para alcanzar la memoria y el contacto y el manejo de nuestro tercer eje para convertirse en ese ángel terrenal. Es el exilio de nosotros mismos el que proyectó esa virtualidad humana hacia el cielo. Tanto los Maestros, como los Sacerdotes como los Ángeles forman parte del crecimiento terrenal, natural y alcanzable de lo humano. No existe ningún Dios que baje a darnos un don celestial. Ese don lo llevamos todos dentro. Y no sólo los humanos. Los animales también; tienen dos ejes: amor-tristeza y rabia-alegría. Como les falta el segundo eje, no han podido crear una civilización y formular conceptos en un lenguaje elaborado.
Un ángel hace que lo virtual se convierta en lo presente y que lo presente se aúpe y alcance lo virtual. Él da testimonio de que al no retroceder ante la mentira y desenmascararla, se accede a la verdad. Y ello con la mayor naturalidad. Por eso ha sido llamado ángel.
Porque muestra que siendo así se es emisario de Dios en esta tierra.
A nosotros no nos gusta ni la denominación de Maestro, ni la de Sacerdote, ni la de Ángel. Esas tres pomposa denominaciones confunden y estafan en el conocimiento de la realidad del ser humano. Preferimos llamarlos expertos en el manejo del eje de lo disponible, de lo existente y de lo presente. Gente crecida, nada más.
No nos gustaría cerrar este capítulo introductorio sobre las emociones sin hablar de una patología muy común en nuestro entorno. Se trata de la inversión de los ejes. Cada inversión produce su peculiar patología y esas patologías son gravísimas. No tanto como las desconexiones de los ejes, que, ya lo vimos, producen tres tipos de psicópatas asesinos, físicos los dos últimos y psíquicos los primeros. Los ejes invertidos producen psicotizaciones proyectivas que son muy dañinas para el que las sufre y aún más dañinas para los demás. Veamos:
La inversión del primer eje, es decir tener un Sintetizador alimentado por amor y un Protector alimentado por tristeza, produce el amor por lo que no hay y la depresión y el derrotismo ante lo que sí hay. Eso convierte a la persona en el antimaestro. En efecto, ante una pérdida, un vacío, una enfermedad, el sujeto se enamora, no de la persona afectada a quién puede ayudar con sus conocimientos, sino de la enfermedad, que trata de mantener. Es como si detectáramos que una persona tiene cáncer y nos enamoráramos del cáncer. Así el sujeto se siente importante a costa del padeciente. Se siente necesario y solidario con el cáncer y está y permanece junto a la persona a causa de su cáncer. No para erradicarlo, sino para cuidar y mantener en vida a ese cáncer. Es la manera más cobarde y rastrera de sentirse necesario. Para que esto ocurra, debe haber una creencia mágica: alguien debía tener el cáncer y no es posible librarse de esa maldición. Por lo tanto, cuando es el otro quien lo tiene, uno se siente agradecido y en deuda con él porque recayó sobre él y por lo tanto lo ha librado. Esta conducta, que parece descabellada, es muy frecuente. Tomemos el caso más corriente y dramático: las familias. Hay familias que tienen argumentos dramáticos de locura o de suicidio. Una madre hereda esa patata caliente de su propia madre y, en vez de entristecerse y de buscar solución para no caer en ese terrible destino, siente miedo y pasa el muerto a su hija. Cuando observa que empieza el mal a actuar en su hija, le dedica su vida y toda su atención.
En la otra punta del eje, sigamos con el mismo ejemplo de la madre. Otra de sus hijas es admirable y amorosa. En vez de sentir amor por esa hija y tristeza por sí misma y por la hija enferma, la madre sentirá tristeza por su hija admirable y amorosa. La verá como un problema que tratará de resolver invirtiéndole su eje. Por un lado sentirá tristeza de no ser indispensable y necesaria para esa hija. Sentirá tristeza de no poder ser su maestra sino su alumna. Sentirá tristeza porque sabe que, manteniendo su posición viciada la perderá tarde o temprano. ¿No es un caso corriente?
La inversión del segundo eje implica un Rector alimentado por orgullo y un Transformador alimentado por miedo. Esta psicotización lleva a sentir miedo de lo admirable, de lo innovador y de lo crecido y a sentir orgullo ante lo peligroso, lo inarmónico, lo conservador y lo rígido. Al igual que el caso anterior, esta inversión es muy corriente. Ello convierte a quien la sufre en el antisacerdote, es decir en el antiguardián de la dignidad y de la grandeza sagrada de lo humano. Pongamos un ejemplo para ilustrarlo: Un padre tiene un niño muy creador y muy fiable y seguro. Un hijo que funciona bien en el segundo eje. Cuando el niño manifieste su ingenio y su don creador, el padre lo alejará y lo alertará sobre lo peligroso que es inventar, le dirá que todos los genios son locos y que son perseguidos y acorralados por el mundo. Y cuando el niño sienta miedo, por ejemplo ante una tormenta o ante la oscuridad, lo obligará a salir sólo en la tempestad y lo encerrará en un armario oscuro durante toda la noche, “para que se convierta en un hombre”. Ese padre, con relación a sí mismo, sentirá orgullo de invadir, castrar y rebajar la talla de los demás y miedo ante lo innovador, lo admirable, lo grande. Será el capo de la mafia casera. Sentirá miedo ante lo que es y orgullo ante lo que no es. Será el castrador orgulloso de todo lo que vale la pena en el mundo. Será un dictador rígido, conservador y reductor. Y exigirá que lo llamen El Patriarca. ¿No es frecuente ese caso?

La inversión del tercer eje implica un Vitalizador alimentado por alegría y un Orientador alimentado por rabia. Eso lleva e ser el antiángel, es decir aquél que denuncia, corta y combate todo lo que sí está en el fluir y la alegría de la percepción de lo divino, de la paz y de la visión certera de la verdad. Y es aquél que promueve, se la juega, vibra y se entusiasma con toda la mentira, la manipulación y la injusticia. Es el depredador total. Tomemos un ejemplo casero, porque esos ejemplos caseros producen los mayores estragos, en ese caso en el espíritu y en el cuerpo de los familiares. Aquí tenemos a la figura del maltratador doméstico. El hijo mayor, pongamos por ejemplo, tiene su tercer eje invertido. Tiene una madre plácida y encantadora y una esposa sumisa. Cada vez que hay una celebración religiosa (Navidad por ejemplo) o casera (un cumpleaños) o sencillamente, cada vez que su gente esté plácida y alegre,  él sentirá que lo invade el furor y golpeará, maltratará, romperá los regalos, incendiará la casa. Cada vez que vaya a la iglesia y la ceremonia llegue al final y canten el aleluya, él sentirá odio por Dios y jurará destrozar a sus criaturas. Y, cuando haya una ocasión de denunciar una injusticia, cuando se trate de no estafar ni de engañar se sentirá eufórico y entusiasmado, investido de la misión sagrada de ser el depredador. Así se sentirá el más listo, el rey de la jungla, y hará revelaciones inspiradas sobre la legitimidad de destruir para demostrar quién reina allí. Será un fan de todos los ídolos más repugnantes de la sociedad y de las modas. ¿No se dan casos así?

Esperamos, en estos capítulos introductorios sobre las emociones, haber despertado la curiosidad por ese aspecto tan vital de nuestra personalidad. Y quisiéramos también alertar sobre un aspecto, que, por larga experiencia docente en MAT, no queda  siempre claro a nuestros estudiantes y les hace perder tiempo y energía. Si bien las emociones son nuestra única energía disponible para hacer funcionar nuestra estructura, no es menos importante conocer primero la estructura. En efecto, la estructura de personalidad que compartimos todos los seres humanos es nuestra instalación, nuestra morada, nuestra arquitectura. Conocerla a la perfección es esencial para orientarnos en nosotros mismos y evaluar a los demás. Esa instalación, si la estudiamos de manera aislada, nos permitirá saber para qué estamos dotados todos los seres humanos, para qué servimos, cuáles son las habilidades con las cuales todos nacemos. Es esencial saberlo. Pero si nos limitamos al conocimiento de las estructuras, nos vamos a pasar la vida angustiados por saber por qué hay habilidades y funciones que desarrollamos bien y otras poco o mal. Vamos a llorar frente a habitaciones cerradas y abandonadas de nuestra propia morada, en vez de abrirlas, penetrar en ellas, limpiarlas y usarlas.

Comprender el funcionamiento de nuestra estructura equivale a conocer, manejar y dominar las emociones. Convertirlas en auténticas, reconquistar el funcionamiento secuencial y fijarlas, consolidándolas en los ejes, es la condición necesaria y suficiente para que nuestra instalación funcione.

Ahora bien, las estructuras nunca se habían descubierto antes del MAT, mientras que las emociones, por vez primera en la historia de la humanidad, están de moda. La inteligencia emocional las puso de moda. Pero esa moda es, como vemos cuando estudiamos las emociones MAT, engañosa, porque en ella, con tal de que sea una emoción y sea sentida, todas valen. Y nosotros señalamos que sólo valen las auténticas, en secuencia y en los ejes, si aspiramos a ser lo que nacimos para ser.

Nuestra experiencia actual nos permite alertar a los lectores de esta obra sobre lo peligroso y frustrante de considerar el MAT como sólo estructuras o sólo emociones. El MAT ES INGENIERÍA EMOCIONAL Y SENSORIAL DE LA ESTRUCTURA HUMANA. Es todo eso. No sólo un trozo. Si nos fijamos en las emociones nada más, como ocurre demasiadas veces con nuestros estudiantes, corremos dos graves peligros: el primero es dispararnos fuera de nuestra morada con emociones disparatadas que no tienen función alguna y que sólo nos aportarán sobresaltos y cortacircuitos. Sería como jugar con un cable de alta tensión y electrocutarnos, en vez de conducir esa energía para hacer funcionar nuestra morada, al menos la sexta parte de ella. Por otro lado, fijarse sólo en las emociones es entrar en un mundo de locos donde se pugna por sentir emociones exaltadas, es decir, todas falsas y, para más INRI, dar a todas esas emociones la misma legitimidad. Es decir, el mismo derecho de ciudadanía. En otras palabras, sería querer invertir y acabar con el eje alegría-rabia. En efecto, como ya vimos, la emoción auténtica no produce ninguna exaltación mesiánica. Produce PAZ, centramiento y felicidad tranquila porque es auténtica. Es de verdad  y la verdad es alegría, y la alegría es paz y sosiego. La exaltación es falsa alegría inflada que remplaza miedo auténtico. Y dar toda la legitimidad a una emoción falsa por el hecho de ser emoción es instituir, con alegría, la mentira y la injusticia, porque eso es causa de rabia. Alertamos a nuestros lectores sobre este hecho porque, como veremos en la última parte de este libro, esa tendencia maníaca, histérica y disparatada de sentir y valorar las emociones cualesquiera que sean y cuanto más falsas mejor, será la tendencia de moda durante los próximos 17 años. Y eso es causa de miedo, así que ya están ustedes alertados. Es tan peligroso, falso y mentiroso no tomar en cuenta las emociones, como se hizo hasta ahora durante toda la historia, como exaltar las falsas emociones, es decir la basura de la cual tenemos que librarnos. ¿Estamos de acuerdo?

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot