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Por qué las flotillas van a Gaza y no a Siria – Jonathan S. Tobin

Sobre el artículo: “Por qué las flotillas van a Gaza y no a Siria“, de Jonathan S. Tobin

Fuente: libertaddigital.com

Fuente: libertaddigital.com

Un artículo objetivo y rotundo, que valdría la pena que TODOS leyeran.

En lo que mí hace, sencillamente, un cabreo: Palestina NUNCA existió, fue una denominación insultante y negadora del legítimo Reino de Israel perpetrado por los Romanos cuando destruyeron el Segundo Templo, por los años 70 D.C.

Luego vienen los colonialistas ingleses, que se especializan en crear líos (dividir para reinar) y se autonombran amos y señores de un “Mandato” sobre “Palestina”, luego llega la ONU y legitimiza esa abusiva insensatez y crea una colcha de “patchwork” donde nadie está seguro y todos están mezclados. Así y todo, los judíos lo aceptan. Los Árabes no. Y empiezan los pulsos y guerras de agresión a Israel, con el beneplácito de todos.

Es “como si” unos invasores ocuparan España, destruyeran el Palacio Real y la catedral de la Almudena y bautizaran “Vandalia” a España. Y luego se creara un supuesto pueblo Vándalo, financiado como parásitos culpabilizantes y abogados al terrorismo, financiado por los más regresivos gobernantes árabes (casi todos) para desviar el odio a las injusticias y abusos internos HACIA el odio a Israel y a los Judíos, alimentado éste en los parásitos aparcados, que recibieron y siguen recibiendo más millones que cualquier mafia.

El problema y boomerang -el boomerang es por lo general Justicia Inmanente- fue que esa mafia de opereta se transformó en una VERDADERA MAFIA -y como tal, Sociópata-, como en los peores años de Chicago en tiempos de la prohibición, Y QUE LOS MISMOS GOBIERNOS REGRESIVOS QUE LOS FINANCIAN LES TIENEN MIEDO. Así que cada cual se los quiere encasquetar al vecino y nadie los quiere en su casa, obviamente. Esto se llama “crisis humanitaria”. Los pobrecitos no pueden exportar cemento para hacer túneles ni bombas contra Israel. Pero sí pueden invertir sus incontables millones, fruto del chantaje mafioso a sus “hermanos”, en usar a su pueblo como escudo para cultivar el rol asignado de víctimas en “campos de refugiados”, una siniestra burla de los campos de concentración nazis y de sus auténticas víctimas.

¿Entonces se vería normal y legítimo abogar por los derechos de los “Vandalianos” y boicotear a España? No sé yo, pero el antisemitismo vuelve loco. La verdad es que sí. Así que a ver cuándo se convencen de que dar cuerda al virus de la locura NUNCA VUELVE INTELIGENTE NI CLARO. Pero mejor os aclaráis antes de que ISIS ocupe Al-Andalus, es decir España, según ellos. Esos al menos se revindican de una estúpida nostalgia…. Pero los “palestinos”, ¿de qué?

Cierto es que la palabra “palestina” en boca de Romanos, no era “inocente”. Puestos a ser Negadores, recurrieron a la “denominación de origen” de los enemigos de Israel “de toda la vida”: los Filisteos, casualmente localizados en Gaza. Así que puestos a insultar, que no quede: en vez de Vandalia lo llamaron Palestina cuando se referían a Israel.

Y si se tratara de devolver la tierra a los Filisteos que demuestren haber sido fieles a su cultural filistea de toda la vida (o sea, a ninguna), pues, mira: fantástico, porque en esa lógica Israel es el de las DOCE TRIBUS.

Me creáis o no, dentro de 3.000 años lo será. Pero dentro de 3.000 años, los Estados ya no existirán, serán “Comunidades culturales de elección anímica de valores y finalidades” los que unirán pacíficamente a los seres humanos. Y ese Israel existirá: la parte Israelí actual pero con fronteras decentes y geométricas, eso sí, será la de los territorialistas, la parte “Masculina” de un yo total, los productores de la Promesa de “Tierra de Leche”. Y el resto será una parte desarmada, multicultural y abierta, donde la guerra y la violencia, ni siquiera verbal, serán lo inimaginable, la tierra de los fabricantes de Miel. Su parte “Femenina”, vamos. Esto no es utopía: es visión de largo alcance y dentro de lo normal evolutivo.

3.000 años dentro de la Eternidad y la Infinitud, son un suspiro. Los Judíos siempre existiremos, los Justos de la Naciones, también, y serán multitud, así que ¡conservemos el sentido del humor! Jerusalén no se hizo en un solo día… ¡Shabbat Shalom!

Preciada Azancot, Julio de 2015

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EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 22: HISTORIA DE NUESTRA GESTACIÓN

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Resumamos, con palabras cotidianas, el proceso de la GESTACIÓN: Poco antes de ser liberado el ovocito primario (estado original del óvulo en el ovario) del folículo, su núcleo se divide por meiosis y se elimina el primer corpúsculo polar. Éste queda inmediatamente fuera de la membrana celular del huevo y formará la placenta y todos los cuerpos maternos que alimentarán y protegerán al feto. Hay un primer “desprendimiento” del sí mismo de la madre para ofrecer un espacio seguro al hijo. Parte del amor y, más especialmente, del eje amor-tristeza, que diferencia “lo que hay” para el hijo de lo que hay del hijo, sin mezclarlo. El huevo liberado se transforma en el ovocito secundario. En este proceso, cada uno de los 23 pares de cromosomas pierde uno de sus compañeros del cuerpo polar y tenemos 23 cromosomas no pareados. En este segundo proceso interviene el segundo eje orgullo-miedo. Hay una serie de transformaciones donde se desecha la identidad de la madre como proceso clónico y se desprende de cada pareja de cada uno de sus cromosomas para preparar la mitad de la individualidad del niño. Ninguna vida es posible sin que estos cromosomas encuentren a su pareja. Es la mitad de un ser potencial, del cual se ha separado “la imagen y semejanza con la madre”, puesto que se quitan cada pareja de cada cromosoma.

Unas cuantas horas después de que el espermatozoide entra en el ovocito, el núcleo se divide de nuevo y expulsa un segundo cuerpo polar, con lo que se forma el óvulo maduro. Este tercer proceso evidencia la intervención del eje Alegría –rabia de los tres seres en presencia: el del padre que entra y se fusiona y exige formar otra cosa que no sea suma de dos, el del hijo que tiene aspiración a ser realmente sí mismo y diferente de ambos progenitores, y el de la madre que deja de ser protectora y creadora y deja que cada cual haga lo suyo, cortando con todo apoyo innecesario que podría convertirse en una invasión que imposibilitaría el surgimiento de un ser completo. Para ello, la segunda expulsión del cuerpo polar. Así quedan 23 cromosomas impares, los del hijo. Uno de los cromosomas, el cromosoma X, es femenino. Necesitará de un cromosoma Y del espermatozoide para ser varón y de un X para ser hembra.

De 300 millones de espermatozoides que contiene una eyaculación común, 1.000 a 3.000 logran llegar cerca del óvulo. Los más fuertes y sanos. Esos espermatozoides finalistas atacan la corona radiada del óvulo para abrirse paso. Cuando uno de ellos entra, su cabeza se hincha desmesuradamente para formar el pronúcleo masculino. Los 23 cromosomas del pronúcleo masculino y los 23 cromosomas del pronúcleo femenino se alinean entre sí para constituir un elemento completo de 46 cromosomas en el óvulo fecundado. Así se establece la fusión –diferenciación del tercer eje: alegría-rabia. Entonces surge el ser potencial completo y autónomo: los tres ejes al servicio del Centro creciendo en la secuencia emocional humana. Así puede intervenir el proceso de división y diferenciación celular, para que la promesa se convierta en realidad disponible, existente y presente: un bebé. Este proceso es lo que se denomina fecundación.
Entonces comienza un dificultoso proceso de transporte del óvulo por la trompa de Falopio hasta el útero. Durante esta fase ocurren varios procesos de división celular y se crea el cigoto. Éste se queda entre 2 a 4 días en la cavidad uterina donde es nutrido hasta convertirse en una masa de 100 o más células que convierten al cigoto en mórula. La mórula segrega células que digieren células uterinas y las licuan para prepararse un colchón de implantación en el útero.
Poco después de la implantación, se desarrolla una cavidad (Centro vacío) en la masa de células y empieza a desarrollarse el embrión a lo largo de una de las paredes de la cavidad. Es la etapa donde el embrión es blastocisto.
El embrión de un mes tiene ya todos sus órganos delineados. El primer proceso es el de la circulación entre sangre materna y embrionaria diferenciadas. Y el primer órgano completo que se forma es el cordón umbilical para, no sólo recibir nutrientes de la madre, sino poder expulsar materiales de desecho del embrión. La primera estructura es así, El Centro. Entonces comienza la difusión del oxígeno y enormes cantidades de producción de estrógenos y de progesterona por la madre. Tanto la absorción del oxígeno como la producción de hormonas sexuales dependen de una emoción: la alegría, y nutren, conformándolo, el Orientador del niño. Así se posibilita la reproducción celular del embrión y del feto. El niño es embrión hasta el final del segundo mes. En el tercer mes ya es un feto, hasta los nueve meses. Después del parto será un bebé.
A los tres meses el feto mide 15 cm y pesa 125 gramos (miedo y tristeza). Su rostro ya está diseñado (amor), sus órganos genitales ya son definidos (alegría), su esqueleto está formado (orgullo), su médula ósea ya funciona (orgullo), su corazón late desde hace dos meses (amor), su hígado funciona desde hace un mes y medio (rabia), y ¡respira! – alegría- ( luego, a medida que crezca, se irá inhibiendo la respiración para que no se trague materias fecales y así evitar la fórmula letal alegría- rabia) . Tal es el prodigio.
A los cuatro meses, mide 21 cm y pesa 250 gr : su sexo está más claro ( alegría). Se mueve (rabia). Tiene todos sus órganos (seis estructuras con sus seis emociones y sentidos). Tiene la mayor parte de sus reflejos periféricos (eje miedo-orgullo).
A los cinco meses, mide 27 cm y pesa 500 gr. Está cubierto de vello ( tristeza). Se mueve pero no es capaz de vivir por sí mismo porque no tiene vitalidad autónoma ( falta Vitalizador completo y algo de rabia). Ingiere y digiere y expulsa mecomio (materia fecal del feto) –rabia-.
A los seis meses, mide 33 cm y pesa un kilo. Tiene un aspecto senil por falta de grasa, da vagidos (eje completo alegría –rabia), deglute si lo alimentan, mama, orina. Necesita de la incubadora para sobrevivir (amor y miedo). Si no, muere.
A los siete meses, mide 39 cm y pesa 1.750 gr. Ya parece menos senil. Puede dar vagidos, deglutir y mamar. Es bastante vital y si se le puede meter un tiempo en la incubadora, mejor.
A los ocho meses, mide 45 cm y pesa 2.500 gr. Ya es un bebé graso y liso. Sobrevive por sí mismo.
A los nueve meses, mide 50 cm y pesa 3.250 gr. Es un bebé perfecto y normal. Su cerebro necesitará de un año más de vida para alcanzar su total maduración.
El análisis MAT de la gestación
Todo empieza por el Centro, es lo primero que se manifiesta en el óvulo de la madre, quien desde el núcleo se desprende dos veces de sí misma para abrir paso al ser del infante que tendrá como privilegio cobijar y alimentar. En el espermatozoide pasa lo mismo, y se borra hasta no ser sino carga genética y cromosómica del hijo. En el niño, lo primero que surge es el Centro también. Y, tras manifestarse y afincarse, por dos veces, abre paso al surgimiento y a la multiplicación de células que llevan en sí todo el potencial de un ser humano autónomo y auténtico. Perfecto. Tal y como estamos todos creados para ser.
La primera conciencia del niño, conciencia integral, es la de surgir de un Centro inconcebiblemente superior a sí mismo, que potencia todas sus facultades para ser. Eso, antes de la formación del cordón umbilical, es decir, antes de un mes de gestación, cuando se es pura potencia autónoma. La formación del cordón umbilical, indispensable para recibir todos los nutrientes y desechar los sobrantes, introduce, a la vez que un Centro orgánico, una relación con el otro, con un ser vivo que no es Centro sino que tiene un Centro. Y eso, el embrión lo recibe como una conmoción y una absoluta pérdida del origen mismo de la gloria y del esplendor en los cuales bañaba beatíficamente. Este primer duelo nace de la sabiduría de no SER del Centro sino de tener un Centro. El segundo duelo viene de la obligada relación entre el Centro propio y el de la madre, relación inevitable que se vive como una sujeción intolerable y como una estafa. La segunda emoción del niño, después de la alegría beatífica, es la de rabia absoluta hacia ese Centro que tanto promete y tan poco cumple. Allí empieza a funcionar activamente la secuencia y, de la rabia, se pasa al orgullo, “Ya que estoy, voy a ser todo lo que pueda”. Y del orgullo se pasa a la otra punta del eje, al miedo a ser pulverizado por esa primera rebeldía y, también a la seguridad al ver que no ocurre la desaparición. Del miedo se pasa a la tristeza auténtica por dos razones: una positiva, al constatar el desarrollo inaudito que se opera en sí, y otra negativa por ser así la vida, supeditada a otra vida. Entonces se pasa a la otra punta del eje, al amor, porque se toma conciencia de toda la maravilla que se está recibiendo del Centro primero, de la madre después. Entonces se dispara el funcionamiento, en orden, de los tres ejes: el eje amor-tristeza que abre el segundo eje: orgullo-miedo, que abre el tercer eje: alegría-rabia. Allí el ser humano mamífero comienza a existir, a aceptarlo y a cooperar. Y empieza el trabajo en equipo con la madre, para que ambos estén lo mejor posible durante todo lo que dure la vida intrauterina.
El embrión se hace feto. Se borra de la memoria esa primera rebelión y sus causas. Esa experiencia, como todas las demás cuando se borran, queda conservada en el cuerpo. Se borra de la memoria la segunda rebelión contra la madre, y sus causas. Y se empieza a vivir y a existir con plena conciencia de sí y del otro. Y esa conciencia se torna, como consecuencia de esos dos procesos de borramiento, más importante que la conciencia del Centro. Sin embargo, durante los cuatro primeros meses de gestación, el Centro sigue funcionando y sostiene los tres ejes que sostienen y posibilitan la secuencia emocional que permite a su vez el desarrollo de la vida. Pero la percepción del Centro se hace cada vez más lejana e intermitente. ¿Por qué?

Estructura MAT de personalidad - Preciada Azancot

Estructura MAT de personalidad – Preciada Azancot

Desarrollo de la personalidad como prisión:
Ninguna gestante vive las 24 horas del día en la gloria y en el esplendor al servicio del Centro. Nosotros, los seres humanos, vivimos en nuestra vida diaria y desequilibramos nuestras emociones en permanencia. En el origen de este desequilibrio constante está nuestra condición de mamíferos. En efecto, si reflexionamos mínimamente sobre el feto, que está viviendo ya mal su Centro, sus ejes y su secuencia, mal por las dos razones ya mostradas, veremos que, inevitablemente, por su condición de mamíferos, está recibiendo de la madre, además de los sublimes alimentos y del maravilloso cobijo y protección, constantes interferencias que limitan y coartan su bienestar, su individualidad y su autonomía. Por ejemplo, el feto está en su eje amor-tristeza y está gestionando, apasionadamente, lo disponible, estando pues muy ocupado en la energía tristeza. Entonces viene de la madre una enorme descarga de amor. ¿Quién se lo podría reprochar? Ella no puede adivinar en qué estaba el feto, quien, al recibir una enorme descarga de la emoción contraria, corre el riesgo de caer en la fórmula letal y debe, para no morir, salirse rápidamente de esa emoción y pasar a la secuencial, la rabia, para sobrevivir. Así, de sobresalto en sobresalto, el feto va temiéndole a los ejes que representan, a la vez que la potencia mayor, el peligro mayor. Es como si tuviéramos el don de volar pero que, cuando lo haciéramos, nos bombardearan con un misil una de cada cinco veces. ¡Sería como para pensárselo! Pues no olvidemos que las emociones no son sólo sentimientos que el feto capta perfectamente, sino que son, también y sobre todo, energía que hace funcionar las estructuras. El miedo de la madre va a significar una enorme descarga de cortisona que el torrente sanguíneo le va a aportar a través desde el cordón umbilical y que él se va a tragar, la necesite o lo infle. Una gran descarga de tristeza significará una descarga de hormonas tiroidales y agitación, nerviosismo y metabolismo disparado que consume las pocas grasas que consigue almacenar. Una descarga de alegría le inyectará una sobredosis de insulina que lo podría matar si el organismo humano, como cualquier otro organismo vivo, no fuera milagrosamente perfecto y sólido. Y estamos hablando tan sólo de la relación de las emociones en el funcionamiento endocrino, que es, tan sólo, uno de los múltiples sistemas del cuerpo humano. La aparición de vello que cubre todo el cuerpo del feto a los cinco meses evidencia, no que somos originarios del mono y lo superamos, sino que estamos dominantemente supertristes, ya que comprobamos, en nuestras investigaciones hospitalarias, que el vello y el pelo están relacionados directamente con la tristeza auténtica. Y estamos supertristes porque hemos sufrido una pérdida que nos deja desconsolados: hemos perdido nuestra conexión constante con los ejes, nuestro funcionamiento natural en los tres ejes, en el cuarto mes de gestación.
Pero eso no es todo, ni es lo más dramático: por ser mamíferos, vamos a adquirir, en el útero de nuestra madre, una personalidad que es resultante del desequilibrio de nuestra estructura según parámetros de leyes inevitables que rigen nuestra naturaleza –las que descubre el MAT- y que, en situación de crisis, al no recibir ese espacio seguro pleno que necesitamos, nos va a movernos a funcionar de manera a recibir lo máximo posible en situaciones adversas.
Volvamos atrás en nuestra historia, al momento en que tenemos un cordón umbilical que nos comunica con nuestra madre biológica. Cada emoción de la madre va a poner a funcionar la estructura correspondiente de la gestante y producir hormonas, sangre, calcio, vitaminas, minerales, anticuerpos y todo lo previsible porque para eso están las emociones: para hacer funcionar las estructuras y permitirnos ser y vivir. Ahora bien, la gestante va a tener, durante la mayor parte de su embarazo, una emoción dominante, la que corresponda a sus circunstancias y a su situación: puede sentirse feliz de tener un bebé y esa alegría será su emoción dominante; puede estar triste porque su marido la abandonó, ella quedó en paro y su padre está muy enfermo y morirá durante su embarazo; puede sentir mayormente amor si ya tiene a un bebé al que ama, está enamorada de su esposo y espera con ternura a su segundo retoño; puede estar asustada si tiene un embarazo de alto riesgo y además estalló la guerra en Irak y enviaron a su esposo al frente. Vamos a tomar este último ejemplo para ejemplificar la gestación del bebé como historia vivida por él. Lo llamaremos nuestro bebé.
Nuestro bebé tiene un día de gestación. Ya tiene 46 cromosomas combinados, 23 de origen materno y 23 de origen paterno. Experimenta la metamorfosis, el surgimiento de su ser dentro del óvulo materno. Por supuesto él no siente ni lo de paterno ni lo de materno, pero sí siente. Siente más que si tuviera un cerebro completo, porque no hay razonamientos, ni deducciones, ni inducciones, sino pura sensación que lo impregna todo y que se fijará para siempre en su Vitalizador.
Es sacudido y transportado a trompicones por la trompa de Falopio y sufre varias divisiones celulares: del orgullo pasa al miedo de desaparecer y se aferra al sí mismo. Ya de óvulo fecundado pasa a convertirse en un cigoto. Se queda 2 a 4 días en la cavidad uterina y es nutrido. Siente amor. Es amor. Así se queda hasta convertirse en una masa de 100 células o más. Es una mórula. Pasa a ser tristeza porque pierde su identidad. Entonces reacciona y, rabiosamente, se hace su propio hueco segregando células propias, con gran vitalidad, que digieren y licuan células uterinas de la madre hasta hacerse su propio colchón mullido y ahuecado. Así se implanta él mismo en el útero materno. Entonces pasa al éxtasis de la alegría de la gloria y del esplendor y es “del” Centro. Poco después comienza a asumir su ser del Centro como única pertenencia y hace una cavidad, vacía como el Centro, mientras que él, al servicio del mismo, se retira a una de las paredes de la cavidad. Nuestro bebé ya es embrión y es pura felicidad, orden, armonía, metamorfosis, claridad, sí, pero además es inmortalidad, eternidad e infinitud. Lo es todo al servicio del Centro que lo está creando a él. Se hace en él una circulación entre sangre materna y sangre propia que no es diferenciada como sensación y que le aporta plenitud. Y sigue siendo, cada día más, en permanente metamorfosis extasiada. Vive y graba en su cuerpo (Vitalizador) el conocimiento de la Gloria y del Esplendor.
Desde su Centro se hace un cordón umbilical que lo une a la parte del óvulo maduro que se transformó en Su placenta. Allí comienzan las interferencias porque recibe productos raros y chocantes provenientes de las emociones de su madre, que no son las suyas propias, y que él debe tomar en cuenta, ¡y cómo! Porque lo desestabilizan. Y, muy en particular, las hormonas segregadas por el miedo dominante de la madre que tomamos como ejemplo: cortisona, adrenalina, y demás productos de la suprarrenal. Esto representa para él un riesgo de muerte: la cortisona lo infla, la adrenalina lo acelera, pasa de estar amorfo a hiperactivo y combativo. Además, ese miedo de la madre, añadido al suyo propio, inflan su Rector y, así, pierde la armonía de su estructura. Entonces su propia constitución humana, su propio orden natural, su patrón de ingeniería funcional lo obligan a buscar la mejor de las opciones para sobrevivir. ¿Pero cómo vive ese “choc”? Como un colapso, como una estafa, como una mentira intolerable que contradice el estado maravilloso y perfecto que poseía y creía poder conservar para siempre porque ese sí que era SU orden. Y eso se vive como un odio total e incondicional al Centro. Entonces le llega la hora de la verdad: o elige no aceptar nada más que el orden perdido y entonces desaparece porque él sigue funcionando en sus ejes y en su secuencia al servicio de Su Centro. Y hay un aborto “espontáneo”. O decide adaptarse y buscarse la vida sin ilusiones: ese Centro inmutable y maravilloso, existe y desaparece de manera intermitente, y él pasa, de la felicidad de ser, al trabajo de sobrevivir. Y entonces el feto sigue su formación y dará lugar a un bebé vivo. ¿Cómo lo logrará?
El feto tiene conciencia sólo de algunas cosas: de su Centro, en primerísimo lugar, de sus tres ejes, y de su secuencia emocional perfecta. Además, para seguir formándose y crecer necesita de esas tres cosas. Pero ya perdió la sensación de eternidad, de infinitud y de inmortalidad. La sensación de eternidad la perdió porque no sólo no está a solas con el Centro, sino que las emociones de la madre son a veces maravillosas, cuando lo acompañan en las suyas en los ejes y en la secuencia, y a veces asesinas y terribles, cuando lo desequilibran y lo obligan a “hacer cosas” para sobrevivir. Desde un comienzo, el ser de la madre es sentido como dual: es la nutricia buena que lo ayuda a ser, ya no tan feliz y autónomo como antes del cordón umbilical ( eso maravilloso ya se perdió para siempre mientras esté allí), que lo nutre, que evacua sus desechos, que le da calor y cobijo seguros; y es, también, el ser terrible que lo está matando, y, aún peor, que oculta su Centro y se pone en el Centro. Mamá es entonces el máximo terror.
Y ¿cómo es la sensación de sí mismo en ese trance? Pues pasar de lo divino al mismísimo infierno como sujeto pasivo y sin encontrar ninguna relación entre lo que sucede y lo que hizo él. Absurdamente, caprichosamente. Allí se cae la vivencia de Dios y se remplazan por visiones mágicas de poderes arquetipales que nos van a perseguir y confundir durante toda nuestra existencia.
Pero ¿cómo se defiende el feto para sobrevivir? Nuestro bebé recibe a diario los productos y consecuencias del miedo de la madre. Si el bebé está en una de las emociones de sus ejes o en una de la secuencia, está obligado a abandonar su precioso recorrido de crecimiento personal y a acudir a su propio miedo, que es la emoción “que lo llama”. Allí su instalación lo alerta sobre el gran peligro que corre si permanece allí, porque además de recibir las descargas peligrosas de la madre, recibiría las suyas propias de misma naturaleza y efecto y moriría. En nuestro ejemplo, si el feto se pone también en el miedo, produciría más hormonas de las suprarrenales, y su piel y su cerebelo se harían espesos y gigantesco, para mencionar tan sólo tres efectos del miedo. Y su Rector se cerraría a todo contacto con la madre, produciendo, por ejemplo, una oclusión o una hernia del cordón umbilical. Así que, está claro para él LO QUE NO debe hacer: no debe, bajo ningún pretexto, quedarse también en el miedo. Entonces, el feto se coloca en la emoción secuencial que sigue a la emoción dominante de la madre como única alternativa para sobrevivir: balancear la emoción dominante de la madre tirando de la emoción siguiente en la secuencia, durante todo el tiempo que dure la descarga desestabilizadora. Y decimos como única opción porque primero el feto intentó otra opción más potente y placentera: colocarse en la emoción opuesta en el eje de la de la madre, en nuestro caso, el orgullo: “Tú tiras de un lado y yo intento balancear colocándome en el otro lado del balancín”. Y debe desistir de ello porque experimenta los terribles y mortales efectos de la fórmula letal. En efecto, el miedo de la madre produce miedo a desaparecer en el niño, y no orgullo, porque éste es falso, y como el miedo restante es el de la madre y no el suyo, también es falso: falso miedo + falso orgullo = fórmula letal.
El deber, como obligación ineludible, colocarse en la emoción secuencial siguiente a la de la madre, en este caso en la tristeza, para sobrevivir, produce, en nuestro bebé varios y serios efectos que van a condicionar toda su existencia y su visión de sí mismo:
En primer lugar, nuestro niño experimenta un alivio inmediato de los padeceres que lo afligían: la tristeza, para dar algunos ejemplos de sus efectos, estimula la glándula tiroides, quema la grasa y reduce la hinchazón producida por la cortisona generada por la gestante, activa el metabolismo que la suprarrenal ralentiza, activa el sistema linfático que drena la retención excesiva de líquidos y de toxinas que el cortisol genera. El equilibrio orgánico se restablece. No así el emocional.
En el ámbito emocional hay un primer efecto: la sensación de impotencia y de muerte inevitable desaparece y abre paso a una sensación de orgullo y de autoconfianza: “yo sí que puedo evitar que me hagan desaparecer”. El feto encontró ,él solito, la mejor opción para seguir siendo. Pero es un orgullo triste porque tuvo que hacer algo que, en justicia no debería tener que hacer. Allí surge un sentimiento de abandono y de hostilidad para con la madre primero y, lo que es más grave, para con Dios, o con el orden de lo humano, si se prefiere, da igual cómo se llame. En Análisis Transaccional sería la posición existencial. Yo bien- Tú mal, tanto con la madre como con el orden natural.
Un segundo efecto, aún más grave, es que el niño, que necesita para ser y crecer funcionar en los ejes, no pudo reequilibrar de manera natural el desbalance producido en él empleando la ley natural de los ejes: no pudo reequilibrar el miedo instalándose tranquilamente en el orgullo. Eso, para más INRI, le produjo la fórmula letal, de efecto mortal si hubiera permanecido en ella. Entonces se desarrolla una inevitable visión simbiótica en el feto: él y la madre son dos, pero “HAY QUE” funcionar como si fueran uno sólo. En efecto, no sólo hay que trabajar arrastrando la emoción de la madre pujando en la secuencial que no parte de una necesidad personal ni genuina sino de una imposición de supervivencia, sino que, además, para seguir estando funcionando en los ejes, nuestro bebé va a tener que colocarse en la emoción contraria de la dominante a la madre, esa misma en la cual no pudo instalarse a causa de la fórmula letal, cuando pase la presión y le toque recorrerla en sus propios ejes o en la secuencia, en nuestro caso, el orgullo.
En efecto, como ya tiene la tristeza como dominante de su propia estructura de funcionamiento, el feto no va a poder colocarse en el amor porque el equilibrio se rompería a causa de la inflación de la tristeza que requeriría de una sobre carga de amor “inflado” que comprometería su propio equilibrio emocional, pero también físico (además de hipertiroidismo tendría demasiados productos de la glándula hipófisis), y, no sólo eso, sino que así su primer eje amor-tristeza se desarrollaría más que los demás y perdería toda la armonía de su estructura natural. Además y sobre todo, esas dos emociones, amor-tristeza, serían falsas y ocasionarían la mortal fórmula letal.
Entonces el feto encuentra una segunda solución de supervivencia genial: se habituará a fortalecer la emoción opuesta de la dominante de la madre y eso con dos fines: reequilibrar su segundo eje miedo- orgullo, para compensar los desaguisados producidos por el miedo de la madre, y, también y sobre todo, PARA NO SER COMO ELLA. Es decir, para conservar la ley perfecta que se percibe desde el Centro y que se instrumenta en los ejes.
En efecto, esa simbiosis a la cual la madre lo obliga a someterse para no morir no es BUENA , no está en la ley del Centro. La Ley del Centro propicia la autenticidad y la autonomía, no la simbiosis. Y el feto, así, no la tendrá como elección existencial para sí mismo.
Pero ocurre, a causa de esa simple emoción dominante de la madre, algo aún más grave y terrible que todo lo que hemos relatado hasta ahora: ocurre algo muy grave en el ámbito espiritual en el feto. Veamos:
Cuando el feto está en su propia emoción obligada, la que sigue en la secuencia a la emoción dominante de su madre, está obligado a quedarse todo el tiempo en que dure la emoción dominante de la gestante. Si la secuencia perfecta es un 100% en cada emoción, lo que nos da un 600% en total al final de la secuencia, el promedio en que estará el feto en la emoción obligada para no sufrir daños irreversibles será de un 140%. Cuando el feto ve liberada la presión de la emoción dominante de la madre pasa a la emoción secuencial que sigue a la “obligada” y siente una auténtica liberación. ¡Por fin va a su aire! Y recomienza su secuencia. En el caso de nuestro niño, pasa de la tristeza obligada a la rabia liberadora y se siente tan ligero, liberado y realizado que va a dar un significado especial a la emoción libertadora, un significado de autorrealización, de culminación, de libertad, de orden, de justicia, de autonomía. Porque va a vivir esa emoción como si se abriera la puerta de su prisión, y al fin se verá libre y feliz. Pero le quedará tan sólo un 60% de energía para esa emoción si no quiere hipotecar las demás emociones. Así que, lo corto, dos veces bueno, y el feto tendrá una especie de fijación por esa emoción que tanto significa para él y en la cual jamás puede recrearse a gusto, al menos no en las veces en que accede a ella como resultado de la liberación de la presión de la madre. Por lo tanto, a veces, cuando el feto está en su secuencia emocional o en sus ejes y va a su aire, sin ninguna presión ni frustración, va a saborear esa emoción y verla como algo suyo, como algo normal. Y, cuando esa emoción adquiera un valor añadido, porque accede a ella como resultado de la liberación de la presión, le vuelve a dar ese significado especial de felicidad que se persigue y que jamás se alcanza por completo: a veces sí, a veces casi, a medias. El feto, que no tiene ni un cerebro maduro, ni datos objetivos, no va a razonar sino a tener experiencias que, por inexplicables, no dejan de ser aún más vívidas y determinantes: sensaciones corporales y emocionales conmocionadoras y repetidas. Y, en vez de deducir que le están ocurriendo cosas, sentirá que sus cosas son así. Como una fatalidad.
Por otro lado, la experiencia del feto con su Centro, ya lo vimos, está muy interferida y mediatizada. Al mero comienzo, antes de tener un cordón umbilical, es esplendorosa y completa. Hay un Centro que es éxtasis completo y él es de ese Centro maravilloso y perfecto que se lo da todo y en el cual es todo. El embrión no se confunde con el Centro sino que recibe de él y se comunica con él.
Luego el Centro es ocupado por un cordón que lo une a otro ser. Otro ser del cual recibe cosas maravillosas, y entonces el feto se socializa y se une a su madre y hace equipo triunfador con ella. Todo va bien y el feto siente su propio Centro cuando va a su aire, y siente el Centro de su madre “buena” que lo entrega todo por él. La vida es como debe ser: maravillosa.
Pero cuando la madre tiene emociones falsas, desviadas, desconectadas e infladas, el feto sufre agresiones que lo dañan en todos los aspectos: físico, emocional, anímico, espiritual, mental, y establece conexiones que, si bien son abusivas y falsas, no dejan de ser necesarias para que todo encaje, es decir que su Transformador, cuando no encuentra la posibilidad de establecer conexiones sanas, las distorsionará para encontrarle sentido a lo que le está ocurriendo. No se dice: mi madre está desarmónica y eso va a durar un tiempo y luego yo seré yo y decidiré sobre mi vida. Claro que no puede decirse eso por que él no sabe nada de nada. Lo que sí hace, y no tiene otra salida, es decir que El Centro lo ama y lo protege y luego lo amenaza y lo agrede sin que haya hecho nada para ello. Entonces se resignará a ese Dios caprichoso y veleidoso con quien el no tendrá más remedio que congraciarse, y a quien a veces ama y que a veces odia. Y, lo peor del caso, es que, obligado a funcionar con una emoción dominante obligada, una emoción fuerte compensatoria y una emoción unificadora pero veleidosa, el feto, a imagen y semejanza de su madre, va a tener una ingeniería de funcionamiento desestabilizada e inevitable. Esa ingeniería emocional de su estructura va a condicionar su funcionamiento neuroendocrino, y tendrá tendencias fijas a usar algunas estructuras más que otras, hasta confundir ese disfuncionamiento con su propio ser. Además, será verdad que nuestro niño tendrá un Sintetizador demasiado exagerado, con las consecuencias biológicas que ello implica. Por ejemplo, y de lo poco que hemos investigado, demasiada tiroides, demasiado vello y cabello, una forma de rostro rectangular arriba y redondeada en la barbilla, tendencia a la miopía, y, si la madre está en la fórmula letal miedo-orgullo, tendencia al síndrome de Down. Poca grasa y nerviosismo: y, por la rabia poco energetizada, poca vitalidad, poco control emocional, poco control sensorial, y, por el orgullo fortalecido, gran capacidad creadora y transformadora, huesos fuertes y gruesos, cerebro hiper desarrollado en su hemisferio izquierdo (tristeza) y posterior derecho (orgullo). Cuando nazca tendrá una tipología de personalidad con tres emociones anómalas: la tristeza, el orgullo y la rabia, y tres emociones normales, el miedo, al amor y la alegría. Y esas emociones no serán sino el reflejo de su estructura con tres estructuras dominantes: el Sintetizador inflado, el Transformador crispado y el Vitalizador sacralizado (es decir, al que se la da un significado “mágico” especial) que lo aleja del Centro y ocupa su lugar.
O sea, que por las razones antedichas, sobre las cuales no queremos extendernos en esta obra, el feto nace, no a imagen y semejanza del Creador sino a imagen complementaria de su madre. No tendrá seis estructuras armonizadas porque perfectas en proporción, cantidad y calidad, sino que será una criatura con tres estructuras con “valores añadidos” y tres normales. Tendrá una PERSONALIDAD. Y esa personalidad, es decir, esa máscara que oculta su ser, será innata, biológica, y científicamente analizable y detectable por todas las pruebas clínicas posibles, empezando por un simple electrocardiograma que arroja, en el ejemplo de nuestro bebé, un eje de corazón recto en vez de inclinado hacia la izquierda. También hemos hecho pruebas incipientes de huellas dactilares que están “en una misma familia”, y, desde luego, estamos esperando ansiosamente comenzar nuestras investigaciones genéticas para demostrar nuestra amplia investigación clínica sobre tipologías de personalidad y propensión a ciertos tipos de enfermedades.
Lo que sí podemos afirmar categóricamente, es que sobre 120.000 casos analizados, TODOS pertenecían a una de las seis familias tipológicas, y que cada tipología tenía su patrón de ingeniería emocional que compartía con todos los demás integrantes de su familia tipológica.
Pero lo que confirma lo asombroso de estos descubrimientos y la férrea y universal ley del Centro, de los ejes y de la secuencia innata es la historia fetal de dos de las seis tipologías de personalidad. En efecto, de las seis tipologías posibles, cuatro siguen el mismo patrón de formación que nuestro niño: los bebés fruto del miedo, de la rabia, del orgullo y de la alegría. Absolutamente TODOS siguen, férreamente el mismo patrón. Es decir todos los bebés surgidos de la emoción dominante xxxx de la madre tienen, si esta emoción es:
-Miedo: la tristeza dominante, el orgullo fuerte y la rabia idolatrizada, “espiritualizada”. Los llamamos Constructores.
-Rabia: el orgullo dominante, la alegría fuerte y el amor “espiritualizado”. Son los Legisladores.
-Orgullo: el amor dominante, el miedo fuerte y la alegría “espiritualizada”. Son los Reactivadores.
-Alegría: el miedo dominante, la rabia fuerte y la tristeza “espiritualizada”. Son los Fortificadores.
Pero los niños surgidos del eje tristeza-amor no pueden seguir esa misma ley, y lo tienen más complicado. Por LEY de los ejes. En efecto, ya lo hemos señalado en el capítulo anterior, el eje tristeza-amor o amor-tristeza, da igual, es el mismo, es el primer y necesario eje que sustenta los dos restantes. Es la viga de las vigas. Sin ese eje, no se crean los dos otros, y, lo que es peor, la persona deja de ser humana y se convierte en desalmada. El eje amor-tristeza, si bien está jerárquicamente supeditado al segundo (orgullo-miedo) y éste al tercero y más alto (alegría-rabia), es el que posibilita lo mínimo necesario para ser humano: ser almado. Lo que significa no estar desalmado. Sufrir por las perdidas y las muertes y amar lo auténtico y valioso es lo menos que se puede pedir a un humano. O a un animal. O a un vegetal. O a un mineral.
Para demostrarlo hemos constatado que todos los bebés nacidos del desajuste de ese eje debieron enfrentar el enorme riesgo de caer en la fórmula letal hasta conseguir tener ellos mismos, como emoción fuerte, la misma emoción débil (dominante) de la madre. Para demostrar que NO SE PUEDE JUGAR CON EL PRIMER EJE, mostraremos que absolutamente todos los bebés cuyas madres tuvieron como emoción dominante:
-La tristeza: tienen dominante la rabia, fuerte la tristeza y “espiritualizada” el orgullo. Son los Reveladores.
-El amor: Tienen dominante la alegría, fuerte el amor y “espiritualizado” el miedo. Son los Promotores.
Esos dos bebés han seguido el mismo patrón universal en lo que atañe a la inevitabilidad de compensar la emoción dominante de la madre con la emoción secuencial siguiente. También han seguido la misma inevitable “espiritualización” mágica de la que sigue secuencialmente a la dominante obligada propia. Pero cuando se trató de forjar la propia emoción “fuerte”, como contrapunto de la obligada dominante propia, esos fetos no pudieron ir a la emoción opuesta de la dominante de la madre sino volver a la misma emoción dominante de la madre, una vez aflojada la presión, hasta convertirla en su propia emoción fuerte. Toda una lección de heroísmo. Y una demostración de la férrea ley de los ejes. Con lo cual, la elección de eso fetos no ha sido: “No quiero ser como tú”, sino “Te voy a enseñar a ser mejor al no tener la misma debilidad que tú aún en las peores circunstancias”. Puestos en la disyuntiva de no tener el primer eje fortalecido, esos fetos lo han tenido que pasar peor y más dificultosamente que los cuatro restantes. Luego, en vida, también lo van a tener más difícil en el proceso de hiperconexión, es decir, de recuperación de la secuencia emocional innata.
Esta es, en muy resumidas cuentas, la historia de un bebé deseado, querido y normal.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 21: EL ACCESO AL ESPLENDOR: VIVENCIA DE LOS EJES AL SERVICIO DEL CENTRO

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

El esplendor se alcanza por la vivencia de los tres ejes al servicio del Centro. Entonces la conexión de cada sentido con su emoción correspondiente adquiere una dimensión trascendente que nos lleva a experienciar accesos a visiones, sonidos, olores, sabores, contactos y orgasmos que parecen fuera de este mundo porque jamás han podido ser recreados por ningún genio conocido. Son experiencias que proceden de lo más profundo de nuestro Orientador porque están ancladas en nuestra memoria prenatal cuando aún no éramos ni siquiera un feto sino un embrión. Cuando éramos absolutamente perfectos porque intactos. Hablamos de un embrión de un mes de vida, como final del esplendor.

Los Ejes MAT - Preciada Azancot

Los Ejes MAT – Preciada Azancot

Ya explicamos, en el capítulo anterior, el orden, el mecanismo y las leyes de nuestros tres ejes. Aquí solo evocaremos, brevemente, la vivencia de esos ejes al absoluto y total servicio del Centro, que es lo que llamamos ESPLENDOR.
Comienza por el primer eje, el de lo disponible: amor-Protector-vista / tristeza-Sintetizador-oído. En aquél momento todo está disponible porque no ha habido aún ninguna pérdida que sufrir ni que superar. Es el eje de la inmortalidad. Es el éxtasis de la abundancia indefinida. Somos amor y todo amor. Somos unión con la totalidad perfecta que nos ama sin reservas y de manera definitiva. Somos visión en blanco y negro de la trascendencia blanca inmemorial e inmortal y de la dilución negra, suave y definitiva de todo mal, esté donde esté. Esa sensación queda grabada para siempre en nosotros y prefigura la certeza de algo infinitamente superior a cualquier descripción del Edén que hayan podido describir profeta o místico alguno. ¡Si tan sólo pudiéramos pintar un trocito, un pequeño fragmento de la visión de un sólo pliegue de un tejido, todo en blanco y negro, que contienen y diluyen a la vez todos los colores imaginables y no imaginables! Pero los medios que tenemos no nos permiten ni siquiera aproximar, burdamente, el esbozo de un esbozo. Esta visión la tenemos grabada en nuestra retina con la nitidez de un microscopio y, sin embargo, nos es imposible describirla. Aunque nada tiene que ver con ella, lo más lejano que nos podría remitir a ella sería el blanco y el negro de ciertos cuadros del final de la vida del genial Manet. Pero comparar esa visión con esos cuadros maravillosos sería una total profanación.

En cuanto a la omnisciencia y la claridad, además de total y definitiva, además de abarcadora de todo lo que somos y seremos para siempre como absoluto y morando en el absoluto, tiene sonido y canto. Un sonido de línea continua en el cual la tristeza es un imposible metafísico, y un canto de voces femeninas y masculinas de soplo infinito, dulce, potente, y sobrecogedor. En la vida real, lo más alejadamente profanador que sin embargo lo sugiere es la obertura de “Tristán e Isolda” de Wagner.
El segundo eje, el de lo existente: orgullo-Transformador-gusto / miedo-Rector–tacto es el eje de la Eternidad. Lo que se vivencia allí es aún mucho más difícil de sugerir. ¿Cómo se puede describir el estar absolutamente quieto y, a la vez, absolutamente en metamorfosis, tanto hacia adentro como hacia afuera? ¿Y cómo describir lo que se toca y cómo eso nos toca, nos arropa, en un manto de algo que es la esencia, imposible de contar, del amor? Sólo decir que, por un sólo contacto así, nadie dudaría ni por un momento en entregar toda su vida y caer en la nada. Pero es que ese contacto es desde siempre y para siempre, y nos lo transmite así. Beatitud despierta podría ser la manera más estúpida de sugerirlo.

Y ¿cómo explicar que lo primero que se prueba es un néctar que contiene todos los sabores más imposibles de lograr? No hay, ni remotamente, ningún sabor en nuestro conocimiento que, aún en lo diametralmente opuesto o profanador, lo sugiera. Lo más cercano sería la primera vez que probamos la leche materna.
Y ¿qué decir del tercer eje, el de la alegría-Orientador-sexo rabia-Vitalizador-olfato? Que es el eje de la infinitud. Tras ser inmortal y tras existir esencialmente, accedemos a la plenitud. ¿Cómo se vive? Pues es cada vez más difícil de transmitir: para empezar, tomamos conciencia plena de ser inmortales y existentes en la eternidad. Cuando la conciencia es plena, se accede naturalmente a la finalidad de esa inmortalidad y de esa plenitud, y lo primero que se capta son las infinitas dimensiones que existen en el infinito y, a la vez, lo maravilloso que es tener una sola de esas dimensiones, y del esplendor de tener, hoy, aquí y ahora, seis. Y esas seis SON la promesa de todas las posibles, porque todas están relacionadas con todas, y cada una es la base de otra nueva, y la primera está en ese vacío que es la anti-nada que encierra el TODO germinándose.

La palabra clave aquí es el Y. La absoluta CERTEZA de que todas esas dimensiones están guardadas para ti, y en germen en ti, hace acceder a un placer de fisión de paz y orgasmo absolutamente imposible de describir. Es lo contrario del arrebato místico. Lo más próximo y, al tiempo diferente y alejado que podríamos sugerir en lo conocible por algunos humanos es el orgasmo cósmico, cuya teoría y práctica descubrió Leopoldo Azancot, el gran novelista, que nos impartió un seminario gracias al cual pudimos conocer el orgasmo cósmico: un orgasmo de paz y, a la vez, que nos rompe y fracciona en infinitas dimensiones todas entrelazadas que comienza suavemente en el sexo y se prolonga como olas en cada parte del cuerpo durante veinte minutos, después del coito. Pero lo que se experimenta allí no tiene nada que ver por alejado y diferente. Esa fisión, que no fusión, de cuerpo y espíritu como UNO es lo que más aproximadamente podríamos sugerir en cuanto a experiencia sensorial se refiere. En cuanto al olfato la experiencia es increíble pues a la vez que se percibe el propio olor como un maravilloso perfume de nuestra propia esencia, por ejemplo, en nuestro caso un tipo de sándalo que no existe, algo como el espíritu del sándalo, se percibe el aroma de la esencia de la vida y de la verdad. ¡Eso maravilloso huele, sí, tiene olor! ¿Con qué podríamos compararlo aunque sea para sugerirlo, aún con plena conciencia de blasfemar? Pues debería ser una mezcla de tierra después de una fuerte lluvia, con el mar en alta mar, y una nota de los bosques maravillosos de Olimpia, en Grecia.

En el ámbito emocional, la experiencia del Esplendor es más accesible aunque también prácticamente imposible de transmitir. En el primer eje, el de la inmortalidad, estar en la tristeza pura y en el amor puro como una pareja indisociable se presenta como una hiper lucidez de inteligencia clara y azul celeste que entiende todo y dispone de todo para entender cualquier cosa que se presente. Es, a la vez, compasión profundísima por todo lo vivo que se pierde, en todo tiempo y lugar, y dominio absoluto para evitar que se pierda nada, y, a la vez, la certeza de que nada se pierde y todo regresa y ocupa su tiempo y su lugar. Es lo que la meditación budista persigue, pero no obtiene, porque persigue la dilución en el Nirvana y la no reencarnación. Allí se descubre que cada vida se hace en espacios diferentes y que sobran espacios para cada uno de nosotros, y que tenemos todo y siempre más de lo que podemos poseer. Y que no poseemos nada, porque somos todo y para siempre. Eso en lo que se refiere a la tristeza, la que trae el consuelo y se anticipa a él.

Con ese para siempre accedemos al amor puro, desde siempre y para siempre, el que es más que alma y supera el alma. Accedemos al amor que es causa y no consecuencia de la inmortalidad. De ese amor que está fuera de nosotros para que lo amemos a él, y dentro de nosotros, para entregarnos a él. A ese segundo amor se le llama alma. Lo que descubrimos y sentimos en el amor puro es otra dimensión, que no tenemos los humanos, y que es la fuente del alma y de la permanencia, es decir, de la inmortalidad. Claro, escribir sobre emociones, por más que se quiera, no nos las hacen sentirlas ni vivirlas. Deberemos recurrir a un símil, a una imagen: sería la de un águila que se une con su gran amor, una ballena, así bajo los mares como en los cielos. Y ese amor les hace acceder a la inmortalidad.
En el eje de la Eternidad, miedo- orgullo, vivimos simultáneamente en el miedo puro y en el orgullo puro con la naturalidad de tener dos brazos y dos piernas que forman equipos. El equipo miedo –orgullo nos hace eternos porque “lo que no es” nunca lo será y “lo que sí es” siempre lo será. Sentimos, en el miedo auténtico, nuestra morada, de ese mismo color morado, que nos ampara contra el mal, tanto hacia adentro como desde afuera, y sentimos la valentía pura que ni siquiera se digna a medirse contra el mal porque al diagnosticarlo y reconocerlo lo diluye. Entonces caen las corazas de defensa y de protección porque no son necesarias y son sólo lastres. Accedemos al NO SER malo, peligroso, tóxico porque estamos colocados en nuestro verdadero lugar, nosotros mismos y jamás de los jamases permitiremos que nadie nos invite a penetrar dentro de otro ser, ni le dejaremos penetrar en el nuestro. Entonces reconocemos el peligro y la vacuidad de todas esas teorías que presentan la otra vida como el recibir a Dios en sí o, aún peor, cometer el sacrilegio de diluirnos en él. Eso que tanto excita a algunos locos temerarios e invasores nos produce risa y luego repeluzno. Lo horrible y espantoso es tener a alguien o algo ajeno adentro y lo criminal es pretender meternos o meter a algo en otro. Esto es la causa y raíz de toda idolatría y de todo terror, lo cual es un sinónimo. Pero todo eso es lo que no se siente en el miedo puro del esplendor, porque no se puede tener miedo a lo que no existe. Y nada peligroso existe cuando se está en el miedo puro. Nada, porque lo que no es, nunca será, y no puede producir miedo. Esa sensación es armonía que prefigura el acceso a la eternidad. Es nuestra dimensión femenina. La que es útero permanente y protector contra el mal. Entonces accedemos a SENTIR la mitad de la eternidad, la del no ser lo que jamás seremos, simples mortales que pasan y se pasan la vida temiendo a la muerte, porque la muerte no es, ni será posible jamás. Por el simple hecho de haber sido la unión de un esperma con su óvulo nunca seremos el NO SER, y seremos inmortales cada vez que estemos en el miedo puro.
Y gracias a ese miedo puro podremos, no sólo SENTIR, y -entonces queda claro que todo sentir se la debemos al miedo-, sino VIVIR la eternidad del orgullo puro. Por supuesto, pero eso ya entra en la anécdota, sentimos y vivimos la metamorfosis perpetua y permanente que nos hace SER creciendo y transformándonos. Pero eso es lo que un beso a un orgasmo. Lo que vivimos entonces es que somos todo el ser y todos los seres por el simple hecho de permanecer en nuestro lugar fijo, que nos abre toda la gama y todas las dimensiones del universo siéndolas y contemplándolas ser. Es la esencia del movimiento perpetuo, que no necesita crispaciones ni “relojeros universales” para surgir de sí mismo para los tiempos de los tiempos y los lugares de lugares.
Y, como en el caso anterior, tendremos que recurrir a una imagen para hacernos entender en lo que al sentir se refiere: un árbol que siempre estuvo y siempre estará con sus propias raíces que atraviesan la tierra y escalan los cielos por las dos puntas sin dejar de ser eso y sólo eso, un árbol. Es el baobab que tanto asustaba al Principito. Y ese árbol, era él.

En el eje de la Infinitud rabia- alegría, vivimos el binomio rabia pura- alegría pura. En la rabia pura, y como primera y más pobre imagen, somos sangre escarlata, fluyente y oxigenada, que se renueva y circula llevando vida y fuerza a todo nuestro cuerpo. Somos sangre que se despierta ante sí misma y se lanza en una fraternidad universal con todos los que la lleven y bajo la forma en que la lleven, ya sea como savia o como principio de materialización de una roca o como gotas de lluvia que caen del cielo. Y porque fluye y se renueva, nos permite plantarnos y materializarnos. Y desmaterializarnos para vivir y estar en toda la creación a la vez. Eso nos permite no sólo estar en todos los lugares a la vez, a través de tener todos los cómos posibles dentro de nosotros mismos, sino además y sobre todo, dar paso y cabida sin inmutarnos a todas las materializaciones y desmaterializaciones que se nos presenten afuera. Todo tiene forma y nada la tiene. Porque crecemos y cambiamos tanto que ninguna forma podrá ser la última. Y, por ello, la rabia pura nunca puede ser atacada ni, por supuesto, tener razón alguna de oponerse a nada. Surge, como segunda imagen, la esencia del baile. Todo baila y se materializa y se desmaterializa para materializarse más y mejor.

En la alegría pura, entendemos simultáneamente dos cosas: la potencia de la inocencia y la imposibilidad de perderse. Y las sentimos con una potencia sobrecogedora. Como una revelación. Somos inocentes cuando estamos en la alegría pura y siempre lo seremos. Todas las falsas acusaciones resbalan y se desprenden de nosotros, nos las hayamos tragado o no. Somos inocentes y jamás haremos nada censurable ni que nos avergüence de nosotros. Toda mentira cae, y nace la risa. Y la imposibilidad de perderse cuando se está en la certeza de encontrar y se sigue al gran guía interior que es nuestro espíritu. Y entonces se osa precederlo y guiarlo a la vez. De aquí nace la dialéctica. No al modo mecanicista y tonto y extraviado en que la conocemos hasta ahora y que lleva al nihilismo. Ni siquiera al modo del Yin y del Yang. No, la dialéctica de la verdad nace de la inocencia y culmina en la certeza. Uno es un encontrador de verdades. Y la verdad nace siempre de otra verdad, jamás de una mentira. Y de verdad en verdad, se llega hasta el infinito, quitando velos a los secretos mejor guardados y a los misterios más recónditos, porque el secreto y el misterio no existen en la inocencia ni en la certeza que encuentra verdades. El misterio es sólo una verdad que aún no se encontró porque no nos colocamos ni en la rabia pura ni en la alegría pura. Entonces sentimos, con intenso gozo, que llevamos el infinito adentro y que podemos acceder a curiosear con inocencia todo el camino que nos queda por recorrer, y aprender cómo seremos mañana, y dentro de cien mil años, porque eso, está en nuestra alegría conseguirlo.

Y entonces descubrimos que, por tener esos tres ejes que crecen y seguirán creciendo, ya somos inmortales, eternos e infinitos y que eso lo tenemos ya en esta vida y es cuestión de acceder espiritualmente a ello, conquistar lo que es nuestro aquí y ahora. CON LO CUAL YA TENEMOS EN POTENCIA, COMO EL EMBRIÓN TIENE YA AL BEBÉ ADENTRO, TRECE DIMENSIONES. Sí, en nuestra vida como seres humanos, seres de seis dimensiones al servicio del Centro, ya tenemos en germen las trece dimensiones que nos permitirán, en algún momento y lugar, ser inmortales, eternos e infinitos. Eso, un embrión de menos de un mes ya lo sabe y lo siente. Veremos más adelante las razones por las cuales lo olvidamos.

Como en los casos anteriores, recurriremos a una imagen para ilustrar el eje rabia-alegría: esta vez es un chiste. Un niño tenía muy inquietos y angustiados a sus padres porque a los tres años aún no pronunciaba una sola palabra. Los padres lo llevaron a todos los especialistas que no encontraron fallo orgánico ni psicológico alguno. Así pasaron dos años más y el niño alcanzó los cinco años sin decir una sola palabra. Una noche estaba cenando con sus padres y la madre le sirvió sopa. El niño se llevó la primera cuchara a la boca y pronunció: “¡ a esta sopa le falta sal!”. Los padres, conmocionados, festejaron su discurso y le preguntaron por qué no había dicho nada hasta entonces. El niño respondió:”Es que nunca había tenido queja hasta hoy”. Fin de la historia. El niño vivía en el eje de la infinitud.
El esplendor, tras las sensaciones y emociones, se vive en los tres binomios estructurales al servicio del Centro.

En el Sintetizador- Protector es el encuentro de dos estructuras HUMANAS es decir, con TRANSFORMADOR, y el Transformador nos permite crear sonidos y palabras: un lenguaje y, también, la estructura y la música que convierte la palabra en discurso. Cuando pronunciamos una palabra, por ejemplo, “aire”, la creamos desde nuestro Transformador, pero la decimos desde SU estructura de destino, el Rector. Si decimos “te quiero”, lo decimos desde nuestro Protector. Eso es la elección de la palabra. Cada palabra que elegimos proviene de una de nuestras seis estructuras y dice mucho de nosotros. Dice qué tan bien funcionamos estructuralmente y qué estructuras tenemos más energetizadas y cuales menos. Hay una ciencia, la PNL (programación neurolinguística), que se ocupa exclusivamente del lenguaje para hacernos crecer. No viene a cuento aquí hacer un glosario MAT de las palabras claves de cada estructura, es decir un glosario lingüístico, ni decir cómo es la terapia MAT en lo que a lenguaje se refiere. Pero la tenemos. Eso en cuanto a elección de la palabra se refiere. Pero queda aún lo más importante: LA ESTRUCTURA DEL DISCURSO, que no solamente incluye palabras sino organización del discurso por fases y por frases que deben tener, como en urbanismo y en arquitectura, su estructura ideal o conveniente. Para ello, disponemos de techos, líneas, pilares, suelos, vigas, etc., es decir, de los signos de puntuación ortográficos. Ellos introducen y simbolizan LA ESTRUCTURA.

El símbolo del Sintetizador es el paréntesis (()) y el símbolo del Protector es el punto y coma (;). Es el encuentro y complementariedad indisociable, en el primer eje, del paréntesis y del punto y coma. El paréntesis se abre para dar más información sin tener que detener el ritmo del discurso. Es decir, como aporte de la inteligencia pura que analiza constantemente sin tener que detener pesadamente el discurso, aportando más datos y más matices, es decir, mayor sensibilidad. Ese simple signo cumple todas las funciones del Sintetizador. En efecto, cuando un Sintetizador trabaja a plenitud selecciona, desarrolla, archiva, clasifica, actualiza, percibe lo muerto y lo evidencia, memoriza, piensa, negocia, detecta aciertos y errores y los muestra, relaciona, calcula, percibe pérdidas e incrementos, procesa, conecta, comunica, para encontrar opciones y soluciones. El Sintetizador selecciona los datos más relevantes para su discurso e introduce entre paréntesis precisiones que enriquecen la información. Por ello, las personas que tienen un Sintetizador invasor y monstruoso introducen repetidos e interminables paréntesis que hacen perder el hilo de lo esencial y machacan el discurso. Esa patología evidencia falsa tristeza en vez de orgullo auténtico, y configura la personalidad del “pesado”, del cual todos huyen.

El paréntesis evidencia dos cosas más: conocimiento completo y claridad entre lo que se debe incluir para informar matizando con sensibilidad, eso es conocimiento completo, y lo que no se debe mezclar en el discurso aunque sea muy relevante para no hacerlo confuso, y requiere absolutamente del paréntesis, eso es claridad.
Un ejemplo de genio literario que usa mucho el paréntesis y cuya obra completa es como un paréntesis inmenso es Proust.

El Protector tiene su símbolo: el punto y coma (;). Es el símbolo estructural y musical que mejor representa el cuándo de las cosas: cuando irrumpe algo muy valioso y esperado que se debe recibir marcando un hito y unir sin separar dos mitades de un mismo todo. Allí llega la necesidad del punto y coma. Marca un momento importante que hay que destacar y que une dos mitades de una oración. Todas las funciones del Protector están así simbolizadas por el punto y coma: evaluar, establecer confluencias entre entidades asociables, unir sin mezclar, alentar y motivar dejando un tiempo de respuesta para el otro, es decir, sin invadir, ayudar a asociar, aceptar ser parte de algo conservando su ser propio, cumplir separando responsabilidades pero uniéndolas en un solo todo, proteger de la distancia a dos cosas complementarias, entregarse sin perderse. Para todo ello, ¿ qué haríamos si el punto y coma? Las personas que viven mal el punto y coma separan lo que no hay que separar al ponerlo en vez de la coma y unen lo que no se puede unir y lo introducen en vez del punto. Eso configura una personalidad invasora y manipuladora, narcisista, que confunde al otro para llevarlo, manipulado e hipnotizado, a su terreno. Es el depredador que nos quiere vender neveras si somos esquimales, y del cual todos desconfían.
Como genio de la literatura que usa muchísimos puntos y comas tenemos a Chateaubriand. Además, el idioma francés es el que más usa el punto y coma entre los que conocemos porque su camino de trascendencia se hace a través del Protector.
La complementariedad indisociable entre el paréntesis y el punto y coma es evidente: son extremos opuestos y que se potencian mutuamente. El primero destaca uniendo y el segundo une, respetando, separando las dos individualidades sin mezclarlas. Es la Divina Comedia de Dante.

El segundo eje Rector-Transformador es el encuentro y complementariedad entre el punto (.) y los dos puntos (:). El Rector introduce el punto y el Transformador introduce los dos puntos. Cada cual es la estructura y la música del suyo.
Las funciones del Rector serían imposibles sin el punto. En efecto, el Rector tiene como habilidades funcionales las de diagnosticar rotundamente y sin rebabas, establecer límites entre dos cosas que no deben mezclarse, legislar sin dudar ni dejar interrogantes sueltos e indefinidos, defender disuadiendo al adversario, localizar lo que “no es” y apartarlo y lo que “sí es” para pasárselo al Transformador a fin de que haga su trabajo de creación y de crecimiento, separar lo que debe existir armónicamente y por sí mismo. Eso todo ES SEGURIDAD y garantiza la ARMONÍA del equilibrio perfecto de la diferenciación y coexistencia de cada estructura ocupando su superficie exacta sin invadir a ninguna ni dejarse invadir por ninguna. Es el ser integrado que dibujamos en la página 122. El punto muestra y edifica el final de algo, sus límites exactos. Final de una frase. Comienzo de otra por el Transformador. Final de aquélla y punto. Y, cuando hay que separar aún más nítidamente, es el punto y aparte. Final de una idea: punto y aparte. Las personas que abusan del punto y rompen el discurso, fragmentándolo de manera excesiva, tienen un problema de rigidez, son tajantes y prepotentes, son autoritarios, evidencian una patología de orgullo falso introducida en el Rector: “ esto es así porque lo digo yo y punto”. Los que no usan el punto cuando convendría dejar respirar la obra o al lector, lo obligan a releer dos o tres veces el texto para enterarse de lo que el confuso quiso expresar. Son personalidades que introducen, al contrario de las anteriores, miedo falso en el Transformador y como están confusos e inseguros, pasan su confusión al sufrido lector u oyente.
Un genio literario que hace un uso muy afortunado del punto es Ernest Hemingway.

El Transformador tiene su estructura ortográfica y su música peculiar: los dos puntos (:). En efecto, cuando necesitamos hacer irrumpir una afirmación, un descubrimiento, una revelación, no existe ningún otro signo mejor que los dos puntos. Cuando releemos este libro, cuya función es la de revelar una nueva ciencia, el MAT, encontramos una impresionante cantidad de dos puntos. Las funciones del Transformador son imposibles de comunicar y de plasmar en un discurso sin los dos puntos. Como el Transformador es la única estructura exclusivamente humana y la más difícil de manejar, existen muchos fallos en el manejo de los dos puntos. O se colocan cuando no viene al caso y no se desvela ni se revela nada nuevo, y se abren puertas abiertas, haciendo el ridículo y conformando una personalidad de perogrullo, o los dejan de colocar cuando es necesario “soltar” la revelación sin torturantes esperas y circunvoluciones e imponen un pesado tiempo de espera para, por lo general, soltar al agotado lector u oyente, una banalidad. En el primer caso, tendremos una patología de falsa alegría en vez de orgullo alimentando el Transformador. En el segundo, tendremos una patología de miedo en vez de orgullo en el Transformador.
Las funciones del Transformador son, recordémoslo, las de transformar, consagrar, crear, pronunciar y pronunciarse, imaginar, evolucionar, representar, decidir, crecer, acceder, declarar, probar, descubrir, afirmar, reconocer lo válido, elegir, determinar. No es posible descubrir, ni plasmar un descubrimiento, ni, menos aún, revelarlo con HUMILDAD ROTUNDA, sin recurrir a los dos puntos, a menos de caer en las patologías antes señaladas, evidenciando un Transformador enfermo. Los dos puntos abren y cierran sin demora ni dilación expectativas propias y ajenas: abren un mundo nuevo y lo afincan con solidez y firmeza sin dudar ni hacer dudar. Con ello, cada cual ASUME lo propio y revela, sin acapararlo ni plagiarlo, lo ajeno.
Un genio que emplea mucho y bien los dos puntos es Erich Fromm.

La unión y complementariedad del punto y de los dos puntos es evidente: el primero dice lo que terminó. El segundo muestra lo que está surgiendo. Es así de rotundo. Entonces se instala la complementariedad. El punto abre una nueva interrogante. Los dos puntos arrojan un nuevo crecimiento en el camino del descubrimiento. La raza humana somos una larga cadena de puntos seguidos de dos puntos. Esto es la auténtica evolución: . : . : . : Es la música de nuestro crecimiento.

El tercer eje estructural se simboliza por el guión (-) y la coma (,). El guión simboliza al Vitalizador y la coma al Orientador. El Vitalizador rige la justicia y la corporalidad como función trascendente. El guión abre un espacio rotundo para introducir algo de pleno derecho, con “corporalidad”, dentro de una frase. El guión es muy diferente del paréntesis: el segundo aporta una precisión, un dato sobre el tema. El guión introduce otro tema dentro de un tema. Introduce un tema sin el cual la justicia que se le haría al tema central de desarrollo no sería tal, quedaría amputado, le faltaría parte esencial, aunque no evidente, de su ser. El guión se introduce dentro de una frase para introducir un cuerpo entero de presencia dentro de un todo. Y, también, se abre un guión en un diálogo para abrir paso a la expresión entera de un personaje, en un diálogo. Ese guión presenta la manifestación verbal de ese personaje con todas sus consecuencias: palabras, manera de hablar, signos de puntuación arquitectónicos, y, dentro de esa oración, se abren guiones para aportar detalles que lo presentan en movimiento, haciendo cosas. Por ejemplo:
-Hola – dijo Juan, sentándose desenfadadamente – ¿Cómo estáis?- y a continuación se descalzó.
-Bien,- contestó Alicia, y se sonrojó porque le chocó la desenvoltura de Juan, sintiendo vergüenza ajena-.

Las funciones del Vitalizador serían imposibles de manifestar sin el guión: en efecto, el Vitalizador percibe, siente, reparte, asigna, reacciona, denuncia, ataca, diluye, disuelve, vitaliza, sanea, erradica y moviliza. En un discurso escrito se podría, haciéndolo mal, evitar algunos guiones. Pero se le quitaría toda irrupción de corporalidad, se haría el discurso pesado y, a la vez, desmaterializado. No tendría carne. Eso, para un discurso. Si pensamos en un diálogo entre personajes o presencias, evitar los guiones sería del todo imposible.
Las personas que usan demasiados guiones son gente violenta. Agresiva. Los que usan demasiados pocos o casi no los usan son personas etéreas, sin corporalidad, y con imposibilidad de distinguir y separar su cuerpo del de los demás. Son esos salvadores compulsivos que dejan penetrar en sí lo peor de lo ajeno y luego se culpabilizan y engordan.
El guión aporta encarnadura y corporalidad e individualidad al relato. Sin el guión habría géneros enteros como la novela o el teatro que serían imposibles. No habría paso para los lectores, que se confundirían con el escritor, mezclando lo inmezclable. Sería un mundo de promiscuidad. Tanto el escritor como el lector sentirían constantemente rabia.
Un genio del guión es el novelista Leopoldo Azancot.

La coma, aporta ritmo y música del fluir, de la respiración del texto o del discurso. Es la plenitud en libertad en la cual cada uno tiene su sello y su estilo y respira haciendo una pequeña pausa que ayuda a entender un todo vivo, fluyente, bien construido y libre, sin desbordamientos. La coma evita, además, repeticiones y pesadeces. Deja fluir de manera biológica, orgánica. Sería imposible escribir sin comas. La coma es el mínimo básico en arquitectura del discurso. Y es, también, el mayor y más sutil de los lujos.
Las personas que no ponen comas son confusas e invasoras, son aprovechadas y manipuladoras, y, a la vez, no tienen identidad ni dignidad. Son trepadores. Las que usan excesivas comas son ampulosas y, a la vez inseguras y cobardes. Quieren ponerse por encima del lector o del oyente sin tener nada notable para destacar. Además son pesadas y caóticas.
Un genio de la coma es André Gide.
El encuentro del guión y de la coma encarna lo presente por antonomasia. Es un lujo exótico inaudito y la mayor de las sencilleces. El guión introduce presencias encarnadas y rotundas, la coma las hace respirar y fluir, existir y seguir existiendo. La coma es baile, danza, alegría y libertad. Vivos y fluyentes como un río.

GLORIA Y ESPLENDOR AL SERVICIO DEL CENTRO:

Toda esa gloria, todo ese esplendor que mostramos, tiene un origen y una finalidad. El mismo origen y la misma finalidad. Origen y retorno del Centro y al Centro. Como ya mostramos, el Centro es nuestra séptima estructura, estructura de la cual provienen todas las demás y por la cual accederemos a más y mejores estructuras. Esto podría parecer un acto de fe, una declaración sin fundamento.

¿Cómo demostrarlo más científicamente? Muy fácil: por lo absurdo. No encontramos ninguna forma de demostrar científicamente que todo tiene como origen el VACÍO REPLETO del Centro. Y las actuales doctrinas del Bing bang y la teoría del caos nos parecen, a más de absurdas, una estafa y un insulto a la inteligencia. En el MAT, la séptima estructura humana existe en todo lo existente y es el origen de todo lo existente. Es la sexta estructura para los animales, la quinta en las plantas, la cuarta en los elementos, etc. ¿Implica la existencia de un Creador? No necesariamente: implica la existencia de un principio de organización inteligente en el mundo físico que nos rodea. Sólo eso. Las personas que no tienen muy energetizado su Orientador y no perciben lo sagrado no necesitan mayores actos de fe.

Nosotros, como la Séptima estructura, el Centro, es por esencia VACÍA y no posee ninguna emoción ni ningún sentido, no podemos demostrar su existencia como lo hicimos con las seis otras. Pero sí podemos demostrar qué cosas terribles y patológicas pasan cuando metemos cualquiera de nuestras seis otras estructuras, emociones o sentidos dentro del Centro. Si no existiera nada en el Centro, si no tuviéramos un Centro, no pasaría nada. Si ocurre algo, y un algo tremendo además, es que allí hay algo muy importante que debe estar vacío para poder funcionar y para que la evolución prosiga.

Es fácil entender qué pasaría si pusiéramos, como muchos lo hacen, nuestro Rector en el Centro. En el mejor de los casos, perderíamos la armonía de la estructura centrada e integrada, dando prioridad y prelacía al Orden sobre todas las demás cosas y valores, tanto para nosotros como para los demás. Seríamos así, rígidos y autoritarios, fanáticos de la forma, que tendría prioridad sobre el contenido. Si pusiéramos el Sintetizador seríamos aburridamente racionalistas y limitados. Si el Vitalizador, seríamos justicieros e iracundos. Si el Transformador, seríamos soñadores sin aterrizar. Si el Protector seríamos mesiánicos y salvadores. Si el Orientador, seríamos mágicos y supersticiosos. Y si nos pusiéramos a nosotros mismos en el centro, seríamos psicópatas narcisistas.
Para que seamos lo que estamos diseñados para ser, es decir, seres humanos centrados y viviendo en la gloria y en el esplendor, con toda naturalidad, sencillez y cotidianidad, el Centro debe estar escrupulosamente vacío.

El Centro es nuestro cordón umbilical con la creación y con los seres de más dimensiones que las nuestras. Y todas nuestras estructuras, emociones y sentidos han de estar al servicio absoluto, total e incondicional de ese Centro. Esta es la condición necesaria y suficiente para que seamos. Y para que seamos cada día más. Lo que entonces ocurre, además de armonía y de centramiento, lo dejamos a la experiencia de cada uno de nuestros lectores, pues se trata de experiencias que, por demasiado íntimas, entran en el dominio de la más respetuosa intimidad e individualidad, a más de sacralidad. Por lo tanto, al menos en esta obra que es ciencia y no testimonio, no haremos un sólo comentario más al respecto.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

¿Qué aporta el MAT en la completitud del ser humano?

Preciada Azancot, el 21 de agosto de 2014.

¿Qué aporta el MAT (Metamodelo de Análisis Transformacional) que he creado durante 40 años de investigación y que verifiqué sobre más de 100.000 casos durante treinta exitosos años, a las preguntas e inquietudes que plantean en esta Plancha que pongo a continuación? Esa luz, en sí-misma, se llama ESPÍRITU y nos Orienta en las esferas de la Plenitud. Funciona con la Alegría, definida como capacidad innata de fluir en libertad para encontrar Verdad (relativa y progresiva, pues jamás ha de ser considerada definitiva ni completa). RIGE LA INFINITUD. Y su esencia es el Ser, la capacidad transformadora que funciona con el Orgullo definido como capacidad innata de crear, crecer y hacer crecer para colaborar humildemente a la Evolución de la especie y al progreso de la Humanidad, vista como Creación en Evolución. El Ser, cuando lo Es de verdad, abomina del Ego, de la soberbia, de la arrogancia y del Narcisismo. RIGE LA ETERNIDAD. La esencia del Ser está en la Mente, que funciona con Tristeza auténtica definida como capacidad innata de percibir con sensibilidad, la pérdida temporal o definitiva de algo vivo y bueno que merece ser conservado y cuidado con compasión y atención y nos torna inteligentes así como aptos a solucionar problemas erradicando sus causas. RIGE LA INMORTALIDAD.

Estos tres saltos de la conciencia: tristeza, orgullo, alegría, es decir, Mente, Ser, Espíritu, conforman el triángulo Masculino de nuestra estructura universal de personalidad. Su conquista y perfeccionamiento ha guiado la Masonería desde su fundación POR EL REY SALOMÓN y lo harán por siempre: PERO ESTA BÚSQUEDA ES SÓLO LA MITAD DE LA REALIDAD, LA MITAD DE NUESTRO PATRIMONIO Y DE NUESTRO POTENCIAL COMO SERES HUMANOS. Este triángulo es el que llamo TRIÁNGULO MASCULINO INTERIOR y está caracterizado por el triángulo con punta hacia arriba de la estrella de David. Del punto de vista perfección en su realización, la encontramos sólo en la Masonería Alta y en Israel como Estado y Nación. RIGE LA GLORIA DE LA CREACIÓN CUANDO OBEDECE A SUS LEYES VERDADERAS.

Para alcanzar la completitud, falta integrar la otra mitad de la realidad: El triángulo FEMENINO interior compuesto de ÉTICA ARMÓNICA, que rige el Derecho (basado sobre la presunción de inocencia de los 10 mandamientos del Derecho Natural) y pone límites a las amenazas a la integridad ajena y propia y que funciona con el Miedo definido como capacidad innata de percibir las amenazas a la integridad propia y ajena. RIGE LA INMANENCIA, la cual es esencia de la CORPORALIDAD JUSTA que rige nuestros valores, nuestra cultura y nuestro estilo de liderazgo y que garantizan una justicia viva y carnalizada en el cuerpo social así como personal, sano, ESPONTÁNEO, vital y que funciona con Rabia, definida como capacidad innata de percibir y de reaccionar ante mentiras, agresiones al inocente, manipulaciones y subversión de la verdad, denunciándolas y proponiendo valores más altos, justos y ecuánimes y sanea nuestro CUERPO, tanto personal como social, con Ecuanimidad. Un cuerpo realmente sano se tornará cada vez más sutil y alcanzará la Astralidad en sí y afuera, de modo a experienciarse a sí mismo y a los demás como parte viva y vibrante del Universo. RIGE LA ASTRALIDAD (y por eso permite irse completo y VIVO a dimensiones más elevadas y depuradas tras nuestra muerte). Esta corporalidad sana es a su vez esencia de la PERTENENCIA, y Solidaridad que funciona con el Amor, definido como la capacidad innata de crear, crearse Y ENTREGARSE a un espacio seguro donde cada cual pueda llegar a ser lo que nació para ser, es decir, en el cual no sólo conservar lo poquito que pudo proteger, sino recuperar lo mucho que ha perdido en el camino. Esa Pertenencia rige EL ALMA, definida como el ANHELO DE LA ENTREGA AL AMOR PURO. RIGE LA UBICUIDAD.

La completitud lograda, se consigue en la coronación del equilibrio perfecto, cerrando el círculo de su CORONACIÓN COMO SER CREADO EN PERPETUA EVOLUCIÓN, en el ser humano y en sus creaciones (todas las organizaciones son obras humanas y lo son) y se representa así:

Completitud del ser realizada - 2014

Ahora bien, es ficticio e inoperante esperar que lo masculino traiga a la unión del todo su propia parte depurada y que la mujer traiga la suya depurada. Inevitablemente caerían el primero en el Machismo y en la Arrogancia y la Segunda en el Feminismo y en la Sumisión Sacrificatoria (el tercer milenio será signado por esa tendencia que yo denuncio tanto como la primera tendencia que rigió en el mundo durante cinco milenios), y ambos formarían una simbiosis destructiva que está perfectamente descrita por Albert Cohen en “Bella del Señor”.

Con el MAT se aprende, desde las primeras sesiones que lo AUTÉNTICAMENTE MASCULINO, que EL HOMBRE VERDADERO es aquel que protegió y depuró su dimensión masculina Y CONQUISTÓ Y ENTRONIZÓ EN SÍ SU DIMENSIÓN INTERIOR FEMENINA. Y la MUJER VERDADERA es aquella que protegió y depuró su propia dimensión femenina y CONQUISTÓ Y ENTRONIZÓ EN SÍ SU DIMENSIÓN INTERIOR MASCULINA.

Y, sólo se puede lograr esa gran civilización, ese BIO-HUMANISMO, con el MAT, porque el MAT descubre la estructura universal del ser humano que es de Siete dimensiones y no de cuatro como se creyó desde la Grecia antigua y hasta mí. Y descubre su ingeniería emocional y sensorial así como MUCHAS DE LAS LEYES INNATAS Y PRENATALES (UTERINAS) QUE RIGEN EL FUNCIONAMIENTO DE LO HUMANO.

Y, le moleste a quien le moleste: ES OTRO APORTE, Y NO MENOR, DE LA GENIALIDAD JUDÍA EN EL MUNDO. Porque me registren como me registren, yo ¡SOY JUDÍA POR LOS SEIS COSTADOS! El Séptimo costado, que hay que dejar vacío de mitos, arquetipos e ideologías, no tiene identidad personal ni genética tampoco así que lo ignoro y me encanta ignorarlo. Y entregaré mis descubiertos a los que sean más lo mío: Israel, la Diáspora Y A QUIENES NOS AMEN APASIONADAMENTE. Y es mi última palabra.

Además hay dos factores OBJETIVOS que garantizan la eficacia en el aprendizaje de este proceso supremo de crecimiento MAT:

1º) A este estadio de crecimiento NO SE ACCEDE “porque sí”, se accede en un largo proceso de estudio, aplicación de buena fe y crecimiento continuo de trece exigentes años ininterrumpidos de duración. Lo cual no impide, por la potencia y veracidad de estos descubrimientos, multiplicar por cuatro la potencia personal u organizacional en 50 horas.

2º) El MAT, por ser CIENCIA Y SÓLO CIENCIA, la del descubrimiento y restauración de LEYES NATURALES QUE RIGEN LO HUMANO, es un Boomerang que se voltea contra quien lo usa con ánimo de conseguir poder o de fortalecer su Ego narcisista. Si no, que se lo pregunten a estudiantes inescrupulosos que mintieron en su propósito de aprenderlo: simplemente la potencia adquirida se va de sí y se evapora, pues el MAT se basa en lo AUTÉNTICO y toda falsedad anula y hasta revierte (en el sentido de vivir en la vacuidad y desolación con PLENA CONSCIENCIA de lo perdido, pero siempre con la opción de volver a conquistarlo limpiamente) el acercamiento a él. Querer trampear con el MAT es tan vano como tirarse de la Torre Eiffel y pretender volar, pues no se puede pretender someter la ley de la gravedad a patéticas pretensiones del Ego propio o ajeno (idolatría).

En cuanto a mí, todos los que me conocen (y ya hay más de 3.000 directivos formados al MAT por mí en dos continentes) saben que el MAT existe oficialmente (registrado en propiedad intelectual) desde 1987 tras cinco largos años de experimentación sobre unos 50.000 casos. Y saben también que siempre me mantuve callada y discreta, prohibiendo hasta referencias al MAT en mi Muro de facebook Y QUE SÓLO ME HAGO RESPONSABLE DE LO QUE ESCRIBÍ YO-MISMA, EN MIS MÁS DE 25 LIBROS (de los cuales 19 están publicados y en Amazon). Pero estamos en un momento demasiado apremiante, peligroso y sin opciones reales a la vista, como para justificar un segundo más el silencio voluntario dedicado a la investigación pura y dura en el que me mantuve toda mi vida. Me cuesta mucho hablar de todo esto, pero lo considero mi deber y mi obligación de Ética, Justicia y Amor, es decir, la manifestación de mi triángulo Femenino, siendo mi enseñanza, toda, mi vida personal y mi obra, la manifestación depurada de mi triángulo Masculino, en trono. Y eso, le moleste a quien le moleste, también es JUDÍO.

Preciada Azancot, el 21 de agosto de 2014.

Respondiendo a Vicente Alcoseri, en su publicación de facebook:

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¿Cómo se obtiene esta Gran Luz? Siempre se ha hablado de ella en Masonería. Para hallarla, el masón ha de diseccionarse, muy dentro de sí mismo. Tal es, en resumen, la substancia de cuanta enseñanza trata acerca de ella- escrito por (Kadyr ) 30/03/09 El Universo para el masón no es únicamente aquello que nos muestran los cinco sentidos. No únicamente la mera escena exterior. En realidad, jamás es únicamente la escena exterior, sino que siempre constituye la combinación de uno mismo con ella. No es la mera percepción de los cinco sentidos, de este duro mundo de la tierra, de aquel distante punto de luz en el espacio, sino la percepción de ideas, la captación de verdades, el darse cuenta de significados, el ver las cosas más familiares bajo una nueva luz, el intuir su esencia, el experimentar sufrimiento y regocijo. Se nos da como regalo del cielo y también como un hecho terrenal. En su escala más grande yace más allá del dominio de los sentidos y se le puede discernir tan sólo interiormente, por medio de la comprensión. Puede, de pronto al iniciarse masón , abrirse en el corazón o en la mente un reino de experiencia interior que no corresponde al mundo exterior, pero que puede interpretarlo. Entonces nos baña la Gran Luz de la comprensión. Luz sin falsedades, experiencia pura, luminosidad sin sombra en la que se desvanece la dureza del propio ser. Y vemos con la autoridad intelectual que nos da el significado. Palpamos, pero sin aquel sentido de separación que el contacto físico nos da inevitablemente. Sentirnos en profundidad sin hablar con nosotros mismos, libres del espejo de la personalidad superficial. Cada experiencia de esa Gran Luz que nos crea profundamente. Esa Gran Luz creadora que transforma el significado de todas las cosas y que el hombre ha buscado desde el comienzo del tiempo. esa Gran Luz que a nadie puede engañar. Significado que nos muestra lo que siempre hemos sabido, pero que jamás hemos tenido la fuerza de recordarlo. No sólo nos sentimos creados por cada experiencia de esa Gran Luz, sino que decimos que ella es lo que hemos buscado siempre: este significado, esta realidad, esta dicha mal interpretada al buscarla en mil direcciones físicas e inútiles. Esto es lo que todos deseamos y que la luz externa del mundo pretende ofrecemos, pero que jamás da. La unión que se percibe es, en verdad, unión, la idea oculta tras nuestras extrañas vidas de búsqueda, de nuestras vidas incompletas. ¿Cómo se obtiene esta Gran Luz? ¿Cómo lograr esa unión con el significado? ¿A través de qué brilla? ¿Dónde hemos de hundir el bisturí para abrirle paso? Siempre se ha hablado de ella en Masonería. Para hallarla, el masón ha de diseccionarse, muy dentro de sí mismo. Tal es, en resumen, la substancia de cuanta enseñanza trata acerca de ella. Y el hombre no podrá hacerlo, a menos que comience a verse a sí mismo directamente, como un nuevo acontecimiento, como el suceso diario de sí mismo; sin analizarse, sin criticarse, ni como motivo de palabrería. Esta calidad de conciencia que conduce a la región por la que se recibe el significado, no es la conciencia que de ordinario tenemos. Muchas son las cosas que nos entorpecen el camino. Primero, la fuerza de la imaginación que nos extravía. Imaginamos que esa Gran Luz ya la tenemos. La suposición imaginativa es el material psíquico con el que puede fabricarse cualquier sustituto de la realidad. Es la fuerza negativa más poderosa de la vida. Luego, hemos de practicar constantemente el proceso en que la conciencia se usa como bisturí de disección. Y esto requiere un esfuerzo que no se precisa para la vida en el mundo. Por eso olvidamos con facilidad y no mantenemos vivo lo comenzado en la empresa. Pero, antes de que semejante cosa nos sea posible, es preciso que se sienta la realidad de un aspecto interno del Universo y que se sepa que este aspecto se capta sólo a través de los sentidos internos. Es preciso darse cuenta de que uno vive profanamente volcado hacia fuera, en un mundo de efectos cuyas causas ocultas conducen a misterios más allá de la capacidad humana de solucionarlos. También se ha de dar cuenta el hombre de que lleva en sí mismo estados que le son totalmente desconocidos. Cuando vive bajo el dominio de los sentidos, el hombre está al revés. Piensa que el sentido precede a la mente. Y entonces nada de lo interior puede pertenecerle porque ha invertido el orden natural. En última instancia, tratará con todo por medio de la violencia. Pues si se toma el objeto sensorio como la ubérrima y suprema realidad, se le puede aplastar, dañar, violar o matar. Por este motivo es que, psicológicamente, el materialismo es cosa tan peligrosa. No sólo cierra la mente y su posible don de desarrollo, sino que todo lo da vuelta al revés, al extremo de que explica la casa por los ladrillos, el universo por sus átomos y su contenido, con una serie de explicaciones de bajísima calidad. El propósito de la Masonería ha sido siempre dar Luz al hombre. En sí mismo el hombre es la Logia que se comunica con lo de arriba y lo de abajo. Tiene un aspecto interno y uno externo. Las grandes catedrales que construyeron nuestros hermanos masones operativos, no eran sino representaciones vagas del hombre, bellas a medias y no totalmente terminadas aún. Entonces fue cuando nos dimos cuenta de nuestro grave error, y en lugar de hacer templos físicos de piedras y maderas, nos dedicamos a construir en nosotros los seres humanos templos vivos, donde pudiera brillar realmente esa Gran Luz..https://groups.google.com/forum/#!topic/secreto-masonico/vrUGtm9mLrg