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EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 23: HISTORIA EMOCIONAL DEL NIÑO

El desarrollo emocional del lactante, del infante y del niño requiere, simplemente, contar con respuestas auténticas a sus necesidades físicas y emocionales. Esas necesidades son bastante más exigentes de lo que sería necesario si no fuéramos todos mamíferos, siendo la condición de mamífero la más alta y preciada de nuestra condición terrenal.

Todos nacemos, ya lo vimos, con una personalidad que es el producto de la emoción dominante de nuestra madre durante nuestra gestación. Esa personalidad, máscara que oculta el ser, tiene tres anomalías estructurales y emocionales que nos van a condicionar en nuestra relación con el entorno, haciéndonos peticionarios de tres tipos de atenciones y de cuidados que son los resultantes de nuestras tres anomalías. Veamos:

Todos nacemos con una estructura y su emoción correspondiente así como su sentido, dominantes. Seremos más orgullosos o amorosos o alegres, o seguros o sensatos o vitalistas que el promedio, porque esa estructura fue la que ejercitamos de manera dominante durante nuestra vida intrauterina. Esa facultad que nos caracteriza la llamaremos nuestra competencia. Como ya vimos en el primer capítulo, cada estructura tiene múltiples habilidades y dos funciones, una básica y otra trascendente, y para nosotros, para cada uno de nosotros, será fácil y placentero desplegar constantemente el abanico de las habilidades y virtudes correspondientes a nuestra estructura, emoción y sentido dominantes. Son cosas que se nos dan airosamente. También es cierto que cuando nos dañan por allí tenemos menos defensas y nos podemos romper por esa aparente fortaleza. Porque al vernos atacados o desatendidos, y, para colmo, recuestionados en nuestra emoción dominante, nos sentimos como privados del piso sobre el cual caminamos con tanta soltura. Sentimos entonces que se nos cuestiona el “derecho a existir y a ser diferentes” y valiosos por nuestra diferencia. Así evidenciamos que nuestra competencia es también nuestro talón de Aquiles, nuestro punto débil. En el MAT definimos la competencia como “ destreza innata que se desarrollará durante toda la vida para obtener aceptación y estatus social. La competencia nos convierte en especialistas convencidos de tener una misión en la vida, alrededor de esa pauta recurrente que termina por conformar un patrón de conducta y una visión narcisista de la vida.” Según nuestras investigaciones, la competencia moviliza el 20% de la energía útil innata. La competencia condiciona nuestra corporalidad y la salud de nuestro cuerpo.

Todos nacemos, también, con una estructura compensatoria fuerte que nos hace superiores y más geniales que lo normal. Ese será nuestro talento. En el MAT definimos el talento como “capacidad innata que sustenta la expresión de la base y fundamento de del ser integral, única y sorprendente en sus expresiones, que bordea la genialidad y que moviliza la capacidad de innovación y de crecimiento del sujeto.” Según nuestras investigaciones, el talento moviliza el 40% de la energía innata de la persona y sostiene y gestiona la competencia. Por nuestro talento podemos sorprendernos y sorprender al mundo. Es nuestro punto fuerte, porque es el que, genialmente, hemos localizado y entrenado como contrapunto que sostiene toda nuestra estructura y compensa la inflación posible de nuestra competencia. En momentos difíciles y casi concentracionarios, es la emoción y la estructura y el sentido que nos van a permitir resistir a todos los embates de la vida, y surgir, como ave fénix, de las peores pruebas. Es la dimensión nuestra por la que nos negamos a ser parte del tropel, la que da testimonio tranquilo y sereno de la grandeza del ser humano. Si hay alguna genialidad inicial por la que podríamos destacar y transformar al mundo es por el talento que se ha de manifestar. Por el talento no vamos a tener necesidades vitales de ser apoyados ni reconocidos pero sí notaremos que cuando no estamos conectados a él nos sentimos vacíos y sin rumbo en la vida, como si hubiéramos perdido nuestra autenticidad. Somos falsos y percibimos la falsedad del mundo y de nuestra vida cuando ésta no reposa sobre nuestro talento. Es la sal de nuestra vida. El talento condiciona nuestra vida anímica.

Nuestra tercera peculiaridad condiciona nuestra vida espiritual y tiene una jerarquía aún más alta en nuestra personal escala de valores. Es la estructura, la emoción y el sentido que viene secuencialmente tras nuestra competencia “obligada” y que representa la liberación de la presión materna en nuestra vida intrauterina, la rabia para nuestro niño del ejemplo que pusimos. Es volver a nuestra libertad de ser nosotros mismos y de caminar en nuestro orden universal secuencial, que es el estadio mínimo que nuestro orden estructural tiene para cualquier mamífero. Y también para cualquier elemento de la creación que tenga más de dos dimensiones. Es nuestra vocación, que no nuestra “misión” que surge justamente del narcisismo de nuestra competencia cuando está invertida y mal enfocada. Definimos la vocación en el MAT como “La excelencia exclusiva de cada persona, que le confiere su plenitud y su potencia máxima y cuyas expresiones están marcadas por la entrega, el compromiso, el impacto solidario y entusiasta sobre los demás, y que movilizan su capacidad de autorrealización”. El MAT muestra que la vocación moviliza el 80% de la energía útil innata de la persona. La gestión del talento antecede obligatoriamente a la de la vocación que representa la cúspide de la autorrealización cuando se es persona.
La vocación nos muestra nuestra peculiar idea de Dios y se gesta en el útero de nuestra madre desde el primer día de vida, y se desestabiliza a partir del primer mes de gestación, en cuanto se forma el cordón umbilical. Entonces, el contacto con el Centro, fuente de todo lo posible en cualquier tiempo y lugar, nos conecta, no sólo a nuestro limitado orden sextidimensional, sino al orden de las dimensiones que nosotros, los humanos, no poseemos en esta tierra. El Centro nos relaciona con el ORDEN PERFECTO de toda la evolución posible de todas nuestras dimensiones y potencialidades, y, también y sobre todo, nos relaciona con lo que jamás vamos a tener y que nos ama y nos ampara. Es lo que conservamos, en todo nuestro ser, de lo que percibimos siendo un ser de un día fecundado y que se nos va desdibujando durante nuestra gestación por los problemas que ya mencionamos. El Centro se va haciendo como una luz intermitente, cada vez más tenue, confusa e inalcanzable, a medida en que nos vamos transformando en personas alejadas de lo que somos para ser: seres humanos. En algunos momentos accedemos al contacto con el Centro, entonces vivimos en la gloria y el esplendor, en momentos el ser de nuestra madre ocupa el Centro, y entonces vivimos una visión idolátrica, simbiótica y amputada de nuestra finalidad. A veces, como reacción de defensa, colocamos a nuestro propio ser en el Centro y caemos en el ridículo de creernos Dios, y, como tenemos conciencia de nuestra banalidad y de nuestra vulnerabilidad, creernos uno de los dioses, resultado de la fragmentación y atomización del Centro. De esta visión fragmentada nace el concepto de Arquetipos y divinidades, de la fragmentación de esos arquetipos nace el concepto de mitos, de la fragmentación de éstos nace el concepto de héroes, y de la fragmentación de estos últimos nace el concepto de persona, que luego, fragmentado, origina el concepto de gente.

Según nuestras hipótesis, perdemos el contacto con nuestro Centro antes del quinto mes de gestación. Inmediatamente después se empiezan a deteriorar los ejes como consecuencia, luego ya perdemos, en la fase final del embarazo, la secuencia. Y sólo nos quedamos como personas con tres dimensiones conflictivas y tres sanas. Lo dramático de este cuento es que vamos a dar toda nuestra energía a esas tres dimensiones conflictivas, olvidándonos de las sanas. Lo positivo de este proceso, universal e inevitable por ahora, es que todos necesitamos, al menos así lo creemos desde nuestra talla de personas, recuperar en justicia lo mínimo necesario para ser persona antes de convertirnos en seres humanos. Y lo mínimo necesario es que no se nos ate a las necesidades de otro por nuestro talón de Aquiles. Y lo mínimo necesario es que se nos permita acceder a la libertad básica de nuestra secuencia innata para ir a nuestro aire.

Desde el útero, recordamos que es por la emoción que representa la liberación del aprisionamiento compensatorio de la emoción inflada de nuestra madre que sentimos que volvíamos a ser nosotros mismos. Y, como cada día era más conflictivo acceder al contacto con el Centro y a la subordinación libertadora a éste, no es de extrañar que hayamos dado a esa emoción, a esa estructura y a ese sentido un valor religioso y, tan altamente espiritual, que llegó a confundirse para cada uno de nosotros, con el rostro del mismísimo Dios. Cuando colocamos a esa emoción, a esa estructura y a ese sentido en el Centro, ocupando el lugar del Centro al cual todas las demás estructuras y emociones deben conservar el mismo lugar y valía subordinándose a éste, ocurren cosas terribles como el fanatismo, la idolatría, el narcisismo idolátrico que sólo confunde a los seres humanos y causan la separación y el enfrentamiento de la comunidad de los hombres, en luchas a muerte fratricidas. Mientras no pongamos esa vocación en el Centro, corremos sólo el riesgo de estar en la TORRE DE BABEL. Para el Legislador dios será amor, para el Reactivador dios será alegría, para el Promotor dios será seguridad, para el Fortificador dios será entendimiento, para el Constructor dios será justicia y para el Revelador dios será creación. Y todo quedará en cuestiones de opiniones. Por ello, nuestra vocación rige nuestra espiritualidad personal, como persona. Creemos que dios es nuestra estructura vocacional y que sólo ella nos puede abrir a él. Por un lado es cierto, ya que nos abre la secuencia, que es, parte conocida, del orden nuestro natural. Por otro lado esa fijación abusiva nos hace fanáticos y rígidos aunque, cuando está normalizada y reenfocada, nos hace auténticamente trascendentes. Lo mejor sería conservar la relatividad y tomarnos esa vocación con sentido del humor.
De todas formas, cuando recibimos agresiones a esa zona, nuestra vocación, la sentimos como que no tenemos derecho a existir. Perdemos la brújula de nuestra finalidad y, con ella, el sentido de la vida, de nuestra vida.

¿Qué nos queda al nacer? Ciertamente no el Centro, ni los ejes, ni siquiera la secuencia. Nuestra mismísima personalidad nos hipoteca la secuencia. En efecto:
Él Reactivador pasará de su competencia, el amor, a su talento, el miedo, (dando un salto sobre la alegría) para acceder a su vocación, dando un paso atrás en la secuencia, para luego mirar, con pasmo, el miedo, y perder así su visión de conjunto. Por supuesto, puesto así no le dará ninguna importancia especial a sus tres estructuras y emociones sanas, y qué decir de sus sentidos: el Sintetizador-tristeza-oído, el Vitalizador-rabia-olfato, el Transformador-orgullo-gusto. Irá hacia sí mismo a salto de mata y así se perderá, quedando por entero a merced de sus padres, cuidadores, maestros, organizaciones, sociedad, etc.

Si cayera en manos de seres humanos integrales que funcionan en secuencia, en ejes y al servicio de la conexión con su Centro, toda esperanza podría conservarse. Sus cuidadores entenderían que sus necesidades exacerbadas de competencia, talento y vocación obedecen a traumas uterinos debidos a su condición de mamífero. Dichos cuidadores darían atención a esos tres puntos de dolor y, una vez cicatrizadas las heridas, harían ver que lo más lindo del niño son sus tres partes incontaminadas. Las seis partes tendrían entonces las mismas importancias y valores y el niño podría recuperar sus ejes y su Centro. Y convertirse en ser humano integral.

El Promotor descalifica las mismas estructuras sanas que las del Reactivador, y que también son las suyas, y pide ávidamente nutrición para su Orientador-alegría-sexo, su competencia, para su Protector-amor-vista, su talento (con lo cual da un paso atrás en la secuencia) y para su Rector-miedo-tacto (dos pasos adelante), su vocación.

El Fortificador pide nutrición urgente para su Rector-miedo-tacto, su competencia, para su Vitalizador-rabia-olfato, su talento (con lo cual salta dos pasos adelante) y para su Sintetizador-tristeza-oído, su vocación (un paso atrás). Y descalifica su Transformador-orgullo-gusto, su Protector-amor-vista y su Orientador-alegría-sexo, que representan la normalidad.

El Constructor, que es el niño de nuestro ejemplo, pide nutrición para su Sintetizador-tristeza-oído, su competencia, para su Transformador-orgullo-gusto, su talento (salto de dos adelante), y para su Vitalizador-rabia-olfato, su vocación (un paso atrás). Y descalifica su Protector-amor-vista, su Orientador-alegría-sexo y su Rector-miedo-tacto, que son normales.

El Revelador clamará a gritos por su Vitalizador-rabia-olfato, su competencia, por su Sintetizador-tristeza-oído, su talento (un paso atrás), y por su Transformador-orgullo-gusto, su vocación (dos pasos adelante). Descalificará las mismas partes normales que comparte con el Constructor.

El Legislador exigirá atención especial para su Transformador-orgullo-gusto, su competencia, para su Orientador-alegría-sexo, su talento (dos pasos adelante), y para su Protector-amor-vista, su vocación (un paso atrás). Y descalificará su Rector-miedo-tacto, su Sintetizador-tristeza-oído y su Vitalizador-rabia-olfato, que tiene normales.

Vemos por lo tanto que un bebé, cuando viene al mundo, no es una tabula rasa, no es ni perfecto ni virgen, sino que es un pequeño mamífero que tuvo que lidiar con su condición de mamífero y salir lo más entero y perfectible posible. Va a tener necesidades especiales debidas a su personalidad, a su perfil innato de funcionamiento, resultado de su condición de mamífero. Aquí no hay culpas ni responsabilidades posibles que reclamar a la madre. Toda situación requiere de una emoción, y cada gestación trae consigo su escenario emocional y estructural. Es evidente que si la madre, además de su estado circunstancial, que va a condicionar su emoción dominante, funciona mal, esta anomalía va a contribuir a dañar aún más el feto. Sobre todo si se coloca repetidas veces en una de las tres fórmulas letales de los ejes. Esas fórmulas letales van a originar malformaciones y hasta, si son endémicas, muerte del feto. Pero esos son los casos excepcionales que, aquí, no nos ocupan.
Vamos ahora a ver cómo ayudar al lactante y al infante de hasta tres años de edad, y cómo dañarlo hasta conseguir que, además de su prisión personal debida a sus tres disfunciones, caiga en su cárcel tipológica y funcione al revés de su patrón de liberación. ¿Cómo hacer de un cachorro humano el reo de la muerte en vida, pues eso es una tipología en el MAT?

Empecemos por lo más fácil: ¿CÓMO AYUDAR AL INFANTE?: Como primerísimo paso, percibir sus tres dimensiones sanas y alegrarse por ello. Incentivarlas constantemente, aún y sobre todo si recuestionan nuestra propia manera de funcionar como padres. No insistiremos pesadamente sobre qué estructuras, emociones y sentidos estimular y acariciar constantemente pues remitimos al lector al párrafo anterior para cada tipología y al capítulo de las emociones sanas. Una emoción sana, una habilidad innata fruto de un buen funcionamiento emocional y un sentido sano, no necesitan sino orgullo, amor y alegría para ser valorados por el infante. Él vendrá con la tendencia a no darles demasiada importancia, y a nosotros como padres nos corresponderá hacerle tomar conciencia de lo grande que es por ser perfecto. Nada más.

Pero el bebé y el infante, en mayor grado, si no nos ocupamos bien del bebé, llega enfermo cuando nace: le duelen tres estructuras, tres emociones y tres sentidos. Y cada uno de ellos tiene un tratamiento especial. En efecto, si por venir aún más dañado que lo previsible nuestro bebé viene con algún órgano enfermo, todos entenderemos que es urgente buscar tratamientos para que el bebé se sane. No así si viene con tres enfermedades que le van a hipotecar el cuerpo, el alma y el espíritu. No por maldad, pues la inmensa mayoría de los padres desean que su bebé esté sano y feliz, sino por desconocimiento. El MAT trae su granito de arena para que ese desconocimiento retroceda y abra paso a la sabiduría y a la felicidad del niño y de sus padres. Muchos padres se sienten orgullosos de traer a su bebé al mundo y de educarlo y atenderlo para hacer de él un ser humano de provecho. Ahora van a saber cómo sentirse orgullosos y cuándo sentirse avergonzados (cuando no sólo no lo ayudan sino que lo dañan).

El tratamiento de la competencia: Lo esencial aquí, como respuesta de tristeza y de amor, pues ese es el eje del Maestro, es decir, del educador, es percibir que tenemos allí un punto enfermo, el más enfermo de nuestro bebé: él cree férreamente que su mayor facultad es la de expresar como nadie esa estructura, esa emoción y ese sentido, y que lo van a amar por ello. Así tuvo que crecer y desarrollarse durante toda su experiencia uterina. Así que es lo que mayormente va a expresar en su socialización con los padres. Y eso, les hace gracia en vez de recuestionarse, despierta su orgullo en vez de alarmarlos y aman al bebé por ello en vez de apiadarse de él. Empezamos mal, muy mal. Entonces el bebé recibe confirmación incondicional a su creencia sobre su misión en el mundo. Y ya tenemos a un esclavo simbiotizado que necesita ser aprobado por donde más le duele y ser valorado por lo que menos fuerte y liberado tiene. Por otra parte, la madre que las más veces está aún en su emoción dominante, va a ver que su bebé “hace uno con ella” y la libera, porque responderá, no con la misma emoción dominante de la madre, lo que sería prueba de normalidad, sino con la emoción secuencial ¡QUE LIBERA Y ALIVIA A LA MADRE! Entonces la madre, no sólo no se recuestionará, sino que sentirá que le cayó del cielo un ángel que la reequilibra. Y usará al niño en vez de curarlo.

¿Cómo sería la curación? Pues, cada vez que el niño se sitúe en la emoción secuencial a la dominante o a la ex dominante de la madre, ésta debe sentir MIEDO por el niño y volver dos pasos atrás en su propia secuencia, es decir al amor en el caso de nuestro bebé, incentivar el amor sano del bebé, pasar con él a la alegría también sana, Y HACER QUE ÉL SOLITO PASE AL MIEDO, incentivarlo, acompañarlo, Y QUE ÉL SOLITO PASE A LA TRISTEZA, y respetarlo durante todo el tiempo que esté en ella, acompañándolo SIN ESCALAR al ponerse aún más triste que él. Quedándose en un segundo lugar, ocupada en atender al niño enfermo. A la vez, le permitirá desplegar todas las potencialidades del Sintetizador, él solito, acompañándolo, pero sin grandes alborozos, con normalidad y darle este preciso mensaje gestual y subliminal: “yo soy responsable de haberte llevado a esto y estoy contigo, INCONDICIONALMENTE, mientras lo necesites siempre te acompañaré. Pero no creas en ningún momento que yo necesito esa enfermedad tuya, ni, mucho menos, que te quiero más por ella.” Eso es todo; una y mil veces hasta que el bebé tenga el tiempo de enderezar, solito pero con ayuda total, su propia visión de sí mismo y del mundo. Y, por supuesto, si la madre debe hacer eso, todos los demás que se acerquen al niño lo deberán hacer también, para no darle mensajes contradictorios. Pues se trata de la más grave de las enfermedades del bebé. Esperamos haber sido claros: ¡no se trata, en ningún momento, de descalificar ni de combatir la competencia del bebé, porque, si no, caería en el autismo! Se trata de sanar una zona enferma y convertirla en la sexta parte, valiosísima, del bebé. Si tomamos el ejemplo de una dolencia orgánica, por ejemplo, el sistema linfático enfermo como podría ser nuestro caso, no se trata de envenenar más al niño, tirándolo a la basura cada vez que le duela o que se hinche o que le salga un ganglio, sino de curarlo. Si el niño está enfermo hay que cuidarlo, no abandonarlo ni rechazarlo cada vez que tenga una crisis. Si no, además de haberlo enfermado, lo estaremos machacando y lo estaremos destrozando, y caerá en el autismo, encerrándose para siempre fuera de este mundo absurdo, cruel e incomprensible, que lo daña cada vez que sufre.

El tratamiento del talento: aquí el tratamiento es más fácil. Cuando asoma la genialidad del niño, aplaudirla igual de fuerte que cuando asoman sus partes sanas. Aquí tenemos a un pequeño genio que nos da lecciones a todos. Y hay que tener la humildad y la admiración normales ante cualquier genio. Y cuando algo asoma de verdaderamente genial, aplaudirlo a romper, pero luego pasar a la normalidad. No a la descalificación ni al rechazo; hemos dicho, después del aplauso, pasar a la normalidad. El mensaje preciso, gestual y verbal, que hay que dar al niño es: “eres un genio y te amamos, no te consideramos anormal ni diferente, mereces más y mejor admiración y amor por ello y te lo damos todos, con humildad, con normalidad”. O sea, que ni se aparte al bebé como siendo un loco y un anormal porque todos los genios son así de locos, ni se le transforme en un mono de circo a exhibir ante los amigos y conocidos. ¡Normalidad! Ya lo hemos dicho, todos nacemos para ser genios en las seis dimensiones. Y hay que empezar por alguna, ¿no?
Con un tratamiento así el bebé ya cree que puede ser él mismo, ser genial y ser normal y amado. Con lo cual su alma estará deshipotecada y libre y podrá amar confiadamente.

El tratamiento de la vocación: aquí el tratamiento es aún más fácil, pero más sutil. Con la vocación se expresará el grito máximo, el Do de pecho del espíritu del niño. Será sobrecogedor. Y maravilloso. Aquí la respuesta sana y normal es, no sólo orgullo, no sólo amor, sino alegría pura. Alegría, no exaltación ni, menos aún, inflación mesiánica. No, no tenéis allí a Dios encarnado que bajó a la tierra a dar la buena nueva. No. Tenemos, todos, allí, la máxima expresión de la verdad humana, a un ser humano pleno que rebosa de alegría de la certeza. Es entonces justo y necesario inclinarse y acatar, no arrodillarse ante el milagro. Eso sería fatal para el bebé, que se sentiría un ser fuera del mundo de los humanos. Al revés. Es lo plenamente humano. Lo único que hay que hacer con presteza es ayudar diligentemente al niño a fortalecer y dominar con maestría su eje correspondiente, en el caso de nuestro niño, el eje rabia-alegría. Y será fácil YA QUE LA ALEGRÍA SERÁ LA RESPUESTA JUSTA A SU RABIA. Cuando no se dé este caso preciso, o sea cuando el bebé no sea Constructor, DESPUES DE LA ALEGRÍA PASAR A LA EMOCIÓN COMPLEMENTARIA DEL EJE, y entrenarlo una y otra vez como si de un atleta olímpico se tratara.

Y, para terminar, no olvidar lo esencial: dar incansables caricias y alientos y permisos a lo que de sano y valioso trae innatamente el bebé. Hasta convencerlo, no olvidando nada del tratamiento a las enfermedades antedichas, de que lo más bonito, sano, perfecto que tiene son las tres dimensiones innatas que trae. Entonces tendremos al genio vocacional de las seis dimensiones en secuencia y en ejes que todos nacimos para ser.

Ahora bien, nada de todo esto tiene sentido si no se pone todo al servicio del Centro. Y el Centro DEBE ESTAR VACÍO, ya lo sabemos. No debemos permitir al bebé que ponga su vocación ni ninguna de sus dimensiones en el Centro. A un bebé tratado así no se le ocurriría jamás hacerlo, por lo demás. Es el narcisismo de sus padres y educadores lo que lo obligaría a ponerlo allí para luchar contra otra cosa que ellos han puesto allí, las más veces la propia emoción dominante tipológica del más despiadado y dominante y narcisista y demoníaco de sus progenitores. O si se obliga al bebé a poner al dios sextidimensional de cualquiera de las religiones. Eso hará a un bebé ateo.

¿CÓMO DAÑAR AL INFANTE? No vamos a tratar aquí de cómo se puede matar al infante. Para ello remitiremos al lector a una obra posterior sobre los diez tipos de psicópatas, en especial al Magnetizador que es el asesino psíquico de guantes blancos. Esta obra no tratará de psicopatías sino, a lo más, de psicotizaciones, o más exactamente, de caldo de cultivo de las psicosis, que en esta obra, no trataremos tampoco. Pues aquí sólo se trata del ESPLENDOR DE LO HUMANO, y de cómo volver a él si nos hemos alejado.
El sometimiento de la competencia: Para afincar al bebé en su creencia de origen intrauterino en que se le acepta y se le da un lugar en el mundo por su dimensión dominante innata, basta celebrar y amar esa dimensión y dejar patente al infante de que se le distingue por ella. Es en ese error en el que caen la inmensa mayoría de los padres y de los familiares cercanos del bebé.
Para agravar ese estado basta con que, cuando asomen las tres dimensiones sanas del bebé, no se les haga ningún caso especial y se las trate como siendo lo banal en ese bebé.
Para someter al bebé y darle “misiones” especiales que lo conviertan en el ente nutricio de sus cuidadores, basta con que cuando asome el talento o la vocación del bebé se los descalifique, y se solicite en su lugar la emoción dominante.
Para afincarlo en su “personalidad”, es necesario exhibir al bebé ante los demás solicitando su dimensión dominante y, cuando ésta se hace presente, premiar al bebé. Así afincará su imagen viciada de sí mismo y su creencia de que conseguirá sobrevivir por su dimensión dominante. Entonces el bebé se SOCIALIZARÁ y caerá en el convencimiento de que el mundo es cruel y cínico y que “hay que” tener puesta la máscara de turno para lograr sobrevivir en esa jungla. Ya tendremos a un Reactivador amoroso, a un Promotor alegre, a un Fortificador respetuoso, a un Constructor sensato, a un Revelador vitalista y a un Legislador orgulloso.
A partir de ese momento, el cuerpo del bebé o del infante se resentirá y enfermará. Se le dará un antibiótico, por ejemplo, en vez de reparación del crimen.
El sometimiento del talento: necesita más maldad y premeditación en los cuidadores. En efecto, es necesario que, cuando asome el talento y se muestre la genialidad, el bebé encuentre hostilidad, envidia y escalada (“yo lo hago mejor que tú”) en los padres o cuidadores. Si encuentra una respuesta adecuada y otra hostil en sus diferentes progenitores, elegirá la mejor respuesta, salvo si el progenitor que le da la buena respuesta se deja “machacar” por el que le da la mala. En este último caso, el infante caerá en un sentimiento de culpa y ocultará su signo distintivo frente al progenitor abusivo. El infante desarrollará la creencia en que su talento pone en riesgo a su progenitor bueno y que ese talento es peligroso.
Para agravar la desconfianza del niño en su talento, es necesario tratarle de “loco” cuando esté ejerciéndolo. Tratarle de loco y rechazarlo por ello.
Entonces el infante decidirá renunciar a su talento para que lo dejen en paz y lo acepten en su núcleo familiar. Sentirá una legítima rabia contra esa injusticia de su medio y luchará desesperadamente por conseguir aceptación y valoración por lo que “él sabe que es bueno y superior”. Esa lucha de liberación será entonces tratada como una rebeldía intolerable y será aplastada. Entonces el infante decidirá conservar esa rabia por dos motivos:
1º) Para recordar dónde está su tesoro al que le obligan a renunciar, y, cuando se sienta a salvo de las persecuciones, tener una pista para encontrarlo, desenterrarlo y recuperarlo. Eso es lo bueno. Lo malo es que para poder convencerse de que su progenitor responsable del desaguisado es “bueno” y no malo, y que por lo tanto no se merece su rabia, el bebé o el infante hace pasar ese sentimiento de rechazo y de rabia auténtica a su inconsciente. Sentirá rabia en vez de su talento y ya no sabrá porqué. Esta decisión de origen consciente pasará a su sistema neuroendocrino reflejo y se generará la rabia espontáneamente e inexplicablemente para él. No será consciente del “switch” talento-rabia contra el responsable de su decisión de renunciar a ello, y el infante la sentirá como rabia inexplicable.
2º) Para odiarse a sí mismo y al talento en vez de sentir rabia contra los padres. En esta segunda fase la oposición y el rechazo se han interiorizado y el bebé sentirá: “soy malo-estoy loco”, y se tendrá rabia cuando le surja la tentación de mostrarse o de mostrar su genialidad. De allí es muy fácil pasar al tercer paso, que cerrará la trampa:
3º) Cuando el bebé vea afuera esa dimensión, sentirá rabia hostil hacia ella. Así será coherente con sus dos decisiones anteriores y ya cortará el hilo de tensión que lo puede someter a la tentación de reconsiderar sus conclusiones sobre el mundo y sobre sí mismo. Así se convertirá en un prisionero amargado y envidioso de los que no hicieron la misma elección que él. Será un enemigo de su propio talento, tanto en sí como en los demás. De más está decir que si, una vez adulto, tiene un bebé de su misma tipología luchará con saña y hostilidad contra la genialidad de su hijo. Y si, además, está resentido, luchará contra todo tipo de genialidad, cualquiera que sea ese talento.
A partir de entonces su alma estará en exilio, y él se convertirá, no sólo en un habitante y víctima de la jungla que lo obligó a exacerbar el dolor de su competencia, sino en un carcelero hostil y rabioso del mundo de los pigmeos, de los que luchan contra toda genialidad y se empeñan en cortar toda cabeza que asome por encima de la medianía.
El sometimiento de la vocación: es el mayor daño que se le pueda hacer a un ser humano. Es el asesinato de su espíritu.
Cuando el feto está en el útero materno y se le oculta la presencia estelar de su Centro (un mes de gestación), el “choc” es tan tremendo que tras el odio puro que se siente ante “el Dios estafador”, muchos fetos toman la decisión de morir. Si la vida no es lo que debe ser, su existencia ya no tiene sentido. Los que decidimos continuar y seguir adelante lo hacemos primero y principalmente por una razón: volver a encontrar ese Centro, esa gloria y ese esplendor puros que hemos percibido, que sabemos que existe y que nos proponemos reencontrar por encima de todas las cosas. Y la primera reacción es de culpa, de inadecuación: eso tan maravilloso no puede ser malo. Somos nosotros los que hemos hecho algo terrible para que Eso maravilloso nos abandone. El concepto de “culpa originaria” nace de esa experiencia y de esa vivencia que, todos, tuvimos.
Luego pasamos a la luz intermitente tripartita: cuando estamos en nuestros ejes y en nuestra secuencia, y sentimos que toda esa maravilla nace del Centro y tiene como finalidad el Centro, todo parece maravilloso. Cuando sentimos las emociones “buenas” y centradas de nuestra madre, ya todo es bueno, pero estamos en una posición más subordinada, somos el receptor de… cosas buenas. A lo sumo, podremos acceder a una relación yo-tú con un Centro que recibimos como superior al nuestro. Cuando sentimos las emociones “malas” de nuestra madre y estamos obligados a contraer una personalidad para sobrevivir, sentimos ese Centro como un dios caprichoso, brutal, arbitrario, que, sin razón alguna de causa a efecto, se torna terrible y amenaza nuestra vida, aplastando nuestra integridad y nuestra libertad. Pero allí el feto aprende que “haciendo cosas”, como colocarse en su estructura dominante compensatoria, fortaleciendo su talento y extasiándose con su vocación, logra quedar más o menos bien. Logra un todo bastante coherente y cierta integridad.
Las cuatro experiencias quedan grabadas en su cuerpo, en su mente, en todo su ser. Y condicionan su visión de Dios que, como Juno, tendrá cuatro rostros. Cuando el feto se convierte en un bebé autónomo puede, si los padres se comportan como lo indicamos anteriormente, ser ayudado y reestabilizado por los padres.

Pero al nacer ya tiene decidido que Dios es algo mejor pero de la naturaleza de su propia dimensión vocacional. Para el bebé, el sentir y expresar esa dimensión es una cuestión de vida o muerte. Entonces ¿con qué se suele encontrar? Pues con dos cosas. Una externa y terrible, y otra interna y abrumadora.
Si la reacción de los padres es la de prohibir la vocación, y eso es muy corriente por repetición y perpetuación de ESA CADENA MALDITA QUE PERPÉTUAMOS en la exaltación de nuestra competencia, la envidia y hostilidad de nuestro talento y la prohibición de la vocación, y que nosotros, los mamíferos humanos, nos transmitimos de padres a hijos y de generación en generación, hasta convertirla en cultura universal, adquirimos una TIPOLOGÍA DE PERSONALIDAD, es decir, una prisión vitalicia que encierra nuestro ser.
En efecto, si ya se exaltó nuestra competencia y se combatió nuestro talento, somos pasto de la tercera y más sangrienta acometida contra nuestro ser: la prohibición de nuestra vocación. Y eso es muy fácil de lograr en un bebé ya dañado por dos veces. Recordemos que el bebé ya viene desorientado al mundo, sin relación ni contacto con su Centro originario, sin acceso a sus ejes y con su secuencia bloqueada por la obligatoriedad de efectuar marchas atrás y saltos adelante para mantener el 80% de su energía innata plana. Es decir que, visto de una manera gráfica, el bebé ya viene con su estructura desplegada y abierta, como la ilustramos en la página 122, y no integrada como la mostramos en la misma página.
Para el bebé, Dios es su vocación, y cada vez que accede a ella en paz rinde culto a su dios y se regocija con su benevolencia. Se siente ser. Se siente pertenecer y pertenecerse. Se siente fluir y es feliz. Bueno, todo lo feliz que puede ser un mamífero. Se siente tan feliz como un cachorro de león, por ejemplo. Es un animalito más en este planeta tierra. Con la única diferencia de que tiene una dimensión más que le permitirá transformar su mundo para bien o para mal.
Si se encuentra con una oposición a su vocación. Si, cuando la manifiesta, se encuentra con que lo tiran fuera del mundo de los humanos ya sea por idolatría que lo lanza hacia el cielo y lo obliga a confundirse con un dios, una y otra vez hasta obtener de él que sea un narcisista. O si se le excluye del mundo, aterrándolo porque se lo deja solo “por malo”. O si se ve aplastado y aterrado y vencido por el dios personal de sus progenitores, que tiene un real poder de vida o muerte sobre él, el bebé caerá en dos convicciones:
1º) Dios, en verdad, es el dios malo que recuerda tan bien en todas las células de su cuerpo. Sólo que ahora es peor: antes podía “hacer cosas” para recuperar un equilibrio amputado, es cierto, pero parecido a cierta integridad. Ahora no. El dios de su vocación es más débil que los demás dioses y está vencido. Es más, lo castiga abandonándolo a merced de adoradores de otros dioses, que se ceban sobre él.
2º) Pero Dios es necesario porque su espíritu así lo grita, eso en primer lugar. Él recuerda su Centro, y esa evidencia no puede ser recuestionada. Su alegría, su Orientador y su sexo dependen de ello. Entonces como no existen los dioses “buenos”, y que sólo los malos le demuestran existir, se someterá a su propio dios malo que le prometió la vivencia de su vocación y se identificó con ella pero que en la realidad le demuestra que Dios existe sí, y que precisamente admite la expresión de esa dimensión, para él vocacional, en todos menos en él. De esa creencia nacen los arquetipos colectivos. Es decir los dioses del Olimpo.
Y eso es tan así, que sus progenitores le evidencian una y otra vez que ellos también están sometidos a sus dioses arquetípicos, que prohíben para los seres humanos, la vocación.
Para llegar a tan aberrante visión del mundo espiritual fue necesaria la intervención viciada del Transformador, que busca el porqué de las cosas y sólo puede vivir en la coherencia. El Transformador descubre cosas importantes para que todo tenga un sentido coherente. Y, un infante normal tardará tres años en resignarse a esa visión carcelaria del mundo. Luchará con tesón durante tres años, en el mejor de los casos. No vamos a mencionar casos límites en toxicidad. Durante cuatro años más intentará recuperar su integridad de mamífero original. Luego olvidará, y se instalará cómodamente en su cárcel, y se hará prosélito.
Esas dos convicciones del infante lo van a conducir a convertirse en un “adorador de”, sometido en cuerpo y alma a su dios arquetipal. Para ello, cambiará un 40% de la falsa rabia que reemplazaba su talento por más emoción de su competencia. Así se transformará en algo coherente que sigue una religión, la de su arquetipo particular. En cuanto a su vocación, seguirá con la coherencia absoluta de su esquema existencial y la cambiará por miedo fóbico. Ya no será necesario aterrorizarlo con ser excluido y morir de abandono y de exilio. Él mismo se encargará de exilarse del mundo y de la verdad espiritual sintiendo miedo fóbico en lugar de su vocación, y por la gente que actúa, auténticamente, esa vocación. Así se alejará de su espejismo imposible.

En el MAT llamamos TIPOLOGÍA DE PERSONALIDAD la inflación de la competencia ( que deja de ser competencia, pues pasa a convertirse en un 140%, como en el útero, del cual 100% corresponde a la emoción auténtica y el 40% corresponde a la vocación originaria convertida en esa falsa emoción que imita la competencia), la desconexión del talento (que es reemplazado en un 40% por falsa competencia y en un 60% por rabia falsa- envidia-) y la prohibición de la vocación (que es reemplazada por falso miedo fóbico). NUESTRAS ESTADÍSTICAS ARROJAN QUE, SOBRE 120.000 CASOS ANALIZADOS, EL 98% DE LAS PERSONAS ESTÁN EN SU TIPOLOGÍA y sólo el 2% está en su personalidad. No encontramos ninguna que no esté en ninguno de los dos estados. No encontramos ni a un sólo ser humano integral.
En el próximo capítulo mostraremos cómo es cada tipología, y también sus fases de evolución, que lo alejan o lo acercan del recién nacido más intacto que fue. Mostraremos qué hacer para recuperar la integralidad del ser humano que nacimos para ser.

Por lo pronto concluiremos este capítulo mostrando que las tipologías son adoradores de dioses arquetipales de esta forma precisa:

– El Reactivador es un adorador de Orfeo.
– El Promotor es un adorador de Mercurio.
– El Fortificador es un adorador de Aquiles.
– El Constructor es un adorador de Sísifo.
– El Revelador es un adorador de Prometeo.
– El Legislador es un adorador de Atlas.

Eso en un 98%. Del 2% restante, cuando se conectan y recuperan su competencia, su talento y su vocación, acceden al Dios de su vocación y entonces:
– El Reactivador se identifica con Jesús.
– El Promotor se identifica con Alah.
– El Fortificador se identifica con el Dios de Buda.
– El Constructor se identifica con el Dios de Zoroastro.
– El Revelador se identifica con el Dios de Maní.
– El Legislador se identifica con el Dios de Moisés.

Aún así, ¿cómo evitar las guerras de religiones? Pues el espíritu del ser humano está en exilio, y, cuando se encuentra, es para encontrar a un Dios Padre hecho a su imagen y semejanza.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot
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THE SPLENDOUR OF THE HUMAN BEING, fascicle 23: EMOTIONAL HISTORY OF THE CHILD

The emotional development of the nursing infant, baby and child requires, simply, having authentic answers to his physical and emotional needs. These needs are fairly more demanding than would be necessary if we were not all mammals, the mammalian condition being the highest and most valued of our earthly condition.

We are all born, as we already saw, with a personality that is the product of our mother’s dominant emotion during our gestation. That personality, mask that hides the being, has three structural and emotional anomalies that are going to condition our relationship with our environment, making us petitioners for three types of attention and care that are the result of our three anomalies. Let’s take a look:
We are all born with one structure and its corresponding emotion as well as its sense, as dominant. We will be more proud or loving or joyful, or safe or sensible or vital than the average, because that structure was the one that we exercised in a prevailing manner during our intrauterine life. That faculty that characterises us we will call our skill. As we already saw in the first chapter, each structure has several skills and two functions, one basic and another transcendent, and for us, for each one of us, it will be easy and pleasurable to constantly unfold the range of skills and virtues corresponding to our dominant structure, emotion and sense. These are things that we can do with flying colours. It is also true that when we are hurt there, we have fewer defences and can break for that apparent fortitude. Because when we see ourselves attacked or unattended, and, to make matters worse, questioned in our dominant emotion, we feel as though the ground on which we walk with so much ease has been taken away from beneath us. Then we feel that “our right to exist and be different” and valuable for our difference is questioned. This proves that our skill is also or Achilles’ heel, our weak point. In MAT, we define the skill as the “innate dexterity that will be developed throughout our life in order to obtain acceptance and social status. The skill makes us into specialists convinced of having a mission in life, around that recurring standard that ends up forming a behavioural pattern and a narcissistic vision of life”. According to our research, the skill mobilises 20% of useful innate energy. The skill conditions our corporality and the health of our body.
We are all born, also, with a strong compensatory structure that makes us superior and more genial than what is normal. That will be our talent. In MAT, we define the talent as the “innate capacity that sustains the expression of the basis and foundation of the integral being, unique and surprising in its expressions, which borders on genius and which mobilises the subject’s capacity for innovation and growth.” According to our research, the talent mobilises 40% of the person’s innate energy and sustains and manages the skill. Through our talent we can surprise ourselves and surprise the world. It is our strong point, because it is the one that, brilliantly, we have located and trained as a counterpoint that sustains our entire structure and compensates the possible inflation of our skill. In difficult and almost concentration camp-like moments, it is the emotion and the structure and the sense that will allow us to resist all the blows of life, and to emerge, like the phoenix, from the worst tests. It is the dimension of ours through which we refuse to be members of the mob, the one that gives tranquil and serene testimony of the greatness of the human being. If there is any initial geniality for which we could stand out and transform the world it is through the talent that needs to show itself. We will not have any vital needs to be supported or recognised for our talent but we will notice that when we are not connected to it we feel empty and aimless in life, as if we had lost our authenticity. We are false and we perceive the falsehood of the world and of our life when our life is not based on our talent. It is the salt of our life. The talent conditions our mental life.
Our third peculiarity conditions our spiritual life and has an even higher hierarchy in our personal scale of values. It is the structure, emotion and sense that sequentially follows our “forced” skill and the one that represents liberation from maternal pressure during our intrauterine life, rage in the case of the child we used in our example. It is returning to our freedom to be ourselves and to travel in our universal sequential order, which is the minimum stage that our structural order has for any mammal. And also for any element of creation that has more than two dimensions. It is our vocation, not our “mission” which arises precisely from the narcissism of our skill when it is inverted and badly focused. We define the vocation in MAT as “The excellence exclusive to each person, conferring on them their plenitude and maximum potency, the expression of which is marked by dedication, commitment, caring and enthusiastic impact on others and that mobilises their capacity for self-fulfilment”. MAT shows that our vocation mobilises 80% of the person’s innate useful energy. Management of the talent necessarily precedes that of the vocation which represents the pinnacle of self-fulfilment when an individual.
The vocation shows us our peculiar idea of God and is gestated in our mother’s womb from our first day of life, and is destabilised as of the first month of gestation, as soon as the umbilical cord is formed. Then, the contact with the Centre, source of all that is possible in any time and place, connects us, not only to our limited six-dimensional order, but also to the order of the dimensions that us, humans, do not possess on this earth. The Centre connects us to the PERFECT ORDER of all possible evolution of all our dimensions and potentialities, and, also and above all, connects us to what we never will have and that loves us and shelters us. It is what we preserve, in our entire being, of what we perceive at one day of being fertilised and that gradually fades during our gestation due to the problems that we already mentioned. The Centre becomes like an intermittent light, increasingly blurred, confused and unreachable, as we transform into people distant from what we are made to be: human beings. At certain times we gain access to contact with the Centre, then we live in the glory and in the splendour, at times our mother’s being occupies the Centre, and then we experience an idolatrous, symbiotic and amputated vision of our finality. Sometimes, as a defensive reaction, we place our own being in the Centre and we yield to the ridicule of believing ourselves God, and, since we are aware of our banality and of our vulnerability, believing ourselves one of the gods, a result of the fragmentation and atomisation of the Centre. From this fragmented vision the concept of Archetypes and divinities is formed, from the fragmentation of those archetypes the concept of myths is born, from the fragmentation of these is born the concept of heroes, and from the fragmentation of the latter the concept of individual, which then, fragmented, originates the concept of people.
According to our hypothesis, we lose contact with our Centre before the fifth month of gestation. Immediately afterwards the axes start to deteriorate as a result, then we lose, in the final stage of pregnancy, the sequence. And we are left as only people with three conflictive dimensions and three healthy ones. The dramatic thing about this tale is that we are going to devote all our energy to those three conflictive dimensions, forgetting about the healthy ones. The positive thing about this process, universal and inevitable for now, is that we all need, at least we believe that we do from our stature as people, to recover in justice the minimum necessary to be an individual before becoming a human being. And the minimum necessary is not to be tied to another’s needs by our Achilles’ heel. And the minimum necessary is for us to be permitted access to the basic freedom of our innate sequence to do our own thing.
From the uterus, we remember that it is through the emotion that represents liberation from the compensatory imprisonment for our mother’s inflated emotion that we felt that we went back to being ourselves. And, since every day it was more conflictive to gain access to contact with the Centre and to the liberating subordination to it, it is not surprising that we have given that emotion, that structure and that sense a religious value and, so highly spiritual, that it became confused for each one of us, with the visage of God himself. When we place that emotion, that structure, and that sense in the Centre, occupying the place of the Centre to which all the other structures and emotions must retain the same place and value subordinated to it, terrible things occur such as fanaticism, idolatry, idolatrous narcissism that only confuses human beings and causes the separation and confrontation of the brotherhood of men, in fratricidal fights to the death. As long as we do not put that vocation in the Centre, we only run the risk of being in the TOWER OF BABEL. For the Legislator god will be love, for the Reactivator god will be joy, for the Promoter god will be safety, for the Fortifier god will be understanding, for the Constructor god will be justice and for the Revealer god will be creation. And everything will be left as a matter of opinion. For this reason, our vocation governs our personal spirituality, as a person. We believe that god is our vocational structure and that only it can open us up to him. On the one hand this is true, since it opens the sequence for us, which is, known part of our natural order. On the other hand, that abusive fixation makes us fanatical and rigid although, when it is normalised and refocused, makes us authentically transcendent. The best would be to maintain relativity and to take that vocation with a sense of humour.
In any case, when we receive attacks in that area, our vocation, we feel as if we don’t have a right to exist. We lose the compass of our finality and, with it, the meaning of life, of our life.
What do we have left when we are born? Certainly not the Centre, or the axes, or even the sequence. Our very personality mortgages the sequence. Indeed:
The Reactivator will pass from his skill, love, to his talent, fear, (leaping one step over joy) to access his vocation, taking a step back in the sequence, to then look, in amazement, at fear, and thereby lose his vision of the ensemble. Of course, put that way he will give no special importance to his three healthy structures and emotions, never mind senses: the Synthesiser-sadness-hearing, the Vitaliser-anger-smell, the Transformer-pride-taste. He will move towards himself haphazardly and that way will get lost, left at the entire mercy of his parents, carers, masters, organisations, society, etc.
If he fell into the hands of integral human beings that function in sequence, in the axes and at the service of the Centre, all hope could be preserved. His carers would understand that the exacerbated needs of his skill, talent and vocation obey intrauterine traumas due to his mammalian condition. These carers would look after those three painful points and, once the wounds had healed, would make patent that the loveliest of the child are his three uncontaminated parts. The six parts would then have the same importance and values and the child could recover his axes and his Centre. And become an integral human being.
The Promoter disqualifies the same healthy structures as the Reactivator, which are also his, and avidly seeks nutrition for his Orienter-joy-sex, his skill, for his Protector-love-sight, his talent (with which he takes one step back in the sequence) and for his Rector-fear-touch (two steps forward), his vocation.
The Fortifier asks for urgent nutrition for his Rector-fear-touch, his skill, for his Vitaliser-anger-smell (with which he leaps two steps forward) and for his Synthesiser-sadness-hearing, his vocation (one step back). And disqualifies his Transformer-pride-taste, his Protector-love-sight and his Orienter-joy-sex, which represent normality.
The Constructor, who is the boy of our example, asks for nutrition for his Synthesiser-sadness-hearing, his skill, for his Transformer-pride-taste, his talent (leap of two forward), and for his Vitaliser-anger-smell, his vocation (one step back). And disqualifies his Protector-love-sight, his Orienter-joy-sex and his Rector-fear-touch, which are normal.
The Revealer will cry out for his Vitaliser-anger-smell, his skill, for his Synthesiser-sadness-hearing, his talent (one step back), and for his Transformer-pride-taste, his vocation (two steps forward). He will disqualify the same normal parts that he shares with the Constructor.
The Legislator will demand special attention for his Transformer-pride-taste, his skill, for his Orienter-joy-sex, his talent (two steps forward), and for his Protector-love-sight, his vocation (one step back). And he will disqualify his Rector-fear-touch, his Synthesiser-sadness-hearing and his Vitaliser-anger-smell, which are normal in him.
Therefore we see how a baby, when he comes into the word, is not a tabula rasa, he is not perfect nor virginal, rather he is a small mammal who has had to deal with his mammalian condition and come out as whole and perfect as possible. He is going to have special needs due to his personality, to his innate profile of functioning, the result of his mammalian condition. Here there is no guilt or possible liability to be claimed from the mother. Every situation requires an emotion, and every gestation carries with it its own emotional and structural scenario. It is obvious that if the mother, on top of her circumstantial state, which is going to condition her dominant emotion, functions badly, this anomaly will contribute to damaging the foetus even further. Especially if she places herself repeatedly in one of the three lethal formulae of the axes. These lethal formulas are going to originate malformations and even, if they are endemic, the death of the foetus. But those are the exceptional cases that are not relevant here.
Now let’s take a look at how to help the nursing infant and child up until the age of three, and how to damage him until we achieve that, on top of his personal prison due to his three dysfunctions, he falls into his typological prison and functions the opposite way to the pattern that would liberate him. How to make of a human cub the prisoner of death in life, since that is a typology in MAT?
Let’s start with the easiest: HOW TO HELP THE CHILD? As a very first step, by perceiving his three healthy dimensions and being happy for them. To encourage them constantly, even and above all if they question our own way of functioning as parents. We will not insist tediously on what structures, emotions and senses to stimulate and caress constantly since we refer our reader to the previous paragraph for each typology and to the chapter on the healthy emotions. A healthy emotion, an innate ability product of a good emotional functioning and a healthy sense, does not need anything other than pride, love and joy in order to be valued by the infant. He will arrive with the tendency not to give them too much importance, and it is up to us as parents to make him become aware of how great he is for being perfect. Nothing more.
But the baby and the toddler, to a greater degree, if we don’t take good care of the baby, arrives ill when he is born: three structures, three emotions and three senses hurt him. And each one of them has a special treatment. Indeed, if he arrives even more damaged than is foreseeable, our baby will arrive with a diseased organ, and we will all understand that it is urgent to seek treatments to cure the baby. Not so if he comes with three diseases that are going to mortgage his body, soul and spirit. Not out of wickedness, since the immense majority of parents want their baby to be healthy and happy, but out of lack of knowledge. MAT contributes its grain of sand so that this lack of knowledge retreats and makes way for the wisdom and happiness of the child and his parents. Many parents feel proud of bringing their baby into the world and of educating and caring for him to make him into a worthwhile human being. Now they are going to know how to feel proud and when to feel ashamed (when they not only don’t help but damage).
Treatment of the skill: the essential thing here, as a response of sadness and love, since that is the axis of the Master, in other words, of the educator, is to perceive that here we have a diseased point, the most diseased of our baby: he strictly believes that his greatest faculty is to express that structure, that emotion and that sense like no one, and that he is going to be loved for it. That was how he had to grow and develop throughout his entire intrauterine experience. So that is what he is mostly going to express as he socialises with the parents. And, that amuses them instead of making them question themselves, it awakens their pride instead of alarming them and they love the baby for it instead of feeling sorry for him. We’re off to a bad start, a very bad one. Then the baby receives unconditional confirmation of his belief about his mission in the world. And we already have a symbiotic slave that needs to be approved for what most hurts him and to be valued for what is least strong and liberated in him. At the same time, the mother who on most occasions is still in her dominant emotion, is going to see that her baby “unites with her” and liberates her, because he will respond, not with the same dominant emotion as the mother, which would be proof of normality, but with the sequential emotion WHICH LIBERATES AND RELIEVES THE MOTHER! Then the mother, will not only not question herself, instead she will feel that an angel that rebalances her has fallen from the sky. And she will use the child instead of curing him.
What would the healing be like? Well, every time the child places himself in the sequential emotion to the dominant or ex-dominant one of the mother, she must feel FEAR for the child and take two steps backwards in her own sequence, in other words to love in the case of our baby, encourage the baby’s healthy love, move with him onto also healthy joy, AND MAKE HIM PASS ONTO FEAR ALL ON HIS OWN, encouraging him, accompanying him, AND FOR HIM TO PASS ONTO SADNESS ALL ON HIS OWN, and to respect him during the entire time that he is there, accompanying him WITHOUT ESCALATING by becoming even sadder than him. Taking second place, busy attending to the sick child. At the same time, she will allow him to unfold all of the potentialities of the Synthesiser, all on his own, accompanying him, but without great rejoicing, with normality and giving him this precise gestural and subliminal message: “I am responsible for taking you to this and I am with you, UNCONDITIONALLY, as long as you need it I will always be by your side. But don’t think for a moment that I need that disease of yours, or, much less, that I love you more for it.” That is all; once and a thousand times until the baby has time to rectify, on his own but with full support, his own vision of himself and of the world. And, of course, if the mother must do this, so must everyone else who goes near the child as well, so as not to give him contradictory messages. Since it is the most serious of the baby’s diseases. We hope we have been clear: it is not a question, at any time, of disqualifying or combating the baby’s skill, because, otherwise, he would give in to autism! It is a question of healing a diseased zone and making it into the sixth extremely valuable part of the baby. If we take the example of an organic illness, for example, a diseased lymphatic system as could be our case, it is not a question of poisoning the child more, by throwing him in the rubbish bin every time a lymph node hurts, or swells, or appears, but of curing him. If the child is ill he needs taking care of, not abandoning or rejecting every time he has a crisis. Otherwise, on top of making him ill, we will be crushing him and destroying him, and he will yield to autism, closing himself off forever from this absurd, cruel and incomprehensible world, which damages him every time he suffers.
Treatment of the talent: here the treatment is easier. When the child’s point of genius peeks up, applaud it just as strongly as when his healthy parts appear. Here we have a small genius who gives us all lessons. And we have to have the humility and admiration that is normal before any genius. And when something truly genius emerges, applaud it vigorously, but then move onto normality. Not onto disqualification or rejection; we have said, after applause, to move onto normality. The precise, gestural and verbal message that we have to give the child is: “you are a genius and we love you, we don’t consider you to be abnormal or different, you deserve more and better admiration and love for it and we all give it to you, with humility, with normality”. In other words, the baby should neither be set apart as if he were crazy and abnormal because all geniuses are that crazy, nor transformed into a circus monkey to be exhibited before family and friends. Normality! We have already said it: we are all born to be geniuses in the six dimensions. And we have to start with one, right?
With treatment like that the baby already believes that he can be himself, be a genius and be normal and loved. With which his soul will be unmortgaged and free and he will be capable of loving confidently.
Treatment of the vocation: here the treatment is even easier, but more subtle. With the vocation the maximum cry will be expressed, giving all from the very depths of the child’s spirit. It will be impressive. And marvellous. Here the healthy and normal response is, not just pride, not just love, but pure joy. Joy, not exaltation nor, much less, messianic inflation. No, you don’t have God incarnate here who came down to earth to bear good tidings. No. We have, all of us, here, the maximum expression of human truth, a complete human being who overflows with the joy of certainty. Then it is just and necessary to bow and defer, not to kneel before the miracle. That would be fatal for the baby, who would feel like a being from outside the world of humans. On the contrary. He is fully human. The only thing that needs to be done promptly is to diligently help the child to strengthen and master his corresponding axis, in the case of our child, the joy-pride axis. And it will be easy SINCE JOY WILL BE THE JUST RESPONSE TO HIS ANGER. When this isn’t the precise case, in other words when the baby is not a Constructor, AFTER JOY PASS ONTO THE COMPLEMENTARY EMOTION OF THE AXIS, and train him in this time and again as if he were an Olympic athlete.
And to finish, do not forget the essential: to give tireless caresses and encouragements and permits to what the baby innately brings that is healthy and valuable. Until convincing him, without forgetting anything about the treatment of the abovementioned diseases, that the loveliest, healthiest, most perfect things he has are the three innate dimensions that he brings. Then we will have the vocational genius of the six dimensions in sequence and in axes that we were all born to be.
Nevertheless, none of this makes sense if we don’t put everything at the service of the Centre. And the Centre MUST BE EMPTY, we already know this. We must not allow the baby to put his vocation or any of his dimensions in the Centre. A baby treated in this way would never think of doing so, in any case. It is the narcissism of his parents and educators that would oblige him to put it there in order to fight against something else that they have put there, more often than not the dominant typological emotion of the most heartless, and dominating and narcissistic and demonic of his progenitors. Or if the child is obliged to place the six-dimensional god of any of the religions. That will make the baby an atheist.

HOW TO DAMAGE THE CHILD? We are not going to deal here with how we can kill the child. To do that we will refer the reader to a subsequent book on the three types of psychopaths, in particular the Magnetiser who is the psychic killer in white gloves. This work will not deal with psychopathies, rather, at most, with psychotisations, or more precisely, with the breeding ground for psychosis, which in this work, we will not deal with either. Since here it is only about THE SPLENDOUR OF THE HUMAN BEING, and of how to return to it if we have moved away.
Subjugation of the skill: To firmly establish the baby in his belief of intrauterine origin whereby he is accepted and given a place in the world on account of his innate dominant dimension, it is sufficient to celebrate and love that dimension and to make it patent to the child that he is distinguished for it. That is the mistake that the immense majority of parents and relatives close to the child make.
In order to aggravate this state it is sufficient not to take any special notice when the baby’s three healthy dimensions appear, and to treat them as if they were banal in that baby.
In order to subjugate the baby and give him special “missions” that make him the nourisher of his carers, it is enough to disqualify the baby’s talent or vocation when they appear, and to ask instead for his dominant emotion.
To set him firmly in his “personality”, it is necessary to exhibit the baby before others requesting his dominant dimension and, when it presents itself, to reward the baby. This will reinforce his contaminated vision of himself and his belief that he will manage to survive through his dominant dimension. Then the baby will be SOCIALISED and will yield to the conviction that the world is cruel and cynical and that one “has to” wear the relevant mask in order to survive in that jungle. We will already have a loving Reactivator, a happy Promoter, a respectful Fortifier, a sensible Constructor, a vital Revealer and a proud Legislator.
As of that moment, the baby or toddler’s body will resent it and become ill. He will be given an antibiotic, for example, instead of compensation for the crime.
Subjugation of the talent: this requires more wickedness and premeditation on the part of the carers. Indeed, it is necessary that, when the talent appears and the genius is shown, the baby encounters hostility, envy, and an escalation (“I do it better than you”) by the parents or carers. If he finds one adequate response and another hostile one from his different progenitors, he will choose the best response, unless the progenitor that gives him the good response allows the one who gives the bad one to “crush” him. In this last case, the child will give way to a feeling of guilt and will hide his distinctive sign from his abusive progenitor. The child will develop the belief that his talent puts his good progenitor at risk and that his talent is dangerous.
In order to aggravate the child’s distrust in his talent, it is necessary to treat him as “crazy” whenever he exercises it. To treat him as crazy and reject him for it.
Then the child will choose to renounce his talent in order to be left in peace and accepted in his family nucleus. He will feel legitimate rage against that injustice of his environment and will fight desperately to achieve acceptance and valuation for what “he knows is good and superior”. That battle for liberation will then be treated as an intolerable rebellion and will be crushed. Then the child will decide to hold onto that rage for two reasons:
1) To remember where his treasure that he is being obliged to renounce to is hidden, and, when he feels safe from persecution, to have a clue to find it, unbury it and recover it. That is the good thing. The bad thing is that in order to be able to convince himself that the progenitor responsible for the mess is “good” and not bad, and therefore does not deserve his rage, the baby or the infant will make that sense of rejection and authentic rage move into his unconscious. He will feel rage instead of his talent and he will not know why. This decision of a conscious origin will move into his reflex neuroendocrine system and rage will be generated spontaneously and inexplicably for him. He will not be conscious of the “switch” talent-rage against the person responsible for his decision to renounce to it, and the infant will experience it as inexplicable rage.
2) To hate himself and his talent instead of feeling rage against his parents. In this second phase, the opposition and rejection have been internalised and the baby will feel: “I am bad-I am crazy”, and will be angry at himself whenever the temptation to show himself or to show his point of genius emerges. From there it is very easy to move onto the third step, which will seal the trap:
3) When the baby sees that dimension outside, he will feel hostile rage towards it. That way he will be coherent with his two previous decisions and will then cut the tension wire that could subject him to the temptation of reconsidering his conclusions about the world and about himself. That way he will become an embittered and envious prisoner of those who did not make the same choice as he did. He will be an enemy of his own talent, in himself as well as in others. It is surplus to say that if, once an adult, he has a baby of his same typology he will fight viciously and with hostility against his child’s genius. And if, moreover, he is resentful, he will fight against any type of genius, irrespective of that talent.
As of that moment his soul will be in exile, and he will become, not only an inhabitant and a victim of the jungle that forced him to exacerbate the pain of his skill, but also a hostile and rabid jailer of the world of pygmies, of the kind that fight against any genius and are set on chopping off the head of anyone who stands out above the mediocre crowd.
Subjugation of the vocation: this is the greatest damage that we can do to a human being. It is the murder of his spirit.
When the foetus is in the mother’s uterus and the stellar presence of his Centre is hidden from him (one month of gestation), the “shock” is so tremendous that following the pure hate that he feels against that “deceitful God”, many foetuses choose to die. If life is not as it should be, their existence no longer makes any sense. Those of us who decide to continue do so firstly and mainly for one reason: to find that Centre again, that pure glory and splendour that we have perceived, which we know exists and that we set our minds on reencountering above anything else. And the first reaction is one of guilt, of inadequacy: that something so marvellous cannot be bad. It is we who have done something terrible for that Something so marvellous to abandon us. The concept of “original guilt” is born of that experience and occurrence that all of us have lived.
Then we pass onto the tripartite intermittent light: when we are in our axes and in our sequence, and we feel that all of that marvel is born from the Centre and has the Centre as finality, everything seems marvellous. When we feel the “good” and centred emotions of our mother, everything is already good, but we are in a more subordinate position, we are the receiver of… good things. At most, we will be able to access an I-you relationship with a Centre that we perceive as superior to our own. When we feel the “bad” emotions of our mother and are obliged to acquire a personality in order to survive, we feel that Centre as if it were a whimsical, brutal and arbitrary god, who, with no relationship of cause and effect, becomes terrible and threatens our life, crushing our integrity and our freedom. But there the foetus learns that by “doing things”, such as placing himself in his dominant compensatory structure, strengthening his talent and becoming ecstatic with his vocation, he manages to remain more or less okay. He manages a whole that is fairly coherent and a degree of integrity.
The four experiences are engraved in his body, his mind, his entire being. And condition his view of God who, like Juno, will have four faces. When the foetus becomes an autonomous baby, he can, if the parents behave as we indicated above, be helped and re-stabilised by the parents.
But by birth he has already decided that God is something better but of the nature of his own vocational dimension. For the baby, feeling and expressing that dimension is a question of life or death. Then, what does he usually find. Well two things. One external and terrible, and another internal and overwhelming.
If the parent’s reaction is to prohibit the vocation, and this is very commonplace due to the repetition and perpetuation of THAT ACCURSED CHAIN THAT WE PERPETUATE in the exaltation of our skill, envy and hostility for our talent and the prohibition of the vocation, and that we, human mammals, transmit from parents to children and from generation to generation, until turning it into a universal culture, we acquire a PERSONALITY TYPOLOGY, in other words, a lifelong prison that locks away our being.
Indeed, if our skill was already exalted and our talent combated, we are fodder for the third and bloodiest attack against our being: the prohibition of our vocation. And that is very easy to achieve in a baby that has already been damaged twice. Let’s remember that the baby already comes into the world disorientated, with no relationship to or contact with his original Centre, without access to his axes and with his sequence blocked by having to reverse and leap forward in order to maintain 80% of his innate energy level. In other words, viewed graphically, the baby arrives with his structure unfolded and open, as we show on page 198, and not integrated as we show on the same page.
For the baby, God is his vocation, and every time that he gains access to it in peace he pays homage to his god and rejoices benevolently. He feels himself being. He feels himself belonging and belonging to himself. He feels himself flowing and he is happy. Well, as happy as a mammal can be. He feels as happy as a lion’s cub for example. He is one more little animal on this planet earth. With the only difference that he has one more dimension that will allow him to transform his world for the better or for the worse.
If he encounters opposition to his vocation, if, when he expresses it, he finds that he is thrown out the world of humans whether through idolatry that pushes him towards the sky and forces him to confuse himself with a god, time and again until managing to turn him into a narcissist; or if he is excluded from the world, by terrifying him through leaving him alone “because he is bad”; or if he sees himself crushed and terrified and defeated by the personal god of his progenitors, who have a genuine power of life or death over him, the baby will give in to two convictions:
1) God, truly, is the bad god that he remembers so well in every cell of his body. Except that now it is worse: before he could “do things” in order to recover a balance, amputated, it’s true, but similar to some level of integrity. Not now. The god of his vocation is weaker than the other gods and is defeated. Moreover, that god punishes him by abandoning him to the mercy of worshippers of other gods, who attack him.
2) But God is necessary because his spirit cries out for it, that in the first place. He remembers his Centre, and that evidence cannot be doubted. His joy, his Orienter and his sex depend on it. Then, since there are no “good” gods, and only the bad ones prove to him that they exist, he will submit to his own bad god who promised him the experience of his vocation and identified with it but who in reality demonstrates that God does exist, yes, and that he admits precisely the expression of that dimension, for him vocational, in everyone else but in him. From this belief collective archetypes are born. In other words the gods of Olympus.
And it is so much so, that his progenitors prove to him time and again that they too are subjugated to their archetypal gods, who prohibit human beings their vocation.
In order to reach such an aberrant vision of the spiritual world the contaminated intervention of the Transformer was necessary, which looks for the why of things and can only live in coherence. The Transformer discovers important things so that everything makes coherent sense. And, a normal child will take three years to resign himself to that prison-like vision of the world. He will fight persistently for three years in the best of cases. We are not going to mention cases of extreme toxicity. During another four years he will try to recover his integrity as an original mammal. Then he will forget, and will comfortably install himself in his prison, and become a convert.
Those two convictions of the child are going to lead him to become an “adorer of”, subjugated in body and soul to his archetypal god. To do this, he will change 40% of the false rage that replaced his talent for more emotion of his skill. That way he will become something coherent that follows a religion, the one of his particular archetype. As for his vocation, he will continue with the absolute coherence of his existential scheme and will change it for phobic fear. It will no longer be necessary to terrorise him with being excluded and dying of abandon and exile. He himself will take care of exiling himself from the world and spiritual truth by feeling phobic fear instead of his vocation, and of people who act out, authentically, that vocation. That way he will move away from his impossible mirage.
In MAT, we call the PERSONALITY TYPOLOGY the inflation of the skill (which stops being a skill, since it becomes 140%, like in the uterus, of which 100% correspond to the authentic emotion and 40% corresponds to the original vocation transformed into that false emotion that imitates the skill), disconnection of the talent (which is replaced 40% by false skill and 60% by false rage – envy) and the prohibition of the vocation (which is replaced by false phobic fear). OUR STATISTICS REVEAL THAT, OF 120,000 ANALYSED CASES, 98% OF PEOPLE ARE IN THEIR TYPOLOGY and only 2% are in their personality. We found nobody who was in neither of these two states. We didn’t find a single integral human being.
In the next chapter, we will show what each typology is like, and also their phases of evolution, which distance or approach them to the most intact newborn they were. We will show what to do in order to recover the integrality of the human being that we were born to be.
For the time being we will conclude this chapter showing that the typologies are adorers of archetypal gods in this precise manner:
– The Reactivator is an adorer of Orpheus.
– The Promoter is an adorer of Mercury.
– The Fortifier is an adorer of Achilles.
– The Constructor is an adorer of Sisyphus.
– The Revealer is an adorer of Prometheus.
– The Legislator is an adorer of Atlas.

That in 98%. Of the remaining 2%, when they connect and recover their skill, talent and vocation, they gain access to the God of their vocation and then:
– The Reactivator identifies with Jesus.
– The Promoter identifies with Allah.
– The Fortifier identifies with the God of Buddha.
– The Constructor identifies with the God of Zoroaster.
– The Revealer identifies with the God of Mani.
– The Legislator identifies with the God of Moses.

Even so, how to avoid the wars between religions? Since the spirit of the human being is in exile, and, when it finds itself, it is to encounter a God Father made in his own image and likeness.

The Splendour of the Human Being - Preciada Azancot
An extract from the book “THE SPLENDOUR OF THE HUMAN BEING” by Preciada Azancot
©Preciada Azancot

THE SPLENDOUR OF THE HUMAN BEING, fascicle 4: THE VITALISER

The Vitaliser represented in the personality structure diagram as a trapezium, below and to the right on page 198, included in the large triangle of the CONNECTOR, has as principle function perceiving with accuracy the reality in the here and now. With it, it detects the how of things. Its function is justice and its transcendental vocation is corporality.

MAT Personality Structure - Preciada Azancot

MAT Personality Structure – Preciada Azancot

The first that one needs to know about the Vitaliser is that he allows us to be and to appear alive. It is, as its name indicates, the structure that allows us to vitalise ourselves, in other words, to have energy for reacting to external stimuli – those that reach us from the universe and from everything that is alive – and existing and internal stimuli – those that arise from within us – such as sensations and emotions. It is the structure that makes us sensitive to the modality or way that we perceive our surroundings and ourselves. We are what we are depending on how we react to what is our own and what is external, thanks to our Vitaliser.
The Vitaliser perceives, feels and reacts as something alive and in absolute connection with life. It is what makes us be alive and in life.

What does the Vitaliser do?
The Vitaliser perceives: and it does so through sensations and emotions. With this it allows the way of perceiving oneself and perceiving to be the same for everybody. In a healthy Vitaliser the senses are intact and the same as any Vitaliser with healthy senses is perceived. And here the first problem arises: for the senses and emotions to be healthy, and even if they are not, the Vitaliser has, as we will see, the ability to make them healthy.
In fact, the human being’s senses are made with similar intensities if the Vitaliser is in good condition. This allows us to perceive and perceive ourselves in a similar way, irrespective of our race, colour or creed. The quality and intensity of the perception of stimuli that our senses can capture vary according to the species to which we belong. For example, a dog perfectly perceives ultrasound whereas a human ear cannot. A human eye perceives millions of chromatic distinctions whereas the majority of animals do not have the same degree of refinement. It is also true that the eagle sees over very large distances, which are impossible for a human. Our senses therefore allow us to capture only a part of the total reality of the universe in which we are. But all healthy human beings perceive sentient reality in a similar way. This perception, contrary to the commonly held belief, is not subject and relative to each individual. It is objective and shared. The only thing that varies is the state of health of the relative senses.
If we go into a meeting room we are going to perceive reality in a similar way: we will see that the room has a rectangular shape, that the walls are painted dark orange, that there are three paintings on the walls, that the paintings are one predominantly green, another brown and another grey, that there is a wooden table in the middle of the room and that it is narrow and long, that there are ten white chairs placed around it, that two people are present and seated, a man and a woman, the first tall and blonde with horn rimmed glasses and the second dark and plump. We will smell the woman’s perfume and the leather of the chairs, etc.
In reality, if we try an exercise closing our eyes and describing the room, we will find that each one of us perceived the room in a different way. One person will have fixed on many details, whereas another will only have a general impression. This is not because the Vitaliser in each person perceives different things, so much as the fact that our personality structure trains us to perceive and privilege only part of the reality. Thus, there will be people with a more developed sense of smell, others who are more auditory and others who are more visual. But if we repeat the exercise with a monitor who leads us to perceive the entire reality, we will end up, if our senses function, perceiving the same. This is why, with training, or simply because we have evolved or regressed, our perception of reality will be enriched or become poorer. When it is enriched, this does not mean that we incorporate a new sense that we did not have before. It means that we are using what we innately already had. And, when it becomes poorer, this means that we partly stop using an antenna towards the world that is inherent in us.
The sensitivity of our senses, when we refer to their highest degree of capturing, depends on the special training to which we subject them, which is also the Vitaliser’s task.
Where emotions are concerned, either one’s own or those of other people, the commonly held belief also exists that nobody feels like anybody else. And this, is also false. In a prenatal way, in the foetal state, our emotions, the same as our senses, are made for perceiving and perceiving oneself in the same way and to the same degree. It is the training to which we subject these after birth that will introduce differences in our perceptions. We will dedicate a whole chapter, the second one, to emotions, and another to sensations.

– The Vitaliser feels: Because this is the structure that allows us to feel and manifest that we are alive, feeling is the function of this structure. Sensations, sentiments that translate into pain or well-being are the manifestation of life and what is alive within us.
Once again, it is the Vitaliser’s state of functioning that will determine the sensitivity and intensity of reality capture. When the Vitaliser is healthy, we all feel and suffer the same in response to any stimulus.
For example, in contact with a smell, let us say a good perfume, the difference between a person who does not tolerate excessive closeness and another person who even putting his nose against the perfumed body scarcely reacts, depends on whether the Vitaliser is healthy or not or trained or not. The difference in the intensity of the perception will depend on the extent to which the structure is energised, which will condition the sensitivity of perception of the sense or the emotion.
Another example: in response to an examiner who shouts at us, raises his eyebrows and disapproves of what we say by shaking his head, a healthy Vitaliser will capture the reality and simply note that the examiner appears annoyed and will feel rage equally due to the injustice of this behaviour. Another Vitaliser, which may have remained frozen in a childhood experience with an abusive, narcissistic, perfectionist and deprecating father, will feel negative emotions of inadequacy, guilt and fear. If this second examinee learns through therapy to feel his authentic emotions and perceive reality exactly as it is without bringing to the here and now experiences and sentiments of the past he will react like the first examinee. Healthily.

– The Vitaliser distributes: And, above all, it distributes the sensations and emotions among our personality’s six structures, with the objective of keeping them healthy and sensitive. The 120,000 cases that we have studied allow us to affirm that the equitable and highly functional distribution of the emotions and of the senses is the same irrespective of the analysed subject. Although we will dedicate a large chapter to the emotions, and part of another to the senses, we can indicate that, to keep us alive, the Vitaliser assigns them in the following way:
Fear and touch to the Rector.
Love and sight to the Protector.
Rage and smell to the Vitaliser.
Pride and taste to the Transformer.
Happiness and sex (because in MAT we will prove that sex is a sense) to the Orienter.
Sadness and hearing to the Synthesiser.
This is by way of information and not demonstration, which is the subject of the next chapter.
In the same way as it distributes emotions, which, as we will see, are the various specialised energies to allow the correct functioning of each structure, and the senses, which are the antenna that allow us to be in contact with the surroundings, the Vitaliser shares out everything that needs to be shared out, with miraculous equanimity.
When we make our will, we are using our Vitaliser to distribute our property among our heirs. Throughout the centuries the collective Vitaliser’s function has improved and the law obliges a more just and equitable distribution between the heirs.
The miracle of life can only be perceived if the Vitaliser is studied and known. From distribution of the organs in our body, to the sharing out of tasks in the diary or among a team, the Vitaliser’s task is distribution. And this distribution is what best ensures compliance with its ultimate function: justice. Nobody or nothing is going to have more or less than what is needed to live: this is the Vitaliser’s law.
It is surplus to mention that despite having such an extraordinary structure we human beings convert this world into a place where injustice is more the law than the exception. The cause of this is ignorance of the Vitaliser’s function, and the result is inadequate functioning of the Vitaliser, and its consequence: the institutionalisation of injustice.
Let us look at the distribution of the organs in our body in the case of two twins. If one had two livers and the other four arms and two heads, neither could develop or be born.
In our teaching work, and this is also the subject of the first two chapters of this work, we teach that human beings, all of us, possess a similar structure, with six substructures, six emotions and six senses, and that our way of using them well or badly depends on other reasons, which we explain, and not on whether there are human beings who innately have structures emotions and senses, and others who do not. The transformations and cures that we produce are the result of this single cause: we all have the same when we are born and we can all reinstate and recover and develop and transform what is innate in the same way if we are equally informed and trained.

– The Vitaliser assigns: As a consequence of the function of distribution, the Vitaliser assigns, in each time and place, what each has to do.
For example, in our consultancy work, we assign tasks to each member of the group so that the action plan can become a reality. Then, each one, with his Protector, accepts and complies. The Vitaliser’s function of justice can only be fulfilled if the assignment is realistic and equitable.
For example, in the last century, there were roles in couples and in families that required that the tasks related to earning money and bringing it home were assigned to the males, and that those of cleaning and looking after the house were assigned to the women. This gave rise to much injustice. Today the distribution and assignments are more equitable and just as many men as women, in principle, are responsible for both things. In a healthy family everybody participates in everything and tasks and functions are assigned in turns and equitably. There is more justice.

-The Vitaliser reacts: In contact with a stimulus, the Vitaliser reacts. For example, on a neurological plane, the doctor will verify the sensitivity and the health of our nervous system, provoking reflex actions with tickling or small hammer blows on the articulations. If the stimulated member reacts, the doctor concludes that we are neurologically healthy. The same happens with pupils on contact with light.
Another example: If we are insulted, and if we function properly, we will feel rage and the blood will flow to our face. We will respond to the aggression by saying “I will not tolerate you treating me this way. I demand that you withdraw the offence”. If on the contrary, we turn pale, our heart starts beating frenetically and we go quiet, we are reacting with fear instead of rage, in a misguided and inadequate way. In this case, the Vitaliser will be switched off.

– The Vitaliser denounces: Our Vitaliser allows us to denounce any injustice, lie, aggression or manipulation. For example, when the collective Rector legislates and creates the penal code, the collective Vitaliser intervenes in creating the administration of justice with its tribunals, judges and prosecutors. This allows that if anybody defrauds us we can resort to justice denouncing the fraudster and waiting for him to be punished.
In the fourth chapter of this book, we will show the personality typologies as jails that imprison our real being and prevent us from reacting healthily to the world’s stimuli, paralysing and diverting our emotions, structures and senses. We will also see, at the end of this chapter, what must be done to recover plenitude and develop it, transforming ourselves into everything that we have in order to be.

– The Vitaliser attacks: A healthy Vitaliser will only attack when the situation is of legitimate defence and when the denouncements have proved ineffective. For example, in our body, the Rector’s function is, as we already saw, defence of the organism. In response to the presence of a microbe, our defence system will surround the intruder, and if this not enough, it will attack and devour it with the Vitaliser.
The same occurs in our exterior: if a thief attacks us, threatening us with a knife so that we hand over our wallet, it will be our Vitaliser that has to react, either running away as fast as possible (in this option, the Rector detects the threat and decides to flee and the Vitaliser’s energy allows us to run faster than the thief). If this is not enough, because the thief pursues us and is as fast or faster than we are, we can choose to confront him, fight and disarm him, or even more, take out a weapon (a paralysing gas for example, so as to neutralise him and hand him over to the police). If we decide to take out a pistol and attack him by shooting him in the heart, we can say that the response was not proportional to the stimulus, through excess, and that our Vitaliser does not function properly, with equanimity and justice.
Another example: the United Nations Security Council when faced with reiterated threats in the behaviour of a member state, and after insistent warnings (the Rector’s task) or denouncements (the Vitaliser’s task), can make a military attack on the dissident country, through the member states, in order to re-establish justice.
And also, any revolution or armed uprising is an attack from the Vitaliser, which decides that it is the only option for re-establishing justice.
A healthy Vitaliser, before attacking, consults the Rector, to diagnose the magnitude of the threat, and then resorts to the Synthesiser to analyse the problem and detect options, then it denounces and threatens, and finally it will attack if there is no other choice. If the attack is the first reaction, without reason or warning, we would diagnose an aggressive Vitaliser, in other words, sick.

– The Vitaliser dilutes, dissolves: In the digestive process, our Vitaliser is manifested in the activation of gastric juices and bile hormones that dissolve the food and prepare the passage to the Transformer, which will process them and transform them into vital substances for our health.
When we are tired, for example, our Vitaliser asks for a restorative sleep to dilute fatigue.
And when we are sad, a good energetic walk can have the effect of placing us in the here and now and renewing our energy, diluting sadness.
In our work as consultants and trainers, we redirect the diverted energy of the false emotions and we reinforce, through training, structures, with the object of diluting with our Vitaliser and with the Vitaliser of our clients, the negative effects that they were producing on the functioning of the individual and group personality.

– The Vitaliser eradicates: every function of deleting, suppressing removing or eradicating depends on the Vitaliser. If, for example, following analysis (the Synthesiser’s task) we detect lies and manipulations that support our view of the world or our culture, we will decide to delete them, remove them and replace them by truths so as to be, in the first place, more connected to the here and now and, in the second place, mentally healthier to confront life.
It is impossible to grow or change without previously eradicating a whole collection of lies that supported our way of seeing ourselves and seeing the world. For example, in a defective Rector stuffed with rancid and paralysing beliefs, after the Synthesiser’s analysis that will examine the coherence and validity of the stored and frozen arguments, the Vitaliser will intervene so as to eradicate false ideas about ourselves and about the world and remove beliefs that made us rigid and outmoded. Then, and only then, can the Transformer intervene to produce growth.
When we have a diseased tooth that threatens to spread the infection to the entire organism, the dentist will extract the tooth. The same happens with all surgical removal of tumours that impede the state of well-being.
In the example that we gave of toxic parental messages that impede our development, the therapist will help us to delete them and remove them before replacing them with nutritive messages that facilitate our development. Otherwise, and if both messages co-existed, maddening internal dialogues would be produced, which would affirm as valid one thing and it’s opposite.
And our organism, every day, eliminates toxic materials to make our organism healthy; a mere example is urine and faecal materials, without whose elimination we would inevitably die of poisoning.

– The Vitaliser mobilises: Because it is the structure that allows us to be alive, alert, and healthy, the Vitaliser has the task of mobilising everything that is good and useful that we have, the totality of our resources.
There are numerous analysed or simply recorded cases that prove that, in a limit situation, we find unsuspected forces that we did not know we had. For example, being capable of lifting, alone and without any help, a car whose wheels are crushing a child. This is where physical force is concerned.
In this regard, many instances of what are considered miracles – for example the paralysed man who in response to a healer’s request actually stands up and walks – are in reality the illustration of the Vitaliser’s monumental capacity for mobilising our resources.
Where our emotional, intellectual, mental, creative and spiritual resources are concerned, we have exactly the same phenomenon that reproduces and changes us into genii, heroes, saints and models. Every
To make a simple movement and raise an eyebrow, for example, we need to mobilise hundreds of functions. Our organs would stop functioning and physical death would occur if our Vitaliser were to collapse.

– The Vitaliser vitalises: To energise a function, whatever it is, we only have our Vitaliser to achieve it. When we need to raise our spirits, get rid of a lazy feeling, react to any stimulus, we must resort to the Vitaliser to achieve the desired effects.
When we stop revitalising ourselves and reacting, somatisations occur in the body. These correspond to emotions that are not channelled, or lived, or expressed, but are frozen in our Vitaliser and give rise to maladjustments in our vital response. These maladjustments are going to be felt as physical pain or psychic imbalance. For example, a rage against an injustice that we transform into defeat and fatalism, in other words false sadness, is going to produce in us an intense feeling of tiredness and either a headache or stomach ache. When we analyse the situation and make contact with the rage, the energy starts to flow again, the pain disappears and we feel that we have more energy to respond to the world’s stimuli.
According to all our clinical investigations, all somatisations correspond to a lack of energy in the Vitaliser from replacing rage, the emotion that gives life to this structure, with a different false emotion.

– The Vitaliser cures: Although, as we have already seen, life cannot exist without the Vitaliser, health cannot exist either without this structure. In fact, when we are ill, irrespective of our illness, provided always that it does not involve something that is irremediable by the Vitaliser, such as for example a sectioning of nerves or an amputation of a member or any amputation or extraction – which would entail a prior intervention of the Vitaliser, which is also responsible for the actions of removing, cutting, sectioning, eliminating – we will need the intervention of the Vitaliser to recover health. Let us take the example of a simple flu: when we are ill and the doctor prescribes medicines and rest, it will be the Vitaliser that attacks the virus and eliminates it. And it will also be the Vitaliser that asks us to make a simple movement so as to take an aspirin, climb into bed, have fever so as to fight against the toxic agent, accept food, breathe, sleep and continue to react as and when our health is recovered.
But there is something more important than all that: it is our Vitaliser, and nothing else, that will allow us, consciously or unconsciously, to discard any lie, eliminate and eradicate it, as was the case of the example that we gave of a headache that was due to a false sadness instead of a healthy rage. When the lie is detected – the false sadness – and removed, this lie can be replaced by a truth – rage – and health is restored.
In the case of a mental illness exactly the same happens. When we go to the therapist and subject ourselves to analysis, we do nothing more than replace lies by truths about ourselves and about others. And it is not possible to replace lies by truths without beforehand detecting and eliminating, discarding, the lie. Let us take the case of depression: according to our clinical investigations, depression is produced by replacing rage by false sadness. For example, rage over an infidelity, which is disloyalty, is transformed into false sadness, in other words depression and guilt. On analysing the reality and the authenticity of the response to the stimulus, in other words false sadness through guilt or defeatism instead of healthy rage against deceit, the true emotion will be reconnected, but not without eliminating and discarding the false one first. Both the discarding of the false emotion and the rechanneling of the healthy emotion are the Vitaliser’s tasks. Thus, in all detection of lies and in the energy required to eliminate them and replace them by truths, the Vitaliser will intervene in the first instance.

The Vitaliser is manifested through reactions, movements and actions of elimination: From the simplest example – such as closing one’s eyes against a violent light – to the most complex – such as denouncing abuse on the part of a recognised and consecrated institution – all reaction is the Vitaliser’s manifestation. And when the Vitaliser reacts, it is always waiting for rectification that will re-establish truth and justice.
Let’s take as an example a popular demonstration against the mistreating of women. In the first place it involves a denouncement, the Vitaliser’s task, against what is lived as an injustice, an abuse, a crime. And it also involves a reaction that awaits in response concrete measures to punish and eliminate the denounced abuse. Therefore, it involves a complete festival of the Vitaliser’s expression.
As an example of elimination actions, let us look at the simple task of cleaning the house: firstly the Rector’s diagnosis appears, which detects threats for the order and hygiene and diagnoses dirtiness. Then the Synthesiser intervenes, analysing the situation and detecting options, such as using the vacuum cleaner, dusting the place or mopping the floor. Then it passes onto the Vitaliser, which executes all the movements and actions needed for eliminating the dirt.

Regarding the adequacy of the Vitaliser’s functioning, its state of health is manifested with easily detectable indicators: a healthy Vitaliser is energetic, rapid, carefree, informal, updated, lively and agile.
It is energetic because it does not withdraw with doubts and guilt about how it has to react. It instantaneously knows if something is authentic or false, if it is true or a lie, if it is deceitful or exact. And it has all its energy available to respond to each situation in the here and now. When faced with a manipulation, for example a bribe, it reacts denouncing without fear or doubt the abuse. If a parent says to his child that if he eats what he does not like he will love him more, the healthy child will reject the plate of hated food and will refuse to eat it. Moreover, he could say “I don’t want to be loved at this price”. His position will remain clear without having to resort in response to another manipulation, such as vomiting after swallowing the imposed food.
The Vitaliser is rapid and more than this, instantaneous. The response to the stimulus takes place in real time and immediately. In response to a caress it will offer itself, sensually and joyfully, and in response to aggression it will defend assertively and without aggressiveness. As an illustration, let us look at a car driver who suddenly sees another vehicle coming towards him at full speed in the opposite direction, in his own lane. The speed of his correct response to the vehicle that should never have been in his way will save his life.
The Vitaliser is informal. It maintains the spontaneity and authenticity of the child, even at an advanced age. It knows how a stimulus ought to be responded to: with the freshness of a child. And this freshness helps conserve the authenticity of the truth. It will use words like “fantastic”, “marvellous” or like the king of Spain “the dog’s bollocks”.
The Vitaliser is carefree. It knows how much hypocrisy exists in the socially demanded forms. And the Vitaliser expels everything that is rotten from yesterday so as to respond with correct precision to the needs of the here and now. For example, the formal way of addressing people that we owe to our fathers was abandoned by the Vitaliser and replaced by the more informal and closer “you”.
The Vitaliser possesses the energy that allows us to be always up to date. In fact, if a structure exists that is capable of placing us always in the here and now, this is the Vitaliser. With it, the “as if” is eradicated, in other words, functioning as if reality had not changed is eliminated. It is the structure that by definition allows us to perceive, firstly through the senses and secondly through the emotions, live and sentient reality. For this reason, it allows thoughts to be updated, discarding what is no longer true.
The Vitaliser is lively. It is the structure that makes possible the cult to life, the Orienter’s function. On discarding everything that is uncertain, confusing, deceitful, the Vitaliser favours and facilitates authenticity and freshness. The Vitaliser enjoys feeling reality exactly how it is. Not how it was or how it ought to be. For this reason, no truth exists, without the lie having been discarded beforehand. For this same reason, absolute truth is never reached, because life never stops changing.
The Vitaliser is agile. Because it is connected to reality, eliminating the obstacles that could paralyse us, the healthy Vitaliser is characterised by its versatility, its agility and its purity. It is, once again, the presence in us of the eternal infant that could suck his toes without any contortion or strain.
The Vitaliser is impartial. It is the structure that says in us “not that way” when an insult, aggression, manipulation or a lie is perceived. Because it sees the how of things, the way they are. Then it says “that way yes”. It demands that the form of the thing changes, and nothing more. For example, it demands that if somebody wants something they ask for it in a plain and direct way, without beating around the bush or manipulation. For this reason, it is not disposed to renounce anything of its own, or to lie or cheat so as to take away what in justice belongs to another. It is firm, elastic and flexible. This is why it does not need aggressiveness.

When the Vitaliser functions badly it can do so through excess or defect. Through excess, it becomes aggressive and resentful. Through defect, it becomes inoperative and tortuous, because it is ridden with guilt. In fact, the feeling of guilt, so frequent and sterile, is nothing more than the manifestation of a de-energised Vitaliser who swallows lies and manipulation and becomes incapable of perceiving the reality at any one time. This is why it does not come into contact with the rage that it legitimately feels against those who manipulate it, and turns it against itself, becoming the victim, falsely responsible for the real or imaginary evils of which it is accused. And guilt leads it to depression, which here operates like a vicious circle that generates the more guilt and greater depression.
Through excess, the Vitaliser is bitter, aggressive and resentful. In other words, it feels false rage instead of fear, of sadness, of love, of pride or of happiness. It is the typical example of somebody who, because they had an unfortunate childhood – sadness for not having been financially well-off – takes revenge on the world being miserly, aggressive and envious of those who do have what they need, even though these may be one’s own children. Or to put the case of Hitler, who, because he was abandoned by his – supposed – Jewish father, killed six million innocent Jews.
What differentiates a healthy Vitaliser from a sick one is, definitively, that the first one perceives the reality just how it is, and responds to it in real time. The sick Vitaliser interposes a lie that clouds its perception of the world, minimising or maximising its response to reality. If, for example, one believes in the loyalty of a friend who has already given signs of deceit and if one prefers to disconnect one of one’s senses so as not to see, or hear, or smell this deceit, the response will be minimised, behaving “as if” the friend really was a friend. If, on the other hand, one is resentful and suspicious, one would terminate the relationship with a friend who lied to us only once.
The Vitaliser’s function is to perceive how things are in the here and now. For this reason, it allows updating of thoughts, beliefs, knowledge and feelings in a certain and true fashion. For example, a woman who in her youth was very beautiful and sought after can lose her sense of reality and become pathetic if she stops perceiving herself in the here and now, with the deterioration that age produces, and carries on dressing herself, making herself up, and behaving the same as when she was twenty.
On perceiving how the reality is at any one time, the Vitaliser expels the lie of yesterday and updates its response, always finding the adequate one to each circumstance. This is the necessary condition for allowing transformation and growth, the Transformer’s task. If, for example, the German Jews had perceived the reality of nationalism in all its crudity and cruelty, they would have fled the country for as long as that monstrosity lasted. Millions of human lives would have been saved. Perception of reality, even when the reality is monstrous, allows healthy reactions and the saving of life.

In which fields does the Vitaliser manifest itself?
Like each one of the structures, the Vitaliser manifests itself in all fields. To begin with, it is apparent in its own field, which is the terrain of perceptions and reactions. The immense field of denouncements, protests, demonstrations and revolutions is in the Vitaliser’s terrain. To give another example we will mention the administration of justice, which takes in the entire process, starting with the crime being acknowledged and collecting proof and evidence, up to the execution of the punishment in accordance with the magnitude of the breach of the law. In another field, and in democracy, the function of the opposition is to confront the actions of the party that is in power with reality and to denounce any moving away from equitable situations.
In the Transformer’s field, the Vitaliser is what allows adjustment of the imagination to what is really possible, discounting what is not feasible and preventing us from being utopian. On discounting all lies, it allows us to reach at any one time, the measure of what is possible. Without it, we would confuse dreams with reality and we would fail in every attempt to grow or to transform ourselves. What differentiates a genius from a madman is that the former imagines what is possible even though nobody else perceived it yet, and that the latter, because his Vitaliser does not intervene, falls into a delirium that anybody, with their own Vitaliser, can perceive as beyond reality.
In the Protector’s field, all legally approved institutions for denouncing, opposing, dissenting are affirmations of the social Vitaliser’s legitimacy. And also pardon, when the wrong conduct was corrected, shows the presence of the Vitaliser who perceives the how of things and decides to choose life when the behaviour changes in a perceptible way.
In the Orienter’s field, the Vitaliser’s presence is absolutely indispensable and permanent. As we have already mentioned, the Orienter seeks truth and certainty. And there is no certainty without all falsehood being eliminated beforehand. In fact, the movement of coming and going between the Orienter and the Vitaliser is, in a healthy being, permanent. Every elimination of a lie clears a place for a new truth to be installed, and any truth, if it becomes idolatrous and exclusive, eventually becomes a lie and must be rejected. As a mere sample we will remember the history of the religions that arrive as marvellous and numinous revelations from the hand of their creators, which are institutionalised by churches that dogmatise them and are then eventually wiped off the official scene through revolutions that laicize the surroundings before giving way to a new certainty that will eventually be wiped out and so on indefinitely.
In the Rector’s field, the Vitaliser’s presence is equally inseparable from the good functioning of the structure that imposes order and seeks harmony. There is no order in a lie; there is order in the adjustment to the reality in the here and now. The erection of frontiers and their flexibility are the immediate consequence of the truth of the reality at any one time. What was a threat yesterday today may no longer be one, and what is an opportunity today, could become a threat tomorrow. In all other regards, the tasks of the Rector and the Vitaliser are complementary and they work as a team: the Rector legislates and the Vitaliser executes justice. The Vitaliser denounces, and the Rector imposes a new law that prohibits and punishes the denounced injustice.
In the Synthesiser’s field, that of thought, it is impossible to detect solutions to problems without eliminating the infinite stored material that is, either obsolete and inoperative, or does not correspond to the realities of the moment. Without a Vitaliser, to begin one could not establish the connections that put a live brain in movement, and to finish we would be thinking in a vacuum, with no utility.
In the spiritual field, the Vitaliser’s domain is corporality, in other words the terrain of the cult of the body as a sacred element that put us into contact with what is sacred. Relaxation for example, with all its techniques and uses, is a science that allows us to reach ecstasy through domination of the body. There is an infinity of schools that cultivate corporality, very particularly the oriental spiritual tradition, with yoga, tantra, etc. In the religious or mystic tradition, everything that has anything to do with resurrection, with materialisation of the body in the other life, bears witness to the power of the Vitaliser, which, if we are immortal, would also be.
But a transcendental aspect exists applicable to daily life in the function of incarnating oneself, anchoring oneself in the body, which is inherent to the Vitaliser. In fact, from everything that we have seen and said in respect of this structure, it is easy to realise that the Vitaliser allows, by the direct living of reality through the sensations and emotions, experience to be converted into one’s own flesh. This is why it has the function of making things healthy when lies are eradicated and replaced by a liberating truth. When we say “I know this well because I have suffered it or lived it in my own flesh” we are referring to this strong and categorical perception that the Vitaliser in contact with reality allows us.
Certain persons exist, the most toxic people, who not only attempt to manipulate our authentic emotions – telling us for example “what you feel for your father is not rage because he is deceiving you but love, because one must always love one’s father” – but also attempt, through manipulation with fear, lies, guilt or bribery, to occupy our body and make us react how it suits them so that they can maintain their power over us, and not only over our body, where somatisations are then produced, but also over our mind – producing confusion about our identity – about our soul – subjecting us to the curse of a supposed demon who tortured us with guilt – and over our spirit – magnetising our interior compass and inverting the natural orientation of the being towards happiness and plenitude, replacing it by the hell of wandering among malignant beings, eternally, which in reality is a projection of the Rector of the Executor, whose correct conscience warns that he will be punished for trying to possess a free being. This process, complex and twisted but highly effective, is the phenomenon of possession, so well known in psychosis, and that the victim lives as the presence of another being within himself who dictates what he must feel and think, who tortures him physically and produces hallucinations that convince him of the absolute reality of the phantoms inhabiting him. But what one must know, in addition to the extreme seriousness of the consequences of these usurpations of personality, is that one does not need to reach psychosis to see the devastating effects of these abuses and crimes. A simple internal dialogue, when we have the experience of a voice that replaces our correct conscience and tells us what we must do, or a simple feeling of guilt, show the existence of a possession. And what is more, when we introject models of reference to govern our lives, we are in reality possessed. When we do things as our fathers, as our teachers, as our heroes of reference, we are possessed and a phantom is incarnate in us and steals our being. The task of removing the curse goes first to the Rector, which denies access to any being within us: inside a live being there must only be itself. Then the Synthesiser intervenes, analysing and discriminating what is own and what is foreign. And finally the Vitaliser intervenes, cleaning, expelling, and removing all external presences from us, especially the one that relied on deceiving us in order to penetrate.

Its manifestations in art and in religion:
– In architecture: the Vitaliser, in architecture, is manifested for example in Mediterranean style urbanism, and in its whitewashed houses made of natural materials and rotund textures, in the luminosity of the large rooms, in the geraniums that flow over the pots hanging on the balconies and windows, in the black iron railings forged with arabesques, in the concentric streets of steep hills that end in squares bathed in light. Another example, more grandiose, would be the Plaza Mayor in Madrid, a miraculous balance of light and volume.
– In literature: Stevenson, in “The Strange Case of Doctor Jekyll and Mister Hide” shows the expression of a Vitaliser contaminated by a rigid Rector where the manifestation of itself translates into the arousal of the beast that cannot be socialised that we supposedly have within us and which, if unimpeded by a strict Rector, will lead us to injustice and maximum disorder. However, Kafka in “The Trial” denounces an order contrary to life and the search for justice at the service of freedom and authenticity of the human being.
– In music: we will cite the case of Tchaikovsky, who expresses the rotund grace of the Vitaliser, as well as Verdi who also does. As the expression of a somewhat inflated Vitaliser we would mention Beethoven.
– In painting: we would mention Gauguin in his works painted in Tahiti with their rotund contours and sensual colours. We would also mention Caravaggio, the genius of light and shadow (the fight between good and evil in us).
– In religion: the maximum expression of the Vitaliser in religion is found in the texts of Mani, the founder of Manichaeism in his Shabuhragan, the compendium of his teachings.

An extract from the book “THE SPLENDOUR OF THE HUMAN BEING” by Preciada Azancot
©Preciada Azancot

The Splendour of the Human Being - Preciada Azancot

The Splendour of the Human Being – Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 4. EL VITALIZADOR

El Vitalizador, representado en el diagrama de la estructura de personalidad como un trapecio, abajo y a la derecha, página 122, incluido en el gran triangulo del CONECTADOR, tiene como principal cometido el de percibir con justeza la realidad en el aquí y el ahora. Con ello, detecta el cómo de las cosas. Su función es la justicia y su vocación trascendente es la corporalidad.

Estructura MAT de personalidad - Preciada Azancot

Estructura MAT de personalidad – Preciada Azancot

Lo primero que hay que saber sobre el Vitalizador es que nos permite estar y parecer vivos. Es, como su nombre indica, la estructura que permite vitalizarnos, es decir, tener energía para reaccionar a los estímulos externos –los que nos llegan del universo y de todo lo vivo y existente- e internos –los que nos surgen de adentro- como son las sensaciones y las emociones. Es la estructura que nos hace sensibles a la modalidad o manera de nuestra percepción del entorno y de nosotros mismos. Somos lo que somos en función de cómo reaccionamos a lo ajeno y a lo propio, gracias a nuestro Vitalizador.
El Vitalizador percibe, siente y reacciona como algo vivo y en absoluta conexión con la vida. Es lo que nos hace estar vivos y estar en la vida.

¿Qué hace el Vitalizador?
El Vitalizador percibe: y lo hace a través de sensaciones y de emociones. Con ello permite que la manera de percibirse y de percibir sea la misma para todos. En un Vitalizador sano los sentidos están intactos y se percibe lo mismo que cualquier Vitalizador con sentidos sanos. Y aquí surge el primer problema: el de que los sentidos y las emociones estén sanos, y aunque no lo estén, el Vitalizador tiene, como ya veremos, la facultad de sanearlos.
En efecto, los sentidos del ser humano están hechos con intensidades similares si el Vitalizador está en buen estado. Con lo cual podemos percibir y percibirnos de manera similar cualquiera sea nuestra raza, credo o color. La calidad e intensidad de percepción de los estímulos que pueden captar nuestros sentidos varía según la especie a la que pertenecemos. Por ejemplo, un perro percibe perfectamente los ultrasonidos mientras que un oído humano no lo hace. Un ojo humano percibe millones de distinciones cromáticas mientras que la mayoría de los animales no poseen el mismo grado de refinamiento. También es verdad que el águila ve a gran distancia, lo cual es imposible a un humano. Nuestros sentidos nos permiten entonces captar tan sólo parte de la realidad total del universo en el cual estamos. Pero todos los seres humanos sanos perciben la realidad sensible de un modo similar. Esta percepción, contrariamente al tópico tan extendido, no es subjetiva y relativa a cada individuo. Es objetiva y común. Lo único que varía es el estado de salud de los relativos sentidos.
Si entramos en una sala de reuniones vamos a percibir la realidad de una manera similar: veremos que la forma es rectangular, que las paredes están pintadas de color naranja oscuro, que hay tres cuadros en las paredes, que éstos son, uno dominantemente verde, otro marrón y otro gris, que hay una mesa de madera en el centro y que ésta es estrecha y larga, que están colocados diez sillones blancos a su alrededor, que están presentes y sentadas dos personas, un hombre y una mujer, el primero alto y rubio, con gafas de concha y la segunda morena y redondita. Oleremos el perfume de la mujer y también el del cuero de los sillones etc.
En realidad, si hacemos un ejercicio cerrando los ojos y describiendo la habitación, constataremos que cada uno de nosotros percibió la sala de diferente manera. Uno se habrá fijado en muchos detalles, mientras que otro tendrá tan sólo una impresión general. Esto se debe, no a que el Vitalizador de cada cual perciba cosas diferentes, sino a que la estructura de nuestra personalidad nos entrena para percibir y privilegiar sólo parte de la realidad. Así, habrá personas más olfativas, otras más auditivas, otras visuales. Pero si volvemos a hacer el ejercicio con un monitor que nos conduzca para percibir la totalidad de la realidad, terminaremos, si nuestros sentidos funcionan, percibiendo lo mismo. Por eso, con entrenamiento, o sencillamente porque hemos evolucionado o involucionado, nuestra percepción de la realidad va a enriquecerse o empobrecerse. Cuando se enriquece, no quiere decir que incorporamos un nuevo sentido que antes no teníamos. Quiere decir que estamos utilizando lo que innatamente ya teníamos. Y, cuando se empobrece, significa que dejamos en parte de usar una antena hacia el mundo que nos es propia.
La sensibilidad de nuestros sentidos, cuando nos referimos a su más alto grado de captación, depende del entrenamiento especial al cual los sometamos, también tarea del Vitalizador.
En cuanto a las emociones, ya sean ajenas o propias, existe también el tópico de que nadie siente como otro. Y eso, también es falso. De manera prenatal, en estado fetal, nuestras emociones, al igual que nuestros sentidos, están hechos para percibir y percibirse de igual manera y grado. Es el entrenamiento al cual sometemos éstos después de nacer lo que va a introducir diferencias en nuestras percepciones. Dedicaremos todo un capítulo, el segundo, a las emociones, y otro a las sensaciones.

– El Vitalizador siente: Por ser esta estructura la que nos permite sentir y manifestar que estamos vivos, el sentir es función de esta estructura. Sensaciones, sentimientos, que se traducen en dolores o en bienestar son la manifestación de la vida y de lo vivo en nosotros.
Una vez más, es el estado de funcionamiento del Vitalizador lo que va a determinar la sensibilidad e intensidad de la captación de la realidad. Cuando el Vitalizador está sano, todos sentimos y padecemos por igual ante cualquier estímulo.
Por ejemplo, al contacto con un olor, pongamos con un buen perfume, la diferencia entre una persona que no tolere una cercanía excesiva y otra que, aun pegando la nariz al cuerpo perfumado, apenas reaccione, está en lo sano o no y entrenado o no del Vitalizador. La diferencia de la intensidad de la percepción estará en el grado de energetización de la estructura, la cual condicionará la sensibilidad de percepción del sentido o de la emoción.
Otro ejemplo: ante un examinador que nos grita, alza las cejas y desaprueba lo que decimos meneando la cabeza, un Vitalizador sano captará la realidad y simplemente constatará que el examinador parece enfadado y sentirá rabia igualmente por la injusticia de ese comportamiento. Otro Vitalizador, que se haya quedado congelado en una experiencia infantil con un padre abusador, narcisista, perfeccionista y desvalorizador, sentirá emociones negativas de inadecuación, culpa y miedo. Si este segundo examinado aprende, en una terapia, a sentir sus emociones auténticas y percibir la realidad tal y como es, sin traer al aquí y al ahora experiencias y sentimientos del pasado, reaccionará como el primer examinado. Sanamente.

– El Vitalizador reparte: Y, ante todo, reparte las sensaciones y las emociones entre las seis estructuras de nuestra personalidad, con el objetivo de mantenerlas sanas y sensibles. Los 120.000 casos que hemos estudiado nos permiten afirmar que el reparto equitativo y sumamente funcional de las emociones y de los sentidos es el mismo sea cual sea el sujeto analizado. Aunque dedicaremos un extenso capítulo a las emociones, y parte de otro a los sentidos, podemos indicar que, para mantenerlos en vida, el Vitalizador los asigna de la manera siguiente:
Al Rector le asigna el miedo y el tacto.
Al Protector le asigna el amor y la vista.
Al Vitalizador se asigna la rabia y el olfato.
Al Transformador le asigna el orgullo y el gusto.
Al Orientador le asigna la alegría y el sexo (pues en el MAT demostraremos que el sexo es un sentido).
Al Sintetizador le asigna la tristeza y el oído.

Esto a título de información, no de demostración, lo que será objeto del próximo capítulo.
Al igual que reparte las emociones, que, como veremos, son las diferentes energías especializadas para permitir el correcto funcionamiento de cada estructura, y los sentidos, que son las antenas que nos permiten estar en contacto con el entorno, el Vitalizador reparte todo lo que necesita ser repartido, con ecuanimidad milagrosa.
Cuando hacemos nuestro testamento, estamos usando nuestro Vitalizador para repartir nuestros bienes entre nuestros herederos. A través de los siglos la función del Vitalizador colectivo mejoró y la ley obliga a un reparto más justo y equitativo entre los herederos.
El milagro de la vida sólo puede ser percibido si se estudia y se conoce al Vitalizador. Desde la repartición de órganos en nuestro cuerpo, hasta la repartición de tareas en la propia agenda o entre un equipo, la repartición es tarea del Vitalizador. Y esa repartición es lo que mejor garantizará el cumplimiento de su función última: la justicia. Nadie ni nada va a tener más o menos de lo que necesita para vivir; esa es la ley del Vitalizador.
De más está señalar que, a pesar de tener una estructura tan extraordinaria, los seres humanos convertimos este mundo en un lugar donde la injusticia es más la regla que la excepción. La causa de ello es el desconocimiento de la función del Vitalizador, y el resultado es el funcionamiento inadecuado del Vitalizador, y su consecuencia: la institucionalización de la injusticia.
Pensemos en el reparto de nuestros órganos en nuestro cuerpo en el caso de dos gemelos. Si uno tuviera dos hígados y el otro cuatro brazos y dos cabezas ninguno podría desarrollarse ni nacer.
Nosotros, en nuestra labor docente, y este es también el objeto de los dos primeros capítulos de esta obra, enseñamos que los seres humanos, todos, poseemos una estructura similar, con seis subestructuras, seis emociones y seis sentidos y que nuestra manera de utilizarlos bien o mal depende de otras razones, que explicamos, y no de que haya humanos que innatamente posean estructuras, emociones y sentidos, y otros no. Las transformaciones y curaciones que producimos, son el resultado de esa única causa: todos tenemos lo mismo al nacer y todos podemos sanear y recuperar y desarrollar y transformar lo innato de la misma manera si estamos igualmente informados y formados.

– El Vitalizador asigna: Como consecuencia de la función de repartir, el Vitalizador asigna, en cada tiempo y lugar, lo que toca a cada cual.
Por ejemplo, nosotros, en nuestra tarea de consultoría, asignamos tareas a cada miembro del equipo para que el Plan de acción se convierta en realidad. Luego, cada uno, con su Protector, acepta y cumple. La función de justicia del Vitalizador sólo se puede cumplir si la asignación es realista y equitativa.
Por ejemplo, en el siglo pasado, había roles en las parejas y en las familias que exigían que las tareas relacionadas con ganar dinero y traerlo a casa se asignaban a los varones, y que las de cuidar y limpiar la casa se asignaban a las mujeres. Esto originaba cantidad de injusticias. Hoy el reparto y la asignación son más equitativos y tanto hombres como mujeres, en principio, son responsables de ambas cosas. En una familia sana todos participan de todo y se asignan tareas y funciones de manera rotativa y equitativa. Hay más justicia.

-El Vitalizador reacciona: Al contacto con un estímulo, el Vitalizador reacciona. Por ejemplo, a nivel neurológico, el médico verificará la sensibilidad y la salud de nuestro sistema nervioso provocando reacciones reflejas con cosquilleos y pequeños martillazos de las articulaciones. Si el miembro estimulado reacciona, el médico deducirá que estamos sanos neurológicamente. Lo mismo pasa con las pupilas al contacto de la luz.
Otro ejemplo: Si recibimos un insulto, y si funcionamos bien, sentiremos rabia y la sangre afluirá a nuestro rostro. Responderemos a la agresión diciendo: “¡No tolero que me trates así. Te pido que retires esa ofensa!”. Si, por lo contrario, palidecemos, el corazón nos late frenéticamente y nos callamos, estamos reaccionando con miedo en vez de rabia, de manera inadecuada y desviada. En este caso, el Vitalizador estará apagado.

– El Vitalizador denuncia: Nuestro Vitalizador nos permite denunciar toda injusticia, toda mentira, toda agresión o manipulación. Por ejemplo, cuando el Rector colectivo legisla y crea el código penal, interviene el Vitalizador colectivo creando la administración de justicia con sus tribunales, jueces y fiscales. Esto permitirá que si alguien nos estafa podamos recurrir a la justicia denunciando al estafador y esperando que éste sea castigado.
En el cuarto capítulo de este libro, mostraremos las tipologías de personalidad como prisiones que encierran nuestro ser real y que nos impiden reaccionar sanamente ante los estímulos del mundo, paralizando y desviando nuestras emociones, estructuras y sentidos. Veremos también, al final de ese capítulo, cómo hacer para recuperar la plenitud y desarrollarla, transformándonos en todo lo que tenemos para ser.

– El Vitalizador ataca: Un Vitalizador sano sólo atacará cuando la situación sea de legítima defensa y cuando las denuncias hayan quedado sin efecto. Por ejemplo, en nuestro cuerpo, la función del Rector es, como ya vimos, la de defensa del organismo. Frente a la introducción de un microbio, nuestro sistema de defensa rodeará al intruso y, si esto no basta, lo atacará y devorará con el Vitalizador.
Lo mismo ocurre en nuestro exterior: si un ladrón nos ataca, amenazándonos con un cuchillo para que le entreguemos la cartera, tocará a nuestro Vitalizador reaccionar, huyendo a toda carrera por ejemplo (en esta opción, el Rector detecta la amenaza y decide huir y la energía del Vitalizador nos permite correr más rápido que el ladrón). Si eso no basta, porque el ladrón nos persigue y es tan veloz o más que nosotros, podremos optar por enfrentarlo, pelear con él y desarmarlo, o más aún, sacar otra arma (un gas paralizante por ejemplo, para neutralizarlo y entregarlo a la policía). Si decidimos sacar una pistola y atacarlo disparándole en el corazón, podremos decir que la respuesta no fue proporcional al estímulo, por exceso, y que nuestro Vitalizador no funciona bien, con ecuanimidad y justicia.
Otro ejemplo: el Consejo de Seguridad de la ONU, ante reiteradas amenazas en el comportamiento de un Estado miembro, y tras insistentes amonestaciones (tarea del Rector) o denuncias (tarea del Vitalizador), puede atacar militarmente al país revoltoso, a través de estados miembros, para restablecer la justicia.
Y también, toda revolución o revuelta en armas es un ataque del Vitalizador que decide que es la única opción para restablecer la justicia.
Un Vitalizador sano, antes de atacar, consulta previamente al Rector, para diagnosticar la magnitud de la amenaza, luego recurre al Sintetizador para analizar el problema y detectar opciones, luego denuncia y amenaza, y por fin ataca si no hay más remedio. Si el ataque viene por delante, sin razón ni aviso, diagnosticaremos un Vitalizador agresivo, es decir, enfermo.

– El Vitalizador diluye, disuelve: En el proceso de la digestión, nuestro Vitalizador se manifiesta en la activación de jugos gástricos y de hormonas biliares que disuelven los alimentos y preparan el paso al Transformador, que los procesará y transformará en sustancias vitales para nuestra salud.
Cuando estamos cansados, por ejemplo, nuestro Vitalizador nos pide un sueño reparador para diluir la fatiga.
Y cuando estamos tristes, un buen paseo a marcha enérgica puede tener el efecto de volver a colocarnos en el aquí y el ahora y renovar nuestra energía, diluyendo la tristeza.
Nosotros, en nuestra labor formadora y consultora reconducimos la energía desviada de las falsas emociones y fortalecemos, entrenándolas, las estructuras, con objeto de diluir, con nuestro Vitalizador y con el Vitalizador de nuestros clientes, los efectos negativos que producían en el funcionamiento de la personalidad individual y grupal.

– El Vitalizador erradica: Toda función de borrar, suprimir, extirpar, erradicar depende del Vitalizador. Si, por ejemplo, tras un análisis ( tarea del Sintetizador) detectamos mentiras y manipulaciones que sustentan nuestra visión del mundo o nuestra cultura, decidiremos borrarlas, extirparlas y reemplazarlas por verdades para estar, en primer lugar, más conectados al aquí y el ahora, y, en segundo lugar, más sanos de mente para afrontar la vida.
Es imposible crecer ni cambiar sin antes erradicar toda una sarta de mentiras que sustentaban nuestra manera de vernos a nosotros mismos y de ver el mundo. Por ejemplo, en un Rector enfermo trufado de creencias rancias y paralizadoras, tras el análisis del Sintetizador que va a examinar la coherencia y validez de los argumentos almacenados y congelados, intervendrá el Vitalizador para borrar ideas falsas sobre nosotros mismos y sobre el mundo y extirpar creencias que nos tornaban rígidos y trasnochados. Entonces, y sólo entonces, podrá intervenir el Transformador para producir un crecimiento.
Cuando tenemos una muela enferma que amenaza propagar la infección a todo el organismo, el odontólogo procederá a la extracción de la muela. Lo mismo pasa con toda extirpación quirúrgica de tumores que traban el estado de bienestar.
En el ejemplo que dábamos de mensajes parentales tóxicos que traban nuestro desarrollo, el terapeuta nos ayudará a borrarlos y a extirparlos antes de reemplazarlos por mensajes nutritivos y facilitadores de nuestro desarrollo. De no ser así, y si coexistieran ambos mensajes, se producirían “diálogos internos” enloquecedores que afirmarían como válidos, una cosa y su contrario.
Y nuestro organismo, cada día, elimina materias tóxicas para sanear nuestro organismo; sirva de mero ejemplo la orina o las materias fecales, sin la eliminación de las cuales moriríamos envenenados, ineluctablemente.

– El Vitalizador moviliza: Por ser la estructura que nos permite estar vivos, alertas, sanos, el Vitalizador tiene como tarea la de movilizar todo lo bueno y útil que tenemos, la totalidad de nuestros recursos.
Existen múltiples casos analizados o simplemente constatados que comprueban que, en una situación límite, sacamos fuerzas insospechadas de donde ignorábamos poseerlas. Por ejemplo, ser capaz de levantar, solo y sin ayuda, un coche cuyas ruedas están aplastando a un niño. Esto, para nuestra fuerza física.
En este aspecto, muchos de los que se consideran milagros –por ejemplo un paralítico que, frente a la invitación de un sanador, se levanta y camina- son en realidad la ilustración de la monumental capacidad del Vitalizador para movilizar nuestros recursos.
En lo que atañe a nuestros recursos emocionales, anímicos, intelectuales, creativos y espirituales, tenemos exactamente el mismo fenómeno que se reproduce y que nos convierte en genios, héroes, santos y modelos. Todo fenómeno de movilización es función del Vitalizador.
Para hacer un simple movimiento y levantar una ceja, por ejemplo, necesitamos movilizar cientos de funciones. Nuestros órganos dejarían de funcionar y se produciría la muerte física si se colapsara nuestro Vitalizador.

– El Vitalizador vitaliza: Para energetizar una función, cualquiera que sea, sólo contamos con nuestro Vitalizador para lograrlo. Cuando queremos animarnos, sacudirnos la pereza, reaccionar a cualquier estímulo, deberemos recurrir al Vitalizador para lograr los efectos deseados.
Cuando dejamos de revitalizarnos y de reaccionar, se producen somatizaciones en el cuerpo. Estas corresponden a emociones no canalizadas, ni vividas, ni expresadas, que se congelan en nuestro Vitalizador y que producen desajustes en nuestra respuesta vital. Esos desajustes se van a sentir como dolores físicos o desequilibrios psíquicos. Por ejemplo, una rabia contra una injusticia que transformamos en derrotismo y fatalismo, es decir en falsa tristeza, nos va a producir un intenso cansancio y dolor de cabeza o de estómago. Cuando analizamos la situación y tomamos contacto con la rabia, la energía vuelve a fluir, el dolor desaparece y nos sentimos con más energía para responder a los estímulos del mundo.
Todas las somatizaciones corresponden, según nuestras investigaciones clínicas, a una desenergetización del Vitalizador al reemplazar la rabia, emoción que da vida a esta estructura, por otra emoción falsa.

– El Vitalizador sanea: Si bien, como ya vimos, no puede existir vida sin Vitalizador, tampoco puede existir salud sin esta estructura. En efecto, cuando estamos enfermos, cualquiera que sea nuestra enfermedad, siempre y cuando no se trate de algo irremediable para el Vitalizador, como por ejemplo un seccionamiento de nervios o una amputación de algún miembro o cualquier amputación o extracción – lo que implica una previa intervención del Vitalizador quien también es responsable de los actos de extirpar, cortar, seccionar, eliminar- , necesitaremos la intervención del Vitalizador para recuperar la salud. Tomemos el ejemplo de una simple gripe: cuando estamos enfermos y el medico nos receta medicamentos y descanso, va a ser el Vitalizador quien atacará el virus y lo eliminará. Y también va a ser el Vitalizador el que nos pedirá hacer el simple movimiento para tomar una aspirina, meternos en cama, tener fiebre para luchar contra el agente tóxico, aceptar comida, respirar, dormir, e ir reaccionando a medida que nuestra salud se recupera.
Pero hay algo más importante que todo eso: es nuestro Vitalizador, y nada más que él, el que nos permitirá, consciente o inconscientemente, descartar toda mentira, eliminarla y erradicarla, como fue el caso del ejemplo que mostramos del dolor de cabeza que se debía a una falsa tristeza en vez de una sana rabia. Al detectar la mentira –la falsa tristeza- y extirparla, se pudo remplazar esa mentira por una verdad –la rabia- y llegar a la sanación.
En el caso de una enfermedad psíquica pasa exactamente lo mismo. Cuando vamos al terapeuta y nos sometemos a análisis, no hacemos otra cosa que reemplazar mentiras por verdades sobre nosotros mismos y sobre los demás. Y no es posible reemplazar mentiras por verdades sin antes detectar y eliminar, descartándola, la mentira. Pongamos el caso de una depresión: según nuestras investigaciones clínicas, la depresión se produce por un reemplazo de la rabia por falsa tristeza. Por ejemplo, la rabia por una infidelidad, que es deslealtad, que se transforma en falsa tristeza, es decir depresión y culpa. Al analizar la realidad y la autenticidad de la respuesta al estímulo, es decir falsa tristeza por culpa o derrotismo en lugar de sana rabia contra el engaño, se reconectará la verdadera emoción, no sin antes eliminar y descartar la falsa. Tanto el descarte de la falsa emoción como la reconducción de la emoción sana son tareas del Vitalizador. Así pues, en toda detección de mentiras y en la energía necesaria para eliminarlas y reemplazarlas por verdades, intervendrá, en primerísimo lugar, el Vitalizador.

El Vitalizador se manifiesta mediante reacciones, movimientos y acciones de eliminación: Desde el ejemplo más simple –como el de cerrar los ojos ante una luz violenta- hasta el más complejo –como el denunciar un atropello por parte de una institución reconocida y consagrada-, toda reacción es manifestación del Vitalizador. Y cuando el Vitalizador reacciona, siempre está esperando una rectificación que reestablezca la verdad y la justicia.
Tomemos como ejemplo una manifestación popular contra el maltrato a las mujeres. Se trata, en primer lugar, de una denuncia, tarea del Vitalizador, contra lo que vive como una injusticia, un abuso, un atropello. Y se trata también de una reacción que espera en respuesta medidas concretas para castigar y eliminar el abuso denunciado. Se trata, por lo tanto, de un festival completo de la expresión del Vitalizador.
Como ejemplo de acciones de eliminación, pensemos en la simple tarea de limpiar la casa: primero se produce el diagnóstico del Rector, que detecta amenazas para el orden y la higiene y diagnostica suciedad. Luego interviene el Sintetizador que analiza la situación y detecta opciones como pasar la aspiradora, limpiar el polvo o pasar la fregona. Entonces se pasa al Vitalizador, que ejecuta todos los movimientos y acciones necesarias a la eliminación de la suciedad.
En cuanto a la adecuación del funcionamiento del Vitalizador, su estado de salud se manifiesta con indicadores fácilmente detectables: un Vitalizador sano es enérgico, rápido, desenfadado, informal, actualizado, vitalista y ágil.
Es enérgico porque no retrocede con dudas y culpas sobre cómo tiene que reaccionar. Sabe instantáneamente si algo es auténtico o falso, si es verdad o mentira, si es mentiroso o veraz. Y dispone de toda su energía para dar respuesta a cada situación en el aquí y el ahora. Frente a una manipulación, por ejemplo ante un soborno, reacciona denunciando sin temores ni dudas, el abuso. Si un padre dice a su hijo que si come lo que no le gusta lo va a querer más, el niño sano rechazará el plato del alimento odiado y se negará a ingerirlo. Puede además decir: “yo no quiero ser querido a ese precio”. Su posición quedará clara sin por ello recurrir en respuesta a otra manipulación, como por ejemplo vomitar después de tragar los alimentos impuestos.
Es rápido, y más que eso, instantáneo. La respuesta al estímulo se hace en tiempo real y de inmediato. Ante una caricia se ofrecerá, sensual y gozoso y ante una agresión se defenderá asertivamente y sin agresividad. Como ilustración, pensemos en un conductor de automóvil que, súbitamente, percibe otro vehículo acercarse a toda velocidad en sentido contrario, en su propio carril de autopista. La velocidad de su respuesta certera ante el vehículo que nunca hubiera debido estar en su camino, le salvará la vida.
Es informal. Conserva la espontaneidad y autenticidad del niño, aun en edad avanzada. Sabe cómo se debe responder a un estímulo: con la frescura de un niño. Y esa frescura le conserva la autenticidad de la verdad. Emplea palabras como “¡guay!”, “¡chévere!”, o, como el rey de España, “¡cojonudo!”.
Es desenfadado. Sabe lo mucho que hay de hipocresía en las formas socialmente exigidas. Y el Vitalizador expulsa todo lo rancio del ayer para responder con certera precisión a las necesidades del aquí y del ahora. Por ejemplo, el tratamiento de Usted, que antaño debíamos a nuestros padres, fue apeado por el Vitalizador y reemplazado por el más cercano tuteo.
El Vitalizador posee la energía que permite estar siempre actualizado. En efecto, si existe una estructura capaz de colocarnos siempre en el aquí y el ahora, esta es el Vitalizador. Con él, se erradica el “como si”, es decir, se elimina el funcionar como si la realidad no hubiera cambiado. Es la estructura que, por definición, nos permite percibir, a través de los sentidos primero, de las emociones después, la realidad viva y sensible. Por ello, permite actualizar los pensamientos, descartando lo que ya no es verdadero.
Es vitalista. Es la estructura que posibilita el culto a la vida, función del Orientador. Al descartar todo lo que es incierto, confundidor, mentiroso, el Vitalizador favorece y propicia la lozanía y la autenticidad. Disfruta sintiendo la realidad tal y como es. No como fue o debería ser. Por ello, no existe verdad sin, previamente, haber desechado la mentira. Por eso también, la verdad absoluta nunca se alcanza, pues la vida jamás acaba de cambiar.
Es ágil. Al estar conectado a la realidad, eliminando las trabas que nos podrían paralizar, el Vitalizador sano se caracteriza por su versatilidad, su agilidad y por su pureza. Es, otra vez, la presencia en nosotros del eterno infante que se podía chupar los deditos del pie sin esfuerzo ni contorneos.
Es ecuánime. Es la estructura que dice en nosotros: “¡Así no!” cuando se produce un atropello, una agresión, una manipulación o una mentira. Porque ve el cómo de las cosas, su modo. Entonces, dice “¡así sí!”. Exige que se cambie el modo de esa cosa, y nada más. Por ejemplo, exige que si se quiere algo se le pida de manera directa y llana, sin rodeos ni manipulaciones. Por ello, no está dispuesto a renunciar a nada suyo ni, tampoco, a mentir o engañar para lograr arrancar a otro lo que, en justicia, le pertenece. Es firme, elástico y flexible. Por ello, no necesita agresividad.

Cuando funciona mal el Vitalizador puede hacerlo por exceso o por defecto. Por exceso, se torna agresivo y resentido. Por defecto, se vuelve inoperante y tortuoso, porque está culpabilizado. En efecto, el sentimiento de culpa, tan extendido y estéril, no es otra cosa que la manifestación de un Vitalizador desenergetizado que se traga mentiras y manipulaciones y se torna incapaz de percibir la realidad en cada momento. Por ello, no contacta con la rabia que siente legítimamente contra aquellos que lo manipulan, y la voltea contra sí mismo, pasando a convertirse, de victima, a falso responsable de los males reales o imaginarios de los cuales se acusa. Y la culpa lo lleva a la depresión que, aquí, opera como un círculo vicioso que genera más culpa y mayor depresión.
Por exceso, el Vitalizador es rencoroso, agresivo y resentido. Es decir: siente falsa rabia en vez de miedo, de tristeza, de amor, de orgullo o de alegría. Es el típico ejemplo de alguien que, porque lo pasó mal siendo pequeño –tristeza de no haber tenido bienestar económico, por dar un caso-, se va a vengar del mundo siendo avaro, agresivo y envidioso de los que sí tienen lo que necesitan, aunque éstos sean sus propios hijos. O, para poner el caso de Hitler quien, por haber sido abandonado por su -presunto- padre judío, mata a seis millones de judíos inocentes.
Lo que diferencia un Vitalizador sano de uno enfermo es, en definitiva, que el primero percibe la realidad tal y como se manifiesta, y responde a ella en tiempo real. El Vitalizador enfermo interpone una mentira que opaca su percepción del mundo minimizando o maximizando su respuesta a la realidad. Si, por ejemplo, se cree en la lealtad de un amigo que ya dio muestras de su engaño y si se prefiere desconectarse uno de sus sentidos para no ver, no oír, no oler ese engaño, se minimizará la respuesta haciendo “como si” el amigo lo fuera de verdad. Si, por lo contrario, se es resentido y suspicaz, se cortará con el amigo que nos mintió una sola vez.
El Vitalizador tiene como función percibir cómo están las cosas en el aquí y el ahora. Por ello, permite actualizar de manera certera y veraz los pensamientos, las creencias, los conocimientos y los sentimientos. Por ejemplo, una mujer antaño bellísima y cortejadísima puede perder el sentido de la realidad y ser patética si deja de percibirse en el aquí y el ahora, con el deterioro que produce la edad, y seguir vistiéndose, maquillándose y comportándose como cuando tenía veinte años.
Al percibir cómo está la realidad en cada momento, el Vitalizador expulsa la mentira del ayer y actualiza su respuesta encontrando siempre la adecuación a cada circunstancia. Esta es la condición necesaria para permitir la transformación y el crecimiento, tarea del Transformador. Si, por ejemplo, los judíos alemanes hubieran percibido la realidad del nazismo en toda su crudeza y crueldad, hubieran huido del país por todo el tiempo que hubiera durado esa monstruosidad. Millones de humanos se hubieran salvado. Percibir la realidad, aunque ésta sea monstruosa, permite reaccionar sanamente y salvar la vida.

¿En qué campos se manifiesta el Vitalizador?
Como cada una de las estructuras, el Vitalizador se manifiesta en todos los campos. Para comenzar, se manifiesta en su propio campo, que es el terreno de las percepciones y de las reacciones. Todo el inmenso campo de las denuncias, de las protestas, de las manifestaciones, de las revoluciones están en el terreno del Vitalizador. Para poner otro ejemplo, mencionaremos la administración de la justicia, que abarca todo el proceso que va desde la constatación del delito y la reunión de pruebas hasta la ejecución del castigo acorde con la magnitud de la infracción a la ley. En otro campo, y en democracia, la función misma del partido de oposición es la de confrontar la actuación del partido en el poder con la realidad y denunciar todo alejamiento de la ecuanimidad.
En el campo del Transformador, el Vitalizador es el que permite ajustar la imaginación a lo realmente posible, descartando lo que no es factible e impidiéndonos ser utópicos. Nos permite, al desechar toda mentira, alcanzar, en cada momento, la medida de lo posible. Sin él, confundiríamos el sueño con la realidad y nos estrellaríamos en cada intento de crecer o de transformarnos. Lo que diferencia a un genio de un loco es que el primero imagina lo posible que aún no fue percibido por nadie y que el segundo, por no hacer intervenir su Vitalizador, se lanza en un delirio que cualquiera, con su propio Vitalizador, puede percibir como fuera de la realidad.
En el campo del Protector, todas las instituciones legalmente aprobadas para denunciar, oponerse, disentir son asentimientos a la legitimidad del Vitalizador social. Y, también, el perdón cuando la conducta condenable se corrigió, muestra la presencia del Vitalizador que percibe el cómo de las cosas y decide optar por la vida cuando la conducta varía de manera perceptible.
En el campo del Orientador, la presencia del Vitalizador es absolutamente indispensable y permanente. Como ya lo hemos mencionado, el Orientador busca la verdad y la certeza. Y no hay certeza sin antes desechar toda falsedad. En realidad, el movimiento de ida y vuelta entre el Orientador y el Vitalizador es, en un ser sano, permanente. Toda extirpación de la mentira deja el lugar despejado para que se instale una nueva verdad, y toda verdad, si se hace idolátrica y excluyente, se transforma en mentira y debe ser desechada. Como mera muestra recordaremos la historia de las religiones que llegan como revelaciones maravillosas y numinosas de la mano de sus creadores, que son institucionalizadas por iglesias que las dogmatizan y que son barridas de la escena oficial por revoluciones que laicizan el entorno antes de dar paso a una nueva certeza que será barrida y así indefinidamente.
En el campo del Rector, la presencia del Vitalizador es, igualmente indisociable del buen funcionamiento de la estructura que impone el orden y busca la armonía. No hay orden en la mentira, hay orden en la adecuación a la realidad en el aquí y el ahora. La erección de fronteras y su flexibilidad son inmediatamente consecuencia de la veracidad de la realidad en cada momento. Lo que constituía una amenaza ayer, hoy puede ya no serlo y lo que es una oportunidad hoy, mañana se puede transformar en una amenaza. Por lo demás, las tareas del Rector y del Vitalizador son complementarias y trabajan en equipo: el Rector legisla y el Vitalizador ejecuta la justicia. El Vitalizador denuncia, y el Rector impone una nueva ley que prohíbe y castiga la injusticia denunciada.
En el campo del Sintetizador, el del pensamiento, es imposible detectar soluciones a problemas sin descartar la infinita información almacenada que, o bien quedó obsoleta e inoperante, o bien no corresponde con las realidades del momento. Sin Vitalizador, para empezar no se podrían establecer las conexiones que ponen en movimiento un cerebro vivo, y para terminar pensaríamos en el vacío, sin ninguna utilidad.

En lo espiritual, el dominio del Vitalizador es la corporalidad, es decir el terreno del culto al cuerpo como elemento sagrado que nos pone en conexión con lo sagrado. La relajación por ejemplo, con todas sus técnicas y utilidades, es una ciencia que nos permite llegar al éxtasis a través del dominio del cuerpo. Existen infinitud de escuelas que cultivan la corporalidad, muy en especial la tradición espiritual oriental, con el yoga, el tantra, etc. En la tradición religiosa o mística, todo lo que tenga que ver con la resurrección, con la materialización del cuerpo en la otra vida, da testimonio de la potencia del Vitalizador que, de ser nosotros inmortales, también lo sería.
Pero existe un aspecto trascendental aplicable a la vida diaria en la función de encarnarse, de anclarse en el cuerpo, que es propio del Vitalizador. En efecto, de todo lo que hemos visto y dicho a propósito de esta estructura, es fácil darse cuenta de que el Vitalizador permite, a través de la vivencia directa de la realidad a través de las sensaciones y de las emociones, convertir la experiencia en carne propia. De aquí, su función de sanación cuando se erradica la mentira y se remplaza por una verdad libertadora. Cuando decimos “esto lo conozco bien porque lo he padecido o vivido en carne propia”, nos estamos refiriendo a esa percepción tan fuerte y categórica que nos permite el Vitalizador al contacto con la realidad.
Existen personas, las más tóxicas, que no sólo pretenden manipular nuestras emociones auténticas –diciéndonos por ejemplo: “eso que sientes por tu padre no es rabia porque te está engañando sino amor, porque a un padre siempre se le debe amar”- sino que pretenden, a través de la manipulación con miedo, con mentira, con culpa o con soborno, ocupar nuestro cuerpo y hacernos reaccionar como les conviene para mantener su poder sobre nosotros, y no sólo nuestro cuerpo, donde se producen entonces somatizaciones, sino nuestra mente –produciéndonos confusión sobre nuestra identidad-, sobre nuestra alma –sometiéndonos a la maldición de un supuesto demonio que nos tortura con culpas- y sobre nuestro espíritu –magnetizando nuestra brújula interior e invirtiendo la natural orientación del ser hacia la felicidad y la plenitud, que se remplaza por el infierno de errar entre seres malignos, eternamente, lo que en realidad es una proyección del Rector del verdugo, cuya recta conciencia le advierte de que será castigado por pretender posesionar a un ser libre. Este proceso, complejo y retorcido pero sumamente eficaz, es el fenómeno de la posesión, tan conocido en la psicosis, y que la victima vive como la presencia de otro ser dentro de sí que le dicta lo que debe pensar y sentir, que lo tortura físicamente y que produce alucinaciones que lo convencen de la realidad absoluta de los fantasmas que lo habitan. Pero lo que hay que saber, además de la extrema gravedad de las consecuencias de esas usurpaciones de la personalidad, es que no se necesita llegar hasta la psicosis para ver los efectos devastadores de esos abusos y crímenes. Un simple diálogo interno, cuando tenemos la vivencia de una voz que remplaza nuestra recta conciencia y nos dice lo que debemos hacer, o un simple sentimiento de culpa, manifiestan la existencia de una posesión. Y es más, cuando introyectamos modelos de referencia para regir nuestras vidas, estamos en realidad posesionados. Cuando hacemos las cosas como nuestros padres, como nuestros maestros, como nuestros héroes de referencia, estamos posesionados y un fantasma está encarnado en nosotros y nos roba nuestro ser. La tarea de desembrujarse pasa primero por el Rector, que niega el acceso a todo ser dentro de nosotros: en un ser vivo no debe estar sino él mismo. Y nadie más. Luego interviene el Sintetizador, que analiza y discrimina lo que es propio y lo que es ajeno. Y por fin interviene el Vitalizador, que limpia, expulsa y extirpa toda presencia ajena en nosotros, sobre todo la que se apoyó sobre engaños para penetrar.

Sus manifestaciones en arte y en religión:
– En arquitectura: el Vitalizador, en arquitectura se manifiesta por ejemplo en el urbanismo de estilo mediterráneo y en sus casas encaladas, de materiales naturales y de texturas rotundas, en la luminosidad de las amplias habitaciones, en los geranios que explotan en las macetas colgantes de ventanas y balcones, en las rejas de hierro negro forjadas con arabescos, en las calles concéntricas de cuestas empinadas que desembocan en plazuelas bañadas de luz. Otro ejemplo, más grandioso, sería la Plaza Mayor de Madrid, de milagroso equilibrio de luces y volúmenes.
– En literatura: Stevenson, en “El extraño caso del Doctor Jeckill y Mister Hide”, muestra la expresión de un Vitalizador contaminado por un Rector rígido donde la manifestación de sí mismo se traduce por el surgimiento de la bestia insocializable que supuestamente encerramos y que, de no ponerle el freno de un Rector férreo, nos llevaría a la injusticia y al máximo desorden. Sin embargo, Kafka en “El proceso”, denuncia un orden contrario a la vida y la búsqueda de la justicia al servicio de la libertad y autenticidad del ser humano.
– En música: pondremos el caso de Tchaikovski, que expresa la gracia rotunda del Vitalizador, así como Verdi que también lo hace. Como expresión de un Vitalizador algo inflado mostraremos a Beethoven.
– En pintura: mencionaremos a Gauguin en su obra pintada en Taití con sus contornos rotundos y su sensual colorido. Señalaremos igualmente a Caravaggio, ese genio de las luces y de las sombras (lucha entre el bien y el mal en nosotros) .
– En religión: la máxima expresión del Vitalizador en religión la encontramos en los textos de Mani, fundador del maniqueísmo, en su Shahbuhragan, compendio de sus enseñanzas.

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot
El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

¿ESPÍRITU GESTÁNDOSE?

Por Preciada Azancot

Me parece fascinante y maravilloso que en Israel se esté tomando consciencia de la verdadera importancia y dimensión de lo ESPIRITUAL en el ser humano. Y más aún en estos tiempos de guerra terminal CONTRA LA DIMENSIÓN REAL Y LA FUNCIÓN TRASCENDENTE DEL ESPÍRITU en la Humanidad. El espíritu, no sólo nada tiene que ver con religiones, sino que justamente se bloquea y se invierte con cualquier dogma, pues éste constituye un TROMBO en el fluir de la LIBERTAD INALIENABLE NECESARIA PARA ENCONTRAR VERDAD TRASCENDENTE, ES DECIR QUE NOS DÉ UN SENTIDO DE FINALIDAD a nuestra existencia.

Justamente, este final de civilización que se derrumba y abrirá paso a otra civilización regida por un BIO-HUMANISMO de Tercer milenio, tiene en el fondo y en rigor un sólo mensaje: EL FINAL DE LAS IDEOLOGÍAS Y DE LAS RELIGIONES, Y CON ÉSTAS, DE TODO INTERMEDIARIO ENTRE EL CREADOR Y SU CREACIÓN. Pero no como se entendió hasta ahora, es decir negando la importancia y supremacía de la dimensión espiritual – a través de una regresión relativa, es decir a través del materialismo (que nunca puede entonces ser dialéctico, pues se le suprime la pulsión de vida y de cambio) y de la institucionalización del cretinismo: el escepticismo, ni disolviéndola en un animismo o chamanismo retrógrado y primitivo, sino AFIRMANDO Y POTENCIANDO EL ESPÍRITU en el ser humano. Porque el Espíritu es lo más alto e importante en la estructura del la Creación.

Os voy a dar une ejemplo muy fácil, para que me entendáis: imaginad a un GENIO creador, Mozart por ejemplo, silenciado por discípulos curiles y serviles que prohíben escuchar su música y se la pasan descomponiéndola y modificándola con la ayuda de profesionales del marketing, con la pretensión de glorificarla y así darle ¿sacralidad? ¿Imagináis a Mozart silenciado y que su música esté en manos de los promotores de Madonna para convertirla en video clips para que nosotros, los brutos, los imbéciles, los tarados, seamos capaces de entender tal música y amarla? Esto es una religión.

Con la diferencia de que ese Mozart se llama Moisés, o Jesús, o Mahoma, o Zoroastro, o Buda, o Mani, TODOS ellos TRAICIONADOS POR SU SECTA DE USURPADORES que transformaron su SABIDURÍA HUMANA en religión y “única palabra de Dios”. Y si además se nos cuenta, machacándonos con esos video clips, que Mozart es, no un genio de la música, sino el ÚNICO verdadero y además que no, que no es el único músico sino TODA LA MÚSICA POSIBLE, ¿Qué diríais, cómo os sentirías? Pues lo peor del caso es que, obviamente, no llegaríais a odiar a esa secta, sino a Mozart. Y lo peor del caso, os abocaríais a odiar toda VUESTRA PROPIA dimensión musical y creadora. Y ASÍ SE ESCRIBIÓ LA HISTORIA DEL PLANETA HASTA HOY. Por eso el mundo está al revés y camina sobre tumbos de su cabeza y piensa con los pies.

Y el espíritu, que defino tentativamente como la CERTEZA DE ENCONTRAR VERDAD TRASCENDENTE en una revelación inacabable, infinita y progresiva, SIGNADA POR LA LIBERTAD, es la única finalidad del ALMA humana que defino como EL ANHELO DE LA ENTREGA a lo verdaderamente querible y vivo. Eso es PLENITUD. Y además ésta es una función individual e ÍNTIMA, no transferible.

El pueblo judío es el más avanzado en lo que a Alma hace -es decir en Amor Universal- y es también el más alto en lo que a orgullo y dignidad hace. Siempre lo fue, pues fue él quien trajo el MONOTEÍSMO al planeta, pues Dios es UNO y no sólo no tiene religión, sino que jamás se le encuentra a través de un trombo que obstruye y obceca la orientación del ser humano hacia su propia finalidad. Se aproxima uno a Su designio a través de la Evolución, la cual depende de un centro VACÍO, es decir vaciado de presencias, de mitos y de egos NUESTROS, vale decir, de religiones ya sean éstas domésticas o dogmáticas con pretensiones universales.

Y muy afortunadamente JAMÁS SE PUEDE CONOCER NI DEFINIR NI CERCAR A DIOS, porque si no, no podría ser nuestro Creador, pues ¿cómo sería posible que nuestro Creador nos permita y entregue la capacidad de crecer, de crear y de transformarnos en más y mejor Creaciones, mientras que Él jamás podría hacerlo? ¿De qué imagen y semejanza estaríamos hablando? ¿De un Tótem, de un ídolo de piedra? y ESTO ES UN EJEMPLO y además OS HABLO DE TAN SÓLO EL ORGULLO CREADOR, que es tan sólo la base del alma, la cual es base del espíritu, el cual es la base la de la auténtica ética y de la seguridad y armonía en el ser humano (y en toda la Creación, de paso).

¡¡¡Lo más grave de un mensaje así, es que vendría a culpabilizar para siempre y a maldecir a nuestros propios hijos: pues significaría que a partir del momento en que les damos a luz, perdemos nuestra facultad de ser y de crecer, que además les sacrificaríamos nuestra alma y renunciaríamos a la alegría de encontrar Verdad, es decir, más y mejor LIBERTAD!!!

Ahora bien, afirmar el espíritu significa situarlo POR ENCIMA de las religiones, no por debajo, ni ramplonamente en una seudo laicidad o racionalidad miope y robotizada que niega la parte más viva y vital del ser humano. La religión cumplió su función y lo hizo muy bien. Y su función fue la de poner un cuerpo de doctrina extraída de la experiencia de crecimiento de auténtica sabiduría espiritual de Maestros trascendentes y admirables que encontraron VERDAD, sí, pero relativa y situada en su época. Y a los que debemos amar directamente, sin confundirlos con sus sectas de Usurpadores. Debemos amarlos pero no idolatrarlos, sino viéndolos como lo que son: Seres Humanos, grandes Maestros del crecimiento espiritual QUE NUNCA HA DE DETENERSE NI DE DOGMATIZARSE. Porque el Espíritu tiene como única función real la de encontrar VERDAD y la verdad NUNCA PUEDE SER ABSOLUTA, sino circunstancial y relativa, INCLUIDA LA VERDAD CIENTÍFICA.

¡¡¡ Y no necesitamos de Ecumenismo para eso !!!

Además, convertir la experiencia de un Maestro en una escuela rígida y dogmática, obviamente regida por seguidores que han idolatrado a su Maestro y por ende, ya lo han traicionado, viene a ser lo mismo que fundar una SECTA que al final, se verá abocada a invertir las enseñanzas y mensajes del gran iniciado espiritual. Eso es una religión. Y, obviamente guerrear por “tener razón” en una religión lleva obligatoriamente a esa delirante inversión que hoy vivimos todos. Mejor demostración que la que nos da la vida misma, no cabe.

Prescindir de la religión no es NEGAR A DIOS, SINO AFIRMARLO. Es prescindir de tutores y de intermediarios para recibir Sus señales. Ahora bien, el gran enemigo de ese espíritu libre es también la otra versión desmelenada de la religión dogmática, es decir lo que en psicología se llama el contra-argumento, que viene a ser ni más ni menos que la otra cara de la falsa moneda. Hablo aquí del misticismo, del chamanismo, del animismo, del Mesianismo, de la BORRACHERA Y BACANAL de lo espiritual. Ambos, religión dogmática, y magia desmelenada, llevan al mismo sitio: A LA NADA. A la adicción en vez de a la libertad, a la proyección en definitiva de una monstruosa creación del Ego: crear a un Dios a nuestra imagen y semejanza, amputada, dogmática, psicótica y adictiva, además. SIMBIÓTICA, en suma.

Israel, a mi entender, cometió un solo error, muy entendible en las circunstancias históricas e ideologías que dominaban aún en mitad del siglo XX: Israel cometió el inmenso error de dejar lo espiritual (es decir la parte MIEL de la “Promesa”) en manos de los religiosos y de la religión y de asumir compulsivamente la producción de la parte LECHE (producción e innovación) por socialistas nostálgicos y medio Ateos.

Y una de las peores taras de esta religión es SU MACHISMO SOBRECOGEDOR, que hoy ya campa a sus anchas por nuestras redes sociales y que ISIS ejemplifica del modo más radical.

Así que, cuando vi este vídeo que comento hoy (ver vídeo en: https://www.facebook.com/video.php?v=10152377963213717, os lo enlazamos pues no se puede insertar), sentí primero una gran alegría por este paso necesario y saludable, pero inmediatamente sentí miedo y rechazo: ¿Por qué celebrar la ALEGRÍA de agradecer a Dios y de comunicar con Él es, una vez más, UNA MATERIA DE HOMBRES? ¿Dónde está la mejor mitad de la Humanidad? ¿Dónde está la mujer en toda esta parafernalia?

Os lo digo y repito: La Estrella de David no es sino la representación gráfica y fidedigna de una MEGAESTRUCTURA -hay más y aun más importantes- innata en el Ser Humano y que simboliza el equilibrio y la fusión perfecta entre nuestra PROPIA dimensión femenina y nuestra propia dimensión masculina. La religión judía como tal, exilia a su propia dimensión femenina. De allí el mito de que la Shejiná está en exilio, que ésta es el alma de Dios y sólo volverá a Dios y a los hombres con el Mesías. A cargo éste de ser convocado por la parte mágica, mística y Hasídica de Hombres aún más machistas. ¡Otra soberbia de los humanos! ¿O sea, Dios necesita de un ser humano, para que le devuelva a Él (¡!) y a su Creación Su propia Alma en exilio? ¡Vaya cretinismo!

¿Qué pasa, que también nosotros nos vamos a abonar a “Actos de fe” para hacer recular este desastre de guerras de religiones? ¿Y también vamos a repetir cretinamente que Dios escribe derecho sobre renglones torcidos? ¿Y que Dios pone PRUEBAS a sus creaciones?

Mientras tanto, así nos va: ¿Vamos a renunciar, también nosotros, los judíos, a nuestra Estrella de David interior y de cara a nuestro Pueblo, a la unión entre la parte femenina de esta estrella, la Diáspora, y la parte masculina, Israel?

¿Y a quien corresponde dar el primer paso? A ambos dos: Israel apeándose de su soberbia y de su machismo con respecto a la Diáspora y de su renuncia a pensar, en favor de los religiosos. A la Diáspora, apeándose de su sumisión, de su amor salvador de los que no quieren amarla y vomitando la culpa inducida de chivos expiatorios de guetos malditos.

Poca esperanza tengo en ello, hoy por hoy, pero por enunciarla que no quede.

Preciada Azancot, 7 de septiembre de 2014