Archivo de la etiqueta: Eternidad

Por qué las flotillas van a Gaza y no a Siria – Jonathan S. Tobin

Sobre el artículo: “Por qué las flotillas van a Gaza y no a Siria“, de Jonathan S. Tobin

Fuente: libertaddigital.com

Fuente: libertaddigital.com

Un artículo objetivo y rotundo, que valdría la pena que TODOS leyeran.

En lo que mí hace, sencillamente, un cabreo: Palestina NUNCA existió, fue una denominación insultante y negadora del legítimo Reino de Israel perpetrado por los Romanos cuando destruyeron el Segundo Templo, por los años 70 D.C.

Luego vienen los colonialistas ingleses, que se especializan en crear líos (dividir para reinar) y se autonombran amos y señores de un “Mandato” sobre “Palestina”, luego llega la ONU y legitimiza esa abusiva insensatez y crea una colcha de “patchwork” donde nadie está seguro y todos están mezclados. Así y todo, los judíos lo aceptan. Los Árabes no. Y empiezan los pulsos y guerras de agresión a Israel, con el beneplácito de todos.

Es “como si” unos invasores ocuparan España, destruyeran el Palacio Real y la catedral de la Almudena y bautizaran “Vandalia” a España. Y luego se creara un supuesto pueblo Vándalo, financiado como parásitos culpabilizantes y abogados al terrorismo, financiado por los más regresivos gobernantes árabes (casi todos) para desviar el odio a las injusticias y abusos internos HACIA el odio a Israel y a los Judíos, alimentado éste en los parásitos aparcados, que recibieron y siguen recibiendo más millones que cualquier mafia.

El problema y boomerang -el boomerang es por lo general Justicia Inmanente- fue que esa mafia de opereta se transformó en una VERDADERA MAFIA -y como tal, Sociópata-, como en los peores años de Chicago en tiempos de la prohibición, Y QUE LOS MISMOS GOBIERNOS REGRESIVOS QUE LOS FINANCIAN LES TIENEN MIEDO. Así que cada cual se los quiere encasquetar al vecino y nadie los quiere en su casa, obviamente. Esto se llama “crisis humanitaria”. Los pobrecitos no pueden exportar cemento para hacer túneles ni bombas contra Israel. Pero sí pueden invertir sus incontables millones, fruto del chantaje mafioso a sus “hermanos”, en usar a su pueblo como escudo para cultivar el rol asignado de víctimas en “campos de refugiados”, una siniestra burla de los campos de concentración nazis y de sus auténticas víctimas.

¿Entonces se vería normal y legítimo abogar por los derechos de los “Vandalianos” y boicotear a España? No sé yo, pero el antisemitismo vuelve loco. La verdad es que sí. Así que a ver cuándo se convencen de que dar cuerda al virus de la locura NUNCA VUELVE INTELIGENTE NI CLARO. Pero mejor os aclaráis antes de que ISIS ocupe Al-Andalus, es decir España, según ellos. Esos al menos se revindican de una estúpida nostalgia…. Pero los “palestinos”, ¿de qué?

Cierto es que la palabra “palestina” en boca de Romanos, no era “inocente”. Puestos a ser Negadores, recurrieron a la “denominación de origen” de los enemigos de Israel “de toda la vida”: los Filisteos, casualmente localizados en Gaza. Así que puestos a insultar, que no quede: en vez de Vandalia lo llamaron Palestina cuando se referían a Israel.

Y si se tratara de devolver la tierra a los Filisteos que demuestren haber sido fieles a su cultural filistea de toda la vida (o sea, a ninguna), pues, mira: fantástico, porque en esa lógica Israel es el de las DOCE TRIBUS.

Me creáis o no, dentro de 3.000 años lo será. Pero dentro de 3.000 años, los Estados ya no existirán, serán “Comunidades culturales de elección anímica de valores y finalidades” los que unirán pacíficamente a los seres humanos. Y ese Israel existirá: la parte Israelí actual pero con fronteras decentes y geométricas, eso sí, será la de los territorialistas, la parte “Masculina” de un yo total, los productores de la Promesa de “Tierra de Leche”. Y el resto será una parte desarmada, multicultural y abierta, donde la guerra y la violencia, ni siquiera verbal, serán lo inimaginable, la tierra de los fabricantes de Miel. Su parte “Femenina”, vamos. Esto no es utopía: es visión de largo alcance y dentro de lo normal evolutivo.

3.000 años dentro de la Eternidad y la Infinitud, son un suspiro. Los Judíos siempre existiremos, los Justos de la Naciones, también, y serán multitud, así que ¡conservemos el sentido del humor! Jerusalén no se hizo en un solo día… ¡Shabbat Shalom!

Preciada Azancot, Julio de 2015

Anuncios

Fallecimiento de Leopoldo Azancot

Leopoldo Azancot murió ayer tarde. El próximo 16 de Agosto hubiera cumplido 80 años. Durante todo el día de ayer me sentí terriblemente deprimida, sin entender por qué. Por la tarde, sobre las 19.00h tuve la impresión de un vuelo, de que esa losa triste se alejaba y que sólo dejaba añoranza, nostalgia, un spleen, una conformidad -que no resignación- en aceptar que no todos los días pueden ser luminosos y que las brumas pasarán. Allá donde está siendo otro, no necesitará más esa nostalgia, esa conformidad que tanto le costaba en su justiciera impaciencia por la rectitud y por la inteligencia del corazón que tan pocas veces encontró en sus días de vida.

Leopoldo Azancot

Leopoldo Azancot

Leopoldo sólo puede morir en su cuerpo carnal –por tan poquísimo tiempo- antes de ser de nuevo, allá donde es su patria verdadera, nada más que esa luz radiante que emanaba de él.

Leopoldo es inmortal, porque era y es un genio. Un genio auténtico y de los más grandes. Lo sabía, como todos los genios lo saben. Y por ello sufría más de la indiferencia del mundo, como todos los genios la sufren, con desolación por el alma ajena, con compasión infinita por lo mucho que los demás se pierden durante sus vidas. Y por ello, tampoco esperaba nada del mundo, como ningún genio lo espera.

Pues, cuando se ha dado lo mejor del Ser en obra, cuando se ha hecho retroceder la barrera de lo imposible, cuando se ha logrado crear belleza inaudita e inagotable ésta, entregándola al mundo con cándida, edénica generosidad ¿qué se puede recibir en justicia y equidad para saberse retribuido, por más honores y dinero que se reciba a cambio?

Por ello es aún más sangriento cuando ni siquiera se les da el mínimo, ni siquiera se les quiere publicar sus obras maestras como se publica a cualquier cretino que no sabe coger una pluma, cuando ni siquiera se le da una colaboración en un piche diario que paga basura a precio de oro, cuando ni siquiera se les permite trabajar porque su talla arroja involuntariamente “agravios comparativos” sobre la de los pigmeos.

A Leopoldo se le ninguneo, persiguió, rechazó, ignoró, descalificó como a nadie en este país. Y esto es imperdonable. Se le ignoró y mató, gota a gota, día a día, rechazo a rechazo, silencio a silencio. Porque él, a más de genio inconmensurable, de la talla de un Cervantes, era rubio, era alto, era bello, era esbelto, tenía unos ojos turquesa preciosos y pícaros, era bueno, era el ser más respetuoso y educado, era lo más culto que vi en toda mi vida, era un gran amante y monógamo, era un andaluz altivo y un madrileño abierto, era un inmenso y apasionado judío, era un ser humano en toda su magnitud. Y fue el gran amor de mi vida y yo de la suya, durante los 23 años vividos juntos y después.

Leopoldo llegó a su hogar. Sé feliz, gran hombre, sé feliz.

Preciada Azancot, 22 de junio de 2015

Reflexiones sobre el Nobel y el orgullo

Al hilo del artículo “El reposo del Estirao“, aparecido en el Diario de León”.

Cela en la época de su estancia en La Vecilla - Fuente: El Diario de León

Cela en la época de su estancia en La Vecilla – Fuente: El Diario de León

Siempre me pareció que Cela era un impresentable. Conocía ese dato de su vida, uno de tantos actos viles que le caracterizaron. Por lo demás, su literatura, a más de muy vulgar, machista y chocante, es puro manierismo. Pero no es la primera vez que se otorgan Premios Nobel a quien no lo merece y se le niegan a los más grandes. A Leopoldo Azancot, -y esto nada tiene que ver con pasión de ex esposa- sin ir más lejos.

Leopoldo Azancot

Leopoldo Azancot

Este planeta se caracteriza por la negación del orgullo creador y por su despecho ante los genios. Sin embargo, el orgullo creador, innovador y transformador, civilizador en suma, es el talento real y virtual de nuestro triste -por ahora- y sufrido Mundo, abonado, como a una cadena perpetua, al mito de Sísifo. Y en menos de tres siglos, lo asumirá con toda la naturalidad y la alegría que le corresponde. Por el bien de todos. Y tres siglos son sólo una abrir y cerrar de ojos dentro de la Eternidad.

Lo cual no impide que los mejores, los más generosos y por ende, inteligentes y crecidos, puedan vivir, en el aquí y ahora, como el resto del Mundo más evolucionado vivirá dentro de siglos y hasta de milenios. Siempre fue así. Siempre lo será.

Preciada Azancot

La potencia del amor

 

Frase de Van Gogh

Frase de Van Gogh

Y nos dejó puro amor. Aunque, aparentemente, sólo haya encontrado el amor de una sola persona: su hermano Theo. Él nos enseña que no siempre los que nos merecen se encuentran en el mismo tiempo y lugar. Pues ¿qué alma sensible no adora a Van Gogh hoy, ayer y mañana?

A veces, los más grandes -y por ende los más sensibles-, los que se han ganado, por su pasión, belleza y verdad la Inmortalidad y la Eternidad, se ven puestos a prueba por el aislamiento, ninguneo e indiferencia de su entorno, quien sólo evidencia su miopía y pequeñez al no percibir la fuerza y generosidad del Genio. Pero eso es ilusión, indigna de ser tomada en cuenta. Aunque casi siempre le cueste la vida.

Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 30: TIPOLOGÍA FORTIFICADORA

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Dimensión dominante: Rector-miedo-tacto, su competencia.
Dimensión desconectada: Vitalizador-rabia-olfato, su talento.
Dimensión prohibida: Sintetizador-tristeza-oído, su vocación.
Dimensiones sanas: Protector-amor-vista.
Orientador-alegría-sexo.
Transformador-orgullo-gusto.

Tipología MAT Fortificadora por Preciada Azancot

Tipología MAT Fortificadora por Preciada Azancot

Percepción sensorial del Fortificador:
¿QUÉ VAMOS A VER? La figura geométrica que domina la estética Fortificadora es el octógono (rostro, busto, vientre, manos y pies).
Las glándulas que responden al miedo y funcionan con él son las suprarenales, y muy en particular, la secreción de cortisona y de adrenalina que rigen el cuerpo y la manera de ser del Fortificador. La cortisona le produce hinchazón, y el exceso de adrenalina, una posición defensiva ante la vida.
El rostro del Fortificador es por lo general más ancho que lo normal. La piel es lisa y tensa, tersa también. El exceso de agua no deja percibir la osamenta ni el músculo, y los rasgos son desdibujados, muy sutiles. Parecen haber sido dibujados para luego ser difuminados. La frente es lisa y refleja la luz como un espejo. No hay arrugas ni marcas de expresión en el rostro liso y sutil. Los ojos parecen más hundidos que lo normal y tienen poco brillo, como mirando hacia adentro. La boca es algo blanda y se chupa el labio superior. El cabello es fino y poco nutrido, salvo en unos pocos Fortificadores con tendencia innata hacia la conexión Constructora y que tienen un cabello igual de profuso que los Constructores. Pero la inmensa mayoría de los Fortificadores tienen el cabello tan fino como la piel, muy delicada, y se ponen calvos muy precozmente, comenzando por la coronilla. El rostro es proporcionalmente grande.
El cuello es ancho y corto. El cuerpo redondo y con tendencia a la obesidad pues, además de cortisona en exceso, el Fortificador tiene la tristeza prohibida y por lo tanto un bajo funcionamiento de la tiroides y del metabolismo. Además tiene la rabia desconectada y no quema todo lo que podría. El resultado es una gran tendencia a engordar, aunque no coman en exceso. A esa tendencia se añade la gran retención de agua en los tejidos (vientre, pies y manos que se hinchan fácilmente, y gran propensión a sudar en exceso). Hombros delicados y talle algo grueso, estómago y vientre algo prominente, brazos y piernas algo más cortos proporcionalmente al busto.
Las manos y pies, algo anchos, tienen dedos que terminan en punta, mucho más finos que sus bases.
El Fortificador se mueve de manera pausada y retenida, como a cámara lenta. Es algo pesado en sus pisadas. Parece algo torpe corporalmente.
Se viste muy discretamente, como para pasar inadvertido, y cuida su ropa interior, que puede ser de seda natural o de raso. Usa el azul marino y el gris, que son colores discretos aunque sombríos. No le gusta llamar la atención. Cuando está en un grupo, se sitúa al borde de éste o fuera de él.
Tiene la vista muy delicada y es normalmente astígmata. Por fortuna no es un caso frecuente, pero la mayoría de los ciegos son Fortificadores.
El Fortificador es muy hogareño y él inventó la palabra hogar. Le gustan las casas humildes desde el exterior y muy sensuales y ricas en su interior, como los palacios árabes. Acumula muchos objetos porque es un sentimental, y guarda todo el relicario de los abuelos. Además compra muchos tapices orientales, sedas y brocados, maderas y cueros repujados, cobres centellantes. También le gustan las porcelanas y las figuritas. Su casa es por lo general muy recargada y, para los estetas, de gusto dudoso. Tiene predilección por los colores pastel en la decoración. Trata de evitar el negro, pero abunda en la decoración de sus espacios vitales. También colecciona muñecas y peluches y coches de tamaño reducido. Le gustan los jardines intrincados y las fuentes. Adoraría tener un laberinto en su jardín.
El Fortificador es de estatura media y parece algo achaparrado. Los indios peruanos son un prototipo excelente para la estética de esta tipología.

¿QUÉ VAMOS A OÍR? El Fortificador es muy tímido y habla lo menos posible. Cuando lo hace baja mucho el volumen de la voz, que tiene un timbre grave. En fase de disociación la voz se vuelve aflautada y gritona. El ritmo del Fortificador es lento en el hablar y tiene tendencia a repetir las palabras que quiere destacar. Cuando se le hace una pregunta, tarda un tiempo infinito en contestar y lo hace sonrojándose y sintiéndose torpe.
El Fortificador es un ser esencial en todo y le gusta elegir sus palabras. Cuando lo hace, resulta muy impresionista y se le nota que su mundo interior está regido básicamente por sensaciones. No por ideas ni conceptos ni emociones. Por sensaciones. Por eso su lenguaje puede ser tan lindo como un cuadro de Monet. En el pasaje del Principito con el Zorro, éste es un Fortificador tipo que nos puede dar una idea muy precisa y sensorial de esta tipología.
Si bien el Fortificador ha logrado el silencio interior mucho más y mejor que cualquier otra tipología, vive rodeado de una música estridente y agresiva puesta a todo volumen, que él necesita para no pensar. También le gustan el ruido y la agitación de la calle, su escenario natural.
Al Fortificador no le atrae particularmente la cultura, al menos la formalizada. Prefiere la cultura en vivo, haciéndose, en la urbe. Es muy curioso y es el paseante paradigmático. Observa apasionadamente a la gente que lo rodea. Esta es su cultura favorita.
El Fortificador tiene el mejor sentido del humor. Capta el ridículo de las situaciones que nosotros vemos como normales y que, para él, son surrealistas. Cultiva también el humor negro. Cuenta extraordinariamente bien los chistes.

¿QUÉ VAMOS A TOCAR? El Fortificador odia ser tocado y nunca se aventura a tocar a los demás. En esto se entiende bien con Reactivadores. Pero en lo de tocar nada más, porque le horroriza el desbordamiento emocional de los Reactivadores. La piel del Fortificador es húmeda, porque suda mucho. Y la carne es blanda. Si se aprieta la piel, la carne dejará un rastro, unas marcas donde se hundieron los dedos.
Aunque no tiene una sola marca ni arruga, el Fortificador parece siempre más viejo de lo que es. Esto hasta los cincuenta años, a partir de los cuales empieza a rejuvenecer y parecer menor que lo que señala su tarjeta de identidad.
El Fortificador tiene poca tolerancia a las temperaturas extremas y sufre mucho tanto de frío como de calor.
Tiene la piel muy sensible y sufre de erupciones y de alergias con mucha facilidad.

¿QUÉ VAMOS A GUSTAR? Al Fortificador le gusta mucho comer. Come bien y mucho, y él inventó los guisos amorosamente cocidos durante horas a la luz de la lumbre. Le encantan los bizcochos, las magdalenas y todo tipo de pastas. Sabe todo sobre infusiones y licores caseros. Come de todo y evita solamente carnes y pescados crudos, aunque si se les acompaña de adobos y salsas, también los comerá.
El Fortificador es un excelente cocinero, esmerado, amoroso, paciente y algo imaginativo. Le releja cocinar y nunca se pone de mal humor si hay que preparar comida para veinte personas. Es un maestro de la repostería. Y se muere por los dulces. Prefiere renunciar a cenar con tal de comerse dos postres.

¿QUÉ VAMOS A OLER? El Fortificador, como suda mucho, debe lavarse más que el común de las personas. Su piel huele a musgo y a tierra recién mojada por la lluvia tropical. No es muy olfativo, porque tiene la rabia desconectada. Los olores corporales no le suelen repugnar.
En cambio, a él es a quien más gustan los perfumes. Los adora. Los colecciona, así como a todas las esencias para baño y también los inciensos, que quema muy frecuentemente para aromatizar su casa. Regalar un perfume a un Fortificador es acertar a ciegas. Le gustan todos, los florales y los orgánicos, los de hierbas y los de minerales. El fortificador es un gran sensorial y usa con deleite todos y cada uno de sus sentidos. Esa es la base y la raíz de su gran sensualidad.

¿QUÉ VAMOS A PERCIBIR SEXUALMENTE? De entre todas las tipologías, se puede afirmar sin temor a equivocarse que el Fortificador es el mejor de los amantes. Adora hacer el amor y no tiene manías ni preferencias especiales. En general, es básicamente heterosexual, pero puede, por su insaciable curiosidad, tener una o varias relaciones con personas de su mismo sexo. No tiene tabúes.
Es discreto y no va seduciendo a su paso, como lo hace el Promotor. Es bastante fiel cuando está enamorado, al menos, al comienzo de una relación.
Es un amante detallista y paciente, y sabe controlarse y esperar a que su amante tenga todos los orgasmos posibles antes de pensar en sí mismo.
Además le encantan los ritmos lentos y sutiles de estilo oriental y es un adepto del tantrismo aún sin saberlo.
Para él, el sexo es fundamental, y puede perfectamente quedarse con una pareja inadecuada si la sexualidad es satisfactoria. Le gusta el sexo por sí mismo y no necesita, como el Reactivador, estar enamorado para tener relaciones sexuales con alguien que le guste. Y tiene un gusto para el sexo que se parece bastante a su gusto por la comida: le gustan todos los tipos de personas.
Su elección de pareja es muy conservadora. Al Fortificador le aterra enamorarse perdidamente, pues asocia el verdadero y gran amor con la muerte: cree que si se pierde ese gran amor, lo que quedará por hacer será suicidarse. Por lo tanto, se protege del gran amor casándose con personas de su misma tipología. El Fortificador es el único en hacerlo. Tiene tanto miedo a la diferencia -porque asimila la diferencia con conflictos potenciales y con tensiones- que prefiere estar a solas consigo mismo, con una persona igual que él. Casi ningún Fortificador elige a la pareja cósmica para él, a un Legislador. Prefieren evitar riesgos. Luego sueñan con Tristán e Isolda.

Análisis estructural del Fortificador:
La dimensión muy dominante en el Fortificador es el Rector y el miedo. Un Fortificador le tiene miedo prácticamente a todo. Teme el cambio y teme la costumbre, teme a la gente y teme a los animales. Teme las emociones por encima de todo, porque le parece que la gente es irracional y no sabe controlarse. El sí que sabe. Controlarse es lo que mejor sabe hacer. Se controla de tal modo, y pone un rostro tan impasible, que nadie puede jamás adivinar lo que siente. Y odia que se lo pregunten. “Lo normal, todo normal” es su respuesta favorita en esos casos.
Además del miedo auténtico, que él tiene al 100%, tiene miedo en vez de rabia y, también, miedo en vez de tristeza. Con lo cual está casi siempre en esa emoción. Y, por si fuera poco, le gusta ver películas de terror y pisar a fondo el acelerador. Así está en su salsa.
Tiene la rabia desconectada. Si alguien lo agrede o lo manipula, él sentirá miedo. Luego volverá su legítima rabia contra sí mismo y sentirá culpa. El complejo de culpa es un invento Fortificador. Se siente culpable si algo no va bien, si algo falla, si llueve y va acompañado, si alguien se cae, si alguien lo abandona, si saca malas notas. Siempre y en las situaciones más inesperadas. Miedo y culpa son sus dos emociones existenciales.
Considera la rabia grotesca. Es la emoción, además, que menos se puede controlar. Por eso le da horror. La reprime de tal modo, que su necesidad de rabia humana termina por generar una fantasía que lo aterra máximamente: cree que si siente rabia será capaz de asesinar. Cree que lleva a un asesino adentro y por eso no expresa rabia. Ni siquiera se permite sentirla. La remplaza por culpa. O por miedo.
Como su Vitalizador está desconectado, su corporalidad deja mucho que desear: es torpe y lento en sus movimientos. Tiene miedo al ridículo si deja actuar su cuerpo. Por eso pocos hacen deporte y casi ninguno baila. Afortunadamente, hace el amor.
Su Sintetizador y la tristeza los tiene prohibidos. No piensa. Cae en confusión con mucha facilidad y se puede quedar dormido en las situaciones más inverosímiles. A él le entusiasmaría poder entender las causas de todo lo que existe en el mundo. Eso es el Nirvana para él, esa es la meta imposible que ansía lograr, sí, pero a condición de no sentir emociones, y de no recuestionar a sus seres queridos, y de no romper con la rutina ni con lo establecido. O sea, nunca.
Su Protector es muy bueno y es un amigo leal y fiable. Es muy cariñoso, solidario y comprensivo. Siempre y cuando no deba elegir, no deba decir “no”, no deba jugársela por nadie. El amor está intacto, sí, pero condicionado por tanto miedo y tanta culpa, que prefiere dedicarse a otra cosa y rehuye el compromiso.
La alegría, eso sí, es la mejor de sus emociones. Es fantástica siempre y cuando se trate de disfrutar de cada placer. Para eso, es el primero en llegar y el último en marcharse. Pero si se considera la función alta de la alegría, la espiritualidad y la religiosidad, nos encontramos con que el ateo de entre todas las tipologías es precisamente el Fortificador. Ha visto tantos disparates y tanta sangre vertida a nombre de dioses que jamás ha podido tocar personalmente, que prefiere renunciar y pensar que eso de las creencias en dios es cosa de locos y que él está cuerdo y no cree en nada. Aun en los casos más extremos, en fase de culminación, por ejemplo, encontramos el budismo, que no experimenta a dios, sino que tiende a la tristeza total de la desaparición, de la dilución en el Nirvana.
El orgullo, en principio, es una de sus emociones intactas y su Transformador es de buena talla. El Fortificador es muy ocurrente, muy creativo, muy imaginativo. Cierto. Pero el Fortificador no es un auténtico creador, porque carece de dos cosas esenciales para ello: la rabia para descartar rotundamente lo que no sirve y la pasión de jugársela hasta las últimas consecuencias.
En definitiva, el Fortificador tiene la estructura más sólida de entre todas las tipologías, pues se basa en tres dimensiones sanas. Pero el exceso de miedo y la falta de rabia, así como la prohibición de la tristeza (única emoción que permite pensar) reducen el tono y la altura totales. El Fortificador vuela bajo porque si no, le entra el vértigo. Una vez pasada la hiperconexión, se convertirá en un águila y en un titán. Pero eso nos pasa también a todos los demás.

Ingeniería emocional del Fortificador:
(miedo inflado: apocamiento – rabia:culpa –tristeza: fatalismo, derrotismo) +amor +alegría +orgullo.
El Fortificador, que estamos viendo de último y una vez descritas todas las tipologías, ilustra máximamente el absurdo de éstas: he aquí al más fuerte, pues su estructura reposa sobre tres dimensiones sanas, que se siente, se presenta y actúa como si fuera el más débil. La sensación de insignificancia frente a gigantes todopoderosos empapa todo su comportamiento. Aquí el cuento sería el de Gulliver en el país de los gigantes.
En efecto, esa sensación de minusvalía en lo que precisamente es nuestra fortaleza indiscutible: nuestra competencia, nuestro talento, nuestra vocación, que hemos, todos, desarrollado en el útero de nuestra madre, con los míseros medios que estaban a nuestro alcance en un momento y en un lugar donde el otro, la madre, tenía poder de vida y muerte sobre nosotros, debería precisamente hacernos reflexionar y reaccionar.
Sin buscar responsabilidades donde no las hay, y debido a nuestra condición de mamíferos, hemos perdido el contacto con nuestro Centro en un momento en que no teníamos ni siquiera cerebro para pensar. Luego hemos perdido el contacto con nuestros ejes, antes de los cinco meses de gestación. Eso nos ha grabado, muy hondo en nuestra conciencia, nuestra sensación de impotencia ante “poderes” superiores a los nuestros y ante los cuales sólo cabía adaptarse para sobrevivir. Esta es la parte negativa de nuestra memoria prenatal.
Pero está la parte positiva, que no es poca: hemos logrado la hazaña, todos los mamíferos de la tierra, de desarrollar un contrapeso, con nuestros pobres y limitados medios de feto humano, fabricándonos una competencia, un talento y una vocación que nos devuelve la plenitud en el preciso momento de nuestro nacimiento. Es por esa competencia, ese talento y esa vocación que podemos, en un proceso entusiasmante, recuperar nuestros ejes y nuestro Centro y seguir creciendo infinitamente. Pues todos tenemos estos medios para hacerlo.
Lo que pasa es que, por algunas razones que vamos a detallar, no nos hemos podido conservar conectados como en el momento de nuestro nacimiento. Y las principales razones de esto son:
No hemos recibido las respuestas auténticas y amorosas que necesitábamos en nuestra más tierna infancia. Por lo contrario, nos han obligado a identificarnos con nuestra competencia, convirtiéndola en una caricatura que la niega. Nos han arrancado nuestro talento convirtiéndolo en objeto de burla y de escarnio, haciéndonoslo odiar tanto afuera como adentro. Nos han prohibido nuestra vocación, lo que más nos podía realizar, convirtiéndonos en adoradores de ídolos que nos niegan precisamente esa vocación por encima de todas las cosas. Estos son los dioses falsos del olimpo que adoramos cuando estamos en nuestra tipología.
Si bien los padres y los educadores tenemos la mayor responsabilidad en ese desastre, en ese asesinato del cuerpo (competencia), del alma (talento) y del espíritu (vocación), se trata de asumirlo a plenitud y de rectificar mientras es posible, es decir, mientras estamos vivos. Y nosotros, los hijos también, deberemos admitir que, en eso, nuestros padres se quisieron más a sí mismos que lo que nos quisieron a nosotros. Esa es la pura verdad. Cuando no es así estamos conectados de bebé, hiperconectados de niños, trascendidos de jóvenes y culminados de adultos. Ese es el proceso de crecimiento natural, no cuando se ayuda a un infante, sino cuando no se le estorba.
La razón de más peso para que todo ese desastre ocurra es que todos tenemos una tipología que nos hace ver la vida y las cosas de manera invertida a nuestra verdad profunda. Entonces perpetuamos esas visiones “como si” de la realidad y de la verdad se tratara. En vez de nuestro talento, en vez de ser geniales, reaccionaremos con rabia destructiva, atacando esa misma genialidad en los que más nos importan. Y les diremos que “la vida es así” . En vez de nuestra vocación, es decir de nuestra espiritualidad plena que busca el Centro como fuente y destino de nuestro ser, reaccionaremos con fobia, con horror, como si de sacrilegio de tratara. Y es ese el modelaje que vamos a perpetuar y al que llamaremos “educación”.
Y, en fin y sobre todo, el Centro, que todo lo rige y lo ordena para bien, lo remplazamos, no ya por un dios padre que es sólo la proyección de una persona en fase de culminación, limitada, a medio recorrido de su crecimiento, sextidimensional, ese dios padre de las seis religiones reveladas. No, no sólo eso, lo que ya sería trágico, sino que lo remplazamos por nuestro dios arquetipal, esa grotesca caricatura de nuestro propio Mapa desconectado. Y eso es lo que adoramos como dios y eso es lo que ponemos en nuestro Centro en su lugar. Entonces la historia de los hombres, de las familias, de los estados y del mundo es una patética historia de guerra de clanes idolátricos. Una guerra a muerte donde ganar significa perderlo todo. Así está el mundo.
Y así es el talento y la vocación del Fortificador: darse cuenta de ello con tristeza primero, con rabia libertadora después, para acceder al orgullo de ser todo lo que cada uno de nosotros nació para ser. De no asumir ese talento y esa vocación, y convertirla en pánico a la insignificancia personal, en un pánico que ninguno de nosotros tuvo ni siquiera como embrión de un día, no es de extrañar que el más fuerte parezca el más débil, ya que todo, en un mundo tipológico, está al revés.

Creencias arquetipales del Fortificador:
El Fortificador también, cómo no, tiene su dios personal, a quién venera. Se trata de Aquiles. Su cólera estuvo a punto de perder a su ejército. Hijo de un Rey y de una diosa, causa inocente de una riña entre su padre y su madre, donde pierde a su madre y es confiado a un centauro. Bañado por su madre en el río infernal para darle la inmortalidad sin que estas aguas toquen el talón por el cual era mortal y vulnerable. Ser perfecto entrenado en las artes y en la lucha, héroe invencible. Prevenido sobre el peligro de ir a la guerra de Troya, decidió enfrentar el peligro, aunque disfrazándose múltiples veces e imaginando varias tretas para escapar a su destino. Aun con armadura divina es alcanzado por una flecha en el talón y muere.
¡Esto sí que se parece a la historia de las tipologías, siendo el talón de Aquiles nuestra emoción dominante! Pero, claro, si consideramos que la armadura divina es cualquiera de los arquetipos de las tipologías y no el Centro, los ejes y la secuencia, estaremos perdidos, pues “lo que no es” es sólo causa de miedo auténtico. Así no hay escape posible.
Identificado con el héroe Aquiles, el Fortificador tiene también, cómo no, dos creencias existenciales:
El mundo es una jungla (de la cual hay que esconderse bajo el velo invisible).
Nada puede cambiar (de todas maneras te terminan cogiendo).
Su Drama Existencial, D.E.: “Si no fuera por…” Convencido de su impotencia y de su insignificancia, el Fortificador hecha balones afuera para no pensar y así no encontrar opciones y para no sacar rabia y decir no. Así su perenne sentimiento de culpa se mantiene, pues el sentimiento de culpa se basa en la creencia de que siempre hay un culpable. Si no lo encuentra adentro, porque es inocente, lo busca afuera y justifica así su inmovilidad. Si no fuera por los políticos, por la suegra, por el jefe, por los inmigrantes, etc ¡qué fácil sería vivir! Así se queda quieto, y, el más fuerte, se presenta como la mayor víctima impotente.

Perfil psicológico de la tipología Fortificadora:
El Fortificador tiene una cualidad humana tan extraordinariamente alta como el Reactivador. Pero su decisión existencial es la opuesta a la de éste: mientras el Reactivador se lanza a pecho descubierto, ignorando todos los peligros reales, el Fortificador se esconde dentro de su caparazón y exhibe un cartel que reza “aquí no hay nadie, no hay nada”. Donde existe el mayor reservorio de respeto, sensibilidad, fortaleza, sutileza del ser humano, parece haber un gran vacío, un auténtico desierto.
El Fortificador es considerado y respetuoso. Jamás invade el territorio, las pertenencias ni la interioridad de nadie, aunque éste lo invite a ello, como el Promotor o el Reactivador; aunque a éste no le importe, como el Constructor o el Revelador. Él trata a todos como si fueran Legisladores.
Pero no se aplica a sí mismo el mismo tratamiento. Se traga sapos y culebras sin rechistar. Aunque es muy orgulloso y el más sensible de todos, hasta parece a veces que no tiene dignidad. Se le puede, o al menos, los demás así lo creen, decir de todo y en las formas más ordinarias. Porque controla totalmente su rabia, porque es sumamente educado y odia lastimar, todos creen que no tiene ninguna sensibilidad. De niño, a veces tuvo padres brutales que lo maltrataron físicamente y, como no lloriqueaba ni se enfadaba, dedujeron que era masoquista y lo pegaban rutinariamente, para que se quedara tranquilo.
Pero lo que pocos saben es que el Fortificador tiene una memoria de elefante y no olvida una sola cosa que hagan con él. Ni olvida las buenas, por las cuales queda en deuda de por vida, ni olvida las malas. Pero estas últimas sólo le confirman su creencia existencial de que el mundo es una jungla y que todos somos así de desconsiderados.
El Fortificador se ve como el más maduro y realista de todos los humanos. Los demás estamos tan dominados por nuestras pasiones y emociones, que no nos damos cuenta del ridículo en el que nos situamos de continuo. Los demás lo ven como alguien soñador, en las nubes, y muy insensible.
El Fortificador se divierte en la vida más que ninguno de nosotros. Para ello sólo necesita observarnos. Tiene una capacidad de observación fuera de serie y posee un don para la caricatura y un sentido del humor que disuadiría a muchos de intentar dárselas de listo con él. Él rompe sus caricaturas, a menos de estar preconectado y dedicarse a la comicidad, en lo cual es genial. Los demás creen que, sencillamente, no vio nada, no pensó nada. Todos se comportan con él como si fuera transparente. Es lo que el Fortificador más desea por otra parte. Y lo consigue, ¡vaya si lo consigue! Así puede seguir divirtiéndose con el grotesco espectáculo que damos los demás.
El Fortificador no es orgulloso. Mas bien tiende a minusvalorase en todo, salvo en una cosa: está orgulloso de su autocontrol. Él puede poner y pone cara estatuaria e impenetrable, puede controlar sus emociones y sus sensaciones, y hasta el latido de su corazón.
El Fortificador es muy sensible, ya lo vimos, muy sensorial, sí, pero es además sumamente inteligente. No lo manifiesta, a veces por temor a destacarse y a que le encasqueten una responsabilidad o un compromiso, a veces para no herir las espesas inteligencias ajenas.
El mayor reto, la mayor pasión del Fortificador es el control y el entendimiento del tiempo. No del espacio. Porque el espacio, ya decidió, de una vez por todas, no ocuparlo. Por eso su cuerpo protesta y engorda, para ocupar su propio espacio. Pero el tiempo, bajo todas sus formas, es su inquietud existencial. Él alcanzó el silencio interior, ese que todos buscamos y que el Legislador jamás encuentra porque está asediado por diálogos internos. No entiende cómo los demás se agitan y entran en diálogo con figuras fantasmales interiores que les exigen notoriedad, reconocimiento, fama, halagos, afectos, dioses, competiciones. Por ello, el Fortificador se considera el único cuerdo en un mundo de locos. Y agradece a la suerte estar en un mundo tan divertido, donde basta asomarse a una calle, a un tren, a un avión para ver desfilar el zoológico de las pasiones humanas.
El tiempo es vivido por el Fortificador con deleite: segundo a segundo, de manera secuencial en la que cada segundo es único y distinto y, a la vez, como si todo su tiempo de vida y todo el tiempo de la humanidad se pudieran condensar en un solo segundo, único e idéntico a sí mismo. Vale decir que el único en vivir diariamente y hora a hora la ETERNIDAD es el Fortificador. Así como el Reactivador vive paso a paso y hasta en la total inmovilidad la infinitud. Los demás creen, y se irritan por ello, que el Fortificador es una piedra y que jamás cambia en nada.
El Fortificador sufre. Y mucho, además. Sufre por la patanería circundante. Sufre por la brutalidad de todos. Sufre por la injusticia perenne. Sufre por la falta de compasión que hace llorar su corazón tiernísimo. Sufre por las relaciones de poder que parecen enloquecer a todos los humanos. Sufre por las enfermedades, el hambre y las miserias. Y, para aportar lo suyo a la mejora del mundo, con la que sueña, él se conforma con no tener necesidades, con no necesitar nada material, ni emocional, ni mucho menos, espiritual. Es sobrio como un camello y adiestrado en cruzar desiertos, como él. Con la diferencia de que el único oasis que necesita lo lleva puesto: es su coraza, con la que engaña al mundo sobre su supuesta debilidad. Eso es, para un Fortificador, ser fuerte de verdad. Y ser sabio.
Como muestra suprema de su sabiduría, el Fortificador no necesita a dios. Mientras los demás se matan a diario en nombre de dioses a cuál más grotesco, según su visión, él ha decidido que dios jamás existió. No porque el mundo está mal hecho, pues él se divierte un montón viviendo y es muy longevo, sino porque nadie lo necesita. Él ve a dios como al padre o la madre que todos buscamos para ser sus niños protegidos. Él siempre ha sido adulto y tiene un tal recuerdo de su niñez y de sus padres que, francamente, preferiría dejar de vivir antes que volver a esa pesadilla.
La relación que el Fortificador tiene con la rabia es la del más absoluto desprecio. La ve como la falta total de autocontrol, o sea, la decadencia máxima. No realiza para nada que la culpa, con la cual vive minuto a minuto y que cree propia de la existencia “normal”, es rabia no canalizada y revertida contra sí mismo. Cuando se lo dicen, mira con ojos desorbitados por la extrañeza: ¿Se puede vivir sin culpa? ¿Si saca rabia, no saldrá el asesino que guarda en sí? ¿No lo dominará por completo? Y, antes de pensar en la respuesta, huye. “No hay que escuchar a locos”. Y sigue su plácido camino de paseante. Cree que la no violencia es la clave y la solución de todos los males del mundo.
Sin embargo, la tristeza, cree él, es su talón de Aquiles. Ante ella se siente débil y desarmado. No la tolera. En cuanto pierde o se pierde algo, siente terror: si algo se deterioró, si algo se perdió, sucederá la catástrofe que siempre temió: todo se perderá, todo. El mundo entero se acabará. A continuación se siente culpable: fue por su culpa, por no estar suficientemente atento que eso se perdió. Y, tras un agotador autoexamen, al no encontrarse fallo alguno, encuentra a algún culpable afuera y recurre a su Drama Existencial: “Si no fuera por…” y se queda tranquilo.
Como vemos, la vida interior de un Fortificador es muy intensa y rica sólo que no se plasma en nada afuera, y, para los demás, salvo si se trata de un hijo o de algún bebé entrañable, la verdad es que, si no existiera, no se le echaría tampoco de menos. En eso el Fortificador, a quien le gusta llevar la corriente, estaría de acuerdo. De todas formas. vivir es una farsa o un sueño, o un malentendido. Sin más.
Como padre, el Fortificador es maravilloso. No castra ni interfiere en el desarrollo de sus hijos, ni en su originalidad y personalidad. Lo que pasa es que pocos Fortificadores desean tener hijos, por lo del sinsentido de la vida. Y, los que lo desean, tienen espermas tan lentos, tan frenados por el miedo, que no llegan al óvulo. La esterilidad es, las más veces, un fenómeno Fortificador. Necesitan conectar la rabia y la tristeza para remediarla.
Como amo de casa es muy hogareño y le gusta reunir a sus seres queridos en ella. Es detallista, paciente, indulgente, y le encanta la variedad y diversidad de los prototipos humanos. Se come comida casera, muy amorosamente cocinada durante horas y horas. Le gusta la casquería, las lentejas, los platos confitados, los postres sencillos y caseros, y cocina muy bien. No es muy imaginativo y, a veces, es un poco tacaño.
Para él la familia y la tradición, las costumbres son muy importantes. Le dan seguridad y sólo cuenta con ellas en esta jungla que es la vida.
Se suele casar plácidamente con alguien de su misma tipología, con quien no tendrá nunca conflicto alguno, ya que ven la vida de la misma forma. Junto a ella vivirá, si acaso tendrá hijos que adorará, envejecerá, a veces tendrá alguna aventurilla bien exótica y peligrosa, que lo hará valorar aún más su hogar, y morirá. Y eso es todo. Todo termina en donde jamás hubiera debido empezar: en la nada.
Los animales con quien más se le pude identificar son la tortuga y el elefante. Por lo demás, no tiene especial amor por los animales: prefiere el zoológico humano.
Lo único que lo desespera de sí mismo es que, de cuando en cuando, muy raras veces, se ve sumergido por un mar de sensaciones y por un marasmo emocional que le hacen perder el control y temblar, como si de una crisis de epilepsia de tratara. Jamás encontró explicación a eso: es sólo tristeza acumulada, con la cual no quiere entrar en contacto. Él bien sabe que cuando los demás lo obligan a concientizar o a compartir la tristeza, se bloquea, pone la mente en blanco, y no piensa. Si lo obligan a ello, entra en una total confusión. No le gusta pensar. Si se piensa mucho, uno termina pegándose un tiro, así, por las buenas, sin más.
No sabe que ocurre precisamente lo contrario: pensar elimina los problemas. Por eso, la mayoría de los suicidios los cometen los Fortificadores. Y si no lo hacen conscientemente, lo harán quedándose dormidos al volante o pisando el acelerador, lo que les encanta.
Mientras pasa su vida sin pena ni gloria, el Fortificador paga las consecuencias de su decisión de vivirla a media luz: como no quiere pensar ni plantearse problemas, como no expresa rabia, como no tiene vida espiritual su cuerpo le pasa factura y se siente mal. Somatiza los problemas. Como la medicina actual no trabaja sobre las causas de las enfermedades sino sobre sus síntomas, le hacen exámenes y no encuentran nada. Por eso todos dicen que es hipocondríaco. Luego surge un bloqueo renal, o un cáncer linfático “imprevisible”.
Profesiones: Investigador. Caricaturista. Miniaturista. Jardinero. Monje de clausura. Reportero en las guerras. Circo. Payaso. Relojero. Ingeniero. Humorista.

F.E.E.: ( miedo inflado: apocamiento –rabia: culpa –tristeza: fatalismo) +amor +alegría + orgullo.

Fases de evolución tipológica:
FORTIFICADOR CONECTADO: FORTIFICADOR – CONSTRUCTOR.
Conserva las cualidades de su Mapa: Es fiel, discreto, intimista, amable, soñador, resistente. Es un caricaturista y un humorista nato. Es soñador, secreto, discreto, permisivo, paciente. Es muy agradecido y considerado, sacrificado, maduro, muy inteligente y trabajador. Es detallista, sobrio, austero, puro. Gran sentido de observación. Es capaz de ver lo ridículo de cada magnificación o descalificación. No da consejos a los demás. Es el menos propenso a contraer enfermedades graves ( porque su estructura reposa sobre tres emociones auténticas).
Además, se convierte en persona en toda su magnificencia, la norma y prototipo de lo posible humano. Luchador infatigable y humilde que construye, en el lugar y momento en el que esté, un oasis que sirva de referencia, modelo y norma para los demás. Es un líder auténtico que contagia optimismo y confianza a través del ejemplo personal. Un ser humano que irradia la alegría de la certeza de encontrar la frontera de lo posible y convertir el sueño en realidad. Un juez justo y firme. Un valiente. Un amigo verdadero. El eje y centro de la vida en sociedad.
Se sitúa con algo de recelo en el camino de la hiperconexión y de la trascendencia. Necesita ayuda, guía y modelaje para hacerlo. Se pone en el camino de un Brahms.
Profesiones: Juez. Legislador. Presidente. Poeta. Político. Organizador. Coordinador. Cantante.
F.E.E.: (miedo + rabia + tristeza) + amor + alegría +orgullo.
D.E.: ninguno.
Usa el 80% de energía innata y forma parte del 2% de la población de Fortificadores.

FORTIFICADOR PRECONECTADO: FORTIFICADOR-REVELADOR:
Es un genio de lo absurdo, de lo cómico, de lo caricatural, de lo surrealista. Es el paseante que todo lo ve y lo cuenta a su modo, sintético y percutante. Es un creador discreto y marginal (en el sentido de no estar en ninguna corriente). Vive en su burbuja de cristal.
Pero cree demasiado en el poder de la risa como arma de denuncia y para desenmascarar las injusticias. Teme la confrontación y la violencia. Se culpabiliza con los más manipuladores. Desconfía de todos y de sí mismo más que de todo. Tendencia al alcohol y a la anorexia. No acepta puestos de mando ni de responsabilidad.
Profesiones: Artista. Cómico. Cineasta. Periodista. Caricaturista. Biólogo. Escritor.
F.E.E.: (miedo – rabia (apocamiento) –tristeza (impotencia) ) +amor + alegría +orgullo.
D.E.: “Si no fuera por…” y “sí…pero”.
Usa el 40% de energía innata y forma parte del 15% de la población de Fortificadores.

FORTIFICADOR EN EL MAPA: FORTIFICADOR-FORTIFICADOR.
Corresponde en todo a la descripción del comienzo.
Usa el 30% de energía innata y forma parte del 10% de la población de Fortificadores.

FORTIFICADOR DESCONECTADO: FORTIFICADOR-REACTIVADOR:
Se atreve a acercarse a los demás, aunque se deja el pellejo en cada encuentro. Está lleno de piedad hacia los que sufren y de severidad consigo mismo. Es tierno y agradecido. Es absolutamente fiable y puede ser un gran artista. Valora la amistad por encima de todas las cosas de este mundo.
Pero es más vulnerable que nunca y es capaz de morir por un amor no correspondido. Sueña con un orden Reactivador conectado, pero no se atreve a creer en él. Es masoquista y elige mal a su entorno. Salva a Reactivadores y a Promotores disociados. Es infeliz y propenso a enfermedades neurológicas (epilepsia, esclerosis múltiple) y renales. No se mueve por temor a dañar. No confía en sí mismo.
Profesiones: Médico. Sacerdote. Confesor. Docente. Misionero. Artista.
F.E.E.: ( miedo inflado: intimidación –rabia:culpa –tristeza: masoquismo) –amor: desconfianza +alegría + orgullo.
D.E.: “Si no fuera por…” y “Sólo trato de ayudarte”.
Usa el 20% de energía innata y forma parte del 55% de la población de Fortificadores.

FORTIFICADOR PREDISOCIADO: FORTIFICADOR-PROMOTOR.
Es el hombre de confianza ideal para todo dictador, todo inescrupuloso.
Aterrado por un mundo sin amor, que ve como una jungla donde el más fuerte se traga al débil, renuncia a su esencia y se pone al servicio del más cínico. Es trepador, inescrupuloso y envidioso. Sube y luego se estrella aparatosamente. Es adicto a las anfetaminas, a la cocaína y al alcohol. Es propenso al cáncer, a leucemias, a espasmos circulatorios, a accidentes de circulación y a inversiones de patrones sexuales y sociales. Se somete a todas las corrientes de moda. Es hipocondríaco.
Profesiones: Mafioso. Policía inescrupuloso. Político. Corredor de moto, avión o coches.
F.E.E.: (miedo inflado: cobardía – rabia: fanatismo –tristeza: nihilismo) – amor: narcisismo –alegría: sacrilegio –orgullo: proselitismo. Además invierte el eje rabia-alegría.
D.E.: “Si no fuera por…” y “Cheque de goma”.
Usa el 3% de energía innata y forma parte del 15% de la población de Fortificadores.

FORTIFICADOR DISOCIADO: FORTIFICADOR-LEGISLADOR.
Es el soldado ideal de un grupo terrorista, es el kamikaze perfecto y el “mártir que muere en guerra santa. Es el verdugo frío de campos de concentración.
Mata a sangre fría y luego come y acaricia a su perro. No siente nada. Sólo lo excita el sadomasoquismo. Es un asesino a sueldo, un funcionario de la muerte, un carcelero. Está deshumanizado. Le encanta dar órdenes dictatoriales y militaristas. Puede sufrir un bloqueo renal o un espasmo coronario o pulmonar mortal. Se puede suicidar con deleite y de manera ritual (harakiri) en nombre de un arcaico y tribal código del honor.
Profesiones: Soldado. Policía de interrogatorios. Político. Verdugo. Mercenario. Kamikaze. Terrorista.
F.E.E.: ( fórmula letal: falso miedo inflado + falso orgullo inflado) e inversión de los dos otros ejes: amor en vez de tristeza: martirio, masoquismo y tristeza en vez de amor: necrofilia + rabia en vez de alegría: sacrilegio y alegría en vez de rabia: fanatismo e idolatría.
D.E.: “Si no fuera por…” y “Defecto”
Usa el –16% de energía innata y forma parte del 3% de la población de Fortificadores.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 22: HISTORIA DE NUESTRA GESTACIÓN

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Resumamos, con palabras cotidianas, el proceso de la GESTACIÓN: Poco antes de ser liberado el ovocito primario (estado original del óvulo en el ovario) del folículo, su núcleo se divide por meiosis y se elimina el primer corpúsculo polar. Éste queda inmediatamente fuera de la membrana celular del huevo y formará la placenta y todos los cuerpos maternos que alimentarán y protegerán al feto. Hay un primer “desprendimiento” del sí mismo de la madre para ofrecer un espacio seguro al hijo. Parte del amor y, más especialmente, del eje amor-tristeza, que diferencia “lo que hay” para el hijo de lo que hay del hijo, sin mezclarlo. El huevo liberado se transforma en el ovocito secundario. En este proceso, cada uno de los 23 pares de cromosomas pierde uno de sus compañeros del cuerpo polar y tenemos 23 cromosomas no pareados. En este segundo proceso interviene el segundo eje orgullo-miedo. Hay una serie de transformaciones donde se desecha la identidad de la madre como proceso clónico y se desprende de cada pareja de cada uno de sus cromosomas para preparar la mitad de la individualidad del niño. Ninguna vida es posible sin que estos cromosomas encuentren a su pareja. Es la mitad de un ser potencial, del cual se ha separado “la imagen y semejanza con la madre”, puesto que se quitan cada pareja de cada cromosoma.

Unas cuantas horas después de que el espermatozoide entra en el ovocito, el núcleo se divide de nuevo y expulsa un segundo cuerpo polar, con lo que se forma el óvulo maduro. Este tercer proceso evidencia la intervención del eje Alegría –rabia de los tres seres en presencia: el del padre que entra y se fusiona y exige formar otra cosa que no sea suma de dos, el del hijo que tiene aspiración a ser realmente sí mismo y diferente de ambos progenitores, y el de la madre que deja de ser protectora y creadora y deja que cada cual haga lo suyo, cortando con todo apoyo innecesario que podría convertirse en una invasión que imposibilitaría el surgimiento de un ser completo. Para ello, la segunda expulsión del cuerpo polar. Así quedan 23 cromosomas impares, los del hijo. Uno de los cromosomas, el cromosoma X, es femenino. Necesitará de un cromosoma Y del espermatozoide para ser varón y de un X para ser hembra.

De 300 millones de espermatozoides que contiene una eyaculación común, 1.000 a 3.000 logran llegar cerca del óvulo. Los más fuertes y sanos. Esos espermatozoides finalistas atacan la corona radiada del óvulo para abrirse paso. Cuando uno de ellos entra, su cabeza se hincha desmesuradamente para formar el pronúcleo masculino. Los 23 cromosomas del pronúcleo masculino y los 23 cromosomas del pronúcleo femenino se alinean entre sí para constituir un elemento completo de 46 cromosomas en el óvulo fecundado. Así se establece la fusión –diferenciación del tercer eje: alegría-rabia. Entonces surge el ser potencial completo y autónomo: los tres ejes al servicio del Centro creciendo en la secuencia emocional humana. Así puede intervenir el proceso de división y diferenciación celular, para que la promesa se convierta en realidad disponible, existente y presente: un bebé. Este proceso es lo que se denomina fecundación.
Entonces comienza un dificultoso proceso de transporte del óvulo por la trompa de Falopio hasta el útero. Durante esta fase ocurren varios procesos de división celular y se crea el cigoto. Éste se queda entre 2 a 4 días en la cavidad uterina donde es nutrido hasta convertirse en una masa de 100 o más células que convierten al cigoto en mórula. La mórula segrega células que digieren células uterinas y las licuan para prepararse un colchón de implantación en el útero.
Poco después de la implantación, se desarrolla una cavidad (Centro vacío) en la masa de células y empieza a desarrollarse el embrión a lo largo de una de las paredes de la cavidad. Es la etapa donde el embrión es blastocisto.
El embrión de un mes tiene ya todos sus órganos delineados. El primer proceso es el de la circulación entre sangre materna y embrionaria diferenciadas. Y el primer órgano completo que se forma es el cordón umbilical para, no sólo recibir nutrientes de la madre, sino poder expulsar materiales de desecho del embrión. La primera estructura es así, El Centro. Entonces comienza la difusión del oxígeno y enormes cantidades de producción de estrógenos y de progesterona por la madre. Tanto la absorción del oxígeno como la producción de hormonas sexuales dependen de una emoción: la alegría, y nutren, conformándolo, el Orientador del niño. Así se posibilita la reproducción celular del embrión y del feto. El niño es embrión hasta el final del segundo mes. En el tercer mes ya es un feto, hasta los nueve meses. Después del parto será un bebé.
A los tres meses el feto mide 15 cm y pesa 125 gramos (miedo y tristeza). Su rostro ya está diseñado (amor), sus órganos genitales ya son definidos (alegría), su esqueleto está formado (orgullo), su médula ósea ya funciona (orgullo), su corazón late desde hace dos meses (amor), su hígado funciona desde hace un mes y medio (rabia), y ¡respira! – alegría- ( luego, a medida que crezca, se irá inhibiendo la respiración para que no se trague materias fecales y así evitar la fórmula letal alegría- rabia) . Tal es el prodigio.
A los cuatro meses, mide 21 cm y pesa 250 gr : su sexo está más claro ( alegría). Se mueve (rabia). Tiene todos sus órganos (seis estructuras con sus seis emociones y sentidos). Tiene la mayor parte de sus reflejos periféricos (eje miedo-orgullo).
A los cinco meses, mide 27 cm y pesa 500 gr. Está cubierto de vello ( tristeza). Se mueve pero no es capaz de vivir por sí mismo porque no tiene vitalidad autónoma ( falta Vitalizador completo y algo de rabia). Ingiere y digiere y expulsa mecomio (materia fecal del feto) –rabia-.
A los seis meses, mide 33 cm y pesa un kilo. Tiene un aspecto senil por falta de grasa, da vagidos (eje completo alegría –rabia), deglute si lo alimentan, mama, orina. Necesita de la incubadora para sobrevivir (amor y miedo). Si no, muere.
A los siete meses, mide 39 cm y pesa 1.750 gr. Ya parece menos senil. Puede dar vagidos, deglutir y mamar. Es bastante vital y si se le puede meter un tiempo en la incubadora, mejor.
A los ocho meses, mide 45 cm y pesa 2.500 gr. Ya es un bebé graso y liso. Sobrevive por sí mismo.
A los nueve meses, mide 50 cm y pesa 3.250 gr. Es un bebé perfecto y normal. Su cerebro necesitará de un año más de vida para alcanzar su total maduración.
El análisis MAT de la gestación
Todo empieza por el Centro, es lo primero que se manifiesta en el óvulo de la madre, quien desde el núcleo se desprende dos veces de sí misma para abrir paso al ser del infante que tendrá como privilegio cobijar y alimentar. En el espermatozoide pasa lo mismo, y se borra hasta no ser sino carga genética y cromosómica del hijo. En el niño, lo primero que surge es el Centro también. Y, tras manifestarse y afincarse, por dos veces, abre paso al surgimiento y a la multiplicación de células que llevan en sí todo el potencial de un ser humano autónomo y auténtico. Perfecto. Tal y como estamos todos creados para ser.
La primera conciencia del niño, conciencia integral, es la de surgir de un Centro inconcebiblemente superior a sí mismo, que potencia todas sus facultades para ser. Eso, antes de la formación del cordón umbilical, es decir, antes de un mes de gestación, cuando se es pura potencia autónoma. La formación del cordón umbilical, indispensable para recibir todos los nutrientes y desechar los sobrantes, introduce, a la vez que un Centro orgánico, una relación con el otro, con un ser vivo que no es Centro sino que tiene un Centro. Y eso, el embrión lo recibe como una conmoción y una absoluta pérdida del origen mismo de la gloria y del esplendor en los cuales bañaba beatíficamente. Este primer duelo nace de la sabiduría de no SER del Centro sino de tener un Centro. El segundo duelo viene de la obligada relación entre el Centro propio y el de la madre, relación inevitable que se vive como una sujeción intolerable y como una estafa. La segunda emoción del niño, después de la alegría beatífica, es la de rabia absoluta hacia ese Centro que tanto promete y tan poco cumple. Allí empieza a funcionar activamente la secuencia y, de la rabia, se pasa al orgullo, “Ya que estoy, voy a ser todo lo que pueda”. Y del orgullo se pasa a la otra punta del eje, al miedo a ser pulverizado por esa primera rebeldía y, también a la seguridad al ver que no ocurre la desaparición. Del miedo se pasa a la tristeza auténtica por dos razones: una positiva, al constatar el desarrollo inaudito que se opera en sí, y otra negativa por ser así la vida, supeditada a otra vida. Entonces se pasa a la otra punta del eje, al amor, porque se toma conciencia de toda la maravilla que se está recibiendo del Centro primero, de la madre después. Entonces se dispara el funcionamiento, en orden, de los tres ejes: el eje amor-tristeza que abre el segundo eje: orgullo-miedo, que abre el tercer eje: alegría-rabia. Allí el ser humano mamífero comienza a existir, a aceptarlo y a cooperar. Y empieza el trabajo en equipo con la madre, para que ambos estén lo mejor posible durante todo lo que dure la vida intrauterina.
El embrión se hace feto. Se borra de la memoria esa primera rebelión y sus causas. Esa experiencia, como todas las demás cuando se borran, queda conservada en el cuerpo. Se borra de la memoria la segunda rebelión contra la madre, y sus causas. Y se empieza a vivir y a existir con plena conciencia de sí y del otro. Y esa conciencia se torna, como consecuencia de esos dos procesos de borramiento, más importante que la conciencia del Centro. Sin embargo, durante los cuatro primeros meses de gestación, el Centro sigue funcionando y sostiene los tres ejes que sostienen y posibilitan la secuencia emocional que permite a su vez el desarrollo de la vida. Pero la percepción del Centro se hace cada vez más lejana e intermitente. ¿Por qué?

Estructura MAT de personalidad - Preciada Azancot

Estructura MAT de personalidad – Preciada Azancot

Desarrollo de la personalidad como prisión:
Ninguna gestante vive las 24 horas del día en la gloria y en el esplendor al servicio del Centro. Nosotros, los seres humanos, vivimos en nuestra vida diaria y desequilibramos nuestras emociones en permanencia. En el origen de este desequilibrio constante está nuestra condición de mamíferos. En efecto, si reflexionamos mínimamente sobre el feto, que está viviendo ya mal su Centro, sus ejes y su secuencia, mal por las dos razones ya mostradas, veremos que, inevitablemente, por su condición de mamíferos, está recibiendo de la madre, además de los sublimes alimentos y del maravilloso cobijo y protección, constantes interferencias que limitan y coartan su bienestar, su individualidad y su autonomía. Por ejemplo, el feto está en su eje amor-tristeza y está gestionando, apasionadamente, lo disponible, estando pues muy ocupado en la energía tristeza. Entonces viene de la madre una enorme descarga de amor. ¿Quién se lo podría reprochar? Ella no puede adivinar en qué estaba el feto, quien, al recibir una enorme descarga de la emoción contraria, corre el riesgo de caer en la fórmula letal y debe, para no morir, salirse rápidamente de esa emoción y pasar a la secuencial, la rabia, para sobrevivir. Así, de sobresalto en sobresalto, el feto va temiéndole a los ejes que representan, a la vez que la potencia mayor, el peligro mayor. Es como si tuviéramos el don de volar pero que, cuando lo haciéramos, nos bombardearan con un misil una de cada cinco veces. ¡Sería como para pensárselo! Pues no olvidemos que las emociones no son sólo sentimientos que el feto capta perfectamente, sino que son, también y sobre todo, energía que hace funcionar las estructuras. El miedo de la madre va a significar una enorme descarga de cortisona que el torrente sanguíneo le va a aportar a través desde el cordón umbilical y que él se va a tragar, la necesite o lo infle. Una gran descarga de tristeza significará una descarga de hormonas tiroidales y agitación, nerviosismo y metabolismo disparado que consume las pocas grasas que consigue almacenar. Una descarga de alegría le inyectará una sobredosis de insulina que lo podría matar si el organismo humano, como cualquier otro organismo vivo, no fuera milagrosamente perfecto y sólido. Y estamos hablando tan sólo de la relación de las emociones en el funcionamiento endocrino, que es, tan sólo, uno de los múltiples sistemas del cuerpo humano. La aparición de vello que cubre todo el cuerpo del feto a los cinco meses evidencia, no que somos originarios del mono y lo superamos, sino que estamos dominantemente supertristes, ya que comprobamos, en nuestras investigaciones hospitalarias, que el vello y el pelo están relacionados directamente con la tristeza auténtica. Y estamos supertristes porque hemos sufrido una pérdida que nos deja desconsolados: hemos perdido nuestra conexión constante con los ejes, nuestro funcionamiento natural en los tres ejes, en el cuarto mes de gestación.
Pero eso no es todo, ni es lo más dramático: por ser mamíferos, vamos a adquirir, en el útero de nuestra madre, una personalidad que es resultante del desequilibrio de nuestra estructura según parámetros de leyes inevitables que rigen nuestra naturaleza –las que descubre el MAT- y que, en situación de crisis, al no recibir ese espacio seguro pleno que necesitamos, nos va a movernos a funcionar de manera a recibir lo máximo posible en situaciones adversas.
Volvamos atrás en nuestra historia, al momento en que tenemos un cordón umbilical que nos comunica con nuestra madre biológica. Cada emoción de la madre va a poner a funcionar la estructura correspondiente de la gestante y producir hormonas, sangre, calcio, vitaminas, minerales, anticuerpos y todo lo previsible porque para eso están las emociones: para hacer funcionar las estructuras y permitirnos ser y vivir. Ahora bien, la gestante va a tener, durante la mayor parte de su embarazo, una emoción dominante, la que corresponda a sus circunstancias y a su situación: puede sentirse feliz de tener un bebé y esa alegría será su emoción dominante; puede estar triste porque su marido la abandonó, ella quedó en paro y su padre está muy enfermo y morirá durante su embarazo; puede sentir mayormente amor si ya tiene a un bebé al que ama, está enamorada de su esposo y espera con ternura a su segundo retoño; puede estar asustada si tiene un embarazo de alto riesgo y además estalló la guerra en Irak y enviaron a su esposo al frente. Vamos a tomar este último ejemplo para ejemplificar la gestación del bebé como historia vivida por él. Lo llamaremos nuestro bebé.
Nuestro bebé tiene un día de gestación. Ya tiene 46 cromosomas combinados, 23 de origen materno y 23 de origen paterno. Experimenta la metamorfosis, el surgimiento de su ser dentro del óvulo materno. Por supuesto él no siente ni lo de paterno ni lo de materno, pero sí siente. Siente más que si tuviera un cerebro completo, porque no hay razonamientos, ni deducciones, ni inducciones, sino pura sensación que lo impregna todo y que se fijará para siempre en su Vitalizador.
Es sacudido y transportado a trompicones por la trompa de Falopio y sufre varias divisiones celulares: del orgullo pasa al miedo de desaparecer y se aferra al sí mismo. Ya de óvulo fecundado pasa a convertirse en un cigoto. Se queda 2 a 4 días en la cavidad uterina y es nutrido. Siente amor. Es amor. Así se queda hasta convertirse en una masa de 100 células o más. Es una mórula. Pasa a ser tristeza porque pierde su identidad. Entonces reacciona y, rabiosamente, se hace su propio hueco segregando células propias, con gran vitalidad, que digieren y licuan células uterinas de la madre hasta hacerse su propio colchón mullido y ahuecado. Así se implanta él mismo en el útero materno. Entonces pasa al éxtasis de la alegría de la gloria y del esplendor y es “del” Centro. Poco después comienza a asumir su ser del Centro como única pertenencia y hace una cavidad, vacía como el Centro, mientras que él, al servicio del mismo, se retira a una de las paredes de la cavidad. Nuestro bebé ya es embrión y es pura felicidad, orden, armonía, metamorfosis, claridad, sí, pero además es inmortalidad, eternidad e infinitud. Lo es todo al servicio del Centro que lo está creando a él. Se hace en él una circulación entre sangre materna y sangre propia que no es diferenciada como sensación y que le aporta plenitud. Y sigue siendo, cada día más, en permanente metamorfosis extasiada. Vive y graba en su cuerpo (Vitalizador) el conocimiento de la Gloria y del Esplendor.
Desde su Centro se hace un cordón umbilical que lo une a la parte del óvulo maduro que se transformó en Su placenta. Allí comienzan las interferencias porque recibe productos raros y chocantes provenientes de las emociones de su madre, que no son las suyas propias, y que él debe tomar en cuenta, ¡y cómo! Porque lo desestabilizan. Y, muy en particular, las hormonas segregadas por el miedo dominante de la madre que tomamos como ejemplo: cortisona, adrenalina, y demás productos de la suprarrenal. Esto representa para él un riesgo de muerte: la cortisona lo infla, la adrenalina lo acelera, pasa de estar amorfo a hiperactivo y combativo. Además, ese miedo de la madre, añadido al suyo propio, inflan su Rector y, así, pierde la armonía de su estructura. Entonces su propia constitución humana, su propio orden natural, su patrón de ingeniería funcional lo obligan a buscar la mejor de las opciones para sobrevivir. ¿Pero cómo vive ese “choc”? Como un colapso, como una estafa, como una mentira intolerable que contradice el estado maravilloso y perfecto que poseía y creía poder conservar para siempre porque ese sí que era SU orden. Y eso se vive como un odio total e incondicional al Centro. Entonces le llega la hora de la verdad: o elige no aceptar nada más que el orden perdido y entonces desaparece porque él sigue funcionando en sus ejes y en su secuencia al servicio de Su Centro. Y hay un aborto “espontáneo”. O decide adaptarse y buscarse la vida sin ilusiones: ese Centro inmutable y maravilloso, existe y desaparece de manera intermitente, y él pasa, de la felicidad de ser, al trabajo de sobrevivir. Y entonces el feto sigue su formación y dará lugar a un bebé vivo. ¿Cómo lo logrará?
El feto tiene conciencia sólo de algunas cosas: de su Centro, en primerísimo lugar, de sus tres ejes, y de su secuencia emocional perfecta. Además, para seguir formándose y crecer necesita de esas tres cosas. Pero ya perdió la sensación de eternidad, de infinitud y de inmortalidad. La sensación de eternidad la perdió porque no sólo no está a solas con el Centro, sino que las emociones de la madre son a veces maravillosas, cuando lo acompañan en las suyas en los ejes y en la secuencia, y a veces asesinas y terribles, cuando lo desequilibran y lo obligan a “hacer cosas” para sobrevivir. Desde un comienzo, el ser de la madre es sentido como dual: es la nutricia buena que lo ayuda a ser, ya no tan feliz y autónomo como antes del cordón umbilical ( eso maravilloso ya se perdió para siempre mientras esté allí), que lo nutre, que evacua sus desechos, que le da calor y cobijo seguros; y es, también, el ser terrible que lo está matando, y, aún peor, que oculta su Centro y se pone en el Centro. Mamá es entonces el máximo terror.
Y ¿cómo es la sensación de sí mismo en ese trance? Pues pasar de lo divino al mismísimo infierno como sujeto pasivo y sin encontrar ninguna relación entre lo que sucede y lo que hizo él. Absurdamente, caprichosamente. Allí se cae la vivencia de Dios y se remplazan por visiones mágicas de poderes arquetipales que nos van a perseguir y confundir durante toda nuestra existencia.
Pero ¿cómo se defiende el feto para sobrevivir? Nuestro bebé recibe a diario los productos y consecuencias del miedo de la madre. Si el bebé está en una de las emociones de sus ejes o en una de la secuencia, está obligado a abandonar su precioso recorrido de crecimiento personal y a acudir a su propio miedo, que es la emoción “que lo llama”. Allí su instalación lo alerta sobre el gran peligro que corre si permanece allí, porque además de recibir las descargas peligrosas de la madre, recibiría las suyas propias de misma naturaleza y efecto y moriría. En nuestro ejemplo, si el feto se pone también en el miedo, produciría más hormonas de las suprarrenales, y su piel y su cerebelo se harían espesos y gigantesco, para mencionar tan sólo tres efectos del miedo. Y su Rector se cerraría a todo contacto con la madre, produciendo, por ejemplo, una oclusión o una hernia del cordón umbilical. Así que, está claro para él LO QUE NO debe hacer: no debe, bajo ningún pretexto, quedarse también en el miedo. Entonces, el feto se coloca en la emoción secuencial que sigue a la emoción dominante de la madre como única alternativa para sobrevivir: balancear la emoción dominante de la madre tirando de la emoción siguiente en la secuencia, durante todo el tiempo que dure la descarga desestabilizadora. Y decimos como única opción porque primero el feto intentó otra opción más potente y placentera: colocarse en la emoción opuesta en el eje de la de la madre, en nuestro caso, el orgullo: “Tú tiras de un lado y yo intento balancear colocándome en el otro lado del balancín”. Y debe desistir de ello porque experimenta los terribles y mortales efectos de la fórmula letal. En efecto, el miedo de la madre produce miedo a desaparecer en el niño, y no orgullo, porque éste es falso, y como el miedo restante es el de la madre y no el suyo, también es falso: falso miedo + falso orgullo = fórmula letal.
El deber, como obligación ineludible, colocarse en la emoción secuencial siguiente a la de la madre, en este caso en la tristeza, para sobrevivir, produce, en nuestro bebé varios y serios efectos que van a condicionar toda su existencia y su visión de sí mismo:
En primer lugar, nuestro niño experimenta un alivio inmediato de los padeceres que lo afligían: la tristeza, para dar algunos ejemplos de sus efectos, estimula la glándula tiroides, quema la grasa y reduce la hinchazón producida por la cortisona generada por la gestante, activa el metabolismo que la suprarrenal ralentiza, activa el sistema linfático que drena la retención excesiva de líquidos y de toxinas que el cortisol genera. El equilibrio orgánico se restablece. No así el emocional.
En el ámbito emocional hay un primer efecto: la sensación de impotencia y de muerte inevitable desaparece y abre paso a una sensación de orgullo y de autoconfianza: “yo sí que puedo evitar que me hagan desaparecer”. El feto encontró ,él solito, la mejor opción para seguir siendo. Pero es un orgullo triste porque tuvo que hacer algo que, en justicia no debería tener que hacer. Allí surge un sentimiento de abandono y de hostilidad para con la madre primero y, lo que es más grave, para con Dios, o con el orden de lo humano, si se prefiere, da igual cómo se llame. En Análisis Transaccional sería la posición existencial. Yo bien- Tú mal, tanto con la madre como con el orden natural.
Un segundo efecto, aún más grave, es que el niño, que necesita para ser y crecer funcionar en los ejes, no pudo reequilibrar de manera natural el desbalance producido en él empleando la ley natural de los ejes: no pudo reequilibrar el miedo instalándose tranquilamente en el orgullo. Eso, para más INRI, le produjo la fórmula letal, de efecto mortal si hubiera permanecido en ella. Entonces se desarrolla una inevitable visión simbiótica en el feto: él y la madre son dos, pero “HAY QUE” funcionar como si fueran uno sólo. En efecto, no sólo hay que trabajar arrastrando la emoción de la madre pujando en la secuencial que no parte de una necesidad personal ni genuina sino de una imposición de supervivencia, sino que, además, para seguir estando funcionando en los ejes, nuestro bebé va a tener que colocarse en la emoción contraria de la dominante a la madre, esa misma en la cual no pudo instalarse a causa de la fórmula letal, cuando pase la presión y le toque recorrerla en sus propios ejes o en la secuencia, en nuestro caso, el orgullo.
En efecto, como ya tiene la tristeza como dominante de su propia estructura de funcionamiento, el feto no va a poder colocarse en el amor porque el equilibrio se rompería a causa de la inflación de la tristeza que requeriría de una sobre carga de amor “inflado” que comprometería su propio equilibrio emocional, pero también físico (además de hipertiroidismo tendría demasiados productos de la glándula hipófisis), y, no sólo eso, sino que así su primer eje amor-tristeza se desarrollaría más que los demás y perdería toda la armonía de su estructura natural. Además y sobre todo, esas dos emociones, amor-tristeza, serían falsas y ocasionarían la mortal fórmula letal.
Entonces el feto encuentra una segunda solución de supervivencia genial: se habituará a fortalecer la emoción opuesta de la dominante de la madre y eso con dos fines: reequilibrar su segundo eje miedo- orgullo, para compensar los desaguisados producidos por el miedo de la madre, y, también y sobre todo, PARA NO SER COMO ELLA. Es decir, para conservar la ley perfecta que se percibe desde el Centro y que se instrumenta en los ejes.
En efecto, esa simbiosis a la cual la madre lo obliga a someterse para no morir no es BUENA , no está en la ley del Centro. La Ley del Centro propicia la autenticidad y la autonomía, no la simbiosis. Y el feto, así, no la tendrá como elección existencial para sí mismo.
Pero ocurre, a causa de esa simple emoción dominante de la madre, algo aún más grave y terrible que todo lo que hemos relatado hasta ahora: ocurre algo muy grave en el ámbito espiritual en el feto. Veamos:
Cuando el feto está en su propia emoción obligada, la que sigue en la secuencia a la emoción dominante de su madre, está obligado a quedarse todo el tiempo en que dure la emoción dominante de la gestante. Si la secuencia perfecta es un 100% en cada emoción, lo que nos da un 600% en total al final de la secuencia, el promedio en que estará el feto en la emoción obligada para no sufrir daños irreversibles será de un 140%. Cuando el feto ve liberada la presión de la emoción dominante de la madre pasa a la emoción secuencial que sigue a la “obligada” y siente una auténtica liberación. ¡Por fin va a su aire! Y recomienza su secuencia. En el caso de nuestro niño, pasa de la tristeza obligada a la rabia liberadora y se siente tan ligero, liberado y realizado que va a dar un significado especial a la emoción libertadora, un significado de autorrealización, de culminación, de libertad, de orden, de justicia, de autonomía. Porque va a vivir esa emoción como si se abriera la puerta de su prisión, y al fin se verá libre y feliz. Pero le quedará tan sólo un 60% de energía para esa emoción si no quiere hipotecar las demás emociones. Así que, lo corto, dos veces bueno, y el feto tendrá una especie de fijación por esa emoción que tanto significa para él y en la cual jamás puede recrearse a gusto, al menos no en las veces en que accede a ella como resultado de la liberación de la presión de la madre. Por lo tanto, a veces, cuando el feto está en su secuencia emocional o en sus ejes y va a su aire, sin ninguna presión ni frustración, va a saborear esa emoción y verla como algo suyo, como algo normal. Y, cuando esa emoción adquiera un valor añadido, porque accede a ella como resultado de la liberación de la presión, le vuelve a dar ese significado especial de felicidad que se persigue y que jamás se alcanza por completo: a veces sí, a veces casi, a medias. El feto, que no tiene ni un cerebro maduro, ni datos objetivos, no va a razonar sino a tener experiencias que, por inexplicables, no dejan de ser aún más vívidas y determinantes: sensaciones corporales y emocionales conmocionadoras y repetidas. Y, en vez de deducir que le están ocurriendo cosas, sentirá que sus cosas son así. Como una fatalidad.
Por otro lado, la experiencia del feto con su Centro, ya lo vimos, está muy interferida y mediatizada. Al mero comienzo, antes de tener un cordón umbilical, es esplendorosa y completa. Hay un Centro que es éxtasis completo y él es de ese Centro maravilloso y perfecto que se lo da todo y en el cual es todo. El embrión no se confunde con el Centro sino que recibe de él y se comunica con él.
Luego el Centro es ocupado por un cordón que lo une a otro ser. Otro ser del cual recibe cosas maravillosas, y entonces el feto se socializa y se une a su madre y hace equipo triunfador con ella. Todo va bien y el feto siente su propio Centro cuando va a su aire, y siente el Centro de su madre “buena” que lo entrega todo por él. La vida es como debe ser: maravillosa.
Pero cuando la madre tiene emociones falsas, desviadas, desconectadas e infladas, el feto sufre agresiones que lo dañan en todos los aspectos: físico, emocional, anímico, espiritual, mental, y establece conexiones que, si bien son abusivas y falsas, no dejan de ser necesarias para que todo encaje, es decir que su Transformador, cuando no encuentra la posibilidad de establecer conexiones sanas, las distorsionará para encontrarle sentido a lo que le está ocurriendo. No se dice: mi madre está desarmónica y eso va a durar un tiempo y luego yo seré yo y decidiré sobre mi vida. Claro que no puede decirse eso por que él no sabe nada de nada. Lo que sí hace, y no tiene otra salida, es decir que El Centro lo ama y lo protege y luego lo amenaza y lo agrede sin que haya hecho nada para ello. Entonces se resignará a ese Dios caprichoso y veleidoso con quien el no tendrá más remedio que congraciarse, y a quien a veces ama y que a veces odia. Y, lo peor del caso, es que, obligado a funcionar con una emoción dominante obligada, una emoción fuerte compensatoria y una emoción unificadora pero veleidosa, el feto, a imagen y semejanza de su madre, va a tener una ingeniería de funcionamiento desestabilizada e inevitable. Esa ingeniería emocional de su estructura va a condicionar su funcionamiento neuroendocrino, y tendrá tendencias fijas a usar algunas estructuras más que otras, hasta confundir ese disfuncionamiento con su propio ser. Además, será verdad que nuestro niño tendrá un Sintetizador demasiado exagerado, con las consecuencias biológicas que ello implica. Por ejemplo, y de lo poco que hemos investigado, demasiada tiroides, demasiado vello y cabello, una forma de rostro rectangular arriba y redondeada en la barbilla, tendencia a la miopía, y, si la madre está en la fórmula letal miedo-orgullo, tendencia al síndrome de Down. Poca grasa y nerviosismo: y, por la rabia poco energetizada, poca vitalidad, poco control emocional, poco control sensorial, y, por el orgullo fortalecido, gran capacidad creadora y transformadora, huesos fuertes y gruesos, cerebro hiper desarrollado en su hemisferio izquierdo (tristeza) y posterior derecho (orgullo). Cuando nazca tendrá una tipología de personalidad con tres emociones anómalas: la tristeza, el orgullo y la rabia, y tres emociones normales, el miedo, al amor y la alegría. Y esas emociones no serán sino el reflejo de su estructura con tres estructuras dominantes: el Sintetizador inflado, el Transformador crispado y el Vitalizador sacralizado (es decir, al que se la da un significado “mágico” especial) que lo aleja del Centro y ocupa su lugar.
O sea, que por las razones antedichas, sobre las cuales no queremos extendernos en esta obra, el feto nace, no a imagen y semejanza del Creador sino a imagen complementaria de su madre. No tendrá seis estructuras armonizadas porque perfectas en proporción, cantidad y calidad, sino que será una criatura con tres estructuras con “valores añadidos” y tres normales. Tendrá una PERSONALIDAD. Y esa personalidad, es decir, esa máscara que oculta su ser, será innata, biológica, y científicamente analizable y detectable por todas las pruebas clínicas posibles, empezando por un simple electrocardiograma que arroja, en el ejemplo de nuestro bebé, un eje de corazón recto en vez de inclinado hacia la izquierda. También hemos hecho pruebas incipientes de huellas dactilares que están “en una misma familia”, y, desde luego, estamos esperando ansiosamente comenzar nuestras investigaciones genéticas para demostrar nuestra amplia investigación clínica sobre tipologías de personalidad y propensión a ciertos tipos de enfermedades.
Lo que sí podemos afirmar categóricamente, es que sobre 120.000 casos analizados, TODOS pertenecían a una de las seis familias tipológicas, y que cada tipología tenía su patrón de ingeniería emocional que compartía con todos los demás integrantes de su familia tipológica.
Pero lo que confirma lo asombroso de estos descubrimientos y la férrea y universal ley del Centro, de los ejes y de la secuencia innata es la historia fetal de dos de las seis tipologías de personalidad. En efecto, de las seis tipologías posibles, cuatro siguen el mismo patrón de formación que nuestro niño: los bebés fruto del miedo, de la rabia, del orgullo y de la alegría. Absolutamente TODOS siguen, férreamente el mismo patrón. Es decir todos los bebés surgidos de la emoción dominante xxxx de la madre tienen, si esta emoción es:
-Miedo: la tristeza dominante, el orgullo fuerte y la rabia idolatrizada, “espiritualizada”. Los llamamos Constructores.
-Rabia: el orgullo dominante, la alegría fuerte y el amor “espiritualizado”. Son los Legisladores.
-Orgullo: el amor dominante, el miedo fuerte y la alegría “espiritualizada”. Son los Reactivadores.
-Alegría: el miedo dominante, la rabia fuerte y la tristeza “espiritualizada”. Son los Fortificadores.
Pero los niños surgidos del eje tristeza-amor no pueden seguir esa misma ley, y lo tienen más complicado. Por LEY de los ejes. En efecto, ya lo hemos señalado en el capítulo anterior, el eje tristeza-amor o amor-tristeza, da igual, es el mismo, es el primer y necesario eje que sustenta los dos restantes. Es la viga de las vigas. Sin ese eje, no se crean los dos otros, y, lo que es peor, la persona deja de ser humana y se convierte en desalmada. El eje amor-tristeza, si bien está jerárquicamente supeditado al segundo (orgullo-miedo) y éste al tercero y más alto (alegría-rabia), es el que posibilita lo mínimo necesario para ser humano: ser almado. Lo que significa no estar desalmado. Sufrir por las perdidas y las muertes y amar lo auténtico y valioso es lo menos que se puede pedir a un humano. O a un animal. O a un vegetal. O a un mineral.
Para demostrarlo hemos constatado que todos los bebés nacidos del desajuste de ese eje debieron enfrentar el enorme riesgo de caer en la fórmula letal hasta conseguir tener ellos mismos, como emoción fuerte, la misma emoción débil (dominante) de la madre. Para demostrar que NO SE PUEDE JUGAR CON EL PRIMER EJE, mostraremos que absolutamente todos los bebés cuyas madres tuvieron como emoción dominante:
-La tristeza: tienen dominante la rabia, fuerte la tristeza y “espiritualizada” el orgullo. Son los Reveladores.
-El amor: Tienen dominante la alegría, fuerte el amor y “espiritualizado” el miedo. Son los Promotores.
Esos dos bebés han seguido el mismo patrón universal en lo que atañe a la inevitabilidad de compensar la emoción dominante de la madre con la emoción secuencial siguiente. También han seguido la misma inevitable “espiritualización” mágica de la que sigue secuencialmente a la dominante obligada propia. Pero cuando se trató de forjar la propia emoción “fuerte”, como contrapunto de la obligada dominante propia, esos fetos no pudieron ir a la emoción opuesta de la dominante de la madre sino volver a la misma emoción dominante de la madre, una vez aflojada la presión, hasta convertirla en su propia emoción fuerte. Toda una lección de heroísmo. Y una demostración de la férrea ley de los ejes. Con lo cual, la elección de eso fetos no ha sido: “No quiero ser como tú”, sino “Te voy a enseñar a ser mejor al no tener la misma debilidad que tú aún en las peores circunstancias”. Puestos en la disyuntiva de no tener el primer eje fortalecido, esos fetos lo han tenido que pasar peor y más dificultosamente que los cuatro restantes. Luego, en vida, también lo van a tener más difícil en el proceso de hiperconexión, es decir, de recuperación de la secuencia emocional innata.
Esta es, en muy resumidas cuentas, la historia de un bebé deseado, querido y normal.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 21: EL ACCESO AL ESPLENDOR: VIVENCIA DE LOS EJES AL SERVICIO DEL CENTRO

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

El esplendor se alcanza por la vivencia de los tres ejes al servicio del Centro. Entonces la conexión de cada sentido con su emoción correspondiente adquiere una dimensión trascendente que nos lleva a experienciar accesos a visiones, sonidos, olores, sabores, contactos y orgasmos que parecen fuera de este mundo porque jamás han podido ser recreados por ningún genio conocido. Son experiencias que proceden de lo más profundo de nuestro Orientador porque están ancladas en nuestra memoria prenatal cuando aún no éramos ni siquiera un feto sino un embrión. Cuando éramos absolutamente perfectos porque intactos. Hablamos de un embrión de un mes de vida, como final del esplendor.

Los Ejes MAT - Preciada Azancot

Los Ejes MAT – Preciada Azancot

Ya explicamos, en el capítulo anterior, el orden, el mecanismo y las leyes de nuestros tres ejes. Aquí solo evocaremos, brevemente, la vivencia de esos ejes al absoluto y total servicio del Centro, que es lo que llamamos ESPLENDOR.
Comienza por el primer eje, el de lo disponible: amor-Protector-vista / tristeza-Sintetizador-oído. En aquél momento todo está disponible porque no ha habido aún ninguna pérdida que sufrir ni que superar. Es el eje de la inmortalidad. Es el éxtasis de la abundancia indefinida. Somos amor y todo amor. Somos unión con la totalidad perfecta que nos ama sin reservas y de manera definitiva. Somos visión en blanco y negro de la trascendencia blanca inmemorial e inmortal y de la dilución negra, suave y definitiva de todo mal, esté donde esté. Esa sensación queda grabada para siempre en nosotros y prefigura la certeza de algo infinitamente superior a cualquier descripción del Edén que hayan podido describir profeta o místico alguno. ¡Si tan sólo pudiéramos pintar un trocito, un pequeño fragmento de la visión de un sólo pliegue de un tejido, todo en blanco y negro, que contienen y diluyen a la vez todos los colores imaginables y no imaginables! Pero los medios que tenemos no nos permiten ni siquiera aproximar, burdamente, el esbozo de un esbozo. Esta visión la tenemos grabada en nuestra retina con la nitidez de un microscopio y, sin embargo, nos es imposible describirla. Aunque nada tiene que ver con ella, lo más lejano que nos podría remitir a ella sería el blanco y el negro de ciertos cuadros del final de la vida del genial Manet. Pero comparar esa visión con esos cuadros maravillosos sería una total profanación.

En cuanto a la omnisciencia y la claridad, además de total y definitiva, además de abarcadora de todo lo que somos y seremos para siempre como absoluto y morando en el absoluto, tiene sonido y canto. Un sonido de línea continua en el cual la tristeza es un imposible metafísico, y un canto de voces femeninas y masculinas de soplo infinito, dulce, potente, y sobrecogedor. En la vida real, lo más alejadamente profanador que sin embargo lo sugiere es la obertura de “Tristán e Isolda” de Wagner.
El segundo eje, el de lo existente: orgullo-Transformador-gusto / miedo-Rector–tacto es el eje de la Eternidad. Lo que se vivencia allí es aún mucho más difícil de sugerir. ¿Cómo se puede describir el estar absolutamente quieto y, a la vez, absolutamente en metamorfosis, tanto hacia adentro como hacia afuera? ¿Y cómo describir lo que se toca y cómo eso nos toca, nos arropa, en un manto de algo que es la esencia, imposible de contar, del amor? Sólo decir que, por un sólo contacto así, nadie dudaría ni por un momento en entregar toda su vida y caer en la nada. Pero es que ese contacto es desde siempre y para siempre, y nos lo transmite así. Beatitud despierta podría ser la manera más estúpida de sugerirlo.

Y ¿cómo explicar que lo primero que se prueba es un néctar que contiene todos los sabores más imposibles de lograr? No hay, ni remotamente, ningún sabor en nuestro conocimiento que, aún en lo diametralmente opuesto o profanador, lo sugiera. Lo más cercano sería la primera vez que probamos la leche materna.
Y ¿qué decir del tercer eje, el de la alegría-Orientador-sexo rabia-Vitalizador-olfato? Que es el eje de la infinitud. Tras ser inmortal y tras existir esencialmente, accedemos a la plenitud. ¿Cómo se vive? Pues es cada vez más difícil de transmitir: para empezar, tomamos conciencia plena de ser inmortales y existentes en la eternidad. Cuando la conciencia es plena, se accede naturalmente a la finalidad de esa inmortalidad y de esa plenitud, y lo primero que se capta son las infinitas dimensiones que existen en el infinito y, a la vez, lo maravilloso que es tener una sola de esas dimensiones, y del esplendor de tener, hoy, aquí y ahora, seis. Y esas seis SON la promesa de todas las posibles, porque todas están relacionadas con todas, y cada una es la base de otra nueva, y la primera está en ese vacío que es la anti-nada que encierra el TODO germinándose.

La palabra clave aquí es el Y. La absoluta CERTEZA de que todas esas dimensiones están guardadas para ti, y en germen en ti, hace acceder a un placer de fisión de paz y orgasmo absolutamente imposible de describir. Es lo contrario del arrebato místico. Lo más próximo y, al tiempo diferente y alejado que podríamos sugerir en lo conocible por algunos humanos es el orgasmo cósmico, cuya teoría y práctica descubrió Leopoldo Azancot, el gran novelista, que nos impartió un seminario gracias al cual pudimos conocer el orgasmo cósmico: un orgasmo de paz y, a la vez, que nos rompe y fracciona en infinitas dimensiones todas entrelazadas que comienza suavemente en el sexo y se prolonga como olas en cada parte del cuerpo durante veinte minutos, después del coito. Pero lo que se experimenta allí no tiene nada que ver por alejado y diferente. Esa fisión, que no fusión, de cuerpo y espíritu como UNO es lo que más aproximadamente podríamos sugerir en cuanto a experiencia sensorial se refiere. En cuanto al olfato la experiencia es increíble pues a la vez que se percibe el propio olor como un maravilloso perfume de nuestra propia esencia, por ejemplo, en nuestro caso un tipo de sándalo que no existe, algo como el espíritu del sándalo, se percibe el aroma de la esencia de la vida y de la verdad. ¡Eso maravilloso huele, sí, tiene olor! ¿Con qué podríamos compararlo aunque sea para sugerirlo, aún con plena conciencia de blasfemar? Pues debería ser una mezcla de tierra después de una fuerte lluvia, con el mar en alta mar, y una nota de los bosques maravillosos de Olimpia, en Grecia.

En el ámbito emocional, la experiencia del Esplendor es más accesible aunque también prácticamente imposible de transmitir. En el primer eje, el de la inmortalidad, estar en la tristeza pura y en el amor puro como una pareja indisociable se presenta como una hiper lucidez de inteligencia clara y azul celeste que entiende todo y dispone de todo para entender cualquier cosa que se presente. Es, a la vez, compasión profundísima por todo lo vivo que se pierde, en todo tiempo y lugar, y dominio absoluto para evitar que se pierda nada, y, a la vez, la certeza de que nada se pierde y todo regresa y ocupa su tiempo y su lugar. Es lo que la meditación budista persigue, pero no obtiene, porque persigue la dilución en el Nirvana y la no reencarnación. Allí se descubre que cada vida se hace en espacios diferentes y que sobran espacios para cada uno de nosotros, y que tenemos todo y siempre más de lo que podemos poseer. Y que no poseemos nada, porque somos todo y para siempre. Eso en lo que se refiere a la tristeza, la que trae el consuelo y se anticipa a él.

Con ese para siempre accedemos al amor puro, desde siempre y para siempre, el que es más que alma y supera el alma. Accedemos al amor que es causa y no consecuencia de la inmortalidad. De ese amor que está fuera de nosotros para que lo amemos a él, y dentro de nosotros, para entregarnos a él. A ese segundo amor se le llama alma. Lo que descubrimos y sentimos en el amor puro es otra dimensión, que no tenemos los humanos, y que es la fuente del alma y de la permanencia, es decir, de la inmortalidad. Claro, escribir sobre emociones, por más que se quiera, no nos las hacen sentirlas ni vivirlas. Deberemos recurrir a un símil, a una imagen: sería la de un águila que se une con su gran amor, una ballena, así bajo los mares como en los cielos. Y ese amor les hace acceder a la inmortalidad.
En el eje de la Eternidad, miedo- orgullo, vivimos simultáneamente en el miedo puro y en el orgullo puro con la naturalidad de tener dos brazos y dos piernas que forman equipos. El equipo miedo –orgullo nos hace eternos porque “lo que no es” nunca lo será y “lo que sí es” siempre lo será. Sentimos, en el miedo auténtico, nuestra morada, de ese mismo color morado, que nos ampara contra el mal, tanto hacia adentro como desde afuera, y sentimos la valentía pura que ni siquiera se digna a medirse contra el mal porque al diagnosticarlo y reconocerlo lo diluye. Entonces caen las corazas de defensa y de protección porque no son necesarias y son sólo lastres. Accedemos al NO SER malo, peligroso, tóxico porque estamos colocados en nuestro verdadero lugar, nosotros mismos y jamás de los jamases permitiremos que nadie nos invite a penetrar dentro de otro ser, ni le dejaremos penetrar en el nuestro. Entonces reconocemos el peligro y la vacuidad de todas esas teorías que presentan la otra vida como el recibir a Dios en sí o, aún peor, cometer el sacrilegio de diluirnos en él. Eso que tanto excita a algunos locos temerarios e invasores nos produce risa y luego repeluzno. Lo horrible y espantoso es tener a alguien o algo ajeno adentro y lo criminal es pretender meternos o meter a algo en otro. Esto es la causa y raíz de toda idolatría y de todo terror, lo cual es un sinónimo. Pero todo eso es lo que no se siente en el miedo puro del esplendor, porque no se puede tener miedo a lo que no existe. Y nada peligroso existe cuando se está en el miedo puro. Nada, porque lo que no es, nunca será, y no puede producir miedo. Esa sensación es armonía que prefigura el acceso a la eternidad. Es nuestra dimensión femenina. La que es útero permanente y protector contra el mal. Entonces accedemos a SENTIR la mitad de la eternidad, la del no ser lo que jamás seremos, simples mortales que pasan y se pasan la vida temiendo a la muerte, porque la muerte no es, ni será posible jamás. Por el simple hecho de haber sido la unión de un esperma con su óvulo nunca seremos el NO SER, y seremos inmortales cada vez que estemos en el miedo puro.
Y gracias a ese miedo puro podremos, no sólo SENTIR, y -entonces queda claro que todo sentir se la debemos al miedo-, sino VIVIR la eternidad del orgullo puro. Por supuesto, pero eso ya entra en la anécdota, sentimos y vivimos la metamorfosis perpetua y permanente que nos hace SER creciendo y transformándonos. Pero eso es lo que un beso a un orgasmo. Lo que vivimos entonces es que somos todo el ser y todos los seres por el simple hecho de permanecer en nuestro lugar fijo, que nos abre toda la gama y todas las dimensiones del universo siéndolas y contemplándolas ser. Es la esencia del movimiento perpetuo, que no necesita crispaciones ni “relojeros universales” para surgir de sí mismo para los tiempos de los tiempos y los lugares de lugares.
Y, como en el caso anterior, tendremos que recurrir a una imagen para hacernos entender en lo que al sentir se refiere: un árbol que siempre estuvo y siempre estará con sus propias raíces que atraviesan la tierra y escalan los cielos por las dos puntas sin dejar de ser eso y sólo eso, un árbol. Es el baobab que tanto asustaba al Principito. Y ese árbol, era él.

En el eje de la Infinitud rabia- alegría, vivimos el binomio rabia pura- alegría pura. En la rabia pura, y como primera y más pobre imagen, somos sangre escarlata, fluyente y oxigenada, que se renueva y circula llevando vida y fuerza a todo nuestro cuerpo. Somos sangre que se despierta ante sí misma y se lanza en una fraternidad universal con todos los que la lleven y bajo la forma en que la lleven, ya sea como savia o como principio de materialización de una roca o como gotas de lluvia que caen del cielo. Y porque fluye y se renueva, nos permite plantarnos y materializarnos. Y desmaterializarnos para vivir y estar en toda la creación a la vez. Eso nos permite no sólo estar en todos los lugares a la vez, a través de tener todos los cómos posibles dentro de nosotros mismos, sino además y sobre todo, dar paso y cabida sin inmutarnos a todas las materializaciones y desmaterializaciones que se nos presenten afuera. Todo tiene forma y nada la tiene. Porque crecemos y cambiamos tanto que ninguna forma podrá ser la última. Y, por ello, la rabia pura nunca puede ser atacada ni, por supuesto, tener razón alguna de oponerse a nada. Surge, como segunda imagen, la esencia del baile. Todo baila y se materializa y se desmaterializa para materializarse más y mejor.

En la alegría pura, entendemos simultáneamente dos cosas: la potencia de la inocencia y la imposibilidad de perderse. Y las sentimos con una potencia sobrecogedora. Como una revelación. Somos inocentes cuando estamos en la alegría pura y siempre lo seremos. Todas las falsas acusaciones resbalan y se desprenden de nosotros, nos las hayamos tragado o no. Somos inocentes y jamás haremos nada censurable ni que nos avergüence de nosotros. Toda mentira cae, y nace la risa. Y la imposibilidad de perderse cuando se está en la certeza de encontrar y se sigue al gran guía interior que es nuestro espíritu. Y entonces se osa precederlo y guiarlo a la vez. De aquí nace la dialéctica. No al modo mecanicista y tonto y extraviado en que la conocemos hasta ahora y que lleva al nihilismo. Ni siquiera al modo del Yin y del Yang. No, la dialéctica de la verdad nace de la inocencia y culmina en la certeza. Uno es un encontrador de verdades. Y la verdad nace siempre de otra verdad, jamás de una mentira. Y de verdad en verdad, se llega hasta el infinito, quitando velos a los secretos mejor guardados y a los misterios más recónditos, porque el secreto y el misterio no existen en la inocencia ni en la certeza que encuentra verdades. El misterio es sólo una verdad que aún no se encontró porque no nos colocamos ni en la rabia pura ni en la alegría pura. Entonces sentimos, con intenso gozo, que llevamos el infinito adentro y que podemos acceder a curiosear con inocencia todo el camino que nos queda por recorrer, y aprender cómo seremos mañana, y dentro de cien mil años, porque eso, está en nuestra alegría conseguirlo.

Y entonces descubrimos que, por tener esos tres ejes que crecen y seguirán creciendo, ya somos inmortales, eternos e infinitos y que eso lo tenemos ya en esta vida y es cuestión de acceder espiritualmente a ello, conquistar lo que es nuestro aquí y ahora. CON LO CUAL YA TENEMOS EN POTENCIA, COMO EL EMBRIÓN TIENE YA AL BEBÉ ADENTRO, TRECE DIMENSIONES. Sí, en nuestra vida como seres humanos, seres de seis dimensiones al servicio del Centro, ya tenemos en germen las trece dimensiones que nos permitirán, en algún momento y lugar, ser inmortales, eternos e infinitos. Eso, un embrión de menos de un mes ya lo sabe y lo siente. Veremos más adelante las razones por las cuales lo olvidamos.

Como en los casos anteriores, recurriremos a una imagen para ilustrar el eje rabia-alegría: esta vez es un chiste. Un niño tenía muy inquietos y angustiados a sus padres porque a los tres años aún no pronunciaba una sola palabra. Los padres lo llevaron a todos los especialistas que no encontraron fallo orgánico ni psicológico alguno. Así pasaron dos años más y el niño alcanzó los cinco años sin decir una sola palabra. Una noche estaba cenando con sus padres y la madre le sirvió sopa. El niño se llevó la primera cuchara a la boca y pronunció: “¡ a esta sopa le falta sal!”. Los padres, conmocionados, festejaron su discurso y le preguntaron por qué no había dicho nada hasta entonces. El niño respondió:”Es que nunca había tenido queja hasta hoy”. Fin de la historia. El niño vivía en el eje de la infinitud.
El esplendor, tras las sensaciones y emociones, se vive en los tres binomios estructurales al servicio del Centro.

En el Sintetizador- Protector es el encuentro de dos estructuras HUMANAS es decir, con TRANSFORMADOR, y el Transformador nos permite crear sonidos y palabras: un lenguaje y, también, la estructura y la música que convierte la palabra en discurso. Cuando pronunciamos una palabra, por ejemplo, “aire”, la creamos desde nuestro Transformador, pero la decimos desde SU estructura de destino, el Rector. Si decimos “te quiero”, lo decimos desde nuestro Protector. Eso es la elección de la palabra. Cada palabra que elegimos proviene de una de nuestras seis estructuras y dice mucho de nosotros. Dice qué tan bien funcionamos estructuralmente y qué estructuras tenemos más energetizadas y cuales menos. Hay una ciencia, la PNL (programación neurolinguística), que se ocupa exclusivamente del lenguaje para hacernos crecer. No viene a cuento aquí hacer un glosario MAT de las palabras claves de cada estructura, es decir un glosario lingüístico, ni decir cómo es la terapia MAT en lo que a lenguaje se refiere. Pero la tenemos. Eso en cuanto a elección de la palabra se refiere. Pero queda aún lo más importante: LA ESTRUCTURA DEL DISCURSO, que no solamente incluye palabras sino organización del discurso por fases y por frases que deben tener, como en urbanismo y en arquitectura, su estructura ideal o conveniente. Para ello, disponemos de techos, líneas, pilares, suelos, vigas, etc., es decir, de los signos de puntuación ortográficos. Ellos introducen y simbolizan LA ESTRUCTURA.

El símbolo del Sintetizador es el paréntesis (()) y el símbolo del Protector es el punto y coma (;). Es el encuentro y complementariedad indisociable, en el primer eje, del paréntesis y del punto y coma. El paréntesis se abre para dar más información sin tener que detener el ritmo del discurso. Es decir, como aporte de la inteligencia pura que analiza constantemente sin tener que detener pesadamente el discurso, aportando más datos y más matices, es decir, mayor sensibilidad. Ese simple signo cumple todas las funciones del Sintetizador. En efecto, cuando un Sintetizador trabaja a plenitud selecciona, desarrolla, archiva, clasifica, actualiza, percibe lo muerto y lo evidencia, memoriza, piensa, negocia, detecta aciertos y errores y los muestra, relaciona, calcula, percibe pérdidas e incrementos, procesa, conecta, comunica, para encontrar opciones y soluciones. El Sintetizador selecciona los datos más relevantes para su discurso e introduce entre paréntesis precisiones que enriquecen la información. Por ello, las personas que tienen un Sintetizador invasor y monstruoso introducen repetidos e interminables paréntesis que hacen perder el hilo de lo esencial y machacan el discurso. Esa patología evidencia falsa tristeza en vez de orgullo auténtico, y configura la personalidad del “pesado”, del cual todos huyen.

El paréntesis evidencia dos cosas más: conocimiento completo y claridad entre lo que se debe incluir para informar matizando con sensibilidad, eso es conocimiento completo, y lo que no se debe mezclar en el discurso aunque sea muy relevante para no hacerlo confuso, y requiere absolutamente del paréntesis, eso es claridad.
Un ejemplo de genio literario que usa mucho el paréntesis y cuya obra completa es como un paréntesis inmenso es Proust.

El Protector tiene su símbolo: el punto y coma (;). Es el símbolo estructural y musical que mejor representa el cuándo de las cosas: cuando irrumpe algo muy valioso y esperado que se debe recibir marcando un hito y unir sin separar dos mitades de un mismo todo. Allí llega la necesidad del punto y coma. Marca un momento importante que hay que destacar y que une dos mitades de una oración. Todas las funciones del Protector están así simbolizadas por el punto y coma: evaluar, establecer confluencias entre entidades asociables, unir sin mezclar, alentar y motivar dejando un tiempo de respuesta para el otro, es decir, sin invadir, ayudar a asociar, aceptar ser parte de algo conservando su ser propio, cumplir separando responsabilidades pero uniéndolas en un solo todo, proteger de la distancia a dos cosas complementarias, entregarse sin perderse. Para todo ello, ¿ qué haríamos si el punto y coma? Las personas que viven mal el punto y coma separan lo que no hay que separar al ponerlo en vez de la coma y unen lo que no se puede unir y lo introducen en vez del punto. Eso configura una personalidad invasora y manipuladora, narcisista, que confunde al otro para llevarlo, manipulado e hipnotizado, a su terreno. Es el depredador que nos quiere vender neveras si somos esquimales, y del cual todos desconfían.
Como genio de la literatura que usa muchísimos puntos y comas tenemos a Chateaubriand. Además, el idioma francés es el que más usa el punto y coma entre los que conocemos porque su camino de trascendencia se hace a través del Protector.
La complementariedad indisociable entre el paréntesis y el punto y coma es evidente: son extremos opuestos y que se potencian mutuamente. El primero destaca uniendo y el segundo une, respetando, separando las dos individualidades sin mezclarlas. Es la Divina Comedia de Dante.

El segundo eje Rector-Transformador es el encuentro y complementariedad entre el punto (.) y los dos puntos (:). El Rector introduce el punto y el Transformador introduce los dos puntos. Cada cual es la estructura y la música del suyo.
Las funciones del Rector serían imposibles sin el punto. En efecto, el Rector tiene como habilidades funcionales las de diagnosticar rotundamente y sin rebabas, establecer límites entre dos cosas que no deben mezclarse, legislar sin dudar ni dejar interrogantes sueltos e indefinidos, defender disuadiendo al adversario, localizar lo que “no es” y apartarlo y lo que “sí es” para pasárselo al Transformador a fin de que haga su trabajo de creación y de crecimiento, separar lo que debe existir armónicamente y por sí mismo. Eso todo ES SEGURIDAD y garantiza la ARMONÍA del equilibrio perfecto de la diferenciación y coexistencia de cada estructura ocupando su superficie exacta sin invadir a ninguna ni dejarse invadir por ninguna. Es el ser integrado que dibujamos en la página 122. El punto muestra y edifica el final de algo, sus límites exactos. Final de una frase. Comienzo de otra por el Transformador. Final de aquélla y punto. Y, cuando hay que separar aún más nítidamente, es el punto y aparte. Final de una idea: punto y aparte. Las personas que abusan del punto y rompen el discurso, fragmentándolo de manera excesiva, tienen un problema de rigidez, son tajantes y prepotentes, son autoritarios, evidencian una patología de orgullo falso introducida en el Rector: “ esto es así porque lo digo yo y punto”. Los que no usan el punto cuando convendría dejar respirar la obra o al lector, lo obligan a releer dos o tres veces el texto para enterarse de lo que el confuso quiso expresar. Son personalidades que introducen, al contrario de las anteriores, miedo falso en el Transformador y como están confusos e inseguros, pasan su confusión al sufrido lector u oyente.
Un genio literario que hace un uso muy afortunado del punto es Ernest Hemingway.

El Transformador tiene su estructura ortográfica y su música peculiar: los dos puntos (:). En efecto, cuando necesitamos hacer irrumpir una afirmación, un descubrimiento, una revelación, no existe ningún otro signo mejor que los dos puntos. Cuando releemos este libro, cuya función es la de revelar una nueva ciencia, el MAT, encontramos una impresionante cantidad de dos puntos. Las funciones del Transformador son imposibles de comunicar y de plasmar en un discurso sin los dos puntos. Como el Transformador es la única estructura exclusivamente humana y la más difícil de manejar, existen muchos fallos en el manejo de los dos puntos. O se colocan cuando no viene al caso y no se desvela ni se revela nada nuevo, y se abren puertas abiertas, haciendo el ridículo y conformando una personalidad de perogrullo, o los dejan de colocar cuando es necesario “soltar” la revelación sin torturantes esperas y circunvoluciones e imponen un pesado tiempo de espera para, por lo general, soltar al agotado lector u oyente, una banalidad. En el primer caso, tendremos una patología de falsa alegría en vez de orgullo alimentando el Transformador. En el segundo, tendremos una patología de miedo en vez de orgullo en el Transformador.
Las funciones del Transformador son, recordémoslo, las de transformar, consagrar, crear, pronunciar y pronunciarse, imaginar, evolucionar, representar, decidir, crecer, acceder, declarar, probar, descubrir, afirmar, reconocer lo válido, elegir, determinar. No es posible descubrir, ni plasmar un descubrimiento, ni, menos aún, revelarlo con HUMILDAD ROTUNDA, sin recurrir a los dos puntos, a menos de caer en las patologías antes señaladas, evidenciando un Transformador enfermo. Los dos puntos abren y cierran sin demora ni dilación expectativas propias y ajenas: abren un mundo nuevo y lo afincan con solidez y firmeza sin dudar ni hacer dudar. Con ello, cada cual ASUME lo propio y revela, sin acapararlo ni plagiarlo, lo ajeno.
Un genio que emplea mucho y bien los dos puntos es Erich Fromm.

La unión y complementariedad del punto y de los dos puntos es evidente: el primero dice lo que terminó. El segundo muestra lo que está surgiendo. Es así de rotundo. Entonces se instala la complementariedad. El punto abre una nueva interrogante. Los dos puntos arrojan un nuevo crecimiento en el camino del descubrimiento. La raza humana somos una larga cadena de puntos seguidos de dos puntos. Esto es la auténtica evolución: . : . : . : Es la música de nuestro crecimiento.

El tercer eje estructural se simboliza por el guión (-) y la coma (,). El guión simboliza al Vitalizador y la coma al Orientador. El Vitalizador rige la justicia y la corporalidad como función trascendente. El guión abre un espacio rotundo para introducir algo de pleno derecho, con “corporalidad”, dentro de una frase. El guión es muy diferente del paréntesis: el segundo aporta una precisión, un dato sobre el tema. El guión introduce otro tema dentro de un tema. Introduce un tema sin el cual la justicia que se le haría al tema central de desarrollo no sería tal, quedaría amputado, le faltaría parte esencial, aunque no evidente, de su ser. El guión se introduce dentro de una frase para introducir un cuerpo entero de presencia dentro de un todo. Y, también, se abre un guión en un diálogo para abrir paso a la expresión entera de un personaje, en un diálogo. Ese guión presenta la manifestación verbal de ese personaje con todas sus consecuencias: palabras, manera de hablar, signos de puntuación arquitectónicos, y, dentro de esa oración, se abren guiones para aportar detalles que lo presentan en movimiento, haciendo cosas. Por ejemplo:
-Hola – dijo Juan, sentándose desenfadadamente – ¿Cómo estáis?- y a continuación se descalzó.
-Bien,- contestó Alicia, y se sonrojó porque le chocó la desenvoltura de Juan, sintiendo vergüenza ajena-.

Las funciones del Vitalizador serían imposibles de manifestar sin el guión: en efecto, el Vitalizador percibe, siente, reparte, asigna, reacciona, denuncia, ataca, diluye, disuelve, vitaliza, sanea, erradica y moviliza. En un discurso escrito se podría, haciéndolo mal, evitar algunos guiones. Pero se le quitaría toda irrupción de corporalidad, se haría el discurso pesado y, a la vez, desmaterializado. No tendría carne. Eso, para un discurso. Si pensamos en un diálogo entre personajes o presencias, evitar los guiones sería del todo imposible.
Las personas que usan demasiados guiones son gente violenta. Agresiva. Los que usan demasiados pocos o casi no los usan son personas etéreas, sin corporalidad, y con imposibilidad de distinguir y separar su cuerpo del de los demás. Son esos salvadores compulsivos que dejan penetrar en sí lo peor de lo ajeno y luego se culpabilizan y engordan.
El guión aporta encarnadura y corporalidad e individualidad al relato. Sin el guión habría géneros enteros como la novela o el teatro que serían imposibles. No habría paso para los lectores, que se confundirían con el escritor, mezclando lo inmezclable. Sería un mundo de promiscuidad. Tanto el escritor como el lector sentirían constantemente rabia.
Un genio del guión es el novelista Leopoldo Azancot.

La coma, aporta ritmo y música del fluir, de la respiración del texto o del discurso. Es la plenitud en libertad en la cual cada uno tiene su sello y su estilo y respira haciendo una pequeña pausa que ayuda a entender un todo vivo, fluyente, bien construido y libre, sin desbordamientos. La coma evita, además, repeticiones y pesadeces. Deja fluir de manera biológica, orgánica. Sería imposible escribir sin comas. La coma es el mínimo básico en arquitectura del discurso. Y es, también, el mayor y más sutil de los lujos.
Las personas que no ponen comas son confusas e invasoras, son aprovechadas y manipuladoras, y, a la vez, no tienen identidad ni dignidad. Son trepadores. Las que usan excesivas comas son ampulosas y, a la vez inseguras y cobardes. Quieren ponerse por encima del lector o del oyente sin tener nada notable para destacar. Además son pesadas y caóticas.
Un genio de la coma es André Gide.
El encuentro del guión y de la coma encarna lo presente por antonomasia. Es un lujo exótico inaudito y la mayor de las sencilleces. El guión introduce presencias encarnadas y rotundas, la coma las hace respirar y fluir, existir y seguir existiendo. La coma es baile, danza, alegría y libertad. Vivos y fluyentes como un río.

GLORIA Y ESPLENDOR AL SERVICIO DEL CENTRO:

Toda esa gloria, todo ese esplendor que mostramos, tiene un origen y una finalidad. El mismo origen y la misma finalidad. Origen y retorno del Centro y al Centro. Como ya mostramos, el Centro es nuestra séptima estructura, estructura de la cual provienen todas las demás y por la cual accederemos a más y mejores estructuras. Esto podría parecer un acto de fe, una declaración sin fundamento.

¿Cómo demostrarlo más científicamente? Muy fácil: por lo absurdo. No encontramos ninguna forma de demostrar científicamente que todo tiene como origen el VACÍO REPLETO del Centro. Y las actuales doctrinas del Bing bang y la teoría del caos nos parecen, a más de absurdas, una estafa y un insulto a la inteligencia. En el MAT, la séptima estructura humana existe en todo lo existente y es el origen de todo lo existente. Es la sexta estructura para los animales, la quinta en las plantas, la cuarta en los elementos, etc. ¿Implica la existencia de un Creador? No necesariamente: implica la existencia de un principio de organización inteligente en el mundo físico que nos rodea. Sólo eso. Las personas que no tienen muy energetizado su Orientador y no perciben lo sagrado no necesitan mayores actos de fe.

Nosotros, como la Séptima estructura, el Centro, es por esencia VACÍA y no posee ninguna emoción ni ningún sentido, no podemos demostrar su existencia como lo hicimos con las seis otras. Pero sí podemos demostrar qué cosas terribles y patológicas pasan cuando metemos cualquiera de nuestras seis otras estructuras, emociones o sentidos dentro del Centro. Si no existiera nada en el Centro, si no tuviéramos un Centro, no pasaría nada. Si ocurre algo, y un algo tremendo además, es que allí hay algo muy importante que debe estar vacío para poder funcionar y para que la evolución prosiga.

Es fácil entender qué pasaría si pusiéramos, como muchos lo hacen, nuestro Rector en el Centro. En el mejor de los casos, perderíamos la armonía de la estructura centrada e integrada, dando prioridad y prelacía al Orden sobre todas las demás cosas y valores, tanto para nosotros como para los demás. Seríamos así, rígidos y autoritarios, fanáticos de la forma, que tendría prioridad sobre el contenido. Si pusiéramos el Sintetizador seríamos aburridamente racionalistas y limitados. Si el Vitalizador, seríamos justicieros e iracundos. Si el Transformador, seríamos soñadores sin aterrizar. Si el Protector seríamos mesiánicos y salvadores. Si el Orientador, seríamos mágicos y supersticiosos. Y si nos pusiéramos a nosotros mismos en el centro, seríamos psicópatas narcisistas.
Para que seamos lo que estamos diseñados para ser, es decir, seres humanos centrados y viviendo en la gloria y en el esplendor, con toda naturalidad, sencillez y cotidianidad, el Centro debe estar escrupulosamente vacío.

El Centro es nuestro cordón umbilical con la creación y con los seres de más dimensiones que las nuestras. Y todas nuestras estructuras, emociones y sentidos han de estar al servicio absoluto, total e incondicional de ese Centro. Esta es la condición necesaria y suficiente para que seamos. Y para que seamos cada día más. Lo que entonces ocurre, además de armonía y de centramiento, lo dejamos a la experiencia de cada uno de nuestros lectores, pues se trata de experiencias que, por demasiado íntimas, entran en el dominio de la más respetuosa intimidad e individualidad, a más de sacralidad. Por lo tanto, al menos en esta obra que es ciencia y no testimonio, no haremos un sólo comentario más al respecto.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot