Archivo de la etiqueta: Zoroastro

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, entrega 23: HISTORIA EMOCIONAL DEL NIÑO

El desarrollo emocional del lactante, del infante y del niño requiere, simplemente, contar con respuestas auténticas a sus necesidades físicas y emocionales. Esas necesidades son bastante más exigentes de lo que sería necesario si no fuéramos todos mamíferos, siendo la condición de mamífero la más alta y preciada de nuestra condición terrenal.

Todos nacemos, ya lo vimos, con una personalidad que es el producto de la emoción dominante de nuestra madre durante nuestra gestación. Esa personalidad, máscara que oculta el ser, tiene tres anomalías estructurales y emocionales que nos van a condicionar en nuestra relación con el entorno, haciéndonos peticionarios de tres tipos de atenciones y de cuidados que son los resultantes de nuestras tres anomalías. Veamos:

Todos nacemos con una estructura y su emoción correspondiente así como su sentido, dominantes. Seremos más orgullosos o amorosos o alegres, o seguros o sensatos o vitalistas que el promedio, porque esa estructura fue la que ejercitamos de manera dominante durante nuestra vida intrauterina. Esa facultad que nos caracteriza la llamaremos nuestra competencia. Como ya vimos en el primer capítulo, cada estructura tiene múltiples habilidades y dos funciones, una básica y otra trascendente, y para nosotros, para cada uno de nosotros, será fácil y placentero desplegar constantemente el abanico de las habilidades y virtudes correspondientes a nuestra estructura, emoción y sentido dominantes. Son cosas que se nos dan airosamente. También es cierto que cuando nos dañan por allí tenemos menos defensas y nos podemos romper por esa aparente fortaleza. Porque al vernos atacados o desatendidos, y, para colmo, recuestionados en nuestra emoción dominante, nos sentimos como privados del piso sobre el cual caminamos con tanta soltura. Sentimos entonces que se nos cuestiona el “derecho a existir y a ser diferentes” y valiosos por nuestra diferencia. Así evidenciamos que nuestra competencia es también nuestro talón de Aquiles, nuestro punto débil. En el MAT definimos la competencia como “ destreza innata que se desarrollará durante toda la vida para obtener aceptación y estatus social. La competencia nos convierte en especialistas convencidos de tener una misión en la vida, alrededor de esa pauta recurrente que termina por conformar un patrón de conducta y una visión narcisista de la vida.” Según nuestras investigaciones, la competencia moviliza el 20% de la energía útil innata. La competencia condiciona nuestra corporalidad y la salud de nuestro cuerpo.

Todos nacemos, también, con una estructura compensatoria fuerte que nos hace superiores y más geniales que lo normal. Ese será nuestro talento. En el MAT definimos el talento como “capacidad innata que sustenta la expresión de la base y fundamento de del ser integral, única y sorprendente en sus expresiones, que bordea la genialidad y que moviliza la capacidad de innovación y de crecimiento del sujeto.” Según nuestras investigaciones, el talento moviliza el 40% de la energía innata de la persona y sostiene y gestiona la competencia. Por nuestro talento podemos sorprendernos y sorprender al mundo. Es nuestro punto fuerte, porque es el que, genialmente, hemos localizado y entrenado como contrapunto que sostiene toda nuestra estructura y compensa la inflación posible de nuestra competencia. En momentos difíciles y casi concentracionarios, es la emoción y la estructura y el sentido que nos van a permitir resistir a todos los embates de la vida, y surgir, como ave fénix, de las peores pruebas. Es la dimensión nuestra por la que nos negamos a ser parte del tropel, la que da testimonio tranquilo y sereno de la grandeza del ser humano. Si hay alguna genialidad inicial por la que podríamos destacar y transformar al mundo es por el talento que se ha de manifestar. Por el talento no vamos a tener necesidades vitales de ser apoyados ni reconocidos pero sí notaremos que cuando no estamos conectados a él nos sentimos vacíos y sin rumbo en la vida, como si hubiéramos perdido nuestra autenticidad. Somos falsos y percibimos la falsedad del mundo y de nuestra vida cuando ésta no reposa sobre nuestro talento. Es la sal de nuestra vida. El talento condiciona nuestra vida anímica.

Nuestra tercera peculiaridad condiciona nuestra vida espiritual y tiene una jerarquía aún más alta en nuestra personal escala de valores. Es la estructura, la emoción y el sentido que viene secuencialmente tras nuestra competencia “obligada” y que representa la liberación de la presión materna en nuestra vida intrauterina, la rabia para nuestro niño del ejemplo que pusimos. Es volver a nuestra libertad de ser nosotros mismos y de caminar en nuestro orden universal secuencial, que es el estadio mínimo que nuestro orden estructural tiene para cualquier mamífero. Y también para cualquier elemento de la creación que tenga más de dos dimensiones. Es nuestra vocación, que no nuestra “misión” que surge justamente del narcisismo de nuestra competencia cuando está invertida y mal enfocada. Definimos la vocación en el MAT como “La excelencia exclusiva de cada persona, que le confiere su plenitud y su potencia máxima y cuyas expresiones están marcadas por la entrega, el compromiso, el impacto solidario y entusiasta sobre los demás, y que movilizan su capacidad de autorrealización”. El MAT muestra que la vocación moviliza el 80% de la energía útil innata de la persona. La gestión del talento antecede obligatoriamente a la de la vocación que representa la cúspide de la autorrealización cuando se es persona.
La vocación nos muestra nuestra peculiar idea de Dios y se gesta en el útero de nuestra madre desde el primer día de vida, y se desestabiliza a partir del primer mes de gestación, en cuanto se forma el cordón umbilical. Entonces, el contacto con el Centro, fuente de todo lo posible en cualquier tiempo y lugar, nos conecta, no sólo a nuestro limitado orden sextidimensional, sino al orden de las dimensiones que nosotros, los humanos, no poseemos en esta tierra. El Centro nos relaciona con el ORDEN PERFECTO de toda la evolución posible de todas nuestras dimensiones y potencialidades, y, también y sobre todo, nos relaciona con lo que jamás vamos a tener y que nos ama y nos ampara. Es lo que conservamos, en todo nuestro ser, de lo que percibimos siendo un ser de un día fecundado y que se nos va desdibujando durante nuestra gestación por los problemas que ya mencionamos. El Centro se va haciendo como una luz intermitente, cada vez más tenue, confusa e inalcanzable, a medida en que nos vamos transformando en personas alejadas de lo que somos para ser: seres humanos. En algunos momentos accedemos al contacto con el Centro, entonces vivimos en la gloria y el esplendor, en momentos el ser de nuestra madre ocupa el Centro, y entonces vivimos una visión idolátrica, simbiótica y amputada de nuestra finalidad. A veces, como reacción de defensa, colocamos a nuestro propio ser en el Centro y caemos en el ridículo de creernos Dios, y, como tenemos conciencia de nuestra banalidad y de nuestra vulnerabilidad, creernos uno de los dioses, resultado de la fragmentación y atomización del Centro. De esta visión fragmentada nace el concepto de Arquetipos y divinidades, de la fragmentación de esos arquetipos nace el concepto de mitos, de la fragmentación de éstos nace el concepto de héroes, y de la fragmentación de estos últimos nace el concepto de persona, que luego, fragmentado, origina el concepto de gente.

Según nuestras hipótesis, perdemos el contacto con nuestro Centro antes del quinto mes de gestación. Inmediatamente después se empiezan a deteriorar los ejes como consecuencia, luego ya perdemos, en la fase final del embarazo, la secuencia. Y sólo nos quedamos como personas con tres dimensiones conflictivas y tres sanas. Lo dramático de este cuento es que vamos a dar toda nuestra energía a esas tres dimensiones conflictivas, olvidándonos de las sanas. Lo positivo de este proceso, universal e inevitable por ahora, es que todos necesitamos, al menos así lo creemos desde nuestra talla de personas, recuperar en justicia lo mínimo necesario para ser persona antes de convertirnos en seres humanos. Y lo mínimo necesario es que no se nos ate a las necesidades de otro por nuestro talón de Aquiles. Y lo mínimo necesario es que se nos permita acceder a la libertad básica de nuestra secuencia innata para ir a nuestro aire.

Desde el útero, recordamos que es por la emoción que representa la liberación del aprisionamiento compensatorio de la emoción inflada de nuestra madre que sentimos que volvíamos a ser nosotros mismos. Y, como cada día era más conflictivo acceder al contacto con el Centro y a la subordinación libertadora a éste, no es de extrañar que hayamos dado a esa emoción, a esa estructura y a ese sentido un valor religioso y, tan altamente espiritual, que llegó a confundirse para cada uno de nosotros, con el rostro del mismísimo Dios. Cuando colocamos a esa emoción, a esa estructura y a ese sentido en el Centro, ocupando el lugar del Centro al cual todas las demás estructuras y emociones deben conservar el mismo lugar y valía subordinándose a éste, ocurren cosas terribles como el fanatismo, la idolatría, el narcisismo idolátrico que sólo confunde a los seres humanos y causan la separación y el enfrentamiento de la comunidad de los hombres, en luchas a muerte fratricidas. Mientras no pongamos esa vocación en el Centro, corremos sólo el riesgo de estar en la TORRE DE BABEL. Para el Legislador dios será amor, para el Reactivador dios será alegría, para el Promotor dios será seguridad, para el Fortificador dios será entendimiento, para el Constructor dios será justicia y para el Revelador dios será creación. Y todo quedará en cuestiones de opiniones. Por ello, nuestra vocación rige nuestra espiritualidad personal, como persona. Creemos que dios es nuestra estructura vocacional y que sólo ella nos puede abrir a él. Por un lado es cierto, ya que nos abre la secuencia, que es, parte conocida, del orden nuestro natural. Por otro lado esa fijación abusiva nos hace fanáticos y rígidos aunque, cuando está normalizada y reenfocada, nos hace auténticamente trascendentes. Lo mejor sería conservar la relatividad y tomarnos esa vocación con sentido del humor.
De todas formas, cuando recibimos agresiones a esa zona, nuestra vocación, la sentimos como que no tenemos derecho a existir. Perdemos la brújula de nuestra finalidad y, con ella, el sentido de la vida, de nuestra vida.

¿Qué nos queda al nacer? Ciertamente no el Centro, ni los ejes, ni siquiera la secuencia. Nuestra mismísima personalidad nos hipoteca la secuencia. En efecto:
Él Reactivador pasará de su competencia, el amor, a su talento, el miedo, (dando un salto sobre la alegría) para acceder a su vocación, dando un paso atrás en la secuencia, para luego mirar, con pasmo, el miedo, y perder así su visión de conjunto. Por supuesto, puesto así no le dará ninguna importancia especial a sus tres estructuras y emociones sanas, y qué decir de sus sentidos: el Sintetizador-tristeza-oído, el Vitalizador-rabia-olfato, el Transformador-orgullo-gusto. Irá hacia sí mismo a salto de mata y así se perderá, quedando por entero a merced de sus padres, cuidadores, maestros, organizaciones, sociedad, etc.

Si cayera en manos de seres humanos integrales que funcionan en secuencia, en ejes y al servicio de la conexión con su Centro, toda esperanza podría conservarse. Sus cuidadores entenderían que sus necesidades exacerbadas de competencia, talento y vocación obedecen a traumas uterinos debidos a su condición de mamífero. Dichos cuidadores darían atención a esos tres puntos de dolor y, una vez cicatrizadas las heridas, harían ver que lo más lindo del niño son sus tres partes incontaminadas. Las seis partes tendrían entonces las mismas importancias y valores y el niño podría recuperar sus ejes y su Centro. Y convertirse en ser humano integral.

El Promotor descalifica las mismas estructuras sanas que las del Reactivador, y que también son las suyas, y pide ávidamente nutrición para su Orientador-alegría-sexo, su competencia, para su Protector-amor-vista, su talento (con lo cual da un paso atrás en la secuencia) y para su Rector-miedo-tacto (dos pasos adelante), su vocación.

El Fortificador pide nutrición urgente para su Rector-miedo-tacto, su competencia, para su Vitalizador-rabia-olfato, su talento (con lo cual salta dos pasos adelante) y para su Sintetizador-tristeza-oído, su vocación (un paso atrás). Y descalifica su Transformador-orgullo-gusto, su Protector-amor-vista y su Orientador-alegría-sexo, que representan la normalidad.

El Constructor, que es el niño de nuestro ejemplo, pide nutrición para su Sintetizador-tristeza-oído, su competencia, para su Transformador-orgullo-gusto, su talento (salto de dos adelante), y para su Vitalizador-rabia-olfato, su vocación (un paso atrás). Y descalifica su Protector-amor-vista, su Orientador-alegría-sexo y su Rector-miedo-tacto, que son normales.

El Revelador clamará a gritos por su Vitalizador-rabia-olfato, su competencia, por su Sintetizador-tristeza-oído, su talento (un paso atrás), y por su Transformador-orgullo-gusto, su vocación (dos pasos adelante). Descalificará las mismas partes normales que comparte con el Constructor.

El Legislador exigirá atención especial para su Transformador-orgullo-gusto, su competencia, para su Orientador-alegría-sexo, su talento (dos pasos adelante), y para su Protector-amor-vista, su vocación (un paso atrás). Y descalificará su Rector-miedo-tacto, su Sintetizador-tristeza-oído y su Vitalizador-rabia-olfato, que tiene normales.

Vemos por lo tanto que un bebé, cuando viene al mundo, no es una tabula rasa, no es ni perfecto ni virgen, sino que es un pequeño mamífero que tuvo que lidiar con su condición de mamífero y salir lo más entero y perfectible posible. Va a tener necesidades especiales debidas a su personalidad, a su perfil innato de funcionamiento, resultado de su condición de mamífero. Aquí no hay culpas ni responsabilidades posibles que reclamar a la madre. Toda situación requiere de una emoción, y cada gestación trae consigo su escenario emocional y estructural. Es evidente que si la madre, además de su estado circunstancial, que va a condicionar su emoción dominante, funciona mal, esta anomalía va a contribuir a dañar aún más el feto. Sobre todo si se coloca repetidas veces en una de las tres fórmulas letales de los ejes. Esas fórmulas letales van a originar malformaciones y hasta, si son endémicas, muerte del feto. Pero esos son los casos excepcionales que, aquí, no nos ocupan.
Vamos ahora a ver cómo ayudar al lactante y al infante de hasta tres años de edad, y cómo dañarlo hasta conseguir que, además de su prisión personal debida a sus tres disfunciones, caiga en su cárcel tipológica y funcione al revés de su patrón de liberación. ¿Cómo hacer de un cachorro humano el reo de la muerte en vida, pues eso es una tipología en el MAT?

Empecemos por lo más fácil: ¿CÓMO AYUDAR AL INFANTE?: Como primerísimo paso, percibir sus tres dimensiones sanas y alegrarse por ello. Incentivarlas constantemente, aún y sobre todo si recuestionan nuestra propia manera de funcionar como padres. No insistiremos pesadamente sobre qué estructuras, emociones y sentidos estimular y acariciar constantemente pues remitimos al lector al párrafo anterior para cada tipología y al capítulo de las emociones sanas. Una emoción sana, una habilidad innata fruto de un buen funcionamiento emocional y un sentido sano, no necesitan sino orgullo, amor y alegría para ser valorados por el infante. Él vendrá con la tendencia a no darles demasiada importancia, y a nosotros como padres nos corresponderá hacerle tomar conciencia de lo grande que es por ser perfecto. Nada más.

Pero el bebé y el infante, en mayor grado, si no nos ocupamos bien del bebé, llega enfermo cuando nace: le duelen tres estructuras, tres emociones y tres sentidos. Y cada uno de ellos tiene un tratamiento especial. En efecto, si por venir aún más dañado que lo previsible nuestro bebé viene con algún órgano enfermo, todos entenderemos que es urgente buscar tratamientos para que el bebé se sane. No así si viene con tres enfermedades que le van a hipotecar el cuerpo, el alma y el espíritu. No por maldad, pues la inmensa mayoría de los padres desean que su bebé esté sano y feliz, sino por desconocimiento. El MAT trae su granito de arena para que ese desconocimiento retroceda y abra paso a la sabiduría y a la felicidad del niño y de sus padres. Muchos padres se sienten orgullosos de traer a su bebé al mundo y de educarlo y atenderlo para hacer de él un ser humano de provecho. Ahora van a saber cómo sentirse orgullosos y cuándo sentirse avergonzados (cuando no sólo no lo ayudan sino que lo dañan).

El tratamiento de la competencia: Lo esencial aquí, como respuesta de tristeza y de amor, pues ese es el eje del Maestro, es decir, del educador, es percibir que tenemos allí un punto enfermo, el más enfermo de nuestro bebé: él cree férreamente que su mayor facultad es la de expresar como nadie esa estructura, esa emoción y ese sentido, y que lo van a amar por ello. Así tuvo que crecer y desarrollarse durante toda su experiencia uterina. Así que es lo que mayormente va a expresar en su socialización con los padres. Y eso, les hace gracia en vez de recuestionarse, despierta su orgullo en vez de alarmarlos y aman al bebé por ello en vez de apiadarse de él. Empezamos mal, muy mal. Entonces el bebé recibe confirmación incondicional a su creencia sobre su misión en el mundo. Y ya tenemos a un esclavo simbiotizado que necesita ser aprobado por donde más le duele y ser valorado por lo que menos fuerte y liberado tiene. Por otra parte, la madre que las más veces está aún en su emoción dominante, va a ver que su bebé “hace uno con ella” y la libera, porque responderá, no con la misma emoción dominante de la madre, lo que sería prueba de normalidad, sino con la emoción secuencial ¡QUE LIBERA Y ALIVIA A LA MADRE! Entonces la madre, no sólo no se recuestionará, sino que sentirá que le cayó del cielo un ángel que la reequilibra. Y usará al niño en vez de curarlo.

¿Cómo sería la curación? Pues, cada vez que el niño se sitúe en la emoción secuencial a la dominante o a la ex dominante de la madre, ésta debe sentir MIEDO por el niño y volver dos pasos atrás en su propia secuencia, es decir al amor en el caso de nuestro bebé, incentivar el amor sano del bebé, pasar con él a la alegría también sana, Y HACER QUE ÉL SOLITO PASE AL MIEDO, incentivarlo, acompañarlo, Y QUE ÉL SOLITO PASE A LA TRISTEZA, y respetarlo durante todo el tiempo que esté en ella, acompañándolo SIN ESCALAR al ponerse aún más triste que él. Quedándose en un segundo lugar, ocupada en atender al niño enfermo. A la vez, le permitirá desplegar todas las potencialidades del Sintetizador, él solito, acompañándolo, pero sin grandes alborozos, con normalidad y darle este preciso mensaje gestual y subliminal: “yo soy responsable de haberte llevado a esto y estoy contigo, INCONDICIONALMENTE, mientras lo necesites siempre te acompañaré. Pero no creas en ningún momento que yo necesito esa enfermedad tuya, ni, mucho menos, que te quiero más por ella.” Eso es todo; una y mil veces hasta que el bebé tenga el tiempo de enderezar, solito pero con ayuda total, su propia visión de sí mismo y del mundo. Y, por supuesto, si la madre debe hacer eso, todos los demás que se acerquen al niño lo deberán hacer también, para no darle mensajes contradictorios. Pues se trata de la más grave de las enfermedades del bebé. Esperamos haber sido claros: ¡no se trata, en ningún momento, de descalificar ni de combatir la competencia del bebé, porque, si no, caería en el autismo! Se trata de sanar una zona enferma y convertirla en la sexta parte, valiosísima, del bebé. Si tomamos el ejemplo de una dolencia orgánica, por ejemplo, el sistema linfático enfermo como podría ser nuestro caso, no se trata de envenenar más al niño, tirándolo a la basura cada vez que le duela o que se hinche o que le salga un ganglio, sino de curarlo. Si el niño está enfermo hay que cuidarlo, no abandonarlo ni rechazarlo cada vez que tenga una crisis. Si no, además de haberlo enfermado, lo estaremos machacando y lo estaremos destrozando, y caerá en el autismo, encerrándose para siempre fuera de este mundo absurdo, cruel e incomprensible, que lo daña cada vez que sufre.

El tratamiento del talento: aquí el tratamiento es más fácil. Cuando asoma la genialidad del niño, aplaudirla igual de fuerte que cuando asoman sus partes sanas. Aquí tenemos a un pequeño genio que nos da lecciones a todos. Y hay que tener la humildad y la admiración normales ante cualquier genio. Y cuando algo asoma de verdaderamente genial, aplaudirlo a romper, pero luego pasar a la normalidad. No a la descalificación ni al rechazo; hemos dicho, después del aplauso, pasar a la normalidad. El mensaje preciso, gestual y verbal, que hay que dar al niño es: “eres un genio y te amamos, no te consideramos anormal ni diferente, mereces más y mejor admiración y amor por ello y te lo damos todos, con humildad, con normalidad”. O sea, que ni se aparte al bebé como siendo un loco y un anormal porque todos los genios son así de locos, ni se le transforme en un mono de circo a exhibir ante los amigos y conocidos. ¡Normalidad! Ya lo hemos dicho, todos nacemos para ser genios en las seis dimensiones. Y hay que empezar por alguna, ¿no?
Con un tratamiento así el bebé ya cree que puede ser él mismo, ser genial y ser normal y amado. Con lo cual su alma estará deshipotecada y libre y podrá amar confiadamente.

El tratamiento de la vocación: aquí el tratamiento es aún más fácil, pero más sutil. Con la vocación se expresará el grito máximo, el Do de pecho del espíritu del niño. Será sobrecogedor. Y maravilloso. Aquí la respuesta sana y normal es, no sólo orgullo, no sólo amor, sino alegría pura. Alegría, no exaltación ni, menos aún, inflación mesiánica. No, no tenéis allí a Dios encarnado que bajó a la tierra a dar la buena nueva. No. Tenemos, todos, allí, la máxima expresión de la verdad humana, a un ser humano pleno que rebosa de alegría de la certeza. Es entonces justo y necesario inclinarse y acatar, no arrodillarse ante el milagro. Eso sería fatal para el bebé, que se sentiría un ser fuera del mundo de los humanos. Al revés. Es lo plenamente humano. Lo único que hay que hacer con presteza es ayudar diligentemente al niño a fortalecer y dominar con maestría su eje correspondiente, en el caso de nuestro niño, el eje rabia-alegría. Y será fácil YA QUE LA ALEGRÍA SERÁ LA RESPUESTA JUSTA A SU RABIA. Cuando no se dé este caso preciso, o sea cuando el bebé no sea Constructor, DESPUES DE LA ALEGRÍA PASAR A LA EMOCIÓN COMPLEMENTARIA DEL EJE, y entrenarlo una y otra vez como si de un atleta olímpico se tratara.

Y, para terminar, no olvidar lo esencial: dar incansables caricias y alientos y permisos a lo que de sano y valioso trae innatamente el bebé. Hasta convencerlo, no olvidando nada del tratamiento a las enfermedades antedichas, de que lo más bonito, sano, perfecto que tiene son las tres dimensiones innatas que trae. Entonces tendremos al genio vocacional de las seis dimensiones en secuencia y en ejes que todos nacimos para ser.

Ahora bien, nada de todo esto tiene sentido si no se pone todo al servicio del Centro. Y el Centro DEBE ESTAR VACÍO, ya lo sabemos. No debemos permitir al bebé que ponga su vocación ni ninguna de sus dimensiones en el Centro. A un bebé tratado así no se le ocurriría jamás hacerlo, por lo demás. Es el narcisismo de sus padres y educadores lo que lo obligaría a ponerlo allí para luchar contra otra cosa que ellos han puesto allí, las más veces la propia emoción dominante tipológica del más despiadado y dominante y narcisista y demoníaco de sus progenitores. O si se obliga al bebé a poner al dios sextidimensional de cualquiera de las religiones. Eso hará a un bebé ateo.

¿CÓMO DAÑAR AL INFANTE? No vamos a tratar aquí de cómo se puede matar al infante. Para ello remitiremos al lector a una obra posterior sobre los diez tipos de psicópatas, en especial al Magnetizador que es el asesino psíquico de guantes blancos. Esta obra no tratará de psicopatías sino, a lo más, de psicotizaciones, o más exactamente, de caldo de cultivo de las psicosis, que en esta obra, no trataremos tampoco. Pues aquí sólo se trata del ESPLENDOR DE LO HUMANO, y de cómo volver a él si nos hemos alejado.
El sometimiento de la competencia: Para afincar al bebé en su creencia de origen intrauterino en que se le acepta y se le da un lugar en el mundo por su dimensión dominante innata, basta celebrar y amar esa dimensión y dejar patente al infante de que se le distingue por ella. Es en ese error en el que caen la inmensa mayoría de los padres y de los familiares cercanos del bebé.
Para agravar ese estado basta con que, cuando asomen las tres dimensiones sanas del bebé, no se les haga ningún caso especial y se las trate como siendo lo banal en ese bebé.
Para someter al bebé y darle “misiones” especiales que lo conviertan en el ente nutricio de sus cuidadores, basta con que cuando asome el talento o la vocación del bebé se los descalifique, y se solicite en su lugar la emoción dominante.
Para afincarlo en su “personalidad”, es necesario exhibir al bebé ante los demás solicitando su dimensión dominante y, cuando ésta se hace presente, premiar al bebé. Así afincará su imagen viciada de sí mismo y su creencia de que conseguirá sobrevivir por su dimensión dominante. Entonces el bebé se SOCIALIZARÁ y caerá en el convencimiento de que el mundo es cruel y cínico y que “hay que” tener puesta la máscara de turno para lograr sobrevivir en esa jungla. Ya tendremos a un Reactivador amoroso, a un Promotor alegre, a un Fortificador respetuoso, a un Constructor sensato, a un Revelador vitalista y a un Legislador orgulloso.
A partir de ese momento, el cuerpo del bebé o del infante se resentirá y enfermará. Se le dará un antibiótico, por ejemplo, en vez de reparación del crimen.
El sometimiento del talento: necesita más maldad y premeditación en los cuidadores. En efecto, es necesario que, cuando asome el talento y se muestre la genialidad, el bebé encuentre hostilidad, envidia y escalada (“yo lo hago mejor que tú”) en los padres o cuidadores. Si encuentra una respuesta adecuada y otra hostil en sus diferentes progenitores, elegirá la mejor respuesta, salvo si el progenitor que le da la buena respuesta se deja “machacar” por el que le da la mala. En este último caso, el infante caerá en un sentimiento de culpa y ocultará su signo distintivo frente al progenitor abusivo. El infante desarrollará la creencia en que su talento pone en riesgo a su progenitor bueno y que ese talento es peligroso.
Para agravar la desconfianza del niño en su talento, es necesario tratarle de “loco” cuando esté ejerciéndolo. Tratarle de loco y rechazarlo por ello.
Entonces el infante decidirá renunciar a su talento para que lo dejen en paz y lo acepten en su núcleo familiar. Sentirá una legítima rabia contra esa injusticia de su medio y luchará desesperadamente por conseguir aceptación y valoración por lo que “él sabe que es bueno y superior”. Esa lucha de liberación será entonces tratada como una rebeldía intolerable y será aplastada. Entonces el infante decidirá conservar esa rabia por dos motivos:
1º) Para recordar dónde está su tesoro al que le obligan a renunciar, y, cuando se sienta a salvo de las persecuciones, tener una pista para encontrarlo, desenterrarlo y recuperarlo. Eso es lo bueno. Lo malo es que para poder convencerse de que su progenitor responsable del desaguisado es “bueno” y no malo, y que por lo tanto no se merece su rabia, el bebé o el infante hace pasar ese sentimiento de rechazo y de rabia auténtica a su inconsciente. Sentirá rabia en vez de su talento y ya no sabrá porqué. Esta decisión de origen consciente pasará a su sistema neuroendocrino reflejo y se generará la rabia espontáneamente e inexplicablemente para él. No será consciente del “switch” talento-rabia contra el responsable de su decisión de renunciar a ello, y el infante la sentirá como rabia inexplicable.
2º) Para odiarse a sí mismo y al talento en vez de sentir rabia contra los padres. En esta segunda fase la oposición y el rechazo se han interiorizado y el bebé sentirá: “soy malo-estoy loco”, y se tendrá rabia cuando le surja la tentación de mostrarse o de mostrar su genialidad. De allí es muy fácil pasar al tercer paso, que cerrará la trampa:
3º) Cuando el bebé vea afuera esa dimensión, sentirá rabia hostil hacia ella. Así será coherente con sus dos decisiones anteriores y ya cortará el hilo de tensión que lo puede someter a la tentación de reconsiderar sus conclusiones sobre el mundo y sobre sí mismo. Así se convertirá en un prisionero amargado y envidioso de los que no hicieron la misma elección que él. Será un enemigo de su propio talento, tanto en sí como en los demás. De más está decir que si, una vez adulto, tiene un bebé de su misma tipología luchará con saña y hostilidad contra la genialidad de su hijo. Y si, además, está resentido, luchará contra todo tipo de genialidad, cualquiera que sea ese talento.
A partir de entonces su alma estará en exilio, y él se convertirá, no sólo en un habitante y víctima de la jungla que lo obligó a exacerbar el dolor de su competencia, sino en un carcelero hostil y rabioso del mundo de los pigmeos, de los que luchan contra toda genialidad y se empeñan en cortar toda cabeza que asome por encima de la medianía.
El sometimiento de la vocación: es el mayor daño que se le pueda hacer a un ser humano. Es el asesinato de su espíritu.
Cuando el feto está en el útero materno y se le oculta la presencia estelar de su Centro (un mes de gestación), el “choc” es tan tremendo que tras el odio puro que se siente ante “el Dios estafador”, muchos fetos toman la decisión de morir. Si la vida no es lo que debe ser, su existencia ya no tiene sentido. Los que decidimos continuar y seguir adelante lo hacemos primero y principalmente por una razón: volver a encontrar ese Centro, esa gloria y ese esplendor puros que hemos percibido, que sabemos que existe y que nos proponemos reencontrar por encima de todas las cosas. Y la primera reacción es de culpa, de inadecuación: eso tan maravilloso no puede ser malo. Somos nosotros los que hemos hecho algo terrible para que Eso maravilloso nos abandone. El concepto de “culpa originaria” nace de esa experiencia y de esa vivencia que, todos, tuvimos.
Luego pasamos a la luz intermitente tripartita: cuando estamos en nuestros ejes y en nuestra secuencia, y sentimos que toda esa maravilla nace del Centro y tiene como finalidad el Centro, todo parece maravilloso. Cuando sentimos las emociones “buenas” y centradas de nuestra madre, ya todo es bueno, pero estamos en una posición más subordinada, somos el receptor de… cosas buenas. A lo sumo, podremos acceder a una relación yo-tú con un Centro que recibimos como superior al nuestro. Cuando sentimos las emociones “malas” de nuestra madre y estamos obligados a contraer una personalidad para sobrevivir, sentimos ese Centro como un dios caprichoso, brutal, arbitrario, que, sin razón alguna de causa a efecto, se torna terrible y amenaza nuestra vida, aplastando nuestra integridad y nuestra libertad. Pero allí el feto aprende que “haciendo cosas”, como colocarse en su estructura dominante compensatoria, fortaleciendo su talento y extasiándose con su vocación, logra quedar más o menos bien. Logra un todo bastante coherente y cierta integridad.
Las cuatro experiencias quedan grabadas en su cuerpo, en su mente, en todo su ser. Y condicionan su visión de Dios que, como Juno, tendrá cuatro rostros. Cuando el feto se convierte en un bebé autónomo puede, si los padres se comportan como lo indicamos anteriormente, ser ayudado y reestabilizado por los padres.

Pero al nacer ya tiene decidido que Dios es algo mejor pero de la naturaleza de su propia dimensión vocacional. Para el bebé, el sentir y expresar esa dimensión es una cuestión de vida o muerte. Entonces ¿con qué se suele encontrar? Pues con dos cosas. Una externa y terrible, y otra interna y abrumadora.
Si la reacción de los padres es la de prohibir la vocación, y eso es muy corriente por repetición y perpetuación de ESA CADENA MALDITA QUE PERPÉTUAMOS en la exaltación de nuestra competencia, la envidia y hostilidad de nuestro talento y la prohibición de la vocación, y que nosotros, los mamíferos humanos, nos transmitimos de padres a hijos y de generación en generación, hasta convertirla en cultura universal, adquirimos una TIPOLOGÍA DE PERSONALIDAD, es decir, una prisión vitalicia que encierra nuestro ser.
En efecto, si ya se exaltó nuestra competencia y se combatió nuestro talento, somos pasto de la tercera y más sangrienta acometida contra nuestro ser: la prohibición de nuestra vocación. Y eso es muy fácil de lograr en un bebé ya dañado por dos veces. Recordemos que el bebé ya viene desorientado al mundo, sin relación ni contacto con su Centro originario, sin acceso a sus ejes y con su secuencia bloqueada por la obligatoriedad de efectuar marchas atrás y saltos adelante para mantener el 80% de su energía innata plana. Es decir que, visto de una manera gráfica, el bebé ya viene con su estructura desplegada y abierta, como la ilustramos en la página 122, y no integrada como la mostramos en la misma página.
Para el bebé, Dios es su vocación, y cada vez que accede a ella en paz rinde culto a su dios y se regocija con su benevolencia. Se siente ser. Se siente pertenecer y pertenecerse. Se siente fluir y es feliz. Bueno, todo lo feliz que puede ser un mamífero. Se siente tan feliz como un cachorro de león, por ejemplo. Es un animalito más en este planeta tierra. Con la única diferencia de que tiene una dimensión más que le permitirá transformar su mundo para bien o para mal.
Si se encuentra con una oposición a su vocación. Si, cuando la manifiesta, se encuentra con que lo tiran fuera del mundo de los humanos ya sea por idolatría que lo lanza hacia el cielo y lo obliga a confundirse con un dios, una y otra vez hasta obtener de él que sea un narcisista. O si se le excluye del mundo, aterrándolo porque se lo deja solo “por malo”. O si se ve aplastado y aterrado y vencido por el dios personal de sus progenitores, que tiene un real poder de vida o muerte sobre él, el bebé caerá en dos convicciones:
1º) Dios, en verdad, es el dios malo que recuerda tan bien en todas las células de su cuerpo. Sólo que ahora es peor: antes podía “hacer cosas” para recuperar un equilibrio amputado, es cierto, pero parecido a cierta integridad. Ahora no. El dios de su vocación es más débil que los demás dioses y está vencido. Es más, lo castiga abandonándolo a merced de adoradores de otros dioses, que se ceban sobre él.
2º) Pero Dios es necesario porque su espíritu así lo grita, eso en primer lugar. Él recuerda su Centro, y esa evidencia no puede ser recuestionada. Su alegría, su Orientador y su sexo dependen de ello. Entonces como no existen los dioses “buenos”, y que sólo los malos le demuestran existir, se someterá a su propio dios malo que le prometió la vivencia de su vocación y se identificó con ella pero que en la realidad le demuestra que Dios existe sí, y que precisamente admite la expresión de esa dimensión, para él vocacional, en todos menos en él. De esa creencia nacen los arquetipos colectivos. Es decir los dioses del Olimpo.
Y eso es tan así, que sus progenitores le evidencian una y otra vez que ellos también están sometidos a sus dioses arquetípicos, que prohíben para los seres humanos, la vocación.
Para llegar a tan aberrante visión del mundo espiritual fue necesaria la intervención viciada del Transformador, que busca el porqué de las cosas y sólo puede vivir en la coherencia. El Transformador descubre cosas importantes para que todo tenga un sentido coherente. Y, un infante normal tardará tres años en resignarse a esa visión carcelaria del mundo. Luchará con tesón durante tres años, en el mejor de los casos. No vamos a mencionar casos límites en toxicidad. Durante cuatro años más intentará recuperar su integridad de mamífero original. Luego olvidará, y se instalará cómodamente en su cárcel, y se hará prosélito.
Esas dos convicciones del infante lo van a conducir a convertirse en un “adorador de”, sometido en cuerpo y alma a su dios arquetipal. Para ello, cambiará un 40% de la falsa rabia que reemplazaba su talento por más emoción de su competencia. Así se transformará en algo coherente que sigue una religión, la de su arquetipo particular. En cuanto a su vocación, seguirá con la coherencia absoluta de su esquema existencial y la cambiará por miedo fóbico. Ya no será necesario aterrorizarlo con ser excluido y morir de abandono y de exilio. Él mismo se encargará de exilarse del mundo y de la verdad espiritual sintiendo miedo fóbico en lugar de su vocación, y por la gente que actúa, auténticamente, esa vocación. Así se alejará de su espejismo imposible.

En el MAT llamamos TIPOLOGÍA DE PERSONALIDAD la inflación de la competencia ( que deja de ser competencia, pues pasa a convertirse en un 140%, como en el útero, del cual 100% corresponde a la emoción auténtica y el 40% corresponde a la vocación originaria convertida en esa falsa emoción que imita la competencia), la desconexión del talento (que es reemplazado en un 40% por falsa competencia y en un 60% por rabia falsa- envidia-) y la prohibición de la vocación (que es reemplazada por falso miedo fóbico). NUESTRAS ESTADÍSTICAS ARROJAN QUE, SOBRE 120.000 CASOS ANALIZADOS, EL 98% DE LAS PERSONAS ESTÁN EN SU TIPOLOGÍA y sólo el 2% está en su personalidad. No encontramos ninguna que no esté en ninguno de los dos estados. No encontramos ni a un sólo ser humano integral.
En el próximo capítulo mostraremos cómo es cada tipología, y también sus fases de evolución, que lo alejan o lo acercan del recién nacido más intacto que fue. Mostraremos qué hacer para recuperar la integralidad del ser humano que nacimos para ser.

Por lo pronto concluiremos este capítulo mostrando que las tipologías son adoradores de dioses arquetipales de esta forma precisa:

– El Reactivador es un adorador de Orfeo.
– El Promotor es un adorador de Mercurio.
– El Fortificador es un adorador de Aquiles.
– El Constructor es un adorador de Sísifo.
– El Revelador es un adorador de Prometeo.
– El Legislador es un adorador de Atlas.

Eso en un 98%. Del 2% restante, cuando se conectan y recuperan su competencia, su talento y su vocación, acceden al Dios de su vocación y entonces:
– El Reactivador se identifica con Jesús.
– El Promotor se identifica con Alah.
– El Fortificador se identifica con el Dios de Buda.
– El Constructor se identifica con el Dios de Zoroastro.
– El Revelador se identifica con el Dios de Maní.
– El Legislador se identifica con el Dios de Moisés.

Aún así, ¿cómo evitar las guerras de religiones? Pues el espíritu del ser humano está en exilio, y, cuando se encuentra, es para encontrar a un Dios Padre hecho a su imagen y semejanza.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot
 
Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot
Anuncios

EL ESPLENDOR DE LO HUMANO, día 7: EL SINTETIZADOR

El Sintetizador responde, en nuestra estructura, a todos los qué de las cosas. Dejamos esta estructura de última porque, entre todas, es la que más se relaciona con las demás. Es la responsable del pensamiento y de todo lo relativo a ese proceso. Su finalidad básica es el desarrollo y su función trascendente es la claridad. Su funcionamiento acertado o su disfuncionamiento es lo que más se percibe en todos nosotros: cuando funciona como está concebida para hacerlo, transmite una sensación personal y también perceptible por los demás de inteligencia, de claridad y de diafanidad. Si no funciona transmite una sensación de confusión, de espesura, de oscuridad.

Estructura MAT de personalidad - Preciada Azancot

Estructura MAT de personalidad – Preciada Azancot

El desarrollo, en el MAT, significa más y mejor de cualquier cosa. No significa otra cosa ( por transformación –Transformador- o cambio –Orientador ) sino la misma cosa mejorada, agrandada, multiplicada o restada y dividida. Es un movimiento de penetración, de ahondamiento, tanto horizontal como vertical. Es lineal y recto tanto en abscisa como en ordenada. No tiene saltos de dimensiones como el Transformador o el Orientador.

¿Qué hace el Sintetizador?
– El Sintetizador selecciona: todos los datos provenientes de las cinco restantes estructuras son recogidos por el Sintetizador, que va a seleccionar los que parecen más relevantes para su conservación.
Nosotros, en nuestra labor formativa, entregamos información relevante sobre la estructura de personalidad y sobre su ingeniería emocional para que sea seleccionada y así ampliar el conocimiento de nuestro potencial innato instalado. Y ocurre que la visión que cada uno tiene sobre sí mismo y sobre los demás se expande, permitiendo así que surja el amor por sí mismo y por el otro al valorar y cuidar nuestro patrimonio inalienable.
En nuestra labor consultora enseñamos a seleccionar los datos provenientes de cada una de nuestras estructuras, ya sea personal u organizacional. Y esto representa un gran ensanchamiento del campo de conocimiento de todos, pues antes sólo se seleccionaban estímulos del Rector y del Sintetizador y el ser humano, en la empresa, era bidimensional. Al seleccionar datos de las seis estructuras, se hace retroceder la noción de iceberg que presentaba la punta “racional” ( es decir datos racionales del Sintetizador y normas del Rector) y ocultaba la masa de las cuatro sextas partes (lazos del Protector, sensaciones y emociones del Vitalizador, ideas innovadoras del Transformador y experiencias visionarias y trascendentes del Orientador) que eran descalificadas por “subjetivas, irracionales e inmanejables”. La visión cambia y se consideran como tesoros de la misma importancia los datos provenientes de las seis estructuras. El sentimiento de potencia y de control sobre la realidad se desarrolla así. Es nuestra manera de innovar en gestión del conocimiento.
No es necesario insistir sobre la estrecha relación que hay entre conciencia y valoración de cada estructura; y entre facilidad para seleccionar y guardar datos provenientes de las estructuras valoradas y el hábito de desechar datos de las estructuras desvalorizadas. No existe ninguna estructura inútil ni que sobre, ya lo vimos. Tomaremos dos ejemplos de desvalorización muy comunes en las empresas: la descalificación del Transformador y la del Orientador. La experiencia clínica con los enfermos de Alzheimer nos muestra la extrema gravedad de ésta desvalorización. En efecto, el enfermo olvida datos del Sintetizador y no recuerda cuántos tomates hay en la nevera. Luego olvida datos del Rector y se vuelve confuso en cuanto a normas y a límites, pareciendo más indulgente. Pero ya cuando el proceso es crítico es cuando olvida quién es él, dato del Transformador (identidad) y quienes son los que lo rodean. Al último estadio de deterioro, mortal de necesidad, es cuando olvida que es un ser humano, y es cuando ya no sabe ni ser un ser vivo ni respirar, ambos manifestaciones del Orientador.
El estudio de las seis dimensiones del ser humano, tal y como las vimos, introduce la valoración absoluta de todas y cada una de ellas; y al mismo nivel. Esto termina con el mito, tan extendido en las ciencias gerenciales actuales, de la sobrecalificación del Sintetizador y del Rector como siendo lo único adulto y racional a tomar en cuenta a la hora de las sesudas reuniones de gerencia. Por eso suelen ser éstas tan estériles.

– El Sintetizador archiva: los datos seleccionados son inmediatamente archivados y, para ello, el Sintetizador abre primero tantos archivos como cree necesario. Este paso presupone una clasificación de datos, también tarea del Sintetizador. Es muy importante constatar que, más aún que las demás estructuras, el Sintetizador selecciona, clasifica y archiva datos provenientes de las seis estructuras, sin privilegiar ninguna. Este es el mecanismo que permite el desarrollo de toda la estructura: no se podría hacer una sola ley ni un solo diagnóstico (tarea del Rector) sin disponer de datos, no se puede establecer una sola alianza sin tener memoria de quiénes son queribles o no (Protector), no se puede repartir nada de lo que no se tiene constancia (Vitalizador), no se puede crear nada ex nihilo sin utilizar datos y materiales existentes, conocidos y disponibles, no se puede ver el mañana si olvidamos y no percibimos el hoy. Todo moriría por falta de uso y de memoria sin nuestro Sintetizador.
Los que conocieron a Napoleón cuentan que su genialidad como estadista reposaba justamente en su facultad de archivar, y que su mente era como un gran armario con gavetas donde los temas estaban ordenados, clasificados y archivados. Por eso podía, con gran claridad, dirigir decenas de temas al mismo tiempo y lograr el desarrollo de su programa dirigente.

– El Sintetizador clasifica: y esta labor de clasificación es prodigiosa porque abarca cualquier dato, estímulo, deducción, sensación y emoción provenientes de cualquiera de nuestras estructuras. La clasificación no es forzosamente anterior al archivo de datos. Más bien ocurre al revés: cuando estamos ante estímulos y situaciones nuevas solemos, cuando funcionamos bien, abrir un archivo con un tema común, por ejemplo “experiencia del domingo en el nuevo restaurante chino”, para luego clasificar sabores y olores, por ejemplo, y guardarlos después en el archivo “olores” y “sabores” que nos servirán, en otra experiencia similar, para enriquecer nuestro conocimiento y nuestra sensibilidad culinaria.
Clasificar implica reconocer categorías. Y ese conocimiento, como ya vimos, proviene del Transformador y es recogido por el Sintetizador, cuya principal función es el desarrollo de un trabajo útil. Aquí, cada palabra es relevante: la noción de desarrollo, principal y básica función del Sintetizador, que existe con esa finalidad. La noción de trabajo, porque el desarrollo implica cosas que hacer, trabajar. Sin eso moriríamos en cuanto se detuviera esa función. Ningún órgano, ninguna célula haría nada. No haríamos un solo movimiento, no tendríamos un solo pensamiento. Sería la muerte por inactividad generalizada. Así, para permitirnos vivir e ir a mejor, a más, y así desarrollarnos, el Sintetizador trabaja sin descanso: reconoce datos, es decir, los identifica, los recoge, los analiza, los clasifica, los archiva, y hace mil cosas más como ya veremos, y, todo ello, para que seamos seres pensantes e inteligentes.
Reconocer categorías permite clasificar de manera coherente y práctica, es decir, que facilita la utilización frecuente y versátil del material clasificado. En nuestro cerebro hay millones de clasificaciones y de categorías, todas vivas, que nos permiten recurrir a nuestra memoria y utilizar el material clasificado para nuevos análisis y nuevos desarrollos. Cada ser humano tiene su manera peculiar de clasificar los datos que recoge, porque la clasificación depende de las categorías que, a su vez, dependen del Transformador cuya esencia es el ser real y profundo de cada persona. Y eso nos hace diferentes e incomparables.

– El Sintetizador memoriza: es decir, retiene la información almacenada y la mantiene consciente. El Sintetizador sano tiene una memoria impresionante. Y el gran secreto que descubrimos con el MAT es que, para que eso se produzca, el Sintetizador debe estar alimentado por su energía innata y correspondiente. En efecto, como veremos en el próximo capítulo, la emoción adecuada para que el Sintetizador funcione en todas sus competencias es que esté alimentado por la tristeza auténtica, definida en el MAT como sensibilidad a la pérdida. Dejaremos para el capítulo siguiente el discurso sobre ello, contentándonos con una mera ilustración. Si tenemos la facultad de sentir las pérdidas y entristecernos por ellas, tendremos automáticamente la facultad de recordar un máximo de datos vividos, recogidos y almacenados: para no perder oportunidades, recuerdos, combinaciones posibles y, más elementalmente, datos.
Existen muchas técnicas para memorizar, todas relacionadas con la facultad de hacernos sensibles a la pérdida. Y eso no es casual, es causal.
Por otro lado, sobrecargar la memoria, ya se ha demostrado, es nocivo porque limita la disponibilidad para captar y elaborar datos nuevos, que pueden ser más importantes que la mera acumulación de material excesivo. Cuando funcionamos bien, tenemos sobre todo un buen archivo con facilidad de acceso, más que la facultad de recordar todos los números de teléfono de la guía o anuario. Podríamos hacerlo, en detrimento del ejercitamiento de nuestras demás estructuras de manera armónica, llegando así a un desequilibrio. Nuestro Rector, si funciona bien, nos alertaría enseguida sobre el riesgo de falta de armonía. Además, la función trascendente del Sintetizador quedaría hipotecada pues acumulación no significa claridad, y sí riesgo de confusión.

– El Sintetizador piensa: es decir, formula ideas nuevas que nos pueden ser útiles para solucionar cualquier problema que se nos presente.
Todas las escuelas racionalistas, desde Sócrates hasta Descartes, han identificado la enorme importancia del pensamiento en el ser humano, llegando hasta confundir el pensar (tarea de Sintetizador) con el ser (Transformador) como lo hacía Descartes. En nuestra sociedad occidental se ha desequilibrado la estructura de personalidad a favor del Sintetizador obeso, mientras que en el universo oriental se ha deflacionado el Sintetizador en provecho del Orientador. Ambas posiciones son erróneas, a más de peligrosas, pues llevan al desequilibrio y a la falta de armonía.
Pensar, en un ser equilibrado, debería ser una sexta parte de su actividad. Pensar es adecuado cuando se tiene un problema para resolver, cuando se tiene una oportunidad de desarrollar algo vivo y bueno, cuando se ha perdido algo y se busca una opción nueva para remplazarlo y cuando estamos bien y decidimos estar mejor. Nada más. Pensar por pensar y así torturarse cerebralmente, agotando nuestra mente, es malo. Pensar a la hora de crear también lo es, pensar en vez de sentir sensaciones y emociones es malísimo, pensar en vez de poner límites y así dar más opción a que nos invadan y destruyan también lo es, y pensar en vez de amar y entregarse es desolador.
Por estar viviendo y trabajando en una sociedad racionalista donde el pensamiento ya es manía casi excluyente, introducimos una verdadera revolución en nuestro trabajo como consultores y como formadores, no sólo en materia de impedir que las demás estructuras, todas, no estén presentes en cada ocasión en nuestros estudiantes y clientes, sino sobre todo en materia de adecuada utilización del Sintetizador para pensar bien. Pues, como ya veremos, el Sintetizador se suele utilizar en el medio laboral con demasiada frecuencia, es decir remplazando las estructuras a las que corresponde trabajar, y, cuando se debe utilizar el Sintetizador, no se utiliza o se utiliza mal, pues no se erradican las causas del problema, que es, para nosotros, el criterio de una persona inteligente.
Tomaremos dos ejemplos, uno para ilustrar cada caso mencionado: un ejecutivo acaba de ser expulsado de la organización porque no le cae bien a su jefe. Entonces se deprime y piensa en cómo congraciarse con él o en cómo no volver a mostrar que es más creativo que su jefe para no volver a ser envidiado y expulsado en su próximo trabajo. Es un mal procedimiento. Debería sentir rabia por la injusticia y alegría de no estar más en un medio hostil para con su creatividad. Y ponerse a buscar otras opciones de trabajo con gente que no sea envidiosa o, mejor, con gente que sepa valorar lo grande, es decir que utilice bien su Transformador. Así, nuestro ejecutivo ganaría y se desarrollaría en vez de condenarse a perder.
El otro caso lo tenemos en otro ejecutivo que llega tarde al aeropuerto y se encuentra con que perdió el avión. Este se pondrá rabioso y culpará una serie de elementos (como el despertador o el tráfico) y de personas (el empleado que le comunica que el avión ya salió) o a sí mismo (por lo idiota que fue al llegar tarde, aunque haya sido porque se le pinchó una rueda). Mala opción, pues no trae soluciones ni desarrollo a su problema. Esta es la ocasión de usar el Sintetizador para buscar otras opciones con que compensar la pérdida. Esos ejemplos traducen situaciones muy frecuentes en las personas.

– El Sintetizador relaciona: de manera prodigiosa, como ningún computador será nunca capaz de hacer. Relaciona sensaciones e ideas, sentimientos e intuiciones, conclusiones e imaginaciones, es decir, todos los datos aportados por cualquiera de nuestras seis estructuras. El Sintetizador relaciona elementos compatibles y, al contacto con el Transformador, relaciona elementos incompatibles hasta ahora, para ser creador. Cuando se va desensibilizando al miedo de relacionar cosas aparentemente alejadas, se vuelve más audaz, más ocurrente, más inteligente y claro.
El prodigio de nuestro Sintetizador es que es capaz de relacionar peras con manzanas, una sensación táctil con un olor, una emoción con un dato cifrado, un diagnóstico con una intuición, todo ello y cien cosas más, y dar un resultado inteligente, es decir congruente y coherente.
Por ejemplo, relacionamos el paro con el miedo y el subdesarrollo. Es una relación inteligente. Pero hay mil relaciones más. Todas inteligentes. Se puede relacionar con tiempo libre, con creación de un nuevo modelo de sociedad, con dedicación a los hijos, con cambio de empleo más acorde a nuestra real situación o nivel de crecimiento, con hambre, con vergüenza ajena, con mil cosas.
La facultad de relacionar posibilita el aprendizaje tanto de nuestras conductas positivas como de nuestras conductas negativas. En efecto, si cuando damos un abrazo a un amigo recibimos un airado rechazo, y esa respuesta se produce una y otra vez, dejaremos de abrazar a nuestro amigo. Lo malo será extender esa respuesta y no abrazar a nadie.
La facultad de relacionar ha permitido a la lógica formular el principio de causalidad, según el cual una causa produce un efecto. En el ejemplo anterior, si en vez de un amigo adulto cuando ya lo somos también se trata de papá y de mamá cuando somos muy pequeños, podremos decidir que abrazar trae efectos perniciosos y dejar de ser espontáneos y afectuosos para siempre.

– El Sintetizador percibe las pérdidas y los incrementos, así como las variaciones por más pequeñas que sean. Y esta facultad es la que le da su real utilidad en nuestra estructura. El Sintetizador es nuestro gran matemático personal. Es nuestra calculadora personal. Lo mide todo. Por ello, capta de manera muy intensa y aguda cualquier variación. Al decir variación no hablamos de cambio, materia del Orientador. Variación significa la misma cosa en medidas diferentes.
Por ejemplo, tenemos menos dinero que el mes pasado a la misma altura del mes. Eso es un desbalance, una pérdida. Nuestro Sintetizador se pondrá en marcha y analizará la situación hasta detectar las causas objetivas de tal pérdida. A partir de allí encontrará opciones y soluciones, erradicando las causas.
Todos los aparatos de medición que posee el ser humano han sido inventados por nuestro Transformador para imitar la capacidad de nuestro Sintetizador; así como el computador es el ejemplo más moderno y avanzado para imitar la facultad de nuestro Sintetizador de trabajar, almacenar, relacionar, archivar y medir. En la labor de medir daremos, como ejemplo, el tamaño de las letras y los espaciados que elegimos para escribir un texto.
En lo que se refiere a lo bueno, el Sintetizador mide las pérdidas y busca soluciones de reemplazo, y mide las ganancias o incrementos y tiene la satisfacción del desarrollo. En lo malo, el Sintetizador procede al revés: por ejemplo si nos medimos la temperatura y nos encontramos 40º de fiebre tendremos un problema que se trata de resolver y si, al día siguiente tenemos sólo 38º, ya habrá más desarrollo de nuestra salud.

– El Sintetizador procesa: para llegar a una idea, el Sintetizador relaciona y procesa todos los datos disponibles relacionados con cualquier problema. Procesar significa tener un programa y programarse para llegar a una solución o a un resultado deseable. Por ejemplo: queremos ir al cine: recogemos datos leyendo la cartelera y procesamos datos, los recogidos y los archivados sobre las películas que ya vimos, sobre nuestros gustos e intereses, mezclamos todos esos datos de manera dirigida a la elección de la película y llegamos a una elección. Por ejemplo, podemos ver nuestro propósito destruido si dejamos de procesar los horarios de la película y nos presentamos frente a la taquilla cuando ya está cerrada.
Cuando no encontramos soluciones satisfactorias, las más veces es porque dejamos de procesar datos que tenemos archivados. En el ejemplo anterior del niño que decide dejar de abrazar, si abriéramos su archivo de datos encontraríamos muchas ocasiones, anteriores y posteriores a la decisión, donde el niño pudo abrazar o ver a otros niños hacerlo, con entera satisfacción. Si ese niño va más tarde en su vida al psicólogo, éste le hará recordar esas experiencias y provocar otras, satisfactorias, para que las procese y llegue a tomar una decisión más saludable.
En el tercer capítulo, cuando veamos las tipologías de personalidad, nos encontraremos con que, según el perfil que tengamos, dejamos de procesar una infinidad de datos que, de ser procesados, nos harían recobrar nuestra plenitud. Y, así, todos nos acostumbramos, para mantener nuestra prisión tipológica, a sobrevalorar ciertos datos y sus estructuras correspondientes, procesándolos todos, y a desvalorizar otros, con sus correspondientes estructuras, dejando de procesarlos. Por ello, el resultado es falso, tramposo y empobrecido.

– El Sintetizador conecta, es decir, establece conexiones de todo tipo entre todos los datos disponibles. Por ejemplo, en el tercer capítulo, veremos que se adquiere una tipología de personalidad al desconectar la emoción adecuada de nuestra estructura más fuerte y talentosa, remplazándola por falsa rabia. Así, un niño que tiene un Rector muy potente, decide, por razones muy poderosas que analizaremos más tarde, desconectar el miedo de su Rector. Con ello, deja de funcionar, y, cada vez que ese niño se encuentre en una situación donde necesite diagnosticar amenazas o poner límites dejará su sistema abierto a la invasión. Con ello se volverá incauto y confiará en los peores y más tóxicos. Para volver a conquistar su talento de infancia ese niño, por lo general ya adulto, volverá a conectar el miedo a su Rector y será un talento en detectar amenazas y en defenderse.
El Sintetizador conecta todos los elementos conectables de nuestra estructura. Por ejemplo, para que un trabajo de equipo se pueda dar en nosotros, el Sintetizador conecta cada estructura con todas las demás, para que se relacionen, comuniquen y trabajen juntas. Este trabajo que hace hacia fuera, entre las estructuras y entre cualquier elemento importante o necesario, lo hace también hacia adentro, al conectar con un dato aparentemente olvidado, necesario para ser procesado, y fundamental para detectar una opción más conveniente para nosotros.

– El Sintetizador desarrolla y ésta es su principal función. En efecto, buscar cómo producir más y mejor de lo mismo significa desarrollar. Por ejemplo, producir más objetos para desarrollar la producción de bicicletas en una fábrica, es tarea fundamental del Sintetizador.
En el ámbito corporal, cuando nos crece el pelo o las uñas, es que el Sintetizador está trabajando. Cuando desarrollamos un programa de acción, con asignación de tiempos y de responsables, es el Sintetizador al que ponemos en marcha para lograrlo.
En nuestra evolución, es necesario el trabajo en equipo entre el Sintetizador que desarrolla, el Transformador que crea otra cosa que antes no existía y el Orientador que produce cambios entre un estado y otro, diferente y sin relación. Por ejemplo, en la creación de una empresa el cambio interviene cuando los futuros socios, que antes no se conocían, se encuentran y se relacionan. El desarrollo se produce cuando la comunicación entre ellos va creciendo y abordan sus sueños y sus proyectos. La transformación se produce cuando logran crear un proyecto nuevo de empresa que logre dar cuenta de una realidad que desean crear. El acuerdo para hacerlo dependerá del Protector. Y el desarrollar cada uno de los socios su programa de trabajo para convertir un mero proyecto en realidad será tarea del Sintetizador. El formar equipo y trabajar todos juntos para lograr desarrollar los medios, los productos, las acciones y los resultados será igualmente función del Sintetizador.

– El Sintetizador detecta aciertos y errores: aprueba los primeros y corrige los segundos. Así, el Sintetizador tiene como función la verificación de la fiabilidad de los datos con los cuales vamos a trabajar. Si pensamos que dos y dos son cinco, el Sintetizador detectará un error en el resultado y buscará la solución justa en la memoria o usando algún instrumento de cálculo como contar con los dedos por ejemplo, o usar una calculadora.
Es importante diferenciar un error de una mentira. El Sintetizador no detecta ni diferencia las mentiras sino los errores. Por ejemplo, si debemos agrupar ovejas blancas y negras en dos tropeles distintos, si se nos cuela una oveja negra en un tropel de blancas, será un error y el Sintetizador lo detectará y lo corregirá, apartando y reconduciendo a la oveja negra a su grupo. Si lo que ocurre es que alguien pintó una oveja blanca de negro, la detección de esa trampa o mentira será función del Vitalizador. El Sintetizador podrá detectar la impostura de manera más detallista y lenta, observando que cuando llueve la oveja negra pierde su color, o analizando que las pesuñas tienen pelo blanco, es decir de manera más experimental y deductiva.

– El Sintetizador calcula sumando, restando, multiplicando y dividiendo. Estas habilidades están, en efecto, incluidas en la función de desarrollo, es decir obtención de más o menos de lo mismo. Y la función de sumar, multiplicar, restar y dividir se hace entre objetos o sujetos de categorías similares. No se puede dividir tres manzanas por una pera, ni multiplicar cuatro barcos por seis submarinos. Ese tipo de procesos los hace el Transformador, no el Sintetizador.

– El Sintetizador percibe lo muerto y lo inútil, y lo no actualizado. Esta es una función esencial del Sintetizador para mantenerse actualizado y eficaz. La percepción de lo dañado, para buscar qué hacer para repararlo, es una función muy fundamental. Igualmente la percepción de lo muerto, de lo que ya no sirve, para que el Vitalizador lo saque del sistema y conservar a éste vivo y sano, para que no sea contaminado y por ende dañado por el objeto o sujeto muerto que se podría descomponer y pudrir el todo.
Si tenemos por ejemplo un instrumental de carpintería que nuestro Sintetizador necesitará para reparar muebles y en ese conjunto hay dos martillos de los cuales uno roto y dos docenas de clavos de los cuales tres torcidos y sin punta así como una lima dañada, el Sintetizador deducirá que el martillo roto y los tres clavos no se deben tomar en cuenta para calcular nuestra capacidad de trabajo. El Vitalizador las eliminará del set de carpintería, que estará así más útil y eficaz. El Sintetizador decidirá repara la lima dañada.
– El Sintetizador encuentra opciones: Como resultado de su capacidad de programar y de procesar, el Sintetizador encontrará resultados que analizará a su vez y comparará para seleccionar la mejor opción para cada momento. Muchas veces se ha definido la inteligencia, función de nuestro Sintetizador, como la capacidad de encontrar soluciones a los problemas. Y esas soluciones están entre las opciones válidas y fundamentadas de las cuales tratamos ahora.
Por ejemplo, tenemos dos horas libres: nuestro Sintetizador procesará todos los datos de toda nuestra estructura de personalidad y propondrá opciones varias y complejas a nuestra consideración. Como dormir un rato, tomar un baño, ir a cortarnos el cabello, ir al cine, leer un libro. Entre todas esas opciones, y las más veces combinándolas, nos decidiremos por la mejor opción, la que nos desarrolle mejor eliminando al máximo las pérdidas.

– El Sintetizador encuentra soluciones: la solución difiere de la opción porque la primera, si es verdaderamente una solución y no una opción, elimina la causa del problema que originó el recurrir al Sintetizador. Por ejemplo, si tenemos fiebre, una opción sería tomar un baño fresco o una aspirina para bajar la temperatura. Una solución aceptable sería ir al médico y hacernos análisis y tomar el tratamiento para eliminar la causa de la fiebre. Una solución MAT sería tomar contacto con la rabia que hemos transformado en falso miedo y enfrentar las causas de rabia, erradicándolas. Esta solución elimina un problema estructural que, en este caso, paraliza el Vitalizador y, con él, sus funciones, recuperando así la vitalidad, la justicia y la salud.
Asimismo, si un empleado no tiene un buen desempeño, una opción sería hablar con él y obtener el compromiso suyo de mejorar. Una solución sería analizar su desempeño y detectar la causa de los fallos y erradicarla. Como lo podría ser inscribirlo en un curso de manejo del ordenador, si la causa que se detectó fue la ignorancia del manejo de ese instrumento.
– El Sintetizador compara opciones y soluciones: La tarea de comparar es esencial en la función de conocer, finalidad principal del Sintetizador. Tener un máximo de puntos de comparación y compararlos es fundamental para que esta estructura desarrolle su conocimiento y lo ensanche. Esta tarea forma parte del proceso de conocimiento y pasa a conformar nuestra experiencia del mundo, también tarea del Sintetizador.
El ideal del Sintetizador, cuando procede a esa tarea, es la de lograr determinar y seleccionar aquellas opciones y soluciones que producen el máximo de efecto positivo con el mínimo de recursos posibles. Esto nos permite ser eficaces. Obtenemos así un máximo de ganancias con un mínimo de esfuerzo y de dolor.

– El Sintetizador encuentra, para cada problema, la mejor solución: y, además ese proceso de actualización y de mejora no acaba nunca, porque nuestro Sintetizador sabe que jamás se llega a la perfección sino a lo perfectible. Y en ese proceso de buscar la excelencia, el mayor conocimiento y el mayor desarrollo, el Sintetizador busca apersigue mejorar desde el preciso momento en que selecciona la mejor solución u opción. Para el Sintetizador inteligente nada es definitivo mientras esté vivo. La mejora es desarrollo; y es continua.

– El Sintetizador compara y actualiza datos y soluciones: al completarlos y corregirlos se llega a actualizar de manera continua tanto los datos como las opciones y soluciones. Una vez actualizados, se procede una vez más a compararlos para realizar, cuanto menos, dos cosas: optar por lo más eficaz y conveniente en cada caso o encontrar otra opción o solución que sea consecuencia de la comparación. Por ejemplo, si en una familia siempre se hizo algo de una misma manera y eso por tradición y por ser eficaz, el Sintetizador ha estado comparando durante ese largo tiempo y no encontró necesario ni útil cambiar. Pero en algún momento, en su tarea de comparar, encontrará otra forma de hacer lo mismo más eficaz y rica. Entonces actualizará sus datos y seleccionará como opción o solución, una forma de hacer distinta y más rentable, útil y moderna.

– El Sintetizador ofrece opciones nuevas, acordes con cada situación precisamente porque es capaz de percibir las pérdidas. En efecto, una opción puede ser la mejor mientras permita el mantenimiento y preservación de algo valioso y no signifique ni acarree pérdidas. Si se detecta otra opción que permita desarrollar más y perder menos, esa nueva opción será la que el Sintetizador seleccionará. Por ejemplo, cuando se escribía en máquina de escribir manual no se podían introducir correcciones importantes ni desplazamientos de textos, ni copias salvo una o dos con papel carbón. Usar esa máquina era la mejor opción para el trabajo diario y requería una gran maestría en ortografía y en manejo del teclado. Cuando surgieron los ordenadores personales, nuestro Sintetizador empezó a comparar y detectar todo lo que se podía perder al continuar con la vieja máquina. Hoy no queda casi nadie en nuestro entorno que las siga usando. Se convirtieron en un anacronismo.

– El Sintetizador comunica: Esta es la segunda función más importante del Sintetizador: después de pensar de manera inteligente para encontrar soluciones a todos los problemas –pues para un Sintetizador que funciona bien no hay problema sin solución-, el Sintetizador es, en toda nuestra estructura, el auténtico y definitivo responsable de la comunicación.
En efecto, cuando ya se hizo el trabajo de pensar, de encontrar el qué hacer, decir, deducir, proponer, llega el tiempo de comunicar a los demás ese qué para tener acuerdos mínimos sobre el qué hacer. Juntos. La noción de trabajo es un concepto del Sintetizador. La noción de equipo también. Y la única manera de poder trabajar juntos es comunicar al otro o a los otros lo que hay que hacer, pensar, tener, etc.
La comunicación gestual, escrita y hablada es una competencia del Sintetizador. Nosotros, en nuestra labor docente y consultora enseñamos cómo y para qué se puede comunicar, a través de toda la estructura propia, hacia toda la estructura de los demás a través del Sintetizador que concluye sobre el qué decir y desde qué estructura o canal desarrollar su comunicación. Por ejemplo, si queremos comunicar que el plan estratégico que tenemos en una empresa no está bien orientado y se debería cambiar por este otro, mejor orientado a las oportunidades y necesidades del mercado, nuestro Sintetizador elegirá comenzar usando el canal Sintetizador –Sintetizador y dará datos e información objetiva que desvelará los errores del viejo plan. Luego elegirá el canal Transformador –Transformador para presentar una nueva creación que cubra las necesidades y oportunidades vislumbradas con el Orientador. Luego irá al canal Vitalizador- Vitalizador para que se rechace lo que ya no sirve y terminará eligiendo el canal Protector- Protector para crear consenso y compromiso sobre el nuevo plan. Esas elecciones de las mejores y más válidas opciones para hacer pasar ideas de una estructura a otra (ya sea propia o ajena) son habilidades del Sintetizador que hace el balance de lo disponible, conecta las diferentes opciones, las procesa y las compara sobre la base de la eficacia y utilidad, y elige la mejor y más desarrolladora opción.
No existe en nuestra estructura nada mejor y más autorizado para comunicar que el Sintetizador que posee todos los datos de todas las estructuras y es capaz de mezclarlos, procesarlos, mejorarlos, disponerlos en múltiples formas, analizarlos, buscar nuevas formas de combinarlos, mezclarlos, seleccionarlos, y tener acceso a toda la estructura para recoger más datos y proponer mejores opciones. Porque nuestro Sintetizador es nuestra capacidad de inteligencia, de economía y de desarrollo.

– El Sintetizador negocia (ganar- ganar): la negociación es una forma superior de comunicación puesto que se ocupa de lograr acuerdos y consenso de posiciones contrarias y las más veces enfrentadas. Y, un Sintetizador que funciona bien persigue el desarrollo sostenible y sostenido. No trata de trampear ni de manipular, ni de imponer relaciones de poder. Parte, como en todo su enfoque, de la creencia en que todo problema tiene una solución desarrolladora e inteligente y busca puntos de acuerdo entre las partes que permitan a ambas ganar y desarrollarse y tener más que antes de todo lo analizado y planteado. Esto es una negociación eficaz y no un juego de gato y de ratón donde el más tramposo, el más intimidante o el más provisionalmente poderoso impone su punto de vista sobre los demás. Ese tipo de negociación no está coordinada ni dirigida por el Sintetizador, sino por un Transformador manipulador, un Orientador invasor y un Rector castrador.

– El Sintetizador se manifiesta mediante conclusiones, análisis, síntesis, y comunicaciones.
Es la estructura que más tiende a la objetividad y a lo racional e inteligente. Se manifiesta básicamente mediante datos objetivos y contrastables. No por ello debemos concluir que las demás estructuras son subjetivas porque contemplan y trabajan con emociones, mientras que el Sintetizador es objetivo porque no trabaja con emociones. Esa conclusión sería errónea. El Sintetizador, como ya veremos, trabaja con una emoción especializada en la racionalidad y en el desarrollo. Esa emoción es la tristeza, ya lo veremos ampliamente en el próximo capítulo. Por el momento, recordemos solamente que la tristeza es la única emoción que nos permite percibir y sentir las pérdidas y aspirar a encontrar opciones y soluciones para remplazar esas pérdidas por un nuevo desarrollo y bienestar. Y que la inteligencia está en obtener más de lo que, en cada momento, se pierde.

El nombre que le pusimos en el MAT, el Sintetizador, corresponde a su función de conservar y procesar todos los datos disponibles para obtener resultados inteligentes. Y de todos los procesos mentales, el ser capaz, tras un buen análisis, de establecer una síntesis, es el proceso racional más difícil y complicado. En efecto, de poco nos sirve hacer doctos y sólidos análisis si después no somos capaces de establecer una síntesis. La síntesis, luego, será recogida por el Protector para crear conceptos. Será igualmente recogida por el Transformador para crear categorías. Será procesada por el Orientador para desvelar verdades nuevas y caminos inexplorados. Sin la síntesis, nada de eso sería posible. Si lo ilustramos, el análisis nos daría los qués y la síntesis nos daría el qué definitivo y total. Esa es la diferencia entre la laboriosidad o el trabajo meritorio y la inteligencia clara y brillante, función real del Sintetizador. Por ejemplo, en este capitulo estamos haciendo una presentación, un análisis y una síntesis de nuestra estructura universal de personalidad en sus seis dimensiones. Presentamos el qué tenemos, todos, para poder vivir como un humano.
En el diagrama, página 122, el Sintetizador es representado por un círculo entre los dos triángulos del Socializador y del Conectador. En el dibujo de la estructura integrada, el Sintetizador es representado por el mismo círculo, pero que encierra los dos triángulos que, simplemente, se introducen en el círculo del Sintetizador. La idea de representarlo por un círculo corresponde y se ajusta a su función de archivar, ordenar, procesar todos los datos disponibles provenientes de las seis estructuras. Mientras que el Socializador se representa como un triángulo en equilibrio sobre su punta como ilustrando el anhelo de conciliar y equilibrar orden y colaboración solidaria. En cuanto al triángulo del Conectador, el triángulo que reposa sobre su base sugiere la conexión con la realidad tripartita: dos de ellas que se pueden percibir en contacto con el mundo visible (el Vitalizador y el Transformador apoyados sobre su base en la realidad aparente) y uno elevado y sin contacto con la materia visible (el Orientador colocado de manera suspendida con respecto a la base). Esto en cuanto a intención de representación de una realidad que no se puede transmitir en una simple figura geométrica, sino como aproximación de intención didáctica.

Cuando funciona bien, el Sintetizador es completo, sextidimensional en cuanto a datos, conclusiones, interrogantes. Es ágil, versátil, hábil, claro, reflexivo, informado, actualizado, ecuánime, objetivo y sintético.
Es ágil porque tiene toda la información imaginable, archivada y ordenada, con todas las posibilidades de conexiones y combinaciones posibles.
Es versátil justamente porque la información se puede procesar sin censuras en todas las formas y combinaciones posibles, con lo cual las posibilidades de opciones y soluciones son ilimitadas.
Es hábil porque está súper informado y posee la destreza de aprovechar todas las oportunidades aparentes y también inéditas.
Es claro porque sabe seleccionar la información relevante y procesarla de manera metódica, sincera y honesta, lo que impide cualquier confusión u opacidad.
Es reflexivo porque no se contenta con un solo enfoque o análisis de los problemas, y, además, huye de los tópicos porque sabe que corresponden a cosas muertas que él detecta, buscando siempre el enfoque más actual y desarrollador. Además está permanentemente actualizando cualquiera de sus resultados.
Es ecuánime porque trabaja objetivamente, valorando cualquier potencial de desarrollo, sin pasión. Con ello encuentra siempre algo aprovechable, veraz, útil y auténtico, allí donde otras estructuras tiran la toalla y renuncian o desechan.
Es sintético porque inteligente y por ende esencial y escueto. Va al grano, sin rodeos, concentrándose en lo esencial. Además, una de sus fortalezas es detectar cualquier posible pérdida, y la gestión del tiempo entra precisamente en la materia de su especialidad, con lo cual, evita e impide perder tiempo en cosas y datos accesorios, estériles o contaminantes. Solo valora lo que fomenta lo vivo.
Cuando el Sintetizador funciona bien tiene, fundamentalmente, tres funciones:
– El desarrollo de la inteligencia que se manifiesta de manera analítica, sintética y clara y que resuelve cualquier problema que se le presenta.
– El control y gestión del tiempo. Esta materia cubre un enorme repertorio cuyo desarrollo merecería todo un libro. Lo sintetizaremos refiriéndonos a la habilidad de invertir el tiempo en actividades que desarrollen oportunidades para cada una de nuestras seis estructuras y que eviten pérdidas y deterioros en el campo de dichas estructuras. Es una enorme materia que enseñamos en nuestros seminarios.
La comunicación total, garante del desarrollo, que incluye los signos gestuales, verbales y físicos de reconocimiento e incentivación de cada estructura, hacia sí mismo y hacia los demás. Además de esta materia, incluye, en la metodología MAT, el manejo de los canales tipológicos de comunicación, venta y negociación. Esta última enseñanza garantiza triplicar la eficacia de la comunicación.
El campo de actuación del Sintetizador será objeto de un próximo libro. Por ahora existe uno: “El MAT, ciencia del Dirigente del siglo XXI”, escrito por nosotros en 1989 y disponible enviando un mail a: contacta@mat21.netadalverny@e-colmado.com. Y.

Cuando funciona mal, el Sintetizador es confuso, necrófilo, espeso, sombrío y pesimista.
– Es confuso: la memoria no funciona bien y olvida, o mezcla datos irrelevantes que introduce en el Procesador como teniendo una jerarquía e importancia relevantes. Con lo cual el resultado es tópico y lamentable, caracterizándose por lo banal de su resultado.
– Es necrófilo: se niega a deshacerse de datos falsos, muertos y trasnochados y los procesa con carácter prioritario con respecto a los nuevos y vivos. Presenta en sus resultados un mundo de muerte que privilegia y ama lo muerto.
– Es espeso: su cadencia es lenta a más de confusa. Mezcla churras con merinas y parece el pensamiento de un deficiente mental.
– Es sombrío: confunde la seriedad y la fiabilidad con ser siniestro y pesimista. En vez de encontrar soluciones, trae problemas.

El Sintetizador puede, como cualquier estructura, fallar por exceso o por defecto. Por exceso, hay una recarga excesiva de datos mal jerarquizados y archivados que invaden el procesador a la hora de encontrar soluciones y opciones. Con lo cual, el discurso de una persona en estas condiciones es penoso por su pesadez, por lo interminable de sus exposiciones, por los paréntesis que abre en cada desarrollo de su intervención, paréntesis repletos de muletillas como “obviamente” ( seguido de confusos desarrollos y datos), “perfectamente” (seguido de imperfectas y excesivas puntualizaciones que hacen perder el hilo de lo esencial), “naturalmente” ( seguido de datos falsos o trasnochados que han perdido vigencia y actualidad).
En cuanto a la gestión del tiempo de un Sintetizador así, se caracteriza por la acumulación de cosas irrelevantes y rutinarias que comen todo el tiempo e impiden la creación y la apertura natural hacia el Vitalizador, que rechaza y borra todo lo falso, muerto e inútil, y hacia el Transformador, que permite crear y crecer. Queda un ser abrumado, derrotado y estéril que teme ser, mostrarse, crear y crecer. Un ser triste y deprimente.
Cuando el Sintetizador falla por defecto, el pensamiento es pobre y débil y la persona se caracteriza por mariposear sin fijarse ni consolidarse, de flor en flor, como un infante irresponsable sobre el cual no se puede contar como adulto. Es superficial y picaflor. Prefiere la seducción a la venta y la manipulación a la negociación.

¿En qué campos se manifiesta el Sintetizador?
El Sintetizador se manifiesta en todos los campos de la estructura humana, tal y como lo hacen las demás estructuras:
En su propio campo: a través de recuerdos, pensamientos, soluciones, opciones, comunicación, negociación y venta, y, sobre todo, solución de problemas.
En el campo del Rector: los ejemplos son innumerables. El ordenamiento de los artículos de una ley, por ejemplo, evidencia la intervención del Sintetizador en materia rectora. La realización de una valla de separación entre parcelas colindantes, y toda realización de trabajo que posibilite ejecutar las intenciones de separar, regir, regentar, normatizar, son intervenciones del Sintetizador. En un ejército, por ejemplo, el orden de las filas y la coordinación de los soldados desfilando en orden a paso militar impecable es presencia e intervención del Sintetizador. En general, todo trabajo, proyecto y ejecución necesitan prioritariamente al Sintetizador.
En el campo del Protector: también abundan los ejemplos. Nos limitaremos a la comunicación, que implica preocupación y atención para con el otro, sin lo cual nunca nadie se comunicaría. O cuando se decide hacer un regalo: hay que trabajar encargándolo, comprándolo, envolviéndolo, trasportándolo, entregándolo.
En el campo del Vitalizador: todo el material de desecho que el Vitalizador tiene que descartar proviene, por lo general, del Sintetizador. Además mencionaremos todo lo que represente un trabajo en el dominio de los movimientos, de la gimnasia, de la marcha. Millones de ejemplos. Pues el Sintetizador, de entre todas las estructuras, es la que trabaja.
En el campo del Transformador: No habría ningún funcionamiento posible del Transformador si el material que va a usar para realizar sus combinaciones y creaciones no estuviera ordenado y clasificado en el Sintetizador. Además tras cualquier creación, o más bien idea de creación, viene el momento del análisis de factibilidad, validez, sensatez del proyecto. Luego llega el trabajo de realizar la obra.
En el campo del Orientador: en el campo donde menos se sospecharía la intervención del Sintetizador es casi donde más constante se presenta. Pensemos en manera conocidas de contactar con la trascendencia: técnicas de meditación, técnicas de viajes astrales, técnicas de interpretación de sueños, todas necesitan un trabajo, un proceso, unas técnicas. Eso como punto de partida para lograr acceder a ese mundo irracional e inconsciente. Una vez en contacto, hay una constante intervención del Sintetizador en la selección de canales traducibles e interpretables por la razón. Por ejemplo, si el mismísimo Dios nos habla, lo oiremos por el canal de nuestro idioma o de algún idioma que entendamos. Eso es intervención del Sintetizador. Y después de la revelación de algún portento o verdad desconocida hasta ahora, intervendrá el Sintetizador para discriminar, con su análisis, si lo que descubrimos es factible y posible o debe ser archivado (por el Sintetizador, naturalmente) o si se trata de un delirio o una alucinación.

Manifestaciones del Sintetizador en arte y en religión:
– En arquitectura: todo el estilo barroco es una manifestación del Sintetizador en arte en general. El estilo modernista también lo es.
– En literatura: además de la mayoría de ensayos y de muchos filósofos como Nietzsche, citemos a Thomas Mann y a Proust como insignes exponentes del Sintetizador.
– En música: Bach, Vivaldi, Monteverdi, Handel son máximos exponentes del Sintetizador en música. También lo son Mussorgski y Shostakovich. En música popular, citemos la raspa y el cha-cha-cha.
– En pintura: Poussin, Rubens, Cezanne, son sólo algunos de los excelsos maestros del Sintetizador en arte plástico.
– En religión: Zoroastro es el maestro más alto en la expresión del Sintetizador en religión. También podemos mencionar la Masonería, aunque no es exactamente una religión.

En el cuerpo, los órganos regidos directamente por el Sintetizador son el sistema linfático, los oídos, el cerebro (muy particularmente el izquierdo) y la glándula tiroides.

El Esplendor de lo Humano - Preciada Azancot

El Esplendor de lo Humano – Preciada Azancot

Extracto del libro “EL ESPLENDOR DE LO HUMANO”,  de Preciada Azancot
©Preciada Azancot

¿ESPÍRITU GESTÁNDOSE?

Por Preciada Azancot

Me parece fascinante y maravilloso que en Israel se esté tomando consciencia de la verdadera importancia y dimensión de lo ESPIRITUAL en el ser humano. Y más aún en estos tiempos de guerra terminal CONTRA LA DIMENSIÓN REAL Y LA FUNCIÓN TRASCENDENTE DEL ESPÍRITU en la Humanidad. El espíritu, no sólo nada tiene que ver con religiones, sino que justamente se bloquea y se invierte con cualquier dogma, pues éste constituye un TROMBO en el fluir de la LIBERTAD INALIENABLE NECESARIA PARA ENCONTRAR VERDAD TRASCENDENTE, ES DECIR QUE NOS DÉ UN SENTIDO DE FINALIDAD a nuestra existencia.

Justamente, este final de civilización que se derrumba y abrirá paso a otra civilización regida por un BIO-HUMANISMO de Tercer milenio, tiene en el fondo y en rigor un sólo mensaje: EL FINAL DE LAS IDEOLOGÍAS Y DE LAS RELIGIONES, Y CON ÉSTAS, DE TODO INTERMEDIARIO ENTRE EL CREADOR Y SU CREACIÓN. Pero no como se entendió hasta ahora, es decir negando la importancia y supremacía de la dimensión espiritual – a través de una regresión relativa, es decir a través del materialismo (que nunca puede entonces ser dialéctico, pues se le suprime la pulsión de vida y de cambio) y de la institucionalización del cretinismo: el escepticismo, ni disolviéndola en un animismo o chamanismo retrógrado y primitivo, sino AFIRMANDO Y POTENCIANDO EL ESPÍRITU en el ser humano. Porque el Espíritu es lo más alto e importante en la estructura del la Creación.

Os voy a dar une ejemplo muy fácil, para que me entendáis: imaginad a un GENIO creador, Mozart por ejemplo, silenciado por discípulos curiles y serviles que prohíben escuchar su música y se la pasan descomponiéndola y modificándola con la ayuda de profesionales del marketing, con la pretensión de glorificarla y así darle ¿sacralidad? ¿Imagináis a Mozart silenciado y que su música esté en manos de los promotores de Madonna para convertirla en video clips para que nosotros, los brutos, los imbéciles, los tarados, seamos capaces de entender tal música y amarla? Esto es una religión.

Con la diferencia de que ese Mozart se llama Moisés, o Jesús, o Mahoma, o Zoroastro, o Buda, o Mani, TODOS ellos TRAICIONADOS POR SU SECTA DE USURPADORES que transformaron su SABIDURÍA HUMANA en religión y “única palabra de Dios”. Y si además se nos cuenta, machacándonos con esos video clips, que Mozart es, no un genio de la música, sino el ÚNICO verdadero y además que no, que no es el único músico sino TODA LA MÚSICA POSIBLE, ¿Qué diríais, cómo os sentirías? Pues lo peor del caso es que, obviamente, no llegaríais a odiar a esa secta, sino a Mozart. Y lo peor del caso, os abocaríais a odiar toda VUESTRA PROPIA dimensión musical y creadora. Y ASÍ SE ESCRIBIÓ LA HISTORIA DEL PLANETA HASTA HOY. Por eso el mundo está al revés y camina sobre tumbos de su cabeza y piensa con los pies.

Y el espíritu, que defino tentativamente como la CERTEZA DE ENCONTRAR VERDAD TRASCENDENTE en una revelación inacabable, infinita y progresiva, SIGNADA POR LA LIBERTAD, es la única finalidad del ALMA humana que defino como EL ANHELO DE LA ENTREGA a lo verdaderamente querible y vivo. Eso es PLENITUD. Y además ésta es una función individual e ÍNTIMA, no transferible.

El pueblo judío es el más avanzado en lo que a Alma hace -es decir en Amor Universal- y es también el más alto en lo que a orgullo y dignidad hace. Siempre lo fue, pues fue él quien trajo el MONOTEÍSMO al planeta, pues Dios es UNO y no sólo no tiene religión, sino que jamás se le encuentra a través de un trombo que obstruye y obceca la orientación del ser humano hacia su propia finalidad. Se aproxima uno a Su designio a través de la Evolución, la cual depende de un centro VACÍO, es decir vaciado de presencias, de mitos y de egos NUESTROS, vale decir, de religiones ya sean éstas domésticas o dogmáticas con pretensiones universales.

Y muy afortunadamente JAMÁS SE PUEDE CONOCER NI DEFINIR NI CERCAR A DIOS, porque si no, no podría ser nuestro Creador, pues ¿cómo sería posible que nuestro Creador nos permita y entregue la capacidad de crecer, de crear y de transformarnos en más y mejor Creaciones, mientras que Él jamás podría hacerlo? ¿De qué imagen y semejanza estaríamos hablando? ¿De un Tótem, de un ídolo de piedra? y ESTO ES UN EJEMPLO y además OS HABLO DE TAN SÓLO EL ORGULLO CREADOR, que es tan sólo la base del alma, la cual es base del espíritu, el cual es la base la de la auténtica ética y de la seguridad y armonía en el ser humano (y en toda la Creación, de paso).

¡¡¡Lo más grave de un mensaje así, es que vendría a culpabilizar para siempre y a maldecir a nuestros propios hijos: pues significaría que a partir del momento en que les damos a luz, perdemos nuestra facultad de ser y de crecer, que además les sacrificaríamos nuestra alma y renunciaríamos a la alegría de encontrar Verdad, es decir, más y mejor LIBERTAD!!!

Ahora bien, afirmar el espíritu significa situarlo POR ENCIMA de las religiones, no por debajo, ni ramplonamente en una seudo laicidad o racionalidad miope y robotizada que niega la parte más viva y vital del ser humano. La religión cumplió su función y lo hizo muy bien. Y su función fue la de poner un cuerpo de doctrina extraída de la experiencia de crecimiento de auténtica sabiduría espiritual de Maestros trascendentes y admirables que encontraron VERDAD, sí, pero relativa y situada en su época. Y a los que debemos amar directamente, sin confundirlos con sus sectas de Usurpadores. Debemos amarlos pero no idolatrarlos, sino viéndolos como lo que son: Seres Humanos, grandes Maestros del crecimiento espiritual QUE NUNCA HA DE DETENERSE NI DE DOGMATIZARSE. Porque el Espíritu tiene como única función real la de encontrar VERDAD y la verdad NUNCA PUEDE SER ABSOLUTA, sino circunstancial y relativa, INCLUIDA LA VERDAD CIENTÍFICA.

¡¡¡ Y no necesitamos de Ecumenismo para eso !!!

Además, convertir la experiencia de un Maestro en una escuela rígida y dogmática, obviamente regida por seguidores que han idolatrado a su Maestro y por ende, ya lo han traicionado, viene a ser lo mismo que fundar una SECTA que al final, se verá abocada a invertir las enseñanzas y mensajes del gran iniciado espiritual. Eso es una religión. Y, obviamente guerrear por “tener razón” en una religión lleva obligatoriamente a esa delirante inversión que hoy vivimos todos. Mejor demostración que la que nos da la vida misma, no cabe.

Prescindir de la religión no es NEGAR A DIOS, SINO AFIRMARLO. Es prescindir de tutores y de intermediarios para recibir Sus señales. Ahora bien, el gran enemigo de ese espíritu libre es también la otra versión desmelenada de la religión dogmática, es decir lo que en psicología se llama el contra-argumento, que viene a ser ni más ni menos que la otra cara de la falsa moneda. Hablo aquí del misticismo, del chamanismo, del animismo, del Mesianismo, de la BORRACHERA Y BACANAL de lo espiritual. Ambos, religión dogmática, y magia desmelenada, llevan al mismo sitio: A LA NADA. A la adicción en vez de a la libertad, a la proyección en definitiva de una monstruosa creación del Ego: crear a un Dios a nuestra imagen y semejanza, amputada, dogmática, psicótica y adictiva, además. SIMBIÓTICA, en suma.

Israel, a mi entender, cometió un solo error, muy entendible en las circunstancias históricas e ideologías que dominaban aún en mitad del siglo XX: Israel cometió el inmenso error de dejar lo espiritual (es decir la parte MIEL de la “Promesa”) en manos de los religiosos y de la religión y de asumir compulsivamente la producción de la parte LECHE (producción e innovación) por socialistas nostálgicos y medio Ateos.

Y una de las peores taras de esta religión es SU MACHISMO SOBRECOGEDOR, que hoy ya campa a sus anchas por nuestras redes sociales y que ISIS ejemplifica del modo más radical.

Así que, cuando vi este vídeo que comento hoy (ver vídeo en: https://www.facebook.com/video.php?v=10152377963213717, os lo enlazamos pues no se puede insertar), sentí primero una gran alegría por este paso necesario y saludable, pero inmediatamente sentí miedo y rechazo: ¿Por qué celebrar la ALEGRÍA de agradecer a Dios y de comunicar con Él es, una vez más, UNA MATERIA DE HOMBRES? ¿Dónde está la mejor mitad de la Humanidad? ¿Dónde está la mujer en toda esta parafernalia?

Os lo digo y repito: La Estrella de David no es sino la representación gráfica y fidedigna de una MEGAESTRUCTURA -hay más y aun más importantes- innata en el Ser Humano y que simboliza el equilibrio y la fusión perfecta entre nuestra PROPIA dimensión femenina y nuestra propia dimensión masculina. La religión judía como tal, exilia a su propia dimensión femenina. De allí el mito de que la Shejiná está en exilio, que ésta es el alma de Dios y sólo volverá a Dios y a los hombres con el Mesías. A cargo éste de ser convocado por la parte mágica, mística y Hasídica de Hombres aún más machistas. ¡Otra soberbia de los humanos! ¿O sea, Dios necesita de un ser humano, para que le devuelva a Él (¡!) y a su Creación Su propia Alma en exilio? ¡Vaya cretinismo!

¿Qué pasa, que también nosotros nos vamos a abonar a “Actos de fe” para hacer recular este desastre de guerras de religiones? ¿Y también vamos a repetir cretinamente que Dios escribe derecho sobre renglones torcidos? ¿Y que Dios pone PRUEBAS a sus creaciones?

Mientras tanto, así nos va: ¿Vamos a renunciar, también nosotros, los judíos, a nuestra Estrella de David interior y de cara a nuestro Pueblo, a la unión entre la parte femenina de esta estrella, la Diáspora, y la parte masculina, Israel?

¿Y a quien corresponde dar el primer paso? A ambos dos: Israel apeándose de su soberbia y de su machismo con respecto a la Diáspora y de su renuncia a pensar, en favor de los religiosos. A la Diáspora, apeándose de su sumisión, de su amor salvador de los que no quieren amarla y vomitando la culpa inducida de chivos expiatorios de guetos malditos.

Poca esperanza tengo en ello, hoy por hoy, pero por enunciarla que no quede.

Preciada Azancot, 7 de septiembre de 2014