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DIGNIDAD INSTITUCIONALIZADA EN EL BIO-HUMANISMO MAT DEL TERCER MILENIO

Por Preciada Azancot

Aquí el vídeo resumen así como el texto original integral.

“¡ Y EXIJO DIGNIDAD INSTITUCIONALIZADA !”

https://www.youtube.com/watch?v=h7UlJkkaSCU

– La Tierra: Más que perdonado estás, amado socio, pues me pides perdón de corazón, cuando ya has tomado conciencia de tus errores y estás en el camino de erradicarlos y corregirlos, ¡ASÍ SÍ!
Y hablando de edificar, ¿no nos tocaría ya hablar de un cuarto asunto, de ver cómo sería posible edificar una civilización transformadora, a través de la creación, del descubrimiento científico y del arte? Me decías que se trata de orgullo y de transformación, y que esa es una dimensión puramente humana. Lo corroboro, pues sólo en ti he visto esa maravilla, y guardo memoria de creaciones imborrables, deslumbrantes, que han supuesto un salto cuántico para el ser humano, un salto en cuanto a la percepción de trocitos de eternidad.
Y creo que es justo ahora, cuando vislumbramos una justicia posible, que podemos hablar de esto.
De lo que yo llego a entender, ese orgullo y esa transformación son reconocibles cuando, pasados cientos de años, miles de años, las creaciones siguen siendo actuales, siguen estando vivas, siguen remitiéndote a algo eterno, siguen conmoviéndote. Por ceñirme al mundo del Arte, ¿no son Mozart, Van Gogh, el Greco, Bach, Shakespeare, Cervantes, Monet, Cézanne, Rodin, por poner sólo unos pocos ejemplos, terriblemente actuales para ti? ¿no tienes la sensación de que siempre han estado allí y siempre estarán? ¿que sin ellos y sus obras la vida no sería la misma? Yo, desde mi capacidad para el asombro, no dejo de agradecer el disfrute que todos ellos te proporcionan y me proporcionan.
Y he aquí una cuestión – más bien varias – que quise siempre preguntarte y no puedo resistirme a plantearte ahora: ¿por qué, salvo honrosas excepciones, estas personas no tuvieron reconocimiento en vida? ¿por qué has necesitado que yo los acoja en mi seno para reconocerlos? ¿por qué, casi desde que existes, has pensado que esas personas y sus creaciones eran inspiradas por los dioses, por la caprichosa varita mágica que a unos les “iluminaba”, los menos, y a otros les dejaba a oscuras? ¿por qué, en la mayoría de los casos, asocias al genio, que es como denominas a esas personas, con la locura? ¿por qué, al fin, no todos los seres humanos que representas pueden acceder a esa maravillosa dimensión?
No me avergüenza mi atrevimiento porque intuyo que respondiendo a estas preguntas, querido socio, encontrarás la manera de edificar esa civilización soñada, por ti y por mí, pues en ella sí que, de verdad de la buena, me sentiría segura.

– El Pueblo: ¡Con toda la razón te sentirías segura! Y yo aún más. Para sintetizar una respuesta genérica a todas esas preguntas que te planteas, podría responderte que -creo modestamente- sería cuestión de EVOLUCIÓN. Sí, el gran secreto en lo que a orgullo hace, es ante todo, definirlo, por pasiva y por activa. Y te sonrío, pues como acabamos de esbozar la definición de rabia auténtica con su forma idónea de expresarse, el “¡Así no … así sí!”, haremos lo mismo ahora: El orgullo auténtico nada tiene que ver con sus monstruosas deformaciones tales como la soberbia, la egolatría y el narcisismo. Eso es sólo anti-orgullo.
Orgullo es dignidad ante todo, es estar a la altura de la EVOLUCIÓN y de la dimensión diferencial que el ser humano tiene estructuralmente, innatamente, sobre todo lo demás, ya sea esto elementos, vegetales o animales. Y yo no veo por qué no demostrarían los científicos, en un futuro cercano, que todo comenzó con un elemento incipiente que fue evolucionando hasta convertirse en uno de los cuatro elementos que, a su vez evolucionó hasta convertirse en un vegetal, luego en un animal y luego en un ser humano. Y que éste a su vez no vaya a seguir evolucionado, adquiriendo más dimensiones que le permitan tele-transportarse, mutar de nuevo y vivir a la vez en dos lugares o periodos históricos. Todo lo que nos parecía ciencia ficción se ha revelado ser sólo imaginación del futuro. Imaginar es una función del orgullo humano. Este enfoque evolucionista sólo viene a complementarse con la concepción creacionista de una Creación perfecta regida por leyes perfectas. Una Creación tan perfecta que dejándola a solas consigo misma, siempre vaya a más ¿Sí?
Así, en el pasado, en la Antigüedad, se atribuía a los dioses la “elección” de alguien meritorio a quien insuflar inspiración y revelar a su entorno, en un rapto creador de resonancias místicas y a través de sus obras, esos pedacitos de perfección, de Eternidad con los que deleitar a los mortales. Era la infancia de la civilización. Cierto. Pero ellos al menos conferían a la grandeza de la obra, al genio creador, al civilizador del pensamiento humano (tales como Sócrates, Platón o Aristóteles) un ESTATUS supremo. Y en vida. Antes, hasta en el siglo pasado, los genios se conocían todos, se alentaban y admiraban mutuamente –pues la admiración por lo grande es la expresión primaria y esencial del orgullo-. Y los reyes y potentados consideraban justo y dador de estatus para sí mismos el mantener en sus cortes, luchando por atraerlos y mimarlos, a los grandes artistas y descubridores. A eso, se le llama ser civilizado.
Pero hoy en día, los genios se ignoran entre sí, se creen solitarios y exilados, mientras proliferan las redes de todo tipo de marginalidades o de futilidades. Los intermediarios, una vez más, llámense éstos galeristas, museos, academias, universidades, revistas, críticos de arte no creadores, medios de comunicación, redes consagradas, se han auto-nombrado autoridades en detectar, reconocer, consagrar a los grandes. Sólo que a los supuestos “grandes”, ellos mismos los fabrican en factorías de mercadotecnia, a su imagen y semejanza.
Olvidan una verdad esencial: sólo un genio es capaz de reconocer y de consagrar a otro genio. Y lo quiere y necesita vivo, feliz, reconocido, admirado, valorado en suma. Porque lo ve como lo que en realidad es: un faro y un espejo del talento y del genio que duerme, anestesiado por ahora, en cada ser humano, en su talento diferencial por el cual abogaba para el liderazgo del futuro –aquí ni siquiera hablo de vocación, que es mucho más alta, motivadora e importante que el talento y que veremos mas adelante-.
Si la envidia hacia lo bueno, alto y bello, si la talla de pigmeo creador, si el deseo de poder y de control que da o retira su aval al titán, dominan -como de hecho es el caso hoy en los intermediarios que nos anulan-, a los grandes los necesitan muertos, mirados como a locos, como soñadores marginales y desvalidos. Y hacen eso para tener manos libres para hablar en sus nombres, para adornarse con el estatus a ellos usurpado, para enriquecerse especulando y disparando precios para sus obras despreciadas en vida, para hacerme sentir, a mí, Pueblo evolucionado y creador, que sólo nací para acatar y fingir extasiarme con lo que eligen en mi nombre. Y para darme miedo a ser un creador, un transformador, un genio, un ser crecido, porque elegir esa ruta -me dicen- es un suicidio social y existencial. Y eso me indigna. Me indigna porque justamente lo definitorio del orgullo, su definición misma es la capacidad innata de afirmar la dignidad, admirar lo que nos supera, crear, crecer y hacer crecer.
Así, esos intermediarios me quieren asustar de mi más maravillosa dimensión y potencia. Y eso me indigna soberanamente.
Sólo te pido, socia amada, que por favor, recuerdes y me cuentes: entre todos los humanos que reposan en tu seno, ¿a quienes debemos los grandes saltos civilizadores de la historia? ¿a intermediarios sedientos de control, de caos y de oscuridad o a grandes innovadores, pensadores, descubridores y artistas, todos ellos exponentes de lo único diferencial de lo humano: su capacidad de transformar el mundo en un lugar más bello, más creador y más civilizado? Por favor, necesito refrescar, rejuvenecer, alumbrar mi memoria.

– La Tierra: Mi tan admirado Socio, ¡qué magnífica exposición! Con esa claridad, vamos a resolver esto de un plumazo. Y del primer plumazo, deberíamos colocar en su sitio a todos aquellos que, como bien dices, se aúpan en los hombros de los grandes, creyéndose por ello superiores cuando son sólo molestas moscas cojoneras. Porque tanta estupidez me provoca vergüenza y miedo.
Respecto a tu pregunta, ¡está más que claro! Son, y han sido, siempre, los grandes innovadores, pensadores, descubridores y artistas los que te han posibilitado los grandes saltos civilizadores. Y siempre, de manera harto generosa.
Y ahora, como te conozco como si te hubiera parido, déjame que te haga una reflexión sobre tu manera de ser que quizás nos aporte algo de luz en cómo enderezar este tema y poner las cosas al derecho: Desde tu origen como Pueblo, de esas seis dimensiones humanas que hemos concluido que tienes, hay tres que siempre he visto de alguna manera desequilibradas; la dimensión del desarrollo y la tristeza siempre ha sido mayor que las otras cinco. Esto hace que en muchas ocasiones añores los tiempos pasados, que te lamentes de lo que pudo ser y no fue, que te sientas desorientado y confuso sobre tu camino, que pienses que, aunque tecnológicamente has progresado, en lo profundo de tu ser se produzca algo parecido a lo que le ocurrió a Sísifo que, obligado a empujar una gran piedra hasta lo más alto de una montaña, antes de que alcanzase la cima de la misma, la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio. Y así te sientes tú con tu progreso filosófico, moral, ético y espiritual, ¿me equivoco?
Respecto a la dimensión de la que ahora hablamos, la del estatus y del orgullo, parece, desde fuera, que sea una dimensión que tienes desconectada, salvo en los escasos y honrosos casos de esos seres de excepción que hemos venido denominando genios, y sustituida en la mayoría de los casos por envidia, cuando no por actos amputadores de lo grande, de lo que supera la medianía. En pleno auge en la actualidad, ¿no te parece?
Y para acabar, respecto a la dimensión protagonista indiscutible de este diálogo, la de la rabia, la justicia y la cultura, me da la sensación de que es una dimensión que a lo largo de los siglos y de los milenios, has tenido como prohibida, sintiéndola como algo peligroso y destructivo a lo que debe tenerse miedo. Y claro, ¿cómo no tenerle miedo si en general has sentido rabia cuando deberías haber sentido orgullo, cayendo en la envidia? Pero eso, querido amigo, no es óbice para que, una vez te hayas dado cuenta de que la rabia auténtica es el “Así no,.. Así sí”, y que la envidia no es sino rabia falsa en lugar de orgullo verdadero, puedas darle a esta dimensión su auténtico sitio.
¿Por qué te cuento todo esto? Pues porque si así como te describo te identificas, puedes imaginar que disminuyendo la dimensión de tristeza en su justa medida, recuperarás, reconectándola, tu dimensión creadora, la del estatus y el orgullo de verdad, y podrás tras ello, quitarte la prohibición de la rabia y recuperar tu vocación de culturizador, de civilizador, que es lo que de verdad te llena y da significado a tu vida.
Puedo aventurar, pues te conozco bien, que la dimensión del estatus y del orgullo, una vez recuperada, será tu talento, tu genialidad mayor, allá donde mostrarás todo tu esplendor creador. Y no por algo, es la dimensión que te distingue de lo demás, ¿acierto? Si así lo sientes, ¿evolucionamos juntos, querido?

– El Pueblo: ¡Hecho, socia, evolucionamos juntos! Y sí, en mi infancia y en mi adolescencia que terminó en cuanto pude oír tu voz, he funcionado así, como el tal Sísifo, y así me fue. Pero hoy, y tras manifestar mi indignación –parcialmente aún, he de añadir sonriendo travieso- ya puedo decir que me asumo como joven y acaso, en algunos aspectos, como adulto. Y sí, no me cabe duda alguna de que las autoridades auto-consagradas, los intermediarios de toda pelambre, ya no me van a ocultar mi POTENCIA virtual y real. Porque de eso es de lo que se trata: de recuperar mi potencia frente a los que sólo aspiran a hipotecármela para adquirir lo antinómico de la potencia: el poder, el control de mi vida, de mi destino.
Sí, me pasé de triste y de fatalista resignado, tienes toda la razón. Y no es por justificar ese derrotismo mío pasado, pero en un Mundo donde en Occidente, me maldicen con lo de la expulsión del paraíso como castigo a un supuesto pecado original, condenándome a ganar el pan con el sudor de mi frente mientras mi esposa alumbra a nuestros hijos en el dolor, y en Oriente me acallan con lo del culto a los ancestros y la obediencia automática a la autoridad establecida, convendrás en que no lo tuve fácil.
Pero, bromas aparte, sí, la base de mi liderazgo sobre mí mismo -es decir para transformarme en un dirigente de mi propio destino- es la consagración del orgullo creador, transformador y descubridor y la exigencia en que se le honre como lo amerita. Sin ello, siempre estaría pisando arenas movedizas. Así que voy a imaginar, representarlo y declarar qué tipo de medidas garantizarían que los mejores creadores, descubridores y civilizadores protejan y alumbren el camino de los menos crecidos. Probemos a ver cómo te sabe esto:
Yo, rastrearía en cada país a todos los grandes creadores, descubridores y genios y formaría un COLEGIO DE CREADORES, un tipo de autoridad institucional para detectar potenciales vivos, consagrar lo grande, y crear programas de formación para gestionar los talentos de cada ser humano, educar su refinamiento y sensibilidad hacia lo grande y lo elevado. Y los haría seleccionar por otros maestros reconocidos a nivel internacional. Los candidatos se presentarían por iniciativa propia, sin aval de nadie, sin importar edad, nacionalidad, color, género o confesión, pues tenerlos es un honor y un prestigio para la Nación que los merezca y los sepa valorar, mimar y cuidar. No permitiría a intermediarios rancios que los eligieran. Este Colegio de Creadores innovadores tendría un poder consultivo, pues a ellos no les gusta competir ni ejercer poderes, pero habría la obligación de publicar sus recomendaciones, de publicitar sus edictos y de dejarlos expresarse libremente en todos los medios de comunicación masiva. ¿Cuáles serían sus funciones?
Lo primero, como ya señalé, es descubrir y acatar las leyes que rigen el funcionamiento de las personas, detectando sus talentos y vocaciones diferenciales y asentando su liderazgo personal sobre esos puntos fuertes, esas palancas que nos catapultan en la cima de nuestra potencia. Y comenzar con los niños. Para que nadie los pueda torcer ni invitar a la resignación. Lo soñado, lo ideal, sería descubrir esas leyes tan perfectas que podrían señalar ya los talentos y vocaciones en estado fetal, de manera que desde la gestación y la primera niñez, los alentáramos en la familia primero y en el colegio luego.
Lo segundo sería crear programas de detección de talentos creadores e innovadores y consagrarlos sin hacerles pasar esos patéticos exámenes y pruebas académicas de rigor, ya que en esos casos, los examinadores están por lo general muy por debajo de los alumnos examinados. También penalizaría la envidia que sería objeto de vergüenza y de mofa en caso de caer en esa aberración.
En tercer lugar pediría a ese Colegio crear una metodología o varias que promuevan y faciliten SALTAR ESCALAS, es decir: ayudar a pasar de ser un ocurrente individuo a la escala siguiente y convertirse en creativo, y de esa escala, poder saltar a la de creador, y luego a la de genio, y luego a la de civilizador, y luego auparse a la de pacificador, y luego a la de Socio de la Creación en Evolución. El mundo sería maravilloso y su orden, armonía y belleza superlativos. ¿No crees?
En cuarto lugar investigaría el orden de la belleza en sí, es decir, la Jerarquía de valores y prioridades existenciales que garanticen el éxito en la transformación pacífica y gozosa del mundo. Y creo tener una idea propia al respecto, que no me avergüenza adelantarte, socia amada: la primera prioridad existencial ha de ser encontrar y acatar la Verdad, luego debería ser el amor de pareja, pues una pareja de verdad es sólo un ser mutante y perfecto en dos cuerpos, luego el amor por los mejores de nuestros amigos, incluyendo entre ellos a los familiares que lo ameriten, luego vendría nuestro crecimiento, nuestra obra y el honrar a nuestros maestros (a ti, por ejemplo), luego vendría el cuidado de todo lo valioso, esté donde esté, tú antes que nadie, y sólo en fin vendría, en lo de saber priorizar, el procurarse medios para vivir dignamente, pues eso sería una mera consecuencia de una buena escala de prioridades interiores.
Y te dejo corregirme y completar mi programa, pues no se me ocurren cosas más esenciales.

– La Tierra: ¡Guau! ¡Me parece genial tu programa! Correcciones no tengo ninguna y respecto a completar, sólo se me ocurre, desde mi memoria milenaria, incluir la recuperación de los altos creadores del pasado, ofreciéndoles su sitio en tu memoria colectiva, y quitándoles de en medio a los intermediarios que han interpretado sus obras a su propia conveniencia, ¿te parece?

– El Pueblo: Me parece una delicia, un privilegio y un honor, socia. ¡Ya lo creo!”.

Preciada Azancot y Antonio Gálvez. Extracto de “¡Sí, me indigno! ¿Y ahora, qué?“,  Tulga3000 Editores

Preciada Azancot, 13 de enero de 2016

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EL ESPLENDOR DE LO HUMANO: día 3 – EL PROTECTOR

II. EL PROTECTOR:

El Protector desempeña una función a la vez antagónica y complementaria a la del Rector. Permite evaluar las oportunidades y da así la medida de lo deseable. Permite detectar los “sí” que surgen en cada momento para posibilitar alianzas, uniones, encuentros, pactos, enlaces. El Protector tiene así como función la pertenencia.
Cuando nos sentimos unidos, solidarios, comprometidos, estamos en contacto con nuestro Protector. El Protector abre puertas de penetración, posibilita accesos, derrumba límites y hace de contrapunto dialéctico al Rector. Detecta las afirmaciones de lo oportuno, sano, deseable, y hace elecciones sobre la base de lo bueno. Establece puentes y vías de comunicación así como enlaces. Por evaluar oportunidades, el Protector muestra el cuándo decir sí a las cosas. Desde el punto de vista trascendente, el Protector rige el alma.

Estructura MAT de personalidad - Preciada Azancot

Estructura MAT de personalidad – Preciada Azancot

¿Qué hace el Protector?
– El Protector evalúa: Evaluar es distinto de diagnosticar. Mientras diagnosticar implica saber el estado de enfermedad de algo, evaluar implica sopesar las oportunidades que ofrece algo. Por ejemplo, cuando conocemos a una persona, evaluamos qué factores nos resultan atractivos en esa persona y merecen que le demos una oportunidad de contacto con nosotros. Entonces decidimos acercarnos a esa persona y darle señales gestuales o verbales que constituyan una invitación. Esperamos la misma respuesta abierta de nuestro interlocutor. Si nos responde con su Rector, cerrándose, nos sentiremos desengañados.
Nosotros, cuando terminamos nuestro diagnóstico organizacional o nuestro diagnóstico de una persona, evaluamos qué aspectos positivos tiene el objeto de nuestro análisis y detectamos oportunidades desaprovechadas para trazar el encuentro, diálogo y lazos con ese objeto. En el ejemplo que pusimos en el capítulo del Rector, no nos contentamos con hacer retroceder los límites del Rector organizacional que coartaba la función de innovación de la empresa, sino que diseñamos una política de estímulos e incentivos para abrir el campo a la investigación.
Y en el ejemplo del médico que nos prohíbe determinados alimentos que ponen en peligro nuestra salud, todos sabemos que un buen profesional nos dirá cuáles de los alimentos están autorizados para aumentar nuestra sensación de bienestar y contar con nutrientes “aliados”.

– El Protector establece confluencias a todos los niveles:
En el caso de la creación de las naciones que establecen fronteras para crear estados regidos por el derecho, el surgimiento de una nación se basa en las afinidades, en las relaciones, en la solidaridad y en el compromiso de personas que comparten un territorio y que deciden aliarse y organizarse para trazarse un destino en común. Una vez delimitadas las fronteras, establecerán pactos y alianzas con vecinos y también con foráneos para intercambiar productos y servicios. Establecerán lazos que fortalezcan el sentido de pertenencia a esa nación entre los habitantes del país.
En caso de conflicto de cualquier índole entre países, se buscará a evaluar, en cada momento, terrenos de entendimiento que posibiliten acuerdos nuevos basados no sólo sobre la eliminación de las barreras que impedían las buenas relaciones, sino sobre acuerdos y pactos que fortalezcan las relaciones entre sus vecinos.
En nuestro cuerpo las células se unen para formar órganos y los órganos se asocian para formar sistemas (circulatorio, linfático, inmunológico, etc.) los cuales se unen y colaboran para formar un cuerpo sano. Nacemos de la unión de un óvulo y de un espermatozoide.
Y las personas se unen y se asocian para formar organismos sociales: parejas, amigos, familias, empresas, asociaciones, naciones, agrupaciones de estados.
En el terreno constitucional, por ejemplo, tras la separación de poderes viene la coordinación entre ellos para que todos trabajen juntos y solidariamente.
Cuando compramos una casa, estamos adquiriendo un área de la cual disponer nosotros mismos y para compartir con miembros de nuestra familia y recibir a los amigos.
En nuestro cuerpo, la vida no sería posible sin uniones y relaciones entre cada micro componente de nuestro organismo. Basta que una célula decida ir sola por su cuenta, sin tener en cuenta la necesaria orquestación entre todas, para que surja un cáncer que nos pone en riesgo de muerte.
En el ámbito emocional, como veremos en la segunda parte de esta obra, se establece una secuencia solidaria entre todas las emociones para energetizar la totalidad de nuestra estructura y sin la cual nuestra formación en el útero materno no podría producirse. En lo emocional tomaremos como mero ejemplo la rabia que podemos sentir en un momento dado contra otra persona y que produce una ruptura de relaciones. Si somos incapaces de evaluar las cosas buenas que mantiene esa persona y con la cual establecer confluencias en un momento dado, perderemos toda posibilidad de una reconciliación.
Al nivel de movimientos, ¿cómo seríamos capaces de servir para algo si no pudiéramos unir las manos, juntar los pies, poner en relación nuestro cerebro derecho con el hemisferio izquierdo, poner en marcha nuestro sistema nervioso voluntario para levantarnos de una silla, y eso, limitándonos a ejemplos primarios y básicos para ilustrar que sin confluencias es imposible, no sólo la vida en sociedad, sino la simple supervivencia individual? El Protector, para lo visto hasta ahora, es exactamente igual de importante que el Rector para que la vida sea posible.

– El Protector une: Una vez establecida la confluencia, se produce la posibilidad de unión. Cuando nos enamoramos, estamos, después de evaluar al otro, estableciendo confluencias, afinidades especiales y privilegiadas. Es entonces cuando podemos plantearnos la unión con esa persona y ser novios, y después esposos, y después padres y luego abuelos, y luego bisabuelos.
Si nuestros padres nos dan su apellido, es con el propósito de crear una unión entre los miembros de nuestra familia.
Cuando elegimos nuestros socios para fundar una empresa, estamos estableciendo una unión y un compromiso con ellos para lograr resultados comunes.
Cuando nos sentimos solidarios con cualquier persona, causa, grupo o movimiento, nos estamos sintiendo unidos como parte de ese todo y con un momento en común. La amistad, la solidaridad, la unión, si las analizamos bien, son elecciones de momentos en común que, juntados, pueden establecer una duración.
Nosotros, en nuestra labor de consultores, ponemos el énfasis tanto sobre el sentido de pertenencia, que une a los miembros de una organización y sin el cual ningún proyecto o programa de acción es posible, como sobre la lealtad a los clientes y la vocación de servicio, sin los cuales la conservación de los integrantes de la actividad organizacional es ilusoria.

– El Protector alienta y motiva: Si, como ya vimos, el Rector tiene como función pisar el freno, el Protector tiene la de poner en marcha nuestro carruaje. Él da los permisos ( “permiso” es un término prestado del Análisis Transaccional) para arrancar. Si, por ejemplo, nuestro hijo tiene que presentarse a un examen y se siente inseguro, nosotros le diremos: “Tú puedes, eres inteligente, has estudiado bien, vas a sacar buenas notas.” Esos son permisos y alientos para animar, restablecer la confianza, afincar la buena autoimagen.
Para cumplir esta función con veracidad y realismo el Protector ha debido evaluar los factores positivos disponibles en la persona o en el caso analizado. Entonces los va a alentar, motivar, incentivar, acariciar. Cuando damos un apretón de manos, un abrazo, un beso, una caricia, el propósito es el de unir.
Hay que diferenciar nítidamente la función de arrancar, tarea del Protector, de la de acelerar, función del Orientador. Y, para empezar, debemos insistir en la fundamental importancia de los mensajes internos que debe contener el Protector. Estos son la base de lo que comúnmente se llama la buena autoimagen, que nace, ya lo veremos, de la autovaloración, tarea del Transformador. El Análisis Transaccional trabaja mucho sobre lo que llaman “permisos parentales” y evidencia la enorme importancia que tienen esos tipos de mensajes recibidos en la niñez para convertirse en un triunfador. Si nuestros padres nos nutrieron desde sus Protectores hacia nuestros Protectores y nos permitieron grabar mensajes como “sé, vive, tú puedes, tú vales, eres bueno, eres valioso, eres autónomo, eres íntegro, eres auténtico”, la vida va a sonreírnos con toda seguridad y nuestro camino hacia el éxito será fácil y seguro. Si, por lo contrario, con un Rector castrador nos repitieron mensajes exterminadores y frenadores, vamos a tener que hacer un trabajo titanesco para borrarlos y regrabar potentes permisos en su lugar. Vamos a tener que recurrir, con toda seguridad, a la terapia psicológica nutritiva para poder arrancar de nuevo, con confianza en la vida.
Los mensajes del Protector se deben implantar tanto hacia adentro (autoimagen) como hacia afuera, es decir, desde nuestro Protector hacia el Protector de nuestros hijos, amigos, familiares, miembros de nuestro equipo de trabajo, compañeros o seres vivos en general. Sin ellos no hay motivación posible.

– El Protector ayuda: En todas las tareas de colaboración damos y necesitamos ayuda. Y no podríamos sobrevivir sin ayuda. La ayuda plantea, como toda función de cualquier estructura, un problema de oportunidad, que es la esencia del Protector. Una ayuda real y valiosa es la que llega justo a tiempo, adelantándose a la pérdida. Este proceso parte del diagnóstico efectuado por el Rector y llega a la evaluación del Protector quien detecta lo posible. De otra manera, la ayuda llega demasiado pronto, produciendo un sobresalto en el beneficiario, que no detectó la amenaza de pérdida, o demasiado tarde, cuando, por falta de solidaridad, se permitió que el estropicio se produjese y se busca a ser reconocido por la victima, devaluando, además, su autoaprecio.
Un Protector sano sabe dar y pedir ayuda en la misma medida. Se nos educa para dar, no para pedir. Con lo cual somos soberbios.

– El Protector acepta: Cuando nos proponen una cita y la aceptamos, ponemos en marcha nuestro Protector para ello. No hay aceptación posible sin Protector. Ahora bien, lo importante aquí es el buen funcionamiento del Protector: si está inflacionado vamos a ser mártires y aceptar lo inaceptable, dejando que los demás abusen de nosotros. Si está deflacionado vamos a ser suspicaces y negarnos a aceptar compromisos éticos y aceptables. La falta de colaboración será entonces nuestro sino.
Para que la sociedad funcione necesitamos aceptar lo aceptable, si no el mundo se paraliza.
Por ejemplo, nosotros, en nuestra tarea consultora, tras el diagnóstico (Rector) que detecta lo que no funciona, hacemos una evaluación de puntos fuertes sobre los cuales apoyar el programa de acción. Presentamos el Plan de Acción al Comité Directivo. Tras el análisis pertinente por parte de los directores (tarea del Sintetizador), viene la fase de descarte de otras opciones menos acertadas (tarea del Vitalizador) y que da lugar a la fase de mejora de las propuestas, si ha lugar (tarea del Transformador). Entonces llega la fase de aceptación. Si no se acepta lo necesario y lo aceptable, si no se califica de “bueno” para que la aceptación se produzca, se paralizará todo el proceso y nuestro trabajo se detendrá. Si la no aceptación tiene su razón en que el plan no es bueno, el Protector colectivo funcionará bien. Si la aceptación viene de la conclusión de que “es el mejor”, tarea del Transformador, y si el Protector colectivo tiene los permisos para triunfar, entonces arrancará el Programa de actualización de buena parte del potencial de la empresa o de la organización. Y este ejemplo es válido para cualquier proceso de aceptación, ya sea de una negociación, de una invitación o de cualquier propuesta que requiera un “sí” como respuesta.

– El Protector cumple: Contrariamente a lo que se podría pensar en un primer momento, el cumplimiento no es tarea del Rector, que se debe contentar con rechazar lo amenazante y legislar sobre lo descartable. El cumplimiento implica voluntad de hacer. No de no hacer. Se nutre de la ética y rectitud del Rector, pero requiere motivación y entrega para ser cumplido cabalmente. Si no todo queda en buenos propósitos.
En nuestro ejemplo anterior, tras la aceptación del Plan de Acción se toma la decisión de cumplirlo, asignando responsables y fechas para cada paso requerido. Tras esa decisión, llega el cumplimiento. La organización arranca entonces en una nueva vía. El tránsito entre el Protector que cumple hacia el Orientador que anima va a ser decisivo para ser pioneros y exitosos. Porque así funcionamos, tenemos resultados que asombran al entorno.
Y cuando analizamos la cadena al revés y partimos de los resultados que rompen techos y dejan pasmado al entorno, llegamos siempre, ya se analice un hecho histórico, un éxito de márketing o las victorias de Napoleón, al momento decisivo del cumplimiento, decidido e indesmallable, para justificar el resultado.
Este análisis es válido para cualquier ejemplo, desde la decisión de ponerse a dieta o de ir a un gimnasio, hasta el cumplimiento de las decisiones de la Declaración de independencia de USA. Elegir y decidir son tareas del Transformador, como ya veremos. Cumplir es tarea del Protector.
Las personas que tienen un Protector deflacionado prometen o deciden y luego no cumplen, engañando y estafando a los demás. Y eso no se debe, como tópicamente podríamos creer, a una falta de voluntad (función del Transformador) sino a un incumplimiento, función del Protector.

– El Protector protege: El Protector tiene también como tarea, y esa función le dio el nombre a la estructura, la de proteger todo lo valioso, tanto interna como externamente.
Cuando el Protector funciona correctamente, nos sabemos cuidar, proteger y sabemos hacerlo con otras personas.
Siguiendo con el mismo ejemplo anterior, y ese ejemplo es válido para todos los procesos, cuando se empieza a cumplir el Plan de Acción, se debe explicar (tarea del Sintetizador) y motivar (tarea, ya vista, del Protector) al personal que va a participar en, o que va a ser destinatario del programa. Así y todo, es inevitable que surjan rechazos, envidias, intereses creados que intenten detener la marcha de lo novedoso. Y cuanto más novedosa y creadora sea una acción, más recelos y rechazos va a suscitar. Es aquí donde interviene la obligación de protección por parte de los que detentan el poder. La protección a los que están en estado de necesidad es una obligación inaplazable para que la justicia (tarea del Vitalizador) se cumpla. Que nos refiramos a la protección de niños, de enfermos, de pobres, de necesitados, de ancianos etc., el Protector va a intervenir para facilitar el fluir de la vida. Desde la adopción o el apadrinamiento de un niño, pasando por la ayuda humanitaria, y hasta la protección de cualquier persona que desempeña una causa pionera, la protección surge de la solidaridad, función del Protector.

– El Protector se entrega: La función última y trascendente del Protector culmina, más allá del cumplimiento y de la protección, en la entrega. La entrega depende en gran medida de la motivación, también función del Protector, y trasciende a ésta. La entrega marca el máximo escalafón en el funcionamiento del Protector. Hoy estamos inmersos en una era histórica que promueve, más allá del compromiso y de la solidaridad, la entrega no sólo a las causas justas que nos rodean, sino a toda la humanidad. Y no sólo a la humanidad sino a todo lo valioso, ya sea esto el planeta, las plantas, los animales o los proyectos de las ONGs. Y también, naturalmente, a nuestro entorno más cercano, como hijos, familia, amigos y compañeros. En lo que no hace hincapié nuestro momento histórico actual, es en la base y fundamento de la entrega, a nosotros mismos en todo lo que tengamos de valioso, a nuestros ideales, a nuestra salud integral, a nuestras emociones auténticas y a todo lo válido que surge del Transformador. El mandato colectivo hoy es “ama a tu prójimo más que a ti mismo”, en vez de ser “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Se obvia lo más difícil, imposibilitando lo más fácil. Y lo más difícil es apreciarse, estimarse, entregarse a todo lo valioso que cada uno de nosotros encierra, a nuestra estructura de personalidad, por ejemplo.
Si no aprendemos, y el proceso es largo, a evaluar, alentar, proteger lo valioso en nosotros, ¿cómo hacerlo hacia afuera? En esa vía que nos marcan hoy, como inútil compensación de la anterior, que promovía la jungla despiadada e insolidaria, nos podemos convertir en salvadores de causas injustas y perdidas, pero jamás en constructores de un mundo más humano. Y lo que nos hace humanos es el Protector. Si no sabemos valorarlo y desarrollarlo adentro, mal lo podemos usar hacia afuera. Esto parece obvio, pero pocos lo ven hoy. Más adelante veremos por qué esta situación está tan extendida.
En todo caso, es la capacidad de entrega sostenida la que evidencia que tenemos un tesoro valiosísimo: nuestra alma. El Protector rige el alma, como quedará claro más adelante, en este mismo capítulo.

Tras mostrar las funciones del Protector, nos vamos a adentrar en una dimensión más importante aún, que nos va a permitir entender el por qué de su existencia en todos nosotros. El Protector, ya lo hemos señalado, rige el cuándo de las cosas. No por ello rige el tiempo, tarea del Sintetizador, sino el espacio. El Protector rige el momento. El tiempo se podría representar como una línea continua circular y el espacio como líneas verticales que cortan ese tiempo; y esto es difícil de explicar por lo novedoso del descubrimiento MAT. Pongamos ejemplos de nuestras uniones y compromisos ( funciones del Protector) en el tiempo:
Cuando nos referimos a un ex cónyuge al que hemos amado entrañablemente en el allá y el entonces, podemos decir que en aquel momento, que ha podido durar veinte años, hemos estado unidos y comprometidos con él y que hoy tenemos una nueva pareja con quien hemos trazado otros lazos. Podríamos afirmar que cuando decidimos casarnos estábamos convencidos de que esa unión duraría toda la vida y resolvimos compartir un espacio común formando un hogar. Hoy en día ya no nos sentimos comprometidos ni unidos, salvo, tal vez, en aspectos que todavía nos asocian, como podría ser la protección de los hijos. Eso fue un momento.
Cuando pensamos en el colegio, en el tiempo en que éramos niños, teníamos maestros y compañeros que eran sumamente importantes para nosotros en aquel tiempo. Hoy los hemos casi olvidado. Lo mismo podríamos decir de socios, compañeros de trabajo o amigos y, a veces, de familiares muertos o distanciados. Ya no nos sentimos unidos ni comprometidos con ellos. Ya no nos podemos entregar a ellos porque la entrega requiere algo vivo y real que recibe y responde a esa entrega.
Lo mismo pasa con nuestro cuerpo: cuando nos bañamos y sacamos, frotándonos con espuma, piel muerta, nos sentimos unidos a nuestra piel actual, no a la muerta que dejamos, gustosos, en el desagüe. Otro ejemplo entre millones: cuando nuestra médula espinal fabrica glóbulos rojos, las funciones están unidas mientras dura el proceso de fabricación y el de entrega de esos glóbulos al sistema circulatorio sanguíneo. Cuando los glóbulos pasan al sistema sanguíneo, ya no hay relación entre los glóbulos y su creadora; cada cual vive su vida.
Estos simples ejemplos nos ayudarán a plantear problemas filosóficos e incluso metafísicos y resolverlos con asertividad:
Por ejemplo, el problema del apego y de las relaciones con nuestra familia de origen: cuando un Protector funciona bien, evalúa el momento, su intensidad y su duración y adapta las uniones, compromisos y entregas al aquí y el ahora, sin hacer irrumpir apegos del pasado en el momento presente, confundiéndolos y extraviándolos. Un hijo que crece, y no digamos que se independiza o que se casa y forma otra familia, es soltado por un Protector que funciona bien. Si, por el contrario, se queda anclado en el tiempo pasado y exige apegos, dependencias y entregas que ya no son oportunas, nos convertiremos en padres invasores, abusivos, que no saben soltar. Someteremos a nuestros hijos a culpas y a compromisos que les van a impedir disfrutar de un Protector sano que escoge el momento de su unión y entrega a su nueva familia. Este simple ejemplo podría multiplicarse infinitamente en casos de emigración a nuevos países ( que exige apego y unión al país de acogida), en caso de amigos que van haciendo su nueva vida y se van distanciando de nosotros, en caso de valores patrióticos o políticos que ya no están sustentados en la nueva realidad, en caso de apegos y creencias religiosas divorciadas de las oportunidades presentes.
Si ese mal funcionamiento se produce, su consecuencia será la de incidir en el buen funcionamiento del Protector, que ya no va a poder realizar su propósito: el de evaluar oportunidades y realidades que ameritan nuevas uniones y compromisos. Ese Protector se convertirá en reaccionario y negador de lo que realmente, en cada momento, merece ser apreciado, protegido, cuidado. Diremos que el Protector está hipotecado.
Hemos hablado ya de los mensajes parentales que son fundamentales para el buen funcionamiento del Protector. Si el mensaje es “amarás a tu mamá más que a ninguna mujer en este mundo”, para no mencionar otro mensaje peor ( “amarás a tu mamá más que a ningún ser “, que ya interfiere en el apego en esta tierra y en el mismo cielo), si es dado a una hija, interferirá en su propio autoaprecio como mujer y como madre y ésta se sentirá dividida e inadecuada siempre, haga lo que haga, aunque elija ponerse al revés y seguir, como mujer, como madre, y en definitiva en todos sus roles, el modelo materno. Estará dividida por sentimientos de inadecuación, de culpa, de traición a un ídolo cada vez que elija ser ella misma. Y si es el hijo varón quien lo recibe, ya estará preparado para el divorcio y la separación con cada pareja a la que elija, aunque escoja a alguien parecido a la madre, cada vez que la esposa o novia sea diferente y sea ella misma. Es aterrador el observar la cantidad de desgracias y de sufrimientos que tienen su origen en el disfuncionamiento del Protector.
Nosotros, en nuestra labor de consultores organizacionales, observamos la cantidad de oportunidades, nuevas alianzas, actualización de la política de personal, del sentido de pertenencia a la organización, que se ven imposibilitados por esa disfunción del Protector. Pondremos tan sólo un ejemplo: algo tan vital y permanente como la elección de un nuevo mercado o de un nuevo producto. Si en el Protector colectivo existe un conflicto de lealtades y un sentimiento de traición a un mercado o producto actual o pasado, este nuevo proyecto saldrá, si es que sale, con el estigma de Caín, y, en vez de fe y optimismo, habrá culpa y torpeza en su promoción. Y, para actualizar el Protector y liberarlo de falsas hipotecas, deberemos hacer un trabajo de analistas psicológicos a fin de borrar antiguos mandatos y reemplazarlos por potentes Permisos. Y, más que eso, nosotros, como se verá en el siguiente capítulo, trabajamos sobre emociones falsas que alimentan y traban el funcionamiento de la estructura, en el presente caso, falso miedo (a ser sí mismo, a ser libre, a tener un Protector) en vez de amor auténtico. Nosotros hacemos saltar las falsas hipotecas en cualquiera de las estructuras. De este modo el ser humano y social puede cumplir con lo que su estructura lo prepara para ser.

– El Protector se manifiesta mediante anhelos. Y esos anhelos evidencian la clase de mandatos y de mensajes que están grabados en el Protector. Al igual que el Rector, un Protector sano tendrá un mínimo de mensajes grabados. Cuando esos mensajes son negativos, los anhelos se convierten en pulsiones adictivas y autodestructivas. El psicoanálisis descubrió para el mundo, en el siglo pasado, el poder destructivo de las pulsiones como la pulsión de muerte, la pulsión de la libido, sin mencionar la pulsión de poder que destroza el mundo y que no ha sido suficientemente analizada.
El anhelo de armonía, de claridad, de justicia, de ser y de expresarse, de entregarse, de elevarse trascendiendo, de centrarse, son, en un Protector sano, los únicos anhelos que favorecen la vida. Todos los demás anhelos son supletivos, falsos, monstruosos, y traban la libre expresión de lo humano. Estos últimos anhelos son sólo pulsiones y obedecen, todos, como veremos en el próximo capítulo, a emociones falsas desviadas y aprendidas, que se pueden desaprender.
El nombre Protector, que le pusimos a esta estructura, nos indica su primigenia función: la de proteger todo lo que favorezca la vida y la ayude a expandirse. Todo lo que trabe la vida, la reifique, la anule, la comprometa, indicará un Protector enfermo y que funciona mal. La tarea del Protector es la de proteger la vida en toda la estructura humana y animal, y vegetal y de todos los elementos que favorezcan la vida.
Por ejemplo, cuando parimos un bebé y nos lo entregan, lo abrazamos, lo vestimos, lo amamantamos y nos extasiamos sobre lo que el bebé tiene de diferente primero, y de similar, después, con respecto a nosotros. Cuidamos de que se exprese como es, único y diferente, y por esas diferencias lo amamos. Aprendemos de él y así podemos comunicar con él y trazar lazos únicos con la criatura nuevecita. Bruno Betheleim, en “La fortaleza vacía” explica muy bien lo que hace una madre buena, la que favorece la vida, y lo que hace una madre mala, la narcisista, que convierte a su bebé en un niño autista, en los primeros dos o tres meses de vida. Otros estudiosos han descrito cómo la esquizofrenia se origina cuando aún somos un bebé en los primeros meses de vida, dando el ejemplo de la simple manera de sostenerlo en brazos de modo que el bebé no tema ser soltado y estrellado.

En el diagrama de la página 122, dibujamos la estructura del Protector, arriba a la izquierda en los dos dibujos de la estructura desplegada y de la estructura integrada.
Cuando el Protector funciona bien, la persona es cálida, amorosa, solidaria, fraternal, bondadosa, accesible, cordial, alentadora, buena anfitriona y generosa. Y su inteligencia es conceptual porque es capaz de abarcar toda la categoría de lo analizado, condensarla y transformarla en concepto que entrega al mundo.
Desde el simple hecho de ponerse un abrigo cuando hace frío, hasta el complejo ritual del acercamiento a la pareja para el cortejo entre enamorados, todo ello evidencia el funcionamiento de un Protector sano.
Un Protector enfermo se plasmará en desconfianza, narcisismo, timidez, necrofilia, rechazo del prójimo y el hábito de usar a las personas en vez de apreciarlas.
Como ya vimos, las pulsiones evidenciarán la existencia de un Protector enfermo, la de violar, la de matar, la de drogarse, la de correr en los coches y otros vehículos, la de regir la vida de los demás, la de abocarse al juego, la de descuidar la salud propia o ajena, la de competir, la falta de higiene y el desaliño y, de manera general, todo lo que desproteja la vida.
El evaluar el cuándo de las cosas agradables y amables en el aquí y el ahora, sin quedarse anclado en apegos y compromisos del allá y el entonces, diferenciará un Protector que funciona bien de un Protector que funciona mal y que trabará las uniones, compromisos y entregas deseables.
Tomemos el ejemplo, para ilustrarlo, de la muerte de un ser muy querido, a quien, hasta ahora, nos habíamos entregado. Un Protector que funciona bien necesitará seguir evaluando el momento de la unión, del cuidado, de la entrega. Y la persona amada ya no está. La sensación de vacío, de perdida, remplazará la presencia que posibilitaba el funcionamiento del Protector. Y hay otras personas con quien estamos comprometidos que están vivas y necesitarán de nuestra dedicación a ellos. Un Protector en buen estado se irá despegando en un tiempo directamente proporcional al del afecto real que sentía por la persona añorada y preparará su corazón para compartirlo con los que están vivos y presentes, ya sean éstos seres que ya conoce o por conocer.
Si el Protector funciona mal, quedará hipotecado y dejará de dar a los vivos lo que antes, en otro momento, daba al muerto. Vivirá en un momento pasado imposible de reproducir. ¿Cuántos hijos se terminan sintiendo culpables de la muerte de un hermano porque el corazón de un padre o de una madre quedó hipotecado y no redistribuyó el compromiso y la entrega con ellos, que aún siguen vivos? ¿Y cuántos viudos y viudas inconsolables siguen viviendo como si los difuntos estuvieran vivos y les exigieran exclusividad?
En todo caso, como cualquier otra estructura, el Protector puede fallar por exceso o por defecto.
Por exceso se tornará paternalista y salvador. Esto es, por ejemplo, el caso de los tiempos actuales: amar al prójimo más que a sí mismo es el mandato actual. Y esto se manifiesta en la tendencia que todos podemos observar, y que se agravará en los próximos 17 años, de jugársela por el débil aunque él mismo sea la causa de su debilidad, y oponerse, denunciar y culpabilizar al fuerte aunque haya ganado su fortaleza por méritos propios. Se trata aquí de propiciar, no una redistribución más justa de la bonanza, sino de repartir lo que hay entre todos, para que cada rico sea más pobre y no sufra de complejos de culpa. No se asesora, ni se guía, ni se protege al desamparado, se le da una limosna sin percatarse de que esa limosna atenta contra su dignidad y rebaja su autoaprecio porque no se están instrumentando el desarrollo y la transformación del más desamparado. Y mientras unos muchos hacen esto, los mismos pocos de siempre siguen expoliando al débil que, así, se siente arrinconado y fracasado. La otra cara de la medalla de la inflación del Protector es que, además de paternalista, se torna salvador. Y un salvador es aquél que fantasea que nació con más Protector que los demás seres humanos y que va a alzarse por encima de la naturaleza humana para redistribuir entre lo que fue mal creado, dando de su Protector a todos, que, sin él, correrían a su perdición. Así, partiendo de esa hipótesis inflada, aplasta el orgullo del objeto de su atención.
Por defecto, el Protector deflacionado se vuelve cínico, avasallador y expoliador. Para ilustrar este estado con un ejemplo sólo tenemos que recordar la genración histórica anterior a esta. El mundo era una jungla despiadada donde siempre ganaba el más astuto y que menos escrúpulos tenía.
El Protector que funciona bien no cae en esos dos extremos patológicos y se ocupa primero de introducir un Rector ético y justo que legisle adecuadamente y un Protector entregado a remplazar las causas del mal del subdesarrollo, de la miseria y del desamparo por empatía. Y lo hace sobre la base del respeto de la dignidad de las dos partes, no hinchando el orgullo del que da sobre el de quien recibe, como es el caso actualmente.
La maravilla del Protector es que evalúa el cuándo de las cosas. Un mismo apego, con una persona viva y presente, cuando el Protector está sano, varía de un momento a otro, en función de lo que hay de bueno y de amable en la persona amada. Una entrega, para ser veraz, no es incondicional ni eterna, es evaluada y actualizada momento a momento. Por eso, cuando cambiamos nosotros y cuando cambian las demás personas (y no es posible estar vivo sin cambiar) nuestras alianzas cambian, aunque sea para fortalecerse si el objeto amado lo amerita. Por todo ello, en definitiva, un Protector sano es biófilo, es decir amante de lo vivo, y un Protector defectuoso es necrófilo, es decir amante de lo muerto. Les remitimos sobre este tema a la maravillosa obra de Eric Fromm, “El corazón del hombre”. Y también les informaremos de que, según nuestras investigaciones hospitalarias, esta enfermedad del alma produce cardiopatías de todo tipo. Según esas mismas investigaciones nuestras, el Protector rige, en el cuerpo humano, al menos los ojos, el corazón, el sistema circulatorio y la hipófisis, condicionando el estado de salud de dichos órganos y sistema.
En el plano trascendente, el Protector rige el alma. El alma no es algo etéreo e inmaterial, descubierto por especulación religiosa y que nos vuelve inmortales. Nuestras seis estructuras son inmortales si a eso vamos. El alma es una materia que constituye la esencia misma del Protector y que cada cual puede reconocer en sí mismo al verla actuar dentro de sí o desde el otro. El alma es, en la definición MAT, el anhelo de la entrega que se puede observar en un recién nacido que se abandona extasiado en los brazos de cualquiera que lo sujete con un Protector sano. Ese anhelo de la entrega, cuando evalúa una causa digna a la cual entregarse, se convierte en una maravillosa fuerza oceánica que sale del corazón y recubre al objeto de la entrega, fusionándose con él. Por ello, el alma lleva a la fusión en un momento que anhela eterno. Es porque todos los seres que tienen un Protector, y todos lo tienen, que tienen alma, y es por lo que se pudo descubrir el aspecto trascendente y religioso del alma, y no al revés.

¿En qué campos se manifiesta el Protector?
El Protector, como cualquiera de las estructuras humanas, se manifiesta en el campo de las seis estructuras de nuestra personalidad:
En su propio campo a través, por ejemplo, de pactos y alianzas. Cualquier pacto o alianza establecido con un Protector sano vela por que cada parte de los mismos salga ganando, y, si es posible, triunfando. Aquí habría que meditar sobre la mayoría de los pactos y alianzas que hacen ganar al fuerte o poderoso sobre el más débil. Pero este tema no es materia del Protector sino del Vitalizador, como ya veremos.
En el campo intelectual, en materia, por ejemplo de ayuda, solidaridad y repartición. En efecto, cuando existe un problema, y el Sintetizador que rige el intelecto es la única estructura que tiene como función el poner la inteligencia en obra, se trata, no sólo de resolver el problema de manera puntual, sino de ayudar a los demás ofreciendo soluciones propias que se puedan extender a otro. En eso consiste la ayuda. Por ejemplo, la ayuda humanitaria, parte del Sintetizador que detecta un problema y su posible solución, y recurre al Protector que evalúa la oportunidad de colaborar.
Nosotros, en nuestro trabajo de consultores, hacemos por ejemplo, como tarea del Sintetizador colectivo, la gestión del conocimiento. Se recolecta todo el conocimiento útil de cada integrante de la organización y se diseña un sistema para que todos compartan los conocimientos aportados por cada cual.
Y, también, como parte del trabajo del Sintetizador colectivo, organizamos la comunicación, la negociación y la venta, cuyas materias tratan de la irrupción del Protector en el Sintetizador. Daremos como simple ejemplo el de la comunicación: ésta trata de la detección o de la anticipación de un problema, de encontrar cómo solucionarlo, y de saber qué decir, todo ello tarea del Sintetizador. El querer decirlo a otra persona es ya tarea del Protector, así como regalarle sus palabras para causar el mayor bien posible.
En el campo vital, todo lo que se refiere al cuidado del cuerpo propio o de los demás es tarea del Protector en materia del Vitalizador. Asimismo, en materia de administración de justicia, la gracia, otorgada por quien legalmente está habilitado para ello, a un condenado, es tarea del Protector en el campo del Vitalizador.
Nosotros, como consultores, diseñamos la cultura así como el liderazgo personalizado. Cuando instrumentamos el documento de cultura, siempre escrita, en la división de recursos humanos (RRHH) y diseñamos la política de ayuda al personal, estamos haciendo intervenir al Protector colectivo en materia del Vitalizador. Y en materia de liderazgo, cuando diseñamos el cómo se debe regir cada directivo para garantizar el orden, la conservación y la justicia del ente colectivo, hacemos coaching (es decir, entrenamiento y ayuda) a los directivos para que puedan convertirse en buenos dirigentes y crear sentido de pertenencia en los demás.
En el campo de la creación, del crecimiento y de la innovación, todo ello tarea del Transformador, tomemos por ejemplo la metafísica, que trata de la relación interna y externa del ser humano con lo sagrado estableciendo pactos con la divinidad.
Nosotros, en consultoría, somos especialistas en saber cómo evaluar y alentar las posibilidades de creación de lo totalmente innovador en los integrantes de la organización.
En el campo Espiritual, tarea del Orientador, el Protector es la base y fundamento del funcionamiento de esa estructura. Tomemos como ejemplo, en materia religiosa, la justa creencia en que el alma es el fundamento del espíritu (campo del Orientador) y que, al rezar o morir es el espíritu el que arrastra al alma.
Nosotros, en nuestra labor consultora, somos expertos en planificación estratégica (tarea del Orientador) y en elaboración de escenarios a largo plazo. Cuando nos pronunciamos sobre el futuro, lo describimos de manera que todos puedan visualizarlo y evaluar las oportunidades abiertas para la organización, siendo estas dos últimas acciones tarea del Protector.
Y, como ya vimos, nos queda sólo recordar que en el campo espiritual, es decir trascendente, el Protector rige el alma.

Sus manifestaciones en el campo del arte y de la religión:
En arquitectura: El estilo románico es el mejor ejemplo de la presencia privilegiada del Protector en el campo de la arquitectura. Esas formas suaves y redondeadas, a la vez estilizadas, regias y rotundas, en las cuales el hombre encuentra un eco de su espacio interior íntimo que le presenta a la divinidad cercana, humana, dialogante, donde puede coexistir con ella sin miedo, ni juicios, ni pruebas, ni amenazas, ofrecen una visión del universo donde la semejanza, la cercanía, la intimidad en suma, se hacen accesibles.
En literatura: Tomaremos dos ejemplos para ilustrar la presencia dominante del Protector en el campo de las letras: las obras de Dostoievski y de Dante. El primero ilustra un Protector inflacionado, salvador y culpabilizado; allí el hombre se encuentra desarmado frente a su incomprensión del mal que hipoteca toda su estructura de personalidad, haciéndole cargar como una cruz con todo el peso del pecado original. Así se transforma en un falso redentor, siempre en deuda con los más cínicos, confundido y reiterativo en la compulsión del bien que confunde piedad con amor, en un universo donde no hay salida y sí arrinconamiento para el que se empeña, una y otra vez, en hacerse pisotear el corazón por verdugos causantes de los males y que no tienen interés alguno en liberar a sus víctimas asumiendo, sencillamente, la verdad.
El segundo, Dante, evidencia la existencia de un Protector en buen estado que recibe su energía de un Transformador deslumbrado por la potencia de lo creador, de lo crecedor, y que se entrega sin restricciones y con indesmayable valor a lo que en verdad merece ser amado: a Dios, a la pareja cuando ésta es el alma gemela, a la poesía eterna y universal, a todo lo autentico y lo alto en suma. De eso trata “La divina comedia”.
En música: La expresión musical del Protector se encuentra, en su mayor pureza, en Chopin y en Wagner. Basta escuchar la “Serenata”, por quedarse en un mero ejemplo de la obra de un compositor que dedicó su genio a la plasmación en sonidos de lo que es la unión real. En cuanto a Wagner, se puede asegurar que fue, entre todos los compositores clásicos, el que mejor supo expresar la cúspide del funcionamiento del Protector: la entrega absoluta al alma gemela, aquí y para toda la eternidad. Pensemos sobre todo en “Tristán e Isolda” y en “El holandés errante”.
En música popular, el bolero es la mayor modalidad de expresión del Protector en sonidos.
En pintura: El Protector se expresa máximamente en formas y colores en las obras de dos grandes pintores: El Greco y Chagall. El primero insiste más sobre la entrega a Dios a través de la iluminación mística, aun cuando pinta retratos de personajes que no tienen nada de divino. En cuanto a Chagall, el Protector encuentra su máximo colorido para pintar las raíces del ser y su entrega, en cada momento, al ser amado.
En religión: La expresión más pura del Protector, en lo referente a la religión, la encontramos en las palabras de Jesús en su “Sermón de la montaña”. El Protector, como ya vimos, se expresa en lo verbal en lenguaje conceptual y, también, por parábolas.

La unión del Rector y del Protector conforma el gran triángulo del SOCIALIZADOR que tiene como función la de socializarnos, pues, sin él estaríamos inermes ante la presencia de otro ser humano.

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot
El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

El ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 2: Final de la Introducción y Rector

El ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 2: Sigo con la Introducción iniciada ayer. Nos veremos con más el próximo Domingo, Dios mediante. Os deseo un Yom Kippur lleno de sabiduría y de paz.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

Nuestra aportación es el M.A.T., un instrumental científico, comprobado sobre más de 60.000 personas y organizaciones antes de ser divulgado, aplicado con éxito durante más de quince años y que empieza a ser conocido por una pequeña élite que tuvo y tiene mucha anticipación en el ámbito del conocimiento personal, organizacional y del entorno.
M.A.T. significa Metamodelo de Análisis Transformacional. Parte de un nuevo descubrimiento del ser humano a través de la revelación de sus estructuras, descubre los patrones de ingeniería de funcionamiento emocional universal que rigen esas estructuras, indica, en una secuencia acumuladora de energía, cómo ser líder de la propia vida y modelo conductual para los demás, y ayuda a alcanzar la plenitud en un proceso sereno y rápido, de gran impacto social.
Los que conocen el M.A.T. aseguran que es la Ciencia Humana más científica de cuanto conocen. El M.A.T. es un instrumental que se aplica tanto al conocimiento y mejora del ser humano como a cualquier organización ( ya sea ésta una pareja, una familia, una empresa, un gobierno, un país, un conjunto de países o el planeta), y, también, abre campos de investigación, aplicación y mejora en cualquiera de las ciencias humanas que hoy se conocen. También abre ventanas insospechadas en el campo del arte, de la innovación, de los descubrimientos y, de manera general, de la creación. Por eso es un Metamodelo. Como todos los Metamodelos, parece sencillo y no lo es.
El M.A.T. es un instrumental científico, no especulativo. Es objetivo porque, si bien reposa sobre su aplicación y comprobación a más de 60.000 casos, sus resultados permanecen invariables hoy, que ya vamos por los 120.000 casos. No hemos encontrado, los que conocemos el M.A.T., caso alguno en que no se apliquen. Además, es transmisible, es decir que se puede enseñar a manejar con maestría y autonomía. Por ello, es una disciplina de análisis. Como todo instrumento de análisis, requiere una formación.
El M.A.T. es universal. Es decir, los mismos resultados se encuentran inmutablemente en cualquier país o lugar, y desde que el ser humano existe y se manifiesta como tal. El M.A.T. logra, en su aplicación, y desde el primer día de enseñanza, expandir el campo de conciencia y de acción de cada sujeto analizado y llevarlo a un nivel de creación y de transformación siempre superables. Por eso es un instrumento de transformación. Y como todo instrumento de transformación, requiere de una guía por un facilitador que ya franqueó, con éxito, la fase de crecimiento alcanzable por el alumno.
La creación del M.A.T. fue una conjunción entre una historia de vocación temprana, de preparación académica y profesional seria y orientada, y de mucha suerte.
Los resultados obtenidos con el estudio y la aplicación del M.A.T. han sido y siguen siendo esperanzadores en el campo de las ciencias humanas y abren nuevas perspectivas para lograr el florecimiento humano, organizacional, social y político a partir del siglo XXI. Este libro sólo tratará del enfoque humano básico del M.A.T., porque la revolución que aporta este instrumental es la base de posteriores aplicaciones, desarrollos y creaciones que venimos registrando desde 1988. Este es un intento de divulgación de un instrumental complejo, para hacerlo comprensible y de fácil y, si posible, grata asimilación por cualquier persona de nivel medio-alto. Uno de nuestros más brillantes estudiantes está actualmente escribiendo un libro de divulgación del M.A.T. al alcance del gran público.
En esta obra, tan sólo iniciaremos nuestra divulgación por cuatro de los instrumentos básicos del M.A.T.
En el primer capítulo mostraremos la estructura innata del ser humano, es decir la instalación real que compartimos, todos los seres humanos, y su funcionamiento. Estudiaremos, de manera objetiva, el inventario de tesoros que tenemos todos y cada uno de nosotros, examinando el donde, el qué, el cómo, el porqué, el cuando y el para qué de cada uno de ellos. Y aprenderemos a valorarlos y a amarlos antes de decidir compartirlos, pues, como es obvio, sólo se puede decidir entregar lo que se sabe que se tiene.
En el segundo capítulo mostraremos la energía que permite funcionar a la estructura y descubriremos, con intensa alegría, nuestra potencia. Estudiaremos, para ello, las emociones auténticas humanas, su racionalidad y su funcionamiento.
En el tercer capítulo nos ocuparemos de descubrir las antenas que nos permiten percibir el mundo: nuestros sentidos. Con esos tres conocimientos ya tendremos las bases para comprender la revolución que representa el M.A.T. en la historia del autoconocimiento. Luego podremos conocer la historia universal de nuestra gestación, de nuestro nacimiento, de nuestra primera infancia y de nuestra evolución posterior hasta el momento actual. Accederemos así a hacer retroceder el miedo, al adquirir la seguridad que da el conocerse e sí mismo y conocer a los demás, apreciando nuestras diferencias de personalidad y detectando cuales son nuestras competencias, cuales son nuestros talentos y cuales son nuestras vocaciones.
En el cuarto capitulo descubriremos los seis patrones universales de funcionamiento en sus 36 versiones comunes. Para ello, estudiaremos las tipologías matriciales de personalidad y sus fases de evolución que permiten diagnosticar el estado de deterioro real de los seres humanos y las vías M.A.T. para recuperar su integridad perdida.
En el quinto y último capítulo examinaremos la incidencia de las tipologías M.A.T. sobre las creaciones más inmediatas del ser humano: las organizaciones que crea (pareja, familia, empresas, asociaciones, estados, grupos de estados, y organización del mundo). Terminaremos examinando otra manifestación del funcionamiento humano: las ideologías. Empezaremos por diagnosticar las ideologías generacionales, como lo ilustramos en esta introducción pero ya dando las claves M.A.T. para su estudio en profundidad. Veremos cuales serán las ideologías generacionales futuras que dominarán el mundo hasta mediados del siglo XXI.
A continuación examinaremos las ideologías seculares y sus leyes M.A.T. que las hacen más inteligibles y controlables. Partiremos del siglo XX y remontaremos hasta el siglo XV asombrando al lector con la potencia y cientificidad de este nuevo instrumental: A continuación mostraremos las tendencias que dominarán las ideologías de los siglos XXI, XXII y XXIII, momento en que prevemos que la historia del mundo entero podrá girar en la dirección válida para crear una civilización que instaure y garantice el florecimiento del esplendor de lo humano.
Terminaremos este capítulo con un breve examen de las ideologías milenarias remontándonos a dos milenos antes de nuestra era y proyectando sobre el estudio del tercer milenio. Pues ahora, con esta nueva ciencia, podemos ser constructores de la historia y ya no sujetos pasivos de ella.
Concluiremos este libro volviendo de lo absolutamente grande, los milenios, a lo absolutamente pequeño, la célula, para mostrar que las mismas leyes se aplican ineluctablemente y afortunadamente. Introduciremos en anexo nuestras breves conclusiones en investigaciones hospitalarias sobre la incidencia de las disfunciones del patrón de ingeniería emocional M.A.T. de la estructura humana sobre enfermedades de alto riesgo.
Y, para el lector curioso e interesado en conocer las aplicaciones del M.A.T. en materia de comunicación, liderazgo, identidad y potencialidades nacionales, cultura organizacional, conocimiento del inconsciente personal y planificación estratégica del cambio en organizaciones remitiremos a los que así lo deseen a la consulta de nuestra página Web: http://www.mat.

CAPITULO 1
DE LA ESTRUCTURA HUMANA DE PERSONALIDAD.
En este capítulo iniciamos el conocimiento de este primer instrumento del M.A.T., el de la estructura universal innata de personalidad humana, para conocer el potencial de diseño y de instalación que todos los seres humanos, en este planeta, tenemos desde el preciso momento de nuestra concepción. Este potencial se desarrolla y se transforma durante nuestra gestación y produce un bebé humano a quien le va a tocar crecer. En este primer capítulo analizaremos tan sólo el diseño -o más bien, una representación geométrica y simbólica aproximativa del diseño- y la instalación, como si se tratara de un plano para la fabricación de un televisor o para la edificación de una casa. Es decir, propondremos un esquema para responder a la pregunta de qué contiene la instalación de un ser humano para desempeñar todas sus funciones posibles. En el capítulo siguiente propondremos un nuevo instrumento que estudia la ingeniería de funcionamiento de ese ser humano y responderemos a la pregunta de cómo funciona, con qué tipo de energía funciona correctamente.
La estructura universal de personalidad M.A.T. se divide en seis estructuras comunes a todos nosotros desde que el ser humano aparece sobre este planeta. Estas seis estructuras se agrupan en tres conjuntos funcionales.
El primer conjunto reúne dos estructuras cuya función es la de permitirnos ser entes sociales y socializables. Y, como cualquier mamífero, somos entes sociales y socializables a partir del momento de nuestra gestación donde empieza a establecerse y a desarrollarse la relación tú-yo con nuestra madre biológica. Por ello, denominamos EL SOCIALIZADOR a este conjunto. El Socializador se divide en dos estructuras a la vez complementarias y opuestas que nos permiten, alejarnos de, o acercarnos a, nuestros semejantes. Las llamamos El RECTOR y El PROTECTOR. El Rector discrimina los peligros y amenazas a la totalidad de nuestra estructura y establece los límites que nos preservan de la invasión o del desbordamiento de nuestro territorio, cerrándonos al enemigo interno o externo. El Protector, al contrario, abre puertas y determina qué, y quién, y si algo o alguien, es benéfico para nuestra vida, y establece uniones y confluencias. El Rector establece fronteras, impone límites y niega el acceso. El Protector acerca, autoriza el acceso, y afirma la unión entre dos o más personas. Si bien El Rector dice no, el Protector dice sí. El Rector es responsable de la función de seguridad y el Protector es responsable de la función de pertenencia. El Protector analiza el espacio y muestra el cuándo de las cosas. El Rector diagnostica el estado de las cosas y muestra el dónde de las cosas.
El segundo conjunto funcional se compone de una sola estructura y lo llamamos EL SINTETIZADOR. Esta estructura es la responsable de nuestra inteligencia. Es como un increíble computador que nos permite archivar y memorizar, programar y procesar, combinar y mezclar, detectar opciones y elegir las mejores. El Sintetizador es responsable de la función de desarrollo. El Sintetizador analiza el qué de las cosas.
El tercer conjunto reúne tres estructuras y lo llamamos EL CONECTADOR. Nos permite conectar con la realidad total. Abarca EL VITALIZADOR, EL TRANSFORMADOR y EL ORIENTADOR. El Vitalizador nos permite conectar con la realidad palpable del aquí y del ahora y reaccionar ante ella. Muestra el cómo de las cosas y las acepta o las descarta según sean verdaderas o no. No acepta mentiras y, por ello, es responsable de la función de justicia. El Transformador nos conecta con nuestra capacidad de transformación, de creación y de crecimiento por cambio (salto cuántico). Muestra el por qué de las cosas y es responsable de la función de estatus, es decir de la talla verdadera que tenemos en cada instante. El Orientador nos permite conectar con la realidad inconsciente y trascendente para enriquecer nuestra conciencia elevándola y ampliándola. Dice el para qué de las cosas, y así, su finalidad y es responsable de la función de plenitud.
Ahora toca analizar a fondo cada estructura para conocerla y percibir si capacita o no para la totalidad de la función para la que es diseñada. Al término del análisis veremos si sí o no, con esta instalación sextidimensional, podemos abarcar todas las acciones humanas.

I. EL RECTOR:
El Rector nos permite diagnosticar, como un médico, el estado de las realidades con las cuales entramos en contacto, tanto internas como externas. Permite saber si algo, en nosotros o afuera, es peligroso y representa una amenaza, cualquier amenaza a cualquiera de nuestras estructuras. Permite desempeñar la función de seguridad. Detecta lo que no es normal, bueno, conveniente, ético, vivo, actual, grande, amable, etc. Detecta todos los no que se deben y conviene erigir para que la vida fluya y siga fluyendo. Detecta los límites de nuestras realidades, acciones, pensamientos, imaginaciones, posibilidades etc, y permite hacer retroceder los límites de lo posible sobre la base de la seguridad, determinando y ensanchado nuestro campo de acción. Muestra el dónde de las cosas.

¿Qué es lo que hace el Rector?
– El Rector diagnostica: Nosotros, como consultores M.A.T. en Dirección de Empresas, comenzamos siempre nuestra acción con un diagnóstico de la organización. Verificamos la existencia de las seis estructuras de personalidad de la empresa, pues nosotros innovamos una biogerencia y detectamos los fallos y patologías en el funcionamiento del ente colectivo. Detectamos lo que no funciona correctamente y compromete el equilibrio y la armonía de una empresa sana. Diagnosticamos el estado de enfermedad de la organización y proponemos un plan de acción (es decir un tratamiento) capaz de restablecer la salud integral de la organización. Ponemos a funcionar adecuadamente cada estructura, rediseñamos la interrelación entre ellas, y planificamos a futuro objetivos y metas que le devuelvan la trascendencia.
Otro ejemplo: Cuando estamos enfermos, vamos al médico que examina el funcionamiento general de nuestro cuerpo. Cuando localiza el o los puntos de disfuncionamiento, es decir de desequilibrio y de fallos en la interrelación, establece un tratamiento que nos devolverá la salud, la armonía.
El Rector tiene como función la de establecer, internamente y externamente, evaluaciones del estado de funcionamiento de nuestra estructura, detectando los desequilibrios intraestructurales e interestructurales. Es decir, detectando lo que no funciona en nuestra personalidad o en la relación con los demás. Cuando analiza las causas (pasándole la información a otra estructura, el Sintetizador) determina lo que no hay que seguir haciendo para poder restablecer la armonía. Para ello, erige prohibiciones, como la de no comer azúcar si existe diabetes.

-El Rector establece límites: Nosotros, en nuestro desempeño profesional, cuando detectamos por ejemplo que el Rector empresarial está invadiendo el terreno o el campo de acción de otra estructura, trabándola en este caso – pues el Rector es el de los “no”- delimitamos el campo de acción de cada una de las estructuras para que el Rector retroceda y se libere la estructura frenada, pudiendo actuar. Por ejemplo, si detectamos que el control sobre la iniciativa y la creatividad (tarea del Transformador) es exagerado, resituamos al Rector y ensanchamos el campo de acción de la división de innovación, por ejemplo, para restablecer la salud de la organización.
En un conflicto territorial de zonas de pesca, el legislador delimita las fronteras que separan las aguas territoriales de la zona internacional, común a otros vecinos. Cada una de estas zonas se regirá por regímenes diferentes. Y el desarrollo de la actividad de pesca, podrá desempeñarse, entre nacionales y foráneos, en paz y armonía.
En nuestro corazón, por ejemplo, están delimitadas las zonas que reciben y bombean la sangre sin oxígeno, y las que hacen circular la sangre oxigenada. La mezcla de las dos sangres produce una enfermedad bien conocida que necesita intervención quirúrgica para separar los territorios y devolver la armonía y la salud.
Cada nación delimita su territorio y así puede nacer un estado, con fronteras bien definidas. Las áreas de acción entre poder legislativo, ejecutivo y judicial serán delimitadas muy meticulosamente para que reine la armonía y la paz en una democracia. En una dictadura, todos los poderes, sin límites, estarán concentrados en el dictador, y dependerá del funcionamiento de su estructura de personalidad la armonía practica a la cual podrá acceder el estado.
Cuando compramos o alquilamos una casa, estamos comprando límites contra la intromisión de vecinos y extraños.
Y cada ser humano, aunque viva sin techo o en una cárcel, tiene límites de todo tipo: territoriales, el que ocupa su propio cuerpo, y el Rector le impondrá el respeto del territorio de los cuerpos ajenos, no debiendo matar, ni pegar, ni violar, por ejemplo. Emocionales, el de su alegría por ejemplo, no debiendo avasallar e invadir el turno de palabra de los demás. De pertenencias, no debiendo robar pertenencias ajenas. De movimiento, no debiendo atropellar a paseantes por ejemplo. Espirituales, no debiendo invadir la conciencia de otro con sus propias representaciones de lo sagrado, por ejemplo. Tenemos y necesitamos límites de todo tipo si queremos vivir en sociedad, y también solos, si no, no se aislaría a los dementes que se pueden auto lesionar. De alguna manera o en algún aspecto, como veremos, todos estamos locos .

-El Rector legisla: Impone y se impone normas para vivir en armonía con los demás. El derecho natural impone normas universales que garanticen la armoniosa convivencia y el respeto a escala universal. El derecho internacional rige la vida entre las naciones. El derecho comercial rige el orden y la pulcritud en los intercambios entre sociedades y entre personas. Y las normas familiares rigen la convivencia dentro de la responsabilidad entre los miembros del clan. Nuestro código de ética individual rige los límites de lo que creemos que debemos, o no, hacer.
En nuestro quehacer empresarial atendemos y normatizamos la función de personal, la función de control, la función de seguridad y la función de sanidad como campos de acción del Rector organizacional colectivo.

-El Rector defiende: Es importante diferenciar la función de defensa de la función de ataque. El Rector defiende, es decir, impone límites de no invasión. El Vitalizador ataca, es decir, reacciona contra la invasión, eliminando el agente patógeno. La piel, en nuestro cuerpo, delimita la zona del territorio geográfico que hay que defender. De contactos indeseables y de microbios, por ejemplo. Sin piel no podríamos sobrevivir.
En España, el Rey es el mando supremo de las fuerzas armadas, y el jefe de gobierno dirige, a través de un ministro, la función de defensa, de policía, de guardias civiles, de sanidad. La función de defensa y de sanidad consiste en las maneras de detener la invasión de lo peligroso e indeseable en el cuerpo social.
Un ejemplo del Rector en el campo de la conducta social: si alguien se comporta con nosotros de manera abusiva, nos cerramos, cruzando los brazos. Procesamos la información con otra estructura, el Sintetizador, que nos permite detectar opciones. Reaccionamos con el Vitalizador.
Si nos sentimos incómodos con una persona, nos estamos defendiendo de ella con nuestro Rector. Es en ese momento cuando tenemos la elección de recurrir a nuestra creencia (Rector) sobre gente como esa persona o recurrir a nuestro Sintetizador para analizar qué pasa con esa persona y actualizar la creencia anterior en función de esta nueva experiencia. Ese dilema es el que separa un Rector lozano y fresco, siempre actualizado y que no establece generalizaciones abusivas, fabricando una nueva creencia, más acorde con el aquí, y otro Rector que se contenta con recurrir a la generalización a partir de experiencias del allá, y reproduce un patrón de conducta prejuiciado y repetitivo.

-El Rector Localiza: La función de defensa es imposible sin la localización. El establecer el dónde está la molestia nos permite ir al médico y orientarlo. Si un niño se cae, lo levantamos y le preguntamos dónde se hizo daño para poder intervenir y saber lo que no se debe hacer.
Si tenemos un problema, cualquiera que sea, nuestro Rector intervendrá inmediatamente porque se rompió la armonía y localizará dónde está el problema, si en nosotros, o en relación con alguien, antes de proceder a cualquiera de sus acciones.
Por ejemplo: nos perdemos en una calle. Preguntamos dónde estamos antes de analizar cualquier otra acción. Primero atendemos a la función de seguridad. Luego veremos qué hicimos (Sintetizador) para perdernos y luego veremos cómo salir de allí (Vitalizador).
Otro ejemplo: nos sentimos incómodos de repente en una fiesta. Lo primero es ver dónde está el problema y de dónde surgió. Localizaremos si el problema está en nosotros o si viene de afuera. Si no ocurrió nada particular y simplemente surgió nuestra timidez, ya sabemos cómo proceder. Si es porque otra persona nos miró con hostilidad, ya examinaremos si nosotros procedimos como nuestro Rector cree que debemos proceder o si es el Rector del otro el que no respeta normas y límites y permite al agresor atacarnos.

-El Rector separa: y por ello garantiza el orden. El Rector discrimina por ejemplo que una bicicleta no debe estar en un salón y debe ir a su lugar. Sin separación, no se puede establecer un diagnóstico y mezclamos peras con manzanas, sin discriminación ni orden.
Por ello, el Rector dice “no” y dice “o”. Por ejemplo, si la discordia reina en una pareja interviene la separación de cuerpos y de bienes. “No” se puede permanecer bajo el mismo techo. “O” estamos mal juntos “o” estamos mejor separados. En sociología se analiza perfectamente este fenómeno cuando se estudia las sociedades primitivas, donde los bienes y recursos son en gran parte compartidos, y las sociedades más evolucionadas donde la posesión está más individualizada.
Nuestro cuerpo está perfectamente diseñado para separar lo que no se debe mezclar, por ejemplo en el proceso de la digestión que asimila lo que es útil y lo separa de las materias fecales que son tóxicas. Otro ejemplo evidente: los gemelos comparten una misma bolsa durante su gestación, pero el Rector de cada uno de ellos produce la separación entre los cuerpos. En el lugar en que no lo hacen, los bebés nacen siameses y es preciso separarlos quirúrgicamente. Esto es válido para cualquiera de nuestros órganos y para la morfología de cualquier órgano. El dicho popular “juntos pero no revueltos” resume esa función de nuestro Rector.

El Rector se manifiesta mediante veredictos, creencias, convicciones, opiniones y juicios de valor sobre lo que está mal o es peligroso. Como todo el resto de nuestra estructura, está capacitado para estar en permanente evolución y actualización si cumple su propósito.

El nombre que le pusimos, el Rector, se debe a su función en nuestra estructura: la de regir el orden que se debe seguir en todos los órdenes para que la vida fluya. Su importancia es vital, como ya veremos, porque sin Rector, no hay supervivencia posible. Y, menos aún, vivencia. El Rector tiene como primerísima función la de regir el equilibrio y la armonía de la totalidad de la estructura. Para ello, impone límites que todos debemos respetar para posibilitar la vida en sociedad. Algunos de los diez mandamientos son ejemplos de límites impuestos a la sociedad de nuestros antepasados.
En nuestro diagrama, página 122, el Rector está representado por un triángulo arriba a la derecha en el diagrama de la estructura desplegada, y en el círculo, arriba a la derecha en el diagrama de la personalidad integrada. Pues es evidente que si introducimos el Socializador en el círculo del Sintetizador y, a continuación, introducimos el Conectador, obtenemos el diagrama de la derecha que simboliza la estructura perfecta, es decir, de dimensiones justas, exactas, todas integradas, interrelacionadas y en equilibrio. Es a esa estructura a la que debemos llegar, como indicaremos en el desarrollo de esta obra. Esta meta es factible y la hemos alcanzado todos los que hemos crecido con el M.A.T. Este crecimiento se logra en una media de dos años de formación. Poco importa cuál sea el punto de partida.
Cuando funciona bien, es decir, tal y como fue diseñado para ello, el Rector se manifiesta como un guardián ético, digno, prudente, realista, tranquilo, armonioso y equilibrado. Toma en cuenta la fuerza real, el momento y el lugar en cada situación. Veamos algunos ejemplos:
Si queremos hacer caminar a un bebé de seis meses, nuestro Rector diagnosticará peligros para el cuerpo y la mente del bebé, y determinará que hay que sujetarlo en brazos y sin contacto excesivo con el suelo para despertarle las ganas de caminar cuando esté preparado para ello. Si el bebé tiene diez meses, ya se le puede instalar en un andador. Si tiene catorce meses, desaparecerá el peligro y el Rector ya no se opondrá. Le tocará intervenir a otra estructura, al Protector.
Si queremos introducirnos en zonas peligrosas de una central nuclear, nuestro Rector nos alertará sobre la necesidad de ponerse un equipo de protección adecuado para evitar el peligro de radioactividad.
Si queremos tirarnos al vacío desde 2.000 metros de altura, nuestro Rector nos impondrá el uso de un paracaídas en buen estado.
Si queremos colocarnos frente a un toro bravo, el Rector impondrá límites imposibles de cumplir si no se es un torero profesional.
Como queda claro, la creencia, nacida de experiencias repetidas, es la que va a condicionar que el Rector se oponga a, o acepte, una acción. Si la creencia es errónea, trasnochada, frenadora del desarrollo, fanática, tópica, o demasiado conservadora, el diagnóstico emitido por el Rector estará equivocado y el veredicto frenará o imposibilitará no sólo la acción final, sino hasta siquiera el análisis de la situación. El Rector verá fantasmas donde no los hay.
En caso de violación, o de otra experiencia muy traumática, el Rector puede quedar fijado en peligros del pasado y proyectarlos sobre el presente, anulando el impulso vital y poniendo en entredicho la armonía del fluir de toda la estructura.
En los dos últimos ejemplos, el Rector, en vez de cumplir con su función real – la de garantizar y posibilitar el fluir de la vida en seguridad y armonía- la traba. En vez de garantizar el poder pensar, reaccionar, imaginar, acercarse y disfrutar de algo bueno, se convertirá en su opuesto: el de ser un frenador de lo posible.
Afirmábamos antes que el Rector determina dónde están las cosas. Si la respuesta es: “aquí y ahora”, es conveniente fiarse del veredicto. Si es “en el allá y el entonces” sería recomendable revisar la bondad del diagnóstico que originó la sentencia. Si un hombre insultado decide sacar su espada y batirse en duelo, o dispararle un tiro al agresor, su Rector le está autorizando acciones peligrosas. El dónde no está en el aquí y el ahora sino en el siglo XIX o en el Far West.
Si nuestro Rector nos advierte de un peligro cuando deseamos acercarnos a otro ser humano, y preguntamos dónde está el peligro, para voltearnos hacia él y estar vigilante, y nuestro Rector responde que el peligro está en que la persona en cuestión le recuerda a su propio padre que le pegaba cuando se acercaba a él a los tres años de edad, detectaremos que el peligro era real en el allá y el entonces y que ni nuestras defensas son las mismas hoy, ni hay razón alguna para desconfiar por principio de la persona actual.
Como recomendación, si alguien o nosotros mismos, a partir del Rector, erige una barrera o instaura un límite, es útil preguntar, no el por qué sino el dónde está el peligro. Y muchas veces veremos que proyectamos en los demás o en lugares actuales, peligros que nos impresionaron en el allá y el entonces. Así dejamos de actualizar el Rector, que se convierte en su antítesis. Millones de ejemplos nos podrían avalar.
Por ejemplo, los grupos de exilados, las sectas, las familias defensivamente unidas, tienen problemas de funcionamiento del Rector: con toda seguridad, en el allá y el entonces, había peligros reales que amenazaban al grupo. Mas el proyectar, en el aquí y el ahora, riesgos que eran auténticamente válidos antes, limita al grupo en sus mismas oportunidades actuales de convertirse en un ente feliz, libre e integrado armónicamente.
Cuando la situación anterior se produce, el Rector falla a su función por exceso o por defecto. Por exceso, se torna rígido, inclemente, fanático, castrador, enemigo del cambio, controlador, maniático. Impondrá prohibiciones y límites inadecuados que, en vez de defender la vida, la coartará. Por defecto, se vuelve cínico, avasallador, oportunista, negador de la dignidad propia y ajena, tramposo, aprovechado. Derrumbará límites necesarios a la vida en sociedad. En el primer caso, por exceso, la estructura se infla y desequilibra la armonía de la totalidad de la personalidad, por inflación. En el segundo caso, por defecto, la estructura rectora se atrofia y se llega a una falta de armonía gráficamente contraria, por deflación.
Como ejemplo del primer caso, podríamos tomar el Rector de cualquier dictador, en cualquier tiempo y lugar, ya sea un dictador en la familia, en el clan, en una región, y, también, de manera interiorizada. Empecemos con el ejemplo del funcionamiento interno, individual: muchos de nosotros sufrimos de diálogos internos, es decir de problemas de mala conciencia ante algo bueno e inocente. En este caso, cuando decidimos realizar algo agradable e inocente, sentimos cómo especies de mandatos, muchas veces parentales, nos critican interiormente, persiguiéndonos. Cuando decimos “cuando como me siento culpable” o “ cuando digo “no” me siento mal” o “cuando hago el amor con mi pareja me siento sucia”, estamos revelando la existencia de un Rector invasor que traba el fluir de nuestro ser. Es como si nos hubiéramos “tragado” a un dictador interior que no nos deja respirar y que debemos vomitar. La Gestalt es una escuela psicológica que estudia y cura este fenómeno.
Decíamos anteriormente que el ejemplo del dictador evidenciaba un Rector inflacionado. En efecto, hay personas que no pueden concebir la vida sin control sobre los demás. Lo controlan maníacamente todo, y no sólo lo que los demás hacen sino lo que piensan, sienten o anhelan. Y se creen investidos de la misión de encauzarlos hacia “el recto camino”, el de la amputación de partes vivas de sí mismos. Tener a los demás controlados, castrados, sometidos, manipulables, éste es el sueño imposible del dictador. Con lo cual, en algún momento o lugar sus víctimas se despiertan y el que queda amputado de parte de su propia estructura es el propio dictador, que va a necesitar un tratamiento de rehabilitación para poder recuperar la salud integral de toda la estructura. Es la estructura del propio dictador la que queda peor parada.
Como ejemplo de Rector deflacionado, el que falla por defecto, podríamos contemplar el sencillo caso de alguien, invitado a una fiesta y que se come toda la comida preparada para todos o que se pone en el centro de la reunión y pugna por hablar más que los demás, llamar la atención, interrumpir el turno de palabra de sus interlocutores. En este caso, se necesitará recurrir al Rector bien equilibrado de otros para frenar al invasor y abusador, restableciendo la armonía. En terapia, habrá que nutrir y hacer crecer el Rector del paciente para que sepa imponerse y respetar límites necesarios para la vida en sociedad.
Decíamos también que el Rector se manifiesta a través de creencias, opiniones y juicios de valor. Un Rector limpio, que funciona bien, tiene un mínimo de creencias, todas actualizadas y todas provisionales, que se recuestionan a sí mismas como higiene básica. Un Rector que funciona mal, está trufado de creencias y de convicciones y emite opiniones como veredictos. Así se convierte en frenador de la conducta ética y adecuada.

Ocupémonos del Rector que funciona bien. ¿En qué campos o materias se puede manifestar?
– En su propio campo, el del Rector mismo, se manifiesta a través de legislaciones, normas y decretos. Todo el campo del derecho, de la seguridad, de la salud, del control es su terreno natural. Ya sea en el ámbito interior (recta conciencia), nacional, organizacional o familiar, el Rector cumple así con su cometido.
– En el campo intelectual, es decir como seguridad de nuestro Sintetizador, tomaremos como ejemplo el principio de realidad en lógica, definido como la capacidad del individuo de comparar un deseo o un impulso con la realidad con el fin de comprobar si es o no factible, que es una manifestación de la existencia del Rector. Por ejemplo: quiero volar tirándome de un décimo piso. Diagnostico que no es factible porque sólo lograría estrellarme o matarme.
– En el plano vital, es decir en el campo del Vitalizador, el instinto de conservación, que nos acompaña en todo momento y nos permite movernos por la vida, atestigua la existencia de un Rector. Otro ejemplo entre cientos podría ser el ejercicio de la justicia en magistratura.
– En el campo filosófico, es decir en materia del Transformador, se puede citar la ética como materia de desarrollo.
– En el campo social, es decir en materia del Protector, la cortesía y la caballerosidad muestran la existencia del Rector en las relaciones entre la gente.
– En materia espiritual, es decir en el campo del Orientador, el Rector rige la armonía en todos los campos y materias, lo que tiene una relevancia trascendente y esencial. Por ejemplo, en estética, la armonía es cuestión de justo balance de proporciones y tonalidades. Ese justo balance es tarea del Rector.
Podríamos multiplicar los ejemplos, pero éstos sólo están aquí para ilustrar la estrecha relación y la interdependencia que existe entre todas las estructuras de nuestra personalidad.

Terminemos este apartado dedicado al Rector con unas pocas ilustraciones de su manifestación en el arte y en la religión.
– En arquitectura, el estilo gótico manifiesta la irrupción del Rector. Cualquier catedral gótica nos remite a la aspiración a hacer retroceder los límites, deslumbrándonos con la armonía lograda por los maestros que la edificaron.
– En literatura pondremos dos ejemplos: Tolstoy y Cervantes. “Ana Karenina” muestra en todo su desarrollo un Rector invasor, con el peso de reglas sociales que terminan por conducir a la muerte a la protagonista. En “el Quijote”, el personaje nos muestra el despliegue de un Rector adecuado y trascendente al servicio de la armonía.
– En música, daremos como ejemplo la obra de Benjamín Britten y de Anton Bruckner como claros y nítidos ejemplos de la manifestación del Rector.
– En pintura, Bruegel, y antes la pintura gótica, presentan la primacía del Rector en las inquietudes del artista.
– En materia de religión el primer capítulo del Génesis, que cuenta la creación del mundo y de las criaturas que lo pueblan, revela las leyes y normas que el creador impone para conservar y garantizar la armonía. Muestra también, mas eso es tarea del Vitalizador, cómo imparte justicia en caso de violación de la ley.

Nuestras investigaciones hospitalarias nos permiten señalar que, en el cuerpo humano, dependen del Rector o lo conforman, al menos los riñones, el cerebelo, el sistema inmunitario y la piel. Esto, a título de ejemplo.

A continuación os pongo el diagrama de la ESTRUCTURA MAT DE PERSONALIDAD UNIVERSAL HUMANA. A la izquierda dibujo la estructura desplegada y a la derecha la estructura integrada. El Rector lo tenéis arriba a la derecha. (Sigue dentro de dos días) 🙂

Estructura MAT de personalidad - Preciada Azancot

Estructura MAT de personalidad – Preciada Azancot

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot