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REFLEXIONES COMO PUENTE ENTRE PASADO Y FUTURO EN EL DEVENIR DEL PUEBLO JUDÍO

Comentarios a la entrevista “El rol del pueblo de Israel, con el rav Michael Laitman”, en http://www.radiosefarad.com/

Michael Laitman - Foto tomada de Radiosefarad.com

Michael Laitman – Foto tomada de Radiosefarad.com

Arrancando por un comentario sobre las declaraciones del Rav Michael Laitman, intentaré abrir una ventana al futuro del Pueblo judío tal y como lo veo. Primero algunos puntos comentando las declaraciones del Rav:

1º) La visión del Rav Laitman no es sino la tradicional y clásica de los Cabalistas, pero, antes que ellos, de los Profetas Judíos. En efecto, desde siempre ha habido dos corrientes principales y complementarias inherentes al Pueblo judío: la visión Talmudista, legalista, de tipología MAT Legisladora, ejemplificada por Moisés así como por los Sacerdotes del Templo y la visión Cabalista y antes profética y mística encarnada en Abraham, en los Profetas bíblico y también en Jesús de Nazaret, rabino judío paradigmático cuyas visones son de tipología MAT Reactivadora.

2º) Estas dos corrientes están hoy representadas en su versión territorialista por el estado de Israel en su versión legalista y en la Diáspora judía universalista y humanista que siempre fue responsable y artífice de los grandes saltos civilizadores e innovadores de la Humanidad y que lo sigue siendo.

3º) La unión indisociable de estas dos vertientes del Pueblo Judío está representado por su símbolo de identidad: la estrella de David, que en realidad preexistía a David que la tomó como su escudo y que se llama en el MAT Estrella Primigenia, una Megaestructura de origen fetal que simboliza la potencia integradora y transformadora del proceso de individuación al unir y equilibrar en igual valía la dimensión femenina interior y la dimensión masculina interior, propias de todo ser humano. El MAT descubre y revela las seis dimensiones interiores de la auténtica estructura humana universal y su ingeniería emocional y sensorial al servicio de un Centro Vacío de presencias arquetípicas, míticas y religiosas, Centro responsable de nuestra Evolución. Así descubre el MAT las Leyes inherentes al ser humano evolucionado y su devenir histórico. Aquí represento una vez más la Estrella Primigenia del MAT:

Completitud del ser realizada - Preciada Azancot 2014

Completitud del ser realizada – ©Preciada Azancot

4º) Tal y como el rav Laiman señala, la tarea pendiente de AMOR Y SOLIDARIDAD atañe única y exclusivamente al interior del Pueblo judío que deberá cuanto antes establecer sus nupcias reales entre su propia dimensión femenina diaspórica y su propia dimensión masculina Israelí. De ningún modo significa un deber de más amor hacia otros pueblos, pues si algo está claro es que la Diáspora se ha pasado de ejercer dicho amor, inclusive de modo salvador y patológico, hacia los pueblos de acogida. Al punto de ser llevados a la crucifixión y al matadero por los gentiles, una y otra vez. Y está claro que ¡nunca más! ha de justificar su existencia sino que ha de luchar por verse reconocido como PATRIMONIO CULTURAL UNIVERSAL DE LA HUMANIDAD CON HABEAS CORPUS INDIVIDUAL INTEGRAL por todos los pueblos del mundo. De igual modo, Israel deberá ver a la Diáspora como su propio yo femenino y apearse de su arrogancia y paternalismo algo machista con ella. En cuanto a la Diáspora, deberá definitivamente apearse de su ancestral visón de caperucita redentora y salvadora de sus verdugos y voltearse hacia el amor de su único destinatario: su propio yo masculino, Israel. En este momento de la historia aún faltan algunos años y mucho dolor y sacrificios aún para llegar a esta visión con nitidez y urgencia. Lo que no impide que la tarea sea impostergable y de vital importancia. No solo para el Pueblo judío, sino para toda la Humanidad.

5º) En efecto, la base auténtica del Amor es el Orgullo creador, crecedor, innovador y civilizador, cuyo mayor exponente y no de ahora sino de siempre, es justamente el Pueblo Judío y ese orgullo es “casualmente”, también, el talento potencial del Planeta Tierra de tipología Constructora. Así que es una tarea impostergable y urgente, vital inclusive, que el Mundo asuma ese orgullo y reconozca a éste donde está, con admiración y respeto, dejando así de convertir su propio talento virtual en su contrario: la envidia y la competitividad, únicas causas endémicas del antisemitismo histórico así como de la descalificación de todos los genios del mundo. Al asumir, manifestar, institucionalizar y consagrar el orgullo donde esté, tanto en el Pueblo Judío como en los genios del mundo, el planeta podrá acceder a un nuevo Bio-Humanismo civilizador que significará un salto en la evolución del progreso y bienestar del mundo. Nunca antes. De ningún modo, antes.

6º) En dichas circunstancias, el Pueblo judío culminará su misión histórica y servirá de catalizador de una nueva era de bienestar y prosperidad en el mundo. En la visón Reactivadora mística, se llamó esta era “Era Mesiánica”, pero en la visión realista histórica, esta es la vía para que “La Shejiná –dimensión femenina del yo judío- nunca más esté en exilio”. No hay atajo posible ni manera de obviar los pasos que nos conducirán a un mejor futuro para todos.

Preciada Azancot

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EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 5: EL TRANSFORMADOR

El Transformador accede a categorías nuevas y desconocidas, permitiéndonos crecer y convirtiéndonos en creadores. Su función básica es el estatus y su función trascendente es la metamorfosis. El Transformador detecta lo que es acabado, perfecto y genial. Es la única estructura propia del ser humano y que lo diferencia del resto de la creación.

Esta estructura es complementaria de la del Rector, que detecta lo que no es (aceptable, bueno, válido) al acceder a la aprehensión de lo que sí es (válido, bueno, definitivo) o podría ser. Por ello, accede a lo virtual, a lo posible, y detecta la medida de lo posible, siempre en crecimiento y en transformación.

En el gráfico de la página 122, el Transformador está representado por el trapecio abajo a la izquierda y forma parte del CONECTADOR. El Transformador nos permite acceder a la percepción de la virtualidad y complementa al Vitalizador al aportarnos el acceso a la realidad imaginable que se puede plasmar y hacerse objetiva a través de nuestras obras de arte y de nuestras creaciones, así como de nuestro crecimiento.

Estructura MAT de personalidad - Preciada Azancot

Estructura MAT de personalidad – Preciada Azancot

Esta estructura es la menos conocida de cuantas componen la estructura humana, aunque ha sido la más investigada. Por lo aparentemente misterioso de su funcionamiento, siempre ha sido mitificada y relacionada con la intervención de los dioses que aportaban, caprichosamente, la inspiración y la determinación, que permiten la creación del genio y la superación del héroe. En el MAT esta estructura es tan objetiva y de conocimiento tan científico como cualquier otra. Y tan maravillosamente milagrosa también. Lo único que la diferencia de las demás es que es propia del ser humano, y nada más, en esta tierra. Los animales poseen las cinco restantes estructuras, casi exactamente como nosotros, que se relacionan entre sí, salvo la relación de éstas con el Transformador.
Aunque parezca opuesta a la estructura del Vitalizador, ésta es la base y fundamento de la estructura transformadora, porque tan sólo percibiendo la realidad palpable y sensible, podemos imaginar algo más teórico, como lo es la creación. Además, la percepción de la realidad y de la naturaleza tal y como es, siempre es la fuente de partida para la imaginación de lo que podría ser si ponemos en juego nuestra propia capacidad de crear y de crecer. Es a través de nuestro Transformador como podemos acceder a una nueva percepción de la naturaleza en cuanto algo creado también. Cuando el Transformador está fuera de uso, percibimos lo que nos rodea como algo que, sencillamente está allí desde siempre y sin ningún fundamento. Funcionamos como un animal, y, lo peor del caso, es que nos creemos superiores y científicos. La era generacional pasada insistía mucho sobre ese aspecto, aunque la época actual parece insistir sobre todo lo contrario y así será durante cuarenta y siete años más, tras los cuales nos adentraremos en un periodo de veinte años enteramente materialista y que negará toda realidad científica del Transformador. Pero eso, ya lo sugerimos y al final de esta obra lo demostraremos, es sólo cuestión de moda y de visión amputada de turno.
El Transformador accede a lo potencial, a lo que podría ser, y descubre, en este camino, un crecimiento infinito y siempre potencial de lo posible y de lo realizable.
El Transformador accede a la máxima comprensión de las cosas y muestra el por qué. Es lo contrario de lo misterioso, función del Orientador, es el acceso a lo más definitivo, rotundo, factible y objetivo porque se fundamenta en el contacto con el sí mismo, con el ser real y profundo de cada persona. Lo único que pasa, es que es la más desconocida y, además, la que más prejuicios ha despertado en la historia de la humanidad. En efecto, en el estudio y comprensión del Transformador se lo ha disparado siempre, por exceso, hacia lugares de un Olimpo inaccesible, inasible, al que sólo se podía tener acceso siendo un elegido de divinidades caprichosas que conferían la “inspiración”, o por abajo, como un signo muy peligroso, de locura y de utopía, que no debíamos explorar los humanos a menos de tomar el riesgo de enloquecer y que debíamos mirar con todo el miedo del mundo.
Para nosotros, el Transformador es una estructura más, tan válida y esencial como cualquiera de las cinco restantes, que obedece a leyes científicas, objetivables y conocibles a través de la observación y del sentido común. Lo único que la diferencia es que, siendo propia del humano, debemos tener más responsabilidad y conciencia en su custodia y utilización.
El nombre que le pusimos evidencia su principal función: la de transformar y de transformarnos. La función involuntaria de la transformación y del Transformador la compartimos todos los seres y las cosas de la naturaleza. La voluntaria y consciente es sólo patrimonio de los seres humanos. En efecto, cuando un huevo se transforma en pollo estamos en presencia del Transformador embrionario que toda la creación comparte, por ejemplo cuando dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno se transforman en agua. Cuando un cubo de mármol se convierte en el Moisés de Miguel Ángel estamos en presencia de la manifestación del Transformador voluntario de ese genio.

¿Qué hace el Transformador?

– El Transformador transforma: Cuando hablamos, transformamos sonidos en palabras. Cuando escribimos, transformamos letras también en palabras. Cuando hacemos una simple tortilla, transformamos huevos, aceite, queso en otra cosa comestible que decidimos llamar tortilla. Cuando nuestros antepasados usaron el fuego para iluminarse y cocer, alimentos transformaron la realidad perceptible por el Vitalizador en algo nuevo que antes no existía. Y cuando seguimos usando el fuego para lo mismo o para otra cosa, seguimos transformando el mundo de lo posible.
En nuestro cuerpo se producen miles de transformaciones que nos permiten vivir: los alimentos se transforman en enzimas, en vitaminas, en músculos. La médula transforma elementos para crear glóbulos sanguíneos. Y en la naturaleza se producen millones de transformaciones para que esté viva y se vaya creando en cada instante. Como por ejemplo la transformación de una semilla en un fruto o la transformación de humedad en una nube.
El MAT, como lo indica su propio nombre, posibilita la transformación de cualquier ser humano que se lo proponga, es decir que use su Transformador, en un ser real, liberado de su prisión tipológica; es decir que pase de usar, como máximo, el 80% de la energía transformadora innata, que tenía el día de su nacimiento, a millones % de energía al recuperar el esplendor de su estructura innata, actualizarla y ponerla a funcionar al servicio de su crecimiento. En nuestro proceso de enseñanza hemos logrado resultados asombrosos que han roto techos de todo lo registrado en crecimiento y creación de uno mismo en toda la historia (conocida) del ser humano. Y ello, a través de una ciencia precisa.

– El Transformador crea: Y no hay creación sin transformación. Cuando cocinamos estamos reproduciendo una creación ajena, la del inventor del plato, que nunca va a ser exactamente igual al original, o estamos creando algún manjar nuevo. Todo lo que no existía antes y nace a la existencia perceptible es una creación y surge del Transformador. Tanto lo bueno como lo malo, por ejemplo una enfermedad, sí, aunque parezca extraño, pues nosotros demostramos, en lo que conocemos a través de nuestras investigaciones clínicas, que todas las enfermedades investigadas ( cardiopatías, neuropatías, cáncer, neuropatías, enfermedades endocrinas, SIDA, obesidad, anorexia) son producidas por una o dos disfunciones emocionales cuando se cambia y se remplaza una emoción auténtica por otra, bien precisa y no acorde con su función. Así, al transformar el funcionamiento de nuestra estructura se crea una enfermedad.
Que creemos una albóndiga de ternera o “la divina comedia”, estamos usando la misma estructura de personalidad, el Transformador.
En cualquiera de los ejemplos dados a propósito de otras estructuras, cuando describimos el proceso de la estructura que funciona bien o mal, siempre llegamos a una creación. Ya sea la de un Rector que erige fronteras entre territorios y desemboca en la intervención de un Transformador que crea un estado, ya sea la de un Protector en mal estado que pretende encubrir al verdugo con una posición salvadora y redentora y que crea una prisión confundidora y asfixiante para el espíritu que se extravía pretendiendo rescatar al malvado que es totalmente consciente de su elección de imponer e instituir el mal. En este ejemplo tendremos un Transformador inflado hacia afuera por la soberbia de pretender poder hacer lo imposible: cambiar a otra persona. Al tiempo, ese mismo Transformador estará desinflado y anémico hacia adentro, porque estará convencido de que él no merece disfrutar del crecimiento normal y sano sin antes sacrificarlo a la voluntad de no crecer y al deseo de no dejar crecer de su verdugo.

– El Transformador imagina: Cuando retrocedemos ante algo que sabemos peligroso, estamos imaginando el castigo. Cuando nos encargan un discurso nos imaginamos diciendo nuestra verdad al auditorio, y así logramos crear la oración que nos proponemos hacer. Cuando las soluciones que conocemos ya no funcionan o lo hacen insatisfactoriamente, imaginamos hacerlo de forma completamente diferente y creamos otra opción. Y cuando decidimos hacer algo nuevo y retrocedemos ante el desafío, es bueno imaginarnos haciendo lo deseable porque, así, parte de la creación o del crecimiento estará hecho y sólo faltará pasar a la acción. No hay creación ni crecimiento sin imaginación.
El primer ser que fabricó una silla partió de cualquiera de sus estructuras; por ejemplo, del Rector, que diagnosticó las causas de un lumbago por mala posición, o del Sintetizador, que detectó una necesidad, o del Vitalizador, que protestó por no poder ver, -cuando estaba sentado, como siempre, en el suelo- lo que estaba sobre una piedra y que se colocó para ser comido, o por el propio Transformador, que buscaba una manera de colocarse al menos tan cómodamente como un mono sentado que comía de una rama situada más alta que su trasero, o de un Protector, que anhelaba compartir mejor sus alimentos, protegiéndolos de los animales, o de un Orientador que previó el uso de un utensilio cómodo y versátil. Y, de cualquier modo, tuvo que llegar al momento de imaginar varias posibilidades y formas antes de descubrir y crear lo que quería. Para ello tuvo que descartar lo que ya estaba inventado en su medio conocido (como camas o taburetes) y emitir su voluntad, pronunciándose, como por ejemplo decirse o decir: “no, yo quiero un asiento individual donde pueda reposar el trasero y la espalda cuando vaya a reunirme con mi gente”. Entonces visualizó, pasando al Protector, imágenes posibles, luego aceptó, con el mismo Protector, algunas. Y volvió al Transformador para anticiparse en probar las alternativas en el campo de lo virtual. Allí imaginó y luego se decidió, también tarea del Transformador, y luego creó.

– El Transformador representa y se representa: Cuando un actor hace una interpretación, representa un papel y logra que nos representemos a un personaje totalmente diferente de la personalidad del actor y de sus circunstancias. Cuando algún amigo nos recomienda un restaurante y nos da la dirección, nos representamos un mapa para ubicar el local y luego nos representamos el interior y hasta la comida que queremos encargar.
Cuando nos hacemos representar por un apoderado estamos usando nuestro Transformador y pidiendo a nuestro representante que de use el suyo para actuar y hablar en nuestro nombre.
Y nuestro Transformador representa, como ultimísima función, nuestro ser profundo y verdadero que diferenciamos del “parecer”, cuando llevamos una máscara. Cuando decimos “yo”, “tú”, “ellos”, “nosotros”, estamos haciendo una representación de lo que imaginamos que somos cuando en realidad las más veces es lo que tan sólo parecemos. Cuando le quitamos la máscara a ese parecer, descubrimos el ser, o parte del ser. Entonces, en rigor, podríamos decir “yo” o “tú” (si somos capaces de intuir con nuestro Orientador el ser del otro y representárnoslo con nuestro Transformador). Pero, obviando esa importantísima disquisición, cuando nos ponemos, imaginativamente, la máscara propia o la de otro para representarlo, estamos creando un personaje que es inventado y que vamos a hacer actuar con nuestra imaginación.
En el proceso de creación de una novela, tras la imaginación de los personajes, interviene la representación de éstos, a los que hacemos pensar, actuar, crear, sentir. Entonces se cuaja el proyecto de novela. Sólo queda escribir el esquema general y, luego, la novela.
Asimismo, un pintor se representa el cuadro que se propone pintar antes de hacerlo. Si no aprueba (también tarea del Transformador) esa representación, desiste de ese proyecto y crea otro que se representará antes de pasar a la ejecución.

– El Transformador permite crecer: Cuando pasamos de embrión a feto, de feto a bebé, de bebé a niño, de niño a adolescente, de adolescente a joven, de joven a maduro, de maduro a viejo y de viejo a anciano, no estamos hablando de desarrollo, -es decir, de más de lo mismo, función del Sintetizador-, sino de transformación en otra cosa que antes no existía. Eso es crecer. Es ser otra cosa.
Y cuando pasamos de ser persona común, del montón, a convertirnos en genio, en ser trascendido o culminado, estamos creciendo, y no, simplemente, desarrollándonos.
Actualmente, en las ciencias gerenciales, existe una total confusión y hasta una inversión, entre la noción de crecimiento y la de desarrollo. Se llama desarrollo al crecimiento y crecimiento al desarrollo. Nosotros alertamos sobre ese contrasentido y lo explicamos en el capítulo de las tipologías como una manifestación de la desconexión del orgullo y de su correspondiente debilitación del Transformador, propia del mapa Constructor, que corresponde a las ciencias gerenciales actuales. Para el MAT, que se basa sobre estructuras energetizadas por sus correspondientes emociones auténticas, el desarrollo es función del Sintetizador, alimentado por su correspondiente emoción, la tristeza, y significa más de lo mismo. El crecimiento es función del Transformador alimentado por su correspondiente emoción, el orgullo, y significa la conversión en otra cosa, que realiza lo virtual.
Nosotros, en nuestro trabajo de consultores, transformamos el I+D, -es decir la función de investigación y desarrollo- en división de creación, haciendo crecer a los integrantes, enseñándoles a utilizar su Transformador hacia adentro primero, para ser, y ser más creadores, y hacia fuera, creando lo que antes no existía.
El crecimiento implica obligatoriamente una transformación. Por ejemplo si estamos acostumbrados a sentirnos culpables en vez de cortar con la mentira, es decir, si no usamos bien nuestro Vitalizador, no bastará entender lo que nos pasa, paso indispensable por lo demás (tarea del Sintetizador), ni saber cómo debemos actuar para estar sanos (Vitalizador), sino hacerlo nuestro hasta integrarlo completamente en nuestro yo. Cuando esta integración se produce, se puede actuar y representar nuestra nueva forma de ser. Entonces se puede hablar de crecimiento, ya que no somos los mismos de antes.
Cuando veamos, dentro de tres capítulos, las fases de evolución tipológicas, nos representaremos plenamente lo que significa crecer, al observar el abismo que separa a una persona conectada, es decir que recuperó sus seis estructuras y sus seis emociones auténticas, de otra persona de la misma configuración inicial pero disociada, es decir que perdió toda la potencia de su funcionamiento innato y cayó en el abismo de la fórmula letal. El proceso de reconexión es posible y viable con el MAT, que muestra el camino de la transformación del estar en ser. Eso es crecer.

– El Transformador accede: Al establecer el salto que permite pasar de lo conocido a otra categoría o tipo nuevo de posibilidad, el Transformador nos permite auparnos a un nivel antes ignorado que nos permite acceder a lo profundo, a lo nuevo.
El movimiento real que efectúa el Transformador no es lineal, aunque la línea sea vertical, sino en espiral que se abre como un cono hacia arriba, haciendo que cuando estamos en el círculo de arriba estemos despegando del nivel en el cual estábamos antes. Y cuando accedemos al conocimiento, a la experiencia o al descubrimiento de algo nuevo y grande, no es que lo que descubrimos no existía antes de nosotros acceder a él, sino que estábamos en un nivel inferior en el cual no podíamos percibir lo que aprendemos cuando nos elevamos. Por ello, muy frecuentemente, dos o más personas descubren lo mismo en lugares muy alejados en una misma época.
Y si el Transformador accede es porque se busca, pues también buscarse es función de esta estructura cuya función esencial es el acceso al SER.

– El Transformador descubre: Todos los descubrimientos son producto y manifestación del Transformador. Que sea el descubrimiento de América o de la penicilina estamos hablando de un mismo proceso, el del descubrimiento. El movimiento más frecuente es el de buscar primero (tarea del Sintetizador), acceder después, descubrir en tercer término. Pero no siempre es así, al menos de manera consciente. A veces se descubre como primer paso y eso significa que la búsqueda ha sido inconsciente. Por lo sorpresivo del efecto del funcionamiento del Transformador cuando ya vuelve de sus andanzas con un descubrimiento es por lo que se habló tanto en la historia de intervención de los dioses. Pero no es así. El Transformador busca nuevas opciones, opciones que no están en nuestro repertorio archivado en nuestro Sintetizador. Por ejemplo, cuando una persona busca afanosamente una nueva opción y no la encuentra y decide dejar reposar el problema, durmiendo por ejemplo, y despierta a la mañana siguiente con la solución, es que el Transformador prosiguió su función hasta dar con la idea nueva que transformará la situación anterior.
Otro tópico que está tan extendido como el de la intervención de los dioses en la “inspiración”, -que es sólo una patología del Transformador que se nutre con alegría en vez de su emoción natural, el orgullo, como veremos en el capítulo siguiente-, es la creencia tan extendida en que debemos sentirnos acorralados y desesperados y llegar a extremos de desgaste límites para poder descubrir. La realidad del funcionamiento del Transformador es totalmente opuesta: cuando nos encontramos con un problema y nuestro Sintetizador no puede resolverlo porque la opción no está repertoriada en nuestra experiencia pasada ni depende de una nueva combinación de elementos conocidos, también tarea del Sintetizador, el Vitalizador interviene para borrar elementos que traban la búsqueda de la solución, si es que los hay, y entonces interviene el Transformador para descubrir nuevos caminos y crear una opción nueva, y diferente de lo ya conocido. No hay sufrimiento ni arrinconamiento en un proceso natural y sano. Lo cual significa que por lo común no se funciona sanamente y, de allí, el sufrimiento. El Transformador simplemente descubre, porque esa es su función. El único secreto para que lo haga, secreto por lo demás general en lo que se refiere a cada una de nuestras estructuras, es que esté alimentado por su energía natural –en este caso, el orgullo-, tema del próximo capítulo.
Otro tópico que plaga el conocimiento del Transformador es que lo nuevo reposa sobre lo viejo y es más de lo mismo combinado de otra forma. Y eso, también es falso. Lo nuevo utiliza elementos conocidos descubiertos por otros Transformadores, por ejemplo, la línea para hacer un dibujo. Pero el dibujo en sí, si proviene de un Transformador sano, será totalmente novedoso. Si no lo es, es porque el Transformador funciona mal –en este caso remplazando auténtico orgullo por falsa tristeza-.
¿Cómo se descubre entonces? Sencillamente dejando funcionar el Transformador cuya función primigenia y única es ponernos en contacto con nuestro ser, con nuestro yo profundo. Y nuestro Transformador, por ello, es la única estructura capaz de descubrir, crear, crecer en una vía original y exclusiva. Porque somos únicos e irrepetibles. Si estamos ocupados en ser nosotros mismos, y en serlo cada día más, creceremos y descubriremos todas las respuestas a cualquier pregunta, por más extraña que sea. Si, en vez de ello, estamos obsesionados en fabricarnos máscaras que nos alejen de nuestra autenticidad y de nuestro crecimiento, estaremos abocados en acallar nuestro Transformador, primero, para, a continuación, manipular y tratar de tener poder sobre los Transformadores ajenos. Entonces la potencia, inherente al Transformador, se transforma en su contrario y en su aberración: el poder. Y ya no hay crecimiento ni transformación posible a menos de rectificar el camino, decisión también del Transformador alertado por el Rector.

– El Transformador reconoce lo válido en la creación ajena y, antes, en la propia. En efecto, el reconocimiento de lo válido, de lo nuevo que se transforma en innovador, de lo grande que supera en talla y en calidad lo ya conocido y consagrado, es la primerísima tarea del Transformador, pues sin esta cualidad no sería posible ni la auténtica creación ni el reconocimiento y la admiración por lo grande ajeno. Cuando uno está descubriendo o creando, si no es capaz de reconocer lo nuevo, lo transformador, mal puede aceptar o descartar los conceptos o las formas que surgen del Transformador. Con lo cual se bloquearía y se sumergiría en un mar de dudas, confundiendo así su propio Sintetizador y estas dos estructuras de los demás. El mundo no hubiera podido evolucionar en absoluto. Ni se hubiera podido consagrar ningún creador ni descubridor.
El Transformador sano está en permanente indagación para superarse a sí mismo, y, para ello, sabe reconocer todo crecimiento, toda novedad, todo descubrimiento válido. Y eso, sólo es posible si la función inherente al Transformador es descubrir el por qué de las cosas y decidir: “¡Ah!, si es por eso, es válido”. Es lo que enciende la famosa bombilla con la que se representa en los tebeos al Transformador en funcionamiento. Cuando no se detecta el por qué, la causa real y definitiva de las cosas, se sigue dudando y es imposible el reconocimiento real. Puede remplazarlo un acto de fe o un argumento de autoridad, ambas opciones que niegan al Transformador y lo sustituyen por un Orientador idolátrico o por un Rector castrador.
Y, también, la incapacidad de reconocer lo válido en algo creado por otro, se debe a la incapacidad de reconocer lo válido en uno mismo. Esa falta de seguridad en lo bueno propio lleva a la desvalorización de lo ajeno. La sobrevaloración propia (endiosamiento y soberbia) lleva igualmente a la misma consecuencia.

– El Transformador prueba: en la tarea de investigación, propia del Transformador, y que hay que diferencia de la tarea de información –propia del Sintetizador- ,está como función inaplazable el probar opciones, formas, conceptos e imágenes nuevas y diversas antes de decidirse por la mejor, por la más innovadora y adecuada a la intención del creador.
El probar nos permite, al menos, dos cosas: el descubrir el sabor de lo nuevo, función del Transformador, para aprobarlo y hacerlo carne -pasándolo al Vitalizador, que dará una nueva energía como base del Transformador, el cual incorporará ese nuevo hallazgo para otras creaciones- e incorporar algo nuevo para dejar que nuestro yo juegue e invente con él. Basta observar a un bebé que está en su proceso de exploración y descubrimiento del mundo y de sí mismo para darse cuenta de ello. El bebé juega con su pie, el no sabe que es un pie, lo prueba como chupete y descubre otro sabor, lo prueba como juguete y descubre decenas de usos nuevos que va incorporando, lo manipula dándole mil vueltas hasta que descubre, en una mala posición, un dolor, lo repite y vuelve el dolor, entonces el bebé descubrirá ese juguete como algo suyo, como parte de su yo. Más tarde aprenderá, también con su Transformador, a nombrarlo, y será su pie. En su incorporación de parte de su yo, el bebé incorporará, gracias a su capacidad de probar, experiencias y convicciones de placer con su pie.
Existe otro tópico en este apartado: el de creer que todo descubrimiento o creación se hace a base de prueba y error. Esto es confundir y mezclar la función de varias estructuras para descalificar al Transformador. El Transformador prueba y elige, el Vitalizador descarta y el Sintetizador corrige los errores. Esa visión desconoce, a la vez, la función de las tres estructuras. Ocupándonos del Transformador, probar y elegir no significa que haya error. Lo que no se elige para una creación se reservará para otra. Lo esencial es probar. Y la creación surge cuando el acto de probar nos sugiere otro sabor nuevo que se persigue conseguir. Cuando el Transformador está sano no necesita realizar una obra mala, pues el probar, realmente o con la imaginación, basta para disuadir y buscar a probar algo más acorde. Un auténtico creador no crea para destruir. Sabe lo que va a surgir en cuanto se imagina probándolo. Y lo que crea entonces es bueno.

– El Transformador elige: Cuando estamos creando, si el Transformador no está limpio, puede confundirse con formas viejas que solicitan mezclarse con lo nuevo para crear. Es así como ocurre en la creatividad, forma inferior de renovar las cosas, por lo demás tan expandida, y totalmente diferente de la creación, que se basa en lo absolutamente nuevo, elevado, y grande. La creación es lo único que puede transformar el mundo, aportando la irrupción del descubrimiento de algo que las más veces siempre estuvo allí pero que nadie había descubierto antes. Como por ejemplo que la tierra es esférica y que gira alrededor del sol. O por ejemplo, la estructura de personalidad MAT y su ingeniería emocional en sus 58 patrones posibles. O la mecánica cuántica. O los efectos de la luz sobre la materia que dieron origen al impresionismo. Cuando el Transformador está sano, pueden y deben surgir formas múltiples, todas válidas, entre las cuales poder elegir la mejor. Para ello existe un diálogo, dialéctico y perfecto, entre un Rector libre de prejuicios que detecta lo que no es y el Transformador limpio y puro que descubre lo que sí es. Con lo cual, cuando esto funciona bien, la elección es siempre fácil.
Al ponernos en contacto con nuestro ser, la elección se hará, a la vez, más fácil, ahorrándonos dudas, y más variada, amplia y rica: cubrirá un inmenso repertorio de todo lo válido, rico, variado. Cuando nos ocultamos bajo una máscara que reduce y niega la grandeza de nuestro yo, la elección se hará en un registro muy reducido y repetitivo.

– El Transformador determina: El Transformador que funciona bien no duda, no vacila: encuentra, crece y determina, en cada estado de su propia evolución, lo que es y será siempre. No tantea, reconoce y crece en ese reconocimiento. Estas afirmaciones recuestionan una serie de tópicos sobre el dolor del creador. Un creador accede a categorías siempre más puras y altas sin ningún dolor, sino con solidez y convencimiento y también deslumbramiento. El sufrimiento, las dudas, las vacilaciones son efectos de interferencias en el Transformador o de hipotecas sobre él, como analizaremos más tarde.
En el acto de determinar se necesita más firmeza que en otros actos del Transformador. Y más diálogo entre el Rector y el Transformador. Pongamos el caso de un diálogo interno. La víctima de ello escucha y siente una voz de autoridad que le discute su natural derecho a ser sí mismo, a elegir lo que decide hacer. Y se pone a discutir con esa voz y a rebatirle sus argumentos y a justificar los propios. Imaginemos que decide, para librarse de esa tortura, ir a una terapia Gestalt. El adepto de Fritz Perls lo hará sentar en una “silla caliente” donde dará voz a su verdugo psíquico y lo dejará hablar hasta reconocer su identidad real. Imaginemos que reconoce a su propio padre que le prohíbe, por ejemplo, casarse con la mujer que ama. La Gestalt considerará concluido el caso en cuanto el paciente sea capaz de sacar rabia y mandar a paseo al padre abusivo. Los diálogos internos se repetirán y la solución será multiplicar las sesiones y volverse cada día más rabioso. En el MAT se analizará el caso partiendo del conocimiento de la estructura total y de las emociones auténticas que deben nutrirla, y se determinará que el Padre tenía un Rector en mal estado, invasor y castrador que pretendía ocupar el Rector y el Transformador de su hijo, y que éste, al aceptar dimitir de su Transformador y reducir su Rector, tenía esa falsa impresión de posesión. Lo que determinaremos es que no hay nadie dentro de nadie y que nadie se puede meter dentro de otro. Es imposible. Lo que hay que hacer es reconducir la energía que se desvió del Rector propio hacia el Transformador, volviéndolo defensivo y alucinado, recuperando así su capacidad de poner límites infranqueables tanto al yo propio como al de los demás, y reconducir la energía que se desvió del Transformador hacia el Rector, perdiendo así la conciencia de sí y la firmeza en diferenciarse de todos lo demás. Así se verá que, si el padre existió o existe, está fuera y tiene una patología severa. El hijo sólo tendrá que trabajar sobre su propia estructura para recuperar su plenitud y su libertad, a más de inteligencia. El Vitalizador intervendrá sólo para cortar una falsa creencia: la de que otro se puede meter dentro de nosotros.

– El Transformador afirma y declara. Una vez que determina basándose en el descubrimiento de los por qué, afirma lo válido, lo que sí es, y lo declara con valor. Estas afirmaciones y declaraciones son las que han cambiado el mundo, ya se trate de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos o de las declaraciones, en un congreso, de un sabio que descubrió algo trascendente que revolucionará las ciencias, o más modestamente, de las declaraciones de un diputado que accede a la visión de un nuevo orden y lo fundamenta. Primero hay que afirmar. Luego declarar. Son dos procesos consecutivos. La historia de Copérnico nos lo recuerda.
En el proceso de educación de un niño, los padres y educadores que se precien de ser válidos, evitarán poner modelos a sus hijos. La única referencia es el sí mismo del niño, en permanente transformación y crecimiento. Y la referencia será la potencia que da el Transformador. Todo intento de remplazar la potencia por deseo de poder, ya sea poniéndose como modelo o referencia para el niño autónomo y libre al que en realidad se envidia, ya sea poniendo modelos ajenos, aunque éstos sean dioses o héroes, es en realidad un asesinato del yo. Esto es una afirmación fundamentada en el estudio de 120.000 casos. Y la declaración acorde es la de proclamar que, tarde o temprano, ese crimen se ve desvelado y que se pierde el respeto, la admiración y el amor del niño.

– El Transformador se pronuncia: El pronunciamiento significa asumir lo que se es y lo que se descubre que se es en cada momento. El Transformador emite el yo y lo contiene. El Transformador desnuda el ser de sus máscaras y lo presenta al mundo tal y como está en cada momento. Y en cada momento, es más auténtico y más sí mismo, porque está en perpetua evolución. Cuando el Transformador se pronuncia, no emite una opinión (expresión de un Rector enrarecido que no sabe establecer un diagnóstico objetivo), ni menos aún un juicio (Rector esclerotizado), sino el pronunciamiento de un descubrimiento de lo que sí es. Por ello, el Transformador es la base y la raíz del Protector, que, sobre la base de lo que sí es, y de lo que sí es lo más eterno y universal posible, elige amar lo mejor disponible. Así, y sólo así, se puede llegar al conocimiento del bien (Protector) y del mal (Rector) sin caer en el maniqueísmo, con toda la riqueza de colores y de matices, siempre en evolución y en transformación hacia la elevación. La facultad de pronunciarse, y de hacerlo siempre a favor de la transformación, de la renovación y del progreso ha originado la noción de valor, de valentía, de coraje, de potencia.
Pronunciarse implica tener conciencia de sí. Y tener el valor de asumirse y de dar cara. Cuando el Transformador está limpio, se pronuncia, descubriéndose en evolución y mejora en cada momento. Por ejemplo, cuando estamos en presencia de una mentira tenemos la opción de denunciarla diciendo “así no” o de esperar, capitalizando la justa rabia, a pasar al Transformador para detectar lo que es (verdadero, válido, veraz, crecedor, ético, amoroso, etc.) descubriendo el por qué. Entonces el pronunciamiento tiene su máxima potencia. Y es lo que recomendamos para ejercitar el Transformador y usar cada situación como estímulo de crecimiento. Así el crecimiento se hará imparable a la vez que la conciencia de sí se tornará cada día más firme.

– El Transformador evoluciona: esta noción está en germen en lo que hemos analizado anteriormente y aporta la imagen de crecimiento permanente en constante transformación. Nosotros, los humanos, tenemos seis estructuras. Pero ningún humano dio ni dará su plena talla, la de sus seis dimensiones sanas y a pleno rendimiento, en el sentido de algo que ya se logró, de una vez y para siempre, y que no es susceptible de crecimiento y de transformación. Por definición misma de la definición de cada estructura, claro está, y sobre todo de la del Transformador.
Actualmente está de moda el debate sobre el origen del hombre como producto de la creación de un creador o de la evolución a partir del pez o del mono. En esta segunda teoría se añade el bing bang como punto de origen y hasta causa de la creación del universo. A nuestro parecer las dos versiones desconocen el funcionamiento de la estructura de personalidad del ser humano. La primera presenta a un creador que estableció su creación sin otorgar al humano un Transformador y reservándolo para sí como siendo su diferencia con el hombre, con lo cual se llega, una vez más, a la imagen de dios hecho a imagen del hombre y no al revés. Y de un hombre sin Transformador, incapaz de evolucionar.
La segunda versión infla, por lo contrario el Transformador del ser humano quién, con un Transformador hecho para hacer cosas muertas e inermes pero jamás algo vivo, ni siquiera una hoja de árbol, concibe la creación como su propia obra y a sí mismo como un autorretrato. El situar el origen en el Big Bang Confunde al Transformador con el Vitalizador, única estructura capaz de realizar una explosión. Todo ese absurdo se presenta con aires de cientificidad.
Sin entrar en ese falso debate, detectaremos solamente que el ser humano posee intrínsecamente la facultad de evolucionar y que eso ha hecho y seguirá haciendo.

– El Transformador consagra: Y porque el Transformador accede al descubrimiento de la evolución, precisamente consagra lo válido que se descubre y se crea en cada etapa de nuestro caminar en este mundo. Cuando analizamos la historia del hombre, estamos recorriendo un tiempo histórico marcado por piedras situadas en el tiempo que representan progresos, transformaciones, descubrimientos, creaciones reconocidas y consagradas. Son las que han permanecido en nuestro registro de datos y no desaparecieron con sus creadores, anónimos. Todo el campo universitario se dedica a descubrir, inventariar y transmitir lo consagrado para que sigamos evolucionando sin tener que desandar caminos ya despejados. Si nuestra estructura Transformadora funciona bien, el reconocimiento y la consagración de lo válido, de lo valioso y de lo grande se hace en un plazo fulgurante, casi en tiempo real. Si no, los genios se siguen muriendo en la mayor penuria y desamor.
La consagración representa la culminación del funcionamiento del Transformador, que, primero reconoce, luego admira y valora, luego consagra. Tanto hacia adentro –autovaloración- como hacia fuera –valoración de lo realmente crecido y grande-, el Transformador sano sabe, sin dudar ni hacer pasar ridículos exámenes a lo que lo supera, reconocer y crecer en ese reconocimiento antes de consagrar, lo que convierte en punto de referencia la estatura o la obra de un creador.

– El Transformador decide: y eso es consecuencia coherente del poder elegir y pronunciarse sobre la valía de la opción. El Transformador, ya lo vimos, puede actuar en su inmenso campo porque pone en contacto con el yo profundo, con nosotros mismos. Y es por ello que es la estructura que nos permite tomar decisiones fundamentadas y, al tiempo, completamente originales y auténticas.
La decisión tomada por el Transformador puede ser completamente aislada, sin encontrar ningún consenso ni mayoría y, sin embargo, ser la más acertada. Porque se fundamenta sobre el contacto con el yo profundo, la decisión será la más definitiva y rotunda que se pueda uno imaginar, y su solidez se mantendrá y se demostrará a sí misma con el tiempo.
Un tópico muy extendido consiste en la creencia en que la decisión la toma el Rector sobre la base de lo seguro y que una decisión tomada desde el Transformador es caprichosa, veleidosa, no fundamentada en nada sólido. La realidad demuestra que es al revés. Cuando se toma una decisión desde el Rector, ésta reposa sobre la evaluación de riesgos y retrocede y se repliega ante ellos. Una decisión tomada desde el Transformador se pronuncia desde la valoración de la medida de lo posible y cubre el abanico de lo máximo esperable y alcanzable. Además, y nunca se insistirá bastante sobre este punto, se fundamenta sobre lo máximamente auténtico: sobre el contacto y la expresión del ser profundo.

– El Transformador se manifiesta a través de creaciones, decisiones, pruebas, declaraciones, elecciones, superaciones y crecimientos. El Transformador no es la estructura que abre, como se podría creer, porque la que abre es el Orientador. El Transformador accede a la superación de lo que ya existía, accede a lo nuevo encontrándolo dentro de sí o fuera de sí, en otra obra creada. Y el acceder sólo es posible en el contacto con el ser, con el yo real y profundo que prueba y se reconoce y así crece haciéndolo suyo.
Aquí es necesario hacer una disquisición para separar lo válido cuando se accede realmente, de lo delirante y sin embargo muy común. Pongamos un ejemplo: estamos en contacto, por primera vez, con la obra de un gran pintor. Hay dos maneras, diametralmente opuestas, de acceder y de incorporarse lo nuevo. La primera manera, la mala, sería colocarnos en la actitud siguiente: esto me gusta y me lo voy a incorporar. Entonces nos colocamos ante la obra de arte y decimos: “Yo le cambiaría esta sombra y la colocaría en este otro lugar y pondría más verde aquí y le quitaría ese morado de allá.” Con lo cual, el incauto cree que él ha sido capaz de hacer esa obra de arte, y mejor que el artista, puesto que la ha corregido. Así, además de mantener y de reducir su talla de enano, añade otra patología, la de convertirse en megalómano que cree, por arte de magia, acceder a la talla de genio simplemente acaparándoselo. La otra posición, la buena, sería colocarse ante el cuadro y dejar que el Transformador propio perciba lo novedoso, lo grande, lo creador, admirándolo efusivamente y penetrando, con respeto y sobrecogimiento, en el cuadro, imaginativamente. Entonces nace una experiencia vivida de otro mundo, que antes no existía, y que nos hace sentir sensaciones y emociones nuevas, las cuales nos hacen sentirnos diferentes, más nuevos, más crecidos. El hacer nuestras estas experiencias, ya significa crecer. Y si ese crecimiento es de verdad, se transformará en amor por el artista que lo ha posibilitado y en gratitud hacia él.

Cuando el Transformador funciona mal, es básicamente envidioso. Reconoce afuera lo nuevo, lo grande, lo genial y, en vez de admirar, reconocer, consagrar, degrada, critica, se escuda en lo no consagrado aún por las mayorías. Entonces, como nuestro ser funciona, lo queramos o no, en vez de elevarse y crecer, retrocede y se achica. Nos convertimos en enanos en vez de ser los gigantes que todos nacimos para ser.
Desde luego, como veremos en el próximo capítulo, hay muchas formas en que el Transformador funcione mal, hay cinco formas diferentes y las veremos todas. Aquí sólo pondremos énfasis en dos, las peores: la envidia y la cobardía rastrera.
La envidia es el veneno más poderoso contra nosotros mismos, primero y ante nada, y contra los que superan nuestra talla. Es lo que hace que la potencia se transforme en poder monstruoso. Se envidia al bebé porque es libre y está entero, se envidia al niño, porque es más auténtico que nosotros. Se envidia a la persona crecida porque está en el camino al que dimos la espalda. Se envidia a los creadores y descubridores porque nos están mostrando una talla nuestra que decidimos cercenar. Pero lo peor que hacemos es el crimen contra nosotros mismos, porque hay un automatismo inevitable: todo lo que reduzcamos y descalifiquemos hacia fuera, se traduce siempre en una amputación de lo de adentro. Y se cae en un círculo vicioso, o mejor dicho, en la espiral, movimiento propio del Transformador, pero hacia abajo, hasta la degradación completa.
En cuanto a la cobardía rastrera que se vive cómo vértigo ante la talla de todo lo que merece ser admirado, nos hace caer en la necrofilia, en la fobia ante lo que merece la pena vivir. Para compensar esa pérdida, es inevitable inflar artificialmente el falso orgullo con locos y obsesivos deseos de control y de poder sobre los que admiramos. Esa actitud, tan común por lo demás, llevada a su paroxismo, lleva a la psicopatía de los asesinos en serie.

Cuando funciona bien, el Transformador es ocurrente, puro, limpio, versátil, innovador, inquieto, valiente, rompedor, grandioso, va a la esencia de las cosas, alentador y genial.
Algo muy importante que hay que señalar en el funcionamiento del Transformador adecuado es que tiene horror a los mitos y a lo heroico. Esto puede sorprender a primera vista, pero es muy fácil darse cuenta de que todo lo mítico y heroico implica esa famosa intervención de los dioses de la cual disertamos anteriormente y que es una aberración para el funcionamiento del Transformador sano. Creer en mitos es consecuencia de otra aberración, esta vez del Orientador, que cree en magia y forma arquetipos que son tan sólo amputaciones del ser integral, proyectados afuera y magnificados para compensar su gran miseria.

El Transformador responde a todos los por qué que nos podamos formular. Y esto es sólo consecuencia de la función principal de esta estructura, que es la de ponernos en contacto con el ser, con el yo profundo que aflora cuando se hacen caer las máscaras. El ser siempre está fundamentado, es coherente y tiene razones implacablemente matemáticas. Y es al contacto con el ser que todo cobra sentido y tiene su explicación. Einstein decía que “Dios no juega a los dados con el universo”, expresando así, genialmente, lo que queremos decir. El crecimiento, la creación, no son juegos de dados. Obedecen a fundamentos de lógica implacable. Descubren todos los por qué.
Cualquier ejemplo de crecimiento y de creación nos puede servir. Pongamos el ejemplo de un escritor escribiendo su novela: está, por ejemplo, empezando a escribir el segundo capítulo. Si es un gran escritor, este capítulo tendrá varios por qué, y ninguno fruto del capricho; será por ejemplo un movimiento ascensional en espiral que prosiga la misma sinfonía que en el primer capítulo en una nueva dimensión y registro. Será un retrato, tomando pie en sus personajes, de alcance universal, aleccionador y crecedor para el lector. Será la irrupción de circunstancias y pretextos para desvelar, desnudar la esencia del yo real del protagonista. Serán mil cosas, pero todas fundamentadas e imprescindibles para que la creación del artista encuentre resonancia universal en los lectores. Si algo en la novela aparece sin ningún por qué aparente ni oculto, será un defecto, un fallo del artista. Allí no se expresará el Transformador.
Cuando un niño empieza a preguntar los por qué de cualquier cosa es cuando está en el proceso de descubrirse a sí mismo, de ahondar en su identidad. Por ello, es tan importante para su contacto con su yo, decirle la verdad y hablarle como a un adulto. Su Transformador no admite contradicciones en los por qué. Si las encuentra, procederá a distorsionar todo lo real y fundamentado para recrear una realidad consecuente y redonda. Caerá en el pensamiento mítico.

El Transformador puede fallar por exceso o por defecto: Por exceso, el Transformador se torna mitómano, al identificar el ser con uno de los múltiples mitos que nos han legado las mitologías o que han sido encarnados por seres humanos que se identificaron con esos mitos. El mito de Edipo, por ejemplo, contaminó el psicoanálisis. Napoleón también es un claro ejemplo de Transformador invadido por un mito con el cual se identifica y que termina, como todos los mitos, muy mal. Hitler, igualmente, con el mito de la raza aria, muestra las tragedias a las que se puede llegar en ese proceso.
Por defecto, el Transformador se manifiesta por el apocamiento. Sentirse inferior, reducido, acobardado ante lo nuevo. El apocamiento termina en impotencia, ya sea ésta sexual, o mental, o creadora o, simplemente, humana.

¿En qué campos se manifiesta el Transformador?
-En su propio campo: en las creaciones, transformaciones y crecimientos. Pintando un cuadro, por ejemplo, en el campo de la creación. Cocinando, en el de la transformación. Convirtiéndose en adulto, en el campo del crecimiento.
-En el campo intelectual, dominio del Sintetizador, el Transformador se manifiesta en el campo de la ideología y de la filosofía, así como en el de las matemáticas elevadas.
-En el dominio vital, campo del Vitalizador, el Transformador se manifiesta enormemente cuando se transforma una sensación en emoción. Esto ocurre en cada momento. En el terreno de la patología, cuando se aprende a cambiar una emoción auténtica por otra falsa e inadecuada, también interviene el Transformador.
-En el campo afectivo: cuando se pasa de la amistad al enamoramiento, interviene una transformación. Cuando se funda una empresa o una familia, estamos transformando una suma de personas en una organización que tendrá su propia personalidad y su propia alma.
-En el campo del Rector, hay, como ya vimos, una dialéctica permanente entre éste y el Transformador. Aquél percibe lo que no es (cierto, conveniente, sano…) e inmediatamente pasa la vez al Transformador, que se busca y encuentra lo que sí es.
-En lo espiritual, campo del Orientador, el Transformador se manifiesta en todas y cada una de las experiencias de lo sagrado, de lo trascendente, de lo elevado, porque cada una de esas experiencias nos transforma.
En el plano trascendente, el Transformador rige la metamorfosis. Toda la naturaleza está impregnada de Transformador. La metamorfosis es la esencia misma de todo lo que nos rodea y de lo que llevamos y somos dentro. Constantemente. Una semilla nace y se transforma en un árbol, un huevo en un águila, un óvulo y un espermatozoide en una preciosa criatura humana o en un cachorro de chow chow, una piedra en hierro, el hierro en escultura. Gracias al Transformador la existencia es y nosotros somos.

Las manifestaciones del Transformador en arte y en religión:
El campo del arte es, por esencia, materia del Transformador. Pero es difícil captar el arte del Transformador que se expresa a sí mismo. Por lo general traduce en arte la expresión de las demás estructuras. Aún así es posible captarlo:
-En arquitectura, las plazas, por lo general, son expresiones del Transformador y lugares de transformación. Los cementerios también. El estilo renacentista es, entre todos, el que más se acerca a la manifestación del Transformador puro.
-En literatura, tenemos a Goethe en su obra “Fausto” y a Shakespeare en toda su obra, que evidencian la grandiosidad del Transformador creando sobre sí mismo.
-En música, elegimos a Brahms como máximo representante del Transformador expresándose a sí mismo.
-En pintura, tenemos a Poussin, a Tiziano y a Velázquez como insignes exponentes del Transformador.
-En religión, el Transformador se erige en ley sagrada para los hombres con su máximo esplendor en el Judaísmo en todas sus vertientes, ya bien en la expresión de Dios que se nombra ser “el que Es”, en el Talmud o en la Kabalá. Como mera ilustración, daremos el comienzo del génesis, que describe el proceso de la creación hasta el momento de las reglas dadas a Adán y a Eva (tarea del Rector). En la Kabalá, mencionaremos el árbol de los Sefirot con las diez emanaciones del Ser divino.

En el cuerpo, el Transformador rige el sentido del gusto, los huesos y el esqueleto, la médula espinal, los dientes, la glándula paratiroides y las salivares.

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot
El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot