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UNA ADVERTENCIA NOBLE

Los palestinos no dejan de lanzar cohetes contra Israel. Fuente: Facebook -  Support Israel - תמיכה בישראל

Los palestinos no dejan de lanzar cohetes contra Israel. Fuente: Facebook –
Support Israel – תמיכה בישראל

Siempre los mismos ponen la destrucción y luego se acusa a Israel ,que es la víctima del ataque. Eso sí que es antisemitismo: la negación al derecho de existir y a la presunción de inocencia.

De lo que el Mundo no es consciente es que, al negar la grandeza afuera -Israel sí que es un genio colectivo-, también se la niega interiormente e individualmente en los perseguidores que cultivan así, sin proponérselo, el auto-odio y la negación de todo espíritu de superación y de evolución del ser humano. Esto es una relación de pura física de vasos comunicantes y de causa a efecto. Además, es cancerígeno: la rabia en vez de amor por lo amable, siempre termina en cáncer.

Mientras que los que se creen buenos aboquen por el paternalismo en vez de por el Humanismo -los Judíos son los creadores y continuadores del Humanismo- y piensen que “pobrecitos Judíos, también tienen derecho a existir”, en vez de aplaudir y revindicar que los Judíos son el mayor patrimonio cultural de la Humanidad y su insigne civilizador, todo irá al revés y nada estará en orden.

Luego cuando la sociedad cae, como ahora, en la involución y en la degeneración, buscan culpables afuera en vez de rectificar la negación de lo admirable.

Apenas queda tiempo de rectificar y los Judíos estamos más que hartos de ese siniestro hábito de ser designados como el chivo expiatorio, cosa que YA NUNCA MÁS VAMOS A TOLERAR. Hasta ahora, la resistencia y la libertad venían sólo desde Israel, pero ya hoy en la Diáspora también tenemos más que claro cual es nuestro lugar, nuestros méritos y nuestros derechos. Quedan avisados.

Preciada Azancot. 6/10/2016.

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EL DIAGNÓSTICO, FUNCIÓN SUPREMA DE SEGURIDAD

Por Preciada Azancot

A raíz de la noticia: “Israel / Atentado frustrado en el Valle del Jordán

Fuente: Haatetz / Gili Cohen, a través de enlacejudio.com

Fuente: Haatetz / Gili Cohen, a través de enlacejudio.com

Lo que pasa con los Sociópatas, es que sus enemigos no son los seres humanos (a los que desprecia), sino el Creador, así que la obsesión excluyente que les mueve es la hacerLE sufrir a través de la destrucción de Su obra.

Mientras la Sociedad no conozca la abismal diferencia que existe entre una mala persona y un Sociópata que es un FRÍO, CONSCIENTE y PREMEDITADO enemigo de Dios -y cuyo narcisismo disfruta insaciablemente, cual vampiro, del daño que provoca y que se convierte en droga y pulsión creciente- no habrá ni diagnósticos fiables, ni seguridad.

Y mientras en cada Estado, no exista un Consejo de Seguridad Independiente compuesto por profesionales expertos en diagnosticar a los políticos y personas públicas, así como a las personalidades de las organizaciones, y se vete a todo Sociópata el acceso a toda Institución, Partido Político o Administración, y por supuesto a toda organización que se ocupe de personas indefensas (educación, hospitales, templos, prisiones, etc.) NO EXISTIRÁ NADA SEGURO, ni fiable, ni ético que garantice la normalidad a los ciudadanos.

Preciada Azancot, 10 de enero de 2016

¿QUÉ ACONSEJARÍA YO CON RESPECTO A LOS MUSULMANES EN EUROPA?

Si me tocara ejercer mi profesión de toda la vida, como Consultora en Planificación Estratégica y me pidiera mi punto de vista un gobierno de país europeo, recomendaría lo siguiente:

1º) Ofrecer una particular protección y ayuda para expresarse públicamente a los Musulmanes de nacionalidad europea y residentes legales, que quieran expresar la belleza y concordia que propugna el Islam de modo general, así como su amor por la democracia y por el país que les dio identidad nacional, pues tienen la suerte de vivir en democracia y ostentan el deber y el derecho de no permitir que los sociópatas de turno difamen su cultura y su sistema de pertenencia. Pondría a muchos comunicadores y medios a su disposición y me preocuparía de garantizar su seguridad de modo muy, pero que muy firme, algo así como en protección de testigos. Eso se debería haber hecho con los Alemanes que odiaban el nazismo, pero como nadie quiso asumir que estábamos en guerra, ni que se trataba de psicópatas asesinos en serie, no se hizo.

2º) Autorizaría que se lleve el velo en la cabeza pero quedaría absolutamente prohibido ir por la calle -no sólo en espacios públicos- con la cara tapada. Esto es para fuerzas especiales anti-terroristas en acción. Para nadie más. Si las tribus urbanas pueden ir con rastas o gorras de béisbol del revés, con más razón han de hacerlo los que siguen pacíficamente los preceptos de su propia religión. Para los transgresores, a la tercera multa, expulsión, como en el carnet de conducir. También dispondría que en los colegios existiera un menú vegetariano para los que no pueden o no quieran comer alimentos prohibidos en su escala de valores. Daría cursos de iniciación e información sobre los fundadores de las seis religiones reveladas monoteístas a los niños, pues ya está bien de tanto espíritu sectario y de tanta ignorancia en Europa, sobre lo espiritual.

3º) Encarcelaría a los conocidos y fichados fundamentalistas que llaman al terrorismo y a la guerra santa, sean estos imanes o amas de casa. No recomendaría su expulsión para que se vayan a entrenar y vuelvan con bombas y fusiles. Cada país es responsable de limpiar sus calles de criminales y esto no es una patata caliente que se pasa al vecino. Además los futuros aspirantes tomarían nota e irían a otra parte con sus macabras ansias destructoras de lo vivo.

4º) Abriría acogida y amparo a los auténticos refugiados que salen huyendo de la masacre en sus países, comenzando por toda etnia masacrada y perseguida, Zoroastritas, judíos y cristianos, así como a musulmanes que demuestren fehacientemente que han militado por limpiar de escoria a su país y han debido huir.

5º) Haría una campaña de concienciación sobre la diferencia abismal que hay entre desertores manipuladores aprovechados y refugiados políticos. Cerraría las fronteras a cal y canto a los desertores y los devolvería a sus respectivos países de inmediato.

6º) Haría una campaña profunda y extensa sobre democracia y derechos cívicos: los huéspedes tienen más obligaciones que derechos, es una regla básica de educación, las normas las pone el anfitrión, no el invitado y si no ejercen como tal han de ser expulsados. Los árabes musulmanes saben más que nadie sobre códigos de hospitalidad, así que les toca aplicárselos. Cuando uno opta por pedir la nacionalidad, jura y promete lealtad a su Rey si lo hay y a su Constitución. Es lo mínimo exigible.

7º) Retiraría la nacionalidad y expulsaría del país a todo exaltado que pretenda acabar con lo civilizado básico y con la democracia, sea cual sea su pertenencia de origen.

8º) Negociaría con países musulmanes sobre su deber prioritario de acoger a sus correligionarios. Europa no es tierra de nadie, ni un espacio sin ley, ni orden, ni cultura. La tiene y es preciosa y ha de mejorar siempre, pues así lo requiere nuestra naturaleza de Creaciones en perpetua Evolución.

9º) Pediría prestadas las miles de tiendas de campaña de lujo vacías a Arabia Saudi e instalaría allí en campos de espera a los aspirantes a entrar en Europa, hasta que esté cada cual bien investigado para discriminar entre desertores, refugiados o terroristas y dejar entrar con mucho cariño y protección a los refugiados.

Preciada Azancot, Noviembre de 2015

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 32: LA INCIDENCIA DE LAS TIPOLOGÍAS SOBRE EL MUNDO

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Ya vimos las razones por las cuales todos los seres humanos tenemos una tipología; porque somos mamíferos. Mientras tengamos una tipología, por más conectada, hiperconectada, culminada o consagrada que ésta esté, vamos a tener una visión del mundo y de la vida distorsionada. Si estamos por debajo de la conexión, sentiremos, como el arquetipo que hemos elegido como rector de nuestra vida, una emoción hinchada, una emoción desconectada que se transformará en agresividad contra nuestro propio talento, y una emoción prohibida que se convertirá en fobia contra nuestra propia vocación y contra el sentido de nuestra vida, o al menos, contra el sentido que debemos darle, provisionalmente y con mucho sentido del humor, para salir de nuestra tipología. En el mundo, ya lo vimos también, el 98% de las personas están en esa situación: por debajo de la conexión. Y esas personas piensan, viven, se manifiestan, sueñan, crean organizaciones y obras, elaboran filosofías, ideologías, religiones, interpretan la historia y crean materias que se estudian en las universidades. El ser humano desconectado crea un mundo que confunde con el mundo real. Crea su mundo distorsionado, al cual le intenta encontrar sentido. Sentido al menos para tener ganas de seguir en él; el ser humano crea un mundo para encontrarse a sí mismo y resolver sus contradicciones.

Teoría Omega del MAT - Preciada Azancot

Teoría Omega del MAT – Preciada Azancot

El MAT aporta, como ciencia, básicamente dos cosas: un instrumental para crecer indefinidamente -y encontrar en ese crecimiento cada vez más seguridad, desarrollo, justicia, estatus, pertenencia y plenitud, y, también y sobre todo, más armonía, claridad, corporalidad, metamorfosis, alma y espíritu- y un instrumental para analizar la realidad y transformarla en lo que puede llegar a ser.
El crecimiento es infinito por definición, aunque el narcisismo de los seguidores de los seres más crecidos haya intentado, una y otra vez, transformar esa realidad y ese testimonio y esa potencialidad que todos tenemos, en ideologías y en religiones. Al hacerlo, degradaron la estatura del ser crecido que les hubiera podido servir de guía hasta convertirlo en ídolo capaz de competir con sus ídolos domésticos; y el testimonio de un camino orgánico y natural que debería estimularnos, en dogmas y corsés que impiden alcanzar y superar la talla del mencionado ser crecido. Claro que también están los seres más degradados, los disociados, que configuran el 3% de la población, enloquecidos por el fenómeno psíquico de “posesión” por su arquetipo, y que encuentran, también una y otra vez, seguidores amargados y resentidos dispuestos a sacrificar su vacía y pobre vida por ellos. Lo cual equivale a decir sacrificar la vida propia por el ídolo omnipresente del disociado en cuestión. Pensemos por ejemplo en fenómenos sociales tales como el nazismo, el mesianismo de Sabbatái Tseví, el estalinismo, la inquisición española, o la organización Al Qaeda. Y no hablaremos de los psicópatas que han creado sus aberraciones asesinas, y, a veces, sus organizaciones, y que estudiaremos en otra obra posterior.

El crecimiento es infinito, aunque al final de cada proceso, al menos al inicio del camino, tengamos la impresión de que ya no hay nada más después. Pecamos al comienzo por ingenuidad y nuestro entorno puede entonces perfectamente cogernos desprevenidos y colocar el listón de parada que, si se convierte en norma, puede arrastrar a los peores a fabricar de nuevo una ideología o, peor, una religión. Una religión o una ideología, para el MAT es un listón de parada obligada para los que las siguen. Cualquiera que sea la altura en la cual se coloque el listón.

El crecimiento es infinito y lleva a perder la tipología por completo, y eso no es el final del camino. Es una meta para los mamíferos que somos. Entonces empieza la verdadera aventura, aventura exaltante de vivir la vida de un ser humano normal. Y el camino sigue y sigue sin fin. Eso no es prodigio. Es normalidad, organicidad. Cada uno llega hasta donde quiere y puede llegar, lo que no significa en absoluto que el camino termine allí. Significa que una persona o que un ser humano, con nombre y apellido, llegó hasta allí.
En una obra posterior escribiremos sobre el camino, los caminos. No todo el camino posible, claro está, sino el que ya experimentamos sobre nosotros mismos y sobre las personas que están creciendo, con o sin nosotros, o han crecido antes de nosotros llegar al mundo. Al menos tenemos claro la vía para salir de la tipología, lo que no es poco.

En este capítulo hablaremos del aspecto instrumental para analizar la realidad que el MAT ofrece. Nos referiremos tan solo a una parte pequeña, pero decisiva, de esta realidad: las organizaciones. Y ello por dos razones: porque es lo más urgente y decisivo para empezar a transformar el mundo en lo que puede llegar a ser, y porque estamos en un momento histórico en el cual la persona está en el centro de interés y lo seguirá estando durante un siglo. Y también, claro está, porque es lo más impactante y fácil para una primera aproximación al MAT, objeto de esta obra.

I. LAS TIPOLOGÍAS DE LAS ORGANIZACIONES:
Las organizaciones, llámese éstas pareja, familia, empresa, asociación, estado, grupo de estados o mundo, tienen todas una tipología de personalidad y, eso, por varias razones: las organizaciones son creaciones de personas, están creadas con una finalidad, y esa finalidad tiene varias funciones. Veamos:
La organización, creación humana:
Como seres humanos, tenemos todos en nuestra estructura un Socializador que nos habilita para funcionar en sociedad. Funcionar en sociedad es, a la vez, una necesidad y una habilidad de cada persona. Nuestro Socializador nos permite hacerlo para desarrollar todas las funciones del Rector y del Protector y como necesidad para cultivar nuestra alma y la armonía que garantiza el orden de estar en sintonía con nuestra naturaleza septidimensional. Que esté solo o acompañado, el ser humano funciona para estar en relación. En relación consigo mismo, con los demás y con su Centro. Para cualquiera de esas facultades, la persona necesita una organización. Si hubiéramos nacido para estar aislados y solos, nos podríamos reproducir a solas con nosotros mismos. Aún así, nuestra séptima estructura, el Centro, nos abocaría a una relación con el aire, con las plantas, con los animales y con otros seres como nosotros. Porque conocer al entorno en el cual estamos inmersos, es un instrumento privilegiado para conocernos más y mejor a nosotros mismos.
Como creación de la persona, la organización es un ente que tiene su personalidad, pues está hecha a imagen y semejanza de sus fundadores y de los sucesores de éstos.
Si esto fuera tan sólo así, las organizaciones tendrían una personalidad múltiple: la de sus fundadores. O la de personas con carisma que vengan a liderizar estas organizaciones.
Pero la organización es creación de personas que tienen todas su estructura de personalidad de siete dimensiones y éstas tienen aspiraciones y motivaciones humanas de seguridad, desarrollo, justicia, estatus, pertenencia y plenitud que desean realizar a través de sus creaciones, es decir, en este caso, de las organizaciones que crean.
No todos los fundadores tienen las mismas motivaciones y algunos crearán sus organizaciones con la finalidad de conseguir seguridad, otros desarrollo, otros justicia, otros estatus, otros pertenencia, otros plenitud. O las seis metas. O siete metas si tienen las seis aspiraciones trascendentes. Ya sea por exigencia del fundador de más peso y carisma o ya sea por consenso, los fundadores van a privilegiar una de sus necesidades o motivaciones. Esta se convertirá en la vocación de la organización y, con ello, la organización tendrá una tipología de personalidad cuya competencia estará en la emoción anterior en la secuencia. Por ejemplo, si la vocación es la justicia, la competencia estará en el desarrollo. Y el talento en el estatus, y tendrá una tipología de personalidad Constructora. Su grado de evolución estará evidenciado por su fase tipológica. Al igual que para las personas.
Conocer la tipología de una organización es una tarea igual de fácil que la de conocer la tipología de una persona. En nuestra labor de consultores especializados en diagnósticos de organizaciones y en planificación estratégica de sus procesos de cambio, hemos creado múltiples herramientas que nos permiten diagnosticar certeramente la tipología de personalidad organizacional. Compartiremos en esta obra algunos instrumentos básicos de diagnóstico tipológico organizacional a título casi anecdótico, pues el conocimiento y manejo del instrumental requiere un tiempo y un espacio que desborda el objetivo de esta obra.
Hace treinta años, hablar de personalidad de una organización era visto como una elucubración delirante. Hoy todos los estudiosos, lectores y clientes de consultores que se dedican a diagnósticos de organizaciones ya comparten la certeza de que una organización tiene una personalidad, un sistema de valores que se expresa en su cultura, unos puntos fuertes y débiles estructurales y emocionales, y hasta un alma. Hoy el tema del alma de la organización está de moda. Aún no se admite que la organización, al igual que una persona, tiene también su espíritu. Sin embargo, todos los sociólogos e historiadores han mostrado cómo una organización podía demostrar la calidad de su espíritu, pensemos en un sólo ejemplo, el de la guerra de Vietnam, donde se pudo comprobar, una vez más, que un pequeño pueblo mísero podía derrotar al estado más desarrollado y militarizado del planeta. Vietnam, país Reactivador, se creció con un líder Legislador conectado como Ho Chi Min y derrocó al titán Revelador que es Estados Unidos de América. La historia está plagada de ejemplos similares que nos alertan para que podamos entender la fuerza del espíritu, desde la noche de los tiempos. Ninguna evolución sería posible sin él. pues el ser humano debe tener un atisbo de finalidad, de un para qué hacer las cosas para poder avanzar.
La organización, instrumento de finalidades:
Cuando creamos una organización, lo hacemos con, al menos, una finalidad. Así creamos parejas, familias, empresas, asociaciones, estados, o grupos de estados. Obviamente, no hemos creado el mundo, pero al convertirlo en una organización, le hemos dado también una tipología.
Cuando nos casamos o nos unimos a una pareja estable, decidimos fundar una familia y nace así una organización con su tipología. Algunos de nosotros crea una familia como medio para alcanzar la seguridad, otros el desarrollo, otros la justicia, otros el estatus, otros la pertenencia y otros la plenitud, y por eso no todas las familias tendrán la misma tipología. Existirán familias de cada una de las seis tipologías “normales”, pero también, en mucha menor medida, en ínfimas proporciones, existirán familias de tipologías psicopáticas que no estudiaremos en esta obra.
La gente de la calle no se reúne para decidir qué finalidad básica, ni menos aún trascendente, quiere conseguir al fundar una organización. Dicen que se casan para fundar una familia y tener hijos, que fundan una empresa para ganar dinero, que crean una asociación para fomentar una actividad o una función, que crean un estado para diferenciarse de sus vecinos, que crean una asociación de estados para organizar mejor sus recursos, y todos pelean por construir un mundo donde triunfen las seis motivaciones humanas. Si esto fuera tan sencillo todas las familias serían Reactivadoras, todas las empresas serían Constructoras, todas las naciones serían Reveladoras, todos los grupos de estados serían Legisladores y el mundo sería Fortificador. No es este el caso. Hay una razón que pesa más que la voluntad consciente, al menos en la gente con tipología, es decir en todas. Lo que más pesa es la finalidad inconsciente, pues así el ser humano reproduce la historia de su propia gestación e intenta encontrar una ayuda para autorrealizarse y triunfar sobre su pequeña historia personal y, también y sobre todo, encontrar un sentido y una guía para comprenderse, para conocerse, para evolucionar y trascender. Por ello, la tipología de nuestras organizaciones tiene más peso que las de las personas que las conforman. Nosotros verificamos esa realidad una y otra vez, tanto en nuestra labor docente como en consultoría organizacional.
La función trascendente de las organizaciones:
El aspecto que condiciona con mayor peso la tipología de una organización no será la tipología de personalidad de su fundador, no será la necesidad concreta y explícita de sus creadores (como fabricar pan, por ejemplo), no será su finalidad básica consciente. Será su finalidad última inconsciente. Por ello, la consultoría tradicional se estrella una y otra vez cuando confunde las declaraciones explícitas de los fundadores – véase “misión” de la empresa, valores de la empresa, organización, competencias, fortalezas y debilidades- con la realidad viva de la organización actuante.
Esta afirmación, que parece tan complicada, y que lo podría parecer, convierte la detección de la tipología en materia reservada a grandes analistas de la realidad inconsciente del ser humano, haciendo así retroceder el listón de lo alcanzable, es y demuestra ser lo contrario: conocer la tipología de una organización es tan sencillo como conocer la de una persona, y, además, obedece a las mismas leyes. El ser humano reproduce la historia de su gestación cuando crea organizaciones y toda clase de obras, por lo demás.
En efecto, ya lo vimos, el embrión humano tiene como finalidad ser de su Centro, luego el feto desea tener un Centro, luego pierde el Centro, luego se aferra a los ejes, luego pierde los ejes y luego pierde la secuencia. Y nace con su tipología conectada. Una persona conectada es idéntica a un bebé de un día de nacido, en lo que a potencia de instalación útil se refiere. Considerar la conexión como el final del camino equivale entonces a considerar que todos los humanos hemos nacido para morir con un sólo día de vida. ¿Es esta la verdad?
La creación de una organización tiene como vocación hacernos avanzar en el proceso de conexión, de hiperconexión, de trascendencia o más, que pretendemos en realidad lograr. Y esos sueños son, por lo general, inconscientes. Hay seres que, al fundar su organización, aspiran a conectarse, otros a trascender, otros a avanzar hasta fases mucho más altas, que, como no hemos analizado y ni siquiera mencionado, no consideraremos aquí. Cuando, aun conociendo y manejando el MAT, una persona corriente desea conseguir un objetivo, pongamos por caso la pertenencia, y desea fundar una empresa cuya tipología se aboque con la mayor frecuencia al amor, no va a conseguir tener una organización Reactivadora sino Promotora o Legisladora; en más contadas ocasiones, Reveladora; en excepcionales casos, Constructora. Porque la tipología Promotora representa, para la tipología Reactivadora, la conexión, la Legisladora la trascendencia, la Reveladora una fase aún más remota y elevada, de la cual no hemos hablado, y la Constructora una fase aún más remota.
La razón de ello está en la naturaleza de nuestro Orientador, que tiene como función básica la de elevarse y captar nuestra nutrición espiritual, lo que nos aporta la plenitud y eleva el espíritu, haciéndonos avanzar en el acceso a la verdad. Y nuestro Orientador siempre está buscando una verdad superior a la que, en cada momento, podemos captar concientemente. Se adelanta, por lo menos, una fase más que nuestra realidad histórica. Por ejemplo, un Constructor desconectado, es decir en fase Legisladora, si es un gran miope espiritual, soñará con su preconexión Fortificadora y creará una organización Fortificadora para que ésta lo ayude a realizarse mejor. Sólo los grandes narcisistas crean organizaciones de su propia tipología, pues se consideran el comienzo y la finalidad de todo lo creado o por crear. Los demás, si funcionamos moderadamente bien, crearemos una organización de la tipología que nos conecta, si funcionamos aún mejor, una organización que representa la trascendencia y si somos muy altruistas y espirituales crearemos a nuestra pareja cósmica. Los idealistas puros y duros crearán una organización que se presenta como nuestra disociación pero que en fases muy avanzadas de crecimiento se revelarán como nuestro complemento ideal para formar equipo.
Sentadas estas bases, vamos a continuación, a compartir un instrumental básico para detectar la tipología de las organizaciones.
La tipología de las organizaciones:
Cuando describimos el temperamento de las naciones, solemos decir que los franceses son prepotentes, elegantes, amantes del buen yantar y chovinistas, que los alemanes son trabajadores, organizados y amantes de la cultura aunque cuadriculados, que los españoles son revoltosos, alegres, protestones y creativos, que los ingleses son reservados, intimistas, sobrios y aislacionistas, que los holandeses son humanistas, acogedores y cordiales. Vale decir que vemos con facilidad, no más familiarizarnos con el MAT, que Francia es Legisladora, Alemania Constructora, España Reveladora y Holanda Reactivadora. Y si nos ponemos a analizar a esos países comparando nuestra primera impresión con los detalles del retrato MAT de estas tipologías, ratificaremos esos diagnósticos y hasta lograremos detectar la fase de evolución tipológica en la cual está cada uno de los países antedichos.
Diagnosticar la tipología de un país sigue las mismas pautas que la de diagnosticar la de una persona: Primero hay que detectar qué estructura es la más actuante. En segundo lugar deberemos confirmar que la emoción dominante es la que normalmente energetiza la estructura inflada detectada. No tendremos la ayuda, al menos a primera vista, de confirmar nuestras percepciones, visuales, auditivas, olfativas, gustativas, táctiles y sexuales con un retrato robot, pero si profundizamos mínimamente en la cultura, la cocina, la estética, el paisajismo, la historia, la filosofía y la lingüística o filología de cada país, verificaremos con creces que las percepciones primeras se ven confirmadas y detectaremos la tipología y la fase de evolución nacionales con toda comodidad.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot