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PARA IR ABRIENDO BOCA: ¿QUÉ ES UN SOCIÓPATA?

Por Preciada Azancot

Creo de utilidad pública ofreceros, amigos míos, el texto íntegro (registrado en Propiedad Intelectual) del capítulo sobre el Magnetizador, es decir el perfil básico del Sociópata y los indicadores que ayudan a diagnosticarlo, que escribí en 1986 en mi Libro “El MAT, ciencia del Dirigente del siglo XXI“. Dejo claro que este perfil es el básico y que descubrí luego nueve grados más de toxicidad creciente, mucho más tóxicos que este y que están todos descritos, en poesía satírica -pues el miedo lo deben tener “ellos”, no nosotros- en mi libro “Sociópatas de cercanías“.

Próximamente os mostraré el perfil del Sociópata Usurpador. Pero empecemos con “el menos malo” que ya tiene una energía NEGATIVA destructiva del 5.000% (-5.000%) mientras que una persona, digamos “común” tiene una energía positiva y útil del 20%. Es útil también saber que España tiene un perfil de tipología MAT Reveladora (eso, para observar las técnicas que usa el Sociópata con la personalidad colectiva nacional.

C. La séptima tipología: el Magnetizador

Emoción inflada: Orgullo de controlar, deseo de poder
Emociones desconectadas: Amor y Tristeza
Emoción prohibida: Rabia auténtica contra mentiras, manipulaciones e inversiones (subversión del Orden natural humano).

Te mostré que existen seis tipologías de personalidad, cada una construida para resistir al dolor de la desconexión de alguna de las seis emociones auténticas que nos permiten estar plenamente conectados a nuestro Conectador. Cada uno de nosotros, aceptó amputarse a si mismo un pedazo de carne viva PARA SOBREVIVIR SIN HACER A OTRO EL MISMO DAÑO QUE LE HAN HECHO A EL, al menos conscientemente. El daño que pudimos hacer a través de nuestra parte amputada, y es grande, lo hicimos a través de nuestro yo ciego y a través de nuestro yo inconsciente.

Existen personas menos afortunadas que nosotros, que vivieron precozmente situaciones mucho más dramáticas que las nuestras y que tuvieron que cortar no uno sino dos circuitos. Estos niños son, las más veces, los hijos del Magnetizador.

No se puede desconectar más de una emoción sin volverse loco o sin morir. Pero sí se puede hacer otra cosa y así dar lugar a la SÉPTIMA CATEGORÍA, podemos decir cortarlas todas hacia el mundo e invertirlas, a cambio de no desconectar una sola para nosotros. Y para eso necesitan dos requisitos: no amar, y tomar una DECISIÓN CONSCIENTE Y FRIA: Desconectar hacia el mundo el amor y la Tristeza.

“Todo el daño para ti, para vosotros, y ninguno para mí. Vosotros sois idiotas y seréis mis esclavos”. Para tomar esta decisión sólo se necesita decidir servirse a sí-mismo y lograr el PODER ABSOLUTO pateando TODAS las emociones y sentimientos ajenos. Esa decisión no nace de un dolor. Nace del Narcisismo, el amor obsesivo y excluyente por si-mismo. Es muy diferente de la decisión del Promotor que renunció al amor para sí. Es la decisión de Fausto, de hacer el pacto con el Diablo.

Yo no creo en el Diablo. Es un arquetipo colectivo más. Puedes elegir someterte al arquetipo. Todas las tipologías desconectadas lo hicieron, y existen tantos, que escogimos el que nos pareció menos malo para el mundo. Esa séptima Tipología eligió, conscientemente, el peor. Y nos trae el infierno y la muerte a nuestros hogares, a nuestras empresas. Lo llamó “Jack el destripador”. Me gusta llamarlo así, porque hace con las almas lo que su compinche Jack hacia con los cuerpos de sus víctimas. No se contentaba con matarlas. Las destripaba, las desparramaba sobre el asfalto, y las colocaba en posiciones rituales diabólicas. Nadie lo encontró, ni lo arrestó. Tu puedes hacerlo. ¿O te gustaría dejar a tu mujer o a tu hija con Jack el Destripador mientras vas a tu partida de golf? ¿No, verdad?

Pues tal vez esté en tu organización haciendo Actividad sobre la desconexión endémica y sobre la estructuración alrededor de Dramas de segundo y tercer grado del tiempo organizacional. (*) Un solo magnetizador puede acabar con una empresa, y contigo de paso, y tú eres tal vez el líder, o sea el responsable moral, civil y penal de tu empresa. No lo olvides. Aquí tienes una descripción detallada del Magnetizador. Te cruzas tal vez con él cada día. Hasta juegas al squash con él para complacerle.

I – Conducta observable del Magnetizador:

1º.- Va de bueno y/o de genio por la vida: todos nos referimos a él como siendo al menos una de las dos cosas. Cuando tratamos de recordar, no podemos esgrimir un solo acto realmente bondadoso, no sospechable de manipulación, que hayamos personalmente experienciado con él y por él.

Cuando preguntamos quien dice de él que es la bondad en persona y la genialidad (a veces frustrada por su bondad al sacrificarse por su familia y asumir sus responsabilidades), nos encontramos con quien hace correr la voz es el propio Magnetizador.

2º.- No encaja en ninguna tipología de personalidad: No porque las trascienda y las supere a todas como es el caso del ser humano conectado y trascendido sino porque cada uno de nosotros lo vamos a situar de manera diferente y contradictoria con la del vecino. Y todos tendremos razón. Si eres Promotor, te hará creer que es un Revelador o tu esclavo Reactivador. Si eres Reactivador, te enternecerás ante ese fortificador heroico que tanto sufre. Si eres Revelador, verás en el un Promotor o a un pobre constructor víctima de los demás, etc. El Magnetizador tiene en el bolsillo las seis máscaras y usará contigo la más inofensiva, útil y buena te parezca. Si asiste a un seminario M.A.T., se apresurará a manipular el grupo para que al darle el feed-back le digan que lo ven como a un reactivador o un fortificador. El asentirá humildemente.

Cuando lo veas cambiar de máscara tipológica según la de su interlocutor, no te pasmes ante su inteligencia y su intuición, especialmente si eres Promotor o Reactivador. No es inteligente. Es sólo un especialista. Esta graduado Master Suma Cum Lade en manipulación de las desconexiones y ya verás lo fácil y elemental que es descubrirlas. Sólo hay seis. Un Seminario de dos días basta. El lleva más de 40 años, o más d e70, haciéndolo (pues es muy longevo), con que fíjate, no es necesario ser un genio para ello. Además , no se necesita adivinar cuales son nuestras desconexiones, las vamos pregonando todo el día con cuerpo, mente y alma.

3º.- Su única manera de relacionarse con el mundo es la manipulación y los tópicos: Tampoco te pasmes sobre su creatividad. Hay sólo tres teclas a pulsar. Intenta hacer una sinfonía con DO-RE-MI.
“DO” es culpabilizar – “RE” es atemorizar y “MI” es sobornar. Como estas teclas son los talones de Aquiles de todas las tipologías, ya nos puede tumbar a todos con sólo el manejo de las tres. Y por eso, cuando damos una fiesta, muchas veces nos “olvidamos” de invitarlo.

No nos olvidamos, nuestro Conectador está harto de decirnos que somos unos bobos por escuchar su voz de serpiente sin mirar lo que hace mientras nos habla. La próxima vez, conecta tu Conectador y procesa la grabación auditiva, visual y olfativa de cada encuentro con él. Analiza que parte estructural de tu personalidad manipuló y porqué lo hizo (o sea, cuál fue el efecto e ti). Además, pregúntate algo a lo cual un niño de cuatro años puede dar respuesta: ¿Cómo es posible sentir culpa y miedo y estar agradecido a la vez con una misma persona? Pues con él, lo estás.

Cuando te lo encuentres a sola en un pasillo medio oscuro la próxima vez, si te conectas estrechamente a tu conectador percibirás:

1º.- Un sobresalto de miedo y asco. 2º.- Culpa y auto-patadas por ser tan malo. 3º.- exagerado impulso de amor hacia él. 4º.- Una sensación de que le debes algo, que deberías ser menos egoísta y no olvidar invitarlo a tu próxima fiesta. 5º.- con todas esas sensaciones ( ¡que asco soy! ¿cómo puedo estar con el bueno del Magnetizador y evadirme?) no recordarás bien que dijo ni como lo dijo, no habrás visto sino la máscara que se sacó del bolsillo y agitó frente a tus narices y sólo recordarás lo que él quería que recordarás: que es bueno y genial y sacrificado y desinteresado. Y que le debes algo. El amigo ideal, para sintetizar. No importa que huela mal debajo de su colonia. Porque huele mal, y se lava mucho, pero su piel huele fatal, y él suele invadir tu territorio para que te sientas culpable por no apreciar su olor.

4º.- Ocupa un cargo importante en la organización social o empresarial: todos creen que el pobre es un ejemplo del “principio de Peter”. Antes era muy bueno (¿quién puede testimoniar? El propio jack) y le hicieron la faena de ponerlo en un puesto en que, la verdad, no es muy eficaz… Escoge profesiones donde encontrará almas frescas para desangrar: enseñanza, médico, pastor, sacerdote, enfermero, secretario, administración de prisiones, psiquiatra, psicólogo, voluntario de tareas sociales y comunitarias, y le encanta trabajar en organizaciones conducidas por líderes desconectados, es decir en casi todas.

Si sigues sus pasos, verás que es un gran comunicador, no para de hacer visitas a todos, les lleva el café y el correo, los viene a saludar inocentemente. ¿es tan bueno! Además es un gran amigo, siempre te viene a avisar que fulanito dijo de ti algo que no te favorecía.

Lo que no sabes es que dijo lo mismo antes a fulanito, pero diciendo que tú lo dijiste de él. Y la noticia no te sorprende demasiado. Ya decías tu que el comportamiento de fulanito no te parecía ortodoxo últimamente. Se lo confías al Magnetizador. Al bueno del Magnetizador todos le confían sus problemas. ¡Es tan bueno!

Aunque si habrás notado que es obsequioso con los presentes y pérfido y calumniador con los ausentes. Pero lo justificas y te apiadas aún más sobre su “falta de personalidad”, “es que el pobre es tan bien educado, y no quiere herir a nadie y sólo se atreve a desahogarse cuando está conmigo, su amigo”.

Mira: el modo de empleo de lectura de los mensajes del Magnetizador es muy sencillo. Ya te dije que inteligente y creativo, no lo era. Si te dice:

“Mira, te quiero mucho, soy tu amigo y por eso te cuento que Fulanito dijo de ti que..”. Y dice: ”De entre todos mis hijos, al que más amo es a Juan y me desvivo para que sea feliz”.

Lo que tienes que hacer, sin demora, es agarrar tu diccionario de antónimos y transcribir el verdadero mensaje:

“Oye, te odio con fervor, soy tu enemigo y por eso le dije a Fulanito que tu dijiste de él…” y “De entre todos mis hijos, al que más odio (porque me salió conectador vocacional) es a Juan. No tendré paz hasta acabar con él”.

El se ocupa de poner a todo el grupo en contra de los Conectadores vocacionales y de los desconectados y de hacer que se vayan lo antes posible de su coto de caza reservado. Si lo obligan a acudir a mi Seminario (pues él no pierde tiempo en aprender a comunicar, ya que lo sabe hacer mejor que yo y al revés) tratará de ponerme al grupo en contra, y si no lo logra me invitará a café con arsénico para encontrar y desconectar mi punto débil.

5º.- Disfruta con el mal ajeno y es envidioso: Lo oculta escrupulosamente. Es el primero en correr y felicitarte por tu ascenso. Pero, curiosamente, te empezó a doler la cabeza o el estómago en cuanto él llegó. ¡Bah!, ¡la culpa la tienen los mariscos y el traguito de más del almuerzo! Y anotas en tu agenda: “No olvidar invitarlo a la celebración”.

6º.- Se queja mucho de lo que se sacrifica por el mundo, pero vive como dios. No está nunca enfermo, sus hijos lo idolatran (y los manipuló para ello desde su nacimiento) y serán recluidos en manicomios, su esposa creé que es un santo (y morirá tempranamente o se suicidará), todos lo invitan, disfruta como nadie de todo lo que pudo arrancarle a otro (y todo lo que posee es arrancado a otros), adora la vida y lo dice muy a menudo (“¡ que héroe, que bueno, con todo lo que le hacemos y aún nos anima!”). Y es que no sólo vive como dios. Es que se cree dios. Está convencido de ello. El reina sobre la gente. ¿O acaso no dijo dios a Adán “y reinarás sobre los animales”? el reina sobre la gente. Por lo tanto es Dios. Y como tal, no tolera ningún cuestionamiento sobre su imagen. Intenta decirle al pacífico y cortés Magnetizador que has observado que su amor por su hijo Juan deja que desear. ¡Ya verás que sales hecho pedazos!

Curiosamente, en su verborrea, jamás habla del mito de Fausto… Pero sí dice ser incrédulo y desconfiado con los psiquiatras y psicólogos y otros brujos de la misma calaña, como astrólogos, videntes, etc. Al tiempo, se presenta como un gran beato, un alma sensible, fervorosa, y respetuosa de la palabra divina. Hace la colecta, y con tu dinero, decora el altar de la virgencita. Y todos se lo agradecen a él. Huye como alma que lleva el diablo en cuanto se topa con un Reactivador conectado y seduce e hipnotiza a los Reveladores que se metamorfosean en corderitos que pasan examen ante él. Apiada al Legislador haciéndole creer que será su perro fiel y desprecia al constructor quien, después de un seminario de M.A.T. es el primero en reconocerlo. Adula al Promotor y le hace creer que es el único a quien ama.
Ante el Reactivador desconectado se comporta con humildad pero rehuye su proximidad: Claro, podría, en un arrebato de conexión, hacer que los demás vean que es la bruja mala de los cuentos de hadas. Por eso va de pragmático por la vida, y descalifica cualquier disciplina psicológica. Salvo el conductismo y el psicoanálisis tal vez.

7º.- Es un magnífico comediante: Y lo hace de forma tan magistral, que nadie ve que actúa. Puede pasar de golpe. Del amor arrebatado, a las lágrimas torrenciales, luego a la ira glacial, y a Matatiempos. Adora los Matatiempos. Así estudia a su próxima víctima. Ningún ser desconectado es capaz de realizar tal hazaña y si participa en Dramas lo hace inconscientemente. El Magnetizador no. El es totalmente consciente. Y provoca que caigas en dramas en frío, como parte de la comedía, porque allí es el terreno donde más fácilmente puede maniobrar. Si lo confrontáis, jugará el papel del inconsciente y te pedirá disculpas. Diez minutos después te manipulará para que tú se las pidas a él. Faltaría más, no olvides que ES Dios… Su dramas existenciales preferidos son “Rincón”, “pobrecito yo”, y “Peléense entre ustedes”.

8º.- es un disociador profesional: sea cual sea tu grado de conexión, aunque estés super-conectado, después de un encuentro con el Manipulador te sentirás fatal porque habrá logrado, no sólo desconectarte sino disociarte. Está en el mundo para eso. Por lo tanto urge reconocer los síntomas de lo que vas a experimentar, y es justamente a lo que vamos a dedicar nuestro próximo paso.

II – La vida emocional del Magnetizador

Conocer el funcionamiento emocional del Magnetizador equivale a ir protegido contra sus manifestaciones. Equivale, también, a tener la capacidad de ayudar a sus víctimas a no enloquecer, a restablecer la posibilidad de observar objetivamente la conducta de aquel (o aquella) cuyo punto de genialidad consiste en desorientar a los demás al cortocircuitar los Orientadores ajenos manipulando las emociones rebusques tipológicas disociadoras (la falsa tristeza culpable y salvadora para el Reactivador, el falso orgullo fatuo del fortificador, el falso miedo ante ídolos de pies de barro del Legislador, la falsa alegría de la revancha del Revelador, la falsa rabia y la envidia del Promotor, el falso amor culpable ante los manipuladores del constructor). A la vez, el Magnetizador, con sus mensajes subliminales y gestuales que vienen a contradecir sus declaraciones verbales nos revela, a las demás tipologías, que tenemos una emoción prohibida (justamente la que corresponde a la emoción inflada de la tipología fóbica conectadora relativa a cada tipología): En efecto, al observar la conducta gestual y verbal del Magnetizador podrás verificar, con matemática precisión, que prohíbe, en cada tipología, la expresión primero, el sentir después, de la emoción relativa conectadora. Te voy a describir con precisión como lo hace: te será imposible no darte cuenta de ello cuando te encuentres frente al Magnetizador y si conectas contigo mismo y observas lo que hace. Es muy sencillo y verificable. Fíjate:

Con un Reactivador, el Magnetizador prohíbe la expresión de la alegría autentica, la que surge de manera espontánea del simple hecho de sentirse vivo y con derecho a ser, sin relación alguna con lo que se hace para “merecer” dicha alegría. En cuanto ve al Reactivador alegre, lo felicita verbalmente a la vez que gestualmente abre los ojos horrorizado como si estuviera frente a un loco. El Reactivador al instante, se sentirá invadido por el mismo terror ante su propia “locura” y caerá en la tristeza disociadora para recuperar la “estabilidad” de su Mapa desconectado: no le quedará más remedio que salvar al Magnetizador y a todas las falsas víctimas de su entorno. Entonces Jack dirá: “¡Ya sabía yo que eres bueno!” con tono paternal y protector. El Reactivador se acostumbrará a sonreírle en cuanto le vea y a desconfiar de las personas conectadas que le dan el amor verdadero. Estará listo para su disociación. Será el esclavo del Magnetizador y buscará su aprobación para todos sus pensamientos, emociones y creencias.

Con un Promotor, el Magnetizador prohibirá el miedo a dañar a los demás manipulándolos y a ser dañado por los Jacks que lo convencieron de que el mundo es una jungla. En cuanto lo vea auténticamente asustado, el Magnetizador lo tratará como a un cordero que va a ser devorado por el lobo (los demás) y “exaltará su miedo” “por él”, a la vez que se presentará como el único que lo quiere de verdad y por ello lo previene “contra los demás que lo van a usar”. El Promotor verá entonces al Magnetizador como el único que lo quiere de verás y sentirá un “amor culpable” hacia su verdugo a la vez que se lanzará con rabia ciega, envidia y celos contra los que de verdad lo aman. Se comportará como un lobo y se convertirá así en el brazo armado de Jack (contra los Reveladores, Reactivadores y constructores muy en particular) autoprohibiéndose así la facultad de sentir amor auténtico y miedo a dañar y ser dañado. Entonces Jack lo adulará y le dirᔡya sabía que eras un genio!” manteniéndolo sobre sus zancos.

Con un fortificador, el Magnetizador prohibirá la tristeza auténtica (la de la pérdida de su libertad, de su integridad, de su espontaneidad). En cuanto lo vea triste, ala vez que verbalmente se brindará como paño de lágrimas suyo, actuará contra el supuesto agresor de su víctima (las más veces un inocente Constructor o un Reactivador que desea liberarlo) una rabia orgullosa que contagiará al Fortificador. A la vez le abrumará con sus pseudo razonamientos que serán un recital de clichés a la gloria del orden establecido. El Fortificador sentirá entonces rabia contra la liberación y la verdad, se convertirá en zombi de obediencia automática a los designios del Magnetizador y será capaz hasta de matar a los conectadores. En todo caso, cortará las relaciones con la gente de luz y se someterá con orgullo a Jack. Irá a decir a los Reactivadores conectados y a los Reveladores conectados y a los Constructores conectados que son ellos los Magnetizadores y se quedará bien pegadito a su “liberador”: Jack.

Con un Constructor, el Magnetizador prohíbe la rabia auténtica (contra la inversión de la verdad y contra la manipulación que él encarna más que nadie). Sabe que si permite la rabia del constructor está perdido, pues será confrontado por alguien genial cuyos argumentos le arrancarán la máscara frente a todos. Frente a un Constructor conectado el Magnetizador no podría, nunca más, engañar al mundo. Por ello, pone especial énfasis en prohibir la rabia del Constructor.

Cuando ello ocurre, se echa a llorar desconsoladamente a la vez que su mirada y su gesto toman la máscara del amor doliente y asustado: “Eres un loco y vas a destrozar al único que te ama y te protege contra tu propia locura” dice subliminalmente al constructor quien, en el acto, se paraliza, se culpabiliza y se siente el causante de la desgracia universal. Así cae en una tristeza que le dura días enteros a la vez que su rabia inconsciente y contenida contra el Magnetizador se somatiza en una ciática, una úlcera o un infarto. A la vez, el Magnetizador prohíbe al Constructor toda manifestación de amor auténtico hacia los demás, lo acusa de turbiedad erótica, de perversidad sexual. Así lo vuelve a convertir en una máquina que rehuye el contacto con seres vivos creadores y amorosos. Entonces lo felicita. “¡Ya sabía que eras un buen chico, un chico sensato!”.

Con un Revelador, el Magnetizador prohíbe la expresión de orgullo liberador y creador (el cual engloba el orgullo de ser sexuado: un auténtico hombre o una auténtica mujer que ama a los auténticos representantes del sexo contrario). Cuando el Revelador manifiesta orgullo, Jack lo castra inmediatamente descalificando con una mueca gestual a su víctima a la vez que felicita frente a él a un Promotor Constructor como alguien genial. “¿Contra quien va ese elogio?” sería la mejor pregunta en ese caso. Acto seguido, el Magnetizador se pavonea ante el Revelador y con párpados bajados, relata episodios de su propia vida (todos falsos) donde cualquier incauto podrá admirar que el auténtico genio es el, Jack. Pero, inmediatamente, apela a la “humildad cristiana” y dice de si mismo que es una persona “normal y corriente”. Durante todo ese proceso, gestualmente, estará actuando con miedo ante “Mister Hide” que surgió del Doctor Jeckyl: el Revelador. De esta manera logra hacer surgir en el Revelador el horror triste de verse a si mismo como un monstruo peligroso, como Fausto que pacto con el Diablo el poder de crear y de seducir a cambio de darle su alma. El Revelador destruye entonces, con la alegría de la revancha disociadora, al supuesto Mister Hide en sí mismo y descalifica su propia inteligencia y su capacidad creadora. Y patea a todos los Reactivadores y Constructores que le muestran admiración y amor. Para no caer en la tentación de creérselo y de dañarlos si, por sorpresa, vuelve a surgir en él, un Mister Hide que mate a quien lo ama. El Magnetizador entonces le susurra “¡Ya sabía yo que eras malo pero yo te quiero y te protegeré de tu propio demonio interior. No te alejes de mi y desconfía del mundo: podrían verte, te envidian y van a por ti. Yo te diré quienes son tus amigos y tus enemigos!” Y el Revelador, entonces, se ve a si mismo como un Magnetizador y a Jack lo ve como a un genio: su único amigo. Se siente orgulloso entonces de ser el elegido de Jack. Hasta se casa con él si se lo pide gestualmente. No se separa de él, ve por sus ojos, oye por sus oídos, piensa por su retorcido cerebro. Así el rabioso justiciero se transforma en el agradecido protector del Magnetizador… con un Legislador, el Magnetizador prohíbe el amor auténtico (el espacio seguro donde cada cual puede recuperar emociones y aptitudes perdidas). En cuanto ve sus ojos brillar con esa peculiar alegría que se percibe en la mirada del Legislador frente a su Reactivador, el Magnetizador sonríe tímidamente mientras sus ojos se dilatan de miedo ante el objeto del amor del Legislador. Lo hace verlo como la serpiente del jardín de edén, el máximo peligro, el que va a lograr, el que ¡cuidado, está logrando! Que el ponderado, lúcido y maduro Legislador caiga en la seducción del cano de la sirena y desate la maldición de Dios sobre la totalidad de la raza humana. Ala vez, le insinúa que su turbiedad erótica, sus apetencias sexuales son, una vez más, su perdición. Al hacerlo, consigue que el Legislador se fustigue, se rigidice y parta en guerra santa contra el auténtico amor. El Legislador siente terror ante si mismo, ante las fuerzas de sus sentidos terrenales, se siente el pecador universal. Ve el amor como un riesgo mortal que lo va a arrastrar a dejar de ser el guardián del orden. Por su culpa todos van a ser castigados. Todos son inocentes. Entonces Jack le dice “¡Ya sabía yo que eres débil pero aquí estoy para protegerte contra ti mismo!” y el Legislador, orgulloso de haber sabido resistir, se aparta dela serpiente Reactivadora y pasa su brazo protector por los hombros de Jack, su gran Amigo (con mayúsculas). Y su cara retoma su peculiar aspecto de máscara triste, dura y tensa.

En cuanto a la vida emocional interna del Magnetizador aparenta sentir y expresar las seis emociones auténticas. De hecho las invierte. Veamos cómo:

* La alegría: la alegría auténtica consiste en fluir y hacer fluir, en sentir la proximidad amorosa del Creador. Jack niega y, ya lo vimos, prohíbe el fluir de la vida. Pues vida es conexión. La fuente de la alegría es dios y el Magnetizador odia a Dios, su rival, al cual ”vence” a través de la interrupción del fluir de sus Criaturas. Si odias a dios, quitas el corazón y la sangre se estanca y se pudre. La vida, en vez de expandirse hasta el infinito se enrarece y se convierte en una prisión. Si miras el rostro del Magnetizador verás con toda claridad un corte tajante entre la parte superior del rostro y la parte inferior de aquel. Mientras su boca sonríe insistentemente (de manera fija) sus ojos están duros y vacío.

El Magnetizador siente auténtica alegría cuando se siente Dios, cuando logra disociar a las Criaturas y hacer que todos giren a su alrededor. Por eso se sitúa en el centro de la rueda de las tipologías.

Cree con total seguridad que si los demás viven es porque él se lo permite. En su alegría, el Magnetizador es el Mono de Dios, una caricatura divertida, grotesca y siniestra. Dios ama, no manipula, respeta y espera la conexión de sus Criaturas con El a través de sus Orientadores. Jack cortocircuita dichos Orientadores y se alza, grotesco y amenazante entre las criaturas y Dios, al manipular las emociones disociadoras y al prohibir la emociones conectadoras de éstas. Este es el precio y la fuente de la alegría del Magnetizador. Los Promotores pre-disociados y disociados se sienten seguros con él y se convierten en su brazo armado contra los que luchan contra la manipulación. Pero ¿porqué entonces, esos alegres creadores se sienten tensos cuando están con Jack?

* El amor: El Magnetizador actúa un amor absoluto por los que confirman su propio Mapa a costa de sus vidas. El Magnetizador intenta que los demás amen y confirmen la muerte (amor + tristeza) en vida. Niega la vida después de la muerte a no ser la de los fantasmas vengativos que aterran a los niños. Si aceptas someterte a él, amarlo a él, te mimará. Y lo hará destrozando todo espacio seguro donde puedas ser tu-mismo. Te sentirás como un niño desvalido y pondrás tus emociones, tu familia, tu casa, en sus manos “providenciales”. El guisará para ti, te llevará el café a la cama, criará a tus hijos, dirigirá a tu través tu empresa. Está comprobado por los bioenergetistas que los esquizofrénicos fueron sostenidos, siendo bebés, por brazos que transmitían una máxima inseguridad: mientras se les hablaba dulcemente, dándoles de mamar, los brazos parecían en medida de soltarlos, de estrellarlos, en cualquier momento. Más tarde tendrán fobia a las alturas, a dormir en la litera superior de un coche-cama, a los aviones. Este es el tipo de amor de un Magnetizador. Mientras, sus labios derrochan flores y mieles.

* La rabia: El Magnetizador no expresa casi nunca rabia. Vive en un mínimo mundo emocional y da la impresión de un santo con su infinita paciencia. Finge expresar rabia contra los que te vienen a liberar, así te convence de que te ama y te defiende. No permite la rabia en los demás, pues sabe que sólo la rabia auténtica los podrá liberar de él. Sólo expresa rabia en relación a su orgullo, cuando una de sus víctimas se libera o cuando las raíces de su propio orgullo están en causa: cuando se le demuestra que es un tigre de papel, un mediocre y un fantasma. Entonces puede saltar encima como un perro rabioso. Enloquece de rabia si te burlas de sus magnificaciones sobre si-mismo y de sus descalificaciones de los demás. La película “El gran Dictador” de Chaplin, es un ejemplo de lo que lo obligaría a arrancarse la máscara. Expresa su rabia asesina si intentas conectarlo, no quiere conectarse. Quiere seguir siendo el Rey. El Rey de los infiernos. Pierde su magnífico autocontrol cuando le expresan por sorpresa a un Reactivador-Promotor (conectado): pierde los estribos, dice y hace cosas que lo delatan y los demás quedan muy sorprendidos (¡antes de desviar su rabia contra el conectador temporal!).

* La Tristeza para el Magnetizador, es fundamental no sentir tristeza. Aceptar la tristeza equivaldría a aceptar que su reino es el de la muerte. Se queja mucho y gime para ir de santo por la vida y culpabilizar al mundo, y llora cuando siente rabia, para manipular y poner al grupo en contra del que lo está haciendo y de lo que está haciendo y de lo que está siendo, se coloca fuera de la realidad y convierte la psicopatía en un estado natural. Esta fobia a la tristeza es su arma para convencer a los Reveladores de que son como él. Para él es de vital importancia conseguirlo pues sabe que su tipología verdadera es la de ser el ANTIREVELADOR, el que, para no sufrir, ha elegido disociar al mundo. Mientras tenga el poder de afligir al mundo infligiendo el máximo dolor: la disociación, se sentirá a salvo, y se sentirá como un genio, se sentirá dios. Por ello, en los países como España, de tipología reveladora, el número de Jacks que alcanza el promedio del 3%, o al 3% de la población, se multiplica hasta llegar, en épocas de disociación como la que estamos atravesando, a la séptima parte de la población. Mientras el revelador se identifique con él, mientras no se de cuenta que el Magnetizador es su antítesis absoluta, mientras se someta a él viendo en Jack al genio y al santo y en si-mismo a un Mister Hide que puede surgir en cualquier momento, no sólo proliferan los Jacks sino que, más grave aún, harán imposible la conexión del Revelador, quien, por ser su antítesis absoluta, es también el “Gato con botas” potencial que puede comerse al ogro tras transformarlo en ratón y mostrar al mundo la verdadera talla del Magnetizador: la de ser un ratón insignificante que va de ogro sembrando pánico y muerte. Por eso el sueño del Magnetizador es casarse con un Revelador o elegirlo como director General de sus empresas. Lo logra, con mucha facilidad…

* El Miedo: el Magnetizador es un auténtico cobarde. No sólo ataca a los más débiles, sino que basta plantarse ante él y confrontarlo para que te deje en paz y para siempre. Es incapaz de matar, de robar o violar a nadie. Es un maestro en hacer que otros lo hagan por él. Si lo amenazas con denunciarlo y enviarlo a la cárcel no esperes de él que saque los guantes de boxeo. Huirá como un ratón asustado. Se pondrá servil contigo. Así muestra su verdadera cara: la de ser un cero a la izquierda. Claro que intentará, y conseguirá, ponerte a todos en contra. Por eso, antes de confrontarlo, debes tener el sostén de los demás y hacerlo con ellos y frente a ellos. Se irá como alma que lleva el Diablo. Por ello, el Magnetizador tiene fobia a los Reactivadores y se delata frente a un Reactivador conectado. Sabe que está frente a un torero vocacional, y él es la sombra, el toro.

* El orgullo: es el talón de Aquiles del Magnetizador. Se cree un genio, se cree dios. No tolera la risa ante sus banalidades y sus magnificaciones. Si lo halagas, se pavoneará frente a todos y se jactará en público de sus habilidades para disociar a los demás, para someterlos a su poder genial. Si, acto seguido, lo tratas como a un cretino y te ríes de él, descubrirá su verdadera cara y verás algo aterrador: su boca caerá hacia abajo, babeará, mientras sus ojos te mirarán con esa peculiar mirada desértica (verás en sus ojos un desierto con un lobo aullando en su centro), lejana y árida que te helará la sangre en las venas. Pero entonces, alégrate, te habrás librado para siempre de él.

Si has localizado a un Magnetizador, comunícalo a tus amigos conectados, y dedicaos a observarlo, a mirarlo, a oírlo y a traducir sus palabras con el diccionario de antónimos. Mirad si cuadra con mis descripciones. Si no cuadra y si no acumula todos los rasgos descritos es que no es un Magnetizador. Dejarlo en paz. Si se presenta como perteneciente a tu tipología fóbica, retírate del juego, tus criterios no son fiables y podrías estar buscando un chivo espiratorio.

Si cuadra, basta darle luz, conexión y amor y luego CONFRONTARLO para que se revuelque frente a vosotros como el Vampiro Nosferatu y se vaya para siempre. El Magnetizador es un esquizofrénico proyectivo y su toxicidad radica en proyectar su insania mental disociando su entorno. Habla tópicamente. Cuando lo reconoces y lo redimensionas se asume como es: un tigre de papel, aterrado ante lo vivo.

Su estructura de personalidad muestra la conformación de la personalidad del Magnetizador: un Rector hipedesarrollado, total ausencia de Protector, un sintetizador pequeño y con cierre hermético del almacén de Datos que archiva estímulos aptos a despertar el amor y la colaboración, un Vitalizador importante y un Transformador enorme. El Orientador presenta una extraña configuración: se congela en un Arquetipo del TODOS que proyecta la imagen en el Transformador impidiendo la conexión con los demás Orientadores así como el contacto con el UNO terminal. Alrededor de la fijación arquetipal se constelizan algunos Arquetipos de apoyo al Arquetipo excluyente. Por otro lado, la ausencia del Protector se cierra como pinzas sobre lo que se le aproxime y despierte el miedo del Magnetizador (que se manifiesta por un rebusque de envidia); de esta manera corta-circuita el Orientador de los demás.

Como podéis ver, cuando un profesional MAT de la conducta humana dice de alguien que es un Sociópata, nunca es un insulto. Es un diagnóstico científico, es decir observable, objetivo, medible, universal y transmisible en su conocimiento.

Preciada Azancot, 23 de diciembre de 2015

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 5: EL TRANSFORMADOR

El Transformador accede a categorías nuevas y desconocidas, permitiéndonos crecer y convirtiéndonos en creadores. Su función básica es el estatus y su función trascendente es la metamorfosis. El Transformador detecta lo que es acabado, perfecto y genial. Es la única estructura propia del ser humano y que lo diferencia del resto de la creación.

Esta estructura es complementaria de la del Rector, que detecta lo que no es (aceptable, bueno, válido) al acceder a la aprehensión de lo que sí es (válido, bueno, definitivo) o podría ser. Por ello, accede a lo virtual, a lo posible, y detecta la medida de lo posible, siempre en crecimiento y en transformación.

En el gráfico de la página 122, el Transformador está representado por el trapecio abajo a la izquierda y forma parte del CONECTADOR. El Transformador nos permite acceder a la percepción de la virtualidad y complementa al Vitalizador al aportarnos el acceso a la realidad imaginable que se puede plasmar y hacerse objetiva a través de nuestras obras de arte y de nuestras creaciones, así como de nuestro crecimiento.

Estructura MAT de personalidad - Preciada Azancot

Estructura MAT de personalidad – Preciada Azancot

Esta estructura es la menos conocida de cuantas componen la estructura humana, aunque ha sido la más investigada. Por lo aparentemente misterioso de su funcionamiento, siempre ha sido mitificada y relacionada con la intervención de los dioses que aportaban, caprichosamente, la inspiración y la determinación, que permiten la creación del genio y la superación del héroe. En el MAT esta estructura es tan objetiva y de conocimiento tan científico como cualquier otra. Y tan maravillosamente milagrosa también. Lo único que la diferencia de las demás es que es propia del ser humano, y nada más, en esta tierra. Los animales poseen las cinco restantes estructuras, casi exactamente como nosotros, que se relacionan entre sí, salvo la relación de éstas con el Transformador.
Aunque parezca opuesta a la estructura del Vitalizador, ésta es la base y fundamento de la estructura transformadora, porque tan sólo percibiendo la realidad palpable y sensible, podemos imaginar algo más teórico, como lo es la creación. Además, la percepción de la realidad y de la naturaleza tal y como es, siempre es la fuente de partida para la imaginación de lo que podría ser si ponemos en juego nuestra propia capacidad de crear y de crecer. Es a través de nuestro Transformador como podemos acceder a una nueva percepción de la naturaleza en cuanto algo creado también. Cuando el Transformador está fuera de uso, percibimos lo que nos rodea como algo que, sencillamente está allí desde siempre y sin ningún fundamento. Funcionamos como un animal, y, lo peor del caso, es que nos creemos superiores y científicos. La era generacional pasada insistía mucho sobre ese aspecto, aunque la época actual parece insistir sobre todo lo contrario y así será durante cuarenta y siete años más, tras los cuales nos adentraremos en un periodo de veinte años enteramente materialista y que negará toda realidad científica del Transformador. Pero eso, ya lo sugerimos y al final de esta obra lo demostraremos, es sólo cuestión de moda y de visión amputada de turno.
El Transformador accede a lo potencial, a lo que podría ser, y descubre, en este camino, un crecimiento infinito y siempre potencial de lo posible y de lo realizable.
El Transformador accede a la máxima comprensión de las cosas y muestra el por qué. Es lo contrario de lo misterioso, función del Orientador, es el acceso a lo más definitivo, rotundo, factible y objetivo porque se fundamenta en el contacto con el sí mismo, con el ser real y profundo de cada persona. Lo único que pasa, es que es la más desconocida y, además, la que más prejuicios ha despertado en la historia de la humanidad. En efecto, en el estudio y comprensión del Transformador se lo ha disparado siempre, por exceso, hacia lugares de un Olimpo inaccesible, inasible, al que sólo se podía tener acceso siendo un elegido de divinidades caprichosas que conferían la “inspiración”, o por abajo, como un signo muy peligroso, de locura y de utopía, que no debíamos explorar los humanos a menos de tomar el riesgo de enloquecer y que debíamos mirar con todo el miedo del mundo.
Para nosotros, el Transformador es una estructura más, tan válida y esencial como cualquiera de las cinco restantes, que obedece a leyes científicas, objetivables y conocibles a través de la observación y del sentido común. Lo único que la diferencia es que, siendo propia del humano, debemos tener más responsabilidad y conciencia en su custodia y utilización.
El nombre que le pusimos evidencia su principal función: la de transformar y de transformarnos. La función involuntaria de la transformación y del Transformador la compartimos todos los seres y las cosas de la naturaleza. La voluntaria y consciente es sólo patrimonio de los seres humanos. En efecto, cuando un huevo se transforma en pollo estamos en presencia del Transformador embrionario que toda la creación comparte, por ejemplo cuando dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno se transforman en agua. Cuando un cubo de mármol se convierte en el Moisés de Miguel Ángel estamos en presencia de la manifestación del Transformador voluntario de ese genio.

¿Qué hace el Transformador?

– El Transformador transforma: Cuando hablamos, transformamos sonidos en palabras. Cuando escribimos, transformamos letras también en palabras. Cuando hacemos una simple tortilla, transformamos huevos, aceite, queso en otra cosa comestible que decidimos llamar tortilla. Cuando nuestros antepasados usaron el fuego para iluminarse y cocer, alimentos transformaron la realidad perceptible por el Vitalizador en algo nuevo que antes no existía. Y cuando seguimos usando el fuego para lo mismo o para otra cosa, seguimos transformando el mundo de lo posible.
En nuestro cuerpo se producen miles de transformaciones que nos permiten vivir: los alimentos se transforman en enzimas, en vitaminas, en músculos. La médula transforma elementos para crear glóbulos sanguíneos. Y en la naturaleza se producen millones de transformaciones para que esté viva y se vaya creando en cada instante. Como por ejemplo la transformación de una semilla en un fruto o la transformación de humedad en una nube.
El MAT, como lo indica su propio nombre, posibilita la transformación de cualquier ser humano que se lo proponga, es decir que use su Transformador, en un ser real, liberado de su prisión tipológica; es decir que pase de usar, como máximo, el 80% de la energía transformadora innata, que tenía el día de su nacimiento, a millones % de energía al recuperar el esplendor de su estructura innata, actualizarla y ponerla a funcionar al servicio de su crecimiento. En nuestro proceso de enseñanza hemos logrado resultados asombrosos que han roto techos de todo lo registrado en crecimiento y creación de uno mismo en toda la historia (conocida) del ser humano. Y ello, a través de una ciencia precisa.

– El Transformador crea: Y no hay creación sin transformación. Cuando cocinamos estamos reproduciendo una creación ajena, la del inventor del plato, que nunca va a ser exactamente igual al original, o estamos creando algún manjar nuevo. Todo lo que no existía antes y nace a la existencia perceptible es una creación y surge del Transformador. Tanto lo bueno como lo malo, por ejemplo una enfermedad, sí, aunque parezca extraño, pues nosotros demostramos, en lo que conocemos a través de nuestras investigaciones clínicas, que todas las enfermedades investigadas ( cardiopatías, neuropatías, cáncer, neuropatías, enfermedades endocrinas, SIDA, obesidad, anorexia) son producidas por una o dos disfunciones emocionales cuando se cambia y se remplaza una emoción auténtica por otra, bien precisa y no acorde con su función. Así, al transformar el funcionamiento de nuestra estructura se crea una enfermedad.
Que creemos una albóndiga de ternera o “la divina comedia”, estamos usando la misma estructura de personalidad, el Transformador.
En cualquiera de los ejemplos dados a propósito de otras estructuras, cuando describimos el proceso de la estructura que funciona bien o mal, siempre llegamos a una creación. Ya sea la de un Rector que erige fronteras entre territorios y desemboca en la intervención de un Transformador que crea un estado, ya sea la de un Protector en mal estado que pretende encubrir al verdugo con una posición salvadora y redentora y que crea una prisión confundidora y asfixiante para el espíritu que se extravía pretendiendo rescatar al malvado que es totalmente consciente de su elección de imponer e instituir el mal. En este ejemplo tendremos un Transformador inflado hacia afuera por la soberbia de pretender poder hacer lo imposible: cambiar a otra persona. Al tiempo, ese mismo Transformador estará desinflado y anémico hacia adentro, porque estará convencido de que él no merece disfrutar del crecimiento normal y sano sin antes sacrificarlo a la voluntad de no crecer y al deseo de no dejar crecer de su verdugo.

– El Transformador imagina: Cuando retrocedemos ante algo que sabemos peligroso, estamos imaginando el castigo. Cuando nos encargan un discurso nos imaginamos diciendo nuestra verdad al auditorio, y así logramos crear la oración que nos proponemos hacer. Cuando las soluciones que conocemos ya no funcionan o lo hacen insatisfactoriamente, imaginamos hacerlo de forma completamente diferente y creamos otra opción. Y cuando decidimos hacer algo nuevo y retrocedemos ante el desafío, es bueno imaginarnos haciendo lo deseable porque, así, parte de la creación o del crecimiento estará hecho y sólo faltará pasar a la acción. No hay creación ni crecimiento sin imaginación.
El primer ser que fabricó una silla partió de cualquiera de sus estructuras; por ejemplo, del Rector, que diagnosticó las causas de un lumbago por mala posición, o del Sintetizador, que detectó una necesidad, o del Vitalizador, que protestó por no poder ver, -cuando estaba sentado, como siempre, en el suelo- lo que estaba sobre una piedra y que se colocó para ser comido, o por el propio Transformador, que buscaba una manera de colocarse al menos tan cómodamente como un mono sentado que comía de una rama situada más alta que su trasero, o de un Protector, que anhelaba compartir mejor sus alimentos, protegiéndolos de los animales, o de un Orientador que previó el uso de un utensilio cómodo y versátil. Y, de cualquier modo, tuvo que llegar al momento de imaginar varias posibilidades y formas antes de descubrir y crear lo que quería. Para ello tuvo que descartar lo que ya estaba inventado en su medio conocido (como camas o taburetes) y emitir su voluntad, pronunciándose, como por ejemplo decirse o decir: “no, yo quiero un asiento individual donde pueda reposar el trasero y la espalda cuando vaya a reunirme con mi gente”. Entonces visualizó, pasando al Protector, imágenes posibles, luego aceptó, con el mismo Protector, algunas. Y volvió al Transformador para anticiparse en probar las alternativas en el campo de lo virtual. Allí imaginó y luego se decidió, también tarea del Transformador, y luego creó.

– El Transformador representa y se representa: Cuando un actor hace una interpretación, representa un papel y logra que nos representemos a un personaje totalmente diferente de la personalidad del actor y de sus circunstancias. Cuando algún amigo nos recomienda un restaurante y nos da la dirección, nos representamos un mapa para ubicar el local y luego nos representamos el interior y hasta la comida que queremos encargar.
Cuando nos hacemos representar por un apoderado estamos usando nuestro Transformador y pidiendo a nuestro representante que de use el suyo para actuar y hablar en nuestro nombre.
Y nuestro Transformador representa, como ultimísima función, nuestro ser profundo y verdadero que diferenciamos del “parecer”, cuando llevamos una máscara. Cuando decimos “yo”, “tú”, “ellos”, “nosotros”, estamos haciendo una representación de lo que imaginamos que somos cuando en realidad las más veces es lo que tan sólo parecemos. Cuando le quitamos la máscara a ese parecer, descubrimos el ser, o parte del ser. Entonces, en rigor, podríamos decir “yo” o “tú” (si somos capaces de intuir con nuestro Orientador el ser del otro y representárnoslo con nuestro Transformador). Pero, obviando esa importantísima disquisición, cuando nos ponemos, imaginativamente, la máscara propia o la de otro para representarlo, estamos creando un personaje que es inventado y que vamos a hacer actuar con nuestra imaginación.
En el proceso de creación de una novela, tras la imaginación de los personajes, interviene la representación de éstos, a los que hacemos pensar, actuar, crear, sentir. Entonces se cuaja el proyecto de novela. Sólo queda escribir el esquema general y, luego, la novela.
Asimismo, un pintor se representa el cuadro que se propone pintar antes de hacerlo. Si no aprueba (también tarea del Transformador) esa representación, desiste de ese proyecto y crea otro que se representará antes de pasar a la ejecución.

– El Transformador permite crecer: Cuando pasamos de embrión a feto, de feto a bebé, de bebé a niño, de niño a adolescente, de adolescente a joven, de joven a maduro, de maduro a viejo y de viejo a anciano, no estamos hablando de desarrollo, -es decir, de más de lo mismo, función del Sintetizador-, sino de transformación en otra cosa que antes no existía. Eso es crecer. Es ser otra cosa.
Y cuando pasamos de ser persona común, del montón, a convertirnos en genio, en ser trascendido o culminado, estamos creciendo, y no, simplemente, desarrollándonos.
Actualmente, en las ciencias gerenciales, existe una total confusión y hasta una inversión, entre la noción de crecimiento y la de desarrollo. Se llama desarrollo al crecimiento y crecimiento al desarrollo. Nosotros alertamos sobre ese contrasentido y lo explicamos en el capítulo de las tipologías como una manifestación de la desconexión del orgullo y de su correspondiente debilitación del Transformador, propia del mapa Constructor, que corresponde a las ciencias gerenciales actuales. Para el MAT, que se basa sobre estructuras energetizadas por sus correspondientes emociones auténticas, el desarrollo es función del Sintetizador, alimentado por su correspondiente emoción, la tristeza, y significa más de lo mismo. El crecimiento es función del Transformador alimentado por su correspondiente emoción, el orgullo, y significa la conversión en otra cosa, que realiza lo virtual.
Nosotros, en nuestro trabajo de consultores, transformamos el I+D, -es decir la función de investigación y desarrollo- en división de creación, haciendo crecer a los integrantes, enseñándoles a utilizar su Transformador hacia adentro primero, para ser, y ser más creadores, y hacia fuera, creando lo que antes no existía.
El crecimiento implica obligatoriamente una transformación. Por ejemplo si estamos acostumbrados a sentirnos culpables en vez de cortar con la mentira, es decir, si no usamos bien nuestro Vitalizador, no bastará entender lo que nos pasa, paso indispensable por lo demás (tarea del Sintetizador), ni saber cómo debemos actuar para estar sanos (Vitalizador), sino hacerlo nuestro hasta integrarlo completamente en nuestro yo. Cuando esta integración se produce, se puede actuar y representar nuestra nueva forma de ser. Entonces se puede hablar de crecimiento, ya que no somos los mismos de antes.
Cuando veamos, dentro de tres capítulos, las fases de evolución tipológicas, nos representaremos plenamente lo que significa crecer, al observar el abismo que separa a una persona conectada, es decir que recuperó sus seis estructuras y sus seis emociones auténticas, de otra persona de la misma configuración inicial pero disociada, es decir que perdió toda la potencia de su funcionamiento innato y cayó en el abismo de la fórmula letal. El proceso de reconexión es posible y viable con el MAT, que muestra el camino de la transformación del estar en ser. Eso es crecer.

– El Transformador accede: Al establecer el salto que permite pasar de lo conocido a otra categoría o tipo nuevo de posibilidad, el Transformador nos permite auparnos a un nivel antes ignorado que nos permite acceder a lo profundo, a lo nuevo.
El movimiento real que efectúa el Transformador no es lineal, aunque la línea sea vertical, sino en espiral que se abre como un cono hacia arriba, haciendo que cuando estamos en el círculo de arriba estemos despegando del nivel en el cual estábamos antes. Y cuando accedemos al conocimiento, a la experiencia o al descubrimiento de algo nuevo y grande, no es que lo que descubrimos no existía antes de nosotros acceder a él, sino que estábamos en un nivel inferior en el cual no podíamos percibir lo que aprendemos cuando nos elevamos. Por ello, muy frecuentemente, dos o más personas descubren lo mismo en lugares muy alejados en una misma época.
Y si el Transformador accede es porque se busca, pues también buscarse es función de esta estructura cuya función esencial es el acceso al SER.

– El Transformador descubre: Todos los descubrimientos son producto y manifestación del Transformador. Que sea el descubrimiento de América o de la penicilina estamos hablando de un mismo proceso, el del descubrimiento. El movimiento más frecuente es el de buscar primero (tarea del Sintetizador), acceder después, descubrir en tercer término. Pero no siempre es así, al menos de manera consciente. A veces se descubre como primer paso y eso significa que la búsqueda ha sido inconsciente. Por lo sorpresivo del efecto del funcionamiento del Transformador cuando ya vuelve de sus andanzas con un descubrimiento es por lo que se habló tanto en la historia de intervención de los dioses. Pero no es así. El Transformador busca nuevas opciones, opciones que no están en nuestro repertorio archivado en nuestro Sintetizador. Por ejemplo, cuando una persona busca afanosamente una nueva opción y no la encuentra y decide dejar reposar el problema, durmiendo por ejemplo, y despierta a la mañana siguiente con la solución, es que el Transformador prosiguió su función hasta dar con la idea nueva que transformará la situación anterior.
Otro tópico que está tan extendido como el de la intervención de los dioses en la “inspiración”, -que es sólo una patología del Transformador que se nutre con alegría en vez de su emoción natural, el orgullo, como veremos en el capítulo siguiente-, es la creencia tan extendida en que debemos sentirnos acorralados y desesperados y llegar a extremos de desgaste límites para poder descubrir. La realidad del funcionamiento del Transformador es totalmente opuesta: cuando nos encontramos con un problema y nuestro Sintetizador no puede resolverlo porque la opción no está repertoriada en nuestra experiencia pasada ni depende de una nueva combinación de elementos conocidos, también tarea del Sintetizador, el Vitalizador interviene para borrar elementos que traban la búsqueda de la solución, si es que los hay, y entonces interviene el Transformador para descubrir nuevos caminos y crear una opción nueva, y diferente de lo ya conocido. No hay sufrimiento ni arrinconamiento en un proceso natural y sano. Lo cual significa que por lo común no se funciona sanamente y, de allí, el sufrimiento. El Transformador simplemente descubre, porque esa es su función. El único secreto para que lo haga, secreto por lo demás general en lo que se refiere a cada una de nuestras estructuras, es que esté alimentado por su energía natural –en este caso, el orgullo-, tema del próximo capítulo.
Otro tópico que plaga el conocimiento del Transformador es que lo nuevo reposa sobre lo viejo y es más de lo mismo combinado de otra forma. Y eso, también es falso. Lo nuevo utiliza elementos conocidos descubiertos por otros Transformadores, por ejemplo, la línea para hacer un dibujo. Pero el dibujo en sí, si proviene de un Transformador sano, será totalmente novedoso. Si no lo es, es porque el Transformador funciona mal –en este caso remplazando auténtico orgullo por falsa tristeza-.
¿Cómo se descubre entonces? Sencillamente dejando funcionar el Transformador cuya función primigenia y única es ponernos en contacto con nuestro ser, con nuestro yo profundo. Y nuestro Transformador, por ello, es la única estructura capaz de descubrir, crear, crecer en una vía original y exclusiva. Porque somos únicos e irrepetibles. Si estamos ocupados en ser nosotros mismos, y en serlo cada día más, creceremos y descubriremos todas las respuestas a cualquier pregunta, por más extraña que sea. Si, en vez de ello, estamos obsesionados en fabricarnos máscaras que nos alejen de nuestra autenticidad y de nuestro crecimiento, estaremos abocados en acallar nuestro Transformador, primero, para, a continuación, manipular y tratar de tener poder sobre los Transformadores ajenos. Entonces la potencia, inherente al Transformador, se transforma en su contrario y en su aberración: el poder. Y ya no hay crecimiento ni transformación posible a menos de rectificar el camino, decisión también del Transformador alertado por el Rector.

– El Transformador reconoce lo válido en la creación ajena y, antes, en la propia. En efecto, el reconocimiento de lo válido, de lo nuevo que se transforma en innovador, de lo grande que supera en talla y en calidad lo ya conocido y consagrado, es la primerísima tarea del Transformador, pues sin esta cualidad no sería posible ni la auténtica creación ni el reconocimiento y la admiración por lo grande ajeno. Cuando uno está descubriendo o creando, si no es capaz de reconocer lo nuevo, lo transformador, mal puede aceptar o descartar los conceptos o las formas que surgen del Transformador. Con lo cual se bloquearía y se sumergiría en un mar de dudas, confundiendo así su propio Sintetizador y estas dos estructuras de los demás. El mundo no hubiera podido evolucionar en absoluto. Ni se hubiera podido consagrar ningún creador ni descubridor.
El Transformador sano está en permanente indagación para superarse a sí mismo, y, para ello, sabe reconocer todo crecimiento, toda novedad, todo descubrimiento válido. Y eso, sólo es posible si la función inherente al Transformador es descubrir el por qué de las cosas y decidir: “¡Ah!, si es por eso, es válido”. Es lo que enciende la famosa bombilla con la que se representa en los tebeos al Transformador en funcionamiento. Cuando no se detecta el por qué, la causa real y definitiva de las cosas, se sigue dudando y es imposible el reconocimiento real. Puede remplazarlo un acto de fe o un argumento de autoridad, ambas opciones que niegan al Transformador y lo sustituyen por un Orientador idolátrico o por un Rector castrador.
Y, también, la incapacidad de reconocer lo válido en algo creado por otro, se debe a la incapacidad de reconocer lo válido en uno mismo. Esa falta de seguridad en lo bueno propio lleva a la desvalorización de lo ajeno. La sobrevaloración propia (endiosamiento y soberbia) lleva igualmente a la misma consecuencia.

– El Transformador prueba: en la tarea de investigación, propia del Transformador, y que hay que diferencia de la tarea de información –propia del Sintetizador- ,está como función inaplazable el probar opciones, formas, conceptos e imágenes nuevas y diversas antes de decidirse por la mejor, por la más innovadora y adecuada a la intención del creador.
El probar nos permite, al menos, dos cosas: el descubrir el sabor de lo nuevo, función del Transformador, para aprobarlo y hacerlo carne -pasándolo al Vitalizador, que dará una nueva energía como base del Transformador, el cual incorporará ese nuevo hallazgo para otras creaciones- e incorporar algo nuevo para dejar que nuestro yo juegue e invente con él. Basta observar a un bebé que está en su proceso de exploración y descubrimiento del mundo y de sí mismo para darse cuenta de ello. El bebé juega con su pie, el no sabe que es un pie, lo prueba como chupete y descubre otro sabor, lo prueba como juguete y descubre decenas de usos nuevos que va incorporando, lo manipula dándole mil vueltas hasta que descubre, en una mala posición, un dolor, lo repite y vuelve el dolor, entonces el bebé descubrirá ese juguete como algo suyo, como parte de su yo. Más tarde aprenderá, también con su Transformador, a nombrarlo, y será su pie. En su incorporación de parte de su yo, el bebé incorporará, gracias a su capacidad de probar, experiencias y convicciones de placer con su pie.
Existe otro tópico en este apartado: el de creer que todo descubrimiento o creación se hace a base de prueba y error. Esto es confundir y mezclar la función de varias estructuras para descalificar al Transformador. El Transformador prueba y elige, el Vitalizador descarta y el Sintetizador corrige los errores. Esa visión desconoce, a la vez, la función de las tres estructuras. Ocupándonos del Transformador, probar y elegir no significa que haya error. Lo que no se elige para una creación se reservará para otra. Lo esencial es probar. Y la creación surge cuando el acto de probar nos sugiere otro sabor nuevo que se persigue conseguir. Cuando el Transformador está sano no necesita realizar una obra mala, pues el probar, realmente o con la imaginación, basta para disuadir y buscar a probar algo más acorde. Un auténtico creador no crea para destruir. Sabe lo que va a surgir en cuanto se imagina probándolo. Y lo que crea entonces es bueno.

– El Transformador elige: Cuando estamos creando, si el Transformador no está limpio, puede confundirse con formas viejas que solicitan mezclarse con lo nuevo para crear. Es así como ocurre en la creatividad, forma inferior de renovar las cosas, por lo demás tan expandida, y totalmente diferente de la creación, que se basa en lo absolutamente nuevo, elevado, y grande. La creación es lo único que puede transformar el mundo, aportando la irrupción del descubrimiento de algo que las más veces siempre estuvo allí pero que nadie había descubierto antes. Como por ejemplo que la tierra es esférica y que gira alrededor del sol. O por ejemplo, la estructura de personalidad MAT y su ingeniería emocional en sus 58 patrones posibles. O la mecánica cuántica. O los efectos de la luz sobre la materia que dieron origen al impresionismo. Cuando el Transformador está sano, pueden y deben surgir formas múltiples, todas válidas, entre las cuales poder elegir la mejor. Para ello existe un diálogo, dialéctico y perfecto, entre un Rector libre de prejuicios que detecta lo que no es y el Transformador limpio y puro que descubre lo que sí es. Con lo cual, cuando esto funciona bien, la elección es siempre fácil.
Al ponernos en contacto con nuestro ser, la elección se hará, a la vez, más fácil, ahorrándonos dudas, y más variada, amplia y rica: cubrirá un inmenso repertorio de todo lo válido, rico, variado. Cuando nos ocultamos bajo una máscara que reduce y niega la grandeza de nuestro yo, la elección se hará en un registro muy reducido y repetitivo.

– El Transformador determina: El Transformador que funciona bien no duda, no vacila: encuentra, crece y determina, en cada estado de su propia evolución, lo que es y será siempre. No tantea, reconoce y crece en ese reconocimiento. Estas afirmaciones recuestionan una serie de tópicos sobre el dolor del creador. Un creador accede a categorías siempre más puras y altas sin ningún dolor, sino con solidez y convencimiento y también deslumbramiento. El sufrimiento, las dudas, las vacilaciones son efectos de interferencias en el Transformador o de hipotecas sobre él, como analizaremos más tarde.
En el acto de determinar se necesita más firmeza que en otros actos del Transformador. Y más diálogo entre el Rector y el Transformador. Pongamos el caso de un diálogo interno. La víctima de ello escucha y siente una voz de autoridad que le discute su natural derecho a ser sí mismo, a elegir lo que decide hacer. Y se pone a discutir con esa voz y a rebatirle sus argumentos y a justificar los propios. Imaginemos que decide, para librarse de esa tortura, ir a una terapia Gestalt. El adepto de Fritz Perls lo hará sentar en una “silla caliente” donde dará voz a su verdugo psíquico y lo dejará hablar hasta reconocer su identidad real. Imaginemos que reconoce a su propio padre que le prohíbe, por ejemplo, casarse con la mujer que ama. La Gestalt considerará concluido el caso en cuanto el paciente sea capaz de sacar rabia y mandar a paseo al padre abusivo. Los diálogos internos se repetirán y la solución será multiplicar las sesiones y volverse cada día más rabioso. En el MAT se analizará el caso partiendo del conocimiento de la estructura total y de las emociones auténticas que deben nutrirla, y se determinará que el Padre tenía un Rector en mal estado, invasor y castrador que pretendía ocupar el Rector y el Transformador de su hijo, y que éste, al aceptar dimitir de su Transformador y reducir su Rector, tenía esa falsa impresión de posesión. Lo que determinaremos es que no hay nadie dentro de nadie y que nadie se puede meter dentro de otro. Es imposible. Lo que hay que hacer es reconducir la energía que se desvió del Rector propio hacia el Transformador, volviéndolo defensivo y alucinado, recuperando así su capacidad de poner límites infranqueables tanto al yo propio como al de los demás, y reconducir la energía que se desvió del Transformador hacia el Rector, perdiendo así la conciencia de sí y la firmeza en diferenciarse de todos lo demás. Así se verá que, si el padre existió o existe, está fuera y tiene una patología severa. El hijo sólo tendrá que trabajar sobre su propia estructura para recuperar su plenitud y su libertad, a más de inteligencia. El Vitalizador intervendrá sólo para cortar una falsa creencia: la de que otro se puede meter dentro de nosotros.

– El Transformador afirma y declara. Una vez que determina basándose en el descubrimiento de los por qué, afirma lo válido, lo que sí es, y lo declara con valor. Estas afirmaciones y declaraciones son las que han cambiado el mundo, ya se trate de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos o de las declaraciones, en un congreso, de un sabio que descubrió algo trascendente que revolucionará las ciencias, o más modestamente, de las declaraciones de un diputado que accede a la visión de un nuevo orden y lo fundamenta. Primero hay que afirmar. Luego declarar. Son dos procesos consecutivos. La historia de Copérnico nos lo recuerda.
En el proceso de educación de un niño, los padres y educadores que se precien de ser válidos, evitarán poner modelos a sus hijos. La única referencia es el sí mismo del niño, en permanente transformación y crecimiento. Y la referencia será la potencia que da el Transformador. Todo intento de remplazar la potencia por deseo de poder, ya sea poniéndose como modelo o referencia para el niño autónomo y libre al que en realidad se envidia, ya sea poniendo modelos ajenos, aunque éstos sean dioses o héroes, es en realidad un asesinato del yo. Esto es una afirmación fundamentada en el estudio de 120.000 casos. Y la declaración acorde es la de proclamar que, tarde o temprano, ese crimen se ve desvelado y que se pierde el respeto, la admiración y el amor del niño.

– El Transformador se pronuncia: El pronunciamiento significa asumir lo que se es y lo que se descubre que se es en cada momento. El Transformador emite el yo y lo contiene. El Transformador desnuda el ser de sus máscaras y lo presenta al mundo tal y como está en cada momento. Y en cada momento, es más auténtico y más sí mismo, porque está en perpetua evolución. Cuando el Transformador se pronuncia, no emite una opinión (expresión de un Rector enrarecido que no sabe establecer un diagnóstico objetivo), ni menos aún un juicio (Rector esclerotizado), sino el pronunciamiento de un descubrimiento de lo que sí es. Por ello, el Transformador es la base y la raíz del Protector, que, sobre la base de lo que sí es, y de lo que sí es lo más eterno y universal posible, elige amar lo mejor disponible. Así, y sólo así, se puede llegar al conocimiento del bien (Protector) y del mal (Rector) sin caer en el maniqueísmo, con toda la riqueza de colores y de matices, siempre en evolución y en transformación hacia la elevación. La facultad de pronunciarse, y de hacerlo siempre a favor de la transformación, de la renovación y del progreso ha originado la noción de valor, de valentía, de coraje, de potencia.
Pronunciarse implica tener conciencia de sí. Y tener el valor de asumirse y de dar cara. Cuando el Transformador está limpio, se pronuncia, descubriéndose en evolución y mejora en cada momento. Por ejemplo, cuando estamos en presencia de una mentira tenemos la opción de denunciarla diciendo “así no” o de esperar, capitalizando la justa rabia, a pasar al Transformador para detectar lo que es (verdadero, válido, veraz, crecedor, ético, amoroso, etc.) descubriendo el por qué. Entonces el pronunciamiento tiene su máxima potencia. Y es lo que recomendamos para ejercitar el Transformador y usar cada situación como estímulo de crecimiento. Así el crecimiento se hará imparable a la vez que la conciencia de sí se tornará cada día más firme.

– El Transformador evoluciona: esta noción está en germen en lo que hemos analizado anteriormente y aporta la imagen de crecimiento permanente en constante transformación. Nosotros, los humanos, tenemos seis estructuras. Pero ningún humano dio ni dará su plena talla, la de sus seis dimensiones sanas y a pleno rendimiento, en el sentido de algo que ya se logró, de una vez y para siempre, y que no es susceptible de crecimiento y de transformación. Por definición misma de la definición de cada estructura, claro está, y sobre todo de la del Transformador.
Actualmente está de moda el debate sobre el origen del hombre como producto de la creación de un creador o de la evolución a partir del pez o del mono. En esta segunda teoría se añade el bing bang como punto de origen y hasta causa de la creación del universo. A nuestro parecer las dos versiones desconocen el funcionamiento de la estructura de personalidad del ser humano. La primera presenta a un creador que estableció su creación sin otorgar al humano un Transformador y reservándolo para sí como siendo su diferencia con el hombre, con lo cual se llega, una vez más, a la imagen de dios hecho a imagen del hombre y no al revés. Y de un hombre sin Transformador, incapaz de evolucionar.
La segunda versión infla, por lo contrario el Transformador del ser humano quién, con un Transformador hecho para hacer cosas muertas e inermes pero jamás algo vivo, ni siquiera una hoja de árbol, concibe la creación como su propia obra y a sí mismo como un autorretrato. El situar el origen en el Big Bang Confunde al Transformador con el Vitalizador, única estructura capaz de realizar una explosión. Todo ese absurdo se presenta con aires de cientificidad.
Sin entrar en ese falso debate, detectaremos solamente que el ser humano posee intrínsecamente la facultad de evolucionar y que eso ha hecho y seguirá haciendo.

– El Transformador consagra: Y porque el Transformador accede al descubrimiento de la evolución, precisamente consagra lo válido que se descubre y se crea en cada etapa de nuestro caminar en este mundo. Cuando analizamos la historia del hombre, estamos recorriendo un tiempo histórico marcado por piedras situadas en el tiempo que representan progresos, transformaciones, descubrimientos, creaciones reconocidas y consagradas. Son las que han permanecido en nuestro registro de datos y no desaparecieron con sus creadores, anónimos. Todo el campo universitario se dedica a descubrir, inventariar y transmitir lo consagrado para que sigamos evolucionando sin tener que desandar caminos ya despejados. Si nuestra estructura Transformadora funciona bien, el reconocimiento y la consagración de lo válido, de lo valioso y de lo grande se hace en un plazo fulgurante, casi en tiempo real. Si no, los genios se siguen muriendo en la mayor penuria y desamor.
La consagración representa la culminación del funcionamiento del Transformador, que, primero reconoce, luego admira y valora, luego consagra. Tanto hacia adentro –autovaloración- como hacia fuera –valoración de lo realmente crecido y grande-, el Transformador sano sabe, sin dudar ni hacer pasar ridículos exámenes a lo que lo supera, reconocer y crecer en ese reconocimiento antes de consagrar, lo que convierte en punto de referencia la estatura o la obra de un creador.

– El Transformador decide: y eso es consecuencia coherente del poder elegir y pronunciarse sobre la valía de la opción. El Transformador, ya lo vimos, puede actuar en su inmenso campo porque pone en contacto con el yo profundo, con nosotros mismos. Y es por ello que es la estructura que nos permite tomar decisiones fundamentadas y, al tiempo, completamente originales y auténticas.
La decisión tomada por el Transformador puede ser completamente aislada, sin encontrar ningún consenso ni mayoría y, sin embargo, ser la más acertada. Porque se fundamenta sobre el contacto con el yo profundo, la decisión será la más definitiva y rotunda que se pueda uno imaginar, y su solidez se mantendrá y se demostrará a sí misma con el tiempo.
Un tópico muy extendido consiste en la creencia en que la decisión la toma el Rector sobre la base de lo seguro y que una decisión tomada desde el Transformador es caprichosa, veleidosa, no fundamentada en nada sólido. La realidad demuestra que es al revés. Cuando se toma una decisión desde el Rector, ésta reposa sobre la evaluación de riesgos y retrocede y se repliega ante ellos. Una decisión tomada desde el Transformador se pronuncia desde la valoración de la medida de lo posible y cubre el abanico de lo máximo esperable y alcanzable. Además, y nunca se insistirá bastante sobre este punto, se fundamenta sobre lo máximamente auténtico: sobre el contacto y la expresión del ser profundo.

– El Transformador se manifiesta a través de creaciones, decisiones, pruebas, declaraciones, elecciones, superaciones y crecimientos. El Transformador no es la estructura que abre, como se podría creer, porque la que abre es el Orientador. El Transformador accede a la superación de lo que ya existía, accede a lo nuevo encontrándolo dentro de sí o fuera de sí, en otra obra creada. Y el acceder sólo es posible en el contacto con el ser, con el yo real y profundo que prueba y se reconoce y así crece haciéndolo suyo.
Aquí es necesario hacer una disquisición para separar lo válido cuando se accede realmente, de lo delirante y sin embargo muy común. Pongamos un ejemplo: estamos en contacto, por primera vez, con la obra de un gran pintor. Hay dos maneras, diametralmente opuestas, de acceder y de incorporarse lo nuevo. La primera manera, la mala, sería colocarnos en la actitud siguiente: esto me gusta y me lo voy a incorporar. Entonces nos colocamos ante la obra de arte y decimos: “Yo le cambiaría esta sombra y la colocaría en este otro lugar y pondría más verde aquí y le quitaría ese morado de allá.” Con lo cual, el incauto cree que él ha sido capaz de hacer esa obra de arte, y mejor que el artista, puesto que la ha corregido. Así, además de mantener y de reducir su talla de enano, añade otra patología, la de convertirse en megalómano que cree, por arte de magia, acceder a la talla de genio simplemente acaparándoselo. La otra posición, la buena, sería colocarse ante el cuadro y dejar que el Transformador propio perciba lo novedoso, lo grande, lo creador, admirándolo efusivamente y penetrando, con respeto y sobrecogimiento, en el cuadro, imaginativamente. Entonces nace una experiencia vivida de otro mundo, que antes no existía, y que nos hace sentir sensaciones y emociones nuevas, las cuales nos hacen sentirnos diferentes, más nuevos, más crecidos. El hacer nuestras estas experiencias, ya significa crecer. Y si ese crecimiento es de verdad, se transformará en amor por el artista que lo ha posibilitado y en gratitud hacia él.

Cuando el Transformador funciona mal, es básicamente envidioso. Reconoce afuera lo nuevo, lo grande, lo genial y, en vez de admirar, reconocer, consagrar, degrada, critica, se escuda en lo no consagrado aún por las mayorías. Entonces, como nuestro ser funciona, lo queramos o no, en vez de elevarse y crecer, retrocede y se achica. Nos convertimos en enanos en vez de ser los gigantes que todos nacimos para ser.
Desde luego, como veremos en el próximo capítulo, hay muchas formas en que el Transformador funcione mal, hay cinco formas diferentes y las veremos todas. Aquí sólo pondremos énfasis en dos, las peores: la envidia y la cobardía rastrera.
La envidia es el veneno más poderoso contra nosotros mismos, primero y ante nada, y contra los que superan nuestra talla. Es lo que hace que la potencia se transforme en poder monstruoso. Se envidia al bebé porque es libre y está entero, se envidia al niño, porque es más auténtico que nosotros. Se envidia a la persona crecida porque está en el camino al que dimos la espalda. Se envidia a los creadores y descubridores porque nos están mostrando una talla nuestra que decidimos cercenar. Pero lo peor que hacemos es el crimen contra nosotros mismos, porque hay un automatismo inevitable: todo lo que reduzcamos y descalifiquemos hacia fuera, se traduce siempre en una amputación de lo de adentro. Y se cae en un círculo vicioso, o mejor dicho, en la espiral, movimiento propio del Transformador, pero hacia abajo, hasta la degradación completa.
En cuanto a la cobardía rastrera que se vive cómo vértigo ante la talla de todo lo que merece ser admirado, nos hace caer en la necrofilia, en la fobia ante lo que merece la pena vivir. Para compensar esa pérdida, es inevitable inflar artificialmente el falso orgullo con locos y obsesivos deseos de control y de poder sobre los que admiramos. Esa actitud, tan común por lo demás, llevada a su paroxismo, lleva a la psicopatía de los asesinos en serie.

Cuando funciona bien, el Transformador es ocurrente, puro, limpio, versátil, innovador, inquieto, valiente, rompedor, grandioso, va a la esencia de las cosas, alentador y genial.
Algo muy importante que hay que señalar en el funcionamiento del Transformador adecuado es que tiene horror a los mitos y a lo heroico. Esto puede sorprender a primera vista, pero es muy fácil darse cuenta de que todo lo mítico y heroico implica esa famosa intervención de los dioses de la cual disertamos anteriormente y que es una aberración para el funcionamiento del Transformador sano. Creer en mitos es consecuencia de otra aberración, esta vez del Orientador, que cree en magia y forma arquetipos que son tan sólo amputaciones del ser integral, proyectados afuera y magnificados para compensar su gran miseria.

El Transformador responde a todos los por qué que nos podamos formular. Y esto es sólo consecuencia de la función principal de esta estructura, que es la de ponernos en contacto con el ser, con el yo profundo que aflora cuando se hacen caer las máscaras. El ser siempre está fundamentado, es coherente y tiene razones implacablemente matemáticas. Y es al contacto con el ser que todo cobra sentido y tiene su explicación. Einstein decía que “Dios no juega a los dados con el universo”, expresando así, genialmente, lo que queremos decir. El crecimiento, la creación, no son juegos de dados. Obedecen a fundamentos de lógica implacable. Descubren todos los por qué.
Cualquier ejemplo de crecimiento y de creación nos puede servir. Pongamos el ejemplo de un escritor escribiendo su novela: está, por ejemplo, empezando a escribir el segundo capítulo. Si es un gran escritor, este capítulo tendrá varios por qué, y ninguno fruto del capricho; será por ejemplo un movimiento ascensional en espiral que prosiga la misma sinfonía que en el primer capítulo en una nueva dimensión y registro. Será un retrato, tomando pie en sus personajes, de alcance universal, aleccionador y crecedor para el lector. Será la irrupción de circunstancias y pretextos para desvelar, desnudar la esencia del yo real del protagonista. Serán mil cosas, pero todas fundamentadas e imprescindibles para que la creación del artista encuentre resonancia universal en los lectores. Si algo en la novela aparece sin ningún por qué aparente ni oculto, será un defecto, un fallo del artista. Allí no se expresará el Transformador.
Cuando un niño empieza a preguntar los por qué de cualquier cosa es cuando está en el proceso de descubrirse a sí mismo, de ahondar en su identidad. Por ello, es tan importante para su contacto con su yo, decirle la verdad y hablarle como a un adulto. Su Transformador no admite contradicciones en los por qué. Si las encuentra, procederá a distorsionar todo lo real y fundamentado para recrear una realidad consecuente y redonda. Caerá en el pensamiento mítico.

El Transformador puede fallar por exceso o por defecto: Por exceso, el Transformador se torna mitómano, al identificar el ser con uno de los múltiples mitos que nos han legado las mitologías o que han sido encarnados por seres humanos que se identificaron con esos mitos. El mito de Edipo, por ejemplo, contaminó el psicoanálisis. Napoleón también es un claro ejemplo de Transformador invadido por un mito con el cual se identifica y que termina, como todos los mitos, muy mal. Hitler, igualmente, con el mito de la raza aria, muestra las tragedias a las que se puede llegar en ese proceso.
Por defecto, el Transformador se manifiesta por el apocamiento. Sentirse inferior, reducido, acobardado ante lo nuevo. El apocamiento termina en impotencia, ya sea ésta sexual, o mental, o creadora o, simplemente, humana.

¿En qué campos se manifiesta el Transformador?
-En su propio campo: en las creaciones, transformaciones y crecimientos. Pintando un cuadro, por ejemplo, en el campo de la creación. Cocinando, en el de la transformación. Convirtiéndose en adulto, en el campo del crecimiento.
-En el campo intelectual, dominio del Sintetizador, el Transformador se manifiesta en el campo de la ideología y de la filosofía, así como en el de las matemáticas elevadas.
-En el dominio vital, campo del Vitalizador, el Transformador se manifiesta enormemente cuando se transforma una sensación en emoción. Esto ocurre en cada momento. En el terreno de la patología, cuando se aprende a cambiar una emoción auténtica por otra falsa e inadecuada, también interviene el Transformador.
-En el campo afectivo: cuando se pasa de la amistad al enamoramiento, interviene una transformación. Cuando se funda una empresa o una familia, estamos transformando una suma de personas en una organización que tendrá su propia personalidad y su propia alma.
-En el campo del Rector, hay, como ya vimos, una dialéctica permanente entre éste y el Transformador. Aquél percibe lo que no es (cierto, conveniente, sano…) e inmediatamente pasa la vez al Transformador, que se busca y encuentra lo que sí es.
-En lo espiritual, campo del Orientador, el Transformador se manifiesta en todas y cada una de las experiencias de lo sagrado, de lo trascendente, de lo elevado, porque cada una de esas experiencias nos transforma.
En el plano trascendente, el Transformador rige la metamorfosis. Toda la naturaleza está impregnada de Transformador. La metamorfosis es la esencia misma de todo lo que nos rodea y de lo que llevamos y somos dentro. Constantemente. Una semilla nace y se transforma en un árbol, un huevo en un águila, un óvulo y un espermatozoide en una preciosa criatura humana o en un cachorro de chow chow, una piedra en hierro, el hierro en escultura. Gracias al Transformador la existencia es y nosotros somos.

Las manifestaciones del Transformador en arte y en religión:
El campo del arte es, por esencia, materia del Transformador. Pero es difícil captar el arte del Transformador que se expresa a sí mismo. Por lo general traduce en arte la expresión de las demás estructuras. Aún así es posible captarlo:
-En arquitectura, las plazas, por lo general, son expresiones del Transformador y lugares de transformación. Los cementerios también. El estilo renacentista es, entre todos, el que más se acerca a la manifestación del Transformador puro.
-En literatura, tenemos a Goethe en su obra “Fausto” y a Shakespeare en toda su obra, que evidencian la grandiosidad del Transformador creando sobre sí mismo.
-En música, elegimos a Brahms como máximo representante del Transformador expresándose a sí mismo.
-En pintura, tenemos a Poussin, a Tiziano y a Velázquez como insignes exponentes del Transformador.
-En religión, el Transformador se erige en ley sagrada para los hombres con su máximo esplendor en el Judaísmo en todas sus vertientes, ya bien en la expresión de Dios que se nombra ser “el que Es”, en el Talmud o en la Kabalá. Como mera ilustración, daremos el comienzo del génesis, que describe el proceso de la creación hasta el momento de las reglas dadas a Adán y a Eva (tarea del Rector). En la Kabalá, mencionaremos el árbol de los Sefirot con las diez emanaciones del Ser divino.

En el cuerpo, el Transformador rige el sentido del gusto, los huesos y el esqueleto, la médula espinal, los dientes, la glándula paratiroides y las salivares.

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot
El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot