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CRUZADAS Y REGRESIONES

A raíz de la noticia: “ISIS PUBLICLY CRUSHING BABIES OF XTIANS TO DEATH WHO FAIL TO CONVERT“, aparecida en jewsnews.co.il.

 ISIS cleric kills a baby belonging to a Christian family who refused to convert to Islam. Fuente: http://www.jewsnews.co.il/

ISIS cleric kills a baby belonging to a Christian family who refused to convert to Islam. Fuente: http://www.jewsnews.co.il/

El radicalismo musulmán es una cruzada contra el cristianismo, mientras que los cristianos se abocan en creer que es un movimiento político y se abren a la invasión legalizada de sus enemigos.

Tal estupidez se debe a que se erradicó lo espiritual de la política moderna y no se sabe limpiar y reorientar dicha espiritualidad hacia la búsqueda de Verdad, de Plenitud y de Paz. Con lo cual se da poder a los fanáticos religiosos y a la ultra-derecha que pretenden ser los depositarios de la Espiritualidad colectiva.

Es un error que vamos a pagar MUY caro. Ni siquiera Israel se libró de esta trampa y deja que el Orden de lo Humano en lo que hace a espiritualidad, lo siga secuestrando los religiosos más regresivos.

El mayor reto del Tercer Milenio será el de rescatar la Espiritualidad como siendo lo propio y más elevado de todos los seres humanos que tienen de forma innata, una estructura que los relaciona directamente con su Creador y que la alegría de vivir, el amor por el Bien y la pulsión de Paz y de Plenitud, nutren y dan voz y voto para ORIENTAR nuestro destino hacia formas más elevadas y laicas, donde la religión representa un trombo al fluir natural del orden de lo humano.

Esta es la realidad del problema que enfrentamos todos y si no definimos y mostramos que es un problema y por qué se plantea, mal podríamos resolverlo.

Preciada Azancot, 22 de Septiembre de 2016

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Las dos vertientes del Pueblo judío y su función en el mundo

El pueblo judío es sin duda uno de los más antiguos o tal vez el más antiguo si se piensa en su continuidad y actualidad histórica. Estamos en el año 5774 de la era judía y las dos vertientes del pueblo judío siguen pujantes y presentes en el planeta, afortunadamente. Hoy, 16 de Abril de 2015 estamos conmemorando el nefando aniversario de la Shoa, el Holocausto, donde 6.000.000 de vidas judías fueron martirizadas y aniquiladas por los Nazis, lo que representaba la mitad de la totalidad del pueblo judío.

El sueño de Jacob de Preciada Azancot

El sueño de Jacob, óleo de Preciada Azancot

Aquí, hoy, no quiero hacer un análisis histórico, ni siquiera un análisis sociológico sino un breve y esencial análisis MAT, es decir objetivo, universal, verificable y transmisible, o sea unas consideraciones científicas y globales sobre la esencia del pueblo judío y su función en este planeta. Un análisis que mostrará por qué el “¡Nunca más!” aniquilaciones y persecuciones ya no debería ser un grito judío sino universal y planetario, por el bien del planeta Tierra y del futuro de la Humanidad.

Desde siempre y hoy más que nunca, el Pueblo judío existe en sus dos vertientes complementarias e indisociables: Israel y la Diáspora judía. La Promesa de “tierra de leche y miel” está encarnada en su versión territorialista (tierra de leche) por Israel que ocupa parte –y sólo parte- del Israel bíblico y real de las doce tribus y en su vertiente humanista universalista (tierra de miel) por la Diáspora judía diseminada por el mundo entero.

Así como Israel evidencia el milagro de la producción y de la construcción de un desarrollo económico, social y tecnológico único en el mundo y que deja pasmado y admirado a cualquier observador imparcial, la Diáspora sigue produciendo los progresos mentales, humanistas y conceptuales más importantes del mundo. De la Diáspora salieron el monoteísmo con Moisés, la revelación de la psique con Freud, la revolución social igualitaria con Marx, la ciencia moderna con Einstein y hoy la revelación de las leyes que rigen el funcionamiento del ser humano con el MAT y conmigo (no es hora ni día de falsas modestias). Y de esa Diáspora siguen saliendo más premios Nobel que de ningún otro pueblo. Esto siempre convirtió -y hoy más que nunca es un hecho- al Pueblo judío en el más Civilizador, humanista y adelantado del planeta, ya sea en su versión objetiva y productiva, ya sea en su versión humanista, universalista y metafísica. Pues desde siempre, la religión judía estuvo presente en esas dos vertientes que encarnan el Talmud y la Cabalá, pero antes de ella en la voz de los Sacerdotes y de los Profetas, respectivamente.

El símbolo de lo Judío lo representa la estrella de David. El MAT descubre que esa estrella corresponde a una Megaestructura innata de origen fetal y de potencia muy avanzada que representa la integración del Yo Femenino y del Yo Masculino inherente y presente en todo ser humano. Aquí la represento:

Completitud del ser realizada - Preciada Azancot 2014

Completitud del ser realizada – ©Preciada Azancot

Contrariamente a lo que siempre se creyó (y que el Yin y el Yan representan), la dimensión femenina interior consta de la Seguridad, la Corporalidad y la Pertenencia (miedo, rabia y amor) y la dimensión masculina interior consta de la Mente, la Creación y el Espíritu (tristeza, orgullo y alegría). El MAT muestra en su descubrimiento de la Estrella Primigenia que la función de Plenitud de una auténtica Mujer (que no sólo hembra) consiste en proteger y conservar su dimensión femenina interior y conquistar y privilegiar su propia dimensión masculina interior. Y que un Hombre verdadero (no sólo macho) ha de mantener y proteger su dimensión masculina y privilegiar y conquistar su propia dimensión femenina. Este ideal siempre estuvo presente en el Pueblo Judío y tan sólo en él. Por eso también es el Pueblo más evolucionado del planeta.

En las dos vertientes masculina y femenina del pueblo, Israel representa su Yo masculino y la Diáspora representa su Yo femenino. Dos mitades inseparables y complementarias de una misma UNICIDAD indisociable.

Pero hay algo más y aún más básico y esencial: el ser humano tiene seis emociones auténticas innatas que alimentan sus seis dimensiones altamente especializadas en la consecución de sus seis realizaciones personales indispensables para la vida (seguridad, desarrollo, justicia, creación, pertenencia y plenitud, como lo demuestra la teoría Omega del MAT) y la ÚNICA EMOCIÓN DIFERENCIAL HUMANA del resto de la Creación es precisamente el ORGULLO CREADOR que posibilita la culminación de la dignidad humana a través del crecimiento personal, de la creación, de la innovación, de la edificación de civilizaciones. Por ello, el Pueblo judío es el más civilizador y el mayor exponente de lo único que hace del ser humano la creación más evolucionada de las especies elementales, vegetales y animales.

Por ello, este pueblo merece ser considerado oficialmente, de modo inequívoco e institucional, PATRIMONIO CULTURAL Y SOCIAL COLECTIVO DE LA HUMANIDAD y que se le vea, hoy y para siempre, garantizado un HABEAS CORPUS que prohíba amenazar la integridad física y moral de los judíos. Y esto, no sólo por pura justicia, sino para el bien y evolución de la Humanidad, ya que es precisamente ese orgullo creador y civilizador el que es el mayor talento potencial del Planeta Tierra. Si la Tierra quiere llegar a ser todo lo que potencialmente podría ser, será a través de la institucionalización del orgullo creador garante de la DIGNIDAD, de modo a que nunca más se pueda transformar en envidia y en competitividad. Y para ello, el mayor exponente de esa dimensión únicamente propia de lo humano ha de ser reconocido y valorado. Por lo tanto, su mayor y más antiguo e indesmayable exponente, el Pueblo judío, ha de verse valorado, admirado y respetado a más de considerado como el tesoro que siempre mereció ser. Así de simple y de sencillo.

Preciada Azancot

LOS OCHO BENEFICIOS QUE GANARÁ CON LA TEORÍA OMEGA DEL MAT

De la mano de su creadora, Preciada Azancot.

Teoría Omega del MAT - Preciada Azancot

Teoría Omega del MAT – Preciada Azancot

Beneficio 1.- Descubrirá su estructura humana con sus 7 dimensiones, 7 sistemas y 7 motivaciones y no sólo 4 dimensiones como se creía desde los griegos antiguos y hasta el MAT. Viva en plenitud a la Séptima potencia! Sólo 4 dimensiones Out – Las 7 dimensiones In.

Explicación: Descubrirá que NO es cierto que sólo posee 4 dimensiones como se creía desde la Grecia antigua y hasta el MAT y que SÍ ES cierto que son los elementos los que poseen 4 dimensiones, los vegetales 5, los animales 6 y los seres humanos tienen 7 dimensiones especializadas y que cuenta así con 7 sistemas jerarquizados y especializados a su disposición. Con ello, posee universalmente 7 MOTIVACIONES JERARQUIZADAS Y PRESENTES y no 4 opcionales y desordenadas como nos hicieron creer hasta el MAT. De este modo tendrá un derecho natural de satisfacer sus 7 dimensiones a plenitud. Incide en: convertirse en un Dirigente integral en Docentes y en modelo de referencia para los alumnos.

Beneficio 2.- Experimentará que la SEGURIDAD va más allá de la supervivencia, asumiendo sus características diferenciales propias. Multiplique su potencia por 2! Riesgos Out- Seguridad In.

Explicación: Experimentará que la SEGURIDAD, NO es obtener que otros condesciendan en brindarle provisionalmente los medios económicos de supervivencia y que SÍ ES diagnosticar y asumir la competencia, talento y vocación diferenciales propias, de modo a ser buscado y valorado por lo mejor de sí y rodearse de los más favorables, evitando los más tóxicos. Con ello, multiplicará su potencia inicial por 2 y alejará causas de miedo (riesgos). Incide en RRHH, diagnóstico de situaciones y en selección de personal.

Beneficio 3.- Entenderá el DESARROLLO que produce el nutrir y comunicar a lo mejor de cada miembro del grupo. Multiplique su potencia por 3! Pérdidas Out – Sinergias In.

Explicación: Entenderá que el DESARROLLO, NO es la suma de debilidades y de compromisos del grupo y SÍ ES la puesta en común de la más generosa apuesta por alimentar las motivaciones a lo mejor de cada integrante de un grupo, así como un sistema de comunicación que incite a entrenar los talentos y vocaciones propias y ajenas. Así multiplicará por 3 su potencia inicial y alejará causas de tristeza (pérdidas). Incide en: Desarrollo de la Inteligencia y en Comunicación intra y extra empresarial.

Beneficio 4.- Sentirá la JUSTICIA que emana de los valores comunes que garantizan el derecho de crecer desde lo mejor que hay en usted. Multiplique su potencia por 4! Mentiras Out- Justicia In.

Explicación: Sentirá que la JUSTICIA, NO es corporativismo inmovilista y SÍ ES pactar valores culturales comunes que garanticen el crecimiento continuo y sostenido de lo más ejemplar de cada uno, así como un sistema de liderazgo que garantice que cada cual lo base sobre su propio talento diferencial y su vocación de plenitud personal, para el bien de todos. Así multiplicará por 4 su potencia inicial y alejará causas de rabia (mentiras). Incide en: Cultura de empresa y modelo de Liderazgo Integral.

Beneficio 5.- Descubrirá la INNOVACIÓN que surge del ESTATUS, de crecer y hacer crecer a través de sus características diferenciales. Multiplique su potencia por 5!  Competitividad Out – Estatus In.

Explicación: Descubrirá que LA INNOVACIÓN, NO es plagio ni competitividad y SÍ ES Estatus, es decir el arte de crecer y de hacer crecer a través del talento y de la vocación diferencial de cada cual. Y que todos hemos nacido para transformarnos en auténticos pioneros y creadores, construyendo mejor Civilización y concitando la admiración de los más avanzados. Así multiplicará por 5 su potencia inicial y conquistará causas de orgullo (ser mejor). Incide en Innovación y Círculos de Calidad.

Beneficio 6.- Sentirá la PERTENENCIA que nace de la entrega de lo mejor que hay en usted a lo mejor de los demás. Multiplique su potencia por 6!   Debilidades Out – Lo mejor In.

Explicación: Sentirá que la PERTENENCIA, NO es alianza con las debilidades y SÍ ES entrega de lo mejor de sí a los mejor de los demás, conformando una red de solidaridad que consolide generosamente lo más valioso y noble del ser humano y de los grupos que crea. Así multiplicará por 6 su potencia inicial y alcanzará causas de amor (entrega de los mejores). Incide en Lealtad empresarial y Pactos con el entorno.

Beneficio 7.- Sabrá de la PLENITUD que surge de sabiduría de encontrar verdad. Multiplique su potencia por 7!  Conocimiento parcial Out-  Sabiduría holística In.

Explicación: Sabrá que le PLENITUD, NO es trivializar la vida consagrándola a pasatiempos caros y SÍ ES sabiduría de encontrar verdades altas desde las vocaciones diferenciales de cada cual, ofrecer vías estratégicas que expandan la libertad de fluir en paz y establecer puentes generacionales desde los más sabios hacia los más jóvenes. Así multiplicará por 7 su potencia inicial y accederá a causas de alegría. Incide en Planificación Estratégica y Dirección Comercial.

Beneficio 8.- Contribuirá a la Evolución de su entorno por 7 vías diferentes y cumulativas:  Nostalgia Out -Evolución In.

Explicación: Experimentará que la EVOLUCIÓN, NO es nostalgia por “cada ayer que fue mejor” y SÍ ES el más alto privilegio y compromiso del ser humano y de toda la creación. Y se sentirá contribuyente estelar de dicha evolución personal y grupal. Así multiplicará por 8 su potencia inicial. Incide en posicionamiento e Imagen Empresarial.

Experimentará todo lo señalado aquí y se convencerá de todo ello en una PRESENTACIÓN-DEMOSTRACIÓN dirigida por la creadora del MAT, de tan sólo dos horas de duración, en la cual se le revelará su competencia, su talento y su vocación diferenciales. Incide en: organizar la presentación y docencia de la Teoría Omega y ser Pioneros en formación empresarial del Tercer Milenio.

Si desea más información sobre la Teoría Omega del MAT, por favor, haga click aquí.

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 32: LA INCIDENCIA DE LAS TIPOLOGÍAS SOBRE EL MUNDO

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Ya vimos las razones por las cuales todos los seres humanos tenemos una tipología; porque somos mamíferos. Mientras tengamos una tipología, por más conectada, hiperconectada, culminada o consagrada que ésta esté, vamos a tener una visión del mundo y de la vida distorsionada. Si estamos por debajo de la conexión, sentiremos, como el arquetipo que hemos elegido como rector de nuestra vida, una emoción hinchada, una emoción desconectada que se transformará en agresividad contra nuestro propio talento, y una emoción prohibida que se convertirá en fobia contra nuestra propia vocación y contra el sentido de nuestra vida, o al menos, contra el sentido que debemos darle, provisionalmente y con mucho sentido del humor, para salir de nuestra tipología. En el mundo, ya lo vimos también, el 98% de las personas están en esa situación: por debajo de la conexión. Y esas personas piensan, viven, se manifiestan, sueñan, crean organizaciones y obras, elaboran filosofías, ideologías, religiones, interpretan la historia y crean materias que se estudian en las universidades. El ser humano desconectado crea un mundo que confunde con el mundo real. Crea su mundo distorsionado, al cual le intenta encontrar sentido. Sentido al menos para tener ganas de seguir en él; el ser humano crea un mundo para encontrarse a sí mismo y resolver sus contradicciones.

Teoría Omega del MAT - Preciada Azancot

Teoría Omega del MAT – Preciada Azancot

El MAT aporta, como ciencia, básicamente dos cosas: un instrumental para crecer indefinidamente -y encontrar en ese crecimiento cada vez más seguridad, desarrollo, justicia, estatus, pertenencia y plenitud, y, también y sobre todo, más armonía, claridad, corporalidad, metamorfosis, alma y espíritu- y un instrumental para analizar la realidad y transformarla en lo que puede llegar a ser.
El crecimiento es infinito por definición, aunque el narcisismo de los seguidores de los seres más crecidos haya intentado, una y otra vez, transformar esa realidad y ese testimonio y esa potencialidad que todos tenemos, en ideologías y en religiones. Al hacerlo, degradaron la estatura del ser crecido que les hubiera podido servir de guía hasta convertirlo en ídolo capaz de competir con sus ídolos domésticos; y el testimonio de un camino orgánico y natural que debería estimularnos, en dogmas y corsés que impiden alcanzar y superar la talla del mencionado ser crecido. Claro que también están los seres más degradados, los disociados, que configuran el 3% de la población, enloquecidos por el fenómeno psíquico de “posesión” por su arquetipo, y que encuentran, también una y otra vez, seguidores amargados y resentidos dispuestos a sacrificar su vacía y pobre vida por ellos. Lo cual equivale a decir sacrificar la vida propia por el ídolo omnipresente del disociado en cuestión. Pensemos por ejemplo en fenómenos sociales tales como el nazismo, el mesianismo de Sabbatái Tseví, el estalinismo, la inquisición española, o la organización Al Qaeda. Y no hablaremos de los psicópatas que han creado sus aberraciones asesinas, y, a veces, sus organizaciones, y que estudiaremos en otra obra posterior.

El crecimiento es infinito, aunque al final de cada proceso, al menos al inicio del camino, tengamos la impresión de que ya no hay nada más después. Pecamos al comienzo por ingenuidad y nuestro entorno puede entonces perfectamente cogernos desprevenidos y colocar el listón de parada que, si se convierte en norma, puede arrastrar a los peores a fabricar de nuevo una ideología o, peor, una religión. Una religión o una ideología, para el MAT es un listón de parada obligada para los que las siguen. Cualquiera que sea la altura en la cual se coloque el listón.

El crecimiento es infinito y lleva a perder la tipología por completo, y eso no es el final del camino. Es una meta para los mamíferos que somos. Entonces empieza la verdadera aventura, aventura exaltante de vivir la vida de un ser humano normal. Y el camino sigue y sigue sin fin. Eso no es prodigio. Es normalidad, organicidad. Cada uno llega hasta donde quiere y puede llegar, lo que no significa en absoluto que el camino termine allí. Significa que una persona o que un ser humano, con nombre y apellido, llegó hasta allí.
En una obra posterior escribiremos sobre el camino, los caminos. No todo el camino posible, claro está, sino el que ya experimentamos sobre nosotros mismos y sobre las personas que están creciendo, con o sin nosotros, o han crecido antes de nosotros llegar al mundo. Al menos tenemos claro la vía para salir de la tipología, lo que no es poco.

En este capítulo hablaremos del aspecto instrumental para analizar la realidad que el MAT ofrece. Nos referiremos tan solo a una parte pequeña, pero decisiva, de esta realidad: las organizaciones. Y ello por dos razones: porque es lo más urgente y decisivo para empezar a transformar el mundo en lo que puede llegar a ser, y porque estamos en un momento histórico en el cual la persona está en el centro de interés y lo seguirá estando durante un siglo. Y también, claro está, porque es lo más impactante y fácil para una primera aproximación al MAT, objeto de esta obra.

I. LAS TIPOLOGÍAS DE LAS ORGANIZACIONES:
Las organizaciones, llámese éstas pareja, familia, empresa, asociación, estado, grupo de estados o mundo, tienen todas una tipología de personalidad y, eso, por varias razones: las organizaciones son creaciones de personas, están creadas con una finalidad, y esa finalidad tiene varias funciones. Veamos:
La organización, creación humana:
Como seres humanos, tenemos todos en nuestra estructura un Socializador que nos habilita para funcionar en sociedad. Funcionar en sociedad es, a la vez, una necesidad y una habilidad de cada persona. Nuestro Socializador nos permite hacerlo para desarrollar todas las funciones del Rector y del Protector y como necesidad para cultivar nuestra alma y la armonía que garantiza el orden de estar en sintonía con nuestra naturaleza septidimensional. Que esté solo o acompañado, el ser humano funciona para estar en relación. En relación consigo mismo, con los demás y con su Centro. Para cualquiera de esas facultades, la persona necesita una organización. Si hubiéramos nacido para estar aislados y solos, nos podríamos reproducir a solas con nosotros mismos. Aún así, nuestra séptima estructura, el Centro, nos abocaría a una relación con el aire, con las plantas, con los animales y con otros seres como nosotros. Porque conocer al entorno en el cual estamos inmersos, es un instrumento privilegiado para conocernos más y mejor a nosotros mismos.
Como creación de la persona, la organización es un ente que tiene su personalidad, pues está hecha a imagen y semejanza de sus fundadores y de los sucesores de éstos.
Si esto fuera tan sólo así, las organizaciones tendrían una personalidad múltiple: la de sus fundadores. O la de personas con carisma que vengan a liderizar estas organizaciones.
Pero la organización es creación de personas que tienen todas su estructura de personalidad de siete dimensiones y éstas tienen aspiraciones y motivaciones humanas de seguridad, desarrollo, justicia, estatus, pertenencia y plenitud que desean realizar a través de sus creaciones, es decir, en este caso, de las organizaciones que crean.
No todos los fundadores tienen las mismas motivaciones y algunos crearán sus organizaciones con la finalidad de conseguir seguridad, otros desarrollo, otros justicia, otros estatus, otros pertenencia, otros plenitud. O las seis metas. O siete metas si tienen las seis aspiraciones trascendentes. Ya sea por exigencia del fundador de más peso y carisma o ya sea por consenso, los fundadores van a privilegiar una de sus necesidades o motivaciones. Esta se convertirá en la vocación de la organización y, con ello, la organización tendrá una tipología de personalidad cuya competencia estará en la emoción anterior en la secuencia. Por ejemplo, si la vocación es la justicia, la competencia estará en el desarrollo. Y el talento en el estatus, y tendrá una tipología de personalidad Constructora. Su grado de evolución estará evidenciado por su fase tipológica. Al igual que para las personas.
Conocer la tipología de una organización es una tarea igual de fácil que la de conocer la tipología de una persona. En nuestra labor de consultores especializados en diagnósticos de organizaciones y en planificación estratégica de sus procesos de cambio, hemos creado múltiples herramientas que nos permiten diagnosticar certeramente la tipología de personalidad organizacional. Compartiremos en esta obra algunos instrumentos básicos de diagnóstico tipológico organizacional a título casi anecdótico, pues el conocimiento y manejo del instrumental requiere un tiempo y un espacio que desborda el objetivo de esta obra.
Hace treinta años, hablar de personalidad de una organización era visto como una elucubración delirante. Hoy todos los estudiosos, lectores y clientes de consultores que se dedican a diagnósticos de organizaciones ya comparten la certeza de que una organización tiene una personalidad, un sistema de valores que se expresa en su cultura, unos puntos fuertes y débiles estructurales y emocionales, y hasta un alma. Hoy el tema del alma de la organización está de moda. Aún no se admite que la organización, al igual que una persona, tiene también su espíritu. Sin embargo, todos los sociólogos e historiadores han mostrado cómo una organización podía demostrar la calidad de su espíritu, pensemos en un sólo ejemplo, el de la guerra de Vietnam, donde se pudo comprobar, una vez más, que un pequeño pueblo mísero podía derrotar al estado más desarrollado y militarizado del planeta. Vietnam, país Reactivador, se creció con un líder Legislador conectado como Ho Chi Min y derrocó al titán Revelador que es Estados Unidos de América. La historia está plagada de ejemplos similares que nos alertan para que podamos entender la fuerza del espíritu, desde la noche de los tiempos. Ninguna evolución sería posible sin él. pues el ser humano debe tener un atisbo de finalidad, de un para qué hacer las cosas para poder avanzar.
La organización, instrumento de finalidades:
Cuando creamos una organización, lo hacemos con, al menos, una finalidad. Así creamos parejas, familias, empresas, asociaciones, estados, o grupos de estados. Obviamente, no hemos creado el mundo, pero al convertirlo en una organización, le hemos dado también una tipología.
Cuando nos casamos o nos unimos a una pareja estable, decidimos fundar una familia y nace así una organización con su tipología. Algunos de nosotros crea una familia como medio para alcanzar la seguridad, otros el desarrollo, otros la justicia, otros el estatus, otros la pertenencia y otros la plenitud, y por eso no todas las familias tendrán la misma tipología. Existirán familias de cada una de las seis tipologías “normales”, pero también, en mucha menor medida, en ínfimas proporciones, existirán familias de tipologías psicopáticas que no estudiaremos en esta obra.
La gente de la calle no se reúne para decidir qué finalidad básica, ni menos aún trascendente, quiere conseguir al fundar una organización. Dicen que se casan para fundar una familia y tener hijos, que fundan una empresa para ganar dinero, que crean una asociación para fomentar una actividad o una función, que crean un estado para diferenciarse de sus vecinos, que crean una asociación de estados para organizar mejor sus recursos, y todos pelean por construir un mundo donde triunfen las seis motivaciones humanas. Si esto fuera tan sencillo todas las familias serían Reactivadoras, todas las empresas serían Constructoras, todas las naciones serían Reveladoras, todos los grupos de estados serían Legisladores y el mundo sería Fortificador. No es este el caso. Hay una razón que pesa más que la voluntad consciente, al menos en la gente con tipología, es decir en todas. Lo que más pesa es la finalidad inconsciente, pues así el ser humano reproduce la historia de su propia gestación e intenta encontrar una ayuda para autorrealizarse y triunfar sobre su pequeña historia personal y, también y sobre todo, encontrar un sentido y una guía para comprenderse, para conocerse, para evolucionar y trascender. Por ello, la tipología de nuestras organizaciones tiene más peso que las de las personas que las conforman. Nosotros verificamos esa realidad una y otra vez, tanto en nuestra labor docente como en consultoría organizacional.
La función trascendente de las organizaciones:
El aspecto que condiciona con mayor peso la tipología de una organización no será la tipología de personalidad de su fundador, no será la necesidad concreta y explícita de sus creadores (como fabricar pan, por ejemplo), no será su finalidad básica consciente. Será su finalidad última inconsciente. Por ello, la consultoría tradicional se estrella una y otra vez cuando confunde las declaraciones explícitas de los fundadores – véase “misión” de la empresa, valores de la empresa, organización, competencias, fortalezas y debilidades- con la realidad viva de la organización actuante.
Esta afirmación, que parece tan complicada, y que lo podría parecer, convierte la detección de la tipología en materia reservada a grandes analistas de la realidad inconsciente del ser humano, haciendo así retroceder el listón de lo alcanzable, es y demuestra ser lo contrario: conocer la tipología de una organización es tan sencillo como conocer la de una persona, y, además, obedece a las mismas leyes. El ser humano reproduce la historia de su gestación cuando crea organizaciones y toda clase de obras, por lo demás.
En efecto, ya lo vimos, el embrión humano tiene como finalidad ser de su Centro, luego el feto desea tener un Centro, luego pierde el Centro, luego se aferra a los ejes, luego pierde los ejes y luego pierde la secuencia. Y nace con su tipología conectada. Una persona conectada es idéntica a un bebé de un día de nacido, en lo que a potencia de instalación útil se refiere. Considerar la conexión como el final del camino equivale entonces a considerar que todos los humanos hemos nacido para morir con un sólo día de vida. ¿Es esta la verdad?
La creación de una organización tiene como vocación hacernos avanzar en el proceso de conexión, de hiperconexión, de trascendencia o más, que pretendemos en realidad lograr. Y esos sueños son, por lo general, inconscientes. Hay seres que, al fundar su organización, aspiran a conectarse, otros a trascender, otros a avanzar hasta fases mucho más altas, que, como no hemos analizado y ni siquiera mencionado, no consideraremos aquí. Cuando, aun conociendo y manejando el MAT, una persona corriente desea conseguir un objetivo, pongamos por caso la pertenencia, y desea fundar una empresa cuya tipología se aboque con la mayor frecuencia al amor, no va a conseguir tener una organización Reactivadora sino Promotora o Legisladora; en más contadas ocasiones, Reveladora; en excepcionales casos, Constructora. Porque la tipología Promotora representa, para la tipología Reactivadora, la conexión, la Legisladora la trascendencia, la Reveladora una fase aún más remota y elevada, de la cual no hemos hablado, y la Constructora una fase aún más remota.
La razón de ello está en la naturaleza de nuestro Orientador, que tiene como función básica la de elevarse y captar nuestra nutrición espiritual, lo que nos aporta la plenitud y eleva el espíritu, haciéndonos avanzar en el acceso a la verdad. Y nuestro Orientador siempre está buscando una verdad superior a la que, en cada momento, podemos captar concientemente. Se adelanta, por lo menos, una fase más que nuestra realidad histórica. Por ejemplo, un Constructor desconectado, es decir en fase Legisladora, si es un gran miope espiritual, soñará con su preconexión Fortificadora y creará una organización Fortificadora para que ésta lo ayude a realizarse mejor. Sólo los grandes narcisistas crean organizaciones de su propia tipología, pues se consideran el comienzo y la finalidad de todo lo creado o por crear. Los demás, si funcionamos moderadamente bien, crearemos una organización de la tipología que nos conecta, si funcionamos aún mejor, una organización que representa la trascendencia y si somos muy altruistas y espirituales crearemos a nuestra pareja cósmica. Los idealistas puros y duros crearán una organización que se presenta como nuestra disociación pero que en fases muy avanzadas de crecimiento se revelarán como nuestro complemento ideal para formar equipo.
Sentadas estas bases, vamos a continuación, a compartir un instrumental básico para detectar la tipología de las organizaciones.
La tipología de las organizaciones:
Cuando describimos el temperamento de las naciones, solemos decir que los franceses son prepotentes, elegantes, amantes del buen yantar y chovinistas, que los alemanes son trabajadores, organizados y amantes de la cultura aunque cuadriculados, que los españoles son revoltosos, alegres, protestones y creativos, que los ingleses son reservados, intimistas, sobrios y aislacionistas, que los holandeses son humanistas, acogedores y cordiales. Vale decir que vemos con facilidad, no más familiarizarnos con el MAT, que Francia es Legisladora, Alemania Constructora, España Reveladora y Holanda Reactivadora. Y si nos ponemos a analizar a esos países comparando nuestra primera impresión con los detalles del retrato MAT de estas tipologías, ratificaremos esos diagnósticos y hasta lograremos detectar la fase de evolución tipológica en la cual está cada uno de los países antedichos.
Diagnosticar la tipología de un país sigue las mismas pautas que la de diagnosticar la de una persona: Primero hay que detectar qué estructura es la más actuante. En segundo lugar deberemos confirmar que la emoción dominante es la que normalmente energetiza la estructura inflada detectada. No tendremos la ayuda, al menos a primera vista, de confirmar nuestras percepciones, visuales, auditivas, olfativas, gustativas, táctiles y sexuales con un retrato robot, pero si profundizamos mínimamente en la cultura, la cocina, la estética, el paisajismo, la historia, la filosofía y la lingüística o filología de cada país, verificaremos con creces que las percepciones primeras se ven confirmadas y detectaremos la tipología y la fase de evolución nacionales con toda comodidad.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 24: LAS TIPOLOGÍAS DE PERSONALIDAD

Las tipologías MAT, ya lo vimos, se definen por sus ecuaciones funcionales de origen innato. Al desequilibrio innato en cuestión, se le añade la respuesta del entorno, que va a “instalar” a cada persona en su cárcel tipológica. A esa cárcel tipológica la llamamos TIPOLOGÍA DE PERSONALIDAD. Pues, como ya vimos, la personalidad es ya una máscara que oculta el ser y que se fabrica en el útero materno, como quedó ilustrado en el capítulo anterior. Si esa “personalidad” no encuentra la respuesta adecuada en su entorno temprano, y si se le da la respuesta equivocada, se instalará en su tipología.

Tipologías MAT de personalidad por Preciada Azancot

Tipologías MAT de personalidad por Preciada Azancot

La tipología se caracteriza en el MAT por:
– La inflación de la dimensión dominante (140%, de las cuales 100% de emoción auténtica y 40% que reemplaza parte del talento innato). A esa emoción la llamamos emoción inflada tipológica.
– La desconexión del talento innato que se reemplaza por 40% de falsa emoción tipológica inflada y 60% de falsa rabia. A esa emoción la llamamos emoción desconectada tipológica.
– La prohibición de la vocación innata que se reemplaza por 100% de falso miedo y, luego, por 25% de falso miedo y 75% de falsa emoción dominante de la fase en la que nos encontremos. A esa emoción la llamamos emoción prohibida tipológica.
– La ausencia de miedo auténtico y de rabia auténtica en una parte importante, por estar éstas reemplazando la vocación prohibida y el talento desconectado.
Para volver con el ejemplo de nuestro niño, el Constructor, tendrá:
-140% de tristeza, será su emoción inflada tipológica. Esa tristeza constará de un 100% de tristeza auténtica y de un 40% de falsa tristeza que reemplaza orgullo auténtico.
-60% de falsa rabia, que reemplazará el orgullo auténtico, su talento original innato.
-100% de falso miedo, que se convertirá inmediatamente en 25% de falso miedo y un 75% de falsa emoción de la fase tipológica en la cual se encuentre. Ese falso miedo será la expresión inadecuada de su rabia vocacional innata.
Con lo cual nuestro niño Constructor sentirá tristeza en vez de orgullo, rabia en vez de orgullo y miedo en vez de rabia. Eso significará que su Sintetizador estará inflado y contendrá 40% de energía desviada de su Transformador, que su Transformador estará alimentado por un 40% de energía originaria del Sintetizador, la tristeza, y por un 60% de energía destinada innatamente al Vitalizador, y que su Vitalizador estará alimentado por un 25% de energía innata del Rector, el miedo, y por un 75% de energía destinada a la estructura dominante correspondiente a su fase de evolución. Si consultamos la tabla de emociones desviadas y sus vicios correspondientes, nuestro niño Constructor que nació para ser dominantemente serio, inteligente, agudo, desarrollador, genialmente creador, transformador y crecedor y deslumbrantemente justo, vitalista, líder y sano, se convertirá en un ser amputador y carcelero, envidioso, apocado e intimidado a más de lo que le toque en la fase en la que elija situarse.
Aún no hemos explicado el 75% de vocación que se transforma en falsa emoción tipológica de la fase de evolución en la que se encuentre: en efecto, en su prisión tipológica estricta, el Constructor, como cualquier otra tipología, va a sentir un 100% de falso miedo en vez de su vocación prohibida, en este caso, la rabia. Pero estar en su prisión tipológica es muy incómodo y el Constructor examinará las invitaciones y modelajes de su entorno y elegirá buscar salidas, incorporándose visiones del mundo de otras tipologías. Pongamos por ejemplo que un Legislador, que tiene el orgullo inflado, lo incite a imitarlo con la promesa de, así, recuperar su orgullo talentoso original. Entonces nuestro niño incorporará parte de la máscara del Legislador y se convertirá en Constructor en fase Legisladora. Pero no encontrará lo que busca porque su emoción inflada permanecerá igual, su emoción desconectada también -no tendrá orgullo auténtico- y su vocación, la rabia se transformará en 25% de falso miedo y en 75% de falso orgullo. Ese orgullo que tanto buscaba será sólo una máscara que reemplazará parte de su rabia, es decir, que además de lo dicho, será servil. Y estará peor y más apresado que antes.
¿Quiere decir esto que si recibimos a una edad temprana respuestas inadecuadas de nuestro entorno estamos condenados a permanecer presos de nuestra tipología durante el resto de nuestras vidas? No. El MAT muestra las puertas de salida, que, por lo demás, algunas personas han encontrado solas, sin ayuda del MAT pues, ya lo hemos señalado, el 2% de la población (sobre nuestro muestreo de 120.000 casos) está fuera de su cárcel tipológica. Es decir, el 2% de la población tiene su competencia, su talento y su vocación activos y si bien tienen una personalidad, no tiene una cárcel tipológica.
El MAT muestra cómo salir de la prisión sin ayuda terapéutica y engrosar la pequeña élite del 2% de las personas que tienen claros y actuantes su competencia, su talento y su vocación.
El MAT enseña, a partir de ese estado de liberación que llamamos proceso de conexión, a recuperar más potencia a través de una serie de procesos que tendrán como objetivo convertirnos en seres humanos integrales que han trascendido su condición de mamíferos. Esta obra no tratará de los procesos de crecimiento posteriores al proceso de conexión. Éstos serán objeto de una obra posterior. El proceso de conexión nos sitúa en nuestra potencia innata, es decir, nos hace renacer a nuestra vida como un bebé de un día de nacido. Luego nos tocará crecer.
¿Cómo salir entonces de la prisión tipológica? Por un proceso en tres pasos: el proceso de la conexión. Estos pasos deben, obligatoriamente, reandar el camino equivocado y hacerse uno tras otro. Nuestra experiencia de unos 3.000 estudiantes que hemos reorientado hacia su conexión así lo atestigua. La simple lógica y sentido común, también.
El primer paso consiste en recuperar nuestra competencia, redimensionando nuestra emoción inflada y reconduciendo el 40% desviado a su estructura original, la de nuestro talento. En nuestro ejemplo, el Constructor, ya en edad de analizar y de procesar, constatará que su tristeza, en un 40% de los casos, no responde al estímulo adecuado para sentir tristeza, es decir, no corresponde a una pérdida. Entonces, ya alertado y con este instrumento a su disposición, constatará que en esos casos de falsa tristeza la emoción adecuada y auténtica correspondiente al estímulo es el orgullo, su talento original. Aprenderá a sentir tristeza ante las pérdidas, y admiración ante las grandezas propias y ajenas. Pues recordemos que la admiración es la expresión mínima del orgullo auténtico. Una vez que recupere su tristeza perfecta, y tenga un Sintetizador agudo y claro, nuestro Constructor podrá dar el segundo paso. Esta fase del proceso se llama en el MAT fase de preconexión. Para llegar a ella es necesario, imperativamente, que el Constructor tome conciencia de que está preso de un arquetipo, el de Sísifo, y decida recuperar su libertad y soltar sus creencias arquetípicas tipológicas.
El segundo paso será entonces la recuperación de su talento innato. Nuestro Constructor preconectado constatará ,que frente a los estímulos aptos para sentir y expresar orgullo – grandeza, obras creadoras, genialidad propia y ajena, descubrimiento, crecimiento- él siente falsa rabia, es decir hostilidad y envidia. En este estadio es absolutamente necesario que el Constructor recupere la memoria inconsciente de su niñez temprana y caiga en la cuenta de que esa rabia, auténtica, la sentía contra aquella figura parental que lo hostigaba por su talento y lo trataba de loco por tenerlo y expresarlo. Entonces, una vez su rabia focalizada y asumida, podrá recuperar su orgullo y, con él, su talento originario. Esta fase se llama sencillamente segundo paso del proceso de conexión.
El tercer paso será más difícil y lento y requerirá de un salto espiritual, de un grito de liberación que recuestione, al menos como acto consciente, la visión espiritual de una estructura sin Centro fijo y universal. Dios no es justicia, es las seis funciones e infinitud de funciones más que escapan a nuestro entendimiento racional y se pueden intuir desde nuestro Orientador y captar exclusivamente con nuestro Centro. Es una mamiferada el creer que el Centro es sólo una de las seis dimensiones básicas del ser humano. Entonces surge la risa liberadora. Sólo después el Constructor, al igual que cualquier otra tipología, puede “descodificar su miedo fóbico” que, él concientiza entonces, es miedo a un dios carcelero y arquetípico que autoriza la rabia (tradúzcase su vocación, cualquiera que ésta sea) a todos salvo a él. Pero es también el miedo a instalar su rabia en el lugar del Centro y convertirse en algo peor que un preso tipológico, en un psicópata narcisista que se cree dios. Este proceso no requiere actos de fe ni religiosidad alguna. Se puede decidir que dios no existe, siempre y cuando se deje el Centro vacío y se destrone al ídolo que lo ocupaba. Entonces, después de un duro entrenamiento en reconducir la emoción de la vocación a su estructura y devolver el miedo auténtico al Rector, se accede a la conexión. Esta fase se llama, en el MAT, fase de conexión. Entonces la personalidad sale de su cárcel, y se funciona con el 80% de la energía innata original. Se pierde el 20% porque al tener una personalidad vamos a caer inevitablemente en algo de miedo, un 20% en vez de nuestra emoción vocacional.
La conexión nos hace recuperar la estructura desplegada que mostramos en nuestro gráfico, página 122. Ahora viene un segundo proceso que, si se hace dedicándole toda nuestra energía, no dura menos de 24 meses: el proceso de hiperconexión. Se trata aquí de recuperar nuestra secuencia fetal energética. Se parte del primer paso: Vocación a emoción siguiente en la secuencia. En nuestro ejemplo, paso de la rabia al orgullo. Así ya no se necesita hacer marchas atrás y adelante al pasar de la competencia, al talento, y luego a la vocación. Vale decir que la estructura se empieza a integrar por un punto, el primer paso. Cada fase significa algo muy valioso e importante que no vamos a desarrollar en esta obra que sólo trata de la conexión. Tenemos dos obras que tratan del camino de crecimiento hacia la recuperación de toda nuestra talla integral de ser humano.
Al cabo de seis fases, se cierra el proceso de hiperconexión y pasamos a tener una energía del 5.000% de energía innata, es decir de la de un bebé de un día de nacido.
El tercer proceso se llama proceso de trascendencia. Consiste en tan sólo esperar tranquilamente, pues viene sola y se manifiesta, al cabo de un proceso en siete fases, por la primera percepción del Centro a través de una luz blanca que se conserva de manera normal y permanente, sin ilusorios ejercicios de meditación trascendental. Todos los humanos tienen un Centro y éste muestra su primera y más inocente y virginal manifestación. Entonces pasamos a utilizar el 640.000% de energía innata. Y esto no termina aquí.
Esto no es, ni mucho menos, el final del camino de crecimiento. Es sólo el comienzo. Entonces tenemos el equivalente de 13 años como personas. Sólo eso.
No vamos a tratar en esta obra de los procesos siguientes. No vienen a cuento. Pero sí es útil señalar que tenemos un leve vislumbre de la gloria al término del proceso de hiperconexión y un barrunto de lo que puede ser el esplendor en la fase de trascendencia. En esta obra es necesario tener muy claro lo que es la conexión y tener una idea conceptual de lo que significa la hiperconexión. Sólo eso. No podemos dar estadísticas sobre cuantas personas están en la fase de trascendencia. Sobre 120.000 casos estudiados encontramos sólo a tres.
Cada tipología puede estar, en su proceso de conexión, en seis fases comunes de evolución. Hay tres fases más que no vamos a contemplar en esta obra porque corresponden a fases de psicopatía. Estas sólo conciernen a un dos por mil de las personas y las dejaremos para otra obra sobre psicotizaciones y psicopatías. Las seis fases de evolución comunes posibles son:
La fase de conexión: la persona ha recuperado su competencia, su talento y su vocación y tiene sus otras tres dimensiones perfectas. No funciona en secuencia sino de manera plana y no acumula energía. Sí responde a cada estímulo con su emoción auténtica adecuada, y sus seis estructuras funcionan cumplidamente. Tiene el 80% de energía innata y forma parte del 2% de la población
La fase de preconexión: La persona ha recuperado su competencia. No así su talento ni su vocación. Tiene otras emociones y estructuras adecuadas, las que no están en su ecuación personal, ni el miedo ni la rabia que están desviadas. Cuatro tipologías tienen tres emociones auténticas, la de su competencia más las suyas originarias. El Fortificador tiene cuatro emociones auténticas porque el miedo es su competencia y la recuperó. El Legislador conserva sólo dos porque de sus emociones intactas originarias conserva sólo la tristeza, pues el miedo y la rabia están desviadas en su vocación y en su talento. Su otra emoción auténtica será el orgullo, su competencia recuperada. Una persona preconectada tiene el 40% de energía innata y forma parte del 15% de la población.
El Mapa tipológico: es la cárcel de la cual ya hablamos, al estado puro. En esta fase tiene dos emociones auténticas, tres si es Fortificador, una si es Legislador: las que no forman parte de su ecuación personal ( ni son la rabia y el miedo que están desviados para ocupar el sitio del talento y de la vocación) y correspondían a parte de su estructura intacta innata. El 75% de la emoción de su vocación la transforma en más emoción inflada de su competencia. Así se transforma en una caricatura de su dimensión inflada tipológica y vive muy incómodo. En nuestro ejemplo del Constructor, la rabia la remplazará por 25% de miedo y 75% de tristeza, lo que suma un 215% de falsa tristeza en total. Tiene el 30% de energía innata y forma parte del 10% de la población.
La fase de desconexión: Sólo conserva una emoción auténtica, dos si es Fortificador y ninguna si es Legislador. Lo que le pasa es que se equivocó de camino y se instala en una fase que le hace perder una de sus emociones originarias intactas, que, en esa fase, está inflada en la tipología en la que elige instalarse. Con lo cual, en vez de crecer, pierde una emoción intacta. Tiene el 20% de energía innata y forma parte del 55% de la población.
La fase de predisociación: Se sitúa de espaldas a su verdadero ser y a su personalidad. No le queda una sola emoción auténtica, todas son falsas y nutren estructuras inadecuadas. Además invierte uno de sus ejes. Eso es muy grave porque le cierra la puerta de su conexión, es decir de la recuperación de su vocación. Se convierte así en alguien tóxico que luchará por que los demás no accedan a su conexión. Tiene el 3% de energía innata y forma parte del 15% de la población.
La fase de disociación: Es un psicótico socialmente aceptado que, no sólo no tiene una sola emoción auténtica sino que, además, está en la fórmula letal de su eje. Ya sabemos que hay tres fórmulas letales:
– Falso amor más falsa tristeza, que produce el derrumbe del sistema inmunológico tanto físico como psíquico.
– Falso orgullo más falso miedo, que produce rigidez, calambres, rompeduras por osificación, fosilización, petrificación tanto a escala física como psíquica.
– Falsa alegría más falsa rabia, que produce inundaciones, derrames, rupturas de cauces y explosiones tanto a escala física como psíquica.
Además de caer en la fórmula letal que provoca que su estructura se rompa, invierte los dos otros ejes que le quedan. Por eso es muy peligroso, pues no sólo lucha para que los demás no alcancen la conexión, como lo hace un predisociado, sino que se identifica con su arquetipo y se cree la encarnación de ese arquetipo en esta tierra. Por eso está psicótico. Tiene un – 16% de energía innata y forma parte del 3% de la población.

Las seis tipologías de personalidad se dividen en dos tríos: el primer trío se cree indispensable para que la sociedad pueda existir. Son, según la visión que tienen de sus propias “misiones existenciales”, fruto de la exaltación de su competencia, los que, por su dedicación, hacen posible que los humanos vivamos en una sociedad organizada para que triunfe la civilización, la democracia, la abundancia y el bien común. Cuando reconectan sus talentos y sus vocaciones, asumen que su verdadera vocación consiste en defender al ser humano de ser aplastado por la sociedad mimética y organizada para exaltar las prisiones tipológicas. Asumen que su verdadera vocación es la de fortalecer, reactivar al ser humano y revelarle su inalienable libertad. Son los Legisladores, los Promotores y los Constructores.
El segundo trío se define como los que defienden la individualidad de las personas e impiden que la sociedad mecanicista los fagocite. Cuando conectan sus talentos y sus vocaciones, se dan cuenta de que en lo que en verdad son irremplazables es en construir una sociedad feliz, segura, inteligente y en permanente crecimiento. Son los Reveladores, los Reactivadores y los Fortificadores. A todos los describiremos primero en su Mapa tipológico es decir en la fase de prisión tipológica, cuando la emoción de la vocación es sentida y expresada como la de su propia competencia e invade el tercio de la personalidad. En esta fase, que se define como una doble dominante de la emoción dominante tipológica, esa emoción estará inflada y pesará sobre la competencia con un 140% y también se sentirá como remplazando en un 75% la vocación. Su creencia en una misión existencial abrumadora será la nota dominante del esquema. Aunque tan sólo el 10% de las personas de esta tipología están al 100% en su Mapa, pues es difícil vivir con una misión aplastante, es importante mostrar ese Mapa a fondo porque en situación de crisis, de angustia frente al cambio, de autodefinición de la identidad, la persona de esa tipología recaerá inevitablemente en su Mapa. Es decir, en su visión arquetípica del mundo y de sí mismo.

Para mejor describir cada tipología seguiremos un esquema orgánico:
– Empezaremos por describirla en el ámbito de la percepción sensorial. Cuando estemos frente a una tipología, ¿qué vamos a ver, a oír, a tocar, a gustar, a oler, a sentir sexualmente?
– En segundo lugar describiremos su estructura.
– En tercer lugar analizaremos su ingeniería emocional.
– En cuarto lugar visitaremos sus creencias arquetipales y tendremos una idea de su universo espiritual.
– En quinto lugar haremos una descripción de su perfil psicológico.
– En sexto lugar examinaremos sus fases de evolución de mejor a peor. No nos ocuparemos de las fases marginales de psicopatías.

Como los integrantes de las tipologías son idénticos, sean éstos niños, adultos, varones o hembras utilizaremos el género masculino y nos referiremos al adulto. Cuando haya algo en especial que mostrar en niños o mujeres, lo señalaremos. Que se considere, pues, que estamos dirigiéndonos por igual a los tres: hombres, mujeres y niños.

I. TIPOLOGÍA LEGISLADORA: (ver descripción detallada en la próxima entrega -entrega 25-)

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 20: EL ACCESO A LA GLORIA: LA TEORÍA OMEGA EN ACCIÓN

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Partimos del primer nivel de las motivaciones humanas, la necesidad de SEGURIDAD, es decir el Rector, el miedo y el tacto funcionando plenamente. Accederemos así, en primerísimo lugar, al autoconocimiento profundo y al conocimiento instantáneo de los demás. La potencia en hacer diagnósticos permanentes y siempre actualizados sobre nosotros mismos y sobre las demás reposará sobre la alegría de la certeza de la plenitud para la cual todos nacemos y que constituye los cimientos de la pirámide que sostiene y posibilita el despliegue y el logro de dicha seguridad.

Teoría Omega del MAT - Preciada Azancot

Teoría Omega del MAT – Preciada Azancot

Vamos así, de manera perpetua, profundizando y expandiendo nuestro conocimiento de nosotros mismos, en cada momento y lugar, y diagnosticando el estado de seguridad o de riesgo que nos ofrecen los que nos rodean. Así nos protegeremos a nosotros mismos y sabremos rodearnos de los más seguros y defendernos de los más tóxicos. Cuando detectemos una falta de armonía interior, armonía basada en la plenitud natural del orden de lo humano, sabremos inmediatamente dónde está el peligro, si en nosotros, porque alguna estructura se infló o dejó de estar alimentada adecuadamente, o si en el otro, porque sabremos medir lo que ocurre con los mismos parámetros.
Como tendremos el miedo conectado al Rector, y enchufado al tacto y a la piel, seremos geniales en diagnosticar qué niveles de riesgos internos o externos corremos en cada momento, siendo imposible caer en la excesiva defensa recelosa contra lo que nos favorece o en la inconsciencia temeraria que nos pone en peligro. Seremos, así, seguros, respetuosos, rectos, armoniosos y éticos. Percibiremos epidérmicamente qué y quién es seguro y benéfico y qué y quién es peligroso y tóxico.
Además iremos reforzando día a día esa sensibilidad especial y ese conocimiento del ser humano, tanto hacia adentro como hacia afuera. Como tendremos el miedo auténtico alimentando al Rector, éste cumplirá cabalmente sus funciones de diagnosticar, establecer límites necesarios, legislar, defender, localizar y separar lo que viene a incrementar el estado de plenitud de partida y evitar el peligro de perder la armonía y el bienestar. Seremos fuertes y a la vez sensibles y porosos y sabremos que el cambio es vida y que estamos a salvo si nuestro Rector, nuestro miedo y nuestra piel trabajan en equipo. Cuando esto no ocurra, y detectemos o caigamos en el fatalismo, en el derrotismo, en la histeria, en la valentonería, en el masoquismo, en la prepotencia, en el paternalismo, en la debilidad, en la temeridad, sabremos sentir miedo para inmediatamente diagnosticar dónde y en quién se soltó el circuito correcto, sin alarmarnos demasiado, rectificándolo con certera seguridad y aconsejando a los demás sobre su problema de cortacircuito. Todo ello lo haremos en perfecta tranquilidad. Estaremos así seguros de nosotros mismos y de los demás.
Eso, como función normal, básica y accesible a cualquier ser humano. Así accederemos al acceso de la función trascendente de la trinidad Rector, miedo, tacto: la armonía. Definimos la armonía como la belleza del equilibrio, es decir, la rectitud de estar en nuestro lugar y de respetar lugares ajenos sin permitir que se produzcan desequilibrios por inflación o deflación de cualquiera de nuestras estructuras y de cualquiera de nuestros sentidos. Como máxima jerarquía de nuestro Rector, y para instaurar la armonía en nosotros mismos y hacia los demás, seremos sutiles y respetuosos, no invadiendo jamás ni el tiempo ni el espacio ajeno, así como no permitiendo que nos lo hagan a nosotros. Como estaremos cada día más seguros de nosotros mismos y respetuosos de los demás, seremos disuasorios para aquéllos que nos quieran invadir. Suaves y férreos, así seremos de armoniosos y de fiables y de sólidos.
Como ofreceremos ese espacio seguro, sólido y fiable a los demás, podremos acceder con los mejores al segundo nivel de aspiración humana: el desarrollo que permite la tríada Sintetizador, tristeza, oído. Lograr, sobre la base de lo sólido y seguro, desarrollar todas las posibilidades reales disponibles nos hará acceder al conocimiento dinámico de nosotros y de los demás. Dinámico porque en cambio y en desarrollo.
Lo que obtendremos, en cada campo de acción de un Sintetizador alimentado por tristeza auténtica y conectado al oído, es cuantioso, valioso e inaplazable:
Lo primero será saber con certeza gestionar nuestro tiempo, para así desarrollar nuestro espacio interior y exterior. Sabremos evitar dedicar el tiempo a tareas estériles y a dramáticas que nos sitúan en roles de Salvador, Perseguidor o Víctima, en los cuales violamos, castramos o chupamos a los demás, perdiendo así la dignidad y convirtiéndonos, en vez de desarrolladores de lo vivo, en depredadores de alta toxicidad. Así, el Sintetizador que sirve básicamente para evitar pérdidas y buscar soluciones, se convierte en su contrario: algo que va a, no sólo producir, sino a institucionalizar la amputación.
Al elegir entregar nuestro tiempo a lo esencial, sabiendo discriminar, a lo vivo, a lo lozano, a lo que nos puede llevar a la luminosa certeza de ser un constructor de lo más inteligente, accederemos al primer peldaño del desarrollo pleno.
A continuación, sabremos qué partes dañadas existen en nosotros y en los demás, y sabremos dar las caricias correspondientes a cada uno, según sus necesidades reales, para mantenerlos motivados y enteros, evitando así que se siga resquebrajando la autoestima del otro. Sabremos ser los reconstructores de la estructura y de las emociones dañadas de los demás y, también, de las propias. En efecto, si tras el diagnóstico de la fase de seguridad detectamos, por ejemplo, que nuestro interlocutor tiene un grave problema de inseguridad y de falta de orgullo, le diremos: “Yo admiro mucho tu talento, ¡Tú puedes hacerlo! ¡Confío en ti!”. Y lo mantendremos así motivado e ilusionado, dispuesto a desarrollarse y mostrarnos cuánta razón teníamos en haber sabido ver y en utilizar lo que otros, menos sutiles y sensibles, ni ven ni acarician. Y si detectamos alguna inseguridad en nosotros mismos, sabremos darnos y pedir los incentivos que necesitamos para perder la tristeza.
Puestos a comunicar, sabremos, con nuestro análisis del otro y nuestra sensibilidad, utilizar los canales de comunicación del otro, olvidándonos de los mecanicismos egocéntricos que nos hacen creer que si hablamos al otro como querríamos que nos hablaran a nosotros, le estaremos dando lo mejor. Y no, el Sintetizador que funciona bien detecta qué formas recibe el otro de manera más eficaz, poniéndose en sus zapatos, con sensibilidad, poniéndose en la piel del otro.
Y, en fin, un Sintetizador en buen estado encontrará siempre qué nuevas formas y qué nuevos datos utilizar para desarrollar su inteligencia hasta llegar a su función trascendente, la claridad, la omnisciencia. Seremos conocedores de todos los qué de lo disponible en todo tiempo y lugar. En el campo de la gestión del tiempo, sabremos qué hacer y qué evitar para sembrar vida en nosotros y en los demás. En el dominio de la motivación, seremos sabios distribuidores de caricias y permisos potentes y sinceros. En el de la comunicación, seremos casi extraterrestres, porque por lo general nadie se molesta en hablarnos como nosotros nos hablaríamos a nosotros mismos en los mayores momentos de intimidad y en base a un análisis MAT de nuestra personalidad. Y en el campo del desarrollo de nuestra inteligencia, aprenderíamos a erradicar las causas de las pérdidas en vez de limitarnos a reparar una y otra vez lo dañado, con lo cual, cada pérdida se convertiría en aprendizaje para terminar con su causa en vez de los efectos.
Así accederemos a la claridad, que definimos como sabiduría universal hecha de organización perfecta y de ingeniosa combinación y relación entre esos datos que, en vez de sobrecargar nuestra mente, la despejan por completo convirtiéndola en un receptáculo del universo. Es lo que tanto buscan los Budistas con la meditación que permite acceder a la iluminación, y que no es más que la función trascendente del Sintetizador, el cual sabe entrar en estado de relajación profunda que despeja autovías de luz y de conexiones entre todo lo existente. No olvidemos que el Sintetizador archiva, organiza, relaciona y procesa la totalidad de los datos que provienen de nuestras seis estructuras, de nuestros seis sentidos y de nuestras seis emociones, y no sólo los datos lógicos y racionales que provienen de sí mismo.
En esa claridad como hábito y ámbito natural seremos agudos, conocedores de todo el universo propio y ajeno, honestos y eficaces, auténticamente compasivos.
Cuando, en vez de por la tristeza, nuestro Sintetizador esté alimentado por otra de las cinco emociones y seamos o veamos ser impotentes, resentidos y revanchistas, pedantes y usurpadores, masoquistas o nihilistas, tendremos la sabiduría de entender por qué otra emoción estamos alimentando nuestro Sintetizador y remediar de inmediato la causa, eliminando así los efectos.
De este modo, construiremos el permanente desarrollo que ofrece el saber qué hacer en cada momento y estaremos listos para edificar la tercera fase: LA JUSTICIA. Accederemos a la administración de la triada: Vitalizador- rabia- olfato. Seremos capaces de “olernos” cada mentira, cada manipulación, cada injusticia y decir “¡Así no!”. Seremos capaces de ofrecer una cultura y un liderazgo personalizado que posibiliten la expansión completa de la talla humana de todos y cada uno de los integrantes y decir “¡Así sí!”. Para ello, instrumentaremos como sistema de valores en la organización familiar, empresarial, administrativa, nacional y mundial la Teoría Omega como sistema de valores vigentes que posibiliten que cada cual tenga acceso a la secuencia innata emocional y estructural que nació para tener, y acceda, cuanto menos, a la hiperconexión y a la trascendencia. En cuanto al modelo MAT de liderazgo, lo instrumentaremos de tal modo que, cada persona, de cualquier nivel jerárquico en la pirámide organizacional, lo construya de la manera siguiente: en abcisa pondrá la gestión de su propio talento; en ordenada pondrá la gestión de su propia vocación; como resultante podrá medir en cada momento qué tanto de su competencia está logrando. Estos términos y conceptos, que podrían parecer algo oscuros y empíricos ahora, serán explicitados largamente y con profundidad más adelante en este mismo capítulo.
Este sistema cultural y de liderazgo permite obtener un florecimiento sin parejo que instaura el acceso a la gloria como hábitat natural de todos y cada uno de los integrantes de la organización.
Así sabremos formular y responder a todos los cómo de las cosas: cómo tratar a las personas y cómo tratarnos a nosotros mismos, cómo hacer que florezca todo el potencial de cada cual, cómo reconocer la unicidad y excelencia con alegría y sorpresa encantadas, cómo hacer que seamos cada día mejores, más justos y vitales. Así descubrimos, como algo natural e innato, que la rabia es la otra punta de la viga maestra que se corresponde al otro extremo con la alegría, como ya lo hemos analizado con anterioridad. Si está la justicia plena, florecerá con la mayor brevedad la alegría auténtica para todos, no como un favor sino como un derecho natural de cada ser vivo en el planeta.
Así accederemos a la corporalidad como función trascendente del Vitalizador. Definimos en el MAT la corporalidad como materialización de lo sagrado. En efecto, es interesante recalcar que las demás definiciones de armonía, claridad, metamorfosis, alma y espíritu, funciones trascendentes de nuestras cinco estructuras, no incluyen palabras que podrían remitir o sonar a sacralidades entendidas como religiosidades. Y es precisamente el cuerpo, que en todas las religiones es visto como el peso, lo que nos impide acceder y ser alma y espíritu, la cáscara de la cual nos liberamos al morir, el enemigo que debemos privar y castigar y flagelar, es precisamente el cuerpo a lo que nosotros venimos a conferir sacralidad. Y lo vamos a explicar inmediatamente: Las cinco funciones trascendentes nos elevan y permiten acceder a lo sagrado. Las cinco, y por igual, si es que existen otras vidas más allá de la muerte, se van con nosotros al mundo por venir. Las seis nos hacen acceder a la trascendencia, es decir a la elevación espiritual en este mundo, en el aquí y ahora. Lo que pasa es que, para las cinco restantes, se puede entender fácilmente que tengan dimensiones sagradas. Para el cuerpo no. A menos de caer en cultos de desenfreno dionisíacos y mitológicos, en orgías y profanaciones. Nada más lejos de nuestro enfoque de la corporalidad. Nosotros simplemente constatamos la función trascendente de cada una de nuestras estructuras y explicamos la sacralidad de la corporalidad de la manera, muy sencilla, como todas nuestras demostraciones, siguiente: Einstein, y muchos de sus seguidores y continuadores, han demostrado que la materia no existe como tal, que es un sistema de condensación y de ensamblaje de energía y sólo eso. Y el hecho es que esa condensación y ensamblaje no se hace al azar, sino por razones operativas y científicas que terminan por tomar una forma, un cuerpo, una densidad, una apariencia que sufre, padece, disfruta y goza. Así pasa con toda la naturaleza: con las flores y con las nubes, con la lluvia y con los árboles, con las piedras y con las animales, con los seres humanos, por supuesto, también. Entonces, ¿quién es el miope que podría creer que ese espacio que somos y ocupamos durante un tiempo de vida no lleva en sí, en caso de resurrección en otras vidas, la sustancia y el principio innato para convertirse en otro tipo de cuerpo o en su mismo cuerpo? ¿Acaso el reino del más allá, si es que existe, va ser un mundo de dilución y de fantasmas sin sustancia, o, por lo contrario, un mundo de maestros, de ángeles, de reyes, de seres con identidad y corporalidad? Pero aquí no nos ocuparemos de respuestas tontas que sólo traducen y evidencian un nivel de crecimiento determinado en la infinita sucesión de procesos y de fases de crecimiento integral, luego, también, espiritual. Discutir por esas cosas demuestra sólo una: que la persona que pelea no está en el camino de su propio crecimiento y que, si lo está, está a un nivel muy bajo. Se parta de la convicción de que existe o no otra u otras vidas, no podemos por menos que constatar que, en esta, que nos ocupa, venimos con un cuerpo y toda la creación viene de la misma manera corporalizada en seres que son individuos y elementos, diferentes y únicos, y que ese cuerpo nos va a proporcionar, si sabemos manejarlo como se debe, placer y vitalidad y, también experiencias trascendentes sobre el misterio y finalidad de nuestra vida a través de nuestras sensaciones y emociones.
Y ¿qué experiencia de lo trascendente puede darse sin sensaciones y sin emociones, sin ninguna intervención de esos doce prodigios de los cuales estamos dotados?
Si accedemos a la gestión vitalista de nuestra triada Vitalizador- rabia- olfato seremos justos y ecuánimes, seremos vitales y sanos, seremos prodigiosamente iconoclastas -es decir derrumbadores de ídolos, porque todo ídolo es un engaño y una mentira-; seremos auténticos, seremos espontáneos. Y así podremos cumplir a la perfección todas las funciones del Vitalizador, es decir: percibir y sentir, repartir y asignar, reaccionar y diluir, denunciar y atacar, disolver y vitalizar, sanear, erradicar y movilizar. Para ello, reaccionaremos con rabia cuando toque hacerlo de manera auténtica y operativa.
Cuando caigamos o veamos caer en la rabia falsa o en emociones falsas sustitutivas de la rabia, es decir en el apocamiento, en la intimidación, en el sentimiento de culpa, en el servilismo, en la ingenuidad, en el síndrome de Estocolmo, en la idolatría y en el fanatismo, sabremos, con certera y veloz eficacia, descodificar la emoción sustitutiva y volverla a reconducir con energía, recuperando al Vitalizador sano e innato.
Así alcanzaremos no sólo el control y disfrute del cuerpo sino la corporalidad, máxima expresión y dimensión del Vitalizador que llega hasta su trascendencia.
Como habremos construido este tercer nivel de gloria, podremos tener las bases para pasar a la cuarta fase: la gestión de la triada Transformador-orgullo-gusto.
Porque el ESTATUS reposa sobre la justicia, la cual reposa sobre el desarrollo, el cual reposa sobre la seguridad, la cual reposa sobre los cimientos de la plenitud (alegría), podremos acceder, de manera orgánica, orquestada y natural, a ocuparnos de que cada cual sea sí mismo, de que crezca, y de que se convierta, no sólo en un creador, sino en un genio, y, todo ello sin suscitar envidia, sino admiración, valoración y consagración. Porque todos nacimos para ser genios. Porque todos tenemos, al menos los seres humanos, un Transformador, el orgullo como energía natural y el sentido del gusto.
Lo que obtendremos en cada campo de acción de nuestra tríada es integridad, crecimiento, obras creadoras geniales y estatus auténtico de cada ser autónomo.
Integridad: cada ser reposará sobre un único objetivo, ser sí mismo, lo que nació para ser. Cada uno semejante a todos en la instalación e ingeniería de base, y cada ser, único, insustituible y en permanente transformación.
Crecimiento: en un disparadero así, no sólo el crecimiento es infinito, sino que sobre todo y además, alcanza categorías y esencias de eternidad ya que cada ser humano tiene en sí, desde que el primer humano pisó o surgió sobre esta tierra, los mismos medios para llegar a los mismos fines, alcanzar la perfección en una perpetua transformación y metamorfosis. Es más, en esa estructura, llevada a su máxima expresión, es donde se fusionan infinitud y eternidad. Y esa fusión es la esencia de la metamorfosis.
Creación genial: la triada en cuestión es la que posibilita el realizarse como genio. Para ello, la condición necesaria y a veces suficiente es la de funcionar en la secuencia. La condición suficiente es que el orgullo sea ahora la base del amor y éste lo sea de la alegría. Si, además, todas nuestras emociones funcionan en los tres ejes al servicio del Centro, nuestra talla trascenderá la del genio, pues, además de serlo, como condición básica, seremos transformadores y abridores de caminos para toda la humanidad en la infinitud y en la eternidad: es decir, universales.
Porque todo lo anterior se actualiza, sabremos formular todos los por qué y porque de la creación, y responder a ellos. Sabremos que todo es causal y nada casual.
Y porque ello ocurre, alcanzaremos la función trascendente de nuestra triada, la metamorfosis. La definición MAT de la metamorfosis es la potencia libertadora. Así, la mariposa que está contenida en el gusano se liberta de su cáscara anterior y pasa a actualizarse, convirtiéndose más en sí misma. Y nosotros, los humanos, nos liberamos de nuestra condición de mamíferos para convertirnos, primero en gente buena, luego en personas, luego en seres humanos, luego en seres humanos que trascienden su condición de mamíferos. Eso es todo. No hay más recorrido posible. Un ser humano, a nuestro conocimiento, ha logrado la última fase y etapa de nuestro recorrido existencial: trascender, como ser humano, su condición de mamífero. Este es el objetivo último del MAT. Con que otro de nosotros lo logre algún día y nos cuente cómo lo hizo, todos podremos lograrlo, si la versión de los dos coincide. Y eso es, además de posible, inevitable. Entonces, y entonces nada más, seremos seres humanos y podremos estar orgullosos de ello, y podremos dar cuenta de la utilidad y finalidad de la única estructura que nos diferencia de los animales, nuestros maestros, por ahora, al menos los que viven en estado salvaje.
Por lo demás, la única estructura que nos posibilita trascender es nuestro Transformador. Es la única que nos permite alcanzar la armonía, la claridad, la corporalidad, la metamorfosis, el alma y el espíritu de manera consciente y testimonial al dejar huella creadora de nuestros descubrimientos y plasmarlos en invenciones, como lo son los conceptos, el idioma, la obra de arte y tantísimas formas más de manifestarse el Transformador y el orgullo conectado al gusto. La meta última sería lograr captar y plasmar LA ESENCIA DEL SER DE LAS COSAS Y DE LOS FENÓMENOS.
Porque estaremos en permanente y perpetua creación de nosotros mismos, que se plasmará en nuestras obras, podremos cumplir y trascender las funciones de nuestro Transformador: elegir, determinar, reconocer lo válido, descubrir, afirmar, probar, buscar lo que aún no existe, acceder, declarar, crecer, representar, decidir, imaginar, evolucionar, crear, pronunciar y pronunciarse, transformar, consagrar.
Además, nuestro gusto será cada vez más refinado, lo que nos permitirá seleccionar lo mejor para darle esa joya que es nuestro amor y abrirle nuestra alma.
Sobre la base de lo certero de nuestra potencia en detectar lo más válido y valioso, accederemos sin perdernos a la PERTENENCIA, es decir a la tríada Protector-amor- vista. Esta tríada es la única que nos puede aupar hasta la PERTENENCIA, porque el amor surge de la admiración, que es su única base posible. Y si admiramos lo que nos puede destrozar en vez de ayudar a ser cada día más nosotros mismos, caeremos en “los amores que matan”, entregándonos a los peores y rehuyendo a los mejores para no tener que comparar (orgullo) y que sufrir (tristeza), con lo cual dejamos de analizar y de pensar y también de crecer y de libertar a los demás. Viviremos en la nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue, por ejemplo mi mamá o mi primera novia no me amó, entonces voy a seleccionar a alguien parecido para casarme, con la esperanza de que ahora sí tendré respuesta a mi necesidad de ser amado. Entonces hipotecamos nuestro Protector y se lo dejamos de manera vitalicia a alguien del mismo perfil que no nos amó porque, sencillamente, no hay amor en ese tipo de personas. Y cuando veamos a alguien en la que sí lo hay, saldremos corriendo como alma que lleva el diablo con tal de no recuestionar a esa persona “sacralizada” que no tenía la talla mínima para ser gente. Ni, mucho menos, persona. Y a quien seguimos entregándole nuestra alma, pudriéndonos en ese proceso.
Por el contrario, en el sendero de la gloria, y basando nuestro amor y nuestro sentido de pertenencia en lo que se lo merece por derecho propio, porque es mejor, más valioso, más auténtico, más admirable, es decir en el orgullo, vamos a elegir entregarnos y formar parte del sentido de pertenencia de los mejores, los que más tienen derecho a acceder a esa emoción privilegiada que es nuestro amor. Por los demás podremos sentir miedo, si son tóxicos, tristeza y compasión si no hay amor en ellos, rabia si pretenden encadenarnos a ellos para ponernos a su servicio o al servicio de valores e intereses degradantes. Sólo a partir del orgullo, es decir de la valoración y de la admiración, podemos seleccionar a quién amar y a quién no. Entonces abriremos nuestro amor, es decir un espacio seguro donde cada cual pueda ser sí mismo, es decir, lo que nació para ser. Un espacio donde conservar y hacer crecer facultades propias y donde recuperar facultades perdidas. Eso es amor. Y eso es lo que debemos dar y pedir cuando decimos o nos dicen “te quiero”. Y entonces debemos guardar el alma cerrada y protegida por nuestro Protector, hasta comprobar, con las cinco otras estructuras y emociones, si ese espacio que nos abren es condicional o incondicional en lo que a nuestras más altas virtudes y méritos se refiere. Obviamente, no podemos exigir, ni siquiera pedir, ese espacio incondicional para nuestros vicios y defectos, es decir para las emociones falsas que vimos en el cuadro correspondiente anterior, sino, por lo contrario, tener miedo auténtico a contaminar el alma ajena con lo podrido en nosotros. Entonces sí que podemos esperar del otro ese espacio sagrado para lo que merece orgullo objetivo en cualquier persona que funcione bien. “Te amo porque te valoro y ámame en lo que puedas y debas valorar” sería lo mínimo exigible. Podría chocar el termino exigencia y el término amor en sociedades contaminadas por una visión distorsionada de Jesús, quien se atrevió a decir a su propia madre “mujer, ¿qué tengo que ver contigo?” cuando ésta le vino a exigir que abandonara su grandeza y a sus discípulos para volver con su “verdadera familia”, es decir, con ella y con sus hermanos. Parece que ninguna iglesia que se atreve a hablar en su nombre recuerde la enseñanza más básica que ese gran Maestro de la humanidad dio frente a todos los testigos. Todos recordamos el Sermón de la montaña. Pero si no entendemos la base, ¿cómo entender la función trascendente del amor: el alma que se despliega en amor universal que se manifiesta en el sermón de la montaña? ¿O es acaso el despliegue de un alma contaminada que mezcla indiscriminadamente lo podrido y lo sano, y por ende contaminante, lo que se puede llamar alma y lo que puede ser la fuente de nuestra facultad de hacer milagros? ¿El milagro alcanzable de sanar y el milagro milagroso de acceder al ESPLENDOR que está en nosotros y para nosotros, todos nosotros?
Nos referimos a nuestro derecho a exigirnos, cuando decimos “te quiero”, dar realmente ese espacio y a exigir a quien nos lo dice que lo entregue. La admiración del orgullo no lleva al compromiso con la persona crecida, con el creador. Al amor, sí.
Eso no significa poder exigir, ni nos da derecho alguno a exigir amor por la simple razón de ser más grandes, es decir, más crecidos que los demás. Podemos exigir valoración y respeto cuando el otro entiende, y declara valorar esa diferencia, Cuando lo dice desde su tristeza (entender), desde su rabia (sentido de la justicia) y desde su orgullo (admirar y declararlo). Entonces, cuando esa persona nos exija renunciar a nuestra potencia adquirida por mérito propio y cortarnos la cabeza que sobresale de su medianía para él no caer en la tristeza de entenderse y en el orgullo de decirse “esto es admirable y si lo admiro y amo a esa persona me dará el espacio que me permita ser lo que soy”, allí sí que podemos exigir respeto primero (miedo) y valoración después (orgullo). Jamás debemos exigir amor en esas circunstancias. Podemos esperar amor si decidimos compartir ese talento con los demás. No podemos amar a Mozart si nunca hemos leído ni escuchado una partitura suya, amarlo por su genialidad, se entiende. Pero no basta admirar a Mozart como a un genio y, tal vez, nosotros sí lo valoramos así, el mayor de los genios de la música y, muy especialmente de la alegría trascendente. Si lo reconocemos como tal deberemos hacer dos cosas más para prepararnos para amarlo y conceptualizar ese amor en nosotros:
Debemos, ante todo, llegar a la máxima expresión de la función básica del orgullo: CONSAGRARLO EN NOSOTROS MISMOS. Así le conferimos el lugar que se merece en nuestra escala de valoraciones, la cual reposa sobre nuestra escala de valores (rabia-justicia).
Debemos, en segundo lugar, permitir, y eso ya es abrir la puerta de prueba para el amor, que su principio de metamorfosis se marque un garrotín con el nuestro, es decir baile con el nuestro para experimentar si eso nos eleva y nos hace trascender o nos degrada y rebaja. Si nos eleva, entonces, y sólo entonces, se abrirá la puerta del amor.
Pero ante todo, hay que aclarar un punto relacionado con el amor. ¿Por qué afirmamos que un bebé recién nacido merece nuestro amor absoluto, universal e incondicional más que cualquier genio? ¿Porque está indefenso (miedo) y nos necesita (tristeza) para vivir? No, porque eso no sería amor: lo debemos amar más que a nosotros mismos y más que a nadie porque ES PERFECTO. Y lo perfecto es orgullo máximo. Mientras que un genio, por más grande que sea, es una persona que se supo mantener perfecto en su Transformador y en su orgullo y nos da testimonio de lo posible. Lo cual no es poco. Y se merece nuestro amor. A nosotros nos tocará elegir dárselo o no. Y que sea por buenas razones y no por mezquindad o envidia.
Cuando decidimos valorar algo en alguien y, basándose en ello decidimos amarlo, es recomendable primero abrir nuestro Transformador trascendente, nuestra metamorfosis y danzar con eso que decimos valorar para ver si nos eleva o nos degrada. Porque así abrimos, de manera segura para nosotros, ese espacio seguro para el otro. Y en ese espacio surgirá nuestro amor trascendente, el alma que se purificará en vez de profanarse y contaminarse con la fusión con el alma del otro. Eso es amor pleno.
Pero antes del amor pleno, hablemos un poco de la función básica de la tríada Protector-amor-vista: la PERTENENCIA. ¿Qué significa pertenecer? Significa gestionar el momento, el cuándo, ser parte de algo o de alguien. Sólo eso. Por ejemplo, podemos decir que somos miembros de nuestra pareja, de nuestra familia, de nuestro país, del mundo, de nuestro círculo de amigos, del club de amigos del Museo del Prado, etc. ¿Cuándo y por cuándo? Esa es la palabra clave. Hay países que, cuando optamos por pedirles la nacionalidad, nos obligan a elegir entre nuestro país de origen y él. Hay otros países que nos reconocen su nacionalidad hasta el momento en que adquirimos otra. Lo ven como una traición y nos obligan a elegir. Si estamos casados y nos enamoramos de otra persona con quien queremos establecer un lazo oficial de pertenencia, el matrimonio, estamos, por lo general, obligados a elegir divorciarnos primero y casarnos después. Eso es el cuándo. Y entonces declararemos que estuvimos en el mismo sistema de pertenencia con nuestra primera pareja de tal fecha a tal otra y con la segunda después. Eso es el cuándo de la pertenencia. Si funcionamos bien perteneceremos a nuestra familia de origen hasta fundar la nuestra propia, que pasará, en nuestro sistema de pertenencia, a ocupar un puesto dominante. Cuando nuestros hijos se casen, los ayudaremos, sin culpas ni conflictos y sí con justicia, orgullo y amor, a crear su familia, que pasará a ser más importante que la nuestra. Eso si hay amor auténtico, si hay Protector de verdad y si tenemos vista.
Cuando funcionamos mal en nuestro sistema de pertenencia, somos rígidos e idolátricos en vez de libres, crecidos y amorosos. El “deber ser” remplazará el “ser”. Es lo que llamamos el “como si”. Nuestro sistema será como una pirámide rígida e inmóvil donde los padres ocuparán el primer lugar para siempre, la pareja y los hijos el segundo, la patria el tercero, los amigos de siempre el cuarto, los valores que elegimos el quinto, y así hasta que, cuando llega algo o alguien que merece todo nuestro amor se encuentra con un cartel que reza “no hay cupo disponible”. Y, poco importa si nuestro padre es un cielo y nuestra madre una víbora, poco importa si uno de nuestros hijos es un asesino en serie y si un amigo de infancia nos traicionó, poco importa si nuestra patria nos obliga a ser nazi, y si el colegio de abogados se decanta por la intriga y el corporativismo más ramplón. Estamos obligados a amarlos por igual e incondicionalmente. Es así como es porque debe ser así, y punto.
Un sistema de pertenencia que funciona adecuadamente, está siempre disponible para lo mejor. Eso, como primera característica. Y, en segundo lugar, elige el cuándo en cada minuto. Así, a nuestro hijo que adoramos, lo estaremos amando siempre pero no sentiremos ese amor cuando no esté siendo auténtico, justo, veraz, sincero, etc. Sentiremos otra cosa en ese cuando, en ese momento: miedo, tristeza, rabia o lo que venga a cuento. Ni vamos a dejar de amarlo para siempre cuando esté fuera de sí, ni lo vamos a estar amando cuando no venga al caso, porque si no, no lo podríamos ayudar ni hacer crecer. Seríamos su pasto, no su madre ni su padre. Y, cuando estemos en el mundo nuevo, estaremos siempre disponibles para amar lo que se lo merezca. Con orgullo y alegría en vez de culpa y vergüenza. Eso no nos convierte en inestables y promiscuos. Al revés. Lo que nos convierte en inmaduros, inestables y promiscuos es la culpa que la rigidez de una pirámide osificada nos obliga a hacer cada vez que queremos ser y estar siendo.
Cuando nuestro sistema de pertenencia está vivo y es auténtico, es como el mar, como un océano que tiene mareas y olas que sitúan en cada momento a cada cual donde le corresponde: sentiremos tristeza por nuestro gran amor que se está perdiendo la gloria de vivir en sí en un momento y amor por nuestro mayor enemigo que dejó aflorar algo maravilloso que le vemos compartir con alguien. El sistema de pertenencia es, en definitiva, el gestionador del cuando amar qué o a quien y por cuanto tiempo. Por eso hay amores inmortales cuando son auténticos: porque el cuándo se sitúa en toda la eternidad más un día. El amor auténtico es un cuando que se elige siempre y para siempre mientras el objeto de nuestro amor sea cada vez más él mismo. El resto es cárcel, con muros y rejas pintados de naranja.
Y ahora que vimos la función básica de la triada del amor, la pertenencia, veamos su función trascendente: la de regir el alma, definida como el anhelo de la entrega. Pongamos un caso extremo que nos puede ayudar a entender mejor el Sermón de la montaña: Pongamos por caso que estamos observando y mirando con total atención al ser humano que, en nuestro criterio, es el más despreciable, el que menos merece nuestro amor auténtico explicado como ya lo acabamos de hacer. Imaginemos a un asesino en serie que mató a nuestro hijo. Imaginemos que nos ponemos a observarlo tras un cristal de esos que tiene la policía, uno que a él le parecerá un espejo. Imaginemos que tenemos un aparato que nos permite escuchar lo que dice. Estamos escuchando cómo cuenta con deleite cómo asesinó y descuartizó a nuestro hijo. Y sentimos horror, congoja y furia. Imaginemos que el policía sale y que entra el perro o el hijo preferido de esa persona. Imaginemos que desde nuestro Transformador que funciona a la perfección captamos grandeza y entrega (amor real) durante cinco minutos, en lo que ese asesino está haciendo con su perro o con su hijo. Imaginemos que nosotros somos genios realizados en eso grande que EXISTE y está siendo ante nuestros ojos y oídos. En ese preciso momento, vamos a sentir orgullo de esa execrable criatura y amor por ella. Así, el cuándo trascenderá nuestra pequeña historia personal. Imaginemos ahora un ejemplo más común y familiar. Imaginemos que nuestro gran amor y esposa se enamora de otro hombre. Para nosotros esa mujer sigue siendo nuestro gran amor. Para ella ya no lo somos. Imaginemos la escena de su encuentro con su nuevo amor y nosotros como observador detrás del cristal sonoro. Con el corazón destrozado vamos a poder evaluar la situación. Pongamos que descubrimos que nuestra esposa eligió a alguien que la ama de verdad y que además se merece más su amor que nosotros, por sus grandezas. Entonces vamos a sentir amor por ese rival y felicidad por nuestra esposa. y paz. Vamos a estar menos tristes, porque lo que nosotros hemos perdido, ella, a la que amamos, lo ganó. Y la empujaremos con nuestra bendición en brazos del que ya dejó de ser un rival y se convierte en nuestro maestro. Y seremos amigos entrañables de los dos. Eso es acceder al alma y. Con ella, AL AMOR UNIVERSAL. Cuando eso ocurre crecemos y pasamos a ser humanos de verdad. Cuando eso ocurre, siempre vamos a encontrar algo que admirar y amar en cualquier ser, por más deteriorado que parezca. Cuando eso ocurre vamos a saber, y eso es alegría, que ese ser, en algún momento (el cuándo de la eternidad) y en algún lugar (el dónde de la infinitud) va a ser lo que nació para ser. Es decir amable, y lo vamos a amar por lo ¡BUENO! que tiene y tendrá. Desearemos que ese momento llegue cuanto antes para él. A eso se le llama rezar. Y quedaremos en paz. Es decir, accederemos a la tríada Orientador- alegría- sexo.
Al acceder a esta última tríada, vamos a lograr la gloria de la PLENITUD COMO FUNCIÓN BÁSICA, Y EL ESPÍRITU COMO FUNCIÓN TRASCENDENTE. El acceso a la alegría por el camino que la precedió y posibilitó en este proceso secuencial podrá afincarse y consolidarse en una explosión de alegría certera y serena. Nos vamos a sentir vivos y en comunión con todo lo vivo. La gratitud por estarlo (amor) nos llevará a la libertad (alegría) y, con ella, a la elevación que surgirá como un canto de aleluya hacia todo el universo y hacia lo que damos en llamar Dios, o inteligencia universal, u orden natural. Poco importa el nombre que le demos. Lo esencial es sentir que toda esa maravilla tiene un propósito y es un regalo. Un regalo para cada ser vivo, para cada mineral, para cada planta, para cada estrella. Entonces surge la exaltación de la fisión con el universo y la certeza de encontrar una primera verdad: estamos en este mundo para sentirnos felices y plenos. A esa certeza de encontrar respuestas y verdades, la llamamos en el MAT, espíritu.
Entonces nos sentiremos cercanos a los grandes reveladores y profetas que accedieron a encontrar respuestas para saciar la paz espiritual y la plenitud de los seres humanos:
Pensaremos en Jesús que presentó un Dios de amor que nos lleva a la alegría de la resurrección y nos transforma en ave fénix.
Pensaremos en Mahoma que nos trajo un Dios de alegría que nos lleva a la seguridad y a la armonía.
Pensaremos en Buda que nos trajo un Dios de armonía y nos lleva a la claridad mental y a la omnisciencia.
Pensaremos en Zoroastro que nos trajo un Dios de inteligencia y de organización que nos lleva a la justicia.
Pensaremos en Mani que nos trajo un Dios de justicia que nos lleva a la creación y a la metamorfosis.
Pensaremos en Moisés que nos trajo un Dios de dignidad y de creación que nos lleva al amor universal.

Entonces tal vez entendamos dos cosas: que esa liberación del espíritu puede y debe venir de todas y cada una de nuestras estructuras, de nuestras emociones y de nuestros sentidos; y que Dios, si existe, puede ser percibido por todas esas seis dimensiones nuestras, pero que el error fue crearlo a nuestra imagen y semejanza y no situarnos como creaciones de él, hechas a imagen y semejanza de seis de sus infinitas dimensiones. Y, que, por lo tanto, nuestra vida no termina aquí, sino que empieza aquí, porque luego, después de nuestra muerte, no solamente nos llevaremos esas seis funciones y energías inmortales, sino que adquiriremos otras más para ser, esta vez, no sólo humanos y mamíferos, sino seres más evolucionados y completos. Entonces nos daremos cuenta de que este mismo discurso es válido para cualquiera de nosotros. Un agnóstico lo llamará la evolución, que, al igual que nos permitió pasar de mono de cinco dimensiones a persona de seis, llegará a siete y a ocho y así hasta el final. Un ateo sentirá paz y simpatía y admiración por la grandeza del ser humano, que no necesita ninguna intervención mágica y misteriosa, inexplicable para su inteligencia, para ser en plenitud. Un religioso de cualquiera de las religiones de los fundadores mencionados sentirá afinidad y amor y alegría, con la certeza de que, en cada lugar, hay personas a la vez como él y diferentes que siguen las enseñanzas de esos grandes maestros de la humanidad. Y que todo va bien en el mejor de los mundos cuando nos orientamos hacia la finalidad y la espiritualidad de los seres vivos, todos.
Así surgirá el talante visionario que nos convertirá en estrategas capaces de captar la totalidad del entorno en cambio permanente pero no imprevisible. Y sólo con el Orientador y la alegría lo podemos captar. Así veremos con total claridad las tendencias del futuro y, a medida que vayamos comprobando nuestros aciertos, nos daremos cuenta de la mina de oro que todos tenemos sin explotar y que es la tríada Orientador-alegría-sexo. Como ejemplo de esta potencia instalada, remitiremos al lector al último capítulo de este libro.
Encontraremos respuestas a todos los para qué de la existencia, comenzando por las más sencillas y accediendo a las más ocultas. ¿Para qué estamos en esta vida? Nuestra respuesta, la del MAT, es para cambiar de gente a persona y de persona a ser humano mamífero, y de ser humano mamífero a ser humano no mamífero, es decir, plenamente libre, feliz y realizado en la gloria y en el esplendor. Eso es lo que podemos responder. Por ahora.
¿Para qué existe el inconsciente? Para, al menos, dos cosas: para conservar verdades y respuestas que no hemos sido capaces de admitir sin volvernos locos en su día y que permanecen allí, a nuestra disposición, para que las encontremos a medida que crecemos. Y para servirnos de brújula infalible con que orientarnos en el conocimiento de nosotros mismos y del universo.
Pero esa es una ilustración de respuestas de finalidad. Cada uno aportará las suyas. Todos tenemos, al menos, una pregunta existencial a la cual queremos responder. La nuestra fue, a los tres años de edad, ¿Para qué el mundo y la gente están al revés? Y la respuesta fue el MAT, que surgió de nuestro Orientador 33 años después. Cada persona tiene su pregunta y su Orientador la conserva y se la envía cada día, cada día. A eso lo llamamos vocación.
Así accederemos a la luz dorada del espíritu sereno e infatigable, veloz y certero, que alza su vuelo vertical hacia los cielos y trae respuestas a nuestra mente consciente. Con ello, no sólo nos elevamos y trascendemos, sino que cambiamos. Los valores a los que accedemos entonces son la fe, el optimismo, la certeza y el tesón, mucho tesón, indesmayable, sin ninguna presión sobre nosotros ni sobre los demás.
Cumpliremos entonces las funciones del Orientador, que son las de abrir caminos, encontrar la verdad, revelar, atisbar, irradiar, elevar, experimentar integralmente, dar testimonio, iluminar, cambiar al mundo y cambiarnos, renovar y renovarse, planificar estratégicamente, fluir, disfrutar.
Y, cuando en periodos de cambio, caigamos en las emociones falsas que remplazan la alegría auténtica, es decir en la superstición, en la negatividad nihilista, en el sacrilegio, en el dogmatismo, en la idolatría o en la dependencia, sabremos rectificar y volver al gozo y al disfrute.
Así accederemos al dominio y perfeccionamiento del espíritu, que definimos sencillamente como LA CERTEZA DE ENCONTRAR (VERDADES), y conoceremos de primera mano la máxima jerarquía en las funciones del Orientador y de la alegría.
Como esta base estará ya consolidada, podremos acceder al escalafón siguiente, el de la tríada Rector-miedo-tacto, que nos ofrecerá una seguridad y una armonía mayores que las que teníamos en el punto de partida, abriendo, así, un proceso secuencial más, en el camino del infinito.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 19: NUESTRO SEXTO SENTIDO: EL SEXO

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Así como en las estructuras MAT la que más sorprende es el Orientador, a nivel del conocimiento de nuestros sentidos el que más asombra es el sexo, que, nadie antes del MAT había reconocido como sentido.

El sexo, hasta ahora, fue considerado un órgano del cuerpo que funcionaba según leyes misteriosas e inverificables, y no como un sentido coherente y de fácil y certero conocimiento que nos permitía acceder a la alegría y al conociendo del inconsciente y de lo trascendente.

En el MAT, el sexo es el sentido que relaciona el mundo psíquico interno y externo con el Orientador y con la alegría.

SISTEMA MAT DE PLENITUD - Preciada Azancot

SISTEMA MAT DE PLENITUD – Preciada Azancot

Es más fácil entender la relación entre estado de abatimiento o de confusión psíquica y sexualidad vital o deprimida que entender que el sexo es el sentido de la alegría y lo que nos permite cumplir las funciones de nuestro Orientador. Haremos, como siempre, algunos ejercicios para experimentar:

1) Imagina que tienes esa extraña enfermedad que anula todos tus sentidos y que te deja también el sexo completamente muerto e insensible. ¿Qué sientes? ¿Cómo será tu vida? ¿Qué sentido darás a tu vida?
2) Imagina ahora que tienes tus cinco sentidos anteriores, pero que tu sexo está muerto e insensible. ¿Qué sientes? ¿Qué emoción domina? ¿Cómo será tu vida? ¿Qué emoción es la que más echas de menos?
3) Imagina ahora que además de tus cinco sentidos tradicionales adquieres una especial sensibilidad y potencia sexual. ¿Qué sientes? ¿Qué emoción domina? ¿Cómo será tu vida?
4) Imagina ahora que te faltan todos tus sentidos, pero que tienes una especial sensibilidad y potencia sexual. ¿Qué sientes? ¿Cómo será tu vida?
5) Imagina que estás sólo en una playa, tendido sobre la arena y que surge a tu lado un ser humano desnudo y que encuentras bellísimo (a) y que se acerca a ti, sonriéndote. ¿Qué sientes? ¿Qué pasa en tu sexo? ¿Qué fantaseas?
6) Imagina que estás solo en una playa tropical, desnudo sobre la cálida arena, y que sale de un mar turquesa y calmo tu pareja ideal, desnuda. ¿Qué sientes? ¿Qué emoción domina? ¿Qué fantaseas?
7) Imagina que estás en una fiesta, que tomaste un trago o dos, y que asistes a un desfile de mujeres o de hombres bellísimos. ¿Qué sientes? ¿Qué emoción domina? ¿Qué fantaseas?
8) Imagina que estás sólo con tu gran amor, sobre una cama, que la (o) acaricias y que te acaricia todo el cuerpo. ¿Qué sientes? ¿Qué emoción domina? ¿Qué deseas hacer?
9) Imagina que estás sólo en un paisaje maravilloso y que tienes una experiencia trascendente de lo sagrado. Toma contacto con tu sexo. ¿Cómo está? ¿Has notado si se siente más vivo o más muerto?
10) Imagina que estás contento, vestido, paseando, que sientes tu sexo vivo, desplegado y húmedo. Llega alguien colérico y desagradable, que te mira de manera poco amistosa. Además es repugnante físicamente. ¿Qué sientes? ¿Qué emoción se ha cortado? ¿Por cual se ha reemplazado?
11) Imagina que te presentan a alguien que encuentras sexualmente muy atractivo(a). Imagina que habláis y que descubres que esa persona es espiritualmente repulsiva. ¿Qué sientes? ¿Qué variación ha habido en tu sexo? ¿Qué deseas hacer con esa persona?

Como en la tanda de ejercicios anteriores, estos ejercicios, si se hicieron a conciencia y sin prejuicios, han debido hacerte descubrir la innegable relación que existe entre el sexo y la alegría. Lo que tal vez aún no quede claro es la relación del sexo con las funciones del Orientador.
Recordemos, ante todo, las funciones del Orientador: abrir caminos, encontrar la certeza de la verdad, revelar, atisbar, irradiar, elevar, experimentar integralmente, dar testimonio, iluminar, cambiar, renovar, planificar, fluir, disfrutar. Ya hemos visto en la parte anterior de esta obra que era imposible hacer bien todo ello sin alegría, y que la alegría era la energía natural del Orientador. Ahora te toca imaginar y fantasear sobre cómo harías todo ello con un sexo sensible y potente y cómo lo harías si estuvieras castrado(a). ¿Qué descubres? ¿Qué funciones te parecen más relacionadas con el sexo? ¿Qué funciones aún no descubriste que sí lo están? ¿Prometes meditar sin prejuicios, sobre ellas?
Al igual que en los casos anteriores, la alegría tiene su color y da energía y potencia al Orientador. Aquí se trata de la ENERGÍA AMARILLA Y SOLAR DE LA ALEGRÍA. El amarillo es el color de la alegría y el que más y mejor despierta el sexo auténtico, y no el rojo como siempre se había creído hasta entonces. El rojo despierta la rabia y la vitalidad y aleja del sexo que no surge del amor naranja. Por eso en los burdeles se emplea el rojo y no el amarillo. Allí no se va a hacer el amor sino a fornicar, y para ello, nada mejor que la rabia. Luego se extrañan de quedar tristes y sin alegría.
Hay un relación estrecha entre la alegría y el color amarillo, en toda su gama cromática. Las personas muy positivas, emprendedoras y alegres se inclinan por el amarillo, tanto en su vestimenta como en la decoración y adornos de su espacio.
Cuando queremos alegrarnos, un fondo amarillo o una prenda de este color nos devuelve la alegría y la estimula. ¿Y que decir del oro, que es el metal más emparentado a la alegría del fasto, de la abundancia, de la riqueza, todo ello sinónimo de alegría?
En la sanación, el amarillo ejerce un gran poder para ponernos positivos. Influye particularmente sobre la sanación de la sexualidad, ya sea por exceso o por defecto, sobre el páncreas y sobre los pulmones.
Por lo contrario, es un color que conviene evitar en personas hiperactivas y fantasiosas, así como en las mágicas.
Imagina ahora, meditando, que por tu sexo entra una gran energía amarilla que penetra en todo tu cuerpo. Al cabo de dos minutos, intensifica el amarillo en tu sexo, en tu sistema reproductivo, en el páncreas, en los pulmones y en el espacio de la frente, y entre tus cejas, que está entre tus dos ojos. Visualízate, con los ojos cerrados, dentro de cinco años, de tres años, de un año. ¿Qué descubres?
A continuación presentamos a modo de recordatorio las relaciones entre estructuras, emociones y sentidos:

Ahora sí que tenemos todo el inventario de tesoros con los que nacimos, todos, por el simple hecho de ser humanos. Ahora SÍ PODEMOS CONOCER EL FUNDAMENTO BÁSICO DEL MAT: LA INGENIERÍA SENSORIAL Y EMOCIONAL DE LA ESTRUCTURA UNIVERSAL HUMANA.

¿Qué emociones tener frente a esa maravilla? Todas, por supuesto, con una muy dominante: la alegría. La alegría estalla, auténtica y pura, frente a un regalo, y, más aún, frente a un milagro. Sin extendernos, nos limitaremos a formular dos preguntas: ¿Hay regalo mayor que poseer toda esa estructura, todas esas emociones y todos esos sentidos? ¿Hay milagro mayor que experimentar que todo ello está vivo, al mismo tiempo, y que funciona?

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot