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DIGNIDAD INSTITUCIONALIZADA EN EL BIO-HUMANISMO MAT DEL TERCER MILENIO

Por Preciada Azancot

Aquí el vídeo resumen así como el texto original integral.

“¡ Y EXIJO DIGNIDAD INSTITUCIONALIZADA !”

https://www.youtube.com/watch?v=h7UlJkkaSCU

– La Tierra: Más que perdonado estás, amado socio, pues me pides perdón de corazón, cuando ya has tomado conciencia de tus errores y estás en el camino de erradicarlos y corregirlos, ¡ASÍ SÍ!
Y hablando de edificar, ¿no nos tocaría ya hablar de un cuarto asunto, de ver cómo sería posible edificar una civilización transformadora, a través de la creación, del descubrimiento científico y del arte? Me decías que se trata de orgullo y de transformación, y que esa es una dimensión puramente humana. Lo corroboro, pues sólo en ti he visto esa maravilla, y guardo memoria de creaciones imborrables, deslumbrantes, que han supuesto un salto cuántico para el ser humano, un salto en cuanto a la percepción de trocitos de eternidad.
Y creo que es justo ahora, cuando vislumbramos una justicia posible, que podemos hablar de esto.
De lo que yo llego a entender, ese orgullo y esa transformación son reconocibles cuando, pasados cientos de años, miles de años, las creaciones siguen siendo actuales, siguen estando vivas, siguen remitiéndote a algo eterno, siguen conmoviéndote. Por ceñirme al mundo del Arte, ¿no son Mozart, Van Gogh, el Greco, Bach, Shakespeare, Cervantes, Monet, Cézanne, Rodin, por poner sólo unos pocos ejemplos, terriblemente actuales para ti? ¿no tienes la sensación de que siempre han estado allí y siempre estarán? ¿que sin ellos y sus obras la vida no sería la misma? Yo, desde mi capacidad para el asombro, no dejo de agradecer el disfrute que todos ellos te proporcionan y me proporcionan.
Y he aquí una cuestión – más bien varias – que quise siempre preguntarte y no puedo resistirme a plantearte ahora: ¿por qué, salvo honrosas excepciones, estas personas no tuvieron reconocimiento en vida? ¿por qué has necesitado que yo los acoja en mi seno para reconocerlos? ¿por qué, casi desde que existes, has pensado que esas personas y sus creaciones eran inspiradas por los dioses, por la caprichosa varita mágica que a unos les “iluminaba”, los menos, y a otros les dejaba a oscuras? ¿por qué, en la mayoría de los casos, asocias al genio, que es como denominas a esas personas, con la locura? ¿por qué, al fin, no todos los seres humanos que representas pueden acceder a esa maravillosa dimensión?
No me avergüenza mi atrevimiento porque intuyo que respondiendo a estas preguntas, querido socio, encontrarás la manera de edificar esa civilización soñada, por ti y por mí, pues en ella sí que, de verdad de la buena, me sentiría segura.

– El Pueblo: ¡Con toda la razón te sentirías segura! Y yo aún más. Para sintetizar una respuesta genérica a todas esas preguntas que te planteas, podría responderte que -creo modestamente- sería cuestión de EVOLUCIÓN. Sí, el gran secreto en lo que a orgullo hace, es ante todo, definirlo, por pasiva y por activa. Y te sonrío, pues como acabamos de esbozar la definición de rabia auténtica con su forma idónea de expresarse, el “¡Así no … así sí!”, haremos lo mismo ahora: El orgullo auténtico nada tiene que ver con sus monstruosas deformaciones tales como la soberbia, la egolatría y el narcisismo. Eso es sólo anti-orgullo.
Orgullo es dignidad ante todo, es estar a la altura de la EVOLUCIÓN y de la dimensión diferencial que el ser humano tiene estructuralmente, innatamente, sobre todo lo demás, ya sea esto elementos, vegetales o animales. Y yo no veo por qué no demostrarían los científicos, en un futuro cercano, que todo comenzó con un elemento incipiente que fue evolucionando hasta convertirse en uno de los cuatro elementos que, a su vez evolucionó hasta convertirse en un vegetal, luego en un animal y luego en un ser humano. Y que éste a su vez no vaya a seguir evolucionado, adquiriendo más dimensiones que le permitan tele-transportarse, mutar de nuevo y vivir a la vez en dos lugares o periodos históricos. Todo lo que nos parecía ciencia ficción se ha revelado ser sólo imaginación del futuro. Imaginar es una función del orgullo humano. Este enfoque evolucionista sólo viene a complementarse con la concepción creacionista de una Creación perfecta regida por leyes perfectas. Una Creación tan perfecta que dejándola a solas consigo misma, siempre vaya a más ¿Sí?
Así, en el pasado, en la Antigüedad, se atribuía a los dioses la “elección” de alguien meritorio a quien insuflar inspiración y revelar a su entorno, en un rapto creador de resonancias místicas y a través de sus obras, esos pedacitos de perfección, de Eternidad con los que deleitar a los mortales. Era la infancia de la civilización. Cierto. Pero ellos al menos conferían a la grandeza de la obra, al genio creador, al civilizador del pensamiento humano (tales como Sócrates, Platón o Aristóteles) un ESTATUS supremo. Y en vida. Antes, hasta en el siglo pasado, los genios se conocían todos, se alentaban y admiraban mutuamente –pues la admiración por lo grande es la expresión primaria y esencial del orgullo-. Y los reyes y potentados consideraban justo y dador de estatus para sí mismos el mantener en sus cortes, luchando por atraerlos y mimarlos, a los grandes artistas y descubridores. A eso, se le llama ser civilizado.
Pero hoy en día, los genios se ignoran entre sí, se creen solitarios y exilados, mientras proliferan las redes de todo tipo de marginalidades o de futilidades. Los intermediarios, una vez más, llámense éstos galeristas, museos, academias, universidades, revistas, críticos de arte no creadores, medios de comunicación, redes consagradas, se han auto-nombrado autoridades en detectar, reconocer, consagrar a los grandes. Sólo que a los supuestos “grandes”, ellos mismos los fabrican en factorías de mercadotecnia, a su imagen y semejanza.
Olvidan una verdad esencial: sólo un genio es capaz de reconocer y de consagrar a otro genio. Y lo quiere y necesita vivo, feliz, reconocido, admirado, valorado en suma. Porque lo ve como lo que en realidad es: un faro y un espejo del talento y del genio que duerme, anestesiado por ahora, en cada ser humano, en su talento diferencial por el cual abogaba para el liderazgo del futuro –aquí ni siquiera hablo de vocación, que es mucho más alta, motivadora e importante que el talento y que veremos mas adelante-.
Si la envidia hacia lo bueno, alto y bello, si la talla de pigmeo creador, si el deseo de poder y de control que da o retira su aval al titán, dominan -como de hecho es el caso hoy en los intermediarios que nos anulan-, a los grandes los necesitan muertos, mirados como a locos, como soñadores marginales y desvalidos. Y hacen eso para tener manos libres para hablar en sus nombres, para adornarse con el estatus a ellos usurpado, para enriquecerse especulando y disparando precios para sus obras despreciadas en vida, para hacerme sentir, a mí, Pueblo evolucionado y creador, que sólo nací para acatar y fingir extasiarme con lo que eligen en mi nombre. Y para darme miedo a ser un creador, un transformador, un genio, un ser crecido, porque elegir esa ruta -me dicen- es un suicidio social y existencial. Y eso me indigna. Me indigna porque justamente lo definitorio del orgullo, su definición misma es la capacidad innata de afirmar la dignidad, admirar lo que nos supera, crear, crecer y hacer crecer.
Así, esos intermediarios me quieren asustar de mi más maravillosa dimensión y potencia. Y eso me indigna soberanamente.
Sólo te pido, socia amada, que por favor, recuerdes y me cuentes: entre todos los humanos que reposan en tu seno, ¿a quienes debemos los grandes saltos civilizadores de la historia? ¿a intermediarios sedientos de control, de caos y de oscuridad o a grandes innovadores, pensadores, descubridores y artistas, todos ellos exponentes de lo único diferencial de lo humano: su capacidad de transformar el mundo en un lugar más bello, más creador y más civilizado? Por favor, necesito refrescar, rejuvenecer, alumbrar mi memoria.

– La Tierra: Mi tan admirado Socio, ¡qué magnífica exposición! Con esa claridad, vamos a resolver esto de un plumazo. Y del primer plumazo, deberíamos colocar en su sitio a todos aquellos que, como bien dices, se aúpan en los hombros de los grandes, creyéndose por ello superiores cuando son sólo molestas moscas cojoneras. Porque tanta estupidez me provoca vergüenza y miedo.
Respecto a tu pregunta, ¡está más que claro! Son, y han sido, siempre, los grandes innovadores, pensadores, descubridores y artistas los que te han posibilitado los grandes saltos civilizadores. Y siempre, de manera harto generosa.
Y ahora, como te conozco como si te hubiera parido, déjame que te haga una reflexión sobre tu manera de ser que quizás nos aporte algo de luz en cómo enderezar este tema y poner las cosas al derecho: Desde tu origen como Pueblo, de esas seis dimensiones humanas que hemos concluido que tienes, hay tres que siempre he visto de alguna manera desequilibradas; la dimensión del desarrollo y la tristeza siempre ha sido mayor que las otras cinco. Esto hace que en muchas ocasiones añores los tiempos pasados, que te lamentes de lo que pudo ser y no fue, que te sientas desorientado y confuso sobre tu camino, que pienses que, aunque tecnológicamente has progresado, en lo profundo de tu ser se produzca algo parecido a lo que le ocurrió a Sísifo que, obligado a empujar una gran piedra hasta lo más alto de una montaña, antes de que alcanzase la cima de la misma, la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio. Y así te sientes tú con tu progreso filosófico, moral, ético y espiritual, ¿me equivoco?
Respecto a la dimensión de la que ahora hablamos, la del estatus y del orgullo, parece, desde fuera, que sea una dimensión que tienes desconectada, salvo en los escasos y honrosos casos de esos seres de excepción que hemos venido denominando genios, y sustituida en la mayoría de los casos por envidia, cuando no por actos amputadores de lo grande, de lo que supera la medianía. En pleno auge en la actualidad, ¿no te parece?
Y para acabar, respecto a la dimensión protagonista indiscutible de este diálogo, la de la rabia, la justicia y la cultura, me da la sensación de que es una dimensión que a lo largo de los siglos y de los milenios, has tenido como prohibida, sintiéndola como algo peligroso y destructivo a lo que debe tenerse miedo. Y claro, ¿cómo no tenerle miedo si en general has sentido rabia cuando deberías haber sentido orgullo, cayendo en la envidia? Pero eso, querido amigo, no es óbice para que, una vez te hayas dado cuenta de que la rabia auténtica es el “Así no,.. Así sí”, y que la envidia no es sino rabia falsa en lugar de orgullo verdadero, puedas darle a esta dimensión su auténtico sitio.
¿Por qué te cuento todo esto? Pues porque si así como te describo te identificas, puedes imaginar que disminuyendo la dimensión de tristeza en su justa medida, recuperarás, reconectándola, tu dimensión creadora, la del estatus y el orgullo de verdad, y podrás tras ello, quitarte la prohibición de la rabia y recuperar tu vocación de culturizador, de civilizador, que es lo que de verdad te llena y da significado a tu vida.
Puedo aventurar, pues te conozco bien, que la dimensión del estatus y del orgullo, una vez recuperada, será tu talento, tu genialidad mayor, allá donde mostrarás todo tu esplendor creador. Y no por algo, es la dimensión que te distingue de lo demás, ¿acierto? Si así lo sientes, ¿evolucionamos juntos, querido?

– El Pueblo: ¡Hecho, socia, evolucionamos juntos! Y sí, en mi infancia y en mi adolescencia que terminó en cuanto pude oír tu voz, he funcionado así, como el tal Sísifo, y así me fue. Pero hoy, y tras manifestar mi indignación –parcialmente aún, he de añadir sonriendo travieso- ya puedo decir que me asumo como joven y acaso, en algunos aspectos, como adulto. Y sí, no me cabe duda alguna de que las autoridades auto-consagradas, los intermediarios de toda pelambre, ya no me van a ocultar mi POTENCIA virtual y real. Porque de eso es de lo que se trata: de recuperar mi potencia frente a los que sólo aspiran a hipotecármela para adquirir lo antinómico de la potencia: el poder, el control de mi vida, de mi destino.
Sí, me pasé de triste y de fatalista resignado, tienes toda la razón. Y no es por justificar ese derrotismo mío pasado, pero en un Mundo donde en Occidente, me maldicen con lo de la expulsión del paraíso como castigo a un supuesto pecado original, condenándome a ganar el pan con el sudor de mi frente mientras mi esposa alumbra a nuestros hijos en el dolor, y en Oriente me acallan con lo del culto a los ancestros y la obediencia automática a la autoridad establecida, convendrás en que no lo tuve fácil.
Pero, bromas aparte, sí, la base de mi liderazgo sobre mí mismo -es decir para transformarme en un dirigente de mi propio destino- es la consagración del orgullo creador, transformador y descubridor y la exigencia en que se le honre como lo amerita. Sin ello, siempre estaría pisando arenas movedizas. Así que voy a imaginar, representarlo y declarar qué tipo de medidas garantizarían que los mejores creadores, descubridores y civilizadores protejan y alumbren el camino de los menos crecidos. Probemos a ver cómo te sabe esto:
Yo, rastrearía en cada país a todos los grandes creadores, descubridores y genios y formaría un COLEGIO DE CREADORES, un tipo de autoridad institucional para detectar potenciales vivos, consagrar lo grande, y crear programas de formación para gestionar los talentos de cada ser humano, educar su refinamiento y sensibilidad hacia lo grande y lo elevado. Y los haría seleccionar por otros maestros reconocidos a nivel internacional. Los candidatos se presentarían por iniciativa propia, sin aval de nadie, sin importar edad, nacionalidad, color, género o confesión, pues tenerlos es un honor y un prestigio para la Nación que los merezca y los sepa valorar, mimar y cuidar. No permitiría a intermediarios rancios que los eligieran. Este Colegio de Creadores innovadores tendría un poder consultivo, pues a ellos no les gusta competir ni ejercer poderes, pero habría la obligación de publicar sus recomendaciones, de publicitar sus edictos y de dejarlos expresarse libremente en todos los medios de comunicación masiva. ¿Cuáles serían sus funciones?
Lo primero, como ya señalé, es descubrir y acatar las leyes que rigen el funcionamiento de las personas, detectando sus talentos y vocaciones diferenciales y asentando su liderazgo personal sobre esos puntos fuertes, esas palancas que nos catapultan en la cima de nuestra potencia. Y comenzar con los niños. Para que nadie los pueda torcer ni invitar a la resignación. Lo soñado, lo ideal, sería descubrir esas leyes tan perfectas que podrían señalar ya los talentos y vocaciones en estado fetal, de manera que desde la gestación y la primera niñez, los alentáramos en la familia primero y en el colegio luego.
Lo segundo sería crear programas de detección de talentos creadores e innovadores y consagrarlos sin hacerles pasar esos patéticos exámenes y pruebas académicas de rigor, ya que en esos casos, los examinadores están por lo general muy por debajo de los alumnos examinados. También penalizaría la envidia que sería objeto de vergüenza y de mofa en caso de caer en esa aberración.
En tercer lugar pediría a ese Colegio crear una metodología o varias que promuevan y faciliten SALTAR ESCALAS, es decir: ayudar a pasar de ser un ocurrente individuo a la escala siguiente y convertirse en creativo, y de esa escala, poder saltar a la de creador, y luego a la de genio, y luego a la de civilizador, y luego auparse a la de pacificador, y luego a la de Socio de la Creación en Evolución. El mundo sería maravilloso y su orden, armonía y belleza superlativos. ¿No crees?
En cuarto lugar investigaría el orden de la belleza en sí, es decir, la Jerarquía de valores y prioridades existenciales que garanticen el éxito en la transformación pacífica y gozosa del mundo. Y creo tener una idea propia al respecto, que no me avergüenza adelantarte, socia amada: la primera prioridad existencial ha de ser encontrar y acatar la Verdad, luego debería ser el amor de pareja, pues una pareja de verdad es sólo un ser mutante y perfecto en dos cuerpos, luego el amor por los mejores de nuestros amigos, incluyendo entre ellos a los familiares que lo ameriten, luego vendría nuestro crecimiento, nuestra obra y el honrar a nuestros maestros (a ti, por ejemplo), luego vendría el cuidado de todo lo valioso, esté donde esté, tú antes que nadie, y sólo en fin vendría, en lo de saber priorizar, el procurarse medios para vivir dignamente, pues eso sería una mera consecuencia de una buena escala de prioridades interiores.
Y te dejo corregirme y completar mi programa, pues no se me ocurren cosas más esenciales.

– La Tierra: ¡Guau! ¡Me parece genial tu programa! Correcciones no tengo ninguna y respecto a completar, sólo se me ocurre, desde mi memoria milenaria, incluir la recuperación de los altos creadores del pasado, ofreciéndoles su sitio en tu memoria colectiva, y quitándoles de en medio a los intermediarios que han interpretado sus obras a su propia conveniencia, ¿te parece?

– El Pueblo: Me parece una delicia, un privilegio y un honor, socia. ¡Ya lo creo!”.

Preciada Azancot y Antonio Gálvez. Extracto de “¡Sí, me indigno! ¿Y ahora, qué?“,  Tulga3000 Editores

Preciada Azancot, 13 de enero de 2016

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Mensaje de Navidad del Rey, S.M. Don Felipe VI

Por Preciada Azancot

Aquí el mensaje de Navidad del Rey, S.M. Don Felipe VI. Nuestro legítimo Pacificador.

https://www.youtube.com/watch?v=xuiZ-gjq6nU

Deseo aclarar, lo que, en la jerarquía de valía y de crecimiento humano, se entiende científicamente por un PACIFICADOR: La valía creciente de un ser Humano se define, de modo ASCENDENTE, en la escala siguiente: Creador- Genio- Civilizador- Pacificador. Un Pacificador es aquel que incentiva a los Creadores, admira y protege a los Genios, Construye Dignidad Territorial y la defiende contra vientos y mareas y es el abanderado y el posibilitador del Humanismo Universal. Eso es un Pacificador. Su opuesto es un templa-gaitas. Que nadie se confunda. Un Pacificador tiene una Valentía Heroica y es Todo Corazón. E incorpora, incluye y desarrolla al Civilizador en sí y en los demás.

Preciada Azancot, 24 de diciembre de 2015

Fallecimiento de Leopoldo Azancot

Leopoldo Azancot murió ayer tarde. El próximo 16 de Agosto hubiera cumplido 80 años. Durante todo el día de ayer me sentí terriblemente deprimida, sin entender por qué. Por la tarde, sobre las 19.00h tuve la impresión de un vuelo, de que esa losa triste se alejaba y que sólo dejaba añoranza, nostalgia, un spleen, una conformidad -que no resignación- en aceptar que no todos los días pueden ser luminosos y que las brumas pasarán. Allá donde está siendo otro, no necesitará más esa nostalgia, esa conformidad que tanto le costaba en su justiciera impaciencia por la rectitud y por la inteligencia del corazón que tan pocas veces encontró en sus días de vida.

Leopoldo Azancot

Leopoldo Azancot

Leopoldo sólo puede morir en su cuerpo carnal –por tan poquísimo tiempo- antes de ser de nuevo, allá donde es su patria verdadera, nada más que esa luz radiante que emanaba de él.

Leopoldo es inmortal, porque era y es un genio. Un genio auténtico y de los más grandes. Lo sabía, como todos los genios lo saben. Y por ello sufría más de la indiferencia del mundo, como todos los genios la sufren, con desolación por el alma ajena, con compasión infinita por lo mucho que los demás se pierden durante sus vidas. Y por ello, tampoco esperaba nada del mundo, como ningún genio lo espera.

Pues, cuando se ha dado lo mejor del Ser en obra, cuando se ha hecho retroceder la barrera de lo imposible, cuando se ha logrado crear belleza inaudita e inagotable ésta, entregándola al mundo con cándida, edénica generosidad ¿qué se puede recibir en justicia y equidad para saberse retribuido, por más honores y dinero que se reciba a cambio?

Por ello es aún más sangriento cuando ni siquiera se les da el mínimo, ni siquiera se les quiere publicar sus obras maestras como se publica a cualquier cretino que no sabe coger una pluma, cuando ni siquiera se le da una colaboración en un piche diario que paga basura a precio de oro, cuando ni siquiera se les permite trabajar porque su talla arroja involuntariamente “agravios comparativos” sobre la de los pigmeos.

A Leopoldo se le ninguneo, persiguió, rechazó, ignoró, descalificó como a nadie en este país. Y esto es imperdonable. Se le ignoró y mató, gota a gota, día a día, rechazo a rechazo, silencio a silencio. Porque él, a más de genio inconmensurable, de la talla de un Cervantes, era rubio, era alto, era bello, era esbelto, tenía unos ojos turquesa preciosos y pícaros, era bueno, era el ser más respetuoso y educado, era lo más culto que vi en toda mi vida, era un gran amante y monógamo, era un andaluz altivo y un madrileño abierto, era un inmenso y apasionado judío, era un ser humano en toda su magnitud. Y fue el gran amor de mi vida y yo de la suya, durante los 23 años vividos juntos y después.

Leopoldo llegó a su hogar. Sé feliz, gran hombre, sé feliz.

Preciada Azancot, 22 de junio de 2015

La potencia del amor

 

Frase de Van Gogh

Frase de Van Gogh

Y nos dejó puro amor. Aunque, aparentemente, sólo haya encontrado el amor de una sola persona: su hermano Theo. Él nos enseña que no siempre los que nos merecen se encuentran en el mismo tiempo y lugar. Pues ¿qué alma sensible no adora a Van Gogh hoy, ayer y mañana?

A veces, los más grandes -y por ende los más sensibles-, los que se han ganado, por su pasión, belleza y verdad la Inmortalidad y la Eternidad, se ven puestos a prueba por el aislamiento, ninguneo e indiferencia de su entorno, quien sólo evidencia su miopía y pequeñez al no percibir la fuerza y generosidad del Genio. Pero eso es ilusión, indigna de ser tomada en cuenta. Aunque casi siempre le cueste la vida.

Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 33: Análisis de la estructura de las organizaciones

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot

©Preciada Azancot

EL RECTOR:
Un Rector que funciona bien arrojará:
– Normativa correcta y completa orientada a la seguridad de la organización y de sus habitantes.
– Conocimiento de los límites exactos que nadie puede ni debe franquear.
– Sutileza y delicadeza en el trato a las personas.
– Respeto del sistema de valores elegidos para desarrollarse en paz.
– Seguridad de las personas y de la organización.
– Selección de las personas sobre valores claros y éticos.
– Recta conciencia y sentido del honor.
– Cumplimiento de las obligaciones.
– Ética, elegancia, firmeza y fiabilidad.
– Confidencialidad.
– Constancia.
– Rigor en la selección de dirigentes, usuarios y clientes.
– Conocimiento profundo y objetivo de los rasgos de personalidad propios y ajenos.
– Sanciones contra abusos, manipulaciones, atropellos, mentiras y todo tipo de incumplimientos.

En cuanto al Rector en mal funcionamiento, se constatará:
– Exceso e inadecuación de la normativa, que traba el fluir orgánico.
– Timidez y cobardía en los habitantes, que privilegian la seguridad y la rutina por encima de la veracidad.
– Burocracia y excesivo papeleo.
– Falta de creatividad.
– Pesadez y pomposidad.
– Rigidez.
– Organización estratificada según la antigüedad y la edad.
– Control sistemático a priori.
– Desconfianza en los habitantes y antes los extraños.
– Liderazgo rígido y orientado hacia los resultados.
– Multitud de ideologías arquetipales y culto por las ideologías.
– Culto de la personalidad.
– Intimidación y manipulación con miedo.
– Distanciamiento en el trato.
– Pocos premios y muchas sanciones.

Una organización con el Rector Dominante evidenciará, en sus mejores momentos, un Rector adecuado, y también se caracterizará por una patología dominante de esta estructura: tendremos a una organización de tipología Fortificadora. La emoción inflada correspondiente será el miedo transformado en cobardía.

EL PROTECTOR:
– Una estructura Protectora adecuada se caracteriza por:
– Vocación de servicio.
– Atención a los habitantes. sean o no nacionales.
– Sentido de pertenencia sobre valores positivos y creadores: sobre la auténtica valía.
– Diferenciación en el trato según la valía real de las personas y cosas.
– Servicio post venta.
– Validez y fiabilidad.
– Sistema de comunicación completo y personalizado.
– Solidaridad con el entorno.
– Reconocimiento del desempeño personal.
– Programas de desarrollo integral de las personas.
– Programas sociales.
– Multiplicidad de asociaciones de ayuda y solidaridad.
– Cultura humanista.
– Revistas y publicaciones especializadas en enlace entre las personas.
– Programas de integración.
– Sistema de venta y comunicación vanguardista.
– Habilidad conceptual.
– Amistad, lealtad, hospitalidad.

El Protector en mal estado evidenciará:
– Paternalismo.
– Sobreprotección de los integrantes de la organización.
– Irrespeto de los subalternos por sus jefes.
– Delegación hacia arriba.
– Miedo a desagradar.
– Culpabilidad si se piensa en cambiar de país o de empresa.
– Subordinación de la tarea al estado de ánimo de la gente.
– Compulsión en complacer.
– Cambios continuos de ritmo en función de necesidades ajenas al interés general.
– Falta de sanciones.
– Atención y tiempo para los peores.
– Repugnancia a echar a indeseables.
– Pérdida de tiempo.
– Razonamientos faltos de rigor y muy subjetivos.

Una organización con dominante protectora será de tipología Reactivadora con amor dominante transformado en temeridad y compulsión salvadora.

EL SINTETIZADOR:
Un Sintetizador en buen estado se manifestará por:
– Tecnología puntera.
– Sistemas actualizados y novedosos.
– Organización del trabajo.
– Buena administración, muy transparente.
– Organización de los mandos.
– Hábito de informar y de dialogar.
– Toma de decisiones claras y colegiadas.
– Racionalidad.
– Apertura.
– Honestidad.
– Actualización de conocimientos.
– Formación cuidada y masiva.
– Proceso de datos.
– Orden y economía.
– Inteligencia.
– Multiplicidad de opciones.
– Aprovechamiento de cada oportunidad.
– Control y aprovechamiento del tiempo en actividades de desarrollo permanente.
– Juventud, lozanía, candor.

Un Sintetizador inadecuado tendrá:
– Reuniones interminables y sin puntualidad.
– Frialdad de la información uniformizada.
– Hiperracionalismo.
– Robotización de tareas.
– Exceso de información.
– Culto al ordenador y a la robotización del trabajo.
– Seriedad convencionalista de la vestimenta.
– Gusto por las presentaciones que privilegian la forma sobre el contenido.
– Decoración aséptica, funcional y banal.
– Decoración excesivamente barroca y sobrecargada.
– Falta de gusto y ordinariez.
– Desconfianza disfrazada de pragmatismo ante lo creador e innovador.
– Esterilización de la creatividad.
– Desprecio por las personas “inmaduras” que expresan rabia.
– Subvaloración de los creadores, que se ven como a locos y neuróticos.
– Exceso de organización y peso de la estructura improductiva.
– Opacidad gerencial y falta de transparencia administrativa.

Una organización con dominante del Sintetizador será de tipología Constructora. La emoción dominante será la tristeza, muchas veces transformada en derrotismo amputador.

EL VITALIZADOR:
Un Vitalizador organizacional sano tendrá:
– Vitalidad.
– Viveza y capacidad de reacción inmediata.
– Pasión por el movimiento y el deporte.
– Talante justiciero.
– Generación permanente de cultura.
– Defensa contra los abusos.
– Lucha contra manipulaciones y mentiras. Gusto por la exploración y el descubrimiento de cosas nuevas.
– Talento iconoclasta que ridiculiza lo pomposo.
– Agilidad y flexibilidad.
– Ambiente relajado, divertido e informal.
– Libertad.
– Control a posteriori de las tareas.
– Defensa del individuo.
– Lucha contra el corporativismo y los reinos de Taifas.
– Presencia en el entorno.
– Gran movilidad dentro del entorno.
– Osadía e inconformismo.
– Amor por la verdad.

Un Vitalizador en mal estado se caracterizará por:
– Pasotismo.
– Corporativismo obstruccionista.
– Aparente dinamismo y aceleración que encubre una gran resistencia al cambio.
– Cada uno trata de demostrar que las ideas de los demás son inoperantes, encontrándole “peros” a todas.
– Resentimiento y revanchismo.
– Clima de camaradería horizontal y adolescente.
– Se hace pasar exámenes a los mejores y más cariñosos que se ven como a incautos.
– Sensación de impotencia y de injusticia difusas.
– Reivindicaciones partidistas.
– Gusto por salir a la calle con cualquier pretexto.
– Tristeza que no se expresa y se desvía en irritación.
– Caricaturización de las desgracias y dolores.
– Aparente cinismo.
– Mal trato a los usuarios y clientes.
– Paranoia con el entorno.
– Se patea el orgullo.
– Admiración por la picaresca.
– Se le quita seriedad y trascendencia a todo.

Una organización con dominante vitalizadora tendrá la tipología Reveladora con rabia inflada que se transforma en resentimiento revanchista.

EL TRANSFORMADOR:
Un Transformador en buen estado tendrá:
– Investigación e innovación de vanguardia.
– Transformación creadora de la realidad.
– Florecimiento de arte y de descubrimientos.
– Genialidad.
– Firmeza en la audacia.
– Liderazgo de vanguardia y orientado hacia la persona.
– Facultad de adelantarse a los cambios.
– Tecnología puntera.
– Liderazgo de vanguardia y orientado al crecimiento y la transformación de la persona.
– Gusto por la filosofía.
– Lenguaje rico y habilidad oratoria.
– Habilidad para negociar.
– Valoración y estatus de los mejores.
– Amor por los genios.
– Penalización de la envidia.
– Autosuperación permanente.
– Dignidad.
– Fobia al culto de la personalidad.
– Ridiculización del narcisismo.
– Rechazo y desprecio del trepador.
– Respeto por las creaciones y descubrimientos ajenos.
– Respeto escrupuloso del pago de royalties.
– Sistema de remuneración flexible que privilegia la creación sobre la antigüedad.

Un Transformador defectuoso tendrá:
– Manipulación de la gente y de la opinión pública.
– Sobornos y promesas incumplidas.
– Culto por el trepador y el pícaro.
– Reemplazo de lo creador por improvisaciones descabelladas e insulsas.
– Líderes aniñados y caprichosos.
– Reinos de Taifas.
– Prioridad a la forma y al valor añadido oportunista.
– Falta de escrúpulos.
– Culto a la vitrina.
– Esnobismo en el vestir.
– Estatus formalista y superficial muy apegado a los signos exteriores.
– Servilismo y clientelismo.
– Hábito de considerar a las personas como bienes de equipo intercambiables.
– Envidias y agravios comparativos.
– Cultura que premia a los trepadores y castiga la lealtad.
– Gusto por negocios poco claros y de resultados inmediatos.
– Visión miope y a muy corto plazo que considera el mañana como prolongación del hoy.
– Contacto con políticos sobornables.
– Derrotismo y fatalismo que elige lo tópico.

Una organización con dominante del Transformador será Legisladora con orgullo inflado que se transforma en dogmatismo e idolatría.

EL ORIENTADOR:
Un Orientador adecuado se manifestará por:
– Planificación estratégica que se adelanta a los cambios del entorno.
– Tesón que no abdica ante las adversidades ni ante las pruebas.
– Optimismo y fe en el ser humano.
– Valoración de lo universal y de lo auténticamente sagrado.
– Desarrollo espiritual privilegiado.
– Alegría ante cualquier certeza.
– Búsqueda de la verdad y alegría cuando se encuentra.
– Excelente orientación en sus sectores de actividad y de investigación.
– Respeto por lo biológico y lo humano.
– Valentía y heroísmo.
– Talante insobornable.
– Gran curiosidad y respeto por lo inconsciente.
– Optimismo confiado.
– Paz y serenidad.
– Sentido del humor.
– Vocación de felicidad.
– Contacto amoroso con generaciones pasadas y futuras.
– Sentido de continuidad.
– Humildad.
– Jerarquización indesmayable que no se aparta de lo esencial.
– Amor por Dios sobre todas las cosas.

Un Orientador en mal estado tendrá:
– Incoherencia en la planificación estratégica.
– Gusto por los gurúes y por lo mágico.
– Entusiasmos y depresiones ciclotímicas.
– Idolatrización por los valores culturales de moda.
– Prostitución de ideales profundos a favor de modas.
– Liderazgo personalista y manipulador.
– Admiración por el carisma.
– Admiración por el éxito.
– Utilización cínica de los demás.
– Ideal corporativista entre “élites” sociales (beauty people, jet set).
– Fundaciones de arte postmoderno y decadente con pretensiones minimalistas.
– Desprecio de la galantería y gran patanería y ordinariez.
– Machismo en los hombres y síndrome de la abeja reina en las mujeres.
– Inversión de patrones sexuales y transformismo.
– Gusto por el disfraz.
– Vestimenta unisex.
– Gusto por las fusiones y el gigantismo que disimulan un real ostracismo.
– Drogadicción, ludopatías y todo tipo de adicciones.
– Miedo al entorno, que se ve como a una jungla.
– Mesianismo en los líderes e infantilismo en los seguidores.
– Fabricación de ídolos surgidos del marketing.
– Adulación y narcisismo infantil.
– Falta de límites.
– Talante confianzudo.
– Nadie dice lo que piensa si no le conviene.
– Expulsión inmediata de los que se atreven a recuestionar lo idolatrizado.

Una organización con Orientador dominante tendrá una tipología Promotora con alegría inflada que se transforma en avasallamiento y talante de aprovechado.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot

©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 20: EL ACCESO A LA GLORIA: LA TEORÍA OMEGA EN ACCIÓN

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Partimos del primer nivel de las motivaciones humanas, la necesidad de SEGURIDAD, es decir el Rector, el miedo y el tacto funcionando plenamente. Accederemos así, en primerísimo lugar, al autoconocimiento profundo y al conocimiento instantáneo de los demás. La potencia en hacer diagnósticos permanentes y siempre actualizados sobre nosotros mismos y sobre las demás reposará sobre la alegría de la certeza de la plenitud para la cual todos nacemos y que constituye los cimientos de la pirámide que sostiene y posibilita el despliegue y el logro de dicha seguridad.

Teoría Omega del MAT - Preciada Azancot

Teoría Omega del MAT – Preciada Azancot

Vamos así, de manera perpetua, profundizando y expandiendo nuestro conocimiento de nosotros mismos, en cada momento y lugar, y diagnosticando el estado de seguridad o de riesgo que nos ofrecen los que nos rodean. Así nos protegeremos a nosotros mismos y sabremos rodearnos de los más seguros y defendernos de los más tóxicos. Cuando detectemos una falta de armonía interior, armonía basada en la plenitud natural del orden de lo humano, sabremos inmediatamente dónde está el peligro, si en nosotros, porque alguna estructura se infló o dejó de estar alimentada adecuadamente, o si en el otro, porque sabremos medir lo que ocurre con los mismos parámetros.
Como tendremos el miedo conectado al Rector, y enchufado al tacto y a la piel, seremos geniales en diagnosticar qué niveles de riesgos internos o externos corremos en cada momento, siendo imposible caer en la excesiva defensa recelosa contra lo que nos favorece o en la inconsciencia temeraria que nos pone en peligro. Seremos, así, seguros, respetuosos, rectos, armoniosos y éticos. Percibiremos epidérmicamente qué y quién es seguro y benéfico y qué y quién es peligroso y tóxico.
Además iremos reforzando día a día esa sensibilidad especial y ese conocimiento del ser humano, tanto hacia adentro como hacia afuera. Como tendremos el miedo auténtico alimentando al Rector, éste cumplirá cabalmente sus funciones de diagnosticar, establecer límites necesarios, legislar, defender, localizar y separar lo que viene a incrementar el estado de plenitud de partida y evitar el peligro de perder la armonía y el bienestar. Seremos fuertes y a la vez sensibles y porosos y sabremos que el cambio es vida y que estamos a salvo si nuestro Rector, nuestro miedo y nuestra piel trabajan en equipo. Cuando esto no ocurra, y detectemos o caigamos en el fatalismo, en el derrotismo, en la histeria, en la valentonería, en el masoquismo, en la prepotencia, en el paternalismo, en la debilidad, en la temeridad, sabremos sentir miedo para inmediatamente diagnosticar dónde y en quién se soltó el circuito correcto, sin alarmarnos demasiado, rectificándolo con certera seguridad y aconsejando a los demás sobre su problema de cortacircuito. Todo ello lo haremos en perfecta tranquilidad. Estaremos así seguros de nosotros mismos y de los demás.
Eso, como función normal, básica y accesible a cualquier ser humano. Así accederemos al acceso de la función trascendente de la trinidad Rector, miedo, tacto: la armonía. Definimos la armonía como la belleza del equilibrio, es decir, la rectitud de estar en nuestro lugar y de respetar lugares ajenos sin permitir que se produzcan desequilibrios por inflación o deflación de cualquiera de nuestras estructuras y de cualquiera de nuestros sentidos. Como máxima jerarquía de nuestro Rector, y para instaurar la armonía en nosotros mismos y hacia los demás, seremos sutiles y respetuosos, no invadiendo jamás ni el tiempo ni el espacio ajeno, así como no permitiendo que nos lo hagan a nosotros. Como estaremos cada día más seguros de nosotros mismos y respetuosos de los demás, seremos disuasorios para aquéllos que nos quieran invadir. Suaves y férreos, así seremos de armoniosos y de fiables y de sólidos.
Como ofreceremos ese espacio seguro, sólido y fiable a los demás, podremos acceder con los mejores al segundo nivel de aspiración humana: el desarrollo que permite la tríada Sintetizador, tristeza, oído. Lograr, sobre la base de lo sólido y seguro, desarrollar todas las posibilidades reales disponibles nos hará acceder al conocimiento dinámico de nosotros y de los demás. Dinámico porque en cambio y en desarrollo.
Lo que obtendremos, en cada campo de acción de un Sintetizador alimentado por tristeza auténtica y conectado al oído, es cuantioso, valioso e inaplazable:
Lo primero será saber con certeza gestionar nuestro tiempo, para así desarrollar nuestro espacio interior y exterior. Sabremos evitar dedicar el tiempo a tareas estériles y a dramáticas que nos sitúan en roles de Salvador, Perseguidor o Víctima, en los cuales violamos, castramos o chupamos a los demás, perdiendo así la dignidad y convirtiéndonos, en vez de desarrolladores de lo vivo, en depredadores de alta toxicidad. Así, el Sintetizador que sirve básicamente para evitar pérdidas y buscar soluciones, se convierte en su contrario: algo que va a, no sólo producir, sino a institucionalizar la amputación.
Al elegir entregar nuestro tiempo a lo esencial, sabiendo discriminar, a lo vivo, a lo lozano, a lo que nos puede llevar a la luminosa certeza de ser un constructor de lo más inteligente, accederemos al primer peldaño del desarrollo pleno.
A continuación, sabremos qué partes dañadas existen en nosotros y en los demás, y sabremos dar las caricias correspondientes a cada uno, según sus necesidades reales, para mantenerlos motivados y enteros, evitando así que se siga resquebrajando la autoestima del otro. Sabremos ser los reconstructores de la estructura y de las emociones dañadas de los demás y, también, de las propias. En efecto, si tras el diagnóstico de la fase de seguridad detectamos, por ejemplo, que nuestro interlocutor tiene un grave problema de inseguridad y de falta de orgullo, le diremos: “Yo admiro mucho tu talento, ¡Tú puedes hacerlo! ¡Confío en ti!”. Y lo mantendremos así motivado e ilusionado, dispuesto a desarrollarse y mostrarnos cuánta razón teníamos en haber sabido ver y en utilizar lo que otros, menos sutiles y sensibles, ni ven ni acarician. Y si detectamos alguna inseguridad en nosotros mismos, sabremos darnos y pedir los incentivos que necesitamos para perder la tristeza.
Puestos a comunicar, sabremos, con nuestro análisis del otro y nuestra sensibilidad, utilizar los canales de comunicación del otro, olvidándonos de los mecanicismos egocéntricos que nos hacen creer que si hablamos al otro como querríamos que nos hablaran a nosotros, le estaremos dando lo mejor. Y no, el Sintetizador que funciona bien detecta qué formas recibe el otro de manera más eficaz, poniéndose en sus zapatos, con sensibilidad, poniéndose en la piel del otro.
Y, en fin, un Sintetizador en buen estado encontrará siempre qué nuevas formas y qué nuevos datos utilizar para desarrollar su inteligencia hasta llegar a su función trascendente, la claridad, la omnisciencia. Seremos conocedores de todos los qué de lo disponible en todo tiempo y lugar. En el campo de la gestión del tiempo, sabremos qué hacer y qué evitar para sembrar vida en nosotros y en los demás. En el dominio de la motivación, seremos sabios distribuidores de caricias y permisos potentes y sinceros. En el de la comunicación, seremos casi extraterrestres, porque por lo general nadie se molesta en hablarnos como nosotros nos hablaríamos a nosotros mismos en los mayores momentos de intimidad y en base a un análisis MAT de nuestra personalidad. Y en el campo del desarrollo de nuestra inteligencia, aprenderíamos a erradicar las causas de las pérdidas en vez de limitarnos a reparar una y otra vez lo dañado, con lo cual, cada pérdida se convertiría en aprendizaje para terminar con su causa en vez de los efectos.
Así accederemos a la claridad, que definimos como sabiduría universal hecha de organización perfecta y de ingeniosa combinación y relación entre esos datos que, en vez de sobrecargar nuestra mente, la despejan por completo convirtiéndola en un receptáculo del universo. Es lo que tanto buscan los Budistas con la meditación que permite acceder a la iluminación, y que no es más que la función trascendente del Sintetizador, el cual sabe entrar en estado de relajación profunda que despeja autovías de luz y de conexiones entre todo lo existente. No olvidemos que el Sintetizador archiva, organiza, relaciona y procesa la totalidad de los datos que provienen de nuestras seis estructuras, de nuestros seis sentidos y de nuestras seis emociones, y no sólo los datos lógicos y racionales que provienen de sí mismo.
En esa claridad como hábito y ámbito natural seremos agudos, conocedores de todo el universo propio y ajeno, honestos y eficaces, auténticamente compasivos.
Cuando, en vez de por la tristeza, nuestro Sintetizador esté alimentado por otra de las cinco emociones y seamos o veamos ser impotentes, resentidos y revanchistas, pedantes y usurpadores, masoquistas o nihilistas, tendremos la sabiduría de entender por qué otra emoción estamos alimentando nuestro Sintetizador y remediar de inmediato la causa, eliminando así los efectos.
De este modo, construiremos el permanente desarrollo que ofrece el saber qué hacer en cada momento y estaremos listos para edificar la tercera fase: LA JUSTICIA. Accederemos a la administración de la triada: Vitalizador- rabia- olfato. Seremos capaces de “olernos” cada mentira, cada manipulación, cada injusticia y decir “¡Así no!”. Seremos capaces de ofrecer una cultura y un liderazgo personalizado que posibiliten la expansión completa de la talla humana de todos y cada uno de los integrantes y decir “¡Así sí!”. Para ello, instrumentaremos como sistema de valores en la organización familiar, empresarial, administrativa, nacional y mundial la Teoría Omega como sistema de valores vigentes que posibiliten que cada cual tenga acceso a la secuencia innata emocional y estructural que nació para tener, y acceda, cuanto menos, a la hiperconexión y a la trascendencia. En cuanto al modelo MAT de liderazgo, lo instrumentaremos de tal modo que, cada persona, de cualquier nivel jerárquico en la pirámide organizacional, lo construya de la manera siguiente: en abcisa pondrá la gestión de su propio talento; en ordenada pondrá la gestión de su propia vocación; como resultante podrá medir en cada momento qué tanto de su competencia está logrando. Estos términos y conceptos, que podrían parecer algo oscuros y empíricos ahora, serán explicitados largamente y con profundidad más adelante en este mismo capítulo.
Este sistema cultural y de liderazgo permite obtener un florecimiento sin parejo que instaura el acceso a la gloria como hábitat natural de todos y cada uno de los integrantes de la organización.
Así sabremos formular y responder a todos los cómo de las cosas: cómo tratar a las personas y cómo tratarnos a nosotros mismos, cómo hacer que florezca todo el potencial de cada cual, cómo reconocer la unicidad y excelencia con alegría y sorpresa encantadas, cómo hacer que seamos cada día mejores, más justos y vitales. Así descubrimos, como algo natural e innato, que la rabia es la otra punta de la viga maestra que se corresponde al otro extremo con la alegría, como ya lo hemos analizado con anterioridad. Si está la justicia plena, florecerá con la mayor brevedad la alegría auténtica para todos, no como un favor sino como un derecho natural de cada ser vivo en el planeta.
Así accederemos a la corporalidad como función trascendente del Vitalizador. Definimos en el MAT la corporalidad como materialización de lo sagrado. En efecto, es interesante recalcar que las demás definiciones de armonía, claridad, metamorfosis, alma y espíritu, funciones trascendentes de nuestras cinco estructuras, no incluyen palabras que podrían remitir o sonar a sacralidades entendidas como religiosidades. Y es precisamente el cuerpo, que en todas las religiones es visto como el peso, lo que nos impide acceder y ser alma y espíritu, la cáscara de la cual nos liberamos al morir, el enemigo que debemos privar y castigar y flagelar, es precisamente el cuerpo a lo que nosotros venimos a conferir sacralidad. Y lo vamos a explicar inmediatamente: Las cinco funciones trascendentes nos elevan y permiten acceder a lo sagrado. Las cinco, y por igual, si es que existen otras vidas más allá de la muerte, se van con nosotros al mundo por venir. Las seis nos hacen acceder a la trascendencia, es decir a la elevación espiritual en este mundo, en el aquí y ahora. Lo que pasa es que, para las cinco restantes, se puede entender fácilmente que tengan dimensiones sagradas. Para el cuerpo no. A menos de caer en cultos de desenfreno dionisíacos y mitológicos, en orgías y profanaciones. Nada más lejos de nuestro enfoque de la corporalidad. Nosotros simplemente constatamos la función trascendente de cada una de nuestras estructuras y explicamos la sacralidad de la corporalidad de la manera, muy sencilla, como todas nuestras demostraciones, siguiente: Einstein, y muchos de sus seguidores y continuadores, han demostrado que la materia no existe como tal, que es un sistema de condensación y de ensamblaje de energía y sólo eso. Y el hecho es que esa condensación y ensamblaje no se hace al azar, sino por razones operativas y científicas que terminan por tomar una forma, un cuerpo, una densidad, una apariencia que sufre, padece, disfruta y goza. Así pasa con toda la naturaleza: con las flores y con las nubes, con la lluvia y con los árboles, con las piedras y con las animales, con los seres humanos, por supuesto, también. Entonces, ¿quién es el miope que podría creer que ese espacio que somos y ocupamos durante un tiempo de vida no lleva en sí, en caso de resurrección en otras vidas, la sustancia y el principio innato para convertirse en otro tipo de cuerpo o en su mismo cuerpo? ¿Acaso el reino del más allá, si es que existe, va ser un mundo de dilución y de fantasmas sin sustancia, o, por lo contrario, un mundo de maestros, de ángeles, de reyes, de seres con identidad y corporalidad? Pero aquí no nos ocuparemos de respuestas tontas que sólo traducen y evidencian un nivel de crecimiento determinado en la infinita sucesión de procesos y de fases de crecimiento integral, luego, también, espiritual. Discutir por esas cosas demuestra sólo una: que la persona que pelea no está en el camino de su propio crecimiento y que, si lo está, está a un nivel muy bajo. Se parta de la convicción de que existe o no otra u otras vidas, no podemos por menos que constatar que, en esta, que nos ocupa, venimos con un cuerpo y toda la creación viene de la misma manera corporalizada en seres que son individuos y elementos, diferentes y únicos, y que ese cuerpo nos va a proporcionar, si sabemos manejarlo como se debe, placer y vitalidad y, también experiencias trascendentes sobre el misterio y finalidad de nuestra vida a través de nuestras sensaciones y emociones.
Y ¿qué experiencia de lo trascendente puede darse sin sensaciones y sin emociones, sin ninguna intervención de esos doce prodigios de los cuales estamos dotados?
Si accedemos a la gestión vitalista de nuestra triada Vitalizador- rabia- olfato seremos justos y ecuánimes, seremos vitales y sanos, seremos prodigiosamente iconoclastas -es decir derrumbadores de ídolos, porque todo ídolo es un engaño y una mentira-; seremos auténticos, seremos espontáneos. Y así podremos cumplir a la perfección todas las funciones del Vitalizador, es decir: percibir y sentir, repartir y asignar, reaccionar y diluir, denunciar y atacar, disolver y vitalizar, sanear, erradicar y movilizar. Para ello, reaccionaremos con rabia cuando toque hacerlo de manera auténtica y operativa.
Cuando caigamos o veamos caer en la rabia falsa o en emociones falsas sustitutivas de la rabia, es decir en el apocamiento, en la intimidación, en el sentimiento de culpa, en el servilismo, en la ingenuidad, en el síndrome de Estocolmo, en la idolatría y en el fanatismo, sabremos, con certera y veloz eficacia, descodificar la emoción sustitutiva y volverla a reconducir con energía, recuperando al Vitalizador sano e innato.
Así alcanzaremos no sólo el control y disfrute del cuerpo sino la corporalidad, máxima expresión y dimensión del Vitalizador que llega hasta su trascendencia.
Como habremos construido este tercer nivel de gloria, podremos tener las bases para pasar a la cuarta fase: la gestión de la triada Transformador-orgullo-gusto.
Porque el ESTATUS reposa sobre la justicia, la cual reposa sobre el desarrollo, el cual reposa sobre la seguridad, la cual reposa sobre los cimientos de la plenitud (alegría), podremos acceder, de manera orgánica, orquestada y natural, a ocuparnos de que cada cual sea sí mismo, de que crezca, y de que se convierta, no sólo en un creador, sino en un genio, y, todo ello sin suscitar envidia, sino admiración, valoración y consagración. Porque todos nacimos para ser genios. Porque todos tenemos, al menos los seres humanos, un Transformador, el orgullo como energía natural y el sentido del gusto.
Lo que obtendremos en cada campo de acción de nuestra tríada es integridad, crecimiento, obras creadoras geniales y estatus auténtico de cada ser autónomo.
Integridad: cada ser reposará sobre un único objetivo, ser sí mismo, lo que nació para ser. Cada uno semejante a todos en la instalación e ingeniería de base, y cada ser, único, insustituible y en permanente transformación.
Crecimiento: en un disparadero así, no sólo el crecimiento es infinito, sino que sobre todo y además, alcanza categorías y esencias de eternidad ya que cada ser humano tiene en sí, desde que el primer humano pisó o surgió sobre esta tierra, los mismos medios para llegar a los mismos fines, alcanzar la perfección en una perpetua transformación y metamorfosis. Es más, en esa estructura, llevada a su máxima expresión, es donde se fusionan infinitud y eternidad. Y esa fusión es la esencia de la metamorfosis.
Creación genial: la triada en cuestión es la que posibilita el realizarse como genio. Para ello, la condición necesaria y a veces suficiente es la de funcionar en la secuencia. La condición suficiente es que el orgullo sea ahora la base del amor y éste lo sea de la alegría. Si, además, todas nuestras emociones funcionan en los tres ejes al servicio del Centro, nuestra talla trascenderá la del genio, pues, además de serlo, como condición básica, seremos transformadores y abridores de caminos para toda la humanidad en la infinitud y en la eternidad: es decir, universales.
Porque todo lo anterior se actualiza, sabremos formular todos los por qué y porque de la creación, y responder a ellos. Sabremos que todo es causal y nada casual.
Y porque ello ocurre, alcanzaremos la función trascendente de nuestra triada, la metamorfosis. La definición MAT de la metamorfosis es la potencia libertadora. Así, la mariposa que está contenida en el gusano se liberta de su cáscara anterior y pasa a actualizarse, convirtiéndose más en sí misma. Y nosotros, los humanos, nos liberamos de nuestra condición de mamíferos para convertirnos, primero en gente buena, luego en personas, luego en seres humanos, luego en seres humanos que trascienden su condición de mamíferos. Eso es todo. No hay más recorrido posible. Un ser humano, a nuestro conocimiento, ha logrado la última fase y etapa de nuestro recorrido existencial: trascender, como ser humano, su condición de mamífero. Este es el objetivo último del MAT. Con que otro de nosotros lo logre algún día y nos cuente cómo lo hizo, todos podremos lograrlo, si la versión de los dos coincide. Y eso es, además de posible, inevitable. Entonces, y entonces nada más, seremos seres humanos y podremos estar orgullosos de ello, y podremos dar cuenta de la utilidad y finalidad de la única estructura que nos diferencia de los animales, nuestros maestros, por ahora, al menos los que viven en estado salvaje.
Por lo demás, la única estructura que nos posibilita trascender es nuestro Transformador. Es la única que nos permite alcanzar la armonía, la claridad, la corporalidad, la metamorfosis, el alma y el espíritu de manera consciente y testimonial al dejar huella creadora de nuestros descubrimientos y plasmarlos en invenciones, como lo son los conceptos, el idioma, la obra de arte y tantísimas formas más de manifestarse el Transformador y el orgullo conectado al gusto. La meta última sería lograr captar y plasmar LA ESENCIA DEL SER DE LAS COSAS Y DE LOS FENÓMENOS.
Porque estaremos en permanente y perpetua creación de nosotros mismos, que se plasmará en nuestras obras, podremos cumplir y trascender las funciones de nuestro Transformador: elegir, determinar, reconocer lo válido, descubrir, afirmar, probar, buscar lo que aún no existe, acceder, declarar, crecer, representar, decidir, imaginar, evolucionar, crear, pronunciar y pronunciarse, transformar, consagrar.
Además, nuestro gusto será cada vez más refinado, lo que nos permitirá seleccionar lo mejor para darle esa joya que es nuestro amor y abrirle nuestra alma.
Sobre la base de lo certero de nuestra potencia en detectar lo más válido y valioso, accederemos sin perdernos a la PERTENENCIA, es decir a la tríada Protector-amor- vista. Esta tríada es la única que nos puede aupar hasta la PERTENENCIA, porque el amor surge de la admiración, que es su única base posible. Y si admiramos lo que nos puede destrozar en vez de ayudar a ser cada día más nosotros mismos, caeremos en “los amores que matan”, entregándonos a los peores y rehuyendo a los mejores para no tener que comparar (orgullo) y que sufrir (tristeza), con lo cual dejamos de analizar y de pensar y también de crecer y de libertar a los demás. Viviremos en la nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue, por ejemplo mi mamá o mi primera novia no me amó, entonces voy a seleccionar a alguien parecido para casarme, con la esperanza de que ahora sí tendré respuesta a mi necesidad de ser amado. Entonces hipotecamos nuestro Protector y se lo dejamos de manera vitalicia a alguien del mismo perfil que no nos amó porque, sencillamente, no hay amor en ese tipo de personas. Y cuando veamos a alguien en la que sí lo hay, saldremos corriendo como alma que lleva el diablo con tal de no recuestionar a esa persona “sacralizada” que no tenía la talla mínima para ser gente. Ni, mucho menos, persona. Y a quien seguimos entregándole nuestra alma, pudriéndonos en ese proceso.
Por el contrario, en el sendero de la gloria, y basando nuestro amor y nuestro sentido de pertenencia en lo que se lo merece por derecho propio, porque es mejor, más valioso, más auténtico, más admirable, es decir en el orgullo, vamos a elegir entregarnos y formar parte del sentido de pertenencia de los mejores, los que más tienen derecho a acceder a esa emoción privilegiada que es nuestro amor. Por los demás podremos sentir miedo, si son tóxicos, tristeza y compasión si no hay amor en ellos, rabia si pretenden encadenarnos a ellos para ponernos a su servicio o al servicio de valores e intereses degradantes. Sólo a partir del orgullo, es decir de la valoración y de la admiración, podemos seleccionar a quién amar y a quién no. Entonces abriremos nuestro amor, es decir un espacio seguro donde cada cual pueda ser sí mismo, es decir, lo que nació para ser. Un espacio donde conservar y hacer crecer facultades propias y donde recuperar facultades perdidas. Eso es amor. Y eso es lo que debemos dar y pedir cuando decimos o nos dicen “te quiero”. Y entonces debemos guardar el alma cerrada y protegida por nuestro Protector, hasta comprobar, con las cinco otras estructuras y emociones, si ese espacio que nos abren es condicional o incondicional en lo que a nuestras más altas virtudes y méritos se refiere. Obviamente, no podemos exigir, ni siquiera pedir, ese espacio incondicional para nuestros vicios y defectos, es decir para las emociones falsas que vimos en el cuadro correspondiente anterior, sino, por lo contrario, tener miedo auténtico a contaminar el alma ajena con lo podrido en nosotros. Entonces sí que podemos esperar del otro ese espacio sagrado para lo que merece orgullo objetivo en cualquier persona que funcione bien. “Te amo porque te valoro y ámame en lo que puedas y debas valorar” sería lo mínimo exigible. Podría chocar el termino exigencia y el término amor en sociedades contaminadas por una visión distorsionada de Jesús, quien se atrevió a decir a su propia madre “mujer, ¿qué tengo que ver contigo?” cuando ésta le vino a exigir que abandonara su grandeza y a sus discípulos para volver con su “verdadera familia”, es decir, con ella y con sus hermanos. Parece que ninguna iglesia que se atreve a hablar en su nombre recuerde la enseñanza más básica que ese gran Maestro de la humanidad dio frente a todos los testigos. Todos recordamos el Sermón de la montaña. Pero si no entendemos la base, ¿cómo entender la función trascendente del amor: el alma que se despliega en amor universal que se manifiesta en el sermón de la montaña? ¿O es acaso el despliegue de un alma contaminada que mezcla indiscriminadamente lo podrido y lo sano, y por ende contaminante, lo que se puede llamar alma y lo que puede ser la fuente de nuestra facultad de hacer milagros? ¿El milagro alcanzable de sanar y el milagro milagroso de acceder al ESPLENDOR que está en nosotros y para nosotros, todos nosotros?
Nos referimos a nuestro derecho a exigirnos, cuando decimos “te quiero”, dar realmente ese espacio y a exigir a quien nos lo dice que lo entregue. La admiración del orgullo no lleva al compromiso con la persona crecida, con el creador. Al amor, sí.
Eso no significa poder exigir, ni nos da derecho alguno a exigir amor por la simple razón de ser más grandes, es decir, más crecidos que los demás. Podemos exigir valoración y respeto cuando el otro entiende, y declara valorar esa diferencia, Cuando lo dice desde su tristeza (entender), desde su rabia (sentido de la justicia) y desde su orgullo (admirar y declararlo). Entonces, cuando esa persona nos exija renunciar a nuestra potencia adquirida por mérito propio y cortarnos la cabeza que sobresale de su medianía para él no caer en la tristeza de entenderse y en el orgullo de decirse “esto es admirable y si lo admiro y amo a esa persona me dará el espacio que me permita ser lo que soy”, allí sí que podemos exigir respeto primero (miedo) y valoración después (orgullo). Jamás debemos exigir amor en esas circunstancias. Podemos esperar amor si decidimos compartir ese talento con los demás. No podemos amar a Mozart si nunca hemos leído ni escuchado una partitura suya, amarlo por su genialidad, se entiende. Pero no basta admirar a Mozart como a un genio y, tal vez, nosotros sí lo valoramos así, el mayor de los genios de la música y, muy especialmente de la alegría trascendente. Si lo reconocemos como tal deberemos hacer dos cosas más para prepararnos para amarlo y conceptualizar ese amor en nosotros:
Debemos, ante todo, llegar a la máxima expresión de la función básica del orgullo: CONSAGRARLO EN NOSOTROS MISMOS. Así le conferimos el lugar que se merece en nuestra escala de valoraciones, la cual reposa sobre nuestra escala de valores (rabia-justicia).
Debemos, en segundo lugar, permitir, y eso ya es abrir la puerta de prueba para el amor, que su principio de metamorfosis se marque un garrotín con el nuestro, es decir baile con el nuestro para experimentar si eso nos eleva y nos hace trascender o nos degrada y rebaja. Si nos eleva, entonces, y sólo entonces, se abrirá la puerta del amor.
Pero ante todo, hay que aclarar un punto relacionado con el amor. ¿Por qué afirmamos que un bebé recién nacido merece nuestro amor absoluto, universal e incondicional más que cualquier genio? ¿Porque está indefenso (miedo) y nos necesita (tristeza) para vivir? No, porque eso no sería amor: lo debemos amar más que a nosotros mismos y más que a nadie porque ES PERFECTO. Y lo perfecto es orgullo máximo. Mientras que un genio, por más grande que sea, es una persona que se supo mantener perfecto en su Transformador y en su orgullo y nos da testimonio de lo posible. Lo cual no es poco. Y se merece nuestro amor. A nosotros nos tocará elegir dárselo o no. Y que sea por buenas razones y no por mezquindad o envidia.
Cuando decidimos valorar algo en alguien y, basándose en ello decidimos amarlo, es recomendable primero abrir nuestro Transformador trascendente, nuestra metamorfosis y danzar con eso que decimos valorar para ver si nos eleva o nos degrada. Porque así abrimos, de manera segura para nosotros, ese espacio seguro para el otro. Y en ese espacio surgirá nuestro amor trascendente, el alma que se purificará en vez de profanarse y contaminarse con la fusión con el alma del otro. Eso es amor pleno.
Pero antes del amor pleno, hablemos un poco de la función básica de la tríada Protector-amor-vista: la PERTENENCIA. ¿Qué significa pertenecer? Significa gestionar el momento, el cuándo, ser parte de algo o de alguien. Sólo eso. Por ejemplo, podemos decir que somos miembros de nuestra pareja, de nuestra familia, de nuestro país, del mundo, de nuestro círculo de amigos, del club de amigos del Museo del Prado, etc. ¿Cuándo y por cuándo? Esa es la palabra clave. Hay países que, cuando optamos por pedirles la nacionalidad, nos obligan a elegir entre nuestro país de origen y él. Hay otros países que nos reconocen su nacionalidad hasta el momento en que adquirimos otra. Lo ven como una traición y nos obligan a elegir. Si estamos casados y nos enamoramos de otra persona con quien queremos establecer un lazo oficial de pertenencia, el matrimonio, estamos, por lo general, obligados a elegir divorciarnos primero y casarnos después. Eso es el cuándo. Y entonces declararemos que estuvimos en el mismo sistema de pertenencia con nuestra primera pareja de tal fecha a tal otra y con la segunda después. Eso es el cuándo de la pertenencia. Si funcionamos bien perteneceremos a nuestra familia de origen hasta fundar la nuestra propia, que pasará, en nuestro sistema de pertenencia, a ocupar un puesto dominante. Cuando nuestros hijos se casen, los ayudaremos, sin culpas ni conflictos y sí con justicia, orgullo y amor, a crear su familia, que pasará a ser más importante que la nuestra. Eso si hay amor auténtico, si hay Protector de verdad y si tenemos vista.
Cuando funcionamos mal en nuestro sistema de pertenencia, somos rígidos e idolátricos en vez de libres, crecidos y amorosos. El “deber ser” remplazará el “ser”. Es lo que llamamos el “como si”. Nuestro sistema será como una pirámide rígida e inmóvil donde los padres ocuparán el primer lugar para siempre, la pareja y los hijos el segundo, la patria el tercero, los amigos de siempre el cuarto, los valores que elegimos el quinto, y así hasta que, cuando llega algo o alguien que merece todo nuestro amor se encuentra con un cartel que reza “no hay cupo disponible”. Y, poco importa si nuestro padre es un cielo y nuestra madre una víbora, poco importa si uno de nuestros hijos es un asesino en serie y si un amigo de infancia nos traicionó, poco importa si nuestra patria nos obliga a ser nazi, y si el colegio de abogados se decanta por la intriga y el corporativismo más ramplón. Estamos obligados a amarlos por igual e incondicionalmente. Es así como es porque debe ser así, y punto.
Un sistema de pertenencia que funciona adecuadamente, está siempre disponible para lo mejor. Eso, como primera característica. Y, en segundo lugar, elige el cuándo en cada minuto. Así, a nuestro hijo que adoramos, lo estaremos amando siempre pero no sentiremos ese amor cuando no esté siendo auténtico, justo, veraz, sincero, etc. Sentiremos otra cosa en ese cuando, en ese momento: miedo, tristeza, rabia o lo que venga a cuento. Ni vamos a dejar de amarlo para siempre cuando esté fuera de sí, ni lo vamos a estar amando cuando no venga al caso, porque si no, no lo podríamos ayudar ni hacer crecer. Seríamos su pasto, no su madre ni su padre. Y, cuando estemos en el mundo nuevo, estaremos siempre disponibles para amar lo que se lo merezca. Con orgullo y alegría en vez de culpa y vergüenza. Eso no nos convierte en inestables y promiscuos. Al revés. Lo que nos convierte en inmaduros, inestables y promiscuos es la culpa que la rigidez de una pirámide osificada nos obliga a hacer cada vez que queremos ser y estar siendo.
Cuando nuestro sistema de pertenencia está vivo y es auténtico, es como el mar, como un océano que tiene mareas y olas que sitúan en cada momento a cada cual donde le corresponde: sentiremos tristeza por nuestro gran amor que se está perdiendo la gloria de vivir en sí en un momento y amor por nuestro mayor enemigo que dejó aflorar algo maravilloso que le vemos compartir con alguien. El sistema de pertenencia es, en definitiva, el gestionador del cuando amar qué o a quien y por cuanto tiempo. Por eso hay amores inmortales cuando son auténticos: porque el cuándo se sitúa en toda la eternidad más un día. El amor auténtico es un cuando que se elige siempre y para siempre mientras el objeto de nuestro amor sea cada vez más él mismo. El resto es cárcel, con muros y rejas pintados de naranja.
Y ahora que vimos la función básica de la triada del amor, la pertenencia, veamos su función trascendente: la de regir el alma, definida como el anhelo de la entrega. Pongamos un caso extremo que nos puede ayudar a entender mejor el Sermón de la montaña: Pongamos por caso que estamos observando y mirando con total atención al ser humano que, en nuestro criterio, es el más despreciable, el que menos merece nuestro amor auténtico explicado como ya lo acabamos de hacer. Imaginemos a un asesino en serie que mató a nuestro hijo. Imaginemos que nos ponemos a observarlo tras un cristal de esos que tiene la policía, uno que a él le parecerá un espejo. Imaginemos que tenemos un aparato que nos permite escuchar lo que dice. Estamos escuchando cómo cuenta con deleite cómo asesinó y descuartizó a nuestro hijo. Y sentimos horror, congoja y furia. Imaginemos que el policía sale y que entra el perro o el hijo preferido de esa persona. Imaginemos que desde nuestro Transformador que funciona a la perfección captamos grandeza y entrega (amor real) durante cinco minutos, en lo que ese asesino está haciendo con su perro o con su hijo. Imaginemos que nosotros somos genios realizados en eso grande que EXISTE y está siendo ante nuestros ojos y oídos. En ese preciso momento, vamos a sentir orgullo de esa execrable criatura y amor por ella. Así, el cuándo trascenderá nuestra pequeña historia personal. Imaginemos ahora un ejemplo más común y familiar. Imaginemos que nuestro gran amor y esposa se enamora de otro hombre. Para nosotros esa mujer sigue siendo nuestro gran amor. Para ella ya no lo somos. Imaginemos la escena de su encuentro con su nuevo amor y nosotros como observador detrás del cristal sonoro. Con el corazón destrozado vamos a poder evaluar la situación. Pongamos que descubrimos que nuestra esposa eligió a alguien que la ama de verdad y que además se merece más su amor que nosotros, por sus grandezas. Entonces vamos a sentir amor por ese rival y felicidad por nuestra esposa. y paz. Vamos a estar menos tristes, porque lo que nosotros hemos perdido, ella, a la que amamos, lo ganó. Y la empujaremos con nuestra bendición en brazos del que ya dejó de ser un rival y se convierte en nuestro maestro. Y seremos amigos entrañables de los dos. Eso es acceder al alma y. Con ella, AL AMOR UNIVERSAL. Cuando eso ocurre crecemos y pasamos a ser humanos de verdad. Cuando eso ocurre, siempre vamos a encontrar algo que admirar y amar en cualquier ser, por más deteriorado que parezca. Cuando eso ocurre vamos a saber, y eso es alegría, que ese ser, en algún momento (el cuándo de la eternidad) y en algún lugar (el dónde de la infinitud) va a ser lo que nació para ser. Es decir amable, y lo vamos a amar por lo ¡BUENO! que tiene y tendrá. Desearemos que ese momento llegue cuanto antes para él. A eso se le llama rezar. Y quedaremos en paz. Es decir, accederemos a la tríada Orientador- alegría- sexo.
Al acceder a esta última tríada, vamos a lograr la gloria de la PLENITUD COMO FUNCIÓN BÁSICA, Y EL ESPÍRITU COMO FUNCIÓN TRASCENDENTE. El acceso a la alegría por el camino que la precedió y posibilitó en este proceso secuencial podrá afincarse y consolidarse en una explosión de alegría certera y serena. Nos vamos a sentir vivos y en comunión con todo lo vivo. La gratitud por estarlo (amor) nos llevará a la libertad (alegría) y, con ella, a la elevación que surgirá como un canto de aleluya hacia todo el universo y hacia lo que damos en llamar Dios, o inteligencia universal, u orden natural. Poco importa el nombre que le demos. Lo esencial es sentir que toda esa maravilla tiene un propósito y es un regalo. Un regalo para cada ser vivo, para cada mineral, para cada planta, para cada estrella. Entonces surge la exaltación de la fisión con el universo y la certeza de encontrar una primera verdad: estamos en este mundo para sentirnos felices y plenos. A esa certeza de encontrar respuestas y verdades, la llamamos en el MAT, espíritu.
Entonces nos sentiremos cercanos a los grandes reveladores y profetas que accedieron a encontrar respuestas para saciar la paz espiritual y la plenitud de los seres humanos:
Pensaremos en Jesús que presentó un Dios de amor que nos lleva a la alegría de la resurrección y nos transforma en ave fénix.
Pensaremos en Mahoma que nos trajo un Dios de alegría que nos lleva a la seguridad y a la armonía.
Pensaremos en Buda que nos trajo un Dios de armonía y nos lleva a la claridad mental y a la omnisciencia.
Pensaremos en Zoroastro que nos trajo un Dios de inteligencia y de organización que nos lleva a la justicia.
Pensaremos en Mani que nos trajo un Dios de justicia que nos lleva a la creación y a la metamorfosis.
Pensaremos en Moisés que nos trajo un Dios de dignidad y de creación que nos lleva al amor universal.

Entonces tal vez entendamos dos cosas: que esa liberación del espíritu puede y debe venir de todas y cada una de nuestras estructuras, de nuestras emociones y de nuestros sentidos; y que Dios, si existe, puede ser percibido por todas esas seis dimensiones nuestras, pero que el error fue crearlo a nuestra imagen y semejanza y no situarnos como creaciones de él, hechas a imagen y semejanza de seis de sus infinitas dimensiones. Y, que, por lo tanto, nuestra vida no termina aquí, sino que empieza aquí, porque luego, después de nuestra muerte, no solamente nos llevaremos esas seis funciones y energías inmortales, sino que adquiriremos otras más para ser, esta vez, no sólo humanos y mamíferos, sino seres más evolucionados y completos. Entonces nos daremos cuenta de que este mismo discurso es válido para cualquiera de nosotros. Un agnóstico lo llamará la evolución, que, al igual que nos permitió pasar de mono de cinco dimensiones a persona de seis, llegará a siete y a ocho y así hasta el final. Un ateo sentirá paz y simpatía y admiración por la grandeza del ser humano, que no necesita ninguna intervención mágica y misteriosa, inexplicable para su inteligencia, para ser en plenitud. Un religioso de cualquiera de las religiones de los fundadores mencionados sentirá afinidad y amor y alegría, con la certeza de que, en cada lugar, hay personas a la vez como él y diferentes que siguen las enseñanzas de esos grandes maestros de la humanidad. Y que todo va bien en el mejor de los mundos cuando nos orientamos hacia la finalidad y la espiritualidad de los seres vivos, todos.
Así surgirá el talante visionario que nos convertirá en estrategas capaces de captar la totalidad del entorno en cambio permanente pero no imprevisible. Y sólo con el Orientador y la alegría lo podemos captar. Así veremos con total claridad las tendencias del futuro y, a medida que vayamos comprobando nuestros aciertos, nos daremos cuenta de la mina de oro que todos tenemos sin explotar y que es la tríada Orientador-alegría-sexo. Como ejemplo de esta potencia instalada, remitiremos al lector al último capítulo de este libro.
Encontraremos respuestas a todos los para qué de la existencia, comenzando por las más sencillas y accediendo a las más ocultas. ¿Para qué estamos en esta vida? Nuestra respuesta, la del MAT, es para cambiar de gente a persona y de persona a ser humano mamífero, y de ser humano mamífero a ser humano no mamífero, es decir, plenamente libre, feliz y realizado en la gloria y en el esplendor. Eso es lo que podemos responder. Por ahora.
¿Para qué existe el inconsciente? Para, al menos, dos cosas: para conservar verdades y respuestas que no hemos sido capaces de admitir sin volvernos locos en su día y que permanecen allí, a nuestra disposición, para que las encontremos a medida que crecemos. Y para servirnos de brújula infalible con que orientarnos en el conocimiento de nosotros mismos y del universo.
Pero esa es una ilustración de respuestas de finalidad. Cada uno aportará las suyas. Todos tenemos, al menos, una pregunta existencial a la cual queremos responder. La nuestra fue, a los tres años de edad, ¿Para qué el mundo y la gente están al revés? Y la respuesta fue el MAT, que surgió de nuestro Orientador 33 años después. Cada persona tiene su pregunta y su Orientador la conserva y se la envía cada día, cada día. A eso lo llamamos vocación.
Así accederemos a la luz dorada del espíritu sereno e infatigable, veloz y certero, que alza su vuelo vertical hacia los cielos y trae respuestas a nuestra mente consciente. Con ello, no sólo nos elevamos y trascendemos, sino que cambiamos. Los valores a los que accedemos entonces son la fe, el optimismo, la certeza y el tesón, mucho tesón, indesmayable, sin ninguna presión sobre nosotros ni sobre los demás.
Cumpliremos entonces las funciones del Orientador, que son las de abrir caminos, encontrar la verdad, revelar, atisbar, irradiar, elevar, experimentar integralmente, dar testimonio, iluminar, cambiar al mundo y cambiarnos, renovar y renovarse, planificar estratégicamente, fluir, disfrutar.
Y, cuando en periodos de cambio, caigamos en las emociones falsas que remplazan la alegría auténtica, es decir en la superstición, en la negatividad nihilista, en el sacrilegio, en el dogmatismo, en la idolatría o en la dependencia, sabremos rectificar y volver al gozo y al disfrute.
Así accederemos al dominio y perfeccionamiento del espíritu, que definimos sencillamente como LA CERTEZA DE ENCONTRAR (VERDADES), y conoceremos de primera mano la máxima jerarquía en las funciones del Orientador y de la alegría.
Como esta base estará ya consolidada, podremos acceder al escalafón siguiente, el de la tríada Rector-miedo-tacto, que nos ofrecerá una seguridad y una armonía mayores que las que teníamos en el punto de partida, abriendo, así, un proceso secuencial más, en el camino del infinito.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 12: DESCUBRIMIENTO DE LOS EJES

Mucho tiempo después de que finaliza el proceso de hiperconexión y que se accede al paso siguiente, al proceso de trascendencia, sobre el cual volveremos, se accede a un descubrimiento decisivo en cuanto a ingeniería estructural: se accede al conocimiento de los ejes. Presentamos a continuación la figura gráfica que los representa.

Los Ejes MAT - Preciada Azancot

Los Ejes MAT – Preciada Azancot

El funcionamiento de los ejes es aún más importante que el de la secuencia fetal e innata emocional. Sólo que es imposible acceder a ella sin antes culminar el proceso de Hiperconexión y el proceso de Trascendencia. El funcionamiento de los ejes nos permitió existir, ser, estar sólidamente construidos y, luego, decidir nacer. Los ejes son las vigas maestras que sustentan la construcción de nuestra existencia y de nuestra personalidad. Esas vigas, en nuestro gráfico, se representan por diagonales, tres diagonales que atraviesan el círculo de nuestra estructura de personalidad y que dividen el círculo en seis partes iguales. Esas vigas funcionan apoyándose y creando tres pares de estructuras con sus respectivas emociones y sus respectivos sentidos, que trabajan en equipo, en tres equipos unidos e indisociables que se comportan cada uno entre sí como vasos comunicantes. En la creación, en el descubrimiento y en el funcionamiento de esos tres pares o equipos existe una jerarquía. El primer equipo es menos importante que el segundo y está supeditado a éste, y el tercer equipo es más importante que el segundo, que está supeditado al tercero. Ahora bien, es imposible que el segundo surja si no existe el primero y es imposible que surja el tercero si no se asienta sobre el segundo. Con lo cual, los tres son absolutamente necesarios para que seamos y nazcamos. Al final, aunque jerarquizados en cuanto a orden de su creación, son iguales entres sí.
En cuanto al movimiento ascensional en el cono de la hiperconexión, no asciende dando vueltas ascendentes como pasa con la pila emocional de la secuencia, sino que se sustenta sobre los pares de estructuras, de emociones y de sentidos, como vigas que se van ensanchando a medida que el cono se ensancha.

Estos ejes, estos tres ejes o vigas, no sólo alimentan las estructuras como lo hacen las emociones en secuencia, sino que limpian y agrandan las estructuras al tiempo que hacen crecer y afianzarse las emociones auténticas. Con lo cual toda nuestra personalidad es mayor, más sólida y más potente. Esas vigas van consolidándose y creciendo a medida que nuestra talla lo requiere. Si bien la secuencia emocional nos garantizaba la infinitud, los ejes nos garantizan la eternidad, porque son fijos y se desarrollan, a medida de nuestras necesidades de crecimiento, permaneciendo idénticos a sí mismos.

El primer eje, viga o par que surge en cuanto se une el espermatozoide con el óvulo es el eje Protector-Amor / Sintetizador-Tristeza, que llamamos el eje de lo disponible. En efecto, como ya vimos, el Protector y el amor indican lo que sí hay (amor), y lo que no hay (tristeza) lo indica el Sintetizador, que busca opciones para conseguirlo. Si hay lo suficiente para empezar a formarnos y no faltan elementos esenciales, empieza la gestación. En efecto, lo primero es disponer de lo indispensable para comenzar cualquier cosa. Y lo primero, cuando se trata de ser, es que haya un espermatozoide disponible y un óvulo que lo acoja (amor). Si el espermatozoide no llega o si el óvulo no lo recibe ( tristeza) no puede iniciarse nada.
Cuando nacemos, pasa lo mismo: si hay un espacio para nosotros y un tiempo que dedicarnos, podemos sobrevivir. Por más reducido que sean ese tiempo y ese espacio.

Como no somos médicos ni biólogos, dejaremos esas investigaciones para que las ilustren los más doctos e iremos a ejemplos e ilustraciones de nuestra vida cotidiana de criaturas nacidas y en funcionamiento: ese eje de lo disponible impone su existencia como una evidencia maestra, como una primera LEY. La primera ley es: donde hay amor no hay tristeza y donde hay tristeza no hay amor. Y las funciones de las estructuras operan de la misma manera: cuando se agranda el Protector, se achica el Sintetizador proporcionalmente. Como esa ley puede parecer sorprendente, la ilustraremos a conciencia:
Pongamos cualquier ejemplo sobre disponibilidad: el tiempo que podemos dedicar a una visita, por ejemplo, a un vendedor. Lo primero es que ese vendedor llegue en un momento en que estamos disponibles. Si ni siquiera estamos en la oficina o en casa, habrá perdido su esfuerzo y su tiempo (tristeza) y deberá buscar otra opción para vernos (más tristeza). Si estamos, podemos decirle que espere o que vuelva o bien recibirlo y escucharlo. En el primer caso habrá un poco más de tristeza, es decir la espera, pero también algo de amor puesto que estamos dispuestos, si paga ese precio, a recibirlo. En el segundo caso, hay más amor porque lo recibimos enseguida y desaparece la tristeza, al menos hasta que deba empezar a explicarnos lo que ofrece y lo que desea, actividad que pone en marcha el Sintetizador del vendedor. Si el vendedor nos regala el producto, manifiesta amor, y si lo aceptamos respondemos con amor. Desaparece la tristeza. Si el vendedor desea cobrar por su producto, está solicitando nuestro amor, es decir una retribución. Si le decimos que no, volverá a la tristeza.
Pongamos otro caso: nos enamoramos de una mujer, hay amor. Si nos responde y nos permite cortejarla estaremos agradecidos y habrá más amor. Si nos rechaza y no nos da ni tiempo ni espacio, caeremos en la tristeza. Pongamos que nos acepta y que la relación avanza en el eje amor –tristeza: Nos explicamos y conocemos los dos, y al final habrá un balance a favor de la tristeza, si no somos o no es lo que creíamos al comienzo y surge el desencanto (tristeza) o a favor del amor en mayor o menor medida. En mayor medida si es justamente nuestra alma gemela insustituible y vence el amor, y en menor medida si la persona está más que regular y podemos tener, si no una pareja definitiva, una profunda amistad.
Un tercer ejemplo: la relación con uno de nuestros progenitores: pongamos que es el padre. Es un hombre encantador y amoroso, y eso despierta y merece nuestro amor. Pero no está casi nunca en casa, y cuando lo está, está muy ocupado. Aquí, en el balance dominará la tristeza. Sí, el padre es estupendo como persona pero un desastre como padre. Y habrá que esperar (tristeza) a que seamos mayores y trabajemos con él o tengamos afinidades que nos permitan pasar tiempo juntos, para que, en el balance, gane el amor.
Como vemos, los ejes, en su primera ley, se comportan como vasos comunicantes.

En su segunda ley, el eje amor-tristeza se refiere a su consolidación y se enuncia así: para que haya más y mejor amor es necesaria una inversión de tristeza proporcional. Y para que haya más desarrollo, es necesaria una inversión proporcional de amor. Recojamos los mismos ejemplos que anteriormente:
El vendedor, si quiere convertirse en nuestro amigo y proveedor preferido, va a tener que invertir más tiempo en explicaciones, a la vez que estudiar nuestras necesidades profundas y buscar soluciones y productos a la medida de nuestras expectativas, para lograrlo. Necesitará dedicar su Sintetizador y su tristeza ( recursos) para lograr nuestra fidelidad. Esa realidad implica que hemos interesado lo suficiente al vendedor (amor) como para que decida dedicarnos tanto tiempo.
El enamorado, para lograr el amor real de su amada, tendrá que dedicarle tiempo, interés, conocerla a fondo y hacerse conocer. Con ello, podrá tal vez lograr su amor. Y si quiere más desarrollo de la relación, por ejemplo que comparta su pasión por el golf para tener más cosas en común, deberá dedicarle atención y mimo y cariño a fin de lograr convertirla en una jugadora tan buena como él.
El hijo de un padre ausente deberá buscar opciones y soluciones para, por un lado, llamar su atención y conseguir que le haga más caso, y, por otro, deberá buscar opciones para rentabilizar al máximo el tiempo logrado para profundizar en la relación. Y, también, cuando esté con él, deberá incrementar la calidad y cantidad de su amor para que el momento sea lo más grato posible y los encuentros se multipliquen.

Con lo cual, y no es paradójico, surge la tercera ley: donde hay amor auténtico hay auténtico desarrollo, auténtica tristeza y viceversa: cuando los ejes funcionan bien, la primera ley da lugar a la segunda y la segunda a la tercera: retomemos nuestros tres ejemplos:
Nuestro vendedor invirtió interés en la persona, no en el negocio, y por eso se ganó a un amigo fiel y a un buen cliente, vitalicio porque siempre buscará su bien. Y como puso su tiempo, sus recursos y su inteligencia a favor de la relación, se ganó la confianza de su cliente.
Nuestro enamorado se interesó por la persona y le dio su amor. Eso estimuló su paciencia (tristeza) para lograr cosechar los frutos de su inversión. En el libro del Principito, en su relación con el zorro, se explica magistralmente nuestra tercera ley.
Nuestro hijo paciente logró un amor precioso y esencialmente condensado con su padre. La calidad de la relación surgió de la tristeza auténtica y dio su fruto: el amor.
En este eje, como en los dos siguientes, hay una palabra clave: auténtico. En efecto, y por ello surgen a nuestra conciencia los ejes después del proceso de hiperconexión y de trascendencia, esos ejes no soportan, sin catástrofe, ninguna emoción falsa ni sustitutita. Ninguna de las dos. Y, entonces, si hay amor auténtico, no hay tristeza auténtica, y si se invierte más recursos (tristeza), se conseguirá más amor, y si hay pertenencia hay desarrollo y si hay desarrollo terminará por haber pertenencia. Siempre y cuando esas emociones sean auténticas por ambos lados. Si no, se revierten las tres leyes y llegamos a la muerte, a la destrucción. Veamos:
Nuestro vendedor, pongamos por caso, pero cualquier combinación mala es de resultados pésimos, tiene auténtico amor y auténtica tristeza y su comprador tiene las dos falsas, imaginemos que tiene tristeza en vez de rabia y amor en vez de tristeza. Llega en un momento inoportuno, en el cual su cliente está airado pero, como se culpabiliza, se deprime. Entonces le pedirá esperar un cuarto de hora y lo dejará esperando dos horas. Cuando lo reciba al fin, le comprará tan sólo lo que no le sirve (amor en vez de tristeza) y, por supuesto, ya no querrá ver a ese vendedor y huirá de él, culpabilizándolo.
Pongamos que cada uno tiene una emoción auténtica y otra falsa: nuestro vendedor tiene amor auténtico y falsa tristeza que remplaza al orgullo. Y el cliente tiene tristeza auténtica pero amor en vez de alegría. El vendedor será recibido en el acto por el cliente que dormía la siesta o celebraba un cumpleaños como si se tratara de un caso de emergencia y de vida o muerte. Escuchará con atención el comienzo del discurso del vendedor y verificará que no necesita para nada el producto. En vez de decírselo e indicarle qué otro producto necesita por si el vendedor lo puede conseguir, buscará a entrar en intimidad con el vendedor y le contará que está triste porque su mujer lo va a abandonar. El vendedor se solidarizará con él, pero discurrirá interminablemente sobre que todas las mujeres hacen y le harán lo mismo. Con lo cual molestará al comprador, que protestará airado e indignado. En vez de conectar por fin el orgullo después de pisotear el de todas las mujeres y retirarse, el vendedor se deprimirá y le contará durante horas todas las miserias y agravios que recibió durante toda la vida. Será cortado y despedido como un indeseable por el cliente, que ya nunca más lo volverá a recibir, ni tan siquiera cuando ofrezca un producto de vital importancia para él. Se producirán abortos en cadena.
Si el vendedor, enterado de nuestra segunda ley, la quiere poner en práctica con el cliente, se pasará la vida haciendo antesala para ser recibido de nuevo y el cliente se lo tendrá que sacar de encima llamando a la policía. Lo cual le obsesionará más por ver al que nunca hubiera podido ser su cliente.
Si, enterado de nuestra tercera ley, apostara por ella, se enamoraría de su cliente y abandonaría a su familia por cortejar a quien ni por asomo le quiere recibir.
Así, cuando una o las dos emociones son falsas, la ley férrea e ineluctable de los ejes se cumple y nacen las simbiosis patológicas, las fijaciones, las dependencias, los malos tratos psicológicos y las obsesiones. Se consuma la destrucción.
Dejemos clara esta afirmación con el ejemplo, tan frecuente y doloroso, del hijo de padre casi ausente. Pongamos que el hijo funciona bien y tiene sus dos emociones auténticas y que el padre tiene amor auténtico y falsa tristeza que remplaza alegría. Para atraer la atención de su padre, el hijo terminará entendiendo que no debe estar sano y feliz sino enfermo y problemático. Entonces, o se alejará de su padre buscando otras fuentes de afecto sano o decidirá someterse, con lo cual perderá su tristeza auténtica, volviéndose dependiente, fracasado y problemático para atraer el interés de su padre. Así perderá también su alegría, su fe.

Así, en síntesis, se podría formular las tres leyes del eje amor- tristeza: lo que hay, hay. Y lo que no hay, no hay, Si hay, vale la pena invertir y sembrar, si no, hay que buscarlo en otro lado. Así de simple, rotundo y tremendo.
Por otro lado, es esencial saber que esas tres leyes se cumplen en cadena, es decir que si la primera es 100% real, puede surgir la segunda sobre la base de la primera. Y puede surgir la tercera en base a la autenticidad al 100% de la segunda. En ningún modo se puede ir a la segunda si no hay base para la primera ni, mucho menos, saltar a la tercera. Esa conducta, a más de tóxica y salvadora, es suicida. En definitiva se ve que lo bueno se potencia y lo malo también. Y que, por lo tanto, solo cabe apostar por lo primero.
¿Cuántos de nuestros amores resistirían y crecerían con esas tres leyes? Únicamente los que merecen la pena. Con lo cual estaríamos siempre abocados a conseguir lo disponible ¿Y cuántos de nuestros dolores se mantendrían? Únicamente los que justifiquen la inversión magnífica en nuestro desarrollo y crecimiento. Con lo cual estaríamos siempre disponibles para lo auténtico que podría surgir.
Este eje, de vital importancia para evitar pérdidas innecesarias y obtener un máximo de amor duradero, lleva, cuando de veras surge, a alcanzar y conservar todo lo disponible, tanto lo actual como lo virtual. En efecto, cuando tenemos la tristeza auténtica energetizando al Sintetizador y sólo a éste, y que, además, está surgiendo en la secuencia fetal, y que, además, se evidencia como una de las dos puntas del eje amor-tristeza, se llega no sólo a evitar pérdidas y dolores innecesarios, sino a prevenirlos por dos motivos: uno, porque surge del temor a dañar y a ser dañado, y dos, porque entiende que todo sufrimiento innecesario nos aleja y aparta de un amor real o virtual mayor del que estamos disfrutando y actuando.
Con el amor pasa lo mismo: si éste energetiza al Protector y sólo a él, no sólo cuida y conserva todo amor real, sino que accede y se prepara, a fin de estar listo si éste llega, para el amor virtual, para el GRAN amor que dura para toda la eternidad.
Este eje, cuando se alcanza en verdad la estatura requerida tras el proceso de trascendencia, se evidencia como el del maestro integral, el que forma llevando al alumno hacia sí mismo sin jamás inmiscuirse dentro de él. El maestro inolvidable al cual se le está agradecido para siempre y que uno ama más cada día, pero con el cual nadie se siente sometido por obligación. En efecto, lo primero que un maestro debe enseñar es a ser persona y a poner el conocimiento al servicio del desarrollo del ser del otro para que éste llegue a crecer. El maestro, experto en el manejo de este eje, no deja que se confunda lo que sí hay y lo que no hay. No confunde tristeza y amor, como ya lo hemos enseñado, y sabe llevar el consuelo a su alumno como lo hacemos con un niño que llora porque ha perdido un diente de leche, y no sabe que es porque está ya listo para salir el diente sano y fuerte que perdurará hasta después de su muerte. El maestro auténtico ensancha la mente del alumno porque expande su alma, y eleva su alma porque puebla su mente con lo que está vivo y es de verdad esencial. Y, si pensamos en los grandes maestros de la humanidad como Jesús, como Buda, veremos que trabajaban básicamente sobre este eje. Si recordamos a algún maestro inolvidable que tuvimos a lo largo de nuestra vida, también comprobaremos que la enseñanza inolvidable que nos despertó tuvo lugar en ese eje. Y si debemos ser maestros, de hijos, de alumnos, sabremos que si no tenemos ese eje limpio y preferentemente presente, sólo vamos a atar y cegar a nuestros educandos, y que es mejor rectificar o confesar nuestra incapacidad y retirarnos, aunque sepamos de memoria todos los libros escritos a lo largo de la historia y aunque creamos adorar a nuestro alumno.
Vemos entonces por qué ese eje es el primero: porque garantiza ser, cada día más, persona. Si hay mucho conocimiento sin corazón, seremos desalmados y pondremos nuestro conocimiento al servicio de la subordinación del alma ajena. Si hay mucho amor sin criterio de lo que implica dolor y sufrimiento evitables, seremos responsables de perpetuar dependencias. Y si no hay ni amor ni tristeza dejamos, sencillamente, de pertenecer a la raza humana y nos situamos por debajo de cualquier elemento en el cual existen el amor y la alegría, y, de allí, por debajo de una simple rata en quien hay cinco emociones y estructuras. No sólo no sabremos ni el qué ni el cuándo, con lo cual es imposible saber nada de lo disponible, sino que lo extraviaremos en los demás. De hecho, veremos más adelante que todo aquel que desconecta esas dos dimensiones se convierte en un psicópata que mata su propia alma y destroza psíquicamente a las criaturas. En vez de claridad en expansión, tendremos tinieblas en caída en el abismo. En la polaridad opuesta al Maestro tendremos el agujero negro.

El segundo eje o viga maestra que fundamenta y consolida nuestra personalidad es el eje Rector-Miedo /Transformador-Orgullo, que llamamos el eje de lo existente. Es el eje que diferencia lo que lo que no es de lo que sí es. Es lo que designa con rotundidad el dónde y el por qué y los relaciona.
El polo Rector-Miedo que funciona a la perfección es capaz de hacer diagnósticos del estado de las cosas. Detecta lo que no es (real, bueno, sano, veraz, etc.) y por ende el grado de armonía que existe, sin temor a equivocarse. Así determina dónde están las desarmonías y amenazas.
En la polarizad opuesta, el Transformador-Orgullo imagina y crea lo que sí es (válido, sano, real, valioso etc.) y es capaz de crecer transformándose. Por ello, su principio rector es la metamorfosis. Determina lo que es y mide su escala de valía y de perfección.
Ese eje es el que nos permitió ser o no ser después de la unión del espermatozoide con el óvulo. Si en cada uno existía lo necesario y requerido para que pudiera formarse y crecer una vida humana, se formaba la primera célula embrionaria, si no, la mujer tenía su periodo normal sin tan siquiera darse cuenta de que se habían unido su óvulo con un espermatozoide.
Este eje, al igual que el anterior, tiene su primera ley, que es idéntica a la del eje de lo disponible: donde hay miedo no hay orgullo, y donde hay orgullo no hay miedo. Como en el caso anterior, comprobemos esta realidad con tres ejemplos:
Tomemos el caso de la inspección de nuestra estructura de personalidad en un momento dado: comprobamos, por ejemplo, que tenemos el Sintetizador en mal estado porque en vez de estar alimentado con tristeza lo está con rabia. Y que tenemos el Protector en buen estado porque funciona con amor y cumple bien su propósito. Nuestro Rector diagnosticará esta situación y sentiremos miedo por nuestro Sintetizador, que está amenazado, y orgullo por nuestro Protector que está en armonía. En referencia a nuestro Sintetizador no podremos, a riesgo de perdernos, sentir orgullo. El Sintetizador está mal, debemos estar alertas y detectar dónde está la causa del mal: en la alimentación energética equivocada. No podemos estar orgullosos de estar funcionando mal. Hay temor, alerta, no puede haber orgullo. Con relación al Protector, el Rector diagnosticará un estado perfecto. No hay entonces que temer nada sino enorgullecernos de estar bien.
Un segundo ejemplo: un buen galerista, con un don de diagnóstico (Rector-miedo) excelente y un extraordinario Transformador que tiene el don de captar lo auténtico y valioso aunque no esté aún reconocido y consagrado. Con ello se ganó una reputación de calidad y de buena inversión entre su clientela. Un día le traen un cuadro de un pintor famoso y él detecta que la valía real de esta obra es nula por mimética, tópica y plasmante tan sólo de manierismos de moda. Su Rector detectará inmediatamente el peligro de mezclar esta obra con las obras de calidad que ofrece a sus clientes que confían en él y la descartará, negándose a exponerla. Aquí, donde hay miedo ante lo que no es, pone una barrera férrea y reconduce al pintor, negándole el acceso a su galería. Donde hay miedo no puede haber orgullo. A este mismo galerista le traen otro cuadro, esta vez de un desconocido, y nuestro amigo detecta, con su orgullo, la obra de un gran talento. Decide sin dudarlo aceptar y exponer esta obra, recomendándola a sus clientes. Aunque el artista sea desconocido, no tendrá miedo de apostar por él porque detectará un valor seguro. Donde hay orgullo retrocede el miedo.
Tercer ejemplo: un niño de padres divorciados vive con el padre que obtuvo su custodia y ve sólo una vez al mes a su madre, que viaja desde lejos para verlo. El niño funciona bien en el eje que nos ocupa. El padre es autoritario, rígido e invasor, y el niño sano sentirá miedo de él y miedo por él ( miedo de aceptar esas taras paternas como virtudes). La madre es respetuosa, valiente y muy creadora. El niño sano sentirá admiración por ella y orgullo de estar a su lado. Para él, estar con su padre significará estar casi todos el mes con lo que no es (bueno, válido, esencial) para él, y estar con la madre significará crecer y ser al estar unos pocos días al mes con lo que sí merece la pena. Esos pocos días lo llenarán mucho más que los demás muchos días. Porque lo que es es, y lo que no, no es. Eso si el niño es sano. Y el niño y su madre se aliarán para luchar por vivir juntos lo antes posible. Donde hay orgullo retrocede el miedo. Y frente al padre, donde hay miedo retrocede el orgullo, en este caso la valoración y la admiración. El niño decidirá cerrarse y no abrir su ser íntimo al invasor, que entraría a saco en él.
La segunda ley se formulará igual que la del primer eje: para conseguir más seguridad hay que invertir en el orgullo, y para conseguir más orgullo hay que consolidar la seguridad. Veamos nuestros tres mismos ejemplos:
Con relación a nuestra estructura, al sentir miedo ante la enfermedad de nuestro Sintetizador la respuesta adecuada es decirse “Yo sí puedo reconducir la rabia al Vitalizador y traer la tristeza a mi Sintetizador”, afirmando así el orgullo. Y ponerse a ello con confianza en nosotros mismos. Cuando logremos nuestro objetivo, habremos eliminado la causa de temor y nos sentiremos orgullosos.
Nuestro galerista, si sabe valorar la genialidad de su artista, lo querrá convertir en su protegido y confiar en que “sí puede” garantizarle una beca, por ejemplo, para que éste se dedique a pintar, con lo cual el artista verá desaparecer su miedo a no disponer de lo elemental para sobrevivir y el galerista verá alejarse su temor a perder a tan valioso fichaje. Donde hay orgullo se garantiza incrementar la seguridad.
Nuestro niño apostará por su madre y se protegerá mejor de las intrusiones del padre, haciendo suyas las enseñanzas y los valores de la madre. Así no se sentirá solo e irá perdiendo gradualmente el miedo. Al ver incrementarse su orgullo, se afirmará frente a las amenazas paternas y constatará que éste retrocede en su toxicidad y lo deja en paz, respetándolo más. Cuando se invierte sobre la seguridad crece el orgullo. Y cuando se invierte sobre la valía auténtica se incrementa la seguridad.
Así, de manera tan natural como en el caso anterior, surge la tercera ley: donde hay miedo hay orgullo y donde hay orgullo hay miedo. Comprobémoslo con nuestros tres ejemplos.
Nuestra estructura de personalidad con un Sintetizador en mal estado nos producirá miedo. El diagnosticar al Protector adecuado nos producirá orgullo. El miedo nos ayudará a alertarnos y a encontrar fuerzas para la afirmación del orgullo de arreglar las cosas.
Nuestro galerista afirmó el miedo de mezclar un mal pintor con los buenos. El conocer la diferencia entre uno bueno y uno malo implica tener las dos emociones bien y trabajando en equipo.
En cuanto a nuestro niño, pudo sobrevivir y resguardarse gracias a su claridad en el segundo eje. Se alejó interiormente del padre y se identificó con la madre.
Por supuesto, estas leyes del segundo eje funcionan perfectamente si las dos emociones, miedo y orgullo, son auténticas y si las dos estructuras, el Rector y el Transformador, están alimentadas respectivamente por miedo y orgullo auténticos. Basta que una de las dos emociones esté mal y sea falsa para que pasen catástrofes y se realice la destrucción. Si las dos lo están, ya no tendremos manera de distinguir lo que no es de lo que sí es. Veamos qué pasaría con nuestros mismos tres ejemplos:
Si nuestra estructura tiene un Sintetizador en mal estado quiere decir que el primer eje falla. Si, en vez de miedo en el Rector, lo tenemos alimentado con amor, en vez de alertarnos y reaccionar amaremos todo lo que nos pueda amenazar y valoraremos ese amor suicida en nuestro Rector, enamorándonos de lo tóxico como un salvador. Nuestra secuencia será esta: amor por lo malo, que dará lugar a rabia contra lo que no hay (rabia en vez de tristeza en nuestro Sintetizador), que llevará a la culpa en vez de rabia. Esto es tener una personalidad salvadora y mesiánica que no quiere jamás usar su orgullo ni su amor real hipotecándolos a los peores. Se entregará en cuerpo y alma a lo que no hay ni habrá nunca y a lo que no será jamás, desgastándose.
Nuestro galerista: pongamos que, en vez de orgullo, su Transformador esté alimentado por alegría. Rechazará al mal pintor. Pero cuando el buen pintor se presente, tendrá dos reacciones previsibles: por un lado sentirá que le cayó del cielo un ángel al que deberá supeditar su vida, sus bienes, sus clientes, su destino en suma, y lo seguirá como los apóstoles a Jesús, renunciando a todo su ser y a su identidad. Por otro lado, en vez de respetar y admirar el ser del pintor cuya grandeza se manifiesta en su obra, pretenderá hacer marketing de segunda categoría, exigiéndole que deje de pintar como lo hace y se someta a las tendencias más rastreras y oportunistas de la moda. Con lo cual destruirá su vida y, si el pintor se deja, la del pintor.
Nuestro niño: imaginemos que en vez de orgullo tenga rabia en su Transformador, es decir revanchismo y envidia. Aceptará someterse al padre como estrategia para luchar de poder a poder con éste. Y será un enemigo vengador y perseguidor de la madre, a quien acusará de todas las culpas del padre y de las suyas, extendiendo esa saña a todos los hombres, con quien tendrá relaciones de poder sadomasoquistas, y a todas las mujeres, que considerará desde el machismo y a quienes soñará con maltratar física y psíquicamente.
Al igual que en el caso del primer eje podríamos sintetizar las tres leyes del segundo eje por: lo que es, es, y lo que no es, no es. Lo que no es, jamás lo será. Por más orgullo que le pongas. Y lo que es siempre será, aunque el mundo entero se empeñe en negarlo. Por eso los genios siempre terminan siendo reconocidos y perduran eternamente. Si algo es, vale la pena invertir en ello, por que cada vez será más. Si algo no es, hay que buscarlo donde sí lo sea.
Si lleváramos esas leyes a sus últimas consecuencias ¿cuántos de nuestros temores se mantendrían? Tan sólo los que se pudieran hacer desaparecer y ser remplazados por orgullo. ¿Y cuantos de nuestras veneraciones se mantendrían? Tan sólo las que por su valía real fueran el verdadero pilar de nuestros amores y merecieran formar parte de nuestro ser. Se terminaría la esclavitud, el sometimiento, las idolatrías, las cobardías, los nacionalismos, y, sobre todo, el narcisismo.
Como en el caso del segundo eje, si se desconectan las dos emociones miedo y orgullo surge la psicopatía. En este caso nacerá el asesino en serie, que no tiene miedo a matar y siente alegría de lograrlo asesinando, en el caso de nuestro niño, no al padre al que no se atrevió a tocar, sino a la madre en todas aquellas que su intuición capte como semejantes o parecidas a ella.
La maestría en el manejo del eje miedo orgullo auténticos perfila la función del sacerdote. En efecto, desde los tiempos más remotos, en las civilizaciones más embrionarias surge, como necesidad inaplazable, la figura del sacerdote. El brujo, el chamán, el sacerdote de la Grecia antigua, el de los romanos, el Papa, el sanedrín, el monje budista y cientos de ejemplos más testimonian de la conciencia en la sociedad, desde toda la eternidad, de la figura del sacerdote. Es aquél que sabe lo que no se debe hacer y lo que sí se debe hacer para obtener la aprobación de los dioses. Es aquél que puede oficiar las ceremonias sagradas de manera a conducir a los creyentes hacia una comunión con los dioses que haga obtener los favores de éstos, porque sus fieles no hacen lo que no se debe hacer, que se llaman pecados, y sí hacen lo que se debe hacer, que se llaman buenas acciones. Esa superioridad del sacerdote y su influencia sobre las conciencias de los fieles se obtiene, desde el MAT, con el manejo del eje miedo orgullo. Lo que sí proponemos es, al igual que el maestro, en vez de esperarlo desde afuera, despertarlo y escucharlo desde adentro. Tanto el Maestro como el Sacerdote están en nosotros. Uno se llama el eje del amor- tristeza. El otro, el del orgullo-miedo.

El tercer eje o viga maestra es el eje Vitalizador-Rabia/ Orientador-alegría. Surge del segundo eje. Lo llamamos el eje de lo presente. Es el que diferencia lo que no está (bien, vivo, justo, presente, real, bueno, etc.) de lo que sí está. Es lo que nos permite distinguir el sueño de la realidad, la locura de la cordura, la fantasía de lo posible. Si hay algo porque existe en algún lugar, si además es todo lo que puede llegar a ser, hay que hacer lo imposible porque además esté presente para empezar a ser y a hacer. Es lo que define con total certeza el cómo y el para qué de nuestra vida. Sin él perdemos la brújula y la razón de ser de todo. Nuestra vida, sin ese eje, es un sinsentido.
En el momento en que se fusionan el óvulo y el espermatozoide y que de ellos nace la primera célula fecundada, lo cual implica que lo que es, es, y origina la primera metamorfosis, para que ésta se convierta en un embrión, interviene el tercer eje que actuará que esté lo que nos permite rechazar y cortar la rigidez de lo fijo y cortar dependencias falsas, es decir nuestro Vitalizador alimentado por rabia que permita la separación e independización de las células una vez formadas, y que esté nuestra capacidad de multiplicación, mutación y cambio, es decir nuestro Orientador alimentado por alegría. Ese eje es el que originará nuestro cuerpo y nuestro espíritu, trabajando en equipo perfecto. El primer eje nos garantizó la mente y el alma. El segundo eje la armonía y la recta conciencia trabajando en equipo con la metamorfosis. Entonces y sólo entonces empezará la gestación de un ser humano. El trabajo en equipo de esos tres pares será el origen del milagro de la vida. Y será su garantía de solidez estructural para juntar y permitir la existencia de lo disponible, lo existente y lo presente.
En nuestra vida como personas, estos tres ejes o equipos trabajan en permanencia para que se pueda detectar y elegir entre lo disponible, para que se pueda discriminar y afincar lo existente y para que se pueda aterrizar y despegar hacia lo presente.
El tercer eje nos permite comprender que no basta con que lo que queremos conseguir esté disponible tras el trabajo de equipo mente-alma. Además de disponible, debe ser verdadero y auténtico tras el trabajo de equipo ética-metamorfosis. Pero eso no basta para llegar a la felicidad y a la plenitud. Si lo que queremos ya tiene esos dos dones, para disfrutar de ello debe estar, además, presente en nosotros y cuajar en una fusión entre cuerpo y espíritu. Todo esto parece y es complejo y podría parecer rebuscado. Lo que pasa es que derriba tópicos muy anclados. En efecto, nos enseñaron a creer que los pares perfectos se dan entre cuerpo y alma y no entre cuerpo y espíritu. En realidad, llevándolo a los descubrimientos del MAT, constatamos que el primer par teórico se daría entre rabia y amor, es decir entre lo que no está y lo que sí hay. Este equipo trabajaría bajo el signo de la resignación y del conflicto. Esta situación se puede dar, pero aleja del rigor, de la eficacia, y mezcla peras con manzanas. Ese tópico, muy extendido entre metafísicos, originó una visión del ser desgarrada y pulsional, siempre en lucha por la consecución del imposible. Y plantea falsos problemas como siendo los que realmente nos disocian entre el sueño imposible y la realidad.
El segundo tópico es asociar alma y espíritu. Es propio de las visiones religiosas. Se basan en la intuición de la existencia de la secuencia amor- alegría. Que es real pero subordinada a los ejes. La visión antedicha nos transforma en puros entes etéreos en su rol religioso y en rastreros vergonzosos en su rol de seres reales con necesidades mundanas. Por eso, en la mayoría de las religiones, cuando el religioso se quiere dedicar a su elevación, se debe retirar del mundo mundano y privarse del cuerpo.
El cuanto al segundo eje, siempre fue presentado como lo imposible por antonomasia. En efecto, quien dice armonía dice congelación, y no, por lo contrario, equipo indisociable con la metamorfosis. Y, si lo meditamos, este par es el único que permite ser en permanente y tranquila y segura expansión.
Volvamos a nuestro tercer eje Vitalizador-rabia / Orientador–alegría. Tomemos, como siempre, tres ejemplos para ilustrarlo:
Una mujer es acusada de haber matado por envenenamiento a una anciana a la que cuidaba. La detienen y la llevan a juicio ante un jurado. Esa mujer es enfermera y hacía su trabajo con esmero. Es totalmente inocente, pero no tiene cómo probarlo. Siente, naturalmente, ya que en nuestro ejemplo funciona bien, indignación contra la acusación, o sea, rabia. El jurado la declara culpable y la encarcelan. Nuestra enfermera pierde así su libertad y, con ella, la alegría.
Un joven es invitado, a través de una serie de meses haciendo chat por internet con una joven, a pasar vacaciones de ensueño en una isla con un grupo de amigos de la joven. Nuestro joven anda corto de dinero y se disponía a renunciar a sus vacaciones. Siente una gran alegría y llega a la isla dispuesto a disfrutar de su amiga y de maravillosas vacaciones. Está feliz. Al cabo de un día se da cuenta de que está en una secta que lo quiere captar. Se siente indignado por el engaño. Cuando se lo comunica a su amiga se da cuenta de que ella no percibe que se trata de una secta.
Un niño es manipulado por su madre para que se convierta en su protector cuando sea mayor, para que estudie lo que ella hubiera valorado estudiar y no pudo, y para que no funda su propia familia para vivir con ella. El niño siente auténtica rabia, pierde su alegría y se siente utilizado.
De esta serie de ejemplos nace la comprensión de la primera ley del tercer eje: donde hay rabia no hay alegría, y donde hay alegría no hay rabia. En efecto, nuestra enfermera se sentía feliz en su puesto y no había ningún rechazo por su anciana. Cuando la acusan indebidamente, siente rabia y pierde su alegría. Nuestro joven se sentía feliz por la maravillosa invitación y no tenía reparos contra la joven. Cuando percibe el engaño, siente rabia y desaparece su alegría. Nuestro niño era feliz y alegre. Cuando es manipulado por su madre, siente rabia y lo que intuye como siendo la vida que le espera le roba su alegría.
Pero dijimos que nuestros tres protagonistas funcionan bien:
Nuestra acusada encarcelada se encuentra en la cárcel y se sabe inocente. Eso le da paz consigo mismo, y el contacto con sus compañeras de celda que sí son culpables, le trae una alegría de su diferencia y la esperanza en que su abogado logrará apelar y demostrar su inocencia. Por otro lado, su indignación contra sus compañeras de prisión que le presentan el crimen como algo normal y propio de gente lista la lleva a una mayor satisfacción consigo misma y descubre la calidad de su espíritu que ninguna cárcel pudo encerrar, y con el cual toma contacto por primera vez.
Nuestro joven indignado se alegra de la buena fe de su amiga, que también fue engañada, y descubre una oportunidad para liberarla, accediendo así a una alegría mayor de la que tenía. Decide buscar y encontrar a otros incautos como ella, hacerlos reaccionar con rabia, y liberarlos también.
Nuestro niño se da cuenta de que su madre también fue víctima de su propia madre, a quién dedicó toda su vida. Siente rabia por ella y decide apostar por la suya propia, preservando su alegría y luchando por hacer comprender a su madre la monstruosidad de sus actos. Como sabe despertar la indignación de su progenitora contra su propia madre y el horror de estar dañando a su hijo, logra liberarse y, además, liberarla de un prejuicio y de un fatalismo que no la dejaba fluir en paz y dejar al hijo ser en paz.
Con ello accedemos a la segunda ley: cuando hay rabia auténtica hay que apostar por la alegría para incrementarla, y donde hay alegría auténtica hay que apostar por la rabia para aumentarla. En efecto, nuestra enfermera desconocía el disfrute que da el convencimiento de la inocencia propia. Esa es la verdadera fuente de la alegría duradera. Y con ella, disfrutó del contacto con su espíritu inalienable. Nuestro joven estaba triste sin vacaciones y sin finalidad espiritual. Descubrió, apostando por la justicia, es decir por la rabia, que podía aportar alegría a otras personas e incrementar la cantidad de ella en sí mismo. Nuestro niño apostó por su rabia y desenmascaró injusticias y prejuicios, con lo cual, además de liberarse, liberó la conciencia de su madre, haciéndola acceder al miedo de dañar y a la alegría de dejarlo regir su vida en paz.
Este proceso abre paso a la tercera ley: donde hay rabia hay alegría y donde hay alegría hay rabia, si ambas son auténticas, por supuesto.
En efecto, cuando ambas emociones son auténticas, cada una empuja a la otra para cimentar y ensanchar el campo de acción de sendas estructuras y desarrollar sus habilidades. Ilustremos esta ley con nuestros tres ejemplos:
Nuestra enfermera siente rabia legítima de ser acusada y de ser mezclada con presas que sí son culpables de no haber querido respetar la integridad de la vida humana. Esa rabia le da energía para defenderse y recurrir, a fin de probar su inocencia. Si persiste, lo logrará, y su Vitalizador estará más fuerte y sano que antes. Pero ocurre que esa rabia tiene como virtud adicional hacerle tomar conciencia de la diferencia entre su espiritualidad y la de las otras presas y, también, de la paz que da el saberse inocente. Con lo cual conecta su alegría y la aplica a su máximo campo de acción, el del espíritu. Eso la hace acceder a dimensiones que antes no usaba ni sospechaba poseer. Como resultado, su alegría crece y su espíritu se expande. Cuando salga de la cárcel y sea declarada inocente, saldrá más crecida que antes de la acusación. Esto ocurre, como en las demás leyes de los ejes porque ambas emociones asociadas son auténticas. Si no, la enfermera saldría de la cárcel fragilizada o tal vez, destrozada.
Nuestro joven siente rabia de haber sido engañado. Su indignación despierta la de su joven amiga engañada. Con lo cual nuestro joven accede a una mayor alegría de liberar a su amiga y a todos los incautos que cayeron en la trampa sectaria. Con lo cual su rabia crece y su Vitalizador capitaliza una experiencia más para defenderse y denunciar las sectas en cualquier tiempo y lugar.
Nuestro niño siente rabia por la manipulación de su madre. Al confrontarla y mostrarle que ella también siente rabia contra su propia madre, accede a la alegría de librarse y de liberarla. Al final del proceso tendrá un Vitalizador más enérgico y lozano, a más de desarrollado, y un Orientador mayor y más sano. Todo termina mejor de lo que empezó.
Toda esa maravilla es sólo posible si ambas emociones son auténticas. Si una de las dos no lo es, ninguna de las tres leyes se aplica y sólo se llega a desastrosas destrucciones. Veamos nuestros tres ejemplos partiendo de la hipótesis de partida: nuestros tres protagonistas tienen esas dos emociones sanas, pero sus interlocutores no.
La enfermera tiene a un abogado que en vez de rabia tiene miedo. Si decidiera conservar a ese abogado, él le recomendaría que se declarara culpable y aduzca locura transitoria como circunstancia atenuante. Nuestra enfermera funciona bien y aplica su rabia al cambio de abogado defensor.
El joven descubre que su amiga, en vez de rabia, siente tristeza. Ésta caerá entonces en el fatalismo y conformismo y le responderá que el mundo entero es una secta y que allí, por lo menos, les pagan vacaciones que ella tiene la intención de disfrutar sin crear conflictos. Nuestro joven buscará a otros engañados que tengan una buena reserva de rabia para liberarlos con él y se olvidará de esa amiga con quien sólo perdería su tiempo.
Nuestro niño tiene la suerte de tener una madre que tiene una buena reserva de rabia y de alegría sanas. Si, en vez de ello, la madre tuviera miedo en vez de rabia, temblaría ante la idea de reaccionar contra su propia madre e induciría a su hijo a someterse “porque la vida es así”. Y si tuviera orgullo en vez de alegría aceptaría su propia indignación contra su madre pero se arroparía bajo un manto de dignidad y de orgullo por haber “cumplido” con su voluntad. Induciría a su hijo a hacer lo mismo, desarrollaría con él relaciones narcisistas de poder y trataría de convencerlo de que ser heroico es un destino más alto que ser feliz y libre. Nuestro niño se vería tachado de mediocre y de egoísta al mantenerse fiel a la verdad, y su vida cerca de su madre sería un suplicio. Le rogaría, por ejemplo, que lo enviara a un internado para poder conservar su integridad y lucharía por librarse de su madre cuanto antes.
Como en los dos otros ejes, las leyes se aplican sólo en caso de que las dos emociones que trabajan en equipo sean auténticas. Si una de las dos falla, no habrá eje ni viga para sostener y fortalecer la estructura, que se derrumbará.
Si se desconectan las dos emociones surgirá el tercer tipo de psicopatía: la satánica. Esa doble desconexión de la rabia y de la alegría auténticas da el perfil de los psicópatas que adoran a Satán, celebran misas negras o ritos satánicos con sacrificios humanos, eligiendo como víctimas preferenciales niños y adolescentes vírgenes que sacrifican en el altar de una figura arquetípica y mítica que no existe.
El perfecto funcionamiento del eje rabia-alegría da lugar a la figura del ángel que llega o está en la tierra como emisario de Dios ante los hombres. Una persona que, tras culminar su proceso de trascendencia, alcanza el tercer grado en el descubrimiento y manejo de los ejes, será el equivalente de un ángel en la tierra. Se dirá de él que es auténticamente angelical, es decir que tendrá la virtud de cortar con vitalismo y certera puntería con la mentira en todas sus expresiones y aportar la verdad más oculta con alegre naturalidad. Hay tan pocos seres que alcanzan esa estatura, que son considerados seres iluminados y guiados por divinidades. Pero ese enfoque es falso. Ese desarrollo forma parte de las virtualidades de lo humano. Está en la estructura del ser humano desde su misma concepción, y sólo es cuestión de avanzar en el conocimiento de sí mismo para alcanzar la memoria y el contacto y el manejo de nuestro tercer eje para convertirse en ese ángel terrenal. Es el exilio de nosotros mismos el que proyectó esa virtualidad humana hacia el cielo. Tanto los Maestros, como los Sacerdotes como los Ángeles forman parte del crecimiento terrenal, natural y alcanzable de lo humano. No existe ningún Dios que baje a darnos un don celestial. Ese don lo llevamos todos dentro. Y no sólo los humanos. Los animales también; tienen dos ejes: amor-tristeza y rabia-alegría. Como les falta el segundo eje, no han podido crear una civilización y formular conceptos en un lenguaje elaborado.
Un ángel hace que lo virtual se convierta en lo presente y que lo presente se aúpe y alcance lo virtual. Él da testimonio de que al no retroceder ante la mentira y desenmascararla, se accede a la verdad. Y ello con la mayor naturalidad. Por eso ha sido llamado ángel.
Porque muestra que siendo así se es emisario de Dios en esta tierra.
A nosotros no nos gusta ni la denominación de Maestro, ni la de Sacerdote, ni la de Ángel. Esas tres pomposa denominaciones confunden y estafan en el conocimiento de la realidad del ser humano. Preferimos llamarlos expertos en el manejo del eje de lo disponible, de lo existente y de lo presente. Gente crecida, nada más.
No nos gustaría cerrar este capítulo introductorio sobre las emociones sin hablar de una patología muy común en nuestro entorno. Se trata de la inversión de los ejes. Cada inversión produce su peculiar patología y esas patologías son gravísimas. No tanto como las desconexiones de los ejes, que, ya lo vimos, producen tres tipos de psicópatas asesinos, físicos los dos últimos y psíquicos los primeros. Los ejes invertidos producen psicotizaciones proyectivas que son muy dañinas para el que las sufre y aún más dañinas para los demás. Veamos:
La inversión del primer eje, es decir tener un Sintetizador alimentado por amor y un Protector alimentado por tristeza, produce el amor por lo que no hay y la depresión y el derrotismo ante lo que sí hay. Eso convierte a la persona en el antimaestro. En efecto, ante una pérdida, un vacío, una enfermedad, el sujeto se enamora, no de la persona afectada a quién puede ayudar con sus conocimientos, sino de la enfermedad, que trata de mantener. Es como si detectáramos que una persona tiene cáncer y nos enamoráramos del cáncer. Así el sujeto se siente importante a costa del padeciente. Se siente necesario y solidario con el cáncer y está y permanece junto a la persona a causa de su cáncer. No para erradicarlo, sino para cuidar y mantener en vida a ese cáncer. Es la manera más cobarde y rastrera de sentirse necesario. Para que esto ocurra, debe haber una creencia mágica: alguien debía tener el cáncer y no es posible librarse de esa maldición. Por lo tanto, cuando es el otro quien lo tiene, uno se siente agradecido y en deuda con él porque recayó sobre él y por lo tanto lo ha librado. Esta conducta, que parece descabellada, es muy frecuente. Tomemos el caso más corriente y dramático: las familias. Hay familias que tienen argumentos dramáticos de locura o de suicidio. Una madre hereda esa patata caliente de su propia madre y, en vez de entristecerse y de buscar solución para no caer en ese terrible destino, siente miedo y pasa el muerto a su hija. Cuando observa que empieza el mal a actuar en su hija, le dedica su vida y toda su atención.
En la otra punta del eje, sigamos con el mismo ejemplo de la madre. Otra de sus hijas es admirable y amorosa. En vez de sentir amor por esa hija y tristeza por sí misma y por la hija enferma, la madre sentirá tristeza por su hija admirable y amorosa. La verá como un problema que tratará de resolver invirtiéndole su eje. Por un lado sentirá tristeza de no ser indispensable y necesaria para esa hija. Sentirá tristeza de no poder ser su maestra sino su alumna. Sentirá tristeza porque sabe que, manteniendo su posición viciada la perderá tarde o temprano. ¿No es un caso corriente?
La inversión del segundo eje implica un Rector alimentado por orgullo y un Transformador alimentado por miedo. Esta psicotización lleva a sentir miedo de lo admirable, de lo innovador y de lo crecido y a sentir orgullo ante lo peligroso, lo inarmónico, lo conservador y lo rígido. Al igual que el caso anterior, esta inversión es muy corriente. Ello convierte a quien la sufre en el antisacerdote, es decir en el antiguardián de la dignidad y de la grandeza sagrada de lo humano. Pongamos un ejemplo para ilustrarlo: Un padre tiene un niño muy creador y muy fiable y seguro. Un hijo que funciona bien en el segundo eje. Cuando el niño manifieste su ingenio y su don creador, el padre lo alejará y lo alertará sobre lo peligroso que es inventar, le dirá que todos los genios son locos y que son perseguidos y acorralados por el mundo. Y cuando el niño sienta miedo, por ejemplo ante una tormenta o ante la oscuridad, lo obligará a salir sólo en la tempestad y lo encerrará en un armario oscuro durante toda la noche, “para que se convierta en un hombre”. Ese padre, con relación a sí mismo, sentirá orgullo de invadir, castrar y rebajar la talla de los demás y miedo ante lo innovador, lo admirable, lo grande. Será el capo de la mafia casera. Sentirá miedo ante lo que es y orgullo ante lo que no es. Será el castrador orgulloso de todo lo que vale la pena en el mundo. Será un dictador rígido, conservador y reductor. Y exigirá que lo llamen El Patriarca. ¿No es frecuente ese caso?

La inversión del tercer eje implica un Vitalizador alimentado por alegría y un Orientador alimentado por rabia. Eso lleva e ser el antiángel, es decir aquél que denuncia, corta y combate todo lo que sí está en el fluir y la alegría de la percepción de lo divino, de la paz y de la visión certera de la verdad. Y es aquél que promueve, se la juega, vibra y se entusiasma con toda la mentira, la manipulación y la injusticia. Es el depredador total. Tomemos un ejemplo casero, porque esos ejemplos caseros producen los mayores estragos, en ese caso en el espíritu y en el cuerpo de los familiares. Aquí tenemos a la figura del maltratador doméstico. El hijo mayor, pongamos por ejemplo, tiene su tercer eje invertido. Tiene una madre plácida y encantadora y una esposa sumisa. Cada vez que hay una celebración religiosa (Navidad por ejemplo) o casera (un cumpleaños) o sencillamente, cada vez que su gente esté plácida y alegre,  él sentirá que lo invade el furor y golpeará, maltratará, romperá los regalos, incendiará la casa. Cada vez que vaya a la iglesia y la ceremonia llegue al final y canten el aleluya, él sentirá odio por Dios y jurará destrozar a sus criaturas. Y, cuando haya una ocasión de denunciar una injusticia, cuando se trate de no estafar ni de engañar se sentirá eufórico y entusiasmado, investido de la misión sagrada de ser el depredador. Así se sentirá el más listo, el rey de la jungla, y hará revelaciones inspiradas sobre la legitimidad de destruir para demostrar quién reina allí. Será un fan de todos los ídolos más repugnantes de la sociedad y de las modas. ¿No se dan casos así?

Esperamos, en estos capítulos introductorios sobre las emociones, haber despertado la curiosidad por ese aspecto tan vital de nuestra personalidad. Y quisiéramos también alertar sobre un aspecto, que, por larga experiencia docente en MAT, no queda  siempre claro a nuestros estudiantes y les hace perder tiempo y energía. Si bien las emociones son nuestra única energía disponible para hacer funcionar nuestra estructura, no es menos importante conocer primero la estructura. En efecto, la estructura de personalidad que compartimos todos los seres humanos es nuestra instalación, nuestra morada, nuestra arquitectura. Conocerla a la perfección es esencial para orientarnos en nosotros mismos y evaluar a los demás. Esa instalación, si la estudiamos de manera aislada, nos permitirá saber para qué estamos dotados todos los seres humanos, para qué servimos, cuáles son las habilidades con las cuales todos nacemos. Es esencial saberlo. Pero si nos limitamos al conocimiento de las estructuras, nos vamos a pasar la vida angustiados por saber por qué hay habilidades y funciones que desarrollamos bien y otras poco o mal. Vamos a llorar frente a habitaciones cerradas y abandonadas de nuestra propia morada, en vez de abrirlas, penetrar en ellas, limpiarlas y usarlas.

Comprender el funcionamiento de nuestra estructura equivale a conocer, manejar y dominar las emociones. Convertirlas en auténticas, reconquistar el funcionamiento secuencial y fijarlas, consolidándolas en los ejes, es la condición necesaria y suficiente para que nuestra instalación funcione.

Ahora bien, las estructuras nunca se habían descubierto antes del MAT, mientras que las emociones, por vez primera en la historia de la humanidad, están de moda. La inteligencia emocional las puso de moda. Pero esa moda es, como vemos cuando estudiamos las emociones MAT, engañosa, porque en ella, con tal de que sea una emoción y sea sentida, todas valen. Y nosotros señalamos que sólo valen las auténticas, en secuencia y en los ejes, si aspiramos a ser lo que nacimos para ser.

Nuestra experiencia actual nos permite alertar a los lectores de esta obra sobre lo peligroso y frustrante de considerar el MAT como sólo estructuras o sólo emociones. El MAT ES INGENIERÍA EMOCIONAL Y SENSORIAL DE LA ESTRUCTURA HUMANA. Es todo eso. No sólo un trozo. Si nos fijamos en las emociones nada más, como ocurre demasiadas veces con nuestros estudiantes, corremos dos graves peligros: el primero es dispararnos fuera de nuestra morada con emociones disparatadas que no tienen función alguna y que sólo nos aportarán sobresaltos y cortacircuitos. Sería como jugar con un cable de alta tensión y electrocutarnos, en vez de conducir esa energía para hacer funcionar nuestra morada, al menos la sexta parte de ella. Por otro lado, fijarse sólo en las emociones es entrar en un mundo de locos donde se pugna por sentir emociones exaltadas, es decir, todas falsas y, para más INRI, dar a todas esas emociones la misma legitimidad. Es decir, el mismo derecho de ciudadanía. En otras palabras, sería querer invertir y acabar con el eje alegría-rabia. En efecto, como ya vimos, la emoción auténtica no produce ninguna exaltación mesiánica. Produce PAZ, centramiento y felicidad tranquila porque es auténtica. Es de verdad  y la verdad es alegría, y la alegría es paz y sosiego. La exaltación es falsa alegría inflada que remplaza miedo auténtico. Y dar toda la legitimidad a una emoción falsa por el hecho de ser emoción es instituir, con alegría, la mentira y la injusticia, porque eso es causa de rabia. Alertamos a nuestros lectores sobre este hecho porque, como veremos en la última parte de este libro, esa tendencia maníaca, histérica y disparatada de sentir y valorar las emociones cualesquiera que sean y cuanto más falsas mejor, será la tendencia de moda durante los próximos 17 años. Y eso es causa de miedo, así que ya están ustedes alertados. Es tan peligroso, falso y mentiroso no tomar en cuenta las emociones, como se hizo hasta ahora durante toda la historia, como exaltar las falsas emociones, es decir la basura de la cual tenemos que librarnos. ¿Estamos de acuerdo?

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot