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EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 31: ¿Cómo reconocer las tipologías?

 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Y bien, ya tenemos los 36 Mapas comunes entre los cuales se reparten los seres humanos. Falta un 2 por mil de psicópatas que se dividen en 10 Mapas más de Magnetizadores y mucho menos de asesinos en serie y de satánicos criminales (ver mi libro “Sociópatas de cercanías). Sobre 120.000 casos analizados y los cientos de miles que hemos visto y seguimos viendo por la calle o por televisión, no hemos encontrado una sola persona sin tipología. Si alguno de Ustedes la encuentra, le rogamos enviarnos su foto a través de nuestra página Web: http://www.mat-cachet.com . Tampoco, de las personas estudiadas, hemos encontrado a una sola que tuviera otra fórmula o ecuación tipológica. Todas tienen su ecuación de sus tres precisas emociones infladas, desconectadas y prohibidas. Si encuentran alguna excepción, nos interesaría sobremanera estudiarla a fondo. Pero digamos que, por ahora, la muestra recogida en los cinco continentes es concluyente. Los estudiantes principiantes del MAT suelen siempre confundir la fase con la tipología. Esto es normal, porque la tipología es la personalidad, es decir la máscara puesta sobre el ser, y la fase es la máscara puesta sobre la máscara. No resiste la investigación seria.

Tipologías MAT de personalidad por Preciada Azancot

Tipologías MAT de personalidad por Preciada Azancot

¿Cómo investigar de qué tipología es una persona? En tres pasos:

Primero y principal, detectando qué estructura de personalidad es la más presente y activa en el funcionamiento de la personalidad. Esto es el principal indicador.

En segundo lugar, detectar cual de las seis emociones es la más frecuente en el lenguaje verbal y gestual de la persona analizada. Domina la importancia del lenguaje gestual. Verificar si esa emoción nutre la estructura inflada.

En último lugar, verificar si los rasgos observables corresponden al prototipo descrito en el apartado de la información visual.

Muchos principiantes se abocan a hacer el proceso al revés, y así, confunden la tipología con la fase. Si la fase es muy antigua y la arrastramos desde nuestra niñez, es fácil confundir los rasgos que origina con la tipología de base, que es más importante. ¿Quiere decir esto que cuando cambiamos de fase cambiamos de rasgos? Sí, naturalmente, la expresión del rostro cambia, las marcas nuevas se van instalando, desaparecen marcas que envejecen o afean el rostro, pero naturalmente no vamos a tener la nariz más pequeña ni las orejas más grandes. Estos grandes rasgos se gestan en el útero y tiene una parte genética y otra neuro endocrina producida por el desbalance emocional dominante. Pero el rostro y el cuerpo cambian. sí, definitivamente, con las fases. El aspecto general cambia muchísimo. Y siempre ganamos belleza, salud y luminosidad con la conexión y, más aun, con las fases posteriores a ésta.

En todo caso, al ver el abismo que existe entre una persona conectada y una disociada, conectamos primero con el miedo ante el desastre, la maldición y el sin sentido que implica el estar dentro de la tipología, es decir, en la peor de las cárceles. Tener nuestra emoción dominante inflada hasta convertirse en una caricatura invertida y monstruosa de sí misma equivale a perder nuestra competencia principal y a ser tópico, y más necio que el bebé de nueve meses de gestado que todos fuimos. Si pudimos ser y existir, y nacer cuando éramos completamente dependientes del funcionamiento estructural y emocional de nuestra madre, ¿cómo creer en la dificultad de volver a estar tan nuevo como un recién nacido y, de allí, empezar a crecer y a ser en el orden de lo humano que todos poseemos al nacer? En nuestra experiencia docente, todo aquél que desea realmente conectarse y seguir creciendo lo logra en tan sólo 154 horas de curso y mucho entrenamiento a solas con los instrumentos adquiridos. La decisión de conectarse o de seguir usando a los demás para afincar relaciones de poder se suele tomar en tan sólo 30 horas. A veces en menos tiempo. La conexión y sus posteriores fases de crecimiento está en nuestras manos. Y sólo en nuestras manos. Nada ni nadie lo puede impedir si lo deseamos. Ni, tampoco, nadie nos puede obligar a cambiar si no lo queremos. Definitivamente, creer que se puede cambiar a otra persona es una falacia salvadora y Reactivadora que conviene eliminar. Se puede invitar y seguir invitando, pero la respuesta depende siempre y exclusivamente del interesado. Hemos visto miles de casos que muestran que una persona puede comenzar su curso disociada y terminar su proceso en fase de culminación, o más. Y también hemos visto algunos casos de personas preconectadas que decidieron no crecer, no conectarse, por deseos de poder, siempre. Siempre habrá alguno que prefiera el poder a la potencia. No nos hagamos ilusiones sobre eso. Pero este libro está escrito para los millones de personas que sí quieren ser todo lo que pueden ser, y ser felices.

Después del miedo a ver ese horror, pasaremos a la tristeza de constatar que el 98% de la gente tiene menos autenticidad, menos potencia y menos originalidad que ellos mismos cuando eran un bebé de un día. Y, lo más triste del caso, es ver hasta qué punto perpetuamos las visiones y valores de Mapas tipológicos y dañamos a nuestros hijos y a nuestros seres queridos cerrándoles la vía de su talento, de su vocación, e invitándoles a perder hasta sus emociones originarias, y con ellas, la potencia de su estructura innata. Pues sólo el 27% de la gente está en una fase igual o mejor que la de su propio Mapa tipológico. Es decir, que el 73% de la gente es aún más tóxica que una tipología. Lo que es una razón para llorar desconsoladamente.

Pero en este capítulo sobre tipologías, la emoción auténtica que dominará siempre será la rabia. Pues es injusto, a demás de lo lamentable de ser un mamífero, y de comernos los unos a los otros, siendo estos dos factores inevitables, pues el aire que respiramos tiene tres elementos vivos, una zanahoria cuatro y un pollo cinco, es injusto que gestionemos el mundo según visiones tipológicas que inflan y anulan nuestras competencias y nos hacen despreciar la de los demás, es injusto que sólo el 7% de las personas tengan conciente y asumido su talento y tan sólo el 2% tenga clara y actuante su vocación. Mientras, nos encasquetan misiones a todo tren: la misión de ser un siervo y un adorador de nuestro arquetipo tipológico. Y un esclavo sumiso del de los demás. Eso es lo que en este mundo solemos confundir con espiritualidad. Y así nos alejamos con horror de nuestra vocación real.

Así, las definiciones de emociones auténticas dejan paso a las emociones tipológicas infladas y:
– El amor verdadero es supuestamente el del Reactivador.
– La alegría verdadera es la del Promotor.
– El miedo verdadero es el del Fortificador.
– La tristeza verdadera es la del Constructor.
– La rabia verdadera es la del Revelador.
– El orgullo verdadero es el del Legislador.

Estas falacias, estas mentiras y farsas dan origen al triunfo de los Mapas en el mundo. Esto será tema de nuestro próximo Capítulo.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot
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EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 24: LAS TIPOLOGÍAS DE PERSONALIDAD

Las tipologías MAT, ya lo vimos, se definen por sus ecuaciones funcionales de origen innato. Al desequilibrio innato en cuestión, se le añade la respuesta del entorno, que va a “instalar” a cada persona en su cárcel tipológica. A esa cárcel tipológica la llamamos TIPOLOGÍA DE PERSONALIDAD. Pues, como ya vimos, la personalidad es ya una máscara que oculta el ser y que se fabrica en el útero materno, como quedó ilustrado en el capítulo anterior. Si esa “personalidad” no encuentra la respuesta adecuada en su entorno temprano, y si se le da la respuesta equivocada, se instalará en su tipología.

Tipologías MAT de personalidad por Preciada Azancot

Tipologías MAT de personalidad por Preciada Azancot

La tipología se caracteriza en el MAT por:
– La inflación de la dimensión dominante (140%, de las cuales 100% de emoción auténtica y 40% que reemplaza parte del talento innato). A esa emoción la llamamos emoción inflada tipológica.
– La desconexión del talento innato que se reemplaza por 40% de falsa emoción tipológica inflada y 60% de falsa rabia. A esa emoción la llamamos emoción desconectada tipológica.
– La prohibición de la vocación innata que se reemplaza por 100% de falso miedo y, luego, por 25% de falso miedo y 75% de falsa emoción dominante de la fase en la que nos encontremos. A esa emoción la llamamos emoción prohibida tipológica.
– La ausencia de miedo auténtico y de rabia auténtica en una parte importante, por estar éstas reemplazando la vocación prohibida y el talento desconectado.
Para volver con el ejemplo de nuestro niño, el Constructor, tendrá:
-140% de tristeza, será su emoción inflada tipológica. Esa tristeza constará de un 100% de tristeza auténtica y de un 40% de falsa tristeza que reemplaza orgullo auténtico.
-60% de falsa rabia, que reemplazará el orgullo auténtico, su talento original innato.
-100% de falso miedo, que se convertirá inmediatamente en 25% de falso miedo y un 75% de falsa emoción de la fase tipológica en la cual se encuentre. Ese falso miedo será la expresión inadecuada de su rabia vocacional innata.
Con lo cual nuestro niño Constructor sentirá tristeza en vez de orgullo, rabia en vez de orgullo y miedo en vez de rabia. Eso significará que su Sintetizador estará inflado y contendrá 40% de energía desviada de su Transformador, que su Transformador estará alimentado por un 40% de energía originaria del Sintetizador, la tristeza, y por un 60% de energía destinada innatamente al Vitalizador, y que su Vitalizador estará alimentado por un 25% de energía innata del Rector, el miedo, y por un 75% de energía destinada a la estructura dominante correspondiente a su fase de evolución. Si consultamos la tabla de emociones desviadas y sus vicios correspondientes, nuestro niño Constructor que nació para ser dominantemente serio, inteligente, agudo, desarrollador, genialmente creador, transformador y crecedor y deslumbrantemente justo, vitalista, líder y sano, se convertirá en un ser amputador y carcelero, envidioso, apocado e intimidado a más de lo que le toque en la fase en la que elija situarse.
Aún no hemos explicado el 75% de vocación que se transforma en falsa emoción tipológica de la fase de evolución en la que se encuentre: en efecto, en su prisión tipológica estricta, el Constructor, como cualquier otra tipología, va a sentir un 100% de falso miedo en vez de su vocación prohibida, en este caso, la rabia. Pero estar en su prisión tipológica es muy incómodo y el Constructor examinará las invitaciones y modelajes de su entorno y elegirá buscar salidas, incorporándose visiones del mundo de otras tipologías. Pongamos por ejemplo que un Legislador, que tiene el orgullo inflado, lo incite a imitarlo con la promesa de, así, recuperar su orgullo talentoso original. Entonces nuestro niño incorporará parte de la máscara del Legislador y se convertirá en Constructor en fase Legisladora. Pero no encontrará lo que busca porque su emoción inflada permanecerá igual, su emoción desconectada también -no tendrá orgullo auténtico- y su vocación, la rabia se transformará en 25% de falso miedo y en 75% de falso orgullo. Ese orgullo que tanto buscaba será sólo una máscara que reemplazará parte de su rabia, es decir, que además de lo dicho, será servil. Y estará peor y más apresado que antes.
¿Quiere decir esto que si recibimos a una edad temprana respuestas inadecuadas de nuestro entorno estamos condenados a permanecer presos de nuestra tipología durante el resto de nuestras vidas? No. El MAT muestra las puertas de salida, que, por lo demás, algunas personas han encontrado solas, sin ayuda del MAT pues, ya lo hemos señalado, el 2% de la población (sobre nuestro muestreo de 120.000 casos) está fuera de su cárcel tipológica. Es decir, el 2% de la población tiene su competencia, su talento y su vocación activos y si bien tienen una personalidad, no tiene una cárcel tipológica.
El MAT muestra cómo salir de la prisión sin ayuda terapéutica y engrosar la pequeña élite del 2% de las personas que tienen claros y actuantes su competencia, su talento y su vocación.
El MAT enseña, a partir de ese estado de liberación que llamamos proceso de conexión, a recuperar más potencia a través de una serie de procesos que tendrán como objetivo convertirnos en seres humanos integrales que han trascendido su condición de mamíferos. Esta obra no tratará de los procesos de crecimiento posteriores al proceso de conexión. Éstos serán objeto de una obra posterior. El proceso de conexión nos sitúa en nuestra potencia innata, es decir, nos hace renacer a nuestra vida como un bebé de un día de nacido. Luego nos tocará crecer.
¿Cómo salir entonces de la prisión tipológica? Por un proceso en tres pasos: el proceso de la conexión. Estos pasos deben, obligatoriamente, reandar el camino equivocado y hacerse uno tras otro. Nuestra experiencia de unos 3.000 estudiantes que hemos reorientado hacia su conexión así lo atestigua. La simple lógica y sentido común, también.
El primer paso consiste en recuperar nuestra competencia, redimensionando nuestra emoción inflada y reconduciendo el 40% desviado a su estructura original, la de nuestro talento. En nuestro ejemplo, el Constructor, ya en edad de analizar y de procesar, constatará que su tristeza, en un 40% de los casos, no responde al estímulo adecuado para sentir tristeza, es decir, no corresponde a una pérdida. Entonces, ya alertado y con este instrumento a su disposición, constatará que en esos casos de falsa tristeza la emoción adecuada y auténtica correspondiente al estímulo es el orgullo, su talento original. Aprenderá a sentir tristeza ante las pérdidas, y admiración ante las grandezas propias y ajenas. Pues recordemos que la admiración es la expresión mínima del orgullo auténtico. Una vez que recupere su tristeza perfecta, y tenga un Sintetizador agudo y claro, nuestro Constructor podrá dar el segundo paso. Esta fase del proceso se llama en el MAT fase de preconexión. Para llegar a ella es necesario, imperativamente, que el Constructor tome conciencia de que está preso de un arquetipo, el de Sísifo, y decida recuperar su libertad y soltar sus creencias arquetípicas tipológicas.
El segundo paso será entonces la recuperación de su talento innato. Nuestro Constructor preconectado constatará ,que frente a los estímulos aptos para sentir y expresar orgullo – grandeza, obras creadoras, genialidad propia y ajena, descubrimiento, crecimiento- él siente falsa rabia, es decir hostilidad y envidia. En este estadio es absolutamente necesario que el Constructor recupere la memoria inconsciente de su niñez temprana y caiga en la cuenta de que esa rabia, auténtica, la sentía contra aquella figura parental que lo hostigaba por su talento y lo trataba de loco por tenerlo y expresarlo. Entonces, una vez su rabia focalizada y asumida, podrá recuperar su orgullo y, con él, su talento originario. Esta fase se llama sencillamente segundo paso del proceso de conexión.
El tercer paso será más difícil y lento y requerirá de un salto espiritual, de un grito de liberación que recuestione, al menos como acto consciente, la visión espiritual de una estructura sin Centro fijo y universal. Dios no es justicia, es las seis funciones e infinitud de funciones más que escapan a nuestro entendimiento racional y se pueden intuir desde nuestro Orientador y captar exclusivamente con nuestro Centro. Es una mamiferada el creer que el Centro es sólo una de las seis dimensiones básicas del ser humano. Entonces surge la risa liberadora. Sólo después el Constructor, al igual que cualquier otra tipología, puede “descodificar su miedo fóbico” que, él concientiza entonces, es miedo a un dios carcelero y arquetípico que autoriza la rabia (tradúzcase su vocación, cualquiera que ésta sea) a todos salvo a él. Pero es también el miedo a instalar su rabia en el lugar del Centro y convertirse en algo peor que un preso tipológico, en un psicópata narcisista que se cree dios. Este proceso no requiere actos de fe ni religiosidad alguna. Se puede decidir que dios no existe, siempre y cuando se deje el Centro vacío y se destrone al ídolo que lo ocupaba. Entonces, después de un duro entrenamiento en reconducir la emoción de la vocación a su estructura y devolver el miedo auténtico al Rector, se accede a la conexión. Esta fase se llama, en el MAT, fase de conexión. Entonces la personalidad sale de su cárcel, y se funciona con el 80% de la energía innata original. Se pierde el 20% porque al tener una personalidad vamos a caer inevitablemente en algo de miedo, un 20% en vez de nuestra emoción vocacional.
La conexión nos hace recuperar la estructura desplegada que mostramos en nuestro gráfico, página 122. Ahora viene un segundo proceso que, si se hace dedicándole toda nuestra energía, no dura menos de 24 meses: el proceso de hiperconexión. Se trata aquí de recuperar nuestra secuencia fetal energética. Se parte del primer paso: Vocación a emoción siguiente en la secuencia. En nuestro ejemplo, paso de la rabia al orgullo. Así ya no se necesita hacer marchas atrás y adelante al pasar de la competencia, al talento, y luego a la vocación. Vale decir que la estructura se empieza a integrar por un punto, el primer paso. Cada fase significa algo muy valioso e importante que no vamos a desarrollar en esta obra que sólo trata de la conexión. Tenemos dos obras que tratan del camino de crecimiento hacia la recuperación de toda nuestra talla integral de ser humano.
Al cabo de seis fases, se cierra el proceso de hiperconexión y pasamos a tener una energía del 5.000% de energía innata, es decir de la de un bebé de un día de nacido.
El tercer proceso se llama proceso de trascendencia. Consiste en tan sólo esperar tranquilamente, pues viene sola y se manifiesta, al cabo de un proceso en siete fases, por la primera percepción del Centro a través de una luz blanca que se conserva de manera normal y permanente, sin ilusorios ejercicios de meditación trascendental. Todos los humanos tienen un Centro y éste muestra su primera y más inocente y virginal manifestación. Entonces pasamos a utilizar el 640.000% de energía innata. Y esto no termina aquí.
Esto no es, ni mucho menos, el final del camino de crecimiento. Es sólo el comienzo. Entonces tenemos el equivalente de 13 años como personas. Sólo eso.
No vamos a tratar en esta obra de los procesos siguientes. No vienen a cuento. Pero sí es útil señalar que tenemos un leve vislumbre de la gloria al término del proceso de hiperconexión y un barrunto de lo que puede ser el esplendor en la fase de trascendencia. En esta obra es necesario tener muy claro lo que es la conexión y tener una idea conceptual de lo que significa la hiperconexión. Sólo eso. No podemos dar estadísticas sobre cuantas personas están en la fase de trascendencia. Sobre 120.000 casos estudiados encontramos sólo a tres.
Cada tipología puede estar, en su proceso de conexión, en seis fases comunes de evolución. Hay tres fases más que no vamos a contemplar en esta obra porque corresponden a fases de psicopatía. Estas sólo conciernen a un dos por mil de las personas y las dejaremos para otra obra sobre psicotizaciones y psicopatías. Las seis fases de evolución comunes posibles son:
La fase de conexión: la persona ha recuperado su competencia, su talento y su vocación y tiene sus otras tres dimensiones perfectas. No funciona en secuencia sino de manera plana y no acumula energía. Sí responde a cada estímulo con su emoción auténtica adecuada, y sus seis estructuras funcionan cumplidamente. Tiene el 80% de energía innata y forma parte del 2% de la población
La fase de preconexión: La persona ha recuperado su competencia. No así su talento ni su vocación. Tiene otras emociones y estructuras adecuadas, las que no están en su ecuación personal, ni el miedo ni la rabia que están desviadas. Cuatro tipologías tienen tres emociones auténticas, la de su competencia más las suyas originarias. El Fortificador tiene cuatro emociones auténticas porque el miedo es su competencia y la recuperó. El Legislador conserva sólo dos porque de sus emociones intactas originarias conserva sólo la tristeza, pues el miedo y la rabia están desviadas en su vocación y en su talento. Su otra emoción auténtica será el orgullo, su competencia recuperada. Una persona preconectada tiene el 40% de energía innata y forma parte del 15% de la población.
El Mapa tipológico: es la cárcel de la cual ya hablamos, al estado puro. En esta fase tiene dos emociones auténticas, tres si es Fortificador, una si es Legislador: las que no forman parte de su ecuación personal ( ni son la rabia y el miedo que están desviados para ocupar el sitio del talento y de la vocación) y correspondían a parte de su estructura intacta innata. El 75% de la emoción de su vocación la transforma en más emoción inflada de su competencia. Así se transforma en una caricatura de su dimensión inflada tipológica y vive muy incómodo. En nuestro ejemplo del Constructor, la rabia la remplazará por 25% de miedo y 75% de tristeza, lo que suma un 215% de falsa tristeza en total. Tiene el 30% de energía innata y forma parte del 10% de la población.
La fase de desconexión: Sólo conserva una emoción auténtica, dos si es Fortificador y ninguna si es Legislador. Lo que le pasa es que se equivocó de camino y se instala en una fase que le hace perder una de sus emociones originarias intactas, que, en esa fase, está inflada en la tipología en la que elige instalarse. Con lo cual, en vez de crecer, pierde una emoción intacta. Tiene el 20% de energía innata y forma parte del 55% de la población.
La fase de predisociación: Se sitúa de espaldas a su verdadero ser y a su personalidad. No le queda una sola emoción auténtica, todas son falsas y nutren estructuras inadecuadas. Además invierte uno de sus ejes. Eso es muy grave porque le cierra la puerta de su conexión, es decir de la recuperación de su vocación. Se convierte así en alguien tóxico que luchará por que los demás no accedan a su conexión. Tiene el 3% de energía innata y forma parte del 15% de la población.
La fase de disociación: Es un psicótico socialmente aceptado que, no sólo no tiene una sola emoción auténtica sino que, además, está en la fórmula letal de su eje. Ya sabemos que hay tres fórmulas letales:
– Falso amor más falsa tristeza, que produce el derrumbe del sistema inmunológico tanto físico como psíquico.
– Falso orgullo más falso miedo, que produce rigidez, calambres, rompeduras por osificación, fosilización, petrificación tanto a escala física como psíquica.
– Falsa alegría más falsa rabia, que produce inundaciones, derrames, rupturas de cauces y explosiones tanto a escala física como psíquica.
Además de caer en la fórmula letal que provoca que su estructura se rompa, invierte los dos otros ejes que le quedan. Por eso es muy peligroso, pues no sólo lucha para que los demás no alcancen la conexión, como lo hace un predisociado, sino que se identifica con su arquetipo y se cree la encarnación de ese arquetipo en esta tierra. Por eso está psicótico. Tiene un – 16% de energía innata y forma parte del 3% de la población.

Las seis tipologías de personalidad se dividen en dos tríos: el primer trío se cree indispensable para que la sociedad pueda existir. Son, según la visión que tienen de sus propias “misiones existenciales”, fruto de la exaltación de su competencia, los que, por su dedicación, hacen posible que los humanos vivamos en una sociedad organizada para que triunfe la civilización, la democracia, la abundancia y el bien común. Cuando reconectan sus talentos y sus vocaciones, asumen que su verdadera vocación consiste en defender al ser humano de ser aplastado por la sociedad mimética y organizada para exaltar las prisiones tipológicas. Asumen que su verdadera vocación es la de fortalecer, reactivar al ser humano y revelarle su inalienable libertad. Son los Legisladores, los Promotores y los Constructores.
El segundo trío se define como los que defienden la individualidad de las personas e impiden que la sociedad mecanicista los fagocite. Cuando conectan sus talentos y sus vocaciones, se dan cuenta de que en lo que en verdad son irremplazables es en construir una sociedad feliz, segura, inteligente y en permanente crecimiento. Son los Reveladores, los Reactivadores y los Fortificadores. A todos los describiremos primero en su Mapa tipológico es decir en la fase de prisión tipológica, cuando la emoción de la vocación es sentida y expresada como la de su propia competencia e invade el tercio de la personalidad. En esta fase, que se define como una doble dominante de la emoción dominante tipológica, esa emoción estará inflada y pesará sobre la competencia con un 140% y también se sentirá como remplazando en un 75% la vocación. Su creencia en una misión existencial abrumadora será la nota dominante del esquema. Aunque tan sólo el 10% de las personas de esta tipología están al 100% en su Mapa, pues es difícil vivir con una misión aplastante, es importante mostrar ese Mapa a fondo porque en situación de crisis, de angustia frente al cambio, de autodefinición de la identidad, la persona de esa tipología recaerá inevitablemente en su Mapa. Es decir, en su visión arquetípica del mundo y de sí mismo.

Para mejor describir cada tipología seguiremos un esquema orgánico:
– Empezaremos por describirla en el ámbito de la percepción sensorial. Cuando estemos frente a una tipología, ¿qué vamos a ver, a oír, a tocar, a gustar, a oler, a sentir sexualmente?
– En segundo lugar describiremos su estructura.
– En tercer lugar analizaremos su ingeniería emocional.
– En cuarto lugar visitaremos sus creencias arquetipales y tendremos una idea de su universo espiritual.
– En quinto lugar haremos una descripción de su perfil psicológico.
– En sexto lugar examinaremos sus fases de evolución de mejor a peor. No nos ocuparemos de las fases marginales de psicopatías.

Como los integrantes de las tipologías son idénticos, sean éstos niños, adultos, varones o hembras utilizaremos el género masculino y nos referiremos al adulto. Cuando haya algo en especial que mostrar en niños o mujeres, lo señalaremos. Que se considere, pues, que estamos dirigiéndonos por igual a los tres: hombres, mujeres y niños.

I. TIPOLOGÍA LEGISLADORA: (ver descripción detallada en la próxima entrega -entrega 25-)

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 23: HISTORIA EMOCIONAL DEL NIÑO

El desarrollo emocional del lactante, del infante y del niño requiere, simplemente, contar con respuestas auténticas a sus necesidades físicas y emocionales. Esas necesidades son bastante más exigentes de lo que sería necesario si no fuéramos todos mamíferos, siendo la condición de mamífero la más alta y preciada de nuestra condición terrenal.

Todos nacemos, ya lo vimos, con una personalidad que es el producto de la emoción dominante de nuestra madre durante nuestra gestación. Esa personalidad, máscara que oculta el ser, tiene tres anomalías estructurales y emocionales que nos van a condicionar en nuestra relación con el entorno, haciéndonos peticionarios de tres tipos de atenciones y de cuidados que son los resultantes de nuestras tres anomalías. Veamos:

Todos nacemos con una estructura y su emoción correspondiente así como su sentido, dominantes. Seremos más orgullosos o amorosos o alegres, o seguros o sensatos o vitalistas que el promedio, porque esa estructura fue la que ejercitamos de manera dominante durante nuestra vida intrauterina. Esa facultad que nos caracteriza la llamaremos nuestra competencia. Como ya vimos en el primer capítulo, cada estructura tiene múltiples habilidades y dos funciones, una básica y otra trascendente, y para nosotros, para cada uno de nosotros, será fácil y placentero desplegar constantemente el abanico de las habilidades y virtudes correspondientes a nuestra estructura, emoción y sentido dominantes. Son cosas que se nos dan airosamente. También es cierto que cuando nos dañan por allí tenemos menos defensas y nos podemos romper por esa aparente fortaleza. Porque al vernos atacados o desatendidos, y, para colmo, recuestionados en nuestra emoción dominante, nos sentimos como privados del piso sobre el cual caminamos con tanta soltura. Sentimos entonces que se nos cuestiona el “derecho a existir y a ser diferentes” y valiosos por nuestra diferencia. Así evidenciamos que nuestra competencia es también nuestro talón de Aquiles, nuestro punto débil. En el MAT definimos la competencia como “ destreza innata que se desarrollará durante toda la vida para obtener aceptación y estatus social. La competencia nos convierte en especialistas convencidos de tener una misión en la vida, alrededor de esa pauta recurrente que termina por conformar un patrón de conducta y una visión narcisista de la vida.” Según nuestras investigaciones, la competencia moviliza el 20% de la energía útil innata. La competencia condiciona nuestra corporalidad y la salud de nuestro cuerpo.

Todos nacemos, también, con una estructura compensatoria fuerte que nos hace superiores y más geniales que lo normal. Ese será nuestro talento. En el MAT definimos el talento como “capacidad innata que sustenta la expresión de la base y fundamento de del ser integral, única y sorprendente en sus expresiones, que bordea la genialidad y que moviliza la capacidad de innovación y de crecimiento del sujeto.” Según nuestras investigaciones, el talento moviliza el 40% de la energía innata de la persona y sostiene y gestiona la competencia. Por nuestro talento podemos sorprendernos y sorprender al mundo. Es nuestro punto fuerte, porque es el que, genialmente, hemos localizado y entrenado como contrapunto que sostiene toda nuestra estructura y compensa la inflación posible de nuestra competencia. En momentos difíciles y casi concentracionarios, es la emoción y la estructura y el sentido que nos van a permitir resistir a todos los embates de la vida, y surgir, como ave fénix, de las peores pruebas. Es la dimensión nuestra por la que nos negamos a ser parte del tropel, la que da testimonio tranquilo y sereno de la grandeza del ser humano. Si hay alguna genialidad inicial por la que podríamos destacar y transformar al mundo es por el talento que se ha de manifestar. Por el talento no vamos a tener necesidades vitales de ser apoyados ni reconocidos pero sí notaremos que cuando no estamos conectados a él nos sentimos vacíos y sin rumbo en la vida, como si hubiéramos perdido nuestra autenticidad. Somos falsos y percibimos la falsedad del mundo y de nuestra vida cuando ésta no reposa sobre nuestro talento. Es la sal de nuestra vida. El talento condiciona nuestra vida anímica.

Nuestra tercera peculiaridad condiciona nuestra vida espiritual y tiene una jerarquía aún más alta en nuestra personal escala de valores. Es la estructura, la emoción y el sentido que viene secuencialmente tras nuestra competencia “obligada” y que representa la liberación de la presión materna en nuestra vida intrauterina, la rabia para nuestro niño del ejemplo que pusimos. Es volver a nuestra libertad de ser nosotros mismos y de caminar en nuestro orden universal secuencial, que es el estadio mínimo que nuestro orden estructural tiene para cualquier mamífero. Y también para cualquier elemento de la creación que tenga más de dos dimensiones. Es nuestra vocación, que no nuestra “misión” que surge justamente del narcisismo de nuestra competencia cuando está invertida y mal enfocada. Definimos la vocación en el MAT como “La excelencia exclusiva de cada persona, que le confiere su plenitud y su potencia máxima y cuyas expresiones están marcadas por la entrega, el compromiso, el impacto solidario y entusiasta sobre los demás, y que movilizan su capacidad de autorrealización”. El MAT muestra que la vocación moviliza el 80% de la energía útil innata de la persona. La gestión del talento antecede obligatoriamente a la de la vocación que representa la cúspide de la autorrealización cuando se es persona.
La vocación nos muestra nuestra peculiar idea de Dios y se gesta en el útero de nuestra madre desde el primer día de vida, y se desestabiliza a partir del primer mes de gestación, en cuanto se forma el cordón umbilical. Entonces, el contacto con el Centro, fuente de todo lo posible en cualquier tiempo y lugar, nos conecta, no sólo a nuestro limitado orden sextidimensional, sino al orden de las dimensiones que nosotros, los humanos, no poseemos en esta tierra. El Centro nos relaciona con el ORDEN PERFECTO de toda la evolución posible de todas nuestras dimensiones y potencialidades, y, también y sobre todo, nos relaciona con lo que jamás vamos a tener y que nos ama y nos ampara. Es lo que conservamos, en todo nuestro ser, de lo que percibimos siendo un ser de un día fecundado y que se nos va desdibujando durante nuestra gestación por los problemas que ya mencionamos. El Centro se va haciendo como una luz intermitente, cada vez más tenue, confusa e inalcanzable, a medida en que nos vamos transformando en personas alejadas de lo que somos para ser: seres humanos. En algunos momentos accedemos al contacto con el Centro, entonces vivimos en la gloria y el esplendor, en momentos el ser de nuestra madre ocupa el Centro, y entonces vivimos una visión idolátrica, simbiótica y amputada de nuestra finalidad. A veces, como reacción de defensa, colocamos a nuestro propio ser en el Centro y caemos en el ridículo de creernos Dios, y, como tenemos conciencia de nuestra banalidad y de nuestra vulnerabilidad, creernos uno de los dioses, resultado de la fragmentación y atomización del Centro. De esta visión fragmentada nace el concepto de Arquetipos y divinidades, de la fragmentación de esos arquetipos nace el concepto de mitos, de la fragmentación de éstos nace el concepto de héroes, y de la fragmentación de estos últimos nace el concepto de persona, que luego, fragmentado, origina el concepto de gente.

Según nuestras hipótesis, perdemos el contacto con nuestro Centro antes del quinto mes de gestación. Inmediatamente después se empiezan a deteriorar los ejes como consecuencia, luego ya perdemos, en la fase final del embarazo, la secuencia. Y sólo nos quedamos como personas con tres dimensiones conflictivas y tres sanas. Lo dramático de este cuento es que vamos a dar toda nuestra energía a esas tres dimensiones conflictivas, olvidándonos de las sanas. Lo positivo de este proceso, universal e inevitable por ahora, es que todos necesitamos, al menos así lo creemos desde nuestra talla de personas, recuperar en justicia lo mínimo necesario para ser persona antes de convertirnos en seres humanos. Y lo mínimo necesario es que no se nos ate a las necesidades de otro por nuestro talón de Aquiles. Y lo mínimo necesario es que se nos permita acceder a la libertad básica de nuestra secuencia innata para ir a nuestro aire.

Desde el útero, recordamos que es por la emoción que representa la liberación del aprisionamiento compensatorio de la emoción inflada de nuestra madre que sentimos que volvíamos a ser nosotros mismos. Y, como cada día era más conflictivo acceder al contacto con el Centro y a la subordinación libertadora a éste, no es de extrañar que hayamos dado a esa emoción, a esa estructura y a ese sentido un valor religioso y, tan altamente espiritual, que llegó a confundirse para cada uno de nosotros, con el rostro del mismísimo Dios. Cuando colocamos a esa emoción, a esa estructura y a ese sentido en el Centro, ocupando el lugar del Centro al cual todas las demás estructuras y emociones deben conservar el mismo lugar y valía subordinándose a éste, ocurren cosas terribles como el fanatismo, la idolatría, el narcisismo idolátrico que sólo confunde a los seres humanos y causan la separación y el enfrentamiento de la comunidad de los hombres, en luchas a muerte fratricidas. Mientras no pongamos esa vocación en el Centro, corremos sólo el riesgo de estar en la TORRE DE BABEL. Para el Legislador dios será amor, para el Reactivador dios será alegría, para el Promotor dios será seguridad, para el Fortificador dios será entendimiento, para el Constructor dios será justicia y para el Revelador dios será creación. Y todo quedará en cuestiones de opiniones. Por ello, nuestra vocación rige nuestra espiritualidad personal, como persona. Creemos que dios es nuestra estructura vocacional y que sólo ella nos puede abrir a él. Por un lado es cierto, ya que nos abre la secuencia, que es, parte conocida, del orden nuestro natural. Por otro lado esa fijación abusiva nos hace fanáticos y rígidos aunque, cuando está normalizada y reenfocada, nos hace auténticamente trascendentes. Lo mejor sería conservar la relatividad y tomarnos esa vocación con sentido del humor.
De todas formas, cuando recibimos agresiones a esa zona, nuestra vocación, la sentimos como que no tenemos derecho a existir. Perdemos la brújula de nuestra finalidad y, con ella, el sentido de la vida, de nuestra vida.

¿Qué nos queda al nacer? Ciertamente no el Centro, ni los ejes, ni siquiera la secuencia. Nuestra mismísima personalidad nos hipoteca la secuencia. En efecto:
Él Reactivador pasará de su competencia, el amor, a su talento, el miedo, (dando un salto sobre la alegría) para acceder a su vocación, dando un paso atrás en la secuencia, para luego mirar, con pasmo, el miedo, y perder así su visión de conjunto. Por supuesto, puesto así no le dará ninguna importancia especial a sus tres estructuras y emociones sanas, y qué decir de sus sentidos: el Sintetizador-tristeza-oído, el Vitalizador-rabia-olfato, el Transformador-orgullo-gusto. Irá hacia sí mismo a salto de mata y así se perderá, quedando por entero a merced de sus padres, cuidadores, maestros, organizaciones, sociedad, etc.

Si cayera en manos de seres humanos integrales que funcionan en secuencia, en ejes y al servicio de la conexión con su Centro, toda esperanza podría conservarse. Sus cuidadores entenderían que sus necesidades exacerbadas de competencia, talento y vocación obedecen a traumas uterinos debidos a su condición de mamífero. Dichos cuidadores darían atención a esos tres puntos de dolor y, una vez cicatrizadas las heridas, harían ver que lo más lindo del niño son sus tres partes incontaminadas. Las seis partes tendrían entonces las mismas importancias y valores y el niño podría recuperar sus ejes y su Centro. Y convertirse en ser humano integral.

El Promotor descalifica las mismas estructuras sanas que las del Reactivador, y que también son las suyas, y pide ávidamente nutrición para su Orientador-alegría-sexo, su competencia, para su Protector-amor-vista, su talento (con lo cual da un paso atrás en la secuencia) y para su Rector-miedo-tacto (dos pasos adelante), su vocación.

El Fortificador pide nutrición urgente para su Rector-miedo-tacto, su competencia, para su Vitalizador-rabia-olfato, su talento (con lo cual salta dos pasos adelante) y para su Sintetizador-tristeza-oído, su vocación (un paso atrás). Y descalifica su Transformador-orgullo-gusto, su Protector-amor-vista y su Orientador-alegría-sexo, que representan la normalidad.

El Constructor, que es el niño de nuestro ejemplo, pide nutrición para su Sintetizador-tristeza-oído, su competencia, para su Transformador-orgullo-gusto, su talento (salto de dos adelante), y para su Vitalizador-rabia-olfato, su vocación (un paso atrás). Y descalifica su Protector-amor-vista, su Orientador-alegría-sexo y su Rector-miedo-tacto, que son normales.

El Revelador clamará a gritos por su Vitalizador-rabia-olfato, su competencia, por su Sintetizador-tristeza-oído, su talento (un paso atrás), y por su Transformador-orgullo-gusto, su vocación (dos pasos adelante). Descalificará las mismas partes normales que comparte con el Constructor.

El Legislador exigirá atención especial para su Transformador-orgullo-gusto, su competencia, para su Orientador-alegría-sexo, su talento (dos pasos adelante), y para su Protector-amor-vista, su vocación (un paso atrás). Y descalificará su Rector-miedo-tacto, su Sintetizador-tristeza-oído y su Vitalizador-rabia-olfato, que tiene normales.

Vemos por lo tanto que un bebé, cuando viene al mundo, no es una tabula rasa, no es ni perfecto ni virgen, sino que es un pequeño mamífero que tuvo que lidiar con su condición de mamífero y salir lo más entero y perfectible posible. Va a tener necesidades especiales debidas a su personalidad, a su perfil innato de funcionamiento, resultado de su condición de mamífero. Aquí no hay culpas ni responsabilidades posibles que reclamar a la madre. Toda situación requiere de una emoción, y cada gestación trae consigo su escenario emocional y estructural. Es evidente que si la madre, además de su estado circunstancial, que va a condicionar su emoción dominante, funciona mal, esta anomalía va a contribuir a dañar aún más el feto. Sobre todo si se coloca repetidas veces en una de las tres fórmulas letales de los ejes. Esas fórmulas letales van a originar malformaciones y hasta, si son endémicas, muerte del feto. Pero esos son los casos excepcionales que, aquí, no nos ocupan.
Vamos ahora a ver cómo ayudar al lactante y al infante de hasta tres años de edad, y cómo dañarlo hasta conseguir que, además de su prisión personal debida a sus tres disfunciones, caiga en su cárcel tipológica y funcione al revés de su patrón de liberación. ¿Cómo hacer de un cachorro humano el reo de la muerte en vida, pues eso es una tipología en el MAT?

Empecemos por lo más fácil: ¿CÓMO AYUDAR AL INFANTE?: Como primerísimo paso, percibir sus tres dimensiones sanas y alegrarse por ello. Incentivarlas constantemente, aún y sobre todo si recuestionan nuestra propia manera de funcionar como padres. No insistiremos pesadamente sobre qué estructuras, emociones y sentidos estimular y acariciar constantemente pues remitimos al lector al párrafo anterior para cada tipología y al capítulo de las emociones sanas. Una emoción sana, una habilidad innata fruto de un buen funcionamiento emocional y un sentido sano, no necesitan sino orgullo, amor y alegría para ser valorados por el infante. Él vendrá con la tendencia a no darles demasiada importancia, y a nosotros como padres nos corresponderá hacerle tomar conciencia de lo grande que es por ser perfecto. Nada más.

Pero el bebé y el infante, en mayor grado, si no nos ocupamos bien del bebé, llega enfermo cuando nace: le duelen tres estructuras, tres emociones y tres sentidos. Y cada uno de ellos tiene un tratamiento especial. En efecto, si por venir aún más dañado que lo previsible nuestro bebé viene con algún órgano enfermo, todos entenderemos que es urgente buscar tratamientos para que el bebé se sane. No así si viene con tres enfermedades que le van a hipotecar el cuerpo, el alma y el espíritu. No por maldad, pues la inmensa mayoría de los padres desean que su bebé esté sano y feliz, sino por desconocimiento. El MAT trae su granito de arena para que ese desconocimiento retroceda y abra paso a la sabiduría y a la felicidad del niño y de sus padres. Muchos padres se sienten orgullosos de traer a su bebé al mundo y de educarlo y atenderlo para hacer de él un ser humano de provecho. Ahora van a saber cómo sentirse orgullosos y cuándo sentirse avergonzados (cuando no sólo no lo ayudan sino que lo dañan).

El tratamiento de la competencia: Lo esencial aquí, como respuesta de tristeza y de amor, pues ese es el eje del Maestro, es decir, del educador, es percibir que tenemos allí un punto enfermo, el más enfermo de nuestro bebé: él cree férreamente que su mayor facultad es la de expresar como nadie esa estructura, esa emoción y ese sentido, y que lo van a amar por ello. Así tuvo que crecer y desarrollarse durante toda su experiencia uterina. Así que es lo que mayormente va a expresar en su socialización con los padres. Y eso, les hace gracia en vez de recuestionarse, despierta su orgullo en vez de alarmarlos y aman al bebé por ello en vez de apiadarse de él. Empezamos mal, muy mal. Entonces el bebé recibe confirmación incondicional a su creencia sobre su misión en el mundo. Y ya tenemos a un esclavo simbiotizado que necesita ser aprobado por donde más le duele y ser valorado por lo que menos fuerte y liberado tiene. Por otra parte, la madre que las más veces está aún en su emoción dominante, va a ver que su bebé “hace uno con ella” y la libera, porque responderá, no con la misma emoción dominante de la madre, lo que sería prueba de normalidad, sino con la emoción secuencial ¡QUE LIBERA Y ALIVIA A LA MADRE! Entonces la madre, no sólo no se recuestionará, sino que sentirá que le cayó del cielo un ángel que la reequilibra. Y usará al niño en vez de curarlo.

¿Cómo sería la curación? Pues, cada vez que el niño se sitúe en la emoción secuencial a la dominante o a la ex dominante de la madre, ésta debe sentir MIEDO por el niño y volver dos pasos atrás en su propia secuencia, es decir al amor en el caso de nuestro bebé, incentivar el amor sano del bebé, pasar con él a la alegría también sana, Y HACER QUE ÉL SOLITO PASE AL MIEDO, incentivarlo, acompañarlo, Y QUE ÉL SOLITO PASE A LA TRISTEZA, y respetarlo durante todo el tiempo que esté en ella, acompañándolo SIN ESCALAR al ponerse aún más triste que él. Quedándose en un segundo lugar, ocupada en atender al niño enfermo. A la vez, le permitirá desplegar todas las potencialidades del Sintetizador, él solito, acompañándolo, pero sin grandes alborozos, con normalidad y darle este preciso mensaje gestual y subliminal: “yo soy responsable de haberte llevado a esto y estoy contigo, INCONDICIONALMENTE, mientras lo necesites siempre te acompañaré. Pero no creas en ningún momento que yo necesito esa enfermedad tuya, ni, mucho menos, que te quiero más por ella.” Eso es todo; una y mil veces hasta que el bebé tenga el tiempo de enderezar, solito pero con ayuda total, su propia visión de sí mismo y del mundo. Y, por supuesto, si la madre debe hacer eso, todos los demás que se acerquen al niño lo deberán hacer también, para no darle mensajes contradictorios. Pues se trata de la más grave de las enfermedades del bebé. Esperamos haber sido claros: ¡no se trata, en ningún momento, de descalificar ni de combatir la competencia del bebé, porque, si no, caería en el autismo! Se trata de sanar una zona enferma y convertirla en la sexta parte, valiosísima, del bebé. Si tomamos el ejemplo de una dolencia orgánica, por ejemplo, el sistema linfático enfermo como podría ser nuestro caso, no se trata de envenenar más al niño, tirándolo a la basura cada vez que le duela o que se hinche o que le salga un ganglio, sino de curarlo. Si el niño está enfermo hay que cuidarlo, no abandonarlo ni rechazarlo cada vez que tenga una crisis. Si no, además de haberlo enfermado, lo estaremos machacando y lo estaremos destrozando, y caerá en el autismo, encerrándose para siempre fuera de este mundo absurdo, cruel e incomprensible, que lo daña cada vez que sufre.

El tratamiento del talento: aquí el tratamiento es más fácil. Cuando asoma la genialidad del niño, aplaudirla igual de fuerte que cuando asoman sus partes sanas. Aquí tenemos a un pequeño genio que nos da lecciones a todos. Y hay que tener la humildad y la admiración normales ante cualquier genio. Y cuando algo asoma de verdaderamente genial, aplaudirlo a romper, pero luego pasar a la normalidad. No a la descalificación ni al rechazo; hemos dicho, después del aplauso, pasar a la normalidad. El mensaje preciso, gestual y verbal, que hay que dar al niño es: “eres un genio y te amamos, no te consideramos anormal ni diferente, mereces más y mejor admiración y amor por ello y te lo damos todos, con humildad, con normalidad”. O sea, que ni se aparte al bebé como siendo un loco y un anormal porque todos los genios son así de locos, ni se le transforme en un mono de circo a exhibir ante los amigos y conocidos. ¡Normalidad! Ya lo hemos dicho, todos nacemos para ser genios en las seis dimensiones. Y hay que empezar por alguna, ¿no?
Con un tratamiento así el bebé ya cree que puede ser él mismo, ser genial y ser normal y amado. Con lo cual su alma estará deshipotecada y libre y podrá amar confiadamente.

El tratamiento de la vocación: aquí el tratamiento es aún más fácil, pero más sutil. Con la vocación se expresará el grito máximo, el Do de pecho del espíritu del niño. Será sobrecogedor. Y maravilloso. Aquí la respuesta sana y normal es, no sólo orgullo, no sólo amor, sino alegría pura. Alegría, no exaltación ni, menos aún, inflación mesiánica. No, no tenéis allí a Dios encarnado que bajó a la tierra a dar la buena nueva. No. Tenemos, todos, allí, la máxima expresión de la verdad humana, a un ser humano pleno que rebosa de alegría de la certeza. Es entonces justo y necesario inclinarse y acatar, no arrodillarse ante el milagro. Eso sería fatal para el bebé, que se sentiría un ser fuera del mundo de los humanos. Al revés. Es lo plenamente humano. Lo único que hay que hacer con presteza es ayudar diligentemente al niño a fortalecer y dominar con maestría su eje correspondiente, en el caso de nuestro niño, el eje rabia-alegría. Y será fácil YA QUE LA ALEGRÍA SERÁ LA RESPUESTA JUSTA A SU RABIA. Cuando no se dé este caso preciso, o sea cuando el bebé no sea Constructor, DESPUES DE LA ALEGRÍA PASAR A LA EMOCIÓN COMPLEMENTARIA DEL EJE, y entrenarlo una y otra vez como si de un atleta olímpico se tratara.

Y, para terminar, no olvidar lo esencial: dar incansables caricias y alientos y permisos a lo que de sano y valioso trae innatamente el bebé. Hasta convencerlo, no olvidando nada del tratamiento a las enfermedades antedichas, de que lo más bonito, sano, perfecto que tiene son las tres dimensiones innatas que trae. Entonces tendremos al genio vocacional de las seis dimensiones en secuencia y en ejes que todos nacimos para ser.

Ahora bien, nada de todo esto tiene sentido si no se pone todo al servicio del Centro. Y el Centro DEBE ESTAR VACÍO, ya lo sabemos. No debemos permitir al bebé que ponga su vocación ni ninguna de sus dimensiones en el Centro. A un bebé tratado así no se le ocurriría jamás hacerlo, por lo demás. Es el narcisismo de sus padres y educadores lo que lo obligaría a ponerlo allí para luchar contra otra cosa que ellos han puesto allí, las más veces la propia emoción dominante tipológica del más despiadado y dominante y narcisista y demoníaco de sus progenitores. O si se obliga al bebé a poner al dios sextidimensional de cualquiera de las religiones. Eso hará a un bebé ateo.

¿CÓMO DAÑAR AL INFANTE? No vamos a tratar aquí de cómo se puede matar al infante. Para ello remitiremos al lector a una obra posterior sobre los diez tipos de psicópatas, en especial al Magnetizador que es el asesino psíquico de guantes blancos. Esta obra no tratará de psicopatías sino, a lo más, de psicotizaciones, o más exactamente, de caldo de cultivo de las psicosis, que en esta obra, no trataremos tampoco. Pues aquí sólo se trata del ESPLENDOR DE LO HUMANO, y de cómo volver a él si nos hemos alejado.
El sometimiento de la competencia: Para afincar al bebé en su creencia de origen intrauterino en que se le acepta y se le da un lugar en el mundo por su dimensión dominante innata, basta celebrar y amar esa dimensión y dejar patente al infante de que se le distingue por ella. Es en ese error en el que caen la inmensa mayoría de los padres y de los familiares cercanos del bebé.
Para agravar ese estado basta con que, cuando asomen las tres dimensiones sanas del bebé, no se les haga ningún caso especial y se las trate como siendo lo banal en ese bebé.
Para someter al bebé y darle “misiones” especiales que lo conviertan en el ente nutricio de sus cuidadores, basta con que cuando asome el talento o la vocación del bebé se los descalifique, y se solicite en su lugar la emoción dominante.
Para afincarlo en su “personalidad”, es necesario exhibir al bebé ante los demás solicitando su dimensión dominante y, cuando ésta se hace presente, premiar al bebé. Así afincará su imagen viciada de sí mismo y su creencia de que conseguirá sobrevivir por su dimensión dominante. Entonces el bebé se SOCIALIZARÁ y caerá en el convencimiento de que el mundo es cruel y cínico y que “hay que” tener puesta la máscara de turno para lograr sobrevivir en esa jungla. Ya tendremos a un Reactivador amoroso, a un Promotor alegre, a un Fortificador respetuoso, a un Constructor sensato, a un Revelador vitalista y a un Legislador orgulloso.
A partir de ese momento, el cuerpo del bebé o del infante se resentirá y enfermará. Se le dará un antibiótico, por ejemplo, en vez de reparación del crimen.
El sometimiento del talento: necesita más maldad y premeditación en los cuidadores. En efecto, es necesario que, cuando asome el talento y se muestre la genialidad, el bebé encuentre hostilidad, envidia y escalada (“yo lo hago mejor que tú”) en los padres o cuidadores. Si encuentra una respuesta adecuada y otra hostil en sus diferentes progenitores, elegirá la mejor respuesta, salvo si el progenitor que le da la buena respuesta se deja “machacar” por el que le da la mala. En este último caso, el infante caerá en un sentimiento de culpa y ocultará su signo distintivo frente al progenitor abusivo. El infante desarrollará la creencia en que su talento pone en riesgo a su progenitor bueno y que ese talento es peligroso.
Para agravar la desconfianza del niño en su talento, es necesario tratarle de “loco” cuando esté ejerciéndolo. Tratarle de loco y rechazarlo por ello.
Entonces el infante decidirá renunciar a su talento para que lo dejen en paz y lo acepten en su núcleo familiar. Sentirá una legítima rabia contra esa injusticia de su medio y luchará desesperadamente por conseguir aceptación y valoración por lo que “él sabe que es bueno y superior”. Esa lucha de liberación será entonces tratada como una rebeldía intolerable y será aplastada. Entonces el infante decidirá conservar esa rabia por dos motivos:
1º) Para recordar dónde está su tesoro al que le obligan a renunciar, y, cuando se sienta a salvo de las persecuciones, tener una pista para encontrarlo, desenterrarlo y recuperarlo. Eso es lo bueno. Lo malo es que para poder convencerse de que su progenitor responsable del desaguisado es “bueno” y no malo, y que por lo tanto no se merece su rabia, el bebé o el infante hace pasar ese sentimiento de rechazo y de rabia auténtica a su inconsciente. Sentirá rabia en vez de su talento y ya no sabrá porqué. Esta decisión de origen consciente pasará a su sistema neuroendocrino reflejo y se generará la rabia espontáneamente e inexplicablemente para él. No será consciente del “switch” talento-rabia contra el responsable de su decisión de renunciar a ello, y el infante la sentirá como rabia inexplicable.
2º) Para odiarse a sí mismo y al talento en vez de sentir rabia contra los padres. En esta segunda fase la oposición y el rechazo se han interiorizado y el bebé sentirá: “soy malo-estoy loco”, y se tendrá rabia cuando le surja la tentación de mostrarse o de mostrar su genialidad. De allí es muy fácil pasar al tercer paso, que cerrará la trampa:
3º) Cuando el bebé vea afuera esa dimensión, sentirá rabia hostil hacia ella. Así será coherente con sus dos decisiones anteriores y ya cortará el hilo de tensión que lo puede someter a la tentación de reconsiderar sus conclusiones sobre el mundo y sobre sí mismo. Así se convertirá en un prisionero amargado y envidioso de los que no hicieron la misma elección que él. Será un enemigo de su propio talento, tanto en sí como en los demás. De más está decir que si, una vez adulto, tiene un bebé de su misma tipología luchará con saña y hostilidad contra la genialidad de su hijo. Y si, además, está resentido, luchará contra todo tipo de genialidad, cualquiera que sea ese talento.
A partir de entonces su alma estará en exilio, y él se convertirá, no sólo en un habitante y víctima de la jungla que lo obligó a exacerbar el dolor de su competencia, sino en un carcelero hostil y rabioso del mundo de los pigmeos, de los que luchan contra toda genialidad y se empeñan en cortar toda cabeza que asome por encima de la medianía.
El sometimiento de la vocación: es el mayor daño que se le pueda hacer a un ser humano. Es el asesinato de su espíritu.
Cuando el feto está en el útero materno y se le oculta la presencia estelar de su Centro (un mes de gestación), el “choc” es tan tremendo que tras el odio puro que se siente ante “el Dios estafador”, muchos fetos toman la decisión de morir. Si la vida no es lo que debe ser, su existencia ya no tiene sentido. Los que decidimos continuar y seguir adelante lo hacemos primero y principalmente por una razón: volver a encontrar ese Centro, esa gloria y ese esplendor puros que hemos percibido, que sabemos que existe y que nos proponemos reencontrar por encima de todas las cosas. Y la primera reacción es de culpa, de inadecuación: eso tan maravilloso no puede ser malo. Somos nosotros los que hemos hecho algo terrible para que Eso maravilloso nos abandone. El concepto de “culpa originaria” nace de esa experiencia y de esa vivencia que, todos, tuvimos.
Luego pasamos a la luz intermitente tripartita: cuando estamos en nuestros ejes y en nuestra secuencia, y sentimos que toda esa maravilla nace del Centro y tiene como finalidad el Centro, todo parece maravilloso. Cuando sentimos las emociones “buenas” y centradas de nuestra madre, ya todo es bueno, pero estamos en una posición más subordinada, somos el receptor de… cosas buenas. A lo sumo, podremos acceder a una relación yo-tú con un Centro que recibimos como superior al nuestro. Cuando sentimos las emociones “malas” de nuestra madre y estamos obligados a contraer una personalidad para sobrevivir, sentimos ese Centro como un dios caprichoso, brutal, arbitrario, que, sin razón alguna de causa a efecto, se torna terrible y amenaza nuestra vida, aplastando nuestra integridad y nuestra libertad. Pero allí el feto aprende que “haciendo cosas”, como colocarse en su estructura dominante compensatoria, fortaleciendo su talento y extasiándose con su vocación, logra quedar más o menos bien. Logra un todo bastante coherente y cierta integridad.
Las cuatro experiencias quedan grabadas en su cuerpo, en su mente, en todo su ser. Y condicionan su visión de Dios que, como Juno, tendrá cuatro rostros. Cuando el feto se convierte en un bebé autónomo puede, si los padres se comportan como lo indicamos anteriormente, ser ayudado y reestabilizado por los padres.

Pero al nacer ya tiene decidido que Dios es algo mejor pero de la naturaleza de su propia dimensión vocacional. Para el bebé, el sentir y expresar esa dimensión es una cuestión de vida o muerte. Entonces ¿con qué se suele encontrar? Pues con dos cosas. Una externa y terrible, y otra interna y abrumadora.
Si la reacción de los padres es la de prohibir la vocación, y eso es muy corriente por repetición y perpetuación de ESA CADENA MALDITA QUE PERPÉTUAMOS en la exaltación de nuestra competencia, la envidia y hostilidad de nuestro talento y la prohibición de la vocación, y que nosotros, los mamíferos humanos, nos transmitimos de padres a hijos y de generación en generación, hasta convertirla en cultura universal, adquirimos una TIPOLOGÍA DE PERSONALIDAD, es decir, una prisión vitalicia que encierra nuestro ser.
En efecto, si ya se exaltó nuestra competencia y se combatió nuestro talento, somos pasto de la tercera y más sangrienta acometida contra nuestro ser: la prohibición de nuestra vocación. Y eso es muy fácil de lograr en un bebé ya dañado por dos veces. Recordemos que el bebé ya viene desorientado al mundo, sin relación ni contacto con su Centro originario, sin acceso a sus ejes y con su secuencia bloqueada por la obligatoriedad de efectuar marchas atrás y saltos adelante para mantener el 80% de su energía innata plana. Es decir que, visto de una manera gráfica, el bebé ya viene con su estructura desplegada y abierta, como la ilustramos en la página 122, y no integrada como la mostramos en la misma página.
Para el bebé, Dios es su vocación, y cada vez que accede a ella en paz rinde culto a su dios y se regocija con su benevolencia. Se siente ser. Se siente pertenecer y pertenecerse. Se siente fluir y es feliz. Bueno, todo lo feliz que puede ser un mamífero. Se siente tan feliz como un cachorro de león, por ejemplo. Es un animalito más en este planeta tierra. Con la única diferencia de que tiene una dimensión más que le permitirá transformar su mundo para bien o para mal.
Si se encuentra con una oposición a su vocación. Si, cuando la manifiesta, se encuentra con que lo tiran fuera del mundo de los humanos ya sea por idolatría que lo lanza hacia el cielo y lo obliga a confundirse con un dios, una y otra vez hasta obtener de él que sea un narcisista. O si se le excluye del mundo, aterrándolo porque se lo deja solo “por malo”. O si se ve aplastado y aterrado y vencido por el dios personal de sus progenitores, que tiene un real poder de vida o muerte sobre él, el bebé caerá en dos convicciones:
1º) Dios, en verdad, es el dios malo que recuerda tan bien en todas las células de su cuerpo. Sólo que ahora es peor: antes podía “hacer cosas” para recuperar un equilibrio amputado, es cierto, pero parecido a cierta integridad. Ahora no. El dios de su vocación es más débil que los demás dioses y está vencido. Es más, lo castiga abandonándolo a merced de adoradores de otros dioses, que se ceban sobre él.
2º) Pero Dios es necesario porque su espíritu así lo grita, eso en primer lugar. Él recuerda su Centro, y esa evidencia no puede ser recuestionada. Su alegría, su Orientador y su sexo dependen de ello. Entonces como no existen los dioses “buenos”, y que sólo los malos le demuestran existir, se someterá a su propio dios malo que le prometió la vivencia de su vocación y se identificó con ella pero que en la realidad le demuestra que Dios existe sí, y que precisamente admite la expresión de esa dimensión, para él vocacional, en todos menos en él. De esa creencia nacen los arquetipos colectivos. Es decir los dioses del Olimpo.
Y eso es tan así, que sus progenitores le evidencian una y otra vez que ellos también están sometidos a sus dioses arquetípicos, que prohíben para los seres humanos, la vocación.
Para llegar a tan aberrante visión del mundo espiritual fue necesaria la intervención viciada del Transformador, que busca el porqué de las cosas y sólo puede vivir en la coherencia. El Transformador descubre cosas importantes para que todo tenga un sentido coherente. Y, un infante normal tardará tres años en resignarse a esa visión carcelaria del mundo. Luchará con tesón durante tres años, en el mejor de los casos. No vamos a mencionar casos límites en toxicidad. Durante cuatro años más intentará recuperar su integridad de mamífero original. Luego olvidará, y se instalará cómodamente en su cárcel, y se hará prosélito.
Esas dos convicciones del infante lo van a conducir a convertirse en un “adorador de”, sometido en cuerpo y alma a su dios arquetipal. Para ello, cambiará un 40% de la falsa rabia que reemplazaba su talento por más emoción de su competencia. Así se transformará en algo coherente que sigue una religión, la de su arquetipo particular. En cuanto a su vocación, seguirá con la coherencia absoluta de su esquema existencial y la cambiará por miedo fóbico. Ya no será necesario aterrorizarlo con ser excluido y morir de abandono y de exilio. Él mismo se encargará de exilarse del mundo y de la verdad espiritual sintiendo miedo fóbico en lugar de su vocación, y por la gente que actúa, auténticamente, esa vocación. Así se alejará de su espejismo imposible.

En el MAT llamamos TIPOLOGÍA DE PERSONALIDAD la inflación de la competencia ( que deja de ser competencia, pues pasa a convertirse en un 140%, como en el útero, del cual 100% corresponde a la emoción auténtica y el 40% corresponde a la vocación originaria convertida en esa falsa emoción que imita la competencia), la desconexión del talento (que es reemplazado en un 40% por falsa competencia y en un 60% por rabia falsa- envidia-) y la prohibición de la vocación (que es reemplazada por falso miedo fóbico). NUESTRAS ESTADÍSTICAS ARROJAN QUE, SOBRE 120.000 CASOS ANALIZADOS, EL 98% DE LAS PERSONAS ESTÁN EN SU TIPOLOGÍA y sólo el 2% está en su personalidad. No encontramos ninguna que no esté en ninguno de los dos estados. No encontramos ni a un sólo ser humano integral.
En el próximo capítulo mostraremos cómo es cada tipología, y también sus fases de evolución, que lo alejan o lo acercan del recién nacido más intacto que fue. Mostraremos qué hacer para recuperar la integralidad del ser humano que nacimos para ser.

Por lo pronto concluiremos este capítulo mostrando que las tipologías son adoradores de dioses arquetipales de esta forma precisa:

– El Reactivador es un adorador de Orfeo.
– El Promotor es un adorador de Mercurio.
– El Fortificador es un adorador de Aquiles.
– El Constructor es un adorador de Sísifo.
– El Revelador es un adorador de Prometeo.
– El Legislador es un adorador de Atlas.

Eso en un 98%. Del 2% restante, cuando se conectan y recuperan su competencia, su talento y su vocación, acceden al Dios de su vocación y entonces:
– El Reactivador se identifica con Jesús.
– El Promotor se identifica con Alah.
– El Fortificador se identifica con el Dios de Buda.
– El Constructor se identifica con el Dios de Zoroastro.
– El Revelador se identifica con el Dios de Maní.
– El Legislador se identifica con el Dios de Moisés.

Aún así, ¿cómo evitar las guerras de religiones? Pues el espíritu del ser humano está en exilio, y, cuando se encuentra, es para encontrar a un Dios Padre hecho a su imagen y semejanza.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 22: HISTORIA DE NUESTRA GESTACIÓN

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Resumamos, con palabras cotidianas, el proceso de la GESTACIÓN: Poco antes de ser liberado el ovocito primario (estado original del óvulo en el ovario) del folículo, su núcleo se divide por meiosis y se elimina el primer corpúsculo polar. Éste queda inmediatamente fuera de la membrana celular del huevo y formará la placenta y todos los cuerpos maternos que alimentarán y protegerán al feto. Hay un primer “desprendimiento” del sí mismo de la madre para ofrecer un espacio seguro al hijo. Parte del amor y, más especialmente, del eje amor-tristeza, que diferencia “lo que hay” para el hijo de lo que hay del hijo, sin mezclarlo. El huevo liberado se transforma en el ovocito secundario. En este proceso, cada uno de los 23 pares de cromosomas pierde uno de sus compañeros del cuerpo polar y tenemos 23 cromosomas no pareados. En este segundo proceso interviene el segundo eje orgullo-miedo. Hay una serie de transformaciones donde se desecha la identidad de la madre como proceso clónico y se desprende de cada pareja de cada uno de sus cromosomas para preparar la mitad de la individualidad del niño. Ninguna vida es posible sin que estos cromosomas encuentren a su pareja. Es la mitad de un ser potencial, del cual se ha separado “la imagen y semejanza con la madre”, puesto que se quitan cada pareja de cada cromosoma.

Unas cuantas horas después de que el espermatozoide entra en el ovocito, el núcleo se divide de nuevo y expulsa un segundo cuerpo polar, con lo que se forma el óvulo maduro. Este tercer proceso evidencia la intervención del eje Alegría –rabia de los tres seres en presencia: el del padre que entra y se fusiona y exige formar otra cosa que no sea suma de dos, el del hijo que tiene aspiración a ser realmente sí mismo y diferente de ambos progenitores, y el de la madre que deja de ser protectora y creadora y deja que cada cual haga lo suyo, cortando con todo apoyo innecesario que podría convertirse en una invasión que imposibilitaría el surgimiento de un ser completo. Para ello, la segunda expulsión del cuerpo polar. Así quedan 23 cromosomas impares, los del hijo. Uno de los cromosomas, el cromosoma X, es femenino. Necesitará de un cromosoma Y del espermatozoide para ser varón y de un X para ser hembra.

De 300 millones de espermatozoides que contiene una eyaculación común, 1.000 a 3.000 logran llegar cerca del óvulo. Los más fuertes y sanos. Esos espermatozoides finalistas atacan la corona radiada del óvulo para abrirse paso. Cuando uno de ellos entra, su cabeza se hincha desmesuradamente para formar el pronúcleo masculino. Los 23 cromosomas del pronúcleo masculino y los 23 cromosomas del pronúcleo femenino se alinean entre sí para constituir un elemento completo de 46 cromosomas en el óvulo fecundado. Así se establece la fusión –diferenciación del tercer eje: alegría-rabia. Entonces surge el ser potencial completo y autónomo: los tres ejes al servicio del Centro creciendo en la secuencia emocional humana. Así puede intervenir el proceso de división y diferenciación celular, para que la promesa se convierta en realidad disponible, existente y presente: un bebé. Este proceso es lo que se denomina fecundación.
Entonces comienza un dificultoso proceso de transporte del óvulo por la trompa de Falopio hasta el útero. Durante esta fase ocurren varios procesos de división celular y se crea el cigoto. Éste se queda entre 2 a 4 días en la cavidad uterina donde es nutrido hasta convertirse en una masa de 100 o más células que convierten al cigoto en mórula. La mórula segrega células que digieren células uterinas y las licuan para prepararse un colchón de implantación en el útero.
Poco después de la implantación, se desarrolla una cavidad (Centro vacío) en la masa de células y empieza a desarrollarse el embrión a lo largo de una de las paredes de la cavidad. Es la etapa donde el embrión es blastocisto.
El embrión de un mes tiene ya todos sus órganos delineados. El primer proceso es el de la circulación entre sangre materna y embrionaria diferenciadas. Y el primer órgano completo que se forma es el cordón umbilical para, no sólo recibir nutrientes de la madre, sino poder expulsar materiales de desecho del embrión. La primera estructura es así, El Centro. Entonces comienza la difusión del oxígeno y enormes cantidades de producción de estrógenos y de progesterona por la madre. Tanto la absorción del oxígeno como la producción de hormonas sexuales dependen de una emoción: la alegría, y nutren, conformándolo, el Orientador del niño. Así se posibilita la reproducción celular del embrión y del feto. El niño es embrión hasta el final del segundo mes. En el tercer mes ya es un feto, hasta los nueve meses. Después del parto será un bebé.
A los tres meses el feto mide 15 cm y pesa 125 gramos (miedo y tristeza). Su rostro ya está diseñado (amor), sus órganos genitales ya son definidos (alegría), su esqueleto está formado (orgullo), su médula ósea ya funciona (orgullo), su corazón late desde hace dos meses (amor), su hígado funciona desde hace un mes y medio (rabia), y ¡respira! – alegría- ( luego, a medida que crezca, se irá inhibiendo la respiración para que no se trague materias fecales y así evitar la fórmula letal alegría- rabia) . Tal es el prodigio.
A los cuatro meses, mide 21 cm y pesa 250 gr : su sexo está más claro ( alegría). Se mueve (rabia). Tiene todos sus órganos (seis estructuras con sus seis emociones y sentidos). Tiene la mayor parte de sus reflejos periféricos (eje miedo-orgullo).
A los cinco meses, mide 27 cm y pesa 500 gr. Está cubierto de vello ( tristeza). Se mueve pero no es capaz de vivir por sí mismo porque no tiene vitalidad autónoma ( falta Vitalizador completo y algo de rabia). Ingiere y digiere y expulsa mecomio (materia fecal del feto) –rabia-.
A los seis meses, mide 33 cm y pesa un kilo. Tiene un aspecto senil por falta de grasa, da vagidos (eje completo alegría –rabia), deglute si lo alimentan, mama, orina. Necesita de la incubadora para sobrevivir (amor y miedo). Si no, muere.
A los siete meses, mide 39 cm y pesa 1.750 gr. Ya parece menos senil. Puede dar vagidos, deglutir y mamar. Es bastante vital y si se le puede meter un tiempo en la incubadora, mejor.
A los ocho meses, mide 45 cm y pesa 2.500 gr. Ya es un bebé graso y liso. Sobrevive por sí mismo.
A los nueve meses, mide 50 cm y pesa 3.250 gr. Es un bebé perfecto y normal. Su cerebro necesitará de un año más de vida para alcanzar su total maduración.
El análisis MAT de la gestación
Todo empieza por el Centro, es lo primero que se manifiesta en el óvulo de la madre, quien desde el núcleo se desprende dos veces de sí misma para abrir paso al ser del infante que tendrá como privilegio cobijar y alimentar. En el espermatozoide pasa lo mismo, y se borra hasta no ser sino carga genética y cromosómica del hijo. En el niño, lo primero que surge es el Centro también. Y, tras manifestarse y afincarse, por dos veces, abre paso al surgimiento y a la multiplicación de células que llevan en sí todo el potencial de un ser humano autónomo y auténtico. Perfecto. Tal y como estamos todos creados para ser.
La primera conciencia del niño, conciencia integral, es la de surgir de un Centro inconcebiblemente superior a sí mismo, que potencia todas sus facultades para ser. Eso, antes de la formación del cordón umbilical, es decir, antes de un mes de gestación, cuando se es pura potencia autónoma. La formación del cordón umbilical, indispensable para recibir todos los nutrientes y desechar los sobrantes, introduce, a la vez que un Centro orgánico, una relación con el otro, con un ser vivo que no es Centro sino que tiene un Centro. Y eso, el embrión lo recibe como una conmoción y una absoluta pérdida del origen mismo de la gloria y del esplendor en los cuales bañaba beatíficamente. Este primer duelo nace de la sabiduría de no SER del Centro sino de tener un Centro. El segundo duelo viene de la obligada relación entre el Centro propio y el de la madre, relación inevitable que se vive como una sujeción intolerable y como una estafa. La segunda emoción del niño, después de la alegría beatífica, es la de rabia absoluta hacia ese Centro que tanto promete y tan poco cumple. Allí empieza a funcionar activamente la secuencia y, de la rabia, se pasa al orgullo, “Ya que estoy, voy a ser todo lo que pueda”. Y del orgullo se pasa a la otra punta del eje, al miedo a ser pulverizado por esa primera rebeldía y, también a la seguridad al ver que no ocurre la desaparición. Del miedo se pasa a la tristeza auténtica por dos razones: una positiva, al constatar el desarrollo inaudito que se opera en sí, y otra negativa por ser así la vida, supeditada a otra vida. Entonces se pasa a la otra punta del eje, al amor, porque se toma conciencia de toda la maravilla que se está recibiendo del Centro primero, de la madre después. Entonces se dispara el funcionamiento, en orden, de los tres ejes: el eje amor-tristeza que abre el segundo eje: orgullo-miedo, que abre el tercer eje: alegría-rabia. Allí el ser humano mamífero comienza a existir, a aceptarlo y a cooperar. Y empieza el trabajo en equipo con la madre, para que ambos estén lo mejor posible durante todo lo que dure la vida intrauterina.
El embrión se hace feto. Se borra de la memoria esa primera rebelión y sus causas. Esa experiencia, como todas las demás cuando se borran, queda conservada en el cuerpo. Se borra de la memoria la segunda rebelión contra la madre, y sus causas. Y se empieza a vivir y a existir con plena conciencia de sí y del otro. Y esa conciencia se torna, como consecuencia de esos dos procesos de borramiento, más importante que la conciencia del Centro. Sin embargo, durante los cuatro primeros meses de gestación, el Centro sigue funcionando y sostiene los tres ejes que sostienen y posibilitan la secuencia emocional que permite a su vez el desarrollo de la vida. Pero la percepción del Centro se hace cada vez más lejana e intermitente. ¿Por qué?

Estructura MAT de personalidad - Preciada Azancot

Estructura MAT de personalidad – Preciada Azancot

Desarrollo de la personalidad como prisión:
Ninguna gestante vive las 24 horas del día en la gloria y en el esplendor al servicio del Centro. Nosotros, los seres humanos, vivimos en nuestra vida diaria y desequilibramos nuestras emociones en permanencia. En el origen de este desequilibrio constante está nuestra condición de mamíferos. En efecto, si reflexionamos mínimamente sobre el feto, que está viviendo ya mal su Centro, sus ejes y su secuencia, mal por las dos razones ya mostradas, veremos que, inevitablemente, por su condición de mamíferos, está recibiendo de la madre, además de los sublimes alimentos y del maravilloso cobijo y protección, constantes interferencias que limitan y coartan su bienestar, su individualidad y su autonomía. Por ejemplo, el feto está en su eje amor-tristeza y está gestionando, apasionadamente, lo disponible, estando pues muy ocupado en la energía tristeza. Entonces viene de la madre una enorme descarga de amor. ¿Quién se lo podría reprochar? Ella no puede adivinar en qué estaba el feto, quien, al recibir una enorme descarga de la emoción contraria, corre el riesgo de caer en la fórmula letal y debe, para no morir, salirse rápidamente de esa emoción y pasar a la secuencial, la rabia, para sobrevivir. Así, de sobresalto en sobresalto, el feto va temiéndole a los ejes que representan, a la vez que la potencia mayor, el peligro mayor. Es como si tuviéramos el don de volar pero que, cuando lo haciéramos, nos bombardearan con un misil una de cada cinco veces. ¡Sería como para pensárselo! Pues no olvidemos que las emociones no son sólo sentimientos que el feto capta perfectamente, sino que son, también y sobre todo, energía que hace funcionar las estructuras. El miedo de la madre va a significar una enorme descarga de cortisona que el torrente sanguíneo le va a aportar a través desde el cordón umbilical y que él se va a tragar, la necesite o lo infle. Una gran descarga de tristeza significará una descarga de hormonas tiroidales y agitación, nerviosismo y metabolismo disparado que consume las pocas grasas que consigue almacenar. Una descarga de alegría le inyectará una sobredosis de insulina que lo podría matar si el organismo humano, como cualquier otro organismo vivo, no fuera milagrosamente perfecto y sólido. Y estamos hablando tan sólo de la relación de las emociones en el funcionamiento endocrino, que es, tan sólo, uno de los múltiples sistemas del cuerpo humano. La aparición de vello que cubre todo el cuerpo del feto a los cinco meses evidencia, no que somos originarios del mono y lo superamos, sino que estamos dominantemente supertristes, ya que comprobamos, en nuestras investigaciones hospitalarias, que el vello y el pelo están relacionados directamente con la tristeza auténtica. Y estamos supertristes porque hemos sufrido una pérdida que nos deja desconsolados: hemos perdido nuestra conexión constante con los ejes, nuestro funcionamiento natural en los tres ejes, en el cuarto mes de gestación.
Pero eso no es todo, ni es lo más dramático: por ser mamíferos, vamos a adquirir, en el útero de nuestra madre, una personalidad que es resultante del desequilibrio de nuestra estructura según parámetros de leyes inevitables que rigen nuestra naturaleza –las que descubre el MAT- y que, en situación de crisis, al no recibir ese espacio seguro pleno que necesitamos, nos va a movernos a funcionar de manera a recibir lo máximo posible en situaciones adversas.
Volvamos atrás en nuestra historia, al momento en que tenemos un cordón umbilical que nos comunica con nuestra madre biológica. Cada emoción de la madre va a poner a funcionar la estructura correspondiente de la gestante y producir hormonas, sangre, calcio, vitaminas, minerales, anticuerpos y todo lo previsible porque para eso están las emociones: para hacer funcionar las estructuras y permitirnos ser y vivir. Ahora bien, la gestante va a tener, durante la mayor parte de su embarazo, una emoción dominante, la que corresponda a sus circunstancias y a su situación: puede sentirse feliz de tener un bebé y esa alegría será su emoción dominante; puede estar triste porque su marido la abandonó, ella quedó en paro y su padre está muy enfermo y morirá durante su embarazo; puede sentir mayormente amor si ya tiene a un bebé al que ama, está enamorada de su esposo y espera con ternura a su segundo retoño; puede estar asustada si tiene un embarazo de alto riesgo y además estalló la guerra en Irak y enviaron a su esposo al frente. Vamos a tomar este último ejemplo para ejemplificar la gestación del bebé como historia vivida por él. Lo llamaremos nuestro bebé.
Nuestro bebé tiene un día de gestación. Ya tiene 46 cromosomas combinados, 23 de origen materno y 23 de origen paterno. Experimenta la metamorfosis, el surgimiento de su ser dentro del óvulo materno. Por supuesto él no siente ni lo de paterno ni lo de materno, pero sí siente. Siente más que si tuviera un cerebro completo, porque no hay razonamientos, ni deducciones, ni inducciones, sino pura sensación que lo impregna todo y que se fijará para siempre en su Vitalizador.
Es sacudido y transportado a trompicones por la trompa de Falopio y sufre varias divisiones celulares: del orgullo pasa al miedo de desaparecer y se aferra al sí mismo. Ya de óvulo fecundado pasa a convertirse en un cigoto. Se queda 2 a 4 días en la cavidad uterina y es nutrido. Siente amor. Es amor. Así se queda hasta convertirse en una masa de 100 células o más. Es una mórula. Pasa a ser tristeza porque pierde su identidad. Entonces reacciona y, rabiosamente, se hace su propio hueco segregando células propias, con gran vitalidad, que digieren y licuan células uterinas de la madre hasta hacerse su propio colchón mullido y ahuecado. Así se implanta él mismo en el útero materno. Entonces pasa al éxtasis de la alegría de la gloria y del esplendor y es “del” Centro. Poco después comienza a asumir su ser del Centro como única pertenencia y hace una cavidad, vacía como el Centro, mientras que él, al servicio del mismo, se retira a una de las paredes de la cavidad. Nuestro bebé ya es embrión y es pura felicidad, orden, armonía, metamorfosis, claridad, sí, pero además es inmortalidad, eternidad e infinitud. Lo es todo al servicio del Centro que lo está creando a él. Se hace en él una circulación entre sangre materna y sangre propia que no es diferenciada como sensación y que le aporta plenitud. Y sigue siendo, cada día más, en permanente metamorfosis extasiada. Vive y graba en su cuerpo (Vitalizador) el conocimiento de la Gloria y del Esplendor.
Desde su Centro se hace un cordón umbilical que lo une a la parte del óvulo maduro que se transformó en Su placenta. Allí comienzan las interferencias porque recibe productos raros y chocantes provenientes de las emociones de su madre, que no son las suyas propias, y que él debe tomar en cuenta, ¡y cómo! Porque lo desestabilizan. Y, muy en particular, las hormonas segregadas por el miedo dominante de la madre que tomamos como ejemplo: cortisona, adrenalina, y demás productos de la suprarrenal. Esto representa para él un riesgo de muerte: la cortisona lo infla, la adrenalina lo acelera, pasa de estar amorfo a hiperactivo y combativo. Además, ese miedo de la madre, añadido al suyo propio, inflan su Rector y, así, pierde la armonía de su estructura. Entonces su propia constitución humana, su propio orden natural, su patrón de ingeniería funcional lo obligan a buscar la mejor de las opciones para sobrevivir. ¿Pero cómo vive ese “choc”? Como un colapso, como una estafa, como una mentira intolerable que contradice el estado maravilloso y perfecto que poseía y creía poder conservar para siempre porque ese sí que era SU orden. Y eso se vive como un odio total e incondicional al Centro. Entonces le llega la hora de la verdad: o elige no aceptar nada más que el orden perdido y entonces desaparece porque él sigue funcionando en sus ejes y en su secuencia al servicio de Su Centro. Y hay un aborto “espontáneo”. O decide adaptarse y buscarse la vida sin ilusiones: ese Centro inmutable y maravilloso, existe y desaparece de manera intermitente, y él pasa, de la felicidad de ser, al trabajo de sobrevivir. Y entonces el feto sigue su formación y dará lugar a un bebé vivo. ¿Cómo lo logrará?
El feto tiene conciencia sólo de algunas cosas: de su Centro, en primerísimo lugar, de sus tres ejes, y de su secuencia emocional perfecta. Además, para seguir formándose y crecer necesita de esas tres cosas. Pero ya perdió la sensación de eternidad, de infinitud y de inmortalidad. La sensación de eternidad la perdió porque no sólo no está a solas con el Centro, sino que las emociones de la madre son a veces maravillosas, cuando lo acompañan en las suyas en los ejes y en la secuencia, y a veces asesinas y terribles, cuando lo desequilibran y lo obligan a “hacer cosas” para sobrevivir. Desde un comienzo, el ser de la madre es sentido como dual: es la nutricia buena que lo ayuda a ser, ya no tan feliz y autónomo como antes del cordón umbilical ( eso maravilloso ya se perdió para siempre mientras esté allí), que lo nutre, que evacua sus desechos, que le da calor y cobijo seguros; y es, también, el ser terrible que lo está matando, y, aún peor, que oculta su Centro y se pone en el Centro. Mamá es entonces el máximo terror.
Y ¿cómo es la sensación de sí mismo en ese trance? Pues pasar de lo divino al mismísimo infierno como sujeto pasivo y sin encontrar ninguna relación entre lo que sucede y lo que hizo él. Absurdamente, caprichosamente. Allí se cae la vivencia de Dios y se remplazan por visiones mágicas de poderes arquetipales que nos van a perseguir y confundir durante toda nuestra existencia.
Pero ¿cómo se defiende el feto para sobrevivir? Nuestro bebé recibe a diario los productos y consecuencias del miedo de la madre. Si el bebé está en una de las emociones de sus ejes o en una de la secuencia, está obligado a abandonar su precioso recorrido de crecimiento personal y a acudir a su propio miedo, que es la emoción “que lo llama”. Allí su instalación lo alerta sobre el gran peligro que corre si permanece allí, porque además de recibir las descargas peligrosas de la madre, recibiría las suyas propias de misma naturaleza y efecto y moriría. En nuestro ejemplo, si el feto se pone también en el miedo, produciría más hormonas de las suprarrenales, y su piel y su cerebelo se harían espesos y gigantesco, para mencionar tan sólo tres efectos del miedo. Y su Rector se cerraría a todo contacto con la madre, produciendo, por ejemplo, una oclusión o una hernia del cordón umbilical. Así que, está claro para él LO QUE NO debe hacer: no debe, bajo ningún pretexto, quedarse también en el miedo. Entonces, el feto se coloca en la emoción secuencial que sigue a la emoción dominante de la madre como única alternativa para sobrevivir: balancear la emoción dominante de la madre tirando de la emoción siguiente en la secuencia, durante todo el tiempo que dure la descarga desestabilizadora. Y decimos como única opción porque primero el feto intentó otra opción más potente y placentera: colocarse en la emoción opuesta en el eje de la de la madre, en nuestro caso, el orgullo: “Tú tiras de un lado y yo intento balancear colocándome en el otro lado del balancín”. Y debe desistir de ello porque experimenta los terribles y mortales efectos de la fórmula letal. En efecto, el miedo de la madre produce miedo a desaparecer en el niño, y no orgullo, porque éste es falso, y como el miedo restante es el de la madre y no el suyo, también es falso: falso miedo + falso orgullo = fórmula letal.
El deber, como obligación ineludible, colocarse en la emoción secuencial siguiente a la de la madre, en este caso en la tristeza, para sobrevivir, produce, en nuestro bebé varios y serios efectos que van a condicionar toda su existencia y su visión de sí mismo:
En primer lugar, nuestro niño experimenta un alivio inmediato de los padeceres que lo afligían: la tristeza, para dar algunos ejemplos de sus efectos, estimula la glándula tiroides, quema la grasa y reduce la hinchazón producida por la cortisona generada por la gestante, activa el metabolismo que la suprarrenal ralentiza, activa el sistema linfático que drena la retención excesiva de líquidos y de toxinas que el cortisol genera. El equilibrio orgánico se restablece. No así el emocional.
En el ámbito emocional hay un primer efecto: la sensación de impotencia y de muerte inevitable desaparece y abre paso a una sensación de orgullo y de autoconfianza: “yo sí que puedo evitar que me hagan desaparecer”. El feto encontró ,él solito, la mejor opción para seguir siendo. Pero es un orgullo triste porque tuvo que hacer algo que, en justicia no debería tener que hacer. Allí surge un sentimiento de abandono y de hostilidad para con la madre primero y, lo que es más grave, para con Dios, o con el orden de lo humano, si se prefiere, da igual cómo se llame. En Análisis Transaccional sería la posición existencial. Yo bien- Tú mal, tanto con la madre como con el orden natural.
Un segundo efecto, aún más grave, es que el niño, que necesita para ser y crecer funcionar en los ejes, no pudo reequilibrar de manera natural el desbalance producido en él empleando la ley natural de los ejes: no pudo reequilibrar el miedo instalándose tranquilamente en el orgullo. Eso, para más INRI, le produjo la fórmula letal, de efecto mortal si hubiera permanecido en ella. Entonces se desarrolla una inevitable visión simbiótica en el feto: él y la madre son dos, pero “HAY QUE” funcionar como si fueran uno sólo. En efecto, no sólo hay que trabajar arrastrando la emoción de la madre pujando en la secuencial que no parte de una necesidad personal ni genuina sino de una imposición de supervivencia, sino que, además, para seguir estando funcionando en los ejes, nuestro bebé va a tener que colocarse en la emoción contraria de la dominante a la madre, esa misma en la cual no pudo instalarse a causa de la fórmula letal, cuando pase la presión y le toque recorrerla en sus propios ejes o en la secuencia, en nuestro caso, el orgullo.
En efecto, como ya tiene la tristeza como dominante de su propia estructura de funcionamiento, el feto no va a poder colocarse en el amor porque el equilibrio se rompería a causa de la inflación de la tristeza que requeriría de una sobre carga de amor “inflado” que comprometería su propio equilibrio emocional, pero también físico (además de hipertiroidismo tendría demasiados productos de la glándula hipófisis), y, no sólo eso, sino que así su primer eje amor-tristeza se desarrollaría más que los demás y perdería toda la armonía de su estructura natural. Además y sobre todo, esas dos emociones, amor-tristeza, serían falsas y ocasionarían la mortal fórmula letal.
Entonces el feto encuentra una segunda solución de supervivencia genial: se habituará a fortalecer la emoción opuesta de la dominante de la madre y eso con dos fines: reequilibrar su segundo eje miedo- orgullo, para compensar los desaguisados producidos por el miedo de la madre, y, también y sobre todo, PARA NO SER COMO ELLA. Es decir, para conservar la ley perfecta que se percibe desde el Centro y que se instrumenta en los ejes.
En efecto, esa simbiosis a la cual la madre lo obliga a someterse para no morir no es BUENA , no está en la ley del Centro. La Ley del Centro propicia la autenticidad y la autonomía, no la simbiosis. Y el feto, así, no la tendrá como elección existencial para sí mismo.
Pero ocurre, a causa de esa simple emoción dominante de la madre, algo aún más grave y terrible que todo lo que hemos relatado hasta ahora: ocurre algo muy grave en el ámbito espiritual en el feto. Veamos:
Cuando el feto está en su propia emoción obligada, la que sigue en la secuencia a la emoción dominante de su madre, está obligado a quedarse todo el tiempo en que dure la emoción dominante de la gestante. Si la secuencia perfecta es un 100% en cada emoción, lo que nos da un 600% en total al final de la secuencia, el promedio en que estará el feto en la emoción obligada para no sufrir daños irreversibles será de un 140%. Cuando el feto ve liberada la presión de la emoción dominante de la madre pasa a la emoción secuencial que sigue a la “obligada” y siente una auténtica liberación. ¡Por fin va a su aire! Y recomienza su secuencia. En el caso de nuestro niño, pasa de la tristeza obligada a la rabia liberadora y se siente tan ligero, liberado y realizado que va a dar un significado especial a la emoción libertadora, un significado de autorrealización, de culminación, de libertad, de orden, de justicia, de autonomía. Porque va a vivir esa emoción como si se abriera la puerta de su prisión, y al fin se verá libre y feliz. Pero le quedará tan sólo un 60% de energía para esa emoción si no quiere hipotecar las demás emociones. Así que, lo corto, dos veces bueno, y el feto tendrá una especie de fijación por esa emoción que tanto significa para él y en la cual jamás puede recrearse a gusto, al menos no en las veces en que accede a ella como resultado de la liberación de la presión de la madre. Por lo tanto, a veces, cuando el feto está en su secuencia emocional o en sus ejes y va a su aire, sin ninguna presión ni frustración, va a saborear esa emoción y verla como algo suyo, como algo normal. Y, cuando esa emoción adquiera un valor añadido, porque accede a ella como resultado de la liberación de la presión, le vuelve a dar ese significado especial de felicidad que se persigue y que jamás se alcanza por completo: a veces sí, a veces casi, a medias. El feto, que no tiene ni un cerebro maduro, ni datos objetivos, no va a razonar sino a tener experiencias que, por inexplicables, no dejan de ser aún más vívidas y determinantes: sensaciones corporales y emocionales conmocionadoras y repetidas. Y, en vez de deducir que le están ocurriendo cosas, sentirá que sus cosas son así. Como una fatalidad.
Por otro lado, la experiencia del feto con su Centro, ya lo vimos, está muy interferida y mediatizada. Al mero comienzo, antes de tener un cordón umbilical, es esplendorosa y completa. Hay un Centro que es éxtasis completo y él es de ese Centro maravilloso y perfecto que se lo da todo y en el cual es todo. El embrión no se confunde con el Centro sino que recibe de él y se comunica con él.
Luego el Centro es ocupado por un cordón que lo une a otro ser. Otro ser del cual recibe cosas maravillosas, y entonces el feto se socializa y se une a su madre y hace equipo triunfador con ella. Todo va bien y el feto siente su propio Centro cuando va a su aire, y siente el Centro de su madre “buena” que lo entrega todo por él. La vida es como debe ser: maravillosa.
Pero cuando la madre tiene emociones falsas, desviadas, desconectadas e infladas, el feto sufre agresiones que lo dañan en todos los aspectos: físico, emocional, anímico, espiritual, mental, y establece conexiones que, si bien son abusivas y falsas, no dejan de ser necesarias para que todo encaje, es decir que su Transformador, cuando no encuentra la posibilidad de establecer conexiones sanas, las distorsionará para encontrarle sentido a lo que le está ocurriendo. No se dice: mi madre está desarmónica y eso va a durar un tiempo y luego yo seré yo y decidiré sobre mi vida. Claro que no puede decirse eso por que él no sabe nada de nada. Lo que sí hace, y no tiene otra salida, es decir que El Centro lo ama y lo protege y luego lo amenaza y lo agrede sin que haya hecho nada para ello. Entonces se resignará a ese Dios caprichoso y veleidoso con quien el no tendrá más remedio que congraciarse, y a quien a veces ama y que a veces odia. Y, lo peor del caso, es que, obligado a funcionar con una emoción dominante obligada, una emoción fuerte compensatoria y una emoción unificadora pero veleidosa, el feto, a imagen y semejanza de su madre, va a tener una ingeniería de funcionamiento desestabilizada e inevitable. Esa ingeniería emocional de su estructura va a condicionar su funcionamiento neuroendocrino, y tendrá tendencias fijas a usar algunas estructuras más que otras, hasta confundir ese disfuncionamiento con su propio ser. Además, será verdad que nuestro niño tendrá un Sintetizador demasiado exagerado, con las consecuencias biológicas que ello implica. Por ejemplo, y de lo poco que hemos investigado, demasiada tiroides, demasiado vello y cabello, una forma de rostro rectangular arriba y redondeada en la barbilla, tendencia a la miopía, y, si la madre está en la fórmula letal miedo-orgullo, tendencia al síndrome de Down. Poca grasa y nerviosismo: y, por la rabia poco energetizada, poca vitalidad, poco control emocional, poco control sensorial, y, por el orgullo fortalecido, gran capacidad creadora y transformadora, huesos fuertes y gruesos, cerebro hiper desarrollado en su hemisferio izquierdo (tristeza) y posterior derecho (orgullo). Cuando nazca tendrá una tipología de personalidad con tres emociones anómalas: la tristeza, el orgullo y la rabia, y tres emociones normales, el miedo, al amor y la alegría. Y esas emociones no serán sino el reflejo de su estructura con tres estructuras dominantes: el Sintetizador inflado, el Transformador crispado y el Vitalizador sacralizado (es decir, al que se la da un significado “mágico” especial) que lo aleja del Centro y ocupa su lugar.
O sea, que por las razones antedichas, sobre las cuales no queremos extendernos en esta obra, el feto nace, no a imagen y semejanza del Creador sino a imagen complementaria de su madre. No tendrá seis estructuras armonizadas porque perfectas en proporción, cantidad y calidad, sino que será una criatura con tres estructuras con “valores añadidos” y tres normales. Tendrá una PERSONALIDAD. Y esa personalidad, es decir, esa máscara que oculta su ser, será innata, biológica, y científicamente analizable y detectable por todas las pruebas clínicas posibles, empezando por un simple electrocardiograma que arroja, en el ejemplo de nuestro bebé, un eje de corazón recto en vez de inclinado hacia la izquierda. También hemos hecho pruebas incipientes de huellas dactilares que están “en una misma familia”, y, desde luego, estamos esperando ansiosamente comenzar nuestras investigaciones genéticas para demostrar nuestra amplia investigación clínica sobre tipologías de personalidad y propensión a ciertos tipos de enfermedades.
Lo que sí podemos afirmar categóricamente, es que sobre 120.000 casos analizados, TODOS pertenecían a una de las seis familias tipológicas, y que cada tipología tenía su patrón de ingeniería emocional que compartía con todos los demás integrantes de su familia tipológica.
Pero lo que confirma lo asombroso de estos descubrimientos y la férrea y universal ley del Centro, de los ejes y de la secuencia innata es la historia fetal de dos de las seis tipologías de personalidad. En efecto, de las seis tipologías posibles, cuatro siguen el mismo patrón de formación que nuestro niño: los bebés fruto del miedo, de la rabia, del orgullo y de la alegría. Absolutamente TODOS siguen, férreamente el mismo patrón. Es decir todos los bebés surgidos de la emoción dominante xxxx de la madre tienen, si esta emoción es:
-Miedo: la tristeza dominante, el orgullo fuerte y la rabia idolatrizada, “espiritualizada”. Los llamamos Constructores.
-Rabia: el orgullo dominante, la alegría fuerte y el amor “espiritualizado”. Son los Legisladores.
-Orgullo: el amor dominante, el miedo fuerte y la alegría “espiritualizada”. Son los Reactivadores.
-Alegría: el miedo dominante, la rabia fuerte y la tristeza “espiritualizada”. Son los Fortificadores.
Pero los niños surgidos del eje tristeza-amor no pueden seguir esa misma ley, y lo tienen más complicado. Por LEY de los ejes. En efecto, ya lo hemos señalado en el capítulo anterior, el eje tristeza-amor o amor-tristeza, da igual, es el mismo, es el primer y necesario eje que sustenta los dos restantes. Es la viga de las vigas. Sin ese eje, no se crean los dos otros, y, lo que es peor, la persona deja de ser humana y se convierte en desalmada. El eje amor-tristeza, si bien está jerárquicamente supeditado al segundo (orgullo-miedo) y éste al tercero y más alto (alegría-rabia), es el que posibilita lo mínimo necesario para ser humano: ser almado. Lo que significa no estar desalmado. Sufrir por las perdidas y las muertes y amar lo auténtico y valioso es lo menos que se puede pedir a un humano. O a un animal. O a un vegetal. O a un mineral.
Para demostrarlo hemos constatado que todos los bebés nacidos del desajuste de ese eje debieron enfrentar el enorme riesgo de caer en la fórmula letal hasta conseguir tener ellos mismos, como emoción fuerte, la misma emoción débil (dominante) de la madre. Para demostrar que NO SE PUEDE JUGAR CON EL PRIMER EJE, mostraremos que absolutamente todos los bebés cuyas madres tuvieron como emoción dominante:
-La tristeza: tienen dominante la rabia, fuerte la tristeza y “espiritualizada” el orgullo. Son los Reveladores.
-El amor: Tienen dominante la alegría, fuerte el amor y “espiritualizado” el miedo. Son los Promotores.
Esos dos bebés han seguido el mismo patrón universal en lo que atañe a la inevitabilidad de compensar la emoción dominante de la madre con la emoción secuencial siguiente. También han seguido la misma inevitable “espiritualización” mágica de la que sigue secuencialmente a la dominante obligada propia. Pero cuando se trató de forjar la propia emoción “fuerte”, como contrapunto de la obligada dominante propia, esos fetos no pudieron ir a la emoción opuesta de la dominante de la madre sino volver a la misma emoción dominante de la madre, una vez aflojada la presión, hasta convertirla en su propia emoción fuerte. Toda una lección de heroísmo. Y una demostración de la férrea ley de los ejes. Con lo cual, la elección de eso fetos no ha sido: “No quiero ser como tú”, sino “Te voy a enseñar a ser mejor al no tener la misma debilidad que tú aún en las peores circunstancias”. Puestos en la disyuntiva de no tener el primer eje fortalecido, esos fetos lo han tenido que pasar peor y más dificultosamente que los cuatro restantes. Luego, en vida, también lo van a tener más difícil en el proceso de hiperconexión, es decir, de recuperación de la secuencia emocional innata.
Esta es, en muy resumidas cuentas, la historia de un bebé deseado, querido y normal.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

LO PROMETIDO ES DEUDA: LA CARA LUMINOSA DE LA REALIDAD ALCANZABLE EN NUESTRO MUNDO.

Por Preciada Azancot

Queridos amigos, ayer les mostré los indicadores MAT para detectar si los países estaban o no en fase sociópata. Esa es la parte más sombría de la libertad de ejercer sus elecciones y de mantener sus decisiones que el ser humano TIENE CONSUSTANCIALMENTE COMO PRIMER ATRIBUTO Y PRIMER PRIVILEGIO, así como lo tiene todo lo Creado en Evolución: los cuatro elementos (que tienen todos una estructura de cuatro dimensiones esenciales), los vegetales (que poseen una estructura de cinco dimensiones inteligentes), los animales (que poseen todos una estructura de seis dimensiones vitales) y los seres humanos (que poseen una estructura de siete dimensiones modélicas). De mutación en mutación, fuimos adquiriendo, en el respeto de las Leyes que rigen lo Creado, cada vez más dimensiones y seguiremos haciéndolo para toda la Eternidad si decimos libremente seguir existiendo y creciendo. Así que cada ser humano, todos sin excepción, poseen en sí todo lo elemental, lo vegetal y lo animal además de lo humano. Y todos tenemos el privilegio y el honor de defender, proteger, alimentar, admirar, liberar y cuidar de todo ese Esplendor en nosotros.

Ya que la alegría de la libertad es nuestro primer don y privilegio, podemos todos OPTAR Y DECIDIR LIBREMENTE dejarnos amedrentar por la sociopatía imperante y creciente y dejar que se sitúe el planeta en las tinieblas y en el caos, u OPTAR VALIENTEMENTE Y FIRMEMENTE POR LA GLORIA Y EL ESPLENDOR DE LO HUMANO REALIZADO y así construir el mundo que todos tenemos las competencias, los talentos y las vocaciones INNATAS para CREAR, UNIDOS Y EN PAZ.

Por lo tanto, y dejándoles a todos y cada uno a solas con su libertad, les muestro la cara luminosa de la nuestro mundo, y de cada ser humano: lo que es posible, placentero, inteligente, justo, digno, solidario y gozoso conseguir. Os voy a presentar los mismos organismos y entes individuales o colectivos que os presenté ayer, optando libremente por ser lo que nacieron para ser.

Si optamos colectivamente por dejarnos llevar cómodamente y cobardemente por el facilismo, DENTRO DE TRES SIGLOS, lo queramos o no, el mundo habrá interiorizado la Leyes y la CIENCIA que posee interiormente. Dentro de tres milenios el planeta habrá alcanzado la MORAL necesaria para optar sin vuelta atrás por el Bien. Dentro de cinco milenios el mundo tendrá la GRANDEZA ESPIRITUAL para ver que alcanzar la completitud individual y colectiva es LA ÚNICA FINALIDAD REAL Y CERTERA del Universo. Así que, lo queramos o no, EL BIEN TRIUNFARÁ SIEMPRE sobre el mal, simplemente porque el bien EXISTE y el mal es sólo una entelequia enfermiza e inexistente. Pero como dicen nuestros Gallegos: “la meigas no existen, pero de que vuelan, vuelan”. Si el ser humano toma las buenas decisiones, no tengo idea de cuánto tardaríamos en hacer todo esto realidad irreversible, pues ni vine para construirlo, ni me ofrezco para ello. Simplemente es lo que como investigadora científica descubrí y lo que como ser humano, aplico a mi humilde pero libre vida.

Retrato "Chagall espiritual" oleo y espátula 100 cm X100 cm, por Preciada Azancot

Retrato “Chagall espiritual” oleo y espátula 100 cm X100 cm, por Preciada Azancot

Aquí, amigos queridos, la gloria y el esplendor que todos llevamos dentro:

Reactivador realizado: Conserva y fortalece las cualidades de su Mapa: aspira a la autorrealización grupal y personal. Es bondadoso, creador, mágico, encantador y compasivo, fiel, digno, orgulloso, ocurrente, hospitalario, generoso, valiente y hasta heróico, iconoclasta, armonioso, considerado, brillante, acogedor. Incentiva y alienta a todos. Supremo sentido de pertenencia a los suyos. Nunca olvida las cosas buenas que hacen por él y por los suyos. Perdona todas las ofensas si cree que existe el arrepentimiento. Se enfrenta a los más poderosos y socorre a los indefensos y a las víctimas, entregándoles los instrumentos y despertando las motivaciones que imposibiliten su sumisión al desorden. No tolera la injusticia. Es elegante, innovador, rompedor, espontaneo, regio y juvenil.

Aunque tarda en ser reconocido, porque no presta ninguna atención a los honores, hace auténticos milagros porque desprovistos de “magias” y sólo debidos a su certera visión de la verdad desnuda, a la que ama apasionadamente y a la que sirve con todo se ser. Termina eligiendo a los mejores para construir un mundo auténtico en esta tierra. Es un gran creador que cataliza la admiración de los mejores a su alrededor. Crea una empresa que, aparentemente, puede parecer irrisoria o un hobby, y que termina cambiando el planeta o si está aún más avanzado, lo hace solo, demostrando así que todo ser viene completo a este mundo, convirtiéndose en el auténtico libertador del ser humano. No se deja manipular, ni confundir, ni engañar por falsas víctimas, ni distraer de lo esencial para el mundo. Sabe que el mal existe y se convierte en un especialista en diagnosticarlo y en alejarlo. Su obra pone orden, racionalidad y cordura en el caos. Su estatura crece exponencialmente con el paso del tiempo. Es vocacionalmente espiritual porque trae a la tierra, construye y disfruta de lo que los más visionarios proyectaban en el cielo como siendo lo propio de una vida por venir. Así demuestra que la plenitud inocente y que la felicidad en paz y en libertad, son el primer derecho y deber del ser humano.

Promotor realizado: Tiene la alegría como competencia, es positivo y espiritual y así contagia el entusiasmo de la finalidad de las conductas constructivas. El amor es su talento y es solidario y entrañable. El miedo es su vocación y es todo armonía, es fiable y seguro y sabe alertar sobre los estragos que ocasionan las desconexiones y la falta de autenticidad. Su tristeza, perfecta, le da claridad y una aguda inteligencia, así como un gran talento para la síntesis. Habla de manera esencial y sintética, con palabras salidas de un corazón pudoroso y sensible, que llegan directamente al corazón y a la razón del interlocutor. No vende, revela verdades esenciales. Su rabia es menos notable y está toda volcada en denunciar mentiras y estafas, más que en conferirle dinamismo y tono muscular y así revela que la guerra es la mayor de las derrotas y de las cegueras proyectivas. Su orgullo es esencial, pues si bien le permite crecer y hacer crecer de manera acusada, no se canaliza hacia expresiones creadoras propias sino hacia la admiración y defensa de los más admirables.

Conserva las cualidades de su Mapa: es animoso, alegre, emprendedor, optimista, creativo, seductor, irresistible y confiado. Es un vendedor nato. Es leal con su familia y aliados. Es físicamente valiente, le encanta la aventura, la gente, y sus amigos de infancia, el bullicio, la fiesta, los coches, la velocidad. Es un anfitrión espléndido. Es un esteta refinado. Es un romántico mágico. Es muy sensual y erótico.

Se convierte en un ente insobornable e inmanipulable. Odia la pedantería, el falso brillo, la rabia cobarde y revanchista y abomina del racismo y de la discriminación.

Es un gigante que detecta todo lo innovador, lo auténticamente espiritual, lo eterno, lo transformador, lo universalmente valioso. Es sabio, humilde, paciente, tranquilo, fuerte, maduro, paternal, confiado, auténtico, alentador y es un auténtico religioso que sabe llevar a todos al corazón del Creador. Es el alma y el centro de todos los grupos conectados. Cuando habla, revela la verdad a todos de manera pausada, desnuda y conmovedora. Es luminoso.

Fortificador realizado: Conserva las cualidades de su Mapa: es fiel, discreto, intimista, amable, soñador, resistente. Es un caricaturista y un humorista nato. Es soñador, secreto, discreto, permisivo, paciente. Es muy agradecido y considerado, desprendido, maduro, muy inteligente y trabajador. Es detallista, sobrio, austero, puro. Gran sentido de observación. Es capaz de ver lo ridículo de cada magnificación o descalificación. No da consejos a los demás. Es el menos propenso a contraer deterioros graves. Además, se convierte en referencia, en toda su magnificencia, la norma y prototipo de lo posible humano o colectivo. Luchador infatigable y humilde que construye, en el lugar y momento en el que esté, un oasis que sirva de referencia, modelo y norma para los demás. Es un líder auténtico que contagia optimismo y confianza a través del ejemplo personal. Un ejemplo para lo humano, que irradia la alegría de la certeza de encontrar la frontera de lo posible y convertir el sueño en realidad. Un juez justo y firme. Un valiente. Un amigo verdadero. El eje y centro de la vida en sociedad.

Constructor realizado: Tiene sus seis estructuras alimentadas por sus seis emociones auténticas y enchufadas a sus seis sentidos respectivos.

Conserva, magnificadas y depuradas, las cualidades de su Mapa: es tierno, inteligente, leal, generoso y agudo. Es trabajador, honesto, curioso, científico, racional, maduro, servicial, tiene sentido de pertenencia a su núcleo de pertenencia auténtica, tanto a nivel personal como laboral demostrando así que lo afín nada tiene que ver con lo predeterminado. Es sobrio, es ecuánime, da excelentes consejos. Es consciente de su atracción por lo mágico, lo erótico, lo religioso, lo espiritual y se aboca a su estudio. Es detallista y minucioso.

Se convierte en un reanimador de todo lo colapsado y lo enfermo, es el mejor creador de la Unidad de Cuidados Intensivos y su jefe innato. Es un catalizador nato de las mejores fuerzas innovadoras y creadoras. Es un creador y un artista de gran pureza constructivista. Es alegre, optimista, fiable, valiente. Ama a la gente en función de su valía auténtica y no hace excepciones. Es el mejor confrontador de psicópatas que huyen ante él como ratas y dejan en paz a los demás. Es un esteta refinado y un coleccionista de rarezas. Es un excelente cocinero y le encanta comer bien. Es imposible desorientarlo. Es extremadamente sensual, erótico y agudo. Es brillante y rompedor. Es irresistible y puro. Es biófilo. Es el mejor amigo y defensor de los genios, que él reconoce y consagra antes que nadie. Con ellos, y por pura vocación de servicio a lo grande, se pone en el camino de convertirse también en un genio. Y lo que es aún más importante: demuestra sin esfuerzo alguno que por ese simple placer de amar y de servir lo grande, se alcanza la auténtica grandeza, en humildad. Con ello, es el mejor de los Socios de la auténtica vocación del universo: ser y crecer sin competencias ni envidias para alcanzar la verdadera finalidad del Universo: venerar la Creación en Evolución.

Revelador realizado: Conserva, depuradas e incontaminadas, las cualidades de su Mapa: es justo, divertido, creador, sensual, ocurrente, seductor, encantador, bondadoso, fiable, leal, romántico, amoroso, tierno, sensible, vulnerable y valiente. Es creativo y creador. Odia la injusticia, la mentira, la manipulación, la inversión de los valores. Es idealista y tímido. Salva a las víctimas de modo anónimo y no desea ser reconocido por ellas. Adora la cultura viva y crea cultura. Defiende a capa y espada la unicidad del ser humano y su inalienable libertad.

Se convierte en una creación segura de sí misma y de la justicia inmanente que existe en el mundo. Cree en la buena fe y en el amor de los mejores. Acepta la vida como es y la mejora. Su entorno encuentra en él a un protector tierno, fuerte y valiente. Es un especialista en confrontar y resituar a los peores, a los más tóxicos. Ya no sufre de celos, ni de envidias ni arrogancias; es generoso y paciente. Es un sabio y un descubridor de caminos. Es el promotor pleno de un orden nuevo basado sobre el milagroso equilibrio del amor y de la justicia al servicio de la vida. Es un amante maravilloso y vocacional, un padre insigne, un amigo incondicional y divertido. Encuentra a su alma gemela y vive un amor de novela que termina bien a nivel individual y colectivo. Es hípercreador y genial, a la vez que profundamente tolerante y espiritual. Asume que Dios es Uno y es todo bueno y aprende de él. Es fuerte y fortificante. Cree en el ser humano y adora al Reactivador conectado, con quien construye un jardín de Edén en esta tierra y para todos.

Legislador realizado: En esta fase, el Legislador recupera toda su estructura, sus emociones auténticas y sus sentidos. Conserva las cualidades de su Mapa: es noble, caballeroso, leal, idealista, persona de palabra y de honor, romántico, delicado, discreto, servicial, considerado y protector, culto y estudioso. Es un autodidacta nato, amante de las letras, del arte, de las tradiciones populares, de la patria, de la familia, del honor nacional, de la civilización. Es riguroso y sensual. Adora comer y bailar.

Además se convierte en el ser (individual y colectivo) providencial que puede cambiar a su entorno. Es un gran iconoclasta y fortificador pleno de lo más valioso de lo humano. Sólo se arrodilla ante Dios, y se inclina ante el Reactivador conectado a quien declara su amor y por quién se la juega. Ama a los Reveladores conectados, que descubre como los más entrañables y valiosos. Se asocia con un Fortificador conectado y construyen un auténtico reino regido por el equilibrio perfecto entre justicia y compasión. Libera al Constructor conectado de sus ataduras y obligaciones y se pone a su servicio. Es alegre y apasionado. Es sensual y está orgulloso de ello, porque descubre, comunica y ejemplifica que los sentidos son las antenas de relación y de disfrute con lo vivo. Es el mejor artífice de la democracia auténtica basada sobre un pacto social auténtico y justo que respeta todas las diferencias. Todos crecen y se sosiegan junto a él. Es irremplazable y no lo sabe ni lo desea. Es un abuelo vocacional aunque sea muy joven. Es un gran artista de la fusión de la ciencia y del arte como vía de evolución y mutación.

Preciada Azancot, 10/2014.