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CAPACIDADES HUMANAS QUE ABREN LA PASIÓN (SISTEMA DE PERTENENCIA) Y LA COMPASIÓN (SISTEMA DE DESARROLLO)

Por Preciada Azancot

5-SISTEMA MAT DE PERTENENCIA - Preciada Azancot

SISTEMA MAT DE DESARROLLO - Preciada Azancot

SISTEMA MAT DE DESARROLLO – Preciada Azancot

¿A que no se deberían confundir, ni mucho menos, subvertir?

Pues le anuncio la Buena Nueva al Papa, como colaboración al Año Jacobeo de Compasión.

Y pregunto al Mundo actual, esta vez: “¿No será, digo yo, que estáis invirtiendo el Orden de lo creado y ponéis toda la pasión en perpetuar las pérdidas, la miseria, el hambre, el dolor y la muerte y toda la compasión y el cuidado, en elegir y preservar a los que mejor hacen esa atrocidad?”. “¿ No será que el verdadero problema mundial actual, es el de haberse afincado en la necrofilia y abominar de lo vivo y de lo digno de ser amado?”. “Y si es por allí por donde van los tiros -nunca mejor dicho- adonde nos lleva todo esto?”. Y lo más importante: “¿A qué hay que amar y qué hay que solucionar?”.

Preciada Azancot 4/01/2016.

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Una historia que el Papa debería leer y meditar:

MIMÍ, o la historia de amor de niños supervivientes.

Érase una vez, en el centro de la tierra, una mala bruja que había robado a un hermoso varón habitante de la tierra. Lo había sometido con acusaciones infundadas –le reprochaba haberla llamado tan insistentemente, clamando por sus encantos, que ella, pobrecita, lo había terminado por complacer; y le recriminaba también, que jugara con sus propios encantos, encendiéndola de amor, para luego negarse a consumar y a cumplir como varón-, tanto y tan seguido lo había hostigado, le había suministrado tantos y tantos bebedizos, que el pobre hombre había terminado por ceder. Así nació Mimí, una preciosa niña de rizos de oro alborotado, de ojos violetas y soñadores, abiertos como soles, alegre y animosa, frágil y delicada, voluntariosa y campeona en viajar imaginativamente por la tierra de su padre.

Aunque adoraba a su papá, le niña, al cumplir los 10 años, se fugó de su casa porque no soportaba los continuos asedios y reproches de su bruja madre, celosa de su amor por su padre, y aún más envidiosa de las dotes para la magia que la niña evidenciaba. Lo que más la ponía fuera de sí a la bruja era que Mimí se negara rotundamente a iniciarse en el arte de la brujería. Este empeño de la niña enloquecía a la madre quien ansiaba trasmitirle las claves de su trato con los peores demonios. Y, lo que la ponía aún más frenética, era que la niña riera, alegremente, de sus trucos y artes, celosamente transmitidos de madres a hijas desde el preciso instante de la creación del mundo.

Lo cierto es que una tarde, escondida bajo la piel de un cervatillo, la niña ascendió a la superficie de la tierra, decidida a escapar de su absorbente y obstinada progenitora.

Enajenada de rabia, la bruja obligó al tierno padre a ir tras su niña para traerla de vuelta a casa. Pero, en vez de ello, el padre siguió a la niña, por montes y valles, protegiendo su huida, hasta que una tarde gris y fría, en un bosque otoñal, dos cazadores furtivos apuntaron al corazón del cervatillo. Entonces el padre se precipitó en cubrir con su cuerpo el delicado atuendo de su niña, y recibió el tiro en su cansado corazón. Huyeron despavoridos los cazadores y la niña lloró desconsolada la muerte de su papá. Entonces miró al cielo y vio un cometa azul que se unía a una estrella y le decía adiós con fresca risa. El alma de su padre se unió así a la esposa celestial de la que tanto le hablara en el mundo subterráneo. Y la niña se contentó.

Al cabo de mucho vagar, hambrienta y sedienta, por el bosque, Mimí dio con dos amigas que habrían de salvarle la vida: una loba blanca se acercó a ella y le dijo que su nombre era Lea y que le prometía, si ella le daba un lugarcito en su corazón, enseñarle el lenguaje de los dragones y una tortuga azul, de nombre Rebeca, le prometió que, si tenía la paciencia de enseñarle el lenguaje de los hombres, ella le enseñaría el lenguaje del mar. Mimí aceptó encantada y permaneció con sus amigas un año entero que se le hizo muy cortito. Lo que más le gustaba era que le había enseñado a la loba Lea, cómo no comerse a la tortuga Rebeca, así que cuando decidió marchar las dejó convertidas en las mejores amigas que soñar se pueda.

Y es que Mimí había decidido conocer el mar. Toda ella era puro anhelo de mar. Caminó, animosamente, comiendo bayas por el camino, hasta que siete días después, llegó frente a lo que, para ella, era un cielo líquido, un cielo que mugía como su corazón, y bailaba el vals con el viento, como lo hacía ella. Y así entró dentro de ese universo cantante, bailando con las traviesas olas, hasta adentrarse muy adentro. Allí buceo y se encontró con el niño más precioso que soñar pudiera, todo él dorado tostado, olvidado de su belleza desnuda, recogiendo perlas. Nadaron el uno al encuentro de la otra, y ella imantada por él, y bailaron la danza del sol y de la luna en el fondo del mar. Él le regaló un refulgente collar de cuentas grises, que despidieron chispas lilas al contacto con sus ojos. Una vez tendidos sobre la arena, él le contó que vivía en el fondo del mar porque había huido de la tierra que lo quería curar de su pasión por el buceo al cual llamaban locura. Y le pidió que se quedara para siempre con él, como su princesa, prometiéndole las perlas más finas y los más hermosos corales en recompensa.
Mimí, aunque Gerardo –pues así le dijo llamarse- le gustara mucho, decidió proseguir su camino y le contó, con lágrimas de añoranza ya en los ojos, que había de dirigirse al país del nunca jamás, sola, para encontrar la llave de su reino. Y le prometió regresar y compartir con él ese reino a cambio de sus bellas perlas y de sus amados corales. Entonces apareció, en lontananza, una gran ballena azul que la saludó alegremente con un gran fuente de agua saliendo de sus fauces. Mimí nadó hacia ella, y la ballena azul abrió grande su enorme boca y la dejó penetrar en ella. Gerardo lloró y suspiró al ver alejarse a su amada. Pero rápidamente preparó su regreso eligiendo reservarle las perlas más hermosas y los más bellos corales, para cuando su Mimí volviera.

Cual no sería la sorpresa de Mimí, apenas instalada dentro de la ballena azul, al ver que el gran vientre de ésta se volvía esfera de cristal. Así, cómodamente instalada en el mullido vientre de la madre de todos los peces, Mimí viajó durante 99 días enteros por el fondo de los mares y los conoció todos. Conoció la belleza radiante de los fondos del Mediterráneo y sus vivos colores robados a la luz del Mediodía Provenzal. Conoció los portentosos fondos del Atlántico y sus delicadas sinfonías de matices y así supo que el gris era matriz de toda luz. Conoció los abismales fondos del Pacífico y descubrió que las vertiginosas despeñaduras eran tan solo pesadillas del anhelo de volar. Así aprendió las claves y los misterios del cielo desde las profundidades del mar. Y habló el idioma aprendido de la loba Lea y de la tortuga Rebeca con todos y cada uno de los seres vivos, vertebrados o no, del fondo de la noche líquida. Durante toda la travesía, Mimí, pensando en su amado, creaba cuentos sobre el fondo del mar, que se prometía contarle una vez de vuelta.

Cuentos de la abuela - Mimí o la historia de amor de niños supervivientes - por Preciada Azancot

Cuentos de la abuela – Mimí o la historia de amor de niños supervivientes – por Preciada Azancot. Ilustración de Preciada Azancot.

El día 99 le ballena la depositó sobre la arena rugosa y requemada del país del nunca jamás. Le prometió esperarla para su viaje de regreso. Allí Mimí mató a un enorme dragón, sometiéndolo primero con sus desnudas y preciosas manitas de reina, pues lo inmovilizó pronunciando la oración de Rebeca, su amiguita tortuga, para a continuación emplear el idioma de la loba Lea para mostrarle que era un necio. Una vez muerto el dragón que aterrorizaba al país, Mimí le cortó la lengua y en ella encontró una llave de oro, la llave que, con tanto afán buscara desde muy niña y desde el fondo de la tierra, la llave de su Reino.

Aferrando la llave contra su pecho, Mimí corrió de vuelta a la ballena azul que la depositó, tras otros 99 días de viaje, sobre la playa donde habitaba su amado Gerardo. Pero es que, en su viaje de regreso, Mimí, para distraer a su amada ballena, le contó en el idioma de cada pez, las historias y cuentos que había inventado para su Gerardo. Y he aquí que la ballena se iluminó, bañada de gloria al oírla, y he aquí que todos los peces la siguieron, trasmutados de esplendor, embelesados por esa cristalina voz que contaba historias prodigiosas sobre el reino de los cielos.

¡Cómo se regocijó al verla regresar su amado Gerardo! ¡Y cómo lloraron los peces al verla alejarse con su amado, en busca del castillo de la llave de oro!

No le costó esfuerzo alguno a Mimí localizar su castillo, pues Gerardo, desarrollando un prodigioso sentido de orientación la guiaba, cogida de la mano, por bosques y praderas, por valles y montes, por playas y nieves, durante los 300 días que duró el recorrido. En ningún momento Mimí dudó de su amado ni se quejó de la tardanza y lontananza. Y llegaron al castillo, todo él dorado como los rizos de ella, que dominaba un valle infinito desde los riscos de una preciosa montaña, toda de roca, labrada como una catedral inaudita.

Entonces Mimí entregó a Gerardo la llave de oro y él abrió las puertas del castillo encantado. Cual no sería la conmoción de ambos adolescentes al avistar, perfectamente alineados, espadas en alto, y cien de cada lado del largo sendero que se abría en el parque, a 200 ángeles, que saltaron de alegría al verlos penetrar y formaron una cúpula de honor sobre sus cabezas, entrechocando sus espada en alto, a medida que los niños avanzaban. Los ángeles eran seres en verdad prodigiosos, con sus esculturales cuerpos astrales y dorados, de dos metros y medio de alto, con sus enormes alas capaces, cuando las replegaban sobre sí, de hacerlos invisibles y esconderlos por completo, con sus espadas de fuego, de esencia del fuego, llameantes y rojas, con empuñadura de diamante, de filo tan infinitamente preciso y cortante, capaces de separar lo bueno de lo malo sin jamás dejar un átomo del mal ni sacrificar un átomo de bien. Pero lo que más impresionaba a los niños eran sus risas puras y frescas como la fuente que surgía de las fauces de la ballena azul. Los ángeles se presentaron entonces como sus servidores personales y les dijeron que les iban a instruir durante 300 días y sus noches antes de la llegada de sus jefes celestiales. Sin hacer pregunta alguna, los niños, encantados, aceptaron con tanta gratitud, que de sus corazones salieron todas las músicas de los fondos marinos suspirando por los cielos y sus cometas galopantes.

Y así estuvieron, 300 días con sus noches, sin dormir, sin necesidad alguna de alimentos, escuchando sin preguntar ni una sola vez, el relato y enseñanzas de los ángeles del Señor, con infinita gratitud en sus corazones. Los ángeles pintaban formas inauditas con colores imposibles de soñar, cantaban cantos de eterna elevación, esculpían formas de puras esencias, componían sinfonías de gloria y esplendor, contaban novelas de perfecta estructura, edificaban ciudades centellantes, y pintaban poesías de ensueño con sonidos. Y los niños solo atendían a pellizcarse para nunca despertar, batiendo anhelantes sus largas pestañas ante sus ojos, abiertos como platos.

Al cabo de 300 días, los bañaron con un agua astral, que no mojaba pero sí refrescaba para siempre, despertando cada poro de sus pieles, los revistieron con ropajes, de reina ella, de rey él, y los condujeron a la sala que jamás habían abierto hasta entonces, inmensa y regia, con un trono doble esculpido en un solo diamante al frente de los cuales les aguardaban los dos arcángeles del Señor. Todo de diamante el primero, de nombre Gabriel, todo de turquesa el segundo, de nombre Michael. El primero entregó a la niña un cetro de diamante y se arrodilló ante ella. El segundo entregó al niño una esfera de oro con una estrella de seis puntas erguida en lo alto, cada punta de un color y todas del arco iris, y se arrodilló ante él. Los unieron en matrimonio y luego se retiraron al cielo, seguidos por sus fieles ángeles. Con ojos cuajados de estrellas resbalando por sus mejillas, los niños, ya hechos hombre y mujer, los vieron elevarse sin un batir de alas. Y desaparecer en el azul del cielo. Y, porque se amaban, y, para consolarse también, los jóvenes reyes unieron sus labios en un beso nupcial de eterna fidelidad.

Pasaron otros 300 días, con sus noches, a solas, en el inmenso castillo, lleno de radiante presencia, ocupados apasionadamente el uno con la otra. Estaban solos por vez primera y nada de lo que hubiesen vivido antes era tan maravilloso como estar juntos y a solas. Y ella le contó todas sus historias del fondo del mar, y él le contó todos sus secretos sobre el reino de los cielos, pescados entre las perlas y corales con los cuales cubría el radiante cuerpo de su amada.

Y así, al despertar en la mañana del día 3001, fundaron su reino Mimí y Gerardo. Y transformaron a todos los seres buenos de la tierra en ángeles de esplendor. Y diluyeron con sus palabras las corazas de los dragones, liberando al pequeño ángel secuestrado que encerraban adentro.

Por Preciada Azancot de sus “Cuentos de la Abuela“, Editorial Tulga3000

El Vaticano ya reconoce oficialmente el Estado palestino

Por Preciada Azancot

Al hilo de la noticia: “El Vaticano ya reconoce oficialmente el Estado palestino

El papa Francisco oficia la primera misa del año en la Basílica de San Pedro en el Vaticano hoy, 1 de enero de 2015. EFE/Giuseppe Lami (Giuseppe Lami - EFE). Fuente: lavanguardia.com

El papa Francisco oficia la primera misa del año en la Basílica de San Pedro en el Vaticano hoy, 1 de enero de 2015. EFE/Giuseppe Lami (Giuseppe Lami – EFE). Fuente: lavanguardia.com

Es lo que se dice ser más papista que el Papa: ¿Cómo reconocer un Estado que no existe? Los más cercanos hablan de “Autoridad Palestina”, no de Estado.

En todo caso, ese hombre que considera a un Rabino Judío como a Dios, deja claro hacia dónde va su corazón.

Lo bueno de ser vieja es que no queda mucho que esperar para ver cómo Jesús te recibirá o te recibió cuando frente a él llegues. ¿O es que también la vida termina aquí?

Preciada Azancot, 3 de enero de 2016

¡VAYA POR DIOS!

Por Preciada Azancot

¡VAYA POR DIOS! ¿Como que el día de Navidad, los judíos debemos trabajar el doble?

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Lo que pasa, es que el Papa debería aplicarse su propia frase: hoy en su discurso-homilía (o como se llame) de Navidad, no perdió la ocasión de lanzar pullas envenenadas contra Israel al igualarlo con el terrorismo palestino de Hamas. Mientras que a los demás terrorismos islámicos, sí que los condenaba.

Esto es algo imperdonable en quien dirige una religión que adora a un rabino Judío que sacaba a gorrazos a los mercaderes del Templo y que daba al César lo que corresponde al César y a Dios lo que corresponde a Dios. Y el Vaticano soba a la “autoridad” palestina por intereses mercaderes y… habla en nombre de Dios.

Preciada Azancot, 25 de diciembre de 2015

Papa Francisco: “Un cristiano no puede ser nunca un antisemita, especialmente a causa de las raíces judías del cristianismo”

A raíz del artículo: “DOCUMENTO DEL VATICANO: ”no debemos convertir a los judíos”

El Vaticano. Fuente: http://www.radiojai.com.ar/

El Vaticano. Fuente: http://www.radiojai.com.ar/

MISERICORDIA, SÍ, y como siempre: la nuestra

¡¡¡¡¡ POR FIN !!!! Ya convirtieron a Jesús post-mortem y por fin les basta.

Quedamos liberados de un estigma inmerecido. Y parece ser que la Iglesia está decidida a combatir el antisemitismo, siguiendo el ejemplar decreto de Putin, que quede claro también.

No me dignaría a llamar a eso un milagro de Janucá, salvo si se lee al revés, es decir: en lo que a mí hace y dejando claro que cada judío ha de pronunciarse individualmente, ya que por fortuna no tenemos vaticano y cada cual es LIBRE ante Dios y los hombres, yo perdono sinceramente el pasado si de VERDAD es pasado, si hay arrepentimiento y si queda claro que en este año de jubileo de la Misericordia, ésta, aquí es la NUESTRA, así que el milagro de Hanukkah sería NUESTRO REGALO A LA IGLESIA, porque perdonar un tal pasado, sí que es el milagro de los milagros. Que quede claro.

Roguemos a Dios por un futuro de armonía. ¡Amen!

Preciada Azancot, 13 de Diciembre de 2015

-o-o-o-o-o-o-

Publicado originalmente en la página de facebook de la autora, a continuación se reproduce la conversación entre ella y uno de sus amigos, ya que enriquece este artículo:

Amigo de Preciada: Jesús nacio, vivió y murió cómo un gran judio. Nunca jamás predicó para gentiles. Si hubiera estado en sus planes hubiera predicado por ejemplo en Tiberias o en Seforis que eran ciudades de población mayoritariamente romana. Pero nunca puso el pie allí. No hay frase en los evangelios atribuida a Jesus que no indique que era trasmisiór y gran conocedor de la Ley judia. Tanto la oral cómo la escrita.

Preciada Azancot Medina: ¡Absolutamente, amigo! Gracias por precisarlo. Además Jesús, murió recitando un Salmo del Rey David, su Rey y pariente. Nació judío, fue circuncidado como judío, hizo su Barmitzvá como judío, predicó como judío, precisó una y mil veces “No vine a cambiar la LEY (así llamamos la Torá), sino para aplicarla”, dijo hasta la extenuación “Soy el hijo del hombre” (¿acaso llamamos a Dios “el hombre”?). Subió al cielo cual profeta judío y no siendo el primero. en hacerlo Y el tal Pablo, un GENTIL, enemigo declarado y perseguidor oficial de Jesús y de sus discípulos, fundó una secta contra los propios hermanos de Jesús, nos lo usurpó, inventó una cosmogonía Jupiteriana, nos usurpó a un Gran Judío, y encima inventó -pues a eso ni los hornos crematorios se le puede llamar “creación”- el antisemitismo. Pero eso, es problema de la Iglesia depurar y rehabilitar sus raíces. Y honrar a quien, al perseguir a su pueblo, crucifica día a día. Pero lo más tragi-cómico del asunto, es que ¡todos los Judíos de la Diáspora somos así! y no por ello esperamos del Mundo que nos divinice. Con que nos dejen en paz, estamos servidos. La Verdad nunca se puede ocultar, todo esto está en los archivos del Vaticano y más temprano que tarde, saldrá a la luz. Además, nuestra posición es y fue muy clara: con gran pasmo -pues todos somos así, como creadores del Humanismo Universal-, si tanto adoran a uno de nuestros profetas (si es que nos dejan contar su historia y recuperarlo pues ni tiempo dieron al largo proceso de su caracterización), estamos encantados. Pero que no ofendan su memoria… ¡ni nuestra inteligencia!

Preciada Azancot Medina: El Salmo que recitó en la cruz, Jesús de Nazaret es el SALMO 22 DEL REY DAVID, que sólo los Judíos recitan para ratificar su fe en la Thorá y en el Creador. Lo acabo de poner en mi Muro (también publicado en éste Blog), para que todos los que lo deseen escuchen las textuales palabras que nosotros seguimos recitando en todos los momentos de nuestra vida.