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La niña que venció a la muerte

En estos tiempos tan difíciles en las que llueven las amenazas, agravadas por el mes de Av, os envío uno de mis cuentos (“Cuentos de la Abuela“) para que ninguno de mis amigos pierda el ánimo ni la positividad.

LA NIÑA QUE VENCIÓ A LA MUERTE

Érase una vez, una niña muy enfermiza y débil, aunque delicada y bonita, que vivía junto a sus amados padres. Sólo ella podía entender lo de “amados”, pues éstos eran zafios y brutales a más de en exceso pragmáticos. Según ellos, la vida de padres giraba alrededor de dos grandes verdades: cada hijo debía tener una utilidad evidente e inmediata, y “la letra, con sangre entra”. Eso es lo que habían aprendido de sus propios padres, y seguían dichas enseñanzas a rajatabla. ¿Pero qué utilidad podía tener una niña tan enfermiza, delicada y débil que se la pasaba gimoteando todo el día y que por más palos que recibiera no aprendía a curarse ni a ser de alguna utilidad para sus sacrificados progenitores? Pues ¿no era empecinamiento el suyo, el no querer servir para nada útil? Pero la niña era tan terca como los dos zafios campesinos que la habían engendrado, y más éstos la castigaban, más enfermiza se ponía. Hasta el extremo de ya no abandonar la cama, salvo para tenderse lánguidamente sobre el sofá, contando los minutos y contemplando las manecillas del reloj de pared.

Observar el tiempo pasar sin moverse de su sitio se convirtió muy rápidamente en su pasatiempo preferido. ¿Pues qué hay en verdad -pensaba la niña- más apasionante que estar inmóvil y absolutamente quieta interiormente mientras los ojos permanecen fijos sobre las manecillas del reloj? Sí, ver el tiempo correr mientras ella permanecía gélida y congelada, como si de una piedra se tratara, le daba sentido a su vacía vida y le permitía resistir los embates verbales –y no sólo verbales, pues su padres no se privaban de insultarla y de pegarla- y otros maltratos de quienes repetían, al hacerlo, que estaban ya hartos de sacrificarse por ella sin recibir nada a cambio. Y, ella, Petra, pues así se llamaba la niña, sólo respondía a tantas presiones poniéndose aún más enferma y débil, y gimoteando aún más.

Cuentos de la abuela: La niña que vencio a la muerte - Texto y dibujo de Preciada Azancot

Cuentos de la abuela: La niña que vencio a la muerte – Texto y dibujo de Preciada Azancot

Así que un buen día, como un jeque petrolero se encaprichó de la niña que pensó ideal como dama de compañía para la favorita de su harem, estéril ella y gimoteante también, ofreció a los padres comprársela a cambio de duplicar el tamaño, muy reducido en verdad, de sus tierras de labranza. Los amados padres de Petra no dudaron en vender a la niña y agradecer al Señor tan buena fortuna. En cuanto al jeque petrolero, encontró muy ocurrente y aleccionador para su favorita el regalarle a esa niña, bonita y delicada, sí, más tan débil y gimoteante -¡mujer al fin!, pensaba él- que le dejara bien claro lo que pensaba en el fondo, de una mujer que no era ni siquiera capaz de darle hijos varones, como era el deber de toda mujer que se preciara de serlo y aspirara a obtener la gratitud de un hombre. Como dijo a la niña que en su palacio sobraban divanes de seda en los cuales su mujeres permanecían indolentemente tumbadas todo el día, como obligación de disponibilidad para con su amo y señor, y que también sobraban relojes en todas las paredes y hasta en mesillas repletas de golosinas, para esperar anhelantes la visita del amo y colmarlo de atenciones, Petra se sintió muy conforme, aunque gimoteó un poco más fuerte al ser separada de sus amados padres.

El jeque petrolero se llevó muy lejos a la niña, allá donde la vegetación sólo crece en un tipo de islas plagadas de palmeras y de fuentes, en medio del océano pétreo del desierto interminable. ¡Ah, cómo le gustó el desierto a Petra! Tanto y tanto le gustó que enseguida olvidó a sus padres y se adaptó muy dócilmente a su nueva vida. Sí, esa vida era su sueño de siempre hecho realidad: estaba rodeada de mujeres, indolentes y gimoteantes como ella, nada había que hacer en todo el día, salvo mirar las horas pasar; los esclavos les traían incesantemente golosinas, vestidos de seda suaves, y casi nadie hablaba porque todo lo que había que contar de ese tipo de vida en la cual nada pasaba, ya se lo habían contado hasta la saciedad. Claro está que las mujeres se dedicaban también a intrigar contra las demás, muy en particular contra las últimas en llegar al harem, pues eran objeto de atenciones especiales, aunque fugaces, por parte del jeque que apreciaba la novedad y también, eran más bellas y jóvenes, necesariamente. Pero estos pasatiempos no interesaban a la niña ya que era aún demasiado joven para apreciar tales esgrimas. Además, siendo tan frágil y enfermiza, no tendría ninguna esperanza de convertirse cuando creciera en favorita de harem, ni siquiera en nueva concubina, pues con una naturaleza tan poco apta a dar hijos varones y numerosos a un jeque, tampoco interesaría a nadie.

Pasó así un año entero con todos y cada uno de los minutos ¡31 millones de minutos o más! discurridos frente al reloj, para placer de Petra que contemplaba con cada vez más fijeza las agujas del reloj. Así la niña se sentía muy rica y estaba también muy ocupada en aprender a concentrarse sobre lo que tanto la fascinaba: ver el tiempo pasar sin mover un solo músculo de su cuerpo y sin pensar en nada más.

Pero un buen día, ocurrió algo en verdad muy rocambolesco y de incalculables consecuencias: el jeque decidió viajar en su gran avión privado llevándose a todos sus hijos varones, para presumir de ellos ante un jeque vecino. Y también metió en otro avión suyo a todas sus esposas y concubinas para tenerlas a su disposición y -todo hay que decirlo- para mostrar al jeque poderoso del país vecino que tenía a las más bellas y engalanadas damas que soñar se pueda. Para mostrar su calidad de semental y hacer ostentación de ello, también se llevó a todas sus niñas, para presumir de su belleza, y ¿por qué no decirlo?, para ofrecerlas en matrimonio a poderosos jeques vecinos e incrementar su poder al tiempo que su ya obesa vanidad. Como Petra estaba enferma y débil, una vez más, y como tampoco podía servir de moneda de cambio para contentar a ningún varón deseoso de perpetuar su digna estirpe, la dejaron sola, al cuidado de las esclavas y de los eunucos del harem. Pero los dos aviones cayeron y se estrellaron, pereciendo así todo el linaje del jeque petrolero, cual faraón mítico que se hiciera enterrar con todos sus tesoros. Así lo pensó Petra, y dedujo que esa muerte había sido digna de tan vanidoso varón. Tampoco se sorprendió en exceso de saber que ella había heredado el reino, por ser la única hija sobreviviente del gran jeque petrolero.

Allí empezaron los problemas de Petra, que se vio rodeada de cortesanos anhelantes de recibir órdenes sobre asuntos que en nada interesaban a la niña. Así que tomó la primera decisión de su vida: regalar todas las posesiones a los cortesanos y llevarse dos relojes: uno muy grande, y otro muy pequeño. Se hizo depositar al borde del desierto, junto con sus dos relojes, habiendo tomado la decisión de estar en paz y despojada de responsabilidad alguna: se haría mendiga y se apostaría en la frontera misma entre el desierto y la entrada a su oasis. De este modo, aquellas caravanas que entrarían en el oasis la tomarían tal vez en cuenta y le darían algunas monedas para sobrevivir, o, mejor aún, la escasa comida que un cuerpo tan débil como el suyo necesitaría. Así nadie le pediría consejos ni esperaría de ella desempeñar responsabilidad alguna. Está de más decir que los cortesanos la despreciaron por ello y se apresuraron a trasladarla y a repartirse raudamente sus pertenencias. Es más: todos decidieron venderlas inmediatamente y marcharse del lugar, no fuera que la niña se avispara y cambiara de opinión. Pero la niña ni los recordaba, se sentía al fin ser sí misma. Pues, muy pronto, entendió que ya no necesitaba permanecer pétrea mirando las manecillas del reloj, ya no tenía nadie de quien abstraerse a su alrededor. El lejano sonido de la fuente y el silencio del desierto hacían a su vez de tictac del reloj. Tanto tiempo observando el reloj había hecho que lograra interiorizar el tiempo y así, Petra sabía, sin necesidad de mirar sus amados relojes, cuantos minutos transcurrían. Y era feliz así. La gente del lugar terminó por acostumbrarse a su minúscula presencia tan pacífica e inmóvil como las piedras y palmeras y le dejaban un poquito de comida, muy poca, ya que la niña enfermiza necesitaba en verdad poquísimos alimentos y dejaba estropear lo que le sobraba, sin siquiera molestarse en apartarla.

Mas un día, o más bien una tarde, unos gemidos más lastimeros que los suyos propios de antaño, llegaron hasta sus afinados oídos acostumbrados al silencio. Lo que tuvo como efecto que Petra prestara atención al lamento y se distrajera del tic-tac del reloj y de su concentración en el paso del tiempo. Entonces se dio cuenta de que no necesitaba levantarse de su lugar ni acudir cerca del sufriente niño, pues era un niño en verdad, que gemía. Al cerrar los ojos y concentrar su atención en los lamentos, fue capaz de verlo con mucha nitidez, y de sobresaltarse, pues a su lado vio a la Muerte, la Muerte delgada y negra, desdentada y horrenda ella, que ya casi se llevaba al niño con ella. Fue la impresión más violenta y fuerte de su vida. Y fue tal vez a causa de ello, y de lo inesperado de todo esto, que la niña decidiera, sin haberlo pensado siquiera, echar un pulso a esa horrible cosa presta a llevarse al sufriente niño. Se dio cuenta de que en la cabecera del niño moribundo había un espejo muy grande y sombrío, que la fascinó como antaño lo hicieran los relojes; más aún si cabe: y es que veía muy nítidamente que en ese espejo, el niño se reflejaba, él tan escuálido y débil, pero la Muerte, sin embargo tan larga y rotunda, no se reflejaba.

Puso Petra toda su escasa fuerza, vitalidad y energía, en luchar mentalmente contra la Muerte y en animar, con su deseo y su fuerza nueva, al niño enfermo a luchar contra esa horrible e inoportuna presencia que se lo estaba llevando. Mas el niño gimoteaba y se quejaba, pero no hacía ningún esfuerzo de voluntad para resistirse a la muerte. La niña sintió, por vez primera en su vida, una gran irritación. Y, lo que le pareció aún más incomprensible, la sintió no hacia la Muerte, que le producía más bien terror, sino contra el niño débil y gimiente, que nada hacía para resistirse; antes por lo contrario, parecía animar, con sus gemidos, a la calva y desdentada presencia osuda, a llevárselo de esta tierra. ¿Cómo ella hiciera tantas veces, todas las veces de su vida? Sí, así era. Petra entendió que así había sido ella, como ese niño que sólo gemía, que sólo había gemido y se había quejado durante toda su vida, sin decidir ni siquiera pensar algo por sí mismo.

Este gran descubrimiento de sí misma le dio fuerzas y determinación para luchar, por vez primera, de voluntad a voluntad, contra la muerte. Como el niño seguía gimoteando en vez de unir su voluntad a la suya propia contra la calva y desdentada presencia, Petra sintió de nuevo mucha indignación contra tamaña indolencia y dejadez. Y entendió también, que, al igual que el espejo reflejara al niño, el niño también la reflejaba a ella, en su indolencia gimoteante y pasiva como piedra. Petra logró entonces vencer a la muerte que, sin embargo, al alejarse riendo malamente, torvamente, le dio a entender que no se consideraba vencida por su hazaña y que pronto regresaría a por los dos.

Pero como Petra había vencido a la muerte, descubrió que era capaz de situarse ante el espejo y atravesarlo junto con el niño. Entonces, descubrió igualmente que el estar observando la vida detrás de un espejo era lo que de verdad había perseguido toda su vida, al fijarse de manera tan absoluta en presenciar el discurrir del tiempo. Pero la presencia del niño a sus espaldas, del otro lado del espejo, la inquietaba más que acompañaba. Pues el niño extraño seguía gimoteando en vez de unirse a ella y de agradecerle sus desvelos. Al darse la vuelta para reclamarle su conducta y exigirle colaboración y gratitud por estar en vida gracias a su fuerza y determinación, Petra vio que el niño se había convertido en algo extraño, pues tenía alas llameantes y una espada de fuego en la mano. Se quedó estupefacta al observar que el niño se había transformado en ángel gracias a ella, y que, sin embargo, prefería gemir y apiadarse de sí mismo antes que vivir. Colérica por tercera vez en su vida, entendió que el niño prefería alejarse de la vida antes que tomar el riesgo de vivirla. Así que le dio un empujón hacia arriba y lo envió al cielo, muy aliviada de ya no tenerlo cerca.

Durante muchos días, y meses, la niña vivió como siempre había soñado secretamente hacerlo. Viviendo tras el espejo, contemplaba a los demás seres humanos vivir, y aprendió mucha cosas. Aprendió sobre todo que lo que más le gustaba era contemplar a las madres con sus niños pequeños. Había madres de todos los tipos posibles. Las había sensibles y amorosas. Por vez primera en su vida, Petra entraba en contacto, aunque fuera de manera invisible -pues desde detrás del espejo- con gente bondadosa y sensible. Y aquello tenía el poder de hacerla llorar, pues nunca había llorado, sólo gimoteado. Las había duras y frías, como aquella que le diera a ella la vida. Las había sinceras y las había mentirosas, las había honestas y las había ladronas. Y toda esta variedad asombraba mucho a la niña, pues antaño había creído que madre no hay más que una, que todas eran como la suya y todas debían ser amadas, por principio. Pero más aún le asombraba el que los niños no correspondieran en su manera de ser con la de sus madres de origen. Había niños muy malos y hasta perversos que eran sin embargo hijos de madres buenas. Y los había muy buenos, sensibles y alegremente valientes, que sin embargo eran hijos de madres muy malas. Entonces Petra, secretamente, tras su espejo, gustaba de combinarlos bien. Le gustaba imaginar a las madres buenas con los niños buenos y a los niños malos junto a las madres malas. Así nació la esperanza en su corazón de tal vez no ser como la suya propia y, sin pretender ser buena, poder ser simplemente diferente de su progenitora. Entendió también que si ello fuera verdad, ya no tendría por qué permanecer quieta e inmóvil, esperando la Muerte, contando los minutos, y ¿por qué no también? tal vez situarse valientemente frente al espejo para vivir una vida auténticamente suya. Fue dicho y hecho. Petra atravesó el espejo, dejó plantados en la arena a sus amados relojes, y caminó derecho frente a ella, pensando por vez primera, por su cuenta y riesgo.

Así descubrió que lo que más le gustaba era eso: pensar. Y que sus pensamientos eran consoladores y piadosos. Casi amorosos.

Entonces tomó la decisión de dedicarse a fabricar, con sus propias manos, muñecas y muñecos que ella regalaba a niños pobres, para hacerles la vida más agradable. Y también para que se fijaran en los rostros de sus muñecos, parecidos a los suyos, mas no al de sus madres cuando éstas eran malas.

Pero como sus muñecas eran muy bellas, los niños pobres solían emberrenchinar a los niños ricos que deseaban una muñeca para sí y no la podían comprar en ningún sitio. Eso disgustó a Petra, que decidió regalar sus muñecas tan sólo a niños valientes y buenos. Pues entendió que no por ser pobre se es necesariamente bueno.

Como había adquirido la facultad de atravesar los espejos y de situarse el otro lado para observar todo sin ser vista por ente alguno, Petra se dedicó a observar a la Muerte cada vez que ésta se aproximaba a llevarse a un niño. Y se mordía las manos y los labios para no intervenir y para contentarse con sólo observar y aprender. En el fondo, lograrlo le resultó más fácil de lo que creía, pues cada vez que sentía tentaciones de luchar por un niño contra la Muerte, recordaba al niño gimoteante que en verdad quería vivir en el cielo y no en la tierra, ni siquiera como ángel. Rememorando su propio pasado y su pasividad de antaño, Petra tenía bien claro que de nada le serviría hacer el trabajo por el otro.

De sus observaciones cada vez que asistía al siniestro manejo de la Muerte, Petra aprendió muchas cosas, cosas en verdad sorprendentes. Aprendió que la Muerte era muy cobarde, y que sólo se acercaba a personas que no la deseaban vencer ni apartar de sus vidas. Entendió que gimotear y buscar excusas para culpar al destino, o a alguien otro de los propios dolores, equivalía a enviar una tarjeta de invitación a la Muerte, que se acercaba entonces, anhelante y voraz, para adueñarse de su festín. Aprendió que gemir era una manera de buscar pretextos para no tomar el riesgo, valientemente, de vivir la propia vida y de vencer o fracasar, poco importaba entonces, pues lo importante era vivir la vida con decisión, entusiasmo y valentía. Aprendió que buscar la Muerte era algo muy feo y cobarde, porque era una manera innoble de vengarse de los malos que habían hecho sufrir al que gime y que eso se llamaba rencor. Aprendió en definitiva que lo más triste de todo era vivir sin dignidad y que la dignidad está en no quejarse de lo que ya pasó y alejarse valerosamente de lo que maltrata en el momento presente.

No sabríamos decir si todos estos descubrimientos contentaron a Petra, pues se reconocía en los errores que suelen cometer los que convocan a la Muerte para abdicar del riesgo de vivir y de equivocarse tantas veces como hiciera falta, sin echarle la culpa de nada a nadie. Así que Petra se dedicó a observar a los niños valientes a quien ella regalaba sus muñecos. Pues de la Muerte nada podía aprenderse.

Los niños valientes en verdad no abundaban y Petra tuvo que recurrir a su don de ver muy lejos, más allá del vacío desierto, para buscarlos. Tuvo mucha suerte –al menos ella lo llamó así- al descubrir al niño más valiente del mundo. Era un niño príncipe, y ruso, que justamente estaba haciendo una excursión con sus padres al desierto. El niño de llamaba Pietor, y eso le gustó a Petra. Aún más le gustó el niño, que era muy bello y rubio, de cuerpo ágil y flexible y de ojos color turquesa. Se puso muy contenta al observar que Pietor tenía un pasatiempo que adoraba tanto como ella antaño amaba observar el tiempo transcurrir en las manecillas del reloj. Y es que el niño amaba limpiar espejos y observar anhelante su propio rostro en la luna reluciente, como esperando ver surgir de su rostro algo más.

Cuando el niño llegó con sus padres al oasis de Petra, eligió el espejo más bello y se dedicó a limpiarlo con ahínco, hasta dejarlo reluciente. Pero como Petra ya lo había elegido también y lo había atravesado minutos antes de que Pietor se apostara frente a él para limpiarlo, la niña se sentía muy feliz de poder darle la sorpresa que el niño tanto esperara desde siempre. Así que cuando Pietor se quedó escrutando su rostro en la luna reluciente, Petra asomó el suyo fuera del espejo y lo saludó con preciosas palabras. Como el niño era el más valiente, no se asustó, sino que rió embelesado de gusto y le dio un beso, tirando de Petra y obligándola a colocarse junto a él, de este lado del espejo. Así los niños se hicieron muy amigos, y ¿por qué no decirlo? mucho más que amigos. Cada uno reconoció en el otro la encarnación misma de sus más remotos sueños de pareja. Cogidos de la mano, decidieron adentrarse en el desierto, ya que Pietor le contó con determinación que si bien sus padres eran príncipes, tampoco eran precisamente buenos ni valientes. Como él sí lo era, no dudó en coger la mano de la niña y en alejarse con ella por el desierto, fuera del alcance de los que creían tener derechos eternos sobre él.

Al cabo de tres días de marcha por el desierto sin que los niños sintieran el menor atisbo de cansancio, felices como eran de haberse encontrado para siempre, Petra y Pietor se encontraron con la Muerte que, para burlarlos, había tomado la forma de una Esfinge.

-No podéis pasar, niños -dijo la Esfinge-, ¡yo os lo prohíbo!

– Si pude atravesar el espejo –respondió Petra- bien puedo atravesarte a ti. Eres tú la que debería entonces temerme y no nosotros a ti.

Y Pietor rió, encantado. Entonces, ambos vieron que la esfinge disminuía de tamaño y retrocedía un poco. Así que el niño cogió la mano firme de la niña y se adelantó resueltamente hacia la Esfinge. Ésta retrocedió y se encogió un poco más. Y dijo:

– Sois míos porque os llamáis Petra y Pietor y eso significa piedra, como lo soy yo.

– Falso –respondió, sonriendo, Petra- tú eres la Muerte y no eres de piedra, esto es sólo un disfraz que eliges para que nos confundamos contigo. Tú encierras en la tierra y bajo piedra a los niños que te buscan como madre, porque no se aman a si mismos y porque creen que se parecen a ti. Si te amaras algo más, dejarías de ser tan mala y tendrías dignidad.
Entonces la Esfinge inclinó un poco la cabeza y se achicó más aún, retrocediendo dos pasos. Pietor rió más fuerte y se adelantó, con la niña de su mano.

– Algún día muy cercano me buscarás y serás mía –dijo la Esfinge con voz vacilante-. Porque ya no podrás concebir la vida sin tu amado. Y cuando él muera, irás por delante de él para esperarlo.

– Una vez más te equivocas –dijo Petra, riendo por vez primera en su vida- pues justamente yo soy niña y él niño, y se quedará para acompañarme y dejarme pasar ante él, como todo príncipe y rey ha de hacer con su dama. Tú eres una mujer mala que hubiera anhelado ser hombre, para someter a las mujeres que no se aman como tales, es decir, a ti misma. Si te amaras un poco más, respetarías más a los hombres también. Y tendrías derecho a esperar al tuyo, sin buscarte a ti, la Muerte, como única salida, que no es salida sino impasse. Tú jamás podrías atravesar un espejo, porque sólo tú, la Muerte, eres tu espejo, y sabes que si no te reflejas en ellos es porque no hay nada detrás. Yo en tu lugar aprendería a llorar y así, de cada lágrima sincera nacería un trocito de mi espejo.

Entonces la Esfinge bajó la cabeza y se hizo muy pequeña, retrocediendo tres pasos que Pietor, encantado, franqueó para acercarse, manteniendo muy firmemente la mano de la niña entre las suyas.

– Sabéis bien que sois mortales y por ello vanidosos al pretender esperar a que se consuma lo inevitable. Sabéis que más temprano que tarde seréis míos los dos –dijo la Esfinge con voz casi inaudible y gimoteante-.

– Sólo los que temen vivir porque creen parecerse a ti son los que mueren, pero has de saber que somos nosotros, los niños débiles y gimoteantes, los que te hemos creado a ti, y nadie más. Tú eres nuestra creación, y no nosotros la tuya. Y como es bueno equivocarse, yo rectifico un error hoy. E, igual que te creé, te borro. Nadie necesita de ti. Además, eso será bueno para ti, pues sólo desea morir, la Muerte. Descansa en paz. Así sabrás renacer de tu error y de tu dolor. Pensaré en ti con compasión y algún día tú también serás vida. Te lo prometo.

Entonces la esfinge lloró su error, y tuvo compasión de sí misma. Y así se derritió y desapareció por siempre de la faz de la tierra.

Entonces los dos niños, con risa clara y con lágrimas de gratitud en los ojos, alzaron la vista al cielo, y pudieron comprobar lo que ya sabían: la Muerte, con risa clara, se había convertido en estrella y les guiñaba el ojo, traviesa, pues renacería pronto bajo la forma de una niña feliz y valiente, con derecho a vivir su propia vida de niña, de mujer y de madre.

Preciada Azancot, Julio de 2015.

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EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 31: ¿Cómo reconocer las tipologías?

 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Y bien, ya tenemos los 36 Mapas comunes entre los cuales se reparten los seres humanos. Falta un 2 por mil de psicópatas que se dividen en 10 Mapas más de Magnetizadores y mucho menos de asesinos en serie y de satánicos criminales (ver mi libro “Sociópatas de cercanías). Sobre 120.000 casos analizados y los cientos de miles que hemos visto y seguimos viendo por la calle o por televisión, no hemos encontrado una sola persona sin tipología. Si alguno de Ustedes la encuentra, le rogamos enviarnos su foto a través de nuestra página Web: http://www.mat-cachet.com . Tampoco, de las personas estudiadas, hemos encontrado a una sola que tuviera otra fórmula o ecuación tipológica. Todas tienen su ecuación de sus tres precisas emociones infladas, desconectadas y prohibidas. Si encuentran alguna excepción, nos interesaría sobremanera estudiarla a fondo. Pero digamos que, por ahora, la muestra recogida en los cinco continentes es concluyente. Los estudiantes principiantes del MAT suelen siempre confundir la fase con la tipología. Esto es normal, porque la tipología es la personalidad, es decir la máscara puesta sobre el ser, y la fase es la máscara puesta sobre la máscara. No resiste la investigación seria.

Tipologías MAT de personalidad por Preciada Azancot

Tipologías MAT de personalidad por Preciada Azancot

¿Cómo investigar de qué tipología es una persona? En tres pasos:

Primero y principal, detectando qué estructura de personalidad es la más presente y activa en el funcionamiento de la personalidad. Esto es el principal indicador.

En segundo lugar, detectar cual de las seis emociones es la más frecuente en el lenguaje verbal y gestual de la persona analizada. Domina la importancia del lenguaje gestual. Verificar si esa emoción nutre la estructura inflada.

En último lugar, verificar si los rasgos observables corresponden al prototipo descrito en el apartado de la información visual.

Muchos principiantes se abocan a hacer el proceso al revés, y así, confunden la tipología con la fase. Si la fase es muy antigua y la arrastramos desde nuestra niñez, es fácil confundir los rasgos que origina con la tipología de base, que es más importante. ¿Quiere decir esto que cuando cambiamos de fase cambiamos de rasgos? Sí, naturalmente, la expresión del rostro cambia, las marcas nuevas se van instalando, desaparecen marcas que envejecen o afean el rostro, pero naturalmente no vamos a tener la nariz más pequeña ni las orejas más grandes. Estos grandes rasgos se gestan en el útero y tiene una parte genética y otra neuro endocrina producida por el desbalance emocional dominante. Pero el rostro y el cuerpo cambian. sí, definitivamente, con las fases. El aspecto general cambia muchísimo. Y siempre ganamos belleza, salud y luminosidad con la conexión y, más aun, con las fases posteriores a ésta.

En todo caso, al ver el abismo que existe entre una persona conectada y una disociada, conectamos primero con el miedo ante el desastre, la maldición y el sin sentido que implica el estar dentro de la tipología, es decir, en la peor de las cárceles. Tener nuestra emoción dominante inflada hasta convertirse en una caricatura invertida y monstruosa de sí misma equivale a perder nuestra competencia principal y a ser tópico, y más necio que el bebé de nueve meses de gestado que todos fuimos. Si pudimos ser y existir, y nacer cuando éramos completamente dependientes del funcionamiento estructural y emocional de nuestra madre, ¿cómo creer en la dificultad de volver a estar tan nuevo como un recién nacido y, de allí, empezar a crecer y a ser en el orden de lo humano que todos poseemos al nacer? En nuestra experiencia docente, todo aquél que desea realmente conectarse y seguir creciendo lo logra en tan sólo 154 horas de curso y mucho entrenamiento a solas con los instrumentos adquiridos. La decisión de conectarse o de seguir usando a los demás para afincar relaciones de poder se suele tomar en tan sólo 30 horas. A veces en menos tiempo. La conexión y sus posteriores fases de crecimiento está en nuestras manos. Y sólo en nuestras manos. Nada ni nadie lo puede impedir si lo deseamos. Ni, tampoco, nadie nos puede obligar a cambiar si no lo queremos. Definitivamente, creer que se puede cambiar a otra persona es una falacia salvadora y Reactivadora que conviene eliminar. Se puede invitar y seguir invitando, pero la respuesta depende siempre y exclusivamente del interesado. Hemos visto miles de casos que muestran que una persona puede comenzar su curso disociada y terminar su proceso en fase de culminación, o más. Y también hemos visto algunos casos de personas preconectadas que decidieron no crecer, no conectarse, por deseos de poder, siempre. Siempre habrá alguno que prefiera el poder a la potencia. No nos hagamos ilusiones sobre eso. Pero este libro está escrito para los millones de personas que sí quieren ser todo lo que pueden ser, y ser felices.

Después del miedo a ver ese horror, pasaremos a la tristeza de constatar que el 98% de la gente tiene menos autenticidad, menos potencia y menos originalidad que ellos mismos cuando eran un bebé de un día. Y, lo más triste del caso, es ver hasta qué punto perpetuamos las visiones y valores de Mapas tipológicos y dañamos a nuestros hijos y a nuestros seres queridos cerrándoles la vía de su talento, de su vocación, e invitándoles a perder hasta sus emociones originarias, y con ellas, la potencia de su estructura innata. Pues sólo el 27% de la gente está en una fase igual o mejor que la de su propio Mapa tipológico. Es decir, que el 73% de la gente es aún más tóxica que una tipología. Lo que es una razón para llorar desconsoladamente.

Pero en este capítulo sobre tipologías, la emoción auténtica que dominará siempre será la rabia. Pues es injusto, a demás de lo lamentable de ser un mamífero, y de comernos los unos a los otros, siendo estos dos factores inevitables, pues el aire que respiramos tiene tres elementos vivos, una zanahoria cuatro y un pollo cinco, es injusto que gestionemos el mundo según visiones tipológicas que inflan y anulan nuestras competencias y nos hacen despreciar la de los demás, es injusto que sólo el 7% de las personas tengan conciente y asumido su talento y tan sólo el 2% tenga clara y actuante su vocación. Mientras, nos encasquetan misiones a todo tren: la misión de ser un siervo y un adorador de nuestro arquetipo tipológico. Y un esclavo sumiso del de los demás. Eso es lo que en este mundo solemos confundir con espiritualidad. Y así nos alejamos con horror de nuestra vocación real.

Así, las definiciones de emociones auténticas dejan paso a las emociones tipológicas infladas y:
– El amor verdadero es supuestamente el del Reactivador.
– La alegría verdadera es la del Promotor.
– El miedo verdadero es el del Fortificador.
– La tristeza verdadera es la del Constructor.
– La rabia verdadera es la del Revelador.
– El orgullo verdadero es el del Legislador.

Estas falacias, estas mentiras y farsas dan origen al triunfo de los Mapas en el mundo. Esto será tema de nuestro próximo Capítulo.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Un Hasta Siempre en mi Foro

Por Preciada Azancot

Y mira: el diagnóstico alto, el garante de la SEGURIDAD ABSOLUTA, SE HACE EN UN LUGAR Y EN UN TIEMPO REALES: Y hoy es un día muy triste, porque los últimos en resistir, también HOY han caído en la TRAMPA DE LOS PULSOS: Y os digo ¿DONDE? “AQUÍ”: “¡NO!”, ¿QUÉ?: “¡NUNCA MÁS, HE DICHO!”, ¿ CÓMO?: “¡ASÍ NO: CON PULSOS NO!” HABÍA UN “ASÍ SÍ Y LO HABRÁ, PERO NO AQUÍ, ni ahora”.

Porque vuestro silencio DEMOSTRARÍA, a partir de hoy, lo que ya sabíamos desde hace más de treinta años: que ya existe una ciencia exacta. el MAT, que rescató, pulió, limpió y os entregó las LEYES QUE NOS GOBIERNAN. Y no cometeré el error de romperlas y de elaborar otras para adoradores del Becerro de Oro de turno: los pulsitos entre los que abdican de su POTENCIA y que gobernarán la escena mundial hasta la destrucción general del 2016 y que intentarán -con una “promesa” de aval que son incapaces de dar-, silenciar las VOCES que les devolverían la cordura. Siempre y cuando dichas voces hablen PARA ellos. O en su nombre, lo que viene a ser peor.

Hasta ayer estaban, en el Foro de este Blog, mis más altos y avanzados y valientes alumnos. Representantes de los Justos, que siempre los habrá. Y tal es el peso de la tipología del planeta, que se han ¿equivocado? ¡no! aterrado, obcecado sí: y para mi gran pasmo, no pudieron diagnosticar que el planeta ya estaba esquizofrénico ¡y mira si lo escribí ya no sé cuántas veces en estos terribles dos meses pasados! Es que la confianza en la DIGNIDAD (orgullo) del ser humano, los confundió por el breve lapso de 6 horas.

DAVID Y ESTHER por Preciada Azancot

“David y Esther”, óleo, Preciada Azancot

Ayer cerré las puertas a respuestas y comentarios al foro. Con la intención de hacer algunos monólogos al menos hasta Noviembre. Es que el Amor Universal que siento por la Creación y por el Universo, y que concentré en lo OBJETIVAMENTE MÁS ALTO DEL PLANETA: el Pueblo Judío, mi Pueblo, me deslumbró por una hora. Porque confieso, asumo y actúo, que OS AMO APASIONADAMENTE Y MÁS ALLÁ DE TODO ATISBO DE EXPIRACIÓN POSIBLE. Y es por ALEGRÍA INFINITA por la libertad y por la pureza de la inocencia que hoy doy un paso más:

Pues HOY YA, vuestro silencio -que ya sería “terco”-mostraría que a partir de HOY, también los Judíos han caído en la trampa y lanzan pulsos, no a quien los quieren destruir, sino a quienes desean alumbrarles un camino hacia lo mejor de sí-mismos. Ya os dije que odio los pulsos porque salen de algo que nunca tuve la tentación de borrar: el Ego. Así que si estamos vivos en el 2017, nos encontrarán aquí. O allá, o donde esté la VIDA PLENA o al menos su ESPERANZA, nuestro HIMNO.

Mis monólogos los seguiré como siempre, con mi Diario. Aquí sería ya algo que ambos odiamos, y por eso “los gentiles” -que Dios nos conserve el Humor- nos metían en Guettos, sería voyeurismo. Seguiré en mi Blog y en Facebook mientras pueda dialogar con el Universo y alzar plegarias para que Dios nos haga SABIOS a TODOS. Así que cierro el foro hasta dicha fecha y os regalo con sonrisas, con mucho cariño y con indesmayable fe en el orden de lo humano, la descripción científica de lo que es un Constructor.

Y me tengo que dar mucha prisa para escribir al menos UN artículo más. Pues como la Alegría rige la velocidad, y es, por definición misma, SUPERIOR A LA VELOCIDAD DE LA LUZ y por eso se LLAMA ENERGÍA DEL ESPÍRITU, en tiempos de crisis, y más aun en Vísperas de Rosh Ashanáh, acelera la del Infinito. Por eso se abren los cielos y se escriben los NOMBRES en el LIBRO DE LA VIDA.

Preciada Azancot, Septiembre de 2014

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II. TIPOLOGÍA CONSTRUCTORA:

Dimensión dominante: Sintetizador-tristeza-oído, su competencia.
Dimensión desconectada: Transformador-orgullo-gusto, su talento.
Dimensión prohibida: Vitalizador-rabia-olfato, su vocación.
Dimensiones sanas: Protector-amor-vista.
Orientador-alegría-sexo.

Percepción sensorial del Constructor:

¿QUÉ VAMOS A VER? La figura geométrica que domina la estética Constructora es el cuadrado (rostro, tronco, caderas, manos, pies).
La glándula que funciona con la tristeza es la tiroides, que produce una aceleración del metabolismo, delgadez, agitación y mucho vello y cabello. El cabello es lo primero que llama la atención en el Constructor. Es tupido, grueso, extremadamente abundante y nace muy bajo sobre la frente. Por lo demás el vello, sobre todo en varones, es mucho más abundante que en el resto de las personas. El Constructor se distingue también por su hiperactividad: está haciendo cosas constantemente y no puede quedarse quieto. Igualmente tiene un gran metabolismo y es delgado y de piel muy seca. A veces padece de hipertiroidismo.
Su rostro es cuadrado, pero redondeado en su parte inferior. Tiene la frente estrecha y sus cabellos sorprendentes nacen bajo sobre la frente. Tiene cejas bien dibujadas y horizontales, ojos medianamente grandes y casi siempre miopes, lleva gafas con mucha frecuencia, porque le dan un aspecto serio que él cultiva. Tiene la nariz más perfecta, recta y fina de todas las tipologías y labios más bien finos y horizontales. Lo bajo de su rostro es suavemente redondeado.
Su cuello es fino, tiene los hombros estrechos y más bien caídos, es delgado y tiene los brazos y muslos algo más cortos que el promedio. Tiene movimientos mecánicos, algo robotizados, como si sus articulaciones no estuvieran aceitadas y flexibles. Tiene una actitud gestual tensa y con falta de elasticidad y de agilidad, y eso tan así, que no arrugan la ropa ni siquiera tras un día rudo de trabajo incesante.
Se visten de manera sobria y muy clásica. Les gusta el color azul, el gris, y a veces los más atrevidos usan toques de rojo. Cuando quieren romper el molde de su clasicismo, usan una orgía de rojo. Es muy raro verlos de verde. Prefieren la calidad a la cantidad y tienen ropa de alta calidad que no les importa repetir. Son los grandes perfeccionistas de entre las tipologías. Están siempre impecables, y la corbata está recta y sin una sola mácula ni torcedura.
La decoración de su casa, en las raras ocasiones en que son ellos quienes la eligen, es muy sobria y sencilla. Muy funcional. Hay pocos muebles y muy sencillos, de materiales modernos y de precio módico. Sin embargo, acumulan muchos objetos de colección, porque son grandes coleccionistas. El blanco cáscara de huevo, el azul y el rojo dominan. Les gustan las fotos y los afiches, y prefieren el cubismo en arte. A veces salen las raíces y se manifiestan en la arquitectura y la decoración barroca. Son los creadores del arte barroco.
Aunque sobrios y sencillos, son coquetos a su manera y buscan, en todo, la calidad. La imagen que cultivan es la de sobriedad, seriedad y constancia. Quieren llamar muy poco la atención y se disfrazan de adulto serio con gafas de concha, peinados estrictos con raya impecable ( lo cual es ya un prodigio dado lo profuso y rebelde de su cabellera), ropa sin una sola mácula ni arruga, de corte clásico y sobrio. Más bien sorprende, cuando se fija uno en sus rostros, la impecable perfección y clasicismo romano de sus rasgos. Son de estatura media. Son delgados.

¿QUÉ VAMOS A OIR? La voz del Constructor es bastante monocorde y de ritmo continuo y puede inducir al sopor. El volumen es medio. Cuando los Constructores hablan, lo hacen en serio, como todo lo que hacen, y dan datos y más datos, evidenciando lo superinformados que están. Desean ser “perfectamente” claros y, para ello, abruman al auditorio con sobreabundancia de detalles. Introducen paréntesis que aportan precisiones interminables que hacen perder el hilo de lo esencial. Cuando, tras media hora, terminan una frase con sus múltiples paréntesis, el oyente ya perdió el hilo del discurso, y el Constructor se desespera por no haber sido lo suficientemente preciso y se promete que en la próxima ocasión será más “perfecto” y dará más información aún. Con lo cual su auditorio rehuye el preguntarle nada. Afortunadamente, el Constructor sólo habla cuando le interrogan y son escuchas privilegiados y pacientes. Usa muchos adverbios, como “perfectamente”, “obviamente”, “naturalmente”, “concretamente”, que evidencian su alto perfeccionismo. Está sobre informado y está abonado a todas las revistas especializadas de su sector. Es un gran lector que colecciona libros sobre los temas más raros y diversos que pueda uno imaginarse.
Adora la música y no puede vivir sin ella, sobre todo la clásica, la barroca muy particularmente, al menos al comienzo de su iniciación, y la música de jazz. A veces toca un instrumento y lo aprende de adulto.
Pocas veces es artista y, cuando lo es, privilegia la fotografía o el hiperrealismo, en los cuales se puede convertir en uno de los grandes de su tiempo. Es muy observador y visual y retiene detalles que ningún otro es capaz de percibir.

¿QUÉ VAMOS A TOCAR? El Constructor no tiene ninguna inclinación especial ni a favor ni en contra del contacto físico. Ni se asusta cuando lo tocan, ni busca en especial que lo hagan. Es sobrio y asertivo en su contacto físico con los demás.
Su piel es muy seca y necesita ser constantemente hidratada. Su alto metabolismo le confiere una carne prieta y seca, sin retenciones de agua ni grasas superfluas. Lo que se toca es, sobre todo, el músculo en un Constructor.
Soporta mejor el frío que el calor, aunque es muy sensible a ambos. Pone el aire acondicionado, indispensable para él, a temperatura excesivamente baja para no sudar, cosa que odia hacer.

¿QUÉ VAMOS A GUSTAR? El Constructor es sobrio y sencillo en todo, especialmente en lo que a alimentación se refiere. Le gustan las cosas sencillas y naturales, como las carnes y pescados a la plancha, ensaladas clásicas y poco aliñadas, vegetales naturales, postres sencillos como flan y natillas. Es un gran aficionado a los congelados, que busca por su practicidad. Cuando cocina lo hace muy honestamente, siempre y cuando se le pida clasicismo. No es creador ni inventor en ese aspecto. En el otro extremo, existen en el mundo cocineros maravillosos, imaginativos y consagrados de tipología Constructora. Pero son la excepción a la regla porque, en ese aspecto, han logrado su conexión.

¿QUÉ VAMOS A OLER? El Constructor, en su perfeccionismo extremo, es bastante maníaco con la limpieza. Adora la ducha, que prefiere al baño, y se ducha constantemente. Se lava las manos unas veinte veces al día o más. Siempre huele a agua y a jabón. Cuando se puede penetrar en su olor corporal particular se nota un aroma de helecho. No usa excesivamente perfumes y prefiere la colonia, de lavanda muy particularmente. Le gustan las orquídeas. Los Constructores olfativos están cerca de su conexión.

¿QUÉ VAMOS A PERCIBIR SEXUALMENTE? El Constructor es el menos sexista de entre las tipologías. No concibe el machismo ni el hembrismo. Para él, una persona es eso, una persona. No va a cultivar la caballerosidad ni el sexapeal y espera de los demás el mismo trato llano y unisex. Es un amante tierno, atento, detallista y cumplidor, pero poco imaginativo.
El sexo representa para él un placer sencillo y sin complicaciones. No le añade ni los tabúes ni las magias que otros incluyen en las relaciones eróticas. Es de una gran fidelidad sexual.
Elige bien a sus parejas, sin aventurarse a grandes aventuras anímicas. Prefiere a Legisladores y a Reveladores. Por lo general rehuye a los Promotores, que son su pareja cósmica porque eso le complicaría la vida y le obligaría a lidiar con la fase de trascendencia. Y eso es demasiado para su orgullo desconectado.

Análisis estructural de la tipología Constructora:

La estructura dominante del Constructor es el Sintetizador, que está hiperpresente en todas sus manifestaciones. Él desempeña plenamente todas las funciones del Sintetizador y tiene una memoria de elefante, es muy ordenado, le gusta archivar y conservar todo, le encanta pensar y razonar. Es un adicto al desarrollo y a la comunicación, al menos en lo que a información se refiere. Porque le inquietan y asustan las emociones humanas que la gente asoma cuando se comunica. Es muy auditivo, tanto como visual.
Su Transformador está desconectado y siente hostilidad por lo novedoso, por la inventiva, por lo imaginativo, por lo que no ha sido consagrado por la mayoría. Así entiende la democracia: como la razón de la mayoría numérica. Teme mucho la envidia ajena y es ciego con la suya. Él jura que jamás es envidioso, pero cuando se encuentra con lo auténticamente grande y genial, declara su escepticismo y a veces agrede y ataca al descubridor. No se da cuenta de su envidia, porque él rinde culto a los genios. Sí, pero cuando la historia los ha consagrado, después de mil ataques y descalificaciones de la gente como él. Tiene una obsesión en lo que toca al Transformador: todos los genios y creadores son locos. Y él, el primero, si se deja tentar por escuchar a tan peligrosa estructura.
Su Vitalizador está prohibido y eso se nota en todo lo que atañe al Constructor: no sabe decir “así no”, no es vital ni vitalista, es bastante rígido y mecánico, no cree en un universo de justicia, y actúa el arte de soportar calladamente las injusticias.
Su Protector es sano y de tamaño normal: es cálido, amistoso, leal, amoroso. Tiene sentido de la solidaridad y de la cordialidad. Lo que le falta es tiempo porque, aunque lo niegue fervientemente, no sabe administrar su tiempo y nunca tiene un momento para lo que le gusta.
Su Orientador es sano en sus manifestaciones cotidianas de disfrute de los pequeños placeres de la vida, que él sabe apreciar como nadie, pero muy miope en lo que a vida espiritual se refiere. El Constructor es un agnóstico que vive perfectamente sin Dios y que cree que somos fruto de la evolución y de la ley de Darwin. Para él, bajamos todos del mono, y punto.
Su Rector es discreto y algo subdesarrollado. No sabe establecer límites de invasión de su intimidad y de su tiempo y espacio. Sobre todo, de su tiempo. No está en armonía casi nunca y vive estresado. Y acelerado.

Ingeniería emocional de la tipología Constructora:
El Constructor tiene inflación de la tristeza. Siente todos los estímulos y manifestaciones que deben producir tristeza, pero también cambia las reacciones a los estímulos que deben producir orgullo y los transforma en falsa tristeza derrotista y abrumadora. Es muy inteligente, sensato y racional. Es básicamente deductivo y analítico. No está preparado para el pensamiento inductivo que le parece aventurero y algo loco, ni para la síntesis. Se ahoga en los detalles.
El orgullo es su emoción desconectada. La mera palabra orgullo lo irrita, pues él le confiere un significado de orgullo falso, soberbia y pedantería. Siente rabia en vez de orgullo. Cuando se le muestra una innovación, agrede al inventor y lo descalifica. Cuando él se aventura, excepcionalmente, a manifestar su orgullo creador o libertador, lo hace defensivamente y de manera agresiva. Con lo cual el interlocutor expresa su rechazo y eso lo ratifica en su decisión de no confiar su mundo imaginario a nadie. Le interesa demasiado ser aprobado y encontrar su lugar en la mayoría como para correr la aventura, alta y solitaria, del creador, del innovador. Cuando alguien en su entorno toma ese riesgo, en vez de admirar al innovador, el Constructor siente envidia y lo denigra. Como está muy informado, busca siempre dónde el creador copió su obra. Como no encuentra ese fraude que tanto busca, en vez de admirar lo novedoso, se siente irritado y estafado como si el creador hubiese efectivamente copiado su obra de alguien desconocido por él.
La rabia es su emoción prohibida. El Constructor va de víctima por el mundo y se queja mucho, pero se somete a todos los abusos e injusticias. En cuanto a la vitalidad y energía que confiere la rabia auténtica, el Constructor es hiperactivo pero no tiene auténtica vitalidad ni siente su corporalidad. Es todo cerebro y cerebral. Aunque es muy disciplinado y hace gimnasia y practica deportes como el squash y el tenis, cae fulminado por un infarto o minado tempranamente por un cáncer. Tiene problemas circulatorios, jaquecas y colesterol, además de hipertensión arterial.

Creencias arquetipales del Constructor:
Aunque es el que más niega la existencia de Dios, el Constructor tiene su dios particular, a quien obedece ciegamente. Aquí se trata de Sísifo, hijo del viento, el más astuto de los mortales, padre de Ulises ( también condenado a imposibles y heroicos trabajos), condenado por Zeus, por haber sido orgulloso y justiciero, a empujar una inmensa roca hacia la cumbre de un monte. Cada vez que Sísifo “casi” lograba encumbrar la roca, ésta volvía a caer y tenía que volver a su frustrante tarea, eternamente. Por más astucia que mostró, jamás logró escapar a esa maldición, ni en vida ni en los infiernos.
Sometido a la maldición de tal dios, no es de extrañar que las creencias básicas existenciales del Constructor sean:
Si revelo lo que descubro nadie me tomará en serio ( me envidiarán y me condenarán como a un loco). Y
Nada puede cambiar (todo se repite eternamente, sin escape posible).
Su Drama existencial (D.E.):
Es “abrumado”: el Constructor, creyéndose condenado a trabajar y trabajar, no se da cuenta de que usa el trabajo como refugio para no jerarquizar ni crear, con lo cual se garantiza no conectar el orgullo auténtico. Para ello, se abruma con mil cosas que hacer, que él no jerarquiza, y hasta se presta gustoso a hacer el trabajo tedioso ajeno como garantía de no tener respiro ni poseer un sólo momento para ser y crecer. Así, va de víctima y culpabiliza calladamente a los demás seres libres que disponen de su tiempo. De este modo se cierra el acceso a la rabia y se mantiene esclavo de su propio Mapa.

Perfil psicológico del Constructor:
El Constructor tiene una rica e intensa vida interior, una inagotable curiosidad y una imaginación deslumbrante. Se muestra como el hombre y la mujer grises, del montón, que sólo saben trabajar, serios, pero ¡tan aburridos!
Ellos son perfeccionistas y puros, grandes estetas refinados y son vistos como comunes, sesudos, sí, pero ¡tan poco imaginativos y refinados!
Ellos sufren con entereza y dignidad las envidias y las injusticias de su entorno y se proponen mostrar que, aun en las más pequeñas y discretas tareas se puede ser un revolucionario. Son vistos como desarrolladores de ideas ajenas, cumplidores y discretos, pero ¡tan insensibles!
Ellos mejoran cualquier cosa que estén haciendo, poniéndole todo su empeño y su corazón, y son vistos como aburridos y repetitivos por los demás.
Ellos son justos y sufren ante cualquier mentira, manipulación e injusticia. Sólo que no creen en el sentido de la justicia ajena y, por ello, son pacientes y deciden que a fuerza de andar pequeños pasos se terminarán produciendo grandes cambios. Son vistos por los demás como conformistas y sostenedores del orden invertido de lo social.
El Constructor trabaja y trabaja, arrinconado entre los Legisladores que sólo otorgan el noble estatus de ciudadano a las personas responsables, serias y cumplidoras, y los Promotores, que están convencidos de tener en él a un esclavo para ejecutar sus brillantes ideas. Con ello se congracia con las dos tipologías y encuentra su lugar en la sociedad. Con ello es feliz. Pues el Constructor tiene como más alto interés en la vida el de ser útil.
Contrariamente al Legislador, el Constructor no va de padre por la vida. Él va de adulto, cualquiera que sea su edad. Es muy divertido ver a niños Constructores actuar como adultos aun en las más relajadas y festivas condiciones.
El Constructor es hipercerebral e hiperracional. Es pura lógica. Puro pensamiento deductivo y lineal. Además es superperfeccionista y desmenuza cada concepto hasta microscópicas consecuencias. Es el rey del análisis. Además lo analiza todo y descalifica lo que no tenga una causa o un efecto racional. Es puro hemisferio izquierdo.
Lo que más valora en su vida social es el tener una especialidad y por ende una utilidad garantizada. Lo segundo que necesita es tener una familia a quien serle fiel y por la cual sacrificarse. También es un excelente amigo, pero tiene poco tiempo para ellos. ¡No lo tiene ni para su familia, a la cual ama tanto! Siempre está atareado y, muchas veces abrumado. Se queja y suspira pero no sabe jerarquizar y diferenciar lo prioritario de lo accesorio. Toda tarea es prioritaria para él, es más, cuando distingue, se propone comenzar por lo más tedioso para disfrutar de lo más exaltante. Pero como acepta y hasta persiguebusca cargar con tareas ajenas, no encuentra tiempo para lo más imprevisible y creador.
El Constructor encuentra su elevación espiritual en el trabajo bien hecho y en la música. No puede vivir sin ella. Con ella sueña, vuela, y se encuentra a sí mismo. Es raro que encuentre su realización en la música más contemporánea. Él es un clásico y siente especial veneración por músicos Constructores como él: Bach, Vivaldi, Monteverdi, y si es muy atrevido, Shostakovich, Malher y Moussorgsky. Pero ama a Beethoven, aunque exprese tanta rabia. Tiene un efecto de drenaje linfático sobre él.
El Constructor no cree en dios. Es un demócrata agnóstico que cree que todo empieza y termina aquí, en esta tierra, y él hará su parte de camino con honestidad y humildad, sus dos mejores virtudes. Se entregará por completo, sin esperar ninguna recompensa ni en esta tierra ni en el más allá. Lo hará por honestidad y porque es un perfeccionista a quien le gustan las cosas pulcramente hechas.
Su perfeccionismo es su mayor virtud y su peor enemigo. Es despiadadamente crítico consigo mismo y benévolo con los demás. Nunca lo hace lo suficientemente bien. Eso lo lleva a ser maníaco con la limpieza, con el orden, con los gestos de verificación. De allí a tener tics, manías y compulsiones repetitivas hay un paso que él franquea con facilidad.
Abusa de su resistencia y sus disfunciones emocionales lo predisponen a enfermedades circulatorias, isquémicas, cardiológicas y a neuropatías, en especial al Alzeimer, que es un escape para descansar de tanta laboriosidad y de tanto perfeccionismo.
Aunque le encanta su hogar, pasa poco tiempo en él, salvo, naturalmente si se dedica a ser ama de casa. Tampoco allí disfruta a plenitud de su casa, porque se la pasa aseándola. No es un gran anfitrión y más bien hace de colaborador y de ayudante a su pareja. Tampoco es un gran cocinero, salvo rarísimas excepciones de Constructores cerca de su conexión. No tiene tampoco un talento desarrollado en el arte de la conversación informal. Es algo tacaño y previsor, como la hormiguita de la fábula con la cual tanto se identifica. Sus colores preferido son el azul, con toques rojos, y el blanco sucio.
Lo que más lo desespera de sí mismo es su dificultad para elegir. Para él, elegir es un suplicio y nunca está convencido de haberse decidido por lo mejor. Aunque haya hecho sacar todos los zapatos y se los haya probado todos, por ejemplo. También lo atormentan su curiosidad morbosa y su atracción por lo oculto, por lo esotérico, por lo fantástico y paranormal. Aunque lo esconde escrupulosamente, para que la gente no crea que está loco, se ve a sí mismo como un voyeur, un escudriñador de secretos e intimidades ajenas. Por eso se identifica tanto con la fotografía.
Su relación con la rabia es muy epidérmica: la odia. Es la emoción de los locos. Y punto. Se reafirma en esa creencia cuando siente y expresa rabia en vez de orgullo. Cuando lo asume, se ve como a un loco, y con razón. Un mundo de justicia es su ideal, pero los ideales son utopías. En el mundo de la realidad siempre reinará la injusticia y él es adulto porque sabe que las cosas no cambian.

Funcionamiento energético estructural:
F.E.E.: (tristeza –orgullo – rabia) + amor + alegría –miedo.
Tiene dos emociones auténticas: el amor y la alegría cuando está en su Mapa. Siente la tristeza auténtica, pero la mezcla con un 40% de orgullo que convierte en derrotismo amputador y carcelero. Siente rabia en vez de orgullo (envidia) y miedo en vez de rabia (apocamiento, intimidación)
Esa es su fórmula y su ecuación.
Profesiones: Investigador. Consultor. Formador. Médico. Ingeniero. Científico. Informático.

Fases de evolución tipológica:

EL CONSTRUCTOR CONECTADO: CONSTRUCTOR-REVELADOR.
Tiene sus seis estructuras alimentadas por sus seis emociones auténticas y enchufadas a sus seis sentidos respectivos.
Conserva, magnificadas y depuradas, las cualidades de su Mapa: es tierno, inteligente, leal, generoso y agudo. Es trabajador, honesto, curioso, científico, racional, maduro, servicial, tiene sentido de pertenencia a su núcleo familiar y laboral. Es sobrio, es ecuánime, da excelentes consejos. Es consciente de su atracción por lo mágico, lo erótico, lo religioso, lo espiritual y se aboca a su estudio. Es detallista y minucioso.
Se convierte en un reanimador de todo lo colapsado y lo enfermo, es el mejor creador de la UCI, y su jefe. Es un catalizador nato de las mejores fuerzas innovadoras y creadoras. Es un creador y un artista de gran pureza constructivista. Es alegre, optimista, fiable, valiente. Ama a la gente en función de su valía auténtica y no hace excepciones. Es el mejor confrontador de psicópatas que huyen ante él como ratas y dejan en paz a los demás. Es un esteta refinado y un coleccionista de rarezas. Es un excelente cocinero y le encanta comer bien. Es imposible desorientarlo. Es extremadamente sensual, erótico y agudo. Es brillante y rompedor. Es irresistible y puro. Es biófilo. Es el mejor amigo y defensor de los genios, que él reconoce y consagra antes que nadie. Con ellos se pone en el camino de convertirse también en un genio.

Se pone inmediatamente y sin demora en el camino de su hiperconexión y de su trascendencia, y se orienta hacia la talla de un Goethe y de un Cezanne.

D.E.: Ninguno.

Profesiones: Director de Procesos de Cambio organizacionales. Líder de su empresa. Artista plástico o poeta. Presidente de la Asociación de su gremio, que resucita.

F.E.E.: (tristeza +orgullo + rabia) + amor + alegría + miedo. Todos auténticos.

Usa el 80% de energía innata y forma parte del 2% de la población de Constructores.

Breve resumen de las tipologías MAT

Por Preciada Azancot

Como ya hemos visto en anteriores Posts, el ser humano tiene una estructura de personalidad compuesta de seis subestructuras.

Cuando la estructura está alimentada por las seis respectivas emociones, todas auténticas, la personalidad funciona perfectamente y en equilibrio. Representamos la estructura de personalidad M.A.T. con el diagrama adjunto.

Estructura MAT de personalidad
En la vida real, se dan 49 patrones diferentes de conducta (incluyendo todo tipo de psicopatías), con sendos perfiles de personalidad, los cuales se dividen en siete familias tipológicas. La tipología M.A.T. de personalidad se caracteriza por la existencia de tres anomalías correlacionadas de funcionamiento: una emoción dominante, magnificada, o exaltada, una emoción desconectada ausente, que se reemplaza por un rebusque de rabia, y una emoción tabú o prohibida que representa la meta existencial del sujeto que encuentra mucha dificultad en sentirla y en actuarla. La emoción magnificada representa el talón de Aquiles de la persona, quien no logra concebir la vida sin esa emoción magnificada, y, claro, es por ella que puede ser desequilibrado por el entorno. La emoción desconectada es el potencial punto fuerte diferencial del individuo. La emoción tabú o prohibida, que el individuo desconectado experimenta como fobia, es la emoción trascendente que le podría devolver la plenitud perdida y en cuya persecución-rechazo organiza su argumento de vida, no logrando acceder a ella mientras no recupera y asume su talento potencial (emoción tipológica desconectada). Así, cuando una persona desea recuperar su potencia instalada, debe redimensionar y fortalecer en primer lugar su emoción magnificada, recuperar a continuación, corrigiendo su rebusque de rabia, su emoción fuerte desconectada, y acceder, a través de un proceso de desensibilización, a su emoción prohibida conectadora.
Remitimos al lector interesado a “El Esplendor de lo Humano”, escrito por Preciada Azancot. Es ésta una obra fundamental para el conocimiento del MAT, donde, entre otras muchas cosas, se estudian las tipologías en amplio detalle.
Resumiendo al máximo, podemos caracterizar las seis tipologías de personalidad M.A.T. del siguiente modo:

El Reactivador tiene como emoción dominante el amor, emoción desconectada el miedo y emoción tabú la alegría. Es reactivo, catalizador del cambio, amoroso, confiado y solidario. Es valiente y hasta temerario y termina crucificado como chivo expiatorio. Su Drama Existencial es “solo trato de ayudarte”. Su arquetipo básico es Orfeo. Su referente trascendente es Jesús.

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