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WOMEN WAGE PEACE: Una muy interesante iniciativa que me propongo investigar

Por Preciada Azancot

Por lo pronto deseo dejar algunos datos -todos ellos están desarrollados en los más de 150 artículos que escribí en Facebook desde el secuestro y asesinato de los tres estudiantes Israelís en una nueva forma de guerra que creí demasiadas veces solitaria y que ¿casualmente? sólo estuvo apoyada por (muy pocas) mujeres judías- sobre el resultado de mis investigaciones en la materia:

– Ante todo mi INMENSA ALEGRÍA Y ORGULLO DE VER ESTE MOVIMIENTO NACER Y MI ABSOLUTA SOLIDARIDAD CON ÉL. También mi orgullo, amor y alegría de poder aportar muchísimo, como investigadora y como mujer, a la pacificación de este planeta loco, obviamente comenzando y tal vez -ojalá- dedicándome a tiempo y energía completas a la causa judía en su sentido más civilizador y humanista del planeta, pues quien dude de esta realidad -que los judíos somos lo más civilizador, digno, innovador, desprendido, amoroso y humanista del planeta-, no merece ser interlocutor en absoluto en un objetivo de cordura y de paz en el mundo. Es más, puedo afirmar sin chulería que “¡con esa gentuza, no me hablo!”, y punto.
Y no por ser judía -por los cuatro costados- sino porque lo obvio es obvio para cualquier interlocutor de buena fe.
¡Jamás empezar el diálogo sobre la presunción de culpabilidad contra los judíos, jamás, pues el chivo expiatorio jamás ha de justificarse, sino que ha de denunciar y pedir cuentas! Todo el resto es el reino de terror, del caos y de la destrucción del Orden y del derecho natural y universal de los pueblos, base del Humanismo. Además ese yo-soy-tú-y-tú-eres-yo es Sociópata, azote de todos los finales de civilización y bomba nuclear de destrucción y enloquecimiento de los pueblos.
Y nada de pulsos, no. Los pulsos son para los sedientos de poder y los ególatras. Y justamente, los judíos jamás lo fuimos, de allí nuestra grandeza y de allí la ENVIDIA del entorno plagiario. Plantarse firmes en las afirmaciones fundamentadas en la verdad, sólo esto hay que hacer. Son los que acusan, a los que corresponde el cargo de la prueba en el estado de derecho. Lo demás es caos, impunidad, corrupción y jungla.

– El Tercer milenio será el de la MUJER. No es lo ideal, pero sí lo inevitable tras más de cinco milenios de dominación masculina. Dentro de ese contexto de futuro que ya se inició con este siglo, mi único deseo es que este movimiento no sea anti-masculino, ni siquiera anti-machista (el pulso horrendo) sino pro-hombre desde la MUJER INTEGRAL (¿también es “casual” que mi última foto trate de este logro?). Porque si no, como ya vimos con el feminismo, es querer estar en el “argumento” dentro del argumento: revindicar derechos “masculinos” desde una voz de hembra yupi o de amazonas es hacer más de lo mismo y perpetuar la guerra de sexos con la voz del “enemigo” pues en la mujer la hembra es la enemiga así como en el hombre, el macho es el enemigo, siendo estos dos enemigos lo que conforma el Ego. Obviamente, tampoco se trata de ser hembritas desvalidas y con síndrome de princesitas manipuladoras. Sino MUJERES.

– El Pueblo Judío está conformado por dos mitades que han de unirse más y en igual medida y estatus; y en esta tarea, las mujeres Isrealís son las más indicadas para edificar de partida este puente. El pueblo judío está conformado por su parte Territorialista (nuestro Hogar Judío: Israel, el padre, el novio, el esposo) que es su dimensión Masculina, y su parte Universalista y Humanista, la Diáspora judía, que es la del yo femenino del pueblo judío, su madre, su novia y su esposa.
Por ahora, a nivel mundial y en todas las religiones, la Shejiná está en exilio, pero como no pretendemos ser la parte femenina de Dios ni su porta-voz -¡Dios nos libre!- ocupémonos de nuestra dimensión humana, que incluye la parte espiritual personal y colectiva, obviamente.
Así que este movimiento, si ha de ser exitoso, ha de apoyarse y fortalecerse con el humanismo y las riquezas intelectuales de las dos partes del pueblo judío. Además la Yihad y el movimiento islamista no se limitan a la franja de Gaza. Si las mujeres de este movimiento olvidan su mejor refuerzo y hasta maestro, la Diáspora, no puede haber éxito posible para ellas. Jugarían a caperucita con la loba palestina y a las amazonas con sus hombres. Y de cara a la Diáspora, caerían en la arrogancia Israelí con respecto a la Diáspora, actitud supremamente machista, por lo demás. Vinculada por mujeres judías, esto sería patético. Espero que no lo hagan, pero no me queda claro. Digamos que ese es le máximo riesgo y debilidad del proceso de paz en este ejemplo que nos ocupa.

– Y sobre todo, dialogar, buscar paz, sí. Pero siempre que el diálogo de base en un DIAGNOSTICO adecuado: los palestinos, como pueblo, no son las víctimas, sino que tienen una tipología Sociópata Delatora y Hamas es Psicópata Destructor. Ambos han sido artificialmente prefabricadas por el antisemitismo planetario. Así que, ver a las mujeres palestinas como si fueran las de Marruecos o las de Turquía o las de Egipto, sería absolutamente suicida y sería convertirse en el caballo de Troya contra sus propios hombres e hijos. Como el perfil Israelí a nivel sociológico es Revelador en su parte masculina y Constructora en su parte femenina, las mujeres han de potenciar el orgullo creador y civilizador de Israel y los hombres han de apostar por su sensibilidad y compasión. Y ambos han de estrechar puentes y potenciar instrumentos con su amada Diáspora ¡Así sí veo futuro!

– Además, siendo el horror fundamentalista y terrorista islamista, profundamente machista y destructor de la mujer, Israel ha de apostar por partida doble sobre la auténtica grandeza de la estrella de David o ESTRELLA PRIMIGENIA que muestra que el ser humano integral es la unión en equilibrio e igual valía de su dimensión femenina y masculina.

-Queridas hermanas, no os equivoquéis, la mujeres palestinas no son las aliadas: son las Sociópatas Burladoras. No hay más. Una cosa es dejar constancia de nuestra grandeza diferencial y otra muy suicida, es creer que ellas son el interlocutor para la paz. Eso sería la disociación esquizoide de la parte femenina de Israel. ¡No lo quiera Dios! ¿Mujeres musulmanas interlocutoras? ¡Claro de sí, pero buscarlas en Egipto, en Marruecos, en Jordania, en Líbano, en los cementerios de Hamas y en los psiquiátricos de la “autoridad palestina”.

Y lo primero sería diagnosticar a las líderes de este movimiento, pues toda sociópata sería una mina en el propio campo. Hay también sociópatas, pocos entre los judíos, y nunca como movimiento, pero a nivel individual sí, como en todo grupo humano.

Hago votos por que este movimiento arranque sobre bases maravillosamente innovadoras y sólidas. Porque humanista, generoso y visionario, ya lo es. Le envío un gran abrazo solidario a estas hermanas y me pongo a su disposición, obviamente. ¡Shabbat Shalom!

Preciada Azancot

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SER JUDÍOS

Por Preciada Azancot

Ser judía representa para mí, hacerme sentir más mujer y amar serlo. Así como sé que a los varones judíos les hace sentirse más hombres y amar serlo.

¿Qué es lo que significa ser una mujer en mi sentir? Es asumir – con orgullo y gratitud – los llamados valores tradicionalmente “femeninos” (respeto, seguridad, obediencia a lo alto y armonía; justicia, valores y significado sagrado del cuerpo; amor, solidaridad, entrega, don de sí y devoción al amado) y haber conquistado e incluso privilegiado en mí (en el sentido de no permitir que nadie las someta a relaciones de poder) las virtudes llamadas “masculinas” (necesidad de entender, laboriosidad, inteligencia, honestidad y humildad; dignidad, talante creador y civilizador; y más especialmente alegría, sexualidad monógama y plena y espiritualidad).

Precisamente porque rechazo por igual el machismo y el feminismo, amo al hombre y me encantan los hombres que aman a la mujer. Y por causa de ese amor, interiorizamos los valores y dimensiones del amado, más fácilmente que los demás pueblos en los que se ven los miembros del género opuesto como contrincantes en vez de como al milagro de la completitud y por ende a lo más amado y deseado. Lo más sagradamente preservado, también.

A nivel colectivo, la Diáspora representa la parte Mujer e Israel representa la dimensión Hombre del pueblo Judío. Obviamente soy muy diaspórica, porque mi amado es Israel.

Por lo tanto, una relación de amor -la amistad es más definitiva con el tiempo que lo sentimental, y sólo la amistad puede salvar y consolidar la pasión por lo amado- significa sentirse a salvo y protegido porque se es valorado y elegido por estos signos de identidad biológica que supimos asumir y preservar y saberse admirado y disfrutado como un regalo inaudito por la dimensión que se supo conquistar y privilegiar, tanto hacia dentro como hacia afuera.

Aunque pueda resultar extraño para las mentalidades externas, para mí esa completitud que privilegia en sí la dimensión amada del otro, es el logro supremo de la identidad judía y también la única causa del nuestro HUMANISMO Y UNIVERSALIDAD. Es así la garantía de que la Shejiná nunca más estará en exilio (interior ni exterior).

La estrella de David simboliza la armonía entre las dos dimensiones masculina –representada por el triángulo con la punta erecta hacia arriba- y femenina -representada por el triángulo que se abre y ancla al amado, con la punta hacia abajo- en perfecta igualdad de dimensiones y en equilibrio integrador permanente.

Y si alguna duda nos cabría, sólo habría que recordar el primer libro del Génesis y la creación de la mujer desde la parte más protectora del corazón y de la capacidad de respirar en el varón. Sólo hay que recordar la expulsión del paraíso, donde no se expulsa a la mujer, sino que se le hace la gracia al hombre de seguir a la esposa, esté donde esté, aunque eso sea el exilio, sólo hay que recordar que el Creador eligió a Moisés para entregarle sus Mandamientos, siendo éste el esposo de una seguidora de otra religión y que cuando los sacerdotes más elevados así como la hermana profetisa que le había salvado la vida se burlaron y osaron criticar a la esposa de Moisés por no seguir la religión del pueblo judío, Dios fulminó y erradicó de la faz de la tierra a esos dogmáticos religiosos y degradó para siempre a Miriam de su rango de profetisa. Y eso, para marcar que la pareja elegida era mucho más exponente del Orden judío que la seudo jerarquía religiosa oficial. Por eso también, en el judáismo no existe iglesia ni autoridad religiosa por encima del ser humano integrado.

Completitud del ser realizada - Preciada Azancot 2014

Completitud del ser realizada – ©Preciada Azancot

Por eso el machismo o el feminismo son degradaciones y PROFANACIONES de la significación profunda de lo Judío y de su Vocación en esta tierra. Son interiorizaciones gentiles, nacidos de la culpa inducida por ser chivo expiatorio del mal y son la verdadera asimilación a lo impuro y la renuncia primordial a lo auténticamente judío.

Si el Pueblo judío quiere ganar sus guerras contra el antisemitismo, la condición necesaria y tal vez suficiente será el vomitar de sí la visión de poder del hombre sobre la mujer y de manipulación de la potencia del hombre por la hembra. Y ESTE SERÁ EL VERDADERO LEGADO PARA LA HUMANIDAD DE TODO EL TERCER MILENIO. Confieso que no me siento demasiado optimista al respecto. Así que si falla lo esencial y primigenio, todo lo demás será un castillo de naipes. No, no me siento esperanzada en demasía con respecto a lo principal.

Sea como fuere, cuando la completitud en armonía que representa la estrella de David en la estructura humana no está en equilibrio y cuando la mujer se torna hembra y el hombre se degrada a macho, no sólo se sitúan por debajo del animal (pues éstos tienen muy claros sus roles y son Socios auténticos en la labor de evolucionar juntos) sino que se condenan a la guerra y rivalidad de contrincantes entre machos y hembras. Se hacen la guerra a sí-mismos y desde sí-mismos. Entonces, nunca jamás serán Esposos y a lo máximo a lo que podrían llegar, por un momento fugaz y siempre abocados a la muerte, es al nivel de Amantes, es decir de mitos culpabilizadores del mundo.

Si las dos dimensiones triangulares no están integradas, las relaciones interiores y externas de los humanos están condenadas a ser siempre SIMBIÓTICAS, abocadas a la mutua sumisión, es decir a la atadura entre dos amputados de lo mejor de sí-mismos y nunca serán relaciones FUSIONALES, es decir regidas por la auténtica PASIÓN y vibrando en la misma frecuencia (música, sí) entre dos seres completos sedientos de comprometerse mutuamente y de entregarse el uno al otro, con el fin de ser más sí-mismos, pero sobre todo para contemplar con éxtasis la plenitud del otro, del amado. Difícil sí, mas no imposible. Maravilloso, sin duda, porque es esta tensión la que garantiza el crecimiento por amor, es decir sin ego, y por ende es el mejor garante de la paz interior y exterior.

De fusión en fusión, de vibración afín a vibración afín, de orgasmo en orgasmo, se alcanza en una mutación anhelada, la Fisión (en el sentido verdadero del término) y se convierten en UNO, haciendo una sola carne. Y no sólo carne, sino completitud consagrada y en trono. Que se representa con la Estrella de David dentro del círculo de la perfección indisociable de la verdadera completitud del ser humano septidimensional. Es la figura que ilustra este texto. Pues así somos y no sólo los judíos, sino todos y cada uno de los seres humanos del planeta.

Inmediatamente después de esta fusión de opuestos (cuyo símbolo bíblico es para mí la escalera de Jacob y la verdadera causa de su nombre “Israel”, pues no olvidemos que Jacob tuvo de trabajar como siervo de su suegro durante catorce años para obtener a su esposa amada y elegida, Raquel), ser judío, para mí, es asumir y actuar la promesa hecha al Creador: la de ser ese pueblo elegido “para ser un pueblo de Sacerdotes”, es decir de guardianes del Orden y de las Leyes que rigen la creación, recibidas en una revelación progresiva y por lo tanto, objetiva. Por ello el destino y vocación del pueblo judío siempre ha sido así la de ser un pueblo de Civilizadores, custodios de una Creación (temporalmente siempre perfecta, porque reflejo inmortal de la Eternidad) en infinita evolución.

Preservar y cuidar la Creación y ayudarla en su evolución (encontrando caminos universales y objetivos para lograrlo) es el signo indiscutible de identidad en la historia del pueblo judío. Es lo único que explica que una minúscula minoría numérica siempre produce los grandes saltos de la evolución de la humanidad, ya sea en el plano espiritual, social, conceptual, moral, ético, científico, tecnológico o económico. Somos responsables con dignidad y objetividad, de más del 75% de los saltos de evolución de este planeta. Pues esta es nuestra promesa, por siempre y para siempre.

A continuación, ser judío, para mí, es este amor, esa solidaridad instintivamente tierna y ardiente para con los miembros de su gente, de su tribu, de su grupo étnico, de su familia, de su sangre, y si queda un poco, para sí mismo. Es algo precioso y maravilloso, siempre garantizado y siempre presente. En el gueto y fuera de él.


Es amor, amor océano y resonancia universal, pero tocándose, moviéndose, acogedor, enorme, pero que se condensa en un microclima que nos protege y nos conserva, estemos lejos del nido o no, hayamos disfrutado personalmente de ese tipo de amor en la infancia o no. Porque también es la brújula que siempre nos permite encontrar el camino de regreso al hogar. Es nuestra ley del Retorno. Shalom es su nombre.

Además, ser judío se convierte así inevitablemente en el gusto y en el don del culto del conocimiento, del estudio, de la memoria y por lo tanto garantiza una inteligencia honesta, dialogante, clara y alerta. Compasiva, siempre.

Y finalmente, ser judío, para mí, es ese sorprendente humor que nace en las peores situaciones, en lo trágico y en lo absurdo, en la injusticia y en la amenaza de guerra. Ese humor que es una autocrítica, siempre, porque nos previene contra el tomarse a sí mismo demasiado en serio, que es nuestra coraza más fuerte y que nos permite, mirando al cielo, más allá del sol, más allá de las estrellas, reír porque la guerra y la destrucción se tornan imposibles, donde el temor a ser eliminado es impensable. Porque la Eternidad no se puede borrar jamás. Y esto se llama Esperanza. Por eso es nuestro Himno.

Preciada Azancot