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EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 30: TIPOLOGÍA FORTIFICADORA

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Dimensión dominante: Rector-miedo-tacto, su competencia.
Dimensión desconectada: Vitalizador-rabia-olfato, su talento.
Dimensión prohibida: Sintetizador-tristeza-oído, su vocación.
Dimensiones sanas: Protector-amor-vista.
Orientador-alegría-sexo.
Transformador-orgullo-gusto.

Tipología MAT Fortificadora por Preciada Azancot

Tipología MAT Fortificadora por Preciada Azancot

Percepción sensorial del Fortificador:
¿QUÉ VAMOS A VER? La figura geométrica que domina la estética Fortificadora es el octógono (rostro, busto, vientre, manos y pies).
Las glándulas que responden al miedo y funcionan con él son las suprarenales, y muy en particular, la secreción de cortisona y de adrenalina que rigen el cuerpo y la manera de ser del Fortificador. La cortisona le produce hinchazón, y el exceso de adrenalina, una posición defensiva ante la vida.
El rostro del Fortificador es por lo general más ancho que lo normal. La piel es lisa y tensa, tersa también. El exceso de agua no deja percibir la osamenta ni el músculo, y los rasgos son desdibujados, muy sutiles. Parecen haber sido dibujados para luego ser difuminados. La frente es lisa y refleja la luz como un espejo. No hay arrugas ni marcas de expresión en el rostro liso y sutil. Los ojos parecen más hundidos que lo normal y tienen poco brillo, como mirando hacia adentro. La boca es algo blanda y se chupa el labio superior. El cabello es fino y poco nutrido, salvo en unos pocos Fortificadores con tendencia innata hacia la conexión Constructora y que tienen un cabello igual de profuso que los Constructores. Pero la inmensa mayoría de los Fortificadores tienen el cabello tan fino como la piel, muy delicada, y se ponen calvos muy precozmente, comenzando por la coronilla. El rostro es proporcionalmente grande.
El cuello es ancho y corto. El cuerpo redondo y con tendencia a la obesidad pues, además de cortisona en exceso, el Fortificador tiene la tristeza prohibida y por lo tanto un bajo funcionamiento de la tiroides y del metabolismo. Además tiene la rabia desconectada y no quema todo lo que podría. El resultado es una gran tendencia a engordar, aunque no coman en exceso. A esa tendencia se añade la gran retención de agua en los tejidos (vientre, pies y manos que se hinchan fácilmente, y gran propensión a sudar en exceso). Hombros delicados y talle algo grueso, estómago y vientre algo prominente, brazos y piernas algo más cortos proporcionalmente al busto.
Las manos y pies, algo anchos, tienen dedos que terminan en punta, mucho más finos que sus bases.
El Fortificador se mueve de manera pausada y retenida, como a cámara lenta. Es algo pesado en sus pisadas. Parece algo torpe corporalmente.
Se viste muy discretamente, como para pasar inadvertido, y cuida su ropa interior, que puede ser de seda natural o de raso. Usa el azul marino y el gris, que son colores discretos aunque sombríos. No le gusta llamar la atención. Cuando está en un grupo, se sitúa al borde de éste o fuera de él.
Tiene la vista muy delicada y es normalmente astígmata. Por fortuna no es un caso frecuente, pero la mayoría de los ciegos son Fortificadores.
El Fortificador es muy hogareño y él inventó la palabra hogar. Le gustan las casas humildes desde el exterior y muy sensuales y ricas en su interior, como los palacios árabes. Acumula muchos objetos porque es un sentimental, y guarda todo el relicario de los abuelos. Además compra muchos tapices orientales, sedas y brocados, maderas y cueros repujados, cobres centellantes. También le gustan las porcelanas y las figuritas. Su casa es por lo general muy recargada y, para los estetas, de gusto dudoso. Tiene predilección por los colores pastel en la decoración. Trata de evitar el negro, pero abunda en la decoración de sus espacios vitales. También colecciona muñecas y peluches y coches de tamaño reducido. Le gustan los jardines intrincados y las fuentes. Adoraría tener un laberinto en su jardín.
El Fortificador es de estatura media y parece algo achaparrado. Los indios peruanos son un prototipo excelente para la estética de esta tipología.

¿QUÉ VAMOS A OÍR? El Fortificador es muy tímido y habla lo menos posible. Cuando lo hace baja mucho el volumen de la voz, que tiene un timbre grave. En fase de disociación la voz se vuelve aflautada y gritona. El ritmo del Fortificador es lento en el hablar y tiene tendencia a repetir las palabras que quiere destacar. Cuando se le hace una pregunta, tarda un tiempo infinito en contestar y lo hace sonrojándose y sintiéndose torpe.
El Fortificador es un ser esencial en todo y le gusta elegir sus palabras. Cuando lo hace, resulta muy impresionista y se le nota que su mundo interior está regido básicamente por sensaciones. No por ideas ni conceptos ni emociones. Por sensaciones. Por eso su lenguaje puede ser tan lindo como un cuadro de Monet. En el pasaje del Principito con el Zorro, éste es un Fortificador tipo que nos puede dar una idea muy precisa y sensorial de esta tipología.
Si bien el Fortificador ha logrado el silencio interior mucho más y mejor que cualquier otra tipología, vive rodeado de una música estridente y agresiva puesta a todo volumen, que él necesita para no pensar. También le gustan el ruido y la agitación de la calle, su escenario natural.
Al Fortificador no le atrae particularmente la cultura, al menos la formalizada. Prefiere la cultura en vivo, haciéndose, en la urbe. Es muy curioso y es el paseante paradigmático. Observa apasionadamente a la gente que lo rodea. Esta es su cultura favorita.
El Fortificador tiene el mejor sentido del humor. Capta el ridículo de las situaciones que nosotros vemos como normales y que, para él, son surrealistas. Cultiva también el humor negro. Cuenta extraordinariamente bien los chistes.

¿QUÉ VAMOS A TOCAR? El Fortificador odia ser tocado y nunca se aventura a tocar a los demás. En esto se entiende bien con Reactivadores. Pero en lo de tocar nada más, porque le horroriza el desbordamiento emocional de los Reactivadores. La piel del Fortificador es húmeda, porque suda mucho. Y la carne es blanda. Si se aprieta la piel, la carne dejará un rastro, unas marcas donde se hundieron los dedos.
Aunque no tiene una sola marca ni arruga, el Fortificador parece siempre más viejo de lo que es. Esto hasta los cincuenta años, a partir de los cuales empieza a rejuvenecer y parecer menor que lo que señala su tarjeta de identidad.
El Fortificador tiene poca tolerancia a las temperaturas extremas y sufre mucho tanto de frío como de calor.
Tiene la piel muy sensible y sufre de erupciones y de alergias con mucha facilidad.

¿QUÉ VAMOS A GUSTAR? Al Fortificador le gusta mucho comer. Come bien y mucho, y él inventó los guisos amorosamente cocidos durante horas a la luz de la lumbre. Le encantan los bizcochos, las magdalenas y todo tipo de pastas. Sabe todo sobre infusiones y licores caseros. Come de todo y evita solamente carnes y pescados crudos, aunque si se les acompaña de adobos y salsas, también los comerá.
El Fortificador es un excelente cocinero, esmerado, amoroso, paciente y algo imaginativo. Le releja cocinar y nunca se pone de mal humor si hay que preparar comida para veinte personas. Es un maestro de la repostería. Y se muere por los dulces. Prefiere renunciar a cenar con tal de comerse dos postres.

¿QUÉ VAMOS A OLER? El Fortificador, como suda mucho, debe lavarse más que el común de las personas. Su piel huele a musgo y a tierra recién mojada por la lluvia tropical. No es muy olfativo, porque tiene la rabia desconectada. Los olores corporales no le suelen repugnar.
En cambio, a él es a quien más gustan los perfumes. Los adora. Los colecciona, así como a todas las esencias para baño y también los inciensos, que quema muy frecuentemente para aromatizar su casa. Regalar un perfume a un Fortificador es acertar a ciegas. Le gustan todos, los florales y los orgánicos, los de hierbas y los de minerales. El fortificador es un gran sensorial y usa con deleite todos y cada uno de sus sentidos. Esa es la base y la raíz de su gran sensualidad.

¿QUÉ VAMOS A PERCIBIR SEXUALMENTE? De entre todas las tipologías, se puede afirmar sin temor a equivocarse que el Fortificador es el mejor de los amantes. Adora hacer el amor y no tiene manías ni preferencias especiales. En general, es básicamente heterosexual, pero puede, por su insaciable curiosidad, tener una o varias relaciones con personas de su mismo sexo. No tiene tabúes.
Es discreto y no va seduciendo a su paso, como lo hace el Promotor. Es bastante fiel cuando está enamorado, al menos, al comienzo de una relación.
Es un amante detallista y paciente, y sabe controlarse y esperar a que su amante tenga todos los orgasmos posibles antes de pensar en sí mismo.
Además le encantan los ritmos lentos y sutiles de estilo oriental y es un adepto del tantrismo aún sin saberlo.
Para él, el sexo es fundamental, y puede perfectamente quedarse con una pareja inadecuada si la sexualidad es satisfactoria. Le gusta el sexo por sí mismo y no necesita, como el Reactivador, estar enamorado para tener relaciones sexuales con alguien que le guste. Y tiene un gusto para el sexo que se parece bastante a su gusto por la comida: le gustan todos los tipos de personas.
Su elección de pareja es muy conservadora. Al Fortificador le aterra enamorarse perdidamente, pues asocia el verdadero y gran amor con la muerte: cree que si se pierde ese gran amor, lo que quedará por hacer será suicidarse. Por lo tanto, se protege del gran amor casándose con personas de su misma tipología. El Fortificador es el único en hacerlo. Tiene tanto miedo a la diferencia -porque asimila la diferencia con conflictos potenciales y con tensiones- que prefiere estar a solas consigo mismo, con una persona igual que él. Casi ningún Fortificador elige a la pareja cósmica para él, a un Legislador. Prefieren evitar riesgos. Luego sueñan con Tristán e Isolda.

Análisis estructural del Fortificador:
La dimensión muy dominante en el Fortificador es el Rector y el miedo. Un Fortificador le tiene miedo prácticamente a todo. Teme el cambio y teme la costumbre, teme a la gente y teme a los animales. Teme las emociones por encima de todo, porque le parece que la gente es irracional y no sabe controlarse. El sí que sabe. Controlarse es lo que mejor sabe hacer. Se controla de tal modo, y pone un rostro tan impasible, que nadie puede jamás adivinar lo que siente. Y odia que se lo pregunten. “Lo normal, todo normal” es su respuesta favorita en esos casos.
Además del miedo auténtico, que él tiene al 100%, tiene miedo en vez de rabia y, también, miedo en vez de tristeza. Con lo cual está casi siempre en esa emoción. Y, por si fuera poco, le gusta ver películas de terror y pisar a fondo el acelerador. Así está en su salsa.
Tiene la rabia desconectada. Si alguien lo agrede o lo manipula, él sentirá miedo. Luego volverá su legítima rabia contra sí mismo y sentirá culpa. El complejo de culpa es un invento Fortificador. Se siente culpable si algo no va bien, si algo falla, si llueve y va acompañado, si alguien se cae, si alguien lo abandona, si saca malas notas. Siempre y en las situaciones más inesperadas. Miedo y culpa son sus dos emociones existenciales.
Considera la rabia grotesca. Es la emoción, además, que menos se puede controlar. Por eso le da horror. La reprime de tal modo, que su necesidad de rabia humana termina por generar una fantasía que lo aterra máximamente: cree que si siente rabia será capaz de asesinar. Cree que lleva a un asesino adentro y por eso no expresa rabia. Ni siquiera se permite sentirla. La remplaza por culpa. O por miedo.
Como su Vitalizador está desconectado, su corporalidad deja mucho que desear: es torpe y lento en sus movimientos. Tiene miedo al ridículo si deja actuar su cuerpo. Por eso pocos hacen deporte y casi ninguno baila. Afortunadamente, hace el amor.
Su Sintetizador y la tristeza los tiene prohibidos. No piensa. Cae en confusión con mucha facilidad y se puede quedar dormido en las situaciones más inverosímiles. A él le entusiasmaría poder entender las causas de todo lo que existe en el mundo. Eso es el Nirvana para él, esa es la meta imposible que ansía lograr, sí, pero a condición de no sentir emociones, y de no recuestionar a sus seres queridos, y de no romper con la rutina ni con lo establecido. O sea, nunca.
Su Protector es muy bueno y es un amigo leal y fiable. Es muy cariñoso, solidario y comprensivo. Siempre y cuando no deba elegir, no deba decir “no”, no deba jugársela por nadie. El amor está intacto, sí, pero condicionado por tanto miedo y tanta culpa, que prefiere dedicarse a otra cosa y rehuye el compromiso.
La alegría, eso sí, es la mejor de sus emociones. Es fantástica siempre y cuando se trate de disfrutar de cada placer. Para eso, es el primero en llegar y el último en marcharse. Pero si se considera la función alta de la alegría, la espiritualidad y la religiosidad, nos encontramos con que el ateo de entre todas las tipologías es precisamente el Fortificador. Ha visto tantos disparates y tanta sangre vertida a nombre de dioses que jamás ha podido tocar personalmente, que prefiere renunciar y pensar que eso de las creencias en dios es cosa de locos y que él está cuerdo y no cree en nada. Aun en los casos más extremos, en fase de culminación, por ejemplo, encontramos el budismo, que no experimenta a dios, sino que tiende a la tristeza total de la desaparición, de la dilución en el Nirvana.
El orgullo, en principio, es una de sus emociones intactas y su Transformador es de buena talla. El Fortificador es muy ocurrente, muy creativo, muy imaginativo. Cierto. Pero el Fortificador no es un auténtico creador, porque carece de dos cosas esenciales para ello: la rabia para descartar rotundamente lo que no sirve y la pasión de jugársela hasta las últimas consecuencias.
En definitiva, el Fortificador tiene la estructura más sólida de entre todas las tipologías, pues se basa en tres dimensiones sanas. Pero el exceso de miedo y la falta de rabia, así como la prohibición de la tristeza (única emoción que permite pensar) reducen el tono y la altura totales. El Fortificador vuela bajo porque si no, le entra el vértigo. Una vez pasada la hiperconexión, se convertirá en un águila y en un titán. Pero eso nos pasa también a todos los demás.

Ingeniería emocional del Fortificador:
(miedo inflado: apocamiento – rabia:culpa –tristeza: fatalismo, derrotismo) +amor +alegría +orgullo.
El Fortificador, que estamos viendo de último y una vez descritas todas las tipologías, ilustra máximamente el absurdo de éstas: he aquí al más fuerte, pues su estructura reposa sobre tres dimensiones sanas, que se siente, se presenta y actúa como si fuera el más débil. La sensación de insignificancia frente a gigantes todopoderosos empapa todo su comportamiento. Aquí el cuento sería el de Gulliver en el país de los gigantes.
En efecto, esa sensación de minusvalía en lo que precisamente es nuestra fortaleza indiscutible: nuestra competencia, nuestro talento, nuestra vocación, que hemos, todos, desarrollado en el útero de nuestra madre, con los míseros medios que estaban a nuestro alcance en un momento y en un lugar donde el otro, la madre, tenía poder de vida y muerte sobre nosotros, debería precisamente hacernos reflexionar y reaccionar.
Sin buscar responsabilidades donde no las hay, y debido a nuestra condición de mamíferos, hemos perdido el contacto con nuestro Centro en un momento en que no teníamos ni siquiera cerebro para pensar. Luego hemos perdido el contacto con nuestros ejes, antes de los cinco meses de gestación. Eso nos ha grabado, muy hondo en nuestra conciencia, nuestra sensación de impotencia ante “poderes” superiores a los nuestros y ante los cuales sólo cabía adaptarse para sobrevivir. Esta es la parte negativa de nuestra memoria prenatal.
Pero está la parte positiva, que no es poca: hemos logrado la hazaña, todos los mamíferos de la tierra, de desarrollar un contrapeso, con nuestros pobres y limitados medios de feto humano, fabricándonos una competencia, un talento y una vocación que nos devuelve la plenitud en el preciso momento de nuestro nacimiento. Es por esa competencia, ese talento y esa vocación que podemos, en un proceso entusiasmante, recuperar nuestros ejes y nuestro Centro y seguir creciendo infinitamente. Pues todos tenemos estos medios para hacerlo.
Lo que pasa es que, por algunas razones que vamos a detallar, no nos hemos podido conservar conectados como en el momento de nuestro nacimiento. Y las principales razones de esto son:
No hemos recibido las respuestas auténticas y amorosas que necesitábamos en nuestra más tierna infancia. Por lo contrario, nos han obligado a identificarnos con nuestra competencia, convirtiéndola en una caricatura que la niega. Nos han arrancado nuestro talento convirtiéndolo en objeto de burla y de escarnio, haciéndonoslo odiar tanto afuera como adentro. Nos han prohibido nuestra vocación, lo que más nos podía realizar, convirtiéndonos en adoradores de ídolos que nos niegan precisamente esa vocación por encima de todas las cosas. Estos son los dioses falsos del olimpo que adoramos cuando estamos en nuestra tipología.
Si bien los padres y los educadores tenemos la mayor responsabilidad en ese desastre, en ese asesinato del cuerpo (competencia), del alma (talento) y del espíritu (vocación), se trata de asumirlo a plenitud y de rectificar mientras es posible, es decir, mientras estamos vivos. Y nosotros, los hijos también, deberemos admitir que, en eso, nuestros padres se quisieron más a sí mismos que lo que nos quisieron a nosotros. Esa es la pura verdad. Cuando no es así estamos conectados de bebé, hiperconectados de niños, trascendidos de jóvenes y culminados de adultos. Ese es el proceso de crecimiento natural, no cuando se ayuda a un infante, sino cuando no se le estorba.
La razón de más peso para que todo ese desastre ocurra es que todos tenemos una tipología que nos hace ver la vida y las cosas de manera invertida a nuestra verdad profunda. Entonces perpetuamos esas visiones “como si” de la realidad y de la verdad se tratara. En vez de nuestro talento, en vez de ser geniales, reaccionaremos con rabia destructiva, atacando esa misma genialidad en los que más nos importan. Y les diremos que “la vida es así” . En vez de nuestra vocación, es decir de nuestra espiritualidad plena que busca el Centro como fuente y destino de nuestro ser, reaccionaremos con fobia, con horror, como si de sacrilegio de tratara. Y es ese el modelaje que vamos a perpetuar y al que llamaremos “educación”.
Y, en fin y sobre todo, el Centro, que todo lo rige y lo ordena para bien, lo remplazamos, no ya por un dios padre que es sólo la proyección de una persona en fase de culminación, limitada, a medio recorrido de su crecimiento, sextidimensional, ese dios padre de las seis religiones reveladas. No, no sólo eso, lo que ya sería trágico, sino que lo remplazamos por nuestro dios arquetipal, esa grotesca caricatura de nuestro propio Mapa desconectado. Y eso es lo que adoramos como dios y eso es lo que ponemos en nuestro Centro en su lugar. Entonces la historia de los hombres, de las familias, de los estados y del mundo es una patética historia de guerra de clanes idolátricos. Una guerra a muerte donde ganar significa perderlo todo. Así está el mundo.
Y así es el talento y la vocación del Fortificador: darse cuenta de ello con tristeza primero, con rabia libertadora después, para acceder al orgullo de ser todo lo que cada uno de nosotros nació para ser. De no asumir ese talento y esa vocación, y convertirla en pánico a la insignificancia personal, en un pánico que ninguno de nosotros tuvo ni siquiera como embrión de un día, no es de extrañar que el más fuerte parezca el más débil, ya que todo, en un mundo tipológico, está al revés.

Creencias arquetipales del Fortificador:
El Fortificador también, cómo no, tiene su dios personal, a quién venera. Se trata de Aquiles. Su cólera estuvo a punto de perder a su ejército. Hijo de un Rey y de una diosa, causa inocente de una riña entre su padre y su madre, donde pierde a su madre y es confiado a un centauro. Bañado por su madre en el río infernal para darle la inmortalidad sin que estas aguas toquen el talón por el cual era mortal y vulnerable. Ser perfecto entrenado en las artes y en la lucha, héroe invencible. Prevenido sobre el peligro de ir a la guerra de Troya, decidió enfrentar el peligro, aunque disfrazándose múltiples veces e imaginando varias tretas para escapar a su destino. Aun con armadura divina es alcanzado por una flecha en el talón y muere.
¡Esto sí que se parece a la historia de las tipologías, siendo el talón de Aquiles nuestra emoción dominante! Pero, claro, si consideramos que la armadura divina es cualquiera de los arquetipos de las tipologías y no el Centro, los ejes y la secuencia, estaremos perdidos, pues “lo que no es” es sólo causa de miedo auténtico. Así no hay escape posible.
Identificado con el héroe Aquiles, el Fortificador tiene también, cómo no, dos creencias existenciales:
El mundo es una jungla (de la cual hay que esconderse bajo el velo invisible).
Nada puede cambiar (de todas maneras te terminan cogiendo).
Su Drama Existencial, D.E.: “Si no fuera por…” Convencido de su impotencia y de su insignificancia, el Fortificador hecha balones afuera para no pensar y así no encontrar opciones y para no sacar rabia y decir no. Así su perenne sentimiento de culpa se mantiene, pues el sentimiento de culpa se basa en la creencia de que siempre hay un culpable. Si no lo encuentra adentro, porque es inocente, lo busca afuera y justifica así su inmovilidad. Si no fuera por los políticos, por la suegra, por el jefe, por los inmigrantes, etc ¡qué fácil sería vivir! Así se queda quieto, y, el más fuerte, se presenta como la mayor víctima impotente.

Perfil psicológico de la tipología Fortificadora:
El Fortificador tiene una cualidad humana tan extraordinariamente alta como el Reactivador. Pero su decisión existencial es la opuesta a la de éste: mientras el Reactivador se lanza a pecho descubierto, ignorando todos los peligros reales, el Fortificador se esconde dentro de su caparazón y exhibe un cartel que reza “aquí no hay nadie, no hay nada”. Donde existe el mayor reservorio de respeto, sensibilidad, fortaleza, sutileza del ser humano, parece haber un gran vacío, un auténtico desierto.
El Fortificador es considerado y respetuoso. Jamás invade el territorio, las pertenencias ni la interioridad de nadie, aunque éste lo invite a ello, como el Promotor o el Reactivador; aunque a éste no le importe, como el Constructor o el Revelador. Él trata a todos como si fueran Legisladores.
Pero no se aplica a sí mismo el mismo tratamiento. Se traga sapos y culebras sin rechistar. Aunque es muy orgulloso y el más sensible de todos, hasta parece a veces que no tiene dignidad. Se le puede, o al menos, los demás así lo creen, decir de todo y en las formas más ordinarias. Porque controla totalmente su rabia, porque es sumamente educado y odia lastimar, todos creen que no tiene ninguna sensibilidad. De niño, a veces tuvo padres brutales que lo maltrataron físicamente y, como no lloriqueaba ni se enfadaba, dedujeron que era masoquista y lo pegaban rutinariamente, para que se quedara tranquilo.
Pero lo que pocos saben es que el Fortificador tiene una memoria de elefante y no olvida una sola cosa que hagan con él. Ni olvida las buenas, por las cuales queda en deuda de por vida, ni olvida las malas. Pero estas últimas sólo le confirman su creencia existencial de que el mundo es una jungla y que todos somos así de desconsiderados.
El Fortificador se ve como el más maduro y realista de todos los humanos. Los demás estamos tan dominados por nuestras pasiones y emociones, que no nos damos cuenta del ridículo en el que nos situamos de continuo. Los demás lo ven como alguien soñador, en las nubes, y muy insensible.
El Fortificador se divierte en la vida más que ninguno de nosotros. Para ello sólo necesita observarnos. Tiene una capacidad de observación fuera de serie y posee un don para la caricatura y un sentido del humor que disuadiría a muchos de intentar dárselas de listo con él. Él rompe sus caricaturas, a menos de estar preconectado y dedicarse a la comicidad, en lo cual es genial. Los demás creen que, sencillamente, no vio nada, no pensó nada. Todos se comportan con él como si fuera transparente. Es lo que el Fortificador más desea por otra parte. Y lo consigue, ¡vaya si lo consigue! Así puede seguir divirtiéndose con el grotesco espectáculo que damos los demás.
El Fortificador no es orgulloso. Mas bien tiende a minusvalorase en todo, salvo en una cosa: está orgulloso de su autocontrol. Él puede poner y pone cara estatuaria e impenetrable, puede controlar sus emociones y sus sensaciones, y hasta el latido de su corazón.
El Fortificador es muy sensible, ya lo vimos, muy sensorial, sí, pero es además sumamente inteligente. No lo manifiesta, a veces por temor a destacarse y a que le encasqueten una responsabilidad o un compromiso, a veces para no herir las espesas inteligencias ajenas.
El mayor reto, la mayor pasión del Fortificador es el control y el entendimiento del tiempo. No del espacio. Porque el espacio, ya decidió, de una vez por todas, no ocuparlo. Por eso su cuerpo protesta y engorda, para ocupar su propio espacio. Pero el tiempo, bajo todas sus formas, es su inquietud existencial. Él alcanzó el silencio interior, ese que todos buscamos y que el Legislador jamás encuentra porque está asediado por diálogos internos. No entiende cómo los demás se agitan y entran en diálogo con figuras fantasmales interiores que les exigen notoriedad, reconocimiento, fama, halagos, afectos, dioses, competiciones. Por ello, el Fortificador se considera el único cuerdo en un mundo de locos. Y agradece a la suerte estar en un mundo tan divertido, donde basta asomarse a una calle, a un tren, a un avión para ver desfilar el zoológico de las pasiones humanas.
El tiempo es vivido por el Fortificador con deleite: segundo a segundo, de manera secuencial en la que cada segundo es único y distinto y, a la vez, como si todo su tiempo de vida y todo el tiempo de la humanidad se pudieran condensar en un solo segundo, único e idéntico a sí mismo. Vale decir que el único en vivir diariamente y hora a hora la ETERNIDAD es el Fortificador. Así como el Reactivador vive paso a paso y hasta en la total inmovilidad la infinitud. Los demás creen, y se irritan por ello, que el Fortificador es una piedra y que jamás cambia en nada.
El Fortificador sufre. Y mucho, además. Sufre por la patanería circundante. Sufre por la brutalidad de todos. Sufre por la injusticia perenne. Sufre por la falta de compasión que hace llorar su corazón tiernísimo. Sufre por las relaciones de poder que parecen enloquecer a todos los humanos. Sufre por las enfermedades, el hambre y las miserias. Y, para aportar lo suyo a la mejora del mundo, con la que sueña, él se conforma con no tener necesidades, con no necesitar nada material, ni emocional, ni mucho menos, espiritual. Es sobrio como un camello y adiestrado en cruzar desiertos, como él. Con la diferencia de que el único oasis que necesita lo lleva puesto: es su coraza, con la que engaña al mundo sobre su supuesta debilidad. Eso es, para un Fortificador, ser fuerte de verdad. Y ser sabio.
Como muestra suprema de su sabiduría, el Fortificador no necesita a dios. Mientras los demás se matan a diario en nombre de dioses a cuál más grotesco, según su visión, él ha decidido que dios jamás existió. No porque el mundo está mal hecho, pues él se divierte un montón viviendo y es muy longevo, sino porque nadie lo necesita. Él ve a dios como al padre o la madre que todos buscamos para ser sus niños protegidos. Él siempre ha sido adulto y tiene un tal recuerdo de su niñez y de sus padres que, francamente, preferiría dejar de vivir antes que volver a esa pesadilla.
La relación que el Fortificador tiene con la rabia es la del más absoluto desprecio. La ve como la falta total de autocontrol, o sea, la decadencia máxima. No realiza para nada que la culpa, con la cual vive minuto a minuto y que cree propia de la existencia “normal”, es rabia no canalizada y revertida contra sí mismo. Cuando se lo dicen, mira con ojos desorbitados por la extrañeza: ¿Se puede vivir sin culpa? ¿Si saca rabia, no saldrá el asesino que guarda en sí? ¿No lo dominará por completo? Y, antes de pensar en la respuesta, huye. “No hay que escuchar a locos”. Y sigue su plácido camino de paseante. Cree que la no violencia es la clave y la solución de todos los males del mundo.
Sin embargo, la tristeza, cree él, es su talón de Aquiles. Ante ella se siente débil y desarmado. No la tolera. En cuanto pierde o se pierde algo, siente terror: si algo se deterioró, si algo se perdió, sucederá la catástrofe que siempre temió: todo se perderá, todo. El mundo entero se acabará. A continuación se siente culpable: fue por su culpa, por no estar suficientemente atento que eso se perdió. Y, tras un agotador autoexamen, al no encontrarse fallo alguno, encuentra a algún culpable afuera y recurre a su Drama Existencial: “Si no fuera por…” y se queda tranquilo.
Como vemos, la vida interior de un Fortificador es muy intensa y rica sólo que no se plasma en nada afuera, y, para los demás, salvo si se trata de un hijo o de algún bebé entrañable, la verdad es que, si no existiera, no se le echaría tampoco de menos. En eso el Fortificador, a quien le gusta llevar la corriente, estaría de acuerdo. De todas formas. vivir es una farsa o un sueño, o un malentendido. Sin más.
Como padre, el Fortificador es maravilloso. No castra ni interfiere en el desarrollo de sus hijos, ni en su originalidad y personalidad. Lo que pasa es que pocos Fortificadores desean tener hijos, por lo del sinsentido de la vida. Y, los que lo desean, tienen espermas tan lentos, tan frenados por el miedo, que no llegan al óvulo. La esterilidad es, las más veces, un fenómeno Fortificador. Necesitan conectar la rabia y la tristeza para remediarla.
Como amo de casa es muy hogareño y le gusta reunir a sus seres queridos en ella. Es detallista, paciente, indulgente, y le encanta la variedad y diversidad de los prototipos humanos. Se come comida casera, muy amorosamente cocinada durante horas y horas. Le gusta la casquería, las lentejas, los platos confitados, los postres sencillos y caseros, y cocina muy bien. No es muy imaginativo y, a veces, es un poco tacaño.
Para él la familia y la tradición, las costumbres son muy importantes. Le dan seguridad y sólo cuenta con ellas en esta jungla que es la vida.
Se suele casar plácidamente con alguien de su misma tipología, con quien no tendrá nunca conflicto alguno, ya que ven la vida de la misma forma. Junto a ella vivirá, si acaso tendrá hijos que adorará, envejecerá, a veces tendrá alguna aventurilla bien exótica y peligrosa, que lo hará valorar aún más su hogar, y morirá. Y eso es todo. Todo termina en donde jamás hubiera debido empezar: en la nada.
Los animales con quien más se le pude identificar son la tortuga y el elefante. Por lo demás, no tiene especial amor por los animales: prefiere el zoológico humano.
Lo único que lo desespera de sí mismo es que, de cuando en cuando, muy raras veces, se ve sumergido por un mar de sensaciones y por un marasmo emocional que le hacen perder el control y temblar, como si de una crisis de epilepsia de tratara. Jamás encontró explicación a eso: es sólo tristeza acumulada, con la cual no quiere entrar en contacto. Él bien sabe que cuando los demás lo obligan a concientizar o a compartir la tristeza, se bloquea, pone la mente en blanco, y no piensa. Si lo obligan a ello, entra en una total confusión. No le gusta pensar. Si se piensa mucho, uno termina pegándose un tiro, así, por las buenas, sin más.
No sabe que ocurre precisamente lo contrario: pensar elimina los problemas. Por eso, la mayoría de los suicidios los cometen los Fortificadores. Y si no lo hacen conscientemente, lo harán quedándose dormidos al volante o pisando el acelerador, lo que les encanta.
Mientras pasa su vida sin pena ni gloria, el Fortificador paga las consecuencias de su decisión de vivirla a media luz: como no quiere pensar ni plantearse problemas, como no expresa rabia, como no tiene vida espiritual su cuerpo le pasa factura y se siente mal. Somatiza los problemas. Como la medicina actual no trabaja sobre las causas de las enfermedades sino sobre sus síntomas, le hacen exámenes y no encuentran nada. Por eso todos dicen que es hipocondríaco. Luego surge un bloqueo renal, o un cáncer linfático “imprevisible”.
Profesiones: Investigador. Caricaturista. Miniaturista. Jardinero. Monje de clausura. Reportero en las guerras. Circo. Payaso. Relojero. Ingeniero. Humorista.

F.E.E.: ( miedo inflado: apocamiento –rabia: culpa –tristeza: fatalismo) +amor +alegría + orgullo.

Fases de evolución tipológica:
FORTIFICADOR CONECTADO: FORTIFICADOR – CONSTRUCTOR.
Conserva las cualidades de su Mapa: Es fiel, discreto, intimista, amable, soñador, resistente. Es un caricaturista y un humorista nato. Es soñador, secreto, discreto, permisivo, paciente. Es muy agradecido y considerado, sacrificado, maduro, muy inteligente y trabajador. Es detallista, sobrio, austero, puro. Gran sentido de observación. Es capaz de ver lo ridículo de cada magnificación o descalificación. No da consejos a los demás. Es el menos propenso a contraer enfermedades graves ( porque su estructura reposa sobre tres emociones auténticas).
Además, se convierte en persona en toda su magnificencia, la norma y prototipo de lo posible humano. Luchador infatigable y humilde que construye, en el lugar y momento en el que esté, un oasis que sirva de referencia, modelo y norma para los demás. Es un líder auténtico que contagia optimismo y confianza a través del ejemplo personal. Un ser humano que irradia la alegría de la certeza de encontrar la frontera de lo posible y convertir el sueño en realidad. Un juez justo y firme. Un valiente. Un amigo verdadero. El eje y centro de la vida en sociedad.
Se sitúa con algo de recelo en el camino de la hiperconexión y de la trascendencia. Necesita ayuda, guía y modelaje para hacerlo. Se pone en el camino de un Brahms.
Profesiones: Juez. Legislador. Presidente. Poeta. Político. Organizador. Coordinador. Cantante.
F.E.E.: (miedo + rabia + tristeza) + amor + alegría +orgullo.
D.E.: ninguno.
Usa el 80% de energía innata y forma parte del 2% de la población de Fortificadores.

FORTIFICADOR PRECONECTADO: FORTIFICADOR-REVELADOR:
Es un genio de lo absurdo, de lo cómico, de lo caricatural, de lo surrealista. Es el paseante que todo lo ve y lo cuenta a su modo, sintético y percutante. Es un creador discreto y marginal (en el sentido de no estar en ninguna corriente). Vive en su burbuja de cristal.
Pero cree demasiado en el poder de la risa como arma de denuncia y para desenmascarar las injusticias. Teme la confrontación y la violencia. Se culpabiliza con los más manipuladores. Desconfía de todos y de sí mismo más que de todo. Tendencia al alcohol y a la anorexia. No acepta puestos de mando ni de responsabilidad.
Profesiones: Artista. Cómico. Cineasta. Periodista. Caricaturista. Biólogo. Escritor.
F.E.E.: (miedo – rabia (apocamiento) –tristeza (impotencia) ) +amor + alegría +orgullo.
D.E.: “Si no fuera por…” y “sí…pero”.
Usa el 40% de energía innata y forma parte del 15% de la población de Fortificadores.

FORTIFICADOR EN EL MAPA: FORTIFICADOR-FORTIFICADOR.
Corresponde en todo a la descripción del comienzo.
Usa el 30% de energía innata y forma parte del 10% de la población de Fortificadores.

FORTIFICADOR DESCONECTADO: FORTIFICADOR-REACTIVADOR:
Se atreve a acercarse a los demás, aunque se deja el pellejo en cada encuentro. Está lleno de piedad hacia los que sufren y de severidad consigo mismo. Es tierno y agradecido. Es absolutamente fiable y puede ser un gran artista. Valora la amistad por encima de todas las cosas de este mundo.
Pero es más vulnerable que nunca y es capaz de morir por un amor no correspondido. Sueña con un orden Reactivador conectado, pero no se atreve a creer en él. Es masoquista y elige mal a su entorno. Salva a Reactivadores y a Promotores disociados. Es infeliz y propenso a enfermedades neurológicas (epilepsia, esclerosis múltiple) y renales. No se mueve por temor a dañar. No confía en sí mismo.
Profesiones: Médico. Sacerdote. Confesor. Docente. Misionero. Artista.
F.E.E.: ( miedo inflado: intimidación –rabia:culpa –tristeza: masoquismo) –amor: desconfianza +alegría + orgullo.
D.E.: “Si no fuera por…” y “Sólo trato de ayudarte”.
Usa el 20% de energía innata y forma parte del 55% de la población de Fortificadores.

FORTIFICADOR PREDISOCIADO: FORTIFICADOR-PROMOTOR.
Es el hombre de confianza ideal para todo dictador, todo inescrupuloso.
Aterrado por un mundo sin amor, que ve como una jungla donde el más fuerte se traga al débil, renuncia a su esencia y se pone al servicio del más cínico. Es trepador, inescrupuloso y envidioso. Sube y luego se estrella aparatosamente. Es adicto a las anfetaminas, a la cocaína y al alcohol. Es propenso al cáncer, a leucemias, a espasmos circulatorios, a accidentes de circulación y a inversiones de patrones sexuales y sociales. Se somete a todas las corrientes de moda. Es hipocondríaco.
Profesiones: Mafioso. Policía inescrupuloso. Político. Corredor de moto, avión o coches.
F.E.E.: (miedo inflado: cobardía – rabia: fanatismo –tristeza: nihilismo) – amor: narcisismo –alegría: sacrilegio –orgullo: proselitismo. Además invierte el eje rabia-alegría.
D.E.: “Si no fuera por…” y “Cheque de goma”.
Usa el 3% de energía innata y forma parte del 15% de la población de Fortificadores.

FORTIFICADOR DISOCIADO: FORTIFICADOR-LEGISLADOR.
Es el soldado ideal de un grupo terrorista, es el kamikaze perfecto y el “mártir que muere en guerra santa. Es el verdugo frío de campos de concentración.
Mata a sangre fría y luego come y acaricia a su perro. No siente nada. Sólo lo excita el sadomasoquismo. Es un asesino a sueldo, un funcionario de la muerte, un carcelero. Está deshumanizado. Le encanta dar órdenes dictatoriales y militaristas. Puede sufrir un bloqueo renal o un espasmo coronario o pulmonar mortal. Se puede suicidar con deleite y de manera ritual (harakiri) en nombre de un arcaico y tribal código del honor.
Profesiones: Soldado. Policía de interrogatorios. Político. Verdugo. Mercenario. Kamikaze. Terrorista.
F.E.E.: ( fórmula letal: falso miedo inflado + falso orgullo inflado) e inversión de los dos otros ejes: amor en vez de tristeza: martirio, masoquismo y tristeza en vez de amor: necrofilia + rabia en vez de alegría: sacrilegio y alegría en vez de rabia: fanatismo e idolatría.
D.E.: “Si no fuera por…” y “Defecto”
Usa el –16% de energía innata y forma parte del 3% de la población de Fortificadores.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 29: TIPOLOGÍA REVELADORA

Dimensión dominante: Vitalizador-rabia-olfato, su competencia.
Dimensión desconectada: Sintetizador-tristeza-oído, su talento.
Dimensión prohibida: Transformador-orgullo-gusto, su vocación.
Dimensiones sanas: Protector-amor-vista.
Orientador-alegría-sexo.

Tipología MAT Reveladora por Preciada Azancot

Tipología MAT Reveladora por Preciada Azancot

Percepción sensorial del Revelador:
¿QUÉ VAMOS A VER? La figura geométrica dominante en la percepción visual del Revelador es el óvalo: rostro, busto, glúteos, manos y pies.
La glándula que trabaja con la rabia es el hígado, que segrega bilis y que condiciona también todas las funciones digestivas: estómago, intestinos, ano. El Revelador corresponde en mucho al temperamento “bilioso” clásico.
La estética corporal del Revelador se ajusta en todo al canon griego clásico: el rostro óvalo, de proporciones griegas armoniosas, el cuerpo atlético y delgado, la especial forma del músculo que sale de la cintura y baja hasta debajo de los intestinos en forma de uve, los muslos finos y piernas estilizadas, los hombros armoniosamente anchos, sin estridencias, los pies bonitos y las manos sensuales que combinan lo perfecto del adulto con la reminiscencia de lo enternecedor del infante, todo en el cuerpo del Revelador es armonía, vitalidad y esbeltez. Tiene el aspecto de un felino en sus movimientos armoniosos y sensuales, perezosos y poderosos, siempre listo para saltar elásticamente. Está suelto porque confía siempre en la potencia de su cuerpo y parece hasta desgarbado e indolente porque “es así” de felino y no hace ningún esfuerzo para controlar su porte ni sus movimientos. Es exactamente igual de gracioso y de ágil que una pantera o que un gato.
Su rostro, muy armonioso, es perfecto de proporciones según los cánones griegos: frente despejada pero de altura ideal, ojos más bien grandes y abiertos, sin excesos, nariz muchas veces griega que sale más directamente de la frente y tiene una graciosa torcedura para romper la rectitud romana, boca inquieta y muy móvil que tuerce y mueve todo el tiempo de manera sensual. La expresión que más distingue el rostro del Revelador es el brillo travieso de la mirada, siempre alerta y dispuesta a mofarse de los demás, y la boca que él levanta en una de las comisuras, como sonriendo, mientras que la otra comisura baja despectivamente, como burlándose de todas las situaciones de manera desafiante. Por lo demás, insistiremos de nuevo sobre la soltura y la gracia de ese cuerpo elástico e hiperpresente para el cual la ley de la gravedad no parece existir. También tienen un sentido increíble del equilibrio y ponen nerviosos a los demás mientras sortean el tráfico de automóviles, por ejemplo, pareciendo que van a ser pillados en cualquier momento, lo que nunca ocurre. Vales decir que el Revelador ES un cuerpo ante todo. Un cuerpo hiperpresente que él pone a prueba constantemente. Y disfruta máximamente de él, corriendo, saltando, tirándose en posiciones raras que requieren un alto control contorsionista y asombran a los demás. Y también son indolentes y sueltos por exceso de confianza corporal. Son felinos humanos.
Se visten igualmente de manera suelta e informal. Ellos inventaron los tejanos, que son su uniforme para todo. Odian el traje y la corbata, que les corta la naturalidad y coarta su sagrada libertad. También les gusta las zapatillas deportivas, que pueden combinar con sus tejanos ou una chaqueta de esmoquin para las grandes galas. Sólo vestidos así son ellos mismos. Si no, parecen disfrazados y protestan. Usan preferentemente el azul, el rojo y el negro.
Su casa es también muy informal y raras veces se ocupan de decorarla. Dejan eso a su familia o a su pareja. Si deben hacerlo, escogerán una mezcla de muebles baratos y prácticos mezclados con objetos étnicos, pero dejarán su casa a medio amueblar. Raramente terminan lo que empiezan, por lo demás. Se aburren a medio camino, en cuanto hay que hacer un esfuerzo para persistir. Ya no les “apetece” continuar. Todo lo que hacen es si y cuando “les apetece”. Son bastante indolentes e irritan, por ello, a los demás. Y eso es sólo una de las múltiples manifestaciones de su orgullo prohibido: así no terminan ni se lucen ni se sienten orgullosos de una obra acabada.
No son glamurosos ni coquetos, pero sí sensuales, y muestran su cuerpo desnudo con total inocencia y falta de pudor. Son naturistas natos.
El Revelador es de estatura medio-alta.

¿ QUÉ VAMOS A OÍR? Poca cosa en realidad, y nada excesivamente coherente. Le da pereza hacer discursos y, para él, hacer un discurso es terminar una frase. La empieza, sí, con harta dificultad, usando cantidad de muletillas como “¿bueno..este…ya sabes..”, y te deja a medias, sin terminar su idea. El esfuerzo de entenderle y de completar sus frases nos corresponde a nosotros, los demás. Además habla bajo, de manera casi inaudible, y, por añadidura, en vez de enfatizar las palabras importantes y alzar la voz, las deja para el final de la frase y se traga las palabras. Es otra muestra irritante de su forma de comportarse con los demás, pero que es fácil descodificar como otra prueba más de su orgullo prohibido. Además es muy informal y hasta grosero, pues usa cantidad de tacos y de palabras soeces.
Los Reveladores son los más grandes amantes de la cultura y de la literatura. Nadie lo diría al oírlos hablar. Aún si son escritores maravillosos o grandes poetas, hablarán como un parvulo oa un analfabeto.
No les molesta los ruidos y hacen ruido. Es a ellos a quienes hay que reclamar más cuando somos sus vecinos y nos salta una música de rock a las tres de mañana, a todo volumen. La música más reveladora es de ritmo quebrado, con profusión de batería y de percusión: el rock y la música disco. También la música africana, comenzando por el jazz, y hasta los tambores más salvajes.

¿ QUÉ VAMOS A TOCAR? Al Revelador no le importa tocar ni ser tocado. Le da igual. No le confiere al tacto una importancia especial, salvo cuando se trata de algún fetiche que guarda y acaricia desde niño, suave y felpudo. Le gustan las alfombras orientales porque son gustosas y de coloridos divertidos, y se tiran indolentemente sobre ellas, a cuerpo desnudo, porque eso sí les apetece.
La piel del Revelador es suave y de grosor medio. Es agradable. Sufre mucho del calor, que no aguanta. Se asfixia literalmente en verano. Tolera mejor el frío aunque no le gustan las temperaturas extremas. Para extremista, ya está él.

¿ QUÉ VAMOS A GUSTAR? Al Revelador no le gusta comer: es como un niño a quien hay que distraer y divertir para que coma. Come poco y le aburren las comidas formales de mesa y mantel. Prefiere el picoteo de tapas y raciones de croquetas, pescaditos fritos, embutidos y quesos que puede pinchar con un tenedor o coger con los dedos. Le gusta la comida basura porque es rápida y divertida. Además como es indisciplinado para todo, prefiere picotear cuando tiene hambre y dejar de pensar en algo tan aburrido y repetitivo como la comida. Cuando tiene hambre, no la siente. Espera a tener una lipotimia o un mareo para caer en la cuenta de que se saltó una o varias comidas.
Hay pocos cocineros Reveladores, salvo si alcanzaron su conexión. Cocinar es una pérdida de tiempo y prefieren llamar por teléfono y encargar una pizza o comida china. Les encantan los bocadillos. Les gusta beber cerveza y vinos y también cosas más fuertes, como cubas libres, tequila o margaritas . Pueden beber y fumar demasiado.

¿ QUÉ VAMOS A OLER? El Revelador es sumamente olfativo y puede reconocer a la gente por su olor corporal aún con los ojos vendados. Se sorprende cuando lo constata, pues no había caído en lo olfativo que es. Y eso es debido a que es tan sensible a los olores, que sabe desconectar su olfato en todos los lugares que huelen mal. Y, para él, son los más. Su olor preferido es el jazmín y la hierbabuena y también el olor a café recién preparado.
Ellos tienen un olor corporal felino: huelen a cachorro de león.
El Revelador, como es el más rebelde e informal de entre las tipologías, tarda mucho en adquirir hábitos de higiene escrupulosos. Descuidan el lavarse muy a menudo o se saltan gustosos el cepillado de dientes. Cuando se lavan, prefieren la ducha expeditiva, pero si se les prepara un baño templado, lo disfrutan mucho también.

¿QUÉ VAMOS A PERCIBIR SEXUALMENTE? El Revelador conserva, en materia de sexo, el frescor y el candor de un niño. Siente por el sexo una intensa curiosidad y le gusta conocer y probar todo. Pero una vez que lo prueba, le da pereza hacerlo repetidas veces. Es bastante fetichista, muy especialmente del pie descalzo. Le gusta todo lo que le da morbo, lo nuevo, lo insólito. Es como con la comida: le aburre la repetición. Puede caer en la desgana, con toda facilidad. Hacer el amor es maravilloso y divertido y excitante, pero no lo necesita para vivir.
El Revelador elige bastante mal a sus parejas. Tiene tanto miedo a ser controlado y dominado, que suele caer en manos de los peores, esos que se han hecho artistas del poder y del control y que lo ejercen bajo máscaras de víctimas calladas que le piden protección y amparo. Cuando descubren el engaño, ya es demasiado tarde y tiene varios hijos. Como estiman que ya es bastante desgracia estar en este mundo injusto y despiadado, no abandonan a sus inocentes hijos y permanecen atrapados.
Como amantes son excelentes: muy imaginativos, con gran control y aguante y divertidos cómplices absolutamente desprejuiciados. Esa falta total de prejuicios les puede conducir a tener parejas de edades muy superiores a las suyas o a probar con total tranquilidad formas no tradicionales de sexo, como la homosexualidad, la bisexualidad, el sexo en grupo o con animales que estimen de su agrado. Por supuesto, la diferencia de color de la piel o de religión no constituyen obstáculo alguno para ellos. Les encanta también la masturbación, que ejercen con la inocencia y pureza de un animalito tranquilo. Su único problema, y es una lástima porque es un superdotado, está en la conversión del sexo en arte. Si se le propone una noche de amor con todo el ritual tántrico, lo considerarán una imposición que les “corta la naturalidad” y que rechazarán por lo tanto, indignados. El sexo, para el Revelador, es una necesidad normal y orgánica, como el dormir o el moverse y al cual no da valores añadidos, salvo si se trata de fetichismo, al cual es muy aficionado.

Análisis estructural de la tipología Reveladora:
Toda la manera de ser, de sentir y de manifestarse del Revelador arroja la presencia dominante del Vitalizador. El Revelador es el gran rebelde y el gran justiciero de entre todas las tipologías. Y para empezar, odia la idea de tener una tipología, lo cual le parece impensable para el ser libre e inasible que él es. Pero cuando descubre que el enfoque MAT es el de ver las tipologías como prisiones de las cuales aprender a liberarse, se hace el mayor de los adeptos de esta ciencia. En todos nuestros grupos domina la proporción de Reveladores, lo cual es una garantía de calidad y de verdad. El Revelador busca y defiende una sola cosa en su vida: la verdad. Para él, la verdad es belleza y libertad. Por eso odia y combate con saña toda mentira que él sabe detectar como nadie. Parece que tiene un radar para detectar la mentira y la manipulación. Literalmente las huele aún antes de que se manifiesten. Está muy orgulloso de ello. Y las denuncia con rabia deleitosa. Y no suelta al mentiroso hasta que este rectifica y pide disculpas. Entonces perdona magnánimamente, porque, aunque no lo parezca por la pasión y el tesón que pone en la denuncia, el Revelador no es rencoroso y perdona de corazón cuando existe el arrepentimiento verdadero. Sólo que a él no lo engañan cuando ese arrepentimiento es oportunista. Entonces, seguirá denunciando.
Y también, ya lo vimos, el Revelador es el que tiene la mayor corporalidad. Es cuerpo libre y ágil y eso salta a la vista de cualquiera. Toda la verdad parte del cuerpo y regresa a ella. Él siente la vida con su cuerpo, no con su mente ni con sus emociones ni con conceptos, ni, mucho menos, con creencias. Es de aspecto y de constitución física y mental eternamente juvenil.
El Sintetizador es su talento y eso se nota, porque es sumamente inteligente. Pero no le gusta analizar primero y reaccionar después, como lo requiere el funcionamiento adecuado. Él lo hace al revés: primero reacciona epidérmicamente ante lo que le gusta y apetece y lo que no. Luego analiza, a toro pasado, cuando es demasiado tarde y destrozó algo que se hubiera podido conservar. Cuando eso ocurre, busca culpables afuera y se pone aún más rabioso.
No tolera la pérdida, por más pequeña que sea. Cuando algo se pierde o se deteriora, cuando hay la más leve molestia, el Revelador reacciona con rabia y busca culpables. Si no los encuentra rápidamente, pasará a la paranoia y creerá en un complot hábilmente tramado contra él.
Se le nota también el talento en el Sintetizador, porque sabe escuchar muy bien. Le gusta mucho más escuchar que hablar.
Tiene, con la muerte, máxima desaparición y pérdida irreparable, una extraña relación mezcla de fascinación y de horror. Es un romántico, en el sentido más etimológico y decimonónico de la palabra. Le atrae la muerte y todo lo relacionado con ella. Para él, es la forma más clara de eternidad que se pueda captar en esta tierra. Y la eternidad es su búsqueda mayor de espiritualidad. Pero le horroriza la descomposición, que se puede asociar con la muerte. Aun así, se siente más identificado con ella que con la vida, que le parece una vulgaridad.
El Transformador lo tiene prohibido, pero se le nota también que es su auténtica vocación, porque a él sólo le gustan los creadores y los artistas. Ese es su verdadero y auténtico mundo. Pero él no se atreve a afirmar su orgullo en ningún campo, salvo en el de la creación y el descubrimiento clandestinos o semi oficiales, que él presenta como disculpándose ante el mundo. Él sabe una cantidad de respuestas esenciales que el mundo espera, pero tiene la convicción de que si las dice, nadie lo tomará en serio y se burlarán de él o, peor aún, lo harán blanco de la envidia general. Lo que más le choca en la vida son la prepotencia y el orgullo inflado, que él estima grotescos y patéticos.
El Rector constituye para él lo máximo en su jerarquía de valores. Aunque a veces no es consciente de ello. Para él las normas y las reglas son corsés que se enorgullece de hacer reventar en nombre de la inasible libertad por la cual deberían morir y vivir los seres humanos. Pero sabe y defiende, y, en último caso, busca las normas exactas que deberían regir la vida social para facilitar la convivencia sin para ello coartar la libertad. Al tiempo, la seguridad es un anhelo al cual las más veces renuncia, porque la sociedad está montada para hacer pagar esa seguridad ilusoria al precio de la libertad. Pero su máxima búsqueda en esta vida sería esa seguridad auténtica que él sabe que existe y que reposa sobre la fortaleza de un autoconocimiento verdadero y un autocontrol de los más rastreros y bajos instintos, que los demás seres humanos asocian abusivamente con la libertad.
El Protector del Revelador es perfecto. El Revelador es solidario y cariñoso. Es entrañable y tierno como un gatito y le gusta ronronear y frotarse contra ti cuando no eres castrador ni juegas al papá o a la mamá. El Revelador es fiel y constante con sus seres queridos. Es fiable y no traiciona la confianza que se deposita en él. Lo que le horroriza es que la mayoría de la gente usa el amor como arma de poder y de dominación de los demás. Por eso, él “pasa” y se larga, aunque dé la impresión de ser un inconstante. En eso tiene el orgullo muy bien puesto, pues no le importa la opinión ajena, sólo le interesa su auto-aprecio y su propia valoración de las razones que le hicieron alejarse de un supuesto y socialmente aplaudido amor. Se fue porque eso no era amor sino posesión. Y punto. No dará explicaciones a nadie, ni esperará ser comprendido. En eso no perderá su tiempo ni su energía.
El Orientador del Revelador es también maravilloso. Él goza y disfruta de cada uno de los placeres del mundo, por más pequeño que éste sea. Su mayor alegría se la proporcionan los animales en libertad. Los prefiere, y con mucho, a las personas. Para él son el símbolo de la libertad y de la perfección de la vida. Le encuentra gracia a cualquier animal, por más feo que sea. Le gusta vivir en su compañía y es el mayor defensor de las especies salvajes en riesgo de desaparición. También le gusta el cambio que es la mayor manifestación de la alegría. Es también espiritual, aunque muy maniqueo, y sólo distingue el bien y el mal, sin matices. Tampoco entiende de dialéctica. Para él la mayor búsqueda de trascendencia es la eternidad. Lea cansa pensar en la infinitud. Eso no está hecho para él.

Ingeniería emocional del Revelador:
-La rabia es su emoción inflada. Se enfurece con demasiada facilidad. Se puede decir que está furioso la mitad del tiempo: naturalmente, cuando hay la menor causa de rabia auténtica, como ante una injusticia, una mentira, una falsedad o un engaño. ÉEl berrea literalmente en esos casos, denuncia y denuncia y no cesa de denunciar hasta que ha podido, él solito, eliminar la causa de la indignación.
Pero también cuando la tristeza es la emoción adecuada. No tolera la frustración, la pérdida o el deterioro. Se enfurece ante cualquiera de esas circunstancias y busca culpables a quien reprochar que las cosas, en la vida, no son siempre como tendrían que ser.
Y, por último, ante las razones de orgullo, también se enfurece y se irrita. No se atreve a proponer sus ocurrencias, que son muchas y muy buenas, entonces, para consolarse, se ocupa de mofarse y desacreditar a los que sí se atreven a ello. A menos que sean artistas consagrados, a quienes entonces, venerará.
La tristeza está desconectada en el Revelador. La cambia por rabia vengadora y resentida. Sin embargo, es muy inteligente y ocurrente y tiene una excelente memoria. Lee mucho y recuerda todo lo que lee. Su mente es como un computador que recuerda exactamente en qué libro está la información que los demás buscan. Y es capaz de encontrar un libro en una biblioteca de miles de volúmenes, como si tuviera un radar que lo guiara. Le gusta acumular información y sabe escuchar muy bien, sobre todo, y con gran deleite, a los viejos y a los niños.
El orgullo es a la vez su veneración y su fobia. No tolera la expresión del orgullo, que le parece una fantasmada, en nadie. Pero sólo vive para el arte. Es su verdadero hogar y su patria de elección.

Creencias arquetipales del Revelador:
El Revelador tiene, aunque se cree el más iconoclasta de todos nosotros, su dios arquetipal, a quien venera: se trata de Prometeo. Creó los primeros hombres según algunas tradiciones. Benefactor de la humanidad que engaña al mismo Zeus para favorecer a los hombres y luego le roba el fuego para dárselo a los mortales. Por ello es condenado a ser encadenado, mientras un águila le devoraba permanentemente el hígado. Aún así logra vencer, recobrar su libertad, ser inmortal y poseer el don profético, sin que Zeus pueda oponerse a ello. Es el que vence al mismo Dios, oponiéndose a la injusticia de la discriminación y de los privilegios divinos.
Sus creencias existenciales son:
“La vida no es una fiesta” (porque la envidia de los demás te la amargan)
“Si digo lo que sé, nadie me creerá” (e irán a por mí, con envidia)
Su Drama Existencial D.E. es “Sí….pero”. Como no se atreve a comunicar al mundo sus ocurrencias y descubrimientos, pide ideas a los demás y, cuando las recibe, las rechaza una a una, encontrándoles defectos. Así se adelanta a hacer a los demás lo que, en su fantasía, teme que le hagan a él. Por ello, es visto como un amargado, un descalificador y un envidioso, con lo cual cae en ser lo que teme que los demás sean. Así tiene un pretexto para estar resentido con el mundo y no reconciliarse con él.

Perfil psicológico del Revelador:
El Revelador es un ser libre e inasible. Es el rebelde y el inconforme que denuncia a gritos todas las mentiras, los abusos, las injusticias y las cadenas. Con ello se encadena, porque como ataca y protesta todo el tiempo, teme ser le blanco de los ataques de la sociedad de conformistas y de resignados que los demás conformamos. Si el ataque no llega, él se encargará de inventarse un complot contra él, porque es muy paranoico. Si encuentra apoyo y solidaridad creerá que se trata de un malentendido que sólo posterga el ataque que no tardará en llegar. Con ello, se pone defensivo y agresivo, hasta ser rechazado. Entonces encuentra confirmación de sus más negras opiniones sobre los demás. Lo esencial es no cuestionar su paranoia y no reconciliarse con el mundo. Su expresión preferida es : “la gente es…” y le añade todos los calificativos negativos que cabe imaginarse.
Él vive la vida como un rey en el exilio: todo ocurre como si, en algún momento y lugar, hubiera perdido, sin él recordarlo, ese mundo maravilloso, su mundo, hecho de paz y de felicidad, de sensualidad y de comprensión, de esplendores y de creaciones, que él siente como suyo y del cual lo privaron un buen día sin ninguna razón. Por pura envidia. Se siente, así, como Gulliver en el país de los enanos: él es un gigante bonachón y paciente, gozón y brillante que no se mete con nadie. Son los demás los que se meten con él, porque es más grande que ellos. Por envidia. Hasta que suelta un rugido y huyen despavoridos. ¡Cobardes!
Ese mundo, su mundo, en el cual es rey, sólo lo encuentra en el arte, creado por seres de excepción como él y para seres como él. ¿Por qué no existirá en el mundo reinos como los del arte? ¿porqué el mundo es tan mezquino, pequeño y carcelero?, ¿por qué Dios es injusto? Entonces reconoce el fondo de su conflicto: es Dios el inadecuado, el injusto, el incapaz que ha creado un mundo imperfecto y carcelario y que lo ha puesto allí, a él, solo y abandonado. El hombre es mejor que Dios, al menos los hombres como él, capaces de crear mundos perfectos como los de la literatura, de la poesía, de la música, del baile, de la escultura, de las civilizaciones remotas y desaparecidas, que él ama como a nadie. Ese es su mundo. Su único mundo posible. Así se ve a sí mismo. Mientras tanto, los demás lo ven como a un irresponsable, como a un adolescente atrasado incapaz de aceptar la disciplina mínima necesaria para la vida en sociedad.
Él se siente tolerante y magnánimo. Se siente como un león indulgente y bonachón alrededor del cual juguetean monos y ardillas, que él ve con encantamiento. Es visto como un amargado resentido, un inconforme y un hippie atrasado, incapaz de insertarse en una sociedad de adultos.
Él tan sólo busca la perfección de la belleza y de la verdad y también de la libertad. Es visto como el único que imposibilita la paz y la concordia, como el que introduce la guerra civil y la discordia, como el que separa a los que desean vivir en armonía.
Él es el más sensible de todos los seres humanos. Sueña con un mundo de belleza y de armonía, de respeto y de consideración. Es visto como un duro vengador a quien sólo lo excita la guerra y la revolución.
Él es el más inteligente, y busca siempre opciones novedosas que supriman e irradiquen el dolor. Es visto como un duro, indiferente al dolor, porque no sabe lloriquear y lamentarse como los demás.
El Revelador es el más incomprendido de entre las tipologías, aunque, como ya vimos, todas lo son también. Pero el Revelador, aunque se queja de ser incomprendido, también lo disfruta al tiempo. Así se siente diferente y encuentra razones para condenar al mundo y no reconciliarse con él.
Y es que el Revelador se asigna el revelar las incoherencias y las injusticias del mundo que, según él, hemos fabricado todos los seres humanos, salvo él, claro está. Es muy cierto que el Revelador es una piedra de toque de lo que no va bien, de lo torcido, de lo estúpido, de lo cobarde, de lo mimético, y, sobre todo, de lo idolátrico. Su función estaría perfectamente realizada si conectara su talento y su vocación, después, claro está, de haber redimensionado su competencia. Si esto ocurriera, encontraría soluciones genialmente inteligentes a nuestro subdesarrollo, de manera calmada y tranquila, sin enfadarse jamás y con gusto por ayudar. Si esto ocurriera, sólo denunciaría lo falso, lo mentiroso, lo idolátrico, empezando por lo suyo propio, y propondría mundos nuevos salidos de su imaginación, de su capacidad creadora, mundos basados sobre la autenticidad y sobre la osadía tranquila del que sabe que lo que es, es. Y colocaría esa creación excepcional al servicio del amor y de la solidaridad humana. Y pondría esa pertenencia al servicio de una espiritualidad limpia basada en la certeza de un creador justo y perfecto que dio lo mismo a todas sus criaturas. Vale decir que el Revelador revelaría la verdad y las salidas posibles si estuviera conectado, si estuviera fuera del Mapa. Como todos los demás, como todos nosotros. Pero, mientras está en el Mapa funciona, como todos los demás, como si hubiera dos pesos y dos medidas: él ve la paja en el ojo ajeno, eso nadie se lo puede negar, pero no ve la viga en el suyo. Denuncia como sí él no tuviera ídolos, como sí él no hinchara su rabia y no transformara su tristeza en resentimiento, como si nos acusara a todos de haberle hecho lo que, en verdad, en el allá y el entonces una o dos personas le hicieron a él. Como si a los demás no se les hubiera obligado a desconectar su talento y su vocación e inflar grotescamente su competencia. Y, en vez de llorar sus pérdidas, en vez de permitirnos consolarlo y mostrarle que nosotros sí lo amamos y lo valoramos, berrea y nos ataca a todos, poniendo a todos en el mismo saco de los malvados. Y de los pigmeos.
Su opinión sobre los demás la tiene muy clara: su mayor enemigo es el Legislador: le tiene verdadera fobia porque su orgullo inflado le choca y le ofende máximamente. Para él es el creador de este mundo facilista, idólatra e invertido que él desearía arrancar de la faz de la tierra.
El Promotor lo divierte porque se burla del mundo, pero no tolera sus trampas y triquiñuelas, pues él es muy ético y moral. Además actúa como si él, el Promotor, fuera el tipo de hombre o mujer que verdaderamente atrae y seduce al sexo opuesto, y lo convence de que él, el Revelador, es visto como un niño que no puede atraer a ningún adulto.
El Constructor es un esclavo despreciable que adora la servidumbre y las cadenas para las cuales vive.
El Reactivador sí vale la pena y le gustaría contar con él. Es al único a quien aprecia, a quien valora. Con él formaría un mundo completo, con todo lo que merece la pena considerar. Pero ese tonto se la pasa extasiado ante los pigmeos y jamás se le une. Se pasa la vida arrodillado ante quien lo daña y lo usa. ¡A tortazos lo pondría él en pie para que se le una! Pero cuando le oye hablar de la gente, su gente, el Reactivador lo acusa de ser el único malo de la película y lo abandona.
En cuanto al Fortificador, considera que pudiera ser persona si no fuera tan cobarde y tan callado. ¡Bah! Al fin y al cabo es un muerto.
Así que está solo en el mundo. Esa es la única verdad. Su verdad. Y su único escape son los mundos imaginarios.
Pero cuando se cansa de increpar y de culpar al mundo, cae en la cuenta de que tal vez es él el único inadecuado, el único que sobra: ¿Acaso no es él quien ataca siempre a los demás, para luego acusarlos de ir a por él? Entonces toca su miedo mayor: el de ser Doctor Jekyll y Mister Hide. Entonces se desespera y sólo desea morir e ir a la nada. Porque sólo allí estará en su reino, en su elemento, tendrá su merecido y, además, estará donde quiere estar, ya que así estará lo más lejos de ese dios cruel que creó un mundo malo. Malo como él.
Pero cuando se sabe descodificar la rabia inflada del Revelador y se traduce como dolor por todas las imperfecciones del mundo, descubrimos la verdadera personalidad que allí encierra. Es tierno, alegre y juguetón como un gatito. Es generoso y sensible. Es maravillosamente tolerante con los defectos y taras de los seres en quienes realmente confía. Es un gran protector de los mejores. Y está asustado, muy asustado de desagradar al mundo, de verse rechazado por él.
En todo caso, que se le conozca a fondo o no, nadie duda de que el Revelador es el gran justiciero. Su figura emblemática es la del llanero solitario que defiende a los oprimidos, a los huérfanos y a los humillados, que restablece la armonía y la paz, y que se retira cabalgando hacia la próxima injusticia, donde seres atropellados lo necesitan y que él amparará y libertará con su noble pecho, con ese corazón de oro que no le cabe en el pecho. Y se irá porque jamás deseó honores ni gratitudes que podrían acarrear privilegios que no desea.
En el amor, el Revelador sueña con la Reactivadora, su pareja cósmica, con quien podrá construir un universo de luz radiante. Pocos se atreven a realizar este sueño porque, absurdamente, creen que serán rechazados. Así que se casan con una persona lo más gris posible, que dice admirarlos y necesitarlos, pero que luego lo intentarán castrar y someter a su poder.
Como padre o madre, el Revelador es a la vez una maravilla pues considera que los niños ya nacen perfectos, pero, también los que menos desean ser padres. Ellos consideran que esta vida es demasiado fea y amenazadora como para querer traer a seres que sufran por su inconsciencia. Por un deseo narcisista de perpetuarse a costa de seres inocentes que no pidieron estar aquí.
Lo que más valora el Revelador, ya lo sabemos con creces, es el arte, bajo todas sus formas y expresiones. Vive para el arte y del arte. Es su refugio y lo único que le da fuerzas para seguir adelante. Vive inmerso en ese universo de excepción que considera su única patria posible. También adora viajar, porque es su forma de aceptar el mundo real: de manera remota y provisional. Es un gran explorador y un gran aventurero. Si por él fuera, estaría dando siempre la vuelta al mundo. Sólo se llevaría un tejano, una camiseta, su guitarra y unos buenos libros. No necesita nada más para ser feliz.
La dimensión espiritual de un Revelador es a imagen y semejanza de su interioridad: conflictiva. Tiene un grave problema con dios, a quien culpa de todas las injusticias cometidas por los hombres. Cuando lo confrontan con su dilema principal, el de no aceptar el mal como una de las opciones del hombre dotado de libertad, él se sale del atolladero con una pirueta: si él fuera dios, descabezaría a los malos, destrozaría ciudades enteras para que aprendieran. Por lo tanto, como dios no lo hace, ama el mal. Y punto. El Revelador inventó su propia religión: el maniqueísmo, una eterna lucha entre el bien y el mal, donde, claro, al final el bien triunfa, como en su historia arquetipal de Prometeo. ¡Pero qué cansancio! ¡Qué pereza, un mundo así!
Su casa contiene libros, es un refugio para libros. Y para discos. Por lo demás, no le interesan ni el confort ni los objetos caros que ligan y suponen ataduras. Si por él fuera, si no fuera por los libros y discos, no tendría casa. No le gusta mucho invitar en su casa. Prefiere un bar de copas donde se come de pie, informalmente, picoteando. Aunque sí le gusta mucho conversar. Pero prefiere hacerlo caminando. Le encanta moverse y es un caminante infatigable, que se divierte así y se siente vivo. Además eso le hace drenar adrenalina y se siente más pacífico.
Todos los animales son sus animales preferidos. Los adora a todos y los prefiere a los hombres. Tarzán es un Revelador arquetipal. Los demás lo identifican con felinos: gatos para los más banales y león para los superiores.
Lo que más lo desespera de sí mismo es cuando, ya cansado de acusar al mundo, se ve de repente como Mister Hide que venció al Doctor Jekyll y mostrará al mundo lo malvado que es. Después de esas crisis, se suele enemistar de nuevo con el mundo y con “la gente”, para no suicidarse ni dejarse morir de hambre.
Su relación con la vocación sólo se cumple cuando logra convertirse en un gran artista, lo que ocurre con mucha frecuencia en Reveladores. Lo demás, como edificar civilizaciones, o empresas, o familias no le interesa demasiado, pues no lo valora tanto. Tiene un don muy especial para reconocer el valor real de las obras de arte, tanto de las suyas como de las ajenas. Sueña con convertirse en un genio, y si se empeña, lo logra. Pero no suele ser reconocido en vida. Con lo cual su enemistad con el mundo se exacerba aún más.
Su F.E.E.:
(rabia inflada –tristeza convertida en rabia, resentimiento, revanchismo – orgullo convertido en miedo, profanación, ser rastrero) + amor+ alegría –miedo.
Profesiones: artista. Escritor. Explorador. Periodista. Vendedor ambulante. Abogado defensor. Médico. Cómico. Revolucionario.

Fases de evolución tipológica:
EL REVELADOR CONECTADO: REVELADOR-LEGISLADOR.
Conserva, depuradas e incontaminadas, las cualidades de su Mapa: es justiciero, divertido, creador, sensual, ocurrente, seductor, encantador, bondadoso, fiable, leal, romántico, amoroso, tierno, sensible, vulnerable y valiente. Es creativo y creador. Odia la injusticia, la mentira, la manipulación, la inversión de los valores. Es idealista y tímido. Salva a las víctimas y no desea ser reconocido por ellas. Adora la cultura viva y crea cultura. Defiende a capa y espada la unicidad del ser humano y su inalienable libertad.
Se convierte en una persona segura de sí misma y de la justicia inmanente que existe en el mundo. Cree en la buena fe y en el amor de los mejores. Acepta la vida como es y la mejora. Su entorno encuentra en él a un protector tierno, fuerte y valiente. Es un especialista en confrontar y resituar a los peores, a los más tóxicos. Ya no sufre de celos y es generoso y paciente. Es un sabio y un descubridor de caminos. Es el Promotor pleno de un orden nuevo basado sobre el milagroso equilibrio del amor y de la justicia al servicio de la vida. Es un amante maravilloso, un padre insigne, un amigo incondicional y divertido. Encuentra a su alma gemela y vive una amor de novela que termina bien. Es hipercreador y profundamente tolerante y espiritual. Asume que Dios es todo bueno y aprende de él. Es fuerte y fortificante. Cree en el ser humano y adora al Reactivador conectado, con quien construye un jardín de Edén en esta tierra y para todos.
Se pone sin demora en el camino de la hiperconexión y de la trascendencia, y tiene como referencia a un Shakespeare.
Profesiones: Televisión. Prensa. Jefe de estado. Gerente de empresa. Jefe de servicio médico. Artista triunfador. Consejero. Ingeniero. Coordinador.
F.E.E.: (rabia +tristeza +orgullo) +amor +alegría + miedo.
D.E.: ninguno.
Usa el 80% de energía innata y forma parte del 2% de la población de Reveladores.

FASE DE PRECONEXION: REVELADOR-REACTIVADOR:
Es un gran artista y un ferviente idealista justiciero. Vive para el gran amor que dure después de la muerte. Es justo, valiente, paciente y adorable. Conserva todas las cualidades de su Mapa y pierde la paranoia con sus seres queridos. Se enamora de Reactivadores y se pone a protegerlos.
Pero es demasiado dependiente del amor y se pone como un bebé que teme perder el seno de su madre. No se hace valer y teme destacar. Puede morir si lo traicionan. Busca riesgos inútiles y va de torero por la vida. Es propenso a la tuberculosis y a otras enfermedades románticas. Cree que “oponerse a” es ser libre. Se corroe con complejos de culpa contra sus carceleros y duda en abandonarlos.
Profesiones: Abogado. Consultor. Médico. Politólogo. Torero. Escritor. Pintor. Cineasta. Sociólogo. Psiquiatra.
F.E.E.: ( rabia – tristeza, revanchismo –orgullo, apocamiento) + amor +alegría –miedo, histeria.
D.E.: “Sí…pero” y “Sólo trato de ayudarte””
Usa el 40% de energía y forma parte del 15% de la población de Reveladores.

FASE DE MAPA: REVELADOR-REVELADOR.
Es en todo idéntico a lo escrito en su presentación general.
Usa el 30% de energía innata y forma parte del 10% de la población de Reveladores.

FASE DE DESCONEXIÓN: REVELADOR-FORTIFICADOR.
Es el empleado seguro que se quedará de por vida en la empresa o en la administración, porque no se atreve a destacar. Es algo cascarrabias pero no se irá. Se casa con personas inadecuadas que lo someten a su poder. Es el indómito artista de “la bohême” que habla de arte en vez de hacerlo. Protesta, pero no cambia el mundo porque no se atreve a proponer soluciones creativas.
Pero es aún más desconfiado y paranoico. Vive en una gran contradicción pues busca empleos seguros que generan su propio desprecio, o elige la vida miserable del artista de “la bohême”. Se alcoholiza y sufre del hígado y del estómago. Tiene problemas nerviosos y sufre de insomnio. Es envidioso y corporativista. No cree en sí ni en los demás. Es cascarrabias. Es un saboteador pasivo adicto a la huelga de celo. Tiene fobia al Legislador y celos del Promotor.
Profesiones: artesano. Taxista. Obrero. Administrativo. Sub-jefe. Mendigo. Payaso. Presentador de TV. Guía turístico. Burócrata. Político de izquierdas.
F.E.E.: (rabia inflada, vengativa –tristeza resentida –orgullo envidioso) –amor sometido –miedo cobarde +alegría.
D.E.: “Sí…pero” y “Si no fuera por…”
Usa el 20% de energía innata y forma parte del 55% de la población de Reveladores.

FASE DE PREDISOCIACIÓN: REVELADOR-CONSTRUCTOR.
¡Al fin se cree seguro y digno de ser tomado en cuenta! ¡Al fin se cree útil e irremplazable!
Se torna mezquino y envidioso de los mejores y de los creadores. Deja de interesarse por el arte y se propone destacar en una empresa carcelaria. Aspira al poder y no deja que los demás crezcan. Se pierde en hiperracionalizaciones para no sentir. Es inseguro y está convencido de que no puede interesar a nadie. Trabaja para los peores explotadores y patea a Reactivadores. Promete y no cumple, para sentirse importante. Es capaz de traicionar a los mejores, porque los envidia. Es egoísta y no tiene fe en nada ni en nadie. Es propenso al infarto, a la cirrosis hepática y al cáncer. Ya no disfruta ni de la comida ni de la bebida. Deja de fumar, pero hace la guerra santa al tabaco. Trabaja y se abruma para no pensar. Es obsequioso y servil con los poderosos. Huye de la vida y de lo que ama. No oye bien, pierde visión y es propenso al colesterol y a la diabetes.
Profesiones: Gerente general de empresas poco claras. Directivo de multinacionales. Hombre de confianza de empresarios mafiosos o explotadores. Proxeneta.
F.E.E.: (rabia inflada –tristeza resentida –orgullo envidioso) –amor celoso –alegría necrófila –miedo rastrero. Además invierte el eje amor-tristeza, que convierte en necrofilia y masoquismo.
D.E. “Sí..pero” y “Abrumado”.
Usa el 3% de energía innata y forma parte del 15% de la población de Reveladores.

FASE DE DISOCIACION: REVELADOR-PROMOTOR.
Es la persona ideal para desatar guerras de exterminio y holocaustos.
Es un megalómano maniqueo que se cree el salvador de su pueblo elegido por los dioses contra las fuerzas del mal. De hecho lo invierte todo y se aboca al holocausto y al exterminio de los más luminosos. Es una forma de suicidarse matando a todos con él. Es un maniqueo delirante y sumamente peligroso, pues es capaz de arrastrar a los fracasados y envidiosos, mediocres y descontentos hacia una guerra de exterminio. Es de una violencia y de un sadismo sobrecogedores. Odia todo lo bello y todo lo puro. Es necrófilo e idolátrico. Es Mister Hide enloquecido por la alegría de la revancha. Se acobarda frente a Promotores disociados y Magnetizadores. Odia a los Reveladores y a los Reactivadores conectados y los asesina.
Profesiones: Guerrero. Dictador. Militar. Político. Periodista amarillista. Mercenario. Mánager.
F.E.E.: (rabia falsa contra lo bello + alegría de la revancha, fórmula letal) – inversión de los dos ejes: amor convertido en necrofilia y tristeza convertida en masoquismo y sadismo – rabia convertida en alegría: idolatría y fanatismo y alegría convertida en rabia: sacrilegio.
Usa el –16% de energía innata y forma parte del 3% de la población de Reveladores.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 28: TIPOLOGÍA REACTIVADORA

Dimensión dominante: Protector-amor-vista, su competencia.
Dimensión desconectada: Rector-miedo-tacto, su talento.
Dimensión prohibida: Orientador-alegría-sexo, su vocación.
Dimensiones sanas: Sintetizador-tristeza-oído, dimensión originaria.
Transformador-orgullo-gusto, dimensión originaria.

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Tipología MAT Reactivadora por Preciada Azancot

Percepción sensorial del Reactivador:
¿QUÉ VAMOS A VER? La figura geométrica que domina la estética Reactivadora es el triángulo (rostro, busto, caderas, pies y manos).
El amor, su emoción dominante, rige la glándula hipófisis y proporciona una gran belleza y armonía en lo visible y también en las proporciones y armonía de las funciones y emociones. Su consecuencia visible es, muy especialmente, la belleza y profundidad de ojos grandes y luminosos, muchas veces claros, un rostro triangular, porte regio, huesos finos y fuertes, y bellas proporciones que lo hacen parecer siempre más alto y delgado de lo que es).
Su rostro triangular tiene una amplia frente donde nace el pelo las más veces con un triángulo que cae sobre la mitad superior (pico de viuda). Tiene anchas cejas, muchas veces unidas entre sí que dibujan una gaviota que mueve las alas a medida que el Reactivador habla o piensa. Los ojos son enormes y rasgados como los de las gacelas y tienen una mirada profunda y cálida que parece penetrar hasta el alma del objeto examinado. También la mirada parece salir del alma y comunicar directamente de alma a alma. Y así es. Tiene la nariz pequeña y a veces respingona. Su boca es muy peculiar, porque tiene el labio superior, de anchura adecuada, con un arco de Cupido muy dibujado, en forma de corazón, y el labio inferior que tiembla como el de un niño que fuera a romper a llorar en un puchero. Sin embargo, el Reactivador nunca parece triste y sonríe cálida y empáticamente.
El cuello, muñecas y tobillos son largos y finos y le confieren un aire principesco. Tiene el busto más grácil y estrecho que las caderas y la cintura muy fina. Las caderas del Reactivador son amplias, sobre todo en las mujeres, confiriéndoles un aspecto muy maternal.
Tiene pistoleras en lo alto de los muslos, piernas y antebrazos finos y elegantes, y manos y pies preciosos, finos y largos, de dedos finos y rectos que parecen interminables. El Reactivador usa mucho las manos cuando habla y les hace dibujar símbolos que apoyan y enfatizan el discurso, pareciendo pájaros en vuelo.
La manera de moverse de un Reactivador se caracteriza por dos cosas: su porte principesco y su caminar leve y aéreo, que parece levitar a cinco centímetros del suelo. También en eso recuerda a los pájaros.
Se viste de manera original y atrevida, porque le gusta mezclar materiales nobles de texturas artesanales y originarias como la seda salvaje, muselinas combinadas con lanas cardadas groseramente, cuello altos con volantes y las largas faldas que le dan un aspecto de integración de lo étnico con lo más refinado elaborado por los hombres (sedas, brocados, etc). En todo caso, el Reactivador odia lo formal, lo tópico y hasta lo clásico, que estima aburridos. Es artista en todo y original en todo. Rompe moldes sin buscarlo y no se pliega a ninguna moda. Tampoco le gusta crear moda, porque le ofende ser imitado. Odia el traje si es hombre y el traje sastre si es mujer. Él crea su guardarropa.
Los colores que dominan en su guardarropa son el negro y el blanco y también los naranjas y ocres, así como el verde caqui. Su casa tiene sólo materiales naturales, plantas y objetos étnicos y es muy cálida y acogedora.
Es cuidado, pero no coqueto porque es inconsciente de su atractivo físico. Cuida su peinado y, si es mujer, su maquillaje, que enfatiza sus asombrosos ojos. Le gusta mucho disfrazase. Se siente muy mal si los colores que usa no están preciosamente combinados. Puede perfectamente salir sin abrigo o sin cartera si los colores no combinan. La maestría y generosidad en el uso del color son típicos en el Reactivador. Los grandes pintores coloristas como El Greco, Chagall, los fauvistas, Van Gogh, son todos Reactivadores. Para él la vida es dos cosas: emociones y colores. Por más atrevido que sea con éstos, nunca es escandaloso, ni mucho menos, vulgar.
Es de estatura normal y parece más alto de lo que es. Y más delgado, salvo por las caderas.

¿QUÉ VAMOS A OIR? El Reactivador tiene una voz muy extraña: es una voz rota, parece que sale del corazón, y su volumen es más bien bajo. Sin embargo llega a todos los rincones y envuelve a su auditorio en armonía y emoción. El ritmo es fluido y las palabras están bien moduladas y enfatizan exactamente lo esencial y lo importante de lo que dice. Moviliza a los demás y nunca deja indiferente. El vocabulario es ante todo emocional, sin ser, sin embargo, empalagoso sino pudoroso. El vocabulario es muy rico. Dice lo esencial y lo desarrolla con soltura si se lo piden, pero jamás invade el turno de palabra de los demás. Le agrada tanto hablar como escuchar y anima a hablar a los más tímidos. Y lo consigue. La gente suele abrirse cuando está él y contar cosas que por lo general nunca revelarían, porque se sienten en un espacio de seguridad y de intimidad. Para el Reactivador la palabra es lo más importante de la vida. Es mágica y curativa. Es esencial.
Le encanta la música romántica de ritmo continuo, como la obertura de Tristán e Isolda. Inventó el bolero y las canciones de amor y odia la música rítmica quebrada que le puede ocasionar taquicardias y crisis de angustia. Es extremadamente sensible al ruido, que lo puede hacer llorar y enloquecer.

¿QUÉ VAMOS A TOCAR? El lenguaje gestual del Reactivador es muy disuasorio para los amantes de la familiaridad. Odia ser manoseado y él no manosea a nadie. Podría tranquilamente abofetear si algún animoso lo intentara. Es muy cercano y entra naturalmente en contacto con los demás siempre y cuando se respete el espacio vital de cada uno: es decir, que detesta invadir o ser invadido. Es mucho mejor esperar a que un Reactivador nos toque o nos abrace, antes de animarse a hacerlo. Y sólo podemos responder con extrema liviandad.
Su piel es muy agradable y parece mezclar perfectamente el aire con el fuego. Su piel se parece a la textura que podríamos imaginar en los ángeles. Además es fresca en verano y cálida en invierno. No se arruga ni envejece.

¿QUÉ VAMOS A GUSTAR? Al Reactivador le encanta comer, pero sólo lo que le gusta. Le gusta el pan por encima de todo, sobre todo el pan de hogaza amasado en casa y los panes integrales. Le encantan los quesos, sobre todo los franceses, le entusiasma el chocolate y enloquece con las ostras. Le gustan las ensaladas creativas que mezclan frutas frescas y secas, hortalizas crudas y alguna carne o pescado ahumados. Le encantan las almendras en todos sus usos. Por lo demás siente un retroceso ante los “cadáveres”, tanto de aves, de carnes o de pescados. Le da pena ¿¿comer gente viva?? que matan para consumir. Pero como considera que todo lo que está en la naturaleza está vivo, tampoco tiene buena conciencia si se hace vegetariano. Estar en un mundo donde respirar significa ingerir vida y expulsar muerte lo atormenta. Por eso come como un camello: come mucho un día o dos y se olvida de hacerlo durante una semana. Ese es su estilo.
Cocina muy creativamente y hasta inventa platos memorables. Le gusta cocinar, siempre y cuando sea cuando él quiera, no como rutina, ni mucho menos como obligación. Si vive sólo, jamás cocina para él. Si recibe a alguien, organiza un festival de olores, sabores y colores que su huésped recordará como algo mágico.

¿QUÉ VAMOS A OLER? Cuando el Reactivador, que es un anfitrión maravilloso pues pone todo lo que tiene en bandeja para ofrendarlo a su invitado, reciba a un amigo – y todo ser humano es un amigo potencial-, dispondrá un ambiente mágico que será un festival de sabores, sonidos y olores. Usará muchas velas, pero nada de iencienso, pues ese olor le repugna y le pone triste; lo asocia a los templos y asocia a los templos con la ausencia de Dios en el mundo normal. Para él, dios está en todos lados y está vivo y riéndose con su creación.
El Reactivador es muy olfativo: un mal olor, es decir un olor corporal descuidado o un olor de algo muerto o en descomposición, lo echa para atrás y siente rabia instantáneamente contra la persona o el lugar. Rechazará a toda la persona si ésta huele mal. Y huirá de un lugar por la misma razón. Ante un mal olor, el Reactivador se siente y actúa como un animalito: aleja al otro con ambos brazos, sin más. Y no lo podrá ver más. Se le quedará el olor asociado al lugar o a la persona. Un buen olor será, en cambio, una puerta abierta pero no lo asociará de manera tan definitiva, esperará que se repita en cada experiencia. No retiene mucho los olores agradables, porque le gusta el cambio.
Sin embargo, es de los más fieles a su perfume o a su colonia. Se identificará con él y le será fiel para siempre.
El amor, de entre todas las emociones, es la que mejor olor da a la piel. Por eso, la piel del Reactivador tiene el mejor olor: huele a sándalo y, además, nunca se descompone. Un Reactivador podría quedarse una semana sin lavarse, o más, y su olor permanecería incorrupto. Por supuesto, el Reactivador se lavará cada día, no porque huela mal si no lo hace, sino porque adora el baño caliente con esencias, sales, hierbas y burbujas. No toma nunca una ducha si lo puede evitar.
Lo que más le gusta oler son los perfumes naturales, como el olor de la tierra después de la lluvia, el olor de los pinos o de la nieve. No soporta a esas personas que se inundan de perfumes e invaden el territorio de los demás. Se levantará de su lado y se irá lejos, no sin antes fusilarla con la mirada.
Elige un perfume que simplemente enfatice su propio olor: a sándalo y un toque de musgo.

¿QUÉ VAMOS A PERCIBIR SEXUALMENTE? El Reactivador es un amante de ensueño. Hacer el amor es lo que más le encanta en el mundo. Él inventó la noche de amor como un continuo de orgasmos, sabias caricias, ambiente mágico de velas y olores, salpicada de sabores exóticos de frutas y caviar y champán, y baños y masajes, toda la noche hasta el amanecer. El Reactivador nació para ser amante, no para esposo ni esposa. Si la esposa, pues se casa muy fácilmente, es su amante, se quedará con ella eternamente. Si no, cambiará de amante. El Reactivador tampoco nació para la infidelidad. Cambia de pareja cuando está mínimamente insatisfecho, pero jamás engaña. Lo dice y se va con su nuevo amante. No tolera estar sexualmente con dos personas a la vez: pierde su sentido de la orientación y se pone esquizofrénico.
El Reactivador elige aceptablemente bien a sus parejas: tiene que estar enamorado, pues no concibe un matrimonio de conveniencia, ni tan siquiera un matrimonio cómodo. Además, su pareja debe ser su mejor amante. Su nivel de exigencia es tan alto como su capacidad de amar y de entregarse por entero a la felicidad y al placer de su pareja. Así que si no encuentra lo que busca, explicará sus necesidades, que él verá como derecho, una y cien veces y, una mañana, desaparecerá y se irá con su nuevo amante. Sin mirar atrás.

Análisis estructural de la tipología Reactivadora:
El Protector dominante, nutrido con un 100% de amor auténtico, e inflado con un 40% de amor falso que remplaza el miedo lo hacen eternamente amoroso, cálido, entrañable y amable, sí, pero también paternalista y débil ante los peores. El Reactivador no concibe el mal y lo interpreta como una enfermedad que él se atribuye la facultad de curar dando más y más amor a los peores, porque entiende que es lo que no han recibido y que por eso se volvieron ariscos y defensivos. Así proyecta hacia afuera la inversión de su propio drama. Es a él a quien no han amado, y aún así, él reaccionó dando más amor a los desalmados. El Reactivador cree que todo se cura con amor, que el amor es el remedio universal, y en vez de buscar ser curado y pedir amor a los mejores, jamás pide y distribuye su amor a los peores. Estos lo crucifican y él cae en su convicción de que algo malo pasa con él puesto que no le responden con amor a su amor. Eso lo hace aún más amoroso y sigue dando donde no hay, sin pedir a donde sí encontraría respuesta y nutrición para su sed.
El Rector está desconectado: no concibe el mal. Por lo tanto, éste no existe. Se pondrá furioso con quien lo quiera “asustar” mostrándole la maldad o el peligro real que hay en el mundo. Así mantiene su Síndrome de Estocolmo. Él está en el mundo para rescatar a todos, llevándolos al camino de la luz y del amor. A la redención. Él siempre está enamorado de la gente, de la vida, de Dios. Cuando tiene miedo, se pone histérico.
El Orientador y su alegría están prohibidos. Nunca tiene tiempo para darse lo que desea. La vocación de alegría se le nota, y mucho, porque es el más espiritual. Busca y se entrega a Dios. Él es su verdadera y única pasión infinita y eterna y todo lo que hace en el mundo lo hace para servir a Dios. También es un gran amante y adora el sexo, con amor siempre. Y adora reír y bailar. Eso es pura alegría. Pero no puede ni tan siquiera decir “soy feliz” sin que le dé un ataque de pánico y crea que se le va a caer el cielo sobre la cabeza o que va a ocurrir una gran desgracia que le haga perder a todos los que ama.
Su Transformador es el más perfecto de entre todas las tipologías. Es un creador constante y deslumbrante, y las más veces, por poco que se dedique a ello sin banalizar sus dotes, un genio multifacético. Crecer es para él el norte y la razón de su vida. Es un buen maestro, pero es el mejor de los alumnos. El mundo es, para él, un lugar de aprendizaje en el cual cualquiera, por más pequeño e insignificante que sea, le puede enseñar algo. Y, así, olvida lo mucho que entrega y cae de rodillas agradecido ante todo lo que recibe.
Su Vitalizador es muy extraño: su salud es muy delicada y siempre amenazada por la muerte súbita, muerte típica del Reactivador. No tiene energía física ni corporal. Se mueve muy poco. Cree que no tiene cuerpo, que es un alma que habita eso, el cuerpo, con lo cual no toma contacto. Por eso aguanta tanto el dolor. Sin embargo, él ve la mentira, la manipulación, la inversión, la mala fe, como nadie, y la denuncia sin temor alguno y sin conciencia del peligro. Una niña Reactivadora es la protagonista del cuento “el rey está desnudo”. No le importa decir “así no” al rey, al dictador o al asaltante que le apunta con una pistola.
Su Sintetizador funciona muy bien en cuanto a capacidad de análisis, y sobre todo de síntesis. Es extremadamente inteligente y sensible. No tolera dañar nada vivo. Y perdona siempre que lo dañen a él. Prefiere aprender con gente que con libros, aunque lee con amor. No le gusta retener en su memoria datos y datos, porque dice que eso ocupa sitio inútil en la cabeza y frena la creación, además de volver dogmático, cosa que le horroriza.

Ingeniería emocional del reactivadorReactivador:
El amor inflado nutre su Protector y lo hacen tan generoso con los que sí merecen su amor como con quienes no lo merecen.
El miedo desconectado esconde su competencia y es valiente y hasta temerario. Le gusta transformar el miedo en arte y por eso todos los grandes toreros son Reactivadores o están en fase Reactivadora. Se le nota su talento en que es muy armonioso y busca y cultiva la armonía en todo y en todos. Pero su desconexión domina su vida, porque ni cree en el mal ni lo ve.
La Alegría está prohibida y él la remplaza por más amor. No se reconoce el derecho a pensar en atenderse y disfrutar de sí mismo. Sin embargo, la vocación asoma claramente en el terreno espiritual y también en lo estratégico. Es un gran visionario, capaz de ver el futuro con la misma claridad en que ve el presente. Y tiene el optimismo más enorme que pueda uno imaginar cuando se trata de optar por lo grande y bello que existe en los demás.

Creencias arquetipales del Reactivador:
El arquetipo del Reactivador es Orfeo. Orfeo, rey de Tracia, genio insuperable del canto, lograba calmar y diluir todo mal y mantener a los hombres en el camino de la luz divina. Pero he aquí que su esposa amada, Eurídice, muere trágicamente y Orfeo decide ir a rescatarla a los infiernos. Allí logra calmar y dulcificar a todos los demonios, pero le es impuesto guiar a su esposa hacia la luz de la vida sin jamás volver la mirada atrás. Cuando estaba a un paso de la salida de los infiernos, Orfeo, asaltado por una terrible duda se vuelve a comprobar si su esposa lo sigue. Esta recae en los infiernos y Orfeo, desolado, se ve obligado a vivir sin ella. A la salida a la tierra, las mujeres, airadas de verse rechazadas por el fiel esposo, lo despedazan y tiran su cabeza al mar. Este crimen se ve castigado por varios desastres naturales, y la cabeza de Orfeo opera milagros en la tierra mientras que su lira se transforma en constelación celeste. Orfeo sigue cantado en el cielo para los bienaventurados. Se le atribuye que a la vuelta de los infiernos trajo consigo los secretos de todos los misterios y las claves para que los hombres no tengan que pasar por tantas pruebas y desgracias hasta convertirse en bienaventurados.
Sometido a este dios que rige su espíritu, el Reactivador se congela en sus dos creencias existenciales, que son:
“Nadie podrá amarme” (aunque yo haya amado a todos por igual)
“No habrá justicia para mí” ( ni en esta tierra ni en el más allá)
Su Drama Existencial, D.E.: “Sólo trato de ayudarte” (“Y tú me crucificas así”) .
El Reactivador mantiene así sus creencias existenciales: ofrece una ayuda a los peores y les entrega su corazón y sus secretos. Estos, envidiosos y cobardes, en vez de optar por ser mejores, se vuelven contra él y lo crucifican. En vez de reconocer que existe el mal y ocuparse de sí mismo y de los que lo merecen, lo intenta de nuevo, para conseguir el amor y, así, la redención de los que no quieren ser redimidos, pues optan libremente por el mal. Al final el Reactivador muere asesinado por los que lo envidian, y los buenos lo lloran.

Perfil psicológico del Reactivador:
El Reactivador, que en mucho está más dotado que la media, no se ve bueno ni grande a sí mismo y sobre evalúa los méritos de los demás. Los demás, que no pueden creer que se pueda ser maravilloso sin asumirlo, lo descalifican y lo increpan para ratificarle su juicio sobre sí y sobre ellos. Así se otorgan los méritos y virtudes del Reactivador y proyectan sobre él sus taras y sus sombras. Es el cordero sacrificial del mundo.
El Reactivador tiene una concepción mágica de la existencia: se ve a sí mismo inexplicablemente elegido y amado por Dios. Inexplicablemente, porque ve a los demás mucho mejores que sí mismo, más geniales, más entrañables, más bellos. Y amado por Dios, porque el Señor le confirió el poder de ver el alma ajena que sufre y poder así aliviar sus sufrimientos. Los demás lo ven como él quiere que lo vean y lo consideran no humano, esse decir que le exigen que se entregue incansablemente y que sólo reciba críticas y más exigencias a cambio, ya que Dios fue injusto al conferirle a él lo que no les dio a ellos. Así usan al Reactivador y abusan de él.
El Reactivador no cree en la existencia del mal. A lo sumo, si alguien muy cercano y amado lo obliga a verlo, lo interpretará como mayor sufrimiento y mayor necesidad de recibir su tiempo y su pasión. Los demás, cuando son buenos, se sienten minusvalorados y abandonados por el Reactivador, quien los prefiere a los peores, y, cuando son malos, se sienten dueños y señores de un tesoro del cual se apoderan mientras cargan al Reactivador con la acusación de tener todas sus taras. El Reactivador termina por creer que así debe ser, puesto que no sólo no le agradecen sus dádivas sino que lo acusan de ser lo que los demás son. Termina por ver todo el mal en sí mismo y todo su bien en los demás, sobre todo si son malos.
El Reactivador ve a dios, que es su pasión existencial, como un Legislador que le pasa pruebas, que él acepta como muestras de amor por él y privilegio que le confiere. Intentará mostrarse a la altura de ese honor y de las expectativas divinas sobre él. Así, en vez de quejarse y de recuestionar a ese tipo de dios, el Reactivador aguanta todos los embates del mal, y los demás lo ven como a alguien sin necesidades y sin sufrimientos y lo retan a un nuevo sacrificio a una nueva prueba. Así, el Reactivador se encierra en el infierno sobre la tierra. Así, para un Reactivador, el mal existe, sí, pero está sólo en él y muchas veces es él. Y se redimirá siendo más bueno y paciente con los demás.
Esta concepción de dios que tiene el Reactivador, la proyecta sobre la creación y busca críticas como prueba de amor. Los que no lo critican ni le pasan pruebas son así porque no lo aman. A él sólo le interesa que le digan por dónde falla, para que él pueda corregir, aprender y crecer. Los halagos son cortesías de los que no quieren hacer el esfuerzo de interesarse por él. Así se queda pegado a los perores y pasa incontables pruebas para ganarse su aprobación. Ve a los buenos como algo normal y banal, a lo que no es necesario atender. Con ellos no se siente necesario, ni puede justificar el estar en la vida. No cederá a la tentación de disfrutar de su tiempo ni de su energía con ellos.
Cuando lo han crucificado una y mil veces, el Reactivador puede tener un ataque de furia altanera en vez de tomar conciencia con el sano miedo que se le debe tener a lo tóxico y a lo desalmado. Se va sin llevarse lo suyo, con una pequeña maleta, como un nómada en el desierto y se siente culpable por su altanería y su soberbia. La próxima vez será más paciente y lo volverá a intentar cien veces más. No llora para no hacer sentir a los demás responsables de su debilidad. Y sonríe confiadamente. No es de extrañar que un buen día se le rompa el corazón, no en el sentido figurado sino real y que muera DE MUERTE SÚBITA. Además, esa muerte, en vez de aterrarlo, le encanta, porque así no dará trabajo ni preocupaciones a los que ama y les dejará un recuerdo intacto, afirmativo y optimista. No pide, ni le gusta que adivinen sus sufrimientos y necesidades de calor humano. Sin embargo basta con ver los surcos que marcan su rostro desde las aletas de la nariz hasta la comisura de los labios, basta ver ese labio inferior que tiembla como el del niño que va a romper a llorar, para constatar que el rostro de un Reactivador, no obstante su mirada optimista y cálida, no obstante su sonrisa confiada y su enorme energía para dar y darse con tesón y fe, es una verdadera máscara de sufrimiento. Cuando se pone melancólico, el Reactivador lo asume durante un segundo y, en vez de pedir, se aboca a dar para sentirse eufórico. Y comenzar de nuevo…
Si bien el Reactivador es una madre universal, sea éste mujer u hombre, su rol como padre o madre biológico es atípico: él no desea ser padre de sus hijos, sino su amigo. Él estima que se debe aprender de los niños en vez de pretender educarlos. Hay que apoyarlos y sostenerlos cuando desmayan y dejarlos volar con sus propias alas, cuanto antes. Y eso hace.
Su vida social es rica y efervescente. Tiene muchos amigos y es el alma de su grupo. Elige muy bien a sus amigos entre los mejores. Sus amigos son su verdadera patria, su auténtica familia. El saber que existen, le da fuerzas para seguir viviendo. Es un amigo para toda la vida y capaz de cualquier hazaña por los suyos.
Es muy hogareño y tiene un hogar cálido y acogedor, en el cual recibe a todos los que necesitan soñar con un mundo mejor. Su casa está llena de plantas, de cuadros pintados por él, de colores cálidos, de olores refinados, de materiales naturales. Allí se puede llegar a cualquier hora y traer a amigos. Siempre habrá tiempo, comida, camas y espacio para ellos. Es un oasis en la jungla y un espacio de crecimiento para todos. Porque el Reactivador, cuando habla, va directamente a la intimidad. No pierde tiempo en rituales ni en formas socializadas de pasar el tiempo.
Al Reactivador le gusta la naturaleza y los animales pero prefiere verlos tras la ventanilla de un coche o en película. El contacto directo le da miedo.
Lo que más le angustia de sí mismo es su autoimagen física y sexual. No se ve atractivo, aunque sea una belleza, y, como no se ajusta al estereotipo de la hembra ni del macho, se ve masculina si es mujer y femenino si es varón. Con ello ve alejarse su sueño más maravilloso: protagonizar un amor de novela con su alma gemela, que él se asigna buscar, reconocer, redimir y desposar para siempre jamás. Sólo los grandes Reactivadores llegan a cumplir éste, su sueño máximo.
Profesiones: Director de procesos de cambio. Director de la UVI. Bombero. Socorrista. ONGs. Artista, sobre todo actor, cantante y pintor. Torero. Márketing. Director de personal. Defensa. Derechos humanos.
F.E.E.: (amor y falso amor en vez de miedo –paternalismo- -miedo que transforma en valentonería –alegría que transforma en superstición) +tristeza + orgullo –rabia que transforma en intimidación.
Si bien el Reactivador se caracteriza por la desconexión del miedo y por su valentía temeraria, también está actuando en permanencia la función trascendente del miedo, que es la armonía. Ellos son armonía en lo físico, en lo mental, en lo anímico y en lo espiritual. Están en el mundo para hacer de éste un lugar donde reine la armonía y la paz.
La espiritualidad de un Reactivador se nota en cada uno de sus sentimientos, de sus movimientos y de sus acciones. Tan sólo le falta el sentido de la orientación: se equivoca de destinatarios, y se pierde y desnorta sobre la tierra. No así en el cielo, pero sí en la tierra, y por eso no accede a la alegría y a la paz.
El Reactivador es ante todo un gran creador, un infatigable creador, un creador que evoca la jungla tropical. Todo su universo es creación: él crea a las personas, detectando lo mejor de ellas y completando el proceso de renacimiento con su propia imaginación. Crea organizaciones esplendorosas por donde le toca pisar, pues es un agente de cambio vocacional. Crea ambientes desrutinizando y pariendo momentos mágicos y entrañables por donde pase. Crea arte porque es un artista nato y multifacético. Crea sistemas y metodologías cada vez que le preguntan cómo hace él cualquier cosa. Y eso es así porque el Reactivador tiene una sola meta consciente: hacer de su vida una obra de arte, porque vivir requiere de todo el arte posible.
Y también, el Reactivador es un gran partero: lo que más le entusiasma, y es un gran entusiasta, es parir. Es una madre colosal e infatigable de mentes, de almas y de espíritus ajenos. Y, como su dios Orfeo, es inolvidable: todo aquél que ha nacido concientemente a su vida real con un Reactivador, conserva una mirada de luz imborrable.
La proporción de Reactivadores en la población total es muy baja, porque más de la mitad eligen morir en el útero antes que nacer.

Fases de evolución tipológica:
FASE DE CONEXIÓN: REACTIVADOR-PROMOTOR.
Conserva y fortalece las cualidades de su Mapa: aspira a la autorrealización grupal y personal. Es bondadoso, creador, mágico, encantador y compasivo, fiel, digno, orgulloso, ocurrente, hospitalario, generoso, valiente y hasta temerario, iconoclasta, armonioso, considerado, brillante, acogedor. Incentiva y alienta a todos. Supremo sentido de pertenencia a los suyos. Nunca olvida las cosas buenas que hacen por él y por los suyos. Perdona todas las ofensas si cree que existe el arrepentimiento. Se enfrenta a los más poderosos y socorre a los indefensos y a las víctimas. No tolera la injusticia. Es elegante, innovador, rompedor, arrojado y desafiante. Le gusta escandalizar a los timoratos.
Aunque tarda en ser reconocido, porque no presta ninguna atención a los honores, hace milagros y termina eligiendo a los mejores para construir un mundo auténtico. Es un gran creador que cataliza a los mejores a su alrededor. Crea una empresa que, aparentemente, puede parecer irrisoria o un hobby, y que termina cambiando el planeta. No se deja manipular, ni confundir ni engañar por falsas víctimas, ni distraer de lo esencial para el mundo. Sabe que el mal existe y se convierte en un especialista en diagnosticarlo y alejarlo. Su obra pone orden, racionalidad y cordura en el caos. Su figura crece durante su vida y mucho más después de su muerte. Es espiritual ante todo y construye el mundo de la criatura de Dios en esta tierra. Trae a la tierra lo que los más visionarios proyectan al cielo como siendo una vida por venir. Pero puede ser asesinado por los más obscurantistas y morir de muerte súbita si los que más ama lo traicionan.
Usa el 80% de su energía innata y forma parte del 2% de la población de Reactivadores.
Profesiones: Director de su propia escuela. Maestro de líderes. Medicina. Baile. Salud integral. Presidente de empresas y de organizaciones propias que cambian el entorno.
F.E.E.: (amor +miedo +alegría) + orgullo + tristeza + rabia.
D.E.: ninguno.

FASE DE PRECONEXIÓN: REACTIVADOR-FORTIFICADOR.
Deja de salvar y se pone a investigar y a crear. Es un gran artista e inovadorinnovador que no cree en su genialidad y que pone su obra en manos de los peores, con confianza. Descubre a dios y recibe sus señales, pero no le hace caso porque no se valora, y se pregunta “¿porqué yo?”. Conserva, intactas, todas las cualidades de su Mapa.
Su obra es auténticamente rompedora e innovadora, pero nadie lo reconoce. Puede morir de muerte súbita. Padece problemas renales y engorda sin comer. Está melancólico y no desea permanecer en este mundo. Puede hacerse ermitaño, religioso de clausura, investigador aislado. Sufre de lumbago, hernias y calambres. Come en vez de disfrutar de la vida y del sexo.
Usa el 40% de su energía innata y forma parte del 15% de la población de Reactivadores.
Profesiones: Arte. Ecología. Biología. Reciclaje. Agricultura de vanguardia.
F.E.E.: ( amor –miedo que cambia en histeria –alegría que cambia por miedo a la maldición mágica de los peores) +orgullo + tristeza –rabia que cambia por culpa.
D.E.: “Sólo trato de ayudarte” (muy poco) y “si no fuera por (mí)”.

FASE DE MAPA TIPOLÓGICO: REACTIVADOR-REACTIVADOR.
Esta fase es en todo idéntica al mapa tipológico descrito anteriormente.
Usa el 30% de su energía innata y forma parte del 10% de la población de Reactivadores.

FASE DE DESCONEXIÓN: REACTIVADOR-LEGISLADOR.
Parece más seguro, pero es más frágil. Toda la organización reposa anímica y económicamente sobre él. Es impaciente y exigente con los mejores y salvador compulsivo de los peores. Es aún más confiado. No cree en el mal y anima a todos por igual. Se desgasta y termina en la U.C.I. Todos lo recuerdan, pero no desean que vuelva.
Se pone rígido y cae mal. Es intolerante y exigente. Es un salvador de los más parasitarios. No es justo y da de lo suyo a todos. Sobreprotege a su familia y equipo y no deja crecer. Quiere ser indispensable y está celoso de su poder. Forma simbiosis con Reveladores y con Promotores. Desconfía de los conectados, que él juzga despiadados. Es propenso a enfermedades agudas y graves: cardiopatías, fiebre reumática, tuberculosis, embolia pulmonar y neuropatías.
Profesiones: Político. Director de orquesta. Coordinador. Secretaría general. Relaciones públicas. Embajador.
F.E.E.: (Amor salvador – miedo (histeria) –alegría que transforma en orgullo (dogmatismo, idolatría)) + tristeza –orgullo que Transforma en alegría (magia) – rabia que transforma en culpa.
D.E.: “Sólo trato de ayudarte” y “defecto”.
Usa el 20% de su energía innata y forma parte del 55% de la población de Reactivadores.

FASE DE PREDISOCIACIÓN: REACTIVADOR-REVELADOR.
Cree que ya no deja que los demás abusen de él, pero corta relaciones tirando al bebé con el agua de bañera. Se hace revolucionario o artista marginal y cree conquistar su autonomía.
Se pone celoso de los Reactivadores conectados y pelea con los Reveladores, a quienes desprecia. Es insoportable, está siempre furioso y protestón. Se puede poner grosero y hasta vulgar y pierde su porte principesco. Es escéptico con lo grande y se deja deslumbrar por falsos genios, falsos profetas y falsos sabios. Se odia as sí mismo y no cree en la bondad de nadie. Puede sacrificarse en un acto de heroísmo gratuito y falaz. Puede alcoholizarse. Es anoréxico. Su vida pende de un hilo.
Profesiones: Guerrillero. Revolucionario. Artista. Bohemio. Cantautor.
F.E.E.: Ninguna emoción auténtica y transforma la tristeza en rabia (resentimiento, revanchismo, amargura). Además invierte el eje alegría-rabia y se torna sacrílego e idolátrico de los peores elementos de su familia.
D.E.: “Sólo trato de ayudarte” y “sí…pero…”.
Usa el 3% de su energía innata y forma parte del 15% de la población de Reactivadores.

FASE DE DISOCIACIÓN: REACTIVADOR-CONSTRUCTOR.
Se cree un profeta o un gurú, pero sus mensajes están todos invertidos y todos se burlan de él. Oye voces (alucinaciones auditivas) que lo culpan y puede arrastrar masas de inadaptados como un falso profeta.
Alterna percepciones extralúcidas con delirios apocalípticos. Se cree un extraterrestre y acepta que abusen de él, porque los demás son “de origen diferente”. Se abruma y sostiene a los peores. Acepta dirigir empresas insalvables y se hunde con ellas. Sufre alucinaciones y una sordera creciente. Está desesperado y clama por la muerte. Si no logra que lo maten, lo hará él.
Profesiones: Político mesiánico. Profeta enloquecido. Magia. Astrología. OVNIS. Curandero.
F.E.E.: (Fórmula letal: falso amor + falsa tristeza) e inversión de los dos otros ejes, el eje alegría-rabia, como anteriormente, y el eje orgullo-miedo (profanación rastrera y masoquismo prepotente).
D.E.: “Sólo trato de ayudarte” y “abrumado”.
Usa el –16% de energía innata y forma parte del 3% de la población de Reactivadores.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 27: TIPOLOGÍA PROMOTORA

Dimensión dominante: Orientador-alegría-sexo, su competencia.
Dimensión desconectada: Protector-amor-vista, su talento.
Dimensión prohibida: Rector-miedo-tacto, su vocación.
Dimensiones sanas: Sintetizador-tristeza-oído.
Transformador- orgullo-gusto.

MAT Promoter Typology by Preciada Azancot

MAT Promoter Typology by Preciada Azancot

Percepción sensorial del Promotor:
¿QUÉ VAMOS A VER? La figura geométrica que domina la estética Promotora es el círculo (rostro, ojos, boca, brazos, piernas, manos y pies). La alegría incide básicamente sobre las glándulas sexuales y sobre el páncreas. Por ello, el Promotor es el más interesado y hasta obsesionado por el sexo y tiene rasgos de bebé grande. Conserva todos los rasgos que tenía cuando contaba con ocho meses de vida.
Todo en él es redondo y recuerda al bebé que fue y que, en lo esencial, no dejó de ser. Tiene el rostro redondito, con una amplia frente abombada. Sus cejas son redondas y sus ojos grandes y muy abiertos, con mirada sorprendida y cándida. Su nariz es pequeña y respingona y su boca parece un piñón. Lo increíble es que con una boca tan pequeña él logre tener una sonrisa de oreja a oreja, que ofrece constantemente, seductoramente y generosamente a su entorno.
Tiene tendencia a estar relleno, su piel brilla y sus hombros, brazos, talle y vientre son redondos como los de un bebé. Tiene el cabello ensortijado como él.
Se mueve mucho y avanza a trompicones a toda velocidad y echado hacia adelante como si fuera a caer en nuestros brazos. Es muy egocéntrico y se pone en el centro de atención. Siempre está riendo, bromeando, y vendiéndose como lo más increíble y encantador que quepa imaginarse.
Se viste a la última moda y crea modas. Le gustan todos los colores y tiene predilección por el amarillo, el negro y el naranja. Usa toda la gama de los ocres.
Su casa es muy “design” y tiene los últimos gadgets de la tecnología de consumo. Le gusta el lujo y muchas veces vive por encima de sus medios. Le encantan los tejidos y alfombras de sedas, brocados, y terciopelo, que él acaricia con mucho placer. Le gustan los cuadros gigantescos y muy modernos.
Desea provocar y nunca dejar indiferente. Es muy sexy y muestra generosamente sus encantos a todo el mundo y en las circunstancias más insólitas.
Es de estatura media baja y engorda con facilidad.
Muchas veces tiene problemas en la vista, como el daltonismo.
Cuando se sienta cruza las piernas y sacude la pierna de arriba con nervioso gesto, como si estuviera dando patadas a una mula para que vaya más deprisa. Es muy impaciente con los demás y muy complaciente consigo mismo. Cuando le hablan, inclina la cabeza hacia un lado y se echa hacia atrás en su sillón, para que el otro haga el esfuerzo de adelantarse hacia él. Cuando él habla, se echa hacia adelante, redondea los ojos y sonríe coquetamente para seducir.

¿QUÉ VAMOS A OÍR? La voz del Promotor recuerda también la de un bebé: es chillona y destemplada. No controla su voz, salvo cuando mejora en su proceso de conexión. Habla mucho y con mucha pasión contagiosa. Siempre tiene una ristra de argumentos para arrastrarnos a la acción. Siempre está hablando de sí mismo y vendiendo sus múltiples entusiasmos al auditorio. No tolera la frustración cuando se encapricha, y se encapricha con todo: entonces seduce, y, si aún así no lo logra, se duele, se ofende y patalea. No concibe que no se le complazca en el acto. Le gustan las palabras superlativas como “lo mejor”, “lo más de lo más”, eso refiriéndose a lo que a él le gusta.
El Promotor no es demasiado culto ni está muy informado. Es una persona de acción. Si lee, busca cosas sobre magia, extraterrestres, vibraciones, energía positiva, cultos remotos y raros, chamanismo, y todo sobre la venta y el impulso hacia el éxito.
Tampoco es un artista, aunque lo desea más que nadie. Le gustaría ser poeta, pero es bastante cursi en esa materia. Sueña con ser un artista, pero no sabe por donde comenzar ni le gusta entregar su alma ni esforzar su espíritu. Cree que la genialidad viene por inspiración en un arrebato de euforia. Se prepara para ello buscando esa euforia por encima de todo.
Su relación con la música es estrecha y muy variada: según cada circunstancia, buscará la que más se adecue. Le gusta Mozart, y la música más moderna, hoy la minimal. Toda música alegre es suya, desde la lambada hasta la disco, pasando por la salsera. La disfruta mucho, pero puede perfectamente vivir sin ella. Le es indispensable como acompañamiento de fondo cuando quiere seducir. Adora bailar y lo hace muy bien.

¿QUÉ VAMOS A TOCAR?: Mucho y bien. Al Promotor le encanta tocar y que lo toquen. Hasta se le reprocha manosear constantemente a sus interlocutores. Cuando era bebé arrastraba a su peluche por todas partes y no lo quería soltar ni cuando se bañaba. También se acariciaba la oreja mientras se chupaba el dedo y acariciaba un borde de manta o de funda. El tacto es el órgano de la seguridad, su vocación, y tocar es para él vital. No entiende que se le reproche tanto manoseo, sobre todo los Legisladores, Fortificadores y Reactivadores, que son los más renuentes a las familiaridades físicas con desconocidos.
Su piel, ya lo dijimos, es suave como la de un bebé, y su carne, gustosa como la de éste. Es maravilloso ver esa piel luminosa y acariciarla. Y, así, todos contentos.
Soporta bien las temperaturas extremas y no suda en exceso, aunque para él la felicidad es el clima tropical de las islas del Caribe, su elemento natural.

¿QUÉ VAMOS A GUSTAR?: El promotor es un gran imaginativo y un arriesgado inventor. La “Nouvelle Cuisine” es obra suya. Y esas raciones mínimas perdidas en un plato grande súper decorado, también. Al Promotor se le ocurren mezclas inverosímiles, entre las cuales sólo algunas pocas son afortunadas. Él se divierte mucho cocinando y está convencido de que es un gran “chef”. Por eso se ofende tanto y se duele hasta el fondo de su corazón cuando sus creaciones son rechazadas con un “¡Buah, qué asco!”. Pero la verdad es que el Promotor es un poco temible en materia culinaria. También inventó las carnes crudas y los carpaccios de todo tipo que le recuerdan que él es el rey de la jungla y que los animales de la jungla comen las cosas crudas.
Existe también una cocina tradicional y muy sabrosa Promotora. Se trata de la cocina italiana y de la libanesa, por ejemplo. Pero aquí la intervención Fortificadora de las mujeres ha sido decisiva, y estamos hablando de lo Promotor conectado, no del que está en su Mapa, como es el caso de todas las tipologías que describimos.

¿QUÉ VAMOS A OLER? El Promotor, cómo no, huele a bebé. Como él, el aroma es dulce y fresco y también se descompone con mucha facilidad y huele a ácido. Por eso el Promotor se debe bañar más que la mayoría de las demás tipologías. Le encanta perfumarse y recurre a todas las esencias y afeites imaginables y no imaginables. Deja una huella olfativa por los lugares por donde, alegremente, transita. No se puede hablar de un olor preferido, a parte del musgo, pues a él lo que le gusta es la rareza y la diversidad. Y la moda, claro. Con lo cual es un gran creador de perfumes y de afeites.

¿QUÉ VAMOS A PERCIBIR SEXUALMENTE? Sexo, mucho sexo, y más sexo. Se puede afirmar que un Promotor está algo obsesionado con el sexo, pues lo antepone a todo y lo relaciona con todo. Es sexual antes que sensual. Hacer sexo, imaginativamente, es cuestión de cada respiración. En cuanto conozca a alguien, lo primero que imaginará es cómo hará el amor esa persona. Como le encanta seducir, pasará inmediatamente a demostrarlo, lanzando invitaciones e insinuaciones sexuales a todo aquel que se le acerque y, si alguien le gusta, él correrá a acercarse. Para un Promotor la curiosidad sexual es universal: que se trate de una planta, de un niño, de un viejo, de alguien visiblemente enamorado de otra persona o de alguien de su propio sexo, el Promotor pondrá el interrogante y el impulso sexual siempre por delante. Como amante, es del tipo “inolvidable”, porque seduce a su pareja y la hace sentir única en el mundo. Al día siguiente se le olvidará hasta su nombre y desaparecerá. Por supuesto, esperar de él fidelidad sexual es algo así como un contra sentido. Se pueden contener, un poco, más cuando están preconectados o conectados, siempre y cuando la tentación de la aventura no sea excesiva. Como no asocian el sexo al amor y sienten rabia en vez de amor, sufren muchas veces de eyaculación precoz. Todo lo hacen a toda marcha, ¿por qué no el amor? A ellos les cuesta segundos tener un orgasmo.
Su elección de parejas es tan surrealista como ellos. Eligen a los que tipológicamente los pueden disociar más, a Reveladores. O se lanzan hacia su talento y vocación, la pareja cósmica, el Constructor. Pero sin pensar en pagar el precio, altísimo, necesario para lograr la perfección con esas dos parejas… Con lo cual el esfuerzo recaerá en el otro.

Análisis estructural de la tipología Promotora:
El Promotor se distingue por la inflación del Orientador. Es sumamente mágico, intuitivo, optimista y puede ver el futuro y el mañana con la misma facilidad con que otros ven el hoy. En este campo sólo los Reactivadores lo superan.
Su Protector está desconectado y alimentado por rabia. Desconfía del amor y cree que éste no existe. Promete y no cumple. No se compromete ni se solidariza, puesto que el mundo es una jungla donde sólo ganan los depredadores. Lo que sí hace, y muy bien, es seducir empleando palabras y gestos y promesas de amor. Escribiendo poemas y haciendo regalos. Se pone la máscara del amor para que el otro caiga en sus redes.
Su estructura prohibida es el Rector. Los límites y las leyes no se hicieron para él. Él está especializado en contornearlas e inventó el dicho “quien hizo la ley hizo la trampa”. Tiene miedo al miedo y escapa de sentirlo. Por eso maneja su coche o su moto a velocidad suicida y, muchas veces, muere en accidente de circulación. Le fascinan los deportes de riesgo y hace puenting tirándose al vacío. Cae fácilmente en las adicciones con drogas (cocaína), alcohol, o compras. También puede convertirse en ludópata con facilidad.
Su Sintetizador está bien energetizado y es de buen tamaño. Es muy inteligente y astuto. Aunque se precipita y reflexiona poco cuando se trata de medir inconvenientes o problemas. Eso lo amarga. Así que la alegría le puede y se salta la tristeza, que considera pavosa. Pero cuando se pone a analizar, es francamente magnífico.
Su Transformador es muy bueno, pero lo desperdicia. Algunos descubren su vocación de crecimiento y dedican su vida a esa exaltante tarea. Los más son “creativos” y no cesan de inventar trucos para ser el más listo y el que se adelante mejor a una moda, y el que le va a sacar “valor añadido” a algo. Pocos se dedican al arte y casi todos derivan su Transformador hacia la manipulación y la venta.
Su Vitalizador está presente pero, como en todas las tipologías, su energía, la rabia, está desviada en otra estructura, la desconectada, en su caso, el amor. El Promotor se cuida mucho, eso sí. Hace deporte y cultiva su cuerpo como a un ídolo exigente y tiránico. Es muy activo. Pero sufre de problemas de salud: alergias, cáncer y neumopatías muy especialmente, a causa de las energías desviadas. Envejece mal y pocas veces llega a viejo, porque es el más propenso a morir en accidentes o por accidente.

Ingeniería emocional del Promotor:
La inflación de la alegría que remplaza amor ya quedó clara. Su obsesión por el sexo también. Lo que convendría añadir es que el Promotor se cree obligado a ser el animador y hasta el payaso de la sociedad. Cree que lo van a echar fuera si deja de justificar así su existencia. Esto implica y arrastra mucho sufrimiento, que él oculta al mundo, al que cree que tiene la obligación de animar, vender y entusiasmar, pero jamás pedirle alegría cuando está deprimido o desgastado. En ese caso, su “obligación” es esconderse hasta que se sienta listo de nuevo para animar a todos. Con una tal misión es difícil creer en el amor.
El amor desconectado, que remplaza por manipulaciones y seducciones, asoma sin embargo, porque es muy generoso y dadivoso. Y también se ve acaparado por la familia, muy en especial por la madre, a quien él venera.
El miedo prohibido y su proverbial temeridad y su gusto al riesgo se perfilan como algo importante y hasta esencial para él cuando saca tanto disfrute y plenitud de las situaciones de peligro.

Creencias Arquetipales del Promotor:
El Promotor tiene también a su Dios personal. Este es Mercurio, el emisario de pies alados, el listo, el de la comunicación y de la venta. También tiene su mito. Éste es Edipo. Ambos convergen en una misma historia de final trágico. El Promotor está perseguido por el mito del incesto. Además, como tiene el amor desconectado, amar a otro se convierte en un incesto, porque el otro entonces es como sí mismo, su hermano gemelo.
Sus creencias existenciales son:
Nadie podrá amarme (porque el amor no existe)
El mundo es una jungla (donde ganan los listos como yo)
Su Drama existencial es “cheque de goma”: cuando quiere obtener algo, seduce y promete. Así logra su objetivo. Cuando el incauto que creyó en sus promesas viene a “cobrar” su parte del acuerdo, encuentra que “el cheque” que le dio el Promotor no tiene fondos. Promesas incumplidas. O, peor, hacer creer que jamás hubo ninguna promesa y que fue imaginación del otro el creérselo. De esta manera el Promotor alimenta sus creencias existenciales: en efecto, cuando se “enamora” de alguien, cree que lo van a abandonar puesto que el amor no existe, así que él se adelanta y traiciona primero para ser el más listo y no sufrir la, inevitable, pérdida. Así recae en su segunda convicción de que el mundo es una jungla y le hace el “favor” al otro de enseñárselo. Así se protegerá mejor y aprenderá a ser listo. Dar esa lección es su forma de amar.

Perfil psicológico del Promotor:
El Promotor es un seductor, es encantador, alegre, animoso, emprendedor, agradable de mirar y de tocar. Es educado, elegante, generoso. Un regalo y un rayito de sol para los demás. Así al menos es como él se ve. Es visto como un irresponsable, avasallador y aprovechado.
Él dice cosas agradables y consoladoras a los demás, aunque tenga que mentir un poco para no herir. Los demás enfrían su entusiasmo con sus reproches y muestran lo hirientes que son.
Él es valiente y no pide cosas emocionales a los demás, guarda sus dolores y sus inseguridades y presenta, con generosidad, su mejor cara. Cuando se siente mal, desaparece para no molestar. Los demás dicen que es superficial y que nunca le duele nada. Y recurren a él como a un animador o a un payaso, y él, haciendo de tripas corazón, los complace y los anima. ¿Por qué nadie adivina que sufre como el que más y le da un poco de alegría?
Él sabe que el amor es la base y fundamento de la alegría y por ello alegra al mundo. Los demás hablan mucho de amor, pero sólo traen reclamos, exigencias, penas, miserias, deseos de poder, sentido de posesión. Eso no es amor y él lo sabe. ¿Por qué soñar y dejarse engañar por algo que no existe? Es visto como un cínico que usa a los demás y abusa de ellos.
La seguridad es imposible en un mundo como una jungla, donde al menor descuido lo despluman a uno, o se lo tragan. Si él es lo suficientemente adulto, instruido y listo como para no caer en ingenuidades ridículas, ¿no habría que felicitarlo y aprender de él? Los demás se ven en un mundo seguro donde el único depredador es el Promotor.
El Promotor es muy ocurrente, pues su emoción inflada es la alegría, que nutre el Orientador y lo desborda. Con ello intuye verdades y oportunidades, las más veces oportunistas, que los otros no ven. Es un gran vendedor, muy persuasivo que, cuando agota su argumentación emocional, pasa sin temor a manipulaciones para lograr que lo sigan en sus aventuras. De entre las tres manipulaciones básicas (con miedo, culpa y soborno) él elegirá preferentemente el soborno y halagará el ego ajeno, prometiéndole contraprestaciones que luego omitirá proporcionar (cheque de goma). Si esa manipulación no funciona, pasará a la intimidación.
Aunque tiene, cuando recupera su talento y su vocación, una tremenda facilidad para la transformación y la creación, el Promotor se convertirá raramente en un auténtico creador o innovador, y preferirá la comodidad de la inflación de su competencia, siendo “creativo”. Partirá de la alegría inflada que sustituye al amor y considerará las obras ajenas como propias, como algo que está a su disposición a fin de ser usado para servir sus intereses. Meterá tijera en obras valiosas ajenas, extraerá el trozo que necesita, lo mezclará con otros trozos de otras obras que recortó a su capricho, y se atribuirá la autoría del “invento” sin ningún escrúpulo. Es más, se preocupará de extraer toda grandeza de las partes despedazadas y les dará un aspecto y contenido que “agrade” a la cultura tópica y tipológica que esté de moda.
Él hace todo eso con total candor e ingenuidad, como un niño que entra en el despacho de su padre y se pone a recortar ilustraciones de preciosos y valiosos libros, porque le hace gracia hacerlo. Su Rector prohibido no tiene conciencia de los límites, de las fronteras que no se deben franquear sin irrumpir en terrenos ajenos. Todo lo que está en el universo está a su servicio. Y punto. Sin más complicaciones. Con lo cual el Promotor no se comportará como un niño, sino como un bebé.
Lo que más valora en su vida social es la enorme cantidad de gente que puede seducir. No ve a las que puede perder con sus trampas, sino a la inagotable reserva que le proporciona el mundo para seguir como ganador en un mundo de gente timorata y sin imaginación. Las excepciones que hace a esa concepción del mundo sólo atañen a su madre, a quien él idolatra, y, en mucho menor grado, a su familia creada, que tendrá como opción seguirle la corriente o verse abandonada por él.
Espiritualmente, el Promotor cree en Dios. En un Dios de alegría que le ríe sus gracias. Y en un dios de amor que todo lo perdona, sobre todo cuando, como es su caso, no hay maldad. Pero en verdad, lo que triunfa en su visión es un dios de astucia. Mercurio en persona. Un Dios que lo tolera todo salvo el fracaso, la derrota. Por eso, además de lo visto, el Promotor es muy competitivo. Siempre se está midiendo con los mejores y siente sinceramente que lo que alguien dotado ha hecho o descubierto o creado se lo ha quitado a él, sencillamente por suerte, porque se le ha adelantado.
Vale decir que para el Promotor, la clave del éxito está en la vitrina. Se es lo que se aparenta. Y por ello cuida tanto su imagen y vive por encima de sus medios. En todo. Su empresa es una inmensa vitrina y feria de lo más caro y novedoso. Su casa es un museo de la vanguardia de los gadgets. Con eso se impresiona y cree en sí mismo y logra impresionar a los demás. Es un espléndido anfitrión, muy dadivoso, porque eso forma parte de sus gastos de representación. Tiene un lujoso y vanguardista chalet en la zona más costosa de la ciudad, tiene sus oficinas en el rascacielos más alto, en el pent house, tiene el coche más caro y más veloz y pisa el acelerador con febril gozo. Porque él va por la vida a toda pastilla para dejar una estela imborrable que los demás admirarán con pasmo.
Lo que más lo atormenta de sí mismo son sus celos, sus tremendos y agobiantes celos. Amar significa morir de celos, carcomerse en el terror de verse abandonado. Su arquetipo secreto es Otelo. Por eso intenta hacer competir a los amados por él y pasarles la patata caliente de sus celos. Si es infiel, es un poco por su alegría inflada y su falta de límites socializadores, y un mucho para hacer que las personas a quienes ama compitan por él y lo celen. Así no tendrá que asumir ese mal que lo mina. El Promotor, así, adora ser envidiado, porque para él es sinónimo e indicador de éxito. Y él envidia a quien admira. Eso debería ser, desde su perspectiva, de agradecer.
Vivir una vida y un universo como el suyo tendría que instalar a cualquier ser normal en el terror. El no siente miedo, siente alegría y excitación por vivir así, en una perpetua huida hacia adelante.
Sus animales preferidos son el zorro, el águila y las serpientes.
Profesiones: Promotor: Vendedor. Animador. Payaso. Actor. Discotecas. SPA. Turismo. Moda. Productor.
F.E.E. (alegría inflada – amor – miedo) + tristeza + orgullo –rabia.

Fases de evolución tipológica del Promotor:
FASE DE CONEXIÓN: PROMOTOR –FORTIFICADOR.
Su F.E.E.: Tiene la alegría como competencia, es positivo y espiritual. El amor es su talento y es solidario y entrañable. El miedo es su vocación y es todo armonía, es fiable y seguro y sabe alertar sobre los estragos que ocasionan las desconexiones y la falta de autenticidad. Su tristeza, perfecta, le da claridad y una aguda inteligencia, así como un gran talento para la síntesis. Habla de manera esencial y sintética, con palabras salidas de un corazón pudoroso y sensible, que llegan directamente al corazón y a la razón del interlocutor. No vende, revela verdades esenciales. Su rabia es menos notable y está toda volcada en denunciar mentiras y estafas, más que en conferirle dinamismo y tono muscular. Su orgullo es bueno, pero si bien le permite crecer y hacer crecer de manera acusada no alcanza aún expresiones creadoras notables, sobre todo en la creación artística. Para ello deberá adentrarse más en el camino de la trascendencia.
Conserva las cualidades de su Mapa: es animoso, alegre, emprendedor, optimista, creativo, seductor, irresistible y confiado. Es un vendedor nato. Es leal con su familia. Es físicamente valiente, le encanta la aventura, la gente, y sus amigos de infancia, el bullicio, la fiesta, los coches, la velocidad. Es un anfitrión espléndido. Es un esteta refinado. Es un romántico mágico. Es muy sensual y erótico.
Se convierte en un ser insobornable e inmanipulable. Odia la pedantería, el falso brillo, la rabia cobarde y revanchista.
Es un gigante que detecta todo lo innovador, lo auténticamente espiritual, lo eterno, lo transformador, lo universalmente valioso. Es sabio, humilde, paciente, tranquilo, fuerte, maduro, paternal, confiado, auténtico, alentador y es un auténtico religioso que sabe llevar a todos al corazón del Creador. Es el alma y el centro de todos los grupos conectados. Cuando habla, revela la verdad a todos de manera pausada, desnuda y conmovedora. Es luminoso.
Se pone en el camino de la hiperconexión y de la trascendencia, y alcanzará niveles humanos y espirituales semejantes a los del Dalai Lama.
Su F.E.E.: (alegría + amor + miedo) + tristeza + rabia + orgullo.
D.E.: ninguno.
Usa el 80% de su energía innata y forma parte del 2% de la población de Promotores.

FASE DE PRECONEXION: PROMOTOR-REACTIVADOR:
Es un auténtico encanto, es bondadoso, comprensivo, sensible, sencillo, refinado y elegante. Adora la intimidad y la solidaridad. Le asustan la tristeza y la enfermedad, y expresa amor en vez de miedo, salvando así a gente sin valía. Se enamora de los mejores pero se atormenta con el miedo a perderlos. Adora a los niños. Es apasionado y auténticamente valiente. Es sincero, fiable, delicado, etéreo, leal, pero desea que su gente sea exclusivamente suya y que lo amen a él sólo. Como ya no le gusta manipular ni crear celos, huye del amor para no sufrir su posible pérdida.
Pero es demasiado vulnerable y mágico. Sufre de celos (pero no hace que los demás peleen por él). Es inseguro y tiene temor a ver que alguno de los que ama no lo ama. Huye frente al espejo psíquico. Habla de sí íntimamente, pero no deja que lo ayuden a crecer, a volar, a liberarse, tiene una sensibilidad a flor de piel. Puede tener asma y alergias.
Profesiones: Artista. Asesor de formación de personal. Coaching. Religioso. Médico. Historiador. Escritor. Cantante de ópera.
F.E.E.: (alegría –amor –miedo) +tristeza – rabia +orgullo.
D.E.: “cheque de goma” (poquísimos) y “sólo trato de ayudarte”(Se pone como Pygmalión de los peores)
Disfunciones emocionales: aunque se enamora, no confía en el amor y huye de él. Sigue siendo temerario.
Usa el 40% de energía innata y forma parte del 15% de la población de Promotores.

FASE DE MAPA: PROMOTOR-PROMOTOR:
Es en todo idéntico al retrato del Promotor tipológico del comienzo.
Usa el 30% de energía innata y forma parte del 10% de la población de Promotores.

FASE DE DESCONEXIÓN: PROMOTOR-LEGISLADOR.
Está aún más sometido al Socializador colectivo y se propone ser a la vez el más listo de la jungla y tener honores y prestigio sometiéndose a los tópicos más tipológicos de moda. Se casa y tiene hijos. Es emprendedor y sueña con grandes negocios de espectacular crecimiento. Crea moda. Sabe elegir a sus colaboradores en función de su devoción por él. Es un empresario. Adora ser envidiado, pues esa envidia le confirma su creencia existencial (la jungla) y su éxito. Protege a artistas y creativos de segunda categoría y desprecia y desprestigia a los de primera. Hace que los Constructores hagan su trabajo y que los Reactivadores y Legisladores den la cara por él.
Se torna, así, megalómano. Se cree Napoleón, se cree un genio. Se cela de los genios auténticos y los denigra. Legaliza la ley de la jungla. No tolera la crítica. Tiene miedo a la intimidad. Derrocha el dinero de todos en comprar a gente. Doblega voluntades. Manipula con miedo y soborno. Promete y no cumple. Le gustan los falsos brillos y los peores creativos (piratas), que confunde con creadores y con genios “como él”. Es obsequioso con los poderosos y despreciativo con los grandes valores. Sueña con derrocar y remplazar al ídolo de turno. Si lo consigue, se hace coronar emperador. Es vanidoso y pedante. Es propenso al cáncer y al enfisema pulmonar.
Profesiones: Banquero. Financiero. Estadista. Político. Empresario.
F.E.E.: (falsa alegría que remplaza amor – amor (infundio y calumnia en su lugar) + falso orgullo que remplaza miedo: masoquismo y prepotencia) – orgullo + tristeza –rabia.
D.E.: “Cheque de goma” y “defecto”.
Disfunciones emocionales: sólo le queda algo de tristeza (inteligencia) sin sensibilidad, que pone al servicio de su narcisismo como rey de la jungla.
Usa el 20% de energía innata y forma parte del 55% de la población de Promotores.

FASE DE PREDISOCIACIÓN: PROMOTOR-CONSTRUCTOR.
¡Al fin se cree adulto y responsable! ¡Al fin va a poder construir algo sin que se le derrumbe! ¡Al fin va a poder creer en el amor de psicópatas y disociados! Eso es lo que cree al ponerse de espaldas a su ser real. Transforma su mundo y el de los que van con él en un bazar donde cada cual tiene su precio y donde todos están en venta. Crea un “gran” negocio sobre una idea “genial” que crece, crece y se derrumba de la noche a la mañana. Invierte los roles sexuales, la verdad, la visión de futuro. Se rodea de una pandilla de inescrupulosos, con quienes cree estar seguro. Pone a los peores de su familia en puestos de mando. Se comporta como un cacique, un caudillo de medio pelo. Es mezquino y envidioso. Puede mandar asesinar a quien ponga en peligro “el tinglado” que armó sobre la nada. Manipula con culpa y miedo. Es nostálgico, siniestro y necrófilo. Parece un tango. No duerme bien y abusa de anfetaminas y de drogas o de alcohol. Declara la guerra santa contra el tabaco de una manera terrorista. Puede tener un infarto súbito y todas las enfermedades de la fase Legisladora (cáncer y enfisema) pero agravadas. No come.
Profesiones: Administrador. Director de ventas. Gerente. Político. Mafioso. Gestor inescrupuloso. Hotelero. Business center y cursos crash.
F.E.E.: No le queda una sola emoción auténtica y por lo tanto todas sus estructuras están alimentadas por falsas emociones. Además, invierte el eje amor-tristeza. Su fórmula es ( tristeza en vez de amor: necrofilia –amor que se remplaza por rabia: infundio y calumnia –miedo que siente como tristeza: fatalismo, derrotismo.) – orgullo (que cede su lugar al miedo: profanación, ser rastrero) – tristeza ( que cede el paso al amor: masoquismo, martirio) – rabia (que no siente).
Usa el 3% de energía innata y forma parte del 15% de la población de Promotores.

FASE DE DISOCIACION: PROMOTOR-REVELADOR.
Se cree un genio, el ángel del Apocalipsis, se cree de origen divino. Es un inversor de los valores, de los patrones sexuales transformistas y transexuales. Degrada todo lo auténtico y exalta la basura. Está paranoico y pleitea con todos. Enfrenta a todos contra todos. Está deplorablemente desprovisto de rigor conceptual. Es soso y vulgar y se cree ingenioso y distinguido. Es adicto a la TV, a las series de cuarta fila, a los peores melodramas y a los spaghetti western. Es fóbico a la soledad, a la quietud. Si es hombre odia lo femenino y si es mujer odia lo masculino. Adopta los métodos rastreros de la picaresca y de la mafia. Al final todos lo repudian y se queda sólo, reafirmando así su creencia existencial de no poder ser querido. Es muy violento y puede golpear o matar si lo contradicen. Es el brazo armado del Magnetizador contra los conectados, pero muy particularmente contra Fortificadores, Reactivadores y Reveladores. Es terriblemente supersticioso y va a brujas, a misas negras, etc. Bebe y se droga.
Profesiones: Político iluminado que dirige la guerra santa y el terrorismo. Capo de la mafia. Presentador de TV de programas basura. Presidente de gremios deportistas y corporativistas, que lleva a la destrucción.
F.E.E.: Invierte dos ejes, el que vimos en la fase anterior y el eje orgullo-miedo, y cae en la fórmula letal y se convierte en una explosión o en una inundación de inversiones y de idolatrías para su entorno. Su fórmula es ( falsa alegría idolátrica + falsa rabia sacrílega) –orgullo ( que se convierte en miedo: profanación) – tristeza (que se convierte en amor: masoquismo)- miedo ( que se convierte en orgullo: prepotencia).
Usa el –16% de energía innata y forma parte del 3% de la población de Promotores.
A continuación examinaremos las tres tipologías que se someten al Conectador colectivo y que creen que si no fuera por ellos el ser humano desaparecería y sería tragado por la máquina social.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 26: TIPOLOGÍA CONSTRUCTORA

Dimensión dominante: Sintetizador-tristeza-oído, su competencia.
Dimensión desconectada: Transformador-orgullo-gusto, su talento.
Dimensión prohibida: Vitalizador-rabia-olfato, su vocación.
Dimensiones sanas: Protector-amor-vista.
Orientador-alegría-sexo.

Tipología MAT constructora por Preciada Azancot

Tipología MAT constructora por Preciada Azancot

Percepción sensorial del Constructor:
¿QUÉ VAMOS A VER? La figura geométrica que domina la estética Constructora es el cuadrado (rostro, tronco, caderas, manos, pies).
La glándula que funciona con la tristeza es la tiroides, que produce una aceleración del metabolismo, delgadez, agitación y mucho vello y cabello. El cabello es lo primero que llama la atención en el Constructor. Es tupido, grueso, extremadamente abundante y nace muy bajo sobre la frente. Por lo demás el vello, sobre todo en varones, es mucho más abundante que en el resto de las personas. El Constructor se distingue también por su hiperactividad: está haciendo cosas constantemente y no puede quedarse quieto. Igualmente tiene un gran metabolismo y es delgado y de piel muy seca. A veces padece de hipertiroidismo.
Su rostro es cuadrado, pero redondeado en su parte inferior. Tiene la frente estrecha y sus cabellos sorprendentes nacen bajo sobre la frente. Tiene cejas bien dibujadas y horizontales, ojos medianamente grandes y casi siempre miopes, lleva gafas con mucha frecuencia, porque le dan un aspecto serio que él cultiva. Tiene la nariz más perfecta, recta y fina de todas las tipologías y labios más bien finos y horizontales. Lo bajo de su rostro es suavemente redondeado.
Su cuello es fino, tiene los hombros estrechos y más bien caídos, es delgado y tiene los brazos y muslos algo más cortos que el promedio. Tiene movimientos mecánicos, algo robotizados, como si sus articulaciones no estuvieran aceitadas y flexibles. Tiene una actitud gestual tensa y con falta de elasticidad y de agilidad, y eso tan así, que no arrugan la ropa ni siquiera tras un día rudo de trabajo incesante.
Se visten de manera sobria y muy clásica. Les gusta el color azul, el gris, y a veces los más atrevidos usan toques de rojo. Cuando quieren romper el molde de su clasicismo, usan una orgía de rojo. Es muy raro verlos de verde. Prefieren la calidad a la cantidad y tienen ropa de alta calidad que no les importa repetir. Son los grandes perfeccionistas de entre las tipologías. Están siempre impecables, y la corbata está recta y sin una sola mácula ni torcedura.
La decoración de su casa, en las raras ocasiones en que son ellos quienes la eligen, es muy sobria y sencilla. Muy funcional. Hay pocos muebles y muy sencillos, de materiales modernos y de precio módico. Sin embargo, acumulan muchos objetos de colección, porque son grandes coleccionistas. El blanco cáscara de huevo, el azul y el rojo dominan. Les gustan las fotos y los afiches, y prefieren el cubismo en arte. A veces salen las raíces y se manifiestan en la arquitectura y la decoración barroca. Son los creadores del arte barroco.
Aunque sobrios y sencillos, son coquetos a su manera y buscan, en todo, la calidad. La imagen que cultivan es la de sobriedad, seriedad y constancia. Quieren llamar muy poco la atención y se disfrazan de adulto serio con gafas de concha, peinados estrictos con raya impecable ( lo cual es ya un prodigio dado lo profuso y rebelde de su cabellera), ropa sin una sola mácula ni arruga, de corte clásico y sobrio. Más bien sorprende, cuando se fija uno en sus rostros, la impecable perfección y clasicismo romano de sus rasgos. Son de estatura media. Son delgados.

¿QUÉ VAMOS A OÍR? La voz del Constructor es bastante monocorde y de ritmo continuo y puede inducir al sopor. El volumen es medio. Cuando los Constructores hablan, lo hacen en serio, como todo lo que hacen, y dan datos y más datos, evidenciando lo superinformados que están. Desean ser “perfectamente” claros y, para ello, abruman al auditorio con sobreabundancia de detalles. Introducen paréntesis que aportan precisiones interminables que hacen perder el hilo de lo esencial. Cuando, tras media hora, terminan una frase con sus múltiples paréntesis, el oyente ya perdió el hilo del discurso, y el Constructor se desespera por no haber sido lo suficientemente preciso y se promete que en la próxima ocasión será más “perfecto” y dará más información aún. Con lo cual su auditorio rehuye el preguntarle nada. Afortunadamente, el Constructor sólo habla cuando le interrogan y son escuchas privilegiados y pacientes. Usa muchos adverbios, como “perfectamente”, “obviamente”, “naturalmente”, “concretamente”, que evidencian su alto perfeccionismo. Está sobre informado y está abonado a todas las revistas especializadas de su sector. Es un gran lector que colecciona libros sobre los temas más raros y diversos que pueda uno imaginarse.
Adora la música y no puede vivir sin ella, sobre todo la clásica, la barroca muy particularmente, al menos al comienzo de su iniciación, y la música de jazz. A veces toca un instrumento y lo aprende de adulto.
Pocas veces es artista y, cuando lo es, privilegia la fotografía o el hiperrealismo, en los cuales se puede convertir en uno de los grandes de su tiempo. Es muy observador y visual y retiene detalles que ningún otro es capaz de percibir.

¿QUÉ VAMOS A TOCAR? El Constructor no tiene ninguna inclinación especial ni a favor ni en contra del contacto físico. Ni se asusta cuando lo tocan, ni busca en especial que lo hagan. Es sobrio y asertivo en su contacto físico con los demás.
Su piel es muy seca y necesita ser constantemente hidratada. Su alto metabolismo le confiere una carne prieta y seca, sin retenciones de agua ni grasas superfluas. Lo que se toca es, sobre todo, el músculo en un Constructor.
Soporta mejor el frío que el calor, aunque es muy sensible a ambos. Pone el aire acondicionado, indispensable para él, a temperatura excesivamente baja para no sudar, cosa que odia hacer.

¿QUÉ VAMOS A GUSTAR? El Constructor es sobrio y sencillo en todo, especialmente en lo que a alimentación se refiere. Le gustan las cosas sencillas y naturales, como las carnes y pescados a la plancha, ensaladas clásicas y poco aliñadas, vegetales naturales, postres sencillos como flan y natillas. Es un gran aficionado a los congelados, que busca por su practicidad. Cuando cocina lo hace muy honestamente, siempre y cuando se le pida clasicismo. No es creador ni inventor en ese aspecto. En el otro extremo, existen en el mundo cocineros maravillosos, imaginativos y consagrados de tipología Constructora. Pero son la excepción a la regla porque, en ese aspecto, han logrado su conexión.

¿QUÉ VAMOS A OLER? El Constructor, en su perfeccionismo extremo, es bastante maníaco con la limpieza. Adora la ducha, que prefiere al baño, y se ducha constantemente. Se lava las manos unas veinte veces al día o más. Siempre huele a agua y a jabón. Cuando se puede penetrar en su olor corporal particular se nota un aroma de helecho. No usa excesivamente perfumes y prefiere la colonia, de lavanda muy particularmente. Le gustan las orquídeas. Los Constructores olfativos están cerca de su conexión.

¿QUÉ VAMOS A PERCIBIR SEXUALMENTE? El Constructor es el menos sexista de entre las tipologías. No concibe el machismo ni el hembrismo. Para él, una persona es eso, una persona. No va a cultivar la caballerosidad ni el sexapeal y espera de los demás el mismo trato llano y unisex. Es un amante tierno, atento, detallista y cumplidor, pero poco imaginativo.
El sexo representa para él un placer sencillo y sin complicaciones. No le añade ni los tabúes ni las magias que otros incluyen en las relaciones eróticas. Es de una gran fidelidad sexual.
Elige bien a sus parejas, sin aventurarse a grandes aventuras anímicas. Prefiere a Legisladores y a Reveladores. Por lo general rehuye a los Promotores, que son su pareja cósmica porque eso le complicaría la vida y le obligaría a lidiar con la fase de trascendencia. Y eso es demasiado para su orgullo desconectado.

Análisis estructural de la tipología Constructora:
La estructura dominante del Constructor es el Sintetizador, que está hiperpresente en todas sus manifestaciones. Él desempeña plenamente todas las funciones del Sintetizador y tiene una memoria de elefante, es muy ordenado, le gusta archivar y conservar todo, le encanta pensar y razonar. Es un adicto al desarrollo y a la comunicación, al menos en lo que a información se refiere. Porque le inquietan y asustan las emociones humanas que la gente asoma cuando se comunica. Es muy auditivo, tanto como visual.
Su Transformador está desconectado y siente hostilidad por lo novedoso, por la inventiva, por lo imaginativo, por lo que no ha sido consagrado por la mayoría. Así entiende la democracia: como la razón de la mayoría numérica. Teme mucho la envidia ajena y es ciego con la suya. Él jura que jamás es envidioso, pero cuando se encuentra con lo auténticamente grande y genial, declara su escepticismo y a veces agrede y ataca al descubridor. No se da cuenta de su envidia, porque él rinde culto a los genios. Sí, pero cuando la historia los ha consagrado, después de mil ataques y descalificaciones de la gente como él. Tiene una obsesión en lo que toca al Transformador: todos los genios y creadores son locos. Y él, el primero, si se deja tentar por escuchar a tan peligrosa estructura.
Su Vitalizador está prohibido y eso se nota en todo lo que atañe al Constructor: no sabe decir “así no”, no es vital ni vitalista, es bastante rígido y mecánico, no cree en un universo de justicia, y actúa el arte de soportar calladamente las injusticias.
Su Protector es sano y de tamaño normal: es cálido, amistoso, leal, amoroso. Tiene sentido de la solidaridad y de la cordialidad. Lo que le falta es tiempo porque, aunque lo niegue fervientemente, no sabe administrar su tiempo y nunca tiene un momento para lo que le gusta.
Su Orientador es sano en sus manifestaciones cotidianas de disfrute de los pequeños placeres de la vida, que él sabe apreciar como nadie, pero muy miope en lo que a vida espiritual se refiere. El Constructor es un agnóstico que vive perfectamente sin Dios y que cree que somos fruto de la evolución y de la ley de Darwin. Para él, bajamos todos del mono, y punto.
Su Rector es discreto y algo subdesarrollado. No sabe establecer límites de invasión de su intimidad y de su tiempo y espacio. Sobre todo, de su tiempo. No está en armonía casi nunca y vive estresado. Y acelerado.

Ingeniería emocional de la tipología Constructora:
El Constructor tiene inflación de la tristeza. Siente todos los estímulos y manifestaciones que deben producir tristeza, pero también cambia las reacciones a los estímulos que deben producir orgullo y los transforma en falsa tristeza derrotista y abrumadora. Es muy inteligente, sensato y racional. Es básicamente deductivo y analítico. No está preparado para el pensamiento inductivo que le parece aventurero y algo loco, ni para la síntesis. Se ahoga en los detalles.
El orgullo es su emoción desconectada. La mera palabra orgullo lo irrita, pues él le confiere un significado de orgullo falso, soberbia y pedantería. Siente rabia en vez de orgullo. Cuando se le muestra una innovación, agrede al inventor y lo descalifica. Cuando él se aventura, excepcionalmente, a manifestar su orgullo creador o libertador, lo hace defensivamente y de manera agresiva. Con lo cual el interlocutor expresa su rechazo y eso lo ratifica en su decisión de no confiar su mundo imaginario a nadie. Le interesa demasiado ser aprobado y encontrar su lugar en la mayoría como para correr la aventura, alta y solitaria, del creador, del innovador. Cuando alguien en su entorno toma ese riesgo, en vez de admirar al innovador, el Constructor siente envidia y lo denigra. Como está muy informado, busca siempre dónde el creador copió su obra. Como no encuentra ese fraude que tanto busca, en vez de admirar lo novedoso, se siente irritado y estafado como si el creador hubiese efectivamente copiado su obra de alguien desconocido por él.
La rabia es su emoción prohibida. El Constructor va de víctima por el mundo y se queja mucho, pero se somete a todos los abusos e injusticias. En cuanto a la vitalidad y energía que confiere la rabia auténtica, el Constructor es hiperactivo pero no tiene auténtica vitalidad ni siente su corporalidad. Es todo cerebro y cerebral. Aunque es muy disciplinado y hace gimnasia y practica deportes como el squash y el tenis, cae fulminado por un infarto o minado tempranamente por un cáncer. Tiene problemas circulatorios, jaquecas y colesterol, además de hipertensión arterial.

Creencias arquetipales del Constructor:
Aunque es el que más niega la existencia de Dios, el Constructor tiene su dios particular, a quien obedece ciegamente. Aquí se trata de Sísifo, hijo del viento, el más astuto de los mortales, padre de Ulises ( también condenado a imposibles y heroicos trabajos), condenado por Zeus, por haber sido orgulloso y justiciero, a empujar una inmensa roca hacia la cumbre de un monte. Cada vez que Sísifo “casi” lograba encumbrar la roca, ésta volvía a caer y tenía que volver a su frustrante tarea, eternamente. Por más astucia que mostró, jamás logró escapar a esa maldición, ni en vida ni en los infiernos.
Sometido a la maldición de tal dios, no es de extrañar que las creencias básicas existenciales del Constructor sean:
Si revelo lo que descubro nadie me tomará en serio ( me envidiarán y me condenarán como a un loco). Y
Nada puede cambiar (todo se repite eternamente, sin escape posible).
Su Drama existencial (D.E.):
Es “abrumado”: el Constructor, creyéndose condenado a trabajar y trabajar, no se da cuenta de que usa el trabajo como refugio para no jerarquizar ni crear, con lo cual se garantiza no conectar el orgullo auténtico. Para ello, se abruma con mil cosas que hacer, que él no jerarquiza, y hasta se presta gustoso a hacer el trabajo tedioso ajeno como garantía de no tener respiro ni poseer un sólo momento para ser y crecer. Así, va de víctima y culpabiliza calladamente a los demás seres libres que disponen de su tiempo. De este modo se cierra el acceso a la rabia y se mantiene esclavo de su propio Mapa.

Perfil psicológico del Constructor:
El Constructor tiene una rica e intensa vida interior, una inagotable curiosidad y una imaginación deslumbrante. Se muestra como el hombre y la mujer grises, del montón, que sólo saben trabajar, serios, pero ¡tan aburridos!
Ellos son perfeccionistas y puros, grandes estetas refinados y son vistos como comunes, sesudos, sí, pero ¡tan poco imaginativos y refinados!
Ellos sufren con entereza y dignidad las envidias y las injusticias de su entorno y se proponen mostrar que, aun en las más pequeñas y discretas tareas se puede ser un revolucionario. Son vistos como desarrolladores de ideas ajenas, cumplidores y discretos, pero ¡tan insensibles!
Ellos mejoran cualquier cosa que estén haciendo, poniéndole todo su empeño y su corazón, y son vistos como aburridos y repetitivos por los demás.
Ellos son justos y sufren ante cualquier mentira, manipulación e injusticia. Sólo que no creen en el sentido de la justicia ajena y, por ello, son pacientes y deciden que a fuerza de andar pequeños pasos se terminarán produciendo grandes cambios. Son vistos por los demás como conformistas y sostenedores del orden invertido de lo social.
El Constructor trabaja y trabaja, arrinconado entre los Legisladores que sólo otorgan el noble estatus de ciudadano a las personas responsables, serias y cumplidoras, y los Promotores, que están convencidos de tener en él a un esclavo para ejecutar sus brillantes ideas. Con ello se congracia con las dos tipologías y encuentra su lugar en la sociedad. Con ello es feliz. Pues el Constructor tiene como más alto interés en la vida el de ser útil.
Contrariamente al Legislador, el Constructor no va de padre por la vida. Él va de adulto, cualquiera que sea su edad. Es muy divertido ver a niños Constructores actuar como adultos aun en las más relajadas y festivas condiciones.
El Constructor es hipercerebral e hiperracional. Es pura lógica. Puro pensamiento deductivo y lineal. Además es superperfeccionista y desmenuza cada concepto hasta microscópicas consecuencias. Es el rey del análisis. Además lo analiza todo y descalifica lo que no tenga una causa o un efecto racional. Es puro hemisferio izquierdo.
Lo que más valora en su vida social es el tener una especialidad y por ende una utilidad garantizada. Lo segundo que necesita es tener una familia a quien serle fiel y por la cual sacrificarse. También es un excelente amigo, pero tiene poco tiempo para ellos. ¡No lo tiene ni para su familia, a la cual ama tanto! Siempre está atareado y, muchas veces abrumado. Se queja y suspira pero no sabe jerarquizar y diferenciar lo prioritario de lo accesorio. Toda tarea es prioritaria para él, es más, cuando distingue, se propone comenzar por lo más tedioso para disfrutar de lo más exaltante. Pero como acepta y hasta persiguebusca cargar con tareas ajenas, no encuentra tiempo para lo más imprevisible y creador.
El Constructor encuentra su elevación espiritual en el trabajo bien hecho y en la música. No puede vivir sin ella. Con ella sueña, vuela, y se encuentra a sí mismo. Es raro que encuentre su realización en la música más contemporánea. Él es un clásico y siente especial veneración por músicos Constructores como él: Bach, Vivaldi, Monteverdi, y si es muy atrevido, Shostakovich, Malher y Moussorgsky. Pero ama a Beethoven, aunque exprese tanta rabia. Tiene un efecto de drenaje linfático sobre él.
El Constructor no cree en dios. Es un demócrata agnóstico que cree que todo empieza y termina aquí, en esta tierra, y él hará su parte de camino con honestidad y humildad, sus dos mejores virtudes. Se entregará por completo, sin esperar ninguna recompensa ni en esta tierra ni en el más allá. Lo hará por honestidad y porque es un perfeccionista a quien le gustan las cosas pulcramente hechas.
Su perfeccionismo es su mayor virtud y su peor enemigo. Es despiadadamente crítico consigo mismo y benévolo con los demás. Nunca lo hace lo suficientemente bien. Eso lo lleva a ser maníaco con la limpieza, con el orden, con los gestos de verificación. De allí a tener tics, manías y compulsiones repetitivas hay un paso que él franquea con facilidad.
Abusa de su resistencia y sus disfunciones emocionales lo predisponen a enfermedades circulatorias, isquémicas, cardiológicas y a neuropatías, en especial al Alzheimer, que es un escape para descansar de tanta laboriosidad y de tanto perfeccionismo.
Aunque le encanta su hogar, pasa poco tiempo en él, salvo, naturalmente si se dedica a ser ama de casa. Tampoco allí disfruta a plenitud de su casa, porque se la pasa aseándola. No es un gran anfitrión y más bien hace de colaborador y de ayudante a su pareja. Tampoco es un gran cocinero, salvo rarísimas excepciones de Constructores cerca de su conexión. No tiene tampoco un talento desarrollado en el arte de la conversación informal. Es algo tacaño y previsor, como la hormiguita de la fábula con la cual tanto se identifica. Sus colores preferido son el azul, con toques rojos, y el blanco sucio.
Lo que más lo desespera de sí mismo es su dificultad para elegir. Para él, elegir es un suplicio y nunca está convencido de haberse decidido por lo mejor. Aunque haya hecho sacar todos los zapatos y se los haya probado todos, por ejemplo. También lo atormentan su curiosidad morbosa y su atracción por lo oculto, por lo esotérico, por lo fantástico y paranormal. Aunque lo esconde escrupulosamente, para que la gente no crea que está loco, se ve a sí mismo como un voyeur, un escudriñador de secretos e intimidades ajenas. Por eso se identifica tanto con la fotografía.
Su relación con la rabia es muy epidérmica: la odia. Es la emoción de los locos. Y punto. Se reafirma en esa creencia cuando siente y expresa rabia en vez de orgullo. Cuando lo asume, se ve como a un loco, y con razón. Un mundo de justicia es su ideal, pero los ideales son utopías. En el mundo de la realidad siempre reinará la injusticia y él es adulto porque sabe que las cosas no cambian.

Funcionamiento energético estructural:
F.E.E.: (tristeza –orgullo – rabia) + amor + alegría –miedo.
Tiene dos emociones auténticas: el amor y la alegría cuando está en su Mapa. Siente la tristeza auténtica, pero la mezcla con un 40% de orgullo que convierte en derrotismo amputador y carcelero. Siente rabia en vez de orgullo (envidia) y miedo en vez de rabia (apocamiento, intimidación)
Esa es su fórmula y su ecuación.
Profesiones: Investigador. Consultor. Formador. Médico. Ingeniero. Científico. Informático.

Fases de evolución tipológica:
EL CONSTRUCTOR CONECTADO: CONSTRUCTOR-REVELADOR.
Tiene sus seis estructuras alimentadas por sus seis emociones auténticas y enchufadas a sus seis sentidos respectivos.
Conserva, magnificadas y depuradas, las cualidades de su Mapa: es tierno, inteligente, leal, generoso y agudo. Es trabajador, honesto, curioso, científico, racional, maduro, servicial, tiene sentido de pertenencia a su núcleo familiar y laboral. Es sobrio, es ecuánime, da excelentes consejos. Es consciente de su atracción por lo mágico, lo erótico, lo religioso, lo espiritual y se aboca a su estudio. Es detallista y minucioso.
Se convierte en un reanimador de todo lo colapsado y lo enfermo, es el mejor creador de la UCI, y su jefe. Es un catalizador nato de las mejores fuerzas innovadoras y creadoras. Es un creador y un artista de gran pureza constructivista. Es alegre, optimista, fiable, valiente. Ama a la gente en función de su valía auténtica y no hace excepciones. Es el mejor confrontador de psicópatas que huyen ante él como ratas y dejan en paz a los demás. Es un esteta refinado y un coleccionista de rarezas. Es un excelente cocinero y le encanta comer bien. Es imposible desorientarlo. Es extremadamente sensual, erótico y agudo. Es brillante y rompedor. Es irresistible y puro. Es biófilo. Es el mejor amigo y defensor de los genios, que él reconoce y consagra antes que nadie. Con ellos se pone en el camino de convertirse también en un genio.
Se pone inmediatamente y sin demora en el camino de su hiperconexión y de su trascendencia, y se orienta hacia la talla de un Goethe y de un Cezanne.
D.E.: Ninguno.
Profesiones: Director de Procesos de Cambio organizacionales. Líder de su empresa. Artista plástico o poeta. Presidente de la Asociación de su gremio, que resucita.
F.E.E.: (tristeza +orgullo + rabia) + amor + alegría + miedo. Todos auténticos.
Usa el 80% de energía innata y forma parte del 2% de la población de Constructores.

FASE DE PRECONEXIÓN: CONSTRUCTOR-FORTIFICADOR.
Deja de estresarse y de estresar. Sabe escuchar y hablar de manera esencial y sintética. Felicita a su equipo por lo más creador. Admira y apoya a los innovadores y se la juega por ellos públicamente. Asume su atracción por lo novedoso y lo auténtico. Es discreto y valiente. Es paciente, sabio, agudo, tiene sentido del humor. Le atrae la soledad y la dedica a conocerse emocionalmente y espiritualmente. Es un gran amigo de los mejores. Redimensiona a los poderosos de turno y desenmascara a los tramposos. Sus tipologías preferidas: los Reveladores, Promotores, y Reactivadores conectados. Huye de las vanidades y de la agitación. Tiene todo su tiempo para lo esencial: al amor, la amistad y los creadores. Es auténticamente espiritual, aunque muy laico. Hace fotografía y le relaja ser un creador culinario.
Pero tiene miedo a destacar, a que lo admiren, a que lo amen por lo que es. Cree que va a defraudar. Se esconde. Compensa su sensualidad con comida y engorda demasiado. Tiene dolencias neurológicas leves. Siente una ternura muy especial por los peores Promotores, que lo manipulan y le chupan la sustancia vital. Tiene miedo a los psicóticos y a los psicópatas, y les deja campo libre para sus fechorías.
F.E.E. ( tristeza auténtica –orgullo –miedo) +amor + alegría –rabia. Ya no es envidioso, pero teme destacar. Es aún apocado.
Profesiones: Sabio. Psicólogo. Escritor. Secretario General. Fotógrafo. Pintor. Músico. Biólogo.
D.E. un poco de “abrumado” y “si no fuera por…”
Usa el 40% de energía innata y forma parte del 15% de la población de Constructores.

FASE DE MAPA: CONSTRUCTOR-CONSTRUCTOR.
Es en todo idéntico al retrato del mapa Constructor del comienzo.
Usa el 30% de energía innata y forma parte del 10% de la población de Constructores.

FASE DE DESCONEXIÓN: CONSTRUCTOR-LEGISLADOR.
Sólo le queda una emoción auténtica: el amor.
Es aún más trabajador y cumplidor, pero bloquea el crecimiento propio y el de los demás. Se consagra a una organización cuya cultura le es contraria y le entrega la vida y el tiempo de la intimidad con los suyos, a cambio de pequeñas conquistas creativas y clandestinas que otros se atribuyen con su beneplácito.
Pierde la alegría auténtica. Es usado por Legisladores y Promotores desconectados, a quienes él admira y rinde pleitesía. Es despreciado por Reveladores y Fortificadores y rehuido por Reactivadores a causa de su pesadez. Se pone a idolatrizar el arquetipo de turno y pierde su potencia iconoclasta virtual. Siente rabia y envidia hacia los auténticos creadores, a quienes tacha de iluminados y de utópicos. Desconfía de lo novedoso, salvo de lo tecnicista que robotiza al entorno. Es visto como un cínico que impide el fluir de la vida, como un insensible que se somete a los más poderosos del establishment. Tiene fobia a la envidia y es ciego con la suya. Sufre problemas de salud: cardiopatías y úlceras. Es miope.
Profesiones: Consultoría. Medicina hospitalaria. Organización. Secretaría de asociaciones. Docencia. Banca.
D.E.: “abrumado” y “defecto”.
F.E.E.: ( tristeza inflada –orgullo + falso orgullo en vez de rabia) + amor –alegría –miedo. Se pone servil, además de conservar los defectos de su Mapa.
Usa el 20% de energía innata y forma parte del 55% de la población de Constructores.

FASE DE PREDISOCIACION: CONSTRUCTOR-PROMOTOR:
No le queda ni una sola emoción auténtica y se pone de espaldas a sí mismo al invertir el eje rabia-alegría. Es, por lo tanto, además de lo anterior, idólatra, fanático y sacrílego. Puesto así, se ve a sí mismo como a un genio que va a enseñar a todos lo listo que es.
Sufre de motricidad febril e inconexa, casi epiléptica. Es revanchista y envidioso. Juega al genio y todos se ríen de él, porque está vacío y delira. Imita al barón Van Frankeistein: junta pedazos de cadáveres (cosas muertas) y pretende ser un dios al crear (falsa) vida. Se toma por un redentor y resulta patético. Hunde su empresa y su equipo. Es extremadamente narcisista y siente orgullo en vez de amor. Neurotiza a todos con su agitación y sus exigencias de divo. Tiene varios infartos y muere del tercero o cuarto. Puede tener un derrame cerebral mortal. Es propenso al cáncer y las neuropatías.
Le entusiasma el arte Promotor-Constructor ( arte póvera) Se arruina invirtiendo todas sus economías en proyectos faraónicos de pies de arcilla. Es tramposo y juega a “cheque de goma” para sentirse importante. Da citas y luego no acude ni recibe. Toma cocaína y anfetaminas. No come y engorda.
Profesiones: Líder organizacional elegido por un Promotor-Constructor. Editor de moda. Artista porno. Científico. Animador de T.V.
D.E.: “abrumado” y “cheque de goma”.
F.E.E.: (tristeza inflada y necrófila –orgullo + falsa alegría en vez de rabia (idolatría a sí mismo, fanatismo) -amor – rabia- miedo.
Usa el 3% de energía innata y forma parte del 15% de la población de Constructores.

FASE DE DISOCIACION: CONSTRUCTOR-REACTIVADOR:
No sólo pierde todas sus emociones auténticas, sino que además cae en la fórmula letal: falso amor inflado + falsa tristeza inflada que siente a la vez. Eso provoca el derrumbe de su sistema inmunológico, no sólo físico sino psíquico. y cae en una esquizofrenia socialmente aceptada. Se cree el mesías, el profeta, el enviado de dios, y lo invierte todo. Es un fanático de la muerte.
Es depresivo y apocalíptico. Cae en el delirio y, muchas veces, en la epilepsia. Adora a los psicópatas y odia a los conectados. Tiene cara de loco, habla como un loco, y asusta a la gente porque está loco. Sufre de enfermedades psicosomática y tiene alucinaciones visuales. Manipula a su entorno con culpa y lástima. Está lleno de envidia y de resentimiento. Confunde a Dios con el diablo y le obedece. Es el antiplanificador, pues ve todo al revés. Sueña con pureza de sangre, genocidios y inventa los campos de concentración, las cámaras de gas, la guerra bacteriológica y los hornos crematorios. Es un tecnócrata del campo de exterminio y de la genética monstruosa. Es antisemita, antinegro, antiamarillo, antiindio, antihomosexual y reniega de sus raíces. Odia el derecho natural, a los Reveladores y a los Reactivadores conectados: los sacrifica en nombre del Magnetizador. Venera a Promotores y a Reveladores disociados y se alía con ellos para la guerra de exterminio contra los más puros. Desprecia a todos los demás.
Profesiones: Chamán. Gurú. Predicador. Jefe de sectas. Político integrista. Líder de minorías resentidas.
D.E.: “abrumado” y “sólo trato de ayudar”
F.E.E. ( tristeza inflada + amor inflado) – orgullo – rabia –alegría –miedo. Es un fanático del proselitismo monstruoso. Invierte el eje amor-tristeza y el eje alegría-rabia.
Usa el –16% de energía innata y forma parte del 3% de la población de Constructores.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 25: TIPOLOGÍA LEGISLADORA

Dimensión dominante: Transformador-orgullo-gusto, su competencia.
Dimensión desconectada: Orientador-alegría-sexo, su talento.
Dimensión prohibida: Protector-amor-vista, su vocación.
Dimensión sana: Sintetizador-tristeza-oído.

Tipología MAT legisladora por Preciada Azancot

Tipología MAT Legisladora por Preciada Azancot

Percepción sensorial del Legislador:
¿QUÉ VAMOS A VER? La figura geométrica dominante en los rasgos visibles del Legislador es el rectángulo: rostro, cuello, cintura hasta las rodillas, manos y pies.
El orgullo, su emoción dominante, estimula la glándula paratiroides y todo el sistema óseo. Por ello, la predominante visible de la tipología legisladora es la importancia, equilibrio y elegancia de la arquitectura ósea. El hueso está hiperpresente y es lo primero que salta a la vista: rostro rectangular de frente amplia y alta con entradas en las sienes, pómulos marcados, mandíbula fuerte y rectangular, nariz importante, hombros anchos, brazos y manos largos y elegantes, caderas estrechas, muslos largos, piernas fuertes y pies largos y estrechos.
Sus ojos son profundos y pequeños, de mirada inquisidora. Tiene cejas bien dibujadas que alza hacia arriba y frunce arriba con gesto inquisidor, como pasando examen y juzgando siempre. Eso le ocasiona arrugas horizontales en la mitad superior de la frente. Su boca es ancha y de labios finos que caen hacia abajo, confiriéndole un gesto severo. Sonríe poco, pero cuando lo hace su sonrisa es maravillosa e ilumina todo su rostro.
Su manera de moverse es suelta y elegante aunque muchas veces está algo rígido y estirado. Siempre parece un monarca en representación oficial.
Su vestimenta es elegante y conservadora, usa muchos trajes y corbatas, y si es mujer tiene gran cantidad de trajes sastre y collares de perlas.
Los colores que prefiere son el beige y el verde. Usa una decoración noble y tradicional, con maderas y cueros, así como tapices y alfombras. Su entorno es como él: tiene majestad.
Es coqueto, elegante y cuidado aunque muy conservador. Tiene glamour.
Es alto y delgado. La mayoría de las top models son Legisladoras y casi todas las demás están en fase Legisladora.

¿QUÉ VAMOS A OÍR? Su voz es grave y profunda y sale del estómago. Habla pausadamente y de manera muy fluida. Posee una gran riqueza de vocabulario y un vocabulario muy cuidado. Odia los tacos y las groserías. Tiene gran cantidad de anécdotas y abusa de ellas, porque todo lo que quiere enfatizar, y lo enfatiza todo, es pretexto para una anécdota que será destinada a “culturizar” y a “ilustrar” a su entorno. Es el campeón de las tertulias. Lee mucho y cita doctamente a los grandes baluartes de la civilización. Es un gran estudioso de la historia, de las civilizaciones, de la filosofía. Hace poesía clandestina, que no muestra a los demás porque le parece una cursilería sensiblera mostrar esa faceta suya. No lee novelas porque no tiene tiempo para frivolidades, y las descubre con deleite tardíamente, tras la jubilación. Ama la pintura y es un buen dibujante pero no domina los colores.
Emplea palabras como “perfecto, perfectamente” y hace Nominalizaciones en cadena: por ejemplo, no dirá esa madre, sino UNA MADRE, no dirá este país, sino LA PATRIA, tendrá una tendencia así a sacralizar lo que él admira y eso evidencia una fuerte tendencia idolátrica. Habla mucho de su familia y de las anécdotas de su niñez. Está muy marcado por los abuelos y tiene una vocación de abuelo. Sacraliza a su madre y tiene muchos tabúes que ni permite rozar en lo que a ella se refiere.
Le entusiasma la música patria y militar. Se emociona cuando oye el himno nacional y ve izar la bandera.

¿QUÉ VAMOS A TOCAR? Al Legislador no le gusta que lo toquen con familiaridad, aunque sí abraza muy cálidamente a sus familiares y amigos. Cuando estrechamos, ceremoniosamente, su mano, vamos a percibir una piel fuerte y algo rugosa. Sus músculos estarán muy pegados a la piel, sin infiltraciones ni blanduras, y si hundimos el índice en su carne tendremos la sensación de rebotar con gran elasticidad. Tiene un termostato perfecto que lo protege tanto contra el calor como contra el frío. No suda casi. Su temperatura corporal es cálida y constante, muy equilibrada. Aunque le encanta tocar y sentir su tacto, se priva de ello porque lo considera una intromisión y una familiaridad inaceptable, al menos en lo referente a tocar o ser tocado por personas. No así a animales ni a cosas. Allí se da un banquete.

¿QUÉ VAMOS A GUSTAR? El sentido del gusto es el más desarrollado en el Legislador. Le encanta comer. Exige mesa y mantel y para él cada comida es una verdadera ceremonia de la cual disfruta como un niño. Prefiere los platos tradicionales que representan para él la civilización y el sentimiento patrio. Es un gran gourmet y tiene un paladar exquisito tanto para licores como para comidas. Ama los platos de cuchara, los asados, las patatas, las legumbres, la cocina regional y del terruño. Hace viajes gastronómicos y está muy informado sobre los galardones culinarios. Para él una comida es un festival completo para sus seis sentidos y para la tertulia. Cocina bien, pero de manera muy conservadora. Es garantía de calidad comer algo preparado o elegido por él.

¿QUÉ VAMOS A OLER? El Legislador no es muy olfativo ni amante de los perfumes. Él tiene un olor corporal muy sexuado, si es varón olerá a macho y su es mujer a hembra. Su perfume favorito es la rosa. Huele a cuero y le encanta el olor y la textura del cuero que él usa y del cual a veces, abusa. Le gusta el tacto y el olor del roble y de la caoba y los usa mucho en decoración. Es adicto al olor de su pareja cuando está enamorado, y si deja de estarlo, rechaza el olor de ésta.

¿QUÉ VAMOS A PERCIBIR SEXUALMENTE? Aunque con gran recato y timidez, la mirada del Legislador es un homenaje al sexo del interlocutor. Se le nota su talento, aunque esté desconectado y se avergüence de éste. El Legislador siente el sexo como algo hiperpresente y peligroso. Se castiga y se flagela por su gran sensualidad, que siente como una pulsión al estilo de las descripciones de Freud (Legislador donde los haya). La libido y las pulsiones de todo tipo, pero sobre todo sexuales, son un invento Legislador, consecuencia lógica de la rabia en vez de alegría, su talento desconectado, propia de su tipología. Es un amante cumplidor salvo si vive una aventura, y entonces es fogoso y maravilloso. Luego se avergüenza de ello. Se casa con parejas tranquilizadoras (Constructoras) en ese aspecto, aunque sigue enamorado platónicamente de Reactivadoras. Le encanta bailar y lo hace maravillosamente. Colecciona chistes y los cuenta muy bien.

Análisis estructural de la tipología Legisladora:
Su estructura de personalidad arroja la importancia invasora del Rector. En efecto, si bien su Transformador debería ser su estructura dominante, él hace pasar la energía del Transformador, el orgullo, al Rector. Su Rector, muy grande, en vez de morado es dominantemente verde. Así, el Legislador es el gran juez de entre todas las tipologías. Es sumamente conservador y su Rector está trufado de creencias de todo tipo y sobre todos los temas. Él opina constantemente y sobre todo. Es implacable con los fallos y los percibe todos. E impone su juicio al entorno. Es persona de principios que sólo confía en sus semejantes.
Su Protector, de gran tamaño, no es percibido bien por el entorno, y ello por dos razones: la primera, porque aunque es el gran romántico, es tímido y no lo muestra, aunque su sentido de la solidaridad social y familiar o empresarial es proverbial. Y es un amigo difícil de entregarse porque recela de los desconocidos, pero cuando lo hace, es incondicional y para siempre. Es un gran idealista. Sabe detectar la calidad del alma de las personas cuando éstas no están en su núcleo familiar tabú. Se entrega cuando verifica que una persona tiene el alma muy limpia y ardiente: entonces se “salta” el calendario y se hace admirador, protector y caballero andante del recién conocido.
El Sintetizador es de talla normal y es muy ordenado, meticuloso, perfeccionista y bien informado y organizado. Siempre está dispuesto para el desarrollo, sabe organizar y es un gran comunicador. Es muy inteligente y hasta sabio. Admira la inteligencia, que lo tranquiliza.
El Vitalizador está muy poco energetizado. Es un conservador que teme a los revolucionarios. Aunque tiene mucho tesón y pugna por aguantar todo tipo de embates, su salud es mala. Es el más propenso a enfermedades crónicas y peligrosas. Se cuida con gran disciplina, pero no disfruta de su cuerpo, que él ve como a un tirano al que hay que someter. Le gustan los deportes relacionados con el disfrute de la naturaleza: vela, ciclismo, montañismo.
El Transformador es grande pero algo robotizado. Prefiere crear organizaciones a crear obras de arte, que admira mucho cuando los demás las hacen. El se sacrifica, edificando empresas y organizaciones que dan testimonio de la civilización, de la familia y de la colaboración interregional o internacional. Es el creador de las multinacionales y de las fundaciones, porque para él son familia y civilización. Tiene asesores, pero decide solo. Ama la poesía y la pintura. Admira, por encima de todo, la civilización y la filosofía que busca radicalmente, etimológicamente (amor por la sabiduría).
El Orientador es fino y sin fluidez. Aunque para él lo espiritual tiene el más alto de los valores, su propio Orientador está cuajado de ídolos. A veces tiene arranques de sabiduría y percibe el futuro de manera visionaria, pero las más veces es un enemigo del cambio y de la alegría que sólo tolera en los niños muy pequeños y en los viejos. Los demás deben sacrificarse por la sociedad.

Ingeniería emocional del Legislador:
Orgullo y más orgullo es su dominante. Es muy quisquilloso y susceptible cuando le rozan su orgullo, y no se da cuenta de que frena y patea el orgullo de los demás con sus juicios permanentes y con su intolerancia al menor defecto o fallo.
Rabia en vez de alegría las más veces. Sólo tolera el disfrute cuando todos los deberes están cumplidos “perfectamente”. Es idólatra y conservador y resiste al cambio. No le gustan las personas alegres, salvo si son cómicos profesionales, que entonces adora. A los demás los considera, simplemente, irresponsables. Se le nota su talento cuando se permite sonreír y reír. Entonces todo se ilumina.
Miedo en vez de amor: él no ama a quien se lo merece más por su valía: a ellos les pasa examen. El ama a su gente de toda la vida, aunque haya entre ellos vampiros y maldad. Estas personas son para él sagradas, y es tabú hacérselas recuestionar. Se le nota su vocación por el amor por su gran romanticismo que esconde al mundo, por su tremenda solidaridad y por lo bien y mucho que usa la vista y, también cuando, antes de morir, confiesa que ha estado enamorado platónicamente, toda la vida, de una Reactivadora, sin que ella se haya enterado jamás.

Creencias arquetipales del Legislador:
El legislador se confunde con un arquetipo al que venera cumplidamente: Atlas (Atlante). Como él, se cree obligado a sostener el peso del mundo, poblado de irresponsables. Él se sacrificará así por todos nosotros y se presentará voluntario para las tareas que más repelen a su alegría y más halagan su vanidad: presidente de la asociación de vecinos, de su gremio profesional, de su colegio universitario, de una ONG, y, claro, de su empresa. Él se considera una montaña inamovible que sostiene lo inmutable y eterno que permanecerá cuando todas las modas y las locuras pasen. Así es la maldición de la Medusa sobre él: convertirlo en piedra, en una montaña como monumento a sí mismo y a sus propias convicciones.
Como resultado de esa veneración existencial sus dos creencias básicas son:
1º) “No habrá justicia para mí en este mundo” (aunque siempre fui un juez justo de los demás).
2º) “La vida no es una fiesta” (es dura e ingrata y hay que soportarla con la mayor dignidad posible).
Su Drama Existencial (D.E.) es “DEFECTO”. El Drama Existencial se inspira mayormente de los Juegos Psicológicos descubiertos por Eric Berne, creador del Análisis Transaccional, con algunas mejoras que hemos introducido. No es materia aquí de explicar a fondo lo que es un D.E. Nos contentaremos con decir que es la manera más tóxica de emplear el tiempo y la comunicación, pues es lo que más hunde a la gente en sus creencias tipológicas. El D.E. “Defecto” consiste en encargar o controlar un trabajo. La víctima trae un trabajo maravilloso que el Legislador inspecciona, cejijunto y serio, sin decir una sola cosa positiva sobre él. Al final, lo devuelve asqueado y lo manda a rehacer porque “está mal, tiene una falta de ortografía en la página 186 y un error gramatical en la página 239” Así se gana los odios y resentimientos del entorno, mientras él alega que la gente es ingrata e injusta porque sólo quería dejar el trabajo “perfecto” para que otro juez, menos benevolente que él, no le encuentre pegas. Entonces él reafirma su creencia “No habrá justicia para mí” en vez de rectificar su forma, felicitar por los aciertos y proponer, con alegría, algunos toques correctivos que van a permitir un resultado mejor.

Perfil psicológico del Legislador:
Los Legisladores son ante todo dignos, orgullosos, susceptibles y quisquillosos. Son los jueces natos de todas las situaciones y personas.
Se ven a sí mismos como ecuánimes, bondadosos, alegres, pacientes y altamente espirituales. Son vistos por los demás como aguafiestas, pesados, dogmáticos, severos, idolátricos y excesivamente exigentes.
Ellos se ocupan con tesón de culturizar, socializar y civilizar a los demás. Los ven como narcisistas que sólo divinizan su propio ego, se explayan sobre el tiempo y la paciencia de los demás con sus sempiternas anécdotas e inacabables discursos sobre todo. Ellos se sienten hablar como seres civilizados y pacientes que compensan la incultura y el egocentrismo ajeno. Son vistos como pedantes que discurren como un libro y sientan cátedra sobre todos los temas, coartando el fluir de la diversidad, del intercambio y del cambio.
Ellos se torturan con diálogos internos que patentizan su altísimo grado de autoexigencia y su enorme sentido de la justicia. Son vistos como monumentos insensibles que se cargan el autoaprecio ajeno al establecer normas y pautas para legislar sobre el mundo como si jamás una sola duda sobre sí mismos planeara por sus mentes.
Ellos tienen un concepto tan alto de la alegría y de la fiesta que se ocupan de prepararla como si de una ceremonia sagrada se tratara. Los demás los rehuyen en las celebraciones y no los invitan, convencidos como están de que personas con un tal nivel crítico y de exigencia de la perfección jamás se relajarán lo suficiente como para entregarse a la alegría, al desorden y al bullicio.
Ellos son incurables románticos y tiernos idealistas, son caballeros andantes de reluciente armadura y trovadores de sus damas y señores. Para los demás aparentan ser duros, insensibles y estar por encima del bien y del mal.
No es de extrañar entonces que la creencia existencial del Legislador sea que no habrá justicia para él en este mundo, aunque él sea incansablemente un juez justo para los demás.
Son extremadamente ordenados y conservan documentos, fotos y archivos que abarcan el transcurso de su vida entera. Cada Legislador tiene carpetas meticulosamente ordenadas sobre el entorno y circunstancias de su niñez, de su adolescencia, de sus romances, de su vida de adulto, de sus hijos, y es un adorador de sus nietos. Es el inventor del árbol genealógico, de los museos, del recetario de la abuela, de los potingues y otros efectos tradicionales de hierbas, plantas y esencias, de las raíces en suma. Y del ejército y organización de defensa del país. Son conservadores en extremo y enemigos del cambio que, a sus ojos, podría cargarse lo admirable de la tradición y hacer víctimas inocentes en nombre de un impulso de innovación que no ha sido coronado ni consagrado por las academias. Es, evidentemente, el creador de dichas academias.
Son muy parentales y, desde niños, han actuado el rol de padres críticos y cuidadores controladores de sus propios padres y hermanos. Cuando imponen sus criterios de lo que “debe ser y no debe ser y hacerse” levantan el dedo índice, mientras sientan cátedra e imparten doctrina a su entorno.
La elegancia y el respeto de las formas alcanzan el cenit en su escala de valores. No tolera la vulgaridad, la patanería ni las trampas para contornear la ley. Es el buen ciudadano por antonomasia. Es muy activo en tareas solidarias, comunitarias y gremiales. Él crea organización y civilización en cada respiración.
Se extasía y se emociona ante la naturaleza. Ante ella descubre su profunda religiosidad y su unión espiritual con su Creador. Adora cada tipo de paisajes, pero sobre todo el mar abierto y la montaña. Ama a los caballos y a los toros, con quien se identifica totalmente. También venera a los elefantes y a veces a los búhos.
Su casa evidencia su señorío, su sobriedad y su gusto por la tradición. En ella abundan las maderas nobles, el cuero, las bibliotecas, los cuadros de paisajes con especial veneración por los árboles, los tonos sobrios y elegantes con dominante de beige y de verde. No le gustan los colores puros, que estima estridentes. Venera el naranja, pero casi no lo usa.
No concibe una celebración sin comida. Adora comer y es un gourmet. Con los años va perdiendo su maravillosa delgadez, sobre todo por el estómago y el vientre. También le gusta degustar bebidas y tiene un gran talento para la cata. Es un gran anfitrión, pendiente de todos los detalles para agradar y relajar a sus invitados. Además de rodearlos de cultura universal y culinaria, es un ameno e incansable charlista. Improvisa conferencias sobre cualquier tema y es mucho más culto que el entorno de su clase social. Es un autodidacta apasionado por la historia universal y por la filosofía.
Lo que más lo desespera sobre sí mismo y oculta escrupulosamente a los demás es su enorme sensualidad, que lo tortura y le hace creer que va perder el control de su ordenada vida. Está dominado por pulsiones que lo avergüenzan. Esas pulsiones que son el resultado de la represión de su talento, la alegría que se transforma en rabia agresiva contra sí mismo, están plasmadas en la obra de Freud, Legislador paradigmático: libido, miedo al incesto, pulsión de muerte y de destrucción, sueños inquietantes y crípticos. Otro Legislador ejemplar, ya en fase de preconexión, Fritz Perls, el creador de la Gestalt, escribía a los cerca de 80 años, que su desesperación era no haber podido controlar su masturbación compulsiva. Cuando ello ocurre, frunce un ceño severo y desaprobador y se cruza de brazos como un inquisidor. Se está condenado a sí mismo. En esta situación, tiene mérito mantener, como él lo hace, un matrimonio plácido y sereno, una familia unida y numerosa y una dignidad de ciudadano intachable.
El amor es para él materia de veneración y asignatura pendiente al mismo tiempo. Materia de veneración porque adora y hasta venera a su familia y sus amigos de toda la vida. Daría la vida por ellos. Asignatura pendiente porque desconfía del amor y cierra el acceso a su núcleo tradicional a todo lo aparentemente valioso y apasionado. Entonces hace pasar interminables exámenes que terminan disuadiendo al más entusiasta. Salvo si percibe un alma de excepción templada en diamante. Entonces se inclina ante ella. Pero, en vez de amarla, la venera.
Funcionamiento Energético estructural (F.E.E.):
Su ecuación emocional que rige el funcionamiento de su estructura es:
(Orgullo – Alegría – Amor) + Tristeza – Rabia – Miedo
Tiene tan sólo una emoción auténtica, la tristeza, cuando está en su Mapa.
Siente orgullo, tristeza, miedo y rabia. Pero esas tres emociones son falsas y remplazan miedo, amor, amor y alegría, respectivamente.
Profesiones preferidas del Legislador:
Docencia. Magisterio. Fiscalía. Notaría. Defensa. Marina. Ensayista. Cazatalentos. Consultor.

Fases de evolución tipológica:

FASE DE CONEXIÓN: EL LEGISLADOR-REACTIVADOR.
En esta fase, el Legislador recupera toda su estructura, sus emociones auténticas y sus sentidos. Conserva las cualidades de su Mapa: es noble, caballeroso, leal, idealista, persona de palabra y de honor, romántico, delicado, discreto, servicial, considerado y protector, culto y estudioso. Es un autodidacta nato, amante de las letras, del arte, de las tradiciones populares, de la patria, de la familia, del honor nacional, de la civilización. Es riguroso y sensual. Adora comer y bailar.
Además se convierte en el ser providencial que puede cambiar a su entorno. Es un gran iconoclasta y fortificador pleno de lo más valioso de lo humano. Sólo se arrodilla ante Dios, y se inclina ante el Reactivador conectado a quien declara su amor y por quién se la juega. Ama a los Reveladores conectados, que descubre como los más entrañables y valiosos. Se asocia con un Fortificador conectado y construyen un auténtico reino regido por el equilibrio perfecto entre justicia y compasión. Es alegre y apasionado. Es sensual y está orgulloso de ello. Es el mejor artífice de la democracia auténtica basada sobre un pacto social auténtico y justo que respeta todas las diferencias. Todos crecen y se sosiegan junto a él. Es irremplazable y no lo sabe ni lo desea. Es un abuelo vocacional.
Se sitúa con optimismo y decisión en el camino de las fases secuenciales de la hiperconexión y de la trascendencia. Cuando la alcanza, pertenece al perfil de Albert Einstein. Se convierte en un gran descubridor y en un gran artista, sobre todo en pintura, en música y en poesía.
Profesiones: Rey de cuentos de hadas. Amigo. Abuelo. Estadista. Poeta. Metafísica. Artista plástico y de letras. Asesor pleno. Ecología.
Su F.E.E.: (orgullo + alegría +amor) + Tristeza + rabia + miedo. Todos auténticos.
Su D.E.: Ninguno.
Sus disfunciones emocionales: Todas las emociones son auténticas y nutren por lo tanto sus estructuras correspondientes. Es sensitivo. Pero sus emociones saltan de una a otra sin acumulación de energía secuencial. Se estrella y se desconecta en los ejes. No percibe su Centro y pone el amor en su lugar. Es como un bebé de un día. Usa el 80% de energía innata y forma parte del 2% de la población de Legisladores.

FASE DE PRECONEXIÓN: LEGISLADOR- REVELADOR:
Logra redimensionar su inflación y accede al orgullo auténtico creador y crecedor, su competencia. No recupera ni su talento (la alegría) ni su vocación (el amor). Su estructura consta de dos dimensiones adecuadas: el Transformador-orgullo-gusto y el Sintetizador-tristeza-oído.
Ventajas: Combate el estatu-quo paralizante y se pone de parte de las víctimas auténticas de éste. Adora el arte y más aún a los artistas, y protege a los mejores. Se pone del lado de las tipologías sometidas al Conectador y es su caballero andante. Desconfía del amor, pero se enamora y sufre calladamente. Es un abuelo maravilloso y travieso. Es el mejor y más fiel de los amigos. Tiene un maravilloso y mordaz sentido del humor. Adora la tertulia.
Inconvenientes: Sigue algo rígido e idólatra. Sólo cambia de ídolos. En vez de amor manifiesta rabia y es visto como un vengador justiciero y sin compasión. Esconde su inmensa sensibilidad y delicadeza. Descuida a la familia y ampara a otros que trata como a su nueva familia, que se convierte en tabú. Puede beber o fumar demasiado. Es vulnerable e ingenuo. Es tremendamente romántico, pero lo esconde y se avergüenza de ello. Si descubre a su pareja sexual ideal, se embriaga de éxtasis pero luego la abandona y vuelve con su pareja carcelaria, dedicándose a cazar mariposas por ejemplo. No asume ni tolera su sensualidad.
Su F.E.E.: ( orgullo –alegría – amor) + tristeza –rabia –miedo. Siente falsa rabia en vez de alegría, falso miedo en vez de amor, y falsa rabia en vez de amor. Eso arroja una tendencia marcada hacia el sacrilegio, la timidez, la falta de compromiso, la desconfianza y también frente al amor puro, al infundio y la calumnia.
DE: un poco de “Defecto” y mucho de “Si……pero”.
Usa el 40% de su energía innata y forma parte del 15% de la población de Legisladores.

FASE DE MAPA TIPOLÓGICO: LEGISLADOR-LEGISLADOR:
Corresponde en todo a la descripción del comienzo. Usa el 30% de su energía innata y forma parte del 10% de la población de Legisladores.

FASE DE DESCONEXIÓN: LEGISLADOR-CONSTRUCTOR.
Ya no le queda ni una sola emoción auténtica. Por lo tanto, su estructura no funciona ni cumple sus vocaciones innatas. Además invierte el eje amor-tristeza y ama lo muerto, dedicándole toda su vida para convertirlo en institución y luego en ídolo. Se torna mezquino y envidioso con lo grande. Como además de perfeccionista es desmenuzador, parece más riguroso pero se mecaniza y se empobrece de su esencia noble, romántica e idealista. Aguanta y se desgasta por empresas y grupos mecanizados y robotizados a los que él da toda su lealtad. Crea empresas, academias, fundaciones para la ciencia mecanicista. Se adueña de los genios consagrados y habla en su nombre aunque su vida real sea un combate contra ellos. Si encuentra a un genio vivo y aún no consagrado lo combate, lo envidia y crea infundios sobre él. Racionaliza para no sentir.
Se torna triste y rígido. Sufre cardiopatías isquémicas y valvulares. Tiene hipertensión y colesterol. Es obstinado y algo maníaco con el orden. Busca defectos en los demás. Es visto como pedante y aguafiestas. Nutre y protege a un entorno parasitario e inconforme. Propugna y sostiene un orden regresivo y desconectado de la realidad fluyente y viva. Crea Reactivadores, Reveladores y Fortificadores que sufren a causa de él. Se fustiga por su sensualidad.
Profesiones: Presidente. Recursos Humanos. Administración. Banca. Y profesiones del Constructor.
F.E.E.: todo falso y torcido salvo algo de orgullo auténtico. Además de los defectos de la fase anterior, la inversión del eje amor-tristeza lo hace masoquista y mártir, así como necrófilo.
D.E: “defecto” y “abrumado”.
Usa el 20% de su energía innata y forma parte del 55% de la población de Legisladores.

FASE DE PREDISOCIACIÓN: LEGISLADOR-PROMOTOR:
No sólo no conserva ninguna emoción auténtica sino que se pone, militantemente, de espaldas a sí mismo. Con ello, cree que pierde sus vulnerabilidades y se asegura la aceptación y el estatus social. Para ello invierte dos ejes: el del amor y tristeza y el de la rabia y alegría.
Cree recuperar el fluir y la alegría porque se arrodilló ante el arquetipo de turno, el de la era en la cual vive. Olvida su sentido de la justicia, su dignidad, su rigor y construye castillos de arena, arrastrando a sus seres queridos al fracaso.
Es obsequioso con los poderosos e implacable con los mejores y los más puros. Conoce la envidia socavada. Se enamora perdidamente de vampiros y de ratas humanas, convirtiéndose en su títere y brazo armado y volviéndose una ratita. Legaliza y legisla sobre la jungla. Es jefe de la mafia. Sufre enfisema pulmonar y es propenso al cáncer y al derrame cerebral. Tiene diabetes. Confunde y a veces invierte los patrones sexuales.
Profesiones: Cazatalentos de moda. Empresario de moda. Protector de la “beauty people”. Capo de la mafia.
F.E.E.: ninguna emoción auténtica e inversión de dos ejes. Además de las taras antes examinadas, es masoquista y prepotente, profanador y rastrero. Además es avasallador y aprovechado.
D.E.: “Defecto” y “Cheque de goma”.
Usa el 3% de su energía innata y forma parte del 15% de la población de Legisladores.

FASE DE DISOCIACION: LEGISLADOR-FORTIFICADOR.
Además de los dos ejes invertidos, cae en la fórmula letal falso orgullo con falso miedo a la vez. Con lo cual se rompe su estructura por rigidización y cae en la psicosis socialmente aceptada. Actúa una conducta totalmente “poseída” por su arquetipo personal: Atlas se convierte en Aquiles loco de temor porque le han tocado en su talón.
Es el ejecutor y brazo armado de psicópatas.
Es un fanático regresivo que quema a todos los “infieles” a sus creencias idolátricas. Es un iluminado que, a nombre de un dios que invierte, puede mandar a la muerte a todos los inocentes. Es un sadomasoquista que ayuna, se flagela y envía a sus “tropas” a la guerra santa. Es un asesino de lo vivo, de lo divino, de lo auténtico. Es idolatrizador e ídolo. Es un beato que crucifica a Jesús con buena conciencia. Es el más terrible de los psicóticos y tiene un ejercito de seguidores aterrados y fanáticos. Está obsesionado con la muerte y, si lo contradicen y no puede matar, se suicidará.
Profesiones: Dictador. Inquisidor. Fiscal. Gurú. Religioso fanático integrista.
F.E.E. Su estructura se rompe por rigidez excesiva. Fórmula letal falso miedo + falso orgullo, que se sienten a la vez.
D.E: “Defecto” y “Si no fuera por…”
Usa el –16% de energía innata y forma parte del 3% de la población de Legisladores.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 23: HISTORIA EMOCIONAL DEL NIÑO

El desarrollo emocional del lactante, del infante y del niño requiere, simplemente, contar con respuestas auténticas a sus necesidades físicas y emocionales. Esas necesidades son bastante más exigentes de lo que sería necesario si no fuéramos todos mamíferos, siendo la condición de mamífero la más alta y preciada de nuestra condición terrenal.

Todos nacemos, ya lo vimos, con una personalidad que es el producto de la emoción dominante de nuestra madre durante nuestra gestación. Esa personalidad, máscara que oculta el ser, tiene tres anomalías estructurales y emocionales que nos van a condicionar en nuestra relación con el entorno, haciéndonos peticionarios de tres tipos de atenciones y de cuidados que son los resultantes de nuestras tres anomalías. Veamos:

Todos nacemos con una estructura y su emoción correspondiente así como su sentido, dominantes. Seremos más orgullosos o amorosos o alegres, o seguros o sensatos o vitalistas que el promedio, porque esa estructura fue la que ejercitamos de manera dominante durante nuestra vida intrauterina. Esa facultad que nos caracteriza la llamaremos nuestra competencia. Como ya vimos en el primer capítulo, cada estructura tiene múltiples habilidades y dos funciones, una básica y otra trascendente, y para nosotros, para cada uno de nosotros, será fácil y placentero desplegar constantemente el abanico de las habilidades y virtudes correspondientes a nuestra estructura, emoción y sentido dominantes. Son cosas que se nos dan airosamente. También es cierto que cuando nos dañan por allí tenemos menos defensas y nos podemos romper por esa aparente fortaleza. Porque al vernos atacados o desatendidos, y, para colmo, recuestionados en nuestra emoción dominante, nos sentimos como privados del piso sobre el cual caminamos con tanta soltura. Sentimos entonces que se nos cuestiona el “derecho a existir y a ser diferentes” y valiosos por nuestra diferencia. Así evidenciamos que nuestra competencia es también nuestro talón de Aquiles, nuestro punto débil. En el MAT definimos la competencia como “ destreza innata que se desarrollará durante toda la vida para obtener aceptación y estatus social. La competencia nos convierte en especialistas convencidos de tener una misión en la vida, alrededor de esa pauta recurrente que termina por conformar un patrón de conducta y una visión narcisista de la vida.” Según nuestras investigaciones, la competencia moviliza el 20% de la energía útil innata. La competencia condiciona nuestra corporalidad y la salud de nuestro cuerpo.

Todos nacemos, también, con una estructura compensatoria fuerte que nos hace superiores y más geniales que lo normal. Ese será nuestro talento. En el MAT definimos el talento como “capacidad innata que sustenta la expresión de la base y fundamento de del ser integral, única y sorprendente en sus expresiones, que bordea la genialidad y que moviliza la capacidad de innovación y de crecimiento del sujeto.” Según nuestras investigaciones, el talento moviliza el 40% de la energía innata de la persona y sostiene y gestiona la competencia. Por nuestro talento podemos sorprendernos y sorprender al mundo. Es nuestro punto fuerte, porque es el que, genialmente, hemos localizado y entrenado como contrapunto que sostiene toda nuestra estructura y compensa la inflación posible de nuestra competencia. En momentos difíciles y casi concentracionarios, es la emoción y la estructura y el sentido que nos van a permitir resistir a todos los embates de la vida, y surgir, como ave fénix, de las peores pruebas. Es la dimensión nuestra por la que nos negamos a ser parte del tropel, la que da testimonio tranquilo y sereno de la grandeza del ser humano. Si hay alguna genialidad inicial por la que podríamos destacar y transformar al mundo es por el talento que se ha de manifestar. Por el talento no vamos a tener necesidades vitales de ser apoyados ni reconocidos pero sí notaremos que cuando no estamos conectados a él nos sentimos vacíos y sin rumbo en la vida, como si hubiéramos perdido nuestra autenticidad. Somos falsos y percibimos la falsedad del mundo y de nuestra vida cuando ésta no reposa sobre nuestro talento. Es la sal de nuestra vida. El talento condiciona nuestra vida anímica.

Nuestra tercera peculiaridad condiciona nuestra vida espiritual y tiene una jerarquía aún más alta en nuestra personal escala de valores. Es la estructura, la emoción y el sentido que viene secuencialmente tras nuestra competencia “obligada” y que representa la liberación de la presión materna en nuestra vida intrauterina, la rabia para nuestro niño del ejemplo que pusimos. Es volver a nuestra libertad de ser nosotros mismos y de caminar en nuestro orden universal secuencial, que es el estadio mínimo que nuestro orden estructural tiene para cualquier mamífero. Y también para cualquier elemento de la creación que tenga más de dos dimensiones. Es nuestra vocación, que no nuestra “misión” que surge justamente del narcisismo de nuestra competencia cuando está invertida y mal enfocada. Definimos la vocación en el MAT como “La excelencia exclusiva de cada persona, que le confiere su plenitud y su potencia máxima y cuyas expresiones están marcadas por la entrega, el compromiso, el impacto solidario y entusiasta sobre los demás, y que movilizan su capacidad de autorrealización”. El MAT muestra que la vocación moviliza el 80% de la energía útil innata de la persona. La gestión del talento antecede obligatoriamente a la de la vocación que representa la cúspide de la autorrealización cuando se es persona.
La vocación nos muestra nuestra peculiar idea de Dios y se gesta en el útero de nuestra madre desde el primer día de vida, y se desestabiliza a partir del primer mes de gestación, en cuanto se forma el cordón umbilical. Entonces, el contacto con el Centro, fuente de todo lo posible en cualquier tiempo y lugar, nos conecta, no sólo a nuestro limitado orden sextidimensional, sino al orden de las dimensiones que nosotros, los humanos, no poseemos en esta tierra. El Centro nos relaciona con el ORDEN PERFECTO de toda la evolución posible de todas nuestras dimensiones y potencialidades, y, también y sobre todo, nos relaciona con lo que jamás vamos a tener y que nos ama y nos ampara. Es lo que conservamos, en todo nuestro ser, de lo que percibimos siendo un ser de un día fecundado y que se nos va desdibujando durante nuestra gestación por los problemas que ya mencionamos. El Centro se va haciendo como una luz intermitente, cada vez más tenue, confusa e inalcanzable, a medida en que nos vamos transformando en personas alejadas de lo que somos para ser: seres humanos. En algunos momentos accedemos al contacto con el Centro, entonces vivimos en la gloria y el esplendor, en momentos el ser de nuestra madre ocupa el Centro, y entonces vivimos una visión idolátrica, simbiótica y amputada de nuestra finalidad. A veces, como reacción de defensa, colocamos a nuestro propio ser en el Centro y caemos en el ridículo de creernos Dios, y, como tenemos conciencia de nuestra banalidad y de nuestra vulnerabilidad, creernos uno de los dioses, resultado de la fragmentación y atomización del Centro. De esta visión fragmentada nace el concepto de Arquetipos y divinidades, de la fragmentación de esos arquetipos nace el concepto de mitos, de la fragmentación de éstos nace el concepto de héroes, y de la fragmentación de estos últimos nace el concepto de persona, que luego, fragmentado, origina el concepto de gente.

Según nuestras hipótesis, perdemos el contacto con nuestro Centro antes del quinto mes de gestación. Inmediatamente después se empiezan a deteriorar los ejes como consecuencia, luego ya perdemos, en la fase final del embarazo, la secuencia. Y sólo nos quedamos como personas con tres dimensiones conflictivas y tres sanas. Lo dramático de este cuento es que vamos a dar toda nuestra energía a esas tres dimensiones conflictivas, olvidándonos de las sanas. Lo positivo de este proceso, universal e inevitable por ahora, es que todos necesitamos, al menos así lo creemos desde nuestra talla de personas, recuperar en justicia lo mínimo necesario para ser persona antes de convertirnos en seres humanos. Y lo mínimo necesario es que no se nos ate a las necesidades de otro por nuestro talón de Aquiles. Y lo mínimo necesario es que se nos permita acceder a la libertad básica de nuestra secuencia innata para ir a nuestro aire.

Desde el útero, recordamos que es por la emoción que representa la liberación del aprisionamiento compensatorio de la emoción inflada de nuestra madre que sentimos que volvíamos a ser nosotros mismos. Y, como cada día era más conflictivo acceder al contacto con el Centro y a la subordinación libertadora a éste, no es de extrañar que hayamos dado a esa emoción, a esa estructura y a ese sentido un valor religioso y, tan altamente espiritual, que llegó a confundirse para cada uno de nosotros, con el rostro del mismísimo Dios. Cuando colocamos a esa emoción, a esa estructura y a ese sentido en el Centro, ocupando el lugar del Centro al cual todas las demás estructuras y emociones deben conservar el mismo lugar y valía subordinándose a éste, ocurren cosas terribles como el fanatismo, la idolatría, el narcisismo idolátrico que sólo confunde a los seres humanos y causan la separación y el enfrentamiento de la comunidad de los hombres, en luchas a muerte fratricidas. Mientras no pongamos esa vocación en el Centro, corremos sólo el riesgo de estar en la TORRE DE BABEL. Para el Legislador dios será amor, para el Reactivador dios será alegría, para el Promotor dios será seguridad, para el Fortificador dios será entendimiento, para el Constructor dios será justicia y para el Revelador dios será creación. Y todo quedará en cuestiones de opiniones. Por ello, nuestra vocación rige nuestra espiritualidad personal, como persona. Creemos que dios es nuestra estructura vocacional y que sólo ella nos puede abrir a él. Por un lado es cierto, ya que nos abre la secuencia, que es, parte conocida, del orden nuestro natural. Por otro lado esa fijación abusiva nos hace fanáticos y rígidos aunque, cuando está normalizada y reenfocada, nos hace auténticamente trascendentes. Lo mejor sería conservar la relatividad y tomarnos esa vocación con sentido del humor.
De todas formas, cuando recibimos agresiones a esa zona, nuestra vocación, la sentimos como que no tenemos derecho a existir. Perdemos la brújula de nuestra finalidad y, con ella, el sentido de la vida, de nuestra vida.

¿Qué nos queda al nacer? Ciertamente no el Centro, ni los ejes, ni siquiera la secuencia. Nuestra mismísima personalidad nos hipoteca la secuencia. En efecto:
Él Reactivador pasará de su competencia, el amor, a su talento, el miedo, (dando un salto sobre la alegría) para acceder a su vocación, dando un paso atrás en la secuencia, para luego mirar, con pasmo, el miedo, y perder así su visión de conjunto. Por supuesto, puesto así no le dará ninguna importancia especial a sus tres estructuras y emociones sanas, y qué decir de sus sentidos: el Sintetizador-tristeza-oído, el Vitalizador-rabia-olfato, el Transformador-orgullo-gusto. Irá hacia sí mismo a salto de mata y así se perderá, quedando por entero a merced de sus padres, cuidadores, maestros, organizaciones, sociedad, etc.

Si cayera en manos de seres humanos integrales que funcionan en secuencia, en ejes y al servicio de la conexión con su Centro, toda esperanza podría conservarse. Sus cuidadores entenderían que sus necesidades exacerbadas de competencia, talento y vocación obedecen a traumas uterinos debidos a su condición de mamífero. Dichos cuidadores darían atención a esos tres puntos de dolor y, una vez cicatrizadas las heridas, harían ver que lo más lindo del niño son sus tres partes incontaminadas. Las seis partes tendrían entonces las mismas importancias y valores y el niño podría recuperar sus ejes y su Centro. Y convertirse en ser humano integral.

El Promotor descalifica las mismas estructuras sanas que las del Reactivador, y que también son las suyas, y pide ávidamente nutrición para su Orientador-alegría-sexo, su competencia, para su Protector-amor-vista, su talento (con lo cual da un paso atrás en la secuencia) y para su Rector-miedo-tacto (dos pasos adelante), su vocación.

El Fortificador pide nutrición urgente para su Rector-miedo-tacto, su competencia, para su Vitalizador-rabia-olfato, su talento (con lo cual salta dos pasos adelante) y para su Sintetizador-tristeza-oído, su vocación (un paso atrás). Y descalifica su Transformador-orgullo-gusto, su Protector-amor-vista y su Orientador-alegría-sexo, que representan la normalidad.

El Constructor, que es el niño de nuestro ejemplo, pide nutrición para su Sintetizador-tristeza-oído, su competencia, para su Transformador-orgullo-gusto, su talento (salto de dos adelante), y para su Vitalizador-rabia-olfato, su vocación (un paso atrás). Y descalifica su Protector-amor-vista, su Orientador-alegría-sexo y su Rector-miedo-tacto, que son normales.

El Revelador clamará a gritos por su Vitalizador-rabia-olfato, su competencia, por su Sintetizador-tristeza-oído, su talento (un paso atrás), y por su Transformador-orgullo-gusto, su vocación (dos pasos adelante). Descalificará las mismas partes normales que comparte con el Constructor.

El Legislador exigirá atención especial para su Transformador-orgullo-gusto, su competencia, para su Orientador-alegría-sexo, su talento (dos pasos adelante), y para su Protector-amor-vista, su vocación (un paso atrás). Y descalificará su Rector-miedo-tacto, su Sintetizador-tristeza-oído y su Vitalizador-rabia-olfato, que tiene normales.

Vemos por lo tanto que un bebé, cuando viene al mundo, no es una tabula rasa, no es ni perfecto ni virgen, sino que es un pequeño mamífero que tuvo que lidiar con su condición de mamífero y salir lo más entero y perfectible posible. Va a tener necesidades especiales debidas a su personalidad, a su perfil innato de funcionamiento, resultado de su condición de mamífero. Aquí no hay culpas ni responsabilidades posibles que reclamar a la madre. Toda situación requiere de una emoción, y cada gestación trae consigo su escenario emocional y estructural. Es evidente que si la madre, además de su estado circunstancial, que va a condicionar su emoción dominante, funciona mal, esta anomalía va a contribuir a dañar aún más el feto. Sobre todo si se coloca repetidas veces en una de las tres fórmulas letales de los ejes. Esas fórmulas letales van a originar malformaciones y hasta, si son endémicas, muerte del feto. Pero esos son los casos excepcionales que, aquí, no nos ocupan.
Vamos ahora a ver cómo ayudar al lactante y al infante de hasta tres años de edad, y cómo dañarlo hasta conseguir que, además de su prisión personal debida a sus tres disfunciones, caiga en su cárcel tipológica y funcione al revés de su patrón de liberación. ¿Cómo hacer de un cachorro humano el reo de la muerte en vida, pues eso es una tipología en el MAT?

Empecemos por lo más fácil: ¿CÓMO AYUDAR AL INFANTE?: Como primerísimo paso, percibir sus tres dimensiones sanas y alegrarse por ello. Incentivarlas constantemente, aún y sobre todo si recuestionan nuestra propia manera de funcionar como padres. No insistiremos pesadamente sobre qué estructuras, emociones y sentidos estimular y acariciar constantemente pues remitimos al lector al párrafo anterior para cada tipología y al capítulo de las emociones sanas. Una emoción sana, una habilidad innata fruto de un buen funcionamiento emocional y un sentido sano, no necesitan sino orgullo, amor y alegría para ser valorados por el infante. Él vendrá con la tendencia a no darles demasiada importancia, y a nosotros como padres nos corresponderá hacerle tomar conciencia de lo grande que es por ser perfecto. Nada más.

Pero el bebé y el infante, en mayor grado, si no nos ocupamos bien del bebé, llega enfermo cuando nace: le duelen tres estructuras, tres emociones y tres sentidos. Y cada uno de ellos tiene un tratamiento especial. En efecto, si por venir aún más dañado que lo previsible nuestro bebé viene con algún órgano enfermo, todos entenderemos que es urgente buscar tratamientos para que el bebé se sane. No así si viene con tres enfermedades que le van a hipotecar el cuerpo, el alma y el espíritu. No por maldad, pues la inmensa mayoría de los padres desean que su bebé esté sano y feliz, sino por desconocimiento. El MAT trae su granito de arena para que ese desconocimiento retroceda y abra paso a la sabiduría y a la felicidad del niño y de sus padres. Muchos padres se sienten orgullosos de traer a su bebé al mundo y de educarlo y atenderlo para hacer de él un ser humano de provecho. Ahora van a saber cómo sentirse orgullosos y cuándo sentirse avergonzados (cuando no sólo no lo ayudan sino que lo dañan).

El tratamiento de la competencia: Lo esencial aquí, como respuesta de tristeza y de amor, pues ese es el eje del Maestro, es decir, del educador, es percibir que tenemos allí un punto enfermo, el más enfermo de nuestro bebé: él cree férreamente que su mayor facultad es la de expresar como nadie esa estructura, esa emoción y ese sentido, y que lo van a amar por ello. Así tuvo que crecer y desarrollarse durante toda su experiencia uterina. Así que es lo que mayormente va a expresar en su socialización con los padres. Y eso, les hace gracia en vez de recuestionarse, despierta su orgullo en vez de alarmarlos y aman al bebé por ello en vez de apiadarse de él. Empezamos mal, muy mal. Entonces el bebé recibe confirmación incondicional a su creencia sobre su misión en el mundo. Y ya tenemos a un esclavo simbiotizado que necesita ser aprobado por donde más le duele y ser valorado por lo que menos fuerte y liberado tiene. Por otra parte, la madre que las más veces está aún en su emoción dominante, va a ver que su bebé “hace uno con ella” y la libera, porque responderá, no con la misma emoción dominante de la madre, lo que sería prueba de normalidad, sino con la emoción secuencial ¡QUE LIBERA Y ALIVIA A LA MADRE! Entonces la madre, no sólo no se recuestionará, sino que sentirá que le cayó del cielo un ángel que la reequilibra. Y usará al niño en vez de curarlo.

¿Cómo sería la curación? Pues, cada vez que el niño se sitúe en la emoción secuencial a la dominante o a la ex dominante de la madre, ésta debe sentir MIEDO por el niño y volver dos pasos atrás en su propia secuencia, es decir al amor en el caso de nuestro bebé, incentivar el amor sano del bebé, pasar con él a la alegría también sana, Y HACER QUE ÉL SOLITO PASE AL MIEDO, incentivarlo, acompañarlo, Y QUE ÉL SOLITO PASE A LA TRISTEZA, y respetarlo durante todo el tiempo que esté en ella, acompañándolo SIN ESCALAR al ponerse aún más triste que él. Quedándose en un segundo lugar, ocupada en atender al niño enfermo. A la vez, le permitirá desplegar todas las potencialidades del Sintetizador, él solito, acompañándolo, pero sin grandes alborozos, con normalidad y darle este preciso mensaje gestual y subliminal: “yo soy responsable de haberte llevado a esto y estoy contigo, INCONDICIONALMENTE, mientras lo necesites siempre te acompañaré. Pero no creas en ningún momento que yo necesito esa enfermedad tuya, ni, mucho menos, que te quiero más por ella.” Eso es todo; una y mil veces hasta que el bebé tenga el tiempo de enderezar, solito pero con ayuda total, su propia visión de sí mismo y del mundo. Y, por supuesto, si la madre debe hacer eso, todos los demás que se acerquen al niño lo deberán hacer también, para no darle mensajes contradictorios. Pues se trata de la más grave de las enfermedades del bebé. Esperamos haber sido claros: ¡no se trata, en ningún momento, de descalificar ni de combatir la competencia del bebé, porque, si no, caería en el autismo! Se trata de sanar una zona enferma y convertirla en la sexta parte, valiosísima, del bebé. Si tomamos el ejemplo de una dolencia orgánica, por ejemplo, el sistema linfático enfermo como podría ser nuestro caso, no se trata de envenenar más al niño, tirándolo a la basura cada vez que le duela o que se hinche o que le salga un ganglio, sino de curarlo. Si el niño está enfermo hay que cuidarlo, no abandonarlo ni rechazarlo cada vez que tenga una crisis. Si no, además de haberlo enfermado, lo estaremos machacando y lo estaremos destrozando, y caerá en el autismo, encerrándose para siempre fuera de este mundo absurdo, cruel e incomprensible, que lo daña cada vez que sufre.

El tratamiento del talento: aquí el tratamiento es más fácil. Cuando asoma la genialidad del niño, aplaudirla igual de fuerte que cuando asoman sus partes sanas. Aquí tenemos a un pequeño genio que nos da lecciones a todos. Y hay que tener la humildad y la admiración normales ante cualquier genio. Y cuando algo asoma de verdaderamente genial, aplaudirlo a romper, pero luego pasar a la normalidad. No a la descalificación ni al rechazo; hemos dicho, después del aplauso, pasar a la normalidad. El mensaje preciso, gestual y verbal, que hay que dar al niño es: “eres un genio y te amamos, no te consideramos anormal ni diferente, mereces más y mejor admiración y amor por ello y te lo damos todos, con humildad, con normalidad”. O sea, que ni se aparte al bebé como siendo un loco y un anormal porque todos los genios son así de locos, ni se le transforme en un mono de circo a exhibir ante los amigos y conocidos. ¡Normalidad! Ya lo hemos dicho, todos nacemos para ser genios en las seis dimensiones. Y hay que empezar por alguna, ¿no?
Con un tratamiento así el bebé ya cree que puede ser él mismo, ser genial y ser normal y amado. Con lo cual su alma estará deshipotecada y libre y podrá amar confiadamente.

El tratamiento de la vocación: aquí el tratamiento es aún más fácil, pero más sutil. Con la vocación se expresará el grito máximo, el Do de pecho del espíritu del niño. Será sobrecogedor. Y maravilloso. Aquí la respuesta sana y normal es, no sólo orgullo, no sólo amor, sino alegría pura. Alegría, no exaltación ni, menos aún, inflación mesiánica. No, no tenéis allí a Dios encarnado que bajó a la tierra a dar la buena nueva. No. Tenemos, todos, allí, la máxima expresión de la verdad humana, a un ser humano pleno que rebosa de alegría de la certeza. Es entonces justo y necesario inclinarse y acatar, no arrodillarse ante el milagro. Eso sería fatal para el bebé, que se sentiría un ser fuera del mundo de los humanos. Al revés. Es lo plenamente humano. Lo único que hay que hacer con presteza es ayudar diligentemente al niño a fortalecer y dominar con maestría su eje correspondiente, en el caso de nuestro niño, el eje rabia-alegría. Y será fácil YA QUE LA ALEGRÍA SERÁ LA RESPUESTA JUSTA A SU RABIA. Cuando no se dé este caso preciso, o sea cuando el bebé no sea Constructor, DESPUES DE LA ALEGRÍA PASAR A LA EMOCIÓN COMPLEMENTARIA DEL EJE, y entrenarlo una y otra vez como si de un atleta olímpico se tratara.

Y, para terminar, no olvidar lo esencial: dar incansables caricias y alientos y permisos a lo que de sano y valioso trae innatamente el bebé. Hasta convencerlo, no olvidando nada del tratamiento a las enfermedades antedichas, de que lo más bonito, sano, perfecto que tiene son las tres dimensiones innatas que trae. Entonces tendremos al genio vocacional de las seis dimensiones en secuencia y en ejes que todos nacimos para ser.

Ahora bien, nada de todo esto tiene sentido si no se pone todo al servicio del Centro. Y el Centro DEBE ESTAR VACÍO, ya lo sabemos. No debemos permitir al bebé que ponga su vocación ni ninguna de sus dimensiones en el Centro. A un bebé tratado así no se le ocurriría jamás hacerlo, por lo demás. Es el narcisismo de sus padres y educadores lo que lo obligaría a ponerlo allí para luchar contra otra cosa que ellos han puesto allí, las más veces la propia emoción dominante tipológica del más despiadado y dominante y narcisista y demoníaco de sus progenitores. O si se obliga al bebé a poner al dios sextidimensional de cualquiera de las religiones. Eso hará a un bebé ateo.

¿CÓMO DAÑAR AL INFANTE? No vamos a tratar aquí de cómo se puede matar al infante. Para ello remitiremos al lector a una obra posterior sobre los diez tipos de psicópatas, en especial al Magnetizador que es el asesino psíquico de guantes blancos. Esta obra no tratará de psicopatías sino, a lo más, de psicotizaciones, o más exactamente, de caldo de cultivo de las psicosis, que en esta obra, no trataremos tampoco. Pues aquí sólo se trata del ESPLENDOR DE LO HUMANO, y de cómo volver a él si nos hemos alejado.
El sometimiento de la competencia: Para afincar al bebé en su creencia de origen intrauterino en que se le acepta y se le da un lugar en el mundo por su dimensión dominante innata, basta celebrar y amar esa dimensión y dejar patente al infante de que se le distingue por ella. Es en ese error en el que caen la inmensa mayoría de los padres y de los familiares cercanos del bebé.
Para agravar ese estado basta con que, cuando asomen las tres dimensiones sanas del bebé, no se les haga ningún caso especial y se las trate como siendo lo banal en ese bebé.
Para someter al bebé y darle “misiones” especiales que lo conviertan en el ente nutricio de sus cuidadores, basta con que cuando asome el talento o la vocación del bebé se los descalifique, y se solicite en su lugar la emoción dominante.
Para afincarlo en su “personalidad”, es necesario exhibir al bebé ante los demás solicitando su dimensión dominante y, cuando ésta se hace presente, premiar al bebé. Así afincará su imagen viciada de sí mismo y su creencia de que conseguirá sobrevivir por su dimensión dominante. Entonces el bebé se SOCIALIZARÁ y caerá en el convencimiento de que el mundo es cruel y cínico y que “hay que” tener puesta la máscara de turno para lograr sobrevivir en esa jungla. Ya tendremos a un Reactivador amoroso, a un Promotor alegre, a un Fortificador respetuoso, a un Constructor sensato, a un Revelador vitalista y a un Legislador orgulloso.
A partir de ese momento, el cuerpo del bebé o del infante se resentirá y enfermará. Se le dará un antibiótico, por ejemplo, en vez de reparación del crimen.
El sometimiento del talento: necesita más maldad y premeditación en los cuidadores. En efecto, es necesario que, cuando asome el talento y se muestre la genialidad, el bebé encuentre hostilidad, envidia y escalada (“yo lo hago mejor que tú”) en los padres o cuidadores. Si encuentra una respuesta adecuada y otra hostil en sus diferentes progenitores, elegirá la mejor respuesta, salvo si el progenitor que le da la buena respuesta se deja “machacar” por el que le da la mala. En este último caso, el infante caerá en un sentimiento de culpa y ocultará su signo distintivo frente al progenitor abusivo. El infante desarrollará la creencia en que su talento pone en riesgo a su progenitor bueno y que ese talento es peligroso.
Para agravar la desconfianza del niño en su talento, es necesario tratarle de “loco” cuando esté ejerciéndolo. Tratarle de loco y rechazarlo por ello.
Entonces el infante decidirá renunciar a su talento para que lo dejen en paz y lo acepten en su núcleo familiar. Sentirá una legítima rabia contra esa injusticia de su medio y luchará desesperadamente por conseguir aceptación y valoración por lo que “él sabe que es bueno y superior”. Esa lucha de liberación será entonces tratada como una rebeldía intolerable y será aplastada. Entonces el infante decidirá conservar esa rabia por dos motivos:
1º) Para recordar dónde está su tesoro al que le obligan a renunciar, y, cuando se sienta a salvo de las persecuciones, tener una pista para encontrarlo, desenterrarlo y recuperarlo. Eso es lo bueno. Lo malo es que para poder convencerse de que su progenitor responsable del desaguisado es “bueno” y no malo, y que por lo tanto no se merece su rabia, el bebé o el infante hace pasar ese sentimiento de rechazo y de rabia auténtica a su inconsciente. Sentirá rabia en vez de su talento y ya no sabrá porqué. Esta decisión de origen consciente pasará a su sistema neuroendocrino reflejo y se generará la rabia espontáneamente e inexplicablemente para él. No será consciente del “switch” talento-rabia contra el responsable de su decisión de renunciar a ello, y el infante la sentirá como rabia inexplicable.
2º) Para odiarse a sí mismo y al talento en vez de sentir rabia contra los padres. En esta segunda fase la oposición y el rechazo se han interiorizado y el bebé sentirá: “soy malo-estoy loco”, y se tendrá rabia cuando le surja la tentación de mostrarse o de mostrar su genialidad. De allí es muy fácil pasar al tercer paso, que cerrará la trampa:
3º) Cuando el bebé vea afuera esa dimensión, sentirá rabia hostil hacia ella. Así será coherente con sus dos decisiones anteriores y ya cortará el hilo de tensión que lo puede someter a la tentación de reconsiderar sus conclusiones sobre el mundo y sobre sí mismo. Así se convertirá en un prisionero amargado y envidioso de los que no hicieron la misma elección que él. Será un enemigo de su propio talento, tanto en sí como en los demás. De más está decir que si, una vez adulto, tiene un bebé de su misma tipología luchará con saña y hostilidad contra la genialidad de su hijo. Y si, además, está resentido, luchará contra todo tipo de genialidad, cualquiera que sea ese talento.
A partir de entonces su alma estará en exilio, y él se convertirá, no sólo en un habitante y víctima de la jungla que lo obligó a exacerbar el dolor de su competencia, sino en un carcelero hostil y rabioso del mundo de los pigmeos, de los que luchan contra toda genialidad y se empeñan en cortar toda cabeza que asome por encima de la medianía.
El sometimiento de la vocación: es el mayor daño que se le pueda hacer a un ser humano. Es el asesinato de su espíritu.
Cuando el feto está en el útero materno y se le oculta la presencia estelar de su Centro (un mes de gestación), el “choc” es tan tremendo que tras el odio puro que se siente ante “el Dios estafador”, muchos fetos toman la decisión de morir. Si la vida no es lo que debe ser, su existencia ya no tiene sentido. Los que decidimos continuar y seguir adelante lo hacemos primero y principalmente por una razón: volver a encontrar ese Centro, esa gloria y ese esplendor puros que hemos percibido, que sabemos que existe y que nos proponemos reencontrar por encima de todas las cosas. Y la primera reacción es de culpa, de inadecuación: eso tan maravilloso no puede ser malo. Somos nosotros los que hemos hecho algo terrible para que Eso maravilloso nos abandone. El concepto de “culpa originaria” nace de esa experiencia y de esa vivencia que, todos, tuvimos.
Luego pasamos a la luz intermitente tripartita: cuando estamos en nuestros ejes y en nuestra secuencia, y sentimos que toda esa maravilla nace del Centro y tiene como finalidad el Centro, todo parece maravilloso. Cuando sentimos las emociones “buenas” y centradas de nuestra madre, ya todo es bueno, pero estamos en una posición más subordinada, somos el receptor de… cosas buenas. A lo sumo, podremos acceder a una relación yo-tú con un Centro que recibimos como superior al nuestro. Cuando sentimos las emociones “malas” de nuestra madre y estamos obligados a contraer una personalidad para sobrevivir, sentimos ese Centro como un dios caprichoso, brutal, arbitrario, que, sin razón alguna de causa a efecto, se torna terrible y amenaza nuestra vida, aplastando nuestra integridad y nuestra libertad. Pero allí el feto aprende que “haciendo cosas”, como colocarse en su estructura dominante compensatoria, fortaleciendo su talento y extasiándose con su vocación, logra quedar más o menos bien. Logra un todo bastante coherente y cierta integridad.
Las cuatro experiencias quedan grabadas en su cuerpo, en su mente, en todo su ser. Y condicionan su visión de Dios que, como Juno, tendrá cuatro rostros. Cuando el feto se convierte en un bebé autónomo puede, si los padres se comportan como lo indicamos anteriormente, ser ayudado y reestabilizado por los padres.

Pero al nacer ya tiene decidido que Dios es algo mejor pero de la naturaleza de su propia dimensión vocacional. Para el bebé, el sentir y expresar esa dimensión es una cuestión de vida o muerte. Entonces ¿con qué se suele encontrar? Pues con dos cosas. Una externa y terrible, y otra interna y abrumadora.
Si la reacción de los padres es la de prohibir la vocación, y eso es muy corriente por repetición y perpetuación de ESA CADENA MALDITA QUE PERPÉTUAMOS en la exaltación de nuestra competencia, la envidia y hostilidad de nuestro talento y la prohibición de la vocación, y que nosotros, los mamíferos humanos, nos transmitimos de padres a hijos y de generación en generación, hasta convertirla en cultura universal, adquirimos una TIPOLOGÍA DE PERSONALIDAD, es decir, una prisión vitalicia que encierra nuestro ser.
En efecto, si ya se exaltó nuestra competencia y se combatió nuestro talento, somos pasto de la tercera y más sangrienta acometida contra nuestro ser: la prohibición de nuestra vocación. Y eso es muy fácil de lograr en un bebé ya dañado por dos veces. Recordemos que el bebé ya viene desorientado al mundo, sin relación ni contacto con su Centro originario, sin acceso a sus ejes y con su secuencia bloqueada por la obligatoriedad de efectuar marchas atrás y saltos adelante para mantener el 80% de su energía innata plana. Es decir que, visto de una manera gráfica, el bebé ya viene con su estructura desplegada y abierta, como la ilustramos en la página 122, y no integrada como la mostramos en la misma página.
Para el bebé, Dios es su vocación, y cada vez que accede a ella en paz rinde culto a su dios y se regocija con su benevolencia. Se siente ser. Se siente pertenecer y pertenecerse. Se siente fluir y es feliz. Bueno, todo lo feliz que puede ser un mamífero. Se siente tan feliz como un cachorro de león, por ejemplo. Es un animalito más en este planeta tierra. Con la única diferencia de que tiene una dimensión más que le permitirá transformar su mundo para bien o para mal.
Si se encuentra con una oposición a su vocación. Si, cuando la manifiesta, se encuentra con que lo tiran fuera del mundo de los humanos ya sea por idolatría que lo lanza hacia el cielo y lo obliga a confundirse con un dios, una y otra vez hasta obtener de él que sea un narcisista. O si se le excluye del mundo, aterrándolo porque se lo deja solo “por malo”. O si se ve aplastado y aterrado y vencido por el dios personal de sus progenitores, que tiene un real poder de vida o muerte sobre él, el bebé caerá en dos convicciones:
1º) Dios, en verdad, es el dios malo que recuerda tan bien en todas las células de su cuerpo. Sólo que ahora es peor: antes podía “hacer cosas” para recuperar un equilibrio amputado, es cierto, pero parecido a cierta integridad. Ahora no. El dios de su vocación es más débil que los demás dioses y está vencido. Es más, lo castiga abandonándolo a merced de adoradores de otros dioses, que se ceban sobre él.
2º) Pero Dios es necesario porque su espíritu así lo grita, eso en primer lugar. Él recuerda su Centro, y esa evidencia no puede ser recuestionada. Su alegría, su Orientador y su sexo dependen de ello. Entonces como no existen los dioses “buenos”, y que sólo los malos le demuestran existir, se someterá a su propio dios malo que le prometió la vivencia de su vocación y se identificó con ella pero que en la realidad le demuestra que Dios existe sí, y que precisamente admite la expresión de esa dimensión, para él vocacional, en todos menos en él. De esa creencia nacen los arquetipos colectivos. Es decir los dioses del Olimpo.
Y eso es tan así, que sus progenitores le evidencian una y otra vez que ellos también están sometidos a sus dioses arquetípicos, que prohíben para los seres humanos, la vocación.
Para llegar a tan aberrante visión del mundo espiritual fue necesaria la intervención viciada del Transformador, que busca el porqué de las cosas y sólo puede vivir en la coherencia. El Transformador descubre cosas importantes para que todo tenga un sentido coherente. Y, un infante normal tardará tres años en resignarse a esa visión carcelaria del mundo. Luchará con tesón durante tres años, en el mejor de los casos. No vamos a mencionar casos límites en toxicidad. Durante cuatro años más intentará recuperar su integridad de mamífero original. Luego olvidará, y se instalará cómodamente en su cárcel, y se hará prosélito.
Esas dos convicciones del infante lo van a conducir a convertirse en un “adorador de”, sometido en cuerpo y alma a su dios arquetipal. Para ello, cambiará un 40% de la falsa rabia que reemplazaba su talento por más emoción de su competencia. Así se transformará en algo coherente que sigue una religión, la de su arquetipo particular. En cuanto a su vocación, seguirá con la coherencia absoluta de su esquema existencial y la cambiará por miedo fóbico. Ya no será necesario aterrorizarlo con ser excluido y morir de abandono y de exilio. Él mismo se encargará de exilarse del mundo y de la verdad espiritual sintiendo miedo fóbico en lugar de su vocación, y por la gente que actúa, auténticamente, esa vocación. Así se alejará de su espejismo imposible.

En el MAT llamamos TIPOLOGÍA DE PERSONALIDAD la inflación de la competencia ( que deja de ser competencia, pues pasa a convertirse en un 140%, como en el útero, del cual 100% corresponde a la emoción auténtica y el 40% corresponde a la vocación originaria convertida en esa falsa emoción que imita la competencia), la desconexión del talento (que es reemplazado en un 40% por falsa competencia y en un 60% por rabia falsa- envidia-) y la prohibición de la vocación (que es reemplazada por falso miedo fóbico). NUESTRAS ESTADÍSTICAS ARROJAN QUE, SOBRE 120.000 CASOS ANALIZADOS, EL 98% DE LAS PERSONAS ESTÁN EN SU TIPOLOGÍA y sólo el 2% está en su personalidad. No encontramos ninguna que no esté en ninguno de los dos estados. No encontramos ni a un sólo ser humano integral.
En el próximo capítulo mostraremos cómo es cada tipología, y también sus fases de evolución, que lo alejan o lo acercan del recién nacido más intacto que fue. Mostraremos qué hacer para recuperar la integralidad del ser humano que nacimos para ser.

Por lo pronto concluiremos este capítulo mostrando que las tipologías son adoradores de dioses arquetipales de esta forma precisa:

– El Reactivador es un adorador de Orfeo.
– El Promotor es un adorador de Mercurio.
– El Fortificador es un adorador de Aquiles.
– El Constructor es un adorador de Sísifo.
– El Revelador es un adorador de Prometeo.
– El Legislador es un adorador de Atlas.

Eso en un 98%. Del 2% restante, cuando se conectan y recuperan su competencia, su talento y su vocación, acceden al Dios de su vocación y entonces:
– El Reactivador se identifica con Jesús.
– El Promotor se identifica con Alah.
– El Fortificador se identifica con el Dios de Buda.
– El Constructor se identifica con el Dios de Zoroastro.
– El Revelador se identifica con el Dios de Maní.
– El Legislador se identifica con el Dios de Moisés.

Aún así, ¿cómo evitar las guerras de religiones? Pues el espíritu del ser humano está en exilio, y, cuando se encuentra, es para encontrar a un Dios Padre hecho a su imagen y semejanza.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 22: HISTORIA DE NUESTRA GESTACIÓN

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

Resumamos, con palabras cotidianas, el proceso de la GESTACIÓN: Poco antes de ser liberado el ovocito primario (estado original del óvulo en el ovario) del folículo, su núcleo se divide por meiosis y se elimina el primer corpúsculo polar. Éste queda inmediatamente fuera de la membrana celular del huevo y formará la placenta y todos los cuerpos maternos que alimentarán y protegerán al feto. Hay un primer “desprendimiento” del sí mismo de la madre para ofrecer un espacio seguro al hijo. Parte del amor y, más especialmente, del eje amor-tristeza, que diferencia “lo que hay” para el hijo de lo que hay del hijo, sin mezclarlo. El huevo liberado se transforma en el ovocito secundario. En este proceso, cada uno de los 23 pares de cromosomas pierde uno de sus compañeros del cuerpo polar y tenemos 23 cromosomas no pareados. En este segundo proceso interviene el segundo eje orgullo-miedo. Hay una serie de transformaciones donde se desecha la identidad de la madre como proceso clónico y se desprende de cada pareja de cada uno de sus cromosomas para preparar la mitad de la individualidad del niño. Ninguna vida es posible sin que estos cromosomas encuentren a su pareja. Es la mitad de un ser potencial, del cual se ha separado “la imagen y semejanza con la madre”, puesto que se quitan cada pareja de cada cromosoma.

Unas cuantas horas después de que el espermatozoide entra en el ovocito, el núcleo se divide de nuevo y expulsa un segundo cuerpo polar, con lo que se forma el óvulo maduro. Este tercer proceso evidencia la intervención del eje Alegría –rabia de los tres seres en presencia: el del padre que entra y se fusiona y exige formar otra cosa que no sea suma de dos, el del hijo que tiene aspiración a ser realmente sí mismo y diferente de ambos progenitores, y el de la madre que deja de ser protectora y creadora y deja que cada cual haga lo suyo, cortando con todo apoyo innecesario que podría convertirse en una invasión que imposibilitaría el surgimiento de un ser completo. Para ello, la segunda expulsión del cuerpo polar. Así quedan 23 cromosomas impares, los del hijo. Uno de los cromosomas, el cromosoma X, es femenino. Necesitará de un cromosoma Y del espermatozoide para ser varón y de un X para ser hembra.

De 300 millones de espermatozoides que contiene una eyaculación común, 1.000 a 3.000 logran llegar cerca del óvulo. Los más fuertes y sanos. Esos espermatozoides finalistas atacan la corona radiada del óvulo para abrirse paso. Cuando uno de ellos entra, su cabeza se hincha desmesuradamente para formar el pronúcleo masculino. Los 23 cromosomas del pronúcleo masculino y los 23 cromosomas del pronúcleo femenino se alinean entre sí para constituir un elemento completo de 46 cromosomas en el óvulo fecundado. Así se establece la fusión –diferenciación del tercer eje: alegría-rabia. Entonces surge el ser potencial completo y autónomo: los tres ejes al servicio del Centro creciendo en la secuencia emocional humana. Así puede intervenir el proceso de división y diferenciación celular, para que la promesa se convierta en realidad disponible, existente y presente: un bebé. Este proceso es lo que se denomina fecundación.
Entonces comienza un dificultoso proceso de transporte del óvulo por la trompa de Falopio hasta el útero. Durante esta fase ocurren varios procesos de división celular y se crea el cigoto. Éste se queda entre 2 a 4 días en la cavidad uterina donde es nutrido hasta convertirse en una masa de 100 o más células que convierten al cigoto en mórula. La mórula segrega células que digieren células uterinas y las licuan para prepararse un colchón de implantación en el útero.
Poco después de la implantación, se desarrolla una cavidad (Centro vacío) en la masa de células y empieza a desarrollarse el embrión a lo largo de una de las paredes de la cavidad. Es la etapa donde el embrión es blastocisto.
El embrión de un mes tiene ya todos sus órganos delineados. El primer proceso es el de la circulación entre sangre materna y embrionaria diferenciadas. Y el primer órgano completo que se forma es el cordón umbilical para, no sólo recibir nutrientes de la madre, sino poder expulsar materiales de desecho del embrión. La primera estructura es así, El Centro. Entonces comienza la difusión del oxígeno y enormes cantidades de producción de estrógenos y de progesterona por la madre. Tanto la absorción del oxígeno como la producción de hormonas sexuales dependen de una emoción: la alegría, y nutren, conformándolo, el Orientador del niño. Así se posibilita la reproducción celular del embrión y del feto. El niño es embrión hasta el final del segundo mes. En el tercer mes ya es un feto, hasta los nueve meses. Después del parto será un bebé.
A los tres meses el feto mide 15 cm y pesa 125 gramos (miedo y tristeza). Su rostro ya está diseñado (amor), sus órganos genitales ya son definidos (alegría), su esqueleto está formado (orgullo), su médula ósea ya funciona (orgullo), su corazón late desde hace dos meses (amor), su hígado funciona desde hace un mes y medio (rabia), y ¡respira! – alegría- ( luego, a medida que crezca, se irá inhibiendo la respiración para que no se trague materias fecales y así evitar la fórmula letal alegría- rabia) . Tal es el prodigio.
A los cuatro meses, mide 21 cm y pesa 250 gr : su sexo está más claro ( alegría). Se mueve (rabia). Tiene todos sus órganos (seis estructuras con sus seis emociones y sentidos). Tiene la mayor parte de sus reflejos periféricos (eje miedo-orgullo).
A los cinco meses, mide 27 cm y pesa 500 gr. Está cubierto de vello ( tristeza). Se mueve pero no es capaz de vivir por sí mismo porque no tiene vitalidad autónoma ( falta Vitalizador completo y algo de rabia). Ingiere y digiere y expulsa mecomio (materia fecal del feto) –rabia-.
A los seis meses, mide 33 cm y pesa un kilo. Tiene un aspecto senil por falta de grasa, da vagidos (eje completo alegría –rabia), deglute si lo alimentan, mama, orina. Necesita de la incubadora para sobrevivir (amor y miedo). Si no, muere.
A los siete meses, mide 39 cm y pesa 1.750 gr. Ya parece menos senil. Puede dar vagidos, deglutir y mamar. Es bastante vital y si se le puede meter un tiempo en la incubadora, mejor.
A los ocho meses, mide 45 cm y pesa 2.500 gr. Ya es un bebé graso y liso. Sobrevive por sí mismo.
A los nueve meses, mide 50 cm y pesa 3.250 gr. Es un bebé perfecto y normal. Su cerebro necesitará de un año más de vida para alcanzar su total maduración.
El análisis MAT de la gestación
Todo empieza por el Centro, es lo primero que se manifiesta en el óvulo de la madre, quien desde el núcleo se desprende dos veces de sí misma para abrir paso al ser del infante que tendrá como privilegio cobijar y alimentar. En el espermatozoide pasa lo mismo, y se borra hasta no ser sino carga genética y cromosómica del hijo. En el niño, lo primero que surge es el Centro también. Y, tras manifestarse y afincarse, por dos veces, abre paso al surgimiento y a la multiplicación de células que llevan en sí todo el potencial de un ser humano autónomo y auténtico. Perfecto. Tal y como estamos todos creados para ser.
La primera conciencia del niño, conciencia integral, es la de surgir de un Centro inconcebiblemente superior a sí mismo, que potencia todas sus facultades para ser. Eso, antes de la formación del cordón umbilical, es decir, antes de un mes de gestación, cuando se es pura potencia autónoma. La formación del cordón umbilical, indispensable para recibir todos los nutrientes y desechar los sobrantes, introduce, a la vez que un Centro orgánico, una relación con el otro, con un ser vivo que no es Centro sino que tiene un Centro. Y eso, el embrión lo recibe como una conmoción y una absoluta pérdida del origen mismo de la gloria y del esplendor en los cuales bañaba beatíficamente. Este primer duelo nace de la sabiduría de no SER del Centro sino de tener un Centro. El segundo duelo viene de la obligada relación entre el Centro propio y el de la madre, relación inevitable que se vive como una sujeción intolerable y como una estafa. La segunda emoción del niño, después de la alegría beatífica, es la de rabia absoluta hacia ese Centro que tanto promete y tan poco cumple. Allí empieza a funcionar activamente la secuencia y, de la rabia, se pasa al orgullo, “Ya que estoy, voy a ser todo lo que pueda”. Y del orgullo se pasa a la otra punta del eje, al miedo a ser pulverizado por esa primera rebeldía y, también a la seguridad al ver que no ocurre la desaparición. Del miedo se pasa a la tristeza auténtica por dos razones: una positiva, al constatar el desarrollo inaudito que se opera en sí, y otra negativa por ser así la vida, supeditada a otra vida. Entonces se pasa a la otra punta del eje, al amor, porque se toma conciencia de toda la maravilla que se está recibiendo del Centro primero, de la madre después. Entonces se dispara el funcionamiento, en orden, de los tres ejes: el eje amor-tristeza que abre el segundo eje: orgullo-miedo, que abre el tercer eje: alegría-rabia. Allí el ser humano mamífero comienza a existir, a aceptarlo y a cooperar. Y empieza el trabajo en equipo con la madre, para que ambos estén lo mejor posible durante todo lo que dure la vida intrauterina.
El embrión se hace feto. Se borra de la memoria esa primera rebelión y sus causas. Esa experiencia, como todas las demás cuando se borran, queda conservada en el cuerpo. Se borra de la memoria la segunda rebelión contra la madre, y sus causas. Y se empieza a vivir y a existir con plena conciencia de sí y del otro. Y esa conciencia se torna, como consecuencia de esos dos procesos de borramiento, más importante que la conciencia del Centro. Sin embargo, durante los cuatro primeros meses de gestación, el Centro sigue funcionando y sostiene los tres ejes que sostienen y posibilitan la secuencia emocional que permite a su vez el desarrollo de la vida. Pero la percepción del Centro se hace cada vez más lejana e intermitente. ¿Por qué?

Estructura MAT de personalidad - Preciada Azancot

Estructura MAT de personalidad – Preciada Azancot

Desarrollo de la personalidad como prisión:
Ninguna gestante vive las 24 horas del día en la gloria y en el esplendor al servicio del Centro. Nosotros, los seres humanos, vivimos en nuestra vida diaria y desequilibramos nuestras emociones en permanencia. En el origen de este desequilibrio constante está nuestra condición de mamíferos. En efecto, si reflexionamos mínimamente sobre el feto, que está viviendo ya mal su Centro, sus ejes y su secuencia, mal por las dos razones ya mostradas, veremos que, inevitablemente, por su condición de mamíferos, está recibiendo de la madre, además de los sublimes alimentos y del maravilloso cobijo y protección, constantes interferencias que limitan y coartan su bienestar, su individualidad y su autonomía. Por ejemplo, el feto está en su eje amor-tristeza y está gestionando, apasionadamente, lo disponible, estando pues muy ocupado en la energía tristeza. Entonces viene de la madre una enorme descarga de amor. ¿Quién se lo podría reprochar? Ella no puede adivinar en qué estaba el feto, quien, al recibir una enorme descarga de la emoción contraria, corre el riesgo de caer en la fórmula letal y debe, para no morir, salirse rápidamente de esa emoción y pasar a la secuencial, la rabia, para sobrevivir. Así, de sobresalto en sobresalto, el feto va temiéndole a los ejes que representan, a la vez que la potencia mayor, el peligro mayor. Es como si tuviéramos el don de volar pero que, cuando lo haciéramos, nos bombardearan con un misil una de cada cinco veces. ¡Sería como para pensárselo! Pues no olvidemos que las emociones no son sólo sentimientos que el feto capta perfectamente, sino que son, también y sobre todo, energía que hace funcionar las estructuras. El miedo de la madre va a significar una enorme descarga de cortisona que el torrente sanguíneo le va a aportar a través desde el cordón umbilical y que él se va a tragar, la necesite o lo infle. Una gran descarga de tristeza significará una descarga de hormonas tiroidales y agitación, nerviosismo y metabolismo disparado que consume las pocas grasas que consigue almacenar. Una descarga de alegría le inyectará una sobredosis de insulina que lo podría matar si el organismo humano, como cualquier otro organismo vivo, no fuera milagrosamente perfecto y sólido. Y estamos hablando tan sólo de la relación de las emociones en el funcionamiento endocrino, que es, tan sólo, uno de los múltiples sistemas del cuerpo humano. La aparición de vello que cubre todo el cuerpo del feto a los cinco meses evidencia, no que somos originarios del mono y lo superamos, sino que estamos dominantemente supertristes, ya que comprobamos, en nuestras investigaciones hospitalarias, que el vello y el pelo están relacionados directamente con la tristeza auténtica. Y estamos supertristes porque hemos sufrido una pérdida que nos deja desconsolados: hemos perdido nuestra conexión constante con los ejes, nuestro funcionamiento natural en los tres ejes, en el cuarto mes de gestación.
Pero eso no es todo, ni es lo más dramático: por ser mamíferos, vamos a adquirir, en el útero de nuestra madre, una personalidad que es resultante del desequilibrio de nuestra estructura según parámetros de leyes inevitables que rigen nuestra naturaleza –las que descubre el MAT- y que, en situación de crisis, al no recibir ese espacio seguro pleno que necesitamos, nos va a movernos a funcionar de manera a recibir lo máximo posible en situaciones adversas.
Volvamos atrás en nuestra historia, al momento en que tenemos un cordón umbilical que nos comunica con nuestra madre biológica. Cada emoción de la madre va a poner a funcionar la estructura correspondiente de la gestante y producir hormonas, sangre, calcio, vitaminas, minerales, anticuerpos y todo lo previsible porque para eso están las emociones: para hacer funcionar las estructuras y permitirnos ser y vivir. Ahora bien, la gestante va a tener, durante la mayor parte de su embarazo, una emoción dominante, la que corresponda a sus circunstancias y a su situación: puede sentirse feliz de tener un bebé y esa alegría será su emoción dominante; puede estar triste porque su marido la abandonó, ella quedó en paro y su padre está muy enfermo y morirá durante su embarazo; puede sentir mayormente amor si ya tiene a un bebé al que ama, está enamorada de su esposo y espera con ternura a su segundo retoño; puede estar asustada si tiene un embarazo de alto riesgo y además estalló la guerra en Irak y enviaron a su esposo al frente. Vamos a tomar este último ejemplo para ejemplificar la gestación del bebé como historia vivida por él. Lo llamaremos nuestro bebé.
Nuestro bebé tiene un día de gestación. Ya tiene 46 cromosomas combinados, 23 de origen materno y 23 de origen paterno. Experimenta la metamorfosis, el surgimiento de su ser dentro del óvulo materno. Por supuesto él no siente ni lo de paterno ni lo de materno, pero sí siente. Siente más que si tuviera un cerebro completo, porque no hay razonamientos, ni deducciones, ni inducciones, sino pura sensación que lo impregna todo y que se fijará para siempre en su Vitalizador.
Es sacudido y transportado a trompicones por la trompa de Falopio y sufre varias divisiones celulares: del orgullo pasa al miedo de desaparecer y se aferra al sí mismo. Ya de óvulo fecundado pasa a convertirse en un cigoto. Se queda 2 a 4 días en la cavidad uterina y es nutrido. Siente amor. Es amor. Así se queda hasta convertirse en una masa de 100 células o más. Es una mórula. Pasa a ser tristeza porque pierde su identidad. Entonces reacciona y, rabiosamente, se hace su propio hueco segregando células propias, con gran vitalidad, que digieren y licuan células uterinas de la madre hasta hacerse su propio colchón mullido y ahuecado. Así se implanta él mismo en el útero materno. Entonces pasa al éxtasis de la alegría de la gloria y del esplendor y es “del” Centro. Poco después comienza a asumir su ser del Centro como única pertenencia y hace una cavidad, vacía como el Centro, mientras que él, al servicio del mismo, se retira a una de las paredes de la cavidad. Nuestro bebé ya es embrión y es pura felicidad, orden, armonía, metamorfosis, claridad, sí, pero además es inmortalidad, eternidad e infinitud. Lo es todo al servicio del Centro que lo está creando a él. Se hace en él una circulación entre sangre materna y sangre propia que no es diferenciada como sensación y que le aporta plenitud. Y sigue siendo, cada día más, en permanente metamorfosis extasiada. Vive y graba en su cuerpo (Vitalizador) el conocimiento de la Gloria y del Esplendor.
Desde su Centro se hace un cordón umbilical que lo une a la parte del óvulo maduro que se transformó en Su placenta. Allí comienzan las interferencias porque recibe productos raros y chocantes provenientes de las emociones de su madre, que no son las suyas propias, y que él debe tomar en cuenta, ¡y cómo! Porque lo desestabilizan. Y, muy en particular, las hormonas segregadas por el miedo dominante de la madre que tomamos como ejemplo: cortisona, adrenalina, y demás productos de la suprarrenal. Esto representa para él un riesgo de muerte: la cortisona lo infla, la adrenalina lo acelera, pasa de estar amorfo a hiperactivo y combativo. Además, ese miedo de la madre, añadido al suyo propio, inflan su Rector y, así, pierde la armonía de su estructura. Entonces su propia constitución humana, su propio orden natural, su patrón de ingeniería funcional lo obligan a buscar la mejor de las opciones para sobrevivir. ¿Pero cómo vive ese “choc”? Como un colapso, como una estafa, como una mentira intolerable que contradice el estado maravilloso y perfecto que poseía y creía poder conservar para siempre porque ese sí que era SU orden. Y eso se vive como un odio total e incondicional al Centro. Entonces le llega la hora de la verdad: o elige no aceptar nada más que el orden perdido y entonces desaparece porque él sigue funcionando en sus ejes y en su secuencia al servicio de Su Centro. Y hay un aborto “espontáneo”. O decide adaptarse y buscarse la vida sin ilusiones: ese Centro inmutable y maravilloso, existe y desaparece de manera intermitente, y él pasa, de la felicidad de ser, al trabajo de sobrevivir. Y entonces el feto sigue su formación y dará lugar a un bebé vivo. ¿Cómo lo logrará?
El feto tiene conciencia sólo de algunas cosas: de su Centro, en primerísimo lugar, de sus tres ejes, y de su secuencia emocional perfecta. Además, para seguir formándose y crecer necesita de esas tres cosas. Pero ya perdió la sensación de eternidad, de infinitud y de inmortalidad. La sensación de eternidad la perdió porque no sólo no está a solas con el Centro, sino que las emociones de la madre son a veces maravillosas, cuando lo acompañan en las suyas en los ejes y en la secuencia, y a veces asesinas y terribles, cuando lo desequilibran y lo obligan a “hacer cosas” para sobrevivir. Desde un comienzo, el ser de la madre es sentido como dual: es la nutricia buena que lo ayuda a ser, ya no tan feliz y autónomo como antes del cordón umbilical ( eso maravilloso ya se perdió para siempre mientras esté allí), que lo nutre, que evacua sus desechos, que le da calor y cobijo seguros; y es, también, el ser terrible que lo está matando, y, aún peor, que oculta su Centro y se pone en el Centro. Mamá es entonces el máximo terror.
Y ¿cómo es la sensación de sí mismo en ese trance? Pues pasar de lo divino al mismísimo infierno como sujeto pasivo y sin encontrar ninguna relación entre lo que sucede y lo que hizo él. Absurdamente, caprichosamente. Allí se cae la vivencia de Dios y se remplazan por visiones mágicas de poderes arquetipales que nos van a perseguir y confundir durante toda nuestra existencia.
Pero ¿cómo se defiende el feto para sobrevivir? Nuestro bebé recibe a diario los productos y consecuencias del miedo de la madre. Si el bebé está en una de las emociones de sus ejes o en una de la secuencia, está obligado a abandonar su precioso recorrido de crecimiento personal y a acudir a su propio miedo, que es la emoción “que lo llama”. Allí su instalación lo alerta sobre el gran peligro que corre si permanece allí, porque además de recibir las descargas peligrosas de la madre, recibiría las suyas propias de misma naturaleza y efecto y moriría. En nuestro ejemplo, si el feto se pone también en el miedo, produciría más hormonas de las suprarrenales, y su piel y su cerebelo se harían espesos y gigantesco, para mencionar tan sólo tres efectos del miedo. Y su Rector se cerraría a todo contacto con la madre, produciendo, por ejemplo, una oclusión o una hernia del cordón umbilical. Así que, está claro para él LO QUE NO debe hacer: no debe, bajo ningún pretexto, quedarse también en el miedo. Entonces, el feto se coloca en la emoción secuencial que sigue a la emoción dominante de la madre como única alternativa para sobrevivir: balancear la emoción dominante de la madre tirando de la emoción siguiente en la secuencia, durante todo el tiempo que dure la descarga desestabilizadora. Y decimos como única opción porque primero el feto intentó otra opción más potente y placentera: colocarse en la emoción opuesta en el eje de la de la madre, en nuestro caso, el orgullo: “Tú tiras de un lado y yo intento balancear colocándome en el otro lado del balancín”. Y debe desistir de ello porque experimenta los terribles y mortales efectos de la fórmula letal. En efecto, el miedo de la madre produce miedo a desaparecer en el niño, y no orgullo, porque éste es falso, y como el miedo restante es el de la madre y no el suyo, también es falso: falso miedo + falso orgullo = fórmula letal.
El deber, como obligación ineludible, colocarse en la emoción secuencial siguiente a la de la madre, en este caso en la tristeza, para sobrevivir, produce, en nuestro bebé varios y serios efectos que van a condicionar toda su existencia y su visión de sí mismo:
En primer lugar, nuestro niño experimenta un alivio inmediato de los padeceres que lo afligían: la tristeza, para dar algunos ejemplos de sus efectos, estimula la glándula tiroides, quema la grasa y reduce la hinchazón producida por la cortisona generada por la gestante, activa el metabolismo que la suprarrenal ralentiza, activa el sistema linfático que drena la retención excesiva de líquidos y de toxinas que el cortisol genera. El equilibrio orgánico se restablece. No así el emocional.
En el ámbito emocional hay un primer efecto: la sensación de impotencia y de muerte inevitable desaparece y abre paso a una sensación de orgullo y de autoconfianza: “yo sí que puedo evitar que me hagan desaparecer”. El feto encontró ,él solito, la mejor opción para seguir siendo. Pero es un orgullo triste porque tuvo que hacer algo que, en justicia no debería tener que hacer. Allí surge un sentimiento de abandono y de hostilidad para con la madre primero y, lo que es más grave, para con Dios, o con el orden de lo humano, si se prefiere, da igual cómo se llame. En Análisis Transaccional sería la posición existencial. Yo bien- Tú mal, tanto con la madre como con el orden natural.
Un segundo efecto, aún más grave, es que el niño, que necesita para ser y crecer funcionar en los ejes, no pudo reequilibrar de manera natural el desbalance producido en él empleando la ley natural de los ejes: no pudo reequilibrar el miedo instalándose tranquilamente en el orgullo. Eso, para más INRI, le produjo la fórmula letal, de efecto mortal si hubiera permanecido en ella. Entonces se desarrolla una inevitable visión simbiótica en el feto: él y la madre son dos, pero “HAY QUE” funcionar como si fueran uno sólo. En efecto, no sólo hay que trabajar arrastrando la emoción de la madre pujando en la secuencial que no parte de una necesidad personal ni genuina sino de una imposición de supervivencia, sino que, además, para seguir estando funcionando en los ejes, nuestro bebé va a tener que colocarse en la emoción contraria de la dominante a la madre, esa misma en la cual no pudo instalarse a causa de la fórmula letal, cuando pase la presión y le toque recorrerla en sus propios ejes o en la secuencia, en nuestro caso, el orgullo.
En efecto, como ya tiene la tristeza como dominante de su propia estructura de funcionamiento, el feto no va a poder colocarse en el amor porque el equilibrio se rompería a causa de la inflación de la tristeza que requeriría de una sobre carga de amor “inflado” que comprometería su propio equilibrio emocional, pero también físico (además de hipertiroidismo tendría demasiados productos de la glándula hipófisis), y, no sólo eso, sino que así su primer eje amor-tristeza se desarrollaría más que los demás y perdería toda la armonía de su estructura natural. Además y sobre todo, esas dos emociones, amor-tristeza, serían falsas y ocasionarían la mortal fórmula letal.
Entonces el feto encuentra una segunda solución de supervivencia genial: se habituará a fortalecer la emoción opuesta de la dominante de la madre y eso con dos fines: reequilibrar su segundo eje miedo- orgullo, para compensar los desaguisados producidos por el miedo de la madre, y, también y sobre todo, PARA NO SER COMO ELLA. Es decir, para conservar la ley perfecta que se percibe desde el Centro y que se instrumenta en los ejes.
En efecto, esa simbiosis a la cual la madre lo obliga a someterse para no morir no es BUENA , no está en la ley del Centro. La Ley del Centro propicia la autenticidad y la autonomía, no la simbiosis. Y el feto, así, no la tendrá como elección existencial para sí mismo.
Pero ocurre, a causa de esa simple emoción dominante de la madre, algo aún más grave y terrible que todo lo que hemos relatado hasta ahora: ocurre algo muy grave en el ámbito espiritual en el feto. Veamos:
Cuando el feto está en su propia emoción obligada, la que sigue en la secuencia a la emoción dominante de su madre, está obligado a quedarse todo el tiempo en que dure la emoción dominante de la gestante. Si la secuencia perfecta es un 100% en cada emoción, lo que nos da un 600% en total al final de la secuencia, el promedio en que estará el feto en la emoción obligada para no sufrir daños irreversibles será de un 140%. Cuando el feto ve liberada la presión de la emoción dominante de la madre pasa a la emoción secuencial que sigue a la “obligada” y siente una auténtica liberación. ¡Por fin va a su aire! Y recomienza su secuencia. En el caso de nuestro niño, pasa de la tristeza obligada a la rabia liberadora y se siente tan ligero, liberado y realizado que va a dar un significado especial a la emoción libertadora, un significado de autorrealización, de culminación, de libertad, de orden, de justicia, de autonomía. Porque va a vivir esa emoción como si se abriera la puerta de su prisión, y al fin se verá libre y feliz. Pero le quedará tan sólo un 60% de energía para esa emoción si no quiere hipotecar las demás emociones. Así que, lo corto, dos veces bueno, y el feto tendrá una especie de fijación por esa emoción que tanto significa para él y en la cual jamás puede recrearse a gusto, al menos no en las veces en que accede a ella como resultado de la liberación de la presión de la madre. Por lo tanto, a veces, cuando el feto está en su secuencia emocional o en sus ejes y va a su aire, sin ninguna presión ni frustración, va a saborear esa emoción y verla como algo suyo, como algo normal. Y, cuando esa emoción adquiera un valor añadido, porque accede a ella como resultado de la liberación de la presión, le vuelve a dar ese significado especial de felicidad que se persigue y que jamás se alcanza por completo: a veces sí, a veces casi, a medias. El feto, que no tiene ni un cerebro maduro, ni datos objetivos, no va a razonar sino a tener experiencias que, por inexplicables, no dejan de ser aún más vívidas y determinantes: sensaciones corporales y emocionales conmocionadoras y repetidas. Y, en vez de deducir que le están ocurriendo cosas, sentirá que sus cosas son así. Como una fatalidad.
Por otro lado, la experiencia del feto con su Centro, ya lo vimos, está muy interferida y mediatizada. Al mero comienzo, antes de tener un cordón umbilical, es esplendorosa y completa. Hay un Centro que es éxtasis completo y él es de ese Centro maravilloso y perfecto que se lo da todo y en el cual es todo. El embrión no se confunde con el Centro sino que recibe de él y se comunica con él.
Luego el Centro es ocupado por un cordón que lo une a otro ser. Otro ser del cual recibe cosas maravillosas, y entonces el feto se socializa y se une a su madre y hace equipo triunfador con ella. Todo va bien y el feto siente su propio Centro cuando va a su aire, y siente el Centro de su madre “buena” que lo entrega todo por él. La vida es como debe ser: maravillosa.
Pero cuando la madre tiene emociones falsas, desviadas, desconectadas e infladas, el feto sufre agresiones que lo dañan en todos los aspectos: físico, emocional, anímico, espiritual, mental, y establece conexiones que, si bien son abusivas y falsas, no dejan de ser necesarias para que todo encaje, es decir que su Transformador, cuando no encuentra la posibilidad de establecer conexiones sanas, las distorsionará para encontrarle sentido a lo que le está ocurriendo. No se dice: mi madre está desarmónica y eso va a durar un tiempo y luego yo seré yo y decidiré sobre mi vida. Claro que no puede decirse eso por que él no sabe nada de nada. Lo que sí hace, y no tiene otra salida, es decir que El Centro lo ama y lo protege y luego lo amenaza y lo agrede sin que haya hecho nada para ello. Entonces se resignará a ese Dios caprichoso y veleidoso con quien el no tendrá más remedio que congraciarse, y a quien a veces ama y que a veces odia. Y, lo peor del caso, es que, obligado a funcionar con una emoción dominante obligada, una emoción fuerte compensatoria y una emoción unificadora pero veleidosa, el feto, a imagen y semejanza de su madre, va a tener una ingeniería de funcionamiento desestabilizada e inevitable. Esa ingeniería emocional de su estructura va a condicionar su funcionamiento neuroendocrino, y tendrá tendencias fijas a usar algunas estructuras más que otras, hasta confundir ese disfuncionamiento con su propio ser. Además, será verdad que nuestro niño tendrá un Sintetizador demasiado exagerado, con las consecuencias biológicas que ello implica. Por ejemplo, y de lo poco que hemos investigado, demasiada tiroides, demasiado vello y cabello, una forma de rostro rectangular arriba y redondeada en la barbilla, tendencia a la miopía, y, si la madre está en la fórmula letal miedo-orgullo, tendencia al síndrome de Down. Poca grasa y nerviosismo: y, por la rabia poco energetizada, poca vitalidad, poco control emocional, poco control sensorial, y, por el orgullo fortalecido, gran capacidad creadora y transformadora, huesos fuertes y gruesos, cerebro hiper desarrollado en su hemisferio izquierdo (tristeza) y posterior derecho (orgullo). Cuando nazca tendrá una tipología de personalidad con tres emociones anómalas: la tristeza, el orgullo y la rabia, y tres emociones normales, el miedo, al amor y la alegría. Y esas emociones no serán sino el reflejo de su estructura con tres estructuras dominantes: el Sintetizador inflado, el Transformador crispado y el Vitalizador sacralizado (es decir, al que se la da un significado “mágico” especial) que lo aleja del Centro y ocupa su lugar.
O sea, que por las razones antedichas, sobre las cuales no queremos extendernos en esta obra, el feto nace, no a imagen y semejanza del Creador sino a imagen complementaria de su madre. No tendrá seis estructuras armonizadas porque perfectas en proporción, cantidad y calidad, sino que será una criatura con tres estructuras con “valores añadidos” y tres normales. Tendrá una PERSONALIDAD. Y esa personalidad, es decir, esa máscara que oculta su ser, será innata, biológica, y científicamente analizable y detectable por todas las pruebas clínicas posibles, empezando por un simple electrocardiograma que arroja, en el ejemplo de nuestro bebé, un eje de corazón recto en vez de inclinado hacia la izquierda. También hemos hecho pruebas incipientes de huellas dactilares que están “en una misma familia”, y, desde luego, estamos esperando ansiosamente comenzar nuestras investigaciones genéticas para demostrar nuestra amplia investigación clínica sobre tipologías de personalidad y propensión a ciertos tipos de enfermedades.
Lo que sí podemos afirmar categóricamente, es que sobre 120.000 casos analizados, TODOS pertenecían a una de las seis familias tipológicas, y que cada tipología tenía su patrón de ingeniería emocional que compartía con todos los demás integrantes de su familia tipológica.
Pero lo que confirma lo asombroso de estos descubrimientos y la férrea y universal ley del Centro, de los ejes y de la secuencia innata es la historia fetal de dos de las seis tipologías de personalidad. En efecto, de las seis tipologías posibles, cuatro siguen el mismo patrón de formación que nuestro niño: los bebés fruto del miedo, de la rabia, del orgullo y de la alegría. Absolutamente TODOS siguen, férreamente el mismo patrón. Es decir todos los bebés surgidos de la emoción dominante xxxx de la madre tienen, si esta emoción es:
-Miedo: la tristeza dominante, el orgullo fuerte y la rabia idolatrizada, “espiritualizada”. Los llamamos Constructores.
-Rabia: el orgullo dominante, la alegría fuerte y el amor “espiritualizado”. Son los Legisladores.
-Orgullo: el amor dominante, el miedo fuerte y la alegría “espiritualizada”. Son los Reactivadores.
-Alegría: el miedo dominante, la rabia fuerte y la tristeza “espiritualizada”. Son los Fortificadores.
Pero los niños surgidos del eje tristeza-amor no pueden seguir esa misma ley, y lo tienen más complicado. Por LEY de los ejes. En efecto, ya lo hemos señalado en el capítulo anterior, el eje tristeza-amor o amor-tristeza, da igual, es el mismo, es el primer y necesario eje que sustenta los dos restantes. Es la viga de las vigas. Sin ese eje, no se crean los dos otros, y, lo que es peor, la persona deja de ser humana y se convierte en desalmada. El eje amor-tristeza, si bien está jerárquicamente supeditado al segundo (orgullo-miedo) y éste al tercero y más alto (alegría-rabia), es el que posibilita lo mínimo necesario para ser humano: ser almado. Lo que significa no estar desalmado. Sufrir por las perdidas y las muertes y amar lo auténtico y valioso es lo menos que se puede pedir a un humano. O a un animal. O a un vegetal. O a un mineral.
Para demostrarlo hemos constatado que todos los bebés nacidos del desajuste de ese eje debieron enfrentar el enorme riesgo de caer en la fórmula letal hasta conseguir tener ellos mismos, como emoción fuerte, la misma emoción débil (dominante) de la madre. Para demostrar que NO SE PUEDE JUGAR CON EL PRIMER EJE, mostraremos que absolutamente todos los bebés cuyas madres tuvieron como emoción dominante:
-La tristeza: tienen dominante la rabia, fuerte la tristeza y “espiritualizada” el orgullo. Son los Reveladores.
-El amor: Tienen dominante la alegría, fuerte el amor y “espiritualizado” el miedo. Son los Promotores.
Esos dos bebés han seguido el mismo patrón universal en lo que atañe a la inevitabilidad de compensar la emoción dominante de la madre con la emoción secuencial siguiente. También han seguido la misma inevitable “espiritualización” mágica de la que sigue secuencialmente a la dominante obligada propia. Pero cuando se trató de forjar la propia emoción “fuerte”, como contrapunto de la obligada dominante propia, esos fetos no pudieron ir a la emoción opuesta de la dominante de la madre sino volver a la misma emoción dominante de la madre, una vez aflojada la presión, hasta convertirla en su propia emoción fuerte. Toda una lección de heroísmo. Y una demostración de la férrea ley de los ejes. Con lo cual, la elección de eso fetos no ha sido: “No quiero ser como tú”, sino “Te voy a enseñar a ser mejor al no tener la misma debilidad que tú aún en las peores circunstancias”. Puestos en la disyuntiva de no tener el primer eje fortalecido, esos fetos lo han tenido que pasar peor y más dificultosamente que los cuatro restantes. Luego, en vida, también lo van a tener más difícil en el proceso de hiperconexión, es decir, de recuperación de la secuencia emocional innata.
Esta es, en muy resumidas cuentas, la historia de un bebé deseado, querido y normal.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 21: EL ACCESO AL ESPLENDOR: VIVENCIA DE LOS EJES AL SERVICIO DEL CENTRO

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

El esplendor se alcanza por la vivencia de los tres ejes al servicio del Centro. Entonces la conexión de cada sentido con su emoción correspondiente adquiere una dimensión trascendente que nos lleva a experienciar accesos a visiones, sonidos, olores, sabores, contactos y orgasmos que parecen fuera de este mundo porque jamás han podido ser recreados por ningún genio conocido. Son experiencias que proceden de lo más profundo de nuestro Orientador porque están ancladas en nuestra memoria prenatal cuando aún no éramos ni siquiera un feto sino un embrión. Cuando éramos absolutamente perfectos porque intactos. Hablamos de un embrión de un mes de vida, como final del esplendor.

Los Ejes MAT - Preciada Azancot

Los Ejes MAT – Preciada Azancot

Ya explicamos, en el capítulo anterior, el orden, el mecanismo y las leyes de nuestros tres ejes. Aquí solo evocaremos, brevemente, la vivencia de esos ejes al absoluto y total servicio del Centro, que es lo que llamamos ESPLENDOR.
Comienza por el primer eje, el de lo disponible: amor-Protector-vista / tristeza-Sintetizador-oído. En aquél momento todo está disponible porque no ha habido aún ninguna pérdida que sufrir ni que superar. Es el eje de la inmortalidad. Es el éxtasis de la abundancia indefinida. Somos amor y todo amor. Somos unión con la totalidad perfecta que nos ama sin reservas y de manera definitiva. Somos visión en blanco y negro de la trascendencia blanca inmemorial e inmortal y de la dilución negra, suave y definitiva de todo mal, esté donde esté. Esa sensación queda grabada para siempre en nosotros y prefigura la certeza de algo infinitamente superior a cualquier descripción del Edén que hayan podido describir profeta o místico alguno. ¡Si tan sólo pudiéramos pintar un trocito, un pequeño fragmento de la visión de un sólo pliegue de un tejido, todo en blanco y negro, que contienen y diluyen a la vez todos los colores imaginables y no imaginables! Pero los medios que tenemos no nos permiten ni siquiera aproximar, burdamente, el esbozo de un esbozo. Esta visión la tenemos grabada en nuestra retina con la nitidez de un microscopio y, sin embargo, nos es imposible describirla. Aunque nada tiene que ver con ella, lo más lejano que nos podría remitir a ella sería el blanco y el negro de ciertos cuadros del final de la vida del genial Manet. Pero comparar esa visión con esos cuadros maravillosos sería una total profanación.

En cuanto a la omnisciencia y la claridad, además de total y definitiva, además de abarcadora de todo lo que somos y seremos para siempre como absoluto y morando en el absoluto, tiene sonido y canto. Un sonido de línea continua en el cual la tristeza es un imposible metafísico, y un canto de voces femeninas y masculinas de soplo infinito, dulce, potente, y sobrecogedor. En la vida real, lo más alejadamente profanador que sin embargo lo sugiere es la obertura de “Tristán e Isolda” de Wagner.
El segundo eje, el de lo existente: orgullo-Transformador-gusto / miedo-Rector–tacto es el eje de la Eternidad. Lo que se vivencia allí es aún mucho más difícil de sugerir. ¿Cómo se puede describir el estar absolutamente quieto y, a la vez, absolutamente en metamorfosis, tanto hacia adentro como hacia afuera? ¿Y cómo describir lo que se toca y cómo eso nos toca, nos arropa, en un manto de algo que es la esencia, imposible de contar, del amor? Sólo decir que, por un sólo contacto así, nadie dudaría ni por un momento en entregar toda su vida y caer en la nada. Pero es que ese contacto es desde siempre y para siempre, y nos lo transmite así. Beatitud despierta podría ser la manera más estúpida de sugerirlo.

Y ¿cómo explicar que lo primero que se prueba es un néctar que contiene todos los sabores más imposibles de lograr? No hay, ni remotamente, ningún sabor en nuestro conocimiento que, aún en lo diametralmente opuesto o profanador, lo sugiera. Lo más cercano sería la primera vez que probamos la leche materna.
Y ¿qué decir del tercer eje, el de la alegría-Orientador-sexo rabia-Vitalizador-olfato? Que es el eje de la infinitud. Tras ser inmortal y tras existir esencialmente, accedemos a la plenitud. ¿Cómo se vive? Pues es cada vez más difícil de transmitir: para empezar, tomamos conciencia plena de ser inmortales y existentes en la eternidad. Cuando la conciencia es plena, se accede naturalmente a la finalidad de esa inmortalidad y de esa plenitud, y lo primero que se capta son las infinitas dimensiones que existen en el infinito y, a la vez, lo maravilloso que es tener una sola de esas dimensiones, y del esplendor de tener, hoy, aquí y ahora, seis. Y esas seis SON la promesa de todas las posibles, porque todas están relacionadas con todas, y cada una es la base de otra nueva, y la primera está en ese vacío que es la anti-nada que encierra el TODO germinándose.

La palabra clave aquí es el Y. La absoluta CERTEZA de que todas esas dimensiones están guardadas para ti, y en germen en ti, hace acceder a un placer de fisión de paz y orgasmo absolutamente imposible de describir. Es lo contrario del arrebato místico. Lo más próximo y, al tiempo diferente y alejado que podríamos sugerir en lo conocible por algunos humanos es el orgasmo cósmico, cuya teoría y práctica descubrió Leopoldo Azancot, el gran novelista, que nos impartió un seminario gracias al cual pudimos conocer el orgasmo cósmico: un orgasmo de paz y, a la vez, que nos rompe y fracciona en infinitas dimensiones todas entrelazadas que comienza suavemente en el sexo y se prolonga como olas en cada parte del cuerpo durante veinte minutos, después del coito. Pero lo que se experimenta allí no tiene nada que ver por alejado y diferente. Esa fisión, que no fusión, de cuerpo y espíritu como UNO es lo que más aproximadamente podríamos sugerir en cuanto a experiencia sensorial se refiere. En cuanto al olfato la experiencia es increíble pues a la vez que se percibe el propio olor como un maravilloso perfume de nuestra propia esencia, por ejemplo, en nuestro caso un tipo de sándalo que no existe, algo como el espíritu del sándalo, se percibe el aroma de la esencia de la vida y de la verdad. ¡Eso maravilloso huele, sí, tiene olor! ¿Con qué podríamos compararlo aunque sea para sugerirlo, aún con plena conciencia de blasfemar? Pues debería ser una mezcla de tierra después de una fuerte lluvia, con el mar en alta mar, y una nota de los bosques maravillosos de Olimpia, en Grecia.

En el ámbito emocional, la experiencia del Esplendor es más accesible aunque también prácticamente imposible de transmitir. En el primer eje, el de la inmortalidad, estar en la tristeza pura y en el amor puro como una pareja indisociable se presenta como una hiper lucidez de inteligencia clara y azul celeste que entiende todo y dispone de todo para entender cualquier cosa que se presente. Es, a la vez, compasión profundísima por todo lo vivo que se pierde, en todo tiempo y lugar, y dominio absoluto para evitar que se pierda nada, y, a la vez, la certeza de que nada se pierde y todo regresa y ocupa su tiempo y su lugar. Es lo que la meditación budista persigue, pero no obtiene, porque persigue la dilución en el Nirvana y la no reencarnación. Allí se descubre que cada vida se hace en espacios diferentes y que sobran espacios para cada uno de nosotros, y que tenemos todo y siempre más de lo que podemos poseer. Y que no poseemos nada, porque somos todo y para siempre. Eso en lo que se refiere a la tristeza, la que trae el consuelo y se anticipa a él.

Con ese para siempre accedemos al amor puro, desde siempre y para siempre, el que es más que alma y supera el alma. Accedemos al amor que es causa y no consecuencia de la inmortalidad. De ese amor que está fuera de nosotros para que lo amemos a él, y dentro de nosotros, para entregarnos a él. A ese segundo amor se le llama alma. Lo que descubrimos y sentimos en el amor puro es otra dimensión, que no tenemos los humanos, y que es la fuente del alma y de la permanencia, es decir, de la inmortalidad. Claro, escribir sobre emociones, por más que se quiera, no nos las hacen sentirlas ni vivirlas. Deberemos recurrir a un símil, a una imagen: sería la de un águila que se une con su gran amor, una ballena, así bajo los mares como en los cielos. Y ese amor les hace acceder a la inmortalidad.
En el eje de la Eternidad, miedo- orgullo, vivimos simultáneamente en el miedo puro y en el orgullo puro con la naturalidad de tener dos brazos y dos piernas que forman equipos. El equipo miedo –orgullo nos hace eternos porque “lo que no es” nunca lo será y “lo que sí es” siempre lo será. Sentimos, en el miedo auténtico, nuestra morada, de ese mismo color morado, que nos ampara contra el mal, tanto hacia adentro como desde afuera, y sentimos la valentía pura que ni siquiera se digna a medirse contra el mal porque al diagnosticarlo y reconocerlo lo diluye. Entonces caen las corazas de defensa y de protección porque no son necesarias y son sólo lastres. Accedemos al NO SER malo, peligroso, tóxico porque estamos colocados en nuestro verdadero lugar, nosotros mismos y jamás de los jamases permitiremos que nadie nos invite a penetrar dentro de otro ser, ni le dejaremos penetrar en el nuestro. Entonces reconocemos el peligro y la vacuidad de todas esas teorías que presentan la otra vida como el recibir a Dios en sí o, aún peor, cometer el sacrilegio de diluirnos en él. Eso que tanto excita a algunos locos temerarios e invasores nos produce risa y luego repeluzno. Lo horrible y espantoso es tener a alguien o algo ajeno adentro y lo criminal es pretender meternos o meter a algo en otro. Esto es la causa y raíz de toda idolatría y de todo terror, lo cual es un sinónimo. Pero todo eso es lo que no se siente en el miedo puro del esplendor, porque no se puede tener miedo a lo que no existe. Y nada peligroso existe cuando se está en el miedo puro. Nada, porque lo que no es, nunca será, y no puede producir miedo. Esa sensación es armonía que prefigura el acceso a la eternidad. Es nuestra dimensión femenina. La que es útero permanente y protector contra el mal. Entonces accedemos a SENTIR la mitad de la eternidad, la del no ser lo que jamás seremos, simples mortales que pasan y se pasan la vida temiendo a la muerte, porque la muerte no es, ni será posible jamás. Por el simple hecho de haber sido la unión de un esperma con su óvulo nunca seremos el NO SER, y seremos inmortales cada vez que estemos en el miedo puro.
Y gracias a ese miedo puro podremos, no sólo SENTIR, y -entonces queda claro que todo sentir se la debemos al miedo-, sino VIVIR la eternidad del orgullo puro. Por supuesto, pero eso ya entra en la anécdota, sentimos y vivimos la metamorfosis perpetua y permanente que nos hace SER creciendo y transformándonos. Pero eso es lo que un beso a un orgasmo. Lo que vivimos entonces es que somos todo el ser y todos los seres por el simple hecho de permanecer en nuestro lugar fijo, que nos abre toda la gama y todas las dimensiones del universo siéndolas y contemplándolas ser. Es la esencia del movimiento perpetuo, que no necesita crispaciones ni “relojeros universales” para surgir de sí mismo para los tiempos de los tiempos y los lugares de lugares.
Y, como en el caso anterior, tendremos que recurrir a una imagen para hacernos entender en lo que al sentir se refiere: un árbol que siempre estuvo y siempre estará con sus propias raíces que atraviesan la tierra y escalan los cielos por las dos puntas sin dejar de ser eso y sólo eso, un árbol. Es el baobab que tanto asustaba al Principito. Y ese árbol, era él.

En el eje de la Infinitud rabia- alegría, vivimos el binomio rabia pura- alegría pura. En la rabia pura, y como primera y más pobre imagen, somos sangre escarlata, fluyente y oxigenada, que se renueva y circula llevando vida y fuerza a todo nuestro cuerpo. Somos sangre que se despierta ante sí misma y se lanza en una fraternidad universal con todos los que la lleven y bajo la forma en que la lleven, ya sea como savia o como principio de materialización de una roca o como gotas de lluvia que caen del cielo. Y porque fluye y se renueva, nos permite plantarnos y materializarnos. Y desmaterializarnos para vivir y estar en toda la creación a la vez. Eso nos permite no sólo estar en todos los lugares a la vez, a través de tener todos los cómos posibles dentro de nosotros mismos, sino además y sobre todo, dar paso y cabida sin inmutarnos a todas las materializaciones y desmaterializaciones que se nos presenten afuera. Todo tiene forma y nada la tiene. Porque crecemos y cambiamos tanto que ninguna forma podrá ser la última. Y, por ello, la rabia pura nunca puede ser atacada ni, por supuesto, tener razón alguna de oponerse a nada. Surge, como segunda imagen, la esencia del baile. Todo baila y se materializa y se desmaterializa para materializarse más y mejor.

En la alegría pura, entendemos simultáneamente dos cosas: la potencia de la inocencia y la imposibilidad de perderse. Y las sentimos con una potencia sobrecogedora. Como una revelación. Somos inocentes cuando estamos en la alegría pura y siempre lo seremos. Todas las falsas acusaciones resbalan y se desprenden de nosotros, nos las hayamos tragado o no. Somos inocentes y jamás haremos nada censurable ni que nos avergüence de nosotros. Toda mentira cae, y nace la risa. Y la imposibilidad de perderse cuando se está en la certeza de encontrar y se sigue al gran guía interior que es nuestro espíritu. Y entonces se osa precederlo y guiarlo a la vez. De aquí nace la dialéctica. No al modo mecanicista y tonto y extraviado en que la conocemos hasta ahora y que lleva al nihilismo. Ni siquiera al modo del Yin y del Yang. No, la dialéctica de la verdad nace de la inocencia y culmina en la certeza. Uno es un encontrador de verdades. Y la verdad nace siempre de otra verdad, jamás de una mentira. Y de verdad en verdad, se llega hasta el infinito, quitando velos a los secretos mejor guardados y a los misterios más recónditos, porque el secreto y el misterio no existen en la inocencia ni en la certeza que encuentra verdades. El misterio es sólo una verdad que aún no se encontró porque no nos colocamos ni en la rabia pura ni en la alegría pura. Entonces sentimos, con intenso gozo, que llevamos el infinito adentro y que podemos acceder a curiosear con inocencia todo el camino que nos queda por recorrer, y aprender cómo seremos mañana, y dentro de cien mil años, porque eso, está en nuestra alegría conseguirlo.

Y entonces descubrimos que, por tener esos tres ejes que crecen y seguirán creciendo, ya somos inmortales, eternos e infinitos y que eso lo tenemos ya en esta vida y es cuestión de acceder espiritualmente a ello, conquistar lo que es nuestro aquí y ahora. CON LO CUAL YA TENEMOS EN POTENCIA, COMO EL EMBRIÓN TIENE YA AL BEBÉ ADENTRO, TRECE DIMENSIONES. Sí, en nuestra vida como seres humanos, seres de seis dimensiones al servicio del Centro, ya tenemos en germen las trece dimensiones que nos permitirán, en algún momento y lugar, ser inmortales, eternos e infinitos. Eso, un embrión de menos de un mes ya lo sabe y lo siente. Veremos más adelante las razones por las cuales lo olvidamos.

Como en los casos anteriores, recurriremos a una imagen para ilustrar el eje rabia-alegría: esta vez es un chiste. Un niño tenía muy inquietos y angustiados a sus padres porque a los tres años aún no pronunciaba una sola palabra. Los padres lo llevaron a todos los especialistas que no encontraron fallo orgánico ni psicológico alguno. Así pasaron dos años más y el niño alcanzó los cinco años sin decir una sola palabra. Una noche estaba cenando con sus padres y la madre le sirvió sopa. El niño se llevó la primera cuchara a la boca y pronunció: “¡ a esta sopa le falta sal!”. Los padres, conmocionados, festejaron su discurso y le preguntaron por qué no había dicho nada hasta entonces. El niño respondió:”Es que nunca había tenido queja hasta hoy”. Fin de la historia. El niño vivía en el eje de la infinitud.
El esplendor, tras las sensaciones y emociones, se vive en los tres binomios estructurales al servicio del Centro.

En el Sintetizador- Protector es el encuentro de dos estructuras HUMANAS es decir, con TRANSFORMADOR, y el Transformador nos permite crear sonidos y palabras: un lenguaje y, también, la estructura y la música que convierte la palabra en discurso. Cuando pronunciamos una palabra, por ejemplo, “aire”, la creamos desde nuestro Transformador, pero la decimos desde SU estructura de destino, el Rector. Si decimos “te quiero”, lo decimos desde nuestro Protector. Eso es la elección de la palabra. Cada palabra que elegimos proviene de una de nuestras seis estructuras y dice mucho de nosotros. Dice qué tan bien funcionamos estructuralmente y qué estructuras tenemos más energetizadas y cuales menos. Hay una ciencia, la PNL (programación neurolinguística), que se ocupa exclusivamente del lenguaje para hacernos crecer. No viene a cuento aquí hacer un glosario MAT de las palabras claves de cada estructura, es decir un glosario lingüístico, ni decir cómo es la terapia MAT en lo que a lenguaje se refiere. Pero la tenemos. Eso en cuanto a elección de la palabra se refiere. Pero queda aún lo más importante: LA ESTRUCTURA DEL DISCURSO, que no solamente incluye palabras sino organización del discurso por fases y por frases que deben tener, como en urbanismo y en arquitectura, su estructura ideal o conveniente. Para ello, disponemos de techos, líneas, pilares, suelos, vigas, etc., es decir, de los signos de puntuación ortográficos. Ellos introducen y simbolizan LA ESTRUCTURA.

El símbolo del Sintetizador es el paréntesis (()) y el símbolo del Protector es el punto y coma (;). Es el encuentro y complementariedad indisociable, en el primer eje, del paréntesis y del punto y coma. El paréntesis se abre para dar más información sin tener que detener el ritmo del discurso. Es decir, como aporte de la inteligencia pura que analiza constantemente sin tener que detener pesadamente el discurso, aportando más datos y más matices, es decir, mayor sensibilidad. Ese simple signo cumple todas las funciones del Sintetizador. En efecto, cuando un Sintetizador trabaja a plenitud selecciona, desarrolla, archiva, clasifica, actualiza, percibe lo muerto y lo evidencia, memoriza, piensa, negocia, detecta aciertos y errores y los muestra, relaciona, calcula, percibe pérdidas e incrementos, procesa, conecta, comunica, para encontrar opciones y soluciones. El Sintetizador selecciona los datos más relevantes para su discurso e introduce entre paréntesis precisiones que enriquecen la información. Por ello, las personas que tienen un Sintetizador invasor y monstruoso introducen repetidos e interminables paréntesis que hacen perder el hilo de lo esencial y machacan el discurso. Esa patología evidencia falsa tristeza en vez de orgullo auténtico, y configura la personalidad del “pesado”, del cual todos huyen.

El paréntesis evidencia dos cosas más: conocimiento completo y claridad entre lo que se debe incluir para informar matizando con sensibilidad, eso es conocimiento completo, y lo que no se debe mezclar en el discurso aunque sea muy relevante para no hacerlo confuso, y requiere absolutamente del paréntesis, eso es claridad.
Un ejemplo de genio literario que usa mucho el paréntesis y cuya obra completa es como un paréntesis inmenso es Proust.

El Protector tiene su símbolo: el punto y coma (;). Es el símbolo estructural y musical que mejor representa el cuándo de las cosas: cuando irrumpe algo muy valioso y esperado que se debe recibir marcando un hito y unir sin separar dos mitades de un mismo todo. Allí llega la necesidad del punto y coma. Marca un momento importante que hay que destacar y que une dos mitades de una oración. Todas las funciones del Protector están así simbolizadas por el punto y coma: evaluar, establecer confluencias entre entidades asociables, unir sin mezclar, alentar y motivar dejando un tiempo de respuesta para el otro, es decir, sin invadir, ayudar a asociar, aceptar ser parte de algo conservando su ser propio, cumplir separando responsabilidades pero uniéndolas en un solo todo, proteger de la distancia a dos cosas complementarias, entregarse sin perderse. Para todo ello, ¿ qué haríamos si el punto y coma? Las personas que viven mal el punto y coma separan lo que no hay que separar al ponerlo en vez de la coma y unen lo que no se puede unir y lo introducen en vez del punto. Eso configura una personalidad invasora y manipuladora, narcisista, que confunde al otro para llevarlo, manipulado e hipnotizado, a su terreno. Es el depredador que nos quiere vender neveras si somos esquimales, y del cual todos desconfían.
Como genio de la literatura que usa muchísimos puntos y comas tenemos a Chateaubriand. Además, el idioma francés es el que más usa el punto y coma entre los que conocemos porque su camino de trascendencia se hace a través del Protector.
La complementariedad indisociable entre el paréntesis y el punto y coma es evidente: son extremos opuestos y que se potencian mutuamente. El primero destaca uniendo y el segundo une, respetando, separando las dos individualidades sin mezclarlas. Es la Divina Comedia de Dante.

El segundo eje Rector-Transformador es el encuentro y complementariedad entre el punto (.) y los dos puntos (:). El Rector introduce el punto y el Transformador introduce los dos puntos. Cada cual es la estructura y la música del suyo.
Las funciones del Rector serían imposibles sin el punto. En efecto, el Rector tiene como habilidades funcionales las de diagnosticar rotundamente y sin rebabas, establecer límites entre dos cosas que no deben mezclarse, legislar sin dudar ni dejar interrogantes sueltos e indefinidos, defender disuadiendo al adversario, localizar lo que “no es” y apartarlo y lo que “sí es” para pasárselo al Transformador a fin de que haga su trabajo de creación y de crecimiento, separar lo que debe existir armónicamente y por sí mismo. Eso todo ES SEGURIDAD y garantiza la ARMONÍA del equilibrio perfecto de la diferenciación y coexistencia de cada estructura ocupando su superficie exacta sin invadir a ninguna ni dejarse invadir por ninguna. Es el ser integrado que dibujamos en la página 122. El punto muestra y edifica el final de algo, sus límites exactos. Final de una frase. Comienzo de otra por el Transformador. Final de aquélla y punto. Y, cuando hay que separar aún más nítidamente, es el punto y aparte. Final de una idea: punto y aparte. Las personas que abusan del punto y rompen el discurso, fragmentándolo de manera excesiva, tienen un problema de rigidez, son tajantes y prepotentes, son autoritarios, evidencian una patología de orgullo falso introducida en el Rector: “ esto es así porque lo digo yo y punto”. Los que no usan el punto cuando convendría dejar respirar la obra o al lector, lo obligan a releer dos o tres veces el texto para enterarse de lo que el confuso quiso expresar. Son personalidades que introducen, al contrario de las anteriores, miedo falso en el Transformador y como están confusos e inseguros, pasan su confusión al sufrido lector u oyente.
Un genio literario que hace un uso muy afortunado del punto es Ernest Hemingway.

El Transformador tiene su estructura ortográfica y su música peculiar: los dos puntos (:). En efecto, cuando necesitamos hacer irrumpir una afirmación, un descubrimiento, una revelación, no existe ningún otro signo mejor que los dos puntos. Cuando releemos este libro, cuya función es la de revelar una nueva ciencia, el MAT, encontramos una impresionante cantidad de dos puntos. Las funciones del Transformador son imposibles de comunicar y de plasmar en un discurso sin los dos puntos. Como el Transformador es la única estructura exclusivamente humana y la más difícil de manejar, existen muchos fallos en el manejo de los dos puntos. O se colocan cuando no viene al caso y no se desvela ni se revela nada nuevo, y se abren puertas abiertas, haciendo el ridículo y conformando una personalidad de perogrullo, o los dejan de colocar cuando es necesario “soltar” la revelación sin torturantes esperas y circunvoluciones e imponen un pesado tiempo de espera para, por lo general, soltar al agotado lector u oyente, una banalidad. En el primer caso, tendremos una patología de falsa alegría en vez de orgullo alimentando el Transformador. En el segundo, tendremos una patología de miedo en vez de orgullo en el Transformador.
Las funciones del Transformador son, recordémoslo, las de transformar, consagrar, crear, pronunciar y pronunciarse, imaginar, evolucionar, representar, decidir, crecer, acceder, declarar, probar, descubrir, afirmar, reconocer lo válido, elegir, determinar. No es posible descubrir, ni plasmar un descubrimiento, ni, menos aún, revelarlo con HUMILDAD ROTUNDA, sin recurrir a los dos puntos, a menos de caer en las patologías antes señaladas, evidenciando un Transformador enfermo. Los dos puntos abren y cierran sin demora ni dilación expectativas propias y ajenas: abren un mundo nuevo y lo afincan con solidez y firmeza sin dudar ni hacer dudar. Con ello, cada cual ASUME lo propio y revela, sin acapararlo ni plagiarlo, lo ajeno.
Un genio que emplea mucho y bien los dos puntos es Erich Fromm.

La unión y complementariedad del punto y de los dos puntos es evidente: el primero dice lo que terminó. El segundo muestra lo que está surgiendo. Es así de rotundo. Entonces se instala la complementariedad. El punto abre una nueva interrogante. Los dos puntos arrojan un nuevo crecimiento en el camino del descubrimiento. La raza humana somos una larga cadena de puntos seguidos de dos puntos. Esto es la auténtica evolución: . : . : . : Es la música de nuestro crecimiento.

El tercer eje estructural se simboliza por el guión (-) y la coma (,). El guión simboliza al Vitalizador y la coma al Orientador. El Vitalizador rige la justicia y la corporalidad como función trascendente. El guión abre un espacio rotundo para introducir algo de pleno derecho, con “corporalidad”, dentro de una frase. El guión es muy diferente del paréntesis: el segundo aporta una precisión, un dato sobre el tema. El guión introduce otro tema dentro de un tema. Introduce un tema sin el cual la justicia que se le haría al tema central de desarrollo no sería tal, quedaría amputado, le faltaría parte esencial, aunque no evidente, de su ser. El guión se introduce dentro de una frase para introducir un cuerpo entero de presencia dentro de un todo. Y, también, se abre un guión en un diálogo para abrir paso a la expresión entera de un personaje, en un diálogo. Ese guión presenta la manifestación verbal de ese personaje con todas sus consecuencias: palabras, manera de hablar, signos de puntuación arquitectónicos, y, dentro de esa oración, se abren guiones para aportar detalles que lo presentan en movimiento, haciendo cosas. Por ejemplo:
-Hola – dijo Juan, sentándose desenfadadamente – ¿Cómo estáis?- y a continuación se descalzó.
-Bien,- contestó Alicia, y se sonrojó porque le chocó la desenvoltura de Juan, sintiendo vergüenza ajena-.

Las funciones del Vitalizador serían imposibles de manifestar sin el guión: en efecto, el Vitalizador percibe, siente, reparte, asigna, reacciona, denuncia, ataca, diluye, disuelve, vitaliza, sanea, erradica y moviliza. En un discurso escrito se podría, haciéndolo mal, evitar algunos guiones. Pero se le quitaría toda irrupción de corporalidad, se haría el discurso pesado y, a la vez, desmaterializado. No tendría carne. Eso, para un discurso. Si pensamos en un diálogo entre personajes o presencias, evitar los guiones sería del todo imposible.
Las personas que usan demasiados guiones son gente violenta. Agresiva. Los que usan demasiados pocos o casi no los usan son personas etéreas, sin corporalidad, y con imposibilidad de distinguir y separar su cuerpo del de los demás. Son esos salvadores compulsivos que dejan penetrar en sí lo peor de lo ajeno y luego se culpabilizan y engordan.
El guión aporta encarnadura y corporalidad e individualidad al relato. Sin el guión habría géneros enteros como la novela o el teatro que serían imposibles. No habría paso para los lectores, que se confundirían con el escritor, mezclando lo inmezclable. Sería un mundo de promiscuidad. Tanto el escritor como el lector sentirían constantemente rabia.
Un genio del guión es el novelista Leopoldo Azancot.

La coma, aporta ritmo y música del fluir, de la respiración del texto o del discurso. Es la plenitud en libertad en la cual cada uno tiene su sello y su estilo y respira haciendo una pequeña pausa que ayuda a entender un todo vivo, fluyente, bien construido y libre, sin desbordamientos. La coma evita, además, repeticiones y pesadeces. Deja fluir de manera biológica, orgánica. Sería imposible escribir sin comas. La coma es el mínimo básico en arquitectura del discurso. Y es, también, el mayor y más sutil de los lujos.
Las personas que no ponen comas son confusas e invasoras, son aprovechadas y manipuladoras, y, a la vez, no tienen identidad ni dignidad. Son trepadores. Las que usan excesivas comas son ampulosas y, a la vez inseguras y cobardes. Quieren ponerse por encima del lector o del oyente sin tener nada notable para destacar. Además son pesadas y caóticas.
Un genio de la coma es André Gide.
El encuentro del guión y de la coma encarna lo presente por antonomasia. Es un lujo exótico inaudito y la mayor de las sencilleces. El guión introduce presencias encarnadas y rotundas, la coma las hace respirar y fluir, existir y seguir existiendo. La coma es baile, danza, alegría y libertad. Vivos y fluyentes como un río.

GLORIA Y ESPLENDOR AL SERVICIO DEL CENTRO:

Toda esa gloria, todo ese esplendor que mostramos, tiene un origen y una finalidad. El mismo origen y la misma finalidad. Origen y retorno del Centro y al Centro. Como ya mostramos, el Centro es nuestra séptima estructura, estructura de la cual provienen todas las demás y por la cual accederemos a más y mejores estructuras. Esto podría parecer un acto de fe, una declaración sin fundamento.

¿Cómo demostrarlo más científicamente? Muy fácil: por lo absurdo. No encontramos ninguna forma de demostrar científicamente que todo tiene como origen el VACÍO REPLETO del Centro. Y las actuales doctrinas del Bing bang y la teoría del caos nos parecen, a más de absurdas, una estafa y un insulto a la inteligencia. En el MAT, la séptima estructura humana existe en todo lo existente y es el origen de todo lo existente. Es la sexta estructura para los animales, la quinta en las plantas, la cuarta en los elementos, etc. ¿Implica la existencia de un Creador? No necesariamente: implica la existencia de un principio de organización inteligente en el mundo físico que nos rodea. Sólo eso. Las personas que no tienen muy energetizado su Orientador y no perciben lo sagrado no necesitan mayores actos de fe.

Nosotros, como la Séptima estructura, el Centro, es por esencia VACÍA y no posee ninguna emoción ni ningún sentido, no podemos demostrar su existencia como lo hicimos con las seis otras. Pero sí podemos demostrar qué cosas terribles y patológicas pasan cuando metemos cualquiera de nuestras seis otras estructuras, emociones o sentidos dentro del Centro. Si no existiera nada en el Centro, si no tuviéramos un Centro, no pasaría nada. Si ocurre algo, y un algo tremendo además, es que allí hay algo muy importante que debe estar vacío para poder funcionar y para que la evolución prosiga.

Es fácil entender qué pasaría si pusiéramos, como muchos lo hacen, nuestro Rector en el Centro. En el mejor de los casos, perderíamos la armonía de la estructura centrada e integrada, dando prioridad y prelacía al Orden sobre todas las demás cosas y valores, tanto para nosotros como para los demás. Seríamos así, rígidos y autoritarios, fanáticos de la forma, que tendría prioridad sobre el contenido. Si pusiéramos el Sintetizador seríamos aburridamente racionalistas y limitados. Si el Vitalizador, seríamos justicieros e iracundos. Si el Transformador, seríamos soñadores sin aterrizar. Si el Protector seríamos mesiánicos y salvadores. Si el Orientador, seríamos mágicos y supersticiosos. Y si nos pusiéramos a nosotros mismos en el centro, seríamos psicópatas narcisistas.
Para que seamos lo que estamos diseñados para ser, es decir, seres humanos centrados y viviendo en la gloria y en el esplendor, con toda naturalidad, sencillez y cotidianidad, el Centro debe estar escrupulosamente vacío.

El Centro es nuestro cordón umbilical con la creación y con los seres de más dimensiones que las nuestras. Y todas nuestras estructuras, emociones y sentidos han de estar al servicio absoluto, total e incondicional de ese Centro. Esta es la condición necesaria y suficiente para que seamos. Y para que seamos cada día más. Lo que entonces ocurre, además de armonía y de centramiento, lo dejamos a la experiencia de cada uno de nuestros lectores, pues se trata de experiencias que, por demasiado íntimas, entran en el dominio de la más respetuosa intimidad e individualidad, a más de sacralidad. Por lo tanto, al menos en esta obra que es ciencia y no testimonio, no haremos un sólo comentario más al respecto.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

EL ESPLENDOR DE LA HUMANO, día 17: EL GUSTO

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

El gusto es el sentido que relaciona al Transformador y al orgullo, y nos permite acceder a la creación, al crecimiento, y a la metamorfosis.

4-SISTEMA MAT DE ESTATUS - Preciada Azancot

Para comprobarlo haremos también algunos ejercicios:

1) imagina que estás en un trance de creación de alguna obra. Pongamos el ejemplo de un cuadro, pero cualquier creación sirve. Imaginas qué cuadro quieres pintar y cómo va a quedar. ¿Puedes hacer eso sin “probar” diversas alternativas?
2) Mismo ejercicio. Prueba las diferentes alternativas que acuden a tu imaginación. Vigila el sabor de tu boca en cada alternativa. ¿Sientes algún sabor especial en cada una de ellas? ¿Sientes alguna relación entre la alternativa que finalmente eliges y el sabor de tu boca?
3) Mismo ejercicio, pero con una pareja: haced ese ejercicio en solitario sin comunicaros el proceso. Al final del proceso, cuando cada cual se haya decidido por su opción, comunicaos los diferentes sabores de vuestra saliva en cada paso. ¿Los comentarios y ocurrencias de tu pareja te han servido? ¿Para qué? ¿Alguno de vosotros cambió su decisión? ¿Por qué?
4) Imagina, como en los casos anteriores, que no tienes ninguno de tus sentidos. Imagina que recuperas sólo el gusto. ¿Qué descubres? ¿Cómo será tu vida? ¿Qué decides hacer? ¿Por qué?
5) Imagina ahora que tienes todos tus sentidos, salvo el gusto. ¿Qué pasa? ¿Qué decides hacer? ¿Por qué?
6) Elige comer algo sofisticado que tú no hayas cocinado: intenta identificar los diferentes ingredientes y la proporción de cada uno de ellos. Consulta con el cocinero para medir tu grado de acierto. ¿Cómo lo has hecho? ¿Por qué crees que lo hiciste así? ¿Qué enseñanza sacas de ello?
7) Ojea un libro de cocina y lee algunas recetas sin atender a las ilustraciones. ¿Cómo varía el sabor y cantidad de tu saliva? ¿Cuál de las recetas has seleccionado? ¿Por qué?
8) Mismo ejercicio, pero, una vez seleccionada la receta ponte a ejecutarla cocinando. Cuando la pruebes, verifica si: ¿El sabor se parece al que habías imaginado? ¿Te gusta el plato? ¿Si decides volver a cocinarlo, hay ingredientes que querrás cambiar o variar? ¿Por qué?
9) Imagina que estás prisionero y que te traen de comer comida sin ningún condimento. ¿Qué sientes? ¿Por qué?
10) Misma situación, pero te obligan a comer platos insoportablemente condimentados por exceso: salado, dulce, amargo, picante, ácido. ¿Qué sientes? ¿Cuál te gustó más? ¿Cuál te disgustó más? ¿Por qué?
11) Piensa en tus comidas preferidas situándote en el tiempo. Cuando eras niño. Hoy. ¿Te siguen gustando las mismas cosas? ¿Ha habido evolución? ¿A qué crees que se debe, si la ha habido?
12) Imagina que algún día vas a crecer hasta ser todo lo que crees que puedes ser. Imagina la obra que harás. Imagina la comida que preferirás. ¿Cómo eres? ¿Hay cambios? ¿Cuáles? ¿Por qué?

Si estos ejercicios se hicieron bien, habrán descubierto el grito de dolor del Transformador que no funciona y también el gozo cuando sí funciona. Habrán tomado contacto con el orgullo y con la función de antena hacia esas potencialidades humanas que tiene el sentido del gusto.
En efecto, se habrán podido dar cuenta de la amputación y de la desorientación que siente nuestra estructura cuando la antena que la comunica con el entorno y con nuestra imaginación desaparece. Habrán también, por lo contrario, apreciado cómo el gusto está atado a la imaginación cuando de probar y de imaginar se trata. Todo nuestro “buen gusto” o “mal gusto” en nuestras elecciones y creaciones está condicionado por ese sentido tan aparentemente modesto.
Meditemos sobre las funciones del Transformador y examinemos cómo el tener gusto o no condiciona drásticamente la calidad de nuestra vida. El Transformador, ya lo vimos en detalle, tiene como funciones Transformar, consagrar, crear, pronunciarse, imaginar, evolucionar, representar, elegir, decidir, permitir crecer, acceder, declarar, buscar, probar, descubrir, afirmar, reconocer lo válido y determinar. ¿Cómo hacer todo ello sin gusto, en el sentido físico cuando de alimentos se trata, y en sentido abstracto, sublimado y esencial, función principal del Transformador? Cuando una expresión penetra en el lenguaje popular es que la sabiduría del sentido común ha descubierto una imagen que necesita una expresión para expresarla con palabras. ¿Cómo hacer todo lo que debe hacer el Transformador si tenemos mal gusto y elegimos lo vulgar, lo que no es refinado y esencial ?
Como ya vimos también en esta parte del libro, la emoción orgullo, que es la energía innata y natural del Transformador, se despierta con el gusto. Sabremos reconocer lo que nos gusta y lo que no, lo sublime y lo común y tópico, lo elaborado y lo sencillo.
El orgullo es una energía que tiene su color particular: EL VERDE EN TODA SU GAMA CROMÁTICA. Por eso, el árbol se convirtió en símbolo de nuestro orgullo, de nuestro ser. Un buen ejercicio para comprobarlo: Cierra los ojos e imagina que por la boca y el paladar penetra una energía de transformación y de metamorfosis del verde que prefieras. Retén esa energía en todo tu cuerpo durante dos minutos. Al tercer minuto, densifica y concentra el color verde en tu columna vertebral, en los huesos de tus piernas y pies y en los de tus brazos y manos. ¿Qué has sentido?
Es bien sabido que el color verde es el preferido de los que manejan con predilección el orgullo. Es el color de los que privilegian la civilización, la dignidad, la cultura y la creación. El color verde, como los demás que ya vimos, tiene efectos sanadores: cuando nos sentimos perdidos y confusos, cuando creemos haber perdido nuestro centramiento y nuestro ser, cuando queremos incentivar nuestra imaginación y nuestra potencia creadora, cuando nos quedamos en blanco ante una página de papel, EL VERDE ES EL ÚNICO COLOR que nos va a devolver lo perdido. El verde permite la transformación y la metamorfosis sin excitación. Calma, relaja. ES EL COLOR DE LA RELAJACIÓN ACTIVA que permite la creación, la civilización y el progreso. Por eso ante cualquier palacio ,y veces rodeándolo, hay un parque o un jardín. Por eso en cualquier ciudad, al lado de la obra creadora del hombre (edificios, palacios, casas) hay espacios verdes, árboles y plantas verdes.
Como los colores anteriores, tiene también su contraindicación: cuando nuestro orgullo está inflacionado y nos tornamos prepotentes, hay que suprimir el verde de nuestra vestimenta o decorado. Por lo contrario, cuando nuestra confianza en nosotros mismos falle, hay que echar mano del verde y pasear por espacios verdes. En la sanación, el verde actúa más sobre las enfermedades de los huesos y la falta de calcificación.
Como para el resto de los sentidos, existe un abismo entre probar y degustar deleitándose. Entrenémonos para lo segundo.

 

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot